martes, 31 de agosto de 2010

GANAR GANAR

Mi querida Big-Bang:


Según los manuales de la materia, el resultado de una buena negociación se resume en la fórmula binómica "ganar-ganar". O sea, que yo gano y tú ganas, pero los dos nos vamos a casa con la sensación chunga de no tenerlas todas consigo. Donde estén las victorias pírricas, que se quiten las medias tintas, digo yo. Y si no, que se lo digan a nuestro presidente del Gobierno, que ha corrido raudo a la expo de China con la copa del Mundial entre las manos, para marcar paquete y chulearse de algo que no tenga que ver con los mercados ni las crisis de Gobierno.

Las que gustamos de ganar hasta a las canicas solemos lamernos mal las heridas de la derrota. El hombre al que no conseguimos enamorar, el examen que no fue un diez en nuestra etapa marisabidilla, la muñeca chochona que se resistió a nuestro tiro con balines en la feria o la vergüenza. Eso que se pierde con muchos espectadores alrededor y sin garantías de vuelta.

No hay casas de empeño para las pérdidas. Al menos para algunas. Las más duras se me antojan las de amigos que fueron. Aquellos que te hacían confidencias a la luz del gin tonic y un buen día apagaron la luna, recogieron la botella y se desaparecieron, como dicen los latinos. La fórmula de desaparecerse es universal y no se estudia en las escuelas de negocios, pero debería. Todos tenemos un momento o dos en que apretaríamos un botón para evaporarnos entre la bruma, dejando el marrón de turno a la intemperie y las intenciones al descubierto.

Sostiene mi querida A. que irse con elegancia es la mejor forma de permanencia. Con un poco de suerte el respetable aplaude sin parar al cerrarse tu cortina, como si de una representación memorable de Aída se tratara, y tú corres al camerino temblando de emoción, excitada por tu éxito y sin ninguna intención de volver a comparecer sobre las tablas. Escapismo, supongo. Otra fórmula del máster de la vida que uno aprende a base de espantás y abucheos.

Luego está el manotazo sobre la mesa. La gloria bendita de ese día en que te cansas de la corrección política y eliges el exabrupto. Ganar no ganas otra cosa que una dosis de violencia corrosiva por dentro, pero el corto plazo es un bocado exquisito, un bálsamo para tu orgullo. La diplomacia se inventó para encajar mentiras como puños por agujeros como hormigueros, se me ocurre. Y a mí me agota invertir cien palabras en un laberinto cuando puedo atravesarlo a zancadas en airosa línea recta. Así me va. Pero, de cuando en cuando, saboreo el dulcísimo sabor de la victoria y siento que aún puedo ganarme la vida en una mesa de negociación con mucha testosterona y los whiskys a medio vaso. Como los hombres de traje y corbata perfumada que albergan mugre y ponzoña en su interior, pero nadie lo huele. ¿Nadie?

domingo, 29 de agosto de 2010

TOPICAZOS

Mi querida Big-Bang:


Las hordas están apunto de llegar y es inquietante. El Telediario ha perpetrado una de sus noticias favoritas, la de la operación retorno, y la pieza podría ser de los noventa o de dentro de cinco años. Tanto da. Esos tipejillos que son los periodistas apuntalan un modus operandi y lo repiten hasta la saciedad, en un machaque goebbeliano que, lejoS de estimular a las víctimas, las impulsa a levantarse a vigilar el fuego apagado o ir al baño sin que la próstata lo ordene. Y encima sacan en el reportaje familias horribles en pantalón pirata que hacen sus maletas en apartamentos espantosos pintados de color salmón oscuro casi rosa relatando la pena que les da volver a la ciudad. "Si yo hubiera estado quince días en ese museo del horror mataría por volver al gotelé urbano, troncos", musito para mis adentros.

La rutina amenaza con devolvernos tontamente lo que perdimos en junio. La espera en la parada del autobús con tu vecino el cienciólogo delirante, la compra de la bonoloto para desafiar a una suerte que no llega; las prisas por las aceras con la mirada extraviada (esa es la de siempre, me temo), los besos a las chukis a la puerta del colegio (corrijo, la chuki adolescente no quiere verme ni en pintura, así que hemos pactado fingir que no nos conocemos), la operación forrado de cien libros, que exaspera a la impaciente que me habita. El tedio y la furia.

Septiembre es en sí un tópico ambulante y hay que cumplir con el ritual:
me apunto al gimnasio para regalar una vez más el dinero, me entrego al shopping harta de la chancla y la camiseta de churrero, releo a los clásicos (vale, no, era un porsicuela), quedo a cenar con gente decidida a contar su verano (y así no hay quien vuelva a la 38, esa cifra aspiracional), comienzo una colección absurda en fascículos y vuelvo a mirar el despertador. Una lata porculera.

Hago un llamamiento desde este mi diván a desafiar las inercias del mes. Finjamos que es invierno y cae la nieve lenta en nuestro chalet de Gstaad, que una bomba atómica ha exterminado El Corte Inglés sección vuelta al cole. Que las campañas contra la caída de pelo han sido declaradas de desinterés nacional y que siempre es viernes por la noche y las noticias, por fin, hacen un corte de mangas a los topicazos y lugares comunes que nos condenan al petit point o al alcoholismo y otras toxicomanías. Por puro aburrimiento.

sábado, 28 de agosto de 2010

ORGULLO Y SUPLICIO

Mi querida Big-Bang:


Tragarse el orgullo es como tragarse una papilla densa y fluorescente de las que te meten al estómago para detectar los efectos letales del chuletón de Ávila. El orgullo es lo que tiene. Una consistencia de engrudo ácido que te deja regurgitando las intenciones castradas una y otra vez. Mi amiga M. , que es cachondona y elocuente, dice que hay cosas peores de tragar, y lo acompaña de un gesto soez que causa sensación en los restaurantes finos a los que vamos. Luego pide Vichy Catalán con hielo y limón y le pega tres sorbos mirando desafiante al respetable, tan pancha, mientras las demás nos lanzamos al tocador como si no hubiera otra meta en nuestras vidas.

Yo solía ser orgullosa como yo sola. Y soberbia, que es una variedad parecida, y mi primera manifestación data del parvulario, cuando le di una patada a mi profesora Angelines y mis padres me obligaron a pedir perdón delante de todo el colegio. La muy asquerosa me había comparado con la alumna más chunga del momento, F.Carrera, y eso era mucho más de lo que la guerrera de cuatro años que era yo podía soportar: "Señorita, perdóneme pero yo no soy como ésa, que encima siempre tiene mocos verdes y lleva las bragas sucias", vine a decirle con mi chulería envuelta en baby de rayas. Y mis padres me dieron un empujón con pellizco incluido para que recondujera el discurso. Lo hice, sí, y volví a casa con la amarga sensación de haber perdido una batalla vital en mi biografía.

Luego vendrían otros momentazos en los que hubo que envainar las espadas. Dedir digo donde dije Diego, dar la razón a un jefe sin estar nada convencida y a riesgo de ser nominada para la lista del paro. "Eres una soberbia y miras perdonándome la vida", me dijo una en la prehistoria de mi carrera. Y yo, muerta de miedo, debí poner un gesto paradójicamente desafiante que terminó de rematar mi consolidada fama de chulita. A otro jefe que tuve cuando aún llevaba tops sin tirantes a conjunto con minifalda le solté que era "un machista y un tímido agresivo", y el hombre me lo recordó 15 años después, sentados a la mesa y con un arroz con bogavante por testigo. "Pero si tú me dabas miedoooo", titubeé. "Pues chica, a ti el pánico te vuelve freudiana. Háztelo mirar".

Con el tiempo aprendí que tragarse alguna que otra es un antídoto contra la hipertensión, y cuando cedo no me suben las pulsaciones de 70. O puede que sí, pero entonces me chuto un episodio de Mad Men, una copa de tintorro y me encomiendo a las vírgenes de mi infancia, a F.Carrera y a las monjas que intentaron sin éxito convertirme en un ser humilde y sumiso. El mismo que odia a muerte los babys con rayas y los mocasines azul marino con suela de goma. Un engrudo estético que no hay quien se trague.

domingo, 22 de agosto de 2010

CALIMEROS Y TULLIDOS

Mi querida Big-Bang:

Sostiene mi amiga C. que a estas alturas sólo interesa tener novios que desgraven.
O sea, que puedas aparcarlos en los parking para discapacitados sentimentales
que se multiplican por las aceras de las ciudades. Antes de que se me perpetúe
el tono NODO y me salga el tic costumbrista añadiré que cada vez que cojo el
coche con J. , ese hombre que lejos de desgravar viene con prima extra de serie,
tenemos dificultades para aparcar y nos entra un resentimiento tiñoso contra los
que tienen la plaza asegurada con el consabido simbolillo de la silla de ruedas: “Ya
podías ser coja, que lo tuyo no salta a la vista”, me dice en un arrebato romántico
de esos que me ponen toda loca, y yo activo el GPS en un intento desesperado por
no empotrarnos en una zona azul con peligro de multa y desamparo.

La cosa es que el regodeo en la desdicha me produce urticaria de toda la vida. Hay
personas que a la que te descuidas te sacan una enfermedad a relucir, cuando no
una tara de esas que no ampara la ley de Bibiana Aído. Se llama calimerismo, una
variedad de la autocompasión pasada por el tamiz del vademécum y fruto de un
cursillo acelerado en las consultas de la Seguridad Social. Quejarse, digo yo, es muyde clase baja. Y altamente contaminante, por lo que estoy por proponerle a Al Gore
que incluya el lamento en la lista de tóxicos que amenazan la frágil estabilidad del
planeta verde.

Tampoco vayas a creer que una es muy sufrida, qué va. Pero nada que no cure un
menú a base de foie, cochinillo deshuesado en su costra y vino rico en un marco
incomparable, que dirían los redichos. A mí los dolores se me van con alcohol y
sexo, además de con una buena rascada a la VISA Oro. Dirás que eso es muy FalconCrest, pero una es hija de su tiempo y de esas series sesudas que poblaron nuestro
imaginario de tullidos psicológicos con hombreras sobredimensionadas. Además,
dime en qué capítulo viste quejarse a Lorenzo Lamas de su úlcera o a Sue Ellen de
lo suyo en el hígado…

Te dejo, que se está quedando una plaza libre y los calimeros andan al acecho.
Recuérdame que mañana te cuente lo de mis desmayos preysler o el lupus que
amenaza con arrinconarme en un parking para autoinmunes miopes. Lo mismo le
acabo de dar una gran idea a mi alcalde, ese discapacitado municipal…

jueves, 19 de agosto de 2010

RUMIO, LUEGO EXISTO

Mi querida Big-Bang:


Quien se come una ostra en mal estado no olvida jamás esa agresión en el estómago. La sola visión del bicho húmedo y blando es un flashback a los peores retortijones del día de autos. Mi amiga M. está tan concienciada del peligro que, aunque se ha juramentado para no volver a probar nada que sepa a mar y tenga concha, no sale sin meter en su bolso un fármaco contra el shock anafiláctico. "Just in case, que fijo que lo mío es una alergia".

"Comerse una ostra es como comerse una sirena", decía anoche mi idolatrado Don Drapper/John Hamm en un capítulo de Mad Men. Esa serie magistral de diálogos trazados con bisturí donde se bebe, se fuma, se folla y se cierran contratos en decorados tan perfectos que dan ganas de volver a los sesenta y a esos hogares donde el tabaco entraba en la cama y las mujeres preparaban roast beef sin quitarse esos corsés puntiagudos. Con sus cinturas de avispa a prueba de indigestión y melodrama. Y con la frasca de whisky cerca por si una ostra matrimonial amenazaba con devolverles una marejada de bilis negra al ritmo enloquecido del twist.

¿Que si no puedo ser más concreta? Anoche abrí una ostra en mal estado y mi cuerpo se puso en guardia, me temo. Debí dejarla en la bandeja, ya sabes, pero una es ansiosa diagnosticada y no se resiste a probar un banquete exquisito sazonado con gotas de limón amargo. Reacciones adversas; picor, bloqueo emocional, desazón anafiláctica y vuelta al insomnio por todo lo alto. En esos casos quisiera fumar. Sacar el mechero y encender el pitillo despacio, proyectando una cortina de humo denso y sesentero, mientras con la otra mano me empujo un espirituoso madmenesco. Pero las mujeres modernas de real life hemos abrazado la corrección política como las bragas sin costuras, y curamos las indigestiones con Alkaseltzer y lágrimas. Luego suspiramos por un Don Drapper que nos rescate cual sirenas varadas en una playa de vodka donde las ostras se nos antojan más siniestras que las medusas portuguesas o los erizos gigantes. Negros, muy negros.

miércoles, 18 de agosto de 2010

EUTANASIA SOCIAL

Mi querida Big-Bang:


Hay un día en la vida en el que empiezas el relato postveraniego con tus amigas de veinte años (antigüedad, se entiende) hablando de enfermedades en lugar de hablar de novios y revolcones estivales. Ese día te haces un poco mayor, y te da por salir a comprarte un vestido putanesco bien ceñido que te recuerde que la que tuvo, retuvo. Y te zampas un helado italiano de tres pisos con vistas a una acera prometedora que ayer surcabas en patines y hoy paseas sobre ruedas para desafiar la certeza de que, veinte años después, el tema es una próstata amenazada, una caída fortuita en la calle al son del SAMUR, una herida abierta en la piscina con negligencia médica incluida... La vida a los cuarenta se parece al vestíbulo de un hospital donde, pòr el momento, tú no eres la paciente estrella, pero te toca formar parte del acompañamiento. Lagarto, lagarto.

No, no son las primeras patas de gallo las que te encaran con el paso del tiempo, sino los cambios en el metabolismo y la dotación de tu botiquín. Es empezar a dormir menos horas, o cerrar los libros mediocres en la página nueve sin darles máyores oportunidades. Tempus fugit y fugit, y hay que atraparlo sin contemplaciones. Lo cual supone cierta eutanasia social, a saber: 1.no perderás ni un minuto con quien no lo merece. 2. No discutirás con taxistas sobre política y demás lugares comunes. 3.No intentarás que te guste la cerveza si no te gustó en dos décadas anteriores (ahí peco, pero estoy decidida a tontear con la absenta). 4.Aprenderás que el hombre ideal es una entelequia y que los ronquidos del que duerme a tu lado son un mal menor comparados con las taras de los que duermen junto a otras. 5. Asumirás que sólo un 10 por 100 de las tendencias otoño-invierno te encajan. Las demás, son los boletos para ganar la tómbola del mamarrachismo. Pero tú misma. 6.Entenderás que no hay verdades absolutas, sino empeños fortuitos. Y que las piezas de tu puzzle pueden moverse. Y no pasa nada.

¿Q que me encuentras asombrosamente equilibrada? Es la vuelta al tajo, que me ha metido en vereda. Y el encuentro cálido y deshilachado con mis amigas en la heladería de siempre, sita bajo el salón del ex novio de C., un sátiro que nos dio para buenos despellejes y relatos de alto contenido erótico. Esos que me propongo recuperar antes de que mi discurso se base en los efectos milagrosos del Espidifén, o en trastornos reumáticos de vieja convencional. O en las largas noches que ya no nos trae la ansiedad y el estrés, sino la duda de si dejamos anoche las llaves de casa por fuera o por dentro.

lunes, 16 de agosto de 2010

FINIQUITÁNDONOS

Mi querida Big-Bang:


Si hoy es lunes esto es el apocalipsis. Y no será que no estuviera avisada. Se acabó Michael Jackson, se acabaron los discos. Soy de corcho, pero aún me queda un hilillo de razón para buscar algunas buenas razones que me hagan volver al tajo del español medio con síndrome postvacacional. Tanta vulgaridad me está matando. Tengo todos los síntomas que cuenta el Telediario: ansiedad, hormiguillo, regoello, elefantosis en los tobillos, desafecto doméstico, urticaria ante la sola visión de las aceras, desconocimiento de los rituales urbanos de manual...¿Dónde está el gallo que me daba por saco estas últimas mañanas?

Sí, te confieso que he sacado el vademécum a pasear. Mejor dicho, he volcado el botiquín antineuras y me acabo de empujar un cóctel de todo un poco que hubiera hecho las delicias de Marilyn, esa rubia inconsistente que cometió el error de casarse con un intelectual con cara de asco. Tengo para mí que por eso le dio por las pastillacas, porque las simples no somos tan autodestrictivas sólo por cantar el Happy Birthday a un presidente libidinoso.

Puestos a cantar, sólo me sale el "Asturias, patria querida", que viene a ser el himno de los borrachos. Y claro, un suponer, si la emprendo con la frasca a estas horas de la mañana lo mismo recursos humanos se persona en mi pecera y me tiende el finiquito delante de todos, lo cual seria humillante. Puestos a ser nominada querría algo más performante. Y eso no se improvisa. Así que hoy me mantendré calladita y asintiendo a lo que se me diga, mientras con el ojo izquierdo urdo un plan infalible.

Hala, voy a ver de qué me disfrazo hoy, que aquí lo de la chancla cangrejera y la bermuda no está en el dress code y lo mismo me cruzo en el portal con la directiva del Vogue y me ponen en la lista negra, con lo que yo he sido. Lo malo es que se me han olvidado las tendencias, así que estoy por ponerme un saco negro deconstruido, como mi corazón, y tirarme sin mirar a los pedales de mi bici. El glamour y los delirios de grandeza, digo yo, vendrán en cuanto el príncipe me bese y despierte de ese sueño eterno que fueron las vacaciones.

viernes, 13 de agosto de 2010

CAVERNÍCOLAS


Mi querida Big-Bang:



¿Cómo crees que nos interpretarán dentro de 200.000 años? ¿Estará Lucy, la famosa australopithecus, mosqueada con los sapiens-sapiens actuales por cómo osan explicar quién fue y a qué dedicaba el tiempo libre? Sí, es una temeridad entrar en una cueva, esquilmar unos huesos y ponerse a elucubrar teorías chungas no exentas de cierto halo romántico. Así, al libre albedrío. Con esa impunidad que otorga el hecho de que los interesados no pueden regresar del más allá y darnos una somanta de palos por listillos. Vamos a ver, ¿nuestros ancestros pintaron mamuts con alguna intención pseudoreligiosa o porque se aburrían como monas en invierno y les dio por garabatear el fondo de las cavernas, para dar por saco a sus padres? Las chukis lo hacen y no creo que tengan vocación de trascendencia, sino de porculismo doméstico.


Un suponer. Si en cien siglos encontraran mi vibrador cinco velocidades y mando a distancia -dios no lo quiera- ¿qué pensarán que es? ¿Un mecanismo infernal para espantar moscas en una frecuencia insoportable para los bichos? ¿un tótem fálico de celebración de la caza de los stilettos? ¿un fragmento de meteorito hecho de un material que sin duda atravesó la atmósfera tras la séptima glaciación? Seguro que el más allá me reserva un espectáculo interpretativo tan soez y desencaminado que estoy por dejar todo atado y bien atado: “vibrador: aparato con el que las mujeres del siglo XXI se procuraban placer y entretenimiento en los largos ratos de ocio y solaz. Con o sin pareja”. Y así dejamos sin sentido a los Arsuagas y a todos esos tipejillos que se pasan los veranos excavando la tierra para explicar el pasado, como huida de sí mismos, de sus familias y de sus presentes decadentes e insustanciales.


No te revuelvas ni me amonestes, que ya te imagino alterada. No puedes pretender que visite una cueva y salga de rositas. Sobre todo se el guía es un tipo contrahecho, con una evidente asimetría en el rostro, una oreja de soplillo (sólo una) y dientazos de cromañón. ¿Cómo se puede dar una lección de magdaleniense vestido con una camiseta de futbolista con un ocho a la espalda, y terminando cada frase con un chascarrillo del tipo: “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”? ¿Cómo se puede amenazar en un cartel con que los GEO astures te llevarán detenido si osas tirar un chicle cuando el colega se pasó la visita lanzando las colillas al suelo sagrado, el mismo suelo donde encontró mandíbulas con sus dientes, puntas para desgarrar animales y otros restos humanos de indudable valor antropológico?


Te dejo, que tengo una trabajera por delante. Estoy decidida a enterrar todo aquello que quiero que me explique dentro de un puñado de años. Y pienso a hacerlo a conciencia: un sérum de Dior con caviar del bueno; un libro de autoayuda sin respuestas; las bolas chinas que mi cuñada no ha querido reciclar, “por si las moscas”, y que a mí me obligan a caminar como Robocop, un disco de Sergio Dalma “great hits”, para que vean las debilidades de las exquisitas, un tinte para mechas rubias y mi vestidaco by Pucci auténtico, para que mis descendientes entiendan que nunca escatimé en placeres de los buenos. Y con los deberes hechos, que venga el próximo cataclismo cuando guste. Allí estaré esperando, al fondo de la caverna, justo debajo del mamut y las estalactitas chorreonas.

jueves, 12 de agosto de 2010

VADE RETRO, SANTINA

Mi querida Big-Bang:

Vino A-1 y vinieron las tormentas. Sí, mi querida amiga tiene un contencioso con el clima astur que entronca directamente con la institución matrimonial cuyas mieles (y hieles) un día probó. Y es entrar en las verdes praderas y ponerse las nubes a dar por saco, como si quisieran expulsar al bicho con rizos de este hábitat de paz, húmedo y jodío como él solo.

A mí los vientos suelen echarme de sitios más exclusivos, como Boadilla del Monte. Pero con menos sutileza, porque es rondar los lindes de la zona y entrar en un estado de desorientación tal que más parezco un raeliano perdido en El Corte Inglés, un suponer, en un día de avistamientos interestelares. Y lo traigo a colación porque por primera vez en la historia he visto las estrellas esas que caen y se hacen llamar lágrimas de San Lorenzo. Un tipo llorón que me habría caído muy mal en vida, porque ya sabes lo mal que tolero a los tristes.


Se puede ser un chungo, un desaprensivo, pero jamás un triste o un meapilas. Mi amigo J. y su mujer M., que también comparten techo y mantel con nosotras, se dieron la vuelta justo a los pies de la Santina. Les pareció que los Picos de Europa eran un monumento a la grandeza, pero que lo de la Virgen de Covadonga era una meapilada del copón bendito (con perdón). Así que ni siquiera se avinieron a sobarle el manto, como se viene a hacer con los santos. Una costumbre que no entiendo, porque si son abanderados de la castidad digo yo que les debe jorobar que los toquetéen tanto. Esa obsesión yo no la tengo, ya ves. Siempre que me acerco a los lugares de culto pienso en los gérmenes benditos que deben andar por ahí, y pongo pies en polvorosa.

Así que resumiendo, y a lo que te iba a referir,
hoy el plan es visitar unas cuevas de antepasados de esos que llegaban, pintaban un mamut, resbalaban, palmaban y quedaban incrustados para la posteridad. Mola. A las Chukis les va a motivar, porque son necrófilas como ellas solas. Eso sí, las llevo bien atadas porque tienen una extraña pulsión a tocer restos mortales de bichos y otras especies. La versión laica del resobe al manto de la santina, digo yo.

martes, 10 de agosto de 2010

DEPRISA, DEPRISA

Mi querida Big-Bang:



Ya sabes lo mucho que me exasperan las descripciones prolijas cuando no conducen a nada. Dame acción y moveré el mundo. Porque, ¿para qué te cuentan los detalles de un escenario donde no pasa absolutamente nada, el personaje no da allí un palo al agua ni se ve afectado por los elementos, los secundarios no otorgan sentido a la escena y encima carece de todo glamour vacuo, en cuyo caso tendría la cosa cierto valor literario para las de mi especie?

No diré el título y el autor porque una en el fondo es compasiva con los que se ganan la vida juntando palabras, pero daré algunas pistas: argentino, premiado por una novela tamaño ladrillo, su inicial es A... Y hasta aquí puedo leer, añadiendo que lo mismo al hombre no se le ocurría cómo introducir la acción, y ha estado brujuleando alrededor de una mirada torba y tal vez alcoholizada una noche de insomnio en la que sonaban las chicharras y volaban los vencejos.

Mis Chukis, que conocen bien esta vis impaciente que me habita, suelen componer frases simples -sujeto, verbo, complemento directo e indirecto- para que no las interrumpa a la mitad. De ahí que las pobres anden escasas de adjetivación y apenas visiten los gerundios ni los adverbios de modo, especialmente si acaban en "mente". Oveja que bala, bocado que pierde, es nuestra máxima. De modo que hemos desarrollado toda una maestría económico-verbal que amenaza con convertirlos en la versión siglo XXI del Neanderthal. Tanto, que a veces limitamos nuestras conversaciones a gruñidos de diversa intensidad y frecuencia, muy a conjunto con el prado, las vacas, el gallo peleón y todo el zoológico que nos rodea estos días. Si mis fans se acercaran por aquí se les caerían los palos del sombrajo, que diría mi abuela (en gloria esté).

Conste que si no describo es porque no me da la gana, no por falta de talento ni ambición. Ponme a prueba y te diré que las gotas del rocío han pintado de plata el verde circundante, y que Mr Shreck, un ser corpulento, de paso desacompasado y piel cetrina, espanta moscas a manotazos mientras recoge los tomates verdi-rojos de un huerto cuya geometría hubiera merecido un lugar de honor en el mismo Versalles. Pero date cuenta de mi incapacidad para no introducir unas migas de acción, porque de seguir con mi monstruo bueno y su ciénaga habrían pasado cosas trepidantes de las que suceden aquí: dos mariquitas emprendiendo el vuelo, la irrupción de Divorcieitor en escena, con sus tinte desmayado y la urgencia de comentar cualquier nadería de corte intelectual (no sabe, el hombre, que lo mío es más la fruslería inconsistente), y etcétera etcétera.

Hala, te dejo epatada con mi prosa florida porque hoy tenemos invitados y hay que convertir la cuadra en un hogar de acogida donde, como en el juego de las sillas, habrá siempre una cama de menos. He pensado que cada noche y al grito de "marica el último" nos lancemos a pillar colchón en un capítulo de acción trepidante que pondría los dientes largos a mi admirado Chuck Norris. Luego ya, si eso, te escribo describiéndote a la argentina los detalles para que te mueras de aburrimiento justo dos minutos antes de cerrar los ojos. ¿Quién necesita Orfidal?

domingo, 8 de agosto de 2010

(PUTOS) MACARRONES

Mi querida Big-Bang:



Hoy es el gran día. Toca epatar "a propios y extraños", que diría el HOLA, con unos (putos) macarrones. De toda la vida, el macarrón ha sido ese plato pobre que se crecía con el chupchup de la salsa de tomate y algún que otro tropezón vistoso. Como las mujeres con mechas y pelo de rata (mi caso). La cuestión es que esta vez no voy a retirarme del fuego, porque a la pasta le joroba mi falta de constancia y de vigilancia. No como a mis chukis, que están en un punto de asilvestramiento tal que las llamas para ducharse y ponen cara rara, como si no relacionaran bien los conceptos de roña del prado y agua con jabón.

Por no hablar de esa querencia de la pequeña a ponerse las mismas bragüelas un día y al siguiente. Y la jodía las esconde bien para que no se las requise. Menos mal que la adolescente lleva una chivata dentro y suelta con sutileza, si es preciso delante de los invitados: "mamá, esa guarra ha vuelto a ponerse las bragas amarillas". Y con las mismas se da la vuelta para peinarse. Porque es tan sucia como la hermana, pero los pelos se los cuida más que Marilyn Manson antes de un concierto para peluqueras punkys.

Reconozcámoslo. La vida doméstica no es lo mío, de ahí que haya convertido los (putos) macarrones en un ritual. Como si me mentalizara de que hoy sí voy a ser ama de casa de manual. Con su delantalillo impecable y un trote ligero que no deja arruga sin planchar ni embozo retorcido. La cosa que es que llevo toda la vida queriendo dar paso a la maruja que me habita, pero algo salió mal por el camino. Un click que me hace quemar las lentejas de forma recurrente-ya sabes- o poner un vaso de menos en la mesa. Creo que una vez me soltaste en el diván: "eso es rebeldía, nena". O desidia. Ten en cuenta que crecí con una frase paterna grabada a fuego: "La perfeccción no existe". Y cuando mi padre decía esto ya sabíamos que la estantería de turno tendría un desnivel de unos tres centímetros, y que mi madre le iba a echar una bronca del carajo, al hombre.

El perfecto macarrón debe estar al dente si es a la italiana, y como sea si es astur. Es decir, que la clave está en que los invitados ilustres vengan con más hambre que Pocholo en la isla, y se zampen el plato sin elaboración teórica previa. Claro que eso es algo que J. no va a consentir, porque J. es un ser teórico, nasío pa pensar, y no puede soportar que una trabajera de siete a nueve se zanje sin prólogo ni epílogo. Faltaría más. Lo que me obliga a entretener al respetable con algún chascarrillo de los míos que distraiga su atención del speech del otro, de modo que cuando quieran pararse a pensar se hayan puesto hasta el mismísimo (culillo) de (putos) macarrones y no haya retorno reflexivo posible, más allá del paso al gin-tonic on the rocks.

Te dejo, que la cocina me llama a gritos, desgañitándose. Mándame un kit de pastillacas anti estrés por si me da un repente en plena cocción macarronil. Ya sabes lo que nos altera a las neuróticas fijar la mirada en el punto de cocción, lo mismo que a las rubias de Hitchcock marcarse un flashback. Si esta noche te animas, aquí estaremos adorando los (putos) macarrones bajo las estrellas. Y volveré a amordazar a mi maruja hasta el año que viene.

sábado, 7 de agosto de 2010

LA JUVENTUD BAILA

Mi querida Big-Bang:


En la vida de toda mujer hay un día en el que por fin consigue ganar un concurso de baile en la modalidad de "canción ligera". Llevo años soñando ese momentazo, aunque en mi fantasía sucede sobre un escenario lleno de focos, confetti de colores y bailarines macizos al mejor estilo Giorgio Aresu (ballet Zoom, tiren de hemeroteca los menores de 35) contoneando las caderas miemtras me miran con esa mezcla de admiración, mariconeo y lascivia tan ambigua que proyectan los hombres embutidos en mallas morcilleras de un tono azul irisado que te quedas muerta.

La cosa es que no hubo mallas ni focos ni cortina de humo ni redoble de tambores. Sólo un prado, una barbacoa y un grupo de fans (cada uno de sí mismos, lo que se viene llamando competencia) que, ahítos de sangría y carnes a la brasa, nos lanzamos a bailar con desesperación cualquier temazo que nos pincharan. Por parejas, porque este es el titular: anoche fui con pareja, y el pirata, que es malicioso cuando quiere, me soltó todo lo que pensaba: "Chica, tantos años trayéndote amigas que pensé que por desesperación te habías pasado al otro barrio. Que si qué grandes amigas somos, que si dame un abrazo, que si una cosa nos lleva a la otra... Sucede en las mejores familias"...

No, no es que el Pirata sea homófobo, es que el hombre me quiere recogidita y sin esa tensión de la búsqueda del hombre ideal que tanto nos afea el cutis. Y sabe de lo que habla, porque está casado con una estheticienne avezada, y fijo que alguna vez habrán comentado: "hay que ver la rubia, cómo se arruga con los años. Esa lo que necesita es un buen revolcón detrás de otro, y una buena mascarilla de manzana sidrera".

Pues bien, mudos se han quedado. Anoche hice mi entrada triunfal sin lesbiana a babor ni a estribor y los astros quisieron redondear el éxito. La chuki adolescente, avergonzada de su madre, se piró a la trastienda para no verlo, y J. y yo nos marcamos unos bailes on the grass que ya los quisieran para sí el relamido de Fred Asteire y la cursi de la Rogers. Bueno, puede que no lo bordáramos a ese nivel, pero íbamos pelín borrachos y al respetable jurado (una de 7 años y otro de 9) les pareció de una maestría que ni Barishnikov. Cadera con cadera, pubis con pubis, vueltas, contravueltas, tropezones, la coreografía fluia como si hubiéramos estado años ensayando. Y si no es por el mareo que nos dio la agitación etílica aún estaríamos dale que te pego.

No, no tengo pruebas, así que no me las pidas. Si te valen unas agujetas del carajo y un esguince pélvico sin diagnosticar, te mando el informe ya mismo. Ahora te dejo, que J. y yo vamos a darle al fox trot en el prado porque la avaricia nos ha puesto locos y, total, es la primera vez que ganamos en modalidad pareja a algo que no sea al chinchón o las carreras de caracoles...¡Cómo echo de menos aquel programón llamado "Aplauso", que nos habría catapultado a la fama en dos minutos de prime time!!!

jueves, 5 de agosto de 2010

LIKE A VIRGIN

Mi querida Big-Bang:


Mi adolescente está muy mosqueada porque ha visto en el Cuore que a la hija de Madonna -de su misma edad- se le permite ir maquillada como Lady Gaga y vestida cual mamarracha rockera pasada de pastis. "Tú eres una antigua disfrazada de moderna, una falsa", me suelta la deslenguada cuando le digo que para ser Lourdes María hay que tener una madre con un historial sexual de muchas campanillas, un novio brasileño de 30 años y medias de rejilla desgarradas hasta para hacer jogging. Amén de darle a la Kábalah. Y no es el caso. "Mamá, ¿y una raya en el ojo los viernes no podrías dejarme?", insiste. No, jamía, que las rayas las carga el diablo.

No sabe la jodía de la niña de mi admiración secreta por la diva de los corsés puntiagudos. Una mujer que dice que le vale cualquier hombre, sea de la edad que sea, "con tal de que sepa vestirse solo", es mi musa. Aunque me cuesta perdonarle que dejara a ese pedazo de hijo de la Gran Bretaña en la cuneta. Claro que después de ver su enclenque versión de "Sherlock Holmes" la entendí un poco más. Y encima el tipo es un intenso.

Sí, a los cincuenta y tantos habría que estar de vuelta de todo. Yo había diseñado para mí una cincuentena furiosa, rodeada de amigas peor conservadas y cerca de una clínica de estética donde un doctor Chams cualquiera me chutara cada mañana un cocktail de vitaminas, hormonas y drogas de la felicidad. Quería ser una mujer desesperada en un Wisteria Lane lleno de jardineros macizos y fontaneros de diseño a los que pegaría palmaditas en el culo por las mañanas. Pero los sueños, sueños son, como dijo Calderón, y ahora me veo más bien como una madre retrógrada que vigila a hurtadillas el look de las Chukis los viernes por la noche. Patético.

Porque dirás que me altero por nada, pero ¿qué harías tú si pillaras a la de catorce con un tanga y un suti tuyos de los de "serie A", o sea, de esos que guardas en la esquina del cajón, para noches de lujuria y azoteas? (escasas como los tréboles de cuatro hojas, pero no por ello menos memorables) ¿Y si tu perfume más evocador empieza a mermar demasiado rápido? ¿Y si el rouge sangre de pichón de Chanel aparece con la punta chafada y un centímetro menos de barra? Sospechoso, muy sospechoso.

Creo que me estoy equivocando. Creo que tanta esquizofrenia no es educativa y que me van a salir dos monstruos. Debo centrarme en un modelo: Madonna o María Ostiz (la versión retro de Dolores de Cospedal). Si no quiero gestar Lourdes Marías tendré que llevar blusas camiseras, faldas por debajo de la rodilla y sostenes marrón clarito con refuerzo. En mi estantería, sólo Pablos Coelhos y meapiladas de ese estilo. Maquillajes en castos tonos naturales, tacón de cuatro centímetros, novios cincuentones con problemas de próstata que me saquen de paseo y a cenar a restaurantes rancios, el Telva en la mesilla, un brushing semanal en la peluquería del barrio, manicura francesa, la banda sonora de "Titanic" como hit parade musical, aperitivo los domingos a la una, clases de baile de salón sin Richard Gere los jueves, jornadas Thermomix como terapia de grupo... Y desterrar para siempre las bolas chinas, el vibrador pintalabios, las sesiones de cine de arte y engaño, el gin-tonic, las mechas platino y el glamourazo festivalero con tacón de aguja...

No, no, no puedo soportarlo!!!! En cuanto se levante la adolescente chunga le paso mis pinturas de guerra y pongo a tope "Like a Virgin". Si hay que elegir, que sea a la más grande. Y ya recurriremos a la Kabalah si la cosa se nos va demasiado de las manos...

miércoles, 4 de agosto de 2010

DIVORCIADO BUSCA ESPOSA


Mi querida Big-Bang:


Divorcieitor lo ha vuelto a hacer. Un hombre de pelo lacio y canoso que se tiñe de negro zaíno está queriendo expresar algo y no sabe muy bien qué. Si encima ese hombre prescinde de los profesionales del coiffure, empieza a preocuparte. No es que esté en contra de la coquetería masculina, qué va, es que las de la corporación de la mecha rubia somos muy chulitas y despiadadas con los del tinte cobrizo casi negro. Ese que si llueve, chorrea por los hombros y monta un Jackson Pollock que para qué. Y en una tierra donde llueve tontamente y casi a diario, me parece una provocación innecesaria.

Empezaré por el principio, que a ti te ponen de los nervios los relatos mal hilados. Yo tenía una granja en África... Ah, que no era eso... Yo tenía una casa con prado en Asturias. Abajo vivía, vive, mi casero, Mr Shreck, y sra Fiona más hijos y nieto. Y a la izquierda, Divorcieitor & hija. El hombre coincide con nosotras cada año. "Divorciada y divorciado", debió pensar, como si fuéramos los del romance de Rosabella y Domingo Pérez. Para los no avezados en el pop noventero, la vieja historia del roto y el descosido con remiendos de la vida (también los llaman desgarros existenciales, pero como ni él ni yo leemos a Sartre, vamos a dejarlo ahí).

Sí, un hombre y una mujer tarados por obra y gracia del mercado matrimonial. Los restos de un día de abastos furioso y desconsiderado. Con mucho menos mi A-1 habría montado una TV movie muy del gusto español. Situación: una prado, mi balcón (muy del estilo princesa Rapunzel, con su buganvilla y todo), su porche a la vista, y muchas horas por delante para pintar la mona. Todo perfecto, si no fuera porque mi chuki adolescente se descojona, con perdón, con la cosa y la explota con malicia: "Mamá, Divorcieitor me ha preguntado otra vez que a qué playa vamos a ir hoy, y he vuelto a decirle que a otra que no es la suya, jejeje".

Sí, a los 14 años se puede ser muy chunga, y no me digas eso de "cría cuervos y tendrás muchos" porque yo educo a mis chukis en la fe en la unidad familiar completa y todos los años las llevo a centros comerciales para que vean en los Burguer King lo que vienen siendo familias normales, a saber: madre desquiciada, padre disidente, abuela porculera y niños redichos.. Ellas se zampan unos Whoppers del carajo y vuelven a casa considerando que lo nuestro es jauja, y que nunca nunca volverán a desear un modelo tradicional católico.

Te dejo ya, que mi doncel merodea nervioso por las zonas comunes para pegar la hebra un rato. No sabe el hombre que acercarse a mi territorio es como quedarse a vivir para siempre en la nave de Alien Resurrection. Creo que por su bien debería disuadirle con una frase dulce de las mías, del tipo: "¿Has probado el tinte de renacuajo viudo que acaba de sacar LÓreal? Un chollo, oyes. Te lo echas y se te forma una película indeleble en torno a las canas que muy mal se te tiene que dar para no seducir a una rana de charca común, tronco".

martes, 3 de agosto de 2010

CORDEROS POR CENCERROS

Mi querida Big-Bang:


La mente enferma que acuñó el título "El silencio de los corderos" no había dormido jamás en el prado astur. O, por el contrario, quiso hacer una ironía y le salió una de psicópatas. Que en el fondo viene a ser lo mismo. Constato que los corderos se pasan la noche dando por saco con sus cencerros, pero anoche, cuando los escuchaba, me salía la palabra "cascabeles". Y una neurótica obsesiva no puede conciliar el sueño cometiendo tamaña imprecisión, así que distraje la madrugada entre sinónimos cantarines -¿badajos, esquilas, campanillas?-, mientras los animalillos meneaban el cuello compulsivamente a menos de tres metros de mi ventana.

"Qué descansada vida la que huye del mundanal ruido y sigue las sendas por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido...". Ya sabes lo dada que soy a recordar absurdeces. Recuerdo perfectamente que esto lo estudié en segundo de BUP, y creo recordar que entre los tópicos del Renacimiento estaba el "menosprecio de corte y alabanza de aldea". Pero nadie nunca, y menos los sabios -que son unos ladinos, como es bien sabido- hizo mención a los ruidos, olores, picotazos y demás componentes letales del campo. Ni, por supuesto, a los perros salvajes.

Situación: anoche las chukis y yo quisimos estrechar nuestros lazos maternofiliales y nos echamos a las calles del pueblo, vestidas como tipejillas para pasar inadvertidas. No llevábamos cien metros cuando nos salió al paso una jauría de chuchos pulgosos ladrando como si el apocalipsis estuviera a la vuelta de la esquina. Sí, aquellas ratas piojosas querían pìllar cacho tierno de niñas y sacaron de mí a la madre loba que llevo dentro y sólo se asoma el primer día de las rebajas. Grité haciendo aspavientos como una loca de las que volaron sobre el nido del cuco, y el viejo de los perros salió dispuesto a reducirme.

"¡¡¡Ate a esas ratas o le juro que las atropello con el coche, desgraciado!!!", bramé. El tipo se envalentonó un rato, pero debió verme los ojos inyectados de sangre y terminó mascullando una maldición y recogiendo a sus fieras
. Las chukis temblaban, pero no sé si por el mido al mordisco o a una reacción similar el día que las pille haciendo botellón o dándose un morreo con un zangolotín en la escalera de casa. Dos hits a los que toda madre de real life se enfrenta tarde o temprano.

Mucho me estaba durando la templanza, pensarás triunfante. Sí, cierto. Una cosa es que me baje de los tacones y me ponga una hierbecilla entre los dientes como una Julie Andrews cualquiera, y otra que un cencerro en La menor me parezca música celestial. Hay que ser muy hierbas y tomar mucho genjibre para eso, ¿no te parece? Una puede fingir todo menos orgasmos y campechanía, de manera que a partir de ahora saldré con un spray antivioladores a la calle y la emprenderé contra todo bicho que se acerque a mis cachorrillas. Avisados quedan.

Sí, qué descansada vida la del agro y sus cascabeles. Anoto: "comprar un par de cencerros de design para asegurarme en todo momento de que las chukis andan cerca". Anoto: "comprar un set completo de tapones para los oídos y alguna pastillaca por si los putos corderos insisten en colarse a mi habitación". Qué bonito es el campo, oyes...

lunes, 2 de agosto de 2010

PARAÍSO VALENCIANO

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PROMESAS DEL AGRO

Mi querida Big-Bang:


Si me quedaba un gramo de mi legendaria sofisticación urbanita, acabo de perderlo. "Tanto verde y tanta vaca no pueden ser buenos", me advierte Mr.Rubidio desde la distancia, porculero como es él, con su chunguez elevada al paroxismo porque se ha quedado en la capital, a 42 grados, y no puede soportarlo. Sí, Rubidio es de esos hombres tiñosos que nunca le encuentran a una suficientemente lista, altiva o neurótica. Él siempre quiere más. Así que le he hecho un corte de mangas estilo duquesa de Alba justo antes de plantarme una sudadera estilo español clase media que va al Carrefour con la parienta. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Son los efectos del prado. Un síndrome que estalla justo cuando me echo en brazos del Pirata y su Sra, adorables, y en un pispás nos ponemos al día de todo un año. "Tira los putos macarrones por el váter y ven aquí ahora mismo" es el santo y seña de la pandilla. Vuelvo a obedecer a un hombre barbudo, y espero que mi querida A-1, feminista militante, no me regañe por ello. Al fin y al cabo, las vacaciones también son para relajar los principios, las ideas inamovibles y los tirantes del sujetador.

Respecto a la dieta, guárdame el secreto o seré expulsada sin contemplaciones de mi selecto círculo de la ensalada con nueces. Sí, los tortos de anoche han hecho estragos. Tanta felicidad concentrada en una masa de maíz frito con huevo y matanza produce fantasías oníricas de alto recorrido. No temas, que la sidra desengrasa desatasca las arterias, y he dormido de un tirón, acunada por los cascabeles del ganado. ¡¡¡Socorrooooo, me estoy volviendo rural y esto no tiene regreso!!!

De acuerdo, prometo chutarme algún antídoto para conservar genio y figura. Pongamos, por ejemplo, que echo un vistazo al Vogue justo antes de arrancarme en el karaoke con un "No te quieres enteraaaaaaarrr, yeh, yeh". Prometo no terminar el día sin un buen gin-tonic bajo las estrellas. Prometo seguir dándome la mascarilla de semen de ballena. Prometo buscar neurosis bajo las piedras de la playa de Lord Byron. Y prometo que nunca, nunca, volveré a pasar hambre de grasas polisaturadas, amigos con Omega-3 y carcajadas con alto contenido en hierro y vitamina B-12.