domingo, 31 de enero de 2010

MEJILLONES CON JENGIBRE

Mi querida Big-Bang:


Los álbumes de fotos son un peligroso material radioactivo que debería yacer en un cementerio nuclear de Castilla-la Mancha, encerrado en un barril, sellado con titanio y a muchos metros bajo el agua. Sólo así estarían a salvo de amigas capullas, a las que ofreces gin tonic con jengibre y te pagan de la siguiente manera:

-Madre mía, esta foto es tre-men-da. ¡Tienes una cara de llamarte Yolanda que pa qué!
-Ah, síiii? (tímidamente, mientras agarro fuerte el álbum para pasar página rapidito)
-Chhhhssss, no tan rápido (amiga 2, mismo nombre, idéntica capullez, arrebatándome la prueba del delito). ¡Pero dónde vendían vestidos como este! Si se enteran en tu trabajo que has llevado algo así alguna vez, fijo que te despiden.
-Buenoooo, sí, eran otros tiemposss (esa frase que he escuchado mil veces a mi madre para justificar sus cardados imposibles y la lencería marrón clarito).

Dos de la madrugada, salón de mi casa. Bailamos Gloria Gaynor, bebemos cual cosacas y no fumamos porque las tres somos de colegio de monjas y, sobre todo, porque a ninguna se le ha ocurrido traer tabaco. Mayormente porque no somos fumadoras. Pero tampoco deportistas y el tercer baile es una coreografía con pesas de dos kilos que ríete de las de Eva Nasarre. El menú: pulpo a la gallega, mejillones a la gallega, jamón ibérico a la Yolanda: o sea, descuartizado. Vino rico. Bombones.

-Nena, deja ya de limpiar la concha de los mejillones que no son una instalación de las tuyas...
-En tu vida los has visto tan brillantes!
-Ya, jamía, pero al menos yo sólo pienso comerme el bicho.

Una amiga artista puede ser despiadada con tu álbum de fotos, pero siempre tratará con mimo a tus mejillones. En sus manos, una cáscara es la promesa de una exhibición permanente. Y aquí las comisarias somos estrictas y marisabidillas. Y cualquier excusa vale para apartar su atención de las fotos...

-¿Cómo pudiste dejar a este hombre? Se nota que era el amor de tu vida (señalando al susodicho, que me abraza con las siete revueltas segovianas por marco incomparable). Tan grande, tan amoroso, con esa cara de no atormentarse ni un poquito...
-Pues quizás porque en su moto me mareaba y porque cuando íbamos a una exposición de tu obra no sabía qué comentar a la salida. (A estas alturas estoy decididamente a la defensiva, nótese)
-Ya, pero debemos dejar de mirarlos con lupa -ahí va la rubia, la de los amores consolidados, no te jode- No podemos pretender que sean amorosos, atractivos y además cultos.
-Pues muy bien, guapa, la próxima vez te enrollas con un Carlos Baute bien tonto y ya veras lo pirata que te lo pasas cuando le leas uno de tus guiones y él conteste: mandeeee?

Nina Simone es mi solución. La pincho a tope para que mis invitadas se depriman y dejen de dar por saco con las las fotos. Hablamos del doble lío de una de ellas, a punto de recibir dos amantes al unísono, lo que la tiene desazonada y la lleva a zampar bombones compulsivamente.

-Chicas, qué hago? Van a coincidir los dos!!!
-Pues está muy claro, respondo, un menage a trois de los buenos. Tú vete depilando y déjate llevar, chitina.
-Desde luego, dios da pañuelos a quien no tiene mocos...

La noche nos confunde, la luna llena nos da alas. A mi amiga A-2 le perdono por descuartizar mis fotos. Y a A-2 la adoro porque me deja en compañía de Oliver Sacks, su regalo, preguntándome cuántos hombres habrá que confundan a su mujer con un sombrero. Chateo entre bostezos con mi amigo R.M. "Si tú me dices ven, iré a defenderte como Alatriste, chatina".

Aún quedan caballeros ahí fuera...

sábado, 30 de enero de 2010

DIVINA FRIVOLITÉ

Mi querida Big-Bang:


Últimamente los hombres me huyen, no sin antes llamarme frívola. Quieren encontrar en mí a una intelectual de sólida formación, capaz de recitar a Homero y discutir vivamente sobre la mediocridad de la clase dominante mientras halago su vanidad con dos o tres comentarios hiperbólicos y un mohín sensual y definitivo . A cambio, se encuentran con una tipejilla alegre y pizpireta, siempre al día de los prospectos de las cremas de belleza y de otras fruslerías de amplio interés humano.

Ya lo decía mi abuela: "Cuidadito con los hombres, que te piden una cosa pero siempre quieren otra". De ahí que, cada vez que nos llevaba al cine a mi hermana y a mí, asomaba un cuello de jirafa para comprobar si a nuestro lado se había sentado uno de esos sátiros. En caso afirmativo, se levantaba con sus cien kilos de humanidad y nos cambiaba el sitio, no sin antes dedicarle al pobre hombre una mirada de amplio espectro disuasorio.

Tu antecesor en el diván solía decirme: tú tienes dos opciones, el hombre navaja suiza, con mil accesorios, que siempre intentará competir contigo, y el hombre navaja de campo, simple y efectivo, que te adorará y aburrirá a partes iguales. ¿No existe el hombre Thermomix?, preguntaba yo?. "Sí, pero no es para las que, como tú, se niegan a leer los manuales de instrucciones".

Yo leía y leía a los clásicos, a los malditos, a los beat, a los Carver, a las Woolf y Beauviour, a los Amis y hasta a los Camus, con la idea de ir curtiéndome en la cosa de la comprensión humana. Pero luego abría el Pronto a escondidas de mi abuela (que a su vez lo escondía en la mesilla de su cuarto, para bebérselo de noche), y encontraba unas historias truculentas de real life que ríete de los escritores consagrados.

Mi favorita era la sección: "Me sucedió a mí", donde una mujer siempre terminaba liada con su cuñado, una suegra con su consuegro y una nuera con el caniche de su hermano. Aquello sí que eran historias tórridas, escritas con tinta de lagrimas. Sin corrector ortográfico ni sintáctico, pero con toda la furia de la verdad.

Entendí que la vida es pura víscera aromatizada con unas gotas de cultura, y me entregué frenética a la causa, con cierto éxito -he de decir- y algunos revolcones de importancia que me han llevado a la UCI varias veces y de los que aún conservo cicatrices. Eso, y una agudeza tal que me permite espantar a los moscones que examinan mi armario cerebral con la única y aviesa intención de encontrar halagos que engorden sus egos.

Así que, como Eloísa, he dedidido sentarme bajo un almendro a verlos venir. Con una copa de buen vino en ristre y tres o cuatro amigas alrededor que desaparecerán cuando llegue él. Un tipo sin manual de instrucciones capaz de pasarse la tarde muerto de risa hablando de banalidades. Uno de esos a los que rascas levemente y encuentras un tesoro que ríete del del Titanic. Es lo que tenemos las frívolas.

jueves, 28 de enero de 2010

LACA Y LYCRA

Mi querida Big-Bang:


Cada vez que me dilatan las pupilas vivo una experiencia paranormal. Ayer, sala de espera del oftalmólogo, tres señoras desconocidas entre sí, gordas y ataviadas con mucha lycra, pegaron la hebra con un tema apasionante: los milagros de Fátima:

-Se conoce que este médico es de los buenos. A mi suegra, la mujer, le quitó 18 dioptrías de las de entonces. Cuando no había láser de este nuevo a "propulsión".
-Claro, es que esta clínica es de pago, y eso se nota... No hay más que ver las maderas nobles y el sky de los tresillos. Esto no es mi ambulatorio de San Cristóbal Industrial.
-Pues mi hija va a quitarse la mácula y va a quedar como un san Luis Gonzaga, que la chica tiene complejo con sus gafas, y no vean lo mona que se pone cuando se las quita y se da unas sombras "chinescas". ¡Quítatelas, Vane!

A estas alturas me estaba contorsionando de risa sobre el noble sky. Con la convicción que da la ceguera de que los otros tampoco te ven y apenas tapada por un Hola trasnochado y vuelto del revés. Las tres marujas pensando que el colirio me había provocado un efecto colateral de importancia, se precipitaron sobre mis mechas, solícitas y llenas de dioptrías:

-Ay, pobre joven, que el láser le ha hecho un efecto raro!
-Claro, con esos tacones tan altos no se puede ir por la vida. Seguro que se ha mareado, la muchacha.
-Mama, ¿no te das cuenta de que se estaba descojonando de nosotras?

La de las sombras chinescas tendría mácula, pero no era tonta la jodía. Justo cuando las gordas con lycra se disponían a echarse sobre mí, con sus pelos atusados de laca de punta, para lincharme, entró la enfermera y me rescató de una muerte segura.

-Vaya pasando con el doctor, y no se deje nada (mirando de refilón mi bolso, abrigo, revistas, chocolatinas a medio comer y MP-3 desparramados por el tresillo deluxe). Mis ejecutoras no perdían comba, malencaradas y dispuestas a atacar en cuanto saliera de los dominios del doctor Milagro.

Consulta del susodicho. Un tipo con melenilla y gomina que hubiera jurado que miraba con cara de "qué guapo soy, y qué rico, oyes". El colega me sienta y me invita a leer el cartelillo con las letras. Yo, crecida, las adivino todas, y las canto como si estuviera en el bingo. Por una vez no hago la trampa de siempre, esa que bordo desde la infancia y que consiste en mirar a escondidillas con el otro ojo. Las soberbias es lo que tenemos. Nos fastidia no dar en el clavo, aunque sea por tara física.

-"Estoy sorprendido del resultado de la operación. Ve usted un 110%", me dice el autor del milagro, con orgullo.
-Ya decía yo que en el aeropuerto le vi las bragas a mi cuñada al trasluz.
-Ah, bueno, ¿y qué tal ve de cerca?
-Pues mal, me ha quitado la miopía y me ha dejado de regalo una presbicia que te cagas.
-Es lo que leyó en el impreso que le dieron antes de operarse, ¿recuerda?
-Sí, recuerdo. No se preocupe, que no le voy a denunciar por convertirme en una vieja que para leer las instrucciones de la cafetera tiene que separarse metro y medio.

Antes de regresar a la sala de espera/cadalso, pasé por el baño para disfrazarme y que las gordas no me conocieran. Como seguía bajo los efectos de la dilatación, el espejo me devolvió una silueta desdibujada, así que cogí una toalla y me la enrollé a modo de turbante. Con mis gafas de sol y cual Mortadelo, de incógnito, pasé por delante de mis gordas, con éxito:

-Mira la joven esa, se conoce que le han hecho daño con los rayos láser en la cabeza. Aquí mucho lujo y mucho ambientador, pero son más brutos que el Tenazas de San Cristóbal!...

martes, 26 de enero de 2010

DESPEDIDA DE SOLTERA

Mi querida Big-Bang:


Tarde o temprano, a toda mujer le da por comprarse una mantelería. Eso me repito cinco veces al día cual muhecín desde la torre llamándome a la oración. Sí, me he comprado un mantel bordado a mano con sus servilletas a conjunto, como una maruja más. "Nena, ya tienes el ajuar que no tuviste en su día, y así te fue", me dicen mis amigas a coro, en medio del zoco, para quitarle hierro a la cosa. "Al menos cuando vayamos a tu casa nos pondrás algo mejor que las esterillas cutres esas del Ikea". Ya soy una Preysler en regla, ya puedo recibir como es debido, y eso me pasa por bajarme al moro. El bazar de las maravillas. Sólo me faltan unos Ferrero Rocher en pirámide y seré una señora. Eso, y unas toneladas de bótox.

Primera secuencia: Cinco mujeres en el hamman. "Se vayan despelotando", imaginamos que nos dice la estricta gobernanta que, embutida en algo parecido a un bañador negro que apenas tapa sus cien arrobas, domina el cotarro de los vapores. "Qué miedo, la tronka esta nos va a gasear", murmura T.M, pequeñita, pelirroja y con sus microtetas al aire. Las cinco avanzamos en pelotas. Las locales apenas nos observan, pero fijo que ya se han reído de nuestras escaseces carnales. ¿Habéis visto qué ubres tiene aquella, mi madre!!!, murmura M, dándonos codazos. Nos damos la vuelta para reirnos a gusto. Siento que me baja la tensión, ¿castigo de Alá?

Una luchadora de barro con estropajo en la mano me hace señas para que me tumbe en la camilla de mármol. Es la hora del sacrificio. Me tumbo, me empieza a a untar en una melaza parecida a la grasa del motor del coche y se arranca con la manopla a desollarme a conciencia. La jodía no me habla, me hace signos para que mueva el cuerpo. Y va extrayendo unos 200 gramos de pelotillas de mugre que señala triunfante: "Guarra, tanto chanelazo y no te lavas bien".

Segunda secuencia: Perdidas en la medina. Un marroquí con síndrome de Down se autoproclama nuestro guía y levanta su paraguas para que lo sigamos, a grito pelado. "Ay, madre, que no nos vea nadie conocido". Salimos corriendo para darle esquinazo. Nos encuentra y, sin enfadarse por el desplante, retoma la comitiva con orgullo. "Lo que nos faltaba, que nos lleve un subnormal", digo. Y en ese momento me embiste un burro con tal ímpetu que casi me trago al vendedor de las gallinas. Juro no volver a ofender a ningún hijo de Mahoma.

Hora de comer. Mi vida por un cus-cus. Como cinco reinonas, elegimos el palacio. "Qué necesidad tenemos de comer en un bar de tipejillos". Nos sientan con ceremonia, ponen hilo musical y, en lugar de música para danza del vientre, suena "Alejandro Lerner!!! Es el hijo de la sexóloga más famosa de Argentina, qué ondaaaaaa!", exclama M., la novia del grupo. Tan ilusionada con el hallazgo que a nadie se le ocurre decir: Vaya horterada. Atacamos las viandas como si fuera la última comida de nuestra vida. Bebemos sin alcohol, nos da la risa floja y brindamos por las despedidas de soltera, por la eterna soltería, por el amor inconcluso y por las bodas, bautizos y comuniones. Ay, Mohamed Hassan, qué bien os lo montáis por estos lares!

viernes, 22 de enero de 2010

CALENDARIO ROJO

Mi querida Big-Bang:


Odio a las mujeres que hablan con detalles de su regla, sobre todo si se refieren a ella como "periodo" o "menstruación". El campo semántico de las hormonas debería ser erradicado enterito del diccionario, cual territorio arrasado por las fuerzas del mal. Vade retro furia desatada, desazón perpetua, hinchazón letal. Calendario rojo, venganza de la naturaleza perpetrada a mala uva por alguien con humor excatológico y mucha mala leche. (Y no pienso citar a Darwin, que bastante tuvo con soliviantar al clero, el hombre).

Me odio a mí misma cuando dejo que esa tormenta de estrógenos me convierta en un ser poseído. Una diablesa con el tridente listo para ensartar pobres víctimas que pasaban por allí. Digamos que el SPM (léase síndrome pre menstrual) es una PDM (putada de muerte) y cerremos el asunto.

Bien, lo que quería contarte es que cinco mujeres con sus hormonas all included nos disponemos a viajar al moro. Descuida, se nos pasó la edad del porramen, así que lo más extremo que haremos será bailar la danza de los siete velos pelvis contra pelvis.

Cinco huríes quitándose la palabra de la boca son una traca valenciana encendida 24 horas
. Un campamento adolescente que no duerme y bebe lingotazos a escondidas, mientras evoca el primer morreo en la oscuridad de un cine o muestra salvaje su nueva y rechinflante depilación brasileña.

Como soy perra vieja, lo primero que he metido en la maleta es el GPS. Soy la candidata número uno a perderme en el bazar, y no querría terminar mis días como parienta de un tipejillo que encurte y tiñe pieles de cabra. Tanto glamour para semejante destino!

Muerdo la magdalena y viajo al pasado. A esa primera África con novio reciente, no mucho tiempo atrás. Y la maldición en forma de SPM, erupción salvaje y mal de Moctezuma, todo a la vez. Yo quería morir y me arrastraba por la habitación apagando luces aquí y allá, en una coreografía grotesca que hubiera hecho las delicias de los Tricicle. O de los Monthy Pyton.

No, esta vez comparto cama con mi hermana y es relajante saber que, pase lo que pase, no habrá tensión. Volveremos al pasado, a los días de cuarto compartido y charletas largas y estrechas, como los menús gastronómicos. Sí, la excitación del viaje con novio nuevo es explosiva y volátil, pero donde estén las risas duracell de cinco tías que se quieren, que se quiten el fútbol y los toros.

miércoles, 20 de enero de 2010

ODIO A REBECCA MILLER

Mi querida Big-Bang:


El último hombre de mi vida se llama Daniel Day-Lewis. Dirás; "ya estamos con otro intenso, otro de esos atormentados tuyos que te obligan a estudiar a Hegel a escondidas para no parecer rubia". Sí, es cierto. Pero la arquitectura de su cabeza en "Nine", el musical que protagoniza con unas tipejillas macizas y muy, muy secundarias (léanse Nicole Kidman, Penélope Cruz, Marion Cotillard o Sofía Loren) me dejó sin respiración. Que un tipo con cuerpo contrahecho, desvencijado y asimétrico eclipse a cinco ninfas en pelotas con purpurina y boas de pluma roza el prodigio.

Mi Daniel tiene el sexy de los listos esculpidos a tortas en un gimnasio chungo donde huele a guante de boxeo, a sudor rancio y a tabaco negro. Un lado muy salvaje que te hace imaginarlo siempre agarrado a un vaso de bourbon, aunque por la mañana tome el té con las señoras y de madrugada se las beneficie.

Olvidé recordarte mi fetichismo con las narices grandes, ganchudas, hiperbólicas. Y por las manos y pies grandes, nerviosos, con peso. Como los de este hombre que, pudiendo ir de play-boy por los Hollywoods, ha preferido liarse mucho con la hija de Henry Miller. Puro tormento.

Te entiendo, Rebecca. Y te odio, Rebecca. Ser inteligente y estar buena es un exceso. Pero tener a ese hombre en casa cada noche me parece una osadía, un insulto a la humanidad en general. Una aberración que sólo puede pagarse con una penitencia ad hoc: "Quiero mi prorrateo de Daniel". Una tarde al mes, mirando al mar. O una noche al año, la eternidad. Nena, tranquila, no soy competencia. Llevo años sin pasar por el gimnasio, a veces soy vaga con las mechas y lo más inteligente que puedo hacerle a tu chico es una performance a lo Marilyn del "Happy birthday". Eso si estoy muy, muy borracha.

Mándamelo con acuse de recibo, a cobro revenío o como te dé la real gana, Rebeca, tronka. Prometo devolvértelo en perfecto estado de revista. Como prometo usar toda mi artillería pesada para que te abandone as soon as posible.

PD. ¡Que sería de este mundo sin la solidaridad entre mujeres!

martes, 19 de enero de 2010

AMOR PARA TONTOS

Mi querida Big-Bang:


Mi amiga Marta del Riego acaba de publicar su primera novela: "Sólo los tontos creen en el amor". Al principio la apoyé a muerte: "Vaya mierda de título, Martuki. Te lo van a comprar las marujas aburridas, las divorciadas renegadas y las adolescentes chungas categoría sin esperanzas. Eso, si se encuentran el libro a la entrada del Vips donde tengan previsto suicidarse con cianuro, claro".

Con el paso de los meses debo reconocer que el título es absolutamente transgresor, pura dinamita y el reclamo perfecto para el total public: Si eres lista y escéptica, te lo compras; "ya lo decía yo". Si estás enamorada, te la compras: "Le voy a demostrar a esta marisabidilla que su teoría hace aguas". Y si ni lo uno ni lo otro, te lo compras:"Veamos qué dice la piba ésta sobre los misterios de Fátima".

Pero hay más. Si eres hombre, te lo compras: "Esta tía está tan buena que da igual lo que escriba" (mirando hipnótico la foto de la contracubierta). Si eres de Castilla y León, te la compras: "¡Anda, pero si la currina es de La Bañeza!". Si eres su padre y sus hermanos, te compras diez:"Vamos a fardar de la niña, que tantas satisfaciones nos da". Y si eres su amiga y encima trabajas a su lado, te lo compras: "Martukiña, querida, dedícamela con amor, algo así como: A la bruja porculera que me chupa la sangre de 9 a 19h, sin acritú".

¿Que de qué va el libro?. Pues de Lina Babia, una heroína de real life. Una gladiadora del periodismo que escapa de su tierra de mastines y chorizo ahumado para bregarse en la redacción de un canal de televisión. La chuki escribe, se enamora, echa algún que otro polvo tórrido, entrevista a Lagerfeld, se desenamora, viaja más que Willy Fogg, reflexiona verdades como puños, sufre las veleidades de una jefa chunga (ojo, que esa no está basada en la que pensáis, pero sí en alguna otra, jejeje), y termina como...Ah, no, que si le reviento el final se vengará de mí por generaciones.

Bien, hay que leer el libro. Todos, incluso quienes, como yo misma, sólo le damos a Shoppenhauer y a Lipovezsky para epatar socialmente. El amor es el tema universal (y el desamor, ni te cuento). Ha parido grandiosos personajes: Madame Bovary, Ana Ozores... y ahora Lina Babia. "El amor es lo más bonito que hay", dijo una vez mi amiga V, en pleno cierre una madrugada, y todos aplaudimos. "El amor, ¿qué amor? Hay muchos tipos de amor", dijo mi terapeuta el día que le confesé que creía que era una entelequia para tontos.

Sí, sólo los tontos creen en el amor. Pues creamos y amemos. Total, si creemos en el G-20, en las cumbres del cambio climático, en el devenir del genoma humano o en la santidad sin mácula de Barack Obama, ¿por qué no creer en las novelas sentimentales?. Yo, Martuki, sólo añadiré una cosa más. Sueño con un epitafio como el de "San Manuel bueno, mártir". Algo así como: "Murió creyendo no creer, y sin embargo creía".

Y te quiero, claro...

domingo, 17 de enero de 2010

ELOGIO DE LA ALCAYATA

Mi querida Big-Bang:


Cuando no sé bien qué me falta, me da por comprar bombillas. "¿Qué tipo necesita, de rosca grande, pequeña, de vela, mate, bajo consumo...? , me pregunta mi ferretero con letanía de experto. "No estoy segura, póngame dos de cada". Con las bombillas pasa como con los zapatos: nunca se tienen suficientes. Pero llenar el cajón te da un subidón de precavida autoestima y la seguridad de que nada malo puede sucederte. Al menos, nada malo a oscuras.

No es que me hayan hecho a menudo luz de gas, que ya sé que lo estarás barruntando, es que cada vez que doy a un interruptor y nada se enciende me enfrento al fantasma de mi dejadez. Y entonces veo nítidamente el trozo de parquet sin barnizar, las puertas que no cierran de mi armario, la barra de las cortinas que nunca colgaré y el chirrido del tendedero que parece una grulla torturada con alto voltaje. Por no citar la tubería del lavabo que gotea, el horno que estalló con un pollo calcinado o la pesa del reloj que se cargó mi sobrina cuando yo aún creía en el matrimonio y el neanderthal campaba por los montes.

Entenderás que la falta de bombillas es una catástrofe vital, que me pone tan loca como que al hermano subnormal de "Algo pasa con Mary" le tocaran la oreja. Una tiene sus talones de Aquiles, un extra de vulnerabilidad que la convierte en una piltrafa en un solo click. "Si tuvieras un hombre en casa, estas cosas no te pasarían, hija", murmura mi padre con los alicates en una mano y el pitillo en la otra. "Ya, papi, me pasarían cosas mucho peores y mucho más caras de reparar", respondo tendiéndole una alcayata.

Además, nadie te garantiza que el hombre en casa sea de la categoría "homo habilis". Así que, años ha, pedí como regalo de reyes una taladradora "con rayo láser incluido". Una de esas que proyectan con luz el punto exacto donde hacer el agujero. Recuerdo perfectamente que el primer día, con mi arma letal en la mano, me sentí Lara Croft y ataqué la pared con tal vehemencia que casi se viene abajo. Allí se apagó mi vocación de superheroína maciza. Al fin y al cabo, la ficción es mentira y seguramente Angelina Jolie no sabe lo que es un taco del 9 o una llave de trinquete. Ni falta que le hace.

Para calmar mi desazón dominguera me propongo poner una o dos bombillas aquí y allá. Llamaré a las chukis y les diré: "mirad lo que soy capaz de hacer, chitinas. Esta rosca la voy a ajustar sin mirar ni nada". Hecha la performance y explicada la lección de sutosuficiencia doméstica, no nos queda más que atacar el cajón de los zapatos y jugar a heroínas de real life que se la juegan en la oscuridad selvática de las taras que nadie repara. ¡Papá, por favor, ven pronto con la herramienta!

viernes, 15 de enero de 2010

EL SÍNDROME BERLUSCONI

Mi querida Big-Bang:


El plan era de los de don Vito Corleone: una oferta irrechazable. La premiere megamundial de la película del año, toneladas indecentes de glamour y destellos dorados, fiestón salvaje y coma etílico opcional. All included. La letra pequeña del contrato: "Irás sola con cuatro hombres". Bieeeeennnnnnn!!!!!!!. Adiós competencia, bye buy pretenders con plumas! Serán mis minutos de gloria y ya puedo estar fea y con granos que entraré del brazo de uno o de dos, más guardaespaldas a babor y estribor, como una starlette trasnochada del neorrealismo cañí.

Mis amigas, verdes de envidia: "ya repartirás a la vuelta, nena". Mi jefa, preocupada: "No olvides mantener la compostura y por dios llévate otro paraguas, que ese es una horterada". Mis hijas, enfervorecidas:"¿saldrás en la tele, mami? Di algo de nosotras a cámara". Mi madre, confusa: "¿Pero no acababas de volver de vacaciones?. Desde luego, hija, esto no es un trabajo ni es nada".

Y allí estaba yo, cual Sabrina pizpireta, pisando metros de alfombre roja. Doscientos reporteros a un lado, y yo concentrada ensayando las posturitas del photocall, con mi escotazo y mis tacones, cuando empecé a verlas. Una dos, siete, veinte...Aquello estaba infestado de velinas. Mujeres de 1.80 asquerosamente bellas. Con sus melenas de ninfa venenosa, sus cantos de sirena, sus tetas recauchutadas ma non troppo y sus culos en su sitio. Un espejismo a la altura de cualquier catástrofe mundial.

Aquello no me podía estar pasando a mí. Mis acompañantes, presos del síndrome Berlusconi, babeaban y miraban a una y a otra y a la de más allá, dándose codazos entre ellos y con la boca más abierta que las fauces de un león del Serengueti. ¡Todas estaban buenas!

¿Qué podía hacer? Fingir un desmayo, gritar ¡fuego!,poner pies en polvorosa entre la muchedumbre...Todas las opciones de montar un numerito me parecían poco contundentes. Ellos no iban a reparar en mí. Y yo sin mis pastillacas en el bolso absurdo que llevaba a conjunto con mi palabra de honor y mi rouge color sangre de pichón. Sí, todos mis esfuerzos dinamitados por la competencia desleal. Sólo me quedaba mostrar cerebro, o algo. La batalla del cuerpo estaba perdida por siempre jamás.

Reproduzco a continuación y por su interés antropológico fragmentos de la conversación con mis hombres, cinco o seis Martinis después:

Hombre 1: ¿En qué parte de la mujer os fijáis primero? (mirando como distraído a un cañón con vestido/desnudo y melena al viento)
Hombre 2: "Definitivamente, en los tobillos y en el cuello. No conozco una mujer de tobillos finos y cuello largo que no pase la ITV general"
Hombre 3. "A mí me vuelve loco el nacimiento del pelo en pico".
Hombre 4:"Venga, no me váis a decir que no miráis las tetas, como todos!. Yo sí, aunque primero echo un vistazo a los ojos"
Hombre 1: "Por dios, mirad a ésa. Está buenísima"
Hombres 2,3,y 4 a coro."¡Mejorando lo presente!!!!
Mujer (yo): Gracias, chicos, es un detalle. Y os recuerdo que esas zorritas son de pago.

Sí, sólo Mr Martini me ayudó a sobrellevar una noche que hubiera sido de pesadilla para la mismísima Scarlett Johanson. De la fiesta fuimos al Harry´s bar a enjaretarnos una copa y a brindar por la preservación del olimpo de las diosas. Y de ahí, dando tumbos, a un tugurio oscuro en tonos rojos y con tipos de mala catadura donde bailamos como peonzas y bebimos como cosacos, al ritmo de "Volaaaaaareeeee".

Al llegar al hotel, y de madrugada, uno de mis hombres me quiso compensar fingiendo que entraba como un vikingo en mi habitación: "Venga, una copa más". Y yo, muy digna:"Nooooooooo. Vete a dormir, monada". Y él, con su pie plantado en el quicio de la puerta y sin dejarme cerrar: "Anda, asalta el minibar y cerremos la fiesta como se merece..."

Así terminó mi gesta, y aún hoy arrastro una jaqueca emocional de la que tardaré días en recuperarme. A partir de ahotra, jefa, pienso rechazar todas las ofertas de viajes de amor y lujo. Donde esté un congreso sobre el ADN de los ornitorrincos, bien lleno de científicas de gafapasta y chaquetas en tonos marrones, que se quiten los estrenos y sus alfombras rojas. Porque levantas una esquina y debajo sigue habiendo polvo. Más venenoso que el ántrax.

lunes, 11 de enero de 2010

EL FINAL DE LA ESCAPADA

Mi querida Big-Bang:


Llega a Segovia y vomita justo al pie del Acueducto. Piensa que lo que acabas de hacer es como bailar sobre la tumba de un muerto durante el sepelio, con la viuda en el cogote. Comprueba que no hay cámaras de TV grabando el momentazo. Límpiate y camina como si tal cosa, tiritando y con la boina bien calada.

Observa a los locales con sus tristes abrigos de paño y botas de plástico de los chinos, ajenos al termómetro. Cágate en sus muertos. Busca una farmacia. Resbala por la cuesta. Pide un Primperán y finge que no ves cómo el farmaceútico te mira cual si hubieras pedido un pico de heroína. Abre el jarabe en sus narices, échate un trago. Eructa si es preciso. Sal a la nieve.

Haz una mueca cuando el taxista te diga: "qué nevada más maja". Adviértele de que igual repotas sin preaviso. "Como el Etna, o algo, es una de mis especialidades". Agarra la bolsa que te tiende y concéntrate en una letra de canción tonta y machacona. La Loba de Shakira, un suponer. Entra al hotel, arrástrate al cuarto, date cuenta de que no era ése, piérdete por el pasillo mientras tu estomago tiembla amenazando erupción.

Activa el GPS. Abre la puerta a trompicones.
Estrena cama con dosel, encógete en posición fetal, lamenta tu destino. Llama al room service
. Pide algo caliente e insípido. Sube el termostato de la calefacción a la temperatura del mismo infierno. Quédate quieta.

Date cuenta de que ese cuadro te mira desde la pared con gesto reprobatorio. Rueda al otro lado de la king-size y comprueba que te sigue mirando, incluso peor. Levántate con esfuerzo y arráncalo. Coge a Lorry Moore y échate unas páginas. Maréate. Quédate dormida.

Despierta. Bájate el Spa. Métete en el jacuzzi con ese Moby Dick con bañador marca pack. Comprueba que Arquímedes se equivocaba. Piensa que a ese mórbido de 250 kilos le van a estallar las venas de las sienes por efecto de la presión del gorro de baño. Pega un respingo cuando sientas su pie en el tuyo. Mira a su mujer, para que haga algo. Salte pitando. Tiembla.

Llama a Renfe. Cambia tu billete. Llama a tu madre. Llama a tus hijas. Siéntete morir. Piensa en lo que pudo ser y no fue. Retoma a Lorry. Ríete de su prosa. Ríete de tu suerte. Sube al tren. Respira hondo.

viernes, 8 de enero de 2010

YO, ME, MI, CONMIGO

Querida Big-Bang:


Planeo un excitante fin de semana de amor y lujo conmigo misma. Hotel boutique con vistas a la sierra y sus cumbres, cama king-size con dosel estilo Luis XVI, mueble bar norma ISO-Sue Ellen-sin fondo, baño tipo Preysler con grifos dorados, hilo musical con simulación 3-D del mismísimo Baremboin...Todos los extras del hedonismo universal. Más una cena degustación de gran chef a la luz de las velas que zamparé de la A a la Z, como los buenos psicoanálisis.

-¿A qué hora quieren que les reserve el Spa? , me pregunta la recepcionista, tras un interrogatorio previo y rutinario que ríete del de la Gestapo.
-Bajaré cuando me canse de hacer submarinismo en el jacuzzi.
-¿Su marido también piensa "bucear"?, responde con retintín.
-¿Qué marido? ¿Ha oído usted marido? Voy sola, lo he dejado clarito en mi mail de reserva.
-Ah, ya... No sé si ha visto en la web que este es un hotel romántico y que la mayoría de nuestros huéspedes son parejas...
-Sí, lo he leído y procuraré ser discreta y no mirar fijamente cuando se besen a tornillo, pero no le prometo nada. Eso sí, si me observan con lascivia lo mismo me animo a un trío. Una no es de piedra.
-Es mi deber advertirle que el uso individual tiene un recargo de 50 euros.
-¿Cree que voy a deshacer más la cama que los tortolitos apareadores? Yo duermo en aspa, pero una vez que cojo la postura y el Orfidal hace su trabajo, no muevo un músculo. Como una muerta, ya le digo.

Pago con VISA y celebro triunfante el sablazo. La soledad debería estar protegida como la reserva natural de Doñana o el lirón careto. Pero no, ahí fuera hay un ejercito de chungos que se afanan en boicotear a todo aquel que no vaya a los sitios de la mano. La culpa la tienen el arca de Noé, el twin-set, el convoy del aliño, Batman y Robin o la benemérita. Han creado un imaginario a dos que condena a la categoría de raritos a los que vivimos en la casilla impar.

No, no es que no esté abierta al revolcón de luxe, pero como la Nespresso de los Reyes viene sin George Clooney, arranco mi viaje de pasión a la espera de que se incorpore cuando plante a la italiana ésa. A Hugh Grant no pienso llamarle, los años lo han vuelto mujereta y la flema british de ayer ha tornado moflete pachón hoy. Eso sí, para ir calentando el planazo llevo toda la tarde haciéndome arrumacos frente al espejo. Y lo mismo, lo mismo, me regalo un anillo con un buen pedrusco.

miércoles, 6 de enero de 2010

APARTHEID DE PAREJA

Mi querida Big-Bang:


Con la mascarilla puesta parezco el hombre elefante. Una masa blanca e informe, sin expresión, que ríete de la del malo con capa negra y puñal de "Scary movie". Hay cosas que una debe hacer en estricta soledad, y por este motivo he mantenido agrias discusiones con amigas que creen que la confianza en la pareja reside en depilarse las ingles en el salón mientras el otro construye la maqueta del Titanic, usar juntos al baño -tú váter, yo ducha-, sonarse la nariz en sensurround, quitarse el postre del plato o acostarse con un pijama 100% algodón, descolorido y colgón.

La caída del misterio entre dos es como la del imperio romano: inevitable, tenebrosa, fatal. Hay excepciones, claro. Mi amiga C. duerme con tapones en los oídos, antifaz y patucos de lana de la abuela, y aún así los vuelve locos. El secreto está en que lo hace desde la primera noche, y así nadie se llama a engaño. Fingir cotidianidad en el minuto uno puede ser muy sexy. Y relajado, no como el caso de M, que no soporta que su rollo del día anterior la descubra con la legaña puesta, y se levanta sigilosa de madrugada a hacerse el brushing, maquillarse y machacar sus cien abdominales de rigor. Agotador.

De mis amigas la más lista es, sin duda, L, que duerme como la realeza: cada uno en su cuarto. De ahí que su amor sea perpetuo, monárquico y ...real. Lo que me lleva a pensar que la verdadera intimidad reside en levantar muros aquí y allá.

"Un alicatado a tiempo puede evitar divorcios". "Ponga un encofrado en su vida". "Escóndase tras el pladur". Los reclamos pro apartheid sentimental crecen cual champiñones en mi mente enferma. Quien inventó esa aberración del loft no sabía lo que estaba haciendo. O lo mismo era abogado del tribunal de la Rota y se ha forrado. ¿Dónde están esas parejitas modernas que se empeñaron en dormir junto al fregadero? En algún desagüe rumbo al país de nunca jamás.

Hago un llamamiento a la creación de la arquitectura sentimental. Tanto mamoneo design sólo ha servido para pelearse por la silla Panton o jurar en nombre de la Bauhaus. Camas separadas y amor tórrido en el pasillo. Horarios de comidas distintos, como en los cruceros para clase media, música individual, servicio doméstico propio, nevera para uno, despensa con nombre y apellidos. Cohabitación sin roces malignos, visiones esperpénticas y calcetines debajo del somier.

Diez minutos más y mi cutis estará como el de la Pequeña Miss Sunshine. Lista para enfrentarme a mi otro yo sin sobresaltos. La esquizofrenia vital es lo que tiene, eso y la certeza de que mi baño sólo lo comparto con mi perfil chungo. El otro es el que duerme, sin pastillas ni cremas antiarrugas, en el dormitorio imperial, al otro lado del muro.

martes, 5 de enero de 2010

MY TAYLOR IS RICH

Mi querida Big-Bang:


Fumando espero a mi gigante de Telefónica. Un hombre de dos metros diez que me visita de forma recurrente con la firme determinación de devolverme la línea perdida. El único que, hasta la fecha, se ha tirado al patio en plancha para encontrar la conexión y hacerme feliz. "Señora, yo me tiro, pero lo que viene siendo salir, no sé cómo saldré". ¡Esto es un Quijote de real life, sí señor! La versión moderna y telemática de Indiana Jones, Jesús Calleja, Manolo&Benito...O sea, un héroe multidisciplinar con talento para las ñapas. El sueño de cualquier ama de casa aburrida por la ausencia de emociones fuertes.

"¿Cómo puede ser usted tan majo y trabajar para esa compañía que me hace la vida imposible?" le pregunto tendiéndole la mano para sacarlo del foso. "Es lo que hay, mujer", responde encogiéndose de hombros.

Una también ha tenido sus trabajos humillantes, no creas. Una vez, durante la carrera, mis amigas y yo fuimos contratadas para un anuncio. Había que simular que llenábamos el Vicente Calderón, pero como éramos cien y entonces no había photoshop, nos iban moviendo por las gradas. Todo esto a pleno sol, no menos de 38º y sin agua. De aquello sacamos en limpio una lipotimia, dos mil pesetas y la convicción de que con nuestro cuerpo no nos ganaríamos la vida.

Más adelante fui chacha, aunque en la agencia lo llamaban pomposamente au-pair, un eufemismo que te devolvía cierta dignidad. Al fin y al cabo, que te digan en inglés "limpia el wc, nena" suena a música celestial y, si tu jefe es el capitán macizo del Manchester United que te lleva al fútbol y a misa en su descapotable, llegas a olvidarte de tu condición de Jane Eyre sin cofia.

Dar clase a una taruga con un hermano pirómano fue mi siguiente cometido. Mientras me afanaba con escaso éxito y nula vocación en explicarle "my taylor is rich", el colega prendía fuego en su cuarto para comprobar in situ la combustión. Mi carrera de institutriz bien pudo terminar envuelta en llamas (de nuevo como mi heroína Jane, a merced de la sra Rochester) así que me fui con la música a otra parte y la firme convicción de que no me ganaría la vida en el cuerpo de bomberos.

Y con semejante currículum de cloaca llegué al mundo del glamour y el tacón de aguja. Dirás que es un milagro sin parangón, que ríete de la multiplicación de los panes y los peces. Cierto, lo es. Pero no olvido mis raíces y, cada vez que me visto para un acto social megapijo, no puedo por menos que recordar mis orígenes chungos y sentirme como una "My fair lady" resucitada. "The rain in Spain remains in the plain".

lunes, 4 de enero de 2010

LIMPIEZA GENERAL

Mi querida Big-Bang:


Una fuerza superior a mi voluntad me impide deshacerme de los platos desportillados, de los viejos jerseys con bolas y de los leggins color panza de burro de andar por casa. Una vez conocí a una mujer que aseguraba que odiaba estrenar, hasta el punto que cuando compraba una prenda hacía ponérsela a su marido para que perdiera el apresto. Yo imaginaba al pobre hombre travestido, subido en unos stilettos por amor, pasillo arriba, pasillo abajo, hasta que la rígida horma era sometida, y me daba la risa. Dos fobias opuestas, un punto en común: la necesidad desesperada de reconocerte en tus objetos.

Tranquila, soy selectiva en lo mío. Mi armario y mi alacena no son los de un chamarilero, que una tiene su glamour y el espacio limitado por dos fieras que colonizan a su antojo. Pero mi ausencia de vida interior me empuja a encariñarme con entes que me den un barniz de eternidad, como Iker Jiménez se encariña con el Chupacabras o las caras de Balmez.

Luego están mis cajones del caos. Esos agujeros negros donde conviven las pilas gastadas con viejas monturas de gafas y bolsas de pesetas con prismáticos. Tengo sólo cuatro, no hace falta que subrayes nada en tu libreta ni busques remedio en el vademécum. "Todas las escrupulosas son guarras", decía mi abuela. Y una vez más, tenía razón. Digamos que soy una falsa ordenada, una desquiciada de perfil bajo con urbanizaciones de ácaros bajo las alfombras.

Hasta hoy. Toca limpieza general y tengo el hacha en la mano. No pienso volver a Sicilia, patria del desamor, así que bye, bye, guía Trotamundos. De Cavafis me quedo con Ítaca, claro:"No temas a los lestrigones ni a los cíclopes, ni al colérico Posidón"...¿Quién dijo que los libros arden mal? Yo sí que soy la chica que soñaba con un bidón de gasolina, y hasta ahí llega mi conocimiento del sueco ése que murió sin conocer el alcance de su gloria. Una egolatría menos, apunto.

Una vez tuve una cuñada hierbas que comía tofu, militaba la religión anticonsumo y hacía cursos de espiritualidad donde el amor astral se demostraba frotando pubis con pubis. Un día nos invitó a toda la familia a un planazo de convivencia y armonía: su mudanza. Del cajón de la ropa interior salieron no menos de doscientas bragas, y había zapatos hasta en el botiquín. "El equivalente a subir a un barco de Greenpeace y encontrar al jefe torturando a una ballena", pensamos todos.

Somos lo que guardamos, y a mí me sobran varias toneladas. Temblad, objetos míos, que los días de indulto general han terminado. Mañana seré noticia en Madrid Directo y la vecina de enfrente llevará mi suti de La Perla. Eso sí que es eternidad, y lo demás tontería.

sábado, 2 de enero de 2010

DEPURACIÓN RADICAL

Querida Big-Bang:



Llego a la comisaría y el policía jefe me manga el DNI, delante de mis narices. Yo finjo que no lo he visto y busco en la cartera, rebusco, cada vez hay más papepes, tickets de compra, billetes gastados de autobús, resguardos de la tintorería... El pulso se me dispara. Sudo. Cierro el monedero, lo abro. Soy una delincuente y este hombre me va a meter en la trena por acumular basura radioactiva sin documentación en regla.

Efectivamente lo hace, sonriente y, tras hacerme la consabida foto de frente y de perfil con una vieja Polaroid que no escupe nada, termino en una celda con el dúo Pimpinela como compañeros. Se han operado tanto la cara que parecen dos clones. Cantan desgañitándose: "porque ahora soy yo la que quiero estar sin ti. Por eso veteeee olvida mi nombre, mi cara y casa y pega la vueltaaaaaa". Como no me queda otra, les hago los coros.

Sí, he aquí mi primera pesadilla del año. Eso me pasa por dejar los barbitúricos, el alcohol y las pastillas juanola al mismo tiempo. Hacer las cosas a lo grande es lo que tiene. Soy maximalista en los vicios y en las retiradas, y lo estoy pagando caro. Un ejército de restos de banquete me espera en la cocina y mi primer impulso es tirar todo a la basura, sin indultar ni al foie, y bajarme a por frutas y hortalizas. Depuración total.

Otra opción sería enclaustrarme en una casa de esas de ayuno donde mi amiga C paga un dineral a cambio de que le quiten las bragas y le den alfalfa para desayunar. No entiendo que para matarte de hambre tengan que venderte las grandezas del nudismo. Guarros, eso es lo que son. O quizás comer alfalfa desata las libidos. O te deja tan atontado que sólo con una visión carnal reaccionas a las instrucciones del profesor de yoga.

En fin, que ando desazonada y lo primero que miro es que el DNI esté en su sitio. Arrancar el año indocumentada es una lata y si me detienen por algo -cosa que no descarto- quiero poder sacar con chulería mi carnet. Si el poli me deja conservar dos pertenencias, elegiré un caldo de berzas y un bote de echinnacea, para que veas que lo mío va en serio. Tantos chaneles y mamoneo glamouroso me ha llenado de ruido el cuerpo y estar desafinada un 2 de enero presagia catástrofe de aquí al verano.

Anoto mis objetivos del año, con letra leglible y orientada hacie el polo positivo: 1. Confraternizar con gente de bien que habla de temas aburridos. 2.Dejar que los aburridos terminen sus frases, sin pisárselas. 3.Ver cine de autor como el que oye llover. 4.Viajar a lugares ignotos con un neceser por todo equipaje. 5.Leer a Joyce, que ya va siendo hora. 6.Dejar de contar historias de terror a los niños. 7.No matricularme en ningún gimnasio. 8.Recoger la mamografía de hace dos años. 9.Llamar al fontanero. Y 10 (y más importante):Emprender una cruzada contra Telefónica y sus timos.

Con tanta previsión vital me he quedado mucho más tranquila. Bienvenido 2010 y sus tormentas. Igual me permito echarle al caldo una punta de jamón y todo, como premio.