miércoles, 30 de junio de 2010

MADRES E HIJAS

Mi querida Big-Bang:


Anoche hice un corte de mangas al fútbol (uno más, por tanto podría obviar la reseña, pero no) y fui a ver "Madres e hijas", de Rodrigo García. Mi engrasada máquina de enteradilla con prejuicios y cierto barniz barato de espectadora fetén se puso a elucubrar: "será la típica comedia fácil que explota el vínculo a partir de lugares comunes, como la incomprensión, la rivalidad, los celos...para luego terminar edulcorando con música de violines eso que nos han vendido envuelto en lazos y celofán rosa". Sí, mola ser tan sagaz. Pero no.

Una madre es una bomba de relojería. Una figura de largas manos que con la coartada del presunto amor sin cortapisas puede ser culpable directa de los peores capítulos de una vida. Pero casi siempre sale de rositas. Como soy madre me siento libre de desenfundar toda mi saña contra el lobby más poderoso del planeta, sí señor. Con ayuda de Rodrigo, desde luego.

La película no se corta y señala con el dedo a la primera madre, la que obliga a su hija adolescente a entregar su bebé en adopción y la condena a arrastrar una sombra amarga varias décadas. Hay otra que querría matar a su bebé porque berrea,y que confiesa no amarlo. Y una tercera que admite que no deseó a su hija, "pero después, con el tiempo, no ha podido respirar una sola vez sin pensar en ella". Hay heridas abiertas, sexo sordo y despiadado, retratos de mujeres que duelen y sangran. Vidas cruzadas que componen un puzzle diseñado por un hombre, Rodrigo García, que no necesita que en las crónicas se añada la apostilla "hijo de Gabriel García Márquez" porque le sobra talento para dibujar personajes femeninos.

La emoción no me ha dejado dormir. Si ya me lo advertiste: "Tú vete a ver películas ligeritas de buenos y malos donde salga ropa cara y zapatos ideales, nena, que luego tienes pesadillas". Y yo, como soy una díscola hija, no te he hecho caso. Creo que para ser madres deberían exigirnos un carnet tras un duro examen. Creo que el amor no nace, se hace. Y que lo otro es instinto salvaje, el mismo de una fiera con su cachorro. Creo que las mujeres tenemos derecho a separar los presupuestos biológicos de la realidad. A poder reconocer que a veces miramos con sospecha a nuestros hijos. Y que nos jode que alguien que ha salido de nuestro cuerpo sea tan distinto, tan imperfecto como nosotras, tan suyo.

Dicho lo cual añadiré que la película indulta a esas madres, aunque alguna paga con su propia vida. Y añadiré que al fin habla del amor de verdad. Con sus quiebros, sus engaños, sus yuxtaposiciones y su grandeza. Y añadiré, claro, que amo a mi madre y a mis hijas más que a mí misma, pero a veces, sólo a veces, quisiera desaparecerlas para no sentir la tirantez de un cordón umbilical que aprieta. Que a veces asfixia.

martes, 29 de junio de 2010

DORIS DAY HA MUERTO

Mi querdida Big-Bang:


Alguien escribió eso de "no es bueno que el hombre esté solo" y muchos se lo han tomado al pie de la letra. Antes de que las hordas de machos me ataquen con saña y pobreza de argumentos, aportaré mis pruebas: hombre-1 estaba frente a mí por motivos profesionales. Yo lo miraba y tomaba mis notas, dibujando ninfas yonquis en las márgenes del papel, como es mi costumbre cuando someto a mis neuronas a la tortura de la concentración. No sé cómo, pero una cosa nos llevó a la otra, a su cama (es una metáfora, lástima). El tipo, próspero ejecutivo, un JASP de mi generación, soltó:"yo es que tengo idealizado el abrazo de por la mañana, así que en cuanto me enamoro las llevo a vivir conmigo. Lo que yo llamo el impulso Móstoles".

Hombre número 2. es un producto de su tiempo, pero no se haya. Anoche charlamos mucho rato. "No sé qué pasa que a mis amigos les ha dado por presionarme para que haga lo que se supone que hay que hacer a los treinta y tantos:emparejarse, casarse, tener hijos..." El hombre, sensible e inteligente, anda trastornado por ser el rarito del grupo, y encima ha sufrido una revelación:"El sábado fui a una boda y en el salón contiguo al de nuestro banquete se celebraba otra. De repente la novia salió disparada sollozando, histérica perdida. Una novia a la fuga, me quedé muerto". Sí, amigo, en real life son las novias las que huyen y las que rechazan la almohada común por las mañanas. Doris Day ha muerto, viva Julia Roberts.

Hombre número 3 no sabe si quiere compartir su nevera llena de cervezas y de nada. Es feliz, dice, sin que nadie le diga que quite los pies del sofá de chenilla beige. Es feliz sin que nadie le invada la estantería del baño con sus cremas y afeites. Sí, al fin puede "ver en la tele las carreras de motos en silencio" (???). Puede convocar amigotes a cualquier día y hora sin preaviso. Puede llevar mujeres y follar a troche y moche, esa fantasía de macho alfa. Puede...agobiarse porque sólo escucha el sonido de sus pasos y la mitad de su armario está vacía como el ojo de un tuerto. "Verás, a mí me gusta acariciar, llegar a casa y que me besen, charlar de cosas tontas... y no ponerme un whisky y brindar yo solo con la tía ésa del Telediario, que la tengo aborrecida".

Algo pasa ahí fuera, y no te estás enterando. Mientras mis amigas son mujeres que corren como lobas delante de los corderos, ellos andan aullando a la luna para no estar solos. Sí, el feminismo ese que no milito por inconstancia y por sobredosis de revista femenina nos ha convencido a muchas de las ventajas de la soledad, de lo que mola zamparse la vida en dosis individuales, pero, ¿y a ellos? Me temo que se han pasado el tiempo dando por hechos los mismos principios tradiciochungos que nosotras, pero sin que nadie acuñara el lenguaje ad hoc y una consigna. Sí, mientras la solterona era vilipendiada, el solterón aguardaba con su cerveza a que apareciera el amor de su vida para amueblar juntos la casa en cómodos plazos de El Corte Inglés.

Y, por si fuera poco, señoría, ahí va el testimonio de mi hombre número-4. Un prototipo casi perfecto. Guapo, fuerte, cociente de inteligencia superlativo. Heterosexual, para que no haya interpretaciones sectarias. "No puedo más, necesito una pareja que me escuche; que no me mire antes el culo que a los ojos. Que tiemble cuando le hable al oído en el rincón oscuro de un bar. Que recorra despacio el laberinto de la seducción, sin saltar de oca a oca para llevarme a la cama cuanto antes. Un alter ego, una compañera...¿por qué es tan complicado, nena?". Me quedo en silencio, le tiendo mi gin-tónic, lo abrazo y lo acompaño en el sentimiento.

Ruego a los hombres que se dejan caer por aquí (pocos, me temo) se sirvan de aportar sus experiencias antes de que ponga un título a este síndrome y cobre mis sesiones de telecoaching a precio de oro. Y vosotras, mujeres, hacedme el favor de escucharlos, porque tienen mucho que decir.

Los bares no están llenos de borrachos, sino de tipos con ganas de hablar y compartir su almohada. ¿El romanticismo no ha muerto?

lunes, 28 de junio de 2010

PENTIMENTOS

Miquerida Big-Bang:


Una de mis desviaciones favoritas consiste en buscar pentimentos en los cuadros. La pata de un caballo que el pintor borró para levantarla dos palmos más, el collar de perlas que antecedió a la leve cadenita de oro... Los arrepentimientos de autor me ponen cachondísima, porque ellos murieron sin sospechar siquiera que varios siglos después sería desenmascarado su primer impulso al emerger el trazo original de la pintura como una sombra inquietante.

Lillian Hellman no era nadie para mí hasta que leí su libro "Pentimento". Perdona que no busque la fecha, pero no trato de hacer proselitismo literario, líbreme dios, sino confesarte que aquella biografía abrió la caja de los truenos de mi adolescencia. En adelante, tendría dos objetivos en la vida: detectar pentimentos, primeros impulsos ajenos tapados con óleo, gestos o palabras, y alejarme en lo posible que hombres alcohólicos y atormentados como Dashiell Hammet, al que amaría en secreto metiéndome chutes de su novela negra negrísima.

Yo, por mi parte, me juramenté para tapar las huellas de cualquier arrepentimiento propio con cal viva. El cuadro de mi vida sería de trazo firme y explosivo, sin titubeos ni cambios de textura. Ayer, recorriendo la expo del Thyssen "Ghirlandaio y el Renacimiento en Florencia" sentí el acceso de ira de Giovanna degli Albissi Tornabuoni, despelotada ante la mirada de cientos de turistas en una serie de diapositivas que mostraban sus vergüenzas y las explicaban en asépticos cartelillos. Aquello era un strep-tease póstumo en toda regla. La sala, desde luego, estaba abarrotada y los pentimentos de autor eran la secuencia estrella de una película porno, paradójicamente ambientada en el siglo XV. Sexo duro.

Ahora que lo pienso, llevo toda mi vida subida a un diván soltando pinceladas salvajes que luego convierto en un discurso ordenado y sin tacha. Tú, si fueras más sagaz, sabrías ver el brochazo original; lo que quise decir en exabrupto, la intención primaria sin pasar por el tamiz de la cultura, la buena educación y la corrección política. Pero si he dado contigo es precisamente porque paso de mostrar mis pentimentos. Sin embargo, con el tiempo siempre salen a la luz como los muertos mal enterrados de mi adorado Dashiell. Y entonces toca decidir cuál de las dos versiones indulto, para que la posteridad en la que no creo no me pille desnuda y sin argumentos convincentes, la trama al descubierto, el óleo ensombrecido.

Así arranca mi lunes. Elegiré un look adecuado, sin cambiarme tres veces antes de salir a la calle. Tomaré el segundo café, tal vez una tostada insípida y elegiré la ruta C de entre mis recorridos posibles al trabajo. Amaré al hombre indicado, pronunciaré la palabrota precisa y elegiré un menú hipercalórico de entre los posibles. Bye bye ambigüedad, el titubeo y la moviola. Soy una y trina, pero ya me asegurado de que los siglos no me pillen tantas trolas pasadas por literatura de la mala. Soy una, soy tres, ya no me ves...

domingo, 27 de junio de 2010

LARGO ADIÓS

Mi querida Big-Bang:


"Cuando leas estas líneas, estaré muy lejos". Es la frase que se utiliza tradicionalmente para pirarse de los sitios y de las personas, excepto si eres adolescente estilo el de "El guardián entre el centeno", en cuyo caso te largas y punto. La huida hacia adelante siempre ha sido mi especialidad. Considero que saber marcharse es un arte similar a saber darse el maquillaje justo, decidir que una copa es la última de la noche o que ese hombre no era para ti, que nunca estuvo. Toda huida tiene su parte de desgarro, su épica y su dolor.

A la madre de mi amiga M. la ha matado un coche sin poder despedirse de nadie. Un hachazo así, sin anestesia, te deja frente al duelo sin ritual que echarte a la boca y con el alma en pelotas. Hoy estás, mañana no estás. Y esta fórmula sólo mola si te llamas David Copperfield o conduces un Fórmula 1. O ni siquiera, porque yo cuando veo un truco aparto el efectismo y busco el mecanismo interno que lo explique para que las ansiosas de mis neuronas descansen en paz y no me den la noche imaginando artefactos chungos con poleas o túneles subterráneos.

Las despedidas deben ser melancólicas, no dramáticas, verás. Si fuera música, sería un Albinoni pasado por oboe. Me sorprendo frente a las maletas abiertas de las Chukis con cierta sensación de pinza conocida en el estómago. Doblo despacio cada prenda como en un Tetrix donde debe caber todo y en su sitio: las chanchas de la playa, los jeans blancos, las braguitas, las gomas de colores para el pelo... Y así, en esta lentitud contra natura, escenifico un duelo leve e imprescindible para echarme mañana a la calle con un reloj lleno de horas propias y planes trepidantes.

¿Que si te estoy largando también a ti? No, mujer, ya sabes que sin neuras no hay paraíso, y que en cuanto salga el tren retomaré mi ritmo habitual, precipitado y febril. Pero antes debo darme un chute de tristeza pasado por agua, como esos huevos temblones que mi madre se empeñaba en hacernos tragar. Las frívolas lo que tenemos es que hasta para despedirnos de unos zapatos improvisamos una marcha fúnebre. Luego nos tiramos a por otros más altos, más rojos, más divinos. Y aquí paz, y después gloria.

Adiós, madre de mi amiga. Adiós, Chukis. Adiós Copperfield. Pero antes desempolva tu varita mágica y dame un meneo que la tristeza me está devorando un poco, entre el hígado y el páncreas.

Y a ti, querida M.. y a tu querido G., y a vuestros hijos, un abrazo inmenso y un Albinoni con leche caliente y galletas. Nos vemos en Asturias.

sábado, 26 de junio de 2010

PISTAS FALSAS

Mi querida Big-Bang;


Desayuno Variaciones Goldberg con boldo para limpiar el hígado. Es uno de esos tándem que funcionan y que consiguen mantener la bilis a raya. La confusión me acecha como el áspid de Cleopatra. Si ayer éramos la roja, ¿por qué nuestros jugadores llevaban la camiseta azul? ¿Nadie sabe que no se pueden ir arrojando pistas falsas al personal, justo la noche en que ha decidido ser patriota y fundirse con la masa?

Bar irlandés, últimos 35 minutos del partido. A-1 y yo nos pedimos sendas pintas rebosantes de espumilla. Ella convencida, yo en mi intento de enamorarme de la cerveza, ese amor imposible que me ronda cada verano. No está hecha mi garganta para la amargura de la cebada, digo yo, pero la emprendo con el vaso como si me fuera la vida en ello. Dos hombres nos acogen. Pregunto quiénes somos, después de llevar un rato atónita porque las hordas del bar parecen animar al enemigo. El tipo, calvo y sonriente, me mira desde la condescendencia de sus ojos azules y me contesta en un inglés imposible, invitándome a hablar de fútbol. No, yo no estoy en condiciones de debatir con un galés errante que se acompaña de un armario con tatuajes feo de cojones (táchese si parece too vulgar).

-¿Tú crees que ése de amarillo es el árbitro?, me pregunta A-1
-No estoy segura, pero me está desquiciando este juego tan slow...Cuando yo era fan se corría más y los porteros no llevaban camiseta azul clarito...¡ayyyyy! (tiro a puerta)
-¡Pero si ésos que han chutado eran los nuestros!, ¿no ves a Casillas, nena?

En este punto interviene el galés para aclararnos que, efectivamente, ese no es nuestro portero Casillas, sino el de los malos. Y que a los cien españoles aguerridos que nos rodean los mismo les estomaga que dos pavas rubias con pintas exhiban su antiespañolidad en público. Bien, seamos galesas, como nuestros amigos. Y como no hay goles que cantar, abrimos el turno de la fantasía histórica, nuestro deporte favorito.

-¿A qué crees que se dedican estos tipos, chitina?
-Son militares, fíjate en los brazacos, marines o algo. (ella, avezada observadora de real life)
-Yo diría que el calvo es banquero o informático, y el otro es su chófer. Se aburrían y han decidido hermanarse como dios manda, en la barra de un bar.

España va 2-1 y la pinta baja poco a poco. El galés ofrece su taburete y con mis inglés de Shakespeare le pregunto qué se le ha perdido por Madrid. "Soy ingeniero informático". ¡Bingo!, miro a A-1 con gesto de triunfo por el gol que le acabo de meter. El calvo prosigue con su galés cerrado: ..."estoy haciendo un proyecto para los militares". A-1 sonríe con su empate, la jodía. A mechas puedo ganarla, pero a adivinación socioalcohólica jamás.

Llueve a mala uva pero a ninguna nos importa echarnos a la calle con la cabeza alta y empaparnos muertas de risa. España ha ganado pero en realidad nos la refanfinfla. Algo tiene la lluvia que me vuelve salvaje. A-1 y yo somos un tándem ganador como el boldo y Goldberg, como Pili y Mili. "Nena, sólo nos falta hacernos lesbianas para rematar. Si no fuera porque me gustan los hombres y jamás me convenció del todo Barbra Streisand..."

viernes, 25 de junio de 2010

¿MUSLO O PECHUGA?

Mi querida Big-Bang.


Definitivamente los de Nespresso me han tachado de su selecta carta de clientes VIP. Pero es que si me muerdo la lengua, reviento. Yo quería 100 cápsulas azules, 50 verdes y 20 marrones. Y así lo manifesté. Rapidito, en voz alta y sin parpadear. La atildada dependienta, insatisfecha, intentó llevarme por el buen camino Clooney y que le dijera los nombrecitos, no los colores, como para comprobar si era una auténtica miembro de la secta de la cafeína más cateta y pretenciosa del mundo. Quise que le cayera en la cabeza el piano o que John Malkovitz la fundiera con una de sus miradas burlonas. Fingí no saber idiomas, insistí con los colores. Ella se iba poniendo nerviosa, no iba a soltarme tan rapidito.

-¿Tiene alguna duda sofre el café?, preguntó.
-¿Se pueden tener dudas con un café? Mire, bastantes dudas tengo ya en la vida como para añadir una más y encima absurda!
-Bueno, hay quien viene aquí con dudas, preguntas, problemas...con el café.
-Las mÍas tienen más que ver con el sexo sado, la intransigencia circundante, la sobrevaloración de la verdad, la virginidad de la virgen o el rimmel de Lady Gaga, respondí de carrerilla. Y añadí: "Salvo que me las vaya a despejar usted con sus zapatos de Cortefiel, suélteme ya las capsulitas de colores y déjeme salir de aquí. Y le advierto que con cafeína en vena soy aún más agresiva..."

Sí, puedo ser tan borde como la que más, y cuando me paso al lado oscuro necesito un antídoto de urgencia cuyo salvaconducto suele ser la VISA. Me trasplanto al Corte Inglés, ese lugar donde te suelen dejar en paz y no te preguntan si tienes dudas sobre la tostadora o el sujetador reductor. Respiro hondo y me dejo caer por la sección discos, mi favorita, dudando entre un vintage de ACDC o la banda sonora de "An Education".

-¿Quiere que le guarde los discos en la caja, para que siga usted más tranquila?
-¿Acaso me encuentra usted alterada?, respondo blandiendo un CD en cada mano.

Sí, la maldición de la empleada chunga se cierne sobre mí como una pesadilla. Debo salir de ahí o montaré un Puerto Hurraco con tipas de uniforme que se aburren y dan por saco a las clientes. Bien pensado, podría ser un grupo de ésos del Facebook que suman tantas adhesiones. Aunque, ya puestos, puedo crear un grupo de dudas desazonantes, del tipo "¿muslo o pechuga?, ¿House o Doctor Mateo?, ¿Córcega o Benidorm?, ¿Estudias o trabajas?¿te tiras al Metro o al taquillero?...

Con tanto dilema en vena y una tormenta de rayos, truenos y centellas haciéndome los ecos, apenas he dormido. Necesito que me dejen en paz con mis dudas macerándose en alcohol. Enciendo la cafetera, me prepara un "Fortissio", seguido de un "Vivalto" para finalizar con un "Decaffeinatto Intenso". Soy cafeína con patas y sólo me queda algo pendiente antes de entregarme al viernes salvaje: Poner a tope mi disco de ACDC.

jueves, 24 de junio de 2010

DEJÀ VU

Mi querida Big-Bang:


Supón que llevas una temporada presa de un dejà vu tras otro. Nada te sorprende, porque ya lo has vivido. Supón que el dejà vu te sobreviene en pleno orgasmo, ¿a que empieza a inquietarte? No , no me ha pasado a mí, y no pienso relatarte mi casquería sexual, como pretendes. Le ha pasado a mi amiga I. y anda inquieta porque no sabe si es una señal del más allá: "¿debería ser menos promiscua, o algo?". Añadiré que I. ha vuelto al mercado de la carne y el gozo recientemente y que ahora, temerosa de que el dejà vu se le manifieste en una cruel recidiva, empieza a perder espontaneidad entre las sábanas.

Las que no creemos en nada más que en la pasión y el ahora, solemos ir a brujas y adivinos. Es la manera de contrarrestar el tedio de las horas planas. Tú llegas, te sientas, ves pasar las cartas bajo tus narices y aparece un ahorcado, por ejemplo. Sí, es el mismo ahorcado del año pasado, pero la pitonisa, que no da puntada sin hilo, se cuida muy mucho de permitir que se cuele un dejà vu en el destino. El hombre de tu vida ha llegado, o lo mismo no. El trabajo de tu vida era en otro país; el enemigo de tu vida vela armas y la gran cagada de tu vida está por venir. No, el sentido de tu vida ni te molestes en buscarlo, nena, es el puro devenir, la contingencia eterna, lo de Heráclito y lo de Sísifo con la piedra.

Anoche no salté hogueras porque está mal visto hacer una chasca en medio de un salón burgués, como los gitanos. Y no será porque las chukis no lo demandaran: "Venga, mami, quema algo que en la tele han dicho que hoy es la noche del fuego". Lo cierto es que he tenido sueños en llamas, fantasías incendiarias en las que mi amiga I. se me aparecía hastiada de orgasmos repetidos y me pedía, me suplicaba, que retirara ese cáliz de su vida. Yo, tiñosa perdida, respondía al estilo de mi abuela; "dios da pañuelos a quien no tiene mocos", y la pobre se alejaba gimiendo y maldiciendo en arameo.

Bien visto, no está del todo mal la moviola, siempre que sea selectiva. Puestos a repetir sensaciones, querría volver a la del primer baño en el mar. Que es como el posado de la Obregón pero con un dos piezas glamouroso y sin silicona. Ese temblor que te sacude cada año, el calambre del agua fría, la deriva de las primeras brazadas que te cortan la respiración, si es mi mar del norte. La arena que allí no quema, pero caldea las pisadas, los músculos que se reactivan después de un año, el aturdimiento, la desorientación, la incapacidad de encontrar mi sombrilla a la primera; Las risas con mi A-1, los gin tonics bajo las estrellas, la pradera y la vaca. Las barbacoas con amigos que incorporan amigos nuevos cada año. La ansiedad a raya, el bogavante a la plancha...

Conclusión: mola el dejà vu si me dejan apretar al botón a mi antojo. Voy a dedicar el día a engrasar el mecanismo y lo mismo lo patento y me hago de oro. No, la bruja no me ha advertido al respecto, pero debe ser una gozada pasar el día de orgasmo en orgasmo, como I., pero sin culpa. ¿Hay mejor espectáculo que el del placer after hours y sin cortes publicitarios?

PD. La bruja me advierte de que un marrón del pasado está a punto de reaparecer. Aprovecho estas líneas para advertirte, quienquiera que seas, que los dejà vu chungos no entran en mis planes inmediatos. Vade retro, satanás!

miércoles, 23 de junio de 2010

UN GENIO, DOS BOTELLAS

Mi querida Big-Bang:


A Mr.Rubidio le parece un despropósito que salga con un desconocido conocido a pie de barra de bar. "Nena, del fondo de una botella sólo salen disgustos, ya tú sabes". Yo, sin embargo, creo firmemente en que si frotas pueden emerger genios zumbones que te conceden tres deseos: "inmortalidad, un fondo de armario estilo Joan Collins y una melena espesa y rubia natural", son los primeros que se me ocurren. El genio, si tengo suerte y es poco escrupuloso, agita su humeante humanidad y hace como que me hace caso, mientras yo pido otra botella y otra y otra más.

En realidad, nos pasamos la vida pidiendo cosas absurdas a la vida que, como los sagrados mandamientos, se resumen en dos: conseguir que nos quieran (a veces a toda costa) y poder mirarnos sin excesivos sonrojos en un espejo cóncavo o convexo. Yo, además, aspiro secretamente a lograr una cintura de avispa y a escribir un best seller que me retire de los bares y de otros oscuros antros de perdición. La cosa es que sólo se me ocurren títulos, pero no rellenos. Soy efectista porque el mundo me ha hecho así, y cada día acuño tres o cuatro posibles claims de éxito, pero enseguida se me olvidan.

No sé tú qué pensarás que esto de la trascendencia. A mí me suena a música celestial. Si un tipo se marca un ensayo sobre la ceguera y nos desazona, ¿lo recordaremos cada vez que cerremos los ojos o sólo cuando se cumpla el aniversario de su muerte? ¿Hay que palmarla para que te recuerden o basta con acuñar una leyenda y ser brillante en el título? ¿Mejor ser un joven y bonito cadáver con pocas películas a tus espaldas o un anciano fecundo y gruñón que muere levantando el puño y agitando las conciencias?

Yo agitada soy un rato, ya lo sabes. Y como bebo agua con gas ando trepando por las paredes cual burbujilla sin ton ni son. A la caza de títulos que me contengan. "El ser o la nada" me parece perfecto, pero un tipo chungo y pesimista me lo arrebató en su día y ponte a pelear por el copyright con un muerto. "Corazón tan negro"sería otra posibilidad, pero lo mismo el que cierra cierto dominical la emprende contra mí con el mismo ímpetu que guerrea con el ayuntamiento de Madrid, así que me retiro de esa lucha y vuelvo a la barra del bar, a los desconocidos y al genio rezumbón...

Frotemos la superficie bruñida de este miércoles equidistante entre la agonía y el júbilo. Pidamos tres deseos o cuatro con idéntico entusiasmo y falta de fe. Hablemos cada día con uno o dos desconocidos y llevemos la libreta a mano para cuando un buen título nos sobrevenga cruzando el asfalto de una calle que hierve. Y que otros se encarguen de recoger nuestros destrozos una noche y llevarnos a casa y acostarnos con mimo y contarnos una historia del genio y la botella. Y la ceguera, al Este del edén.

lunes, 21 de junio de 2010

POR DETRÁS, ERES MÁS

Mi querida Big-Bang:


Hay personas que entran en nuestra vida por la puerta de delante y personas que lo hacen por la de atrás. A las primeras sales a recibirlas vestida y convenientemente calzada, pero las otras te sorprenden en zapatillas y con esas horribles mallas de algodón color panza de burro que nunca tiras. Para unas haces un posado y metes tripa si procede; las otras arañan un robado infame y te obligan a improvisar un menú y a hurgar en el fondo de la nevera en busca de cervezas frías. En realidad, las segundas congelan un momento real y nada impostado de ti misma. "Por detrás eres más", podría ser el eslogan si no fuera porque una es de colegio de monjas y las retaguardias siempre fueron un poco tabú.

En el capítulo hombres pasa un poco lo mismo. Los amores con preaviso son más calculados, tienen algo de TV movie con guión, no se salen del encuadre. Y luego están los vendavales que se cuelan por la puerta de atrás del corazón, sin tarjeta de visita ni cuerpo de zapadores, que te obligan a soltar la bayeta de las manos e improvisar un torpe baile de cortejo al estilo del de las hienas del Serengueti.

Me gusta el movimiento congelado por lo que tiene de puerta trasera. El instante preciso en el que uno ve el alma de un objeto. Mi amiga A-2 es artista y congeladora profesional de instantes con alma. Ayer vino a casa cargada con uno de ellos. "Nunca regalo obra, así que mi amigo S. quiere conocerte porque está muy extrañado de que haga esta excepción". Abro la foto, me quedo sin habla. Un montón de libros forcejean en un equilibrio precario que amenaza con romperse en cualquier momento. Dan ganas de crear una estructura para que la estructura no se rompa. Es emoción, me inquieta, me conmueve. "Mola", dicen las chukis. Mola.

Recuerdo a A-2 en clase, más de 20 años atrás, resolviendo con su carboncillo un busto imposible en silencio reverencial mientras nosotras parloteábamos alrededor. Su talento estaba más allá de sus dedos expertos, de sus boinas francesas de seda bordada. Era su forma de mirar. Construyó su trastienda como es debido y dejó la tienda abandonada, como debe ser. Es una mujer reversible y única y cada vez que entro al salón y me choco con su foto me siento orgullosa de ser su amiga. Como también de la prodigiosa capacidad de mi A-1 de inventar historias y de dibujar un personaje con tres frases y una situación. Con ellas soy más y mejor.

Apunto en mi cuaderno de notas: "arrancar la semana por la puerta de atrás". Y a las monjas, que les den, que la hipocresía de los salones burgueses es incompatible con el genio y hasta con el ingenio. Muerte al hall y sus oropeles. Eso sí, en mi elección de la trastienda añado una anotación al vuelo: "comprar unas mallas más dignas y llenar la nevera de cervezas". Buen lunes.

domingo, 20 de junio de 2010

ABSOLUTO RADICAL

Mi querida Big-Bang:



"Ya somos el olvido que seremos" en una gran frase, espero que estés de acuerdo. Se le atribuye a Borges, así que el hombre añade un ingrediente más a su eternidad brillante, poémica y ciega; luego, el gran Héctor Abad Facciolince (qué segundo apellido, dios!), la roba y la convierte en título de una gran novela, y a mí algunas noches me quita el sueño. Es algo así como la propiedad transitiva de un chispazo. El que lo prendió se lava las manos y deja que el último en quemarse tiemble y se queme en su estupor.

Ser o no ser, that is the question! Pero no vayas a pensar que esta vez me voy de rositas conmigo misma al son manido de Shakespeare. Me pregunto si somos cuando nos limitamos a vibrar con lo ajeno. Herederos de lo que pensó, dijo, hizo o soñó un tercero. ¿Qué hay de uno que sea absolutamente suyo? ¿Existe un copyright individual, un sello intransferible? Identidad, divino tesoro. No, no es que me haya levantado profunda en mi levedad, es que hay títulos que nos sacuden incluso a las que miramos la vida a 15 cm sobre el suelo, en un equilibrio frágil que el tacón amenaza y vapulea.

Ser en función de es la esencia?. Hijo de (puta, en algunos casos), amante, jefe o subordinado de, discípulo, admirador. Sólo amar y en ocasiones crear se me escapan a esa lista interminable que nos reduce a una medida liliputiense y relativa. Quiero, exijo, mi ración de orgullo matutino, lo mismo que mi ración de frivolidad, envalentonamiento, duda y taquicardia. Si nos van quitando a lascas las capas que nos recubren de lo ajeno, ¿en qué nos quedamos?

Espero que entiendas mi tormento. Normalmente mis dilemas del domingo son absurdos y nada desazonantes, pero ayer tuve barbacoa familiar y niños voladores, y esta resaca feliz me devuelve el olvido que seremos. Necesito acuñar una gran frase, algo épico y transferible para que otros me perpetúen una mañana cualquiera. Sí, quiero ser el título de la novela de otro. Desafío al olvido y ataco un cruasán a mordiscos rabiosos. De hoy no pasa que acuñe una gran frase que apuntale la eternidad, el absoluto. Guerra a la vulgaridad.

sábado, 19 de junio de 2010

EXTRA VAGANCIA

Mi querida Big-Bang:



Si no fuera porque sé que tengo a la indolencia a raya fruto de mi educación prusiana diría que estoy hecha una vaga del carajo, y la culpa la tiene el calendario. A mí me das sol y crema filtro 50 y me traslado inmediatamente a la tumbona y al HOLA. Los autores sesudos con los que cultivo mi frágil intelecto jamás los abordo a menos de 60 metros de la orilla, como si de un plan de urbanismo neuronal se tratara. Yo me construyo bajo la sombrilla y me destruyo leyendo chismes rosas en posición horizontal y con una piña colada entre las manos.

Sí, se te ha caído un mito, lo comprendo. Pero entiende que soy hija de mi tiempo, de la química inorgánica y del Vogue. Otro de los hit parades de la literatura que me llena. De repente las rutinas cambian con el calor y una tarde cualquiera me pierdo fascinada delante de las fotos de un tipo que ha dejado la cámara dos años en una plaza de Berlín, y ha captado trazos fantasmales que convierten la arquitectura inmóvil en una visión romántica y algo apocalíptica. Sin sol, eso sí. Despiadadamente gris. Pero me gusta.

Puede ser un martes, o un jueves, pero ahora todo son viernes. Tú sales a la calle y te espera un plan que bien puede rematarse con una buena charla con amigo envuelta en pez mantequilla y prolongada hasta la madrugada. Los japos, que eran los chungos de las pelis de guerra de mi infancia, nos han conquistado al fin por el estómago. Donde esté un buen sashimi que se quiten la croqueta y el arroz abanda. O lo mismo no, pero en el preverano sí. Es como la pretemporada de la moda. Te ponen unas camisetas de rayas marinas y unas sandalias doradas y te vuelves loca, mucho antes de captar que es lo mismo de siempre, que no hay destello de invención, ni falta que hace.

La rutina irrutinaria, el placer reinventado, la lujuria sin castigo. Bienvenidos sean el verano y sus derramas. Hago la lista de lo que quiero hacer antes de que me devoren sus días: 1.Volver a Sintra un rato y beberme una absenta (tras otra) en el hotel de Lord Byron. 2.Coger cangrejos con las chukis en la cueva del dragón, sita en Asturias. 3.Cocinar macarrones con furia para que mi amigo el Pirata me los tire por el váter y me ofrezca un plan B. 4.Asegurarme que las cenizas de la pira de los deseos ajenos no vuelvan a chocarse con mi cara. 5. Ensayar con mi querida A. los temazos del karaoke para que no me deje sola desgañitándome frente al micrófono. Y 6: Exprimir el sol y la literatura ligera como si no hubiera un mañana. Sea!

jueves, 17 de junio de 2010

TIEMPO DE HOGUERAS

Mi querida Big-Bang:



La Rana Suicida soltó la bomba a mi amigo J.y salió corriendo. La pregunta es: ¿Qué hace uno con una confidencia letal si ésta proviene de una desconocida que encima se empeña en ir por la vida sin sujetador y croar en charca ajena? Sí, es absurdo, perdóname, pero las que llevamos sujetador por costumbre no solemos salir corriendo con las tetas al aire tras contar una peli de terror, así que nos sorprende que otras lo hagan. Hay gente que no debería andar por la vida sin un carnet de puntos donde sus ligerezas públicas quedaran limitadas a dos o tres al año, digo yo.

Mi ilustre desconocido, sin embargo, me brinda una confidencia de amor y desgarro del bueno. Yo, que llevo una romántica empedernida dentro, agradezco su gesto como un regalo que debilita mi escepticismo sentimental. ¿Puede alguien que se ha enamorado profundamente abandonar su confortable charca matrimonial y salir a buscarse la vida a un erial lleno de besos? Sí, puede. Sí, debe. Olvidé preguntarle si ellas son de las que corren con los lobos o, por el contrario, se acomodan en su microclima y tejen frenéticas como Penélope.

No hay nada más libre que sentarse con alguien que no tiene tus coordenadas en su GPS. Sí, puede que sea irreflexivo, exhibicionista, interesado o inútil, pero una está harta de que tú la prejuzgues y encajes sus delirios en un contenedor construido cual armario de IKEA, a golpe de intimidades de diván resumidas en un pliego de instrucciones ininteligibles. Nena, está chupado que si yo te digo que quiero quitarme el sostén y correr como la rana, tú lo achaques a las rigideces de si primera adolescencia y te quedes tan ancha. Pero recuerda: construir cualquier artefacto de IKEA es una experiencia paranormal y desquiciante: cuando no te sobra un tornillo te falta una pata.


A partir de hoy contaré mis confidencias a extraños y mis certezas a mi terapeuta. Te vas a enterar de lo que es bueno. No hallarás en mi relato una incoherencia, una inconsistencia o una paranoia. Vas a estar tan aburrida que lo mismo sacas un disfraz de rana chunga o te quitas el sujetador como acto de rebeldía trasnochado de los sesenta. Lo de quemarlo, si eso, lo dejamos para las hogueras de San Juan, que ya es el tiempo...

miércoles, 16 de junio de 2010

AMNESIA

Mi querida Big Bang:


Ella llegó ayer con los ojos pintados de rojo. Había utilizado la barra de labios como sombra grotesca y parecía un clown, pero nadie se reía. Se sentó a la mesa, cogió su cerveza y estuvo todo el rato esquivándonos, con mirada perdida, como para evitar las preguntas. Mi querida E.tiene Alzheimer y anda en un mundo paralelo donde se ha vaciado del todo su saco de recuerdos. Un destello de inteligencia le lleva a contestar "normal" de cuando en cuando, para no comprometerse. A veces murmura "mi marido es muy bueno" y, cuando se incomoda, vocifera desabrida:"vámonos a casa".

¿Has pensado en qué te quedas si te arrancan lo que fuiste? Tu primer beso a tornillo, los desvelos con los libros, la bronca de tu padre, los idiomas que aprendiste, las ciudades que te asombraron, la capacidad de relativizar, el amor... No, ya no puedo decir aquello de "somos lo que perdimos". Porque si lo perdemos dejamos de ser. Borrarnos la memoria se me antoja el castigo más cruel imaginable, una burla fatal, una muerte chunga y perpetua.

Vuelvo a casa abatida y anoto algunas cosas que no quiero olvidar jamás: el olor a chotillo de las chukis cuando salían del cole de pequeñas, el lugar donde me rozan mis zapatos favoritos, la hora perfecta para llamar a cada una de mis amigas, el jazz bar donde me ponen el peor gin tonic y la mejor música, mis cuatro discos favoritos, mis tres peores defectos... Me sale una lista absurda porque la puedo recordar, abandono cuando el absurdo empieza a ser patológico y barrunta anotaciones del tipo: "la receta para hacer paella rica para cuatro personas, que no funciona si es para cinco". Cosas importantes que me contienen.

Somos lo que recordamos. O lo que creemos recordar. O lo que queremos recordar. Cada cosa que vivimos la pasamos por un tamiz torticero que nos la devuelve impecable y planchada, como el estómago reduce a papilla el filetón del domingo. La digestión vital, vista así, no es tan repugnante como la otra. A veces es pesada, sí, pero entonces te chutas un antiácido y a correr. Anoto: "para vivir es preciso recordar y tener un buen botiquín a mano".

-Mira, E., ella es tu sobrina favorita, ¿te acuerdas?

E. me mira desde su más allá de acá, sonríe vagamente, me deja por primera vez que le coja la mano. Luego se crispa un poco, y me suelta: "¿Y a mí qué me importa?".

martes, 15 de junio de 2010

CROMATICIDIO

Mi querida Big-Bang:



Te confieso que a veces elijo el arte por hastío. Anoche, como estaba entretenida y motivada por haber superado un lunes indolente y chungo, puse la tele y vi a todos los ministros de Interior del PP juntos alrededor de Aznar. Entré en shock: Todos lucían unas cabelleras frondosas y gobernadas con brushing y gel, la gomina silenciosa.

Tener este ojo de águila me condena a entrar en disquisiciones muy sesudas: ¿la incompetencia previene la alopecia? No estoy segura, porque sólo un día antes Felipe González dio el espaldarazo a ZP (o la zancadilla) y, queriéndolo ayudar, lo colocó con su sola presencia en su sitio, a dos metros bajo tierra. Pero yo sólo podía fijarme en su cabeza plateada y más tupida que el campo de golf de la Moraleja.

Mi padre siempre me ha tachado de "sociata" con una sonrisa benévola. El padre de mi amiga M., rojo y de barrio obrero, daba por hecho que yo era rubia y conservatriz. Las mechas, como el barrio, ejercen un efecto despistante cuando hablamos de filiación política. Hace 20 años era mucho más claro: la izquierda se teñía de caoba o pelirrojo furioso y la derecha iba a LLongueras a darse "rayos de sol". Hoy se ha perdido el respeto a los colores y a la selección española, no sé muy bien por qué, la llaman "la roja". ¿Qué pasa con el amarillo?

Pensarás que esta preocupación cromática añade una neura más a lo mío. Pues estás en lo cierto. Yo huyo instintivamente del rosa, del azul turquesa y de los marrones (de éstos me caen mogollón, pero esa esa es otra historia). Cada vez que me compro un vestido rojo para sentirme sexy y Marilyn, acaba desterrado en el armario, y nueve de cada diez días elijo el negro o alrededores para epatar en sociedad. O sea, que soy una mortis, una especie de viuda temprana con escasa capacidad de riesgo. Lo único que me salva es que tengo pelo de rata, no como Ángel Acebes o Jaime Mayor Oreja. Uff.

Buen pensado, puede que elija el arte para eludir las interpretaciones cromáticas. Un cuadro es impresión, sacudida, provocación o calma. Me gusta recorrer las galerías sola y que nadie me explique qué pretendía su autor. Odio los auriculares donde una voz impostada y naranja te invita a pensar en el sentido correcto. Yo querría, en todo caso, una orientación en tono bergamota o cilantro, pero como no existen esos colores porque somos cromáticamente convencionales, me quedo con el silencio arcoiris e interpreto a mi libre albedrío.

Así que, al igual que Holly Golightly, me dispongo a vivir un día verde con reminiscencias doradas. Lo mismo me planto un vestidito cóctel amarillo y un Marlboro con boquilla para echarme a la calle y puede que me salga a una terraza a cantar Moon River con mi voz desentonada y febril. Se acabaron los convencionalismos, las siglas asociadas a un pantone, el tinte inadecuado y el pensamiento azul cobalto (¿casi negro?). Voy a ser británica y a mezclar sin tino. Desatino o muerte. Cromaticidio al poder. Fijo que así consigo un pelo Pantene para la eternidad.

lunes, 14 de junio de 2010

EN ¿BUENAS? MANOS

Mi queridida Big-Bang:


El masajista es un calvo estilo hierbas que habla muy bajito y mira a los ojos para evitar mirar a otra parte. "Decúbrase y póngase boca abajo. ¿Le han dado el deshechable?" . Y yo, en mi tono normal: ¿Quéeeeee?. El deshechable. O sea, esa especie de taparrabos de papel que te arranca toda la dignidad de una sentada. "Ah, sí, aquí lo tengo" (señalando absurdamente al lugar que él no iba a mirar, por recato profesional y porque los hierbas han domesticado sus impulsos y sólo se ponen cachondillos con el tofu y las enseñanzas de Osho). "Bien, voy a trabajar su cuerpo con piedras y aceites calientes". Y yo: "trabaje, trabaje..."

Una vez me enamoré de un masajista que hablaba con las manos. Yo era la envidia de mis amigas y,especialmente, de mis amigos gays: "masajista y motero, eres una asquerosa y una acaparadora, bonita. Pásanoslo un rato y verás qué partidazo le sacamos a ese pedazo de hombre". El pobre A. era la fantasía sexual de buena parte de mi entorno, y llegó un momento en que no lo pude soportar. ¿A qué se dedica tu novio?. "A instalar mamparas en las duchas y saneamientos si procede y no hay que hacer rozas ni encofrados". Nada más disuasorio de la albañileria de poca monta. Dejaban de tener curiosidad ipso facto.

Las manos del calvo trepan por una pierna, se detienen. Echa el aceite caliente. Huele a almendra amarga. ¿Eso que me has puesto es hipoalergénico?, pregunto. "Shhhhhhhh, descuide". "Si no es por interrumpirle. Es que como no lo sea me van a salir unas ronchas del carajo y lo mismo terminamos usted y yo en urgencias recitando mantras con unos cuencos tibetanos". "Relájese, que buena falta le hace", murmura respirando fuerte.

Si hay algo que no soportamos las alteradas es que nos recuerden que nos tenemos que relajar. Eso y que nos toque un masajista de los de mano flácida que, en lugar de amasarnos lo que viene siendo la musculatura basal con sus manazas, nos haga un simulacro de caricia tibia empapada en líquido tibio. La tibieza, en todas sus manifestaciones, es altamente desquiciante. "Dele fuerte, tronko", se me escapa. Y él , sin pestañear: "este es un masaje holístico para abrir sus chakras y no es necesario que lo hagamos con más fuerza". "Y tú eres un suave que me está poniendo frenética, y por dios cambia esa musiquilla de aves que los graznidos son insoportables y parecen del Parque Jurásico. Tengo la sensación que en cualquier momento se me va a abalanzar un tiranosaurius rex y me va a merendar sin contemplaciones". El calvo sonríe con tensión, el jodío. Parece que Osho no te prepara contra las listillas de piel sensible y ego hipersensible.

No dirás que no lo he intentado. Pero cambiar las pastillacas por un masaje holístico ha sido un error. Donde esté la alquimia que se quite el ohmmmm y donde esté un motero que se quiten los calvos suaves. Soy vulgar, lo reconozco, y es la última vez que me humillan con un tanga de papel azul petróleo y una banda sonora que no sea de Led Zeppelin o Amy Winehouse. Lo único que he sacado en claro de mi experiencia es que puedo estar quieta y reducida sobre una camilla 55 minutos, y que la próxima vez buscaré en el menú el masaje masoca. Ese que te pone en órbita a base de romperte las costillas. Necesito un calvo quebrantahuesos ya! A ser posible, que domine la albañilería básica.

viernes, 11 de junio de 2010

AMORES PERROS

Mi querida Big-Bang:


A mi amiga L. se le ha muerto el chucho y le ha hecho un roto en el corazón. Las que nunca hemos tenido perro, sino hermanos al por mayor, solemos pasmarnos cuando oímos hablar a los propietarios: "Vamos, muchachito, a mimir", le decía ella cada noche, y con ese ritual de cariño finiquitaban ama y can un día lleno de todo o de nada. Pero juntos.

Mi amiga L. es una mujer de mirada alegre y cachondona y generosa de piernas y canalillo. Pero sin su Austin anda desorientada y zampa espaguettis sin conocimiento. "Lo que peor llevo son los vecinos del bloque, me confiesa. No paran de preguntarme por él, de meterme el dedo en el hígado". Igual que una viuda desconsolada.

Mi amiga L. trata de rellenar el hueco que ha dejado su minúsculo amiguito con unas capas de pintura y la redistribución de algunos muebles. Sí, cambiará todo para que nada cambie, pero en su casa de divorciada sin complejos hay demasiado silencio. "Nena, ya es hora de que vuelvas al mercado", le aconsejamos agarrándole la cintura. ¿Un hombre rellena el vacío de un perro fiel? No, claro, pero ayuda. "Vamos, llámalo ya, chitina, que las penas con cariño aftershave son menos penas".

A mi amiga L. le hubiera gustado seguir danzando con su compañero peludo. Ya era viejo, el hombre, y se arrastraba por las aceras detrás de ella con ese contoneo cansino de los que han sido grandes y se han dejado vencer poco a poco por la vida. ¿Qué se puede hacer con tanto amor para regalar? "Estrena algo, cariño, súbete a esos zapatos que dejaste para acoplarte al paso y a los rincones del perrillo, mira a los hombres a los ojos, cómete un merengue rosa y sal ahí fuera a alegrarle la vida a los demás, aunque sea un poquito. "Sí, sí, ya lo haré, si eso, musita ella sin dejar de aporrear el teclado de su ordenador con sus uñas perfectas de laca color coral.

Me conmueve su pena como me conmovía su lealtad a su compañero. Pienso que el amor a un animal debe ser grande: sin celos, sin dudas, sin palabras, sin mezquindades. Con sus rituales fijos, como todo amor: yo te saco cada mañana y cada noche, tú ladras feliz y sales a mi encuentro. Paseamos por el barrio saludando a los vecinos. Vemos una peli con palomitas y nos vamos "a mimir". Y así pasan los días, en un círculo que siempre se completa. Sin grandes sobresaltos ni cambios drásticos más allá de la marca del pienso o de correa. Rutinario y feliz.

Me propongo aliviar el luto de mi L. como buenamente pueda. Pienso que el amor perruno no debe ser desdeñado ni clasificado. Que no conoce escalas, que es frágil en sí mismo. Que la corta vida de un chucho nos entrena para la pérdida. Que mi amiga tendrá que abrir poco a poco las puertas de su dormitorio a otro ser, con pelos o sin ellos.

Y a vivir, reina, que con ese canalillo, esa alegría y esas uñas es un desperdicio quedarse en casa un viernes por la noche.

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jueves, 10 de junio de 2010

CARNE CRUDA

Mi querida Big-Bang:


Estoy a punto de cuadrar un círculo, y la excitación no me deja dormir. Sí, dirás que cuando no es por H es por B, pero entiende que a mí lo que me ponen son los desafíos extremos y, como no he sido seleccionada para concursar en Pekín Exprés con mi hermana y gritarnos cual verduleras con las mochilas esas tan poco trendy, me tengo que conformar con la geometría inexacta, la química etílica y las fantasías filosófico existenciales al estilo de "la Chopped", esa ínclita jefa que tuve un día y que se ponía cachonda citando a Shoppenhauer sin haber leído nada.

Yo, puestos a citar, suelo decantarme más por Estrellita Verdiales, Lolita Flores, Manolo el del bombo o cualquiera de los presentadores de Intereconomía. Gente que nos regala verdades como puñetazos sin anestesia local. ¿Quién quiere sutileza y manipulación destilada cuando puede tener el plato servido a pelo, sin ceremonia y con las patatas fritas cortadas bien gordas y duras por dentro? A mí, ya sabes, en el fondo me mola el canibalismo, eso que solíamos practicar los humanos cuando aún no caminábamos demasiado erguidos. Pero como está mal visto me conformo con comerme los chuletones de Ávila casi crudos y las palomitas a puñados.

En realidad, somos lo que hacemos cuando nadie nos ve. La medida en la que hemos domesticado (o no) nuestros instintos en la intimidad nos marca y nos define. Y yo no puedo ser más fina y segura, como el anuncio, pero como me has pedido que me libere de cargas y lastres innecesarios o mi terapia fracasará, me he vuelto un poco orangután. A veces me sobran los cubiertos, amontono los platos en la pila, dejos abiertos los botes de las cremas y apoyo los pies en cualquier mesa al estilo Aznar en el rancho de Bush. Ya si descendemos al proceloso territorio del sexo, ni te cuento, que esto lo leen niños y luego me vienen las madres con el libro de reclamaciones. Que si soy contraproducente para el equilibrio vital de toda una generación, que si su Manolito me lee a escondidas, junto con las revistas porno, que si la abuela fuma...

Hipócritas. Eso es lo que son. Me censuran a mí pero escuchan sin vendas a mi amigo don César Vidal es Es.Radio cada noche. Eso sí que es pornografía barata, akelarre de bajos instintos envueltos en frases contundentes y presuntamente bienintencionadas. "Yo es que soy muy sincero", decía aquel, y nos echábamos a temblar. Casi tanto como cuando escucho esa coletilla abyecta del "como digo yo". Al parecer, la contención de bajas pasiones no ha llegado al territorio del lenguaje. Y si las palabras se vomitan sin prevención ni medida, cualquier intento de civilización está perdido.


Así que mi objetivo de hoy será la censura de todo caníbal que ose hablar sin tino. Sellaré la boca a los reyes del gerundio y de los subjuntivos encadenados. Pondré coto a las interjecciones, a las onomatopeyas y a las rimas consonantes. Pobre del que incurra en una discordancia o en una extravagancia innecesaria. Soy una mujer con un rotulador rojo en la mano, y en nombre de la libertad y los instintos voy a aplacar tres o cuantro pasiones innecesarias. Esto sí que es cuadrar el círculo y lo demás es Shoppenhauer.

miércoles, 9 de junio de 2010

DE POLVOS Y LODOS

Mi querida Big-Bang,


Almodóvar me coge del brazo y me guía suavemente por los largos pasillos del tanatorio hasta una capilla privada, casi la celda de un monje, donde hay una cómoda gigante de pueblo algo desportillada, una cama medio deshecha, cientos de gladiolos sin corona-"siempre se llevan a los mejores"- y una superficie blanca y dura donde tres niños enanos lloran como plañideras a pilas, y se contorsionan en cada gemido siguiendo una coreografía grotesca. "Esta es mi muerte, la he soñado tantas veces que he decidido recrearla y dormir aquí cada noche, para irme acostumbrando". Me estremezco en el sueño y estremecida despierto. Polvo eres.

No vayas a pensar que temo a la muerte. Simplemente la encaro haciendo la peineta, como la duquesa de Alba a la prensa del moscardón. Siempre he sido muy de que la muerte me pille bailando, y tanto vitalismo va a meterme directa en la tumba. Gran paradoja. Sería más práctico, convendrás, dedicarle uno o dos pensamientos diarios a la parca para ir haciendo boca, pero a mí me pones a bailar y se me olvidan los detalles, ya ves.

Además, siempre se puede morir de amor, de indiferencia, de indignación, de estupidez o de vergüenza. Ocurre todos los días, pero lamentablemente no se celebran funerales con pompa y una banda local amenizando la pena. Morimos un poco cada vez que algo nos sobresalta, nos hiere, nos supera, nos enseña una pieza de algo que nos falta, como esos álbumes que no terminábamos a falta de un cromo, el más difícil, que siempre tenía la más chunga de la clase.

Avisa si te parece que ponerme tan Teófila Necrófila le sienta mal a mi cutis, que ya sabes que prefiero ser un bonito cadáver metido en un nicho de Dolce Gabbana. Es mi ilusión, y también que hagas por meter en el hoyo mis zapatos, para contonearme bien por el cielo. Mi chuki pequeña, que es sagaz como ella sola, insiste en preguntarme cómo es el cielo. "Verás, mona, yo no he estado nunca, pero debe molar porque el que va no vuelve". "¿Como el parque de atracciones, pero para siempre?, mami?". "Psssssssí, quizás, pero tú por si acaso súbete muchas veces a la noria de la tierra y al gusano loco, no sea que la cosa acabe aquí". Y ella, que si no remata se pone toda loca: "Qué tontería vivir, para luego morirse, ¿no?".

Sí, ser polvo debe ser mucho menos interesante que echar un polvo, pero más eterno. Y aquí se me ocurren cientos de frases para los funerales modernos que imagino: "de tal polvo, tal pastilla" o "el polvo tenía un precio", o "cien años de polvo y paja". Sexo y muerte están pegados y los franceses, que llaman al orgasmo la petit mort, lo saben desde mucho antes de Napoleón. Es más, tienen una pareja presidencial que va echando polvos por las recepciones reales y llega tarde cuando un calentón sobreviene en el ascensor de Elíseo.

¿Te estás mareando con mis evoluciones de este miércoles de ceniza arrancado del calendario? Sorry, nena, pero dormir después de tres noches de insomnio letal me ha dado alas. La religión del vitalismo tiene un único mandamiento: "acelera y no mires atrás, ni adelante". A eso voy, como si me fuera la vida en ello. Ah, y si vas a mandarme flores que sean rosas blancas. Odio los gladiolos y los niños llorones. Que dios o Versace me tengan en su gloria.

martes, 8 de junio de 2010

DESCONOCIDOS ÍNTIMOS

Mi querida Big-Bang:


Mr. Rubidio se ha vuelto complaciente y me escribe a diario para abrirme su corazón y hasta sus tripas. Diez o doce líneas, no más, donde se desnuda en un strip tease nada escandaloso pero sí perseverante. La literatura epistolar con desconocidos ha alumbrado grandes joyas, lo sabes. Tan libre, tan provisional, tan cargada y descargada de expectativas, la pluma vuela y se detiene en pastos donde el pudor frente al otro se la juega. Pero como el otro no es, hay barra libre. En cierto modo es un acto de voyeurismo donde apenas sabes de qué color tiene los ojos el Mickey Rourke de turno: "You can leave your hat on".

Mi amigo R. echó un polvo en un parking con una desconocida.Fue brutal, inesperado y volátil. Presente puro, sin prolegómenos ni teléfonos apuntados en el dorso de una tarjeta para una próxima vez. Aún sonríe cuando se acuerda del lance. Pero no recuerda si ella era pelirroja o castaña con reflejos caobas, si tenía las piernas largas o los neones del aparcamiento lo confundieron. Ni falta que le hace. El sabor del revolcón está vivo, y él sólo tiene que cerrar los ojos para hacer moviola y saborear de nuevo su minuto de gloria.

No te pongas celosa, mujer, que lo nuestro es más que sexo dialéctico por compasión. Pero debo confesarte que el otro día quedé con un hombre por trabajo y nos dieron las mil hablando sin dejar de mirarnos a los ojos. Confianza sin compromiso. Algo así debió pasarles a los Extraños en un tren de Highsmith, digo yo. Tú encuentras en la mirada del otro un destello que te invita a quitártelo todo, excepto quizás el sombrero, y la cosa termina en un plan de asesinato o en una tarde loca, que viene a ser lo mismo.

¿Por dónde iba? Ah, sí. Enciendo el ordenador y siempre está él allí: "¿Te has fijado en que las calles están pensadas para los tropiezos? A mí me gusta mirar al cielo, así que a veces me caigo. ¿Te molestan los torpes?". Lo siguiente es una apasionante contemplación sobre el skyline de nuestro corazón, enhebrada y desenhebrada en sucesivos mails tan libres cono el anonimato, que en este caso encabezo con un "Me molestan los lentos, los indecisos, los cobardes y los cursis, por ese orden". Soy yo la que contesta o cualquiera de las voces que oigo y que tú, pacientemente, tratas de desenmarañar para convertirme en una mujer cuerda y cabal. Un ser de una única voz afinada y libre de pastillacas. Una mierda.

Te dejo, que Mr.Rubidio ha vuelto a hablar. Me advierte una vez más de su torpeza, me corrige el tono, y tras preparar dulcemente el terreno me invita a tomar algo un día de estos. "En persona gano, o lo mismo no". Sopeso mi respuesta. Quiero seguir hablando gratis sin pensar más que con los dedos. ¿Cómo perpretar un crimen si el cómplice te da su dirección, filiación a la Seguridad Social y hasta su libro de familia? No, mejor seguimos así. Y si todo va bien, uno de estos días me quitaré el sombrero.

lunes, 7 de junio de 2010

CUANDO FUIMOS PRINCESAS


Mi querida Big-Bang:


Mi cuento favorito es el de las tres princesas que cada noche se escapaban a bailar. Por la mañana sus zapatillas aparecían destrozadas,y el rey nadaba en su desconcierto. Un día les puso una trampa y las pilló en pleno delito. El castigo fue encerrarlas en tres tinajas y cerrarlas con pez (¿quieres que te lo cuente otra vez?). Sí, aquellos castigos eran gloria bendita, y no esas mariconadas de escarmientos que practico en mi rol de madre de hoy en día, moderna, monoparental y justita de autoridad.

La cosa es que yo llevo una princesa pendón dentro, de ahí que me falte determinación cuando veo los destrozos del calzado de las Chukis. Dentro de mí está esa chungua que se escapaba en bicicleta por la noche para ir a las fiestas a las que mi padre, el rey No, nos impedía ir en su afán de preservar una virginidad amenazada (si llega a saber lo innecesario de tal amenaza, nos hubiera dado carta blanca, el hombre). "Sois unas cabareteras" era su leit motiv de cabecera cuando mi hermana y yo osábamos retrasarnos 20 minutos de la hora, y llegábamos a casa con las zapatillas destrozadas y la virtud por todo lo alto.

Sí, yo he pasado media vida encerrada en una botija, macerándome mientras fuera sonaba la música y los príncipes de saldo se ponían las botas con mis amigas. De ahí que me exciten mucho más los sonidos que las imágenes. No hay nada más sensual que imaginar, tú sabes, y en el fondo lo que se cocía en esas fiestas de perdición eran inocentes rituales de cortejo cuyo clímax no pasaba de un sobeteo furtivo y muchos besos con lengua. "Manolillo me ha levantado el sujetador", nos confesabe su novieta de entonces, y todas sentíamos que ese sujetador era como la bandera del equipo. Pero a ella, en el fondo, lo que la tenía en trance eran los besos. Mucho más acordes a una princesa bailarina y rapsoda.

Dirás que si he dormido mal again. Pues sí, nena, pero es que el asunto de las tinajas se mezcló en mis sueños con Pretty Woman, revisitada ayer veinte años después. Un cuento presuntamente inocente que a mi hija la tuvo pegada al sofá,fascinada por el noble oficio de ser puta. "A la cama", le dije majestuosa cuando me di cuenta de que aquello no era muy didáctico, pero ella reaccionó tirándome la tinaja en la cabeza. Hay que ver el tirón de Richard Gere pre Tíbet y pre Dalai Lama. En el fondo, lo que ha hecho el tipo ha sido pagar con mantras el delito de haber protagonizado una historia tan peligrosa para toda una generación. Y tan injusta para las pobres putas.

Ser princesa está sobrevalorado, digo yo. Escaparse cada noche es una trabajera y el olor a pez es nauseabundo. La única tinaja en la que me sumerjo voluntaria es la del buen vino, si procede. Pero para llegar a este punto que tenido que quemar muchas suelas. Agotador, sí, pero ahora mismo, mal dormida y descangallada, saldría de puntillas por la puerta rumbo a una pista de baile, a la espera de que mi padre, el rey No, mande sus huestes a rescatarme.

¿Que cómo terminaba mi cuento favorito? Ah, sí...


Las princesas se escaparon
por un hueco que existía
que las llevó hasta la vía
del tren que va para Italia...
y en Italia se perdieron
y llegaron a Jamaica
se pusieron hasta el culo
de bailar reggae en la playa...

(Celtas Cortos)

domingo, 6 de junio de 2010

PRESUNTAMENTE

Mi querida Big-Bang:


Los pajarracos negros danzan ahí fuera con presunto orden y concierto. Se habla mucho de la presunción de inocencia, pero yo soy muy partidaria de la presunción de equilibrio, de solvencia, de estilo directo, de burla o de militancia, por citar sólo unos pocos ejemplos. Todo es de una manera mientras no se demuestre lo contrario, lo malo es que a veces no nos quedamos el tiempo suficiente a observar tanto presunto a nuestro alrededor. Y así nos va.

Yo tenía un presunto look de sueca eurovisiva que resultó ser de holandesa sin recursos. Se parecen, pero no son lo mismo. Como el anuncio de canoa y piragua. Un día te levantas y descubres que no eres, sólo pareces, y ese día te dan por saco. La presunción es un cómodo caparazón para ir por la vida, y si la pierdes te quedas en bolas y sin canción hortera que brindarle al respetable.

Veamos, presuntamente tú eres mi loquera y yo tu víctima. Yo invento cada día tres o cuatro síntomas prometedores y tú te pones cachondísima porque la presunta resulta encajar en los patrones de cierto manual con vademécum. Y entonces te quedas mucho más tranquila. Puesta la etiqueta, lo demás está chupado. Pero la presunta a veces te desconcierta con vuelos impropios de un pajarraco empastillado, y esos días andas desorientada y muda. Envuelta en una presunción de incompetencia del carajo.

Recuerdo vagamente un chiste sobre la diferencia entre "real" y "potencial" que se parece mucho a esto de lo que hablamos. Al final el padre decía a la madre e hija "potencialmente sois dos mujeres tontas, y realmente un par de putas". Era un chiste bastante machista, de ese machismo presuntamente inofensivo con el que crecimos amparadas por las monjas. Dado que los chistes te los contaban en el recreo y con el bocadillo de jamón entre las manos, los recibías con alborozo y sin sospechas, y al llegar a casa se los contabas a tus hermanos. En mi caso, siempre incompletos, porque dios no me llamó por los senderos de la retentiva graciosa. Yo era presuntamente una mujer de prosa larga y estilo directo.

Con los años fui una presunta rebelde, una presunta casada, una presunta delgada, una presunta hiperactiva y, aún hoy, una presunta insomne. Quien se quedó en la orilla a contemplar mis evoluciones vio cómo iban cayendo los castillos de arena, pero la mayoría huyó sin comprobar el fin de los vuelos. Como hago yo cada mañana con mis pajarracos. ¿Está completa la historia si uno no la lee hasta el final?

Presuntamente voy a fugarme de casa en este instante. Las chukis duermen, así que puede decirse que lo hago con alevosía y nocturnidad. Cogeré la bici y con mi presunción de fuga en vena recorreré las calles desiertas de Madrid dominguero y presuntamente desalmado. Puede que la realida al fin me coloque en mi sitio, sí, pero hasta ese momento habré sido presuntamente libre. Presuntamente ligera y feliz.

sábado, 5 de junio de 2010

EL CRIMEN DEL GAZPACHO

Mi querida Big-Bang:


El calor lo carga el diablo. La casa es una olla a presión y mi cuerpo retiembla como la lavadora vieja que durante el centrifugado sale a pasear. Imagino la de serial killers que estarán frotándose las manos y afilando los cuchillos para salir tras una víctima propiciatoria. Sí, todos los malos instintos se agudizan a más de 30 grados.

Elige una camiseta vieja de algodón y envuélvete en ella. Saca la gorra de cuadros y ventila la cocina con un abanico verde. Ve lavando cuidadosamente los tomates, el pepino, el pimiento, con el agua bien fría, y mantén las manos bajo el chorro un poco más de la cuenta. Una obligación más y me pondré a gritar como Violeta Elisabeth, mi musa de Daniel el Travieso: "Gritaré y gritaré hasta ponerme histérica, y sabes que puedo".

Un termómetro calenturiento es la promesa de un delirio. Observa a tu chuki macho envuelta en su disfraz de Batman ("Bassssman") con reminiscencias de Spider man. Y sin una gota de sudor. Ella no renuncia a nada, y lo siguiente, lo sabes, es enfundarse el de Superman "Returo" (Returns en versión original). Pero ese disfraz lleva unos abdominales de gomaespuma tan gruesos que lo mismo le da un siroco y terminamos en urgencias de algún hospital sin aire acondicionado, lleno de tipejillos que estornudan en tu cara y llaman máma (acentuado, sí) a su mamá.

No way. Pela el ajo cuidadosamente. Observa el tendedero de la vecina y da gracias al cielo porque ninguna de esas horribles bragas sea tuya. Pica el pan y empápalo en vinagre, pero no de Módena, que le da un sabor despistante. A mano el aceite, la sal y el comino. Un gazpacho es la metáfora de la vida. Cambias un poco los ingredientes y cambia el argumento general. No hay dos tomates iguales, ni dos días repetidos. Uy, las meninges te están jugando una mala pasada, nena. Sal de ese jardín y dale al botón de ON.

El reloj avanza, el hielo machacado aligera la densidad de la mezcla. Metes las cuchara, no está tan mal. Miras el cuchillo y lo guardas rápidamente en el cajón. Domesticados los instintos, sólo queda comer y dormir. Afuera los locos deben estar haciendo muescas en el cabecero de sus crímenes. Socorro!

viernes, 4 de junio de 2010

INSECTOS

Mi querida Big-Bang:


¿Has soñado alguna vez que le seguías el rastro a diez hormigas? Y, una pregunta más: ¿entiendes que en las habitaciones de los hoteles con encanto para enamorados no haya un tabique aislante y opaco entre baño y dormitorio?

Hay sinrazones que se me escapan incluso a mí, que soy muy de seguir con la mirada las evoluciones de los bichos. Sin ningún afán científico, comprenderás. Sólo para obligar a mi cerebro a centrarse en una sola cosa, tal y como aconsejaba el Pequeño Saltamontes, que en gloria esté. Las que tendemos a la dispersión solemos concentrarnos en lo importante o en lo catastrófico. Como que llegues a un hotelito afrodisiaco y los dueños interpreten que el calentón es tal que no te vas a fijar en que el otro está en el baño, con toda su intimidad al descubierto. Aberrante.

Respecto a la botánica, poco que decir. Las plantas, vista una, vistas todas. No se desplazan ni te obligan a ningún contorsionismo visual que te distraiga de las oscilaciones alfa de tu mente: ¿me tiro al metro o a la boutique de Manolo Blahnik? ¿Bombay o Hendricks? ¿Atropello con la bici al ejecutivillo con su Ipod y todo o me trago la farola delante de mis fans y pierdo ese donaire bizco que me impulsa por las calles de Madrid? ¿Enseño o insinúo? ¿Kant o Hegels?

Lo que tienen las hormigas es que no te dan disgustos. Salen de su agujero y avanzan cansinas y una detrás de otra a por la miga de pan o la cáscara de pipas. Mis amigas y yo también lo hacemos, lo malo es que a veces la que va delante no tiene ni idea de dónde va. Entonces se vuelve, nos mira a todas y nos dice:¡Qué bien sienta un paseíllo con tacones y todo, eh, chicas? Y nosotras pensamos en Cavafis y en Ítaca y sonreímos a punto de desfallecer. Y se llama lealtad.

Arranquemos este viernes-lunes con espíritu de insecto, por lo que pueda pasar. La mala noticia es que lo mismo alquien nos pisa accidentalmente en el camino. La buena, que si sobrevivimos a la noche llegaremos felices a nuestra casa con tabiques entre baño y dormitorio. Epítome de la felicidad total.

miércoles, 2 de junio de 2010

TRES EN UNO

Mi querida Big-Bang:


Mi amiga C. tiene tres hombres al retortero. El primero le gusta, pero no le conviene. El segundo le conviene, pero no le excita. El tercero está en la bruma, esperando su momento estelar cual concursante de "Lluvia de estrellas".

-Tú lo que eres es un poco ligerilla, le decimos tiñosas de celos. ¿Vas a mantener semejante banquillo de la Champions League cuando las demás estamos a dos velas jugando en tercera regional?
-Bueno, no sé, me cuesta decidir, como en el bolero.
-Pues eso, nena, ¿cómo se pueden tener tres maromos a la vez, y no estar locaaa".

Es pura matemática. Si dividimos los candidatos entre el grupo de íntimas tocamos a medio por cabeza, pero parece ser que la cosa del amor no es prorrateable, así que todas nos disponemos a recibir una ración virtual de su pasión. Será como una serial de los de antes. Cada dos o tres días la mantis religiosa nos brindará un relato de sus lances, con pelos y señales (C., te ruego que ahorres detalles escabrosos, que la tiña la carga el diablo y lo mismo termino haciéndote una zancadilla en medio de tu momento estelar con humo y cortinilla de terciopelo).

Sí, soy a mi amiga lo que el espontáneo al ricitos de Eurovisión. Si se me hinchan las narices puedo irrumpir en su escena y recitar su papel de memorieta. Lo he ensayado durante décadas, sin saberlo, y como nuestra amistad está a prueba de bombas nucleares, puedo levantarle el rollo y luego tan amigas. Claro que igual a las otras les da por lo mismo y terminamos en una pelea de barro, encharcadas en un ring y sin árbitro que nos desenmarañe.

Sí, como diría mi abuela, "dios da pañuelos a quien no tiene mocos". Mi amiga no sabrá disfrutar de su harén como no sabe hacerlo del caviar iraní. Ella es más de guisote y tortilla de patatas, y si le ponen tres menús completos de El Bulli lo mismo termina cabreando al chef. Comer, beber, amar. Mientras tus íntimas observan muertas de hambre y por detrás del cristal. ¿Puede concebirse semejante crueldal? ¿Dónde esta ese Secretario chinorris de naciones Unidas cuando más se le necesita?

Pero somos amigas y en estos momentos críticos es cuando una buena amistad se la juega (creo recordar que ese era el claim de un desodorante maloliente). C., querida, respecto al vestido Pucci que querías que te prestara, rien de rien. lamentablemente este mes y los que siguen tengo compromisos inaplazables. Tú disfruta del triunvirato. De buen rollito, ¿eh?

martes, 1 de junio de 2010

LAS CIFRAS DE LA BESTIA

Mi querida Big-Bang:



Mi amiga M. se levantó ayer y se subió a la báscula: "Marcaba 66.6, el número de la bestia". Las que siempre le buscamos tres pies al gato no podemos pesarnos tranquilas, ni jugar a las quinielas, ni pasear por las calles sin contar losetas moradas, saltando a la pata coja. Los números son una maldición.

Sí, M. no es que quiera ser una sílfide, es que es un shock verle la cara al Lucifer nada más abrir el ojo, si encima no has firmado con él un pacto de eterna juventud. Yo amaba a Dorian Grey, a Shirley Temple y hasta a Jesús Álvarez, ese hombre de los deportes de la 1 que lleva dos décadas descumpliendo años. Todos ellos están relacionados, vive dios, y yo voy a desenmascararlos.

Tener un objetivo me da alas. A falta de grandes gestas y después de pillar a mi adolescente en Tuenti cuando se lo tenía terminantemente prohibido, se me ha apoderado una vena chivata que te cagas, con perdón. Yo confiaba en que mis órdenes eran sus deseos, pero parece que son dos factores que van por caminos distintos, y no precisamente los del Mago de Hoz.

Llega un momento de la vida en el que toca claudicar un rato cada día. Ya no eres la que dicta procedimientos, ni la primera en ser besada. Ni virgen cada vez que te ama un cuerpo. Te incorporas a un mecanismo que no ha parado de rodar desde que el mundo es mundo, y eres su heredero universal, su víctima y su verdugo. Querrías decirle al que mueve la manivela que dé marcha atrás, que quieres estar atrapado en el tiempo y sentir que estrenas todo; la prisa, el fundamento, el exprimidor de tu abuela y la nostalgia de un presente que acabas de inaugurar. Y aquí apelo al panta rei de ¿Heráclito? y al gaudeamos igitur de la facultad.

Lo más parecido a la eternidad es la amputación del deseo de pasado. No, pensándolo bien no quiero volver a aquellos maravillosos años. Los primeros besos siempre son torpes, y el susto de volver a casa con suspensos no merece un revival, aunque sea con coletas y tersura en la piel. Yo quería viajar y lo hice. Quería ser rubia como Olivia Newton John y lo he logrado, si obviamos la melena y la sonrisa de pazguata (y a Travolta, por cierto). Quería leer todos los libros prohibidos de mis padres, tener los cajones desordenados sin que me los tiraran al suelo, pasearme por la casa en pelotas... Ser mayor y libre, sin enfrentarme con la báscula y con Lucifer. Ser ligera por deporte y por convicción, y disfrutar como una loca de leer de atrás adelante las matriculas de los coches o los palíndromos de los carteles publicitarios. Prueba superada.

Ser eterna, al menos un poquito cada mañana. Sentirme única para alguien. Despreciar a los temerosos y desafiar las reglas de la (buena) urbanidad. Volver si hace falta a los sitios donde fui feliz, eso que el Richard, tu predecesor, me advirtió que no hiciera.

Pues vuelvo, como el general Mc Arthur (?), y que dios reparta suerte. No sé qué me deparan los números hoy ni pienso subirme a la báscula para invocar al más allá. La rueda avanza, y hay pastillas para el mareo. A por todo, seas quien seas!