sábado, 25 de octubre de 2014

SI ESTÁS CASADO Y TE GUSTAN TODAS

De los viajes me gusta la sensación segura de tierra firme de volver a casa y meterme en la cama con un libro que huele a nuevo, abrir una página al azar y decidir si lo  empiezo o no lo empiezo:

"La vida no se rige por la voluntad o la intención. La vida es una cuestión de nervios y fibras y células que se multiplican lentamente y en las que se oculta el pensamiento y sueña la pasión (...) Qué frías tienes las manos, Alexander". Las Políglotas. William Gerhardie. Impedimenta.

He pasado tres días con las manos frías. Rebobino conversaciones con un grupo de desconocidos, mayoría hombres, que hablan con un plato de deliciosas ostras y un vino local.

-Rompí con mi pareja porque íbamos a los restaurantes y no paraba de mirar alrededor, como nervioso. No me hacía sentir que mi presencia fuera importante.
-Sigo con mi mujer después de muchos años y con la intención de que dure, pero a veces me pregunto cómo se puede pasar uno la vida con la misma persona, el sexo con la misma, y me gustan muchas, y las miro...
-Pues yo de vieja aspiro a estar locamente enamorada. Una pasión de arrugas y de canas. Un desafío.

La vida sí se rige por la voluntad, diga lo que diga el personaje de Gerhardie, con el que ya tengo una cita tórrida esta noche. La voluntad nos lleva a no dejarnos llevar por la locura, que llamamos impulso natural. A veces hay que quedarse en un sitio y mantener las manos frías en las de otro al que abandonaríamos mañana, y dentro de una semana o de un mes. No es cobardía, sin embargo. Mi desconocido que se fija en muchas quiere a su mujer, imagino, porque habla de ella en conversaciones que divagan entre esto y aquello y no lo hace con cinismo. Realmente siente que es una faena que le gusten otras. Preferiría tal vez que su mirada estuviera secuestrada entre el cuello y las caderas de la esposa con quien duerme y no sé si lee en la cama.

Otro hombre, a mi derecha, asegura que pasado año y medio con el mismo se rompe el hechizo y uno empieza a husmear alrededor, y hay otros hombres que le suben los latidos. ¿Qué pasa entonces? ¿Manda la voluntad, la intención, los nervios y las fibras, el pensamiento loco, la pasión?

Me gusta escucharlos porque no somos tan distintos hombres y mujeres. Aunque lo mismo sí. "Con el paso del tiempo soy mucho más selectiva. Casi ninguno me gusta. No me llaman la atención los guapos por guapos, los listos sólo por listos ni los jóvenes por lo que fue y no volverá. Si amo a uno mi radar muere y dejo de mirar a los demás, aunque los mire. Y cuando todo termina hay veces que el radar sigue muerto, fundido como una bombilla por un tiempo que es indefinido y pesa como el plomo y es denso como  las nubes bajo el rastro del avión".

Siento que estos hombres me miran con curiosidad entomológica.  Brindamos por la vida, por los grupos nuevos que parecen engrasados. Por esa joven guapa alemana que llevaba una escolta de  hombres como avispas alrededor de su bicicleta, entre vides y tierra negra como el alma de un condenado. Por saber elegir y saber pasar página. Por la sabia alternancia de voluntad y deseo. Por la suerte de que no te gusten todos porque el propio tiene algo, una virtud enmedio de eso que exaspera, aburre o resulta previsible, que lo hace único y que convierte la vuelta a casa en un jubiloso reencuentro. A veces es un hombre, una mujer. Otras dos niñas ya mayores. Y unas sábanas limpias que huelen a jabón. Y un libro incógnito que durará tres noches, cuatro o cinco. Y ese radar nunca se apaga, sino que se renueva y se agita con la posibilidad de más noches y más libros. Las manos, al fin calientes. El otro radar, al ralentí, conectado a una máquina y con pronóstico reservado.




viernes, 24 de octubre de 2014

CÓMO MATAR UN GATO Y QUE PAREZCA UN ACCIDENTE

 
Mi amigo J.M confesó anoche que se había metido en Google para buscar -literalmente-“formas de matar un gato y que parezca un accidente”. Encontró abundante información al respecto. Al parecer, el gato de su vecino lo mira atravesado, y la antipatía es mutua. “A veces cojo un balón y pego con todas mis fuerzas contra el bicho”. Curioso e imaginativo como es él, ha probado a echar sal y pimienta a las plantas de su jardín, poner cara de “sé a qué colegio van tus hijos” y hasta la telequinesia. Pero sin éxito aparente.

Yo sospecho de las personas que tienen gatos. Mis prejuicios me dicen que son ariscos y/o masoquistas. Vagos (el animal necesita poco mantenimiento) y poco sociables (dejé de ir a casa de una amiga por el pánico que me daba su gata). Pero en este viaje por la región del Cognac he conocido a varios muy simpáticos y que a priori no entrarían en mi lista de “sospechosos habituales”. Es como si este chateau que nos acoge fuera un plató de telerrealidad que reuniera a locos y locas de gatos y enemigos de las mascotas domésticas chungas para una confraternización universal.

Después de una interesante clase de coctelería con vodka Grey Goose y de haber comprobado una vez más que no soy suficiente mujer para el dry Martini, la velada nos llevó a hablar de animales de compañía, y de nuevo me vi en el papel triste y nada sexy de señora con hijas, ojeras, hipoteca y tortuga. Una tortuga es una mascota anodina y lenta. Huele mal, come vorazmente y no responde a tu llamada. Sobre el papel no tiene ninguna ventaja. Así que las chukis han empezado un contraataque sin tregua:

-Mamá, queremos un hermano. Somos pocas. Y C.. se muere por ser mediana.
-Ya os he dicho, chitinas, que no estoy para cuentos. Y además no tengo con quién, desestimado el espíritu santo, que como sabéis da en el clavo pero luego los crucifican...
-Pues entonces adopta uno. Un chino, como los del cole. ¡Sería tan guay!

Las chukis son insaciables, como ha quedado constatado. Piden por si cuela, y a veces lo consiguen porque te pillan con la guardia baja. Ayer, en un atardecer glorioso entre viñedos, JM y yo contábamos a B., tercero en discordia, lo que supone ser padre/madre. Él ronda los 40 y ha decidido no tener descendencia. “Me parece una decisión muy valiente, le dije. Uno no suele arrepentirse de tenerlos, pero a veces sí de no haberlos tenido”. Dicho esto, glosé mi teoría de lo feliz que sería sin chukis (lo más parecido a las negaciones de san Pedro) y sintiéndome traidora como Judas añadí que “lo mejor de los hijos es que te hacen mejor a ti”.

Las chukis además tienen rasgos de gata huraña. Se refugian en los techados de sus smartphones, sacan las uñas cuando las quiero acariciar como cuando eran bebés y me saquean el monedero cada mañana bajo la excusa de que necesitan “material escolar”. Eso tan indefinido que te sale caro, carísimo, cuando llega octubre y ya creías haber superado la vuelta a cole con sus servidumbres.

Una chuki con un mal día ahuyenta a las visitas, hace ascos a la paella para cuatro -"mamá, ya podrías aprender algún plato nuevo, que este lo tenemos aborrecido"- ocupa el espejo de tu baño porque lo tuyo siempre mola más, te quita el último rouge Dolce Gabbana y jura por su vida que ella no ha sido, lee bazofia disfrazada de literatura y encima tienes que agradecer al cielo que no haga botellón por las esquinas, te responde "no seas periodista en casa" a la pregunta de "¿has hecho los deberes?" y jamás repone el rollo de papel higiénico.

Pero ayer, en el paseo con esos dos hombres que hablaban de hijos y de otros animalillos, sentí que no puedo querer más a esas dos gatas que me han estado mandando wasaps estos días para decirme que están bien y que hoy viernes tenemos ese planazo llamado "noche de chicas". Una peli, una pizza y un sofá atiborrado de brazos y piernas. Y todo el fin de semana por delante.


miércoles, 22 de octubre de 2014

UN HOMBRE ME CONFIESA QUE SU PAREJA LE LANZA PLATOS Y VASOS

Como presidenta de mi comunidad de vecinos estoy haciendo un master en "lo que pasa en las casas cuando se cierran las puertas". Creo que quienes somos realmente está fuera del alcance de la vista de nuestros vecinos. Al quitarnos la ropa y asaltar el sofá. Somos la respuesta que damos a nuestros hijos, a nuestras parejas, más que ninguna otra cosa.

Pero cuando tienes un cargo de prestigio y gratis total, como es mi caso, puedes llegar a sorprenderte con el caso de cierto hombre de unos 35 años que te cuenta avergonzado que su pareja le ha herido la otra noche lanzándole objetos contundentes (léase platos y vasos) a la cabeza. Y te asegura que tiene el parte de las urgencias del hospital. Y te cuesta creer que detrás de su puerta se libre una batalla cada noche donde el presunto fuerte es la víctima.

Me impresiona siempre el maltrato. Lo ejerza quien lo ejerza. He visto parejas lanzarse pullitas verbales como cuchillos delante de invitados y parecía que en realidad esa crueldad era lo que los unía y casi los excitaba. El único cemento que queda en una convivencia desgastada a la que se le da tregua una y otra vez. Me sobresalta el sarcasmo contra el otro, pero también la indiferencia. Eso del pecado por acción u omisión que nos enseña la iglesia pecadora. Hay quien mata por descuido, por no ocuparse de estar atento al otro. Y de eso al lanzamiento de platos hay una gran cantidad de tonos grises del dolor que nos hacen pensar a los escépticos si merece la pena estar con alguien si no es para ser más y mejor. Si no te cuida y no lo cuidas. Si no puedes cerrar la puerta con la convicción de que entras en un lugar de paz donde se te recibe con cariño aunque sean dos fieras que a ratos  querrías exiliar de tus contornos (las chukis lo saben, desde luego).

Hay noches que cuando escucho a mi vecina la de las fajas beige con la hija endemoniada me dan ganas de intervenir. Hay tanta violencia, tanta desesperación que no hacer nada parece cobardía. Al hombre de la loca de los platos le miro de otro modo desde que el otro día se me sonrojó como un niño contándome el relato de sus noches. Sin comas y sin puntos. A la mujer no he vuelto a verla, parece que era una novia post divorcio. "Siempre elijo a las peores", murmuraba.

Hay hombres que siempre eligen a las peores (y mujeres, desde luego). Hay quien se castiga una y otra vez con quien no les quiere porque es eso lo que han visto. El tablero de juego conocido. Y también hay quien huye una y otra vez de todas las partidas porque sólo le vale el paraíso cuando se cierra la puerta. Y supongo que ni una cosa ni otra. Porque los primeros terminan en urgencias y los otros terminan solos, calentándose la sopa y en silencio.







lunes, 20 de octubre de 2014

ESTO SÍ QUE ES UN PLAN BOLONIA

"Cada jueves, al amanecer, sacrificaban a los mayores de 40 años bajo los pórticos de la ciudad. Los morituri apenas emitían un quejido sordo, estrangulado y breve, resignados a contribuir con su extinción a que Bolonia siguiera siendo estandarte de la juventud renovada y dichosa. Saber que la vida era tan corta la dotaba de una provisionalidad excitante y conmovedora. Ser joven era un tránsito fugaz. Ser viejo una violación estricta de la ley. Una carrera enloquecida hacia las catacumbas de la iglesia románica de San Stefano previa oración en el formidable templo de Isis..."

He pasado mi fin de semana en esta ciudad imaginando un relato inverosímil que arrancara con una ceremonia de ajusticiamiento. He sentido el contagio jubiloso de la tersura de una veinteañera montada en bicicleta por vía Zamboni. He fantaseado con mis queridas amigas coetáneas con que nuestros adolescentes un día estudiaran en este enclave italiano lleno de torres torcidas, suelos empedrados y fascinantes librerías. Apartada injustamente por la fama rutilante de Roma, Venecia o Florencia. Oscurecida por el Plan Bolonia, una etiqueta académica estricta y disuasoria para el turista voraz, convencional.

He soñado con que seguía mirando  hacia arriba, a esos tejados viejos, esas almenas, esas estatuas de dioses paganos -oh Neptuno- y esos capiteles que ennoblecen unas columnas que acompañan la ciudad vieja sembrado de pórticos su pulso adolescente y desgreñado. He pensado que éramos mujeres maduras, vividas,  en una ciudad tomada por inquietos universitarios y que estaba bien así. He dormido con tapones en un hotel amable con la terraza más acogedora y recoleta que he visto nunca y me ha parecido que hay lugares que se alían con tu estado de ánimo y compañías valiosas que te aceptan como estés.

Plaza Mayor
He querido estudiar química o antropología sólo para alojarme en un palazio que es colegio mayor. Licenciada en trattorías, buscadora de los canales que fueron y alguien soterró cuando el negocio de la seda dejó de ser próspero. Aquí se mata todo lo que no es crisálida. Y el resto desafía a las costumbres, a los ruegos. Hay que conmutar la pena. Fin del duelo, por dios y por los hombres. He encendido una vela en San Petronio, por si acaso a dios le da por existir.

He pasado este viaje más callada que de costumbre, impresionada por tanta belleza y tanta luz. Ávida de arquitectura y de música. Y todo estaba bien, en esas escaleras. Y no he leído una palabra ni he escrito una línea, pero veía ante mis ojos un relato que pienso escribir sin falta esta semana.

Bolonia es más que un plan, es un destino.  Un incendio, una fiesta. Un tiempo de silencio y una juventud sin nostalgia que ya fue y no hay afán de renovar. Y esas amigas...









jueves, 16 de octubre de 2014

SI FUERA HOMBRE Y TUVIERA UNA VISA OPACA

Si fuera hombre, sobornable y de ética liviana, y tuviera una tarjeta opaca me la habría fundido en asadores, marisquerías, hoteles de lujo, gasolina y vino. O sea, putas y varios. Tal parece ser el patrón de gasto de estos señores consejeros que nunca preguntaron, al parecer, por ese sobresueldo de plástico que les daba una caja en apuros y que gastaron con bastante poca imaginación, según se deduce de las listas que se han publicado.

Anoche en Hora 25 una atónita Angels Barceló forcejeaba con Arturo Fernández, de la CEIM, sobre si había "dimitido" o "cesado". El atribulado señor, que será muy empresario pero no sabe construir una frase sin interjecciones ni patadas al diccionario, insistía en que no había dimitido porque dimitir era "irse por la puerta pequeña". Y él, parece, se ha ido por la grande, "escandalizado" por el asunto de las tarjetas.

¿Cómo se escandaliza si usted se ha gastado ese dinero sin problemas? lanzaba la sagaz periodista. Y él que ni sí ni no, que si "alucinaba en colores" (tal cual lo dijo), que si entre los consejeros había ex ministros y gente "muy preparada" que tampoco había sospechado sobre la no tributación de esas prebendas. El pobre Arturo, sin duda un ignorante, una víctima del sistema que da tarjetas y esconde la mano, no tenía escapatoria posible salvo la puerta de chiqueros, por la que salió tras quedar patente su incapacidad para defender lo indefendible.

Anoche, mientras escuchaba a este tarugo indocumentado que regenta restaurantes, pensaba qué haría yo con una de esas VISAS guays, amparada por mi desconocimiento del sistema y con un cerebro efervescente para urdir planes carísimos. Por ejemplo, cerraría el Orient Express para mis amigos y familia, y haríamos un viaje inolvidable emulando el asesinado múltiple de Agatha Christie mientras un violinista triste y una exquisita orquesta de cámara amenizaban el traqueteo y sofocaban los gritos de la víctima (rol que correría por riguroso turno y compartimentos).
Arturo Fernández ¿cesa, dimite?

Además, me matricularía en una universidad norteamericana donde enseñan relato mis novelistas de cabecera, y dormiría en el campus, esa fantasía de juventud, y me enamoraría locamente del profesor más flemático y haría botellón en las noches frescas de mayo. A mi vuelta me esperarían mis abonos en el Teatro Real y en el Auditorio Nacional, toda una temporada de placer extasiado, y un entrenador personal culto y carísimo sin músculos aparentes que obraría el milagro de convertirme en una maciza sin sudar mientras me recita versos de Neruda.

Si me dieran una black card ardería Troya, lo reconozco. Y atracaría los escaparates de Louboutin y me haría con una chaqueta de Balmain y con toda la colección de empolvados de Gucci. Sin olvidarme del colgante Pantere de Cartier que me espera en la vitrina ni tampoco de un bolso Amazone de Loewe desgastado que cuente una historia trepidante en sus costuras.

Look de Balmain
Anoche, escuchando a ese señor Fernandez, pensaba en Blesa, en Rato y en esos señores tocados por la varita mágica de un sistema que daba premios sin manual de instrucciones, y en cómo hasta para gastar dinero hay que tener cierta cultura. Que a mí también me gustan el vino de añadas imposibles, los hoteles caros, el centollo en compañía, la gasolina cuando no la confundo con gasoil -esa tara- y la vida loca. Pero tengo claro que jamás habría dicho sí a una invitación de estos tiparracos perfumados que se han hecho los locos mientras alguien -la mano negra, la responsable última del caso- los tentaba fácilmente sin que ninguno "alucinara en colores" al ir al cajero y sacar un buen fajo de billetes.

Qué vulgar todo, oye...








miércoles, 15 de octubre de 2014

MUJERES CHANEL Nº 5

-¿Vas a volver a dar la vuelta a la esquina de esa casa?
-¿Y a ti qué te importa dónde dejes de perderme de vista?
-Solía saber dónde estabas, a qué hora encendías y apagabas tu Iphone 4 roto como una telaraña perfecta y desplegada. Tu mentira.
-Eso era sólo un mapa estático de coordenadas, de números y letras, no era yo.
-Me bastaba, ya ves que me bastaba...

Colecciono diálogos absurdos  que escucho aquí o allá, y yo misma completo, adorno y customizo. Por lo general, las conversaciones ajenas -y a menudo las propias- no son demasiado interesantes. Pero esa chica que a veces se sube al autobús en la plaza de Colón y huele Chanel Nº5 me ha regalado un par de ellas que hacen que levante la vista para saber quién es la dueña de las palabras y del perfume.

Lo primero, porque no sé si tiene edad para Chanel Nº5. Yo misma acabo de incorporarlo a mi menú del dormitorio, y cuando me lo pongo, con cierta prevención y suspicacia, me siento de inmediato otra mujer. Tal vez una de esas que mezclan perlas rigurosas y vaqueros desgastados. Un poco mayor, más irritable y más conservadora que yo misma. Una falsa tímida que quisiera llamar siempre la atención. Una contradicción con piernas y con ojos. Una bomba nuclear, una llamada al 112 de madrugada.

El sudor mezclado con el perfume de Marilyn huele a aventura y a sofoco. Te hace extraña y tentadora. Es un disfraz perfecto para un carnaval invisible.  Te dirán que apestas, te dirán mamá qué llevas hoy. Te dirán que eso fue sin duda lo que te hizo marearte el otro día. Te dirán que algunos olores conviene ganárselos.

Poca biografía para tanta fragancia. Te dirán.

(Pero ella va de luto riguroso y no se ha cepillado el pelo, juraría. Y masca chicle con indolencia de fin de la jornada laboral, ya desmayada. Y huele, inconfundible, potente, orgullosa, a Chanel Nº5).

Hasta ahora sentía un respeto reverencial por el jazmín de Grasse, esa flor de un día que permanece en la memoria de por vida. Era poca mujer para tanta huella olfativa, diríamos. Y esa chica que se sube a mi autobús no pasa de los 35 y ya se atreve. Además, lleva los labios rojos y un bolso de plástico que imita piel -animal print-. Y bosteza con uno de esos mohínes de mujer aburrida de coger el mismo bus -misma hora, mismo sitio- Y discute con escasa vehemencia y rico vocabulario con su chico, su ex chico, como quien entretiene el tedio de un viaje previsible y repetido.

Debo pensar: En la biografía de una mujer hay hitos, rituales iniciáticos de la osadía: los primeros tacones, el primer animal print, el rouge rojo, Chanel Nº5. Pear S.Buck, Kundera, Iris Murdoch, Virginia Woolf, Marguerite Duras, Elfriede Jelinek, la loca esa... Coca Cola, clara de limón, cerveza, gin-tonic, whisky con soda, whisky solo, infusión de roibo...Colonia de bebé, sofocante Lou Lou, maderas, patchuli, cardamomo.

Debo saber quién es, cómo se llama. Qué le dice la voz al otro lado. Por qué no se peina y cuándo, cómo, por qué empezó a vestirse de Chanel Nº5.










lunes, 13 de octubre de 2014

PUES ENTONCES NO NOS PODEMOS QUEJAR, AMIGO PATCH

"Lo más curativo es el amor, el humor y la creatividad». Patch Adams.

Las mejores fórmulas suelen ser las más sencillas. Tras una noche larga e insomne busco buenas noticias en la prensa digital y entre esa maleza inhóspita del ébola, las VISAS opacas o los zombies de The Walking Dead me sale al paso este médico clown cuyo nombre me suena por una película que no vi nunca de Robin Williams. Vaya por delante que no me gustan los payasos en general, y hasta pueden aterrarme como a Cameron, el gay gordito de Modern Family (novio de Charlize Theron en la vida real, dicen que la hace reír). A mí el tenderete de Patch Adams se me tambalea cuando estoy maldormida. Así que me permitirá añadir "sueño" a su triada ganadora.

Ayer mi amigo R. me confesó al teléfono (en nuestra conversación programada) que se siente despistado. Como es de esos hombres que hablan de sentimientos sin tener que apretarles el torniquete, esperé a que desarrollara su idea, pero la desazón parecía impedirle ver el bosque y repetía "despistado" una y otra vez. Necesitaba, me confesó, volver a sus lecturas. A esos ratos de soledad con libros y reflexión. ¿El trabajo? "bien" ¿La salud? "Bien". Pues entonces no podemos quejarnos demasiado, amigo...

Dos o tres días atrás otro amigo, J.M, también catalán,  me había hecho el test de las tres preguntas y cuando le respondí "bien" a dos de ellas y él a mí lo mismo, sentenció: "Pues entonces no nos podemos quejar". En breve viajaremos juntos y no veo el momento de compartir su optimismo y su deslumbrante inteligencia creativa, tan saludable como mi paseo ayer con M.J, esa amiga que huele cuando alguno de los tres ingredientes de la felicidad se tambalea y me hace ver la suerte que tengo.

No nos podemos quejar. En absoluto. Los insomnes ocasionales hemos aprendido a desdeñar esos pensamientos tenebrosos que nos asaltan en la madrugada, pero es un ejercicio de voluntad tan duro como levantarse y hacer, pongamos, un centenar de abdominales. "Todos tenemos un punto débil, me decía ayer mi amiga, y con ese tenemos que aprender a vivir". Y luego, para compensar, están las fortalezas, que conviene poner por escrito para que no se olviden un lunes derrengado y con cuerpo de afterhours: la pasión por los libros, la cerveza Mahou en compañía (y a veces sola, a lo Sue Ellen),  la escritura temprana, Aretha Franklin, Calamaro, Bach y el fado, el Rothko de Abelló, la paella para cuatro, el sofá con peli para tres,  el éxtasis tras la carrera. El humor...

Tienen razón mis amigos, y también ese payaso activista. No nos podemos quejar. Y ese es mi mantra de hoy, lunes. A ver si consigo mantenerlo cuando el cuerpo se queje y pida una cama de urgencias sin los virus amenazantes del desaliento. Esa enfermedad...






domingo, 12 de octubre de 2014

SR. KIKAI, ¿DÓNDE NACIÓ USTED? (Expos de fotografía en Madrid)

Uno de los retratos de Hiroh Kikai
Hoy nadie debería acostarse sin conocer a Hiroh Kikai. Yo supe de su existencia y me enamoré de él ayer por la tarde en su exposición en Tabacalera. Ese lugar sobrecogedor y de arquitectura industrial donde se escuchan ecos de los muertos y las fotos gimen en las paredes iluminadas con luz ténue, teatral.

La muestra son retratos de seres anónimos en blanco y negro fotografiados en las inmediaciones del templo de Asakusa. Muchos podrían calificarse de freaks. Con todos te pararías a preguntarles por su vida, porque ya adivinas que no son vidas vulgares. El autor completa cada retrato con comentarios tan inspirados como los que siguen:

"Hombre joven que anduvo hasta aquí desde muy lejos"
"Un pequeño sorbo y estoy efervescente toda la noche"
"La mujer que me dijo que había estado criando una muñeca durante 28 años"
"Un hombre que me preguntó si le compraría su abono para el tren a medio usar"
"Hombre del abrigo que dijo que estaba hecho de la piel de 28 mapaches"
"La niña que dijo "claro que es real"
"Hombre que dijo que le pica la piel cuando está seca"

Miguel Trillo, Afluencias
Cada uno de ellos podría ser el título de un relato corto, pensé mientras recorría el recinto en una tarde de sábado por Lavapiés, Tirso de Molina y alrededores, el Madrid más pueblerino y multirracial que hay. Un plan de viaje sin salir de la ciudad que incluyó un rodaje casero de Bollywood en plena plaza de Lavapiés, una procesión de la Virgen del Rocío fuera de fechas y un café en el Barbieri con mis hermanos, esa compañía cálida que nunca falla y me hace reír y confiar en el futuro.

Pero sigo con Hiroh y algunas de sus reflexiones extraídas de una conversación/ entrevista que me he leído de arriba abajo y que empieza con una pregunta crucial: Sr Kikai,¿dónde nació usted? Y una vez que responde, contextualiza y deja caer algún grano poético en su discurso, aprendes por qué este hombre nacido el mismo año que terminó la Segunda Guerra Mundial hace esas fotos.

Mi corcho
1."Si hubiese dejado la fotografía en ese momento, mi alma habría muerto. Daba igual si podía vivir o no de la fotografía, sabía que tenía que seguir fotografiando a la gente, que es mi tema principal y lo que realmente me interesa". O sea, eso que llamamos vocación y que es un privilegio, aunque duela.

2."El ser humano es un organismo misterioso y extraño".

3."Mis retratados con tan orgullosos y valientes como reyes, La forma en que viven tiene mucho que ver con el hecho de que existen en las fisuras de la sociedad". Me encanta y me revuelve lo de las fisuras como vivero de personas diferentes.

Creo que los madrileños nos pasamos media vida despotricando de nuestra ciudad, se nos llena la boca de lugares comunes que tienen que ver con el tráfico, la contaminación, las manifestaciones o los precios de las casas. Pero a cambio disponemos de una oferta cultural tan amplia y diversa que puede convertir una tarde de tormenta en una expedición tan asombrosa y divertida que no te queda otra que terminarla regalándote unas flores y pidiendo pizza para cenar con tus hijas mientras ves "The Artist" sin que se te olvide del todo ese hombre japonés que te ha abierto muchas puertas y algunas ventanas. Tantas que al llegar no te ha quedado otra que escribir el arranque de un relato. Inspiración gratis total.
Stephen Shore


P.D. Además de Hiroh en Tabacalera se expone la magnífica  'Afluencias. Costa Este-Costa Oeste' del fotógrafo Miguel Trillo. O cómo los jóvenes y las tribus se expresan parecido en todos los puntos del planeta. Y el otro día vi a toda prisa la muestra de Stephen Shore en la Fundación Mapfre. Aún sigo colgada de la foto de esa mujer en la piscina!







sábado, 11 de octubre de 2014

PLAN DE FUGA O DE PERDIDA

(O puede que sea domingo y huela a despegue el asfalto de tu ruido. Y aúllen los lobos y se desperecen las flores locas de ese duelo de cristal)

1.Hoy toca conversación programada con R. Urge buscar un hueco entre el aperitivo y llevar a Minichuki al cumpleaños del niño de J.y P. "¿Cuándo nos fugamos?" me propuso el otro día por wasap, después de decirme que me había pensado en Roma. Que se acuerden de mí en el Trastevere puntúa doble o triple. Lo contrario sería tal vez Atenas -esa ciudad hostil- o Despeñaperros, por las curvas y revueltas.

2.De poder ser, mi película de hoy será "Perdida", de Fincher. Porque es un buen título autobiográfico, porque aún no he leído una mala crítica y porque pinta enigmática y bella. Debo forzar un hueco a la hora de la siesta o sacar a mi clon a pasear. ¡Tengo que verla ya!

3.Hay una edad interior para cada uno, y cuando por fin cumples los años que la contienen te quedas como dios. Anoche expuse mi teoría a mis amigos del clan de Asturias (todos madrileños, todos pasados de botellines de Mahou) no les pareció  mal (¿ventajas del speak para borrachos?). Hay veinteañeros viejunos y cincuentones vigorosos con hambre de cien días. Hay quien suspira con alivio al soplar 50 velas y quien pondría todo el rato 25. Mi edad interior se sitúa entre los 40 y mis 47. Puede que incluso más allá. Ahora empieza todo. No miro con deseo ni nostalgia a los más jóvenes y mis coetáneos o mayores me resultan de lo más interesantes.

4.Si le pones una hora de llegada a tu adolescente y se retrasa 58 minutos, ¿qué habría que hacer? A.Castigarla sin salir dos semanas. B.Castigarla sin salir tres semanas. C.Encerrarla en un calabozo cuatro semanas. D.Ampliar una hora el horario de salida. E. No sabe, no contesta. No pega ojo en toda la noche.

5.Mi bruja Susan Miller (también) se retrasa cada vez más con su horóscopo mensual y sus excusas son irritantes. Que si una vacuna le dio reacción, que si ha nacido la nieta de los Clinton y está enredada en su carta astral...Al parecer Mercurio anda retrógrado y nos va a jorobar el mes (todos los retrógrados poseen ese efecto). Aun así  "Travel will bring outstanding news and experiences", asegura. Y ya preparo mi equipaje a Bolonia y enseguida a Francia. Y R. me piensa desde Roma, Capri y Positano. Y Lisboa me llama como Drácula a su Mina, he cruzado océanos de tiempo para encontrarte.... Octubre es aeropuerto y vértigo. Y ese deseo de volver a casa que alimenta el sueño del viaje. De cualquier viaje.






viernes, 10 de octubre de 2014

SI YO ESTOY LOCA Y TÚ MÁS

Anoche, en la emisora donde recalé huyendo del fútbol, un esquizofrénico y una bipolar hablaban de cómo vivir con una enfermedad mental sin volverse loco. Él tenía una voz dulce y envolvente y la mujer un discurso tan sensato y cabal que me quedé pegada a sus voces y a la narración de sus anécdotas. Sus crisis. Sus ingresos. Sus relaciones de pareja, con amigos, laborales. El hombre, que imaginé joven y atractivo -me pierden los bienhablados- ponía como ejemplo titulares del tipo "Esquizofrénico atraca un banco y mata al director de la sucursal" y argumentaba: ¿Verdad que no titularían "Diabético rompe un Picasso en el Reina Sofía en pleno ataque de hipoglucemia"?

Leo hoy que el 75% de las personas con enfermedad mental asegura haberse sentido discriminada en alguna faceta de su vida. Y lo entiendo, no voy a hacerme la comprensiva universal. Si un tipo en un ascensor que se detiene entre dos pisos me confesara ser propietario de un TOC (trastorno obsesivo compulsivo) me alteraría más de la cuenta, imagino. Pero vivimos rodeados de ansiosos, anoréxicos, depresivos, insomnes, agorafóbicos, hipocondriacos o alcohólicos sociales sin alterarnos demasiado. Porque hay etiquetas y etiquetas.

Yo misma tengo pánico irracional a la desorientación y al mareo. Eso provoca que me pierda y me maree en ocasiones. Los vómitos no se me cortan hasta que no me pinchan Primperán, cuando ya estoy deshidratada. Lo cual no me convierte en una loca peligrosa al despegar el avión, pero sí en una mujer necesitada de un brazo amigo al lado y de una buena bolsa para vomitar. Cada vez que cojo el coche temo que me deje tirada. Mi dibujo de la desolación es un coche en una glorieta rodeada de nada. La naúsea. Cada verano decido vender mi Volkswagen y contratar a un chófer cariñoso y amante de la literatura, pero luego entro en razón -eso tan convencional- e indulto al pobre auto y me hago mirar lo mío, que me parece una solución menos drástica.

Soy muy partidaria de la terapia y observo a demasiadas personas "normales" que rechazan el diván como si fuera asunto de pirados. Algunos tienen tanto que ocultar que prefieren no meter la piqueta no sea que la ponzoña que se encuentren dentro les impida dormir por las noches. Otros, simplemente, no pueden pagárselo y transitan entre orfidales sin receta y ataques de ansiedad que ellos llaman estrés para no sentirse mal.

Estar estresado mola porque te convierte en un profesional. Sentir pánico cuando  conduces por una carretera que de repente te parece Marte o Júpiter te convierte en una mujer débil y poco atenta. O sea que hay trastornos cool y trastornos de mierda.

Y luego están esos otros que requieren medicación de altos vuelos. Como los de anoche, en la radio.

Entre unos y otros hay una inmensa cantidad de seres que sufren y no saben por qué. Que se despiertan sobresaltados a las cuatro de la mañana pero aseguran estar muy bien. Que no se implican en las relaciones porque un día alguien los hirió de muerte. Que lloran sin razón aparente. Que estallan en cólera al mínimo conflicto. Que se quedan en la cama cuando pintan bastos en la oficina. Que a veces se echan a la calle sin rumbo y sin destino porque lo necesitan. Que a menudo desconectan el teléfono porque no soportan hablar con nadie. Que quisieran despertarse y ser otras personas. Que todo les pesa demasiado. Que siempre terminan con gente tóxica la última copa de la noche. Que les atrae el peligro porque sin adrenalina no sienten...

El mundo está lleno de locos pendientes de disgnóstico y ayuda. Propongo un outing de debilidades que nos limitan y que, cuando nos las tratamos, en sesiones duras donde uno no puede escapar de uno mismo, nos hacen sentir ese chispazo íntimo que se llama valor y confianza.  Y cierta lástima por quienes han decidido seguir con el simulador de salud y equilibrio mientras sobreviven como despojos sin etiquetar. Convencidos de que están bien, no como esos pirados de la radio de anoche.



 











Mi amiga B. tiene una compañera con trastorno bipolar que