miércoles, 19 de abril de 2017

16 COSAS QUE PUEDES HACER SI TE LEVANTAS A LAS 4 DE LA MAÑANA

"Su única hija se había convertido en una piscina".

1.Esta madrugada he vuelto a Cheever (Relatos, Ed. Emecé). A su puntería letal en la descripción de Nerissa -"una delgada y estéril soltera de treinta años" a la que se le ve la combinación por debajo del vestido y lleva los zapatos "apelmazados de barro". Afuera unos gatos se enzarzaban en una ceremonia salvaje de maullidos con sangre y 2. Me he esparcido sobre las muñecas unas gotas de L´eau bleue de  Miu Miu sin venir a cuento o tal vez para espantar el olor acre del mal sueño. Gracias, querida C. por tu regalo. Este será mi olor de primavera.

(Encontrar una fragancia que case con tus intenciones no es fácil. Que te la regalen se parece mucho al milagro)

3.Como cada madrugada, he saltado por la prensa digital y sorteado el absurdo y olido el apocalipsis. He lamentado el ocaso del genio aplastado por el ingenio y 4. me he bebido, disciplinadamente, mi medio vaso de agua templada con limón. Los pájaros de fuera han postpuesto sus trinos a las 6.03 horas, cuando ya pensaba abrir las ventanas y gritarles: ¡se puede saber qué pasa con vosotros?? Arriba, gandules!
5.He pensado que los desinformados viven más tranquilos, aunque tienen más razones para inquietarse.
6.He vigilado (brevemente) el sueño de mi hija pequeña, que respiraba como quien arrastra un saco de piedras.He aspirado su olor a ternerilla.
7.He sopesado la posibilidad de un haiku y escrito al director de mi banco: "Muchas gracias, un saludo". Resolutiva y escueta por cerrar un capítulo que pudo ser batalla con heridos y vendas.
8.He comprado una aspiradora en Amazon. Me llegará con suerte a tiempo o esos ácaros se harán aún más fuertes en la Casa.
9.He leído a Susan Miller, que no sólo de grandes escritores norteamericanos, alcohólicos y depresivos vive el hombre (y en este caso la mujer). He apuntado el 26-A como el día D, con o sin desembarco.
Oslo

10.He considerado seriamente vivir de 4 am a 21 pm. La franja horaria que más conviene a mis biorritmos. He tachado de mí misma la propuesta porque me quedaría sin amigos. Claro que podría ser si nos mudamos a Noruega y no es del todo disparatado. Ayer mi adolescente y yo nos amigamos en el sofá y vimos un reportaje en la tele sobre Oslo donde un profesional de éxito español se calzaba sobre sus zapatos de tafilete unas calzas de goma para desafiar el agua y la nieve sin perder la compostura y recitaba el país en cifras. Lo mismo que diría yo a cámara si estuviera allí y quisiera fingir felicidad.
11.Me ha parecido que Cheever es moderno y tan contemporáneo! Y que nadie hablará de un you tuber iletrado y de éxito fugaz cuando hayamos muerto.
12. Que es tiempo de barnices, no de profundidades. Que prefiero las maderas nobles, me hacen hincarme de rodillas y rezar sin ton ni son. Que el Politus es un gran invento, como la tira adhesiva para los bajos de cortinas.
13.Que sólo soy responsable de lo que toco y digo, de mis actos insólitos y firmes. De mi fragilidad tan asumida bajo esta fortaleza de mañanas. De mi empuje y mis zancadas. De mi optimismo superviviente, ese don infinito.
14. Que el reloj no se adapta a mis urgencias. Que ser tan Aries es muy precipitado, muy condicionante y no hay pastillas.
15.Que fue gozoso ver con mi hija el video de la niña de Albacete "Ahora o nunca" sobre frases machistas con las que crecemos, y comprobar que no pestañeaba y que corría a compartirlo en sus redes. Gracias, J.
16.Que es muy recomendable observar y esperar. Tomar nota de todo, los detalles pequeños que gritan elocuencia. Entender la cobardía del débil.  Celebrar la grandeza del grande. Seguir confiando. Trabajar, trabajar. Y agradecer.

Y de pronto eran las 6.52. Y todo estaba bien.



lunes, 17 de abril de 2017

UNA MUJER ABSORTA ES UNA BOMBA NUCLEAR

El Monje en el Mar. C.David Friedrich. Gracias, R.
Y entonces recibo un regalo magnífico, el broche jubiloso a unos días perdida en un campo y una Casa que voy sintiendo mía, pero que aún no se acopla a las costuras de mi cuerpo como esos viejos jerseys que no tiro precisamente en homenaje a su trabajo de adaptación a mi trote atolondrado, a mi espina dorsal descompensada, a mi respiración agitada de tanto subir y bajar escaleras. Al espectro de mi yo más impaciente que siempre me acompaña.

Una postal dentro de una carta. Como una matrioska de esas de mi infancia. Un cuadro de Caspar David Friedrich, "Der Mönch am Meer", al que acompañan unas líneas que no traicionaré del todo, sólo un poco, con la venia de R, ese hombre frutal, cálido y afectuoso:

"Esta mirada sobre el mar profundo y oscuro del Norte me ha acompañado varios años pegada a la pared frente a mi mesa de escritura, pintura y fantasías. Sin el solitario monje podría ser un cuadro de Rothko".

Tienes toda la razón, acaso le faltan las pinceladas rabiosas. Aquí los tonos fluyen, se empastelan y a lo tonto podrían desencadenar una tormenta. Si yo estuviera allí me agarraría al brazo de ese monje y le apretaría el paso: "Volvamos, que anochece y el mar va a enfurecerse". Los vapores negros del fondo que esa inocente nube no logra despistar. Los rizos de espuma que a lo lejos presagian fuertes olas.
(Busco cuatro paredes y un cristal para mirar, eso de los cobardes).

Las imágenes. Una Semana Santa recluida convirtiendo La Casa en mi Lugar. Otro lugar que se asoma a un mar de piedras y monte bajo, carreteras abandonadas y olivos intransigentes. Maravilla. Las manos ásperas como piedra pómez, el ansia de reconocerme en las paredes, los cuadros, los espejos, los cajones con polvo.

Concha,1999. JP Frade (Qué talento)
Y una sola vez en mi Mesa, que yo he pintado del pantone del momento vital en que me hallo. Un verde plomo, diría que de frescura melancólica. Tan adictivo que debo guardar brocha y rodillo o acabaré pintando hasta los vasos.

Y me siento y hojeo el precioso libro de acuarelas de J.P Frade, artista que se hace llamar arquitecto, otro regalo que es ya provocación. Y ensayo un texto que acompañe sin ser impertinente. Y me sale en un rapto a la vista de una imagen de mujer, en ese mar inquieto que es la Casa. Sola y absorta, con un vestido rojo que es un faro. Rodeada de objetos que no ve, en apnea profunda de sí misma:

Concha, 1999 (titula él su dibujo, no hay más pistas). Y escribo yo, el monte de la Alcarria con su aliento amarillo  me vigila el costado:

"Una mujer tan sola es un Enigma. Sola y con un vestido rojo, guerrera y melancólica. Diré que se llamaba (o que se llama) Concha. Y no sé nada más, a quién le importa. Que se sumerge fiel y concentrada, cual si anudara hilos de espuma, antes de que el mar, ese  loco- los vuelva espumarajos.


Que no despertará de su paisaje ni aunque salte un gato negro a sus espaldas, el lomo como un arco, las uñas venenosas y afiladas.

Verde fresca Melancolía
Una mujer absorta es una bomba nuclear, ya te lo he dicho. Flamígera y acaso enfantasmada (que es más que ensimismada, ya lo sabes. O deberías saberlo cuando dices que conoces a todas las mujeres. Qué arrogancia).

Afuera tempestades, y Concha tan adentro. Ventura roja en grito y abisal, arquitecta del centro, de su centro. Y no se moverá ni aunque la quinta glaciación enfríe su café. Agite su quietud, la mesa tiemble.

Al rojo vivo, Concha es turbina inexplicada. A mil revoluciones, centenaria.
Y pobre del que intente descrifrarla.

PD. Gracias, todas, R. por tu regalo que ya vive en mi mesa. Lo cuidaré con mimo, como tú.
PD. Gracias, JP Frade, por la provocación y esos dibujos. Ya estoy disparada, hablamos cuando gustes.


martes, 4 de abril de 2017

CUESTIONARIO DOROTHEA BRANDE PARA ESCRITORES Y VARIOS

Y entonces recupero a Dorothea Brande, esa gran editora. Portada verde piscina, título tartamudo -"Pa-ra ser es-cri-tor" (Círculo de Tiza, mi editorial)-, un día después de haber cumplido años en una conciencia escandalosa de la virtud despiadada del paso del tiempo. A punto de enredarme en una casa/sueño  con un estudio propio -mi habitación Woolf, podría ser- y vistas al monte bajo. Tan plena en mi zozobra. Alerta y confiada.

Y Dorothea juguetona me propone un cuestionario que tanteará  si estoy preparada para escribir ficción que verse sobre las grandes cuestiones, a saber:

1.¿Crees en Dios? ¿Qué aspecto tiene?
2.¿Crees en el libre albedrío o eres un determinista?
3.¿Te gustan los hombres? ¿Las mujeres? ¿Los niños?
4.¿Qué opinas del matrimonio?
5.¿Consideras que el amor romántico es un engaño y una trampa?
6.¿Crees que el comentario "todo seguirá igual dentro de cien años" es profundo, frívolo, verdadero o falso?
7.¿Cuál es la mayor felicidad que eres capaz de imaginar? ¿Y el mayor desastre?

Maldormida y colgada de las horas asumo el reto, quién dijo miedo:

1.No sé qué aspecto tiene lo que no veo, ni huelo ni toco, ni me grita ni me duerme. Diría Dorothea que dios tiene el aspecto de mi sed, el contorno del vaso que no  sacia. Y que me impresiona pensar que todos esos millones de almas que dicen creer en él en la iglesia los domingos probablemente no coincidan en absoluto en su idea de Dios. Y que si lo nombraran en voz alta, colores y perfiles, sería tal el cisma que se abrirían los suelos de los templos y volvería la fe de los egipcios antiguos con nombres fantasiosos y comida en las tumbas.

2.Creo en los grises, salvo en el gris empolvado, esa cosa tan cursi, tan antigua que casa con el collar de perlas de dos vueltas. No tengo edad aún, las miro con recelo, imagino una horca y una muerte con drama en lenta caída de cuentas, tan almodovariana, tan Ozon. El libre albedrío es una trampa, una puerta que te lleva a otras puertas, matriuska endemoniada, hámster a la carrera en una rueda de fuego. El determinismo, coartada de vagos y cobardes. De espíritus exhaustos que podrían ser héroes si no fuera porque hay que caminar por suelo de faquir. No lo contemplo.

3.Me gustan algunos hombres y  mujeres, esos que escojo y me escogen, o que el azar sienta a mi diestra en una velada rollo y sucede el milagro del entendimiento sin nombrar lo concreto, como un rayo de luz que se dispara y choca y te devuelve tu yo más concentrado y esquivo.  Los niños en conjunto no me gustan porque tengan la infancia, tesoro fugitivo. Odio a los caprichosos y a los maleducados. Si acaso me sorprende cómo miran,  luz nueva como  gomas de borrar de nata de cuando fui pequeña. La tersura de la falta de ruidos, de amarillentos resabios que vendrán,  telarañas de viejo muy reviejo.
Tampoco admiro ni enaltezco la juventud per sé, se cura con los años y es un alivio no ser su prisionera ni estar aún humillada por heridas del cuerpo. Eso de ser mayor. Bendito sea el momento en que me hallo, su entusiasmo vital sin alharacas. Cuerpo que me responde, mente tensa.

4.Del matrimonio opino que es una apuesta como la Bonoloto o las quinielas, pero mucho más cara y farragosa.

Matrimonio
5.El amor romántico es mucho más que un engaño o una trampa, amiga Dorothea. El sueño de una noche de verano sin un Shakespeare que valga. Una velada al raso desgranando su nombre, como lluvia de chispas bermellón y diamante. Masa de decepciones y quebrantos.

6.Aburrido, me parece aburrido y redicho. Relleno de conversaciones que languidecen. Cero a la izquierda. Nadería.

7.La calma radical, la confianza, el tiempo detenido con brisa de limón y una de Bach. Pulmones llenos, templanza y resiliencia. ¿El mayor desastre? El miedo desbocado,  mi vida sin mis hijas y la imaginación. Ese espacio tan bello y sin paredes que todo lo hace cierto y deseable. Y a veces se describe con palabras.

Ansiosamente tuya, y a la espera de ningún resultado de este test, trampa para escritores y arribistas.





jueves, 30 de marzo de 2017

EL TAXISTA DRAG QUE BAILABA EL PERICÓN

1.Alguien debería escribir una Guía de Andares de pianista. Me conformaré con acuñar la expresión. Creo que los hay que cuando se levantan del taburete tras acometer una pieza experimentan una suerte de mareo que los hace retirarse como en trance, los brazos alicaídos, acorchados, la mirada fija en un punto que sólo ellos ven, y un arrastrar de pies sonámbulo y contrahecho. Como yo cuando vuelvo a casa con tacones tras una soireé nocturna.
Anoche viendo a Javier Perianes en el Auditorio Nacional sucedió. Tras su Sonata en La mayor de Schubert se hizo zombie y acampó entre nosotros. Sokolov -ese genio- es de la misma escuela. Glenn Gould, su más brillante y rotundo precursor. En la otra banda, Daniel Baremboin, que sale del trance como Napoleón, brioso emperador al trote e incendiado de ojos y soberbia, y amonesta al público sin recato y con toda la razón.  Y te da miedo.

2.Nunca lo entenderé. Si estás constipado, no vayas al concierto. Las toses en el centro de salud son decorado como el óleo de ciervos en los años del Cuéntame, pero en un auditorio donde un solo hombre o una sola mujer se encara con un teclado, hay que hablar de sabotaje. (Por no referirme a las toses postizas y carraspeos entre movimientos. Alguien ha debido correr la voz de que es fino y chic hacerse oír en los ínterim).
Javier Perianes


3.El taxista que me lleva parece una drag queen en formato de día. Las cejas depiladas hasta el paroxismo, corpulento y cuajado de abalorios. Para mi sorpresa, me informa que baila de salón con su mujer, y que eso les hace muy felices. ¿Qué bailan? le pregunto. "De todo, pero bordamos el pericón". Nueva sorpresa. El vals francés está de moda, y los guays no se habían enterado. El trayecto de taxi se me hace corto y trato de exprimir a mi confidente, que ahora vuelve a lo suyo: ¿Sabe por qué los taxistas venceremos a los de Uber? Porque somos ratas de alcantarilla". Pago y corro.

4.La mediocridad que esconde el robo de ideas sin atribución de fuente, me susurra F. El mundo se divide entre los que inventan y los que les chupan la sangre. Entre los que sueñan y los que desarbolan el sueño sin mojarse en una contrapropuesta. Debería perseguirse el delito de usurpación cotidiana. Piratería del genio. Atraco al pensamiento. Somos lo que contenemos, pero si callamos no luce. Y si luce, se expone al trote demasiado cercano de los filibusteros.

5.El anonimato, la invisibilidad, lo que se han de comer los gusanos sin cristianos que miren. Una parte del Yo debe quedarse dentro, como vino en la barrica de una sacristía inviolable. Darse tanto y tan gratis tendrá sus consecuencias, apocalipsis del tiempo que vivimos. A ratos las palabras sin salir de tu cráneo, mientras un pianista mareado desgrana a Debussy, y el mundo se detiene.




domingo, 26 de marzo de 2017

SI NO PRACTICAS NESTING, NO ERES NADIE

Así que lo que he estado haciendo toda mi vida ahora se llama "nesting". O sea, anidar y disfrutar de tu casa el fin de semana. Leyendo, cocinando, escribiendo, mirando al techo, cortando patas de sillas o pintando a la tiza... Y que tan industrioso afán  pone a raya a la ansiedad, esa enemiga íntima, y aporta lucidez.

Encima ahorras (si no fuera por Amazon, esa tentación que vive arriba).

Cuando la vida te regala un término cool para revestir de dignidad una actividad cotidiana con tintes peyorativos (quedarte en casa=ser un "cuevas" o "hacerse un Puértolas" tal y como lo llamamos en mi familia en homenaje a mi abuela), sólo puedes dar palmas y celebrarlo. Sobre todo si no estás en tu ciudad, ni en tu casa, pero has conseguido ese milagro de calzarte las zapatillas y hacer de un espacio extraño un lugar de ti mismo.

Afuera, el viento se desgañita y curte las esquinas de las casas. Al fondo el monte que custodia el románico astur, misterioso y fatigado de hordas con bastón trastabillado de alpinista. En la mesa, una taza de porcelana blanco roto me mira con descaro. Detrás, un poco a mi izquierda, las estanterías cuajadas de libros que mi desconocido casero (Airbnb, yo te aclamo) ha dejado al aire en una impúdica operación de striptease que yo no sería capaz de imitar.

De las casas ajenas me tientan más las librerías que los cajones. Un hombre que lo intuyó el primer día y me invitó a su casa me condujo directamente a su librería y me mostró, emocionado, sus volúmenes favoritos. Era de largo la hora de comer, pero a él no parecía importarle y a mí tampoco. Había que saciar antes la curiosidad que el estómago.

Aquella primera cita no se me va a olvidar en toda mi vida.  Un oso enorme, de piel nevada,  nos vigilaba desde otra estancia y el calendario juraba que era viernes. Antes, habíamos visto una exposición de hiperrealistas en el Thyssen. Después yo me fui al teatro con amigos, rendida y exaltada.

Lo que aquel hombre sin duda inteligente -hoy escaso de presencia pero siempre cercano-  me estaba mostrando era su nido. El lugar donde practica el nesting los fines de semana. Y también que todo ser que disfruta de su casa y la hace su cuerpo tiene mi simpatía. Sospecho de los rapsodas que siempre vuelan a la puerta como si un fantasma los espantara. Admiro a quien con el hatillo a cuestas ha sabido convertir un rincón, incluso de casa compartida a una edad madura, en un oasis donde sentarse a pensar, hacer collage y contemplar.

Las casas, de eso hablo. O más bien de la valentía y el riesgo de convertirlas en un templo. Un taller de reparaciones de ti mismo; una tarde de lluvia, como ayer, sin levantar una ceja ni quejarte de la mala fortuna, disfrutando del hallazgo jubiloso de un ambientador que será el olor de mi casa de pueblo con patio. Cosas bobas que te alegran la vida.

Museo Bellas Artes.Oviedo
Y escribo pocas horas antes de cerrar esta puerta, en la mesa de madera tosca que me acoge. En una ciudad, Oviedo, que siempre será mía. A la que vuelvo con inquietante coartada médica de tanto en tanto, y no dejo de entrar en esos sitios que me llaman a voces: el museo de Bellas Artes con ese Palazuelo en la escalera, el Ramón Casas grande o el misterio de las rosas calaveras de Luis Fernandez; el bar Casa Ramón con su tosta de foie en la plaza del Fontán, allá donde pisó García Lorca. La cuesta de Canónigos, la sacristía de San Isidoro y esas velas que enciendo sin falta con la fe del descreído, militante y contumaz. La torre de esa catedral donde escucho los pasos orgullosos del magistral y siempre espero un milagro. La Cestería llena de hallazgos vintage que la segunda mano convierte en tesoros (gracias, Olegario). La tienda de pinturas de Benigno, un señor elegante de hablar pausado con el que te tomarías un cafe o una fabada. El bistró 26º de tantos desayunos...Las flores del mercado.

Y sé que voy a volver, que siempre vuelvo, y siempre es lo mismo o diferente. Y esta casa con libros y con discos la siento un poco mía. Y mi espectro se queda haciendo nesting. Calentando la silla, mirando los tejados, afilados de viento, soberbios, imperiosos,  familiares...









miércoles, 22 de marzo de 2017

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJA DE 14 AÑOS QUE SE DECLARA FEMINISTA

Y entonces va mi adolescente y se declara feminista a sus 14 años.

-Me parece muy bien. ¿Qué es para ti ser feminista? (inquiero)
-Pues qué va a ser, defender la igualdad y todo eso...

Como soy una madre pesada necesito saber más. Cómo van a movilizarse. "Hemos creado un grupo en Instagram", me informa. "Síguenos, anda". Lo hago de inmediato. Ella prosigue: "Y vamos a proponer en el colegio unas charlas sobre homosexualidad, bisexualidad, género...etcétera". Ah, qué bueno. ¿Invitaréis a expertas para dar esas charlas?, exploro. "¡No hombre no, las daremos nosotras!" (cargada de aplomo).

Luego me cuenta que el Día de la Mujer colgaron en el colegio carteles contra el machismo, algunos (sospecho) ciertamente agresivos.  Y que hubo algún chico que reaccionó con desdén y chulería. Y que las obligaron a descolgarlos ipso facto.

Una parte de mí sonríe ante la ingenuidad. Otra parte se alivia al pensar que a los 14 años no sólo se cimente el grupo en base al visionado de youtubers, videos musicales y series de TV que o  ves o estás socialmente muerto. Y otra parte, la tercera y más sibilina,  empieza a sospechar que el feminismo y su debate se están banalizando al convertirse en una moda más, un batiburrillo conceptual donde entran el transgénero, la homosexualidad, la bisexualidad y todos los aperos de labranza que intervienen en eso tan complicado que es la identidad.

Y lo mismo es una fórmula acorde con los tiempos de volatilidad y desconcierto, memes y memos rompedores, y está bien que al menos sea. Y a mi adolescente de 14 no le dije, pero ahora se lo digo mientras aún duerme:


Reconocerme feminista para mí ha sido una agonía, un proceso largo como el psicoanálisis de un gángster de la tele. No me gustan los carteles, ni la servidumbre de la pertenencia a grupos. No quiero ser masa, he buscado antes explorar mi yo hasta el recoveco más oscuro, allá donde no entran la escoba ni el recogedor. Me molestan las proclamas, especialmente las que mezclan cosas, riman en consonante o adolecen de incorrección sintántica. Me asusta el resentimiento como motor de cualquier cosa. Creo que el empecinamiento en el dolor y el victimismo alumbra muertos. He observado que todos los "pringados de la clase" son carne de cañón de movimientos que los menosprecian pero los utilizan. No me gustan los rugidos, salvo los de placer hondo y estremecido.

Pero soy feminista, me parece, porque vivo y actúo sin pensar en las consecuencias que pueden derivarse de mi hecho (accidental) de ser mujer.  Porque nunca utilicé a un hombre como un sueldo Nescafé para toda la vida o un plan de pensiones vitalicio. Porque he aprendido que esa corriente subterránea de condescendencia de algunos que a veces es paternalismo,  a veces altanería y a menudo miedo, inseguridad o desconcierto, puede convertirse en un diálogo fructífero o en una pared muy tonta contra la que ni siquiera tiro la pelota.

Y me parece -no descubro la pólvora- que las ideas geniales salen de cabezas de hombres y de mujeres, no de entrepiernas. Y también las bobadas, las manipulaciones, las perversiones, la ira... 

Y creo, hija, que es un alivio que tu generación pueda pensar que es homo, bisexual, transgénero o mediopensionista, porque en la mía ni siquiera se planteaba que hubiera una pluralidad de identidades. Y me parecería deseable que además de hacer pintadas leyerais algunos libros y vierais algunas películas que os estimulen a haceros más preguntas, no sólo a asaltar una tribuna en actitud provocadora al ritmo de Rihanna.

Una mujer -homo, hetero, trans- debe dotarse de contenido. Igual que un hombre. Ser sólida es un camino, no  una moda como la sudadera Vetements o esa gorra que ayer no te quitaste ni para cenar.

Eres muy lista, usa tu genio y tu diferencia. Esa que ya mostraste a los tres años, cuando acariciando la pelusilla de tu nuca me dijiste con suma gravedad: "Mamá, creo que estoy a punto de convertirme en un caballo". No te dejes llevar por quien te empuja a ser como la masa. Párate y piensa.

Dar a un like no te convierte en nada. Tener followers sólo hincha la vanidad, que no es lo mismo que la autoestima, pero descuida que no irán a verte al hospital si te pones enferma. Ser violenta en un mensaje colgado del corcho del colegio no te hará más popular, sino más vulnerable. 

Dicho esto,  sé lo que quieras: feminista, homosexual, trans.. pero desde la exploración de ti misma. Es un camino mucho más largo y mucho más duro, porque se recorre en soledad. Una vez que las voces a tu alrededor callan y tú apagas el móvil y el ordenador y eres tú.

La identidad, de eso se trata. Bienvenida al mundo adulto, hija mía.








domingo, 19 de marzo de 2017

DIEZ RAZONES PARA NO PERDERSE "MANCHESTER FRENTE AL MAR"

Manchester frente al mar
1.Los personajes masculinos y la relación que mantienen entre ellos. No son héroes, no lo pretenden. Enseñan sus heridas abiertas, dejan que supuren delante de nuestras narices. Se muestran contenidos (incluso Lee, el protagonista que encarna Cassey Affleck, cuando la lía a puñetazo limpio) y dosifican la ternura en gestos cortos pero de alcance nuclear.

2.Las fachadas de las casas de los pueblos de Nueva Inglaterra donde se rodó la película. Ya quiero esos grises verdosos matizados por la nieve lenta, esos turquesas pasados por moho, esos tejados melancólicos y esas escaleras que llevan al centro de la Tierra que es una familia rota por un golpe de azar (o varios).

3.Michelle Williams en su diálogo desesperado con Affleck a pie de calle, el estallido de lo incurable, de las palabras contenidas a lo largo del tiempo que un cochecito de bebé logra catapultar y ya no queda otra que la huida.
Cassey, yo te daría dos!

4.Un final que no es feliz ni es infeliz. Es el que toca, el que a menudo acontece en la vida. La tercera vía que no te hace llorar ni tampoco te alivia, sólo te reafirma en que lo que ves es lo que es.

5.La loca vida de los basements americanos. Temo que si no consigo un sótano de aquí a que me muera mi existencia no será nunca demasiado interesante.

6.La moraleja sin moralina. A veces te rompes y simplemente sucede. Y hay un tiempo necesario para que eso salga del horno donde se cuece, y pueden ser años.

7.La música de El Mesías de Haendel en su banda sonora. Estuve años colgada de ella y no se me ha olvidado.

8.Que el hombre más roto del universo (Lee Chandler, o sea, Affleck) sea un handy man. Un reparador de cisternas, calderas oxidadas, muebles sin patas... Su voz arenosa, gutural, sexy.

9.La reflexión sobre la paternidad. Cómo un hombre que ha perdido a sus hijos en un dramático episodio (que no desvelaré, por no  ser acusada de practicar spoiler) puede seguir siendo padre a su pesar, y actuar como tal incluso cuando más se empeña en lo contrario. Me gusta que el amor incondicional que siempre ha etiquetado a la madre trascienda al hombre y sea tan cierto.

10.La ausencia de melodrama. Esta misma historia en otras manos estaría llena de trampas para la lágrima fácil y la histeria colectiva.

P.D. Podría seguir porque me han gustado muchos más detalles de una película que está a punto de desaparecer de la cartelera (al menos de los Cines Verdi). Yo que vosotros, correría.


viernes, 17 de marzo de 2017

HAY UN MILAGRO A LA VUELTA DE LA ESQUINA AUNQUE NO VEAS LA MISA DE LA 2

"Cada vez estoy más convencido de que en lo más profundo del dolor existe una fuerza vital que no admite parangón con ninguna otra cosa terrena, una renovación embriagadora, una rara superación de la voluntad interior...(...) Se puede hoy día sentir con más plenitud el triunfo de la vida". Stefan Zweig. De viaje, Europa Central (ed Sequitur).

No he hablado de lo que me calman las lecturas, o igual sí y me repito. Son bálsamos reconstructores. La solidez del cimiento en tiempos de marejada. Postes reconocidos, como esos palos que poníamos en las cabañas de la infancia para protegernos del escrutinio de los padres. Los mojones de mi paseo costero astur que indican que esta vez no me he perdido. O las manos con las que te tapas los ojos cuando ves una secuencia en el cine con jeringuillas y agujas. Empalizadas. Nos pasamos la vida levantando barreras para no sentir, para que no nos duela, para que no nos vean. Cuando con los libros podríamos construir una montaña sin grietas a base de susurros de autor. 

Hoy cita con el fisio para reconstrucción urgente de orografía de omóplatos, lumbares y alrededores. También otra cita, mucho más importante, con mi adolescente para hacerse un agujero de pendiente; su segundo agujero en una oreja, un símbolo; una pequeña transgresión frente a la ortodoxia de los dos aretes de la niña que ya no es. Quiere protegerse de ella, pero también de los adultos, y aún no ha descubierto al talismán Zweig (Stefan, who else?, si habláramos de café).

Ayer J. se cortó la melena densa, poblada y blanca. Una capitulación que clamaba al cielo. Luego me enseñó una foto de la mata de pelo desmayada sobre el suelo de la peluquería. Sansón no será ajusticiado por Dalila pero ya no tendrá donde esconderse de sí mismo. La coiffure tiene algo metafísico, un poder transformador que se ha banalizado y sin embargo cuenta. Mi horóscopo (Susan Miller es a los astros como Zweig a la literatura) dice que este mes ni se me ocurra experimentar con mis pelos. Un ángulo de quietud, una alfombra limpia y algunos amigos revoloteando y con ganas de enhebrarme en la aguja de sus planes. Y sin embargo un hilo de nylon, poderoso e invisible, tira de mí hacia mi yo más abisal. Un Viaje al centro de la Tierra necesario. Quietud y recogida si mis huesos vuelven a su sitio esta tarde y el cuerpo, devastado tras la chulería de comer boquerones en vinagre sin matar al bicho, se recompone y recupera del todo avidez, pulso y andares.

Esa fuerza vital que no admite parangón. Se refiere mi Stefan a la guerra europea y a cómo las ciudades devastadas tienden desesperadamente hacia  la vida. Lo vemos en Siria, acribillada. Seis años después del inicio de la contienda enconada y perversa hay niños jugando al fútbol entre una demarcación de escombros. Un impulso innato de vida cuando todo tiembla y se destruye alrededor, llámalo supervivencia, yo lo llamo milagro aunque no vaya a misa ni la vea en la tele.

Es viernes y huele a milagro. Sé que hay un milagro a la vuelta de la esquina. Sólo hay que quitarse los dedos de la cara, la aguja y la jeringa ya no están en pantalla. Sigue viendo la película, ansiosa de llegar al final, pero sin prisa. Cuánta contradicción, esa que nos define...


domingo, 12 de marzo de 2017

LA SUERTE DE ESTAR VIVA Y SENTIR VÉRTIGO

El domingo empieza eléctrico, con un hallazgo cierto. Una de esas pepitas de oro en el granero literario. Él se llama Suketu Mehta y le pido disculpas anticipadas porque cuando recomiende con vehemencia su libro magnífico "La vida secreta de las ciudades" (Randon House), es más que probable que le llame Sudoku o Zuhbi, se me figura.

Lo que distingue a un rico y a un pobre son los zapatos, sostiene y desarrolla. Se refiere a Bombay, ese país -digo país sin serlo porque lo es en su pulso y sus hechuras, Calcuta es la cuna del autor- . Y no puedo por menos que pensar en esos chicos a los que evidentemente no les sobra el dinero pero calzan zapatillas de deporte de más de cien euros. Los veo en el Metro de Madrid todos los días, entiendo que es la suma rebeldía, el escupitajo en el ojo de quien jamás los invitará a sentarse a su mesa. Pero me gusta la idea de entender al ser humano desde sus pies, sólo por sus pies sudados, eléctricos, apresurados, zambos, inquietos o menesterosos. Alicaídos, torpes, desgarbados.

Pies quietos. Cuando el suelo se mueve conviene alicatarse al suelo, a un suelo amigo que ya tiene la forma de tus huellas (domingo de cocina y música, letras y solitaria diletancia). "La música es la aerolínea más barata", sostiene Suketu, y añade que siempre es motivo de júbilo cuando el hombre escapa a la historia prevista para él. Yo ahora mismo vuelo al convento de Hildegarda Von Bingen, como me llamo en él, de tan teutona. Espere, Mr Mehta, no me destroce en cada página con bomba de racimo, deme resuello. Deja que me columpie entre los planos de mi casa y piense dónde colgaré esas lámparas diseño industrial que enfriarán la incandescencia de la madera. Por qué quiero pintar esa otra silla en el pantone gristurquesa que me extasia, y que "a ese paso odiarás, de tanto usarlo", me dice mi impecable Descreído.

Abandono a mi suerte en estampida. Mi ciudad es mi bata, ese atavismo, pijama y zapatillas. Los garbanzos en remojo en la cocina, el aire inquieto, nervioso, que sopla a mi cogote y se llama pensamientos. Turbamulta de eses y de jotas.
Hildegarda Von Bingen

Habla Suketu de las ciudades y su complejidad moral, de conflictos y malvados muy necesitados de contar historias. De esa corriente de barro impetuoso que son las mezclas de locales e inmigrantes, y a ratos salen flores. Entiéndeme Suketu, estoy elaborando al hilo de tus textos y a veces me suelto de manos, como de niña con la bicicleta. Y ya no eres tú sino soy yo con el impulso que me diste en ese párrafo  y compongo un looping en el aire y no enciendo un cigarro porque aún no fumo. Si así fuera...

Podría vivir hoy en tu libro. Tanto que me contiene. Es cálido y flexible, como zapato de rico en Occidente (La India es otra cosa, ya lo sabes).  Y también bisturí que abre mis carnes sin soltar chorro en sangre, de tan preciso.  Óxido y hueso, como aquella película.

Y ahora de pronto  me traes al Marco Polo de Calvino:

"Hay que llorar cada amor perdido, por necesario que fuera perderlo. Cada amor se sacrifica por el que vendrá a continuación. Me voy con la promesa de volver, aunque para entonces ella será otra mujer".

Qué suerte estar tan viva y sentir vértigo. Una semana es mucho, le quedan siete días.



miércoles, 8 de marzo de 2017

CONMOVIDA HASTA LA CARNE DE LOS HOMBROS (Día de la Mujer Trabajadora, lo que es lo mismo)

Una mañana, hace años, tras visitar una exposición en el Centro de Arte Reina Sofía, entré en su librería y me compré un ejemplar titulado "El libro de las mutaciones" de Yi King. Un compendio de pequeñas adivinaciones y textos filosóficos -algunos muy crípticos- que decía ser el libro de cabecera de los chinos y la obra más importante de la tradición de ese país.

Pese a tan ampulosas credenciales, mi presa era pequeño como un misal y confieso que me lo llevé por su portada, una delicadeza de diseño oriental donde un dragón expande su fuego con más cara de susto que de amenaza. No pensaba leerlo entero, desconfío de esas sentencias que no entiendes demasiado y te obligan a interpretar al pairo, con coartada sufí o tao, al son martilleante del oráculo. Mi intención era jugar al azar y divertirme, recrearme en expresiones y frases musicales.

Esta mañana en la que todos hablan del Día de la Mujer Trabajadora no tengo afán de estruendo de trompeta, sino acaso de tibio pizzicato. Y he rescatado el libro porque estoy mutando y pierdo piel a pellejos como una lagarta fatigada de caminos, loca de planes.

(Soy mujer, trabajo 365 días, como tantas, no veo límites y a veces me los pongo a mí misma, como atar los cordones de una zapatilla con los de la otra). Y si abro al azar mi libro de las Mutaciones, ese divertimento de tantas mañanas con tantos libros, me saluda una expresión para mí inédita: "Estar conmovido hasta la carne de los hombros". Y así ha sido cuando esta madrugada desperté y en mi correo había un plano amorosamente trazado de una casa que reza al dios Campo y desafía al viento más terco y asesino. Una proyección sublime, un ritual que se prepara y aún no es, y que me anima a proyectar todo lo que escribiré en esa mesa, cómo será la silla, qué esquina protegerá mi espalda, qué música envolverá el traqueteo de mis dedos al bies de la respiración de mis amigos ficticios.

Mutación, estoy de mutación y siento vértigo. (Y soy una mujer trabajadora, y blablablá. Y a ratos querría ser una vaga, permitírmelo, o al menos dejarme ir por la corriente y no andar siempre ganando tierra al viento, adelantando casilllas del juego de la oca antes de que la oca esté siquiera apostada en el tablero).
J.G

"El presagio es desfavorable y puede durar tres años". ¿Qué me quieres decir, noble Yi King?

Mi activismo de hoy -así celebraré este Día que no debe existir en el futuro- es regalarme un gramo de aliento. Parar y que suceda lo que toque, sin miedo y con un puñado de almendras en el bolsillo para el camino al patio. Soy el signo de Marte, guerreo por defecto, y hoy solicito un hombro que se conmueva por mí hasta la carne, un respiro y un signo que interprete sin prisas, a un ralentí que nunca va conmigo.

Soy fuego, el rojo es mi color, dice el horóscopo.  El dragón de la contra de mi libro misal es bermellón y juraría que ríe sin mirarme a los ojos, casi burla.

(Feliz Día, Hijas, Amigas, Hermana, Cuñadas, Madre, Compañeras, Colegas, Desconocidas que sois y laboraís a diario sintiendo lo que cuesta subir la cuesta. Fortaleza y alivio).