sábado, 25 de enero de 2014

UN MARIDO ES UN HOMBRE QUE TE DA BESOS SIN LENGUA

"Cada vez que mi marido me da, pestañeo y es como si talaran un árbol. Como hachazos". (Ariana Harwicz. "Matate, amor". Ed. Lengua de Trapo)

Tengo hace meses este libro en mi pista de despegue. Me lo regaló J. en la última Feria del Libro, una tarde pegajosa de gin tonic y ávida de encuentros inesperados. Asumo que si sigo colapsando el tráfico aéreo de mi vida echaré la culpa a los controladores aéreos, a la señora que tardó demasiado en subir el trolley al compartimento. Al puto niño que distrae a la azafata con sus carreras locas por el pasillo.

A todos menos a mí..

Hay un ejercicio clásico de escuela literaria  que consiste en describir una escena de sexo sin términos explícitamente sexuales. Ariana Harwicz, a quien no tenía el gusto de conocer y cuelo unos minutos en el tráfico colapsado de mi día a día, parece que lo consigue. "Quiero ser su mujer pero lo miro con el asombro de una desconocida". Esa mujer, lo entiendo rápido, está saliendo de su cuerpo, esa expresión que utilizo a menudo y que resume la fuga, la mirada del otro hecha mía, la fatiga, el desdoblamiento y la soledad. La intimidad, a la postre, es la permanencia en uno sostenida, y el reflejo en los ojos del otro, que no se va, que no te da la espalda ni te abandona en medio de la siesta, como ese marido de ese libro. "Me la da, me la da y es un derrumbe, objetos que caen y golpean. Las tacitas de porcelana de la abuela. Mi casa es un depósito de vidrios. Me duele el fémur. No digo nada".

-No sé si podré ir a la lectura de la obra. Tengo una fiesta con ejecutivos de cuentas internacionales, ya sabes.
-No pasa nada si no vas, no eres tan importante.

Hay conversaciones que se quedan grabadas en el tiempo como cicatrices de latigazo. "No eres tan importante", convengamos, es mucho más letal que "follas fatal". Las herramientas de la buena educación se inventaron (también) para dañar sin dejar huella. Como esas instrucciones del imán de la mezquita sobre cómo golpear a la mujer sin moratones. La cortesía penetra fría como una inyección de acero líquido. Follas fatal es mucho más cortés, dónde va a parar.
Matate, amor. Lengua de Trapo

Pero por las dudas lo mismo escribo a Ariana. Argentina,1977. Que en su primera novela ya se atreve a coger el dolor astillado y zarandearlo sin miedo aunque le sangren los dedos como al nazareno los costados. Ahora describe la boda de su protagonista. "Hay más desaparecidos que gente. Los vecinos duermen o están muertos en sus camastros. El aire es denso y por momentos brilla. Mi marido viene y se va, me da besos sin lengua, me acaricia el hombro, hasta los animales lo miran con respeto. Y antes de las danzas macabras, bajo una capilla improvisada, un párroco, yo tengo más religión que él en la uña del pie, nos dice performántico: "Estamos aquí reunidos en la presencia de Dios y de estos testigos..."

O cómo contar una boda sin términos explícitos de boda. Sin tul y sin promesas. Sin redención y sin destino.

Lo dejo ya, espoleada por tanta intrepidez ajena y por las dudas. Te llama tu otro yo, despojado de su cuerpo. Avanzas vestida de blanco por un pasillo. Huele a nardos. A nardos sofocantes. La buena educación. Tanto recato. No eres tan importante. Y de follar, ni hablamos, como el chiste.

P.D. C. me invita a su tertulia de los jueves, bimensual. "Van algunos fachas, ya verás qué risa". El libro que toca es "La pesca del Salmón en Yemen". Qué bien, ya lo he leído. No recuerdo que me estremeciera. Mejor así. Un marido es un hombre que te da besos sin lengua, Ariana. Hablemos de eso, cuando vos quieras. La peor crueldad es siempre refinada como crema brulé.









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