lunes, 22 de diciembre de 2014

O ALVIN LANGDON COBURN, O GAMBAS

Alvin Langdon Coburn Fundación Mapfre
Ayer saqué a pasear a mi padre y a mi ado con una propuesta radical: vamos a la Fundación Mapfre a ver una expo de fotos y luego aperitivo (con refresco). Mi padre, que es más de jabalíes por el monte más vinacha en el bar del pueblo pirenaico donde vive su exilio voluntario, dijo que sí sin rechistar y mi ado, viéndose en minoría, se encogió de hombros y corrió a plancharse el pelo.

Minichuki, que siempre tiene un as en la manga para zafarse de los marrones, corrió al móvil y buscó en su agenda un plan alternativo de emergencia.

Llamada 1: "Abuela, ¿qué vas a hacer hoy?" (zalamera).
Llamada 2: "W, ¿te bajas a jugar al fútbol"(provocadora).
Llamada 3: "Papi, ¿nos vamos a patinar y luego un partido? (imbatible).

Naturalmente, lo logró a la tercera y, triunfante, nos despidió subida en mis patines y mirando a su hermana con cara de "eres una pringada sin recursos".

La Mapfre tiene una cara B  menos glamourosa que el palacete de la Castellana donde a veces te cruzas con la infanta Elena, que al parecer trabaja allí. Es la sede de Bárbara de Braganza, a pocos metros, y en su interior también pasan cosas interesantes, aunque la entrada parece de ministerio gris. Ayer la comitiva familiar nos las vimos con Alvin Langdon Coburn, en adelante un imprescindible en mi confusa y enclenque cultura fotográfica.

El tipo cogió su primera cámara de fotos a los ocho años, y la soltó prematuramente, cuentan, tras las penurias de una guerra que lo dejó condenado a buscar la paz de espíritu al norte de Gales. Había nacido en Boston en 1882, y sus obras son cuadros pasados por esa poesía taciturna que otorga la niebla. Puentes neoyorkinos donde el reflejo sobre el agua es un canto a la muerte. Calles de Londres que nunca pisé tan sombrías y seductoras. Cataratas heladas y ese velo de sabiduría compasiva de quien lleva mirando la vida mucho tiempo detrás de un agujerito mínimo para transformarla sin prostituirla.

Yo miraba de reojo a mi padre, que iba de foto en foto a toda velocidad (también lee febrilmente y te preguntas si en realidad se entera o sólo pasa las hojas para apurar el final). Mi ado a ratos se ajuntaba con el abuelo y a ratos conmigo, y diría que le seducía el espectáculo en blanco y negro.
Cervecería Sta Bárbala. Gambolandia

Entonces mi padre le susurró (y un susurro de mi padre en casi un grito): "Todo esto está muy bien, tu madre es cultural, pero donde estén unas gambas con su caña que se quite tanta foto". Mi ado se tronchaba de risa y entendí que había perdido la partida. El resto de las fotos las recorrí como alma que lleva el diablo. Mi gran último amor Coburn tendría que esperar a ser consumado. 

Salimos, jubilosos, rumbo a Santa Bárbara. Esa cervecería de Alonso Martínez donde íbamos a veces de pequeños y yo me asustaba cuando, al pisar el  suelo, crujía un cementerio  de cabezas de gamba agónicas y cáscaras rechupeteadas. Madrid entonces era mucho más salvaje y en los bares había escupideras, como le expliqué a mi hija.

-Puaj, qué asco, dijo la ado cuando le relatamos cómo habíamos sobrevivido a tanta mugre urbana. Pero la niña no perdía comba y le daba duro al plato de gambas, que nos ventilamos en un suspiro.
-Abu, ¿y si pedimos unas bravas?
-Este no es sitio de bravas, brujillas, cada bar tiene su especialidad.

Todo muy mono
Yo a esas sentencias de mi padre sólo puedo decir amén.  Pero como me debía una por la precipitada salida de la expo, los llevé en volandas a un pop up store en el palacio de Santa Bárbara (¿y eso qué es, una tienda, un bar?", preguntaba el hombre) lleno de cosas absurdamente caras, que recorrimos a la velocidad del absurdo mientras mi hija murmuraba. "No me gusta ir a sitios donde no puedo comprarme nada". 

Terminado el plan cultura+gambas+tontería la emprendimos con unos pasteles y regresamos a casa muy satisfechos del recorrido madrileño. Yo hoy sueño con volver a los brazos de Coburn, aunque creo que mi padre tiene toda la razón. Donde estén unas gambas con su caña bien tirada, que se quiten los planes bajo techo. Pero si puede ser todo junto, y encima hace sol, se llama carambola.

PD. Ahora que caigo, este post se tenía que haber titulado "EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LAS CABEZAS DE LAS GAMBAS". 



domingo, 21 de diciembre de 2014

HOY ME HE LEVANTADO JULIE ANDREWS

1. Una familia es una unidad solidaria de destino que a veces camina separada. Ayer en la fiesta de mi hija éramos una familia. De padres divorciados, pero familia. Convendría revisar las etiquetas del cariño. (O esas familias de padres juntos que son pura institución, un formalismo, un documento frágil que sale los domingos a la calle y se dispersa con la vista)

2.Mi padre se ha instalado en casa y me lo hace saber. Va dejando periódicos, libros con la esquina de las páginas doblada y colillas aplastadas que fuma a hurtadillas y tira al cubo de la basura. Yo recojo sin protestar. Su paso siempre es efímero y ruidoso (habla muy alto porque oye regular), y recuperar el orden y el silencio a su marcha me encoge un poco la garganta.

3.Hojeo y ojeo el libro "Cosas no aburridas para ser la mar de feliz" (Lunwerg) , que le regalaron ayer A. y M. a mi adolescente. Valiente no significa que no tengas miedo. El amor es como una copa de vino acompañada de un buen queso. Equivocarte es lo más grande que te puede pasar. Atrévete a perderte, son algunos consejos (el último es prácticamente mi modus operandi vital).  No están nada mal. A ella le encantan. Creo que es un libro muy adecuado para regalar a niños y adolescentes, y no esas bobadas de amor y autosuicidio con candados y violines desafinados tan de moda.

4.Hay días en que uno siente un estertor de plenitud. De satistacción militante. Un sarpullido de alegría y un brazo invisible sobre los hombros. Ayer fue uno de esos días. Algunos lo llaman felicidad pero es cursi. Yo lo llamo un día Lou Reed, que suena más alternativo, y me lo pongo a tope porque lo mola todo.

5.Mi ado ayer, abriendo regalos, nos recriminaba a su padre y a mí, abriendo mucho los ojos: "Pero si ya me regalasteis el ordenador...". Luego se recreaba leyendo en voz alta las cartas con dibujos que le habían hecho sus primos pequeños. Me pareció que no hcicimos tan mal, después de todo. Me sentí muy orgullosa de una hija que aprecia lo que importa y es consciente del esfuerzo ajeno.

P.D. Lamento el tono Sonrisas y Lágrimas de este post, pero voy a aplicarme el libro de mi hija sin ediciones insidiosas.


sábado, 20 de diciembre de 2014

AQUÍ HAY FUEGO PARA TODOS (LA BOMBERÍA CAMPOFRÍO)

Sucede cuando menos te lo esperas... (Anuncio Campofrío, Navidad 2014)

Nunca creo que cuando menos me lo espere me vaya a aplastar una desgracia ni tampoco a tocar la Lotería. Debe ser porque un 22 de diciembre nació mi adolescente, y con eso me doy por premiada/aplastada (no fue la mejor noche de mi vida, me sentí un despojo vacuno, con sangre, cortes y magulladuras). No confío en el azar, en la baraka, en los golpes de fortuna ni en los posos del café.  Sí en las intuiciones poderosas, pero no en las que barruntan la tragedia.

Ayer casi no llego al trabajo porque un desesperado se estampó contra la sede del PP con una bomba de Mortadelo y Filemón. Enseguida las noticias lo tacharon de "trastornado". Había tenido una depresión años atrás, eso parecía explicarlo todo.

Yo no conozco a ningún depresivo que le dé por alunizar contra una pared sin joyas (salvo que consideremos una joya a Cospedal). Ni con ellas. La depresión, que yo sepa, te bloquea, te quita las ganas de salir de la cama. De urdir cualquier tipo de plan que no sea desaparecerse.

(8.30 a.m. Íbamos tres compañeras en el coche, la Castellana colapsada, y por fin un policía ante la cinta que nos cortaba el paso. "Poned cara de rubias", animé. Y P., al volante, se vino arriba y levantándose la falta dejó entrever sus medias negras con ligas. Espectaculares muslos.  El poli, impertérrito: "sigan por el carrril central". "¡¡¡Pero si trabajamos justo ahí!!!" (yo misma, sobreactuada y sin escote que mostrar). "Eso ya me lo han dicho otros cien. Sigan de frente". Sí, la pasma no es sensible al sexappeal de tres pibones en apuros. Margaritas a los cerdos).

Pero sigo.

Un hombre de Teruel. 37 años. Dice que le hubiera dado igual empotrarse contra la sede del PSOE o de cualquier otro grupo político. Quería un incendio. Un Bombería sólo para él. Un puñetazo en la mesa y luego dios dirá.

(Igual que no creo en la Lotería, ni en el alunizaje, tampoco soy depresiva. Y estos rasgos deberían ser pertinentes a la hora de hacer las presentaciones en sociedad.

"Me llamo V. A veces me pesa la pena por un rato, pero no me deprimo. No compro más Lotería que la imprescindible para que no me pase lo  del pobre hombre del anuncio pero sin dueño del bar generoso y compasivo. Nunca he tenido tentaciones de empotrarme contra un muro que no sea el de mi fortaleza. Tengo suerte, mucha suerte, porque mi trabajo no se ha quemado, como Campofrío. Y encima me lo paso bomba allí, con compañeros mucho más ocurrentes que Chus Lampreave, que Santiago Segura, que Fofito y hasta que Gila.

"Y nos tuvo que pasar. Parecía que ibamos a salir del año ilesos..." dice el anuncio. Pues no he salido ilesa del año, pero el parte de cicatrices no da para un anuncio. Qué fortuna.

Mis compañeras ayer me invitaron a salir del coche y siguieron a la deriva. Hoy, temprano, me contaban el desenlace por wasap: "Ayer finalmente se nos subió al coche Brad Pitt. Vamos, lo típico, por eso no te dijimos nada".

Sucede cuando menos te lo esperas.











viernes, 19 de diciembre de 2014

MIS PROPÓSITOS 2015

"El miedo me ha despertado en el interior de la conciencia de otro; el miedo y la intoxicación de las lecturas y la búsqueda".

He decidido que "Como la sombra que se va" será mi última lectura del año, y espero ser intoxicada hasta el tuétano. Moriré a 2014 acompañada de la destreza implacable de palabra y sentimiento de Muñoz Molina, ya que no he cumplido uno de esos propósitos que soñé cuando 2013 agonizaba: volver a Lisboa.

Sin querer, todos los diciembres se cuela en nuestras mentes un afán finiquitorio. Hay que dejar la casa limpia para comenzar 2015. Un año que me cae simpático porque lo intuyo lleno de aventura y de recogimiento. Porque tendré una hija mayor de edad oficialmente que podrá conducir y sacarme de las rotondas en las que me pierdo tontamente. Porque batiré mi marca de despertares ansiosos de escritura. Porque escucharé la voz de los piratas. Porque intentaré desalojar el corazón de expectativas vanas. Porque viajaré sin luto y sin prisas, tan ligera, diré que sí a invitaciones que hoy rechazo y diré que no a la melancolía, esa extranjera incauta y sin papeles.

"Me escondía de cada vida en la otra. Entre mis actos verdaderos y mis deseos o mis sueños rara vez había una conexión. (...) Si una mujer me gustaba la veía detrás de la gasa luminosa del cine. El deseo no me empujaba a la audacia sino a la parálisis".

La novela, que abro nervisamente, con ansia de entregarme,  me invita a tener fiebre para quedarme en casa. Chupar tiza, tal vez, eso que hacíamos de pequeños para eludir las clases. La manta y el sofá, la luz que atraviesa las cortinas de lino blanco, tan ligeras, que huelen a suavizante recién puesto. Y pasarme las horas, y pasar página al libro y a mí misma. Perdonar los tropiezos, abanicar las ganas. Preparar el cuarto porque hoy vuelve mi padre y será fiesta.

Escribir la lista de propósitos 2015: Lisboa, tal vez sola o con las chukis. Roma y una tercera ciudad desconocida. Una visita guiada al gozo de saltar. Limpiar más a menudo mis zapatos. Bajarme un poco más de los tacones. Ordenar las capturas de sol de tantos días, con el móvil. Volver a dirigirme la palabra. Seguir disfrutando de tantas tonterías. Recuperar al fisio. Arreglar la bicicleta. Renovar la confianza en las promesas de las cremas aunque no me las crea. Salir a bailar muy desatada. Leer más de 10 páginas antes de que el sueño me haga suya. Comprarme una zapatillas de casa bien mullidas. Ponerle algo, un no sé qué, a esa bombilla tan desnuda. Decir que sí aunque piense que no será, dar una chance al diablillo del destino...

Leer a hombres sensibles que saben poner letras al pensamiento. Magistrales.

"Yo no había probado el bourbon igual que no había estado en Lisboa ni casi en ningún otro sitio".




jueves, 18 de diciembre de 2014

COMO MITO ESTOY MUERTA

Ayer en la clásica copa navideña de confraternización alguien de otro departamento se extrañó cuando le confesé que hasta los 44 años no había conseguido beber cerveza y que el segundo gin tonic se queda siempre abandonado en la barra, triste como una plañidera sin cadáver. Y medio lleno.

-"Pues no te pega nada, guapa" (con gesto de decepción).

Me dejó bastante inquieta. Me sorprendí argumentando que fui una niña de las monjas y que fracasé estrepitosamente en la asignatura "noches canallas" (por no hablar de la de "seducción fatal"). Para ella, vi enseguida, yo había sido hasta ese instante un prócer de la juerga desatada. Un ejemplar de mujer afterhours que apura los vasos como la vida. Un personaje de ficción que nunca se haría carne como Pinocho. Un bluff.

Entendí que era un efecto parecido a cuando conoces a un actor que te gusta y es bajito, antipático o huele mal. Se te desmonta el mito. Y deseas febrilmente no haberte cruzado con él para seguir soñando. Por eso no me interesa nada conocer a mis hombres fabulados. Prefiero seguir alicatándolos de virtudes extraordinarias. Eduard (Norton), Harvey (Keytel), Colin (Firth) o Kevin (Spacey) son un compendio licuado de sus personajes, y jamás querría contaminarlos con eso tan mundano y anodino que es la real life.

Porque en real life debo ser una mortis.

Colin no te quiero conocer
Así que ayer caí como la Bolsa norteamericana aquel funesto crack del 29 en la categoría mitos. "Vaya mierda de escritora maldita que no pasa de la cerveza", debió propagar mi colega. Y entendí que mi reputación está en peligro. Porque de ahí a decir "seguro que compra sólo en grandes almacenes y lleva pijama de franela"o  "lo más excitante que ha debido pasarle últimamente ha sido poner el portal de Belén en su salón", hay un paso.

Recordé eso de que uno es trino. Su verdadero yo, el yo que percibe y el que ven los demás. En mi caso este último debe ser mucho más heroíco que el primero, a tenor del gesto contrariado que compuso esa mujer, que, tras ponerme un cero en categoría alcohol,  procedió a ponerme a prueba en el apartado "hombres".

-F. era un cañón. Cuando venía a nuestra oficina se nos caían las bragas. (Ella)
-¿En serio? A mí me daba la risa con esa actitud de "estoy bueno y tú lo sabes" (yo)
-Venga, hombre, no me digas que no te subió el listón.
-Pues no, jamía, me daba la risa y además era un hortera. Lo bauticé "el Macuala" (de ma quale idea, la canción de Pino D´Angio)

A ella mi confesión no le hizo ninguna gracia. Apuró su gin tonic y se despidió, imagino que para buscar una confidente con más empaque y sex appeal, alquien que le diera más juego que yo. Pensé que debo hacer algo de inmediato. Convertirme en un mito como Salinger (ya, ya, pero sin grandes ambiciones no hay paraíso). Encerrarme en mi torre de cristal con una Mahou y dar alas al personaje. Militar la misantropía. Fingir que hay un hombre cada noche en mi cama, y no una pila de libros que un día me aplastarán la cabeza o una niña que me forra a patadas las pocas noches que aún solicita cobijo materno.

Pero tras este outing necesario y doloroso debo aclarar, querida colega, un solo punto:  Odio los belenes navideños y no he logrado comprender por qué a un matrimonio soso con hijo, mula y buey se le llama "el misterio". Como tampoco que un Macuala pasado de perfume haga que se le caigan las bragas a unas señoras hechas y derechas. Por muchos gin tonics que se metan al cuerpo.







miércoles, 17 de diciembre de 2014

PARA LIGAR NO ES MEETIC, SINO FOROCOCHES

1. "No necesito ser el primer hombre de tu vida, sólo el último". Apunto el diálogo entre una mujer con pasado y un hombre enamorado con abundante determinación. Ella es Helen Hunt. Una diosa sin avaricia de alfombra roja. Aguda, imperfecta y no sometida a la tentación del hialurónico. Él ni me acuerdo quién era, pero le hubiera dicho que sí.

2.¿Un coetáneo es un señor? les pregunto a mis amigas. No lo tengo claro, pero los nuestros no encajan con "chico", ni con "tío". Hay una edad fronteriza que no atiende a etiquetas. Un limbo de madurez donde uno se resiste a cambiar el vocabulario por uno nuevo que pesa demasiado. Un "tipo" podría ser de cualquier década, de otra vida. Pero si él señor, tú señora. Palabras mayores.

George Clooney en "Urgencias"
3.En la parada del autobús un coetáneo alto, canoso  bajo la lluvia, habla por teléfono con la paciencia a dos milímetros de desbocarse: "Es que no necesito nada, te lo he repetido varias veces.  Por favor, no me compres nada por Navidad". Imagino que es a ella. Siento lástima y deseos de decirle: "Los regalos que uno no necesita se llaman sorpresas y molan". El coetáneo no me lee el pensamiento, y a cambio le dice a esa mujer, cálido pero firme: "Tengo que cortar, que viene el autobús y llueve tanto. No me compres nada, por favor". La imagino desolada bajo la lluvia.

4.La canción favorita de los cirujanos para operar, contaron en el Telediario, es "Staying alive" de los Bee Gees. Me parece muy ad hoc, pero altamente peligrosa. Cuando la escucho se me dispara la pelvis. Me pasa también con Gloria Gaynor y con "Sin documentos" de Los Rodríguez. ¿Más de un hígado y un pulmón se habrán visto en peligro de caída en un quirófano?

5.Noticia de última hora: Los mejores perfiles para ligar no están en Meetic, sino en Forocoches. Ayer comí con varios compañeros, casi todos gays, y tuvimos una  conversación reveladora. "Son heteros, de entre 35 y 50 años y hablan de todo, desde sus Audis hasta cómo han arreglado un lavavajillas, y a veces de tetas y culos, claro", aportó P. con laconismo sabio. La curiosidad me mata y entro a mirar: "Tutorial para aprender a hacer drift" (¿y eso qué es, una postura?), "cuánto esperarías entre una ruptura y volver a tener pareja" (a veces la eternidad, como Drácula con Mina), o "la verdad sobre el precio de la gasolina. Reflexión nocturna" (disuasorio, si eso es lo que te hace reflexionar, guapo).

6.Los exorcismos están de moda. Misma comida, mismos compañeros. Afirmo que no creo en el diablo mientras devoro una extraña ensalada con tacos de atún disfrazados de foie,  pero que una vez leí un reportaje escrito por un periodista testigo de un proceso y me inquieté bastante. "O sea, que no te lo crees, pero te cagas", resumió C., que es muy cheli y muy rápida en sus conclusiones.  "O sea, que si te veo un día retorciéndote por el suelo mientras balbuceas en una lengua muerta, creeré de golpe suponiendo que no me dé un infarto in situ", respondí esquinando el último taquito de atún/foie con cara de sospecha.




martes, 16 de diciembre de 2014

COMO MUJER EN BARBERÍA

Pocos espectáculos son tan sexys como el del  hombre mientras se afeita a navaja. Ese ritual concentrado a mitad de camino entre la caricia y el degüello. El filo abriéndose paso, trabajoso, entre un océano de espuma densa y aromática. La posibilidad de un corte, una flor roja bermellón. Ayer lo pensaba en una barbería modernícola en la plaza del 2 de mayo llamada Malayerba, donde hubiera dado mi vida por sentarme en esas butacas tan añejas y dejarme estar entre las manos expertas de mi Fígaro mientras me extendía la crema por la cara y sonaba, triunfante, ese Rossini.

A mi U. todo el bel canto que termine en "ini" le da una pereza que le mata, pero yo en asuntos operísticos soy facilona y mobile como la donna. Y me dejo hacer.  La música tiene un efecto manicura. Te pones en las manos de dios, que a veces es un chino de tu barrio, y esperas con paciencia a que extienda la laca roja intensa por tus uñas -"muy cortas, señorita, ¿por qué no se las deja crecer?"-  "Porque me dan miedo, son feroces", le diría- sabiendo que no podrías hacer otra cosa, ni siquiera responder al teléfono que centellea en el interior del bolso.

Los rituales son imprescindibles. Tiempos muertos. Resumen el trasvase entre tú y el universo, sin faenas ni propósitos, sin ruido. Dejarse hacer para una soberbia hiperactiva es un ejercicio de paciencia, como un rosario extramuros de la iglesia. Más de una vez salí con las uñas húmedas y me las destrocé al abrir la cremallera del monedero, impaciente por algún apremio banal e innecesario. Ayer, en la barbería, soñaba con inclinar mansamente mi cabeza, ajustado el babero capa de rayas, y entregarme como Sansón a Dalila, a riesgo de perderla, y sentir el filo helado paseando por mi cuello, por mis pómulos, por encima de mis labios. Con ese olor a cítricos del bálsamo y la hipnótica luz mortecina en el espejo.
Barcería Malayerba

(Las mujeres no vamos a que nos afeiten, sino a que nos arranquen los pelos o nos los achicharren. El rasurado no es ritual, sino tortura)

El pelo masculino es un orgullo recidivo y dominado por un arma. El femenino una vergüenza que nos ruboriza. Más de una y más de dos han dicho no a una propuesta de amor súbito y encendido por no estar a punto bajo los pantalones. La dictadura de la intimidad sólo nos aplasta a nosotras. Y algunas piden a sus compañeros, sin duda en justa venganza, que se depilen enteros y entreguen desnudos, pelados como gambas, todas sus municiones.

No puedo con los tipos depilados, y sé que me repito. El vello es la fuerza en brote, domesticada al amanecer por una brocha que extiende y perpetúa el mismo parte bajas, repetido. Más de una vez, en el pasado,  he observado a hurtadillas al hombre que amaba frente al espejo, concentrado, la lata de jabón inglés lista y abierta, el vaho ya moribundo de la ducha en el espejo, y esa precisión que invade apenas los lóbulos de las orejas, terciopelo, el pliegue taciturno de la barbilla. Tan refinado gesto, tan atento y a la vez tan repetido, tan aparentemente fácil y sublime.

Ayer en Malayerba -"cortes y afeitados finos", reza el cartel de la entrada- quise por una vez ser hombre y rasurarme. Hablé con el barbero, con patillas de asaltador de caminos. Me deslicé por los estantes llenos de champús y bálsamos, mentol y cuero viejo. Pensé que a un hombre bueno yo quisiera regalarle un afeitado, veinte minutos al borde de la muerte, acunado por las voces de Rosina y Almaviva. Un éxtasis sin pompa ni responso. Y la toalla blanca, inmaculada, rematando la faena justo antes de extender un aceite balsámico que olíera a bergamota y a pasado. A esos tiempos de pelo salvaje y polvo de caminos en un territorio donde las mujeres siempre estuvimos vetadas, siempre escudriñando tras la puerta.

Una barbería es un templo unisex. Ahora lo sé. Un altar de sacrificio vetado a nuestros ojos que ayer me abrió sus puertas, sus secretos. Y fue una jubilosa, excitante y juguetona transgresión.






lunes, 15 de diciembre de 2014

SERÉ TÚ POR UN DÍA

La directora del Museo Lázaro Galdiano nos contó el otro día al grupo de lideresas que, para crear músculo grupal en un equipo desmotivado y en conflicto,  había organizado unas "jornadas de trabajo cruzado". Sé otro por un día, era el claim. Y ella fue vigilante de sala durante una mañana interminable en la que se las vio con los niños cercando el increíble cuadro de San Juan Bautista meditando en el desierto de El Bosco, o con las parejas que competían por acercarse peligrosamente a doña Gertrudis Gómez de Avellaneda.  Un Madrazo que, como diría si me cambiara por un día con mi querida R, "se te va la olla".

El Lázaro Galdiano es ese museo que casi nadie ha visitado pero a todos nos suena de algo. Sin embargo, en su elegante austeridad arquitectónica alberga una treintena de grandes maestros que te garantizan el estremecimiento mientras paseas el palacete donde vivieron Galdiano y su familia, profusamente decorado por un hombre que entendió el arte como una misión y legó al estado español su patrimonio más una sustanciosa cantidad para conservarlo en buenas condiciones.

Pero la institución enfermó de decadencia, falta de buenos propósitos y ausencia de una gestión moderna y con bríos. Situado en la calle Serrano próxima al Viso, un lugar donde nadie pasea porque carece de tiendas y de otras pinacotecas cercanas, parecía más la Casa de Amityville que un refugio de Goya, de Granach, El Greco, Velázquez o Sánchez Coello, entre muchos otros viejos y honorables amigos.

Entonces llegó Elena, enérgica funcionaria del ministerio de Cultura, y puso manos a la obra. Planes anuales, remodelación de puestos y objetivos, listado de necesidades básicas elaborado por cada miembro del equipo, estrategias de marketing gratis total porque había mucho más entusiasmo que presupuesto -el video de presentación del museo fue un trueque con una productora a la que se permitió utilizar los jardines como localización para un anuncio-..Y así.
El Aquelarre de Goya

Te cambio tu vida por la mía. Sé yo por un día. Y la directora como vigilante de sala, esas estatuas que nos acompañan como sombras chinescas cuando planeamos entre lienzos que cuentan fascinantes historias, tuvo que aprender procedimientos. Por ejemplo: en caso de incendio, ¿qué Goya te llevarías? Y entendió que en un equipo todos valen porque todos imprimen algo que el resto no es capaz de hacer. Y la unión hace la fuerza. Con todas sus imperfecciones, sus rémoras, sus malos rollos y sus ganas de escaqueo para ir al bar.

Luego hablando con una amiga llegamos a la conclusión de que casi nadie quiere intercambiar su vida con otro, por muy miserable que sea la propia. Ser tú te garantiza lo malo conocido, la guarida de los lobos. Sabes a qué atenerte. Disfrutar de los instantes preciosos donde la calma se instala y saca el mantel del picnic y sobreponerte a los baches de la carretera porque has aprendido a sortearlos o a meterte una pastilla al cuerpo para el miedo, que es el vértigo a enfrentarte con tu yo más vulnerable.

Lideresas de visita
Si fuera por un día algunos de mis amigos o conocidos más queridos me habría dado la otra noche un ataque de ansiedad. "Me muero, sentí que me moría". Habría aplaudido a lo bestia los diez goles del equipo de mi hijo y sentido compasión por el rival. Habría entregado mi domingo por la mañana a acompañar niños enfermos de cáncer porque yo he tenido cáncer y a pesar de que la visita me deja deslomada y temerosa. Habría leído todos los periódicos, con sus puntos y sus comas, para sentir que al menos controlo lo de fuera. Habría salido a andar, frenética, con mi hermana, para espantar la rabia de un sábado de lluvia. Habría empalmado una comida navideña con una cena navideña y, astragada, me habría ido a la cama jurando por mis muertos que nunca más le haré esa faena a mi estómago. Habría ido de cañas con mi amiga, que sería yo, y delante de un queso de cabra somontano la habría escuchado atentamente resumir con optimismo los dardos de un otoño mejorable que, sin embargo, ya pasó y ha dejado un paisaje con recuento de bajas pero algunos brotes verdes, milagrosos. 

Sé tú por un día. Por toda tu vida. Lo mismo no es necesario ponerse en lugar de otro, sino en lugar de nosotros mismos. Jugar en el equipo local, eso que no siempre hacemos. Y entender que a veces uno está solo para poder mirar un cuadro a gusto, y sacar conclusiones sin ruido ni eco. Y hacerse preguntas sin olvidar que en caso de incendio la obra maestra que conviene salvar es nuestra certeza. Eso que nadie está autorizado a corromper, porque de hacerlo suenan todas las alarmas. Como en ese museo tan perdido y tan magnífico que Elena está resucitando a pulmón. Y es una hazaña que merece un aplauso. Y toneladas de reconocimiento.




sábado, 13 de diciembre de 2014

O TE HABLAN LAS PIEDRAS, O DEDÍCATE A OTRA COSA

Rafael Álvarez El Brujo
Calamaro corea desde la cocina "tengo abierto el minibar y cerrado el corazón" y yo grito con él. La vecina de las fajas marrón clarito grita por teléfono al patio y una corriente de hielo turbio y desesperanzado entra por la ventana.

Esta estampa costumbrista, diréis, no tiene mucho interés si no fuera porque yo debería estar en clase, pero me he pasado la noche pensando en El Brujo y no soy persona. Ayer, derrotada, me desplomé en el sofá y el Teletedio de la 1 me llevó a la 2. Esa cadena que nadie ve salvo cuando se lo preguntan en una encuesta. Pues bien, yo la veo, casi siempre en estampida. Y ayer había un programa cultural llamado #Imprescindibles que glosaba las industrias y andanzas de Rafaél Álvarez, el Brujo.

"Una noche oscura con ansia de amores olvidados", declamaba con ese cuerpecillo hecho a tortas y la pura expresividad en su meganariz, en su garganta.

Recordé, hace 25 años, cuando apenas sabía quién era -ni él ni yo misma-y me mandaron a hacerle una entrevista de repente, sin preaviso. Por entonces no existía san Google, ni Internet en las redacciones, y sí un departamento de documentación que hacía lo que podía y te facilitaba unas exiguas paginillas para prepararte. Yo deduje de sus fotos que el hombre era un triste, un perdedor, y que sin duda debía imprimir abundantes dosis de drama a todo lo que tocaba.

Fui a su casa. Tenía una mujer que era homeópata, creo, y se llamaba Irene. No era la primera, ni tampoco fue la última. El Brujo embrujaba a las señoras, y lo entiendo. Un feo se te olvida que lo es cuando abre la boca y te recita Shakespeare con todos los relieves de su alma.

Empecé a preguntar, titubeante, y él contestaba perplejo, cada vez más seguro de que yo no tenía ni idea de sus fundamentos. Creo que en un momento dado, sin enfadarse como sin duda yo merecía, me hizo ver que estaba muy equivocada. Que él hacía reír sobre las tablas. Recuerdo que mi rubor hizo saltar los quicios de la puerta. Nunca en toda mi vida profesional he pasado tanta vergüenza. Al final, comprensivo, y un punto socarrón, habló y habló como si mi entrevista tuviera sentido y creo que no salió mal del todo.

Otro me hubiera echado con cajas destempladas. Con toda la razón.

Anoche, envuelta en una manta y con cuerpo en virus me dejé sorprender otra vez por ese hombre, su cabeza de grano de maíz, el pelo alborotado en desbandada, ojos incandescentes y una voz vibrante y afinada como instrumento salido del oficio de un luthier enamorado.

"Entre las azucenas olvidado"...recitaba. Y luego decía "el hambre de eternidad es el motor que mueve al mundo". Y su cuerpecillo devoraba la pantalla, me devoraba a mí.

Contó que una vez se encerró en el monasterio de Silos a curarse un mal de amores. Y lo siguiente era él representando el Lazarillo delante de los monjes, en un atardecer envuelto en llamas. Con esas alpargatas tan viejas, remendadas, y ese jubón sudado de talento y de verdad.

De El Brujo, una vez pasada la vergüenza, quise saberlo todo. Dos o tres veces lo vi sobre las tablas. Lazarillo, San Francisco Juglar de Dios, el Evangelio de San Juan...Sublime, divertido, como un duende que saltaba y te incordiaba y hacía malabarismos con sus brazos, con sus rizos. Enma Cohen, en el programa de ayer, decía de él que era el compendio de "mucha soledad, mucha inteligencia y mucha entrega". Me pareció una buena fórmula del éxito. De ese otro éxito.

Al final, contaba Rafaél que en una clase les dijo a los alumnos que pusieran "esa cara que se le pone a uno cuando le hablan las piedras". Y la compuso, y era justo eso. Entonces un alumno le infirió: ¿Y cómo pongo esa cara si a mí las piedras no me hablan?

-O te hablan las piedras o mejor te dedicas a otra cosa.

Y lo dijo con la misma serena parsimonia con la que me reprendió en su día. Responsable directo de que nunca jamás vaya a hacer preguntas a nadie sin saber quién es, cómo respira y cómo piensa. Cuántas mujeres u hombres ha tenido y, si puede ser, qué canta debajo de la ducha. Eso que nos ayuda a conocer a un personaje. Y a terminar de dibujarlo con preguntas.





viernes, 12 de diciembre de 2014

LA OTRA CARTA (GUERRA AL ANUNCIO DE IKEA)

El nuevo anuncio navideño de IKEA va a terminar destrozando las (malas) conciencias de toda una generación de padres que pasamos poco tiempo en casa.

"La navidad nos desamuebla la cabeza". Dice. Y sostiene que los niños prefieren a los padres que a los Reyes Magos, y les piden en una carta que estén más con ellos, que jueguen al fútbol.

Me parece que bastante tenemos ya con la carga de culpa por no ser suficientemente buenos como para que IKEA, para vender sillas y estanterías Billy de conglomerado chungo, venga y nos aporree con un espot lacrimógeno que incita a dedicarnos más a nuestros hijos.

Que no digo yo que no sea buena idea...pero

Si dedicamos más tiempo a nuestros hijos, sépanlo, suecos listillos, no tendremos tiempo de montar diabólicos armarios de nombres imposibles de recordar. Ni romperemos con nuestras parejas en la sección "cocinas" porque tú la quieres roja y él o ella amarilla. Y tampoco devoraremos esas albóndigas de serrín con sirope de elefante rojo, ni mangaremos los lápices para hacerles productplacement involuntario en las reuniones de trabajo.

Yo, concretamente, paso bastante tiempo con las chukis, pero diría que a veces las estorbo porque es entrar en una habitación y salir ellas por piernas para encerrarse juntas en territorio adolescente. Así que en breve protagonizaré un anuncio donde una madre desesperada finge que juega al escondite para no asumir que ha dejado de ser la reina de la casa.

 Recuerdo la que se lió el año pasado con el anuncio de Campofrío "Hazte la Sueca", y también con el del Gordo de Navidad donde Raphael cantaba el tamborilero con cara de loco en una plaza mientras Montserrat Caballé se desgañitaba en estertores a su diestra.

Empiezo a pensar que la Navidad es el problema.  Que la publicidad toca los botones sensibles. El sentido del ridículo, de la patria, de la familia. Y nosotros reaccionamos a lo bestia. Y no sé si se venden más jamones de mala calidad, más décimos de lotería o más cajas de herramientas que sólo encajan en el hueco la primera vez.

Los padres que conozco, en general, hacen lo que pueden por estar con sus hijos. Y si no les dedican más horas es porque trabajan demasiado. Y además tienen sus vidas, unas vidas en las que no son sólo padres ni empleados. Sino amigos, amantes, socios del Real Madrid, corredores de fondo, disidentes en manifestación, adictos al arte, cerveceros, lectores compulsivos o revientasiestas en moto.

Y me parece bien. Ser sólo padre o madre es limitado. Una faceta más, profunda y transformadora, desde luego,  que se alimenta de las otras.  No hay nada más insoportable que una madre full time, o un padre a tope obsesionado con los hijos.

Así que les sugiero, señores de IKEA, me contacten para otro espot más moderno, menos reaccionario. De lo contrario rehabiliten el de "Las muñecas de Famosa se dirigen al portal" o el de turrones El Almendro "Vuelve a casa vuelve por Navidad", que nos hacían llorar sin sensación de culpa en esa época en la que las estanterías te las montaba el carpintero. Como dios manda.