sábado, 30 de julio de 2016

¿ES MÁS CRUCIAL EL PRIMER AMOR O EL ÚLTIMO?


No me lamento del tiempo que he perdido quemándome las cejas sobre los primeros amores, pero sospecho, en todo caso, que lo hubiera aprovechado más si me hubiera dedicado a los amores tardíos”.

Vuelvo a Josep Pla como una hija pródiga contrita. Lo abandoné como abandoné hace dos días el rubio y me corté el pelo tanto que parezco un pajarillo tembloroso. Fue un impulso necesario. Una cierta traición a mi María que tendrá que entender, estoy segura. Ahora mi cuello se presta al ahogamiento y, aún peor, a la guillotina. Al zaherimiento, a la colleja, al desacato (quitando poesía).

Anoche, en un rapto de atrevimiento provocado sin duda por mi nuca desnuda, acuñé un nuevo significado para el verbo espetar: “Asar sardinas en la playa del Sur bajo la luz de las estrellas”. A Pla no le hubiera parecido mal. El hombre se siente, dice, incapaz de disertar literariamente sobre los primeros amores porque carece de imaginación. Eso confiesa en su “Cuaderno gris”, esa joya necesaria que alguien debería dejar en las mesillas de hotel sin esperanza, en las celdas de los presos, en los bancos de beata de iglesia tenebrosa, en los burdeles... Los llama -a los primeros amores, digo- “estados de martirio” y a mí me da la risa. Un día, en una playa del Norte (sin espetos, con gaviotas atentas al ataque de cuellos vírgenes desprevenidos), J. reflexionaba a lo Pla: “¿No crees que es mucho más relevante el último amor que el primero, y que sin embargo nadie le da importancia?”. Poca literatura, desde luego (“El amor en los tiempos del cólera” le devuelve su dignidad, subido a una barcaza. Dos cuerpos arrugados, dos corazones en llamas).

Una vez le pregunté a una mujer que entrevistaba, famosa por sus vaivenes amorosos y por plantar cara a prejuicios y bagatelas convencionales, que si cada hombre preparaba el camino al siguiente. La cuestión la pilló descolocada. Recuerdo la escena, ambas en el restaurante del Casino de Santander. Ella alta, rotunda y envuelta en un vestido de estampado animal print, el rimmel alargando al infinito sus pestañas. Yo a punto de enfermar tras una insolación. Su vaso de vino blanco, siempre con hielo: “Uff, te diría que sí. Puede que sí. Estoy segura”. Ella se había casado con un noble, luego con un empresario del arte, después con un desalmado y en ese momento estaba con un chicarrón del norte mucho más joven, al que plantaría meses después. Digamos que todo corazón y músculo, por no ser faltona (que las nucas despejadas las carga el diablo). Aún faltaba por llegar el rico chatarrero para volver -sola- a la casilla de salida. De este último leí tiempo después que había sido “el amor de su vida”. Me hizo cierta gracia, no dudé de sus palabras.

El último es la certeza, el resumen de todo, la alegría. Eso venía a decir la mujer, que es una abuela tapizada de leopardo en sus forros y no renuncia al sexo. Tiene el último la fuerza triunfante de la comparación, el oleaje bravo que se lleva las ondas. Es menos alocado, o no tiene porqué, y se urde en silencio. Es tan real que deja conciliar el sueño, y tan ensoñador que no abandona en la vigilia.

“Un enamorado primerizo es casi siempre un ser inverosímil”, dice Pla. Y sin embargo, admirado Josep, qué necesario es ese sarpullido para ir abriendo terreno a los amores sucesivos. La del enamorado primerizo, escribes tú, “es una lucha típicamente heroica: es la lucha que una persona que no tiene nada que decir ha de realizar para decir alguna cosa”.

Esta semana a una de mis amigas íntimas la ha dejado su pareja de hace más de diez años, y una niña, apenas, a quien quiero como a mis hijas, ha abandonado a su amor (casi el primero). A la primera me escuché decirle: “Te ha hecho un favor, ya verás como sí cuando pase el lamento”. Sé que este hombre, importante, ha dejado cosecha que alumbrará el camino. A la otra, la niña, le dije que la pena se come con patatas, pero un día despiertas y notas que no pesa. Que habrá otros hombres y otros nichos, hasta llegar al Hombre. Y así se ha escrito el Mundo. Y así duele.


5 comentarios:

  1. El problema está cuando es el primero y el último!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un bucle eterno, tienes razón... Gracias por leerle!

      Eliminar
    2. Maravillosa lectura....y reflexión!

      Eliminar
    3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

      Eliminar
  2. Sabemos quién fue nuestro primer amor pero no sabemos quién será el último, a no ser que tengamos el don de la visión futura.
    Damos por hecho que ese al que amamos será el eterno y definitivo pero no siempre es así. No siempre nuestros deseos son nuestra realidad.
    Quién sabe quien será aquel o aquella que nos llene la mente en el momento final...

    ResponderEliminar