lunes, 31 de mayo de 2010

TÉCNICAS DE LIGUE, LECCIÓN 1

Mi querida Big-Bang:



Esta vez dije que era ingeniera nuclear. Lo de reponedora de Ekonsum ya lo había explotado en exceso, y no me sentía muy peluquera en Fuenlabrada, mi otro sosias triunfador. Meter trolas de noche es una estrategia de ligue infalible. Según lo que dices que eres puedes espantar a los especímenes más pintados. O atraerlos como abejorros en celo.

-Y tú, rubia, ¿qué haces en la vida?
-¿Yo?, beber gin, y en mis ratos de lucidez soy ingeniera nuclear, pero no lo digo mucho porque el gremio estamos muy mal vistos. Los de las renovables nos han hecho polvo, oyes.
-¿De verdad? ¡Pues yo he nacido en la central de Vandellós, mira mi carnet!
-Pues muy bien, y yo tengo un tío en Cinccinati, América.
-Y tu amiga, ¿también es ingeniera? (con cierta desconfianza)
-No, ella es actriz porno.

La suerte estaba echada. Una ingeniera chunga y una actriz porno en la pista de un garito rodeadas de berracos sólo tienen una salida razonable: la de la puerta. Pero I. y yo estábamos crecidas y no íbamos a abandonar los hit parades de los ochenta a cualquier precio, así que mantuvimos el tipo con ayuda de una cadena de gin tonics y mucha sacudida de caderas. Estaba claro que yo era una siesa acostumbrada a las ecuaciones y a los chernobiles, pero ella era sin duda una viciosa facilona a la que empezaron a aproximarse manos sobadoras entre culo y cintura.

-"Déjame que te toque, que nunca he estado con una verdadera actriz porno", le decía gordito pilón palpándole ese territorio de nadie de su anatomía. Y mi amiga me miraba con cara de: "dios mío, ahí fuera me están imaginando todos con la boca llena de algo muy grande".

Yo, con la prestancia que daba mi papel, era asaltada por los hombres de ciencia, cachondísimos. Uno de ellos me llevó a rastras ante la presencia de su amigo, ingeniero de Minas, que prácticamente me hizo la ola.

-¿Y tú dónde has estudiado, rubita?
-Yo en el ICAI, con los jesuítas (sin temblarme la voz ni el pulso)
-¿Y dónde trabajas?
-En CASA (Construcciones Aeronáuticas S.A). Soy directora de proyectos.

El calentón súbito que le dio al ingeniero fue de un calibre tal que la actriz porno tuvo que venir a mi auxilio o sería violada in situ con la banda sonora de "Al calor del amor en un bar". Sí, había elegido la profesión más sexy del planeta, y tenía a mis pies a un ejército de gafapastas dispuesto a adorarme. Nunca, en mi larga vida de quemapistas, había cosechado un éxito semejante.

Era una diosa de la razón, y me hacía acompañar por una profesional de los agujeros negros. Por mucho menos se habían desatado orgías en la Antigüedad.
Pensé en Hipatia de Alejandría, en todas las vestales que habían inspirado revoluciones hormonales en la historia de la civilización. En mi raquítico currículum sentimental hasta los cuarenta, cuando aún decía la verdad. En todos esos hombres que salían pitando convencidos de que era una listilla que en dos patadas les iba a descubrir su talón de Aquiles. Ay, cuánto había tardado en darme cuenta de mi verdadero potencial.

A las seis de la mañana la pornoactriz y yo salimos triunfantes y cargadas de números de teléfono. Muertas de risa y abrazadas tomamos la madrugada en busca de un taxi, orgullosas de nuestra capacidad de seducción y de constatar que uno se enamora de la idea de lo que es el otro. Y que la fantasía es esa herramienta que consigue proyectarnos hasta el infinito y más allá. Al llegar a casa aún tuve tiempo de encomendarme al ínclito Leo Szilard, inventor de la bomba atómica, y después soñé con una explosión eterna de luz y de color. Cómo mola la alta ingeniería, oyes.

sábado, 29 de mayo de 2010

CAÑONES O MANTEQUILLA

Mi querida Big-Bang:


Debo elegir entre cañones o mantequilla. Salir a llenar mi despensa tiritona y componer un collage multicolor sano sanísimo o renovar mi fondo de armario hasta bien al fondo, aunque tenga que excavar la pared hasta las lindes del vecino. Sí, en la vida de toda mujer de real life surgen dilemas de este calado y hay que tener la cabeza fría para decidirse. La primera opción supone pasearme con sueño por los puestos del mercado dejándome piropear a gritos por Manolo el pescadero, que tiene su aquel. La segunda dejarme devorar por el frenesí de unos escaparates que sin abrir la boca envían teleseñales, como las de los orangutanes en esos rituales de apareamiento tan majos que muestran en los documentales de la 2.

Las que nos sugestionamos somos terriblemente vulnerables al lenguaje silencioso. Al psiquismo de ocasión. Más aún si en nuestra unidad familiar no existe la figura del marido brasa que nos diga: "nena, ¿no estás gastando demasiado en trapos?". Así que obviamos esa maniobra tan manida de fingir que el bolso rosa fucsia ya lo teníamos la temporada pasada: "Sí, hombre sí, si lo llevé a la boda de tu prima Mari Pili, ¿cómo no te acuerdas?".

La trola doméstica no necesita confesión, digo yo. Seguro que el Papa también le miente a esas monjitas que le cuidan el vestidor cuando añade una casulla o unos zapatos de Prada (no tiene mal gusto el enviado del Espíritu Santo). Me imagino la conversación entre ellos:
-Santo Padre, Santo Padre, ¿no ve que ya tenía tres casullas litúrgicas azul petróleo?
-Certo, hermana, pero ninguna me iba a conjunto con los calzoncillos púrpura de Dolce Gabanna.

Pecar es una estribación de rezar, diría. O lo que da sentido al rezo. Lo mismo que las cárceles justifican que haya serial killers, y los grandes almacenes que haya familias de clase media aburridas que necesitan una excusa para salir en hordas los sábados y sacarse los ojos en el Mugre King. Quien acuñó la teoría de la causa-efecto debió darse cuenta de que que muchas veces lo segundo provoca lo primero, y no al revés, como nos han venido diciendo durante generaciones. Yo, si finalmente me decanto por el mercado de abastos, lo haré para provocar el hambre a mis chukis, no para saciárselo. Y si opto por sablear mi VISA en La Perla será para sentirme sexy, no para mostrar el sex appeal que no llevo incorporado.

Cada efecto tiene su causa, y con esa reflexión de todo a cien voy a ver si despejo este dilema que me corroe. Tú piensa que eres la provocadora de mis delirios y paga tu penitencia. Lo suyo es que corras dirección Vaticano y pidas consulta con Su Santidad. Lo mismo podéis entablar en las dependencias de Armani una fascinante conversación sobre" la moda y la fe: ¿quién paga los pecados de la vanidad". Te espero en el puesto de los sutis de seda. Ciao, cara.

viernes, 28 de mayo de 2010

EXCUSAS

Mi querida Big-Bang:


Se me ocurren muchas razones para no ir a trabajar, pero pocas excusas originales. A mi entender, una puede ser de todo menos vulgar o cursi. Podría fingir un acceso de indignación turbulenta, un ataque de melancolía residual, una enfermedad infecto contagiosa de origen senegalés o que estoy hecha una perra vaga, como dice mi amiga L. Si me concentro mucho es posible que sea capaz de urdir una trama en la menor al teléfono, para pasarme este viernes de sol abrazada por mi sofá y tragando basura televisada sin reparar demasiado en el estercolero de procedencia.

Sí, una vez perpetrada la posible trola, me vengo arriba. Mi gran dilema sería: ¿me ducho, no me ducho? Como últimamente el jabón es a mi piel como el agua a los gremmlis chungos, lo mismo desestimo la casilla de la higiene y me limito a un agüilla a lo Mario Moreno. Quiero seguir oliendo como ayer, pero sin tirar del frasco. Peinarme, lo justito, porque cada vez que decido descuidar mi look viene el del contador del agua a subirme los colores. La última vez me resistí a abrirle por detrás de la mirilla. El tipo, empecinado, se quedó ahí, al grito de no nos moverán, y cuando al fin abrí con los pelos en cresta y murmurando una excusa desmayada por mi tardanza, soltó:"Señora, si le ha dado tiempo a hacerme un retrato robot".

Sí, el mundo entero se confabula contra mí cuando quiero ser mentirosa, falsa, embustera. Lo mejor sería llamar a mi jefa al son de: "chitina, di por ahí que ni estoy, ni se me espera", como al general Armada, y ya si éso daré un discursito televisado para apaciguar los ánimos al respetable. Total, es contraproducente que con esta desidia espacio temporal me eche a las calles a pedaladas, porque lo mismo me empotro contra uno de la EMT y la liamos. Vale, sí, siempre quise salir en "Madrid directo", pero querría que fuera en un acto más glamouroso y con las mechas en perfecto estado de revista.

En este punto verás que he claudicado. Quemo mis naves, me rindo a la evidencia de que la resaca que me habita tiene mala solución. Apuremos el viernes, que viene largo y estrecho, y finjamos que podemos pasar otra noche en blanco sin consecuencias para el sistema de seguridad mundial. Vengan la gloria y los cafés, la prisa y las taladradoras gallardónicas. Fuerza y honor. Y paracetamol.

jueves, 27 de mayo de 2010

QUIERO SER FELIZ.MR SMITH

Mi querida Big-Bang:


La BBC habla de España en términos catastrofistas. La CNN también. Me invade el mismo sentimiento de cuando un novio criticaba a mi madre en los mismos términos que lo había hecho yo cinco minutos antes, y yo me cabreaba como un mono. Hay cosas que no le permitimos a nadie, límites que uno vadea solo, vilezas que en perspectiva adquieren toda su dimensión vil y te devuelven una imagen de ti mismo bien chunga. ¿Estamos así de mal? Quizás, pero en otro idioma y con ritmo de endemoniado inglés parece más un Te Deum que la crónica de nuestra miseria en sensurround.

Hay espejos que uno no debería mirar jamás. El de la madrastra de Blancanieves, el del probador para bikinis en mayo, el de aumento a partir de los cuarenta o el de los ascensores con luces mortecinas justo antes de salir para una gran cita. Qué necesidad tenemos de que nos muestren nuestra peor cara, si ya se ocupan los años de hacerlo. El ombliguismo nos distorsiona el horror circundante, pero nos permite ser un poco más felices. Quién quiere un chute de realidad teniendo la posibilidad de viajar a Marte con un casco y unos electrodos. Arnold Schwazeneger lo sabía. Jim Carrey también. Y Alicia incluso antes de Tim Burton.

Las criaturas felices no tienen espejo, convengamos. Por no tener, seguramente no tienen una tele donde ver la BBC y la CNN. Son más de otras siglas, como LSD. Se levantan, se toman un café con doce cucharadas de azúcar, se atusan el flequillo al tacto y se suben en sus zapatos convencidas de que cada tipo con el que se cruzan por la calle las saluda o, en su defecto, les mira las piernas con admiración. Pasan de encuestas y estudios de mercado, de probadores y constataciones vanas. Son, están, allá donde les conviene. Dentro de una vitrina que las mantiene aisladas e impolutas mientras fuera el mundo acumula pelusas y polvo.

Te digo, amiga, que lo mismo dejo de encender la tele en otro idioma. Yo me sentía orgullosa de mi patria y de sus próceres hasta que aquel tipo de piel blanquecina y corbata british me dio la mañana destilando apocalipsis barato. Déjeme ser feliz, señor Smith. Nos gobierna un tipo muy seguro de sí mismo que es capaz de corregir y anular decretos en minutos, haciendo que los mercados se tambaléen. ¿No ves qué talento?. Y nos quiere gobernar un muñegote inexpresivo que apretará el botón rojo sin temblarle el pulso. Otro talento de la naturaleza que encima lleva el pelo teñido.

A partir de hoy pienso mudarme a un mundo paralelo. Seré un demiurgo, un daymon. Un ser entre la irrealidad y el deseo. No me digas que desvarío. Ni siquiera que tengo un trozo de lechuga entre los dientes. Tampoco que el bikini me sienta como un tiro. Lo mejor sería volver a las cavernas o al paraíso terrenal sin serpientes ni manzanas que valgan. Un mundo feliz. Catastróficamente feliz.

martes, 25 de mayo de 2010

TRANSGRESIONES

Mi querida Big-Bang:


Hay ciudades que no están buenas pero sí son interesantes. No las paseas atrapado en un síndrome de Stendhal, pero te fijas en el dibujo sus cornisas, en los divertidos soportes para bicis de sus aceras o en el diseño de sus escaparates. Moraleja; si no eres un cañón, ten algo único que despiste de las imperfecciones. Este es mi primer pensamiento del día y se me ocurren algunas estrategias para ser única, todas ellas escandalosas. Dar la nota ha sido un clásico que implica desesperación en el cortejo. A eso voy, aunque me temo que lo encontrarás adolescente. Me la suda, con perdón.

Extender la adolescencia no me parece mala cosa si no está acompañada de acné, momentos gusiluz por el sonrojo ni olor a choto por excesos hormonales. Recuerdo esa secuencia en la que Fétido Adams se metía sendos colines en los agujeros de la nariz durante una cena romántica para hacer reír a su chica. De hecho, siempre que veo colines sobre un mantel y hay un hombre guapo enfrente tengo que reprimir mis impulsos fétidos y mordisquearlos como hace todo el mundo. Ahora dime eso de qué otros impulsos reprimo, o que te pago para tirar de manual freudiano, y me levanto del diván de un salto a conquistar esta ciudad interesante ma no bella.

Las normas de urbanidad nos permiten vivir en la jungla pero nos han quitado demasiada espontaneidad. Imagina que a los monos les prohibieran despiojarse entre ellos, enseñar el culo pelado o poner caras de bicho portavirus asesino Ébola a los turistas cuando van al zoo. Sería un rollo y mis chukis dejarían de suplicarme cada primavera que las llevara a ese hit parade de los planes pirata. La trasgresión tiene su punto y es necesaria como el sérum antiarrugas a partir de los 35.

Mi jornada trasgresora va a empezar tirándome en plancha al desayuno buffet para hacer una elipsis torera en la sección frutas y yogures. Después, sobrevolaré con garbo las odiosas montañas de cereales y todo lo que huela a bífidus y a salud intestinal. Mi objetivo se llaman huevos fritos con bacon, siempre precedidos de un tanque de café que me vaya subiendo las pulsaciones. El remate, una magdalena bien grande, como la de Proust, y una vez en estado precomatoso me pondré mi vestido by Pucci y me echaré al mundo de las reuniones corbateras haciendo apología de los productos del cerdo. Toma provocación.

Ahí fuera hay una ciudad que no está buena, ni falta que le hace. Y un ejército de hombres que aún miran a las chicas al pasar. Por si acaso voy a robar un paquetillo de colines, no sea que termine la velada en un restaurante a la luz de las velas y pueda desenfundar mi vis de payasa en otro idioma. Si no estás buena, siempre puedes ser estrafalaria, estrambótica, extralimitada. O reunir todos los extras en uno y pegar un corte de mangas al convencionalismo de salón.

lunes, 24 de mayo de 2010

EL BOING NO LLAMA DOS VECES



Mi querida Big-Bang:


Arranca la semana con agujetas en el páncreas y un billete de avión en el bolsillo. Hacer maletas empieza a convertirse en un deporte de alto riesgo que acometo con más disciplina que vocación. En realidad querría ir en pelotas y comprarlo todo en mi destino, pero conociendo mi talento para la desorientación y el manirrotismo, lo mismo terminan enviando a los GEOs al mercadillo de los vuittones. No, no te pierdas que es aún lunes y las aceras están sin poner. El Boeing no puede esperar.

Yo es ver una maleta abierta y entrarme sudores. Me da un ataque de "just in case", que diría mi amiga I. y quiero meterlo todo, en milimétrico desorden. Una prenda lleva a la otra, y ésta a los zapatos, y cuando quiero darme cuenta llevo looks para mes medio, pero todos incompletos. En una de mis últimas performances me olvidé la ropa interior, y era domingo. Naturalmente que hiciste tu interpretación todo a cien del lapsus, nunca me decepcionas. A cambio, jamás olvido meter cinco o seis pares de confortables calcetines de algodón, un detalle curioso teniendo en cuenta que no van con mis stilettos y menos aún con mis plataformas. Pero me siento tan tranquila con esa carga inútil como con mis lexatines, orfidales, nolotines y antifaz con silicona para jaquecas de ocasión.

Sí, siempre hay un desconocido/a que pega la hebra conmigo cuando vuelo. Debo tener cara de: ábreme tu corazón,chato, que es gratis y soy rubia. Y esto me obliga a torcer el cuello y bizquear, dos gestos que terminan indefectiblemente en el vómito. Como sabes, acumulo grandes gestas en esta materia, y el día que las ponga negro sobre blanco será un best seller. Ya tengo el título: "Que usted lo pote bien", o "Hágase un Jackson Pollock orgánico a siete mil metros". Pero entiendo que mis fans no me perdonarán semejante desliz gore, así que nos quedaremos en "Cómo perder el glamour sin bajar de las nubes. La regurgitación pret a porter".

Ya paro, que se te va a caer el mito. En realidad te escribo para reducir mi ansiedad y a la espera de que se me seque la laca de uñas de los pies. He pasado el fin de semana memorizando dossieres en spanglish mientras chupaba banquillo. Jugar al fútbol con los de tu sangre es lo que tiene: o corres como una poseída o te condenan al ostracismo, sin florituras. La cosa es que la derrota de mi equipo, "Los Tiñosos", fue enjugada con el triunfo en el Trivial. Ahí lo bordamos las chicas de la familia, y ellos aún se están lamiendo las heridas de su orgullo machirulo. Mi respuesta estrella, la que me deparó el minuto de oro de gloria, fue "El acorazado Potemkim". Se quedaron muertos todos, incluso yo misma.

Hala, procedo a drogarme para el viaje. Pórtate bien, que regreso en breve y con mis desequilibrios en su máximo nivel. Prometo ponerme ciega de burrata y no beber entre horas. Prometo dejar mi VISA tranquilita y no afanar el albornoz del hotel deluxe. Sí, con la maleta casi llena estoy crecida y satisfecha. Arrivederci, bambina!

viernes, 21 de mayo de 2010

REDECORE SU HÍGADO

Mi querida Big-Bang:


"Cada vez que rompa un corazón, tire un tabique". He soñado con este claim toda la noche. Mi casa era un loft a la fuerza y, a falta de muros, la emprendía contra estanterías, zapateros y baldas de la despensa. Todo lo que separa y sostiene. Al fin terminaba tiritando frente a la nevera abierta, justo antes de emprenderla contra el último cajón del congelador. Sin tabiques, sin vanos, la vida es una burbuja espacial flotando a cámara lenta en el espacio de la sinrazón. (Apunta esta frase en tu libreta grasienta que hoy estoy sembrada y podrás fardar de paciente en el congreso de psicotas de Oklahoma)

Lo que nos rellena nos sostiene. El hueco es como la tumba, un agujero negro, como tú, donde caer a un vacío sin picaportes ni manivelas. El abismo. De ahí que decoremos nuestras casas y nuestras vidas con objetos en relieve y datos corpóreos. El horror vacui siempre fue un horror, pero convendrás que en las fotos queda bonito. Igual que los vestidos de alta costura sobre las modelos cuasianoréxicas.

Necesitamos formas, curvas, desniveles y otros accidentes que nos mantengan despiertos. Nada más aburrido que una carretera lisa y plana que se pierde en el horizonte. Yo, en esas, me crezco y saco el kit depilatorio para arreglarme una ceja. Luego pasa lo que pasa. Las mentes planas me provocan bostezos, y las retorcidas desazón. Pero, ¿hay que elegir entre el Barroco churrigueresco y los predicamentos de la Bauhaus? Sí, me he levantado oscura y va a tener razón mi primer novio, que el otro día, preocupado, me envió un poema titulado "Invictus" para sacarme del hoyo.

"Verás, nene, estoy bien. Con la piqueta en la mano y sin tabiques que demoler, eso sí". Una mujer desocupada e hiperactiva como yo es Chernobil a punto de grieta. Necesito acción. Y no me mandes que ordene el cajón de los CD´s porque no me da la gana. He alisado mi vida y soy un lienzo sobre el que no escribe ni el jodío de Mr.Rubidio. ¿Y si apelo al más allá?.


Voy a coger papel y ceras y definiré contornos. Un punto de fuga, cuatro líneas desde las que construir sentada en el suelo, entre estas paredes blancas. Pondré un estante de lack IKEA como la unidad familiar clase media que soy. Un jarrón con flores blancas, una mesa Tulip de Saarinen y el sofá de vagos de los Eames. El entorno perfecto para una destroyer, con música de Mahler, un suponer. Luego me intaré una manta y, justo cuando todo esté en orden, romperé lentamente mi obra y tocará recomponerme. El tedio, verás, me ha dado alas. Por si acaso no enciendas hoy el Telediario. Avisada quedas.

jueves, 20 de mayo de 2010

SECRETOS DE CAMA

Mi querida Big-Bang:


Mi cama es mía. Y juro que no vuelve a colarse dentro ninguna adolescente en fase de brote hormonal expansivo. A los trece años uno crece/duerme a trompicones, como si le fuera la vida en ello. Y eso incluye revoleras con los brazos, saltos nerviosos y un elaborado fox trot a cuatro piernas que ha invadido mi látex como los suevos, vándalos y alanos se merendaron Europa en su momento.

Así caen los imperios, a ras cama. Las cenas pantagruélicas de los romanos, las orgías nazis, el Titanic contra el hielo mientras roncaban. El colchón no es eso inocente, hortera y aspiracional que nos vendía el grupo Lo Mónaco, sino un campo de batalla en toda regla donde las estrategias para ganar terreno al otro son retorcidas y donde pierde el que no domine el arte de la palanqueta. Y lo más perverso de todo es que nos lo han vendido como el bucólico escenario de los sueños, los revolcones y el salto del tigre. Esto es real life y no Doris Day. Falsos, que sois unos falsos.

Tú sabes mejor que nadie que esas parejas tipo Meg Ryan y macizo que amanecen abrazadas y con el embozo sin arrugas no vienen de una noche de sexo salvaje. Te diría que ni han sudado. Son dos figurantes aburridos y atados con arneses al 50 por 100 de su parcela de algodón. Y se llaman matrimonio de largo recorrido. Anoche llegaron, miraron las evoluciones de la bolsa en el periódico, hablaron del último misterio de Fátima y, sin tocarse, compusieron la imagen de la felicidad, él abrazándola a ella. Como muevas un músculo te mato.

Mi cama es mía, y a ella me entrego sin expectativas y con la cara lavada. No como esas mentirosas que amanecen con el rimmel en su sitio y el brushing de los pelos en perfecto estado de conservación. Yo amanezco más bien como un espectro de Balmez, y si la cosa se ha dado medio bien, la contractura me dejará asimétrica de por día. Sexy como yo sola. Pero lo veo yo sola.

Vale, llámame cínica si quieres, pero es que echo de menos las king sizes de esos hoteles donde cruzo las sábanas blancas a braza o a mariposa, embadurnada en mi mascarilla mágica. El libro en una mano, el bombón y la rosa en otro. La quintaesencia del amor se llama servicio de habitaciones. Y el amor de madre no debería incluir una claúsula de debilidad que permite que tu hija y sus hormonas se cuelen en tu cama y den por saco a tu frágil sueño.

Pero qué gusto me dio terminar el día de batalla en son de paz, mi brazo rodeando su hombro. El perdón universal, el contador de nuevo a cero. Ya habrá tiempo de dormir, aunque sea un coma inducido. O algo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL OUTLET DEL CORAZÓN

Mi querida Big-Bang:


Hace una madrugada del carajo, y los tordos llevan rato montando una gresca absurda que sólo escucha el barrendero. La naturaleza es proclive al desperdicio y a mí reciclar me pone enferma. A veces he intentado reciclar sentimientos: confianza por complicidad, amor por roce, dolor por desdén... pero si no valgo ni para llevar las pilas a su correspondiente depósito limpio ¿cómo voy a reconvertir los impulsos, que encima no tienen contenedor señalizado con colores?

No pienso acumular desconfianza en bolsas de basura. Sólo soy Diógenes con los zapatos, ya sabes. Me gusta la gente que confía aunque se pegue de bruces contra las aceras. Me gusta fiarme. aunque a algunos los vigile con el rabillo del ojo. Me fío incluso de ti, que hasta la fecha no me has dado ni medio consejo práctico para luchar contra la desazón que me habita. Ni siquiera contra el insomnio de madrugada. ¿Mato a los pajarracos o le pongo un altar a Hitchcock en la azotea, para celebrar entre graznidos la salida bendita del sol?

Dormir o no dormir, esa es la cuestión. Yo hubiera elegido resolver el tramite en cuatro horas y salir a la calle sin arrastrar estas ojeras. Confiaba en que la química me ayudaría a programar mi agenda nocturna, descabalada desde que mi vecina la poseída por Satán fue expulsada del paraíso de las fajas marrón clarito que es/era su casa. Ahora no escucho alaridos, sino pájaros. Pero me despierto igual. Confiada en que ya son las seis y media. Pero no.

Reciclar, reutilizar, reducir. Esa es la sagrada trinidad del desperdicio. A mí me contaminan los chungos, pero en la teletienda de madrugada no anuncian trituradoras para combatirlos. Sí polvos mágicos para cucarachas, antídotos contra el amor descortés, reductores de ansiedad y descalzadoras. Todo súper práctico. Verás, si reduzco mi presupuesto en trapos podría reutilizar parte de mi ropero como almacén de sentimientos perdidos. Un outlet a las afueras de mi corazón, que ordenaría alfabéticamente cada madrugada insomne.

Voy a darle vueltas a mi rutilante proyecto vital y a diseñar los perfiles de sus contenedores. Tú, si eso, vete elaborando un manual del reciclaje de neuras, que lo mismo lo acabo necesitando. Y los resabiados del mundo dejen ya de emprenderla contra mi candidez. Así soy más feliz, aunque no duerma...

martes, 18 de mayo de 2010

TAROT O DIVÁN

Mi querida Big-Bang:


Mi bruja se ha empeñado en recitarme el vademécum. Ayer la vi venir. ¿No me preguntas por mis manos?, me daba a entender agitándolas delante de mis narices. "Pues yo he venido a la cosa del destino, bruja, pero si me lo pintas más bonito lo mismo podemos arrancar con tu soriasis", pensé. Lo malo de las brujas es que, si son de primera división, te leen el pensamiento. Así que cuando voy trato de no pensar, de ser un conjunto vacío, pero basta que me concentre para que me asalten mil pensamientos inoportunos.

Un suponer:¿Tú a Hacienda la chuleas al por mayor?. Porque está claro que estos billetacos que te tendemos las almas perdidas a la caza del devenir no pasan por ninguna ventanilla del banco, sino que se quedan en las tripas del búho ése tan majo que tienes en la estantería tipo barco donde convocas a los astros. Ella, que es cheli y cachondona, mira hacie el techo y me demuestra que será una estafadora con el fisco, pero no conmigo. La adoro.

La cosa es que hasta a las brujas les llega su san Martín. Ayer, sin duda aburrida por mi destino, se dedicó al suyo y me regaló un relato de desamor al que no le faltaba un detalle. El contador corría, pero hay que tenerlos cuadrados para interrumpir a tu pitonisa cuando te dice que a ella también le rompieron el corazón. La mujer, de enorme anatomía, hablaba sin soltar el mazo del tarot con sus garras pintadas de rouge Chanel, y yo no podía sino recordar el chistecillo del adivino: "toc, toc, adivino" ¿Quién es? ¡Pues vaya mierda de adivino!".

Sí, aquel hombre le había puesto los cuernos como a la más pintada. Ella no quiso recurrir a las cartas hasta que un día, hablando por teléfono con él, tuvo una revelación: "Estaba con una tal Ana desde hacía tiempo. Y de mí se avergonzaba el desalmado". Una bruja con el corazón roto es un volcán finlandés en erupción. "Corta la baraja, mona", me dijo sin disimular una lagrimilla. Y ahí me ganó. Decidí que mi futuro podía esperar porque aquella mujer era una loba herida aullando en la noche de los búhos. Y una no tiene corazón para interrumpir a un ser traicionado y con soriasis.

Hay días en los que una no quiere saber lo que le aguarda a la vuelta de la esquina. Si se llama Ana o Brigitte. Si fue en París o en Alcorcón. La realidad debería adaptarse a nuestro estado de ánimo. Sí, saber demasiado puede ser extremadamente duro. Por eso agradezco a mi bruja su charleta insustancial, y que me hurte siempre de la vista la carta de la muerte con su guadaña. Luego abro el monedero y le tiendo el equivalente a mi crema de La Praerie. Sin culpa, sin rencor. Nos besamos, me aplasta entre sus tetas y me despide hasta el año que viene. Así sea.

lunes, 17 de mayo de 2010

CANNES, OH LA LA!

Mi querida Big-Bang:


Busco a Gatsby. Fijo que estaba en mi fiesta, así que me aseguré de que su cadáver no flotara en la piscina, entre las letras rojas de esa marca del glamour que me da de comer (y de beber, mayormente). Sí, cuando una sale con un vestido sin espalda no puede dejar de empalmar gin tonics como una autómata. Cannes es al vaso con hielo como el gran Gatsby a la cosa social. Si encima llevas un abrigazo de plumas rosa maquillaje -que en adelante llamaremos "el chucho"- tu suerte está echada.

"Señoritas, no pueden pasar aún a la fiesta, es demasiado pronto", nos dice un armario de tres puertas vestido de Armani. Faltan tres minutos".¿Cómooooo? Tenemos nuestra acreditación auténtica con su chip auténtico", digo chulita. Y no saco mis lanzaderas espaciales de suela roja porque el tipo sonríe. Esto es Cannes. Te han maquillado como una zorra, con perdón, te ha peinado un peluquero displicente y gay que acaba de hacerle lo mismo a Catherine Deneuve. Te han obligado con ese vestido sin espalda a prescindir del sostén -mon dieu, a estas alturas!-y en el bolso absurdo apenas cabe mi cámara de fotos, pero sí una invitación donde se especifica que está absolutamente prohibido meterla dentro.

Sí, yo estaba muy segura de mis poderes hasta que atravesé esas puertas del paraíso de la exclusividad y miré dentro. Mujeres de mentira, dos metros, rubias, vestidazos de colores y sonrisas blanqueadas me conviertieron en invisible. "Zorras", murmuramos con sonrisilla de hienas. A babor, Meg Ryan, perfecta y huidiza. ¿Y si le hago el jadeo de "Cuando Harry encontró a Sally", para confraternizar?, me pregunto, pero mi jefa me echa el freno y me lleva frente al mirador sobre el acantilado de la fiesta. La Costa azul nos contempla con sus luces y su chic evanescente. ¿Dónde está Gatsby?

Cuando uno acude a un sitio como este las posibilidades de chocar con un actor, productor, crítico o millonario en general son tantas como encontrar piojillos en la cabeza de mi chuki pequeña. Hay que ser rápida y astuta. Sí, es posible que me den una oportunidad para dar el salto al celuloide, me dijo mirando a Salma Hayek y a su marido el rey de los Gucci y etcétera. "Si ella pudo, yo también". Suena Van Morrison y es una señal. Bailo y cometo el primer pecado de la noche. En esas fiestas nadie baila, y aunque hay camareros con bandejas de comida, nadie come. "Bien, igual es atrezzo, como las rubias, me dijo zampándome en un rincón oscuro una minihamburguesa.

Llega Pedro Almodóvar. Ha tenido que deletrear su nombre varias veces para que le dejaran entrar. "jeje, aquí la medida de los dioses depende del Armani de la puerta". Martin Scorsese, sin embargo, no tuvo problemas, y tampoco Carlota Casiraghi. Los españoles nos acodamos en la barra a españolear, y jugamos a adivinar a los gafapastas con poder entre la muchedumbre de guapos. Esto es Cannes. El brillo, la charla insustancial y espumosa, las fresas con chocolate, el relumbrón.

Como Gatsby no llega y temo que la magia convierta mi vestido en harapos y mi principe en un sapo, abandono con la mirada desmayada y los tacones en su sitio. Sí, he sido una profesional de la noche. Tengo la boca atrofiada de tanto sonreír, las plumas del chucho lacias y el maquillaje de zorra se cuartea, pero eso no cuenta cuando el chófer se planta en la puerta y nos dice en desmayado francés: ¿listas, señoras?. Oui, monsieur. Oh, la, la!!!

jueves, 13 de mayo de 2010

HÉROES CAÍDOS

Mi querida Big-Bang:


En la vida de toda mujer de real life hay un día en el que descubres que tu padre no es ya ese héroe de tu infancia, que tu novio es un mierda, que tu grupo de amigas adolescentes te despellejan a tus espaldas y ...que el presidente de tu país no pincha ni corta más allá de los Pirineos. Mi fascinante mapa de la decepción circundante tiene un aspa más desde que ZP, ese hombre al que voté con cierto titubeo, sólo reacciona cuando los jefes que mandan de verdad lo llaman por teléfono y le dan órdenes precisas. "O rebajas ya el gasto en 35.000 millones del ala o mira cada día debajo del coche, colega". Y el tipo va y se cuadra.

Desconfío de la gente que sólo reacciona a las órdenes de un superior. Suelen ser poco flexibles, nada imaginativos, marciales. Incapaces de contar una historia o de defender nada que no sea una bandera con un palo. Sí, ese día que pillas al noviete justificando con torpeza ante sus descerebrados amigos por qué ha quedado contigo en lugar de ir a los billares, empieza la cuenta atrás del desamor. Es como si Batman dejara de ponerse el traje y conducir el coche fantástico para dedicarse a la Bolsa o a la horticultura. Queremos héroes, necesitamos sentir al menos unas migajas de respeto elevado al cubo por quienes saltan al campo de juego a ¿defendernos?.

Dirás que lo que te estoy pidiendo es una pastillaca contra la inquietud, el desasosiego, al abatimiento cósmico. Pues sí, y te pido que no me decepciones también tú. El descreimiento es una herida que no duele pero no deja de sangrar, y cuando lo hace te has vuelto un cínico o estás de vuelta de todo. La muerte en vida. Un estado de anestesia general que te impide percibir la nobleza de las cosas, entender que el desmoronamiento de tu padre de aquel pedestal era un proceso necesario hacia la madurez. Que tu noviete fue un eslabón de la cadena hacia el saludable escepticismo sentimental. Que tus amigas estaban tanteando los límites de la traición para sellarlos. Que somos gozosamente imperfectos aunque tú no quieras verlo.

Todo se aprende. Un líder que no manda en ningún campo que no sea de tercera regional es un tipejillo débil que caerá y nos dejará a la intemperie. Y entonces llegará el otro, esa caricatura grotesca que dice ser la salvación y estaremos vendidos del todo. Y o nos hacemos unos hierbas y nos tiramos a las Alpujarras a practicar el peace&love bien atiborrados de hierba o nos exiliamos al país de nunca jamás.

Lo que sea con tal de no sentirnos gobernados por un pusilánime.

(Big-Bang, entenderás que necesito un contáiner entero de química antidecepción circundante. Mándalo ya, por caridad!!!!)

miércoles, 12 de mayo de 2010

ARDOR GUERRERO

Mi querida Big-Bang:


Un día de estos el mundo de irá al garete y yo no habré aprendido la lección básica: llevar la iniciativa mola para batallar en las Thermopilas, pero no para la seducción. Mi hermano I., que es listo y rápido como el Sputnik, suele decir que el que habla primero, pierde. Y yo peco de bocazas. Cuando asisto a un silencio incómodo meto relleno verbal ipso facto y termino hablando de más. Uno a cero.

Tanta vida social me ha convertido en la bombera torera de los corrillos. Es entrar en un salón grande y con canapés y vinillo y lanzarme al ruedo con una furia que el día que las cámaras de seguridad me muestren mis movimientos lograrán subirme los colores. Sí, qué necesidad hay de ser tan proactiva, si las que triunfan son las lánguidas que se acodan en la barra abanicando al respetable con sus pestañas!.

La coquetería es un arte a la espera de su justo reconocimiento. Yo pensaba que A+B era igual a C y así se forjó mi educación sentimental, pero también es cierto que pasé más de un verano dándole duro a las ecuaciones. Los coquetos, mientras, conquistaban el mundo como las fichas de colores del Risk, juego de estrategia en el que, por cierto, nunca me comí un rosco.

Sí, ahora me doy cuenta de la cantidad de señales que me advertían de que cambiara de táctica, mientras yo rellenaba conversaciones a troche y moche. Tan explícita, tan poco misteriosa. Y ahí fuera esas mujeres se llevaban sin despeinarse el gato al agua. Y esos hombres agradecían el golpe de melena, el gesto admirativo, la implícita rendición. ¿Eso era el eterno femenino? Mon dieu, han tenido que pasar muchas catástrofes en el desfiladero de mi vida para darme cuenta.

Y no será que mi padre no me lo advirtió a temprana edad: "hija, andas igual que un legionario". Como por entonces estaba abstraída con las ecuaciones no le presté la debida atención, y aquí me tienes. Inservible para otra cosa que no sea la acción. ¿Dónde hay que pelear? es mi mantra. Y no digo lo de "a mí, la legión" porque el ejército se ha devaluado con el paso de los años y ahora sólo acuden en misión de paz. Una mariconada de la que el dios Marte debe estar muy poco orgulloso, por cierto.

Hala, arranquemos un día más en las barricadas. Me propongo sostener los silencios como el mudo de los Marx, y poner ojitos sin decir ni Pamplona como ejercicio práctico de seducción fatal. Juro que nunca, nunca jamás, volverán a llamarme legionaria. Jessyca Rabbit, tiembla, que te acaba de salir una competencia rubia y letal.

lunes, 10 de mayo de 2010

BUSCANDO A SUSAN

Mi querida Big-Bang.


La bruja Susan me jura que la semana me depara grandes emociones, así que voy a tomar vitaminas para no caerme de la impresión en alguna cuneta. Un horóscopo de 15.000 caracteres con espacios bien merece un respeto. Es decir, puede que la tipa sea una embaucadora y una farsante, pero se lo curra. Y yo a los que trabajan les tengo más adoración que el mismísimo Karl Marx. Taras de la infancia.

El antídoto contra la racionalidad pertinaz es la religión o la brujería. A veces se parecen. Últimamente también recurro a las páginas salmón de los diarios del domingo, que compiten en predicciones con la hechicera Lola, aquella que te iba a poner "dos velas negras". De repente, la economía ha pasado de ser la sección plomo para gente sin pasiones (y a menudo sin escrúpulos) al folletín más vibrante. Como cuenta historias de real life, me las bebo y luego me hago la chulita en las charlas de café hablando del "riesgo país" o me marco una parrafada sobre el déficit con el mismo aplomo que J.Stiglitz.

Lo malo de leer tanto es que he pasado de ser una muchachilla despreocupada a una mujer temerosa. El salmón es apocalíptico. Habla de paro, de recesión, de embargos y rescates. Un campo semántico con nubarrones grises que hasta la fecha no se había mezclado con el de las tendencias, el in&out y los tulipanes violetas, mucho más familiares. De manera que es coger el periódico y empezar a temblar. Un suponer, ¿y si me quedo sin trabajo, qué haría?

A.El jeque lascivo no se ha personado, at the moment. Y mira que la bruja me lo anda prediciendo tres temporadas. B.Para la prostitución de lujo estoy pelín cascada. No, no vayas a creer que no tengo un pase -la que tuvo, retuvo- pèro las hordas del Este han subido el listón muy arriba y además no estoy al día de los menús eróticos contemporáneos de esos pervertidos que pagan por amor. C.Robo por alunizaje: es demasiado escandaloso, fijo que la pasma me pillaría y a ver qué hago desde el trullo con dos chukis a medio criar que comen como limas, las jodías.

Yo no quería ver la crisis, y mira que he criticado por ello a ZP. Pero la crisis llega y aquí voy a pagarla, con sudor. A no, que eso era la fama...Se acabó la despreocupada ligereza de los jueves. Bye bye a los zapatos, tendrás que ser Imelda en otra reencarnación. Ahora sueño con Merkel y con el Fondo Monetario Internacional y hoy me he despertado gritando "quiero que alguien me rescate...".

Sólo me queda llamar a Susan y pedirle predicciones anticipadas de aquí al verano. Necesito un plan, un indicio, un destello de esperanza o se me pondrá el cutis gris y no habrá presupuesto en cremas milagros que lo apañe. La Bolsa se estrella, somos un país de los llamados PIGS y mis exiguos ahorros no dan para una cuenta en Suiza o en algún paraíso fiscal de ringorrango.

Sí, en estos momentos siento que soy escandalosamente vulgar. Y sólo me queda la fe, la brujería y dejar de leer los periódicos. Tocan tiempos de tarot y horóscopo de luxe. Creamos en todo lo que no pueda refrendarse con cifras y ecuaciones. Y que el fin del mundo nos pille bailando, que diría aquel,

domingo, 9 de mayo de 2010

JUEGO DE PALABRAS

Mi querida Big-Bang:



"Lo que eres me distrae de lo que dices". El poeta estaba enamorado de una mujer poco letrada, digo yo, y la justificó en un verso universal que lo mismo vale para un político que para Belén Esteban. Me gusta la gente que brinda al otro una salida airosa a su torpeza. Sobre todo si lo hace por amor.

De todos los dones, el de la palabra es el que siempre hubiera querido poseer. Si mis ministros favoritos son Rubalcaba y Gabilondo no es por las decisiones que toman en sus respectivos negociados, no. Soy demasiado frívola como para fascinarme de un decreto ley o un pacto autonómico educativo que sabe a coitus interruptus. Esos dos hombres destacan por jugar con las palabras como Maradona con el balón. Construyen sujeto, verbo y predicado y una siente que ahí no falta ni sobra una coma. Y sobreviene el orgasmo de felicidad. ¿Dónde hay que votar?

La agresión verbal, por tanto, se me antoja la peor de las agresiones. Sobre todo si está bien hilada. Convendrás conmigo que duele mucho más un exabrupto de fondo que de forma. "Hubiera esperado de ti una consistencia intelectual, pero ya veo que tus cimientos se llaman Dior y Louboutin" es un tiro a mi línea de flotación. Mucho más demoledor que "tronka, eres una superficial del carajo la vela". Que también me cuadra bastante.

Eso sí, detesto los rodeos dialécticos, el disimulo, la ocultación y la perífrasis. A mí me dijeron eso de la "claridad y concisión" y me lo creí hasta el fondo. Es decir, entre "los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa" y "lo que pasa en la calle" me quedo siempre con lo segundo. La vida es corta como para andarse por las ramas. Y si al final me vas a decir "estás nominada" no veo por qué tienes que marcarte un prólogo florido lleno de nada.

Desnudar el discurso es el strip-tease más excitante. Primero quitas un gerundio, después un adjetivo nauseabundo como "emblemático", a continuación vas dejando caer suavemente un sustantivo de cinco sílabas y te quedas con el de tres. Suspiras con una corta interjección y te entra un calentón que ríete del de los fans de Shakira ante sus sacudidas de cadera.

Las palabras nos forman, nos conforman. Nos construyen y nos deconstruyen. No hay realidad sin que antes la hayamos nombrado, o igual sí, pero mola menos. Llamemos al día más diletante y perezoso "domingo". Y seamos lo que decimos, o callemos para siempre.

sábado, 8 de mayo de 2010

UNA DE JEFES

Mi querida Big-Bang.


Mi primer jefe está descatalogado de mi estantería de jefes. Era un tipo despreciable que me sentó a su lado para que le escuchara hablar por teléfono con sus amantes. Yo tenía 22 años, media melena de vestal estricta y rigurosa y un expediente académico rutilante. Él, en realidad, quería una secretaria disfrazada de universitaria modosita. Pedazo de vulgaridad hecha fantasía, dirás. Y fantasía coja, porque la becaria debe tener las tetas grandes, según el guión. Y no era el caso.

No, él no pretendía pasarme por la piedra, sólo que aplaudiera sus performances de macho inseguro
. Yo miraba hacia abajo, contaba ovejas y le dedicaba miradas de olímpico desprecio. A fin de mes cogía mis 102.000 pesetas y pagaba mi alquiler.

Entonces llegó él y me rescató de todo aquello. No, no se llamaba Charlie, ni yo era un ángel. Pero estaba a punto de cometer un asesinato categoría jefecidio y J. se dio cuenta. Yo llevaba tiempo ofreciéndome para escribir un temazo, como los maletillas se apuestan en Las Ventas a esperar la oportunidad de una vaquilla. Mi nuevo jefe era arisco, pero justo. Me dio cancha, me fastidió muchas tardes de domingo, y 15 años después, comiendo el otro día, me espetó: "Recuerdo perfectamente una cosa que me dijiste entonces y me jodió mucho: eres un machista y un tímido agresivo... Lo malo es que tenías razón en casi todo".

Big-Bang, juro que a esa muchachita lenguaraz no la tengo catalogada en el álbum de mis memorias. Me dio tanta vergüenza que quise esconderme en el ali oli del arroz abanda, sin éxito. Aquel hombre me había rescatado de las barbas de Ali Babá y yo le pagaba con un diagnóstico de diván chungo!.

Después llegaron otros malos jefes de perfiles diversos. Un maltratador psicológico, un ladronzuelo adicto al gratis total, algún arrogante de siete suelas, un vaguete consagrado, un diletante profesional...(reseño sólo los malos, conste) Y de cada uno tomé lo que pude.. Sí, yo sería una jefa fetén: exigente, pero justa. Dialogante, pero firme. Ejemplar y didáctica. Fashion pero no cool-adicta. Un dechado de virtudes, en definitiva. "La jefa".

Lo que nos lleva a la cena del otro día. Un grupo de gente. Un hombre que me agrada y al que entrevisté para un trabajo hace dos años. En la mesa, chopitos fritos. Y unos drinkings de los que desengrasan las lenguas: "Tú me trataste como un becario aquel día. Se te notaba en la cara que no te fiabas un pelo de mí", dijo ojosazules clavando su pupila en mi pupila.

-¿En serioooooo? Ay, madre, que yo no soy así, negué la mayor.
-Sí, bueno, no te preocupes...Hiciste que te cogiera un poco de miedo. Yo te veo y me cuadro, como en la mili.

Sí, esa desalmada había sido yo, miss jefa guay. Y ojosazules aún me lo decía sonriendo mientras se zampaba un chopito. No había salida airosa que no fuera la inmolación. Eché un trago largo, pedí perdón en siete idiomas -autonómicos incluidos- y salí cabizbaja a la calle, haciendo examen de conciencia.

Ser o no ser. Esa es la cuestión. Tú llamaste a uno "tímido agresivo". Y tú eres arrogante y capulla. Donde las dan, las toman, nena. Vete a dormir la mona y no peques más.

Me llamo X, tengo otra vez 22 años y he vuelto a escuchar a jefe-1 citarse con su amante con el bigote tieso y la cara colorada. Es mi penitencia, la asumo.

Ojosazules, ¿me darás otra oportunidad?

jueves, 6 de mayo de 2010

ANATOMÍA DE UN SECRETO

Mi querida Big-Bang:


Ayer un tipo desconocido me contó que había ido al urólogo y que éste le había confesado qué tres pacientes famosos la tenían más grande. Estábamos en un contexto muy serio con una homenajeada distinguida y a mí aquello me incomodaba. No, no quería saber los secretos de la anatomía de cierto ex entrenador de fútbol, y me temo que el otro contertulio, un señor de mediana edad poco expresivo, tampoco. Los dos aferrábamos nuestra bebida con fuerza y yo aún tuve arrestos de murmurar..."¡qué indiscreto el urólogo ése, no?. Y el otro: "no, si es un amigo, hombre!"


Mi amiga O. supo de cierto lance fugaz e inocente que tuve con un actor y juró no contarlo. Pero -textualmente- "el secreto me quemaba y se lo he contado a fulanita. No, no te preocupes que no se lo va a decir a nadie". Quise matarla, pero no llevaba encima mi Mágnum del 7. A estas alturas medio edificio se da un codazo a mi paso. O esa es mi paranoia.

La única manera de guardar un secreto es no contarlo. Valga la perogrullada. Pero hay veces que lo hacemos para materializar algo que fue y carece de contornos. Una verdad no revelada es un poco menos verdad. Y las palabras pemiten definir lo que fue, amplificarlo, oscurecer ciertas formas y darle luminosidad a otras. Ahora lo llaman Photoshop, pero ha existido siempre.

Rememoro las verdades que me llevaré a la tumba. Apenas dos otres. El resto las he ido soltando en los divanes o en alguna noche de gin tónics y risas. Luego está lo que nunca fue y te he contado en la terapia. Espero me perdones, pero me aburre tanto discurso gris sobre si maté a un Edipo que no me correspondía o si Electra se electrocutó por caminar descalza por el suelo mojado de la cocina, que he hecho algunas modificaciones biográficas. Interpretación libre, lo llaman. Yo he visto muchas películas de psicotas y los pacientes siempre sobreactúan. No me creo que a todos los hayan violado de pequeñitos ni que pasaran del biberón al LSD sin estadíos intermedios.

Aprendamos a vivir con nuestros secretos. Contarlo todo es obsceno y te quita misterio, y ciertas dosis de fantasía resultan muy útiles para transitar por los ochomiles de real life.

Por cierto,. ¿qué me das si te cuento qué tres tipos españoles de renombre la tienen más grande?

miércoles, 5 de mayo de 2010

VUELVE EL ROCK

Mi querida Big-Bang:


Cada vez que voy a un acto con muchos señores poderosos de traje y corbata tiendo a acercarme al que se sale del dress code.Normalmente es un tipo sin poder, pero muy seguro de sí mismo. No te hablo del tipejillo que pretende provocar hecho una mamarracha, sino del que adopta su propio look pero con cierto respeto por la concurrencia.

Ayer volvió a pasarme. Yo llegué con mis amigas L y M., tarde (como hacen las señoras). De negro, con un trench vainilla que me daba cierto aire de respetabilidad y chic de andar por casa. Detecté al camarero, trinqué una copa de vinillo y mariposeé aquí y allá, sacudiendo las pestañas y clasificando las corbatas en: Hermès, Emidio Tucci o Milano bonito (las de Camps). Y a los hombres en: jefe, súper jefe, chungo y sobrao. Muy entretenida, eso sí, porque los camareros eran los de la cafetería que me da de desayunar hace años, y me hicieron la ola: nunca hubo tanto canapé de tortilla sobrevolándome.

Y entonces le vi. Era él, el artífice de tantas noches de desmelene. Aquel que con sus rizos, su lunar y sus mallas de pirata me hizo enloquecer al ritmo de "A los hijos del rock&roll, Bienvenidoooooooos". Tengo para mí que lo más parecido a Mick Jagger versión cañí es Miguel Ríos. El tipo lleva el rock en las venas, pero no se hace transfusiones de sangre, como el otro, porque no las necesita. "Él está más arrugado que yo", me puntualizó. "Y tiene menos barriga, ja, ja,ja". Un rockero viejuno que se ríe de sí mismo es un tipo con el que saldría a cenar, si me lo pidiera. Lo que no puedo soportar es que tenga el cutis más liso que yo:

-Hola Miguel, soy una hija del rock&roll y groupie entregada. Hazme tuya si lo consideras oportuno...
-Ummm ¡Querrás decir "nieta" del rock&roll!

Sí, el tipo había empezado muy bien, mejor que bien. Si te adula un imbécil lo desdeñas. Si lo hace un hombre de 65 con cutis de 45 y espíritu de 25, la cosa cambia.

-¿Has pactado con el diablo, verdad? Anda, cuéntamelo que no se lo voy a decir a nadie.
-Es genética, guapa. Y un poco de gimnasio.
-Dime que para tu concierto de despedida no sacarás las mallas de pirata.
-No, que uno tiene su dignidad! Pero que sepas que de voz estoy mejor que nunca, chatina.

Lo que siguió fue un brindis por los viejos tiempos. Sin nostalgias ni mariconadas. El tipo es presente continuo, pensé yo, no como los Stones, que se han conservado en formol gracias a los picos de heroína. Pero eso no se lo dije porque no me pareció políticamente correcto y porque llevaba un trench vainilla.

Me gusta el espíritu del rock. Esa pasión, ese desenfreno que no es grotesco. Miguel Ríos cita a un poeta, es amigo de la mujer de un rector, se mueve con delicadeza y conserva ese deje granaíno que me vuelve loca. Ayer volví a ser una groupie. Y hoy me he levantado tarareando feliz "Santa Lucía".

"A menudo me recuerdas....a alguien"

martes, 4 de mayo de 2010

RELLENOS, POSTIZOS Y ACCESORIOS

Mi querida Big-Bang:


Mr Rubidio ha vuelto al ataque. Dice que deje de clasificar a los seres humanos como a escarabajos. Que si fuera Kafka tendría un pase, pero que como no es el caso ni por género, ni por talento, ni por vocación, pues que abandone y me dedique a los tatuajes de Chanel u otras fruslerías. En el fondo, a Mr Rubidio le provoca que hable de él, aunque sea mal. Lo entiendo. Un espíritu contrahecho y calvo sólo puede sobrevivir en las palabras que no se lleva el viento. Lo de su peluquín es otra historia.


Mi hermana me contó que el otro día entró un tipo en la consulta de su primo dentista y al tumbarse en la silla el bisoñé se le quedó a medio camino entre frente y nuca. El dentista, abochornado, no vio otra salida que colocárselo en su sitio con la punta del torno y hacer como que allí no había pasado nada. Si eres calvo y llevas peluca debes estar preparado para éste y otros sucedidos humillantes digo yo. Igual que la mujer con sujetador de relleno lo está para descubrir sus cartas en la cama. Mejor a oscuras. Mejor en soledad.


La real life nos está llenando de postizos. rellenos y accesorios que no deberían verse. ¿Hay algo más feo que un empaste, que una faja que aumenta dos tallas de culo, que unas hombreras extra king size? Sí, lo hay. Un tipo que antes de saludarte te recita su currículum profesional, en perfecto inglés y sin despeinarse su pelo engominado. Por mucho que cueste creerlo, la gomina sigue en las estanterías de algunos. Es una superviviente de los noventa. Esa década prodigiosa de la opulencia en la que los perfumes caros nos impidieron ver el precipicio que nos esperaba a la vuelta de la esquina.

En este punto te pregunto: ¿los tacones son un relleno?, ¿lo son las conversaciones de ascensor, para despistar la horrorosa imagen que proyectaN en el espejo esos tubos fluorescentes que deberían estar prohibidos por el Tribunal de Derechos Humanos de la Haya? Sí, me temo que lo son, como también ciertas parejas de nuestras vidas no han sido sino un relleno, un postizo para cubrir la calva sentimental, el páramo de algunas soledades. Se cayó el bisoñé, te quedaste tiritando. A rellenar con los libros, las películas, la laca a tutiplén, los pasteles de crema o la última copa de madrugada.

Me propongo por tanto desposeer mi martes de rellenos inútiles. Seré un pavo sin ciruelas ni cognac. Aquí se quedan mi sortija de Iron Maiden y mis pestañas postizas. Dioses del Olimpo, dadme la sabiduría porque hoy mato las frases huecas y mi condición de soufflé hinchado que en la boca se queda en nada. Allá voy, enjuta y macerada. Lo mismo ni me véis. Me quedo en nada.

lunes, 3 de mayo de 2010

GLAMOUR DE AMANTE

Mi querida Big Bang:


"Quien se casa con su amante deja un puesto de trabajo libre". La frase no es mía, desgraciadamente. La amante siempre ha tenido mucho más glamour que la legal, pero siempre le ha perdido ese deseo irrefrenable de abandonar el banquillo y saltar al campo. 45 minutos de sexo bendecido bien valen la renuncia al charme y al murmullo soterrado.

En la más estricta tradición literario-sentimental, la amante se lleva los joyones y la soledad a casa.
En ella se da la paradoja de que, siendo la cómplice de unos cuernos bien aposentados, tiene cierta querencia a la fidelidad y a la barra libre de ron. Y a veces, como la legal, se atiborra de pastillas para dormir.

Digo yo que para ser amante hay que valer. Es un talento. Si vas a estar todo el día pendiente del teléfono y sin poder llamar tú, es que no tienes temple. Si pretendes programar un fin de semana de lujuria y despreocupación, cuidado, que podría cancelarse en el último momento y terminarás desayunando sola en una terraza con vistas al peñón de Gibraltar, desde donde un mono te hará muecas.

Vale, sí, me has pillado. Aún no he sido amante y trato de autojustificarme. Nadie me lo ha propuesto, de hecho. Y eso es más de lo que mi ego puede soportar. ¿Acaso se han dado cuenta de mi incapacidad para el disimulo? ¿Saben que lo mío es dar la nota en bodas, bautizos y comuniones? ¿Han intuido ellos que les iba a salir cara, carísima, por mi afición a los trapos y a los zapatos de suela roja?

Sí, quiero ser "la otra" por un día.
Considero que Camila Parker-Bowles ha perdido todo su encanto desde que se casó con Charles. Ya no se dicen guarradas por teléfono ni se citan en hoteles boutique de campiña para un retozo rapidillo y majestuoso. La muerte de lady Di los ha matado por dentro. Como amante su mal gusto era un exotismo aceptable. Como improbable reina de Inglaterra, un chiste obsceno.

Amantes del mundo, abridme vuestro corazón. Es lunes y hay que salirse del guión o no resistiremos el embate de un eternidad llena de esposas legales que os envidian secretamente, aunque sólo sea por un instante.



domingo, 2 de mayo de 2010

CONTRA LA INTENSIDAD

Mi querida Big-Bang:


Cuando sea mayor quiero practicar la fina ironía subida a un flotador, con algo frío y on the rocks en un vaso de cristal de roca entre mis dedos y una balada de los Scorpions sonando a tope all around me. Esta es mi fantasía de hoy. Proyectarse es el mejor antídoto contra la melancolía, y ahora que la postmodernidad ha sido asesinada en Wall Street, tocan tiempos de re-vitalismo y sofisticación.

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo?

Sí, de acuerdo que muy sofisticada nunca he sido, pero tú tampoco. Hay autores que nunca leeré, por más que me los recomienden los gurús de la cosa. Y accesorios que nunca serán mis complementos. Me va más la autodidactia. El chispazo, la intuición. Aunque me impida construir teorías bien argumentadas, bien vale para los chascarrillos existenciales pret a porter. Esos que, como las piezas del Exin castillos de la infancia, bien te daban para un par de almenas y una entrada digna. Superficial, pero aparente.

¿Es malo ser superficial?, me pregunto. ¿Un intenso es un ser profundo, a cambio? No necesariamente. Un intenso es un tostón disfrazado de filósofo. Y sin embargo admiro a esos seres aparentemente ligeros que cuando se van dejan un perfume único y consistente tras de sí. La ligereza es pasto del menosprecio y no entiendo por qué. Si fuera más pedante se me ocurrirían para rellenar este hueco argumental tres ejemplos de edificios geniales construidos a partir de cuatro trazos ligeros en el aire. Y una sinfonía sutil y equilibrada. Pero he optado por la religión de la ligereza y, aunque me cueste, pienso ser fiel a todos sus preceptos, a saber:

1. Amarás la simplicidad sobre todas las cosas. Siempre y cuando esconda una sorpresa dentro que incluso tú seas capaz de percibir.

2.Huirás de los intensos como de la peste bubónica. Es fácil, en cuanto huelan tu simplicidad, saldrán pitando como cucarachas al encender la luz de madrugada. Se los reconoce porque emplean mucho rato en decir nada, con muchos adverbios, muchos adjetivos, demasiados gerundios y centenares de cacofonías.

3.Evitarás dar lecciones de sabiduría a troche y moche. Deja caer de cuando en cuando una sentencia corta sobre el tema de debate justo antes de llevarte la brocheta de fresas con piña a la boca.

5.Te juntarás con gente que ríe. Es fácil detectarlos, porque suelen enseñar los dientes. Si además lo hacen a carcajadas, aún mejor. Ojo con los amargators, que lo suyo es altamente contagioso. Y suelen tener ramalazos de intensidad súbita.


Estos mandamientos se resumen en uno y principal: practica la fina ironía subido a algo que se mueva, por aquello de cambiar el punto de vista de las cosas. Y salta ya de la cama, que hace sol y los intensos nos van a sacar mucha ventaja...

sábado, 1 de mayo de 2010

SUENA UN TELÉFONO

Mi querida Big-Bang:



Suena el teléfono a las 9.00 A.M. A esa hora debería estar prohibido por decreto ley llamar, aunque estés ya despierta después de salir anoche. Porque tu estado es semicomatoso, el encefalograma refleja cierta minúscula actividad, pero en realidad eres un cadáver pendiente de reanimación. Sin capacidad de enhebrar dos frases coherentes -no digo ya brillantes- seguidas. Lo más humano que puede salir del saco de patatas de tu cuerpo es un gruñido estilo ñu: grrrrrrrrrrr!

Suena el teléfono y sólo puede ser tu madre. A esas horas nadie llama para la charla cortés: "Fue un placer conocerte, muñeca. Por cierto, ¿siempre bailas como una peonza o fue una demostración de fuerza dislocante?". No, a esas horas es tu madre. La misma a la que llevas diciéndole toda la vida que no lo haga. La misma que, años ha, os despertaba a las ocho los sábados con el rugido de la aspiradora o de la extracción a tortas de los cacharros del lavavajillas.

-¿Estabas dormida?
-Grrrrrr. ¿Tú qué crees?
-Ay, hija, como siempre madrugas tanto!
-¿Quieres decir que como soy insomne conviene despertarme, para que me haga un afterhours completo?
-Ya cuelgo, hija, sigue durmiendo.
-"Seguir" es un eufemismo, ¿verdad?

La culpa es tuya, que no apagaste el teléfono. Pero eso es irrelevante cuando eres un ñu y la cafetera aún no ha escupido el primer elixir negro. Ser ñu implica borrar unas cuantas horas del día, meterte un Alka Seltzer en vena y ver, como mucho, una de "Sissi emperatriz" en versión original. El idioma también es irrelevante. La resaca no te permite retener una cadencia lógica de palabras, de modo que el alemán se te antoja la mejor banda sonora posible. Aunque si es ruso o coreano, mucho mejor.

¿Qué tal se lo estarán montando los chinos en Shangai? me digo, mientras mido con los dedos el alcance dramático de mis ojeras. Hubiera puesto música, pero tener que elegir un CD entre la montaña es un ejercicio de precisión, así que me dispongo a tararear El coro de los esclavos, justo cuando suena de nuevo el teléfono.

-Buenos días, señora, le llamo de Orange. Encantada de saludarla.
-Detesto que se llamen señora, miss Orange.
-Perdone, señorita. ¿Dispone de unos minutos para escuchar una oferta muy atractiva?
-Si la oferta es una transfusión de neuronas de efecto flash, adelante.
-Jajaja (risa falsa). No, quiero que deje usted de pagar esas facturas de teléfono tontamente.
-Y yo no quiero convertirme en una centralita telefónica los sábados por la mañana. Sólo quiero un NO-DÏA.
-¿Puedo llamarla más tarde, señora?
-La señora no está en casa. Soy la chacha, también llamada la Kelly (la que limpia). Bye.


Opción A. Engañarme a mí misma y volver a la cama. Opción B. Ducha escocesa y mascarilla reconstituyente. Opción C; Descolgar teléfonos, bajar las persianas, cerrar la puerta con tres vueltas de Fichet. Mirar el techo fijamente.

Mirar al techo fijamente. Mirar al techo fijamente.