jueves, 12 de agosto de 2010

VADE RETRO, SANTINA

Mi querida Big-Bang:

Vino A-1 y vinieron las tormentas. Sí, mi querida amiga tiene un contencioso con el clima astur que entronca directamente con la institución matrimonial cuyas mieles (y hieles) un día probó. Y es entrar en las verdes praderas y ponerse las nubes a dar por saco, como si quisieran expulsar al bicho con rizos de este hábitat de paz, húmedo y jodío como él solo.

A mí los vientos suelen echarme de sitios más exclusivos, como Boadilla del Monte. Pero con menos sutileza, porque es rondar los lindes de la zona y entrar en un estado de desorientación tal que más parezco un raeliano perdido en El Corte Inglés, un suponer, en un día de avistamientos interestelares. Y lo traigo a colación porque por primera vez en la historia he visto las estrellas esas que caen y se hacen llamar lágrimas de San Lorenzo. Un tipo llorón que me habría caído muy mal en vida, porque ya sabes lo mal que tolero a los tristes.


Se puede ser un chungo, un desaprensivo, pero jamás un triste o un meapilas. Mi amigo J. y su mujer M., que también comparten techo y mantel con nosotras, se dieron la vuelta justo a los pies de la Santina. Les pareció que los Picos de Europa eran un monumento a la grandeza, pero que lo de la Virgen de Covadonga era una meapilada del copón bendito (con perdón). Así que ni siquiera se avinieron a sobarle el manto, como se viene a hacer con los santos. Una costumbre que no entiendo, porque si son abanderados de la castidad digo yo que les debe jorobar que los toquetéen tanto. Esa obsesión yo no la tengo, ya ves. Siempre que me acerco a los lugares de culto pienso en los gérmenes benditos que deben andar por ahí, y pongo pies en polvorosa.

Así que resumiendo, y a lo que te iba a referir,
hoy el plan es visitar unas cuevas de antepasados de esos que llegaban, pintaban un mamut, resbalaban, palmaban y quedaban incrustados para la posteridad. Mola. A las Chukis les va a motivar, porque son necrófilas como ellas solas. Eso sí, las llevo bien atadas porque tienen una extraña pulsión a tocer restos mortales de bichos y otras especies. La versión laica del resobe al manto de la santina, digo yo.