jueves, 30 de septiembre de 2010

BAJAS PASIONES

Mi querida Big-Bang:


El fútbol está acabando con mis convicciones más profundas. De verdad que no quiero, pero cuando mi emisora de cabecera retransmite los partidos -día sí, día también- yo recorro el dial a la caza de noticias y no falla. Sólo la extrema derecha prescinde del gol y sigue a lo suyo; la propaganda goebbeliana. Como una es mujer de costumbres y quiere dormirse en brazos de la actualidad, me quedo escuchando con cierta sensación de traición a mis convicciones que, por otro lado, no con muchas ni están organizadas.

La voz de esos señores que se llaman pomposamente con el don por delante del nombre siempre parece que te está regañando. Más que noticias escuchas arengas y yo, que tiendo a sentirme culpable por defecto, termino la sesión convencida de que he hecho algo mucho más grave que huír del fútbol. Y como te calientan sales con ganas de pelearte con alguien para cumplir con lo que se espera de un radioyente extremo, y entonces entiendes que haya tantos taxistas cabreados por la city. Son los que oyen lo mismo que tú. Pero mucho peor. Ellos además escuchan el fútbol.

Una bronca en ayunas es como una patada con el estómago lleno. Y entonces recuerdas que anoche te acostaste después de descubrir un programa en la tele, también a la huída. La huelga dejó sin contenidos la parrilla, pero las emisoras de extrema derecha no fallan. Y allí estaba él, jugándose la bolsa y la vida en el Juego de la Verdad. "¿Es cierto que prefieres una buena comida que el sexo con Mariví"? El gordito suda, mira a Mariví, que pone cara de circunstancias, y contesta un "Sí" bien claro. Una voz en off solemne dice: Ha dicho la....verdad. Todos aplauden, incluida Mariví, que está sentada junto a sus suegros. Pero aún hay más; "¿Es cierto que dice que como su suegra se siga operando de estética va a parecerse a Carmen de Mairena?". La cámara enfoca a la susodicha suegra, y todos los espectadores buscamos la huella del bisturí. La mujer está tensa, el gordito apenas se atreve a mirarla, pero su Mariví lo anima, porque Mariví apoya a su chico hasta el final."Ssssssí", responde. Y la voz en off: "Ha dicho la....Verdad".

Mi Chuki adolescente y yo nos partimos el pecho, que diría Mariví. Tanto exhibicionismo impúdico nos supera. Llamé a J. para compartir el momentazo.Me confiesa que su favorito es un adolescente al que le preguntaron si era cierto que se hacía pajas en la caseta del perro. ¡Y tanto que lo era! El tipo se fue a casa con el dinerito en el bolsillo, y con su secreto al descubierto.

Con tantas emociones ponzoñosas he pasado una mala noche. No quiero que me arenguen, no quiero que me regañen y, sobre todo, no quiero que me cuenten intimidades zoofílicas. Por dios que alguien desprograme el fútbol del dial o me terminaré convirtiendo en paciente del programa de Patricia o en carne de cañón de la tertulia de Ana Rosa.Mucho más fina en apariencia, sí, pero igual de afín a las bajas pasiones.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA RAYA, POR DENTRO

Mi querida Big-Bang:


Tú vas a un programa de televisión de amplio espectro popular y te identificas en el control de seguridad. Después de un rato de espera te baja a buscar una de producción que siempre lleva prisa y, aunque intenta hacerte un saludo pelota -vas a rellenar de gratis unos minutos eternos de casi nada- le sale un "rápido rápido", como al conejo de Alicia en el País de las Maravillas. La sigues, obediente, por el torno de irás y (quizás) no volverás y te lanza a la sala de maquillaje y peluquería, donde unas cuantas pizpiretas se afanan con otros invitados, alguno famosillo, que ni te saludan ni mueven un músculo ante tu presencia. Así que decides poner un gesto altivo de "vengo a estos sitios tanto como tú y si crees que te he reconocido, vas dado".

Esperas un rato y entonces se presenta tu pizpireta con un secador en la mano, dispuesta a todo. Le explicas que el brushing dejó de hacer estragos en tu cabeza en los noventa, y ella indefectiblemente responde: "tranquila, será un toque para arreglar esto...". ¿Estos, a qué se refiere ésta, a mi peinado, a mi corte de pelo, a mi cabeza en general?. Pero antes de que me dé cuenta me engancha el primer mechón con el cepillo y procede a peinarme estilo Concha Velasco en "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?".

Cada vez que ella se toma un respiro, tú aplastas su obra con las manos, y ella vuelve a darte una repasadita. "Hala, ya está, no dirás que no estás guapa", finge. "Eso se lo dirás a todas,so chunga", pienso. Y antes de poder reaccionar estoy en manos del ser más poderoso. Ese que con un gesto puede destrozar tu carrera: la maquilladora.

¿Cómo te gusta? pregunta porque el protocolo se lo exige. "Pues muy natural y con los labios bien rojos. Si quieres, aquí traigo mi rouge de Chanel". "No hace falta, tenemos de todo". Y la jodía empieza su obra con suma concentración. Tú no puedes mirar porque lo mismo te saca el ojo con el pincel o, peor aún, con un lápiz verde pavo real que jamás ha entrado en tu pantone. ¿Vas a pintarme raya por debajo?, preguntas bajito y cagada demiedo."Por supuesto, esos ojos hay que resaltarlos como dos faros".

Estás en sus manos, que no escatiman producto. Y cabe mucho producto. Tú finjes que te relajas, que has quemado tus naves, pero la tensión está alojada en el estómago y podrías vomitar el sobao pasiego ahí mismo. Claro que el famoso que se sienta a tu lado es de los de lengua viperina y lo contaría en directo, Fin de tu carrera, mona. A montar la soñada droguería. Cierras los ojos, mejor no ver. Cuando los abres compruebas que tus temores eran fundados. Delante de ti una choni ordinariota con raya verde bien marcada y pelo de Concha Velasco. Perfecta para anunciar Tena Lady. "Ohh". "¿A que estás ideal. Vanessa, mira qué guapísima la he dejadooooo".

Lo siguiente es que la de producción llega corriendo, improvisa un piropo bien falso y te abandona en una sala con tres botellas de agua y una mujer rubia y gorda, tan basta como tú. "Ya está, es una cámara oculta. Cómo convertirte en una fulana vistosa". Firmas un papel de cesión de derechos de imagen que se parece al de los pactos con Lucifer y bebes agua sin que nadie te ofrezca un picoteo ad hoc. De vez en cuando entra alguien que ni te mira, y a escondidas te quitas un kilo de maquillaje con la punta de una toallita. Milagro. Sigues pareciendo una majorette en carnaval.

Cuando has decidido escaparte, producción se presenta con la metralleta y te empuja al plató, donde alguien que tampoco te mira te mete mano con un micrófono y te sienta con una orden: "Ahí quieta hasta que te toque". Te cagas en sus muertos, como haría la lumi que llevas en la cara, y aguantas veinte minutos más de ninguneo sin bocata, mientras las marujas que han llevado como público aplauden enfervorecidas cada chascarrillo de la presentadora. Una de ellas, que se presenta como Vicenta, de Palencia, te engancha como nueva amiga y te invita a unirte al grupo. Compruebas que todas llevan la raya por dentro del ojo. Y, por primera vez en mucho tiempo, te sientes integrada.

martes, 28 de septiembre de 2010

POR MI GRAN CULPA

Mi querida Big-Bang:


Ayer fui una chunga desabrida y dios me castigó. Todo mi pasado judiocristiano se volvió contra mí con furia, y me lo tengo merecido. Necesito confesarme porque dejé de hacerlo hace un par de décadas, me temo, pero si no expío mis culpas con un ritual seguiré arrastrándolas como Segismundo sus cadenas. Amén.

La culpa es la peor de las compañías posibles. La única con la que no te puedes ir de copas.Con la envidia es incómodo, pero tiene un pase. La lujuria se presta a la perfección, y un ataque de ira en un bar design es lo que mola. Te da cierto aire de malditismo temperamental muy de rubia despechada, lo que soy.

Pero la culpa es esa tipa que te importuna cuando te lo estás pasando pirata, buscando roña por los bajos de tu cama. Tú sales de casa calentita porque las chukis han dado por saco algo más que lo que marcaba el guión. La adolescente, muy metida en su papel, ha dejado en su sobrectuación el cuarto lleno de ropa tirada por el suelo, toallas con retortijones y restos varios, y la otra ha perdido en dos semanas chándal y jersey del cole, lo que vienen siendo 80 eurazos del carajo. Y sí, ahí me sale la vena maruja y pienso en seguir los consejos de J, y venderlas por órganos.

Insisto, yo salí quemada de aquella casa infierno, cogí la bici y pedaleé con furia, mientras la enana me seguía a duras penas con su mochila gigante y la gente nos miraba con cara de "esto es es el mundo al revés, la madre tan pancha con la bici y la pobre niña aplastada y con la lengua fuera". Pues sí, señora, y que dé gracias al cielo porque le permito ir calzada, que en otro tiempo hubiera ido descalza y con grilletes, como las beatas del Cristo de Medinaceli.

Tras dejar al bicho en su jaula educativa proseguí, y al poco se me salió la cadena. Con mi habitual previsión, no llevaba un (puto) kleenex en el bolso, así que volteé la bici y me llené de ponzoña mis manos. Fue la primera parada de un vía crucis sangriento.

La bestia que me habitaba no había tenido suficiente, y a mediodía volvió a subir en la máquina infernal hacia casa de J, que me preparaba unos manjares que especifico, a modo de homenaje: confit de pato con guarnición de boletus y huevo hilado. El apoteosis del placer. Pero claro, si llegas cargadita, se te sale la cadena y te quedas atrapada en el ascensor de su casa, sudando tu modelazo, y el tipo no te sale a buscar es porque no te echa de menos; o sea, que prefiere mimar el (puto) confit que rescatarte de una muerte segura por asfixia. Así que forcejeé a solas en el (puto) ascensor, hasta que la (puta) bici se avino a salir del habitáculo. Y entré en esa casa componiendo un gesto de rabia que ni la niña del exhorcista. Ya podía estar bueno el confit.

Lo que sigue era tan previsible como una de vampiros de Carpenter. Me cargué la cadena y su cubierta, casi vomito el confit y llegué hecha unos zorros a mi guarida de cristal, donde sentía cómo las otras fieras se me acercaban con precaución. Hoy pretendo hacer tabla rasa y expiar mi culpa a manotazos. La penitencia esa de los avemarías espero cambiarla por servicios a la comunidad, cono hace Naomi Campbell cuando estrella sus móviles contra el servicio. Y aquí paz, y después gloria.

lunes, 27 de septiembre de 2010

EXPECTATIVAS

Mi querida Big-Bang;


Me escribe un escritor de ultramar para una cita, después de haber mantenido cierta correspondencia los últimos meses: "sería un poco a ciegas, pero no del todo, siempre puedes fingir una indisposición repentina y salir corriendo después de tomarnos un tinto". Me encantan las citas a semiciegas con tipos inteligentes que escriben prosa tan sobria como vibrante. Es lo inverso a ir al cine de terror y taparse con los dedos, pero no del todo, en las secuencias de la ducha. En este caso debo taparme ante su presencia física, la que desconozco, y desembozarme cuando escuche su ironía y esas descripciones leves y cargadas de humor que me regala en sus correos y guardo para que las Chukis algún día tengan algo que vender para salir de la ruina.


Lo malo de la admiración es que es una pieza tan frágil que puede romperse con un mal paso. Un suponer, ¿qué pasa si el sujeto lleva dentadura postiza y se le mueve mientras mastica el jamón de bellota? ¿Y si, mucho peor aún, se ha puesto una camisa acrílica? ¿Qué pasa si en el mundo oral no es tan quirúrgico con las palabras, si llena sus frases de interjecciones y, mucho peor, de onomatopeyas? ¿Y si habla demasiado alto y con voz aflautada?

Sí, me temo que me he metido en un terreno peligroso. El de las expectativas, la ansiedad, la proyección del ideal, las tapas con vino. Y además, debo parecer lista. Porque la sobradilla que finjo ser se ha esmerado en sus mails por parecer brillante y divertida, desenfadada y chisposa. Y ahora debo hacer la performance en vivo y en directo. El tipo, al menos, puede defenderse con sus libros y esa recua de lectores que le hacen la ola doquiera que va. Yo sólo cuento con mis mechas y algunos chascarrillos hilvanados en las madrugadas o en algunas tardes de resaca y rosas.

Luego está lo de mi amnesia. Ese bloqueo ante preguntas chungas del tipo ¿qué has leído últimamente? "Verás, sí, esa me la sé...ummm... una de un corresponsal en decadencia que se inventa una historia para salir del paso y entonces...". Vamos, que no hay que ser un lince para malpensar inmediatamente que la rubia no ha leído más allá del Cuore en lo que va de semana, y a ver de dónde me saco un comodín del público para pasar el trago.

Entenderás que esto empieza a inquietarme en demasía. Que quizás debería alquilarme una doble con buena memoria y menos lenguaraz. Un clon mejorado dotado con un mando a distancia, que yo accionaría desde la mesa de al lado. Así podría deleitarme con la parte conocida de ese desconocido que adoro desde el desconocimiento. Y, si no resisto más, acercarme a su mesa y pedirle fuego, con una de esas caídas de ojos a lo Lauren Bacall que ensayo y casi bordo en el espejo. Si logro que le brillen los ojos, daré por bueno el experimento,y reresaré a casa sin que el mito se haya resquebrajado, para retomar nuestra vía convencional de comunicación: inodora, incolora, pero nunca insípida.

Ahora que tengo un plan, me quedo mucho más tranquila. El libro, por cierto, es "Los imperfeccionistas", de Tom Rachman.

domingo, 26 de septiembre de 2010

CATASTROFISMO Y RELATIVIDAD

Mi querida Big-Bang,



¿Qué pensarías si delante de ti, en plena Castellana, ves volar un coche y voltearse para caer del revés, a cámara lenta, delante justo del museo donde se gestaron las traiciones y donde tus pies doblaron su volumen unos días atrás, por el efecto constrictor de unos zapatos más altos que la inflación china? ¿Casualidad? ¿Señales que me indican que me aleje de un epicentro de sucedidos funestos? ¿Secuencias lógicas de una de terror donde tú eres la tipejilla tonta a la que se va a cargar fijo el chungo de la motosierra? ¿O todo junto y aderezado, como la ropa vieja cubana?

La interpretación de las señales del caos debería ser una asignatura obligatoria en el colegio. Prometo sugerírselo a mi ministro favorito si me lo vuelvo encontrar en la entrega de premios más planetaria del planeta. Creo que al currículum académico le falta una visión práctica y elemental del devenir y sus conjuntos. Se me ocurren así, a vuelapluma, unas cuantas materias obligatorias que harán la vida más fácil. Ahí van, para quien pueda interesar:

1.Horóscopo y Tarot; introducción a una perspectiva estelar del más allá. Contiene mazo de cartas y tutoría cada jueves con el pitoniso Walter Mercado.

2.Análisis semántico y sintáctico de los prospectos del Orfidal, el Atarax y el Lexatín. O cómo drogarse sabiendo bien de lo que se habla. Nunca un enganchado justificó su adicción con tanta propiedad.

3.Tecnología sin letras: o cómo manejar todos los aparatos que se enchufan sin leer las instrucciones, con intuición e insensatez. A mí me funciona, pero he convertido la Thermomix en un vulgar exprimidor de naranjas.

4. Upgrade social. Cómo colarse en las fiestas y ser canapero, y cómo montar el pollo si te pillan y obligar al anfitrión a disculparse en siete idiomas por haberte importunado. Lo he visto con mis propios ojos y no falla. La vida es puro teatro.

5.Relatividad global. O cómo arrimar el ascua a tu sardina sin citar a Einstein. Las cosas no son la medida de otras cosas, sino la tuya. Desenfocada y partidista, sí, pero ¿qué tiene de malo?

Ahora que he contribuido al crecimiento de las nuevas generaciones de mi país, me dispongo a arrancar un día sin catástrofes. O con un melasudismo tal que si se hunde un edificio delante de mis narices pensaré que están rodando una secuela de Godzilla. Y seré feliz.

sábado, 25 de septiembre de 2010

EL LOBBY DEL DALSY

Mi querida Big-Bang:


A toda mujer de real life le llega un momento en el que abandona por fin los parques, los columpios y las charlas insustanciales con los padres de los otros niños. Ser madre es un contrato con la letra más pequeña que la del "Rojo y Negro" de Stendhal en versión papel biblia que guardo entre mis tesoros. Nadie te dice que en el preciso instante en que salgas con un carrito a pasear, corres peligro de ser abducida por esa secta peligrosa. La de los otros. Los del tobogán. Seres que no socializan en sus hábitats adultos y tienen hijos para poder ir al parque y hacer pandi con otros colgados.

Hoy hace ocho años que nació Chuky pequeña. Yo ya era consciente del poder de la secta, pero mi madre me hacía pressing para que la llevara al parque. "Mamá, no soportaría otra charla apasionante sobre el Dalsy y sus aplicaciones como droga dura infantil, ni saber al detalle las cacas de otros bebés, que bastante asco me dan las de la mía". Detesto la excatología. Pero terminaba cediendo. Eso sí, con una estrategia a modo de material de trinchera: tres periódicos, dos revistas y hasta un cuaderno para fingir que trabajaba y no debía ser molestada. Parecería que el futuro de la humanidad pendía de un hilo y yo era la Penélope tejedora.

Inútil. La disuasión no se hizo para los padres del parque. Si han bajado, es con un objetivo. Y no escatiman en estrategias. "¿Perdona, tienes una toallita húmada, es que me las he dejado en casa y no sabes cómo se pone mi hijo, que debe de ser como el tuyo...¿Qué tiempo tiene?". ¿Cómo que qué tiempo tiene? ¿qué frase es ésa? El tiempo de mi chuky era anticiclónico, quizás, pero el mío era borrascoso que te cagas (con perdón) y amenazaba tormenta.

Yo, además, me sentía como un saco de patatas, una lechería ambulante que no entraba en los looks de temporada, y aquel relamido con jersey Fred Perry que pretendía pegar la hebra me estaba invadiendo por unas toallitas. "Toma, llévatelas todas". "No , mujer, ¿y si tu retoño se mancha?". Odio, odio la palabra retoño. Y tenía que morderme la lengua para no hacerle una rima rápida y muy obvia. Pero yo era madre. Un ser tierno y dulce por definición. Y si no entraba en la secta me quedaría fuera de un lobby más poderoso que el del rifle en EEUU.

Así que claudiqué, y quemé todas las etapas. La más apasionante, sin duda, fue la gore. Esa en la que tu retoño/coño tiene movilidad y se precipita desde el tobogán con la boca por delante. Tú lo ves a una media distancia, y sales despavorida a limpiar el chorro de sangre. Convenientemente acompañada, porque la secta se crece con las catástrofes. Siempre hay un líder no impresionable que engancha a tu Chuky, le hace unos pases con una toallita de las que tú te has desprendido, y se vuelve triunfante hacia ti para decirte: "No es nada, mujer, la sangre es escandalosa".

Sí, "la sangre es escandalosa" es muy del campo semántico del retoño/coño y del Dalsy antesala de la heroína. Pero también era la excusa perfecta para recoger al ensangrentado y poner pies en polvorosa. Con suerte, el accidente ocurría nada más llegar, y entonces podías irte sin que los padres te requirieran con sus técnicas de sugestión activa: "mujer, quédate un poquito más, que el parque les alimenta más que los potitos".

Hoy puedo decir triunfante que salí de aquéllo. Y que como buena ex yonky doy clases a otros padres para que no caigan en sus redes. Donde estén los bares y terrazas, que se quite el tobogán. Y si los niños protestan, doblar la dosis de Dalsy (para los no informados, jarabe de ibuprofeno pegajoso y naranja, somnífero de alto espectro) es mano de santo. Al retoño/coño se le troncha el cuello ipso facto y duerme como un bendito lo que tú tardas en pimplarte las cañas con las patatas bravas. Un planazo.

viernes, 24 de septiembre de 2010

TOCATA Y FUGA DE MENINA

Mi querida Big-Bang:


Que Mr. Rubidio considere que llevo una vida disoluta y autocomplaciente, tiene un pase. Un ser mugriento y ponzoñoso como él necesita sacar su hiel con ayuda de estímulos externos. Pero que mis amigos hayan llegado a la misma conclusión me preocupa. "Nena ¿tú qué haces entre fiesta y fiesta, dar de comer a los patos?" , me soltó ayer J., el marido de la enana venenosa. Es su forma de decirme que no doy un palo al agua y que entiende que mi mayor frustración imaginable es que el tono azul pavo real de mis párpados no me haya quedado como a Beyoncé en su último video.

Pues que sepas que me duele, chaval. Una ha tenido sus veleidades culturetas cuando era más joven y recorría con A-2 las salas del Prado para ver si una Menina se había movido de su sitio. Entonces la coquetería era llevar limpios los zapatos planos y en su sitio la melena francesa. Con el paso de los años uno entiende que los cuadros siguen en su sitio pero las neuronas corren que vuelan hacia una muerte segura. Y abraza aquello del Gaudeamus igitur, y entiende que una buena juerga encharca el espíritu más que La Peste de Camus, un suponer. Y que quien te quiera te aceptará ligera y espumosa como una mousse de espárrago.

El objetivo de mi chispeante way of life no es otro que emular a Neruda y escribir unas memorias bien bonitas al estilo del "Confieso que he vivido", pero más en la línea "Que me quiten lo bailao". Porque otra cosa no, pero bailar bailo un rato, y si me ponen un micro delante lo doy todo, para horror y escarnio de esos amigos tiñosos que creen que no hago otra cosa en todo el día. Envidia cochina.

Sí, el camino del tormento es mucho más literario que el del gozo. Dónde va a parar. Con el segundo te sale un libro a lo Bridget Jones, vilipendiado por la crítica, que tu entorno recibe con unas palmaditas condescendientes. Pero, ¡ay con el primero!, con el primero te cascas un "Archipiélago Gulag" bien dramático y te hacen la ola. Eso sí, tienes que pasarte una temporada en el campo de concentración y dejarte una barba larga y enredosa para subir a los altares. Y una no está por la labor, que bastante tiene con despiojar chukis mes sí, mes también.

Digo lo cual, te dejo, no sin el propósito firme de sufrir un rato cada día para darle consistencia a mi vida y a mis textos. Una cosa sí te digo. Corro el peligro de que se me vaya la mano y me instale por siempre jamás en la Filmoteca para ver cine de autor a cascoporro -ese que J. llama de "arte y engaño"- y no vuelva a ser el cascabel frívolo y desenfadado que fui. Advertidos quedáis, venenosos y adláteres. Voy a daros una turra con Kurosawa que va a temblar el misterio. Lo mismo echáis en falta a la que fui. Las meninas, cuando se mueven, ya no regresan al cuadro.

jueves, 23 de septiembre de 2010

LIBROS PROHIBIDOS

Mi querida Big-Bang;


Quinto intento de hacerle creer a mi organismo que la leche de soja es leche. Definitivamente, ni lo es ni lo será, tris tras.Mi empeño en pasarme a la legión hierbas ma non troppo ha vuelto a fracasar. Ahora tendré que escuchar la bronca de mi querida amiga A-1, que considera que todos mis males vienen porque tengo el hígado envenenado: "cómo no, con los vasos de leche que te metes, nena, y los cocidos con todos sus componentes grasos, que ya no tienes edad".

No sabe ésa lo que es capaz de metabolizar mi organismo. Sin ir más lejos, ayer tragué quina en cantidades industriales por culpa de una tipejilla que me dio su palabra y no la cumplió. Las que en nuestra infancia leímos "El Guerrero del antifaz" los domingos, cuando nuestro padre lo subía del kiosco para él (y, como con los huevos fritos, nos regalaba unas "mojaditas") sabemos muy bien eso del honor y la palabra. El Guerrero podía ser muy bruto, pero si prometía algo, lo respetaba a muerte. Luego vendría eso tan vulgar de "prometer hasta meter", pero el manga nunca entró en casa, lamentablemente.

Eso sí, la familia numerosa y conservadora que éramos tenía secretos bien guardados. Mi padre, el de los huevos fritos, leía El Papus, una revista con viñetas inquietantes de gente con máscaras antigás y cosas así, ciertos toques de erotismo chunguete y una ironía que mis hermanos y yo, que lo leíamos a escondidas, no pillábamos. Además estaba el Interviú, con sus guapas en pelotas, tan turbadoras (yo pensaba, ¿por qué no sacarán hombres, que esto del cuerpo femenino ya me lo sé) y, en la estantería de arriba, los libros de un tal Álvaro de la Iglesia sobre putas. Siempre sobre putas y burdeles. Para cuando supe que el fulano (a las lumis las llamaba fulanitas, el muy cursi) era un escritor de derechas, las pobres putas deambulaban en la calle sin burdel ni cortinas de terciopelo.

Cuento esto a riesgo de parecer la abuela cebolleta. Creo que los héroes y antihéroes se forjan en nuestra infancia, y que es duro crecer con "Jabato Color" si te va a tocar vivir en los tiempos de la palabra endeble y las promesas olvidadas. Tengo una crisis de confianza absoluta en la humanidad, así de claro. Especialmente en la que aparece en el cuché con grandes dosis de photoshop. Sí, yo también quiero pasar por la falsedad del tratamiento fotográfico algunas mentiras de la estantería de mis padres, pero me temo que los recuerdos son inmunes al retoque. O lo mismo ya vienen retocados de serie.

Añadiré que, para cuando mi padre nos permitió desayunar un huevo frito entero los domingos, reinaba el Superpop en el kiosco. Y a mí los huevos ya no me molaban, pero aún sí la literatura prohibida. Como la librería doméstica estaba tan trillada y mi padre seguía enganchado a los géneros de "guerra" y "aventuras" (también se tronchaba con Mortadelo y Filemón con unas carcajadas que parecía que iba a vomitar las yemas), había que buscarse los estímulos en el Bibliobús. Una biblioteca sobre ruedas que paraba los jueves, donde la bibliotecaria -vieja, con los tobillos muy finos y falta de tubo de tweed marrón- más de una vez frustró mis intenciones: "Verás, bonita, "El amante de Lady Chatterley es un poco subidito de tono para ti. LLévate una de vaqueros de Zane Grey". No te jode (con perdón).

Paro ya que entre la nostalgia y la soja se me va a revolver el estómago. Hoy me he propuesto comprar en una librería un libro realmente transgresor. Alicia en el País de las Maravillas, quizás. Y no volverme a fiar nunca de nadie que cobra por dar versiones tortuosas de su vida. O, lo que es peor, de lo que nunca fue.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

PLANTÓN

Mi querida Big-Bang:


Tú llegas al restaurante con la lengua fuera. Te has salido de una reunión vital para el movimiento del planeta, has corrido como un pato con esclerosis por las aceras de city y, como la neurótica que eres, te has sentado a la mesa a las dos o´ clock, satisfecha de tu puntualidad británica. Has pedido un agua con gas, hiel y limón, y te has dispuesto a mirar a las parejas, esa afición tan entretenida: "estos son novios de toda la vida, rutinarios y poco transgresores. Estos amantes al estilo Pimpinela, estos futuro matrimonio fracasado...", y así has matados los diez minutos que anteceden a tu urticaria. Definitivamente, tu cita llega tarde. Y no lo notas sólo tú, sino todo el restaurante, que te mira, estás segura, pensando; "mira a la mechas ésa que devora con ansia el plato de aceitunas la han plantado, fijo. En todas las casas cuecen habas".

Tú, naturalmente, te has dejado el móvil en casa ese día, así que no puedes llamar a la chunga que se hace llamar tu amiga y que J. denomina cariñosamente "enana venenosa". Tampoco puedes fingir que lees SMS o que los envías, dos entretenimientos muy útiles para disimular cuando te plantan. No has cogido un triste boli, así que desestimas la idea de jugar al ahorcado en el mantel, y hacerlo con la barra de labios se te antoja excesivo incluso a ti. Así que martilleas la mesa con los dedos, restas mentalmente de siete en siete desde el número cien o te planteas si matricularte este otoño en un curso acelerado de Kung Fu o de macramé.

Así, con suerte, matas otros cinco minutos de eternidad. Y entonces sobreviene la zozobra: ¿Y si a mi querida venenosa le ha pasado un sucedido catastrófico, dios no lo quiera? ¿Y si se ha cruzado con los Hare Krishna y la han enganchado ofreciéndole gratis la túnica azafrán? ¿Y si ha salido desconjuntada de casa y ha vuelto para que su amiga fashionpunky no la mire con cara de: ¿Tú no te has mirado el Vogue este mes, verdad, bonita?.

Sí, los malos pensamientos te ensombrecen y no te queda otra que pedir un plato de "alcahueses"
, que diría mi J., ese adalid de los ripios cultos. El camarero relamido te mira raro, pero debes poner tal cara que no dice ni mu, el hombre. Los comensales se frotan las manos: a las rubias también les dan plantón. Son unos mezquinos y encima no paran de comer. Te suena la tripa. La venenosa no aparece.

"Señorita, disculpe, ¿va seguir esperando o quiere que le traigamos ya el primero?". El relamido del camarero quiere saber y lo pregunta en un tono de barítono trasnochado que escuchan hasta en la cocina. "La señorita quiere ser invisible o, en su defecto, meterse un chispazo de gin, pero está feo, no?". Veinticinco minutos. Necesitas una estrategia o una retirada digna. Pides el teléfono al relamido, tragándote el orgullo. Llamas a J para que llame a la chunga. "Dile a ésa que si no se presenta en cero cona dos nanosegundos le va a prestar el chanelazo su madre, que en gloria esté".

En esas que entra la interfecta por la puerta, con su sonrisa angelical y una buena excusa falsa en los labios; "Jamía, que el taxista ha tenido que realizar un simulacro de fuga por ataque nuclear y hemos acabado en el búnker de la Moncloa". Tú sonríes por la ocurrencia y la besas sin acritú. Pero al camarero relamido le ordenas: "A ésta venenosa le va trayendo la ensalada con piedras y bichos". Vengativa, la que más!

martes, 21 de septiembre de 2010

MUJER CONTRA MUJER

Mi querida Big-Bang:


Lo peor que le puede pasar a una mujer que se enfunda un Lanvin epatante es llegar a la fiesta y comprobar que hay una horda de macizas que le sacan dos palmos, rubias naturales y con apellidos rusos. Entonces sufre una suerte de efecto menguante súbito y el maquillaje empieza a brillar en un efecto gusiluz demoledor para el photocall. Que te brille la cara es peor que se te rompan las medias a la altura de la rodilla, un suponer, o que el tonto de turno (que no suele ser ruso, sino material tarado del país) te tire su copa de pisco justo en el escote. Hay hecatombes peores, sí, pero no están en este mundo de luz y de color que habito.

La competencia entre mujeres es sana, desde luego. Basta con meterse en un ring de barro y tirarse de los pelos para dirimir quién es la más. Yo ya me he retirado de la competición porque no me gusta despeinarme y porque el único barro que trabajo es el del Mar Muerto sobre mi piel, por aquello de los efectos tensores. En real life me parece un desperdicio inútil competir con dos pivones de espaldas infinitas y conversación espumosa, que cuando atisban un flash componen la sonrisa más bella del universo y te proyectan con un golpe de cadera al rincón de Cenicienta, donde siempre hay una barra de bar y un coctelero haciendo malabarismos par las mujeres terrenales. O sea, yo misma.

Anoche andábamos mi Lanvin y yo culebreando en la gran fiesta del otoño cuando vi a cierta famosa con fama de fantástica huyendo como yo de las rusas siderales. Dado que íbamos a competir por la copa, nos saludamos, y la jodía fingió conocerme muy bien. El viejo truco de las que se cuelan, porque a ésta nadie la había invitado, lo sabré yo, que me pasé peinando la lista con mi jefa la tarde anterior. "Bueno, no sabes el shock. El otro día en el aeropuerto de Nueva York estaban proyectando imágenes de las portadas de tu revista, y de repente me vi yo a tamaño gigante!!!". ¿En serioooooooooooooooo? respondí sobreactuada, y con la satisfación de comprobar in person que hay famas que se basan en hechos reales, como las pelis caspa de los domingos por la tarde.

Sí, estaba yo ante el mito de los ochenta, y podía humillarla y llamar a seguridad. Pero una voz interior me dijo: "para el carro, tonta, que si echas a las de cincuenta años recauchutadas de bótox te vas a quedar sola con las hijas de Putin, y a ver cómo lo resuelves si no es con un delirium tremens". Así que enjareté otro pisco con su angostura flotando justo in the middle y pegué la hebra con la fantástica y un macizo que se nos unió, hasta que la mujer amenazó con hacerme confidencias siderales. Momento en el que vacié mi copa en su escote -también recauchutado- y puse pies en polvorosa.

Cien encuentros en la tercera fase después entendí que era el momento de retirarse. Mis pies habían doblado su volumen por efecto de unos tacones diseñados por la santa Inquisición y mi rouge rojo sangre de pichón no admitía más repasaditas. Quería descalzarme in situ, pero eso sólo puedes hacerlo si te llamas Ava Gardner y te la sudan las rusas lánguidas. Así que esperé a entrar en el taxi, descangallada, y en un perfecto ruso indiqué la dirección al conductor. Yo sola, por fin, sin más competencia a la vista que los neones de la ciudad.

lunes, 20 de septiembre de 2010

GLAMOUR DE CINE

Mi querida Big-Bang;


Llevo tres días desenchufada de la terapia y sometida a la tortura de ver películas sin parar, como el protagonista pendenciero de La Naranja Mecánica. No, nadie me ha colocado palillos en los párpados, pero sí en decenas de pintxos de foie con variaciones -compota de manzana, cebolla caramelizada...- convenientemente regados de zuritos. Es lo que tiene ser una estrella de incógnito y pasearse ostentosamente por la playa de La Concha con grandes expectativas y escasez de espíritu de sacrificio.

Entre los efectos colaterales de la presión es que una no recuerda si la peli coreana era la de Pancho Villa o la de los tipejillos adolescentes que se daban de gallas al son del lánguido temazo "Check to Check" (¿O el título era "Heaven"?) Tanto frenesí me tiene loca, y eso que Julia Roberts llega hoy y me perderé mis cinco minuros de glamourazo a la puerta del hotel Maria Cristina. Una tradición que cumplo religiosamente, porque la otra Meca está muy lejos y llena de tipejillos sudaos, mientras que las starlets del festival donostiarra salen recién duchadas y regalan sonrisas de blanquemiento dental mientras sueñan con que el trago termine rapidillo y esas adolescentes gritonas (más la señora de las mechas que las quita de enmedio a manotazos, o sea, yo), se piren pronto a sus casas y puedan meterse el chuletón rojo que en Hollywood les está vetado.

Dirás que cuándo se forjó esa mitomanía. Pensarás que de ahí me viene el coqueteo con ciertas derivaciones del fetichismo y con el cine clásico del sábado noche. La verdad es que he sido tan narcisista que mis mitos son pocos y endebles. Es decir, que lo mismo puedo corear a la Roberts por su papel de prostituta Cenicienta que a la Moore por aquel papelón modelando barro con cara de lánguida que la erigió a los altares del cine. Mi amiga B. está indignada: ¿cómo pueden darle un premio a la Roberts, por diossssssss? Sí, chitina, te comprendo, pero desde que la vi en unas fotos en bikini este verano,con sus famosos muslos sospechosamente envueltos en celulitis, me cae un poco mejor. No como la otra, esa zorrita por quitarle años que rejuvenece sin mácula y se chulea de marido macizo (y vacío de contenidos, me temo. Pero es pura envidia tiñosa)

Te dejo, que es lunes y debo prepararme para lo peor. Un aterrizaje forsoso en la cruda realidad de mi despacho desangelado y sin banda sonora original. Mándame unas cajas de tu mejor gin que esta noche toca fiesta y aún no me he repuesto de los excesos. Y a mis fans dales la dirección del hotel de Julia, que las ojeras me cuelgan hasta los zapatos y esto no hay tratamiento milagrosos que lo regenere.

jueves, 16 de septiembre de 2010

LAS RAZONES DE UN EX

Mi querida Big-Bang:


Constato que el ficus benjamina del salón ha crecido un palmo mientras no lo miraba, que hay una nueva mancha de humedad en la cocina y que mi empleada de hogar se zampa no menos de tres cápsulas de mi Nespresso al día. Las dos primeras observaciones las he metido, obvio, para hacer bulto y envolver esta tercera mezquindad: sí, me joroba que mi vicio mañanero mengüe a esa velocidad, pero no tengo narices de decirle nada a la interesada porque entonces me sentiría un rata de la cobacha. Así que he optado por esconder un puñado de cápsulas azules, mis favoritas, en el fondo de un cajón, con el propósito de que, cuando ella se acabe el botín general, yo pueda disfrutar de un extra. Aunque sea a escondidas.

No es lo primero que escondo en mi propia casa. Hace no menos de un año hice lo propio con la Nintendo de las chukis ("Anintendo", según chuki 2). Temerosa de que se viciaran con los muñequitos saltarines como yo con los tacones, la arranqué de sus manos y busqué un lugar donde jamás pudieran encontrarla. Por supuesto, no pude encontrarla ni yo, y cuando su padre, perpetrador de la compra de la consolita, la reclamó para sí, me tocó escuchar una vez más eso de: "es que mamá la ha perdido, como siempre". Y pude sentir la amonestación de mi ex marido al otro lado del teléfono: "vuestra madre siempre ha sido un desastre. Dile que tiene tres días para encontrarla o mandaré un equipo de ingenieros estrategas para peinar la zona".

Un ex, por definición, siempre hace leña del árbol caído. Da por saco aún sin querer. Necesita convencerse de que plantándolo le hiciste el favor de su vida. Atesorar una ristra de argumentos para desayunar cada día convencido de que se libró de la bicha a tiempo. Y si todas sus refutaciones caben en una hoja Excel, muchísimo mejor.

En mi caso he pensado que sería práctico, a la par de moderno y civilizado, publicar la lista de mis taras, para que mis futuros ex maridos puedan desenfundarla en el minuto uno y evitarse culpabilidades innecesarias. Una especie de epitafio previo a la muerte, que el interesado podría leer en una ceremonia del adiós forzoso. Algo así:

"Estamos aquí reunidos para celebrar la despedida de esa mujer que pensaba que Gilles Lipovetsky era un sérum antiarrugas. Una insomne con mechas que apagaba el ordenador a capón y ponía vasos distintos en la mesa. Una jodía porculera que no dejaba rematar las frases y pretendía conversar a las seis de la mañana. Una frívola del carajo que bailaba delante de mi televisor de plasma mientras yo veía el fútbol, y que nunca me dejó utilizar determinados adverbios aduciendo que le daban urticaria. Demos gracias al destino que la ha apartado de mi camino" (sí, un pareado chungo al final siempre es conveniente para rematar la faena).

Te dejo, que son las siete y debo buscar mi cápsula azul. Me temo que la he escondido demasiado y que debe estar en el mismo cajón donde guardé mi fe en la Thermonix y mi consistencia intelectual. Si ves que no aparezco mañana, manda a los GEOS. O a un ingeniero bien cuadriculdo, en su defecto.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

BAJO INTERIOR DERECHA

Mi querida Big-Bang:


Por alguna razón que se me escapa, las mujeres nos fiamos a ciegas de las mujeres en dos asuntos cruciales; el peluquero y el ginecólogo. ¿A cuál vas tú? es una pregunta que nos pone tan cachondas como las tertulias radiofónicas a los taxistas. Mi amiga P. me escribe pidiendo una recomendación urgente, sin saber que habla con la reina de la desidia. La que pasa las ITV cuando el coche se ha estrellado. Así que el día que por fin voy, además de someterme a esa bonita postura del potro, me someto a una bronca del carajo: ¿De verdad lleva dos años sin venir? ¿No ha oído hablar del cáncer de útero?¿Se palpa el pecho con regularidad? ¡Abra más esas piernas!.

Sí, los ginecólogos/as son impertinentes y preguntones. Creen que pueden practicar la indiscrección porque Hipócrates se lo ordena desde el más allá, y manejan el espéculo con idéntica destreza que el tercer grado:

-¿Lleva usted una vida sexual regular?
-Pssss, podría decirse así. Regularcilla...
-¿Practica relaciones de riesgo?
-Pues no. Hay contorsiones que me niego a practicar, porque me contracturan, verá...Y lo de hacerlo en el coche, pues ya sólo en los de más de tres metros, mejor limusinas... como mínimo sedán de alta gama.

Debo precisar que a mí el nerviosismo me desata la vis graciosilla. Diríase que me crezco en las dificultades, y cuando llega el bonito momento de la citología pego un respingo y suelto una parida, como un acto reflejo de defensa del territorio. "¿Quiere hacer el favor de abrir más las piernas?".

¿No sabe el tipo éste que las de colegio de monjas crecimos con la convicción de que las piernas debían llevarse muy juntas, rodilla con rodilla, y lo creímos con la misma fe con la que pensábamos que en las discotecas los chicos echaban "calientaburras" en las cocacolas?. Algo que nadie había visto nunca pero que todas transmitíamos con vehemencia.

Si tu infancia se cimenta sobre leyendas urbanas que te obligan a ser recatada, es duro que llegue el ginecólogo y resuelva el trauma con una orden. Más si la orden puede formar parte del guión de una peli clasificada X.

Añadiré que ayer fui a mi cita bimensual con el láser. Que al llegar, la operaria cheli me tendió un tanguilla enano, tiró enérgicamente de la palanca de la camilla y, agarrándome las rodillas, me las abrió como si yo fuera Nadia Comaneci y esto las olimpiadas del porno. No dije ni mu. Ella se manejaba por los mismo barrios que mi ginecólogo, pero con una pistolilla por herramienta. Y que tras achicharrarme con precisión, me soltó un "Hala, ya tienes los bajos listos para el revolcón", y se quedó tan ancha.

PD. Amiga P., cuando quieras te paso la dirección de mi depiladora. Es un crack!!

martes, 14 de septiembre de 2010

¿SUPERMÁN ERA GAY?

Mi querida Big-Bang:


Tarde o temprano, a toda madre moderna de real life le llega su San Martín. Tú estás cenando con tus chukis, mirando cómo el vaso de minichuki se llena de migas submarinas asquerosas, y en esas te suelta que ella" es gay". Tú, como eres liberal, homófila y llevas el pelo muy corto, continúas masticando como si tal cosa, y entonces la zorrita de la enana prosigue. Que si he visto besarse a dos chicas. Sí, cariño, las he visto. ¿Y a dos chicos? Pues también. "La única combinación que me falta es ser humano con bóa constrictor", la instruyo limpiándole el tomate frito con la servilleta, a ver si da por concluido el capítulo confesiones. "Entonces, mami, puedo ser gay ¿verdad?"

Sí,cariño, puedes ser gay, ingeniera nuclear, folclórica, legionaria de Cristo o levantadora de pesos. Ella, obviamente, me está poniendo a prueba. Y como soy librepensadora y encima pienso poco, quiero zanjar la conversación y sueño con que haga su performance en la mesa de su padre, que sin duda se atragantará y quiera dios que no sea con el jamón ibérico cinco jotas, que lo carga el diablo. Yo, como la ex contemporizadora que soy, le daré unos golpecitos en la espalda y le diré: "ex cariño, tarde o temprano todos deberíamos tener un gay en la familia", como en los años setenta se decía de la tele en color. Y tan contentos.

"Mamá, entonces ¿mola ser gay?", sigue a la carga mi pequeña borroka. Y, sin salirme del discurso de la tolerancia radical, le hablo de Miguel Molina, de la Bien Pagá, de Oscar Wilde y hasta de Safo, pero ella está pensando más en un Twinky Winky, me temo, y le cuento que era el Teletubby morado del bolso. Ah no, si lleva bolso no le sirve. "Además era un pesado, estaba todo el rato abrazando a Lala, mami". Ya, jamía, es que los gays también son pesados, no creas." ¿Supermán es gay?", pregunta,sin saber que ese es un viejo debate de la historia de la humanidad. "No sé, chitina.En la etiqueta lleva una S, no una G". "Puede ser Supergay, no, mami?. Supongoooo- "¿Y las tortugas Ninja, y los Gormittis?".

En este punto quemo mis naves. Se puede tener una hija gay, pero no una plasta gay que prolonga las cenas para matarme de aburrimiento y que le perdone la merluza rebozada. Es un viejo truco, sí, y yo una lerda decidida a llevar mi buenrollismo hacia los gays hasta el final. A educar en la tolerancia. Lo que viene siendo la educación en la ciudadanía ésa, pero en versión casera. Apunto en la agenda escolar: profesores, hagan ustedes el favor de incluir en el currículum de primaria un apartado nuevo: "Ser o no ser...gay. La sexualidad ambigua de los superhéroes americanos". Y a la minigay la mando a la cama sin contemplaciones. Porque moderna soy un rato, pero madrastrona mucho, mucho más.

lunes, 13 de septiembre de 2010

HEREDERA UNIVERSAL

Mi querida Big-Bang:


Cuando era pequeña apenas dormía antes de la vuelta al colegio. Mis Chukis, que yo sepa, llevan toda la noche roncando como benditas roedoras. Cuando era pequeña heredaba los libros de mi hermana que, como no era la hooligan de las dos, me los pasaba aceptablemente bien, salvo algún rayón despistado en la página 20 o en la 56. El uniforme también era de segundo cuerpo, convenientemente alargado por los bajos. Y cuando la monja leía la lista por primera vez mi nombre también resultaba ser de segunda mano. Y mi fama me precedía, aunque en realidad era la fama de mi hermana.

Entenderás que mi infancia ha sido dura. Que para estrenar algo he tenido que pelear duro, y elegir las ramas que no elegía ella. Si M. era dócil, yo debía ser rebelde. Si le gustaban los rubios, tirar más hacia los morenos. Si elegía la comedia romántica, lo mío sería el gore.

Ir contranatura es agotador. Un día alguien te pregunta por qué estás conduciendo por el carril izquierdo y tú respondes: "porque mi hermana lo hace por el derecho". Hay estudios bien fundamentados que hablan de los medianos como carne de reformatorio, aunque lo hacen con eufemismos. Los segundos, son, aseguran, más "creativos". Y la creatividad es ese cajón de sastre donde lo mismo cabe un Dalí que un Charles Manson.

Mediano, además, es casi lo mismo que mediocre. ¿Cómo puede ser uno brillante si lleva heredando uniformes con tejido príncipe de Gales toda su vida? ¿Se puede ser genial cuando tu nombre ya no choca en los oídos de la monja, que lo archiva cual secuela mejorable? ¿Es posible destacar entre tus compañeras si tu libro de historia del arte no huele a papel nuevo y a cola, sino a restos del bocata de queso de tu hermana? Evidentemente, no.

Quiero un pasado único e intransferible. Superar el estigma de la familia numerosa, Una habitación propia, como la Woolf (pero sin sus taras, con las mías voy servida). Quiero un estuche nuevecito y rechinflante con pinturas de colores que estrenaré yo solita. Quiero un apellido que sorprenda por ser dicho por primera vez, aunque sea en el pasillo de los calabozos de la Audiencia Nacional. Necesito mis quince minutos de gloria no heredada o mi condición de segundona va a convertirme en carne de centro de día para chungos. Esa fórmula eufemística del manicomio, que debió cambiar de nombre para que los locos estrenaran algo. No como yo...

Ahí queda eso. Te dejo un nuevo agujero negro por tapar. La buena noticia es que el cole empieza hoy y, si haces bien tus deberes, lo mismo en junio me licencias del diván, que ya huele. Por cierto, nada me complacería más que saber que soy la primera paciente con un síndrome de herencia forzosa cercano a la neurosis. En caso afirmativo puedes publicarlo con mi nombre real y un posado close up en el Psicologies ése donde escribes, bajo el título: "Segundonas. Cómo sobrevivir sin un estreno en condiciones". No dirás que no te lo doy masticado.

domingo, 12 de septiembre de 2010

SECTAS

Mi querida Big-Bang:


"En el principio fue la luz" es una de mis frases favoritas del Antiguo Testamento. Ayer discutía con mis hermanos la diferencia entre los Hare Crishna y las beatas cristianas, en una de esas charlas insustanciales que nos gusta perpetrar a la familia delante de un pollo con patatas y pimientos asados ah hoc. "Si te anulan la voluntad, es secta", concluimos a los postres apresuradamente, porque la siesta entre los de mis genes es más sagrada que la luz ésa del principio y, como en el juego de las sillas, siempre hay una cama menos que aspirantes.

A lo que te iba. Pillé cama, sí, y a punto estuve de compartirla con mi hermano A., otra costumbre muy de los gitanos que hemos importado sin complejos. Pero lo de la voluntad y los gritos porculeros de mis sobrinos impidieron que durmiera, concentrada en trazar la lista de todas las sectas de las que soy partícipe y esclava, a saber: la secta del foie a la reducción de Pedro Ximénez. Ponme un plato delante y verás lo que es un gastrorgasmo de los buenos. La secta del gin-tonic, por razones obvias. La secta de los Loubutin. Esos fetiches de suela roja que toda mujer debería tener bajo la cama. Antes o después del sexo. La secta del shopping compulsivo para paliar el desamor. (De esa estoy dada de baja at the moment, pero la miro de reojo dos o tres días al mes). La secta de los poemas muertos, la de la chulería sin fuelle, la de los enemigos del adjetivo "emblemático"; la de la venganza de Don Mendo; la de los viernes de lujuria y desdén, la de adoratrices del Vogue; la del toma pan y moja, la de los devotos de Ian Mc Ewan, la de los violadores del bricolaje...y así.

Debo reconocer que de voluntad estoy justita, pero que antes muerta que arrastrándome con una sábana color azafrán musitando un mantra chungo y con la cabeza pelada. Más que de nada, soy de la secta del glamour hasta en el campamento base del Annapurna. Y de ahí no me apea ni mi idolatrado Calleja, a cuya secta de tipejillos escaladores pertenezco en calidad de socia fundadora, mal que les pese a los solemnes ésos de Al filo de lo Imposible (de lo Insoportable). Otra secta envuelta en voz de off de postín que disfraza sus miserias con grandilocuencia de héroe y banda sonora paralímpica.

sábado, 11 de septiembre de 2010

DESMEMORIADAMENTE

Mi querida Big-Bang:


Mi ordenador ha muerto y con él se ha llevado año y medio de mi memoria. Las desmemoriadas solemos confiar en la electrónica para que nos perpetúen, sin tomar conciencia de que los cables se chamuscan y entonces se ejecuta la venganza de los bytes. Lo que fuiste todo este tiempo se evapora: doscientas fotos, un arranque de novela que nunca será, tres relatos inconclusos -uno de ellos erótico muy "subidito de tono", que diría mi madre- mi carta de dimisión irrevocable, mi carta de arrepentimiento súbito, una lista estándar de la compra... Así.

Lo bueno de olvidar es que puedes reconstruirte sin problemas, en una versión distinta y más perfeccionada de ti misma. O saltar al vacío de este tiempo y volver a la vorágine de 2009. Lo malo es que es una trabajera y, además, ¿quién me garantiza que el destino no me tiene preparada una broma de las suyas que me obliga a ser Sísifo y volver a arrastrar la piedra sabiendo en qué curvas exactas me pillaré los dedos? No, no creo que sea conveniente regresar. Casi mejor haré como Gerard Depardieu en "Matrimonio de conveniencia". Una serie de fotos del pasado reconstruido con fondos chungos y sonrisas de pega. Luego añadiré una banda sonora ad hoc y, tachán, volveré a ser hoy sin elipsis inquietantes.


Apunto momentazos para la reconstrucción: 1. Las noches salvajes con I. en el Berlín Cabaret. Saliendo al alba y preguntándonos por qué a veces el tiempo pasa tan deprisa y en el asfalto no hay pistas para continuar girando. 2.San Sebastián connection con mi querida A-1. Un balneario mirando al mar y la poli registrando nuestro maletero. Dos mujeres cargadas de edredones y buenas intenciones y una botella de buen vino que descorchamos viendo La muerte de Mikel en euskera. 3.Fez y un hammán de despelote real y figurado con mi hermana y mis cuñadas. 4.Una cortina roja y mucho movimiento al son del flash. 5... Un libro, dos discos, tres libros. 6.Una habitación con vistas y un baño sin puertas...

Lo dejo antes de que me invada la nostalgia, esa compañía tan innecesaria. Voy a pensar que esto es una señal; que debo cancelar 365 días como quien cancela una cuenta bancaria con sus estractos. No quiero ver mis números rojos, el desamor, las noches en blanco, los desplantes, la furia. Todo empieza hoy, en este instante. Con un PC prestado y un relato que arranca así: "Al despertar, todo aparecía quemado, excepto el manual de instrucciones del robot de cocina. Lo cogió, lo cortó en mil pedazos y contempló cómo las llamas devoraban las últimas letras de su próxima digestión". Ahí queda eso.

jueves, 9 de septiembre de 2010

¿QUÉ ME PONGO?

Mi querida Big-Bang:


Ya sabes los cambios radicales que he dado últimamente. El más drástico es abrazar el escote palabra de honor como si fuera la última voluntad de un moribundo. A unos días de asistir a la gran fiesta del otoño madrileño chic, mi preocupación más profunda no tiene que ver con el calentamiento global ni las expulsiones nazis del país vecino, sino con la búsqueda de un look epatante, definitivo. Un tránsito a la gloria.

Mi jefa me lo tiene advertido: "cuidadito con lo que te pones, que los palabra de honor siempre dan problemas en el directo, y no estamos para escándalos". Sí, la jodía no quiere que brille con luz propia, y la excusa es que si se me cae en pleno acto (sociocultural) quitaría empaque a mi empresa y a sus moradores. Yo no es por creída, pero con los escotazos recupero un rato mi maltrecha autoestima. El problema es que si cada vez rebajo tela por arriba sin compensar por abajo la cosa empieza a parecer una emulación ordinariota de Kate Moss, mi idolatrada musa, portadora de treinta centímetros más de piernas y dos tallas menos de escote. La candidata perfecta para mis looks aspiracionales.

Consulto a mi estilista de cabecera que, como es tan maja, ha aprendido a darme la razón en todo: "Nena, deberías ponerte un vestidaco rojo sangre de pichón con unos tacones de infarto. Moderna y actual". Si ella lo dice, tengo una coartada moral y estética, aunque debería asegurarme con mi biblia Vogue de que no incurro en algún pecado de pasarela imperdonable. Con su venia, sólo tendré que elegir un bolso absurdamente pequeño donde quepan mis fármacos y el brazo de un voluntario macizo para hacer una entrada triunfal. Anoto: contratar al novio de M. para dos horas y comprarle algo a M.para que no sufra un ataque de cuernos.

Ahora que tengo el plan, ya puedo relajarme un poco. ¿Qué me pongo? es siempre una cuestión filosófica enrevesada, al mismo nivel de ¿quiénes somos? ¿a dónde vamos? o ¿por qué Mónaco celebra tres o cuatro bailes de la Rosa al año y nos hace creer que es el baile "anual"? Ahora voy a ver qué pillo en el armario, bien recatado, que una es de colegio de monjas y madre de familia.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

ANÓNIMOS FLORIDOS

Mi querida Big.Bang:


Mr, Rubidio ha vuelto por la puerta grande. No me dice que es él,pero lo sé. Sus adverbios acabados en "mente" lo delatan. Digo yo que para ser anónimo hay que currarse los anónimos. Salir del registro personal. No como mi hermano I,. que de pequeño falsificó la firma de las notas con un garabato donde ponía "mamá". Las huellas del pecado son siempre evidentes, descarnadas, pornográficas. Un hombre despechado no se para en pequeños detalles. Quiere venganza. Y no escatima en fórmulas para conseguir su objetivo.

Veamos la frase de arranque de su nota, ligeramente arrugada por la esquina, como si hubiera estado manoseándola antes de lanzarse a poner sobre y sello (sí, ha llegado por correo del de antes, lo que no negarás aporta a la situación una vitola de romanticismo. Mola tener enemigos que miran al pasado y respetan las viejas maneras. Cualquier día vendrá a por mí en un carromato con caballos y montará el lío en este barrio donde nunca pasa nada. Y saldremos en los papeles).

"Te me mueres de chunga y de redicha" es su arranque. Mal empezamos parafraseando a un difunto que escribía poemas ambiguos a su amada. Rubidio otra cosa no, pero leido es un rato, el hombre. Recuerdo una biblioteca de libros perfectamente ordenados por colores, con todas las colecciones de sus abuelos forradas en telas a conjunto y con una banda manuscrita que incluye las intenciones de cada ejemplar: para bodas, bautizos y comuniones. Para desatinos y desmelenes. Para venganzas de mujer frívola...para perpetrar crímenes sin sangre.

Un hombre es lo que su estantería muestra y lo que su mesilla de noche oculta. Pero la mesila no he tenido el placer de fisgarla, porque sólo una vez entré en su casa y no pasé por su dormitorio (vale, sí, eché un vistazo cuando él fue al baño, pero apenas me dio tiempo a comprobar que tenía edredón y cortinas estampadas a conjunto, en unos tomos magenta impropios de un pseudointelectual. Y casi me pilla levantando el borde para ver si las sábanas eran de satén rosa...)

Tras el encabezamiento, Rubi me invita a reflexionar sobre el "disparadero" en el que me encuentro "tontamente", a seleccionar mejor mis amistades y mis libros, a pasear (a su lado) "dulcemente" y a descubrir juntos las veleidades de un porvenir de vino y rosas que se alza ante nuestros ojos "asombrosamente puro y cristalino".

Rubidio, puedo asimilar que te repitas con los "mentes", pero no que seas cursi y vulgar como tú solo. Puestos a preferir, te prefiero revirado, crecido en tu ira y afilado en tus términos. Sigue detestándome, pero con buen estilo literario, y cambia de una vez esas cortinas que no son propias de un psicokiller. La policía, piénsalo, va a partirse de risa cuando vea los floripondios y de ahí a bautizarte como "el asesino del vergel" hay un paso. Tú mismo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

BYE, BYE, WOODY!!

Mi querida Big-Bang:


Woody Allen necesita urgentemente echarse a la calle y escuchar conversaciones de pareja como la siguiente, sucedida el viernes en mi presencia: Ella a él: "Si te caigo tan mal, ¿por qué estás conmigo?" Y él : "Porque... te quiero" Y ella: ¿Y, por qué me quieres? Él a ella: "Ni idea". Ella a él: "No hay más preguntas". Las parejas de real life suelen hacerse este tipo de declaraciones de amor justo antes de subirse a un taxi que las conducirá al abrigo de su salón comedor con muebles de IKEA. Las de Woody Allen suelen ser más retorcidas, más irónicas, más ácidas si toca rematar una performance para el espectador. Y sus muebles son de diseño, aunque no siempre lo parezcan.

Pues bien, Woody, lo nuestro se acabó. Finito. Mi abuela diría con buen criterio que a todo cerdo le llega su San Martín. La romántica que soy no podía resistirse a un título como "Conocerás al hombre de tus sueños", y allá que me fui, no sin antes discutir con mi madre sobre la presunta inconveniencia del hombre de los míos. "Hija, a tu edad y con tus circunstancias, tú lo que necesitas es un hombre maduro, divorciado y con hijos, para construir un proyecto...". Y yo: "¿El proyecto "Los Serrano", quieres decir? ¿Un reformatorio doméstico con adolescentes, una ex mujer revenida, tres monstruitos porculeros a los que no podré maltratar a mis anchas y, probablemente, un perro o una tortuga maloliente? Ni lo sueñes".

Rabiosa, me compré cuatro regalices rojos extralarge, y con el chute de glucosa low quality en vena procedí a entregarme a las fauces del director del clarinete. Dispuesta a perdonarle incluso la presencia de Antonio Banderas, ese hombre tan simpático como mal actor. A los 30 minutos de película ya había cambiado 18 veces de postura, cruzado piernas a babor y estribor y devorado los regalices con ansia perruna. No, la peli no me estaba gustando ni un poquito. Venga tópicos de pareja, algún chiste ingeniosillo y la sensación de que el hombre está ya más al jazz y a la china que lo escolta que a las historias virgueras. "Se ha hecho un rapidillo, el jodío", le dije a J., con ese tono sobrado de experta cinematográfica que le pone de los nervios, porque él prefiere la cosa de la reflexión y sus conjuntos. "Si, podría decirse así", contestó lacónico y amuermado, el hombre.

Entre unas cosas y otras he dormido fatal, en una pesadilla permanente sobre las parejas y las unidades familiares chungas. Y he amanecido con una determinación firme: escribiré a Woody para ponerle al día de cómo funciona el amor en real life. O el desamor, que es más mi especialidad. Admito sugerencias, y algún remedio infalible para superar que mi idolatrado Anthony Hopkins se haya convertido en cómplice de esa mamarrachada que huele a decadencia de genio pelirrojo con buen gusto para las bandas sonoras y la lencería fina. Lo que mi abuela describiría como un viejo verde.

jueves, 2 de septiembre de 2010

SCOOP Y MANICURA

Mi querida Big-Bang


Hay pocas cosas que me den más asco que ver a un hombre cortarse las uñas. Sí, tampoco me place que él sea ella, pero cuando es él y está en la parada del autobús, bajo una marquesina de cristal transparente y se saca el cortauñas sin recato, podría cometer allí mismo un hombricidio. Cortarse las uñas es tirar restos de muerte en rebanadas minúsculas que se clavan como púas de erizo. La manicura es la primera de las correcciones higiénico políticas y la menos frecuentada entre ellos, me temo. Porque ¿quién desconfía de alguien con las manos en perfecto estado de revista?

Para que no creas que he entrado en brote otoñal, te ofrezco otra prueba, en adelante número dos: el otro día estaba en mansión ajena y el tedio me llevó al cotilleo. De una sala al fondo salía el volumen de la tele a tope, y me acerqué a mirar qué había dentro. Un deporte que practico sin percatarme del estado de las cámaras de seguridad, así que en cualquier yuotube de esos podría bien aparecer un día agazapada justo antes de entrar a un cuarto prohibido, y a ver cómo se lo explico a mi público. Claro que a otras las pillaron mangando diores y chaneles en una boutique megapija y megacara y ahí están, haciendo pelis como si nada. En adelante hablaremos de wynonanismo.

Bien, la cosa es que me acerqué, abrí lo que viene siendo la persianilla veneciana y miré dentro. Allí, en la semipenumbra, sorprendí a un tipo canoso y en bañador cortándose las uñas sobre la mesa, mientras veía un capítulo revival de El coche fantástico, con su barrigota a la intemperie. El hombre pegó un respingo, tiró las uñas en una onda expansiva circular que diría que llegó hasta mí, y dibujó una inequívoca cara de terror. La misma que debí de poner yo, que murmuré unas disculpas atropelladas y puse pies en polvorosa para nunca volver. Tal y como se hacía en tiempos de Paco Lobatón.

Días después lo entendí todo. Había pillado al novio oculto de una celebrity. Un amante secuestrado en medio del oropel con la tele y el cortauñas como únicas armas arrojadizas. Sí, tenía una scoop y me quemaba entre las manos. Ahora sólo me quedaba hacer lo que dice el manual de Sálvame: llamar al ínclito y chantajearle: "o me cuentas tu affaire con fulanita o cuento que le das al cortauñas en lugares públicos, so guarro".

En esas estoy. Voy a hacer tiempo hasta perpetrar mi chantaje. Necesito una pedicura urgente y una dosis extra de determinación. Si hay que ir al territorio del cuore-gore, se va. Pero con mi rouge sangre de pichón de Elisabeth Arden impecable o, en su defecto, una cursi manicura francesa de esas que nunca levantan sospechas.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

POR EL SEXO MUDO

Mi querida Big-Bang:


Desde que tengo oficialmente una urticaria aguda y me drogo con coartada y receta médica no falsificada soy mucho más feliz. Por la noche me entrego a la ataraxia legal con un vaso de leche de esos que me provocan los picores, y por la mañana me chuto una de cortisona con un puñado de almendras letales para mis histaminas. Así ando equidistante entre la somnoliencia de la una y la excitación de la otra. y J. me recuerda con sorna que eso ya lo introdujo Woody Allen en una de sus pelis. "Venía a decir que si no tomaras ninguna de las dos pastillas te quedarías igual, nena. No eres nada original".

Las sentencias geniales están todas inventadas, me temo. Los judías norteamericanos bajitos y gafapasteros suelen acuñar un puñado de ellas al año y arrastran masas de incondicionales a las pantallas, mientras que a los mortales no nos queda otra que ensayar tímidamente con nuestros amigos un par de chascarrillos para salir airosos de las situaciones más chungas de real life.

Luego están los que hablan y hablan para no decir nada, en una maniobra de hipnosis trilera que te confunde y te deja desactivada la maquinaria de la respuesta correcta. Estos charlatanes también son fuente de inspiración para el cine y otras bellas artes, como la casquería fina (de cascar a machete, se entiende). Al final, y después de mucha observación miope, he decidido que cuando no hay nada realmente imprescindible que decir, lo mejor es quedarse callado. Creo que la palabra está sobrevalorada y que no es necesario comunicarse tando. Frases como "cariño, tenemos que hablar" han hecho mucho daño al matrimonio, mientras que de silencios onerosos están las camas llenas (y las tumbas, sí).

Porque, vamos a ver, ¿qué intenciones tenía el primero que promovió la conversación durante el sexo? Pues despistar, evidentemente. Suplir la falta de habilidad y concentración con los susurros con sujeto, verbo y predicado. Obligar a su pareja a menospreciar al orgasmo con una retahíla de frases tontas y claramente fuera de lugar, que no casan con el objetivo de la madre naturaleza. "Si follas, no converses" sería un gran eslógan, pero fijo que se me echarían encima los sexólogos más recalcitrantes y los que se han creído eso de que si no comentas las faena es como si no hubiera pasado.

Después de esta diatriba contra las palabras estoy mucho más tranquila. La cortisona y los dos Nespressos han hecho su trabajo. Ya puedo lanzarme a componer frases en prosa con rima asonante e intenciones turbias. Mándame tres o cuatro cajas de Atarax por mensajero que si sigo desparando la metralleta lo mismo empiezo a recibir anónimos amenazantes de esos colectivos que promueven la conversación con los hijos o el razonamiento con los chuchos. Qué disparate, oye!