domingo, 19 de enero de 2014

TEORÍAS FELLATIONIANAS

TEORÍAS FELLATIONIANAS

"Los maricas no se orientan, salvo en la oscuridad"

Trabajar justo al lado de U., marica entre otros muchos atributos que también lo definen -intelectogay o generoso serían dos no muy desencaminados- es asegurarse de que siempre llegarán balones a tu portería en forma de sentencias desternillantes o inspiraciones de sesudo corte  cultural. Con U. uno habla de sexo o del nuevo director de la Joven Orquesta Nacional con idéntica vehemencia. Y a menudo llegamos a conclusiones parecidas que se resumen en una: "Me lo tiraría sin mirar" (su conclusión, mayormente)

Con él he aprendido que la cultura y la cama no están tan alejadas. Aunque en este punto no existe unanimidad. Conocí a una mujer que sostenía que los mejores amantes de su vida habían sido los más toscos, incultos y descerebrados. Como si la educación fuera un freno a los instintos. "Los más educados han resultado pacatos, faltos de iniciativa, de imaginación y desvergüenza", añadía. Yo no sabía muy bien cómo aportar un comentario solvente a esa conversación, dado que mi muestra era bastante más pobre que la suya, pero la escuchaba con atenta reverencia, como a  un oráculo dotado de intuiciones mucho más solventes que las mías. Y como mucho me atrevía a corear esas frases del tipo "los hay cursis hasta follando", que era la versión guarra de "los hay cursis hasta respirando". Frase en la que creo tanto como U. en la desorientación de los maricas.

Lo mejor de todo es que él y yo nunca disputaremos por el mismo hombre. Porque U. tiene una querencia descontrolada por los tipos sudados y un punto ordinariotes a los que sólo contempla "de rodillas" (frase textual y fellationiana) y yo tiendo a mirar a los ojos antes que a ninguna otra zona geográfica. Pero reconozco que me divierte muchísimo observar a U. cuando entra algún hombre en su radio de acción. La rapidez del rayo con que lo recorre, descarado, desde el ecuador de su cuerpo, por delante y sobre todo por la retaguardia, hasta el norte comandado por los hombros, con parada en bíceps y triceps. Un examen de apenas tres o cuatro segundos que finaliza con expresión de complacencia y una sonrisilla leve que yo coreo en carcajada.

Después de varios años cerca de él no sé si he aprendido más de hombres o de música, teatro y literatura. Puede que de todo por igual. Y celebro que la desorientación, esa que nos atribuyen a las mujeres, sea también un asunto de hombres. Al menos a la luz del día. 
(Respecto a la teoría fellationiana, prometo consultar al interesado y escribir largo otro día).



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