sábado, 22 de noviembre de 2014

LA TEORÍA DE LA MUJER DIÉSEL

"Las mujeres envidiamos la felicidad de las otras mujeres. Los hombres, la posición social de los otros hombres".

Ayer, en una clase del curso de liderazgo no apta para mentes inquietas, tuvimos que escuchar una sarta de generalidades bobas sobre ambos géneros extraídas de un libro de autosuicidio de esos que tanto me gustan porque arden bien en las papeleras. No conozco aún una sola máxima sobre géneros que no me parezca falaz, irritante, maniquea, low cost, cimentadora de falsas creencias y cercana a una charleta Tupperware de señoritas desocupadas que se ríen de los maridos para matar el rato a la hora del café. O de hombres que menosprecian a sus mujeres para trepar en consideración social en el club social del chiste fácil de oficina.

No sé qué envidiamos las mujeres, habría que preguntar a cada mujer. Yo suelo envidiar las cinturas afinadas, las melenas tupidas y la estabilidad de pareja. Pero no la felicidad ajena, que encuentro contagiosa y tonificante. Y siento bochorno cuando escucho en una clase falacias basadas en observaciones pret a porter más propias de un blog (véase) que de una sesión didáctica de altos vuelos.

Una vez alguien me dijo "las mujeres y los nacionalistas siempre queréis más" y me reí mucho. Me pareció ocurrente y bien traída. Luego, con el tiempo, entendí que hay hombres que prefieren mujeres de poco mantenimiento. Mujeres diésel, para entendernos. Que no necesiten demasiadas atenciones. Que les baste con un wasap o una cena con velas. Que no demanden la voz y el abrazo. El cariño intempestivo. Que sean autosuficientes hasta en la cama.

Hay mujeres, sin embargo, que matarían por un palco en el Real con un elegante caballero a su siniestra aunque no les apretara la mano. Y mujeres que se niegan a estar con alguien por estar, como apéndices tristes o coristas demacradas de orquesta de pueblo.

"Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes". De todas las frases que he buscado para sacudirme la caspa intelectual de ayer, me quedo con esta de Chavela Vargas. Aunque no la comparto del todo. Yo diría que me gustan las personas con pasado que siguen confiando en el futuro. Los hombres y mujeres que jamás están de vuelta. Las voces que provocan un chispazo en tu cerebro y es una revolución, una certeza. Las mujeres cómplices que no ven en las otras rivales, amenazas. Y también, y sobre todo, los hombres sabios que entienden que toda mujer, incluso la más aguerrida, la más segura, la más diésel, necesita poderse derramar un rato cada día. Sacar al sol la bandera blanca. Compartir estremecidas el miedo a marearse, el miedo a perderse, el miedo a sentir miedo. Y eso no las hace débiles, sino personas. Como a ellos.


viernes, 21 de noviembre de 2014

ESPERE QUE VOY Y SE LO SACO

No paro de ver la cubierta del libro por todas partes. Me llama, me provoca, me manda señales de socorro. Se llama "Vestido de Novia" (Alfaguara), de Pierre Lemaitre, ganador del premio Goncourt por otra novela. El título me disuade, lo encuentro muy de bestseller para chicas que ponen candados en las barandillas de los puentes. El azar pone un ejemplar en mis manos y hago el test ciego de la suspicacia: arranque y dos fragmentos.

"Está sentada en el suelo, con la espalda contra la pared y las piernas estiradas, jadeante".

Perfecto, la visualizo. El autor sugiere una escena tórrida de sexo o tal vez la consecuencia de una jornada de limpieza general. Pero no hay fregona. Los jadeos son siempre escandalosos en un texto. Como un do de pecho. No mucho más recorrido in crescendo. Si agotas la escala, sólo puedes bajar, precipitarte.

Lo que sigue no me excita, pero el salto a la página 150 es demoledor: "Sophie y Andrée no hablan sino de generalidades, no son amigas en realidad. ¿La cosecha de informaciones sobre la pareja compensa lo duro que ha sido tratar con esta plasta?". Aquí no hay literatura, monsieur Goncourt, me va usted a perdonar. (Plasta, generalidades, compensa...uff)

Pero sigo. Toma 3: "Franz cuelga. Nota un alivio inmenso. Lleva tres días sin tomar fármacos, pero por la voz nota que está afectada, asténica".

Yo también estoy afectada. Mi cata semiciega es un fracaso. Pensaba entretener la llegada del informático al rescate de la información de un viejo ordenador con una lectura ligera y nutritiva como un sandwich de pavo. Pero esto es una bolsa de cheetos barbacoa, y en ayunas.

El hombre fue muy claro, al teléfono:

-Yo le recupero los datos, pero usted debe sacar el disco duro.
-No sé cómo se saca el disco duro. Ni sé dónde está, ya lo siento. (Tono de rubia)
-Ah..bueno. Pues entonces espéreme que voy y se lo saco.

Él viene y me lo saca. Podría ser un arranque de párrafo de Vestido de Novia. (Mi vestido de novia estuvo guardado en el armario de mi abuela hasta que un día lo usé como disfraz de Carnaval. A tijeretazos la emprendí con las margaritas del cuerpo -un campo de flores acrílicas, tiesas y burlonas- rasgué el escote y corté la seda de la falda. Me hice novia cadáver. Homenaje a Tim Burton. Cerré el círculo del desamor.  Él viene y me lo saca.

Una mujer en pleno uso de sus facultades mentales aguarda a un informático que rescatará de un viejo MAC tres años de su vida, una década atrás. El desconocido va a ponerle ante sus ojos a una extraña. Otra vida, otro pelo, otro hombre, otra figura. Otros libros. Travelling y close up. Nota que está afectada, como la del libro, pero de ningún modo asténica ni tampoco jadeante, señor Goncourt. Buscaría más bien un adjetivo intermedio, algo a mitad de camino entre la curiosidad y la excitación.

Con la decisión tomada, corre a la última página. Es un diálogo:

-Aproximativa...¡pero muy eficaz!¡El tipo de documento que deprimiría a cualquier hijo, sobre todo si está muy apegado a su madre! ¡Y tú lo sabías!
-Digamos que era lógico.
-No me lo puedo creer. ¿Hiciste eso?
-Ya lo sé...Está muy mal...

Decide condenar la novela al ostracismo. Aguarda sentada, las piernas en ovillo, al informático. Suspira y comprueba lo sucios que están los cristales. Tal vez una limpieza general...






miércoles, 19 de noviembre de 2014

SIETE DIÁLOGOS REALES PARA VÍRGENES REINCIDENTES


No viene a cuento, lo sé
Diálogo 1: En la oficina.

-¿Tú qué prefieres, una despechada o con una recién casada?
-Está claro. Una recién casada es un encefalograma plano de miel, éxtasis y confetti. Una balada de Mariah Carey cantada en un casino de carretera. La despechada es azufre con lejía. Curvas y badenes. Hiel y venganza. Un concierto de Iron Maiden o un dúo de Pimpinela. Con la primera harías una telenovela. Con la segunda un culebrón. Que parece lo mismo pero no es igual.

Diálogo 2: En el restaurante de un hotel de lujo.

-Estoy tan presionado por tener pareja que me he bajado una app que te busca chicos por catálogo.
-A ver qué foto has puesto...¡Con gafas de sol no vale!
-Hombre, si te parece pongo una con legañas...
-Pues yo creo que es mejor ir de menos a más.
-Pues yo creo que es mejor ligar.

Diálogo 3. En ese mismo restaurante, dos minutos después.

-A mí el otro día me metió mano un taxista. Lo había llamado desde mi app de taxis.
-¡Anda ya!
-Te lo juro. Se volvió, me puso la mano en la rodilla y me dijo: ¿Y tienes todo tan duro como la pierna?
-Uff. 

Diálogo 3: En el ascensor.

-Hola, ¿qué tal? (semidesconocida)
-Mal. El martes me cae fatal. Es el día más antipático de la semana.
-¿Peor que el lunes?
-Mucho peor. El lunes tiene la anestesia hipnótica del domingo. Al martes llegas a pelo.
-De pequeña yo odiaba los domingos. Ahora me encantan. Es una cuestión de edad.
-A partir de los 40 todo cambia, es una barrera invisible.
-Yo no los tengo aún (tono levemente molesto)
-¿A qué piso ibas?

Diálogo 4: Por mail

 -¿Llevas Rolex o Trolex?
-Uso un viejo reloj alemán hecho artesanalmente en mi barrio de Berlín, Friedenau. No es caro ni barato, como mi ropa. Y es invisible, como yo.

Diálogo 5: Por teléfono

-He decidido irme a vivir con mi novio, pero a tiempo parcial.
-¿Como en régimen de custodia compartida? Eres una moderna.
-Soy una indecisa...
-Bueno, eso también.

Diálogo 6: Por teléfono

-Creo que a este paso volveré a ser virgen. Es una especie de involución...Seguro que hay casuística médica sobre el tema. Igual que se te cierran los agujeros de las orejas de no llevar pendientes.
-Mujer, ¿y por qué no te das una alegría con alguien guapo y cariñoso?
-Porque no sé dónde esconderme en el después. ¿Le echo, me voy? No sé... Si no siento algo especial, no me acuesto.
-Ser virgen no está tan mal...

 Diálogo 7: En casa.

-Tienes que comer fruta.
-Por qué no puedo tomar yogur.
-Puedes, pero después de la fruta.
-¿Por qué siempre tienes que llevar tú la razón?
-¿Por qué si te pelo la fruta te la comes?











martes, 18 de noviembre de 2014

DE BESOS Y BACTERIAS

A Minichuki los besos con lengua le dan asco, vergüenza, sobresalto. Un rechazo diría visceral, atávico, sonoro y militante.

Desde ayer, además, tiene un sólido argumento científico para rechazarlos. Ochenta millones de bacterias se intercambian en cada beso variedad tornillo, según un estudio holandés. Más que toda la fauna del Serengueti, más que un hormiguero marabunto y cabreado. Y en un lote, un revolcón, calculo, les da tiempo a colonizar y construirse confortables apartamentos amueblados entre las muelas del juicio y el velo del paladar.

Su hermana, adolescente en fase II (es decir, pasada la etapa de la furibundia pero no la de la canción protesta) no dice ni que sí ni que no,  y yo miro de reojo tratando de adivinar cuántas bacterias albergará esa boca plagada de mohínes de ensayo general como mujer. Igual que la piel tiene memoria del sol, ¿la lengua recuerda cada tiento, cada impulso mojado, cada invasión germánica, vikinga, afganokosovar?

Hubo besos  pellizco, y besos ostra húmeda, viscosa. Hubo besos furtivos, laterales. Besos milagro tras una cortina en una fiesta. Y besos cenicero, y besos revolución, y besos secos. Y el apunte contable del primero, y del último frío, cortés, en la mejilla.  Y besos inventados. Y besos protocolo. Y un diario de besos que alguien escribió así:
El beso protocolo

Besarle era besar a un muerto, a un semicadáver de seis horas. La boca fría y tumefacta. El aliento apenas perceptible, un estertor de oxígeno viejo y cada vez más dióxido de carbono, dulzón y venenoso. La carne, sin vigor de juventud, tratando desesperadamente de recordar cómo era el latigazo o el incendio. Buscar su boca, arrastrarse hasta su cuello, irremediable. Ser gélidamente cortés. Matar de distancia. Resucitarle o batirse en retirada. ¿Qué hubiera hecho Frankenstein, querida Mary Shelley? 

A Minichuki, en general, le gustan tanto los monstruos como le repugnan las babas. Los fluidos. La humedad oscura, el charco, el lodazal. No quiero ni imaginar lo que dirá cuando se entere de que el sexo oral no es exactamente hablar de sexo. Y entonces vendrá a mí, enardecida, y terminará preguntándome si yo hago esas cosas y con quién, qué zapatos llevaba ese día, si me lavé después, y antes de que responda, tal vez sobrecogida de pudor, estará buscando un video chulísimo en su smartphone, y las babas habrán pasado al segundo, tercer o cuarto plano. Y el día que le invada la primera horda de bacterias no me contará, ya lo supongo. Y si la pillo en un banco, cerca de la casa, con un ejército invasor entre los brazos, tendré que hacerme la madre loca, la madre ciega, la madre invisible y olvidadiza.

Besarte era besar un alacrán. Un sobresalto puntiagudo. Calor en el desierto.
Besarte era volver a la trinchera, firmar un armisticio. Bailar sobre una tumba. 
Besarte, solo a veces, era musgo. Y a veces hoja seca. Pizzicato.

Anotación imprescindible: Hasta 700 especies de Streptococcus, Rothia, Neisseria, Gemella, Fusobacterium... viven en nuestra boca.  Con esos nombres hay que pensárselo muy bien antes de soltar la fauna ansiosa, devoratriz, y abrirse a fauna ajena. 

O puede que no tanto... (You must remember this, A kiss is still a kiss...)

Nota 2: Uno es preso del último que le besa. Y pasan días, con sus noches, y pasan meses. Y la Bella Durmiente se seca en su urna de cristal. ¿Hay besos Charles Perraut y besos Disney? Consultar bibliografía al respecto.

P.D. Recopilación para entretener a Minichuki cuando haga preguntas incisivas sobre el asunto:
  • "En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma."
  • "Un beso es una encuesta en la planta alta para saber si la planta baja está libre."
    • Robert Lembke (periodista y locutor alemán)






lunes, 17 de noviembre de 2014

CUADERNO GRIS, DIARIO ROSA

Me pregunto qué pensará Josep Pla de la publicación de sus diarios ínéditos (1956,1957 y 1964 ed. Destino), íntimos hasta la víscera, en los que expone su miseria como en un escaparate (culto) del Sálvame. Alcoholismo, sexualidad desbordante, menosprecio de sí mismo y todo un catálogo de llagas sanguinolientas que el autor del "Cuaderno Gris"  exhibe desnudo, macerando su yo en sus propios y corrosivos jugos.

"Esa chica tiene razón. Me lo he perdido todo -he sido un animal-. Mi tendencia a la ternura me lleva, para huir del ridículo, a la dureza y al desenfreno", dice en un momento, y me conmueve. O "Coñac, no tengo remedio", en otro (la lectura es, para él, un "contragolpe del alcohol". Interesante).

Estudié a Pla en un curso de Diario personal y me apunté "El cuaderno gris" en la lista de libros que debía leer antes de morirme. Junto con los diarios de Amiels, Andrés Trapiello o Gil de Biedma. Me di cuenta de que había leído muchos más diarios de mujeres, y también que en la infancia del Cuéntame el diario era un regalo para chicas. Como si a nosotras abrirnos en canal nos resultara más fácil y natural que a ellos.

Los diarios de mi niñez eran un reclamo de cursilería y ocultismo. "Querido diario", rezaba el encabezamiento. A menudo las tapas eran rosas y los lomos dorados, como una invitación tácita a la confidencia azúcarada. Pero lo más interesante de todo era el candado y la llave. Eso que dotaba de misterio y convertía unas líneas carentes de interés en codiciado botín de tus hermanos. Como si cualquier intimidad de una niña cursi de diez años fuera la semillla de una Virginia Woolf, una Sylvia Plath o una Alejandra Pizarnik.

Una niña con un candado se convertía automáticamente en escritora y en guardiana del deseo ajeno. Y un niño coetáneo en filibustero a la caza del tesoro. Y así crecimos, garabateando tonterías sobre si me ajunta o no me ajunta, me quiere o no me quiere, alimentando el onanismo pseudoliterario y la fantasía de la violación. ¿Llegaré a casa y estará el candado roto?

Dicho esto, confieso que nunca tuve uno de esos diarios. Mi rebeldía congénita me hacía invadir cualquier superficie blanca y doblar muchas veces el papelito, hasta convertirlo en una pelota minúscula que nadie vulneraría, a excepción de la aspiradora.

Y ahora siento un interés creciente por la lectura de los diarios de todos esos hombres educados para ser Alibabás y que un día terminaron derramándose en un papel. Estrujando su dolor, su incomodidad con el mundo. Eso que se suponía tan naturalmente femenino. Y es un alivio saber que todo hombre, por sólido e irrompible que pueda parecer, oculta una o varias grietas sangrantes y a veces las confiesa sin llave y sin candado. Y una se enamora de ellos cuando se exponen sin armadura. Dolientes, confusos, vulnerados por el azote de la vida. O exultantes de gozo, apasionados. Como nosotras, pero sin el banco de pruebas que fue el diario de infancia.

Querido diario. De hoy no pasa que me regale El cuaderno gris de Josep Pla. Un hombre que desnuda su alma es mucho más excitante que uno que sólo desnuda su cuerpo. Debo hablar de esto con las Chukis. Urgentemente.








domingo, 16 de noviembre de 2014

DE SERENDIPIA Y AMOR A JOHN CUSACK

John Cusack
Botín de sábado de mujer caprichosa de mediana edad: 1. Serendipity (por John Cusack. Perfecto plan de noche de chicas), 2. Tres pares de calcetines negros y una camiseta deportiva azul eléctrico (para correr sin usura y echar chispas), 3. CD de Antony & the Johnsons (por la inmensidad de su Hope There´s someone, que no se me va de la cabeza y me produce temblores secos), 4. El País y El Mundo (por tocar la vida en papel, que navegar marea lo suyo). 4. Decepción  (por Perdida, una tv movie de domingo de resaca por la tarde disfrazada de thriller y llena de diálogos postizos y trampas retorcidas/facilonas).

A los modernícolas les encanta Perdida, lo que vuelve a probarme que no formo parte del grupo. Tampoco me veo en las filas de Podemos con su líder pletórico de Yo y esa comisión hambrienta de poder e influencia a dentelladas,  ya lo siento. Cuando huelo postureo, intolerancia, rictus de superioridad y ventajismo disfrazado de falsa humildad salgo por piernas. No formo parte de ningún grupo, me temo, lo que me deja a la intemperie. Pero en brazos de John Cusack y de Antony Hegarty podría ser feliz. Con la ayuda inspiradora de Leila Guerriero:

"Yo no tengo dios, pero, si tuviera, le pediría: salvame
Salvame de la confusión de suponer que me recordarán por siempre.
Salvame de la tentación de pensar que lo que escribiré mañana será mejor que lo que escribí ayer.
Salvame de necesitar la mirada de otros.
Salvame de ambicionar el camino de los otros.
No me salves de mí.
De todo lo demás: salvame". (Zona de Obras. Ed. Círculo de Tiza).

Leila es el antipostureo, el antiego, el antídoto contra la tentación onanista de escribir sin contar nada. Cada letra suya encierra una intención, un tiro al puro centro, un salmo, una herejía. No soy de ningún grupo, pero de serlo sería del de Leila, del de Lorry (Moore), del de Antony, de la prosa abonada y fértil de Héctor (ayer, éste último me notificó, desde un aeropuerto perdido a demasiadas horas de su hogar, sus intenciones: "En febrero voy a Madrid, me compro un piso y lo celebro contigo").

Soy, ahora que lo pienso, del grupo de madres/padres con hija que juega al fútbol y es la única chica del equipo, que se desgañitan en los partidos y vomitan todo el entusiasmo y toda la fe, y al terminar notan que hacía frío y la humedad ha calado hasta los huesos, pero el corazón abrasa.

Mi niña es el 8
También soy de ese selecto grupo de coleccionistas de nada. De mujeres que mejor solas que acompañadas pero huérfanas de abrazo. De militantes de Mahou y de Bombay. De reincidentes de Bach y de la ensaladilla rusa. De millonarios de amigos y de cuentos...

Así que soy gregaria, al fin y al cabo. Y creo que una mala película, un mal libro, es un robo a mano armada. Que debería haber un club de bobitas sin talento y otro de tontos con idiomas. Que uno es lo que sale cuando abre la boca sin pensar, sin estrategia. Que hay que votar el mal menor, pero votar. Que conviene volver a Lisboa y pisar adoquines, mejor enamorado. Que el desaliento, el desamor,  se curan con lentejas. Que tú sigues ahí, no te has movido, pero te vas desdibujando. Que este domingo sin prisas y con Antony, con Leila y con el grupo es pura serendipia. Puro hallazgo. Que ya va siendo hora de salir a correr  con camiseta nueva. Eléctrica. A chispazos.

P.D. Adjunto crítica de "Perdida" con la que estoy de acuerdo. Genial lo de "artificial como alcachofa de cerámica":


Rex Reed: The New York Observer

sábado, 15 de noviembre de 2014

HAY QUE SER VALIENTE PARA ESTAR SOLO

-¿Está usted enfadado?
-No, estoy solo.
-No está solo. Mientras esté usted aquí, está conmigo.

La camarera, con su inconfundible acento rumano, me hizo abandonar el giro de la cucharilla en el café por un instante. No veía al cliente porque nos separaba una columna de la barra, una cordillera, pero debieron reconfortarle las palabras de esa mujer que confundía mal humor y desamparo. Y era esa mentira compasiva del te quiero que murmuran las putas a los hombres,  tan solos, tan desnudos, y ellos atesoran como la metadona del amor.

Hay que ser valiente para reconocer que se está solo. Y puede que sea más fácil confesar a primera hora de la mañana, cuando el cuerpo no se ha puesto en guardia y los convencionalismos sociales aún bostezan. El desayuno con aliento. La leche templada y el cruasán con mantequilla y mermelada. La posibilidad de pescar un diálogo así, puro, descarnado, me pareció un regalo de viernes que tecleé con ansia en el teléfono, no fuera que el olvido lo desintegrase como el sol al pergamino de las tumbas.

Por la tarde el Metro estaba lleno de solos. Olía a letras sin pagar, a incertidumbre. A mi izquierda un tipo vulgar, con olor a sudor rancio de dos días,  hablaba a gritos con Susana. Farfullaba, también, desesperado porque la llamada se cortaba en cada túnel. El hombre, unos cincuenta, fingía una pareja esperándolo en su casa. Un polvo rápido y concertado de viernes, una ducha (el orden de factores altera el producto) Susana era, lo supe, perversa, insustancial, un amor intempestivo empapado en colonia barata. Una liturgia de dos donde uno no está ni se le espera. Me daban ganas de pedirle al señor que colgara de una vez, que Susana es un fantasma, que igual no estuvo nunca. Que dejara de gritar. Que se lavara los dientes y se dejara estar solo.

Y luego, en el teatro, tres hombres y yo "Desde Berlín. Tributo a Lou Reed". Una historia de destrucción y (des)amor que me sobrecogió por su ausencia de esperanza. Más allá de que los protagonistas sean dos yonkis en una ciudad destruida como sus venas. Más allá de la asfixia de una cama donde todo empieza  y todo se vuelve estercolero. Caroline y Jim son una de esas (tantas) parejas unidas por la desesperación. Porque es eso o nada. "El amor debería morir de muerte natural", murmura él. Y pensé que esto es así, pero a menudo mantenemos al muerto en el trastero. Conectado a unos tubos. Y pasan las horas, los días y los años. Y un día el hedor se vuelve insoportable a los vecinos. Y con suerte llega el juez y el forense certifica, al fin,  la muerte. Naturalmente.

-Se hubiera muerto de dolor en ese piso (Jim)
-Como nosotros (Caroline)

(¿Y si siempre fuera así, sólo amigos y planes de viernes jubilosos? Amigos que te llevan en volandas por la calle, que te arreglan el cuello, te  cogen de la mano y tú a ellos. Que te cantan su crítica sagaz y certera de la obra. Y pedís unas gambas a la plancha. Y C., que te ve chupar las cabezas, pregunta si te gustan, y te encantan, y te pone delicadamente las suyas en el borde de tu plato, just in case. Y te paran un taxi, y te despiden. Mucho más ciertos, más héroes y más presentes que cualquier Susana o Jim al otro lado del teléfono. Un espectro)









viernes, 14 de noviembre de 2014

MUJERES CON RELLENO

-A 120 yardas, gire a la derecha (GPS).
-¿Y eso cuánto es? (mi amiga M.J, al volante)
-¡Y yo qué se! (yo misma, copilota)
-Recalculando ruta (GPS)

Madrid bajo la lluvia. El tráfico irritado  como un bebé al que no llega la leche. Dos mujeres camino del apocalipsis. O más bien de un desfile de moda, un acontecimiento social de los mil que entretienen el tedio de la capital cada semana. Y un GPS que se niega a hablar en metros, como dios manda.  Ahora es que a 80 yardas hay que girar a la izquierda, pero nos hemos vuelto a pasar. GPS recalculando ruta de nuevo.

-O sea, que 80 yardas son "corre y gira que te pasas, incauta".
-Eso. Ay madre mía, si lo sé me pongo sobaqueras...

Sobaquera. ¿Alguien ha oído alguna vez esa palabra tan fea? Pues mi amiga MJ sí, y san Google la tiene registrada, y en su versión fina se llaman "escudos de axilas". O sea,  empapadores adhesivos que impiden esas manchas antiestéticas que se te ponen cuando llegas tarde a una cita, cuando los nervios te delatan, cuando te excita un hombre en brasas que te mira como si fueras a salvarle de sí mismo, cuando la ansiedad se escapa bajo tus brazos como un río o como la loca del torreón de Jane Eyre.
Sobaqueras

Una yarda, averiguo,  son 0.9144 metros. Así que si te subes al coche de M.J tendrás que ir haciendo el cálculo de cabeza -sin redondeos o el GPS recalculará ruta- al tiempo que aprendes lo de la sobaquera y le cuentas un encuentro marciano de ese mismo día y te repasas el rouge de labios en el retrovisor y llueve y sueñas con unos buenos escudos de celulosa para contener el sudor de la acidez de algunos, y te da un ataque de risa floja y pides tiempo muerto como un entrenador apurado por los aullidos de la afición febril. Y te parece que basta ya de accesorios para retener fluidos. Y que vaya asco de fluidos. Y luego te pasas el desfile identificando rellenos labiales, rellenos de pómulos, rellenos de tetas, rellenos capilares, rellenos cerebrales. Y juras por tus muertos que jamás caerás en el relleno, que serás un pavo seco de Navidad, un triste pavo sin trampas. Libre y enjuta. Y mueves los pies al ritmo trepidante de Pink Floyd. Y sueñas con la chaquetita corta de visón teñido de la garza hambrienta que pasa por delante. Rellena de aire, ahíta de equilibrio. Piernas de pollo triste o escaldado. Ingrávida, si no fuera por el ancla de las pieles.

-A 200 yardas, tome la salida.

Antes, eso fue antes de la garza. Íbamos a llegar tarde y casi habíamos claudicado. El GPS nos estaba hostigando a mala leche. Se había propuesto que no llegáramos al parking de la calle Farmacia  y no descartábamos que una cámara oculta siguiera la ginkana de dos señoras sin sobaqueras ni sentido elemental de la orientación.  Y en el ascensor, el ascensor equivocado, dos mujeres de ochenta años nos miraban desde el relleno compasivo de sus cardados borrachos de laca. "Dos terroristas del agujero de ozono", pensé. Pero con los labios y los pómulos en su sitio, desnudos de farándula y colágeno. Y orientadas, vaya si lo estaban.

Y sonaba Pink Floyd, y sentí que Madrid sin el colágeno de las fiestas es una mujer inquieta que no encuentra las sobaqueras en el cajón de accesorios, un mago que pierde sus naipes trucados justo antes de la función. Y ya de vuelta,  me quité los tacones, lancé el abrigo al sofá, tiré el reloj sobre la mesa y tras eliminar todo, incluido el rouge de labios salvado del naufragio, sentí que el cuerpo agradecía la ausencia de rellenos. Y el GPS me indicaba por fin el destino seguro de la cama.








miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL DIOS NEGRO BABÁ

Sostiene G. que es su cuarta noche durmiendo sin muleta y que hoy piensa premiarse porque dos meses de pastilla -en realidad media pastilla de inocentes hierbajos- son muchas noches de terror a despertar a las dos, a las tres, a las cuatro y tararear estropajosa  "cien elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña..." y sentir que nada va a cambiar y que ese cuadro estará siempre torcido y  esa bolita roja colgando sobre el techo que colocó aquel hombre que creía en las paraciencias anormales se desplomará sobre su frente, justo enmedio de ambas cejas, y le hará brotar un unicornio de sangre que hablará como parlotean las viejas aburridas de los pueblos a la salida de misa.

-El tedio es amigo del diablo. Alabado sea el Altísimo.
-Tienes una voz bajita pero muy desagradable.
-Gracias, es lo más cruel que me ha dicho un imbécil en mucho tiempo.

Aquel tipo había aprendido a mentir antes que a hablar. A esos seres conviene no escucharlos. Mírame fíjamente y cuenta hasta tres. Cuando despiertes tirarás el bastón para siempre y saldrás corriendo. ¡¡Milagro, milagro!! (sonido de campanas de la iglesia)

La importancia de encadenar el sueño. A G. todos los malos presagios se le encarnaban de madrugada. Entonces se levantaba y corría a por la caja de las tizas -los pies descalzos, helados, de venas violetas- y apuntaba en la pizarra, casi sonámbula, frases ininteligibles como: "Ni un día más de cien días". Por la mañana no había dios que interpretara su propia letra, y se encogía de hombros y arrastraba el bostezo diez o doce horas, a lo sumo.
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Cuaderno de bitácora: Ayer volví andando del trabajo, como hago a menudo, y recogí a Minichuki en su entrenamiento. En el campo, de obediente hierba artificial, corría un grupo alegre de niños encabezado por un dios negro. Era, sin duda, uno de los cuerpos más perfectos que había visto últimamente. Era el Flautista de Hamelín del cuento y a punto estuve de salir corriendo tras de él. La pura contemplación de la belleza. Pero me sobraba el paraguas y me faltó determinación. Un velo de lluvia caía sobre la farola, que lo transformaba en una red de estrellas en fugaz desbandada luminosa. Y ese negro, que nadie se ofenda, era un negro betún, un negro ónix, un pedazo de negro, y escuchaba sonriente las indicaciones de los pequeños: "Babá, ahora tú corres deprisa y nosotros tratamos de alcanzarte". Y todo estaba bien, y algo despertaba a su hora. Como llamado por un ángel o un hipnotizador diligente de los que te sacan del letargo antes de llegar al borde del precipicio.
Babá Diawara

Y mi niña, radiante de lluvia, puso cara de machote cuando cubrí su cuerpecillo empapado con mi chal de lana caliente y perfumado, y en cuando doblamos las esquina me abrazó mucho y me dijo qué suerte que estés, y entonces, sólo entonces, le pregunté por el negro. "Me han dicho que es un jugador del Getafe...". Es un dios. Un espantador de telarañas. "Qué cosas más raras dices, mami".

Se llama Babá Diawara y es senegalés. En foto no es lo mismo que anoche, bajo el manto de agua. Suele pasar que la oscuridad dispara la fantasía. Pero ayer juro pormi vida que era un dios impulsado por dos piernas negras hacia una misión que sólo conocía él. Y su séquito lo seguía sin rechistar. Y todo era luz.

(Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña... (Y no hubo dos, ni hubo arañas)












martes, 11 de noviembre de 2014

AMOR, ETCÉTERA (Julian Barnes, un amor senegalés)

San Luis (Senagal)
"Cuando me preguntan en qué verdad absoluta desearías ahondar para alguna de tus novelas, yo siempre digo que me gustaría adentrarme un día entero dentro de una mujer para conocerla realmente". Julian Barnes. Fragmento de su entrevista ayer en El País Semanal.

Recuerdo haber leído "Amor, etcétera" durante un viaje a Senegal. Recuerdo un hotel colonial que parecía salido de un cómic de Tintín y se llamaba De la Poste, con su patio y sus plantas frondosas, hipertróficas, y unas butacas desgastadas de ratán con pequeños veladores donde yo devoraba las páginas del libro antes de salir a hacer un reportaje por los secaderos de pescado de San Luis. Con un guía local que me pidió matrimonio entre susurros aprovechando un despiste del fotógrafo. Un tipo simpático y casado con tres (sí, la invitación era a sumarme a su harén) que se abría paso entre los habitantes de la miseria llamándolos a todos "mon amie", y que era un finísimo lector. Así que nos pasábamos los kilómetros devanando novelas, y recuerdo haber compartido nuestra admiración por Julian Barnes además de mi obsesión por no ser devorada por esa legión de mosquitos que fijo, seguro, portaba la malaria.

No sabía entonces la historia íntima de este británico que maneja la ironía con inteligente desenvoltura y que al parecer arrastra un dolorosísimo duelo por una mujer, la suya, Pat Kavanagh, que durante un tiempo lo abandonó por otra - Jeanette Winterson -  a la que siempre pongo a parir gracias a una novela a mi juicio mediocre y sobrevalorada llamada "La Pasión" que, según wikipedia,  se inspiró en el sentimiento arrebatado de aquella relación amorosa de la que Pat regresó para continuar con su hombre, este hombre al que adoran los franceses por su perspicacia y puede que por su obsesión por la muerte.


"Los ingleses somos muy flojos a la hora de definirnos. Aun así, empleamos mucho tiempo en intentarlo. Los americanos no se obsesionan con eso, por ejemplo. O se contentan pensando que nosotros somos una versión fracasada de Estados Unidos. De la conciencia imperial, para el resto del mundo tenemos una percepción de extrañeza, pensamos que sencillamente el resto no son ingleses. Nos refugiamos quizá en esos tótems antiguos que nos distinguen, como la monarquía, mientras que la realidad nos muestra lo contrario en el mismo Londres: una variedad enorme de culturas diferentes donde los ingleses rubios somos minoría".

Uno se define por contraposición al otro. A veces no somos más que lo que nos marca la diferencia. Y con esa mínima identidad salimos a pelearnos con la vida. Como mujer, Mr.Barnes, no me gustaría entrar en la piel de un hombre salvo como ejercicio de estilo. Me parece que a los hombres se les ha vetado el derecho a la emoción, a la debilidad, al fracaso, a la cobardía, a la ausencia de deseo.

El otro día precisamente salió este tema en una conversación de amigas. ¿Ellos siempre  están dispuestos para el sexo?. ¿Incluso pasados los 50, cuando la testosterona empieza a batirse en retirada?. L. estaba muy convencida de ello. Y relataba el caso de un amigo de esa edad obsesionado por "cumplir" con cada mujer que se cruza en su camino, en su mayoría jóvenes. Yo aporté el testimonio de un hombre en la treintena que confesó abiertamente que su apetito sexual era escaso, que sin ternura previa le costaba acostarse con una mujer, y que le parecía un suplicio asumir el rol del deseo por designio de género. L. se sorprendió bastante, para mi sorpresa. Después ambas celebramos la fortuna de ser mujeres y no tener que poner a prueba nuestra fuerza, nuestra libido, aunque a cambio haya que demostrar demasiadas cosas a diario. Que es un alivio poder sentir y contarlo. Y admirar a los hombres capaces de cuidar, mimar, confesar que hoy no les apetece sin sonrojarse;  hablar con una mujer de intimidad sin que el objetivo sea llevarte a la cama, y una vez logrado, fin de la intimidad (sí, hay un pareado vulgar al respecto).

Y todo esto suena muy antiguo, es verdad. Porque por suerte ellos están aprendiendo y nosotras también. Y Julian Barnes, aquí nos tienes a unas cuantas para una velada en San Luis o donde mejor te parezca. Para hablar de tu pérdida, de tu robustez intelectual, de por qué Pat se enamoró de aquella escritora endeble y seguro que atormentada teniéndote a ti en casa. De por qué a veces hay que perder lo que se ama para entender la magnitud de lo perdido. Pero que lo perdido es la fuente de la creación. Que lo que nos inspira, a menudo, es eso que hay detrás de la niebla que nos separa de lo que fue. Y que ahí no hay diferencias entre hombres y mujeres. Sólo palabras. Que a veces son tan brillantes como tus novelas. Y tan lúcidas como tu expresión del sentimiento.

Stuart: El primer amor es el único amor.
Oliver: El único amor es todo el amor posible.
Gillian: El único amor es el amor verdadero.
Otra pregunta: ¿Qué prefieres? ¿Amar o que te amen? ¡Solo puedes escoger una de las dos! Tic, tac, tic, tac, ¡PUM! ¡Elige!  (Amor, etcétera).

P.D. Julian Barnes será siempre Senegal para mí. Y ese hotel tan bello y decadente donde me recibió una enorme cucaracha cuando fui a acostarme la primera noche. Huelga que no dormí, aterrorizada por la posibilidad de que hubiera otra. Y tentada estuve de llamar a mi guía local para que me alojase con su harén.