domingo, 2 de agosto de 2015

CÓMO ENCAJAR UNA MALA CRÍTICA (MÉTODO DOSTOIEVSKI)

El Paraíso
Subrayo en vacaciones con mi tosco Edding azul, el de corregir en el trabajo, y noto que me falta determinación porque es contra natura. Arabella no me lo pone fácil. Con el paso de los días y las páginas, que dosifico con cuentagotas, he asumido a la psicoanalista de un premio Nobel como propia, y estoy a dos minutos de escribirle para contarle mis contradicciones (¿contraindicaciones?).

Definitivamente, uno no es nadie sin un terapeuta a pie de urna. A su discípulo Coetzee, mi nuevo más mejor amigo, le inspira para escribir cosas como esta: “Leer una novela de Henry James en horario escolar se justifica como entrenamiento para sobrevivir en un mundo donde lo que la gente dice no es siempre lo que quiere decir”. Yo creo eso y también lo contrario. Que lo que se nos escapa es lo que de verdad pensamos, sin filtro. El otro día alguien me dijo que en mi libro hablaba de todo como si supiera de todo, y me dolió profundamente. Era una manera de juzgarme a mí -”listilla pretenciosa”- y no la calidad o interés de lo que escribo. Me quedé petrificada, querida Arabella, porque esa persona me conoce y me quiere hace años, y juraría que no ha leído en su vida a Henry James. Decidí pasar por alto el comentario y tragarme el sapo con una cerveza helada.


De haber tenido cita con tu diván, me habrías guiado a través de la lectura de Los Endemoniados, de Dostoievski, (o "Los demonios"), como a él, y me habrías sugerido quizás que “una persona puede tener todo el conocimiento del mundo y al mismo tiempo decidir no guiarse por él”. O usar ese conocimiento, siempre anecdótico, para enmascarar lo que está pasando en realidad. O simplemente utilizarlo como catapulta para la creación, con minúscula, sin tratar de ser dogmático pero inevitablemente sometido a la maldición de que lo que diga o escriba roce alguna herida de padrastro en dedo ajeno. 

(...Y te diré de qué careces) 

Debajo de las palabras que se desbocan cuando bajamos la guarda yacen lodos como el resentimiento, la envidia, la inseguridad. Aguas fecales de nuestros egos asfixiados del invierno que se sueltan con los primeros rayos del sol. Mi abuela a esto lo llamaría “quitarse la faja” y lo encuentro necesario aunque sus efectos colaterales sean sulfúricos. La buena educación consiste en decir lo que pensamos sin hacer sangrar al otro, pero los años te enseñan que atacar es casi siempre una manera de defenderse de uno mismo y sus telarañas más ocultas, y para eso no necesitamos a Arabella.

Hoy, desde el chute de la majestuosa luna llena de anoche, afilo mis colmillos y me dispongo a morderme a mí misma sin piedad. No sabes nada de nada, nena. Debes asumir la crítica de quien te lee, incluso la de quien no lee. Y entregarte al gozo de despertar en un jardín con palmeras de indiano, matas de hortensias de todo el arcoiris resplandeciente entre el rosa y el añil, manzanos y limoneros brillantes de rocío. Lo más parecido al paraíso. Y reafirmarte en que para pensar bien conviene haber leído, correr unos kilómetros, tener conversaciones lúcidas y dormir buenas siestas. Y que esa sensación desagradable que te dejaron apenas diez palabras como dardos se la llevará en Cantábrico, en menos de una hora, cuando te entregues a él desnuda de aflicciones y con toda la verdad, nada más que la verdad, de tus brazadas al bies salvaje de sus olas.Una lección de humildad que renuevo cada año, con fidelidad de esposa virgen que espera su maná y la bendición extraña de los dioses que no tienen altar, ni falta que les hace.

Y que lo que Dostoievski y Coetzee han unido, que no lo separe la ignorancia. Ese pecado...


4 comentarios:

  1. Normalmente solo el que te quiere te critica bien. Me explico. Sin hacer daño. Normalmente, vuelvo a decir. Las críticas externas, si son de especialistas, deben ser tomadas como lo que son: teclas económicas del escribano a sueldo de una jerarquía laboral. Las críticas de los lectores, si son buenas, se agradecen y se ponen en cuarentena, si son malas, se repasan, se subrayan y se descartan la mayoría de veces, porque, quien te lee sin conocerte y te critica suele tener el suficiente tiempo para dedicarte y por lo tanto, significas más para él o ella que en realidad lo que se merece.

    El silencio, el silencio es la peor crítica. Si le gusta, al menos es algo, pero la lectura sin interés suele acabar en visita a la que no le ha interesado ver tu casa.
    No te voy a decir que me gusta como escribes porque se notan las tablas taconeadas.
    Un saludo y buen domingo.

    Ps: Todo esto son elucubraciones de una ignorante declarada, ¡qué sabré yo!

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    1. Azahara, agradezco mucho tu comentario y creo que tienes toda la razón. La peor crítica es el silencio. de hecho yo cuando leo un libro de alguien que conozco y no me gusta me callo y rezo porque no me pregunte qué me ha parecido. Creo que uno nunca se vacuna contra la crítica, pero lo que sí es imposible es vacunarse contra la de quienes no juzgan tu obra sino a ti. Y sin haber leído la obra o a los autores en los que me apoyo. Un abrazo y gracias. Compartir ignorancias da calor del bueno.


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  2. Las críticas que te hacen salen en demasiadas ocasiones del odio y la envidia, pasa de ellas!

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    1. La verdad es que pretendo aprender de ellas, pero preferiría que se refirieran a lo que escribo y no a mi persona. Pero seguro que también a eso terminas acostumbrándote. Muchas gracias, Voz en Off (seas quien seas).

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