jueves, 30 de diciembre de 2010

PEGGY- SUE SE DIVORCIÓ

Mi querida Big-Bang;


Si el matrimonio fracasa no será porque no hubo indicios, señales en la misma ceremonia que no quisiste ver. Anoche cené con tres amigas, todas divorciadas. La una se casó con un vestido rojo -"de Moschino", repetía- y se empeñó en bautizar a su hijo con el mismo vestido años después. La otra despidió al novio esa misma noche y volvió a ponerse el traje de novia, chafado y sucio, al día siguiente para hacerse las fotos con sus amigos. La tercera tuvo un coro de cantantes bizcos o estrábicos que hicieron las delicias de unos invitados descojonados (con perdón) con el espectáculo. Y en la boda de la cuarta madre y suegra se tiraron de los pelos.

Así no hay quien prospere. Un rito debe cumplirse de la A a la Z. El tul ilusión, la mirada de arrobo, el Ave María a todo trapo y hasta el vals del amor son imprescindibles para el éxito de la pareja. "Yo quiero una boda como dios manda, cegada de amor", confesó L., y a todas nos pareció una gran idea. Si te casas, hazlo sin pensar, arrebatada y con un novio en perfecto estado de revista. No vale que te diga en plena ceremonia que cuando salga se va a llevar a su hermano a la estación. No vale que se coja tal cogorza que termine metiendo mano a las invitadas. Y no vale que se presente sin anillo y te cuele el de tu suegro entre los dedos.

Cada vez que duermo en un hotel donde se está celebrando una boda no puedo resistirme. Me asomo al salón y observo a la novia y a sus amigas, que revolotean cos sus vestidos palabra de honor alrededor, deseando ser ella. Debo confesar que la escéptica que me habita siente que la posibilidad de un temblor bien puede merecer celebrar una fiesta aunque la magia se apague enseguida. "¿Pensasteis al casaros que podríais divorciaros si las cosas iban mal?" preguntó anoche mi querida M. No era una perogrullada, sino la prueba del algodón. Si cegada de amor te asalta la necesidad de ver una ventana por la que salir corriendo, algo se ha roto y el coro de bizcos/estrábicos son testigos de cargo.

Así que aquí estoy, dispuesta a llorar en la próxima boda de mi amiga L. Aún no conoce al novio, desde luego, pero tiene claro que esta vez va a ser asquerosamente feliz. Yo estoy dispuesta a todo, incluso a ponerme el vestido palabra de honor azul celeste de Peggy-Sue. Pero esta vez me aseguraré de que los cantantes están bien buenos y carecen de taras físicas que despisten la solemnidad de la ceremonia. Si hay que ir, se va. Pero con todos los extras, el romanticismo y un vestido blanco roto, como dios manda.

martes, 28 de diciembre de 2010

CONTRADECIRSE O MORIR

Mi querida Big-Bang;


Dentro de mi inconsistente levedad vital tenía un propósito claro: jubilarme a los 50. Decir esto pronto será un delito tan grave como fumar a las puertas de una guardería. Los delitos de la nueva real life generan importantes contradicciones. Tenemos que trabajar hasta los 67, porque la  longevidad lo impone. Mientras los del Ministerio de Trabajo dan por saco con las pensiones, lo de Ciencia y Tecnología se afanan en impulsar investigaciones que prolonguen nuestra vida. Mientras Sanidad gasta en convencernos de que el tabaco es letal e Interior forma a la policía del humo, el Tesoro se nutre de los impuestos del tabaco y del alcohol. ¿Tiene sentido?

Vale, sí, este arranque es de taxista (con perdón al gremio), pero es que las cortas de entendederas necesitamos que nos den la verdad masticada, o la mentira digerida, pero no medias tintas. A mí que me metan trolas me puede hasta molar, si se las trabajan. Es como los grandes golpes. Obras maestras del crimen que debemos aplaudir por su maestría y elegancia. Lo malo es la cutrez. La medianía, el síesnoes.

Un suponer, si llego a los 50 chupando tinta y sin completar mi colección de manolos, ¿debería fumar? Y, de hacerlo, ¿no habría que planteárselo a lo grande, tipo en una sala de preparación al parto? Ser rebelde se está convirtiendo en una lata con muchas exigencias y algunas opciones punkies. Lo más demoledor que se me ocurre es que, en cuanto termine mi matrimonio con Openbank y mi casa sea sólo mía, reuniré a las chukis para informarlas de que vendo la casa: "Chukinas, fijáos qué contradictoria es la vida. Tú te pasas la existencia pagando letras a una entidad sin alma y, el día que te entrega la carta de libertad, tienes que deshacerte del piso para poder mantenerte hasta los 100 años". Ellas, boquiabiertas y estupefactas ante la pérdida de su exigua herencia, querrán asesinarme con arsénico, pero Sanidad tendrá el antídoto perfecto para asegurarse de que una centenaria más, homeless, muestra que el I+D no era Idiotez para Deficientes.

Aquí lo dejo, porque profundizar con mechas da fuertes dolores de cabeza. Se me ocurre que ser un bonito cadáver, como James Dean, y ventilarse los ahorros antes de los 50 es una opción mucho más atractiva que la que nos plantean esos que se encargan de nuestro futuro. Yo, por de pronto, elijo ser presente continuo. Y ahora mismo me voy a fumar un pitillo a la salud de la vieja que no seré.

Transgresor, ¿eh?

lunes, 27 de diciembre de 2010

DECEPCIONES

Mi querida Big-Bang,


La decepción es un sentimiento chungo porque permanece como las manchas de cereza. La admiración, sin embargo, es volátil, por eso conviene mirarla de reojo y no hacerle demasido caso. La primera se cura con unos chutes de recriminación a uno mismo. O sea, tú ves una peli un día y sales levitando. Pero la ves otro y lo mismo detectas sus trampas, los fallos de ritmo y hasta las cacofonías. Con las personas pasa lo mismo. De ahí que a algunas es mejor no frecuentarlas demasiado. Quedarte con la primera impresión. 

Mis mejores amigos son películas que veo una y otra vez sin activar el detector de las trampas. Me gusta revisitarlas tanto como meterme un chute de cine clásico un domingo por la tarde perezoso y diletante. La decepción no casa con la amistad, porque a los amigos no los miramos bajo el microscopio. Tienen bichos, claro, como nosotros, pero amplificar sus taras sólo nos enemista con nuestras propias mezquindades. 

Anoche me quedé otra vez enganchada a mi querido Calleja. Ese tipo pequeño y con mechas que disfraza sus hazañas de aventuras y hace muecas delante de la cámara. En realidad, lo mío con Calleja no es admiración al superhombre, sino al tipo que me hace reír mientras un tiburón gigante dentellea cerca de su cara. Los hombres que me hacen reír tienen mucho ganado. Las mujeres, lo mismo. La desdramatización es sexy, no deja manchas pero te hace cosquillas en la planta de los pies.

Anoche saqué el microscopio a pasear y la lié. Hay decepciones pequeñitas que te quitan el sueño. Es como si la lnte se girara y te mostrara tu ojo a tamaño gigante. Con todos sus miedos, sus manchas de cereza y sus inconsistencias. 

Mejor no mirar. Mejor engancharse a la mecha rubia y soñar con tiburones y dientes amenazantes que nunca llegan a morder. 

Esto es un lunes con cuerpo de lunes. Una mancha de cereza en el mantel


sábado, 25 de diciembre de 2010

REQUIEM POR UNAS PIERNAS LARGAS


Mi querida Big-Bang:


Por algún misterioso motivo que se me escapa, anoche mi invitado decidió declinar el plato estrella de mi menú, argumentando que había comido demasiado. Yo fingí que me lo creía y dejé al pavo en su fuente, rodeado de su destartalada guarnición. Y me sentí aliviada. 

Hay cosas que uno hace porque debe hacerlas. Forman parte de ritos sagrados que respetamos: el pavo navideño, beber cañas con el aperitivo (gran logro de mi 2010), fumar cuando entrevistas a un cantante porrero, santiguarte antes de encarar una pendiente de esquí o llamar mamá a una suegra un día de borrachera familiar cuando lleva quince años suplicándote que lo hagas. 

El amor nos arrastra al abismo de los rituales sadomasoquistas. Lo sabe bien mi querido J., que es capaz de quedar a comer con la mujer que ama y se acaba de casar con otro. Y prefiere echar sal a puñados sobre esa cicatriz porque no quiere olvidar. Sentir es mucho mejor que no sentir, imagino. Así que la otra noche brindamos con tres ginebras distintas (con sus respectivas tónicas distintas) por el amor que araña, por los ratos excelsos de lo que fue, por los cortes de mangas que hay que hacerle de vez en cuando al estricto sentido común y por la amistad. Esa que perdura aunque a uno le rompa en jirones el corazón una mujer bella, morena y de piernas largas.

Podría decirse que el desamor es un reto. Lo sabe mi querida L., que anoche cenó sola con su hija y anda cogiendo carrerilla porque el nuevo año la sorprenda sin lágrimas en los ojos. Lo sabe mi querido D., que este año estrenó sofá y paredes blancas en su nueva casa de divorciado, y que anda haciendo fotos a la M-4o sin saber que es un grito, un brindis al abismo de las luces. Lo sabe que querido M., que quería marcarse una elipsis desde ayer hasta el día 7 de enero, y que un día de estos dará señales de vida. "Vamos, hombre, que de desamor no muere nadie -le dije-" Y el tipo me contesta con varios ejemplos bien dramáticos de la literatura universal. Lo sabe mi A-1, que se niega a ser un trío porque el amor lo imagina siempre a dos. Y lo sabe mi A-2, que ama y desama, derramando su pena en esculturas prodigiosas. 

Pero quien mejor lo sabe es mi querida V., que este año perdió a su amor para siempre en una carretera, y anda rellenando su pena de vacío, como un enorme pavo que traga y traga como si tuviera un agujero sin fondo. Todos los pozos tienen suelo salvo cuando el shock te impide recordar lo que era un pozo, ¿verdad V.?

Me parece muy útil reservar el dolor para lo inevitable. Un chino que me daba masajes lo resumía así: "Si tiene arreglo, ¿por qué te preocupas? Y si no lo tiene, ¿por qué te preocupas?" Inevitablemente mi pavo está destinado a la basura. Lloro por él cual plañidera sobreactuada. Inevitablemente el Requiem de Mozart me da alas y hay trozos que canto con voz de cazalla. Lloro por Mozart. 

Inevitablemente mis amigos con heridas de amor sentirán que un día de estos ya no sangran y se han parado un rato más de lo normal delante de otra morena de piernas largas, o de un rubio cahondo y multiusos como mi idolatrado Calleja. 

O, mucho mejor, se sentirán cómodamente instalados en su soledad. Y aquí, lo saben, tienen una amiga dispuesta a sacar el pavo en abril y escenificar una noche buena de las buenas. Brindo por vosotros y por que lo que ha unido Mozart no lo separe un menú maltrecho!

jueves, 23 de diciembre de 2010

SALUD, DINERO Y...

Mi querida Big-Bang;

Hablar de salud me parece tan obsceno como hablar de dinero.

Ese día en el que descubres que un porcentaje de tus conversaciones banales del día han girado en torno a una mamografía bilateral, date por muerta. Tengo un compañero que confiesa que cada vez que va al oftalmólogo, lo engaña. No ve las malditas letras, pero se las aprende de memoria, las recita del tirón y se va tan contento después de perpetrar un autoengaño muy reparador. El hombre está cegato pero feliz.

Al padre de mi querida M., a la que llamo 99 cuando repite una frase que acabo de decir en honor al Super Agente 86, lo llamaron del urólogo para reconfirmar una cita. "El pobre no recordaba haberla pedido, pero fue allí, obediente, y se encontró con que la cita era de mi hermano (se llama igual) para un análisis de semen porque tenía problemas de fertilidad". El secreto mejor guardado de una pareja agobiada quedó a la vista, tiritando e indefenso, y ha dado para muchas risas de café entre las hienas del grupo, claro.

La imagen del enfermo de hospital con la bata que deja el culo al aire es un sketch clásico, el epítome de lo que hablo. Por si no tenías bastante con estar enfermo y pisar un hospital, te plantan un look de algodón con pelotillas que exhibe tus encantos para todos los públicos y en 3D. Lamentable. Y para rematar, siempre hay una enfermera que, delante de las visitas, pregunta por tus deposiciones y por otras porquerías que no por naturales merecen ser objeto de debate, digo yo.

A estas alturas de mi perorata, es obvio que no me ha tocado la lotería. De haber sido así, hablaría de dinero saltándome esa sagrada norma del buen gusto. Pero hablo de salud y recuerdo momentazos, como aquellos viejitos que fueron a la consulta de un amigo preocupados por si no tenían edad para seguir practicando el 69, o mi abuela refiriéndose a lo suyo como "diabetis", sin que ninguno de sus nietos la corrigiéramos (así nos reíamos casi tanto como cuando nos pedía que le enchufáramos el "transitor"). O esa vez memorable en la que mi amiga C. se echó a llorar delante de su médico y le relató los cuernos que le había puesto cierto novio capullo, y el hombre se quedó muerto, y sólo pudo decir "¡Qué barbaridad", o...

Te dejo, porque veo que me estoy contradiciendo una vez más. En realidad, la salud es un ingrediente literario tan sabroso como la trufa blanca o el boletus. Voy a ver si abro de una vez el sobre con los análisis esos que me hice después de meterme un café con porras (tres, para más señas). Que lo mismo he engañado al sistema y tengo los triglicéridos y la glucosa en perfecto estado de revista.

martes, 21 de diciembre de 2010

LIVING LA VIDA LOCA

Mi querida Big-Bang:


Nueve de cada diez personas que me rodean piensan que mi trabajo es una fruslería. Que para entrar me hicieron una única prueba: número de cm de tacón que aguantas en un sarao estándar sin parecer una mamarracha. O pareciéndolo. El otro día, en una cena, mi querida M. lo dejó caer con sutileza: "mira ésta, que hace unos años iba con botas planas y sin maquillar..." De las mechas no dijo nada, la jodía, y podía haberse ensañado porque es de las pocas personas que guarda fotos mías con atroces moldeadores a finales de los ochenta. Y con calentadores en los pies.

Nueve de cada diez personas de mi entorno forman parte del clan del flexo. Cuando van a trabajar, por la mañana, se plantan el look que prepararon la noche anterior, agotadas. Tienen jefes capullos que las miran con cara de "tú serás la siguiente, nena", y pasan el día entero sin levantar el culo del asiento ni tratar con gente ajena a su edificio (que a veces es inteligente). Así transcurren los años y tragan quina Santa Catalina, para que luego lleguen las del clan del tacón y les den por saco con batallitas sucedidas en fiestas donde hay modeluquis macizas y actores cañón, además de un mueble bar que haría las delicias de Sue Ellen.

Pues que sepáis todos que esta vida es muy dura y sacrificada. Que no está ni agradecido ni pagado que a cierta hora de la noche una tenga que cambiar su bata boatiné por un modelazo de Celine, un suponer, y echarse a la calle con los zancos a parecer inteligente con un gin tonic en la mano, con la agustito que estaría con unas pantuflas y un Mariano a mi vera bostezando con el mando de la tele entre las manos.

Que sería mucho más feliz vistiéndome de Nochevieja para ir a la cena de Navidad de la empresa del brazo de mi hombre. Así fue el otro día L., en calidad de esposa devota, jurando por san pito pato y todos sus descendientes. El hombre trabaja en una empresa tecnológica puntera, que tuvo a bien celebrar el sarao en la sala del vending. Con esos flexos de luz blanca en el techo que sientan tan bien a las arrugas e imperfecciones. Allí comprobó que cuando la mujer tecnológica se prepara para salir, no escatima: "Había lamés dorados, lentejuelas salteadas, leopardo en degradé y mucha teta repretona con escotes prometedores.Y un crisol de zapatos de fantasía a conjunto con el bolso", relata.

Sí,mi L. de esmoquin y con 15 cm de Miu Miu en los pies, era contemplada como una de las lagartas de la serie V, esa que allimentó nuestra fantasía de comer ratones en 1985.
Y en cuanto llegó se dio cuenta de una realidad: las del flexo eran mayoría, llevaban brushing con tirabuzones en el pelo y estaban dispuestas a todo con tal de demostrar a esa cucarachilla esnob quién mandaba en el vending y en sus machos dominantes.

Así que en adelante no me quejaré jamás de mi suerte. Necesito un baño de realidad semejante al de L. para volver a enamorarme de mis actividades intelectuales. Voy a poner en elcabecero de mi cama dos objetos fetiche de mi último sarao:una foto de fotomatón haciendo caritas con cierto torero ligonzuelo y otra bailando con L. bajo una bola de espejos al son de Aretha Franklin.

Esta es mi real life, mi flexo después de una jornada de muchas horas de flexo que no luce ni da destellos.

Y lo demás es Robespierre!

domingo, 19 de diciembre de 2010

ALMEJAS COMO CHIRLAS


Mi querida Big-Bang;


Ayer me insultaron cruelmente: "eres una improvisadora". Vamos, que invito a cenar a mis amigas de la universidad con sus respectivos (en adelante "mis maridos virtuales") y, tras repartirnos el menú, me adjudican las ensaladas exóticas porque soy moderna y actual, mega cool y, sobre todo, porque la última vez que encendí el horno vino el cuerpo de bomberos alertado por una llamada de mi vecina Mrs.Gestapo.

Yo voy, voluntariosa,  al mercado.Me cruzo con mi vecino el cienciólogo chiflado, miro mal a una chunga que ha escogido la granada que yo quería y empiezo a coger sin ton ni son ingredientes que ignoro cómo deberé combinar: brotes de soja, foie fresco, rúcula, tomates cherry, albahaca, queso feta y de otros tres, carne en carpaccio, anchoas...y así hasta que lleno el carro. "Muy mal se nos tiene que dar para que de aquí no salgan tres buenas fuentes epatantes", me digo en la caja, resudando por el esfuerzo. Y el cienciólogo, detrás, me pasa un papelillo con un nombre y un teléfono para que vaya a que me hagan un test de personalidad: "Inconsistente e improvisadora. No hace falta que me lo diga tu test", le suelto blandiendo el pack de tomates secos.

Vale, no soy la Preysler ni ofrezco esos bombones atroces de nocilla con papelillo dorado de nombre pomposo, pero ya podría aprender un poco de ella y de sus virtudes como anfitriona. Para colmo, no tengo una vajilla completa ni, lo que es peor, una cubertería de más de cien piezas, lo que me recuerda mi jefa día sí, día también. No entiende que es mi último estertor de rebeldía antisistema marujil. Que el día que compre unos bajoplatos a conjunto con platillos para el pan empezaré a llevar bolso con zapatos del mismo color, twin set cámel y laca. O sea, la perdición.

Anoche, digo, celebrábamos nuestra vigésimo quinta Navidad y llegó J, muy crecidito , con una enorme bolsa de almejas talla XXL. "Comprobarás, querida, que tengo todos los ingredientes necesarios. Déjame sitio y mantén a tus chukis a raya". El gran Ducasse se disponía a bordar un plato y la chef chunga no sabía qué hacer con las ensaladas. Así que la tiña me llevó a referirme a sus almejas como "chirlas" cada dos por tres, incluso delante de mis amigas, que se descojonaban (con perdón) mientras él me lanzaba rayos X de odio. Tanto, que desistí de soltar un "tienen arenilla,¿no?" por si me echaban de mi propia casa.

Las chirlas, debo reconocer, tuvieron más éxito que mis ensaladas, y J. recogió lóas a cascoporro, mientas yo ponía caras de "no es para tanto". Al final me reservé mi golpe de efecto. El plato de polvorones de la Estepa, con su turroncillo y todo. Mi versión de los Ferrero Rocher en la residencia del embajador. Yo misma me comí tres, empujados con vinillo, y me he pasado la noche soñando con la Preysler.  Creo que de hoy no pasa sin comprarme unos buenos bajoplatos irisados y unas fuentes para espárragos con accesorios de plata. Como la anfitriona perfecta que me he propuesto ser.



sábado, 18 de diciembre de 2010

A SOLAS CON MI PADRE

Mi querida Big-Bang;


Me dispongo a pasar la Nochebuena con mi padre. Solos él y yo. Cada vez que se lo cuento a alguien me dice: ¡Qué horror, no? O me ponen esa cara de conmiseración que la prensa destina a los huérfanos de San Ildefonso en su reportaje del día previo a la lotería. ¡Con tantos hermanos, cuñados, sobrinos y otras especies animales, ¿vas a estar sola con tu padre?, insisten, y ahí es donde se adivina la mirada de sospecha. Seguro qu la chunga de la rubia se ha enemistado con todos y sólo la traga el bendito de su padre. Pues no. Mis hermanos cumplen con sus familias políticas, como dicta el protocolo del amor cortés, y yo, que no tengo suegra ni perrito que me ladre, voy a pasármelo pirata con mi padre.

Que sepas que me parece un planazo. Mi padre mola, mi padre es un bien escaso que pasa la mayor parte de su vida triscando en las montañas, porque la ciudad ya no es para él. Mi padre habla poco, pero el día que coge carrerilla no hay quien le detenga. Mi padre era el único que me llevaba al practicante sin que me escapara cuando era pequeña. Y además caza jabalíes y se los zampa con sus amigotes. A ver, ¿cuántos padres hay como él?

"Papá, ¿qué te parece si nos vamos a pasear hasta la hora de la cena, y luego ya si eso nos aplicamos al el foie y al pimple, vemos una peli de guerra de esas que te gustan y nos vamos cada uno a su casa?". Y el hombre me dice un "vale" y me jura que no hará el menú más grasiento de la Navidad, como todos los años. "No, papi, si voy a cocinar yo...".

Pero a mi padre le quitas la cocina y se queda en nada. Su especialidad es una sopa de fideos que se tiene ella sola en vertical. Un prodigio de la física que no ha prosperado porque él no se llama Adriá, pero al tiempo. Y,aunque es joven,ha heredado de mi abuela esa mentalidad de la guerra que consiste en invitar a mis chukis a cenar un menú de 5000 calorías que a ellas les rechifla y aún no han relacionado con las noches de pesadillas indigestas.

Así que aquí me tienes, deseando que llegue el 24. Una noche donde mis hermanos no estarán con sus chascarrillos animando el cotarro, donde no despellejaremos a nadie (o sí) y donde es posible que termine enterándome de algún secreto de familia de los que mi padre desclasifica cuando le viene en gana. La última bomba fue de alcance superior a los papeles del Pentágono. Ardo en deseos. Papá, no me decepciones!

viernes, 17 de diciembre de 2010

CURRISMO Y JEFISMO

Mi querida Big-Bang,


Más vale que hoy sea un viernes estándar, porque de lo contrario podría reactivarse la fiera que me posee. Yo me había propuesto vivir con las pulsaciones a menos de 70, reaccionar ante el enjambre como si fueran mariposas y ponerme ciega de bollos a las once de la mañana. Total, un viernes es negligente y laxo por definición, ya vendrá el lunes para desatar las iras.Pero no. Creo que la poción mágica está dejando de ser eficaz, porque se me hincha la vena y siento en la garganta unas placas del tamaño de la nueva estación de Atocha.

¿Críptica yo? De eso nada. Me pasa que no puedo soportar dos cosas en esta vida: los pantalones de pinzas bien altos de cintura y la conciencia de clase. Esa mentalidad de currito que calienta la silla rogando que los marrones se aparten de su camino para llegar a fin de mes y cobrar sin gran desgaste físico (ni del otro). Como diría mi madre, "te va a castigar dios", y lo hará con una de mis chukis resoplando en su flamante puesto de reponedora de Lidl, después de un carrerón escolar de diletancia y fracaso.

Mi reponedora, digo, llegará a casa cada noche cagándose en su jefe (con perdón), ese ser que vigila su rendimiento y la abertura de su bata, ya de paso. Mi chuki reponedora o cajera mirará el mundo desde la estrechez de la cinta transportadora, deseando que los últimos diez minutos pasen en un vuelo, para salir del supermercado y tomarse unas cañas con la pescadera despotricando contra la jefatura y la madre que la parió. Y así pasarán los años, mientras la caja registradora va tomando la forma de su cintura y las teclas se desgastan.

Querido Marx, me caes fatal. No advertiste de que a veces el currismo es insuperable. Imagina que mi cajera/reponedora llega un día por azar a directora de todos los Lidl de Madrid. Un puestazo. Pero con esa inquina acumulada contra el mundo, con ese resquemor de clase chunga, nunca podrá apearse de la caja. La llevará dentro como los gordos de la infancia llevan un ser redondo aunque sean filiformes. Es una putada, sí.

Menos mal que a veces emerge como un diamante el currito mileurista con mentalidad de jefe. Ese que mientras repone la estantería de los botes de melocotón en almíbar planea cómo hará en el futuro para racionalizar el sistema y triplicar las ventas. Seres adorables, decididos a cambiar las tornas de la historia. Espero que mi Chuki sea una de ellos. Y podría perdonarle incluso que se pusiera pantalón de pinzas alto. O botas de corsaria con leggins, a más a más.

martes, 14 de diciembre de 2010

MONEY, MONEY, MONEY

Mi querida Big-Bang;


Mi querida M. acompañó a su hermana al banco a sacar una importante cantidad. "Me metí el dinero en las bragas y cogimos un taxi a la salida. Entonces va ella y le suelta al taxista: "no se preocupe, que el trayecto es corto pero llevamos un dineral encima". Me puse violenta, con los billetes clavándoseme en el culo, y le solté; "¿Acaso no has visto "El coleccionista de huesos", eh, bonita"?

El dinero no dará la felicidad, pero contribuye al desconcierto. Mi abuela solía guardárselo en las copas de sus sostenes XXL de Christian Dior. Del tirante izquierdo colgaba una bolsita tipo saco que extraía convenientemente cuando tocaba pagar. Avisando, eso sí: "un momento, joven...". Se giraba, metía la mano en su escote generoso y sacaba el botín, calentito y arrugado. El dependiente fingía con sonrisa de cocodrilo que no se había percibido de la maniobra, y mi hermana y yo nos tronchábamos de risa, con mi abuela haciéndonos los coros.

Por algún motivo, el dinero siempre estorba. De ahí que nunca lleve encima mucho más que un billete de veinte euros, lo que ha conseguido despistar a mis chukis: "Mama, vamos a ver, ¿nosotras somos ricas o pobres?, me plantea la enana, con mirada inquisitorial. Y la adolescente capulla aprovecha para lucirse: "Mamá es rica y nosotras pobres. ¿No ves cuántos zapatos se compra y a ti y a mí no nos da paga?".

"La paga es muy de los ochenta", les contesto. Una vulgaridad demodé que en esta casa no vamos a practicar, como no practicamos el tiro al plato ni el fox trot. Eso por no decirles que en mi familia el dinero es un tema tabú, considerado de pésimo gusto. Lo que ha impedido que haya habido peleas entre hermanos.Aquello de lo que no se habla, no es, y punto. Eso sí, el día que mi padre quiso donarnos algo en vida, estábamos tan poco acostumbrados que nos entró la risa nerviosa en el notario y mi padre no se dio cuenta de que faltaba el nombre de uno en la escritura.

"Papá, verás, es que yo no aparezco, dijo A. No es que quiera objetar nada, pero si me has traído a firmar y no estoy, pues queda un poco raro, ¿no?.

En cualquier otra familia, el detalle hubiera dado pie a suspicacias, miraditas de reojo y celos tiñosos. En la mía, fue el detonante para poner en marcha la maquinaria de los chistes ingeniosos, que celebrábamos todos muertos de risa, para espanto de la secretaria del notario más pijo del barrio de Salamanca. "Se conoce que son un poco tipejillos y no se contienen entre tanta madera noble y tapices flamencos", debió murmurar a su compañera.

Lo mejor del dinero es su volatilidad. Un día tienes, al siguiente se ha ido. Así que conviene no encariñarse demasiado. Yo, por mi parte, sólo aspiro a envejecer con un buen botín que me permita llevar colgado del sostén un saquillo como el de mi abuela, preferiblemente de La Perla, y airearlo en las boutiques de moda más exclusivas. A ver quién es la dependienta que se atreve a llamarme hortera...

domingo, 12 de diciembre de 2010

JULIANNE O LA PERFECCIÓN

Mi querida Big-Bang;


Acabo de decidir que la mujer de mi vida se llama Julianne Moore. Ayer la vi en Chloe, una peli que no me dejó ninguna huella salvo cierta envidia tiñosa por el atrezzo desing, la sólida languidez tremendista de Lian Neeson y la hiperbólica sensualidad de esa maciza púber llamada  Amanda Seyfried, con la que todos (y todas) nos iríamos a la cama después de los esfuerzos de Aton Egoyan por mostrarla en su carnal esplendor veinteañero plano sí, plano también.

Pero yo prefiero a Julianne con sus huesos perfectos y angulosos, sus tobillos extra finos y ese golpe de melena roja oscura. Una intelectomaciza pasada por el suero de la verdad. Con una mirada de lista que interpela: "¿Eres lo suficientemente bueno para estar conmigo?".  A los veinte estar buena es casi una obligación. Pasados los cuarenta, una conquista que sólo se alcanza si al cuerpo se  le añade un buen andamiaje cerebral. O algo.

Con este claim en la cabeza, no me quedó otra que  despellejar a la púber con comentarios maliciosos y sutiles, del tipo: "De perfil parece un sapo, ¿no ves qué ojos tan saltones". O "esta va a tener una madurez poco lustrosa, no como mi Julianne. ¡Si se la come en los planos compartidos!". 

Después, en una fiesta, la conversación de los machos alfa iba por derroteros parecidos; Kate Moss sí, Kate Moss no. Las diosas, aunque esnifen, es lo que tienen. Animan los cotarros a distancia y forman bandos irreconciliables. Vale, Kate no es Julianne, pero tampoco Seyfried. Kate es única y codiciada en su gloriosa imperfección. Su predisposición al vicio le otorga una vitola de Ave Fénix con microfalda y un pitillo en las manos. Todos querrían redimirla, pero no lo hacen porque en el fondo saben que sería como cortarle la melena a Sansón. Un desastre.

Y no sé cómo llegamos a las mujeres de Rubens. Carnales, pero no gordas. Pasadas por el filtro heterosexual de un genio amante de las guapas con un twist. Incomprendidas en el planeta 2.0. Pero que desde su lienzo parecen interpelar a las Kate, a las Amandas, a las Julianne: "Veremos cómo sobrevivís al paso de los siglos, chatis".




jueves, 9 de diciembre de 2010

MOGAMBO

Mi querida Big-Bang;


En llegando a los cincuenta, a cierto tipo de hombres les da por vestirse de cazadores para salir. No es una metáfora. Se plantan el husky caqui y los pantalones de pana a conjunto, y si te descuidas se untan el pelo con gomina de los 90. Para completar el conjunto, tiran de mocasines con escobillas, puede que burdeos, y de esa guisa se echan a la calle con unos bríos que te dan ganas de tararearles la banda sonora de "Mogambo".

No, no todos reaccionan así al paso del tiempo. Está el mamarracho con look trasnochado de "allí me colé y en tu fiesta me planté" que tira de jeans planchados, polo de Lamartina y deportivas vintage, como su hijo adolescente. No pasa nada, a las mujeres les da por marcar curvas y subir la falda tres centímetros, en plan canto del cisne, pero la diferencia es que a nosotras se nos acusa de ser "ordinariotas" y a ellos "juveniles".

Vale, confieso que vengo de Puerto Banús y eso no se digiere tan fácilmente. Me he pegado una indigestión de labios recauchutados y frentes botulímicas cruzadas con visones (pellicas, que diría mi abuela) y mechas a destajo. Yo intenté ser camaleónica, una millonaria más que pasea displicente por el puerto, entre yates y Masserattis rojo sangre de pichón, pero me faltó vocación y, sobre todo, unas botas de mosquetera. La ordinariota rica no sale de su mansión sin esas horribles calzas negras a medio muslo, que completa con unas mallas a las que llama pomposamente leggings (de D&G, vale, pero mallas). A su lado siempre hay una cómplice también rubia de bote, también ordinariota o, en su defecto, un marido con VISA diamante.

Y a lo que vamos, al marido paganini. Ese ser con husky y gesto adusto que recorre el puerto con su rubia recauchutada, a la que apenas dirige la palabra si no es para comentar algo con admiración señalando un coche de más de 600.000 euros.

-Mira, cari, es como el de Chuchi y Peru. Un disparate de caballos.
-¿En serioooo? (falsa ella) Anda, espérame que entro en Agent Provocateur a probarme unos saltos de cama sexys.
-¿Para qué, cari, si te acabo de pagar una cirugía total body que cuesta casi lo que el coche?

Así transcurre la vida de pareja en Puerto Banús, entre trepidantes paseos por los escaparates y desdenes de cazador que ya no caza, pero se pone el equipo, por lo que pueda caer. Ellas, por su parte, han agotado cualquier impulso de desarrollar vida interior, y se entregan al agotador ejercicio del shopping sin verdadero entusiasmo. El objetivo es llegar a casa cuanto más tarde, mejor, para no tener que encontrarse al especimen adolescente siempre llamado Borja con la mano extendida y el hastío en la punta de la rariz.

Te dejo, que es jueves como lunes y debo estrenar mis legging rojo pasión. A las mosqueteras no llego,porque si me agacho me ha dicho el cirujano que los labios podrían hincharse más aún. Espero que mis esfuerzos se vean recompensados con una buena VISA o, en su defecto, una noche Pretty Woman con todos sus extras. Estoy decidida, venga el hombre Mogambo a completarme.





miércoles, 8 de diciembre de 2010

CÁLIDOS RITOS

Mi querida Big-Bang;


Hoy toca poner el árbol de Navidad. Ayer hubo que salir pitando a por él, porque su antecesor estaba tan despeluchado que parecía de Biafra, y debí tirarlo en un arrebato de renovación o muerte de esos que me dan dos o tres veces al año. La tienda estaba llena de familias de clase media en chándal y deportivas. Mariano, Maruja y la abuela a la caza de las bolas más horribles del mercado, y los niños a su alrededor, en chándal a conjunto, dando por saco con las guirnaldas. Horreur!

Me cuesta tirar árboles pelados como me cuesta deshacerme de platos desportillados, de amigos que fueron o de jerseys con pelotillas.
Hay algo familiar, cálido y rutinario en ellos que nunca pueden usurpar los nuevos. Pero de ahí al síndrome de Diógenes hay un paso. Por eso lo tiré.

El viejo árbol no era biodegradable, me temo, pero tengo coartada. Creo que una mujer de real life no puede permitirse a cierta edad llevar bolsos de plástico ni abrigos de poliéster, pero sí atesorar adornos navideños de pega. Total, el sentimiento que desata un villancico no tiene reciclaje posible. O te mata o te vuelve inmortal. Y saber que el año que viene estará ahí, puntual como una recidiva de gripe, te da la misma seguridad que batir los huevos en el plato casi roto de tu madre. Es un flashback uterino.

Al año le queda un tiento, y ponerle bolas de colores es un desafío, una provocación, casi un desliz perdonable. Cuento muchas carcajadas, algunas patas de gallo y miles de kilómetros. Noches de hotel, bailes jacarandosos de madrugada, algunos quebrantos. Una muerte muy cercana que abrió una grieta en el corazón y se ha quedado a vivir para siempre. Un regreso al pasado con plan renove y besos a tornillo. El desdén por las dietas, la militancia rebelde y cierta desidia conocida y familiar al comprobar que la bombilla sigue sin lámpara y la tira del parquet sin barniz. Seguimos vivos.

Te dejo y hago un responso por el viejo árbol. Del belén, ni hablamos. Detesto las figuritas y las chukis ya no insisten. La luz grisácea ahí fuera avisa de que algo termina, y muy mal se nos tiene que dar para no echar alguna lagrimilla por lo perdido, por lo que no fue.

Y termino con un brindis robado: "que cuando estemos peor, estemos por lo menos como ahora"

jueves, 2 de diciembre de 2010

DIABÓLICA WIKILEAK

Mi querida Big-Bang;


Ahora que Wikileaks ha entrado en nuestras vidas no sé si tiene sentido que siga contándote mis secretos más inmundos. Quizas debería esperar a que El País los publicara en primera, junto a las conspiraciones diplomáticas más chungas. La discrección es un valor a la baja y a mí siempre me gustó ir a contracorriente.

Los académicos de la lengua, ésos que andan matando acentos como gamusinos, bien podrían entonar un responso por expresiones como "callar como una tumba". Las tumbas han hablado, y en unos términos bastante más barriobajeros que los que vemos en las películas de espías. O sea, que la Academia tiene razón.. Hay que introducir el vulgo, cepillarnos algunos signos de puntuación y amenazar con torturas high gore a los fontaneros que se aplican en las tuberías del secreto de Estado.

No me extraña que Hillary Clinton ande en un puro sobresalto. Que el mundo entero supiese en su día que su maridito se la pegaba con una estudiante por los bajos del despacho oval fue tan difícil de limpiar como la mancha del vestido de Lewinsky. Pero volver a mirar a la cara a Cristina Kirchner cuando has encargado a tus espías que comprueben su frágil equilibrio mental es mucho peor. Imagino excitantes peleas de barro entre ambas, a bolsazos de Chanel, en alguna de esas aburridas cumbres internacionales que frecuentan.


Por mi parte, voy a dedicar todos mis esfuerzos a inventar secretos que nunca fueron. No puedo soportar ser tan gris e inconsistente, porque la clientela se me está yendo a otros bares. Déjame que te vaya ilustrando con mis trolas y finge que apuntas algo en tu cuaderno. Megalomanía, egocentrismo, delirios de agudeza. Y ya si eso remata y envíaselo al tipejillo ese que anda huido y desperdigando sobresaltos desde su maléfica web.