jueves, 7 de agosto de 2014

FISGONA DE LIBRERÍA AJENA

Las librerías ajenas me provocan insana curiosidad. Uno es lo que lee, y hasta lo que no lee pero aloja condescendiente en sus estanterías. Mi Taj Mahal, sin ir más lejos, tiene algunos títulos que me sonrojan pero no tiro hasta que llega un día en el que el bochorno supera a la pereza. Uno es también la compasión que destila hacia las letras ajenas. Aquí, en la casa que nos acoge, hay una boiserie de los sesenta -ese atropello estético que resolvió la decoración de los salones de la clase media española cuando el interiorismo era un vicio exótico centroeuropeo-. El mueble, que a menudo era de madera innoble y oscura, estaba dividido en celdas, estantes y vitrinas donde las madres -esto era cosa de madres- ordenaban cuidadosamente la vajilla, los marcos de foto de alpaca, el tocadiscos con los vinilos y los libros familiares que solían ser colecciones completas: los premios Planeta, la Enciclopedia del Saber y etcétera.

(Inciso: Un día me juramenté para no tener uno de esos horribles muebles en mi vida. Prefiero enfrentarme al reto sordo de la pared vacía. Detesto las estructuras inmóviles, las maderas teñidas, la plata, la alpaca y los marcos de fotos que por fin ya nadie me regala. También las luces de techo, sobre todo las blancas de cocina, y los sofás cama que rara vez son cómodos como sofá ni como cama)

Un vistazo a la librería te da mucha información de los habitantes de una casa. La de aquí contiene pocos volúmenes y buena parte de ellos son best sellers: Stephen King, Harold Bloom, Michael Chrichton o Vázquez-Figueroa, entre otros. Pero lo más interesante duerme arriba, donde no llegan los niños. La colección que el extinto diario El Sol regaló durante su andadura, con joyas de la literatura o la filosofía añejas y con ese olor inconfundible a polvo que excita mi urticaria en cuanto caigo en la tentación de fisgar entre sus páginas. Hoy, por ejemplo, eché un vistado a Cyrano de Bergerac y me entretuve con Jorge Edwards -"El Regalo"- y con las Cartas Filosóficas de Voltaire. Un compendio este último del más exquisito sentido común:
La clásica boiserie...Horreur!

"Me guardé muy mucho de contestarle; no hay nada que ganar con un entusiasta, no hay que empeñarse en decirle a un hombre los defectos de su amante, ni a un querellante la debilidad de su causa ni razones a un iluminado".

Encuentro que este párrafo tiene absoluta vigencia y me lo quedo mientras me rasco sin parar el brazo izquierdo, asumiendo el precio de mi curiosidad malsana.

La tentación de las palabras es grande, pero tiene sus límites. Anoche volví a recibir un wasap de alquien del pasado que insiste en manifestarse como los espíritus indómitos. Decidí no contestar.  "Vaya, ¿no podemos hablar?". Contuve el impulso de responder: No, no podemos, soy sacerdotisa de Voltaire. Porque eso hubiera sido una respuesta. Hay libros que no interesa releer, porque ya te contaron lo que pretendían y no hay más lecturas. Vivir es despedirse para siempre a veces. Y de esto hablé hace unas semanas con mi amiga P., que es sabia y lista como ella sola, en un café jazz de Madrid donde nos pusimos al día de nuestro letargo y fue tan gozoso y libre como siempre.

Mi enemigo Nº1
Ahora me rasco el pelo, el polvo ha hecho estragos y sólo saldré de esta cuando me tire al mar, después de la carrera. Creo que debo acordonar la zona cero de las letras ajenas y ceñirme a mis lecturas de verano.  De repente siento nostalgia de mi Taj Mahal, de esos ratos plantada frente a sus tesoros sin polvo. Igual debo pasarme al libro electrónico, mal que me pese. Igual debo vacunarme contra los ácaros o cambiar de teléfono para que no me invadan la piel y las costuras.

(Inciso: debo decir que mi madre, avanzada como era y es en asuntos decorativos, sacrificó rapidito la boiserie y se entregó a la escayola y al pladur en los inicios, haciendo un corte de mangas a la dictadura de la familia media española. Y ya puestos eliminó el comedor conjuntado, el cabecero en las camas, y el bidé. El claim "Menos es más"  lo hubiera inventado ella de no adelantársele Mies van der Rohe)

Me pica todo!!!!!! Socorrooooo!!!!


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