domingo, 1 de junio de 2014

EL PASADO SIEMPRE VUELVE (cuatro lecturas de una película iraní)

Lo que no se remata, regresa. Se clona, se multiplica, como un alien que invade voraz las venas y arterias, intoxica la sangre, paraliza el pulso y destruye los tejidos. 

He estado pensando en todos los temas de los que trata la película "El Pasado", magnífica, del iraní Asghar Farhadi, que vi ayer y me provocó fuertes sensaciones que aún estoy digiriendo. Cuando siento de más pienso sin orden, a trompicones, y se me desboca el pulso en estertores que me impiden dormir bien. Así que voy a tratar de concentrar con palabras esta historia sobre la vida cotidiana y el dolor que nos hacemos sin salir de casa. En Pareja. En Familia. Esa fortaleza a veces  infernal disfrazada de parque de atracciones.

1.Lo que no se remata, regresa. Ciertamente. O, en el caso de la pareja, el daño que te hicieron lo hereda en ocasiones el que viene detrás (y tú el suyo). Una mujer recibe a su ex marido en el aeropuerto de París con la mirada ansiosa del que amó. Él regresa de Irán para firmar los papeles del divorcio. Ella tiene previsto casarse con otro que no la besa ni le estrecha la mano. Enseguida entiendes que ninguno de los dos muere de amor. Pero además, él aún no es libre. Tiene una mujer en coma por un intento de suicidio. El triángulo clásico es en realidad un cuadrado que se cierra, pero no del todo, en la sala de un hospital en una última secuencia, la más luminosa de la cinta, que te corta la respiración. 


2. El dolor engancha. Puede ser tan adictivo como el sexo. La mujer grita, fuma sin placer, regaña con violencia a los hijos y dan ganas de abandonarla como ya hicieron sus anteriores parejas. A lo largo de toda la película no la ves sonreír, sino enfrentarse a su novio, al hijo de éste, a su ex, a su hija adolescente... Berenice Bejo, la actriz que le da vida, es una púgil que pega puñetazos sin parar. Y de paso se hiere a sí misma hasta caer exhausta en una cama donde no hay amor, sino desesperación y melancólico abandono. (Las camas de la película son un tema en sí mismo. Ninguno está cómodo en la suya. Dormir en cama ajena es un desafío. Una contrariedad. Un ejercicio de entrega y de supervivencia. Uno se siente más solo que nunca en una cama que no lo acoge ni reconoce sus contornos)

Vuelvo al enganche. He conocido abandonadas que provocaban el abandono como si sólo pudieran desenvolverse allí. Como las maltratadas y maltratados que salen de las zarpas de quien los hiere para entregarse a otro aún peor y perpetuar el patrón diabólico. Hay quien no siente si no es con sangre y heridas abiertas. Hay quien sólo ama con ventajas o desventajas. Hay quien se queda en la superficie porque dentro dolió, en otro tiempo. Hay quien elige el silencio porque las palabras, digan lo que digan, nunca se las lleva el viento. Cuando amamos incorporamos el barro del desamor que fue y nos bebemos el agua sucia echándole la culpa a la tubería, a la lluvia, al fontanero o al lavavajillas. A veces. 

3.Los mails los carga el diablo. Sí, ya sé que no es una gran reflexión y la peripecia de los emails entre dos amantes furtivos se resuelve regular en la película. Pero cuántas veces el detonante de una ruptura es la lectura de los correos de la pareja (de los wasaps, de los sms...) Lo que uno imagina, los peores presagios, pueden permitirte malvivir eternamente junto a un cuerpo con el que chocar los pies en la cama. Pero una vez que se constata la traición, letra por letra, hay pocas puertas de salida. (Me parece heroico seguir al lado de alguien que le ha escrito a otro palabras de amor, palabras procaces, poemas arrebatados o vulgares pruebas de seducción fatal. Entiendo el perdón de una infidelidad, pero me temo que aún no he aprendido a practicarlo).

4.Tu casa eres tú. La de la familia de "El Pasado" es destartalada, a medio pintar, las camas revueltas, los objetos por el pasillo para garantizar el tropiezo. Las tuberías, rotas. Es oscura y si el cine permitiera transmitir el olor, diría que ese hogar huele a puchero abandonado a su suerte. A colada sin suavizante. A campo de batalla a la caída de la tarde, con los moribundos curando sus heridas humeantes con saliva y sal.

Pido disculpas por salirme tanto de la película. Hay muchas críticas sobre en Internet y además yo tiendo a hablar de las historias con las tripas. Hasta que sale el veneno y paso a la siguiente...












No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada