martes, 29 de septiembre de 2009

TIERRA QUEMADA

Querida Big-Bang:


Cada vez que rompo una relación pongo una cruz en el mapa y marco los lugares por donde ya no pasaré. Esta práctica, que aprendí de las tropas alemanas, está convirtiendo mis paseos por la capital en una ginkana a mala leche. (Ahora que recuerdo, puede que la tierra quemada fuera una invención de los rusos, pero la historia ha pasado por mí mucho más rápidamente que yo por ella, y aquí me tienes, con el mapamundi desplegado y lleno de aspas. Territorio comanche).

Y no sólo es la ciudad, a veces son comunidades autónomas completas. Y aquí la cosa se pone más chunga porque, ¿cómo ir a Valencia sin pasar por Cuenca? Pues dando un rodeo del carajo la vela. No es de extrañar que mis amigos declinen amablemente acompañarme a cualquiera de mis viajes, porque deben pensar que para Philleas Fog ya tienen el libro de Verne, sabedores de que a los kilómetros deberán sumar el plus de despiste, las dilaciones en rotondas y cruces y las paradas en las gasolineras más cutres para vomitar o leer el Cuore.

La realidad es que mi vida se ha ido complicando desde que pongo cruces, y no sólo al volante. Con esto del desamor he dejado de ir a restaurantes, clases de yoga, mercados de abastos y hasta médicos de Asisa. Porque una es una sentimental y cuando le remueven los recuerdos le da una tupitaina incontrolable. Y con esta tara voy a tener que vivir, lo sé, condenada a terminar mis días en casa, presa del síndrome de Diógenes y sin más compañía que la del de la teletienda.

Entenderás que estoy en Defcon-8 y que si no me llega ya el pedido de pastillacas voy a echarme a la calle mapa en mano, y puede que la benemérica tenga a bien detenerme y pedirme la documentación al detectar maniobras sospechosas en mis andares. Y obedeceré, porque nunca tuve un lío con un hombre de uniforme. Y si procede, iré al trullo obedientemente. Y como por el momento no he puesto aspas en los centros penitenciarios me quedaré, bien tranquila, rezando para que el violador del Ensanche no solicite un Bis a Bis conmigo y la liemos parda. Bien pensado, lo mismo debería ponerme yo misma una cruz en el pecho, cual letra escarlata, como aviso a navegantes. Así no se me acercará ni dios. Porque si lo hace y rompemos me veo en el infierno de Dante chamuscada por toda la eternidad.

domingo, 27 de septiembre de 2009

POESÍA ERES TÚ

Mi querida Big-Bang,


"Cuando un cursi se cruza en tu vida, date por rejodida". Acabo de inventarme este orgullo del refranero español, que registraré en breve, y he decidido sentarme a saborearlo. Sí, pensarás que hay cosas peores, como que se te cruce un esquizofrénico, un daltónico o Charles Manson, pero estás muy equivocada y pienso defender la solidez de mi refrán con uñas y dientes.

Todo empezó con aquel tipo melancólico que escribió aquello de la pupila azul y que si "poesía eres tú". Diría que hizo un "por si cuela" y alguna bizca desesperada se puso loca y lo propagó a los siete vientos. Desde entonces empezaron a proliferar los cursis como champiñones, alguien los llamó poetas y ellos se vinieron arriba a golpe de metáforas y novelas de Antonio Gala.

El cursi, entre verso y verso, da por saco mogollón. Yo una vez tuve un pretendiente cursi que me decía que si mis ojos eran como los de un cervatillo, que si mi boca un suspiro de amapola, que si mis pechos...Vamos, que el tío era un guarro y pensó que como el Cantar de los Cantares iba por esos derroteros y yo era pelín meapilas, terminaría holgando con él en el jardín del Edén. Pero nuestro affaire terminó en Valdemingómez, donde el vertedero. Un lugar que da para poca poesía.

El cursi es ladino, relamido y torticero. Utiliza las palabras como un elixir para hipnotizar a los pobres de espíritu, y puede que una tenga poca vida interior, pero detecta la palabrería a la primera. Así que cuando se me activa el radar aunti cursis pongo pies en polvorosa y me leo una de Bukowski del tirón, sabedora de que no encontraré nada parecido a la evocación florida o a la metonimia todo a cien.

Sí, lo confieso, prefiero un pelma a un cursi. Un atormentado a un cursi. Un teleoperador a un cursi. A los primeros les puedes dar el cambiazo en el botiquín y los neutralizas con drogas, pero vaciar el cajón de los adjetivos y onomatopeyas de los segundos es más chungo que coger percebes en Finisterre. Así que hago un llamamiento a la erradicación del cursi con cualquier método. Ya me veo formando una patrulla tipo la de los X-Men, con una pistolilla paralizante de esas tan molonas. Que se preparen, porque cuando me ponen un arma en las manos soy como Chewaka. Y me excito con sólo oír el adjetivo "emblemático". Poético, ¿eh?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¡A MÍ LA LEGIÓN!

Mi querida Big-Bang:


Aquí donde me ves, soy la típica modernilla que, en cuanto le rascan el barniz de modernilla, se queda en nada. Mi terapeuta de antes solía decirme que es porque en mi infancia escuché demasiado Julio Iglesias y los de Palacagüina, pero yo lo achaco más bien a la zarzuela que mi padre nos ponía a todo volumen los domingos por la mañana. Eso de abrir el ojo al son de "cuánto tiempo sin verteeee, Luisa Fernanda...", tiene lo suyo. Para cuando quise contrarrestar sus efectos con Led Zeppelin, ya era tarde.


Eso no quita que en mi adolescencia tuviera ramalazos transgresores, porque ahí la zarzuela no tenía nada que decir. Ahí mandaban Chanquete y esos chicos tan majos de "Verano azul", todo el día venga a dar pedales. Sugestionadas, el día que mi hermana y yo nos fugamos de casa por la noche para ir a la enésima fiesta prohibida, lo hicimos en bicicleta, sin reparar en el pequeño detalle de que había que saltar la verja del jardín que mi padre había candado. A estrategas no nos ganaba nadie, pero la broma nos costó una bronca memorable de mi padre en calzoncillos y el sobrenombre de "cabareteras" durante años.

Cuando tu padre te pone a caldo en calzoncillos, sólo tienes una salida. Rezar para que su ira le impida ver que te estás meando de risa por la estampa. Es como cuando tu jefe te llama a capítulo con un trozo de lechuga entre los dientes. Yo en situaciones así pierdo el control, y eso que saco a pasear todos tus consejos: recitar la lista de los ingredientes secretos de la Coca-Cola, recordar el nombre de todos mis novios y amantes bandidos (ahí termino rápido) o citar en voz alta a los famosos que han retransmitido las campanadas de Nochevieja desde 1977.

Ser moderna con semejantes antecedentes biográficos es un milagro. Un ejemplo asombroso de lucha por la supervivencia que Darwin no recogió en su libro porque yo no había nacido y, de haber nacido, no habría viajado en su barco, porque me mareo mogollón. Una cadena de causalidades sobre la que hoy pienso reflexionar mientras escucho a todo trapo otro de los hit parades de mi padre: El himno de la Legión. Banda sonora que utilizo para despertar a mis hijas cada mañana y que reproduzco aquí por su interés documental: "Nadie en el tercio sabía, quién era aquel legionario, tan audaz y temerario...". Estoy convencida de que tengo dos Madonnas en potencia. Y si no, al tiempo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

ENTRE CHINOS ANDA EL JUEGO

Querida Big-Bang:


"Como chino, tengo que medir mis palabras". Lo decía el otro día un tal Cui Jian en la contra de El País, y aún le estoy dando vueltas, porque no lo pillo. A mí, por lo general, me gustan más los verborreicos surcoreanos o incluso los incontinentes chilenos, siempre que se los entienda. Porque los jeroglíficos se me han dado mal de toda la vida. Para mí resultan tan insondables como las derivadas o el fuera de juego.

En general,y dado que soy irreflexiva, tengo cierta inclinación natural por la gente que mide poco lo que dice. Los espontáneos te regalan frases memorables. Yo, como buena recolectora, me cuido mucho de apuntarlas en mi libretilla para epatar a mi público y seguir engordando mi ya sólida fama de chascarrillera profesional. Ahí van unos ejemplos:

"Pienso disfrutar de todo el amor que me quepa en el cuerpo". Que nadie busque a Chavela Vargas detrás de esta sentencia que me regaló mi amiga A., justo antes que un gigantesco túnel nos engullera camino de San Sebastián. La frase ya es mía y pienso soltarla después de ponerme ciega de tequilas y al ritmo de una ranchera. ¡Ándale!

"Nuestro matrimonio se rompió porque él leía el periódico por la noche y se empeñaba en comentármelo. Y yo por la noche no comparto nada". Natural, oyes, yo ni siquiera comparto de día. Menos con un pesado con complejo de agencia EFE.

"No era tonto el becario...Ahora es concejal". Pues cualquier día saldrá envuelto en un pufo o nombrado en un dossier fantasma de esos del PP. Y dios le pille confesado!

"Yo confundo a menudo el continente con el contenido". Esta perla es de mi compañera y sin embargo amiga M., y aprovecho para decirle que lo suyo no es tan grave. A mí vivir en la confusión me ha deparado no pocas experiencias paranormales y aquí me tienes, tan pimpante. Huyendo de los chinos locuaces y de todo hombre que no sea capaz de explicarme clarito y con paciencia en qué consiste eso del fuera de juego.

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL CULO DE WENDY

Mi querida Big-Bang:


Ahí afuera hay un submundo a punto de estallar en rebelión. Me refiero a lo que mi amiga Olga llama "real life, no Robespierre". O sea, las salas de los juzgados de Pradillo, en Madrid.

No repetiré que el otro día me llamaron a declarar por un asunto de amor sin conveniencia, y allí estaba yo media hora antes, porque soy ansiosa y temo a la justicia como al nublao o a los policías en la carretera. No importa que no haya cometido una infracción, siempre pienso que van a encontrar alguna mancha en mi historial de niña buena de las monjas.

Bien, nada más llegar a real life, una sala con sucio gotelé y muebles desportillados, uno se encuentra rodeado de carteles de cartón, de los de leche Pascual, con letreros sutiles escritos a mano del tipo: "tenga paciencia, la espera es larga" o "lamentamos que tenga que esperar tantas horas". Dispuestos a echar el día nos sentamos, rodeados de parejas de inmigrantes con cara de hastío pese a que estaban allí para tramitar sus papeles de boda. "O precisamente por eso", me dije con sonrisilla cínica de quien está de vuelta del amor, el romanticismo y los papeles en general.

"Nelson y Weeeeeeendy", bramó la funcionaria más borde. Y la sala al pleno nos quedamos clavados en su culo. En el de Wendy, claro, porque es bien sabido que las funcionarias no tienen culo. El de Wendy era un especimen gigantesco, redondo y retozón, enmarcado en un pantalón blanco en el que apenas cabía el exiguo tanga negro. "Si estalla, tendremos que evacuar la sala", pensé. Para rematar, la feliz Wendy llevaba bien a la vista un parche anticonceptivo. "Madre mía, a estos no les dan permiso para casarse", pensamos los trescientos de la sala.

Dos horas después, y varias Wendys, Mayras Vanessas y Mohamés mediantes, la madre de todas las bordes nos llamó a declarar. "A ver, los papeles" Y el tonillo chungo con que lo dijo auguraba que nos iba a pillar en un renuncio. Y nos pilló: "este está caducado, no puedo tramitar el expediente". La muy asquerosa lo decía con la alegría del hallazgo espeleológico, mientras miraba insistente el reloj con cara de: es mi hora del bocata. Y dios la castigó, que dirían mis monjas:

-"Ay, se me ha vuelto loco el ratón. Apretadme la clavija, anda!".

La apretamos.

-"¡Ay por dios, que me va a tocar reiniciar!".

Y "reiniciar" debe ser lo peor que le puede pasar a una funcionaria con ganas de irse a tomar el bocata. Reiniciar es para la funcionaria remolona como el agua para los gremmlis malos. Una maldición letal. Así que cuando el novio le arregló en tinglado, todo cambió y empezó a tratarnos con estruendosa y falsa simpatía.

Tanta, que hubiera querido ser Wendy, plantarle el culazo en la cara y decirle que se metiera el ratón por el orto (en honor a la novia, argentina). Pero era la hora del bocata y estaba a punto de desmayarme, así que firmé el juramento de que estos se casaban por amor y asumí una pena de prisión de seis meses a un año si mentía. Después pusimos pies en polvorosa y brindamos por el matrimonio, el funcionariado español y por Wendy. Naturalmente.

martes, 15 de septiembre de 2009

EL TEST DEL AMOR

Mi querida Big-Bang:


Llevo toda la noche entrenándome para mi gran cita de hoy. No es con George Clooney, aunque todo se andará, sino con un juez muy serio que me va a hacer preguntas trampa. Una pareja que quiero y que aún cree en el matrimonio necesita probar que no se casa por los papeles de ella, sino por amor verdadero, como el de "La princesa prometida". Yo, que soy peliculera y romántica, me he preparado a conciencia, no sea que me pregunten por la crema Monticello que usa, como a Depardieu en "Matrimonio de conveniencia", y la caguemos.

A mí me ponen un test por delante y me pongo toda loca. El último fue el del carné de conducir, y el de la autoescuela utiliza aún mi caso para ilustrar lo que no hay que hacer: "taladrar las casillas-respuesta con las llaves y dejar el papel encharcado de sudor pringoso". Debo decir en mi descargo que ese día tenía tal ataque de ansiedad que hubiera troquelado los ojos de mi padre si me preguntan aquello de cuántos ejes tiene una hormigonera. Claro que aún no había descubierto el fascinante mundo de las benzodiazepinas.

¿Qué querrá saber el juez? Pues cosas superfáciles del estilo de ¿cómo fue el catering de la puesta de largo de ella? ¿a qué edad perdió su virginidad él? ¿cuántos implantes lleva en la boca? ¿en cuánto tiempo hizo la marathón? ¿es de los que se apresuran a pagar la cuenta o se hace el remolón?... Y yo, que en los interrogatorios me vengo arriba si antes he apurado un carajillo, pienso hacerle al juez ése una performance que lo mismo los casa in situ y nos ahorramos el traje de la boda.

Conste que a mí las bodas me rechiflan. Tengo ese ramalazo Peggy Sue que me hace suspirar por un traje azul celeste de tul sintético y escote palabra de honor para acompañar a los novios al altar. Todo mi escepticismo sobre el amor se eclipsa con una buena homilía sobre la fidelidad eterna, salpimentada de promesas y con banda sonora de órgano o trío coral. En mi caso fue un grupo de joteros y así me ha ido. No se puede terminar bien si te acompañan unos tipos disfrazados de lagarterana que gritan "¡Hala maño!" cuando tú te estás casando.

Así que me dispongo a declarar, blanca y radiante, para cerrar el círculo de mi experiencia traumática. Y si alguien tiene algo que objetar, que hable ahora o calle para siempre.

domingo, 13 de septiembre de 2009

LOS MARIDOS DE MIS AMIGAS SON MIS MARIDOS

Mi querida Big-Bang:


"Si estos niños no fueran mis hijos los iba a aguantar su p-uuu-t-a madre". La frase es de Pakito, el novio de mi amiga C. Un padre motero con patillas y paciencia de luxe que anoche nos abrió las puertas de su adosado para que nuestros respectivos hijos dieran por saco en el jardín y torturaran en libertad a sus tortugas, mientras los mayores reflexionábamos alrededor de espirituosos on the rocks con palomitas quemadas y ensaladilla cinco estrellas.

-¿Alguien sabe por qué se separaron Juan y Junior? fue el primer gran temazo de reflexión de la noche.
-Ni idea, pero yo estuve a punto de suicidarme varias veces por escuchar a José Vélez en mi juventud. Siempre fui más juanpardista; el hombre no decía una palabra más alta que otra.
Y al rato:
-¿Alguien sabe a qué disciplina multidisciplinar se dedicaYoko Ono?
-Ni idea. Diría que es una arpía múltiple
con cara de asesina en serie.
- Eso, como decía Siniestro Total, "La culpa de todo la tiene Yoko Ono".

Juro que no era una partida del Trivial.Las conversaciones con los novios y maridos de las amigas son así. Ligeras, zigzagueantes y espumosas. Después de tantos años, los maridos de mis amigas son un poco mis maridos. Sé quién se quedará frito en la tumbona después de comer, quién contará como nadie chascarrillos de la funeraria o un chiste guarro, quién pondrá la puntilla sarcástica a cada comentario y hasta quién pillará el primero la gripe.

Así que, teniendo maridos virtuales, ¿quién necesita un titular de cuerpo presente?, me decía yo anoche, después de llegar de la velada y desplomarme en mi cama king size con los brazos y las piernas en aspa. Feliz como una perdiz. Orgullosa de cómo mis amigas gestionan sus parejas al estilo juanpardista. Dispuesta a tragarme tres películas seguidas de Audry H. Pelis de chicas donde los maridos sobran y los tapones para dormir de un tirón son de Tiffany. Ya sólo me falta un desayuno con diamantes y la felicidad será completa.

sábado, 12 de septiembre de 2009

SÍNDROME DE KORSAKOV

Mi querida Big-Bang:


Me he levantado con la alerta en Defcon-7, lo que quiere decir que como se me altere un poquito puedo desatar una catástrofe de alcance planetario. A mí no me sube el azúcar a 500, como a Belén Esteban tras la intervención del Defensor del menor en defensa del Andreíta, pero sí se me dispara la bilis, salta la vena de la sién y el entrecejo pide a gritos tres chutes del bótox de la Preysler. Y, que yo sepa, aún no se ha inventado la figura del defensor de la desequilibrada leve. Pero todo se andará, que somos muchas.

Lo malo es que no sé por qué me altero. Mi diagnosticado síndrome Korsakov me impide recordar el pasado chungo. Dirás:pues qué suerte, bonita. Pues depende, porque en mis broncas más monumentales me quedo sin armas para replicar. ¡Con lo bien que viene tirar de hemeroteca para reprocharle al otro sus miserias! Así que, por si las moscas, suelo mirar al prójimo de entrada con desconfianza, no sea que tengamos algún asunto pendiente.

¿Rencorosa yooo? Nooo, mujer. O bueno, un poquito. Porque Korsakov tiene el detalle de dejarme cierto runrún recordatorio cuando los agravios son del tipo A. Una especia de regurgitación mental que no se va con ningún antiácido. O sea, que si me pongo recuerdo con claridad cristalina el día que me peleé con Puri en el patio del colegio tirándonos del pelo como verduleras, o el día que entrevisté a El Dioni y se cabreó porque le miraba todo el rato al ojo estrábico. O el día que di la mano a mi jefe supremo yanqui llena de migas naranjas de Cheetos barbacoa y él se giró sin decir "nice to meet you" mientras se sacudía la mano en el pantalón Hugo Boss (pronúnciese "Jiugo Bosssss").

"Tú lo que tienes es memoria selectiva"
, dirás. Igual sí, pero con este talento no me van a dar el Pulitzer. Lo mejor será que me pase a la ficción y, como las folclóricas, me invente las memorias de lo que pudo haber sido. Affaires de alto voltaje con tíos cañón muertos y sin descendencia, para evitar querellas. Ya me veo en el HOLA como la Bordiú, entre chimpancés y vestida de safari, relatando con pelos y señales el día en que Rock Hudson me quiso hacer suya bajo un baobab. Y digo más. Si me esfuerzo estaré absolutamente segura de que así fue. Daños colaterales del Korsakov.

jueves, 10 de septiembre de 2009

AUTOESTIMA PARA PRINCIPIANTES

Querida Big-Bang:


Me escribe mi amiga A. diciendo que estos días comparte habitación con una maciza de 28, alta y pelirroja, que tiene a todos los tíos del curso babeando a sus pies. Ella se insinúa a cada candidato por igual, pero no remata. O al menos tiene el detalle de no hacerlo en la habitación. Y digo yo que cuánta injusticia hay por ahí. La pelirroja esa chunga ¿no ha leído a Marx? ¿No se ha enterado de que la avaricia rompe el saco? ¿No imagina que el día que no le quede otra que decantarse por uno va a tener a los cien mil hijos de San Luis en celo, exigiendo su revolcón prorrateado?

En un ataque de furibunda solidaridad femenina le escribo a mi amiga: "Actúa ya contra ésa: escóndele el kit de maquillaje, ponle pica pica en el colchón, pínchale los condones...O algo". Creo que esas tías son una plaga como la del topillo de Soria, que deja los prados llenos de agujeros, baldíos, de forma que la que llega detrás se tiene que conformar con material de derribo, hombres muy toreados que sólo babean si les inflas el ego hasta el infinito y más allá.

Yo de ego ando superbien. Para mantenerlo en su sitio hago lo que me dijiste: listas especificando mis cualidades más sobresalientes. Así, cuando me da bajón, desempolvo el papelillo y lo leo en voz alta, como declamando. Anoche mismo tuve un brote, y esto es lo que leí:

Cosas que prácticamente bordo:

1.Desorientarme al volante. Cada viaje suele tener unos 100 km más de lo que marca Google map, km arriba, km abajo. Si es a Boadilla, añádanse 30 al cómputo total.

2.Ponerme en avidencia. Me sale natural; tanto, que necesito que alguien me haga señas para corregir la evidencia. Pero como soy miope no lo pillo.

3.Mudarme a casas con muchas derramas. Es llegar yo y cambian el ascensor, pintan los patios o doblan el sueldo al portero.

4.Meter tripa en los probadores. Así que tengo una colección en el armario de prendas de la 36, sólo para chulearme, que cuando trato de enfundarme me provocan un semi infarto cerebral por falta de riego.

5.Matar pelirrojas. Esta sí es mi especialidad, querida A., así que si tú me dices ven, lo dejo todo. Ya tengo lista mi pistola de fumigar. Tú ve avisando a los moscones, no sea que se me vaya la mano y provoque un holocausto.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

ANDA CERCA SATANÁS

Mi querida Big-Bang:


La vecina de al lado la ha vuelto a liar parda. Anoche, cuando empezaba a adormilarme, va la fiera de su niña y empieza a gritar desgañitándose como la del Exorcista, con unas voces in crescendo que sólo callaban para echar babas verdes. Vale, sí, esto me lo imaginé yo, pero estoy por coger la buija e invocar al padre Karras, que era tan dispuesto el hombre, porque al otro lado de mi tabique necesitan urgente un exorcismo.

Yo lo del demonio siempre lo he vivido con cierta precaución distante. Las monjas del colegio sostenían que era una presencia tan vívida como la de la virgen María, pero la cosa es que en la Iglesia no había una imagen del maligno y yo, si no lo veo, me lo creo menos. A la virgen la llevábamos flores en mayo, y al demonio bien podríamos haberle llevado una ristra de ajos en diciembre, un suponer. Crecer con una representación del lado oscuro le hubiera dado realismo a la amenaza esa del fuego eterno y el caldero.

"Madre Socorro, madre Socorro, ¿cómo sabremos que el demonio anda cerca?", preguntábamos. "Está siempre ahí, invisible, tentándoos para que actuéis mal", respondía la jodía, y las que fumaban a escondidas a los baños pasaban tres o cuatro días vigilando despavoridas por si después de la calada se les aparecía el señor del tridente.

¡Qué cándidas éramos!. Crecimos con la culpa adosada a los riñones. Decíamos la verdad, por si las moscas, y nos costó muchos años comprender que mentir bien es un talento que puede llevarte muy lejos. Pero para cuando lo entendimos, era demasiado tarde. A mí la verdad sólo me ha llevado a un sitio: al diván. Y estoy por emprender acciones judiciales contra mi colegio y sus moradoras con toca, porque con sus vírgenes y sus demonios han marcado mi biografía y me han arruinado a 70 eurazos la sesión.

En realidad me hubiera gustado ser libertina, mentirosa, tramposa, astuta y hasta inmoral. De toda la vida los personajes bondadosos han carecido de sex appeal. Y si no, mira la niñera de "Sonrisas y lágrimas" -Edelweis, Edelweis- tan pánfila, tan ingenua. Siempre rodeada de niños vestidos de tirolés. Un cromo.Y mira sin embargo a la mala de "Eva al desnudo", y a la mala de "Rebeca", y hasta a la mala de "La mano que mece la cuna". Tan irresistibles en su ponzoña moral. Tan fascinantes.

Así que estoy por dejar a Karras descansando en el más allá y cuando la vecina vuelva a ser poseída personarme en su casa y pedirle a satán que me dé tres o cuatro nociones de maldad de la buena. Se van a enterar las monjas esas de lo que es tener a la clientela revenida. Más vale que duerman con la virgen a sus pies, el crucifijo en el pecho y tres o cuatro garrafas de agua bendita bien a mano. ¿A que doy miedo?

martes, 8 de septiembre de 2009

JUAN POR UN DÍA

Querida Big-Bang:


Mi hija mi pidió este verano con claridad: "llámame Juan por un día". Está convencida de que ser niño tiene muchas más ventajas de serie que ser niña. Como el BMW respecto al Panda, pongamos. Juan por un día se viste con jeans y camiseta de churrero sin mangas, agarra su escopeta de dardos y su monopatín y se echa a la calle silbando con determinación. Sólo le falta el gesto de acomodarse el paquete para hacer el completo. Yo, que soy moderna y actual, no digo ni mu para no desviar su orientación sexual natural, pero le cuelgo en el armario blusas y faldas estampadas con la esperanza de que un día se confunda. Traiciones del subconsciente.

Mi cuñada M., alta, morenaza cañón y argentina me lo confesó el otro día en el cine: "quiero un mingitorio para chicas", como quien dice: quiero unas pipas Facundo. "¿Un mingi quéeeeeeeee?, pregunté mientras las señoras de la fila de atrás me censuraban con sus miradas rayo láser. "Un mingitorio. Encuentro muy práctico eso de mear de pie". ¡Ahh, claro!, mascullé poco convencida, imaginando en faena a una mujer de largas piernas con stilettos de charol rojo. Aberrante.

¡Ay, si las primeras feministas vieran esto se removerían en sus tumbas!. ¿Tanta lucha para terminar con la clásica envidia del pene? Sí, el psicoanálisis ha vencido al psicofeminismo. Apunto la frase para sugerir un suplemento especial a mi jefa, tan alérgica a la cosa femenina como a los ácaros en primavera. Y ya imagino los titulares, que imprimiría en camisetas de churrero 100% algodón: "Todas queremos un pene...propio" o "Viva Freud, muera Simone".

A mí, la verdad, lo del feminismo siempre me la ha traído al pairo. Me falta consistencia intelectual y me sobra pobreza de espíritu. Lo de quemar sujetadores me pareció una memez que, como mucho, conseguía que las tetas llegaran a las rodillas antes de cumplir los treinta. Pensándolo bien, me parece mucho más práctica la postura de mi Juan por un día. Ya se dará cuenta de los dolores de cabeza que da la cosa del pene a muchos hombres y se cambiará de acera. Eso, o inventar una patente de mingitorio que nos hará ricas.

domingo, 6 de septiembre de 2009

LA CHOCITA DEL LORO

Mi querida Big-Bang:


Donde las dan, las toman. La frase resume a la perfección el desenlace de una velada canalla de la que aún no me he recuperado. A pesar del Espidifén, el Nurofén y todo lo que encontré en el botiquín acabado en "fén".

La culpa de todo la tuvo la Chocita del Loro. Un local de monólogos a donde fui con dos amigos dispuestos al buenrollismo universal y a la risa facilona. Tras hacerse esperar y mientras apurábamos la primera copa, saltó al escenario un tipo flaco, pelín contrahecho y espídico que, entre calambres corporales, comenzó a declamar a la velocidad de la nave de Han Solo un monólogo plagado de referencias racistas y machistas de sal gorda que hubiera hecho las delicias de Martínez el facha. El tipo parecía puesto de un cóctel de estimulantes que ni Keith Richards en sus giras más destroyers.

Lo peor es que a nuestro alrededor el público se tronchaba y nosotros, que de análisis sociológico de masas sabemos un rato, entendimos que sólo el alcohol podía hermanarnos con la masa. Así que nos pimplamos la segunda, pero no funcionó. En el descanso emprendimos la huida cual conejos cobardes con rumbo al presunto puticlub de enfrente de casa de mi amiga A., al grito unánime de: "A falta de diversión, transgresión".

Dentro no había adoratrices del placer, sino parejas de baile sacudiendo las caderas. Ellos, latinoamericanos morenos, bajitos, carne de monólogo racista chocitaloresco. Ellas, producto nacional con mechas y vestidos repretones, carne de peluquería de barrio. Ellos, los reyes del mambo que ellas esperaban con ansiedad indisimulada.

"Es la venganza del inmigrante, el orgullo latino recuperado", le comenté sin retintín a mi amigo S., justo en el momento en que un hombre se me acercaba para sacarme a bailar. Juraría que era chino, pero pudo ser una alucinación producto del alcohol. Desde luego, si no era chino, era peruano-japonés nacido antes del bombardeo de Hiroshima. Pero bailaba con un ritmo que ni los Jackson Five, proyectando mis caderas con una fuerza centrífuga que me ha retenido todo el día en el sofá, dolorida y resacosa, incapaz de quitarme de la cabeza el ritmo sabrosón. Orgullosamente sudaca.

viernes, 4 de septiembre de 2009

AMOR POR CONVENIENCIA

Mi querida Big-Bang:


Cuando una se gasta 185 eurazos en unos zapatos rosas forrados en tul, "a conjunto" con el vestido, está condenada al escarnio social de las rencorosas o a repetir look en seis o siete bodas para amortizarlos. En el caso de mi compi V.B. se han juntado ambas penitencias y desde aquí le reitero mi profunda solidaridad. Todas hemos tenido el momento "la cagaste" en el armario. Yo misma, un Missoni salmón que me pareció ideal, a conjunto con unas sandalias de tacón de 15 centímetros -uno detrás de otro- que duermen el sueño de los justos en el zapatero.

Yo de cuando en cuando las saco, las miro detenidamente, me subo en la escalera del pintor para ponérmelas a riesgo de matarme y pienso: "qué mal día tuve, oyes". Después el cojo vestido salmón rayado y me lo pongo mirándome al espejo y componiendo todo tipo de estilismos: con y sin cinturón, con y sin mallas, con o sin ropa interior. Nada, no hay indulto posible. Soy un cruce entre Demis Roussos y Adriana Abascal en un reportaje del Hola (cualquiera, da igual lo que se ponga).

Anoche V.B defendía con vehemencia su inversión en tul -desde hoy tendencia-mientras L. se planteaba un dilema: practicar taxidermia con su perro o poner un anuncio en una página de búsqueda de pareja. "Yo lo que quiero es un novio de invierno, que en verano ya me basto sola para viajar y salir de marcha". Eso es tener las cosas bien claritas. Cuántos amores prosperarían si se pusieran las cartas sobre la mesa.

Dos gin tonic después confeccionamos el anuncio fetén que hará que una legión de candidatos se pongan a sus pies entre diciembre y marzo: "Se busca novio de invierno entre 40 y 50 años, huérfano de padre y madre y con todas sus piezas dentales originales. Abstenerse tarugos y listillos. Se ofrece: sentido del humor a prueba de jefas chungas, carne tersa con canalillo turgente, buen pelo y pedicura impecable. Abstenerse atormentados, alopécicos y forofos del BarÇa".


¿Quién necesita romanticismo cuando de toda la vida lo que ha funcionado es el matrimonio de conveniencia?
¡Cuánto bien ha hecho a la humanidad! Así lo sabe mi amiga L. y así lo sabrá mi V.B, aunque más le vale no airearlo en esas bodas a las que llegará de tul ilusión, con sus zapatos de 185 eurazos, rechinflante. Mientras yo sigo insistiendo con mis sandalias andamio de Missoni, como Cenicienta sin príncipe ni perrito que le ladre.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

LA VISA O LA VIDA

Mi querida Big-Bang:


Mi abuela solía decir: "A robar, a Sierra Morena". Lo hacía en los restaurantes, sí, justo cuando llegaba la cuenta, y toda la familia escondíamos la cabeza en el mantel por el corte, mientras el camarero balbuceaba una explicación desmayada sobre el elevado precio en mercado de la merluza o lo que se suda cogiendo judías de la mata. Ella, que nunca tuvo pelos en la lengua, aún tenía el cuajo de pedir el alumínico al señor para llevarle a su chucho las sobras del filete.

¿Qué por qué pienso ahora en mi abuela? Será porque me han robado más de dos mil euros de mi cuenta. Dos mil eurazos en plena cuesta de septiembre, con los uniformes del cole y los cromos de Hello Kitty sin comprar, y con dos niñas que creen que el cajero automático es un saco sin fondo donde se esconde un enano muy majo que te da todo lo que le pides.

"Me temo que alguien ha duplicado su VISA", me dice una voz desganada en el contestador. ¿Se teme?, me pregunto mientras entro en mi cuenta Internet para comprobar, con horror, que el duplicador anónimo se ha pasado el mes de agosto dándose homenajes a mi costa.
¿Es que ya no quedan ladrones como dios manda? Un cruce entre Cary Grant y George Clooney vestido de esmoquin, que te limpia el joyero minutos después de haberte sacado a bailar. Porque las mujeres somos así. Si nos roban con estilo, hacemos un poco la vista gorda.. Y de eso saben mucho en Chanel, Dior o Hermès.

Yo, desplumada, desmerezco un rato. Eso de no poder entregarme al consumo compulsivo a mis anchas me ha dejado sin dormir toda la noche. Me veo comprando las cremas en el Mercadona y mi fondo de armario de temporada en el mercadillo de los gitanos. Evaporado todo mi glamour, sólo me quedan rezar porque la gripe A me seleccione como una de sus primeras víctimas. Una cliente VIP de los virus. Así que, a falta de VISA, pienso fardar con mi tarjeta sanitaria de luxe por los pasillos relucientes de mi centro de salud. Y hago un llamamiento desde aquí a los ladrones de bata blanca que quieran sacarme a bailar. Enferma soy aún más facilona.