lunes, 13 de julio de 2015

VIVIR PARA CONTARLO

Desde que puso tierra por medio, hace una semana, Minichuki me llama tres o cuatro veces al día:

1-He crecido siete centímetros. Se ve en la marca del año pasado en el garaje.
2-He dormido con la prima en la tienda de campaña, bien lejos de la casa, y no hemos tenido miedo.
3-He dividido el libro de sociales entre los días que estoy aquí, y toco a 5 páginas diarias si no descanso el domingo.
4-Tengo otitis. No sólo en un oído, como pensarías, sino en los dos, que es mucho peor.
5-He cenado una carne con patatas y ensalada de esas tan ricas que hace la abuela.
6-Papá nos ha llevado de excursión al río y hemos hecho una aventura.

Uno vive para contarlo. O igual no tanto, pero no hay peor soledad que no tener con quién compartir hasta el detalle más nimio de nuestra vida. A mi hija la infancia se le escapa por la punta de los dedos y creo que me llama para que sea testigo y acompañe su transformación. Doce años son una frontera. Un banderín de llegada y otro de salida. Minichuki anda revuelta y en breve tendré que apearle el Mini. Ella hace tiempo que me lo advirtió: "Soy tu hija la mediana, porque ya no soy pequeña", y así la presento en los eventos de nuestra agitada vida social.

Pero cuando me llama apenas entiende lo de la reciprocidad. Ayer quise contarle mis cosas, y creo que algo le colé, pero no estoy segura:

1.He corrido un buen rato por el parque. Me falta forma física, pero me siento orgullosa de mi microhazaña y me he premiado con un desayuno deluxe.
2.Llevo todo el día sola poniendo orden a mis pensamientos y a mi armario. He clasificado la ropa por colores, ese prodigio contra natura, y separado las camisetas de manga corta de la larga. Mi único contacto con el ser humano ha sido la visita de M.J. Tan oportuna, amorosa y franca como siempre.
Ikes Casillas se despide

3.D. me ha mandado un selfie donde sale leyendo mi libro, y una nota de voz que es un regalo.  "Te quiero, mi niña" es el mantra de mi amiga. Los colecciono para cuando vengan tiempos peores.
4.Me he puesto una mascarilla de aceite de argán en el pelo. Un pringue ¿necesario?, por cierto.
5.He devorado los periódicos polarizados por dos temas: la salida de Iker Casillas (un hombre que llora merece siempre mi atención y casi siempre mi respeto. Sobre todo si pide ser reconocido como buena persona más que como buen deportista) y la posible salida de Grecia (un país que grita merece siempre mi curiosidad: ¿culpa de los gobiernos, de los bancos, del presunto temperamento corrupto de los habitantes? ¿Por qué son tan indelebles las etiquetas que les ponemos a los países?. ¿Acaso no hay alemanes vagos, italianos sobrios y suecos ardientes?)
6.He conseguido interpretar el símbolo que se encendió en el coche presagiando la catástrofe: Un fallo en el sistema de escape, reza el manual. "Parpadea cuando se producen fallos en la combustión que pueden dañar el catalizador". Suena fatal, hija, ¿verdad que sí?. A este paso nos iremos de vacaciones en autostop. Cuatro mujeres y una tortuga son un planazo para cualquiera que necesite hablar con alguien y ser escuchado.

La peor soledad no es no tener a quién contárselo, sino estar acompañado y sentir que lo que digas al otro no le importa. Debo decirle hoy a Minichuki, cuando me llame por primera vez, que nunca me he sentido más sola que cuando tenía a alguien cerca que estaba a mil kilómetros. El éxito de la vida es elegir la compañía inversa. Esa que siendo independiente está dispuesta a escuchar cuando llamas sólo para decir que de repente no suenan los altavoces del equipo de música, que has dormido en el suelo, posición sur, atragantándote de capítulos de una serie. Que todos los días te paras a mirar cómo araña el sol el cielo y que pintaremos la casa el verano que viene, que este ya se nos hizo tarde.

Y que la echas de menos, pero que esta distancia es necesaria y urgente. Y que la quieres.





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