domingo, 30 de agosto de 2009

FLÁCIDOS DOMINGOS

Querida Big-Bang:


Miedo me doy los domingos por la tarde. Me entra un hormiguillo pertinaz en los pies y no se me ocurren más que malas ideas. Sí, he agotado ya lo obvio: repaso de pedicura y manicura en mi tono de esmalte rojo sangre de pichón, asalto a la nevera y consumo de carbonohidratos a saco, inicio del montaje del coleccionable "Construya la maqueta del Titanic" en 4.000 cómodas piezas y composición de la postura de la cobra según instrucciones de mi otro coleccionable: "Yoga para mentes inquietas". Dos hit parades del otoño.

Y aquí estoy, cual si me hubiera tragado un saco de pulgas, desazonada hasta el páncreas, rememorando los momentos más trepidantes de mi fin de semana.

Anoche fui a un espectáculo de mentalismo. El mago más bien parecía sacado de un concierto de los Scorpions: Pantalón pitillo negro ceñido, camiseta marcando venas, cucharas y tenedores enroscados como pulseras a la altura del codo, melena lacia hasta el culo y pañuelo pirata. Vamos, que David Copperfield le hubiera expulsado del gremio. Porque él puede que sea un violador, sí, pero un violador elegante con esmoquin de Armani y todas sus piezas dentales.

No como mi heavy metal, que tenía los incisivos tan negros que me pasé el rato tratando de comprobar si era hueco o roña, hipnotizada. Pero cuando más concentrada estaba va él y me dice algo. Sí, quería que sumara tres números secretos en un papel y retuviera la cifra en mi mente. Yo, que me aboné al suspenso en matemáticas en la guardería, y que lo único que retengo son líquidos. Me quedé bloqueada. Cegada literalmente por un foco de luz. El público, mi público, me miraba con muchas expectativas. Y por aprovechar el momento de protagonismo absoluto dije a todo que sí y sumé como pude, a la remanguillé. Por indicación del Scorpions todos me aplaudieron.

Llegó la hora de la verdad. El mentalista se concentró para leer mi número secreto por psiquismo, sonó un redoble de tambores, él escribió algo en una pizarrita y, pomposamente, dijo:

-¿Puedes mostrar el número que has apuntado en el papel?

Lo hice, y él levantó su pizarra hacia el público. Mi cifra era 666, el símbolo del diablo. La suya, 906090, las medidas de Naomi Campbell. Tras un instante eterno el público empezó a abuchear al pitoniso y a tirarle todo tipo de objetos contundentes. Yo sólo quería desaparecer, y soñaba con que Copperfield se manifestara y me arrancara volando, con o sin violación.

¿Habré arruinado la carrera de un hombre? me pregunto hoy en mi tedio dominical. Pero la respuesta es que no. Si te presentas vestido de tipejillo ante tu público, lo mínimo que debes hacer es resucitar a Michael Jackson, boicotear la tertulia de Curry Valenzuela o desvelar el paradero oculto de los antivirales. Que de aficionados con greñas lacias está el mundo lleno.

sábado, 29 de agosto de 2009

ESPECIAL MUJERETAS

Mi querida Big-Bang:


¿Te has fijado en que hay hombres que, con la edad, empiezan a feminizarse peligrosamente? Yo a este fenómeno, que no tardaré en ver publicado en el English Journal of Medicine o en Scientist, lo llamo "síndrome mujereta", y anunció que pienso registrar el nombre en siete idiomas para que no me plagien, que a los científicos les falta imaginación y talento para titular (con la gripe A lo han demostrado)

No como a mí, que llevo meses sugiriéndole a mi jefa que hagamos un "especial mujeretas". Un outing que pondría contra las cuerdas a muchos galanes consagrados. "Jefa, en el Cuore esta sería una exclusiva de alcance mundial -argumento-. Saldríamos en los papeles y me invitarían a Sálvame edición extramorbo". Ella me mira con esa sonrisilla indulgente y me sigue el rollo, no sin antes preguntarme si me he tomado la medicación.

Pero tengo pruebas. Mismamente, Johnny Deep. En mis fantasías juveniles aún sueño a ese hombre desaliñado, con las greñas delante de la cara y mirada chunga de "nena, te voy a hacer algo muy, pero que muy sucio". Ahora es todo pómulos, está más barbilampiño que Nicole Kidman y su boca podría competir en carnosidad con la de Angelina Jolie. ¿Acaso se alimenta de estrógenos en tortilla?

Algo parecido le está pasando a Brad Pitt. Tan rubito, tan falto de ángulos y de arrugas de expresión. En cuanto se pase de donuts tendremos a la dulce Mrs. Pitt, y las nostálgicas peregrinaremos a los video clubs a la caza de una copia de "Thelma y Louise" que nos recuerde la testosterona perdida. A él la bella lo echará de casa, no sin antes encasquetarle al hijo ese con cara de asesino en serie que adoptó en la selva vietnamita.

Menos amenazante es Junior, el de Rocío Dúrcal. Sí, sí. Tuvo su momento tórrido, similar al del Dúo dinámico (otros dos mujeretas, sobre todo el bajito). Pero tanta ranchera en casa y tanta hija de cara redonda, unido a los disgustos y al drinking, han rematado a ese hombre, que llora por las esquinas y los platós de la tele reclamando la virilidad a la vez que los derechos del chalet ese de Somosaguas que le reclaman los cara-redondas. Cría cuervos.

Con tanta mujereta en lotananza es hora de recuperar al verdadero macho. Un cruce entre Charles Bronson, Al Pacino y el feo de los hermanos Calatrava. Dan mucho mejor resultado que los efebos de manual, sus espermatozoides tienen pinta de ser más capaces y huelen a sudor de taller mecánico.

Y, lo más importante, ¡hay muchísima menos competencia!

jueves, 27 de agosto de 2009

UNA DE BRUJAS

Querida Big-Bang:


Tengo que confesarte algo, ahora que me he tomado el suero de la verdad (que, puedes estar tranquila, esta vez no es una Larios, la ginebra de los profesionales). Aquí donde me ves, tan racional, tan cartesiana, tan chica sin recovecos, pliegues ni curvas tortuosas, no arranco el día sin leer el horóscopo de Walter Mercado. Y sin interpretar convenientemente sus augurios para que todo se cumpla al detalle antes del anochecer. Es lo que tenemos las mujeres racionales, cartesianas. Eso y lo de visitar a la bruja una vez al año.

¿Que si te estoy poniendo los cuernos con una sacamantecas? No, mujer, noooo. Lo de ella es una fantasía inocente, una incursión en el más allá con bola de cristal. Un desahogo anual que me deja el bolsillo tiritando y la cabeza llena de pájaros. Un suponer: cuando ella me dijo que el hombre de mi vida estaba al caer, que era moreno, con los ojos claros, un tic facial y que en su lugar de trabajo sonaban muchos teléfonos y nadie los cogía, me pasé todo el año visitando ministerios, centros culturales, hospitales para enfermos de Parkinson y oficinas del INEM.

Cada vez que avistaba un hombre de esas características, lo miraba intensamente y, si él parecía mostrar interés, le sonreía. Conseguí tres o cuatro citas, con tres o cuatro pelmas casados y con temblores en los párpados que se pasaron la cena contándome lo arpías que eran sus respectivas. Y por ahí no paso. Yo no violo la sagrada ley de la solidaridad entre mujeres. Más si están casadas con funcionarios, bibliotecarios o parados con tics.

Pero conste que las cartas no mienten. Una, que ya es perra vieja, sabe de sobra que si sale la muerte en el tarot, que es la que lleva la guadaña, más te vale quedarte en casa una temporadita, aunque una docena de morenos ande por ahí fuera, aullándote desesperados. Igual que sabe que, de irrumpir la carta del Mundo, la suerte estará de tu parte y habrá que echarse a la calle ligerita de ropa y cargada de insensatez, a lo que salga. Aclaro que hasta la fecha esta última no me ha tocado nunca, pero de guadañas tengo un cuarto-museo en casa y organizo visitas guiadas.

Y mira que intenté sobornar a la bruja para que hiciera trampas con el mazo. "Hija, las profesionales de la videncia, como las putas, tenemos nuestra deontología profesional. Si no, el gremio se iría al garete", me respondió la última vez que se lo insinué. Y tuve que marcharme una vez más, con el rabo entre las piernas, a buscar indicios chungos por tierra, mar y aire. Agotador, sí.

Así que he pensado que con lo que me gasto en esta profesional del desengaño voy a comprarme un bolso de Vuitton con remaches de cocodrilo en peligro de extinción. Y que los potenciales hombres de mi vida más vale que enciendan el sónar y se apliquen en mi búsqueda. Una pista: Si creen identificarme, y para que no haya pérdida, sólo tienen que decir el santo y seña: "Larios, la ginebra de los profesionales".

lunes, 24 de agosto de 2009

LASCIVIA

Mi querida Big-Bang:


Quisiera anular mi pedido de tres cajas de Trankimazín destinadas a atravesar sin alterarme las obras de la calle Serrano. Para mis lectores de provincias, que son legión, diré que la que fue la milla de oro de la capital es hoy Bosnia Herzegovina en el fragor de la batalla. Un puro socavón lleno de hierros retorcidos y cemento. Y atravesarla una ginkana que deberían incluir como prueba para ingresar en el cuerpo de bomberos.

La cosa es que cada día me afano en cruzarla sin perder el equilibrio, un tacón o la dignidad. Cabreada como un mono. Jurando por san Pito Pato que me vengaré de Gallardón, Aguirre y sus respectivas estirpes, por los siglos de los siglos.

Eso, hasta hoy. Esta mañana me disponía a atravesar la zona cero cuando cuatro obreros de la construcción, sección "encofrados", me han piropeado a coro. No sé si en polaco, rumano o dialecto centroeuropeo, pero sus miradas no necesitaban intérprete. ¿Que cuánto hacía que un hombre menor de 50 no me miraba con lascivia? Mejor dejemos las efemérides para otro momento.

Esos operarios que sudaban al sol se han quedado patidifusos de mi donaire sorteando una zanja, y otra, y una tercera. Yo, que los miraba por el rabillo del ojo, me he empleado a fondo para que cada salto fuera más grácil si cabe. Entre el del puma y la garza.

Claro que, para mi sorpresa, tras los del encofrado han llegado los soldadores. Sí, esos que echan chispas con una pistola -y no es un simbolismo porno- también se han descubierto ante mi paso. Atónitos. Y eran nacionales, de los que tiran más a la teta como carreta y el muslo a lo Carmen Sevilla. Yo me he puesto toda hueca, con la ONU de la testosterona a mis pies. ¿Será verdad que a mi edad es cuando más irresistibles estamos?, me he dicho para mí y para mis adentros. ¿Acaso Ana Obregón lleva dos décadas de sabiduría incomprendida?

Con la mirada triunfante y dispuesta a chulearme ante mis coetáneas he emprendido la calle Ayala, donde un grupo de jovencitos tipo Melrose Place también me miraban fijamente. "Esto sí que es el acabóse, la ovación y vuelta al ruedo. Un casting completito de machos admirando una pieza única".

-Perdone, señora, pero lleva el vestido levantado por detrás... ha acertado a decirme el más guapo, un Brad Pitt del barrio de Salamanca, colorado como un tomate.

Lo que sigue ha sido girarme, comprobar con horror que, más que levantado, el vestido se había quedado enganchado a la espalda y yo parecía un catálogo de Victoria Secret de hace siete temporadas, y correr desenfrenadamente hasta el portal de la oficina, donde me he recompuesto del shock y he tomado una decisión crucial: En adelante, la lencería para atravesar Serrano será de "La Perla". Cara, sí, pero un espectáculo para masas bien merece la inversión. ¿O acaso la Obregón escatima en los bikinis?

sábado, 22 de agosto de 2009

AMIGAS Y CORTISONA

Mi querida Big-Bang:


Cuando un hombre te regala entradas para "El tour del Real Madrid", en el Bernabéu, en lugar de un fin de semana de lujuria, eso es amor. O al menos así lo entiende mi amiga M., reserva sentimental del grupo de la universidad. Más de tres lustros con el mismo hombre. Cientos de tardes de sofá y fútbol sin rechistar, enamorada hasta las trancas.

A los 40 (y alguno) los amores son volátiles y las amigas eternas
. Vamos, que a los primeros no les pasas ni una, salvo que mates por visitar el vestuario de Cristiano Ronaldo, pero tus amigas de hace más de veinte años tienen barra libre.

Anoche quedé con ellas para darnos los titulares del verano, escrutar el estado de nuestras lorzas post-playa y pimplarnos en confianza. Mi amiga M., que me pide anonimato absoluto bajo amenaza de retirarme la barra libre, llegó pelín más rellenita: "la cortisona del tratamiento, ya sabeis". Leve silencio coral. "Nooo, mujer, si no se te nota caaasi", respondimos al unísono. Porque las amigas de más de veinte años estamos para subir la moral del grupo. Y M.quedó satisfecha.

Llegó mi turno. Conté mi culebrón con pelos, señales y un dramatismo que ya lo quisiera para sí Dickens. Yo destilaba sufrimiento, recreaba las imágenes más patéticas de mi verano, con diálogos incluidos y alguna que otra onomatopeya, cuando M. va y suelta: "Yo quiero un cono". ¿Había oído bien?. Sí, la de la cortisona quería un cono, y no se lo pensó dos veces. Justo cuando mi relato alcanzaba el cénit del dolor, va ella y se levanta, para volver con un helado gigante de insultante color fucsia, relamiéndose.

"¿Es un helado de cortisona, no, bonita?", solté mi veneno.
"No, de nata con frambuesa. ¿Quieres?"
"Lo que quiero es un mojito doble con extra de ron y una amiga que me escuche".

A los 40 (y alguno) tus amigas son tu tesoro más preciado. Como un viejo sofá Chester de cuero marrón con la forma de tu cuerpo. Y son supersinceras. Tú dices, como así dije: "Estoy pensando en ir a un pub de intercambio de idiomas, para mejorar mi acento de Cambridge", y tu amiga M.I. responde: "¿Para qué? ¡Vaya coñazo! Ve a uno de intercambio de parejas y te ahorras el esfuerzo de llamar a las cosas por su nombre". ¿Otro ejemplo? Tú pides para picar unas tostas de foie, como así pedí, y tu amiga B. murmura: "No importa, pídelo, si yo llevo sólo 20 años diciendo que no soporto el foie, aunque sea de ganso biológico". Y así hasta el paroxismo.

¡Por mucho menos se han roto matrimonios de toda la vida! Pero las amigas de más de veinte años tienen bula papal. Las quieres a pesar de sus chascarrillos a tu costa, sus borderías más destiladas y sus balances sentimentales consolidados. Juro que si mi amiga M. me pide hoy mismo que la acompañe al tour del Bernabéu, allá voy de cabeza. Ya estoy aprendiéndome de memoria la nueva alineación del equipo, para darle una buena sorpresa. ¡Hala Madrid!

miércoles, 19 de agosto de 2009

CHICA DE AYER

Mi querida Big-Bang:

No pienso volver a los 80. Esa década maldita de mi adolescencia la que sólo sacamos en claro un buen puñado de grupos pop que, en muchos casos, terminaron peleados o colgados (y no en tus manos precisamente, rubito Baute). Un inciso: que alguien le diga a El Corte Inglés que retire a ese chico de la publicidad de las rebajas o que lo liquide en oportunidades. Y que parezca un accidente.

A lo que iba. Ayer me empapé el Vogue colecciones y fue comprobar que las hombreras han vuelto y sumirme en un shock que aún me tiene desorientada. Sí, yo también me disfracé en su día de jugador de rugby, abracé la combinación rojinegra, me puse calentadores y sudaderas con manga murciélago y me calcé los consabidos pantalones negros de cuero que, con el uso, cedieron hasta parecer pañales caídos que hacían que tu culo y tu espalda fueran una sola cosa ("campeona de natación", me decían: "nada por alante, nada por atrás"). Humillante, vaya.

Y mira que me curré la destrucción de pruebas. Reto a cualquiera a que consiga una foto mía de los ochenta. Por entonces mi prolija biografía apenas había sufrido descalabros. Bueno sí, vale, mi primer novio ya me había roto el corazón, mi primer peluquero ya me había achicharrado el pelo con aquella atroz permanente y mi primera copa de discoteca era el San Francisco. Una combinación letal de todo lo dulce con colorines que se puede encontrar en los bares. Sin alcohol, naturalmente.

Claro que por entonces yo apuntaba maneras, y era beberme el jarabe aquel y pillarme un colocón psicológico al ritmo de "En tu fiesta me colé". El objetivo de la transgresión era arrancar de mí esa pátina de colegio de monjas que me acompañaba incluso en los antros de vicio y perdición. Pero me temo que no tuve éxito. Eso o que el tamaño de mis hombreras disuadía a todos los modernos que me sobrevolaban. Que, siendo sincera, no eran muchos.

Mi querida Big-Bang. Yo tardé años en recuperarme de aquella década. De ahí datan mis primeros episodios de insomnio, los conciertos de Sabina en la plaza de las Ventas, zona sentada (para que te hagas una idea de lo marchosa que era una) y las lecturas de Cortázar, de lo más intelectual para alguien que se crió con "Puck colegiada". Mis esfuerzos por superar el peso de los ochenta me llevaron a ser chacha en Manchester (aunque la organización lo llamaba au-pair eufemísticamente). O sea, que puse tierra por medio y comí toneladas de fish and chips que dispararon hasta hoy mi colesterol LDL. ¿Y todo eso para nadaaaaaaaaaaa?

No pienso volver a los ochenta. Debemos aprender de los errores de la historia. El remake está sobrevalorado. Segundas partes nunca fueron buenas. Corren malos tiempos para la lírica. Y no, yo ya no soy esa chica de ayer, por mucho que, cada vez que suena la voz triste de Antonio Vega salte como un resorte y mueva las caderas cual si aún llevara aquellos pantalones de cuero. Si quieren guerra, la tendrán.

martes, 18 de agosto de 2009

SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA

Querida Big-Bang:


Anoche me preparé una crema ligera de calabacín. De postre, melocotón de Calanda, con denominación de origen (D.O) e infusión de boldo para la cosa del hígado. Cuando dispuse el botín en la bandeja serigrafiada de Lady Di me sentí muy satisfecha. Era la dieta de la ejecutiva moderna que regresa al ritmo de septiembre dispuesta a atajar la lorza estival.

Dirás: "qué relato tan apasionante". Pues la cosa es que mi bandeja y yo nos sentamos frente a la tele dispuestas a tragar basura, y nos encontramos con una entrega de "Callejeros viajeros" titulada "casas de ricos". Una pija cincuentona con acento nórdico llevaba a la lumpen-reportera por el parque temático del exceso: salones de 300 metros cuadrados con más dorados que un paso de Semana Santa sevillano, mármoles brillantes, cortinones con brocados, jacuzzis para ocho, vestidores estilo Imelda Marcos, pantallas de cine que subían y bajaban accionando un botón, piscinas sin bordillo... Un catálogo de lujo y espendor que sacó mis peores instintos a pasear.

"Sois unos horteras de bolera", pensé mientras apuraba el calabacín al ritmo tiñoso de la envidia. Hay que tener muy mal gusto para vivir en semejantes antros que, oh casualidad, costaban siempre cinco millones de euros. La cicerone no escatimaba en el recorrido, que terminaba en las estancias del servicio. Allí no había dorados, sino estanterías de IKEA, edredones naranjas con pelotillas y, en lugar del vestidor, lo que se viene llamando "la lavandería". O sea, un cuarto con lavadora y unidad de planchado del tamaño de mi salón, para que las mucamas se realicen.

A la lumpen-reportera se le veía el pelillo de la dehesa, porque en cuanto llegaba al submundo del servicio se expandía y ya no se quería mover. "Claro, tanto boato se te ha indigestado, nena", murmuraba yo en mi soledad. Y ella les preguntaba a todas lo mismo: "¿te dan mucho trabajo?". Siempre delante de la nórdica y a veces de la dueña. Vamos, como si a mí me preguntan delante de mi jefa: "Te explota la jodía, ¿verdad?". El servicio sonreía con cara de circunstancias y seguía planchando sin levantar la vista de la camisa con iniciales bordadas de turno, y la lumpen terminaba con esa frasecilla marca de la casa que suena a recochineo: "que tengas mucha suerte".

¿Suerte? ¿Se puede tener suerte siendo empleada doméstica en el palacio de Versalles, versión Marbella? ¿Se puede tener suerte menudeando limosnas en la India? ¿Y bajando a la mina? Estos Callejeros han perdido el contacto con la realidad. Desbordada de indignación apagué la tele, dije adiós a Lady Di (que mucha suerte no tuvo, la mujer) y me metí en la cama de mi habitación de tres por tres. Eso sí, dos horas más tarde me despertó un ataque de hambre y asalté la nevera, para zamparme un bloc de foie que me dejó como dios: "esto es lujo, y lo demás, tontería". Así que esta noche toca dieta resumen: sobras de crema de calabacín y una raja de melón. Eso sí, no pienso encender la tele.

domingo, 16 de agosto de 2009

CONTRA LA DEPRESIÓN, DIMISIÓN

Mi querida Big-Bang:


Acabo de escribir mi carta de dimisión irrevocable. Fue dejar atrás los montes astures y comenzar el ascenso a la meseta cuando me asaltó esa revelación que ya conoces: "No tengo regreso". La frasecilla es de un culebrón venezolano y la saco a colación cada vez que viene al caso. Incluso cuando no viene.

Te adjunto el borrador de la misiva, por si quisieras hacer alguna consideración. He intentado ser directa y no dejar resquicios para que vea que voy en serio. Muy en serio.

Querida jefa:

¿Recuerdas mi viejo sueño de montar una mercería con productos de poca rotación?...

(No, esta no vale, ella sabe que vender bragas a las gordas del barrio no me realizaría nunca, y que los lazos de colorines están en franca decadencia desde que las niñas quieren ser Britney Spears).

Querida jefa:

No se pueden poner puertas al monte. ¿Recuerdas a Heidi, tan chuchurría cuando llegó a la cabaña del abuelito y tan rechinflante quince días después? Pues esa soy yo, sin chapetas en las mejillas ni Pedro con cabra que me ronde.

(Uff, por ahí tampoco voy bien. Los dibujos animados de nuestra infancia eran traumáticos. Hay gente que se colgó de melancolía con "Marco, de los Apeninos a los Andes" y allí se ha quedado, buscando a su mamá. Para que ahora digan de la violencia de los videojuegos...)

Querida jefa:

¿Recuerdas cuando me quisiste echar por comer una bolsa de Cheetos barbacoa en tu despacho justo cuando nuestro megacojosuperjefe entraba por la puerta? Pues que sepas que estoy siguiendo la dieta del colorante naranja y mi endocrino me ha prescrito tres bolsas en desayuno, comida y cena. Y que para mayor efectividad me las zampo a puñados y mastico con la boca abierta.

Querida jefa:

He perdido todo mi glamour. Huelo a estiércol y a vaca. Además, acabo de ingresar en alcohólicos anónimos por sobredosis de sidra y pienso dar mi nombre, apellidos y el NIF de la empresa.

Querida jefa:

Me han secuestrado unos hombres muy malos. Dicen que no te molestes en pagar el rescate.

Querida jefa:

Vaaaaaaaaale. Allí estaré el lunes, pero ordena a todos que no me hablen, que hagan como que no me ven. Que he entrado en brote psicótico postvacacional y que puedo hacer diabluras con el cutter. Avisada quedas.

Tuya afectísima.

viernes, 14 de agosto de 2009

CORTES DE MANGA

Mi querida Big-Bang:


Me caes fatal. Tú también, sí. Y te lo voy a decir porque me estoy leyendo un manual de autoayuda titulado: "Sin pelos en la lengua: dígaselo y salga corriendo", que encuentro de lo más revelador. Creo que la corrección política está muy sobrevalorada, como el tinto de verano en verano o el buen-rollismo de Lorenzo Milá. Una ni bebe vino malo disimulado con burbujas ni eran fan del Telediario de la 2.

Ojo, que tampoco he leído a Larsson, lo que me descalifica para esas apasionantes sobremesas donde si no aportas algo sobre la trilogía Milenium no eres nadie. Yo, del insondable mundo sueco sólo soy fiel a ABBA, a la princesa Victoria porque va a casarse con un musculitos tonto de gimnasio y a los taburetes de IKEA. Vale, sí, intenté tragarme la película "Los hombres que no amaban a las mujeres", pero mi amiga Alicia y yo salimos espantadas a la segunda violación, porque para desaprensivos ya tenemos a los del mundo real. Claro que fue salir del cine y zamparnos una lata de berberechos con Ribeiro fresquito que nos puso en órbita y predispuestas a la aventura, siempre que no fuera con un sueco.

Tampoco soporto los "Doce días, doce causas" de Telecinco, y en general las buenas intenciones que se anuncian en los cortes publicitarios. Tú estás, verbigracia, viendo un capítulo de House y es como un chute de retorcimiento mental refinado. Quieres ser mala e ingeniosa. Incluso coja. Y entonces van y te sacan un anuncio de ésos para ponerte blando el corazón. Para hacerte un poco Lorenzo Milá, para entendernos. Y eso es como un electroshock.

¿Que de dónde me sale tanta bilis? De mi alma ponzoñosa, claro. Y de la fascinación por el lado oscuro. ¡¡¡Odio, odio, odio a Peter Pan!!! Odio el Telecupón. Odio los lugares comunes, e incluso algunos no comunes. Odio las carreteras mal señalizadas y los mapas de carreteras que no entiendo. Odio a los vegetarianos, incluso a los ovolácteovegetarianos. Odio los menús de bodas y comuniones, las bragas con lycra, los tacones de plexiglás. Odio las tertulias y a los tertulianos, a las mujeres (y hombres) que no se despeinan ni debajo de las sábanas, la Semana Fantástica que dura 15 días, a los políticos en vacaciones, las fiestas con causa e incluso las buenas causas.

Y ahora que me he desahogado parcialmente, voy a ver si termino mi libro. El capítulo de hoy se titula: "Cortes de manga, modo de empleo". Mañana te cuento...

jueves, 13 de agosto de 2009

MUJER BLANCA CON SÍNDROME BUSCA...

Mi querida Big-Bang:


Me he levantado con un síndrome postvacacional del carajo la vela. Sí, ya sé que aún estoy de vacaciones. Pero a una le gusta anticiparse a todo, igual que hace El Corte Inglés con la vuelta al cole. Están los pobres niños dando paletazos aún en la playa cuando una voz pretendidamente despreocupada y cantarina les recuerda desde la tele que empiecen a afilar los lápices y a probarse los zapatones azul marino. ¿Dónde están entonces los defensores de la infancia, eh? En la playa, naturalmente, que para eso es agosto.

Como te digo, hoy me he despertado con mentalidad de trabajadora asalariada. O sea, a las 6.45h, y mi primera gran preocupación ha sido: ¿sabré andar aún sobre mis plataformas de 16 cm? Llevo tres semanas a ras de suelo, y semejante ascenso necesita su aclimatación, igual que hace mi Jesús Calleja cuando sube al Himalaya en su "Desafío Extremo" más recurrente. Que si campo base 1, que si campo base 3. Yo siempre me pregunto quién monta los campos base ésos para que estos señoritos lleguen y se "aclimaten". Porque a los zapadores no los sacan en faena, y apuesto a que suben del tirón, les da una lipotimia y continúan clavando piquetas con un globo por falta de oxígeno que te cagas.

Vamos por partes, que diría Jack el Destripador. Decidida a aclimatarme he salido a caminar elevando los talones 6 centímetros con alevosía, nocturnidad, mis mallas más patéticas, los pelos disparados en todas las direcciones y unas legañas como cráteres. Total, me he dicho, a esta hora sólo están despiertos la vaca Ivana, los cerdos del corralillo y, a mucho tirar, una babosa tamaño XXL con la que podría rodarse un remake de Alien con sólo darle un pisotón.

Bien, pues ha sido poner un pie en el prado y comenzar mi paseo sobre stilettos invisibles cuando ha aparecido la mujer de Mr.Shrek, mi casero, como si la avisaran. "Cuánto madrugas hoy", me dice con aparente naturalidad, no sin antes echar un vistazo rayos-X a mi look. "Es que me estoy aclimatando", he acertado a responder, sin bajar los talones. "Ahhh". Y tras cercionarse de que no le iba a aportar más datos sobre mis extravagancias matutinas se ha metido en casa, para mirar a gusto detrás de las cortinas.

Claro que ésta no sabe que yo, con público, me vengo arriba. Lo doy todo. Y así he decidido pasar de un tirón del campo base-1 a la cima, emulando el salto en puntas de Billy Elliot. Una vez arriba y en precario equilibrio me he concentrado en un punto fijo, tal y como le dice la maestra esa con cara de vinagre, y ahí me quedado, impávida, con un dolor de gemelos cual si hubiera escalado el Annapurna. Diría que sólo me ha faltado el banderín de "Castilla y León" de mi Calleja para bordar la foto que mi casera me hacía desde su escondite, para chulearse de inquilina exótica con sus comadres cuando yo vuelva el lunes a la oficina, tambaleándome desde mis tacones. Socooooorrroooooooo!!!!

miércoles, 12 de agosto de 2009

STAR-WARS, DESAFÍO LETAL

Mi querida Big-Bang:


Anoche las Perseidas me pusieron los cuernos. No es la primera vez que me sucede -que me los pongan, quiero decir-, pero sí la primera que lo hacen unos astros anodinos cuya presencia había sido anunciada a bombo y platillo cual llegada de americanos en "Bienvenido Mr.Marshall".

Yo, que conservo intacta mi ingenuidad, me había preparado para la ocasión con unos prismáticos de diez mil aumentos y una red cangrejera para pillar estrellas despistadas. Era la noche.Mi noche. Y había pasado la tarde atusándome para la ocasión: depilación integral, rodajas de pepino con yogur para que desde el más allá se me viera tersa, visionado de Star-Wars, Alien 1,2,3 y todas las entregas de Men in Black... y hasta E.T. Me las tragué todas sin pestañear, inmóvil cual esfinge para que no se desmoronase el pepino de los párpados superiores.

Tú lo sabes, cuando tengo un objetivo en la vida no hay quien me detenga. Ni siquiera la mirada atónita del vecino, que me sorprendió en el sofá con la ensalada en la cara, los pegotes de cera en las pantorrillas y el mando orientado hacia la tele mientras tarareaba desgañitándome el ataque de Luke Skywalker a los malos del lado oscuro. Te adelanto que el chaval aún no sabía lo de su padre y que la cursi de la princesa Amidala no había eclipsado los rodetes "Dama de Elche" de Leia.

Precisamente Leia me dio la clave para mi estilismo. Túnica blanca, dos ensaimadas en el pelo, prendidas con horquillas y de un bote entero de laca, y tres copas de whisky que me enjareté sin respirar. El resto de toxicomanías las obvié, porque soy madre de familia y además la nave nodriza la conduciría yo.

Tambaleándome metí a las niñas en el coche y puse rumbo a ALFA-112, la latitud convenida. No sin antes despedirme de la vaca con un titubeante "que la fuerza te acompañe, tronka". Entonces, tal y como había visto hacer mil veces a Mr.Spock, pisé a fondo el pedal de ignición de la nave para que nos teletransportase rumbo a Orión. Lo siguiente que recuerdo es al vecino aterrado dándome palmaditas en la cara, y una sirena de fondo con luces que se apagaban y encendían muy deprisa. "¿Sois las Perseidas?", murmuré. "No, señora, Fidel Rodríguez, del SAMUR, para servirla". Justo antes de perder el conocimiento decidí que la próxima vez me inspiraré en Dark Vader, mucho más intimidante que Leia y sin vicios tóxicos conocidos. Dónde va a parar.

martes, 11 de agosto de 2009

GUERRERA BUSCA ESPOSA

Mi querida Big-Bang:


Mi amiga Olga asegura que lo que yo necesito es "una buena esposa". Me lo soltó justo antes de las vacaciones, y justo antes de que el ascensor la engullera rumbo a su revista de glamour y lujo, en el piso de arriba. Sólo faltó un poco de humo al estilo "Lluvia de estrellas" para rematar el efecto. Yo me quedé paralizada en el vestíbulo, pero llevo meditando sus palabras desde entonces. Una es impulsiva, sí, pero cuando le dan un titular de este calibre lo rumia durante semanas, y eso es perfectamente compatible con la digestión de los percebes y bogavante de anoche bien regada -anegada más bien- de vino y gin-tonic.

Yo pienso en buena esposa y me sale Doris Day. Una mujer ánfora con vestido volandero, escote generoso y sonrisa perenne de serie bajo unas mechas rubias impecables con bigudís envueltos en redecilla. Pero, puestos a hacerme lesbiana, prefiero a Sophie Marceau. Tan perfecta, tan chic, tan inalterable, tan francesa. Sin ese punto plastiquero de Angelina ni esas carnes desbordonas de Scarlett. Ahora bien, dudo que fuera una partenaire de manual, el descanso de la guerrera que mi amiga me sugiere.

¿Y si pongo un anuncio en el periódico? Porque lo de ir al "Diario de Patricia" te parecerá excesivo, ¿no?. Digo yo que algo discreto del tipo: "mujer extenuada busca congénere dispuesta a escuchar sin arreglarle la vida, indulgente y afectuosa, sin taras emocionales ni mechas platino". No sé, no sé... Creo que debo madurar más mi estrategia, que el prado me está ablandando el cerebro y que la holganza con vacas produce extraños efectos a nivel hipotálamo.

¿Que a qué viene esta ramplona disquisición anatómica repentina? Digo yo que a que el otro día leí en una entrevista a una eminencia científica que el cerebro de Einstein y el de Paquirrín, abiertos en canal, serían exactos. Y esto me tiene muy desazonada. Porque ¿y si el de la Marceau se parece al de Belén Esteban y, un suponer, cuando llegue a casa la guerrera que soy le sale una esposa mal encarada y en chándal acrílico, masticando chicle con la boca abierta y mascullando: "la copa te la vas poniendo tú, cari, y de cena bocata de choped o chistorra. Y punto". Uff, sólo de pensarlo me está dando un ataque de heterosexualidad furibunda. ¡¡¡Una solución quiero!!!!.

lunes, 10 de agosto de 2009

SUSTO O MUERTE

Mi querida Big-Bang:


Te sugiero que le digas a la trastornada ésa que te escribe a diario contándote el parte metereológico asturiano que todos añoramos a Maldonado y que en su lugar han puesto tías buenas en la tele para hablar de cirros y anticiclones. Y que se las perdona porque están buenas. Pero no locas. A ver si pilla la indirecta y deja de martirizarnos, que nos estamos jugando el equilibrio mental de toda una generación.

Bien, querrás saber cómo voy de lo mío. Pues depende. Creo haber finiquitado el insomnio, pero a cambio se han instalado las pesadillas, así que me temo que voy a cambiar las ojeras de 5 cm (las medí) por los ojos de terror 24h. Y no creo que la culpa la tenga sólo la programación de la tele, que lleva tres días poniendo películas de hombres lobos y asesinos psicópatas, no. Me temo que tengo que ir drenando los venenos que me ha inoculado la vida este último año. Y lo haré con sudor, como decía la Rottenmeier de "Fama".

¿Que de qué van mis sueños?. Nada morbosos, me temo. Hoy iba a una tienda de saneamientos y robaba una cañería de cobre. Al salir, el dueño me increpaba acusándome de ladrona y yo le juraba que ya entré al local con el alijo. Con tanta vehemencia que el tipo terminaba dudando. Pero entonces la tubería se desenroscaba sola y trepaba hasta mi garganta, enroscándose con fuerza hasta ahogarme. Lo que sigue es gore del bueno, y el quiera verlo que se compre la entrada.

Te adelanto que no creo nada en las interpretaciones de los sueños. Que el señor Jung ése debió hacerse de oro convenciendo a las almas cándidas de la época de que soñar con un toro era que querías que te violaran y tal, pero en todo caso aún no ha nacido el guapo que sepa interpretar el sueño con una cañería de cobre hurtada que cobra vida, ¿o sí?.

Yo, por si acaso, he decidido no dormir en absoluto. Como en "La naranja mecánica". Voy a ponerme unos palillos en los ojos y a pasar las noches en vela viendo bazofia en la tele. Ya espero ansiosa las sorpresas de la teletienda, los peliculones serie B, la reposición de "Vacaciones en el mar" o alguna porno light de esas que pone el canal de Frade, el de Norma Duval. Un tipo muy serio que ha tenido el buen juicio de no incluir el parte metereológico en la parrilla del Canal-7. Yo ya soy fan. Por norma.

domingo, 9 de agosto de 2009

DUCHA O ENSALADILLA

Mi querida Big-Bang,


Acabo de tomarme una infusión de hierbas varias del prado, con la esperanza de que alguna tenga efectos alucinógenos. Podía haber seguido el ejemplo de Marilyn con las pastillacas, mucho más dramático y glamouroso, pero en Asturias pasan de las lánguidas con voz de gata ronca, aunque le canten el "Happy birthday" al presidente ése que tienen con problemas de próstata.

No, no es un intento de suicidio. Sólo quiero un viaje lisérgico al Caribe, con su sol calentorro y sus negros solícitos. Y ahora no me vengas con que soy racista. Una mujer desesperada que mira al cielo y sólo ve color gris panza de burro tiene licencia para el comentario chungo, digo yo.

Anoche sucedió algo que todavía me escuece. Era la gran cita, la fiesta más esperada del verano. La de los vecinos del uptown del pueblo (o sea, los que tienen las casas según subes la cuesta a la izquierda). Cada invitado debía llevar alguna vianda, tema libre. Así que, tras darle muchas vueltas y dudar entre pato a la naranja y foie a la reducción de Pedro Ximénez, opté por la ensaladilla rusa de toda la vida. "Un valor seguro", me dije.

Y al colmado me fui, como Caperucita, con la cesta y la lista de los ingredientes. Compré de todo, sin escatimar, y cocí pacientemente las patatas mientras le daba al vinillo y escuchaba "Eva María se fue". En un frenesí culinario yo pelaba, cortaba, removía y, hora y media más tarde, extenuada,tenía delante de mí dos enormes fuentes de ensaladilla decoradas como un cuadro de Miró. De concurso, diría.

Convencida de mi éxito y tras negociar con las niñas ducha a cambio de chuches, las engalané con sus mejores looks y allá que fuimos. Medio centenar de desconocidos se ponían ciegos en torno a dos mesas llenas de quesos, membrillo, canapés, tortilla, caldereta de bonito y todo lo que un estómago ansioso y astur puede soñar si además le pones cerca unas sidriñas. Tímidamente dejé una ensaladilla acá y otra allá. Nada, era como si no las vieran. Tímidamente me acerqué y les quité el plastiquillo, por si no atacaban las fuentes por timidez. Nada. En esto que se me acercó un conocido para darme palique y yo seguí como pude la conversación, sin poder apartar el rabillo del ojo de mis ensaladillas, que parecían tener una valla electrificada alrededor.

Dos horas después tuve que admitir mi derrota. Los cincuenta estaban ahítos y ya no iban a probar un bocado más. Mi hija Irene, que es de las que no se cortan, soltó con voz perfectamente audible un: "mamá, vaya éxito que han tenido tus ensaladillas" y esa fue la señal. Agarré una fuente, le ordené a la adolescente bocazas que cogiera la otra y pusimos pies en polvorosa jurando que nunca más volveríamos a participar en un evento semejante. Clara, la pequeña, se metió en el coche, echó un último vistazo a las ensaladillas y masculló el colofón de este relato: "¿Y para ésto nos hemos tenido que duchar?".

sábado, 8 de agosto de 2009

AUUUUUUUUUUUHHHHHH!!!

Mi querida Big-Bang,


Tercer día de lluvia. Mi equilibrio emocional se resiente. Marejada en el lóbulo temporal. Olas de siete metros a nivel páncreas. Frente frío en el corazón. O llega ya un anticiclón o salgo en el telediario, sección sucesos, después de la noticia de los incendios y antes del posado de Leti en Palma de Mallorca, donde luce un sol insultante.

Por si fuera poco, hoy no podemos salir de casa. Doscientos mil pirados con canoa se disponen a bajar el Sella al son de "Rema, rema, marinero" y han tomado la zona, como las invasiones bárbaras. Así que ando como un oso enjaulado, buscando alguna víctima propiciatoria para un holocausto. ¡Que tiemblen mis hijas!

Ya se sabe que el tedio en aislamiento es muy peligroso. Recuerda a Jack Nicholson en "El Resplandor". Yo de momento no escribo una misma frase mil veces, pero a falta de actividad hago listas absurdas, acuño proverbios, paso la fregona o ensayo sin música los temas que cantaré en el karaoke de esta noche.

He aquí algunos de mis pensamientos pasados por agua. Te ruego que si alguno de sobresalta me hagas llegar un alijo de Lexatín, Trankimazín o algo. No respondo de mis reacciones a partir de las 72 horas. Y el que avisa no es traidor:

1. Botafumeiro: Dícese del movimiento tembloroso de la cara interna de los muslos cuando emprendo el trote de la toalla a la orilla del mar.

2.¿Cuántos Bailes de la Rosa celebran los Grimaldi al año? O el HOLA miente o vivo en un estado de permanente dejà vu monegasco.

3.Necesito YA la dirección del cirujano plástico de Demi Moore.

4.Una confesión: He visto los últimos tres capítulos de "Amar en tiempos revueltos". Vale, sí, hay perversiones menos bochornosas.

5.No beses, no des la mano. Di "hola". No es mío, sino del Colegio de Médicos de Madrid, en su campaña de prevención de la gripe. Un consejo sabio, que suscribo (total, nadie besa a las trastornadas sin paraguas).

6. Comienzan a afilárseme los colmillos y a salirme pelo en las palmas de las manos. Recordarme ir al colmado a encargar un pistolín con balas de plata.

viernes, 7 de agosto de 2009

LA ESTRATEGIA DEL CARACOL (plagiado)

Mi querida Big-Bang,


Tengo el corazón vacío, el riñón vago y el hígado en llamas. No lo digo yo, sino mi médico/acupuntor/adivino. Un tres en uno que con sólo presionar mi muñeca diagnosticó el caos de mis vísceras, sin darse cuenta de que soy una obsesiva/ansiosa/compulsiva y que cuando me dan un titular así puedo pasarme días, y hasta meses, dándole vueltas de una a cuatro de la madrugada, como un hámster en la ruedecilla de su jaula.

Aquí no hay roedores, pero he comenzado a hacer un censo de bichos de pradera asturianos y llevo veintitantas especies. La ventaja es que cuando los conviertes en números dejas de tener sentimientos hacia ellos, como sucede en la Seguridad Social. Tal mecanismo de defensa y adaptación nos permitió zamparnos un platazo de caracoles con jamón sin derramar una sola lágrima. Y eso que los habíamos recogido nosotras en diferentes batidas. ¿Que deja de llover? Enganchamos una bolsita del súper y nos echamos al camino. Es sólo cuestión de tiempo. Los bichos, que muy inteligentes no parecen, salen siempre a llenar de babas el prado y aledaños, con esa velocidad constante e inalterable que tienen. Y muy torpe tienes que ser para no darles caza.

Aquí, en el campo, se le despiertan a una los instintos más primitivos. No hay códigos, no hay protocolos. Imagino que el estilo de vida del Cromañón era muy similar al nuestro. Y tengo pruebas. Anteanoche mi amigo el pirata dio por hecho que nos había invitado a cenar. Como no había confirmado la cita en todo el día, y según la etiqueta urbanita, interpreté que no había cena y procedí a prepararla con la venia de mis riñones vagos. Justo cuando mis hijas atacaban sus macarrones con el ansia habitual y mi amiga y yo nos disponíamos a comer verde cual caracoles, llama el hombre y me echa una bronca del carajo por no aparecer. Yo mascullo, palidezco, doy explicaciones entrecortadas y entonces él brama: "Tira los putos macarrones por el váter y venid YA".

Juro que vi pasar mi vida entera por delante. Juro que no había obedecido a un hombre en la última década. Juro que solté los macarrones y emprendí una carrera veloz hacia el coche, al grito de "marica el último", hasta la mansión del pirata, que se relamía de gusto viendo a la fierecilla domada. Si mi médico/acupuntor/adivino me tomara el pulso ahora mismo diría que tengo el corazón vacío, el riñón vago, el hígado en llamas y el orgullo pisoteado. Como el de un caracol al borde del camino.

jueves, 6 de agosto de 2009

ESCRITO EN LOS ASTROS

Mi querida Big-Bang:


Mi horóscopo dice que me cuide de los traidores, así que ando parapetada en la cocina y, de cuando en cuando, oteo desde la ventana por si vienen sin darme tiempo a coger el cuchillo. Claro que, en mi estado, lo mismo cojo un trinchador de pollo sin punta o el paquete de espaguettis como armas de disuasión masiva.

¿Que defina mi estado? Postraumático, resacoso, subliminal. Ahora es cuando pones esa cara de: "mira que se lo dije, que el alcohol le produce delirios", pero por algo elegí la consulta epistolar, para no soportar tu falsa cara de póker. ¿Que si estoy muy crecidita? Afirmativo. Anoche participé en un ritual de expulsión de malos humores que ya lo querría para sí la hechicera Lola, la de las velas negras. Había luna llena, y eclipse (o eso dijeron, porque no vi ni a la una ni a lo otro), y quemamos bajo un árbol sendos papeles con deseos y antideseos. No recuerdo muy bien lo que pasó, pero sí que todas las pavesas quemadas de los antideseos terminaron en mi cara, tras un revoloteo vacilón. Ahora sólo me queda esperar con mi cuchillo a que se cumplan.

Entretanto, y dado que no está en mi mano impedir que se cumplan los mandatos del destino, hoy me quedo en casa, brother, saboreando la noticia de las cuatro mujeres que, tras simular una orgía, se vengaron de su amante pegándole el pene al tronco con pegamento. Eso es una vendetta y lo de los sicilianos son tonterías. Bien pensado, ya tengo un plan para cuando vayan llegando los traidores que me auspicia mi horóscopo. A mi derecha, un tubo de Loctite, pegamento infalible, tamaño XXL. A mi izquierda, el manual de la orgía fetén. No hay nada como arrancar el día sin sobresaltos, con un plan perfectamente diseñado por los astros.

miércoles, 5 de agosto de 2009

TERRORÍFICAMENTE TUYA

Mi ¿querida? Big Bang:


Terminé la biografía de Mary Shelley en un suspiro. Concluí que se inventó Frankenstein tras imaginar a su hombre ideal con piezas de su marido, del poeta Percy B.Shelley, de Lord Byron, de Prosper Merimeé y hasta de alguna que otra mujer fascinante que pasaba por allí. Así cualquiera. Negrita

Mis monstruos, lo sabes, carecen de estatura intelectual. Está Mr.Shrek, mi casero de Asturias. Un ser inmenso de mirada noble y zancada generosa que se gana la vida en la ciénaga. El hombre que puso una vaca en nuestro prado y que cada noche vuelve de su recogida de basuras con algún tesoro: collares de cuentas de cristal, televisores sin pantalla plana, vajillas desportilladas o lavadoras resucitables.

Está la vaca, bautizada como "Cubana" pero que mi hija se ha empeñado en llamar "Ivana" y no hay quien la apee de ese burro. Claro que, bien mirado, Ivana es mucho más propio de una vaca. Y aunque empezamos nuestra relación con mutuos recelos, a día de hoy acude trotona a mi llamada, se deja acariciar su penacho negro y hasta me da lametones. Añadiré que, si no fuera porque Mr.Shrek jura que es vaca todos pensaríamos que es un toro, por el negro zaíno de su pelaje.

Está el Pirata. Ojos negro tizón que van dos metros por delante de él, mata de pelo blanco de punta, como si viviera con los dedos metidos eternamente en un enchufe y misterioso bolso bandolera en ristre. Dice ser profesor de secundaria. Nota a pie de página: Utilizaré su pelo para mi monstruo. Me fascinan las cabelleras tupidas.

Y está la buganvilla, que alberga un sinfín de especies animales que apenas dan la cara pero hacen ruido por la noche. Un ruido inquietante de alas, picos y patas que se ha instalado en mis pesadillas y, lo que es peor, en las de mi amiga Alicia, que anda loca con un bote de insecticida a todas horas dispuesta a extinguir dos o tres especies de animales de un plumazo. Si antes no nos intoxica, la utilizaré para completar alguna pieza letal de mi monstruo. O varias.

martes, 4 de agosto de 2009

QUIERO SER CARLA BRUNI

Mi querida Big Bang,


Sigo con mi insomnio pertinaz, pero al menos anoche conseguí que se me durmiera la pierna izquierda. No sé si es un gran paso para la humanidad, pero sí un pequeño avance para mi cerebro exhausto. El problema es que el hormigueo en la pierna te hace aún más consciente de que el resto del cuerpo está de guardia y sin fusil.

Como he venido a un pueblo y quiero mimetizarme con el estilo de vida local, dejé el Orfidal en el cajón de mi mesilla urbana. Los de pueblo no se drogan. Eso sí, se meten unos peroles de cocido montañés que al concluir sólo les queda una opción: desplomarse en el sofá de skay a dormir la digestión eternamente. O la mona.

Yo, como no duermo, he decidido prescindir del cocido montañés y hasta de las sardinas, no sea que también sean contraproducentes para lo mío. Me centro en los espirituosos locales y en el gin, que te dejan cierta sensación de somnoliencia y te predisponen a la sociabilidad. Anoche, sin ir más lejos, me empujé una copichuela y me eché al prado a contemplar las estrellas. Había muchas, muchísimas, juraría que más de la cuenta. Y lo que iba a ser una experiencia relajante para urbanitas ebrios se convirtió en una pesadilla. ¿Dónde estaba la Osa Mayor? ¿Y Venus? ¿Esa luz que brillaba potente en lotananza era un OVNI o la bromilla pesada del vecino de enfrente, que quiere confundirme por borracha y por desestimar su cocido montañés?

Menos mal que me queda Carla Bruni, el antídoto ideal contra el insomnio, el alcoholismo y la incompetencia en materia estelar. Oye, que pones a tope su hit-parade de cuando aún no se había ligado a Sarzoky y de repente estás muy buena, has crecido 20 centímetros y te sientes capaz de dormitar con un ególatra al lado, si procede, escuchando La Marsellesa. Buenas noches.

lunes, 3 de agosto de 2009

EXPEDIENTE LENTEJAS

Mi querida Big Bang,


Hoy he vuelto a quemar las lentejas. Y no es por falta de vigilancia a pie de fogón. Es algo psíquico, un ejemplo de fatalismo inevitable. Igual que perderme cada vez que voy a Boadilla del Monte. Sospecho que alguien se está tratando de comunicar conmigo y utiliza las legumbres y el pueblo residencial sito en Madrid para darme alguna pista, pero no lo pillo.

Así que aquí me tienes, oliendo a chamusquina mientras preparo a toda prisa un plan B para que mis hijas no me miren raro y vuelvan a decirme con cara de desaliento: "Mamá, ¿otra vez las lentejas?". Vale, , soy de las que tropiezan varias veces con la misma piedra, pero creo que siempre es mejor un traspiés con algo familiar que extraño, ¿no? Como cuando me choqué con mi ex cuñada en coche. Las dos prescindimos de los aspavientos, los insultos y los gestos de "te vas a cagar, bonita". Sacamos los papeles del seguro, los rellenamos con sendos lápices de IKEA y nos fuimos a tomar unas cañas, tan ricamente. Luego, pelín borrachas, nos ligamos a los de la grúa y terminamos los cuatro en un bar cantando "Asturias, patria querida".

Me gustan las historias con final feliz, las carreteras sin curvas, el gin tonic sin tonic y los hombres sin alopecia. Vamos, que soy de gustos fáciles. Una chica dispuesta a ser complacida y a complacer sin muchos condicionantes. Ahora mismo, sin ir más lejos, estoy haciéndome con un bote de fabada Litoral que sustituirá en la mesa a mis difuntas lentejas. He vaciado antes un spray ambientador con olor a lavanda para borrar las pruebas del delito calcinado y escucho a tope "I will survive", de Gloria Gaynor. Si algún espíritu quiere comunicarse conmigo, que lo haga ahora o calle para siempre.

domingo, 2 de agosto de 2009

AVISTAMIENTOS

Mi querida Big Bang,

Las gaviotas también hacen nidos. Yo pensé que eran bichos desnaturalizados, entretenidos en la tarea de pescar carroña de pez. Ratas voladoras sin sentimientos. Pero no. Ayer fui a inaugurar oficialmente el verano a la playa de Lord Byron y allí, sobre una roca escarpada, estaban ellas con sus crías pegando graznidos. Me puse a llorar. ¿Es grave?
Doy por hecho que en tu consulta no sólo admites piradas con delirios que hablan de mechas rubias y gazpacho. Si es así, no tengo lugar, pero sí algún que otro agujero negro fruto de haberme asomado a algún que otro precipicio. No sé si eso cuenta como herida de guerra, pero prometo que mis devaneos irán a más y, en lugar de hablarte de gaviotas, profundizaré en miserias del alma o en fenómenos paranormales.
Sin ir más lejos, y tras dejar ayer a los pájaros con sus arrullos maternales, avisté un bar que juro que el año pasado no estaba. Aclararé que este pueblo de casas desparramadas sólo tiene uno. Igual que sólo tiene un pequeño colmado y un hotelito con encanto. Pues ahora hay otro bar y no es nuevo. Se diría que alguien lo hubiera dejado caer, ya construido y con cierta pátina, justo al lado de las vías del tren. No sólo el bar, también a los figurantes. Parroquianos con pinta de ir a diario que en realidad nunca estuvieron. Pensé que el Gran Hermano (el de verdad) había hecho un casting para confundirme. Los tipos escanciaban la sidra con maestría, y eso un actor no lo improvisa por mucho método Stanislavski que se haya chutado. Hice como que no me enteraba de su impostura y, con un PRONTO en una mano que me informaba de la muerte de Michel Jackson -cadáver ya corrupto- y un vaso de sidra en la otra, brindé por la cándida adolescencia, el devenir de los milagros y el reencuentro con este lugar-bálsamo de realidades paralelas a donde vuelvo cada año a restañar heridas, estudiar las costumbres de su fauna (hoy toca caracoles) y vaciarme de la mugre y ponzoña que he atesorado durante el año.