viernes, 31 de julio de 2009

HOMBRES Y MECHAS

Mi querida Big Bang,


Tengo delante de mí una maleta dispuesta a engullirme, con las fauces abiertas como un león de documental de la 2. De los del Serengueti. Mi salón es África, pero ni rastro de Robert Redford ni de su avioneta. Claro, leí en la peluquería el otro día que el actor acaba de casarse a los 72 años y debe andar de luna de miel en algún geriátrico para viejas glorias con mechas.

Yo, para mechas, me quedo con las de Jesús Calleja, el de "Desafío Extremo" (Cuatro). Mis amigas piensan que es una desviación propia de la edad, pero juro que nunca fui fan de nadie, ni siquiera de Leif Garret, otro yogurían con mechas que a mi hermana le disparaba las hormonas en los ochenta. Lo de mi Calleja es otra cosa. Tiene algo de Madelman y algo de doña Rogelia. Es el único "ochomilero" que se deja grabar con legañas o meando al borde del camino. Que dice "contra más tenses la cuerda, mejor" y una no siente que le han dado una patada en el hígado modelo RAE que lleva dentro. Mi Calleja se bandea por tierra, mar y aire y, en situaciones extremas, en lo alto del Himalaya, aguanta días sin lavarse otra cosa que...sus mechas.

Un hombre que cuida de sus mechas a ocho mil metros es un héroe que cuidará de tu sérum nutritivo en medio del desierto, si es preciso. Un ser que tiene claro sus prioridades. Y a mí eso me estimula y sirve como ejemplo para mi maleta. Veamos: a mi derecha, las lecturas del verano: Carver ("De qué hablamos cuando hablamos de amor"), Kureishi ("El buda de los suburbios") y Bolaño ("Putas asesinas"). A mi izquierda, Crema hidratante del Mar Muerto "contra celulitis y adiposidades localizadas", gel tensor anticaída de senos "que tonifica, alisa y eleva sutilmente", y "ampollas efecto flash para borrar los rastros de fatiga".

He de elegir. ¿Corto cable rojo o cable azul?. Pienso en esos miles de fans potenciales dispuestos a fascinarse con una conversación literaria a la sombra de un sauce llorón. Pienso en mi Calleja, en su avioneta y en todos los hombres con mechas que defienden su virilidad con un buen tinte rubio canario. Cierro los ojos, agarro las cremas y las lanzo al único hueco libre de la maleta, que cierra sus fauces de golpe sin darme pie al arrepentimiento...Bon Voyage!

jueves, 30 de julio de 2009

SEXO Y GAZPACHO

Mi querida Big Bang:

Ayer me pegué un atracón de gazpacho sin somníferos. Puse a tope "A Ciegas", de Miguel Poveda, y entre tarareo y tarareo sorbía y sorbía. Y de paso me sorbía los mocos, con perdón, y me restregaba las lágrimas contra el rímmel, porque a mí la copla me pone muy sentimental, y si es con gazpacho los efectos se multiplican.
Te cuento esto sin tapujos porque mis amigas me dicen que no eres remilgada. Que ellas te escriben barbaridades con onomatopeyas included y tú les regalas consejos asépticos envueltos en celofán. Así que copla más gazpacho igual a tupitaina segura. Me pasan cosas similares con otras acciones simultáneas. Por ejemplo, depilación a la cera más lectura de prospecto de medicamento. Si mientras te pegan el tirón estás en el capítulo de "contraindicaciones" o "efectos adversos" puede suceder que saltes de la camilla con una súbita manifestación de "efectos contraindicados" a nivel de las ingles. ¿Paranormal, eh?
Luego están los clásicos, como nadar y guardar la ropa, coser y cantar, leer el Hola y despellejar, ponerse el biquini y meter tripa o practicar el sexo y contar de diez en diez hacia atrás. Esto último, combinado con una coplilla de Miguel Poveda, te deja el cuerpo listo para zambullirte en una inmensa piscina de gazpacho postcoital, que garantiza diez o doce minutos de llanto y te deja como dios. Snifff.

miércoles, 29 de julio de 2009

NO TENGO REGRESO

Mi querida Big Bang. Soy un agujero negro. Desconozco si Stephen Hawking me admitiría como tal, pero lo que diga un tubarral ambulante en silla de ruedas me la refanfinfla. Más si se ayuda de una ecuación. Desconfío de los hombres que se explican con ecuaciones. Más aún si van en silla de ruedas. Soy un agujero negro, una masa resultado de una gran explosión que ha dejado mis vísceras flotando a cámara lenta, como los hombrecillos esos del Apolo nosecuántos en la nave cuando la fuerza de la gravedad se dio el piro. Soy un agujero negro y cuando se lo conté a mi amiga G. me reconvino: "Cuidadín con lo que dices, que suena a título de peli porno". Agujero es un término inconveniente, parece, salvo que te llames Lucía Lapiedra y vivas de ello. Lo incorporo en mi diccionario de incorreción porno-política y tiro millas. Bien, la cosa es que desde que mis vísceras flotan hago cosas extrañas. Ayer me di un atracón de la serie "Sensación de vivir". Un hit parade de los noventa de alto valor sociológico. Ellos iban peinados como Elvis y ellas llevaban los vaqueros a la altura del sujetador. Llegaban a la playa, bebían líquidos rosas con pajita y se besaban sin lengua. Todo super naif. Yo miraba la pantalla en estado hipnótico, jurando por el Vogue que nunca, nunca, llevé unos looks así en el pasado ni me besaron jovencitos de raza aria con banda sonora de los Beach Boys. Pero al primer capítulo siguió el segundo, y el tercero...y cuando me quise dar cuenta eran las 22h y mi cuerpo flotaba según las leyes de la desidia, una fuerza de la que el señor Hawking ignora su existencia. Houston, tenemos un problema!!!!