lunes, 6 de julio de 2015

DE ARQUITECTURA Y SOLEDADES

-¿Tiene muchos amigos?
-Me encanta la gente. Hago grandes fiestas. Pero soy muy solitaria. Tengo personas próximas a las que amo, pero nadie a quien telefonear por las noches.

Pocas cosas me producen tanta satisfación como descubrir a un personaje del que apenas conocía su obra más relevante, y casi siempre unida a otro nombre. Carme Pinós es arquitecta y durante muchos años era la segunda del tándem que montaba con Enric Miralles, mucho más reconocido. Después se separaron y ella tuvo que recuperar la confianza en sí misma, y remangarse, hacerse respetar por los colegas, encontrar su camino, y leyéndola ayer en la entrevista que le habían en El País Semanal sentí un impulso urgente de llamarla para felicitarla.

Hay muchas declaraciones que subrayé en ese texto, pero he arrancado el mío con una que me estremeció y que no tiene que ver con la arquitectura. Resume la esencia de los solos. Sin drama, sin tortura, sin engaño. El tuétano del hueso. Esta mujer brillante diseña en apenas tres trazos el esquema de la soledad y es un edificio muy simple que imagino pirámide -vete a saber por qué- y a veces el viento golpea sus aristas pero no las doblega.

"Trabajar y vivir con él (Enric Miralles) me dio fuerza pero también inseguridad. Yo me vacié, pero él era el que aparecía detrás del trabajo". Y unas líneas después: "Nada se hacía si no estábamos de acuerdo. Pero yo siempre quedaba en la retaguardia. ¿Cómo no iba a preferir que diera él las conferencias si lo hacía mejor que yo? Me sentía tan superflua frente a su potencia que casi renuncié a mí misma".
Torre Cube. México.C.Pinós

¿En qué momento, Carme, decidiste que vaciarte era una opción? ¿por qué organizas tantas fiestas? ¿Qué día dejó de sonar tu teléfono por las noches y aprendiaste a arrebujarte sola con tus pensamientos y ese pelo tan blanco, tus destellos?

Miro tu foto, sentada frente a tu edificio Caixa Forum de Zaragoza, esa ciudad que siempre imagino en fuerte viento y con el olor nauseabundo de las papeleras. Tu entrada en la Wikipedia es prolija y discreta. Pero hay una retahíla de premios y de invitaciones en universidades para dictar tu esencia. Y sí, me gusta el cementerio de Igualada que soñaste con él, pero te encuentro mejor en las palabras: "Vivimos en una cultura dinámica que trata de hacer más en menos tiempo. Ya nadie se plantea hacer arquitectura para pasar a la historia". Y enseguida: "Yo no trabajo para inmobiliarias comerciales. No he querido entrar en esta costumbre extendida entre los arquitectos reconocidos de tener una lista de proyectos publicables y otros que te dan de comer. Soy autora de todo lo que hago".

Hay un día en que se impone elegir. Ser autor de todo lo que uno hace o dejarse llevar por otros. La primera opción encierra el vértigo; la segunda es de los cobardes, de los mediocres, de los cortos de entendederas. Pero también de los débiles, de los impotentes. De quienes prefieren consolidar su cuenta que consolidar su alma.  Uno construye algunos edificios a lo largo de su vida. A veces tienen grietas, a veces se ha elegido la compañía equivocada que, sin embargo dio sentido a ese momento. Y no pasa nada. Hay que seguir trazando sentado en soledad, con una mesa mejor de madera de nogal -"es la más fina de entre las maderas democráticas", me decía A. hace unos días-. Y ese día en que uno siente que no puede más que ser autor, ya no le valen grupos ni parejas que le arrebaten el nombre y el prestigio.
Biblioteca Salaborsa.Bolonia

Amo la arquitectura sabia que encierra un espejismo de amor y de certezas entre vanos, proporciones y materiales nobles que obedecen a un propósito: albergar seres vivos. Hacer que cuando pasen bajo el quicio de una puerta no sientan que les pesa, que el aire los asfixia. Sino las ganas de quedarse sin saber por qué. Hay un lugar en la plaza de Bolonia, Biblioteca Salaborsa, a la derecha de la basílica de San Petronio,  que me dio esa sensación cuando la visité hace apenas unos meses con mis amigas de la universidad. En Madrid me sucede en Matadero. Siempre que voy allá, y está lejos de casa y de mi zona de paseos de domingo, noto que respiro un aire cargado de letras y de arte. Y mucho tiene que ver con la arquitectura de ese enclave donde aullaban los corderos y las vacas.

No sé, Carme, qué pensarás tú. Pero sí sé que te llamaría una noche. Tengo la sensación de que no desperdicias una palabra. Que todo lo que sale de tu lengua obedece a un propósito. Que asumes tu destino como asumiste el de ser dos, en otro tiempo. Y tú siempre callada.

Y sí, es dulce tener a alguien a quien telefonear por las noches. Hay personas con las que una no congaría nunca el teléfono. Pero son muy pocas,  y debe ser así porque a veces el ruido impide construir la honestidad y ese destino de los solos. Ha sido un placer conocerte en esas páginas. Gracias a tu entrevistadora, Anatxu Zabalbescoa, que nunca me decepciona porque deja que brille el otro. Arquitectura suave frente a esas otras entrevistas pomposas.  Nos vemos en un foro de solos, cuando gustes.

Enric Miralles se acostó a tu grupa y luego a la de otra mujer, Benedetta Tagliabue. Me da qué pensar.




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