domingo, 21 de agosto de 2016

CINE DE AMORES Y TUMORES

Ghost, un clásico (sin tumor, con accidente)
A las chukis les gusta un cine de género que ya hemos bautizado como “de amores y tumores”, a saber: dramones de corto alcance y mucha sobreactuación, donde todos los sentimientos se muestran exacerbados, se reclama la lágrima fácil y el doblaje de la película contribuye con sus énfasis despendolados al desenlace final, siempre luctuoso.

Anoche estábamos en ello, tras volver de zamparnos unas nécoras con su compango percebero-navajero y sentir esa ligereza del marisco que te predispone a las emociones grasientas. El cielo, libre de ese velo astur pertinaz, dejaba contar las estrellas e invitaba al retozo en nuestro prado pero no hubo lugar. Enseguida nos vimos frente a la tele ante una película donde pude reconocer a Gael García Bernal haciendo de médico imberbe poco creíble -esa genética te va a condenar a papeles adolescentes, nene- y una rubia que nos sonaba y se parecía a Drew Barrymore era la víctima. O sea, la paciente con cáncer terminal, dos semanas de esperanza de vida y una rabia muy explícita y muy chunga contra el imberbe y contra el mundo, ya de paso.

No pestañeamos. Y enconces introduje el coloquio cine forum: “Esto es un clásico ejemplo de peli de amores y tumores”. Y la Artista antes llamada Minichuki apostilló: “No, mamá, esta es la marca blanca del clásico cine de amores y tumores”. O sea, que hasta ella se escamaba de la altisonancia de la morituri pedaleando en bicicleta con una botella de ron de la que pimplaba con el inequívoco fin de precipitar su invariable destino.
Chukis y madre tras ver cine chungo

Y de repente estaba en el cielo, sentada en una nube. Y aparecía -¡horreur!- Goopy Goldberg, esa habitual del cine de amores y tumores (si no has visto Ghost, no lo veas nunca. Es vomitiva). Y tenía lugar un diálogo guionizado por un retrasado mental sin diagnostico fiable de una simpleza alegórica que daba bochorno. Pero a mis hijas no parecía importarles demasiado, porque el cine de sentimientos rosas amordaza al criterio. Pero te mantiene en el sofá (yo misma fui víctima de esa fuerza misteriosa).

Y entendí una vez más que el sentimiento es peligroso. Y entendí a los votantes de Trump. Y el éxito de la telebasura. Y el sadismo en ciertas relaciones amorosas (hombres, sapos y viceversa). Y la confusión de términos. Y que si estás en un dramón de ese calado debes llevar el pelo sucio (era el caso). Y que conviene avisar en la calificación de este tipo de filmes, más propios de la hora de la siesta que del prime time, de que producen subidas de azúcar inesperadas y puede que halitosis. Y me entraron ganas de resolver una ecuación o algo que implicara el puro cerebro. Pero no pestañeé mientras la pobre chica mantenía otra de esas conversaciones banales y llenas de lágrima con el  amigo gay majo y enrrollado -otro clásico del género. Y sólo cuando la cortinilla publicitaria avisó con su “volvemos en siete minutos” salté muy digna y me despedí de las chukis con cara de “hasta quí podíamos llegar, siete minutos”. Pero ninguna de ellas me secundó.

1 comentario:

  1. Es verdad, en parte, pues Gosth que su título en español "La Sombra del Amor" no ayudó mucho, desde mi punto de vista su mayor mérito es el despertar la interrogante acerca de qué hay después de la muerte.... Interesante tu blog

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