jueves, 28 de octubre de 2010

LAS SEMILLAS DEL DIABLO

Mi querida Big-Bang,


Mi compañera y sin embargo amiga M. recibió ayer una sartén antiadherente como cohecho. Yo,por mi parte, fui agraciada con una maceta rota que incluia semillas de perejil y un saquito de tierra para plantarlas y ver pasar las horas esperando el brote (psicótico, digo yo). Que sepan las marcas que a mí se me compra fácilmente, sí, pero no tanto. Una cosa es la sartén, poco glamourosa, una invitación a regresar a la cueva doméstica. Pero otra es regresar al origen de la humanidad moderna, del hombre labrador que se desriñonaba con el azadico de piedra entre las manos. Por ahí no paso.

Vamos a ver, ¿qué tienen los que me tientan con regalos tan prometedores contra los ramos de flores, los rubís o las cartas de amor? ¿No saben que a las mujeres, incluso a las más retorcidas, se nos conquista con las viejas fórmulas de cortejo? ¿Qué vendrá después del perejil, un kit de betún y cepillo para que lustre mis Loubutin, un puzzle de Letizia y el Príncipe de 10.000 piezas o una gitanilla para poner encima del televisor? Sólo una cabeza malvada puede urdir estos desatinos envueltos en celofán.

Lo peor de todo no son las semillas, es la humillación de haber abierto la caja delante de mis compañeros. "Ohhh, esto tiene una pinta de broche de Tiffany que te cagas", dijo uno. "Al fin se han enterado de que desayunas con diamantes, nena". Y yo puse el típico gesto falso de "no creas, será un pisapapeles de opalina con mis iniciales grabadas..." Pero no. El saquito de tierra no llevaba piedras preciosas dentro, y las semillas de peregil carecen de efectos alucinógenos, así que compuse un mohín displicente y tiré el completo a la basura. Que germine el Valdemingómez.

¿Acaso no merezco que alguien intente comprar mi voluntad? ¿Es porque tengo pinta de mujer íntegra, por dios bendito? ¿No saben que no le haría ascos ni a un apartamento en Marina DÓr, un suponer? Soy fácil, facilísima. Y los únicos que parecen haber pillado el mensaje son los fabricantes de bebidas alcohólicas, que me envían de cuando en cuando una frasca de... whisky, cuando lo mío es la GI-NE-BRA.

Claudico. A partir de ahora no pienso abrir los paquetes. Los dejaré en la estantería para soñar. Quiero mantener la ilusión de que ahí afuera alguien quiere corromperme con tentadores ofertas. Adelante con la manta eléctrica de cuadros o el tendedero desplegable con pinzas a conjunto. Mi orgullo ha sido pulverizado, he entendido el mensaje. Estoy en venta, de rebajas. Al mejor postor.

miércoles, 27 de octubre de 2010

DESEO O MUERTE

Mi querida Big-Bang:


Ayer mis ñapas polacos dieron por terminado el Taj Majal (estantería de obra de mi salón, para no iniciados) y yo me he quedado vacía. Como sabes, soy muy del durante, los finales me ponen triste. Dos semanas y media de pelearme con el polvo, tropezar por los pasillos con "la herramienta", llegar a casa y oler ese tufillo inconfundible a albañil resudado, opinar sobre la esbeltez de las aristas, mantener a raya a las chukis para que no estropearan con sus manazas esa obra de la arquitectura moderna... Dos semanas en los que el eco de mi existencia estuvo relleno de baldas, tornillos y aguaplast. Y ahora...¿qué?

Imagino que es parecido a lo que sentiría Dexter el día que dejara de preparar un asesinato con descuartizamiento. Sin presa, no hay deseo. Y la ausencia de deseo mata. Esta frase no procede del congreso de sexología de mi amiga A-1, que ya le vale. La jodía llegó a nuestra cita de ayer anunciando que no hay novedades bajo las sábanas. Ni en la encimera de la cocina. "Pues podías haberte ahorrado el viaje, chitina, que aquí nos tienes ansiosas por reactivar nuestras pobres vidas sexuales".

A lo que iba. Yo deseaba una estantería y dejé que Polonia invadiera mi casa. Cada día mi deseo de ver el progreso de la obra alimentaba mi existencia. Ayer llegué y ahí estaba ella, tan blanca inmaculada, con sus baldas perfectas y ese eco que rellenarán mis best sellers de misterio gore y mi colección de Barbara Cartland en tapas rosas. Ya era mía, y ahora necesito urgentemente volver a desear. Me parece que la Iglesia, cuando inventó el matrimonio, hizo una hábil maniobra para cargarse el erotismo de la pareja: dio a la pareja todas las piezas del Taj Majal, y cuando terminaron de construirlo tuvieron hijos, para no experimentar ese vacío.

Desear o morir. Esa es la cuestión. Ser constructor eternamente. Ser amante,no esposa. Vivir un poco a salto de mata, aunque el polvo moleste y la herramienta te haga tropezar por los rincones. Y digo más: Los paquetes de tabaco deberían incorporar una frase: "la arquitectura puede matar". La obra terminada, el remate en su sitio, desatan la desazón.

Dicho lo cual me dispongo a buscar un objetivo. Una obra de tan magna envergadura que me mantenga en vilo dos o tres semanas más. Quizás un encofrado en la cocina o una mocheta en el cuarto de baño. Algo vaticanesco, con su columnata y sus estatuas de santos de escayola. Quiero polvo. Mucho polvo. Un orgasmo diario o dos, a ser posible. Y cuando todo termine, demoleré los cimientos de volveré a la carga. Y lo que el deseo ha unido, que no lo separe el hombre.

martes, 26 de octubre de 2010

LLAMA UN INSPECTOR

Mi querida Big-Bang:


Voy a ser auditada y me he pasado la noche pensado lo que debería decir para no liarla. En dos idiomas, porque mis inspectores vienen de ultramar. "My taylor is rich, the rain in Spain...". No debería estar nerviosa, desde luego, porque no tengo nada que ocultar. No por falta de ganas, sino de talento. En realidad, me gustaría ser lo suficientemente interesante como para despertar sospechas. Las espías, tradicionalmente, son misteriosas, están buenas y vuelven locos a los polis que las investigan. Y a la cinematografía clásica me remito. Quizás debería poner una caída de ojos desmayada, mirar de abajo arriba como Lady Di fingiendo insinuante timidez, o martillear los dedos contra la mesa para que sea muy palpable que no soy trigo limpio y he guardado papeles comprometidos un minuto antes de que entraran en el despacho.

Dirás que con que auditen mi equilibrio mental sería suficiente. O con que echen un vistazo a mi bolso y descubran el pastillero de metacrilato de siete pisos que me compré hace unos días, relleno de pildoracas de colores. Sí, pero sería ponérselo muy fácil. Yo lo que sueño es con que me sometan al detector de mentiras. Una prueba a la altura de mi ambición. "¿Mató usted a Roger Rabbit?" Silencio. Tensión in crescendo. "Pssssssssí. Técnicamente hablando, podría decirse que fui yo". Una está dispuesta a todo con tal de salir en los papeles. Y yo es el día.

Otra cosa es que me auditen el look. Porque ahí pienso echar el resto. Ni muy sexy, ni muy monjil. Nada de pierna ni escotazo, pero sí algún detalle para hacerles soñar. Una talla más de suti sería mi mejor aliada, pero odio los rellenos que no sean del pavo. Marcar cintura sería una buena estrategia, pero para eso debería tener cintura, que no es el caso. Cada vez que veo un capítulo de Mad Men me deprimo con esos talles de avispa y esos tobillos finos. Bien, mi estrategia debería ser otra, más en la línea de la serie V, esa de las tronkas que me comían ratones a finales de los ochenta. Hombros marcados, muslos poderosos. Pero entonces los auditores interpretarán que aspiro a robarles el puesto. O algo.

Defititivamente, tengo que parecer una frágil muchacha que esconde un as en la manga. O en el liguero. Pelín zorrilla, pero no tonta. Fácil, pero no facilona. Miope, pero no presbítica. Voy a repasar el método Stanislavski para bordar mi actuación. Quitaré el Cuore de mi mesa y pondré a Zygmun Bauman para que los inspectores crean que suelo pensar en la modernidad líquida en mis ratos de máxima concentración. Y si veo que no despierto su interés, siempre puedo fingir un ataque epiléptico o un desmayo a lo Scarlett O´Hara. A ver qué tal se les da la auditoría del fingimiento.

lunes, 25 de octubre de 2010

LUNES, AL CONGELADOR

Mi querida Big-Bang;


Asegura un estudio que los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres. Hasta ahí, todo bien. Hay muchos. Pero añade que nosotras somos más de amagar y no dar. De montar el clásico numerito del frasco de pastillacas y calcular la dosis justa para quedarnos en un limbo con retorno. Puro efectismo. Y te preguntarás cuándo sucede la intentona. Pues no los lunes, como cabría esperar, sino los viernes por la noche o, en su defecto, los domingos.

Ya te digo yo que si quisiera quitarme de enmedio lo haría un lunes. No sólo para fastidiar la estadística, sino porque es un día-shock donde las aceras de mi mente no están puestas. Y mira que soy muy de fingir que en realidad es miércoles, y hasta apunto mis citas ese día para crearme confusión, pero el cuerpo se resiste al truco chungo y me pide algo más elaborado, prestidigitación de la buena. Imposible, es lunes.

No en vano mis mejores amigas eligen los domingos para congelar al enemigo. Para los ajenos a las ciencias ocultas, que no es mi caso, se trata de apuntar en un papelito el nombre de alquien molesto y condenarlo así a un mal de ojo sustanciado entre la bolsa de guisantes congelados y la merluza Findus, mismamente. No falla. Lo mismo vale para un amante que pudo ser que para una ex cuñada que no debió haber sido. A siete grados bajo cero la vida es un lunes permanente que no hay helado Haagen Dasz que resuelva.

Crionizarse o morir, es es mi proclama de lunes. Quiero desaparecerme e invito a mis peores enemigos a apuntar mi nombre en un papel y meterlo en el congelador. Eso sí, preferiblemente un no frost de diseño con vistas al foie. Y un bis a bis cada martes,

domingo, 24 de octubre de 2010

MISS ORGASMO O EL ESPASMO

Mi querida Big-Bang;


Mi querida A-1 acaba de volver de un congreso sobre sexo y desde este momento la considero mi gurú. Miss Orgasmo. Ya mismo estoy organizando un encuentro en casa, a los pies de mi flamante estantería Taj Majal, para que nos ilumine con novedades, posturas truculentas y juguetes que incorporen música de lady Gaga a la vibración, o algo así.

El sexo, lo que tiene, es que es muy aspiracional y mecánico. Tú te miras una porno y puedes reducirla a cuatro o cinco cómodos pasos (tocar, chupar, meter, sacar, jadear) , como la Thermomix (5,7, 9), pero cuando te pones a ello te sale pelín amateur, sobreactuado, o directamente te da la risa floja y se evapora la libido. Así le pasó a mi amiga C, que se compró para animar su pobre existencia sexo-matrimonial unas esposas con peluchete bicolor incorporado y un gel efecto frío-calor que convertiría los orgasmos de ambos en una secuencia de "Alarido".

"Para empezar, las esposas se quedaron bloqueadas y casi me gangrenan la muñeca -relata ella- así que mi marido me echó un buen chorro de gel para lograr que salieran, sin dejar de contonearse con el kit de tanga leopardo a conjunto con muñequeras para ponerme cachondilla. Y entonces empecé a tiritar por el efecto frío y se me congelaron las pasiones". Huelga decir que esa pareja ha vuelto al método tradicional.

Sin duda, Miss Orgasmo no va a escatimar en demostraciones prácticas. Si le pedimos el molinete, nos lo hará, porque la mujer es complaciente y flexible como ella sola. Y se toma muy en serio lo de la docencia erótica. Tanto, que escribió una película sobre la materia y desde entonces los viejos han vuelto a follar (con perdón) sin culpa.

Aunque están los que prefieren el cine para inspirarse, y puedo aportar mis pruebas como observadora desde el front row. El azar ha querido que J. viva justo encima de una de las pocas salas X que quedan en Madrid. Con títulos molones e imaginativos del tipo "Conejitas viciosas y otras cosas del meter". En principio, la ubicación del cine era un problema, porque los taxistas me miran distinto cuando les digo que paren "justo donde los cines ésos". Pero a la larga el lugar nos ha deparado no pocas satisfaciones. Bajamos a la calle y echamos el rato observando a los hombres que salen del lugar con paso apresurado. E imaginamos un negocio con pingües beneficios a base de chantajes. O, en su defecto, una sala porno con cine fórum donde Miss Orgasmo haría las delicias del público y,ahora sí, regalaríamos a la salida unas esposas con peluchete bicolor bien engrasadas y un ejemplar firmado de nuestro libro "El orgasmo como espasmo". ¿A que mola?

sábado, 23 de octubre de 2010

ESPOSA POR UN DÍA

Mi querida Big-Bang;


Cuando ya se me había olvidado la extraña sensación de ser una familia convencional, con su padre, sus hijos y su restaurante de cabecera los viernes por la noche, ayer reviví la sensación por unas horas. Para empezar, si llegas con marido (o ex marido, en su defecto) el camarero te recibe de otro modo. Con respeto. Sabe que está delante de una estructura inquebrantable, un grupo organizado que no dudará en defenderse si la lechuga viene con bicho o el borde de la hamburguesa está requemado. Además, las otras familias te miran con cierta complacencia de clase. Sois un conjunto armónico con sus señas de identidad bien a la vista. Si además el presunto marido es guapo y lleva sus iniciales cosidas en la camisa impecable, pasan por alto que la Chuki macho se haya puesto su camiseta roída de los Simpson y la otra vaya de lobita Camp Rock y prácticamente te hacen la ola.

Como sabes, una de mis patologías más severas es el extrañamiento y la falta de pertenencia a grupos. Es entrar en uno y comenzar a sentir picores, a sospechar del líder, a tener accesos de rebeldía súbita, a cuestionar sus normas y a beberme su mueble bar. De ahí que J. prefiera no presentarme a sus amigos grupales. Los míos me toleran y entienden mis desapariciones, lo que llaman el "síndrome Houdini". La rubia anda perdida entre sus mechas es el santo y seña. Mi hermana, que es muy zorrilla, dice que cuando paso un mes sin llamar es que algo sucede. "Esta vez es que Polonia ha invadido mi casa", le explico. "Ahhhh, ya", hace un mohín, y entonces le hablo de mis albañiles Wojtilas y reconstruyo el lazo familiar con una larga charla entre martillazos.

La cosa es que añoche fui una familia tradicional con todos sus accesorios. La charla a la adolescente furibunda, a dos voces, fue una revelación. La evidencia de que ser part time bruja es mucho más molón que serlo full time. Es más, si la autoridad masculina ejerce de tal, y además lleva letras disuasorias cosidas al pecho, la femenina asume de inmediato el rol molón. Puede ser un poco Mercedes Alcántara, que diría mi hermano, y sólo me faltó un buen cardado para bordar el papel.

Después de cena con postre que pagó el macho dominante de la manada, nos echamos a la calle bien contentos y con una chuki cada del hombro cada uno. El epítome de los buenos tiempos. La exaltación de la familia que reza unida. Si no fuera un espejismo mañana domingo levantaría a las chitinas para que se vistieran a conjunto y fuéramos a misa de once. Aunque, casi no, que lo mismo me entran sofocos con tanta gente hablando a la vez y me tiro en plancheta al sagrario a por el moscatel dulce. Muy poco de esposa, francamente.

viernes, 22 de octubre de 2010

MUJER BLANCA Y ASOCIAL BUSCA AMIGOS

Mi querida Big Bang:


Habiendo agotado mis capacidades sociales y granjeado enemigos hasta en la boutique de Gucci, que ya es difícil si no eres Victoria Beckham, me dispongo a lanzar un mensaje al más allá para calmar esta desazón con un grupo nuevo, a saber: Se buscan hombres (y mujeres) con capacidad para practicar la equidistancia moral y el desasosiego teórico. No preciso aclarar en qué consisten ambas cualidades, pero sí que se valorarán aquellas voces que añadan matices a los chungos discursos dominantes, que incluso los pulvericen. Gente que mire transversal, no frecuente los clubs deportivos los domingos ni practique yoga con sus accesorios (comer tofu con hierbas y amar a los perros más que a las personas). Mujeres que no sean madres militantes y hombres que ejerzan de padres a la salida del colegio.

Digo yo que si el fundador de Facebook consiguió crear la red siendo feo y asperge -o así lo pinta la película- muy mal se nos tiene que dar para no aglutinar a un grupo de insatisfechos, pero no amargados; enganchados a las pastillacas, pero no yonkis; amantes de las palabras y del gin tonic en la misma medida. Enemigos de los lugares comunes, el metro en hora punta y las onomatopeyas. Practicantes del buen sexo como quiera que sea. Un punto desmemoriados, frívolos de 4 a 7, militantes de la risa, mejor del descojone, madrugadores (esto es por adecuar nuestros biorritmos, que contra las aves nocturnas no tengo prejuicios), desacoplados, malditos, exaltados, impolíticamente correctos.

Abstenerse los seres esdrújulos y conniventes, los que aseguran levantando la nariz que jamás leen una revista del corazón, las chicas que buscan "conversaciones de chicas", los que te ven con tacones altos y te sueltan una teoría sobre la dominación de los tiempos modernos, los tardones y melindrosos, los trascendentes solemnes, los frikis disfrazados de normales, las suegras y sus hordas fúnebres.

Ya seguiré otro día, que veo que con tanta precisión voy a recibir una avalancha de voluntarios cifrada entre dos y tres. Bien mirado, lo mismo no doy la talla para mi propio club, pero ya introduciré una letra pequeña eximente, que para eso soy moralmente equidistante...

jueves, 21 de octubre de 2010

PARIDAD CON P, DE PAJÍN

Mi querida Big-Bang:


Desde que ayer supe que Leire Pajín había conseguido la ansiada cartera negra (y aprovecho para hacer un llamamiento a Hermés, que bien podría mejorar su diseño y calidad), ando planeando mi exilio. Y no será porque no me he intentado desprejuiciar. No pienso decir como otros que la mujer no ha hecho casi nada reseñable salvo ser la diputada más joven en el Parlamento en su día, predecir el alineamiento astral de Obama y Zapatero, vestir acrílico y desconjuntado y lavarse el pelo lo justo. No, yo tampoco soy de ésas que hacen juegos fáciles con el apellido de la nueva ministra de Sanidad, sin duda merecedora de éste y otros reconocimientos más elevados, incluyendo la canonización en la plaza de San Pedro, sección ateos.

A lo que te iba. Siguiendo con mi repentino ramalazo feminista, ayer celebré con las chukis la entronización del nuevo ejecutivo, explicándoles lo importante que es la paridad: "Chitinas, se trata de nombrar mujeres para igualarnos en número a los hombres en los puestos de trabajo". A lo que ellas respondieron; "Y si son tontas como Marta Cid Rivera (compañera lerda a la que nombraremos por ser menor de edad) ¿también les dan el trabajo?". Pues...a veces. Pero se trata de una situación forzada hasta que se imponga la normalidad paritaria. "O sea, hasta que tontos y tontas se igualen", resolvió la chunga adolescente,y le metí un trozo XXL de tortilla de patata para cerrarle la bocaza.

Creo que el cemento en polvo que invade mis casa me está afectando a las meninges. Mis queridos albañiles polacos -ambos hombres, debería haber sido paritaria- me muestran cada día con orgullo los avances en la construcción de una estantería que sin duda debería exhibirse en alguna muestra de alcance astral, o sea, pajinesco. La cosa es que yo quería un nicho para mis libros; un rapidillo de baldas alineadas como Obama y Zapatero. Y me están haciendo el Taj Majal, a juzgar por lo que dura y por la grandiosidad de los sacos de yeso que se reparten peligrosamente cerca de mis stilettos y las pellicas heredadas de mi abuela. Vivo en el polvo, y tampoco haré el juego fácil, pero con estos lodos he tenido que reajustar la dosis de sustancias porque me altero más de lo normal.


Eso sí, en homenaje a Pajín y a todas esas mujeres que se han ganado el puesto con el sudor de su frente, pienso extender la paridad a mi librería: ordenaré los libros según el sexo del escritor y si -dios no lo quiera- me salen más autores que autoras, quemaré los excedentes masculinos en una pira vindicativa hasta que el humo de la igualdad invada mi casa y las tropas polacas se batan en retirada con sus polvos y su testosterona.

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿FEMINISTA YO?

Mi querida Big-Bang;


Vuelven en forma de anónimo los reproches de ese prócer de la mala leche que es Rubidio. Considera su excelencia que me falta poso cultural y algunos ripios de altura. Que yo, que terminé aíta de revistas para mujeres, debería ser un poco más feminista y un poco menos radical. Piensa que si defiendo a los hombres sometidos al maltrato de sus ex es porque me gustan más que a un tonto una tiza, y no pienso pararme a pensar si algo tiene de razón. La realidad es que no puedo con las tías que chupan la sangre a quien quisieron en nombre de no sé qué pacto secular llamado matrimonio (o paternidad común)

Veamos, ¿debe alguien (y aquí hago un ejercicio de corrección política del carajo, Rubidio, tronko) mantener a quien fue su pareja por la eternidad, también llamada la mayoría de edad de unos hijos que antes eran 18 años y ahora ronda la treintena? ¿Hay que ponerle un piso a quien ya no se ama y regalarle un sueldo Nescafé y algún que otro viaje vacacional al Caribe? Sí, ya sé que me voy a granjear la enemistad de muchas mujeres pero, chicas, como orgullosa divorciada que soy no puedo soportar ciertos relatos de terror a costa de hombres que no pueden ni viajar al Caribe ni pagar un alquiler porque esa mujer a la que amaron (y prácticamente odian a estas alturas) extiende la mano cada mes y no hace demasiados esfuerzos por ganarse su dinero, la jodía.

Así que asumo de entrada los insultos y la befa de muchas, pero invito a la reflexión desmayada habida cuenta de la hora: ¿Es feminismo prolongar los efectos de un sentimiento que se fue y pagarlo con el talonario? ¿Puede utilizarse al hijo como rehén para vivir de las subvenciones en lugar de pelearse en el mercado, como hacemos todas/os? ¿Cómo ser feminista y defenderlo cuando ahí fuera algunas que conozco y salen a manifestarse llevan años chupando de un bote que ya no lleva su nombre?

Y aquí paro, porque lo mismo las hordas se suman a Mr Rubidio y me avasallan cuando salga del portal. Anoche cené poco y me he levantado reivindicativa. Quiero que todas tengamos un sueldo Nescafé y un macizo en ultramar pero, lo siento, no a costa de nadie. Si alguien quiere mantenerme, adelante. Juro que firmaré un papel que lo exima del compromiso el día en que, sentada al otro lado del sofá, levante la vista y me encuentre a un extraño con rasgos físicos vagamente familiares. No pienso convertirme en la cobradora del frac.

martes, 19 de octubre de 2010

DE CAMAS Y NICHOS

Mi querida Big-Bang:


Lo peor que te puede pasar es quedarte en casa con trancazo y albañiles golpeando con furia las paredes. Si fuera mi querido U., diría eso de "se me está revolviendo el cromosoma gay". Pero como no lo soy, diré que necesito unas lentejas y un búnker de titanio. O, en su defecto, una habitación del pánico con todos sus extras tecnológicos y grandes dosis de paracetamol en vena.

Aviso que la neurona febril es torpe y lerda como ella sola, y que me tienta meterme en la cama, si no fuera porque está deshecha como si me hubiera peleado con un troll. Uno de los debates más interesantes en los que he participado últimamente versaba sobre la cama y sus hechuras. ¿Edredón nórdico sin sábana o con sábana? Dos modernas que frecuento reconocieron que lo que les mola es la clásica cama de hotel con sábana y manta bien tirantes, en la que una vez que entras eres como Tutankamon en su ataúd. "No te mueves y resudas a conciencia. Amaneces petrificada y sales reptando boca arriba. El disparate del placer", argumenta B.

Pero placer y cama-sepulcro no van unidos. No para E. Rubia, sexy y defensora de lo suyo, que celebró su cumpleaños en un parador bien rancio que es también mi favorito: "A mi novio y a mí nos dieron una habitación con dos camitas juntas, con las sábanas tan tiesas que se rompían. Una vez dentro él me dijo: gordi, ¿puedo meterme un ratito en la tuya?. Ni hablar! La cama se comparte, pero el nicho es absolutamente privado".

Dicho lo cual y dada mi escasa brillantez, procedo a tirarme en el nórdico sin extras egipcios. La mortaja, si eso, la dejo para otro día, y a los albañiles voy a comunicartes por escrito que tengo una enfermedad infecto contagiosa y un oído de tísica tal, que puedo entrar en brote como peguen un solo golpe más en las paredes. Y como perseveren les mando al troll y la lía parda.

domingo, 17 de octubre de 2010

A PRIORI, NO

Mi querida Big-Bang:


Ella iba en el tren contándole a alguien que su novio la había dejado por teléfono. Mi amiga M.escuchaba atentamente, suponemos que como el resto del vagón: "Y entonces, él me dijo:¿pero no te habías dado cuenta de que lo nuestro no funcionaba". Y yo respondí; "pues, a priori, no".

Yo también plantaría a una pareja que me dijera "a priori, no". Como plantaría a quien añadiera a sus frases la coletilla "como digo yo". Me parece que el tipo fue sumamente compasivo explicándole a la Srta. Priori los motivos de su decisión. Porque fijo que Priori es de las que dice que un edificio es "emblemático" y está convencida de que un plato de lentejas pasadas es una deconstrucción. De esas que se empeñan en explicarte el cuadro cuando vas a una exposición, y me atrevería a aventurar que viste el ñoño twin-set sin estar tan buena como Betsy, la maciza desquiciado/contenida de Mad Men.

Puestos a montar un pollo de pareja, a priori me parece mucho más interesante hacerlo por una serie de televisión. ¿Es mejor The Wire o Mad Men?. Al menos eso te garantiza una buena trama para el desamor. 50 minutos de glorioso guión donde jamás tendría cabida el siguiente fragmento de conversación de Miss Priori, que mi querida M. se apresuró a registrar: "Y entonces yo le dije: dame tu dirección, que te mandaré los dos libros que tienes en mi casa. Y él me dijo: ¿ah, es que no nos vamos a volver a ver nunca más? Y yo le respondí: pues a priori, no".

Creo que urge que alguien escriba guiones para la ruptura. Ya es hora de superar los clásicos "No sos vos, soy yo", o "hemos evolucionado por caminos separados", el "tú a Boston, yo a California" o "no hay terceras personas, cariño". Cuando las fórmulas se agotan los rituales se quedan huérfanos. Así sucedió en los funerales, cuando esa frase que me rechifla de "siempre se llevan a los mejores" empezó a parecer una ironía chunga. O cuando el "cuídamela, no sabes lo que te llevas" del padre de la novia se entendió en sentido estricto y literal.

De manera que voy a dedicar mi domingo a inventar maneras de romper sin coletillas ni lugares comunes. No se me ocurre una forma más constructiva para que en el AVE no te rompan los tímpanos con vulgaridad en sensurround. Al menos, a priori.

viernes, 15 de octubre de 2010

ATRAPADA EN EL TIEMPO

Mi querida Big-Bang;


Me dispongo a viajar a marmotas´day con la ilusión de la primera vez. Bien mirado, el premio literario en sí es lo de menos. Lo de más es que se cumpla el ritual y la marmota salga de su guarida ante la mirada asombrada de Bill Murray y con esa musiquilla ligera, como de desfile de pueblo, que escucho y me da la risa. Ser Murray un día al año es excitante. Un tipo despejado y con cara de estar dispuesto a dejarse engañar si el timador lo hace con inteligencia mola mucho. Si además se aloja en un hotel con huéspedes delirantes que siempre hablan del tiempo, visten como para ir de boda de provincias y el mueble bar está bien dotado, no veo una sola grieta para que el plan no sea perfecto.

Esta vez, eso sí, introduciré pequeños cambios en el protocolo, con la esperanza de que eso no impida que suene el despertador a su hora y todo vuelva a suceder. Al taconazo de la noche le seguirá el zapato plano rompepistas que, total, la madrugada a todos nos confunde y M. y yo somos dos señoras incombustibles, sí, pero con los pies muy trabajados. El año pasado, o tal vez fue ayer, nos arrastramos como dos perdidas por las calles de Barcelona al día siguiente, nuestros pies como barcazas vietnamitas, y los del Proyecto Hombre salieron a nuestro encuentro para meternos con sus tipejillos yonkises por la fuerza.

No, esta vez no. Mi Bill Murray siempre lleva una bala extra en la recámara y esta vez el botiquín de urgencia se parece al de Contador. Un inocente filete con sustancias convertirá la noche en un frenesí radical, en un "nisientonipadezco" del carajo. Y el despertar va a ser la prolongación de la marmota, a saber: desayunaré con esa escritora pechugona y vivaracha que me contará su vida sexual al detalle mientras ataca un cruasán con ansia. Un señor calvo, viejuno y con cara de televisor se acercará a M. y dejará caer el dorso de su mano por la mejilla de mi amiga, mientras le habla muy bajito al oído y yo le fulmino con la mirada. Después de zampar bollos como si no hubiera un mañana, y tratar de componer una conversación inteligente como si fuera la chica de ayer, saldremos muy dignas a tomar las calles hasta elegir un restaurante de playa donde poder dormir sentadas sin que se nos note. Y así todo se cumplirá como en un sueño.

Te dejo ya, que debo prepararme para mi salto en el tiempo. Si te cruzas conmigo finge que no me has visto. O échame la misma bronca de siempre como le pasa al querido Murray justo después de tropezar con el escalón. Por mi parte, tropezaré con esa alfombra roja a la que me lanzo por costumbre, y por costumbre un vigilante macizo se me acercará y me dirá en voz baja: "señora, por aquí no, esto es para personalidades". La frase, marmotiana, es la señal para lanzarme con M. a por la primera copa espirituosa de la noche. Y después, querido Bill, seguiré el guión con obediencia soviética (antes de la Perestroika, claro). Es casi la hora. El día de la Marmota ha llegado. ¡Qué felicidad!

jueves, 14 de octubre de 2010

CREACCIONISMO

Mi querida Big-Bang:


Ayer en el cole le preguntaron a mi adolescente furibunda si creía que Dios había creado el mundo. Ella, poniendo esa cara de perdonarte la vida que borda, respondió: "no hombre, no, que fue el Big-Bang". Y el cura se encogió de hombros y pasó a la siguiente.

De todas las historias del Antiguo Testamento la de la creación me parece la más grande. Es normal que si quieres dar idea de tu poderío saques la varita y te marques un cielo por aquí y un hombre en taparrabos por allá. Mark Twain lo hizo y el resultado fue su delicioso y breve "Diario de Adán y Eva". Luego llegaron Álex y Cristina, aquellos lánguidos de los últimos ochenta, y lo intentaron con esa memez que decía "hago chas y aparezco a tu lado". No, chicos, no, si queréis hacer chas como mínimo os tenéis que llamar yahvé y crear un zoo, no un teletransporte chungo.

"En el principio fue un diván y una desequilibrada con ínfulas", podríamos decir. Ser el primero, aunque sea en una neurosis, tiene algo de épica. El que se inventó el gotelé, mismamente, puede estar orgulloso. Cada vez que viene un albañil a casa me advierte de que echará "la gota", que es algo parecido al diluvio universal, pero en lugar de ahogar bichos se ahogan los fundamentos estéticos más elementales. Pero ahí sigue la gota, acaparando titulares,mientras que el estuco veneciano se bate en retirada.

El gremio de la construcción puede estar orgulloso.Es un auténtico precursor y, sin embargo, no aparece en el relato bíblico de los siete días, cuando necesariamente tuvo que estar allí y hacer sus enconfrados, sus rozas o dar de llana con "la herramienta". Porque un albañil siempre hablará de sus paletas, de sus mazos, en femenino singular,por algún motivo caballeresco que se me escapa. O quizás porque no tienen una Eva que llevarse a la boca.


Y hablando de Eva, tentadora y amiga de las serpientes estejerales. ¿Provocó la pobre mujer el cataclismo que dio lugar a esa mega explosión del universo? ¿Pudo una simple manzana concitar a los masters del universo para hacer estallar el mundo previo al Antiguo Testamento,a las creencias y a las adolescentes respondonas que a la que te descuidas te sueltan en la mesa, antes del postre: "Tú creer, lo que se dice creer, no crees mucho, ¿verdad?" Qué jodía! No sabe que mis agujeros negros son una forma de buscar explicaciones al caos que montó un tipo empeñado en hacernos creer que en siete días es posible montar un jardín con todos su extras de serie y poner a un tipo bien tonto a correr alrededor de una tronka en pelotas dispuesta a perderlo todo por una fruta insípida. Qué mal rematadas están algunas historias, oye!

martes, 12 de octubre de 2010

LYCRA Y ZARZUELA

Mi querida Big-Bang:


Los días de fiesta a las familias de ciudad les da por salir en familia. Si el padre se pone el chándal, échate a temblar. Pero si la madre va a conjunto, tómate la cicuta. La familia que va de sport unida, permanece unida. En casa puede que se tiren lq olla exprés a la cabeza, pero una vez que cruzan el umbral del portal, todos en chándal, son una fuerza indestructible. Un arma letal encabezado indefectiblemente por un niño que se llama Cristian (el Cristian) y se dirige a sus progenitores como mama y papa (léase mámaaaaa y páaaaaapa)

Lo que la lycra ha unido, que no lo separe el hombre,podría decirse. En casa el uniforme de paño siempre tuvo mucho predicamento. En los setenta, tal día como el de la Hispanidad, mi padre nos llevaba a ver el desfile de las Fuerzas Armadas o, aún peor, lo ponía en la tele a todo trapo y nos llamaba al grito de "ar". Tanta corneta, tanta bota bruñida y tanta testosterona al ritmo del paso de la oca nos ponía locos y ese día no se discutía en casa. Éramos una familia de uniforme que rozaba el paroxismo cuando salía la cabra con el himno de la legión. Y mi padre, directamente, levitaba, sientiéndose el comandante en jefe de aquella familia española que no necesitaba el chándal ni la bendición de alimentos a la mesa para fardar de grupo cohesionado.

Con esa tara y la Zarzuela a tope los domingos he tenido que vivir, y aquí me tienes. La buena noticia es que no frecuento el chándal, pero aún me salta un resorte cuando me sobrevuela un caza o suenan los acordes de don Hilarión. Me costó años, lo sabes, cambiar "Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid" por el desgarro de Violeta en "Ámame Alfredooooo", pero al fin lo he conseguido. Y juro que no volveré a cuadrarme ante las tropas de asalto aunque mi padre se empeñe. Antes, fíjate tú, me pongo en chándal para ir al supermercado.

lunes, 11 de octubre de 2010

MUJER MEJILLÓN, MUJER SALMOREJO

Mi querida Big-Bang:


Me pide mi autor favorito que le envíe la receta del salmorejo. No sabe con quién se las está jugando. "Verás, yo cada vez lo hago de una forma, con proporciones variadas en función de mi despensa y estado de ánimo, y siempre olvido algún ingrediente". El resultado es un puro milagro si se parece a esa pasta suave y anaranjada que es un gazpacho venido a más y que, paradójicamente, lleva menos elementos.

Con las personas pasa lo mismo. Las hay estilo gazpacho, picantes y con propensión al exceso de vinagre, o estilo salmorejo, suaves pero tan contundentes por el plus de aceite virgen extra que tardas en digerirlas varias horas. Algunas se te presentan con toda su guarnición y de muchas te quedarías únicamente con el picadillo de jamón y huevo. Así, la cocina no es más que una representación de la vida con evidente sabor antropológico y un Almax cerca para las digestiones pesadas.

Pero el juego puede plantearse a la inversa. Dos mujeres avanzan por los pasillos solitarios de un supermercado abierto hasta el emanecer pero sin vampiros a la vista. Es de noche y la primera elige cuidadosamente dos bandejas de frutas frescas y limpias y una barra de pan con cereales. La segunda, sin dudarlo, se lanza a la lata de mejillones en escabeche, al queso más cremoso y a la barra de pan caliente y desintegral. ¿Cuál de las dos es más equilibrada? ¿Cuál se habrá pasado la noche digiriendo los mejillones rabiosos que, en su ansiedad, eligió mal y llevaban una salsa picante del demonio? ¿Es la mujer mejillón un epítome de los tiempos modernos devoradores? ¿No debería tomar ejemplo de la mujer manzana, que habrá dormido como un bebé sin los jugos alterados y con la conciencia tranquila?

De acuerdo, te lo he puesto muy fácil. Estarás pensando que la mujer mejillón es una amante precipitada que busca el placer inmediato, una negociadora que va al grano y no se detiene en cortar los cuadraditos de guarnición del gazpacho, sino que te tiende un pepino y te invita a morderlo sin más. Los hierbas lo llaman exceso de yang. Mientras que la mujer manzana, sin duda ying, se parará en los preámbulos y te hará sentir que eres el ser más importante del planeta, postergando su placer para una explosión dual, casi tántrica.

Lo dejo ya, que a esta disquisición le falta altura intelectual y le sobran ajo y tomate. Hoy no pienso devorar grasas trans ni picantes. Eso sí, lo mismo me da por el dulce. Debo aplacar mi yang con chocolate o yemas azucaradas o el día será un puro volcán en erupción contra el que todos los antiácidos del mundo parecerán inútiles. Mándame, si eso, una caja de manzanas para decorar el despacho de buenas intenciones. Y déjame ya, que la mujer salmorejo que me habita debe recordar la fórmula de la que está hecha y enviarla bien lejos...

sábado, 9 de octubre de 2010

OTOÑO ADOLESCENTE

Mi querida Big-Bang;

Me despierto lenta de movimientos. El último manifiesto contra la vulgaridad es papel mojado, pero una mañana de lluvia gris predispone para la reclusión forzosa y el pensamiento vago. O para decidir que si no muevo los muebles del salón o tiro la mitad de la ropa de mi armario entraré en un shock por sobredosis de ruido espacial y el no puente del Pilar será un desastre.

Tenías razón cuando me advertiste que cuando me diera por cambiarlo todo duplicara la dosis de Atarax. Necesito algo más que un cambio de estación para recuperar las 70 pulsaciones. Puedo cambiar de peluquera, de convicciones, de perfume o de sucursal bancaria, pero sospecho que seguiría desazonada y otoñal. Como el perro de Paulov, oigo llover y deseo echarme a la calle a empapar mis intenciones, pero una fuerza aún mayor me impulsa a tomar al asalto cajones y maleteros. ¿Qué hacer?

El día de mi boda le dio por llover. Los goterones taladraban un velo de tul convencional sobre la melena convencional de una novia decidida a ser convencional. El día que compré la última casa llovía tanto que tuve que pararme antes de llegar al notario. El coche no arrancó después. La casa fue mía, de milagro. El día que mi amiga M. nos convocó a una excursión por el río Purón fue el diluvio universal, y me dio un ataque de risa que sólo silencié atiborrándome del delicioso cocido montañés que nos había preparado. El día que fui a ver la función "Rain" de un circo llamado Eloize casi lloro ante la emoción de un espectáculo total, sin ruido ni artificios solares, que terminaba con una espesa cortina de lluvia sobre el escenario y nuestras almas sobrecogidas.

Convengamos que la lluvia no tiene nada de inocente. Decidamos mojarnos sin salir de casa o echarnos a las aceras a chapotear desafiando al otoño y sus cambios de humor adolescente. Y dupliquemos la dosis de sustancias, de café con leche humeante y de periódico con noticias pasadas por agua. Empapadas y sobresaltantes.

viernes, 8 de octubre de 2010

PEZ MANTEQUILLA

Mi querida Big-Bang,


Cuando una pareja deja de llamarse por el nombre es que el sexo ha desaparecido de sus vidas. Pero cuando una pareja se sienta en el mismo lado de una mesa, escorado él hacia un lado y sin cruzar palabra, es que ya han entrado en coma. Si encima esto tiene lugar en un restaurante japonés, donde los platos se comparten y los palillos son potenciales armas de destrucción, hay que entonar un réquiem y llamar al camarero para que recoja los restos humanos disueltos en pez mantequilla.

Naturalmente, mi teoría no tiene nada de científica. Pero anoche, una vez más, el desvelo social me condujo a la cultura y, dos gin tonics mediante, terminé observando a una pareja de maduritos con sashimi que se ignoraban con tal olímpico desdén que J. prefirió concentrarse en mirarlos que en darme conversación. Como me sigue llamando por el nombre, le dejé hacer. Eso, sí, le dije, o retransmites la jugada o me piro.

Cuando una pareja prefiere mirar la devastación de otra a sus propias inmundicias, es que todo va bien. Diríase que la preja que escruta unida, permanece unida. Si encima tú pides el plato equivocado y él el más apetecible, y no hace muecas cuando tus palillos sobrevuelan su atún rojo, las probabilidades de éxito se disparan. Ellos, los maduros chungos, andaban distraídos cuando J. me retransmitió: "Ahora llega la hija con su marido. El clásico repeinado aparente con el culo ancho que no sabe que la gomina se agotó como recurso en los noventa". Y sí, allí estaban los GEOs que iban a rescatar a los maduros de una batalla campal con mucha soja.

Nuestro trabajo de espionaje acababa de comenzar, pero mi sopa miso se había terminado, y los segundos tiritaban en sus platos. Había que buscar una coartada para seguir estudiando la decrepitud del amor. Un sake, y otro, y un tercero. Añadiré que la observación en pareja borrachos es aún más apasionante. A lo que ves, a lo que imaginas, se unen las visiones. Una suerte de delirium tremens donde te entra la risa floja y consigues que tus espiados se den la vuelta y, por fin, tengan un tema de conversación: ¿qué hacen la de las mechas y el melenitas luchando con los palillos como Luke Skywalker y Dar Vader en la batalla final?

Huelga decir que aquello terminó como el rosario de la aurora. Los guays -nosotros- salimos tropezando por el pasillo sin dejar de mirar al cuarteto, que nos criticaba, relajados por fin al tener un tema en común y una misión en la vida.

Y entonces él se volvió hacia ella y la llamó Pilar.

miércoles, 6 de octubre de 2010

DESENCUENTROS

Mi querida Big-Bang:


No hay nada más humillante que encontrarte en la calle con una pija conocida el día que vas hecha un asco y tus chukis en su línea. Una suele mantener el palmito por todo lo alto de lunes a viernes y en el territorio comanche de la oficina, pero el sábado amanece casual y no se planta el chándal porque sería descenderr al último de los círculos de Dante, pero se queda ahí ahí. Con un desmadejamiento tal que saca del armario esas prendas de algodón con pelotillas que se adaptan a u cuerpo como garrapatas tiernas. Y sin darse una repasadita de fond di teint sale a la calle siendo otra.


Entonces sucede. Aparece la pija. La misma con la que te encuentras en los fastos palaciegos de canapé y gin tonic desmemoriado. Ella, aunque es sábado, lleva look impoluto de lunes: modelazo de Prada falsamente casual, el rimmel en su sitio, un bolso a desconjunto con las botas -la descoordinación es un arte que dominan las pijas- y, lo que es peor, dos niñas rubias peinadas con tiralíneas y vestidas de boutique baby Dior que miran a las tuyas con menosprecio infantil.

-Hooooola, vives por aquí?, no lo sabía! , saluda la pija echando una rápida visual de arriba abajo, y sin decidirse por hacer el stop en la sudadera de bolas o en los jeans con agujeros. "Pues síiii, he bajado con mis hijas -chukis es ordinario, dadas las circunstancias- para hacer un poco de deporte", miento cual bellaca. "Nosotras vamos a comer a casa de los abuelitos, que es de las del final, de las grandes. ¿En cuál vives tú?"

Lo siguiente es un interrogatorio donde la pregunta menos chunga es a qué colegio llevo a mis fieras. Esas que pasan de las clones con tirabuzones de sus hijas y, horreur, llevan (ambas) manchas en sus respectivas camisetas favoritas. Lo del colegio no es un tema baladí. Es el equivalente a preguntar cuántos Azzaros cuelgan en tu armario. Un indicio de clase. Y pobre de ti como la respuesta sea: "un concertado de la zona". Ahí la pija se pone nerviosa, hace un mohín con un "ahhhhh" y engancha a las cursis de sus rubias como si las tuyas fueran portadoras del virus del concierto. Ese que portan los chungos que van a colegios otrora privados y hoy aptos incluso para el inmigrante.

No, ni un bolso de Saint Laurent puede sofocar la ira que te embarga. Porque encima la pija lleva las mechas a punto, como si un ejército de enanos se las arreglara por la noche, mientras duerme en su residencia privada que en realidad es como la tuya pero con más pretensiones. Así que a estas alturas del encuentro sólo cabe una retirada digna diciendo alguna barbaridad. Mi favorita: "chica, te dejo que me voy a recoger a mi novio, reponedor del Día de la esquina, y luego nos vamos a ver al abuelito a la cárcel de Alcalá Meco, que el hombre está en prisión preventiva por afanar bolsos".

Las chukis me secundan con orgullo de hijas con manchas y, tras dejar a la pija en shock, regresamos a casa y me propongo tirar a la basura mis jeans y mis pelotillas. O mira, lo mismo no.

martes, 5 de octubre de 2010

MEDIOCRIDAD

Mi querida Big-Bang:


Muy mal se nos tiene que dar para no cagarla estrepitosamente. El dedo tonto me hace mandar sms sin ton ni son. Así es como he despertado hoy a J., que debe estar jurando en arameo contra mi estirpe porque no hay nada más molesto que un pitido de teléfono en la madrugada que no va acompañado de una noticia bomba. Mi sms decía sólo "Así...", y el hombre ha estado cavilando si era el principio de "así que pasen 20 años", "así se las ponían a Felipe II" o "Así damos por saco las rubias de bote cuando la madrugada nos sorprende sin ideas deluxe".

Y eso que mi último pensamiento de anoche giró en torno a un tema sesudo: la mediocridad. La culpa la tuvieron unos amigos con los que compartí dim-sum, pollo a los cinco perfúmenes (o algo así) y salsa agripicante para contaminar un país entero. El motivo, discutir sobre política, después del resultado de las primarias del PSOE nos parecía un asunto apasionante y nada baladí. Pero con comida picante el tono sólo podía ser ardiente: "ODIO LA MEDIOCRIDAD", dije a modo de speech introductorio, y mi amigo D,. que es un tipo cabal, me dio la razón mirando de reojo el sillín de mi bici, que siempre me llevo a los sitios para que los cacos no me afanen mi mediocre medio de transporte.

Y a lo que vamos. Una cosa nos llevó a la otra. ¿Dónde está la grandeza de los políticos? ¿es necesario un momento épico para que se concite a los talentos? ¿por qué los seres anodinos se visten con siglas diversas y se tiran a gobernar Parla como si fueran Sócrates y sus peripatéticos? ¿Hay que defender a un candidato porque proceda de un barrio obrero?¿o porque no haya robado, presuntamente?

"Tú lo que eres es una pija de barrio elitista", concluyó mi querido R. "Y tú un artista que se siente etiquetado como obrero.Pues que sepas que yo trabajo, y mucho, y encima voy subida a un transporte que no contamina, y ese candidato es un tipejillo". La vehemencia me estaba poniendo violenta, y el siguiente paso era negar la democracia y proponer un golpe de estado perpetrado por sabios sin tentaciones crematísticas. Y así lo hice: "Con lo bien que estaríamos en una dictadura del saber donde se prohibiera el uso del adjetivo emblemático y las botas altas de corsario". Dicho lo cual me metí un dim sum a la boca con tal énfasis que casi me ahogo.

Por la noche el tipejillo hablaba en la radio. Estaba exhultante con su victoria y practicaba el buenrollismo universal. Sin variar el tono echaba balones fuera a las preguntas venenosas y metía pullitas contra la que será su rival, si Parla no lo abduce de aquí a un año. Me temo que me quedé dormida entre sus brazos porque he despertado con un fuerte ardor de estómago y una convicción.La política mediocre y la comida agripicante de los chinos son claramente incompatibles. Pero los amigos con los que se discute sin que la sangre llegue al río, una bendición del cielo. O del infierno.

domingo, 3 de octubre de 2010

VIAJES DEL INMUERTO

Mi querida Big-Bang;


El menosprecio ciega mis ojos, como el humo. Observo que las noticias sobre viejos se desarrollan desde la mirada condescendiente y paternalista del redactor de turno. A la tercera edad se le pregunta con el mismo tono naif que a los niños idiotas, y se les saca bailando o haciendo el indio para que la pieza quede según un estandar social, ese que los convierte en payasos que cobran una pensión cutre, se lían en los viajes del Imserso y ven la telenovela de las tardes para matar el rato antes de que el tiempo los mate a ellos.


Mi abuela se cabreaba como una mona cuando alguien se dirigía a ella como ; "abuela". Ponía cara de perro y respondía; "oiga, joven, yo soy abuela de mis nietos" (y añadía "y va a bailar el chotis con ese viejo asqueroso su madre") Con un carácter del demonio, una cuenta corriente a prueba de balas y casi cien kilos en sus mejores épocas, la yaya dejaba muerto a cualquiera que osara reducirla a un estereotipo cerrado y muy poco matizable.

Pero iba más allá. Si se nos cruzaba un señor mayor vestido con coquetería, soltaba un "Mira ese viejo, qué se creerá!.Y si se cruzaba con Nievitas, la gorda del barrio, hablaba de su obesidad como si la cosa no fuera con ella. Porque mi abuela, además de no entrar en el cajón de los viejos, se negaba a entrar en el de los gordos o en cualquier otro cajón con etiqueta.

De lo que se deduce que para escapar de la condescendencia hay que tener carácter -lo que se viene llamando mala leche- dinero y muchas arrobas envueltas en faja de Christian Dior. De lo contrario te subirán a un autobús, te darán un bocata de chorizo del chungo y, a la que te descuides, estarás en una manifestación contra Zapatero o contra los sindicatos, con suerte. O, mucho peor, cantando "qué buenos son, los padres capuchinos, que buenos son, que nos llevan de excursión".

Dirás que a qué viene esta diatriba dominguera. Pues a que he decidido el tipo de vieja que quiero ser. El otro día se lo comenté a mi amigo J, que trabaja en el ladrillo: "Quiero que construyas una residencia muy fashion con un estricto derecho de admisión". El hombre, que es listo como él solo, me dijo que los viejos son muy elitistas entre sí. "Vamos, unos hijos de puta, para entendernos", fueron sus palabras, y que a nada que te descuides te desintegran del grupo. Luego, sí, se echan un baile y corren como fieras a esquilmar el buffet libre de los viajes del Imserso.

Como ser vieja no entra en mis planes, he decidido crear la agencia de viajes del IMMUERTO, para "la Tercera Gravedad". Esa que no lleva dentaduras postizas móviles ni se carda el pelo en la peluquería los terceros martes de cada mes. Ni pringa con los nietos ni cocina para las vagas de las nueras. Sólo desafía el último día con un ímpuetu tal, que de salir en las noticias, lo haría en la sección fenómenos paranormales, haciendo un corte de mangas a esos que pretenden matarlos en vida, sin encargar siquiera un responso por sus almas.