miércoles, 24 de mayo de 2017

SI VUELVO CONTIGO TIENE QUE SER FOR EVER

Hojeo y ojeo "La broma Infinita", de David Foster Wallace, y me angustia su densidad óxida. Ese mandato implícito de: "o te sientas y me dedicas dos horas o no merece la pena que te enrolles conmigo, bonita". Veo a un suicida haciendo malabares con el suicidio de otro, un personaje que fantasea frente a su terapeuta, y me pregunto si se acordaría de él antes de ahorcarse en el garaje.

Recuerdo entonces que hace ya una semana que fui a ver la película sobre Stefan Zweig, "Adiós a Europa", y me decepcionó profundamente, pero no lo conté aquí porque andaba en otros aleros matutinos. Luego leí algunas críticas y ceo que pensé que esos próceres de la opinión no debían haber leído a Zweig cuando alababan las ¿virtudes? de una cinta rebosante de palabras inútiles, de ese pecado de la literalidad  urdida en detalles banales que seguro el escritor suicida habría denostado. Y me acordé de que mi amiga L. el día de autos me dijo que había visto la película y que no estaba mal, era lenta, pero como a ella "le gusta tanto el escritor...".

Pues a mí me sucede lo contrario. Soy tan devota que no perdono una mala historia a su costa.

Otro día, de vuelta deshilachada del trabajo, J y yo entramos en la exposición de Lyonel Feininger y comprobamos de dónde bebe El Roto. Esos trazos con hacha de luto radical, en contraste con las marinas. Una belleza tan intelectualizada que intuyes que cada línea emboza un pensamiento proteínico, sin conservantes ni colorantes. Y a veces el fondo es de un inocente tono pastel.

La cultura frente a la barbarie. Como una venda que enjuga tanta mugre. El atentado de Manchester, la enésima detención por blanqueo de dinero, las luchas de poder entre líderes enclenques. La madre explicando que su angelical niña ya era youtuber a los ocho años, qué mona, qué lista la jodía niña. La muerte, la devastación. El Mundo de Hoy, querido Stefan Zweig, no sé qué te habría parecido. A mí todo el rato me dan ganas de salir pitando a mi patio y plantar un árbol. El otro día sucedió. Se tarda mucho en hacer el agujero, lucha contra la tierra apelmazada. Y hay que medir los palmos del sepulcro que es la maceta de plástico del malo donde te entregan la mercancía.

Recuerdo que pensé que cavar para enterrar un muerto, como hacen en las películas, debe llevarte horas.  La tierra es terca como una mula. Y que Foster Wallace debió esbozar una sonrisa torcida, al imaginar el trabajo que sería bajarle de su horca y componer ese cuerpo y fijar la bandana costrosa a su frente enloquecida.

Y luego, o antes, nuestro olivo descansaba en su nicho, y también el madroño, ese arbusto fecundo y optimista que parece tan easygoing, como quien dice, que dan ganas de dejarlo a su suerte. Y un jazmín que no se congela en invierno, nos prometió el tipo del vivero. Y dos lavandas que crecen como bolas de dragón tras una indigestión pesada de elefantes.

Y también he recordado un encuentro balsámico con una mujer delgada y culta en su casa de techos empinados, armonía de cuerpos y de luces, confesándome que con su amor de varias décadas hubo una parada de un año. Y que luego él la llamó, con una propuesta firme: ¿y si volvemos? . "Yo le dije de acuerdo, pero si volvemos tiene que ser for ever. Dije for ever porque en español sonaba muy solemne y me daba miedo". Y admiré a esa mujer, y me hubiera quedado en esa mesa con flamígeros candelabros convivientes  con acertados lienzos contemporáneos. ¿Habría un Feininger, tal vez? No pregunté.

La Bauhaus es un vientre que aún sigue pariendo, no se agota. Anoche, en un desmayo de chill out miraba las bandadas de ¿vencejos? (por el ruido que hacen así los llamaría, espero me perdonen los ornitólogos). Y también que de todos los estilos el nórdico años 50 es el más conveniente a mi carácter. Quizás por eso en los aeropuertos, muchas veces, me hablan en otro idioma y yo me dejo hacer. Hay un carácter que nunca está en tu cuna. Ser Bauhaus es una religión. Ser imbécil, un mandato de los que siguen la última propuesta también llamada moda. El "insufrible presentismo"de Graciela Speranza, artículo que ayer me pasó él y ahora leo. Y esa frase brillante que es un bucle: “Si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado”.

Yo quiero que sea "for ever", lo presiento. Como el olivo en el patio que busco hasta en sueños. Y pasar de puntillas por los nidos de desolación.

El día de la Fundación Juan March sólo llevaba 5 euros en la cartera: ¿postales de Feininger o dos cañas?, era el dilema. Elegí y tuve premio. Forever se ocupó de las cervezas.






martes, 16 de mayo de 2017

LA ALCARRIA ES ESE PASTOR ADUSTO QUE ABRE LA BOCA Y SUENA A MONTAIGNE

"No tengo mis recursos predispuestos y ordenados, y sólo aprendo después de la acción, con tantas dudas sobre mi esfuerzo como sobre otra fuerza. De ahí que, si tengo éxito en una tarea, lo atribuya más a mi fortuna que a mi habilidad, pues me las planteo todas al azar y con temor". Michel de Montaigne. Los Ensayos.

1.La Alcarria es un hallazgo necesario sin necesidad de un Cela que la aliente. El fin de semana de trote por algunos de sus pueblos -Horche, Lupiana, Auñón- sigue susurrándome la importancia de la Tierra y la armonía del paisaje austero frente a la exhuberancia de lo obvio. Monte bajo, trepadoras y celindas aromáticas, concierto de nubes en el cielo y una plaza con unas escaleras que anuncia un lavadero donde mi familia y yo nos enredamos en la charla&gin tonic y torreznos mientras unas mujeres árabes, a pocos metros, ordenaban a sus hijos sin sentir que lo nuestro era una provocación. Las plazas rezuman tolerancia; las palabras, relleno de tiempos muertos a esa temperatura perfecta que no alumbra un titular, pero te acaricia el pelo.
Monasterio de Lupiana

2.La ruina es bella y alguien debería escribir ya una guía turística de ruinas. Mejor si no se pueden visitar. El Poblado de Villaflores, cerca de Guadalajara, fue diseñado por Ricardo Velázquez Bosco, el mismo arquitecto del Palacio de Velázquez, la Escuela de Minas o y el Palacio de Cristal de El Retiro (Madrid), pero nunca lo hubiera sabido de no ser por R. Para llegar hay que atravesar vallas de obra y paredes con graffiti que lejos de afear el conjunto lo convierten en instalación (aunque hay un punto en el que parece que desembocarás en un poblado de droga). La Bienale de Venecia afilaría sus colmillos ante la visión de ese columbario que taladra el AVE cada poco rato, como flecha de fuego mientras el sol se oculta entre el misterio de una colonia agrícola del siglo XIX que se cae a trozos pese a ser Bien de Interés Cultural, ese reconocimiento que sirve a veces tanto como ser Miss Cuenca en Senegal.

3.En familia jugamos a "Yo fui a la EGB", un juego mal diseñado que pone a prueba la memoria de los que pertenecimos a esas generaciones con las que algunos se han forrado a base de libros sobre el tema (los chicles bazooka, el coche sin cinturón de seguridad, las pastillas calientaburras...etc). Asumiento que los de mi estirpe somos incapaces de leer manuales de instrucciones, aquellas eran un dislate, así que terminamos por coger la tarjetita del montón que mejor nos venía, muertos de risa, y dimos un recital de amnesia generalizada frente a la chimenea con la que nuestros hijos fliparon.

Poblado de Villaflores
4.Menosprecio de name-dropping, alabanza de aldea. Este es mi tópico y de ahí no me saca nadie. No encuentro nada más cierto que montar unos muebles de cocina de IKEA mientras pasan las horas y el campo vomita un silencio oficioso desde donde trenzar sueños de patio. Lo más crucial en este momento es comprobar si las enredaderas han prendido, ese milagro cotidiano. Lo demás, farfulla modernícola sin fuste.

5.La Alcarria es ese pastor adusto que abre la boca y suena a Montaigne. Ya lo he entendido.

domingo, 7 de mayo de 2017

LA IMPORTANCIA DEL VISILLO PARA LAS MADRES


Al final me di cuenta de que mi madre tiene razón. Poner visillos a una casa es crucial. Varias semanas después, el boquete enorme de la ventana ha dejado de devorarnos con su lengua negra que cada noche te sumerge en la Alcarria más adusta y voraz. Una simple tela liviana y de sencillo algodón es un escudo contra el abandono, una manta cálida que huele a suavizante y a buenas intenciones.

Y entonces el azar te hace un corte de mangas y vuelves al tanatorio. Y te encuentras con tus tías, tus primos, y hay un aire festivo y nada culpable en el reencuentro que es casi un homenaje al que se ha ido.

Que dios me perdone -es una frase hecha- pero cada vez que contemplo un cuerpo sin vida tras un cristal en un velatorio estoy convencida de que va a abrir los ojos de golpe. Que esas 24 horas de obscena exposición son la moratoria de la parca. Que aún se le puede ganar la partida, que es un mal sueño y te han colocado ahí, en una cama estrecha, rodeado de velas de mentira y de flores con frases prefabricadas: "Tus hijos no te olvidan".

¿Cómo te van a olvidar si te acabas de morir? (Si fuera dibujante de cómic pintaría un bocadillo en la boca del muerto que dijera "pa chasco", eso tan de mi abuela).

Las cortinas en un velatorio son el final. Como en el teatro y en la ópera. La última ocasión de contemplar un rostro con cierta tersura que se hace llamar rigor mortis. Pero yo a mi tío prefiero recordarlo hace apenas unas semanas, saliendo de la misa funeral de su esposa, y con esas carcajadas que siempre se gastaba y que son tan de mi familia. O la pasada Nochebuena, cuando cenó en mi casa, ataviado con pajarita como un premiado de los Oscar, elegante y contento.
La dignidad del visillo

Los de su sangre, que es la mía, aliviamos el dolor mostrando dientes. Y ayer los hermanos nos juramentamos para no ser expuestos cuando toque cruzar el Hades detrás de un vidrio feo. No gastaremos en horribles coronas con frases de tebeo; haremos una fiesta y brindaremos por el que se ha ido. Y en lugar de cadáver podría implementarse un holograma o una proyección de fotos con los instantes más felices. Por ejemplo, yo en mi casa de pueblo ayer por la mañana, sentada contemplando los visillos, hipnótica perdida,  mientras J. colgaba unos pisos más arriba la estantería que compramos en Oviedo, y el rollo de papel pintado se quedaba esperando otro fin de semana, otro jubiloso desafío.

Hoy es el día de la Madre y estaremos con la mía en el cementerio, despidiendo a su hermano. Y no es un mal  plan, porque seremos todos. Y a la señora Muerte que le den; es tan previsible en su guión que no merece más que unas cortinas de raso acrílico que te dejan temblando, como nieve.






jueves, 27 de abril de 2017

EL TÍO QUE VA DANDO BRINCOS COMO UNA PUTA GACELA

"En ocasiones me da miedo pensar que lo más seguro es que me pase el resto de mis días deseando haberle reventado las tripas a un conejo delante del huerto de Harry Frey cuando tenía seis años".

Hoy me he despertado repentina y he tirado de Donald Ray Pollock ("Knockemstiff", Randon House Mondadori). Un viaje a la pesadilla rural de donde nadie escapa, una sucesión de historias pegajosas y sucias como un bote de mermelada arrojado en medio de un camino de polvo que conduce a un aserradero desierto donde sopla el aliento seco y ardiente del diablo.

Entonces he recordado que ayer mi fisio me confesó que desde que se había divorciado lee menos, y con impaciencia. "Prefiero libros de relatos, así no tengo sensación de culpa si sólo avanzo unas páginas" (decía mientras presionaba mi trapecio con saña de acero caliente). Mi impulso curioso estuvo tentado de indagar sobre la relación entre divorcio, culpa y desidia lectora, pero la camilla no es lugar para charlas de entomología social. Eres cuerpo a plomo y así debe ser. La turbina del pensamiento no para, sin embargo. Y se queda enganchada en esos detalles pequeños, pero elocuentes, que delatan acciones de una bajeza moral que ríete de las de Knockemstiff (Ohio) de Pollock.

Mi problema -le hubiera confesado a mi afanosa fisio de haber querido pegar la hebra- es la ausencia total de mitomanía. Que suelo ver al emperador en pelotas por más que lo cool sea elogiar su fastuoso manto de armiño. Admiro desde luego al virtuoso capaz de tramar una historia que trasciende las letras que la abrigan. También al noble inteligente, al íntegro sin trabas, al portador de un sentido del humor que jamás coquetea con el sarcasmo. Y creo que uno debe detectar lo antes posible eso que ni un huracán puede arrebatarle. Su esencia nuclear, que imagino una bola brillante y giratoria. Y sería reconfortante bautizarla, igual que algunos bobos bautizan a su miembro viril con muchos menos méritos de guerra en la mochila.
El traje nuevo del emperador

Y de madrugada, en una soledad atroz y necesaria,  leo y celebro:

"Lo ha visto todo el mundo, ese anuncio donde un viajo va corriendo por la playa iluminada por la luna junto a una hermosa starlet con el pelo rosa y un tanga plateado; el que dice que nunca es tarde para empezar desde cero. El tío va dando brincos como una puta gacela, apenas toca con los pies en la arena y tiene un bulto del tamaño de un mazo dando tumbos dentro del bañador a cuadros".

Me hago cargo, hombre llamado Pollock. Tu apellido es un chaparrón del piedras del tamaño de un meteorito de película mala de domingo a la hora de la siesta. En ocasiones no es que quieras reventarle las tripas a un conejo, es que ves conejos saltando por doquier, o trepando por las enredaderas en busca de un atajo feliz. Y es un relato. Y debes celebrarlo porque excita tus dedos al teclado que alimenta ese yo inmortal,  irreductible.

Y caigan meteoritos a destajo. Y se queden las moscas pegadas en los restos de mermelada de ese bote, batiendo sus alitas en agonía lenta mientras llega y no llega un cineasta cruel y lo hace dogma.

Y es todo tan vulgar, tan cotidiano, que sucede en ese Ohio que son los reductos pequeños donde el tuerto es el rey y tirita de miedo bajo su nada.



lunes, 24 de abril de 2017

UN PADRE ME ESCRIBE ESTE MAIL #BULLYING. ¡COMPÁRTELO!

El padre de Y, un chico de 12 años, nos manda este mail a sus familiares más directos:

"Os escribo para contaros algo y que todos estéis al tanto, además de que sirva como ejemplo cercano:

Mi hijo recibió hace unos días a través del chat de Instagram unos mensajes insultantes de una niña de su cole. Los mensajes eran demoledores, tipo "ojalá te hubieras suicidado, gilipollas, pringao, vete del cole...". Os juro que pocas veces he visto tanta violencia y agresividad en una niña de 12 años. Por cierto, C, que le sigue  en Instagram, salió en defensa de Y. de una manera impecable, demostró toda su personalidad y lo especial que es. Fue una ayuda  fundamental.
Y. fue valiente y nos contó la historia a su madre y a mí. Decidimos ir a denunciar al colegio. Han sido tajantes y rápidos, lo que da idea de cómo están estos temas actualmente. Han expulsado a la niña 6 días de clase (podían haberle caído 31). El colegio nos ha agradecido no haber ido a la policía directamente, ya que se trata de delito y en muchos casos se tramita así".
Que alguien de tu sangre esté pasando por esto te pone del revés. Saber que el botón para destrozarle la vida a  una persona está a disposición de cualquier niñato o niñata con ganas de hacer daño -y voy a pensar que sin conciencia como para intuir las consecuencias que podría desencadenar su acción- es pavoroso. Ahí fuera están pasando cosas muy serias que los padres no vemos salvo que nuestros hijos tengan el coraje y la confianza de hablar con nosotros, como hizo Y. Y tengan además la determinación de denunciar el acoso #bullying, como hizo mi interlocutor, aunque para mi gusto no debió detenerse en el colegio. Creo que yo hubiera ido también a la policía. Al colegio debió preocuparle mucho su reputación. Los padres de la terrorista de 12 años, de los que nada sé, hubieran sido más contundentes de llamarles desde la comisaría, imagino. 

Cuando éramos pequeños también había niños crueles. No creo que eso haya cambiado demasiado. Pero las trifulcas quedaban en el patio del colegio y raras veces trascendían. Si sufrías te lo tragabas con las lentejas de tu madre, y a otra cosa. Si eras un "pringao gilipollas" se enteraban los de tu clase y poco más. Ahora es urbi et orbe. Instagram, tuitter, youtube...saben que eres débil, que un día en tu desesperación pensaste en quitarte del medio, que has intentado besar a alguien, has cateado cinco o que te ha salido un brote de acné. Lo saben todo o se lo inventan. Toda la información o desinformación de tu vida sin filtro, a disposición de unos deditos ¿inocentes? dispuestos a hacer sangre y recibir aplausos.

Y hay niños que se suicidan porque no pueden más. #AcosoEscolar

Y los padres estamos desarmados. ¿Cómo protegerles allá donde no llegamos? Sí, los psicólogos nos dirán que hay que establecer una comunicación más cercana que nunca. Que debemos escuchar, estar atentos. ¿Infiltrarnos en sus  redes sociales a través de alguien cercano? Observar cambios de humor. Que quizás hoy es más importante mirar signos de abatimiento que olerles el aliento por si han hecho botellón. Que nunca antes tuvimos la oportunidad de ser héroes para con nuestros hijos ni estuvimos tan poco preparados. Que denunciemos cada caso sin exponer a la víctima, que hagamos que nadie duerma tranquilo y ajeno a lo que pasa en ese ring de chulos, inconscientes y cobardes que son las redes sociales mal utilizadas.

Y tendrán razón. Pero a mí lo que me pide el cuerpo es darle una bofetada a esa niñata que ha agredido a Y. y exponerla a escarnio en ese patio del cole donde antes jugábamos a "churro va" y el mayor peligro era que te partieran la espalda.

Ahora te rompen eso tan delicado que se llama prestigio, y es duro siendo adulto, y aún más duro para un adolescente que no sabe quién es y sale al mundo con un teléfono móvil en la mano y toda su fe desnuda, su ilusión y sus miedos. 

Y mi hija adolescente le defendió  con coraje en el mismo canal que utilizó la otra. Y me siento orgullosa de ella.

Y espero que si leeis este caso lo compartáis con otros, os lo pido. Porque debe ser un clamor, no una noticia. 

Stop al #bullying y al #ciberbullying. No son cosas de niños, son DELITOS. Y deben denunciarse de inmediato.

Este es el protocolo de actuación.

Y ese padre valiente termina así su carta:

"Y. está bien, os pido no le comentéis nada si él no lo dice. Solo quería que lo supiérais, es algo que está ahí, sobre todo para los que tenemos alrededor niños pequeños y que están o van a estar expuestos a todas estas historias". 





miércoles, 19 de abril de 2017

16 COSAS QUE PUEDES HACER SI TE LEVANTAS A LAS 4 DE LA MAÑANA

"Su única hija se había convertido en una piscina".

1.Esta madrugada he vuelto a Cheever (Relatos, Ed. Emecé). A su puntería letal en la descripción de Nerissa -"una delgada y estéril soltera de treinta años" a la que se le ve la combinación por debajo del vestido y lleva los zapatos "apelmazados de barro". Afuera unos gatos se enzarzaban en una ceremonia salvaje de maullidos con sangre y 2. Me he esparcido sobre las muñecas unas gotas de L´eau bleue de  Miu Miu sin venir a cuento o tal vez para espantar el olor acre del mal sueño. Gracias, querida C. por tu regalo. Este será mi olor de primavera.

(Encontrar una fragancia que case con tus intenciones no es fácil. Que te la regalen se parece mucho al milagro)

3.Como cada madrugada, he saltado por la prensa digital y sorteado el absurdo y olido el apocalipsis. He lamentado el ocaso del genio aplastado por el ingenio y 4. me he bebido, disciplinadamente, mi medio vaso de agua templada con limón. Los pájaros de fuera han postpuesto sus trinos a las 6.03 horas, cuando ya pensaba abrir las ventanas y gritarles: ¡se puede saber qué pasa con vosotros?? Arriba, gandules!
5.He pensado que los desinformados viven más tranquilos, aunque tienen más razones para inquietarse.
6.He vigilado (brevemente) el sueño de mi hija pequeña, que respiraba como quien arrastra un saco de piedras.He aspirado su olor a ternerilla.
7.He sopesado la posibilidad de un haiku y escrito al director de mi banco: "Muchas gracias, un saludo". Resolutiva y escueta por cerrar un capítulo que pudo ser batalla con heridos y vendas.
8.He comprado una aspiradora en Amazon. Me llegará con suerte a tiempo o esos ácaros se harán aún más fuertes en la Casa.
9.He leído a Susan Miller, que no sólo de grandes escritores norteamericanos, alcohólicos y depresivos vive el hombre (y en este caso la mujer). He apuntado el 26-A como el día D, con o sin desembarco.
Oslo

10.He considerado seriamente vivir de 4 am a 21 pm. La franja horaria que más conviene a mis biorritmos. He tachado de mí misma la propuesta porque me quedaría sin amigos. Claro que podría ser si nos mudamos a Noruega y no es del todo disparatado. Ayer mi adolescente y yo nos amigamos en el sofá y vimos un reportaje en la tele sobre Oslo donde un profesional de éxito español se calzaba sobre sus zapatos de tafilete unas calzas de goma para desafiar el agua y la nieve sin perder la compostura y recitaba el país en cifras. Lo mismo que diría yo a cámara si estuviera allí y quisiera fingir felicidad.
11.Me ha parecido que Cheever es moderno y tan contemporáneo! Y que nadie hablará de un you tuber iletrado y de éxito fugaz cuando hayamos muerto.
12. Que es tiempo de barnices, no de profundidades. Que prefiero las maderas nobles, me hacen hincarme de rodillas y rezar sin ton ni son. Que el Politus es un gran invento, como la tira adhesiva para los bajos de cortinas.
13.Que sólo soy responsable de lo que toco y digo, de mis actos insólitos y firmes. De mi fragilidad tan asumida bajo esta fortaleza de mañanas. De mi empuje y mis zancadas. De mi optimismo superviviente, ese don infinito.
14. Que el reloj no se adapta a mis urgencias. Que ser tan Aries es muy precipitado, muy condicionante y no hay pastillas.
15.Que fue gozoso ver con mi hija el video de la niña de Albacete "Ahora o nunca" sobre frases machistas con las que crecemos, y comprobar que no pestañeaba y que corría a compartirlo en sus redes. Gracias, J.
16.Que es muy recomendable observar y esperar. Tomar nota de todo, los detalles pequeños que gritan elocuencia. Entender la cobardía del débil.  Celebrar la grandeza del grande. Seguir confiando. Trabajar, trabajar. Y agradecer.

Y de pronto eran las 6.52. Y todo estaba bien.



lunes, 17 de abril de 2017

UNA MUJER ABSORTA ES UNA BOMBA NUCLEAR

El Monje en el Mar. C.David Friedrich. Gracias, R.
Y entonces recibo un regalo magnífico, el broche jubiloso a unos días perdida en un campo y una Casa que voy sintiendo mía, pero que aún no se acopla a las costuras de mi cuerpo como esos viejos jerseys que no tiro precisamente en homenaje a su trabajo de adaptación a mi trote atolondrado, a mi espina dorsal descompensada, a mi respiración agitada de tanto subir y bajar escaleras. Al espectro de mi yo más impaciente que siempre me acompaña.

Una postal dentro de una carta. Como una matrioska de esas de mi infancia. Un cuadro de Caspar David Friedrich, "Der Mönch am Meer", al que acompañan unas líneas que no traicionaré del todo, sólo un poco, con la venia de R, ese hombre frutal, cálido y afectuoso:

"Esta mirada sobre el mar profundo y oscuro del Norte me ha acompañado varios años pegada a la pared frente a mi mesa de escritura, pintura y fantasías. Sin el solitario monje podría ser un cuadro de Rothko".

Tienes toda la razón, acaso le faltan las pinceladas rabiosas. Aquí los tonos fluyen, se empastelan y a lo tonto podrían desencadenar una tormenta. Si yo estuviera allí me agarraría al brazo de ese monje y le apretaría el paso: "Volvamos, que anochece y el mar va a enfurecerse". Los vapores negros del fondo que esa inocente nube no logra despistar. Los rizos de espuma que a lo lejos presagian fuertes olas.
(Busco cuatro paredes y un cristal para mirar, eso de los cobardes).

Las imágenes. Una Semana Santa recluida convirtiendo La Casa en mi Lugar. Otro lugar que se asoma a un mar de piedras y monte bajo, carreteras abandonadas y olivos intransigentes. Maravilla. Las manos ásperas como piedra pómez, el ansia de reconocerme en las paredes, los cuadros, los espejos, los cajones con polvo.

Concha,1999. JP Frade (Qué talento)
Y una sola vez en mi Mesa, que yo he pintado del pantone del momento vital en que me hallo. Un verde plomo, diría que de frescura melancólica. Tan adictivo que debo guardar brocha y rodillo o acabaré pintando hasta los vasos.

Y me siento y hojeo el precioso libro de acuarelas de J.P Frade, artista que se hace llamar arquitecto, otro regalo que es ya provocación. Y ensayo un texto que acompañe sin ser impertinente. Y me sale en un rapto a la vista de una imagen de mujer, en ese mar inquieto que es la Casa. Sola y absorta, con un vestido rojo que es un faro. Rodeada de objetos que no ve, en apnea profunda de sí misma:

Concha, 1999 (titula él su dibujo, no hay más pistas). Y escribo yo, el monte de la Alcarria con su aliento amarillo  me vigila el costado:

"Una mujer tan sola es un Enigma. Sola y con un vestido rojo, guerrera y melancólica. Diré que se llamaba (o que se llama) Concha. Y no sé nada más, a quién le importa. Que se sumerge fiel y concentrada, cual si anudara hilos de espuma, antes de que el mar, ese  loco- los vuelva espumarajos.


Que no despertará de su paisaje ni aunque salte un gato negro a sus espaldas, el lomo como un arco, las uñas venenosas y afiladas.

Verde fresca Melancolía
Una mujer absorta es una bomba nuclear, ya te lo he dicho. Flamígera y acaso enfantasmada (que es más que ensimismada, ya lo sabes. O deberías saberlo cuando dices que conoces a todas las mujeres. Qué arrogancia).

Afuera tempestades, y Concha tan adentro. Ventura roja en grito y abisal, arquitecta del centro, de su centro. Y no se moverá ni aunque la quinta glaciación enfríe su café. Agite su quietud, la mesa tiemble.

Al rojo vivo, Concha es turbina inexplicada. A mil revoluciones, centenaria.
Y pobre del que intente descrifrarla.

PD. Gracias, todas, R. por tu regalo que ya vive en mi mesa. Lo cuidaré con mimo, como tú.
PD. Gracias, JP Frade, por la provocación y esos dibujos. Ya estoy disparada, hablamos cuando gustes.


martes, 4 de abril de 2017

CUESTIONARIO DOROTHEA BRANDE PARA ESCRITORES Y VARIOS

Y entonces recupero a Dorothea Brande, esa gran editora. Portada verde piscina, título tartamudo -"Pa-ra ser es-cri-tor" (Círculo de Tiza, mi editorial)-, un día después de haber cumplido años en una conciencia escandalosa de la virtud despiadada del paso del tiempo. A punto de enredarme en una casa/sueño  con un estudio propio -mi habitación Woolf, podría ser- y vistas al monte bajo. Tan plena en mi zozobra. Alerta y confiada.

Y Dorothea juguetona me propone un cuestionario que tanteará  si estoy preparada para escribir ficción que verse sobre las grandes cuestiones, a saber:

1.¿Crees en Dios? ¿Qué aspecto tiene?
2.¿Crees en el libre albedrío o eres un determinista?
3.¿Te gustan los hombres? ¿Las mujeres? ¿Los niños?
4.¿Qué opinas del matrimonio?
5.¿Consideras que el amor romántico es un engaño y una trampa?
6.¿Crees que el comentario "todo seguirá igual dentro de cien años" es profundo, frívolo, verdadero o falso?
7.¿Cuál es la mayor felicidad que eres capaz de imaginar? ¿Y el mayor desastre?

Maldormida y colgada de las horas asumo el reto, quién dijo miedo:

1.No sé qué aspecto tiene lo que no veo, ni huelo ni toco, ni me grita ni me duerme. Diría Dorothea que dios tiene el aspecto de mi sed, el contorno del vaso que no  sacia. Y que me impresiona pensar que todos esos millones de almas que dicen creer en él en la iglesia los domingos probablemente no coincidan en absoluto en su idea de Dios. Y que si lo nombraran en voz alta, colores y perfiles, sería tal el cisma que se abrirían los suelos de los templos y volvería la fe de los egipcios antiguos con nombres fantasiosos y comida en las tumbas.

2.Creo en los grises, salvo en el gris empolvado, esa cosa tan cursi, tan antigua que casa con el collar de perlas de dos vueltas. No tengo edad aún, las miro con recelo, imagino una horca y una muerte con drama en lenta caída de cuentas, tan almodovariana, tan Ozon. El libre albedrío es una trampa, una puerta que te lleva a otras puertas, matriuska endemoniada, hámster a la carrera en una rueda de fuego. El determinismo, coartada de vagos y cobardes. De espíritus exhaustos que podrían ser héroes si no fuera porque hay que caminar por suelo de faquir. No lo contemplo.

3.Me gustan algunos hombres y  mujeres, esos que escojo y me escogen, o que el azar sienta a mi diestra en una velada rollo y sucede el milagro del entendimiento sin nombrar lo concreto, como un rayo de luz que se dispara y choca y te devuelve tu yo más concentrado y esquivo.  Los niños en conjunto no me gustan porque tengan la infancia, tesoro fugitivo. Odio a los caprichosos y a los maleducados. Si acaso me sorprende cómo miran,  luz nueva como  gomas de borrar de nata de cuando fui pequeña. La tersura de la falta de ruidos, de amarillentos resabios que vendrán,  telarañas de viejo muy reviejo.
Tampoco admiro ni enaltezco la juventud per sé, se cura con los años y es un alivio no ser su prisionera ni estar aún humillada por heridas del cuerpo. Eso de ser mayor. Bendito sea el momento en que me hallo, su entusiasmo vital sin alharacas. Cuerpo que me responde, mente tensa.

4.Del matrimonio opino que es una apuesta como la Bonoloto o las quinielas, pero mucho más cara y farragosa.

Matrimonio
5.El amor romántico es mucho más que un engaño o una trampa, amiga Dorothea. El sueño de una noche de verano sin un Shakespeare que valga. Una velada al raso desgranando su nombre, como lluvia de chispas bermellón y diamante. Masa de decepciones y quebrantos.

6.Aburrido, me parece aburrido y redicho. Relleno de conversaciones que languidecen. Cero a la izquierda. Nadería.

7.La calma radical, la confianza, el tiempo detenido con brisa de limón y una de Bach. Pulmones llenos, templanza y resiliencia. ¿El mayor desastre? El miedo desbocado,  mi vida sin mis hijas y la imaginación. Ese espacio tan bello y sin paredes que todo lo hace cierto y deseable. Y a veces se describe con palabras.

Ansiosamente tuya, y a la espera de ningún resultado de este test, trampa para escritores y arribistas.





jueves, 30 de marzo de 2017

EL TAXISTA DRAG QUE BAILABA EL PERICÓN

1.Alguien debería escribir una Guía de Andares de pianista. Me conformaré con acuñar la expresión. Creo que los hay que cuando se levantan del taburete tras acometer una pieza experimentan una suerte de mareo que los hace retirarse como en trance, los brazos alicaídos, acorchados, la mirada fija en un punto que sólo ellos ven, y un arrastrar de pies sonámbulo y contrahecho. Como yo cuando vuelvo a casa con tacones tras una soireé nocturna.
Anoche viendo a Javier Perianes en el Auditorio Nacional sucedió. Tras su Sonata en La mayor de Schubert se hizo zombie y acampó entre nosotros. Sokolov -ese genio- es de la misma escuela. Glenn Gould, su más brillante y rotundo precursor. En la otra banda, Daniel Baremboin, que sale del trance como Napoleón, brioso emperador al trote e incendiado de ojos y soberbia, y amonesta al público sin recato y con toda la razón.  Y te da miedo.

2.Nunca lo entenderé. Si estás constipado, no vayas al concierto. Las toses en el centro de salud son decorado como el óleo de ciervos en los años del Cuéntame, pero en un auditorio donde un solo hombre o una sola mujer se encara con un teclado, hay que hablar de sabotaje. (Por no referirme a las toses postizas y carraspeos entre movimientos. Alguien ha debido correr la voz de que es fino y chic hacerse oír en los ínterim).
Javier Perianes


3.El taxista que me lleva parece una drag queen en formato de día. Las cejas depiladas hasta el paroxismo, corpulento y cuajado de abalorios. Para mi sorpresa, me informa que baila de salón con su mujer, y que eso les hace muy felices. ¿Qué bailan? le pregunto. "De todo, pero bordamos el pericón". Nueva sorpresa. El vals francés está de moda, y los guays no se habían enterado. El trayecto de taxi se me hace corto y trato de exprimir a mi confidente, que ahora vuelve a lo suyo: ¿Sabe por qué los taxistas venceremos a los de Uber? Porque somos ratas de alcantarilla". Pago y corro.

4.La mediocridad que esconde el robo de ideas sin atribución de fuente, me susurra F. El mundo se divide entre los que inventan y los que les chupan la sangre. Entre los que sueñan y los que desarbolan el sueño sin mojarse en una contrapropuesta. Debería perseguirse el delito de usurpación cotidiana. Piratería del genio. Atraco al pensamiento. Somos lo que contenemos, pero si callamos no luce. Y si luce, se expone al trote demasiado cercano de los filibusteros.

5.El anonimato, la invisibilidad, lo que se han de comer los gusanos sin cristianos que miren. Una parte del Yo debe quedarse dentro, como vino en la barrica de una sacristía inviolable. Darse tanto y tan gratis tendrá sus consecuencias, apocalipsis del tiempo que vivimos. A ratos las palabras sin salir de tu cráneo, mientras un pianista mareado desgrana a Debussy, y el mundo se detiene.




domingo, 26 de marzo de 2017

SI NO PRACTICAS NESTING, NO ERES NADIE

Así que lo que he estado haciendo toda mi vida ahora se llama "nesting". O sea, anidar y disfrutar de tu casa el fin de semana. Leyendo, cocinando, escribiendo, mirando al techo, cortando patas de sillas o pintando a la tiza... Y que tan industrioso afán  pone a raya a la ansiedad, esa enemiga íntima, y aporta lucidez.

Encima ahorras (si no fuera por Amazon, esa tentación que vive arriba).

Cuando la vida te regala un término cool para revestir de dignidad una actividad cotidiana con tintes peyorativos (quedarte en casa=ser un "cuevas" o "hacerse un Puértolas" tal y como lo llamamos en mi familia en homenaje a mi abuela), sólo puedes dar palmas y celebrarlo. Sobre todo si no estás en tu ciudad, ni en tu casa, pero has conseguido ese milagro de calzarte las zapatillas y hacer de un espacio extraño un lugar de ti mismo.

Afuera, el viento se desgañita y curte las esquinas de las casas. Al fondo el monte que custodia el románico astur, misterioso y fatigado de hordas con bastón trastabillado de alpinista. En la mesa, una taza de porcelana blanco roto me mira con descaro. Detrás, un poco a mi izquierda, las estanterías cuajadas de libros que mi desconocido casero (Airbnb, yo te aclamo) ha dejado al aire en una impúdica operación de striptease que yo no sería capaz de imitar.

De las casas ajenas me tientan más las librerías que los cajones. Un hombre que lo intuyó el primer día y me invitó a su casa me condujo directamente a su librería y me mostró, emocionado, sus volúmenes favoritos. Era de largo la hora de comer, pero a él no parecía importarle y a mí tampoco. Había que saciar antes la curiosidad que el estómago.

Aquella primera cita no se me va a olvidar en toda mi vida.  Un oso enorme, de piel nevada,  nos vigilaba desde otra estancia y el calendario juraba que era viernes. Antes, habíamos visto una exposición de hiperrealistas en el Thyssen. Después yo me fui al teatro con amigos, rendida y exaltada.

Lo que aquel hombre sin duda inteligente -hoy escaso de presencia pero siempre cercano-  me estaba mostrando era su nido. El lugar donde practica el nesting los fines de semana. Y también que todo ser que disfruta de su casa y la hace su cuerpo tiene mi simpatía. Sospecho de los rapsodas que siempre vuelan a la puerta como si un fantasma los espantara. Admiro a quien con el hatillo a cuestas ha sabido convertir un rincón, incluso de casa compartida a una edad madura, en un oasis donde sentarse a pensar, hacer collage y contemplar.

Las casas, de eso hablo. O más bien de la valentía y el riesgo de convertirlas en un templo. Un taller de reparaciones de ti mismo; una tarde de lluvia, como ayer, sin levantar una ceja ni quejarte de la mala fortuna, disfrutando del hallazgo jubiloso de un ambientador que será el olor de mi casa de pueblo con patio. Cosas bobas que te alegran la vida.

Museo Bellas Artes.Oviedo
Y escribo pocas horas antes de cerrar esta puerta, en la mesa de madera tosca que me acoge. En una ciudad, Oviedo, que siempre será mía. A la que vuelvo con inquietante coartada médica de tanto en tanto, y no dejo de entrar en esos sitios que me llaman a voces: el museo de Bellas Artes con ese Palazuelo en la escalera, el Ramón Casas grande o el misterio de las rosas calaveras de Luis Fernandez; el bar Casa Ramón con su tosta de foie en la plaza del Fontán, allá donde pisó García Lorca. La cuesta de Canónigos, la sacristía de San Isidoro y esas velas que enciendo sin falta con la fe del descreído, militante y contumaz. La torre de esa catedral donde escucho los pasos orgullosos del magistral y siempre espero un milagro. La Cestería llena de hallazgos vintage que la segunda mano convierte en tesoros (gracias, Olegario). La tienda de pinturas de Benigno, un señor elegante de hablar pausado con el que te tomarías un cafe o una fabada. El bistró 26º de tantos desayunos...Las flores del mercado.

Y sé que voy a volver, que siempre vuelvo, y siempre es lo mismo o diferente. Y esta casa con libros y con discos la siento un poco mía. Y mi espectro se queda haciendo nesting. Calentando la silla, mirando los tejados, afilados de viento, soberbios, imperiosos,  familiares...