domingo, 27 de mayo de 2012

SI UNA DESCONOCIDA SE DUERME EN TU HOMBRO (Tristeza de amor)

La cultura convoca a extraños compañeros de cama.

Ayer una mujer que apenas conozco se durmió sobre mi hombro en el teatro. Es amiga de mi amiga, y como creo en la propiedad transitiva de la amistad me pareció dulce ver caer su cabeza, apenas grávida, en el calor somnoliento de una sala donde los hombres se abanicaban y las mujeres nos aliviábamos el calzado.

¿Cuánto pesa una cabeza? fue una de las conversaciones de la noche. "Depende de lo que lleve dentro", respondió A., otro amigo recién descubierto que lo es por la misma propiedad matemática. De ahí al canon de Praxíteles, y a la incógnita de cuál sería el otro canon -"canon corto"- mientras una camarera inexperta nos servía las gin de Bombay sin concordancia numérica con las tónicas.

¿Cuánto pesaría su cabeza despreocupada y disléxica?

El teatro cuando es malo tratas de indultarlo. Al menos yo. Te da pena que esos actores que arriesgan su piel sobre las tablas hagan una mala faena, como los toreros en un día desafortunado. Mucho peor si esos mismos actores se te acercan a la terraza donde tomas las copas y te caen bien, porque además son amigos de tu amigo.

La cultura provoca que, a falta de mujeres dormidas, te escapes a Londres y entres en la Tate Modern. Ese espacio fascinante donde no hay una concesión al adorno vacío. La cabeza de quien lo pensó debía pesar una tonelada, me digo. Y entonces vuelvo al jueves y a mi paseo con M. por las salas donde Damien Hirst ha hecho de las suyas. Los tiburones en formol, las moscas al vuelo en una urna de cristal donde las ves morir, demostrando que la vida es un ciclo y si no te mueves, caes. Las vitrinas llenas de medicamentos, el cenicero gigante con colillas y paquetes de tabaco...los caleidoscopios de alas de mariposas... Divertido, sorprendente...¿Sobrevalorado?

Como mi cabeza no pesa ni mucho ni poco diré que la provocación de Hirst me divierte. Que esa vaca y esa ternera partidas en dos que muestran el contenido de sus tripas ya no me sobrecogen. Que el artista que osó desafiar al establishment subastando su obra en Sotheby´s se me antoja un tipo que se divierte sin dejar de mirar la caja registradora. Pero no encuentro mucho más que juego y desafío en sus obras, con perdón. Como si la reflexión hubiera migrado a la cuenta del banco a hermanarse con los ricos que se matan por tener esas moscas en el salón impoluto de sus mansiones.

Antes estuve en el Museo del Diseño, también a orillas del Támesis, disfrutando de la retrospectiva de C. Louboutin. Veinte años de fetichismo hecho zapatos que las celebrities le quitan de las manos y las mortales tratamos de llevar en una lucha a brazo partido por hallar un centro de gravedad que se resiste:

"La mayoría de la gente ve los zapatos como un accesorio para caminar. Sin embargo, algunos están hechos para correr y otros están hechos para el sexo. Si hubiera que haber un solo elemento fetiche en el armario de las mujeres, serían sus zapatos", dice el creador.

No puedo estar más de acuerdo mientras me paseo por esas salas oscuras donde sus creaciones se contorsionan entre tacones de vértigo y pinchos sadomasoquistas que te están contando una historia. Un museo del sexo en toda regla que reúne veinte años de obsesión por el calzado con aviesas intenciones. Mi cabeza ni ligera ni pesada lo encuentra artístico y decide que quizás meterá sus Louboutin en una urna al volver a casa.

Walter Vidarte
Anoche, de vuelta de una noche de risas y cariño transitivo, no podía dejar de pensar en "Tristeza de amor", esa serie española de los años ochenta que casi nadie ha visto y que P. y yo adoramos, junto con G., un compañero de trabajo que me encontré en la feria del libro con su guapa madre y que ha visto lo que nadie ve. De aquella serie, la primera grabada en video según Wikipedia, recuerdo su cortinilla con una canción inmensa de Hilario Camacho que me sé de memoria, sus tramas modernas y a Walter Vidarte. Ese actor contrahecho, irónico y triste que salió ayer a colación y que hacía de borracho con talento. 

Así que el gin tonic de la noche fue por él, por los demonios del teatro y por los amigos de tus amigos que se duermen confiados sobre tu hombro mientras el arte hace de las suyas. O al menos lo pretende.

sábado, 26 de mayo de 2012

DIVORCIO PREPAGO

Nos creíamos modernos, pero los mexicanos nos han ganado la partida al inventar un servicio de divorcio express prepago (http://liberapass.com.mx/).

Se trata de una tarjeta de crédito que te puede regalar un amigo obsequioso y preocupado por tu deriva sentimental. La tarjeta está cargada con una cantidad que puede servir para iniciar los trámites (12  euros) o para salir sin cargas sentimentales ante la ley (unos 300).

Me parece una idea brillante y sus inventores, un bufete de abogados, se sienten realmente satisfechos porque aseguran que muchas parejas rotas no dan el paso por motivos económicos. Tienen razón. Separarse se ha convertido en un artículo de lujo, y en tiempos de crisis -lo vi en un documental de bajo presupuesto- son muchos los que postponen las broncas de la noche como quien deja de salir de copas para no gastar. Un desatino.

El amor, deduzco, cuesta un dineral. Pero claro, esto no es muy romántico. Se acabaron el contigo pan y cebolla y la resignación cristiana. Tú observas que tu amigo anda con una tirana y, sibilinamente, le regalas por su cumpleaños una tarjeta prepago.

-Pero si yo aún la quiero un poquito...(protesta él)
-De ninguna manera. ¡Esa mujer te está amargando la vida! Coge la tarjeta y corre.
-Verás, es que la convivencia es dura, hay que aguantar los baches y esperar que pasen las tormentas...
-¡Eso es hasta que llegue La Tormenta Perfecta, acuérdate de George Clooney!. Coge la tarjeta y deja a esa víbora.

Cuando pase la crisis y se estudie con distancia y método científico  encontraremos algunas sorpresas. Iniciativas que tenían un lado positivo, o así nos las han vendido. A mi amigo J. su empresa le ha hecho un ERTE. Sílabas diabólicas que quieren decir que varios días al mes no trabaja. A cambio es un 16 por ciento más pobre. El hombre anda con el calendario buscando las fechas idóneas para librar por decreto ley. "Los lunes al sol", los llama él, dado que serán siempre lunes o viernes.

-Pues mira, vas a tener fines de semana eternos, no te quejes que tu empresa te está dando vacaciones.
-Pues sí, a ver si la tuya te obliga a una baja maternal de puta madre pero sin bebé, y verás qué a gustito estás en tu casa sin cobrar las 16 semanas correspondientes.

Cuando los agentes externos se meten en nuestra vida privada, hay que estar en guardia. Las tarjetas prepago -sean del tipo que sean- las carga el diablo, y aunque todos tenemos parejas amigas que se tiran los trastos a la cabeza, regalarles una escalera hacie el divorcio puede ser el inicio de una gran enemistad.

Pero el bufete mexicano de abogados seguro que ha previsto algún método de bajo coste para recuperar amigos ofendidos prepago...O cuando pasen las tormentas.

viernes, 25 de mayo de 2012

MANIFIESTO ANTIFAMILIA

El Congreso Mundial de Familias se dispone este fin de semana a devolver a la mujer al redil del hogar. Lo entiendo. Que la cabra tire al monte es una amenaza para el ecosistema social y económico. Las mujeres nunca debimos asomar la patita por debajo de la verja del jardín familiar. Pero gracias a dios viene un gurú del  Centro Howard para la Familia, la Religión y la Sociedad llamado Allan Carlson (Como Allan Parson Project, pero con música ultraconservadora en el repertorio) que nos meterá a todas en vereda.

“Autenticidad de la mujer: redescubriendo la vida en el hogar”, “soluciones al comportamiento homosexual”, “cómo mantener a la familia unida”, “contra la ideología de género” o “ataques a la familia” son algunos de los hits que se anuncian en el programa, y no me resisto a comentarlas en calidad de oveja descarriada que juró un día que el hogar sería para el placer y no para "realizarse" con el mocho.

Detesto a las familias que venden unidad y solidez a prueba de bomba. Me parece que la institución es frágil y cambiante y su fortaleza reside en la flexibilidad y el reconocimiento de sus taras. Pero claro, lo dice una mujer divorciada que rompió la unidad familiar por dios por la patria y el rey para reducirla a un espacio de amor y broncas donde a veces siente deseos irrefrenables de hacer el hatillo y escapar. Así que me abriré de orejas para que Mr Carson y los suyos me hablen de esas "soluciones prácticas" (que me suenan, con perdón, a "solución final").

"La familia, esa institución tóxica" sería mi aportación al Congreso, gratis total. Hablaría de cómo a cada hijo o hija se le asigna un rol desde la infancia y cuidado con salirte. Y aportaré pruebas. El otro día conocí en un viaje a J.L. Un tipo extremeño y divertido que me contaba cómo es "el bueno"  de la casa y por ello, cada vez que viaja a su pueblo reparte al regreso las chacinas en una ronda delirante por Madrid por la casa de sus hermanos. "Si me quejo, se creen que estoy enfermo". Mi amiga M., asume que cuando va a visitar a su padre es ella la que organiza los planes, como una madre sin puesto de mando y sin vocación. M. es la borde y la egonísta y como tal se la mira, S. el escapista de la casa, J. la inteligente pero vaga y A. la loca que nadie se toma en serio y seguramente heredará las peores joyas.

Sí, son tonterías anecdóticas y lo mismo recibo una pitada del público selecto e intelectual que acudirá al evento. Pero en ese instante pasaré al asunto estrella, el matrimonio homosexual como amenaza contra la familia. Uno de los demonios del señor Carson. Que ésos también se casen se parece al  "Pues si leen ésas...", que inmortalizó Pío Baroja cuando Miguel Delibes fue a contarle que había vendido 3000 ejemplares de su primera novela, "La sombra del ciprés es alargada". Un escándalo.

Algo temen los de la familia unida cuando montan congresos para reivindicarla en su versión más carca. Yo, que soy de familia numerosa y adoro a mis hermanos, suelo desconectarme los fines de semana que no tengo chukis y ellos lo saben. Al principio recibía algunas amonestaciones porque el electrón libre provoca chispazos, pero ahora se da por sentado que mi amor a la familia pasa por desenchufar el cable de cuando en cuando. Y hasta la fecha no ha muerto nadie ni nos sentimos más frágiles de lo que ya somos.

Así que Mr. Carson, welcome to Spain, ese nicho natural de los "valores tradicionales". Sepa que irán a jalearlo padres y madres con hijos y abuelos que siguen montando el ballet de la unidad mientras comprueban que los tiempos han cambiado el guión y esto ya no es una sinfonía de Bethoven, sino un concierto dodecafónico y desconcertante. Una película Dogma donde los planos te cortan el rollo y te marean. Y sí, "Sonrisas y Lágrimas" se ha quedado vieja aunque usted y los suyos se resistan.

Y, por lo que a mí respecta, al redil que vuelva su padre. Hay un campo hermoso y verde ahí fuera. Con adolescentes que buscan su sitio a machetazos, maricas que se intercambian anillos al sol de la banda nupcial, familias reconstruidas y vueltas a romper, suegros liados con consuegros y toda la gama del amor y sus tormentas. Desazonante y gloriosamente libre.

¿La familia? Bien, gracias.

martes, 22 de mayo de 2012

TÚ HAMBRE,YO INDIGESTIÓN

Desde que el primer mundo anda constipado el tercer mundo ha desaparecido de su campo de visión.

Todo es relativo. La compasión también. Uno mira alrededor cuando tiene su pan y su cobijo a salvo. Pero la crisis, lejos de aplacarnos, nos ha endurecido el corazón.  Anoche Angels Barceló, esa mujer que conduce con firme inteligencia el programa Hora 25 de la cadema SER, se transladó a Níger para hacer su programa. Yo esperaba ansiosa la voz de Miguel Ángel Aguilar, su análisis irónico de la cumbre de jefazos en Chicago, pero Ángels se empeñaba en entrevistar a  responsables de ONGs que trabajan en uno de los países más pobres de la tierra por conseguir que el hambre mate a unos pocos menos al año.

Confieso que sentí cierto fastidio, que los guiones del hambre se parecen tanto que provocan cierto hartazgo entre quienes andamos a dieta prevacacional. Confieso que moví el dial a la caza de noticias del mundo occidental, caucásico, sometido a los vaivenes del Nikkei, de Wall Street, de la humilde Bolsa local. Pero algo me hacía volver a Níger.

Pensé que uno de los efectos colaterales del shock económico es precisamente ese. La voracidad por ponernos el termómetro cada tres minutos, como hipocondriacos. El ombliguismo de europeo afectado de crisis de orgullo. Todas las semanas algún amigo o amigo de amigo pierde su trabajo o me escribe contándome que esta semana va a haber recortes y se teme lo peor. Recesión, recorte, déficit, intervención...son términos más sexys, imagino, que hambruna, sequía, dengue o plaga. Así que los hemos incorporado con avidez adolescente a nuestro argot mientras olvidábamos los otros, tan eternos e inamovibles como las moscas que se posan en las tripas hinchadas de los niños que no comen.

Pido perdón por este arrebato demagógico, pero me confieso insensible al mal ajeno por indisgestión del propio, y me da cierta vergüenza. Sueño con Bankia y con Hollande, con la tragedia griega y la amenazas a nuestros pescadores en Gibraltar. Pero anoche la radio me llevó de las orejas al desierto y me he quedado un rato allí, parada, buscando la reconstrucción de mis coordenadas.

Los pobres más pobres  siempre están ahí. Su crisis ya no devora las primeras páginas porque carece de actualidad. Así de claro. Y el primer mundo sabe que en unos años levantará cabeza y recuperará el orgullo, la soberbia y, tal vez, un poco de compasión por los que no se han movido de esa foto fija del hambre.

pd: este disco de Putumayo es una joya extraña que las Chukis y yo escuchamos todos los días y sobre todo en verano camino de la playa.

lunes, 21 de mayo de 2012

PALABRA DE LIBESKIND

Minichuki quiere mantener su identidad, pero le cuesta. Ayer estaba triste porque ya no puede llevar coleta. Un viejo episodio de colegio se lo impide. "Se volverán a reír de mí". Minichuki tiene una radiante personalidad, pero se arruga ante el rechazo.  Le sugiero que practique la indiferencia con esas que quieren meterla en el redil de la vulgaridad. Me dice que defina "indiferencia".

-La indiferencia es la madre de la ciencia.


Me gusta leer a los tipos sabios, a esos que han reflexionado a contracorriente. Ayer, ya lo comenté, adoré a Daniel Libeskind tras leerle en EPS. Su biografía no ha sido fácil, sus antepasados sufrieron en un campo de concentración, no firmó un solo edificio hasta cumplidos los cincuenta. "No quería depender de nadie", explica él.  

La independencia a veces retrasa poderosamente las intenciones, pensé. Es mucho más fácil subirse a carro ajeno que lanzarse solo a buscar en el desierto un pozo de agua para construir. Creo que los buenos arquitectos son los humanistas más completos. Detrás de cada trazo hay una reflexión, una manera de entender al ser humano y a su tiempo. Sólo unos pocos consiguen eso que se llama posteridad. Lo que Libeskind llama el mejor juez. A otros, los años los colocan en la vitrina del espantajo. Con edificios grotescos que en su día, sí, reclamaron todos los flashes y todas las alabanzas.

A Minichuki la única arquitectura que le interesa es la que yace en el baúl de sus disfraces. En su intento de ser ella misma se viste cada día de algo indescriptible, pero con cierto sentido. Ayer era un sombrero negro, unas gafas 3-D, americana y jeans cortos más sus eternas zapatillas negras de deporte. El detalle final, una pistola de luces amarilla con la que fingía ser un agente secreto a la caza de los malos.  Cuando miro a esa niña ser quien imagina cada día pienso que ese es el secreto. Que un disfraz de princesa está a años luz de ese look de rockero con un mal día que seguramente no repetirá. "Tengo tantas cosas en el baúl!".

Daniel Libeskind
Los arquitectos tienen un baúl lleno de infinitas posibilidades y las prueban. Con desigual fortuna. Libeskind toca el acordeón y asegura de practica la música en la arquitectura. También que plantó a la reina de Inglaterra porque no le gusta salir ni practicar el networking. Ahora se afana en el nuevo World Trade Center, pero muchos seguirán recordándolo por el Museo Judío de Berlín.

"He hecho ya muchos edificios. Tengo experiencia en bastantes cosas pero no soy un experto en nada y eso invita a reinventarse. Trato de descubrir cosas nuevas en todo lo que hago". 

Me encanta este tipo y sus palabras me parecen una buena forma de arrancar el lunes. Sin mediocridad ni disfraces de princesas.

domingo, 20 de mayo de 2012

LA NOVIA DE MARK ZUCKERBERG

El creador de Facebook se ha casado y lo acaba de publicar urbi et orbe en su perfil. Los ricos suelen casarse pronto, en este caso a los 28 años. Es como si el tiempo para ellos corriera más deprisa o si los millones de dólares otorgaran inusitada madurez y apego a las instituciones más solemnes.

En España sucede con los futbolistas, aunque también con los gitanos. Los primeros "se recogen" a esa edad en la que el resto de los chicos y chicas siguen pidiendo la paga semanal. Los segundos son un curioso vestigio del pasado, un tributo a su tradición que a los demás nos cuesta comprender, sobre todo cuando vemos a esas novias de 16 años que se dejan meter el pañuelo para probar que son vírgenes.

Pero esas otras, las novias de futbolistas, siempre me han llamado la atención. Suelen estar buenas, todas tienen el pelo largo y las piernas interminables. Todas parecen caminar dos pasos por detrás de sus héroes y la mayoría con mudas, como si parte del contrato del amor incluyera una cláusula de silencio protectora del deportista. Quizás para que no sepamos que es un niño de veintitantos como el resto, pero con doscientas abdominales diarias más a las espaldas.

Hay matices. Sara Carbonero, la novia de Iker Casillas, se gana la vida como periodista así que no calla. Salvo cuando va con él. Y mi favorita, Victoria Beckham, que ha salido del armario para demostrar que detrás de esa pija que se hacía pasar por tonta en las Spice Girls hay una mente diseñada para el business. Y que su mohín de asco no es más que una mueca para avisar al mundo de que la que ríe la última, ríe mejor. Porque hoy, mientras su marido languidece en el mundo del fútbol, las estrellas de Hollywood matan por sus diseños de sirena, no aptos para toda mujer capaz de pellizcarse un centímetro de grasa abdominal.

Victoria Beckham camina junto a David con sombra propia, sin miedo a que otras se lo levanten. Ese temor que reconozco en algunas novias de futbolista, más preocupadas en apariencia por colgarse del hombro de su chico y marcar el territorio que de quererlo sin más. Como si se agarraran a una caja fuerte.

¿Y la novia de Mark Zuckerberg? Pues reconozco que estoy un tanto confundida, porque según las crónicas sociales es su chica de la universidad. Esa que lo conoció cuando no era nadie salvo un geek. Un freaky de los ordenadores, asocial y un punto zarrapastroso. ¡Pero esta novia -ya esposa-es de origen chino! O sea, que se apellida Chan -Priscilla Chan-y tiene los ojos rasgados, mientras que la de la película "La red social" era absolutamente caucásica. 

Si yo fuera drag queen me haría llamar Priscilla Chan. Lo digo sin ánimo de ofender. Pero esa mujer bella que posa con el multimillonario número 29 en la lista de los mega ricos del planeta, no parece estar para bromas. Tiene esa prestancia de la primera novia. La que ha soportado extravagancias, tardes de domingo sin salir de casa, amigos raros de higiene justita y olvidos imperdonables, como los aniversarios de amor.

Priscilla, ya sra. Zuckerberg, ha permanecido muda todo este tiempo. Ahora, con esa foto vestida de novia junto a su marido, el mundo entero va a hablar de ella. Bye, bye, joven Chan, me digo contemplando esa foto. Seguramente tu anillo y esos millones en el banco acaban de cambiar tu destino. No te dejes la melena larga ni te apoyes en el enclenque Mark, proyecta sombra propia y alargada.

Y demanda a esos productores que se cargaron tu mirada rasgada para hacerte más sexy al público caucásico. ¡Qué atropello!

sábado, 19 de mayo de 2012

UN ASUNTO ROSARITO

Hay un día en que dejas de ver que la luz del hall es sólo una bombilla, que hay una tira del parqué sin barnizar hace nueve años o aún no te has deshecho de algunos platos desportillados que ocupan pero no sirven. El tiempo es un anestésico eficaz. El mejor, porque consigue hacer un efecto venda sobre los ojos.

Hasta que llega tu madre y suelta: "A ver cuándo pones una lámpara como es debido".

A mí buscar lámparas me aburre que me mata. Como comprar cuberterías. Lo siento como algo prescindible, porque a esta casa sólo vienen amigos y familiares, nunca jamás señores con los que quedar bien y que eventualmente saldrían por la puerte murmurando: "¿Te has fijado en que tiene una tira del suelo sin barnizar?".

No, no estoy preparada para una inspección. De ninguna manera. Hay libros que no querría enseñar, zapateros rebosantes de tacones y tiras de cuero enredadas, una despensa que jamás se ordenó con criterios lógicos donde las cervezas se apoyan en los packs de macarrones, y un chill out -así llamamos las chukis y yo pomposamente a la terraza que nos decoramos al estilo Las Mil y una Noches- donde dos bicicletas pinchadas esperan mis oficios mientras acumulan polvo.

Cada sábado, como hoy, me despierto sobresaltada porque sé que debo poner parches en mi vida, no sólo en las ruedas. Y cada sábado me enredo en otras tareas menos útiles pero más satisfactorias. Hasta que llega mi madre y me dice: "A ver si quitas esos trastos de ahí, que te van a comer"

Sueño que soy devorada por mi dejadez, y me entran sudores. He construido mi entorno al estilo camping Rosarito, y esto requiere una explicación:

El otro día andaba de excursión por la comarca de la Vera (Cáceres) lindando con Toledo. Un lugar de vegetación lujuriosa y cruces de caminos. Buscábamos el embalse Rosarito porque el nombre nos hacía mucha gracia. Al fin dimos con una señalización de carretera: Camping Rosarito. Y allá que fuimos, con la idea de tomarnos unas cervezas en el bar, a orillas de un paisaje sobrecogedor, con la sierra de Gredos de fondo.

A la entrada, un tipejillo moreno, enjuto y sin camisa. "¿Sabe si en este camping hay cafetería?", pregunté con cara de rubia que no ha dormido jamás sobre el suelo (y sí, lo he hecho). "Pues si no lo sé yo...", murmuró el hombre, a la sazón el vigilante, indicándonos la dirección del bar.

Era más bien un barracón, y a nuestra entrada se hizo el silencio. Sin duda porque éramos los únicos seres con camiseta de cuantos había allí. Pedimos las bebidas y huimos por si se trataba de un concurso de topless rural. A nuestro alrededor, chabolas. O sea, lo que en origen fue una parcela para una tienda de campaña o autocaravana había ido evolucionando. La caravana tenía un  techadillo de lona, al techadillo le habían puesto una placa de uralita verde a modo de pared, y de ahí salía una cortina hule de flores. Dentro se oía al abuelo roncar y la tele a tope. En otra parcela alguien se había hecho un pequeño jardín con maceteros de PVC, otra tenía varios ambientes con todo tipo de enseres aquí o allá. Y de la siguiente salía música heavy a tope.

Sí, el mundo Rosarito era un infierno al lado del paraíso. Porque cuando alcanzamos la orilla del embalse vimos una secuencia de Emir Kusturica: dos familias sentadas en sillas de plástico dentro del agua, varios niños desnudos, un perro circense que jugaba al fútbol y otro enorme e inmóvil, fuera, que juraría estaba muerto.

Pero ellos parecían felices y satisfechos, y no iba a ser yo quien los sacara de su horror con una frase del tipo: "¿No se han dado cuenta de que esto es un campamento quinqui que no pasaría los mínimos de una inspección sanitaria?".

Como mi casa. Tan pulcra en apariencia, tan ordenada pero tan llena de agujeros. Y con ese suelo por pintar.
Como mi vida: siempre desordenada y en construcción.