martes, 6 de julio de 2010

TRAMPAS

Mi querida Big-Bang:



Mr.Rubidio no está muy conforme con que invierta tiempo y energía en planes imposibles. "Se te van a secar las mechas, nena, y cuando te quieras dar cuenta vendrás a mí arrastrada como una babosa astur tras un chaparrón". Mr.Rubidio es muy de ripios, metáforas y sinestesias. Odio que tenga razón. El hombre cuenta con un sólido balance de fracasos sentimentales consolidados y sabe de lo que se habla. Pero también sabe lo que me exaspera que me avisen de las trampas justo antes de pisarlas. Total, si voy a caer en el agujero como los mamuts de Atapuerca, mejor solita y a puerta gayola. Ya vendrá la posteridad a explicarles un cuento edulcorado a los turistas Coronel Tapioca que buscan el origen de la vida entre las zanjas escarbadas al tiempo.

A lo que íbamos. Imagina que tienes un sensor que te avisa de lo que no va a funcionar. Como un piloto encendido que cambia de color en cuanto percibe que algo va mal o que, simplemente, no va a ir. ¿Le harías caso o mirarías hacia otro lado? Ah, ¿que esto es lo que toda la vida de dios hemos llamado intuición? Bueno, sí, pero automatizada y con un barniz de glamour, que una es tonta pero no vulgar. Supón que el piloto parpadea una y otra vez, pero tú haces como que no lo ves, y plantas el bolso encima, la funda de las gafas o una enorme palmera de chocolate. Tanto da.

Supón que llevas tres días sin pegar ojo, que tu despensa tirita y que el vecino del perro te mira raro. O sea, que se empiezan a acumular señales de desorden basal. Pero tú te haces la sorda, que se te da de cine, y en lugar de comprar tomates y pepinos te marcas un pedido de tónica&gin que ya lo quisiera para sí mi admirada Sue Ellen. Hacer exactamente lo que no se debe ¿es de tontos o de visionarios?

Perdona mi irritable estado de ánimo, pero que vecina tiendas sus bragas horribles a las tres de la mañana me ha soliviantado. Si hay que ser insomne, al menos que no te den por saco las desequilibradas que no engrasan el tendedero. Sí, se puede estar loca y tirarse al agujero como mamut neanderthal, pero no exhibir lencería cutre a horas intempestivas, digo yo.

Arranquemos el martes con paso prehistórico. Elijamos mal a sabiendas, si procede. Vendamos una parcela de nuestra alma al diablo por si acaso y silenciemos los pilotos impertinentes un rato cada día. Total, esquivar trampas es de personas maduras y mola tanto saltar a la comba sin mirar el suelo, como una eterna adolescente...