martes, 30 de noviembre de 2010

ESAS CUÑADAS...

Mi querida Boig-Bang;


A partir de los cuarenta una querría que la quisieran por su cuerpo. Lo de la inteligencia, el gracejo,la vida interior y la realización personal está muy bien, sí, pero ya han tenido sus momentos de gloria reivindicativa. Ahora lo aspiracional es estar muy buena y que te idolatren. No me he dado un golpe en la cabeza,es que últimamente he dado con dos o tres hombres enamorados de sendas mujeres a las que tienen en un altar más ornamentado que el de la Esperanza Macarena. Los tres, añadiré, les sacan a ellas no menos de 20 años. Y los tres son asquerosamente ricos.

Con esos mimbres se tejen historias de amor cuyo escenario bien podría ser un escaparate con nuevo bolso de Gucci que ella contempla y, tras un leve movimiento de pestañas, él se apresura a regalar. A mí, que ningún hombre me ha regalado un Gucci, se me ponen los dientes largos y me invade un pensamiento tiñoso: "cómpraselo, sí, que de aquí a quince días te va a romper el corazón con uno de treinta, pobre y asquerosamente castigador". Envidia cochina.

Se lo cuento a las mujeres de mi familia, con las que viajo a la vieja Europa y me dan la razón. La nunca demasiado vilipendiada figura de la cuñada chunga no ha lugar. Nos adoramos y lo que más nos entretiene a mi hermana y a mí son los piques entre ellas para dirimir cuál de mis hermanos es más perfecto:

-El mío es recogidito pero bien proporcionado. Y tiene pensamientos profundos.
-Querrás decir retorcidos, bonita.
-Pues el tuyo es ancho de caderas y con el culo gordo, por si no te has dado cuenta...

Este tipo de charlas filosóficas son la consecuencia de dormir en una pensión de estudiantes encantadora, con camitas de 80 cm y un relieve de muelles que se te clavan en la pelvis y dibujan el mapa a escala de los Cárpatos. Pasar del Gucci (ajeno) y la suite parisina al lumpen de Oporto me pone en mi lugar, sí, pero si he de volver a los estándares de los 18 quiero que sea con el pack completo.

Un vino de Oporto en la Ribera es la promesa de una cálida cogorza y el escaparate perfecto para contemplar hombres. Las casadas del grupo (o sea, todas menos yo) suspiran por los guapos y luego se santiguan muy falsas, ellas. Yo asumo el papel de maestra de ceremonias y voy señalando a los macizos, en un casting etílico muy reconfortante: "a las 12 en punto, chicas, el de barba con los perros". Y así pasan las horas, mientras cruzo sms con J. preguntándole: "¿Me idolatras?", y el responde: "Con fervor, pero deja ya de drinkar, bonita, que te vas a caer al río". Mi siguiente pregunta es: "¿Dónde está mi Gucci?". Silencio.

A partir de los 40 cada viaje es una lasca más profunda en el cabecero de tu cama. Una promesa de detener el tiempo maravillándote por el prodigio de un retablo barroco o la pura levitación ante un polvo (pulpo en portugués) asado con patatas. El placer de experimentar se parece mucho, digo yo, a la idolatría. O al menos así quiero verlo hasta que un hombre se apresure a regalarme un bolso cuando me quede boba delante de un cristal, a orillas de un río caudaloso y romántico y con música de fado, a ser posible.

jueves, 25 de noviembre de 2010

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS


Mi querida Big-Bang;


A Rubidio le parece fatal que mientras Irlanda quema sus naves, o sea, sus bancos, yo ande por París quemando las suelas de mis zapatos. El hombre es partidario de la sobriedad como gesto puramente estético, pero no sabe que la grandeur consiste en encender todas las luces navideñas sin recato en noviembre y hacer que la Torre Eiffel dispare chispazos que pueden verse a kilómetros de distancia. Oh, la la!

Si yo viviera en París, sería altiva como Carla Bruni y arrogante como su marido. No se puede tener un boulevard Saint Germain en vano ni unos macarrons que, aunque se pasen de glucosa, luzcan tan bonitos en la mesa a la hora de los postres. En francés no se pide rescate a la zona euro porque no está en el vocabulario de la revolución, y los escaparates de lujo de la place Vendome te invitan a soñar con diamantes. Tú eres una mezcla entre Audry y Lady Di, y lo llevas al extremo de entrar en el Ritz sólo para atravesar la célebre puerta giratoria emulando a la difunta, que en gloria esté. "Te falta poner cara de chunga pecadora", me advierten. "Y un moro millonario que me adore con desesperación, no te...", añado jocosilla.

Descuida, que este afrancesamiento se me pasará rapidito. Ya conoces mi inconsistencia y además la prensa extranjera habla de España en términos catastróficos. Ser de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España) y leerlo en titulares te pone rápidamente en tu sitio. Eres una cerda y los franceses que te acompañan en el ascensor que sube a su torre gloriosa lo saben. Diría que arrugan la nariz, y se preguntan si vas a poder pagar la cuenta de ese restaurante megacaro y megapijo que corona unos hierros perfectos que miran majestuosos  al Campo de Marte. Ver París y después morir.

Hala, te dejo antes de despertar del sueño. No me recuerdes que en realidad soy una sansculotte de ésas. Quiero mi porción de gloria pasada por los Eliseos y una suite de por vida con mayordomo que me haga mucho la pelota. En unas horas pongo rumbo a Oporto y Cenicienta comprobará que el carruaje era una enorme calabaza. Eso sí, en lugar del príncipe me esperan las chicas de mi familia y un hotel pensión tres chic que va a arrepentirse de alojar a cinco PIGS desaforadas y con barra libre. Esto sí que es la vie en rose!

lunes, 22 de noviembre de 2010

SIN PATRIA NO HAY PARAÍSO



Mi querida Big-Bang;


Por más que lo intento,no consigo enardecerme con mi patria.  Mira que lo he intentado, siguiendo tus instrucciones.  Pero lo de poner el himno nacional a tope tres veces al día no da más resultado que la contraonfesiva de mi adolescente con Miley Cyrus. Si además mi periódico más afín le da seis páginas de entrevista a Zapatero, mi urticaria se dispara porque atisbo maniobras para maquillar su evidente debilidad de líder con complejos y sin idiomas. Es triste, pero lo más parecido al sentimiento de pertenencia a la tierra lo encontré ayer en un desfile de ecuatorianos con virgen al hombro por el centro de Madrid.

El problema añadido de ser del centro es que no tienes una feria de Abril ni un salto de la verja al estilo Huelva para arrebatarte. Ni siquiera la cosa esa de los castellets que tanto les mola a los catalanes o el aurreku vasco, bailecillo de trote triste y desganado. Si eres de Madrid tienes que cargar con el topicazo de acoger a todos con sus vírgenes y sus floclores, pero sin participar, que es como estar en una fiesta en la que todos se han agarrado una cogorza y tú los contemplas en una esquina con tu vaso de Mirinda entre las manos. 

Al menos si has nacido en tierra de nacionalismos tienes mucho ganado:o estás a favor, o estás en contra. Y con esa dualidad puedes ir tirando sin plantearte este vacío existencial capitalino. A falta de un sentimiento más profundo, terminas encariñándote con las zanjas de Gallardón, con las luces navideñas de la calle de Alcalá  y con el escaparate luminoso de la tienda Telefónica, que ya es triste. 

Así las cosas, mi plan de exilio voluntario avanza implacable como una partida de Risk. Necesito desesperadamente sentir que mola ser española. Que tiene un valor añadido. Ya no aspiro al orgullo, pero sí a la satisfacción. Advierto que no me valen los políticos, ni esos intelectuales que no existen o no se manifiestan, ni los artistas (casualmente mis favoritos viven fuera). Puedo prescindir del sol, de la paella y de todos los topicazos y lugares comunes que sacamos a pasear para chulearnos cuando hay visitas. Prefiero la nostalgia que el aborrecimiento. La ensoñación melancólica que este desazonante aburrimiento que me aqueja. 

Hasta que llegue el momento de poner pies en polvorosa, declaro que mi patria es mi despensa; el olor a chotillo de las chukis a la vuelta del colegio. Un Bloody Mary de tarde y el café cargado de cada madrugada. Mi amiga A. cuando me pide que me manifieste, que "me estoy desdibujando"; mis tres calvos, mi hermana  y sus proles; Mi armario zapatero y cierto jersey con pelotillas que no tiro. Y el amor como una montaña rusa con vaivenes y loopings de alto riesgo. Quiero una patria ya. Y estoy dispuesta a todo para conseguirlo.


domingo, 21 de noviembre de 2010

EN TU LIENZO ME COLÉ


Mi querida Big-Bang;


El otro día me colé en el museo del Prado. Como esas chungas que se acercan a la taquilla como el que no quiere la cosa y cuando tú te despistas pegan un quiebro y ya están dentro. Sí, fui una cutre y en mi pecado llevo mi penitencia, pero la mediocridad circundante me pedía un chute de arte carnívoro, y la sola visión de la megacola dando la vuelta al edificio me puso los pelos de punta.

Me colé, y lo peor es que no me arrepiento ni un poquito. Cuando uno es tan civilizado debe transgredir las normas de urbanidad dos o tres veces al mes, a saber; pisar el césped de algún jardín, tirar un papel al suelo en la Puerta del Sol o eructar en un bar muy trendy donde sólo van modernos impecables falsamente disfrazados de alternativos.

Rubens estaba allí, esperándome con las fauces abiertas, pero la vigilante de la sala me miraba raro. "Ahora es cuando le comunican por el walkie-talkie  que la de las mechas se ha colado y ella viene, me pone las esposas y salimos en el Telediario", pensé entre las Tres Gracias y la Adoración de los Reyes Magos. Las pulsaciones no bajaban de noventa y apenas podía concentrarme en esas composiciones magníficas de cuerpos. Unos escorzos imposibles que el tipo hacía por encargo de los reyes y al parecer le pagaban (es sabido que la realeza tiene a olvidarse la chequera en palacio). Y esas manos perfectas que agarran, tocan, señalan o esconden, en un gesto tan contundente que corres peligro de olvidarte del resto del cuadro.

El arte es mucho mejor que el Lexatín y que el Atarax juntos. Si es tan potente produce un efecto hipnótico que sólo se rompe cuando un señor viejuno y extranjero del primer mundo se planta delante de ti obsesionado por ver el lienzo aún más cerca, y entonces tú te adelantas y lo tapas a él en un baile absurdo que termina haciendo uno de los dos equilibrios en el cordón de seguridad. Si sobreviene el pitido entonces el arte se convierte en performance y a ti te echan del museo. Una humillación semejante a que te pillen colándote, pero más escandalosa.

Ahora que me he colado con éxito,pienso perfeccionar mi estilo. Me colaré en bodas, bautizos y reuniones de vecinos. Tengo que ser la antisistema que no fui cuando me tocaba por edad y circunstancias. Y que no se despisten en el Thyssen que lo mismo hoy afano uno de esos jardines impresionistas que crecen al sol nublado de este noviembre. No hay nada tan excitante como haber cometido un delito sin que te pillen. Je, je...


viernes, 19 de noviembre de 2010

CLÍMAX Y VOTOS

Mi querida Big-Bang;


Desde que los políticos han descubierto el orgasmo como gancho de campaña, el placer anda devaluado. Ayer me desperté con unos sobresaltantes jadeos -femeninos, claro- y hoy con otros en La menor. Y ningunos eran míos, así que algo de envidia tiñosa debo reconocer. A estas alturas de la vida he aprendido a no emponzoñarme por el orgasmo ajeno, pero que vaya seguido de la cortina musical de un partido político es mucho más de lo que una puede soportar.

Dime cómo alcanzas el clímax y te diré cómo eres. A los socialistas catalanes les va el suspiro in crescendo, hasta rozar el alarido, imagino que para neutralizar el efecto somnífero de un candidato gris marengo. El PP, más recatado, es sin duda de orgasmo contenido y con matices de culpabilidad. Los curas, ya se sabe, llevan siglos haciendo su campaña antierotismo y eso no se olvida fácilmente. El orgasmo de CIU está por ver, pero ateniéndonos al candidato, guapo y arrogante ma non troppo, ha de ser más un maullido sin grandes sacudidas finales. Elegante como una sinfonía de Dvorak. La izquierda radical, por el contrario, se corre sin banda sonora original porque ellos son rebeldes y antisistema sexual.

Con tanto jadeo around the world, a los votantes se les están quitando las ganas de follar, con perdón. No hay nada menos erótico quue el pansexualismo, el exceso de estímulos. Es como visitar el museo del sexo de Amsterdam. Tanto falo, tanta foto explícita y tanta perversión en látex acaban convirtiendo tu mirada en la de un ornitorrincólogo, o así. Y cuando la ciencia se hace dueña del placer, la libido sale por la ventana.

Lo dejo, que los vecinos de al lado están en plena faena y creo que por fin voy a averiguar a quién votan. Sólo de pensarlo me entra una excitación intelectual del carajo...

jueves, 18 de noviembre de 2010

BULLYING


Mi querida Big-Bang:


Las "populares" del cole de mis chukis esperan en la puerta a las "freakis" y las insultan a gritos. Luego, aún insatisfechas, las llaman por teléfono con voz amenazante y les susurran los mismos insultos, con una crueldad impropia de los 14 años.  El poder se gesta en los patios, entre balones a portería y mochilas tiradas por el suelo. La víctima esa noche se queda sin dormir, y al día siguiente vuelve al cole con el miedo tiritándole en las rodillas.

Permíteme la perogrullada de decir que vivimos en la selva. Una selva aparentemente más limpia donde no está permitido fumar pero sí que los adolescentes se maten, siempre que no sea a puñetazos. La violencia con sangre ya no pasa la censura, pero la otra campa a sus anchas por los Twentis, los SMS y las cámaras de fotos de los móviles.  Y aquí termina mi corrección política porque ayer la pobre víctima de las "populares" ésas llamó a casa y me dijo que había estado en el psicólogo. No le pregunté por qué, pero me lo puedo imaginar. Te aseguro que estrangularía con mis propias manos a esas tipejillas de uniforme que la acosan.

El poder tiene sus códigos y marca su territorio como los perros. Ayer, en un restaurante, entró un tipo famoso por sus pufos. Avanzó entre las estrechuras de las mesas como si dispusiera de la M-30 para moverse, se detuvo, me lanzó una mirada depredadora, saludó a mi acompañante y mostró con tres o cuatro gestos quién era el (puto) amo, con perdón. Iba con su abogado,  un héroe de real life que ha conseguido que no lo metan en la cárcel. Seguramente ahí fuera hay tanta gente que le odia como que querría pegarle una paliza y dejarlo humillado en la acera.

Somos lo que fuimos en el patio del colegio. Lo dijo alguien un día y no puedo estar más de acuerdo. El eterno segundón, el relamido inoperante, el fanfarrón sin contenido, el inadaptado social, el bufón, el torpe con mocos... A una cierta edad nos expulsan de ese microclima y entonces empieza el juego de la crueldad en una liga mucho más chunga. 

Como creo recordar que en el patio fui una especie de justiciera, no sé si podré evitar plantarme hoy a la puerta del colegio de las chukis y enganchar a esas populares de los pelos hasta dejarlas calvas.  Y que den las gracias porque en estos tiempos no se llevan los nuchakus, que si no llamaría a mis amigos con ficha policial para que les metieran miedo del bueno. 

Porque esa crueldad no tiene defensor del menor posible que la defienda. Es depurada y siniestra. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA LIGA DE LA CARNE PRIETA

Mi querida Big-Bang;


Me temo que ha llegado el momento. Cuando las mujeres al encontrarnos empezamos a decir eso de "qué estupenda estás, pareces mucho más joveeeennn. Y delgadísima!" en un acto de peloteo extraordinario y obsceno (porque por lo general somos unas perracas) es que nos estamos haciendo mayores. La lucha contra el tiempo se libra en un espejo donde siempre hay otra mujer que no es la madrastra de Blancanieves, sino la proyección de tus deseos y tus temores  en otra.

Si encima la otra es la ex de un alto cargo político, tiene 10 años más que tú y no se le ven las cicatrices del quirófano, la escena resulta bochornosa. "Cömo es posible que tengas ese cuerpo después de cinco embarazos?" fue el tema central de la sesuda conversación que mantuvimos mientras los flashes nos rodeaban con cierto temor a interrumpir el azúcar glass del momentazo. "Tres, mujer, tres, que a los dos pequeños los compramos en Rusia"...

A cierta edad, insisto,  te asalta una especie de buenrollismo general hacia las otras, sí, siempre que sean coetáneas o mayores que tú. Las rivalidades se diluyen en apariencia, y brota una corriente de solidaridad femenina de la que poco o nada se ha ocupado la literatura universal. Tú sabes, como la otra, el desaliento que sucede al hallazgo de la pérdida del óvalo de la cara, de la curva del talle (las que hayan tenido de eso) y de la orografía del perfil,  y entonces sucede que te empiezas a vestir de mamarracha o de putón verbenero, si procede, para agotar los últimos instantes soñando con Dorian Grey.

De ahí que haya decidido no despellejar jamás a las mujeres que se disfrazan de lo que querrian ver en el espejo. En adelante me centraré en las Kate Moss y en las Scarlett Johanson, que son unas asquerosas convencidas del triunfo de la eternidad. La liga de la carne prieta es en adelante mi enemiga. Y hago un llamamiento a las cuarentonas estupendas para unas jornadas de elogio y refutación de la vida interior, que ya toca.  Para motivaros, os diré que habrá Tupper-bottox y efebos a lo Ashton Kutcher sirviéndonos las copas y fingiendo que nos desean locamente.  

Y se espera la visita de Mefistófeles in person con contratos para la que quiera vender su alma allí mismo.


martes, 16 de noviembre de 2010

TIPOS DE HOMBRE

Mi querida Big-Bang;


El mundo de la cultura es gafapastero. Y hasta ahí no descubro nada. Hace unos días M y yo asistimos a la entrega de un premio literario en un bar de moda que, como somos tan noctámbulas y modernícolas, no habíamos pisado con nuestros tacones en la vida. Nada más llegar, echamos la visual consabida de cazadoras profesionales a los hombres y, enjaretándonos el primer gin-fizz de la noche, soltamos la evidencia: "chitina, esta es la noche de los clones; melenita falsamente descuidada, gafapasta y barba de dos días a tutiplén. Estamos, sin duda, ante seres mensáticos, con cocientes intelectuales estratosféricos". Psicobolches con pedigrí.

El psicobolche, a su vez, se ramifica según lo que se haya gastado en su look -algunos no bajan de los 500 eurazos- y el tiempo dedicado presuntamente a su aseo personal -algunos llevan los consejos medioambientales sobre el uso (jamás el abuso) del detergente hasta sus últimas consecuencias-. Vamos, que se lavan lo justito porque es bien sabido que la sabiduría anda reñida con los tensioacivos

Luego está el modelo cultural-folk. El novio de una de mis amigas, que me tiene amenazada de muerte si doy pistas, es el ejemplo perfecto: "Odio esas terribles camisas color teja tres tallas más grandes y por fuera, que se le mueven como el botafumeiro. Y esas sisas...". El folkero es un tipo muy afecto a los tonos ocres, del beige sucio al caqui, pasando por el mostaza, ese color que te mata aunque te llames Clooney. Además. suele tener mucho pelo en cabeza y cuerpo y se niega a ir a las bodas vestido de traje.

El pijo también tiene pelo, pero sólo en la cabeza. Podría parecer que su melena lo acerca al psicobolche, pero no, porque cada pelo está en su sitio, gobernado por una onda que mueve después de cada trepidante afirmación: "oye, a mí no me vas a hacer un reportaje, guapa. Yo sólo pongo el culo por mi negocio" es lo que le soltó uno de estos especímenes a M. en otra fiesta, hace apenas unas noches. La fiesta de las sisas prietas, podríamos decir, porque al pijo jamás le pillarás en un renuncio en lo tocante a su camisa: planchada, de más de 120 euros y ajustada al cuerpo sin llegar a marcar vena.

"En esa fiesta estábamos fuera de lugar, y mira que nos habíamos arregado a conciencia", me cuenta G., uno de nuestros enviados especiales. "Creo que el problema fueron mis Converse". Sí, las citadas zapatillas son pijas, pero si tú no lo eres emites unas ondas invisibles al mundo entero salvo a los pijos verdaderos, que arrugan la nariz ipso facto.

Para terminar y sin haber agotado una lista que podría llevarnos a la extenuación, está el hombre casual: Jamás ha leído un ejemplar de la revista Gentleman ni falta que le hace.Va de algodón, compra ofertas y tiene debilidad por el chándal en casa y las bermudas en verano. Como tengo tres ejemplares en mi familia, diré con orgullo que amo al casual porque jamás tarda más que yo en arreglarse. Cuando el casual está casado con una de la tribu del "blusóncamisón" (término glorioso y acuñado por un ejemplar casual-sapiens, que define a las mamarrachas que llevamos camisas de sisa retorcida, tacones de Torquemada y bolsos imposibles) aprende maneras y se viste ad hoc, pero siempre deja un detalle, su seña de identidad.

"El otro día P. se puso unos jeans azuloscurocasinegro con una camiseta guay y deportivas vintage negras....¡con calcetines blancos, a los Michael Jackson!", cuenta la del blusón, muerta de risa porque no podría soportar a uno de la tribu de la sisa prieta y a conjunto.

Para finalizar, un estracto de mi conversación con cierto personaje de la crónica social al que llamé para felicitarle por su avanzado cumpleaños: "Yo sólo aspiro a seguir haciéndome mayor sin traicionar tres premisas: jamás ponerme un chándal, tener siempre una blazer a mano y llevar los zapatos muy muy limpios".

Pues eso.

lunes, 15 de noviembre de 2010

TE QUIERO, NO TE QUIERO

Mi querida Big-Bang;



Decir te quiero está muy sobrevalorado en real life. Y diría más, se ha convertido en metralla peligrosa. Dos palabras de disuasión masiva que te dejan en pelotas, a la intemperie, incapaz de defenderte. Los padres modernos solemos decírselo a diario a nuestros hijos, al estilo de las películas de Hollywood, porque a nosotros nadie nos lo dijo de pequeños y arrastramos grandes traumas por ello, en una maniobra de compensación póstuma que podría provocar incalculables consecuencias en las criaturas, expuestas a esa sobredosis de amor pret a porter.

Como bien sabe mi querida A.1, que lo plasmó en un memorable guión con Goya, el discurso del maltrato de pareja está repleto de fórmulas amorosas. Te quiero, te mato. Pero no vayas a pensar que me he metido un chute de demagogia barata. Simplemente me parece que lo mismo estamos desgastando la fórmula y la utilizamos como licencia para matar: "Ya sabes que te quiero, y por eso te clavo una daga hasta el corazón, my darling". No, no, y no.

Mi amiga M. es una mujer sobria en sus expresiones. Hace más de 20 años arrastra entre mis íntimas de la universidad una consolidada fama de borde que ella misma inauguró cierto día, en clase, todas rodendo a un esperpento llamado Eduardo (aquí sí, con todas las letras). En un momento de silencio, M. pronunció alto y claro: "Eduardo, la bragueta". Nada menos que el pico de la camisa le asomaba triunfante por la cremallera del pantalón, y el hombre aún va a terapia de la vergüenza que pasó.

Pues bien, el otro día M. nos escribió uno de sus mails, en su reconocido estilo, directo,contenido, sin adjetivación suplérflua ni palabras vacías. Un amigo suyo estaba en riesgo de muerte por una lesión grave de corazón, sin antecedentes ni preaviso. Al final del mail, M. nos decía: "chicas, os quiero". A mí se me saltaron las lágrimas, sospecho que a las demás también.

Así que sí,quiero que me digan que me quieren, pero no tontamente, ni gratis. Prefiero las pruebas, el empirismo sentimental, no el latiguillo fácil al final de la frase, ocomo preámbulo de la putada que vendrá .

P.D. De un tiempo a esta parte mi padre, cuando me llama desde su exilio voluntario, termina la frase con un "te quiero, hija"algo postizo, pero muy sentido.El hombre cuelga entonces de inmediato, como avergonzado. Y así...

domingo, 14 de noviembre de 2010

ETERNO (Y SOSPECHOSO) FEMENINO

Mi querida Big-Bang,


Hay adjetivos que los carga el diablo. Levantan suspicacias de inmediato. Por ejemplo, "femenino". Si a una directora de cine le achacan que su obra es muy "femenina", suele revolverse. Mola más que te llamen "la Scorsese de Fuenlabrada", un suponer. En el caso de las escritoras, las hay que montan un pollo de consideración al identificar el comentario con cierta condesdendencia de la crítica, pero se quedaron calladas como muertas aquellos años en los que algunas se hicieron un hueco en el mercado catapultadas con la etiqueta de marras y sin excesivos méritos añadidos.

Como yo no tengo personalidad, vida interior ni postura definida al respecto,tiro del diccionario de la RAE, que también es femenino en sí:

Femenino/a: Propio de mujeres.
2. adj. Perteneciente o relativo a ellas. 3. adj. Que posee los rasgos propios de la feminidad.4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para ser fecundado.5. adj. Perteneciente o relativo a este ser.6. adj. Débil, endeble.

Y ahora, a lo que vamos. Situación. Cena con una pareja adorable de amigos. Divertidos, inteligentes, dispuestos a saltar de tema en tema al ritmo trepidante de los palillos chinos. Una pareja de años sin desgaste aparente ni ripios consolidados y aburridos. De repente, él osa decir que lo que escribo es "femenino".

-¿Femeninoooo? salta ella, ¿qué quieres decir?
-Pues eso, que ella se fija en detalles como lo hacéis las mujeres. Que tiene una mirada femenina.
-¡No estoy de acuerdo en absoluto!

Lo que sigue es una discusión sobre lo que nos ocupa. Y si no he pegado ojo esta noche no será porque no hice el gesto femenino de endosarme una pastillaca ni calzarme el antifaz. Que soy débil y endeble es evidente. Si no, no estaría aquí tumbada exhibiendo mis vergüenzas como otras exhiben el canalillo (bravo, si lo tuviera yo haría lo mismo). Nací sin talle fino y mis andares son más propios de la legión que de una señorita al estilo Mad Men, para entenderlos. Pero soy superfemenina, ateniéndonos al tópico, porque se me da superbien despellejar a mis congéneres, hacerme la mosquita muerta cuando me conviene y dejar que me cambie un hombre la rueda pinchada, si procede.

A más a más, desde que la Sección Femenina dejó de existir, las mujeres hemos perdido el patrón que nos hacía más interesentes. El hecho diferencial. Yo quiero ser femenina. Lo necesito desesperadamente y mi J., que tiene su lado ídem bien desarrollado, responde a mi súplica con un lacónico "nena, tú tienes más testosterona que un ejército de camioneros colapsando la M-30".

Lo dejo aquí, que me está sobreviniendo una jaqueca del carajo y me hace ilusión, porque al parecer es muy femenino. Cuando se me pase, ensayaré la tabla de la femeneidad con disciplina olímpica e invitaré a mis congéneres a un apasionado debate sobre el tema, con café y pastas. Buen domingo, chicas!

sábado, 13 de noviembre de 2010

INTRAMUNDOS

Mi querida Big-Bang:


Hay conversaciones "de taxista" (políticochusqueras, por lo general) y taxistas con sorpresa. El otro día cogí un taxi que no llevaba sintonizado a don César Vidal, como es de rigor, sino un programa de ciencia ficción sobre los intramundos que se ocultan en los polos. Al parecer, se cree que la NASA ha ocultado la evidencia de vidas dentro de la corteza de la tierra. Como el tipo que lo relataba no era Iker Jiménez, que suele estar sobreactuado, le presté cierta atención, hasta que de repente el taxista gritó: "¡qué alucine, si esto lo he soñado yo el otro día, se lo juro. Soñé con intramundos habitados por hormigas!".

-"Ah, sí, curioso..."(es lo que te sale cuando crees que una vez más te has subido al taxi de un pirado sin medicar)

-"Se lo juro. Y sé que era mi sueño, no el de otro, porque yo tengo mi propia teoría sobre la utilidad potencial de las hormigas".

O le preguntaba en ese momento por su teoría o el tipo me la iba a contar de todos modos, así que procedí, para dar gusto al hombre.

-"Veras, las hormigas tienen sólo cuatro neuronas, de manera que si las programamos para que anden en línea recta podrían construirse los túneles gratis. Sólo habría que ejecutar las obras con tiempo, claro, porque son bichos lentos, aunque nobles. Fijo que han sido ellas las que han penetrado en el inframundo de los polos".

-"Fijo", respondí, porque es sabido que a los taxistas hay que darles siempre la razón, o te llevan a un descampado (leyenda urbana de los tiempos del colegio de monjas, donde aún había descampados y tipos con malas intenciones y gabardina).

Me faltó el pelo de un calvo para preguntarle por uno de mis grandes temazos: el chupacabras. Un ser diabólico que te saca la sangre después de hipnotizarte, y que ha sido visto en tierras colombianas. Lo paranormal mola mucho más que la política, o puede que la política forme parte ya de los sucesos paranormales. De ahí que el mundo del taxi, moderno y actual, haya decidido explorar otras vías.

Tengo que reconocer que me dio pena llegar a casa, y al tipo también. Se sentía la mar de comprendido y notó que estaba ante su minuto de oro para explayarse. Yo, que me apunto a todas las obsesiones circundantes, llevo toda la noche soñando con intramundos y con hormigas que desfilan por enormes pasarelas al ritmo de Rihanna, mientras los chupacabras las observan desde las butacas, dispuestos a desangrarlas en cuanto hayan rematado el túnel de Gallardón correspondiente. Una pesadilla.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

BUSH O LA COARTADA LEGAL



Mi querida Big-Bang;


Ahora que sé que Bush consultó la legalidad de la asfixia simulada como método de tortura, me quedo mucho más tranquila. "Me lo dijeron los abogados, yo no soy abogado", tuvo el cuajo de decirle al periodista que lo entrevistaba al otro lado de la mesa, en una secuencia que bien podía haberse rodado en el cuarto de detenidos de una comisaría. El policía preguntón le miraba con fijeza y cierto menosprecio, y el ex presidente compuso algunas muecas de miedo en sus respuestas,como un niño pillado en un renuncio. Le faltó sacar la frasca y echarse un trago. 

Solía pensar que la legalidad era un territorio aburrido, pero acabo de cambiar de idea. Si admite la tortura, digo yo que buenamente podría dar cabida a unos gramos de pederastia eclesial, que total ya dijo Cristo lo de "dejar que los niños se acerquen a mí". Y es posible que se pueda conducir más rápido y traficar, aunque sea sólo con las influencias. También importar drogas de diseño  o maltratar a las putas en los bares de carretera.

Mola saber que el presidente del llamado país más poderoso del mundo ha consultado a un equipo legal antes de apretar el botón rojo. Y a juzgar por las colas de norteamericanos formadas para que el tipo les firmase el libro sobre sus catorce grandes decisiones, debe contar con cierta aquiescencia social.  Todos hemos querido ser James Bond y tener licencia para matar, y ese hombre con modales toscos pudo cumplir el sueño. Y publicarlo urbi et orbe con una tirada inicial de millón y medio de ejemplares.

Comprenderás que he necesitado una pastillaca extra para conciliar el sueño hoy. Me aterra que haya tipos bien perfumados por ahí con poder para cambiar las normas de la lesa humanidad y después fumarse un puro con las piernas sobre la mesa. Creo que a ese vaquero deberían detenerlo con carácter retroactivo. Los tontos, a la postre, suelen resultar peligrosos.

Anoto en mi libretilla; buscar urgentemente un abogado para darle cobertura legal y hasta moral a mis acciones más chungas. Ahora sí que voy a dormir tranquila.

martes, 9 de noviembre de 2010

NUEVOS ROMÁNTICOS

Mi querida Big-Bang,

"Te quiero por inercia" es lo mejor que he escuchado en los últimos tiempos. No desenmascaré a su autor, pero sí diré que a ella, en lugar de enfurecerla, le dio un ataque de risa. "A estas alturas de la relación lo que puntúa es la originalidad, salir del tedio", asegura. El romántico autor de la declaración suele llamarla "asquerosa" en lugar de "cariño", pero muchas veces la espera paciente en la puerta del trabajo y le escribe mails con juegos de palabras y chascarrillos inteligentes, incendiarios o altamente eróticos que le alimentan mucho más que un steak tartar con patatas tras una semana a dieta.

Diría que estamos ante una nueva generación de románticos. Hombres que, como a mi amigo J., les rompieron el corazón en su día y sin embargo andan buscando trabajo a la autora del desatino. "La medida del enamoramiento te la da el porcentaje del tiempo que piensas en ella, me confesó. Cuando sólo ocurre dos o tres veces al día es que has salido de la UVI". Él la llama por su nombre, jamás "esa arpía", como podría esperarse.

Mi tercer hombre ama a una mujer 25 años mayor que él. La salud de ella es quebradiza y más de una vez ha tenido que darle de comer. "Siempre pido un biombo o un reservado en el restaurante. No permito que nadie la vea en ese momento, vencida". La suya es una pareja asimétrica, sobrevenida después de varias décadas de encuentros y fugas. Su vida sexual, una incógnita que seguramente no afecta al balance sentimental. La llama "niña".

El cuarto en discordia vivía por inercia un matrimonio ¿feliz? con adosado, vecinos hiperactivos y varios hijos en común. Un día tuvo un desliz o, mejor dicho, se enamoró locamente de una mujer. "Tras darle muchas vueltas decidimos seguir cada uno con nuestros matrimonios, con dolor". Una década después el azar quiso que se volvieran a encontrar. Pasión desatada. Encuentros furtivos y la decisión de huír juntos, como en las pelis. Mi amigo habló con su mujer e hizo las maletas. Su amante habló con su marido y justo antes de cerrar la puerta le asaltaron las dudas. Han roto, mi amigo duerme solo, en un sofá. Ni un átomo de arrepentimiento. Sigue pensando en ella y la llama en sueños.

Para cerrar, está el marido de mi amiga I., que cada vez que intuye que ella se ha despistado con otro hombre, elige el camino más inteligente: hacerse amigo del sujeto, seducirlo. "Así lo nuestro queda inmediatamente neutralizado", me cuenta ella, que por supuesto adora a su marido y adora su inteligencia. El sistema funciona hasta el punto que han pasado parte de las vacaciones juntos. Los tres. Ignoro como se llaman.

Lo dejo aquí, aunque la lista de nuevos románticos merece una segunda reflexión. Voy a ver si consigo que antes de que muera el día me digan alguna bordería amorosa, me den de comer o me llamen por un nombre que no sea dimitutivo que me ablande el corazón o, en su defecto, me provoque una gran carcajada.

lunes, 8 de noviembre de 2010

DOMÉSTICO CAOS

Mi querida Big-Bang,


Ando sumida en una dislexia mental que me hace pedir un filete cuando en realidad querría una ensalada. O a pelearme con el portero cuando en realidad debería hacerlo con la sucursal de mi banco o mi compañía telefónica. También me da por comprar otras botas cuando lo que necesito en realidad son zapatillas de andar por casa. Hay cosas que, como las zapatillas, nunca te apetece comprar. Otras son los apliques para el baño, la tela para las cortinas o camisetas interiores para las chukis.

Desidia selectiva, dirás con esa firmeza diagnóstica que te caracteriza. Es posible. O puede que el otoño haya mermado mi capacidad para responder a los estímulos. Excepto al mismo otoño. Ando por la ciudad observando los colores de la hiedra, que me parece la planta más bella de entre todas. Mola que sea cambiante y sensible a las temperaturas. como las mentes enfermas; también retorcida y trepa, pero esas virtudes me excitan menos.

A mí las plantas se me dan que te mueres. Mi madre, que lo sabe, las ahoga cada vez que pone un pie en casa: "Este ficus está medio muerto, ya podías regarlo de vez en cuando". "Sí, como podría poner de una vez los apliques del baño", murmuro. Ella, siempre en guardia, aprovecha que se ha crecido con la regadera para cambiarme un par de cuadros de aquí, unos libros de allá, y así coloniza el salón, que es una forma de colonizar mi vida.

De paso, me insta a coser la cremallera de mi bata-caftán y a poner un poco de orden en el montón de la ropa de plancha. Y por ahí no paso. Quiero mi entropía doméstica, tener siempre asuntos pendientes, flecos y pequeñas o grandes desidias. El día que el artista termina su obra es por todos conocido que le da una depresión, y ya no me caben más pastillacas en mi bote de metacrilato con siete pisos: antihistamínicos, analgésicos, antipiréticos, entiácidos,ansiolíticos, vitaminas A,B y C, antimareo. 

Lo dejo aquí, que como no sé dónde puse el resguardo del tinte, estoy a un paso de quedarme sin alfombras. Eso supone que se verán las tablillas sueltas del parquet, esas que no pego porque es un latazo salir a comprar cola. Como verás, en mi casa/o se cumple inexorablemente eso de que una cosa lleva a la otra. Y lo mejor es no pensar y quedarse contemplando la hiedra del vecino, amarilla, roja y verde, que muta silenciosa mientras el caos se apodera de mi vida.


domingo, 7 de noviembre de 2010

LA MUJER TIBURÓN

Mi querida Big-Bang;


La ortodoncia se ha convertido en un tema socialmente exitoso. La culpa la tienen, desde luego, los dentistas, que andan poniendo brackets a mis amigas pasados los 40, con una pasmosa ligereza y sin manual de efectos secundarios incluidos.

Un inciso aclaratorio. Los brackets los inventó la Santa Inquisición. Un conjunto de hierros y microtornillos que se aprietan como el garrote vil de los ajusticiados para que los dientes entren en cintura sólo podía salir de una mente enferma. Hasta hace unos años los usuarios eran exclusivamente adolescentes, y como ésos merecen experimentar toda suerte de castigos, me parecía superbien. Pero a los 40 no debe molar nada que la boca aumente dos tallas, te cambie la voz y tengas que salir disparada a lavarte cada vez que te comes una patata frita.

-A ver, doctor, tengo una duda práctica, ¿voy a poder besar a mi marido?, preguntó M.
-Naturalmente.
-¿Con lengua?
-Sí mujer..
-¿Y voy a poder...lo otro?
-Mnnnn, es cuestión de ir probando y sobre todo de no hacer bruscos movimientos de retirada, ya me entiende.

Sí, gracias a los brackets la vida sexual de mis amigas se dirime en el sillón del dentista, que debería adjuntar un manual de usos y costumbres para mujeres (y hombres) tiburón. Porque estamos hablando de prácticas cercanas al sadomasoquismo. Con hierros, vaselina y labios sinuosos sin silicona. Amén de ese retorno a los quince años que bien pudiera acompañarse de una faldita de colegiala viciosa, fantasía común donde las haya.

Así que ya mismo me estoy encargando unos brackets, porque si hay algo que no soporto es no ser la más cool de Estambul. Quiero un extra de sex appeal, unos tornillos que me den un plus de amenazante sensualidad cuando sonría. Y de ahí al látigo y al capuchón de cuero hay un paso. Anoto: consultar urgentemente a mi dentista.

sábado, 6 de noviembre de 2010

YO CONFIESO


Mi querida Big-Bang;


La visita del Papa me tiene trastocada. Es como cuando de pequeña venía el confesor al cole. Ese día perdías con suerte parte de la clase de matemáticas, pero el precio era caro. Había que bajar a la iglesia, hacer cola con otras pecadoras de tu calaña y darle una repasadita a tus faltas veniales y mortales, que venían a ser las mismas: pelearte con tus hermanos, contestar mal a tu madre, alguna que otra mentirijilla o incluso trola o haberte tragado la hostia, con perdón, sin pasar por el confesionario.

Con tal volumen de culpa era comprensible ese temblor de piernas que antecedía al "Ave María Purísima". Fijo que el cura -que mi chuki mayor a esas mismas edades llamaba el "oscura", con buen criterio- se frotaba las manos imaginando tu relato infantil, y el poder que le daba el Altísimo de crucificarte in situ. Y eso que supuestamente el perdón estaba garantizado, que es lo mismo que ir a la tómbola sabiendo de antemano que te va a tocar la muñeca chochona. 

La cosa es que yo temblaba,  me invadía un sudor frío y sentía un pellizco familiar en el estómago justo cuando la malvada que me antecedía en la cola salía por patas del confesionario musitando su pena capital de tres avemarías y dos padrenuestros. Después me arrodillaba, agarraba con fuerza la rejilla que me separaba de aquel hombre y me inventaba unas cuantas aberraciones en forma de relato fantástico. El oscura, en buena ley, debía dejarme marchar con mi penitencia, pero a veces exigía detalles, mayor precisión, una historia con descripciones minuciosas, y ahí yo fui desarrollando mi capacidad fabuladora. ¿Arrepentimiento? Ni poco, ni mucho.

Con el paso de los años seguí visitando confesionarios, siempre aterrorizada, portadora cada vez de relatos más sofisticados, más morbosos, y gracias a la serie "El Pájaro Espino", donde un Richard Clayderman macizo se beneficiaba a una jovencita, me di cuenta de que aquellos seres con hábito negro y alzacuellos no eran más que hombres. Descargados de cualquier vis de espiritualidad, dejaron de tener interés para mí. Sin miedo, sin temblores, lo de confesarse era una rutina absurda. 

Cambiar la rejilla por el diván era cuestión de tiempo. Sí, tu terapia me sale cara, pero al menos no se me despellejan las rodillas ni me obligas a rezar cuando terminamos. 
Eso sí, el día que te vistes de negro, alicatada de arriba abajo,aún siento el vuelco en el corazón y en lugar de delirios te contaría pequeñas mezquindades, como entonces. Ave María Purísima.


viernes, 5 de noviembre de 2010

HOMBRES RADIOACTIVOS

Mi querida Big-Bang;


Hay pensamientos radiactivos, deseos radiactivos y hombres radiactivos. En este último caso no trato de hacer una aproximación metafórica. El novio de mi amiga C.vive a 2000 kilómetros y tiene una misión: inseminarla. La cosa parece fácil. Pero no. Porque debe hacerlo los días fértiles del mes, lógicamente, y cuando no hay huelga de controladores aéreos le sobreviene un funeral o una catástrofe fruto del letal cambio climático, y la naturaleza, cruel e implacable, decide que ese semen, si llega retrasado, no tiene más que un reducido valor onanístico.

La cosa es que mi amiga anda a un calendario pegada, calculando esos días adecuados para la cópula reproductora. Y a este paso va a necesitar al arcángel Gabriel ése de la virgen María para que le haga un trabajillo fino y conciba por obra y gracia del espíritu santo, que al parecer no falla.

El último escollo podríamos llamarlo, en adelante, escollo Chernobil. Al hombre/donante le han hecho una prueba médica con muchos átomos de los malos y se ha quedado radiactivo perdido: "Cariño, me tienen terminantemente prohibido viajar y tener contacto con humanos durante unos días, porque estoy altamente radioactivo". ¿Qué días, te preguntarás? ¡Los del calendario rojo de mi amiga, naturalmente!

Cuidado, semen radioactivo. Ya me imagino el bote con la "muestra" (así llaman al resultado de una pajilla con el Interviú abierto y pelis guarrillas a tu tiplén como objetos de inspiración). El contenido debe ser como el gusiluz de nuestra infancia: verde irisado, con ligeros destellos que habrían hecho las delicias del mismísimo Robert Oppenheimer. El diseño del packaging, una calavera atravesada por dos huesos, que da muchísimo miedo. Y todo en una urna para mantenerlo a la temperatura corporal.

"Chica, para tanto jaleo, ¿por qué no le dices a tu novio que mande a su hijo, que son clavaditos, y te insemine en un santiamén? Así el semen será más fresco, menos baqueteado por los vaivenes de la vida, y sale ganando la unidad familiar". Sí, el equipo consultor de la futura madre no escatima en ideas brillantes para alcanzar el objetivo, pero mi querida C. se resiste y argumenta una suerte de teorías sobre el incesto sobrevenido que, según ella, son aún más turbias que las del semen gusiluz.

Todo esto viene a que se me está ocurriendo un negocio brillante: Semen exprés. Un servicio 24 horas para mujeres que buscan un hijo y tienen novios radioactivos. Son legión, no vayas a creer. Así que ya estoy buscando voluntarios y diseñando el frasco. Esta vez sí, voy a ser asquerosamente rica y saldré en los telediarios mucho más allá de esos 15 minutos warholianos de gloria. Gloria gusiluz, que mola más.

jueves, 4 de noviembre de 2010

BICICLETA, CUCHARA,MANZANA...


Mi querida Big-Bang,


Huyo de las personas que huelen a cerrado. También de las que huyen, por si acaso. La memoria, lo que tiene, es que es bastante traicionera y te asalta justo el día que has sellado la tapa con silicona y echado una llave dentro del hoyo, para rematar la faena. 

Bicicleta, cuchara, manzana. Son las tres palabras que hay que recordar para asegurarte de que no sufres Alzheimer. Yo las recuerdo, y a veces me pesa. El olvido al que siempre vuelvo por obra y gracia de Héctor Abad suele batirse en retirada cuando nadie se lo pide. Bicicleta, cuchara, manzana. 

Entonces vas un día por la calle y te asalta una cara vagamente familiar. Era ella, o él. Un recuerdo que no ha pedido permiso para regresarse. Ayer íbamos mis chitinas L y M a distraer el tedio con un shopping apresurado, como mandan los cánones. Y justo antes del clímax que devendría en botines de altura, L dijo "bicicleta, cuchara, manzana". Entendimos la señal. Cual corderillos, salimos pitando con el monedero abierto y el coitus bien interruptus. "¿No habéis visto a fulanita, que estaba en la esquina? Vámonos, chicas". Sí, los fantasmas salen de cualquier esquina, apresurados como las cucarachas.

No hay antídotos contra la memoria como tampoco los hay contra el olvido. Mi querida tía, enferma de Alzheimer, deambula recordándonos una y otra vez a todos: "mi marido es muy bueno". Es su bicicleta, su manzana y su cuchara. Yo podría hacer una larga lista de objetos pendientes de olvido, pero la he olvidado porque soy inconsistente, incapaz e insensata.

Inconsistente. Incapaz. Insensata.

Anoto en mi libretilla: Recuperar los olvidos para rematarlos como dios manda. El último me robó el corazón y el otro día mató una cucaracha de mi casa, recuerdo de mis albañiles polacos. Antes de eso tembló un rato, contorsionándose en el pasillo como si fuera san Jorge frente al dragón. Muerto el bicho, se acabó la rabia.

Pero al olvido falsamente rematado no lo mata nadie. Bicicleta, cuchara...¿pomelo?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

AL DIABLO CON LAS SEÑORAS


Mi querida Big-Bang:


En la vida de toda mujer de real life hay un día en el que empieza a ver indicios de empezar a ser una señora. Ese día sale de compras y en lugar de volver a casa con los enésimos zapatos de tacón tortuoso, lo hace con una cubertería. Demoledor. Y no es autobiográfico, conste, pero la interesada es coetánea, y ante mi sobresalto se defendió: "Bueno, en realidad no es una cubertería completa, sino unas cajas de seis tenedores y seis cucharas, ya sabes..".


Vaya si lo sé, y acabo de decidir que en adelante habrá secciones de El Corte Inglés que no pise ni por error, a saber:  menaje  y hogar. Porque otro de los indicios de estar convirtiéndote en una señora es sentir ese irrefrenable deseo de comprar toallas y sábanas. Un arrebato tardío peligroso, sobre todo si nunca tuviste ajuar, como es mi caso.

Pero hay más. Tú te miras al espejo y, mal que bien, te sigues perdonando la vida. Hasta que alguien te muestra una foto tuya del día anterior y, por algún suceso paranormal, el cuello tiene unos pliegues sospechosos y el óvalo de tu cara está desdibujado. Eso, más las bolsas en los ojos te pone toda loca y murmuras; "no puede ser, esa es mi madre en un buen día". Pero no, es una señora que empieza a pedir paso y que, como se descuide, entrará a la zapatería pidiendo unos zapatos "cómodos", tal vez de la sección de anchos especiales ,y a la óptica a por unas gafas para la presbicia. Socorrooooo!

Entenderás que este es el preámbulo para manifestar mi determinación de no ser jamás una señora de ésas. No pienso quedar con otras para andar por las mañanas calzadas con horrendas zapatillas deportivas de cuña. No pienso ir a la peluquería una vez por semana ni comprar bragas de cuello vuelto porque son "abrigaditas". Tampoco diré que un hombre canoso es "interesante" ni cambiaré mi trepidante vida sexual por un triste polvo al que llamaré coito los sábados por la noche.

No le encuentro ninguna ventaja a ser una señora, salvo que seas asquerosamente rica y te abran paso en Harrods o, como mi amiga M., de una edad indeterminada y superior a los 70, vistas chupa de cuero, tengas un amante fijo, leas a Homero por deporte  y vuelvas de la peluquería con las mechas más sexys del planeta y el cerebro en permanente estado de ebullición.

Así que apelo desde aquí a Lucifer, a Mefistófeles, al diablo en todas sus manifestaciones. Detengan el tiempo, arránquenme el alma y, por dios bendito, hagan desaparecer todas y cada una de las cuberterías del planeta.

martes, 2 de noviembre de 2010

ATÓPICO VENECIANO

Mi querida Big-Bang;


Ya lo sabía, que conste. Todos los tópicos sobre Venecia son ciertos, y todas las grandes frases ya han sido dichas. Ahí están todos esos libros con citas de Lord Byron, de Peggy Guggenheim, de Max Ernst y,por supuesto, de Thomas Mann...De manera que cuando llegas allí, desengáñate. Nunca vas a ser brillante en tus comentarios. Estás ante una ciudad condenadamente bella. Una Sophie Marceau sinuosa y maciza, para entendernos. Un exceso sobre pilotes de madera podridos, y más te vale mantener la boca cerrada, el bolsillo bien abierto y asumir tu vulgaridad ipso facto.

Eso, e inflarte de pastillacas para el mareo y para el síndrome de Stendhal. Por lo demás, hay que quererse. Si tienes pareja y no te da un arrebato sentimental de los buenos, dudarás de tus sentimientos más arraigados. Todos a tu alrededor se quieren mucho, se miran con arrobo y se hacen fotos con fondo de canal y gondolilla. "Me niego a hacerme una foto de guiri, que uno tiene su reputación", dice J.muy digno. Recibo SMS de mi querida M: "¿Viaja el amor en góndola?".Psssssss, navega como puede en vaporetto.

Luego están los tics de cada uno. En mi caso, no podía soportar irme de allí sin saber un dato crucial para la humanidad: ¿cómo se fugó Casanova de los lóbregos calabozos de palacio Ducal? "Señorita, ¿le importa abandonar la celda para que entren todos, que parece usted la del CSI?", me pide el guía. Sí, me importa, que todos estos descerebrados hagan el favor de seguir matándose delante de los Tintorettos y del Tiépolo falso, si eso, que lo mío es la catacumba y la interpretación de los graffitis cavernícolas.

Lo malo de mirar a un guapo tanto rato es que terminas encontrándole defectos. El cristal de Murano es una horterada, la Academia se cae a trozos y la plaza de San Marcos es un parque temático atestado de turistas. El spritz, esa bebida de sospechoso color naranja fosforito, no pasa de ser fotogénica, pero donde estén el Bloody Mary o el negroponte del bar del hotel, que se quiten los experimentos con colorante.

Pero esta mujer resiste todas las insidias de las tiñosas y cuando la dejas, surcando el canal y sus conjuntos, sientes que estas a punto de volver al feísmo cotidiano y te pones la canción de los Hombres G a tope para matar la melancolía. Como una guiri más.