jueves, 31 de marzo de 2011

LISTA DE BODAS


Mi querida Big-Bang:

Siempre he querido escribir un best seller. Y ya tengo el título: "Cómo casarse con un buen ex marido". Dirás que eso es empezar la casa por el tejado, pero ya sabes que es una de mis especialidades, además de tragarme las rotondas, somatizar y elegir mal a los hombres. En mi descargo diré que mis ex son intachables, y esa sabiduría debo transmitirla de generación en generación, ya que Liz Taylor se ha ido sin hacer los deberes.

Un ex es la prueba ambulante de lo que fuiste en el pasado. Así que cada vez que lo veas tendrás que poder mirarle a los ojos sin abochornarte. Sí, es un ejercicio narcisista, pero imprescindible para reconciliarse con el corazón. Un ex te lleva en volandas a lugares que ahora juras que no pisarías, a libros de autores infames, a melenas con moldeador y... a la sección lista de bodas de El Corte Inglés. Y entonces entiendes que ahí empezó todo el drama.

Capítulo 1: Las listas de boda las carga el diablo. Pocas veces he visto a tantas parejas discutir a machete como en IKEA o en esta sección maldita donde siempre hay muchos espejos de marco dorado y unos cuadros espantosos al óleo pintados por almas sedientas de venganza que en otra vida quisieron ser Chardin o Fantin Latour. Si te paras a pensar, allí fue donde él se empeñó en añadir a la lista ese horrendo cuadro de nudos marineros y tú claudicaste aun sabiendo que tendrías que chocarte cada día con esa oda perversa al capitán Garfio o a Jack Sparrow.

Capítulo 2:El ex debe verte siempre hecha una maciza. Saber lo que se ha perdido. Entender que la que tuvo, retuvo y fantasear con lo que podría ser. Así que cuando quedes con tu ex,  ponte una buena faja reductora si es preciso y date una de esas ampollas Germinal que te dejan la cara inexpresiva pero tersa. Como una Bree de "Mujeres desesperadas", pero sin esa pinta de no haberse dado un revolcón en años. El ex (y la ex, soy paritaria) debe sospechar que vives en un permanente frenesí sexual.

Ahora que tengo un plan y un esquema para rematarlo, voy a ofrecerme a las editoriales más sesudas del país. Adiós a los libros de autoayuda para almas frágiles que viajan en metro con chaquetas de punto marrón clarito. Llegan los manuales del futuro perfecto. Esos que te ayudan a superar el bache en el que aún no has caído. Sí, soy moderna. Y desquiciada. Pero ahí fuera mis ex siguen queriéndome un poquito. Como a Liz, que en gloria esté.

miércoles, 30 de marzo de 2011

ALIEN BUSCA CUERPO



Mi querida Big-Bang:


Saca el bote de las pastillacas porque últimamente me atrae más la ficción que el real life. Creo que estoy desarrollando una fobia a los aconteceres del mundo que debo hacerme mirar. Encuentro que hasta mi emisora amiga me atosiga con dramas, amenazas y predicciones catastrofistas, y cuando ya me ha sacudido bien, va y me mete a los líderes políticos en campaña. El electoralismo perjudica seriamente a la salud, pero como no te lo sirven en un paquete con celofán, la OMS no ha dispuesto una pegatina con la amenaza:"mis discursos pueden matar".

Punto número uno: estos señores deberían saber lo que es la discordancia verbal. Punto número dos: deberían saber que algunos entramos en brote psicótico cuando nos gritan. Punto número tres:teñirse las canas no es suficiente. Si eres un líder poco carismático, qué menos que hacerte un completo tratamiento Thermage ( www.thermage.com/) para vencer la flaccidez de piel y cerebro. Y punto número cuatro: las inauguraciones de edificios inconclusos las carga el diablo. Cada vez que veo a esa señora cortar la cinta en un hospital, me imagino a un paciente electrocutado por derivación eléctrica del TAC.

Olvídate, esta irritación no se pasa con Almax. Los jugos que segrego son más modelo Alien, el octavo pasajero chungo, y después de un chute de Telediario no puedo soportar más singermornings ni llamadas de mi madre. Aunque la pobre sólo quiera saber si me he comido las torrijas que me llevó por la mañana.

Por suerte, mi amiga A-1 está al quite. "Tengo asco vital. Todo el mundo, menos tú, me cae fatal". Y ella: "¿pero más los hombres o las mujeres?". Y yo: "en realidad, los tontos. Me quedo con Buenafuente, con Lorry Moore, hasta con Fernandito el subnormal de mi barrio, con...". La pobre, al otro lado del teléfono,no da crédito, incluso cuando le brindo un consejo que no viene a cuento:

-Sobre todo, es fundamental que no abandonen la cabina. Lo dice mi amiga O., que se hizo un tratamiento drenaje linfático y la estheticien se piró dejándola con unas fundas de compresión de los muslos que oprimían in crescendo. La pobre pensó que se le iban a gangrenar las piernas, con sus celulitis included, pero nadie acudió a sus llamadas de socorro.

-¿Y a qué viene esto, guapina?, me pregunta A-1 en tono suave, como se le hace a los locos.
-A que estoy a punto de convertirme en activista de Charles Manson, y siento que mi cuerpo no puede con más electoralismo barato, y detesto a los que se solidarizan con Japón pero no mueven un músculo por Afganistán, y mi hija adolescente me ha mangado un vestido hace un mes y no me lo devuelve, y...

Lo dicho, prepara el botiquín anti intolerancia o los de la Liga del Rifle, el Tea Party y Sarah Palin te van a parecer unos buenrollistas a mi lado.

martes, 29 de marzo de 2011

CRISIS DE LOS CUARENTA



Mi querida Big-Bang:


De pequeña, A.E tenía unos curiosos y anacrónicos tirabuzones. De mayor tiene un cáncer como una casa y no sale sin lo que ella llama "tunearse". O sea, el maquillaje en perfecto estado de revista, la melena rubia bien hueca, algo más rala por efecto de la quimio, y sus zapatos a juego con el bolso. La dignidad es, tal vez, eso que te arrastra al espejo en lugar de arrastrarte a la cama. Así que A.E, dueña de una asombrosa y conmovedora dignidad, se echa a la calle con el ánimo tuneado y la promesa de un agotamiento que la hará sonreír si se cruza con alguien que la llama guapa.

A cierta edad, en torno a los cuarenta, las niñas de tu colegio empiezan a tener enfermedades chungas como tienen divorcios, flaccidez, un piso medio pagado y arruguillas de expresión. Cuando te cruzas con ellas por el barrio te dan los titulares, un par de besos rápidos y cada cual prosigue su camino. Mi amiga M.J llevaba un tiempo desaparecida, silenciosa, y cuando esto sucede las dos sabemos que algo pasa en nuestras vidas. La suya se quemó un poco en el incendio de su casa, en enero. Así que cuando nos encontramos y le pregunto por las obras, ella responde de un tirón: "Mi hermana tiene cáncer. Con metástasis".

Silencio. Metástasis es una palabra que estorba en el diccionario y en el hígado. Uno no puede pronunciarla como si tal cosa, y luego correr a atravesar un espejo, como Alicia. No, no soy hipocondriaca, pero me asusta detectar señales de humo en las mujeres con las que compartí pupitre y patio de colegio. El miedo es verte en otro con problemas y saber que tú no te tunearías, sino que quizás correrías a esconderte en la cama, tiritando encogida bajo el edredón.

Tal vez la crisis de los cuarenta que nos han vendido no sea real. No somos las chicas de Sexo en Nueva York ni unas locas delirantes que intercambian falsas cremas de la eterna juventud, esa que se evapora en el reflejo de la luz mortecina de un ascensor. Quizás se trate de que la vida se escapa y es la primera vez que te ofrece pruebas. Y duelen.

Me llamo X y siento que ya no soy inmortal. Esta noche he soñado con los tirabuzones de A.E. Tan guapa, tan animosa, con esa extraña mirada encendida que otorga la lucha contra un enemigo grande. Ahora mismo, si pudiera, pararía el tiempo y me iría a tomar un café con ella y a hablar de nuestras cosas. La amistad, el amor, son inmunes a la metástasis. O lo mismo no.

lunes, 28 de marzo de 2011

BAJAS PASIONES



Mi querida Big-Bang:


¿Qué clase de persona se molesta en afanar los cupones del Pronto en la consulta de su alergólogo? No creas que arrancándolos, sino con tijera, cuidadosamente. Como si se tratara de un escrupuloso coleccionista de bazofia en papel de escaso gramaje. Hay un millón de compradores de esa revista que mi abuela leía a escondidas y de ahí podríamos deducir que el triple la lee abiertamente -puede que más si incluimos peluquerías de machotes y gestorías de pueblo-. Así que son legión lo que se empapan de esas historias truculentas narradas en papel de tinta chunga; ese que te deja las manos negras, embadurnadas con la prueba del delito.

A mí del Pronto que le hurtaba a mi abuela me rechiflaba la sección "Me sucedió a mí". Yernos que se beneficiaban a suegras, cuñadas que rompían con su perro para tirarse a su portero...transgresiones de un calibre mayestático narradas con una intensidad que te impedía despegarte del relato. Todas las bajas pasiones. Una noche, al fin, quiso el destino que me sentaran en una cena al lado del director de esta joya. Naturalmente, comencé por felicitarlo, pero enseguida dejé ver mis aviesas intenciones:

-Oiga, las historias de "Me sucedió a mí", ¿son reales o se las inventan?
-Pues son un mix de varias reales que mezclamos en la redacción, para evitar demandas de terceros.
-O sea, ¿que la gente no tiene problema en confesar que se lo hace con su pitón?

No, al parecer no. La intimidad es una cosa que molesta. Como la virginidad pasados los 20, las venas varicosas o la caspa crónica. Lo que hacemos a escondidas mola más si alguien nos mira. Digamos que un voyeur. Y esto no se lo ha inventado los del Gran Hermano, sino la revista Pronto, cuyo director debería demandar a todas las cadenas de televisión que han hecho de su hallazgo la clave del éxito. Luego, los intelectuales y las rubias con mechas aireamos un argumento exaltado contra la basura como si la cosa no fuera con nosotros. Y aprovechamos la visita al alergólogo para leer con coartada. Y hasta recortar cupones concurso.

Ahora que sé que soy zafia y vulgar como la que más, voy a hacérmelo mirar. Prometo que hoy sólo leeré a Cavafis y comeré foie con castañas. Quiero altas pasiones en mi vida. Ser una heroína de esas que no se ensucian las manos. Pero lo mismo me quedo sin audiencia, y entonces te llamo para más sesiones de diván que permitan compatibilizar la megalomanía y el Pronto. Tenga usted un buen lunes.

domingo, 27 de marzo de 2011

EN CALZONCILLOS



Mi querida Big-Bang:


Ningún padre está preparado para llamar a la puerta de la casa de su hija, divorciada y sola, y que le abra un tipo en calzoncillos. Para un padre, su hija es esa mujer pura que se reprodujo por ósmosis y luego abandonó el sexo por siempre jamás. Igual que a los hijos les da urticaria pensar en sus padres como amantes, a los padres les sucede igual. Sobre todo con las hijas.

Mi amigo L. durmió como casi todos los lunes en casa de su novia, moderna, despistada, residente en Madrid. Por la mañana, ella se marcho temprano y a los dos minutos sonó el timbre. L., en calzoncillos, se apresuró a abrir la puerta -"ya se le ha olvidado algo", pensó- y allí está el padre de la novia, que no es Robert de Niro furibundo pero podría parecerlo. El señor lo miraba con estupor, de arriba abajo: pelos revueltos, legañas, torso desnudo y esos calzoncillos delatores. No, ese hombre no estaba viendo a un congéner, sino al violador de su princesa. Al que se lo monta con su niña, y seguro que acababa de perpetrar el delito, porque el joven parececía relajado y satisfecho, y no se había molestado en vestirse, ni en quitarse las legañas. Horreur.

Para un padre, su hija carece de currículum sexual más allá del matrimonio. Y si lo tiene, no desea una exhibición pública. El pobre hombre pegó un brinco, saludó atropellado y dudó entre dar o no la mano al abusador, pero no lo hizo porque éste estaba en calzoncillos, y era como tendérsela a Jack el Destripador con el machete sangrante en una mano. "Yo no sabía si ofrecerle un café o arrodillarme y pedir perdón", relata L."Tenía la sensación de haber cometido un allanamiento de morada y estar en calzoncillos me quitaba todo predicamento y toda posibilidad de arreglar el escarnio". Así que sostuvo la mirada del hombre, esperó a que llegara el ascensor 30 segundos que parecieron dos horas, y le dijo adiós fingiendo dominar una situación propia de un sketch de sal gorda o de una película de Alfredo Landa.

Para un padre, su hija de más de cuarenta años es una chiquilla descarriada a la que aún hay que proteger. Una ninfa que sólo tiene relaciones con Openbank y con el de la Teletienda en sus madrugadas insomnes. Ese padre habló ese día tres veces con la niña. No le dijo ni una palabra, por pudor, por vergüenza, porque si hablaban de eso tendrían que hablar de lo otro, y porque el statu quo de la paternidad se alimenta de silencios. De huidas a tiempo para no ver que tu hija es una mujer. Y folla. Con perdón.

"Al menos, ese día llevaba mis gayumbos más elegantes", me cuenta L. en su descargo.

Pero ahí fuera hay un padre adorable que ha descubierto algo y no tiene una botija para encerrar a su princesa bailarina y sellarla con pez.

¿Quieres que te lo cuente otra vez?

sábado, 26 de marzo de 2011

FOLLAMIGOS



Mi querida Big-Bang:


En mi última nueva serie favorita -Boston Legal, ya sabes- hay diálogos memorables. ¿Por qué fumas?, le pregunta él a su secretaria, una rubia desbaratada, manirrota y nerviosa. "Porque fumar es un lugar al que volver". La idea del vicio-refugio me atrae. Quizás porque no fumo, quizás porque la estigmatización del fumador le ha quitado todo romanticismo y sex appeal al acto de dar una calada. La persecución te convierte en víctima y el fugitivo en realidad lo que busca es un lugar a donde volver. Un túnel, aunque sea con vistas al abismo. Pura literatura.

En mi serie, además, se practica la amistad con beneficios. O sea, el follamiguismo. Una vez un amigo me propuso ser mi follamigo. Yo me lo tomé como un halago y me apresuré a rechazar su oferta. El hombre, adorable, lo encajó muy bien y nunca más volvimos hablar de asunto. Quizás porque no había TSNR (tensión sexual no resuelta), quizás porque nuestra amistad era un lugar al que volver, pero no donde revolcarse.

Luego está el caso contrario. Un amante que se convierte en amigo. A mi querida S. le pasó. Fue una sola noche, que ella ha ido enriqueciendo en su relato con elementos sospechosamente líricos. Había luna llena, o puede que no, porque se perdieron camino del hotel. Era, pues, noche cerrada. Y esos nervios que acompañan a la primera vez. Iban, cuenta, tejiendo conversaciones que se hacían más deshilachadas según se acercaba el momento. Se habían besado muchas veces. Ella recuerda una cena en un porche, un camino oscuro con paradas y un hotel donde a él ya lo conocían.

Aquel hombre fue importante. Y fugaz. Desapareció, cuenta S., pero nunca se fue del todo. Meses después volvieron a encontrarse besándose en la mejilla. "Sí, ahora éramos amigos, pero con un poso de intimidad que no tengo con mis amigos". ¿Hay TSNR? Ella duda. "Digamos que prefiero no acercarme demasiado". O sea, ¿sois follamigos?, quiere saber la cotilla que me habita. "No, pero no me olvido de una noche donde el sexo no fue lo más crucial. Luego me escribió un poema y me llevó por un camino distinto, un paisaje increíble que no sabría situar, pero que me vuelve a la mente en ocasiones. Un lugar a donde volver".

¿Dónde situar al amante/amigo de una noche? ¿Y al follamigo? Anoto investigar con ahínco al respecto y tal vez comenzar a fumar. Porque amo las persecuciones, los túneles con abismo y esos lugares refugio a donde volver de vez en cuando. Te dejo, que quiero ver otra vez "Cuando Harry encontró a Sally" y tal vez después dar una calada...

viernes, 25 de marzo de 2011

TERCER GRADO



Mi querida Big-Bang:


Tú vas a la pediatra con las chukis para la revisión de los 70.000 kilómetros. Ella mira a la pequeña y, tras llamarla por segunda vez por su nombre, le ordena: "Ahora quítate toda la ropita y te quedas en calzoncillos". Yo ahogo una carcajada, chuki grande me mira con estupor y la agraviada compone una sonrisilla sarcástica. Yo la ayudo a quitarse la camiseta, mientras digo: "querrá decir las braguitas, porque es una niña". La doctora, en sus trece: "Es que parece enteramente un chico. ¿Por qué no lleva pendientes?". Y usted, ¿por qué cree que soy una madre chunga que quería un gineceo y cuando nació el niño le puso un nombre bien femenino para perpetuar mi fantasía? Pero no se lo digo, porque me debato entre partirme de risa y partirle la cara a esta boba que sigue dando muestras de gran profesionalidad:

-¿Qué tal come? (nótese que evita decir el nombre, aún convencida de que tiene delante a un pequeño transexual)
-Regular.
-¿Pero come algo el niño?
-Bueno, algo sí, de lo contrario estaría muerta. Muer-ta. Es una chica.
-Pues si come algo, todo va bien. ¿Y fuma?
-¿Quien, yo?, infiero.
-No, el niño.
-¡Pero si tiene ocho años! (aquí la cara de chuki pequeña es un poema)
-Déjese, que empiezan a esta edad...
-Pues no fumo, (responde la enana muerta de risa)
-Pues entonces, todo va bien.

Todo va bien. Little transexual puede vestirse y lo hace pitando, porque siente vergüenza de estar en bragas delante de esa señora tan rara, que ahora se vuelve hacia chuki adolescente furibunda para pedirle que se desnude. Esta vez, por suerte, no duda de su sexo. Tras pesarla y medirla comienza el insólito interrogatorio:

-¿Qué tal vas en el colegio?
-Regular.
-¿Por qué, no te concentras pensando en tu novio?
-No es eso... (la interfecta contesta porque esto es una consulta y esa señora lleva una bata que le permite abusar de su poder). Luego me dice: "Diga en el colegio que le hagan un test de déficit de atención, porque si lo tiene, le damos unas medicinas y verá cómo mejora el rendimiento"
-¿Bebes alcohol con tu novio?
-No bebo alcohol, bueno alguna vez champán, en Navidad y éso...Con mis padres.
-Ah, bueno! Y anota, diligente: a veces bebe, pero con adultos. (Lo que sin duda la exime de todo peligro de alcoholismo, porque ya se sabe que el alcohol con adultos pierde súbitamente su graduación, y se convierte en Coca-Cola).

Little transex me mira todo el rato con cara de no dar crédito, y cuando ya pensamos que nos podemos ir, comienza mi interrogatorio como testigo de cargo:

-¿Toma drogas?
-¿Yooooo? Pues no. (¿pensará esta idiota que si las tomara lo iba a reconocer delante de mis hijas?)
-¿Cuántas personas viven en su casa?
-Las que está viendo, tres.
-Así que estad usted...(tres segundos de silencio)
-Sí, divorciada.
-¿Con conflicto o sin conflicto?

Estro es más de lo que puedo soportar, así que tras jurarle que no hay conflicto, que eso es en Libia, agarro a las chukinas y entro a ver a la enfermera, que le pide a mi little transex que se tape un ojo y lea las letras, pero sin apuntar a una en concreto. La enana, desorientada, no da pie con bola. Así que la enfermera se vuelve hacia mí, y con la misma cara que el fiscal del juicio de Nuremberg, me suelta:

-Vamos a ver, este niño no ve tres en un burro. ¿Acaso no se había dado cuenta?.

A continuación agarra a mi adolescente y le pega sendos chutes en los brazos, ordenándola que espere diez minutos fuera sentada. Y yo, muerta de prisa: ¿por qué?. "Por protocolo". Muy bien, pues chukinas, quedáos con el protocolo ése que yo me piro a la oficina, no sea que me echen y tengamos conflicto, y la pediatra ponga una equis en la casilla de "conflicto" y venga la asistente social a quitarme la custodia y a cambiarle el nombre a la chuki little transex.

Juro que este es real life, no Robespierre. Ha ocurrido en la consulta de la Seguridad Social, a donde acudo de cuando en cuando porque quiero confiar en el sistema público, también llamado Estado del ¿bienestar?. Pero esta vez no ha podido ser...

Anotación: Mis chukis permanecieron más de media hora sentadas, hasta que la enfermera salió de la consulta para tomar su café y las vio allí, quietas y muy formales.

-Ah...me había olvidado de vosotras. Ya podéis iros. ¿Y vuestra madre?

Aquí, relatando al mundo una de esas historias que superan a la ficción.

miércoles, 23 de marzo de 2011

TITULAR O FINGIR



Mi querida Big-Bang:


Me gustan las personas que mienten, pero no engañan. Y los relatos bien titulados, aunque luego me frustre que no sean para tanto. El último premio Alfaguara ha bautizado su novela "El ruido que hacen las cosas al caer", o algo así. Me encanta. Ya necesito tenerlo y leer el arranque a ver si soy arrastrada por su corriente de letras. Durante mucho tiempo fui fan fatal de "Linda boquita, verdes tus ojos". Ese relato de Salinger donde un amigo habla con otro de su novia, con la que le acaba de poner los cuernos y yace junto a él. Titular bien es un arte con un ingrediente de seducción y de engaño. Unos cuernos que no duelen porque compensan.

De manera que hay libros que uno compra sólo por el título -"Quién me defenderá de tu belleza" fue uno de ellos-, películas que ve porque se llaman como un poema -"De latir mi corazón se ha parado"- y escritores que triunfan además por su ceremonia bautismal o por sus arranques, como Javier Marías. El otro día, en una comida, confesó que muchos de sus títulos procedían de obras de Shakespeare. "Corazón tan blanco", que leí en su día arrastrada por la víscera, es una de ellas.

Dirás que a qué viene esto. A que me he dado cuenta de que me paso la vida pidiendo a la gente que me dé titulares. Me cuesta escuchar el relato completo si antes no me he excitado con el título. "Hemos vuelto a romper en un parking", "mi novio es gay.O más bien, maricón de España", "no pienso morir tontamente", "qué grande es la mar, que no se ve la fin" o "tengo el estómago retórico" son algunas de mis últimas capturas. A veces las apunto en la libreta, fingiendo que son una cita para el fisioterapeuta o la lista de la compra. Luego llego a casa, las lavo cuidadosamente en el lavabo y las estiro para que sequen. Después las meto en el bote de los títulos clasificándolas en "divertidas", "ingeniosas","patéticas", "insólitas" o "de orgasmo súbito". Y ver cómo se llena el frasco me calma la ansiedad, como a Dexter descuartizar al último canalla violador de las calles de San Francisco (???)

Entenderás ahora que acudo a ti no porque me cures los delirios, ni siquiera porque los escuches sin interrumpir mientras canturreas para tus adentros a Lady Gaga. En realidad busco piezas para mi colección que incluyan palabras contundentes: narcisismo, deleitación, psicopatía, trastorno obsesivo compulsivo...

Te dejo, que me voy de caza. No permitas en adelante que te engañe, pero déjame que mienta o me asfixiaré. A cambio, prometo llenarte el diván de titulares, de vibrantes sobresaltos que te harán dudar entre atiborrarme de ansiolíticos o llamar al 112. Tenga usted un gran día.

martes, 22 de marzo de 2011

¿NOS HACEMOS UN TRÍO?


Mi querida Big-Bang:


En el principio fueron los tríos. La pirámide, el equilátero. Tuve un novio perspicaz que me decía: "las mesas de tres patas son las únicas que no cojean, porque definen un plano". Yo, que era de letras puras, me encogía de hombros y le daba la razón pensando en altísimos zapatos de tres tacones donde poder erigirme cual drag queen aprovechando aquella superficie perfecta e inamovible. Pero el hombre se quedaba ahí. Si en algún momento trató de sugerir que nos lo montáramos con un tercero, no tuvo agallas de decírselo a la rubia, que por entonces no lo era tanto pero sí muy Mary Puri, muy de hacer manitas y de peeting sex a mucho tirar.

Tener un novio de ciencias tuvo su aquel. Tanto, que de ahí pasé in crescendo al ingeniero, y mi vida teórica viró de los triángulos a las turbinas. Algo caliente, caliente, pero que a mí me dejaba fría, fría. Cuando la vida se explica en una ecuación y se contiene en una hoja Excel deja de ser tan excitante, digo yo. No sabía entonces el romanticismo que puede encerrar el ADN visto al microscopio, o la fascinación de atrapar dos células con una pipeta e introducirlas en el núcleo de otra. Más tarde entendería que la ciencia convertida en un relato era casi tan sexy y perfecta como las mesas triangulares que, por cierto, apenas se comercializaban. ¿Lo práctico no es poético?¿lo perfecto no es rentable?

Te preguntarás por qué elegimos el amor sin tener en cuenta la teoría de las patas de la mesa. Yo aprendí la lección como aprendí de mi ingeniero que los pantanos casi siempre son embalses. Con esas dos certezas en mi vida, estaba lista para arrojarme a los brazos de J. Un hombre de letras como dios manda. Un teórico de la filosofía y el pensamiento que también me regaló una clave: "menos mechas y más Marx, monina". Y así, de un día para otro, me vi corriendo tras los pasos del "fantasma que recorre Europa" y citando a Adorno en las comidas en las que, por cierto, las mesas tenían siempre cuatro patas que las hacían cojear.

Anoche mi chuki pequeña me planteó la gran cuestión: "Mamá, ¿cómo se llaman esos que besan a hombres y mujeres?". Bisexuales, chitina. "Pues Sara Zambrano, Oscar Melibea y yo hemos pensado ser bisexuales". Y yo: Pues muy bien, pero a eso se le llama técnicamente un trío. "¿Y mola?", quiere saber la enana. Y yo, que a madre moderna y actual no me gana nadie, incluso siendo de letras, le dije: "Molar no sé si mola, pero te aseguro que no cojea".

Los tres Mosqueteros, Heidi, Pedro y Clarita (la coja), Luke Skywalter, la princesa Leia y Han Solo, el padre, el hijo y el espíritu santo, los hermanos Calatrava, Bush, Aznar y Tony Blair,Tricicle, las gracias de Rubens... La historia está llena de tríos exitosos y a nosotros nos han vendido que hay que ir en pareja al paraíso. Creo que es urgente revisar las teorías del amor. Y, sobre todo, cambiar a tres las cuatro patas de la mesa o seguirá cayéndose el café por los bordes cada mañana.

Sobre los pantanos y los embalses ya te hablaré otro día...

lunes, 21 de marzo de 2011

ASALTOS DE CAMA



Mi querida Big-Bang:


La pesadilla arranca en el lobby de un hotel de gran lujo. Somos un grupo y tardan un rato en darnos a todos la llave de las habitaciones. Ya en el ascensor, quedamos en vernos en diez minutos. Mis compañeros van saliendo en cada piso, menos yo. Porque en mi tarjeta no figura el piso, peor sí una sucesión alfanumérica que me obliga a salir al pasillo del octavo y buscar una camarera. Es asiática, y su compañera también, Raro, porque juraría que estoy en Europa. No parecen entender mi inglés ni lo hablan, pero una de ellas, coja del pie derecho, me conduce por pasillos cada vez más angostos que desembocan en cuartos de ropa sucia que ella abre con ceremonia para decir:"¿será éste?". Así nos pasamos todo el sueño, a veces sola, a veces con la china, y termino en una especia de motel de carretera, desesperada, frente a unos cajetines con cifras rodeada de yonkis que hacen lo propio con movimientos torpes y colgados. Pero a ellos se les abre una puerta. A mí no.

Antes de que sientas la tentación de interpretar mi sueño, lo haré yo. Hace unos años que tuve una visión. ASALTOS DE CAMA. O sea, escribir una guía sui géneris sobre los hoteles donde duermo comentando esos detalles importantes que nadie te cuenta. Por ejemplo: calidad del colchón, ruido exterior, distancia de la cama al cuarto de baño (fundamental en parejas que acaban de conocerse), surtido del mueble bar, naturaleza del suelo (odio la moqueta), bolis y amenities que te puedes llevar a casa, presión de los grifos, insonorización (sí, todos hemos oído los gemidos más de una vez al otro lado del tabique, y no suelen ser muy inspiradores). Densidad de menores de 12 años por metro cuadrado, carácter de los camareros, luminosidad del spa, calidad de las toallas, tamaño de la pantalla del televisor, flores naturales o artificiales, ventanas estilo Alcatraz -esas de edificio inteligente que no hay quien abra- o tradicionales, sensor de humos (¿funciona o no? Muy útil para fumadores dispuestos a burlar la ley). Distancia al restaurante (odio los pasillos estilo El Resplandor. Siempre pienso que me va a salir un niño con triciclo y un zombie de la bañera. Traumas de adolescencia). Y, por supuesto, qué merece la pena probar del buffet desayuno y qué no y con quién habría que ir idealmente (amante lujurioso, marido de toda la vida, amigas parlanchinas, tu oso Aeloysius, el informe de auditoría de la empresa, la tía Purita...)

Así que allá voy, no por ganas, sino porque no puedo soportar más a esa china de mis sueños, ni andar a bandazos en busca de puertas que no se abren ni, sobre todo, quedar con un grupo en el lobby de un hotel y no aparecer nunca. Odio los reality shows y no estoy segura de que pese a mi megalomanía me gustara salir en prime time frente a un cajetín con cifras. Rodeada de yonkis y con la voz de Mercedes Milá en off ordenándome que coja mi maleta y vuelva a real life, humillada.

Te dejo, que debo invitar a mis amigos a participar en mi proyecto. Se admiten informes sin venderse al establecimiento, ya me entienden. Esta noche arranca mi plan. Voy a dormir como los ángeles, soñando con puertas que se abren a mi paso y con enormes alfombras rojas, mullidas y fragrantes. Ay, Lacan, si hubieras sabido lo fácil que es matar los malos sueños!!

domingo, 20 de marzo de 2011

TARDES CON LEROY



Mi querida Big-Bang:


Ayer fui a Leroy Merlin, el paraíso de la clase media española que necesita buscar un plan de tarde que dé sentido a su existencia. Por alguna razón que se me escapa, a la gente le gusta ir en chándal a esta meca del do it yourself. Especialmente a ellos. Ellas son más de jersey con pelotillas, cómodo, y vaquero holgado más botas de piel sintética. Como si se fueran a poner in situ a taladrar o a montar las estanterías que contienen sus sueños. Y siempre acompañados del Cristian, ese niño pasado de bollicaos que da por saco a los empleados subiéndose a los botes de pintura o abriendo las cajas de escarpias del 8.

Es triste, lo sé, confesar que todo mi glamour empieza y termina en un gigantesco almacén iluminado con terribles fluorescentes blancos. Esos que consiguen que la última imperfección de tu cara brille con luz propia, (y ahora que he soltado este lugar común del Pronto, ya me siento mucho más Leroy y casi Merlin). Aquí, hasta las cajeras parecen más tristes, más dispuestas a sacar el machete y hacerse un Werther (sí, también he ido a la ópera y espero que eso me redima de lo otro). Porque, lógicamente, si trabajas en un lugar tan horrendo, lo menos que puedes es estar rodeado de herramientas cortantes para suicidarte antes de que llegue Cristian y te rompa el cajón de la caja registradora.

Añadiré en mi descargo que yo mato los sábados allí porque necesito aprender a valorar lo que tengo. Un suponer: tú echas un vistazo a esas colchas de tejido acrílico en tonos beige, brillantes y a conjunto con sus cortinas y cabecero tapizado, y sientes que hay un infierno peor que el de Dante. Ese infierno donde las habitaciones de Cristian son de madera falsa, gotelé verde clarito y estantería en forma de barco para que el crío se sienta grumete en lugar de futuro hombre con chándal que arrastra a la parienta al Leroy Merlín para finalizar la velada en el Burguer apretándose -este es el verbo- unas hamburguesas bien de grasas saturadas bien de chesus (juro que así le llaman algunos al ketchup) y bien de mostaza de la amarilla.

Ya has matado la tarde del sábado, y eso te quita mucha tensión. El hombre del chándal está satisfecho y en cuanto llegue a casa sacará la herramienta (en singular, y no, no es esa otra, sino la de la caja con compartimentos) y se pondrá "al lío" mientras se empuja una cerveza y mira de reojo a Susana, que anda bañando a Cristian y de paso metiéndole una droga legal en el Cola-Cao a ver si se agota y deja de molestar un rato (allí le dicen dar por culo. Con perdón). Y así, la familia permanece unida gracias a un tipo que se llama Leroy, se apellida Merlin y no, no bailaba en Fama.

Ahora que ya he confesado mi pecado de sábado, espero que seas indulgente conmigo. La exquisitez sólo brilla por contraste con la vulgaridad. Con esa que te lleva a consumir vulgares bombones de Nocilla en la residencia del embajador, mientras sufres por el destino cruel del joven Werther y llamas al Mc Donalds para que te traigan un Big-Mac que atornille con grasa las grietas de tu mente. Y todo esto, sin quitarte el chándal. Gloria bendita.

sábado, 19 de marzo de 2011

LLORAR A OSCURAS



Mi querida Big-Bang:


Llorar en el cine siempre me ha dado corte. Tiene su técnica, sí, que consiste en lograr que las lágrimas caigan silenciosa y limpiamente mientras sientes ese familiar estrangulamiento en la garganta. Luego hay que enjugarlas, pero no antes de que lleguen al borde de la barbilla, en un gesto leve como de rascarte y sin pañuelo. Es imprescindible que el rimmel sea de buena calidad, waterproof. De lo contrario, entre el enrojecimiento y el barrillo negro más los mocos te haces un Jackson Pollock en la cara que cuando se encienden las luces no hay escapatoria.

Ayer lloré viendo "Nunca me abandones". Una peli de título poco afortunado que espero llene las salas mientras se vacían esas otras de ese zafio al que no voy a nombrar para no contribuir a esa tamborrada de marketing que hemos tenido que soportar. Carey Mulligan es mi nueva musa, y no hablo de su pelo -ya dije ayer urbi et orbi que se lo he copiado-. Keira Knightley es la mujer más bella y magnética del planeta, esa que podría conseguir que dudara de mi sexualidad, porque lo que es me distrae de lo que dice. Andrew Garfield, el adolescente por el que me saltaría dos o tres leyes fundamentales a la torera, como una Thelma y Louise con mejor tinte y jeans de talle bajo. Y Kazuo Ishiguro, ese hombre al que amé por "Lo que queda del día", mi nuevo it escritor.

Descuida, que no te voy a reventar el argumento. Eso sólo se hace con las pelis mediocres, que total qué más da, y con la gente que te cae muy mal. Creo que es imprescindible entrar al patio de butacas a ciegas, sin haber leído la crítica de nadie; ni siquiera de mi Boyero. Ese hombre al que adoro porque no tengo el disgusto de conocerlo, porque lo que escribe me distrae de lo que cuenta y porque a veces su prosa es tan brillante que le perdono sus filias y sus fobias.

De modo que, decía, hay que sentarse y dejar que pase el tiempo mientras te hablan del amor y del destino, de la mezquindad y la grandeza, del control de un gran hermano terrorífico; del alma, de la aceptación, de la rebeldía sofocada, de los bordes cortantes del sentimiento, mientras un bisturí va rebanándote piezas y extrayendo órganos vitales, sin más anestesia que unas imágenes tan bellas, tan poéticas, que no te explicas por qué te están doliendo. Y entonces lloras amparado por la oscuridad y sin poder agarrarte a un brazo que te proteja del shock.

Te dejo, que aún acuso efectos colaterales. Mándame alguna pastillaca contra el vértigo y las lágrimas. Anoto en mi libreta: comprar un rimmel para las inundaciones y el tsunami del corazón. Y noto: Qué gran película.

viernes, 18 de marzo de 2011

LA PELU O LA VIDA



Mi querida Big-Bang:


Sí, un buen tinte puede cambiar tu vida. Y más en una peluquería donde no hay revistas del corazón ni carritos con rulos rosas y celestes, ni cepillos redondos con pelos, pero sí facturas de tres dígitos. Es decir, en una pelu convencional te atienden Vanessa o Yolanda, que son pizpiretas y tienen novio en Fuenlabrada, y entre brochazo y brochazo cortan trajes al personaje del cotilleo que tú estás repasando en el HOLA a la velocidad de la luz, porque en la peluquería de Vane tienes todas las revistas y te entra un frenesí tremendo y no quieres salir de allí sin haberlas visto de arriba abajo, ansiosa, mientras la señora de al lado, que anda entre la manicura y el brushing y lleva pinkis en los pies, te mira de reojo con reprobación porque has cogido el "Diezmi" y en portada está Belén Esteban con su penúltimo look de mamarracha y su mirada desafiante.

En una pelu guay sólo hay modernos y magazines de culto. Puede que algún fanzine de diseño. No huele a amoniaco ni a secadores estilo "Cuéntame", sino a incienso de naranjas amargas. El peluquero se puede llamar Fredo o Jan, es gay -of course- pero desplumado y desafectado, llama cabello al pelo de toda la vida y espera a que tú hagas intención de hablar para seguirte el rollo. Allí no eres "Mari", sino esa mujer sofisticada que en realidad no eres que busca con desesperación un corte y, sobre todo, un tinte que le devuelva la paz de espíritu y el prestigio social. Allí, sacar el típico recorte de famosa para que te hagan el mismo look es un insulto que se paga con el ostracismo más cruel.

Pero entenderás que eso a mí me la refanfinfla. "Verás, yo quiero ser Carey Mulligan, pero más perversa; Sharon Stone, pero más joven; Meg Ryan pre détox y pre bótox..." Y según enumero voy sacando fotos de todas, con cierto reparo al principio, pero con inusitado desparpajo según caliento las descripciones y llego al punto de "quiero ser como Anne Heche antes de romperle el corazón a Ellen DeGeneres al decidir dejar de ser lesbiana un rato y volver a la senda de la heterosexualidad".

En este punto mi gurú de las mechas me interrumpe con un gesto cortés pero contundente. Lo ha captado. Sabe que si me deja seguir empezaré a tratarlo como a una Vanessa y tendremos una conversación vulgar, y entonces no podrá cobrarme tres dígitos, y puede que -horreur- le meta en el pantalón (aquí no hay batas semiabiertas) una moneda y le dé un azotillo leve en el culo, a modo de despedida. Así que me propone hablar de una pareja muy famosa de modernos con gap. Es decir, que ella es mayor y él es gay. Y nos rechiflan a los dos.

"Estoy harta de los convencionalismos sobre la pareja -disparo- Cada vez me aburre más la heterosexual de toda la vida. Esa bendecida por la santa madre Iglesia y por Mariano Rajoy. La que reza unida, folla (con perdón) una vez por semana y es aceptada en el patio del colegio y en la junta de vecinos". Mi peluquero no puede estar más de acuerdo, y mientras me da tinte en la raíz y decoloración en las puntas (a 75 euros cada gesto), completa una disertación sobre las uniones que nos lleva al arca de Noé y al diluvio universal. Hasta que sobreviene el coitus interruptus: "el color (aquí la palabra tinte no existe) ha subido ya, pasa al lavacabezas" (lo que viene siendo el lavabo, pero de mármol pulido).

Después de completar el trabajo y quitarme el amarillo pajaroto de la cabeza, pago los tres dígitos encantada porque vuelvo a ser yo, y eso en un diván resulta mucho más caro. Antes de irme, nos besamos con la complicidad de dos amigos que piensan que qué más da que Rock Hudson fuera marica si hizo sentirse maravillosas a muchas mujeres con su apostura de galán y sus besos a tornillo. ¿Sería cosa del tinte?

jueves, 17 de marzo de 2011

MI REINO POR UN GUCCI



Mi querida Big-Bang:



Hasta el Sr.Rubibio considera que he entrado en unos niveles de alta densidad argumental, cosa que no corresponde, dice, "ni a tu edad, ni a tu ligereza intelectual, ni a tu talento". Vamos, que se aburre. Porque debajo de todo intelectual con peluquín hay un cotilla. Una portera de finca urbana que quiere reírse de la espuma de la vida para seguir sientiéndose superior cuando se atusa el bigote cada mañana y se pone esos chalequillos marrón claro con topos malvas.

Yo, otra cosa no, pero espumosa, la que más. Ando por el tercer tinte, porque ayer mi amigo J.L, peluquero y maquillador, pegó un respingo cuando me vio de lejos: "¿Pero qué te has hecho, prenda, si pareces un pollo desteñido?". Y, sin dejar de hacerme la repasadita general:¿dónde están tus labios rojos?". Le entiendo, cuando olvido mi rouge sangre de pichón es que algo pasa en mi vida con ciertos tintes de dramatismo. Y el pelo es el principal sospechoso. Menos mal que mi amigo desenfundó rápido su varita mágica y me dio la cita con el rey de las mechas. Un moderno que tiñe a la más moderna de la vida social -tiemblo- y que me dejó caer al teléfono esa frasecilla inquietante: "Veremos lo que puedo hacer...".

Entenderás, Rubidio, que con mi inconsistencia habitual he pasado de disertar sobre el miedo a disertar sobre el look, sin paradas intermedias. Ayer andaba muy preocupada hojeando el Vogue, esa biblia de la mujer liberada y asquerosamente rica, cuando tuve una revelación: "Mi reino por un Gucci". Sí, esta temporada manda ella, Frida Gianinni. Con sus soberbios modelos tricolor para mujeres con cintura y piernas largas. Me parece un hallazgo despuntar en una pasarela mareante con todos los tonos del arco iris venidos a más, pero ella lo ha logrado. La prueba del algodón son las portadas Gucci que encontramos en el quiosco. Morado, naranja y verde, la tricromía del triunfo. Lo quiero ya. Pero voy a tratar de convencerme de que no es posible porque no tengo ese talle, ni esas piernas. Y además sería un desperdicio con semejante engendro capilar.

Tendré que conformarme con el otro hallazgo: las rayas de Prada. Miuccia te puede gustar o no, pero cada seis meses pega un aldabonazo y te vende uno o dos hits. A veces los has llevado hasta en la sopa, pero convendrás conmigo que la raya marinera es de recorrido amplio. Lo que no le perdono a Miss Prada es que se haya empeñado en mantenerla horizontal, porque hace gorda y sin curvas. Yo en mi vida necesito curvas,rayas retorcidas, oblícuas y en los tres tonos Gucci. Pero me temo que esto es una aberración y que terminaré con la pamelaza Prada que Zara se ha lanzado a ¿imitar? en un ejercicio de rapidez que roza el ilusionismo.

Te dejo, que este acceso de frivolidad puede tener serias consecuencias para mi salud. Hoy mi objetivo es ser un poco Frida. Un poco tricolor. Pensaré en tres dimensiones, besaré a tres tipos que me cruce por la calle, elegiré tres signos del zodiaco y pediré tres postres a la mesa.
Ay, Shoppenhauer, cómo debes estar retorciéndote de ira debajo de tu tumba!!!!

miércoles, 16 de marzo de 2011

NOODLES CON MIEDO



Mi querida Big-Bang:


Empiezo a disertar sin rumbo, y cuando sucede debo hacérmelo mirar. Ayer comía noodles mirando fijamente al teledor, casi bizca, cuando le solté a la pobre A-2: "Creo que es el momento de volver a los círculos de intimidad, a la confianza extrema". La pobre creyó sin duda que me estaba volviendo loca, pero como está en el núcleo de mi círculo, sorbió su noodle, tragó agua y luego preguntó, mirándome fijamente: "¿qué quieres decir?".

Hablaba del miedo. De las estampidas sociales que puede provocar un estímulo tan bestia como el terror. A la catástrofe nuclear, a la guerra, a la incompetencia de nuestros gobernantes, a la arrogancia de los médicos, al capullismo de nuestros colegas. Y, lo peor, el miedo al miedo. "Cuando una fiera teme, siempre ataca", solté con la misma gravedad con la que exhibiría la refutación de la teoría de la relatividad. Hoy vivimos en una selva llena de panteras en alta tensión, como las torres eléctricas, y bastaría un disparo de perdigones para que se echaran a correr por la selva como pollos sin cabeza, devorando cuando se interpusiera en su camino".

-Perdone, ¿qué llevan los noodles de mi amiga?, pregunta A-2 al camarero que, solícito, se apresura a recitar una lista de ingredientes absurda y china.

A los postres llegó mi querido J. Había cogido su moto y arrastrado un cuerpo de siesta para pasar 15 minutos con la fiera y su amiga. Lo que dura un café. Y encima le di mal la dirección. Pero llegó, se encontró a dos rubias dentro de un círculo de intimidad y paseó como un felino rodeando el círculo, torpe y elegante,tratando apenas de meter el hocico por algún borde. Pero la borde de la fiera con mechas se lo impidió. Y cuando él osó decir esa frase -"las fuerzas centrífuga y centrípeta sólo suceden en círculo"- la hiena que me habita le pegó una dentellada. Miedo.

Dirás que a qué viene tanto catastrofismo. Diré que cuanto peor veo más se me activa el sensor de los terremotos y tsunamis personales. Mi amiga del alma tiene miedo a no encadenar un encargo con otro para inventarse una permutación de elementos tomados de tres en tres que le permita llegar a fin de mes con resuello y con ideas. Cuando vendes ideas, cuando vives de esa nada que es la creatividad, no puedes tener que estar pensando en la hipoteca, el recibo de la luz o las Converse que te pide tu hijo. O sí, seguro que sí. Pero ideas y necesidad, en contra de lo que se ha dicho, tienen rutas divergentes. Miedo.

Concluyo con un mantra. Los círculos de intimidad son el antídoto contra la estampida, sí. Pero deben abrirse y centrifugarse sin pensar que el elemento que llega va a alterar el menú. Porque puede ser el wasabi que le falta al plato. Y 2. Cuando comas noodles, hazlo con cuchara y tenedor. Los palillos molan, sí, son muy cinematográficos, pero soltar sentencias pretendidamente solemnes con un fideo colgado entre los labios es poco estético y le quita empaque al momentazo. Miedo.

martes, 15 de marzo de 2011

POLVO ERES



Mi querida Big-Bang:


El hijo de L. asegura que le duele "donde el espíritu santo". O sea, aquí, dice señalándose la barriga. "Ese es el sitio del hijo", rebate su madre, revisitando la señal de la cruz. "Que noooooo, que es el espíritu Santo". La Iglesia católica ha hecho medio bien su trabajo. Habrá menos clientela en las iglesias pero las nuevas generaciones retienen muy bien el lenguaje de los signos. "Mamá, a partir del domingo te vienes conmigo a misa", soltó anoche chuki pequeña en la mesa, y yo sólo pude decir: amén. Cierto que el primer año se negó a hacer catequesis y a mí me pareció una gran idea, pero éste ha abrazado la fe con una virulencia extraordinaria, y ahora me tocará ir con ella a hacer la señal de la tripa dolorida una y otra vez, como si sufriera de úlcera sangrante o retortijones.

Otra niña cuya identidad no recuerdo le preguntó a su madre; ¿Cuál es la mano derecha?. Y ella: "Esa con la que comes". "Ya, y cuando no tengo hambre..¿cuál es la mano derecha?

Me pregunto en qué momento de nuestra vida dejamos de tener pensamientos propios, nos metemos en el mainstream y la barriga vuelve a ser el palo vertical de la cruz. Recuerdo el miércoles de ceniza en mi cole de monjas como un gran acontecimiento que nos molaba por dos razones nada espirituales: a/perdías una clase. b/te ponían una mancha en la frente que, con suerte, dejaba huella hasta que llegabas a casa para chulearte con tus hermanos. Entonces no había otros polvos que los de las tumbas, bien siniestros, y tardaríamos mucho aún en disfrutar de esos que las monjas se cuidaron muy mucho de explicar. Ni siquiera por señales, aunque por lo poco que sabíamos también dejaban mancha, se ubicaban donde la cruz, pero un poco más abajo, y por las caras reprobatorias del mundo adulto era posible que dolieran.

Para cuando llegaron Mónica Lewinsky y su famoso vestido, ya no nos persignábamos. Tampoco acuñábamos sentencias originales y dividíamos los polvos en ocasionales o esplendorosos. Lo que viene siendo un polvazo. Ese que comentábamos mis queridas amigas de la universidad y yo. También los había repentinos, interruptus, sobredimensionados, fallidos, descuidados, arriesgados y acrobáticos. Lo del "polvo eres y en polvo te convertirás" había dejado paso a las historias de aquel amante que no dejaba localización sin polvo, ya fuera el parque, la cola del INEM o el probador de El Corte Inglés. Eso hasta que un día C. llegó y acuñó una frase propia: "Aprovechad, chicas, que a esta edad los polvos están contaos".

Ahora que voy a volver a la iglesia necesito desesperadamente acuñar sentencias originales. Y sin duda es el lugar más indicado. Allí chuki grande decidió llamar al cura "el oscura". Y así dejé que lo hiciera durante años, sin corregirla. Me pareció que había que respetar su creatividad porque ya vendrían los años oscuros, uniformados, persignados...Yo te dejo, porque debo repasar el credo y la salve. Los polvos, afortunadamente, siguen ahí, puestos al día y disfrutados de norte a sur, de este a oeste. Como la cruz, mira tú. Y ahora lo mismo me impiden volver a ella, por irreverente. Corro a confesarme...

lunes, 14 de marzo de 2011

PRIMAVERA FEROZ



Mi querida Big-Bang:


Huele a primavera, aunque aún no se deje ver. Se anuncia como esos perfumes que dejan una estela espesa en el ascensor. Y nos alborota. Me gusta perseguir las señales como los indios siux de las películas que ponían los domingos por la tarde. A esa hora mi padre se levantaba de la siesta, cortaba un limón, le clavaba en el centro un caramelo de fresa y se pasaba la velada con John Wayne chupa que te chupa, sin compartir.

Lo del huevo frito era otro cantar. Mi madre le hacía dos, los domingos por la mañana, y él nos daba a cada uno lo que se venía llamando "una mojadita" de pan con yema. Nunca jamás me ha sabido tan rico el huevo frito, acompañado siempre del nuevo fascículo de El Guerrero del Antifaz, Mortadelo y Filemón o Jabato Color. No, no es que me haya levantado más abuela Cebolleta que otros días, es que los pájaros por fin empiezan a piar antes que el sol dé señales de vida, y hay brotes en los prunos (así se llaman, según mi portero), y las asmas, urticarias y alergias han cogido carrerilla para despertarnos a la estación más alborotada, más venenosa, vibrante e hipocondriaca.

Peligro, las intenciones andan desatadas. Y el mundo, en general. Libia es un polvorín, Japón se ahoga en la marea y nuestros candidatos andan en campaña con sus discursos mendaces y mal articulados. Ayer sentí bochorno al escuchar a cierto portavoz de la derecha esbozar una ironía que terminó siendo una patochada con errores sintácticos. Era el muñeco de un ventrílocuo ronco que se desgañita y enrojece de garganta para arriba. Luego salió su contricante y lanzó veneno con tanta ira que parecía un alacrán a punto de clavarse su cola. La siguiente noticia regresaba al peligro nuclear, al tsunami. El contraste parecía una broma de mal gusto. El experimento de un DJ que mezclara ópera con bakalao.

Lo bueno de la primavera es que no entiende de catástrofes. Brota, y ya está. Entonces los divanes se llenan de desequilibradas con mechas, de insomnes, de gente con picores que busca un bálsamo. Una fórmula magistral para entender tanto estallido simultáneo. Yo lo tengo claro: doblaré mi dosis de Atarax, esperaré la llegada del Guerrero del antifaz y, mientras viene a rescatarme, trataré de practicar el melasudismo dos o tres veces al día. No quiero que me suban las pulsaciones de 80. Y además, ahí fuera el espectáculo merece entrada de palco. Suena Albinoni allegro molto vivace. Bye, bye, invierno despiadado.

domingo, 13 de marzo de 2011

TORRENTISMO Y POESÍA


Mi querida Big-Bang:


Vaya por delante que me niego a ver Torrente-4. No es que me las dé de exquisita, es que no quiero contribuir a la zafiedad del universo. Cierto que en ocasiones me he reído con ese humor de sal gorda tan español, pero luego se me hace bola y necesito desesperadamente un chute de sutileza al estilo de "El Guateque" o "Atrapado en el tiempo". Esa peli que en realidad es "El día de la Marmota" con la que me troncho en cuanto escucho la música de la banda local de ese pueblo de frikitines donde el pobre Bill Murray vive su pesadilla recidiva.

La risa es el mejor escáner de la inteligencia, dicen, y yo cada vez que reconozco mis debilidades sé que me pones una cruz. Como el objetivo de mi vida no es ingresar en el prestigioso club Mensa, voy a poner todas mis cartas boca arriba. Los payasos nunca me han hecho ni pizca de gracia. Al revés. Me parecen siniestros, tristones y guardianes de un elixir de muerte con todos los matices de la crueldad posible. Ni siquiera se libra El circo del Sol. Ese espectáculo grandilocuente al que le sobran mucho destello, muchos faraláes acrobáticos y le falta emoción.

Pero una vez vi un circo canadiense llamado "Eloize" y un espectáculo, "The Rain", que conservo como uno de los más puros y sobrecogedores de mi vida.
Había una voz en off tranquila que narraba, y muy pocos elementos sobre el escenario, como si el artífice hubiera ido eliminando uno a uno hasta quedar en la esencia. Cada movimiento, cada acrobacia, tenían poesía. Salí trastornada y desde entonces espero que alguien me anuncie la llegada de esa compañía silenciosa para volver a sentir algo parecido.

Ahora que me he hecho la sensible cultureta , te confesaré que yo también fui a ver Torrente-1, y que me partí con algunas secuencias estéticamente repugnantes, como la del restaurante chino. Esto me devalúa ante mi club de fans, lo entiendo, pero después del outing uno se queda muy tranquilo y es posible que la criatura de Santiago Segura conecte con algún gen casposo que llevamos dentro, no sé, y que troncharnos se parezca a un exorcismo de nuestros demonios más zafios y escatológicos.

Dicho lo cual me niego a volver a caer en el torrentismo. Renuncio a los eructos, meadas, pajas, pedos, homofobia, machismo e inmundicia como argumento. Pero, eso sí, seguiré riéndome cada vez que mi Chuki me cuente el chiste del perro Mistetas, y con los hermanos Farrelly aunque lancen semen sobre el flequillo de Mary; y con el pederasta de "Resacón en las Vegas", y...

...Dios mío, acabo de darme cuenta de que soy una zafia. Te dejo, porque debo reunirme conmigo misma a reflexionar sobre este nuevo ataque de contradicción aguda. Y se me han terminado las pastillacas!.

viernes, 11 de marzo de 2011

HAZTE VALER (EN CÓMODOS PLAZOS)



Mi querida Big-Bang:


Las tardes de lluvia son muy de bata e infusión. Y no pienso desvelar si la llevo al estilo Los Morancos porque perdería a esos fans que piensan que no me he puesto un chándal en la vida que no fuera de Juicy Couture. Anoche casi termino en urgencias por urticaria horríbilis, pero antes tuve una interesante velada con mis queridas amigas de la universidad. El tema lo abrió C.. "Chicas, ¿qué hace una cuando vive en pareja? Me refiero de siete a doce de la noche...". Como era C. no pensamos que se trataba de una boutade, sino de una inquietud real. Está a punto de convivir con su novio y cada vez que prepara la maleta sucede una catástrofe.

-"Pues mira. Yo llego a casa y él está dando forma al sillón y mirando la tele -explica la veterana M. con el peso que dan sus 18 años de matrimonio feliz-. "Sin dejar de escrutar la pantalla me pregunta: ¿qué tal el día, cariño? Y yo le contesto, más o menos resumido, mientras corro a ponerme un buen plato de patatas fritas y una cerveza. Si nos apetece sexo, es el momento. Porque luego, a las once, no son horas de follar".

Todo esto transcurre mientras damos cuenta de unas tostas en un bar, después de que C. nos haya preguntado cómo puede pedir más dinero a sus jefes: "Porque yo negocio fatal. Creo que tengo que hacer un curso de "Hazte valer". O algo". A mi querida C., sin embargo, el dinero no le causa trastornos, porque es funcionaria y lo tiene asegurado. Pero odia el sistema y, sobre todo, odia a los funcionarios. Tanto, que nos relata:

-Ayer llamé a otra delegación para ver si había una vacante. Y lo hice a las 12 de la mañana, con descaro, delante de todos mis compañeros. "Pues sí, hay una plaza de secretaria sin bicho", me respondió la voz al teléfono. ¿Pero está sola, sola?, inquirió mi amiga. "Pues...sí, en un cuartito junto al del jefe", respondió la otra algo sorprendida. "¡Perfecto, justo lo que quiero. Yo sola, un ordenador, una bandeja de entrada y otra de salida".

Mi amiga M. tiene una oferta para trabajar para un chorizo. Un encausado en un caso muy gordo. Y no se plantea si debe aceptarlo -como los buenos abogados- sino cómo evitar que la time a ella. A su derecha, mi amiga M-2 acaba de encontrar trabajo en un taller mecánico y lo ha aceptado sin pensárselo. Los tiempos están raros. Los orgullos nos los hemos tenido que tragar y tener un sueldo de principiante con más de 20 años de experiencia es un privilegio porque el de al lado no tiene ni eso.

Yo, por mi parte, escribo una lista con las cosas tontas que me hacen ilusión, mientras espero que el Atarax termine con este nuevo ataque: 1.Llegar a la parada justo cuando llega el autobús. 2.Descubrir que los zapatos de mi vida siguen en el escaparate, pero rebajados. 3.Estrenar sábanas limpias de algodón 100x100. 4.el olor a chotillo de las Chukis cuando salen del colegio. 4.Una cena con mis amigas convirtiendo el drama en vodevil. y 5. Una tarde de lluvia bien vaga, con vistas a pizza más peli en compañía y tapadas todas con una manta que huele a suavizante y te calma la piel y los temblores.

Busco en la página de CCC un curso que se titule "Hazte Valer", sin éxito.

jueves, 10 de marzo de 2011

LLAMA UN ADIVINO



Mi querida Big Bang:


El salón de mi bruja huele a coliflor. En realidad, no es un salón, Es una salita de dos por dos metros, con una mesa camilla cubierta con tapete de ganchillo beige y funda de plástico, una tele desproporcionadamente grande y cortinas de cretona sintética mugrientas. A un lado, las consabidas lechuzas de porcelana, y una pila de revistas del corazón. Llego pronto y la bruja madre me pide que me siente a su lado a ver la tele. Coge un pitillo y lo enciende con un enorme mechero en forma de meteorito estrellado. Estamos tan pegadas que me trago su humo y hasta su aura. Me cuenta que la cosa va retrasada -"una que ha venido muy desesperada, la mujer, a deshacer un mal fario"- y hace ademán de ventilar el aire, como si por arte de birlibirloke y sin abrir la ventana pudiera evaporarse la peste a puchero. Se hace de noche.

"Pasa, chati", brama por fin la pitonisa. Y entro en la zona noble. Otro cuartucho mal iluminado y con olor a rancio. Otra mesa camilla con la funda desgastada y cercos negros. Unas manos deformadas de tanto barajar las cartas, uñas de largo desigual, justitas de higiene. Cómo echo de menos a Elena Boham Carter, esa brujilla aristocrática. Eso sí, seguro que me miraría por encima del hombro, no como la mía, que me llama por mi nombre en diminutivo y me encuentra siempre guapa. "La última vez creo recordar que venías con cara de ajo puerro..." (Pues serás vidente, pero un rato falsa, porque me pediste el nombre de mi peluquero. Cosa que, por cierto, deberías haber adivinado).

El mazo de las cartas, sobre la mesa. Yo lo miro de reojo y ella no se arranca. Que si tiene una artrosis del carajo, que si se ha hecho esta analítica y aquella, que si de pequeña tomaba un jarabe para perros, que si...Pasan los minutos, corren el contador y mi paciencia. Dirás que me lo he buscado por contratar consultoras del más allá, pero es que el más acá me tiene desorientada y necesito estímulos extra. Una solución quiero. Y en su lugar me encuentro a una hipocondriaca que aprovecha para soltarme sus inmundicias en lugar de centrarse en la bola de cristal, como es debido.

"Chati, aquí no hay mal de ojo, tú tranqui". Baraja y corta. Me pide fechas, suma vertiginosa sobre un papel de envolver pescado y me tranquiliza cuando salen la muerte y su guadaña. "Que no, que te he dicho mil veces que no es que vayas a palmar, es que va haber cambios en tu vida". Lo que sigue es una secuencia más propia de "Conocerás al hombre de tus suños", de Woody Allen, que de una sesión esotérica como dios manda. "Regresa un amor de hace cinco años, un Tauro". Y yo: "No hay un Tauro datado en esa fecha". "¿Para qué has ido al ginecólogo?" Para lo que vamos todas una vez al año, no te j...e. "Veo un viaje con mar..." Sí, la Semana Santa está cerca...

Desalentador. Mi bruja de cabecera ha perdido facultades o yo me he vuelto descreída y soy opaca a su mirada. Hace mucho calor. Huele a sudor, a polvo acumulado, a laca Pantene caducada ... No tengo más preguntas. Ella está nerviosa. Aún quedan 10 minutos. Vuelve a su psoriasis, a su teoría de los flujos sanguíneos, me diagnostica tres o cuatro dolencias, me advierte contra un Piscis...Ah, no, es un Sagitario. La miro con lástima. Saco el monedero y le tiendo los billetes. "Espera, una última tirada...". Le digo que no, que gracias. Vuelvo al mundo racional. Al real life. Se acabaron los conjuros y los limones enterrados a la luz de la luna. Los pijamas rojos para dormir y los ajos para ahuyentar vampiros.

Qué aburrido va a ser todo a partir de ahora.

miércoles, 9 de marzo de 2011

MEDIO LLENO, MEDIO VACÍO



Mi querida Big-Bang:


Divido a las personas entre rabiosas y melancólicas. La bipolaridad es muy útil para establecer categorías. Buenos y malos, listos e inteligentes, sagrehorchatas e hiperactivos... falsas rubias y el resto. Maniqueísmo contra la dispersión, digamos. Hay gente que duerme con la persiana bajada a tope y la puerta cerrada, como en un ataúd (morir habemus), y otros con luz y corrientes (mi caso), imagino que para que se ventilen los quebrantos. Hay quien come sorteando los hidratos de carbono del plato en un absurdo baile de tenedor y quien zampa postres con nata a esa edad en la que ya no conviene (vale, esa también soy yo). Y, desde luego, están los que se apuntan al gimnasio y van tres días en temporada y quien saca fuerzas para sudar en grupo tres tardes por semana (y no, no soy de ese grupo insólito).

En realidad, los seres humanos somos previsibles. Sabes quién te va a montar el pollo cuando se le hincha la vena y a quién no le puedes pedir que salga contigo de compras porque te mirará con reprobación cada vez que rasques la VISA. Esos que forman parte del grupo "controladores" (y encima lo hacen gratis, no a cambio de 200.000 euros al año de media. Y animo a este segundo grupo a acercarse a mí, con su VISA Oro y su apostura a lo César Cabo, aunque me reprueben).

El controlador terrestre no suele ser singermorning. Le falta flexibilidad para cambiar de patio y léxico para extenderse sobre bien poquito. Singermorning es feliz, pero hace profundamente infeliz a su entorno. Así que si estás con uno debes elegir: él o tú. Como si estás con un rapsoda elegirás entre alegrarte el oído o el corazón.

Divido a la humanidad entre los que iban al examen gimiendo "no tengo ni idea, no tengo ni idea" y sacaban un notable -sí, os detesto- y los que enhebraban en su optimismo tres ideas y obtenían un sufi feliz y alborotado. Mi chuki pequeña es de este grupo. Ayer, con solemne aplomo, soltó en la mesa: "No estoy segura de si en cono (cimiento del medio) voy a sacar un sobresaliente o como poco un notable, ¿cómo lo ves?". Si la cosa termina en un bien, no pasará nada porque ambas habremos saboreado el éxito con preaviso. Y a otra cosa.

El vaso medio lleno o medio vacío debería ser la primera ley de Newton. Mejor dicho, la primera gran ley de la sociología, la psicología y la supervivencia de la especie. Dirás que a mí los vasos me gustan a rebosar, y saludo desde aquí al sr Gin y a la Sra Tonic (siempre de Bombay clásica), que tantas noches de gloria y risas en compañía me han brindado. Pero a veces me cuesta ver el borde, porque lo siento lejos. Y me empino, y llamo a mi querida A-1 para que me brinde una de sus frases quitanieblas. Y me como un dulce sin culpa, abro las ventanas de par en par antes de sepultarme en el edredón y me propongo echar un enorme jarro en el vaso para que vuelva a llenarse. Y funciona. Vaya si funciona.

Buen día al colectivo de optimistas. Absténgase de acercarse a rapsodas, singermornings, controladores y falsos perdedores.

martes, 8 de marzo de 2011

AMOR LESBIANO



Mi querida Big-Bang:


"Y en día de la mujer trabajadora, ella se declaró en huelga de brazos caídos. Sus hijos tuvieron que vestirse solos, el perro se quedó sin salir a la calle y la nevera perpetuó el eco de la noche anterior". La verdad es que me parece una ironía celebrar esta fiesta, como me parece una horterada el día de los enamorados, una meapilez el de la banderita y un enigma el baile de la Rosa (ése que me obsesiona porque presuntamente es anual pero juraría que se celebra varias veces al año, y ya sé que me repito, sorry, pero Carolina de Mónaco tiene que lucir palmito by Lagerfeld y cada vez le quedan menos ocasiones, porque ahora le llega la cuñada esa surafricana de la espalda superlativa y la va a eclipsar con su envergadura).

Me centro, tranquila. No es que no esté por la labor de brindar por las mujeres. Es que algunas me caen fatal. Sin salir de casa, tengo una que me manga los rouge de Chanel y mi crema al caviar a escondidas. Antes mi estrategia consistía en montarle el pollo con extremada violencia para que sacara el botín, sin éxito. Ahora pongo voz de falsa preocupada y le digo: ¿No habrás visto un maquillaje de Kanebo que es una cajita negra como de 6cm por 4, y que ha debido salir accidentalmente o por voluntad propia de mi neceser? Ella, por supuesto, dice que no, pero al rato acude solícita con la prueba del delito en sus manos, jurando que ha estado buscándola por mí. Y yo se lo agradezco.

Creo que el estatu quo del hogar sólo se sostiene con ciertas dosis de mentiras, un cajón con llave y una habitación propia, que diría mi idolatrada Wolf. Eso, claro, no impide que mi querida cleptómana entre en la mía con alevosía y me sustraiga camisetas, jeans y hasta ropa interior, imagino que para chulearse entre sus amigas adolescentes y ladronzuelas como ella. Si tengo suerte, recuperaré mi suti una semana más tarde, cuando aparezca milagrosamente en una caja mugrienta donde esconde sus tesoros como una cueva de Ali Babá sin contraseña.

Sí, algunas mujeres me caen fatal, aunque sean trabajadoras. Pero las vagas, me caen mucho peor. Tuve una en mi familia que se las arreglaba para no dar ni golpe, con una maestría que te impedía protestar. Un suponer: sus mudanzas se hacía bien cuando estaba con un esguince y muletas, bien cuando acababa de parir y tenía que dar de mamar a su bebé. Así se convirtió en la reina del subcontrato gratis. Era poco inteligente, suponemos que por exceso de tofu y jengibre en su dieta, pero el día que iba a tu casa comía como una hiena y no le hacía ascos al chuletón, aunque estuviera sangrante. Su suegra no podía morderse la lengua y hacía comentarios del tipo: "para ser vegetariana militante hay que ver qué pocos escrúpulos tienes, guapa...", y la otra sonreía y seguía masticando a dos carrillos, tan campante. Al final, se dio cuenta de que éramos buenos, pero no tontos, y fue nominada como las ordinariotas esas del Gran Hermano, no sin antes trincar lo que pudo a perpetuidad.

Por lo demás, me gustan las mujeres de mi vida. Mis chukinas, que me hacen superar mis contornos y besar y abrazar a diario como antídoto a los pesares y la bruma. Mi hermana y cuñadas, con las que viajo a carcajadas y comparto cama de muelles chungos y confidencias. Mis compañeras, con las que me cuezo en el despacho buscando soluciones a la cuadratura del círculo, y me sorprenden. Y me superan aunque de algunas me separen una década y muchos círculos mal hechos...

...Y, claro, mis amigas del alma. Esas sin las que todo sería más breve menos el dolor. Las que me leen por dentro, me sacan de la duda y me llevan a bailar si ven que se me enturbia la mirada. Esas que multiplican el talento, restan mezquindades y suman tardes de charla sin mentiras. Por todas ellas puede que merezca celebrar el día de hoy. Y el de mañana. Brindo por ellas.

lunes, 7 de marzo de 2011

ARMAS DE MUJER


Mi querida Big-Bang;


Me pide una amiga de ultramar que escriba algo sobre la mujer trabajadora y el 8 de marzo. A mí, de toda la vida, me dan un tema específico para que haga una redacción y lo bordo (autoestima, lección 2). Pero sí el tema ronda el territorio de un colectivo concreto, puedo granjearme enemigos con suma facilidad.

He crecido en una familia numerosa donde a cierta edad, los nueve años, las chicas hacíamos la cama y la cocina como tareas domésticas, y los chicos sólo la cama. O sea, mi madre era superparitaria. Yo maldecía cada mediodía mi condición de mujer, mientras lanzaba con rabia los platos contra el lavavajillas ahogando un bostezo siestero y mirando de reojo el reloj para poder gritar: "lo siento, mamá, pero me tengo que ir al cole".

En mi primer trabajo, todo eran hombres. Quiero decir que todos los jefes eran hombres. Y luego había mujeres que se ponían de puntillas para destacar y lograr algún punto, con éxito desigual. Las más exitosas, curiosamente, habían hecho suyos los gestos, arbitrariedades y horarios superlativos de ellos. A mí me pusieron de adjunta de un tipejillo con bigote que se divertía fingiendo que hablaba con sus amantes para comprobar cómo me ponía colorada. De vez en cuando subía uno de los dueños de la planta de administración y contaba a voz en grito los chistes más obscenos que he escuchado en mi vida y escucharé. Algunos de mis compañeros le reían la gracia. Yo fingía estar concentradísima en un papel en blanco y esperaba que el sátiro decidiera abandonar su territorio tras mear sobre él y sobre todos nosotros.

Eso no quería decir que llegara la paz a la oficina. Porque el rey león del lugar era un tipo que se excitaba recorriendo nuestras espaldas para soltarnos el sujetador entre carcajadas. No, a mí no llegó a hacérmelo, pero sentía su presencia detrás y me estremecía, colorada como un gusiluz, mientras ni uno solo de mis compañeros salía en nuestra defensa. Demasiada testosterona de la mala, imagino.

Un día el rey León me llevó con él a unas jornadas en calidad de chacha asistente. Recuerdo una comida muy solemne donde sentamos a gente importante (hombres de nuevo) que intervendrían en los debates. De repende, aquel tipo se quitó el zapato izquierdo y empezó a acariciarme con sus pie por debajo de la mesa. Yo me bloqueé, sentí cómo el corazón se desbocaba y no era capaz de tragarme el soufflé de queso. A mi derecha se sentaba un alto cargo de la universidad. Un tipo gentil, educado y sumamente dulce al que me volví suplicándole en voz baja: "por favor, mi jefe me está tocando por debajo de la mesa. Ayúdeme". Él, de inmediato, me cambió el sitio con una excusa y yo pude respirar, pero no probar bocado.

Yo tenía poco más de veinte años y he esperado otros tantos para volver a aquel lugar donde aprendí un oficio y aprendí que muchos hombres campan por la vida como un tanque por el mapa europeo del siglo XX. Olvidé decir que también había un viejo verde de manual, cuyas funciones reales estaban desdibujadas pero a nadie parecía importarle. Era el más inofensivo. Y había un jefe arisco pero sensible que una vez lloró con un texto que escribí sobre una unidad de paliativos. Aún quiero a ese hombre. Me dio alas, me sacó de las fauces del bigote patético y me defendió frente al rey León no sólo para que mi sostén quedara intacto en su sitio, sino para que yo tuviera un sitio en esa selva. Además de no vengarse cuando le dije, al parecer: "tú lo que eres es un agresivo-pasivo".

Podría seguir contando mis raíces de mujer trabajadora. No quiero olvidarlas, para no contribuir a que se repitan. Reflexionando me doy cuenta de que los hombres de mi vida siempre han sido colaboradores. ¿Y las mujeres de mi vida? Valientes, brillantes, decididas y no siempre exitosas. Me cuesta, y tal vez sea de diván, admitir la paridad como una regla inalterable. Me cuesta a ceptar que una mujer pueda ser promocionada por ser mujer, no por ser la mejor candidata. Pero a veces, cuando despunta una en un consejo de administración de empresa de las duras, en un gabinete de gobierno o en la junta de vecinos, no puedo evitar sentirme orgullosa. Y pensar, también, si alguna vez alguien tiró de su sujetador para avergonzarla en público.

Como sé que detestas que no termine mis historias, te diré que el rey León murió hace un año en circunstancias violentas y misteriosas. La televisión y sus programas más sensacionalistas dieron buena cuenta de su final, dramático y morboso. El tonto del bigote trabaja en sitios de serie B y acude a algunas tertulias donde opina de la nada. El sensible es director, imagino que duro, imagino que justo...

...Y yo he aprendido que si tienes veinte años y un jefe chungo no debes sentarte jamás a una mesa con mantel largo. Eso y muchas otras cosas más.

domingo, 6 de marzo de 2011

CARNAVAL


Mi querida Big-Bang;


Anoche salí de carnaval. Es decir, salí vestida de mí misma, con mi chupa rechinflante y mi pelucón de aspirante a rubia natural a ver cómo los tipejillos hacían lo propio con disfraces. En realidad no estaba en el programa. Yo pretendía recorrer las calles de Toledo a la luz ténue de las farolas, una fantasía recurrente desde que estudié El Greco y me di cuenta de que los trastornados eran mucho más interesantes que el resto de la población mundial. Pero las calles estaban llenas de falsas monjas y obispos de pega demasiado acrílicos para tirarte a besar sus anillos. Y había una banda de guitarreros en un escenario montado provocadoramente junto a la catedral. Para que digan que no son modernos y transgresores los de la tierra de José Bono.

A la gente le pones trajes de otro y se vuelven locos. Un suponer: los cobradores de autobús, los guardias civiles o los vigilantes de wc en Alemania. También las camareras de habitación de hotel. Esas que vinieron a llenar la king size de pétalos rojos de rosas sin dejarme a Kevin Spacey en el lote. Así no hay quien tenga fantasías de alto voltaje. Como mucho, de bombilla de bajo consumo.

A lo que voy. Tengo para mí que el ministro Sebastián trama un plan abulista de relajación de pasiones. Luces ténues, carreteras a cámara lenta y desfiles de carnaval sin petardos donde el disfraz más irónico sea el de centauro que llevaba una pobre condenada a girar sobre sí misma. Yo, mientras, trataba de evitar que J.entrara en brote psicótico: "¿Es necesario que vayamos por una calle llena de familias con tambores y niños feos?". Pues sí, chitín, hemos venido a jugar y si no hay Greco habrá que entregarse a la turbamulta, a los damasquinos y a los puñaletes esos de los escaparates que compran los guiris para atracar bancos en sus patrias respectivas.

El hombre no tenía la culpa de estar así de superado. Horas antes me había empeñado en que probara el jacuzzi humeante de la terraza para hacer una foto, y el hombre accedió a regañadientes. Al rato estaba arrugado y con una tensión de 8-4, a punto de darle un chungo, mientras yo seguía buscando enfoques con los que epatar a mis amigos más tiñosos a la vuelta. "¿Puedo salir ya, que lo mismo tienes que llamar al juez para que venga a levantar mi cadáver?". Pssss, bueno, pero que conste que no me has dejado hacerte un Terry Richardson en condiciones. Luego no te quejes si la foto pasa sin pena ni gloria en las redes sociales.

Hoy toca recorrido espiritual. Sinagogas, templos y bares con tapas consistentes y vinachos castellanomanchegos a tutiplén. "A mí la cosa rancia esta de ciudad amurallada con mucho meapilas no te creas que me convence...", se atreve a insinuar el hipotenso. Pero yo estoy entregada al arte radical. Ese que nos salva de la bruma, de las calles llenas de gritones de plexiglás y de los disfraces de fibra sintética que llevan esos tipos inconsistentes a los que les acercas una cerilla y salen envueltos en llamas. Así que, con la venia, procedo a disfrazarme de señora que va de museos los domingos para justificar el pincho de tortilla y el vermú de la una. Tengan un gran día.

viernes, 4 de marzo de 2011

COPPOLA VENCIÓ A MOSS



Mi querida Big-Bang:


Sofia Coppola es una mujer que viste blusas de una levedad extrema, se peina la melena como una niña buena y resulta modernaca que te mueres. Yo, con esas blusas con chaquetita boba, parezco justamente eso, una boba a la que un señor engañaría con un caramelo a la puerta del parque de atracciones. Y esa es la propuesta de los escaparates de primavera. Miedo me da, porque mimetizarme, junto con somatizar, es una de las cosas que mejor se me dan en esta vida. Yo me pongo mi chupa de cuero, mis jeans negros marcavenas y el tacón de mamarracha y ejerzo de dominátrix. Pero si hago lo propio con una camisa de popelín a conjunto con falta estampada con micromotivos florales en tonos pastel, bastante por debajo de la rodilla, me llamarán los Legionarios de Cristo ipso facto para abrazar su credo. Y, lo que es peor, fijo que acudo a la llamada.

Tanto denunciar a John Galliano -con mucho fundamento, of course- pero a nadie se le ha ocurrido que las propuestas de la moda pueden cambiar a toda una generación de grupies. Ahora las ñoñas y los lánguidos invadirán nuestras aceras, y muy mal se nos tiene que dar para que eso no vaya unido a la resurrección de Grease, del algodón de azúcar y de los discos de Devendra Banhart. A más a más, puede que el pick-up (léase como se escribe) vuelva por sus fueros y se cargue el debut flamante de la I-Pad 2. Ese gadget que deseo con una desesperación impropia de mi nueva blusa estilo Coppola.

Porque, claro. No es que ella sea mejor que yo (ejercicio 1 de autoestima). Es que lleva los genes de Apocalipse Now y de El Padrino en las venas. Y con tanta ponzoña ya te puedes disfrazar de Genoveva de BravCuoreante (el popelín está haciendo su efecto) que sigues manteniendo un sexycool enguapecido y distante. Sofia es mucha Sofia, y puede permitírselo todo, hasta hacer anuncios con maletas de Vuitton con papá, sentados ambos en un prado verde de anuncio de Ariel. El "marco incomparable" para un vestido lencero y vaporoso que si me pongo yo no pasa de camisón de chica limpia y nada libidinosa.

Porque también puedo optar por copiar el look de mi idolatrada Kate Moss. Malota, antipática y siempre adorable aunque el Cuore se empeñe en sacarla con camiseta de churrero, michelines y unas mechas en estado de descomposición. El problema es que si me esfuerzo mucho lo mismo termino del brazo de un tipejillo rockero emporrado hasta las trancas. Y para eso estoy mayor. Y me sobran dos tallas. Y me faltan 10 centímetros.

Así que aquí me tienes, con el armario abierto y sin saber por dónde tirar. El evasé o la seda fruncida, el jeans a la arena o el cargo gris piedra. Con tanta indecisión, me temo lo peor. Acabaré vestida de Julie Andrews y me ligaré a un viudo con tirantes en la puerta de un Burguer King. Planazo de viernes.

jueves, 3 de marzo de 2011

MACHOS ALFA




Mi querido Big-Bang:


Cuando el macho alfa casado sale de caza, no escatima. Se acoda en la barra de un bar oscuro, pide un whisky con coca cola y desnuda a la camarera con la mirada haciendo un chiste sin gracia y llamándola por algún diminutivo: bonita, el más habitual. Guapa o nena, los siguientes en el top ten. Ella, con sumo desdén, se concentra en ponerle bien de hielo en el vaso para no mirar a los ojos al enésimo cuarentocincuentón sin prisa y sin talento. Luego le suelta un plato repleto de kikos rancios y agarra el billete con determinación. Con suerte, se queda las vueltas.

Divido los afterworks en baretos y antros de ligue para hombres y mujeres que sienten pánico por volver a casa. Y conste que los entiendo. Yo a veces dejaría a las chukis con la tortilla de patata y la ensalada mixta para evitar encontrarme con la grisura de la intendencia y el parte de bajas: "Mamá, hoy Mireya me ha llamado lesbiana, y yo le he dicho que muy bien, que ya sé que no es una palabrota. ¿y si mañana me llama marimacho, será una palabrota?¿Y si me llama gili y lo que sigue?". Con cenas tan trepidantes comprenderás que la tentación del afterwork es mucha. Pero una es de la grey de las monjas y además mis chukis, que tienen gran determinación, mandarían a los GEOS a buscarme sin contemplaciones.

A lo que iba. La barra oscura, los tipos escrutadores de escotes y sonrisas insinuantes. La baba cayendo y la conversación deshilvanada. Temas de alto calado profesional resueltos a gritos para que ellas, potenciales presas, se admiren de su testosterona y su poder. La memoria de resultados, el margen de beneficios, la junta de accionistas, la consolidación del ejercicio... Tú miras y quisieras imaginar a Kirk Douglas en Wall Street o, mucho mejor, a los jefes de Jack Lemmon en "El Apartamento". Pero ser Billy Wilder es como ser dios, que diría Trueba, y además los tipos con trajes de gran almacén y corbatas aflojadas sin un gran guión que los soporte resultan tristes. Y perdedores.

No te creas que me ha dado un ataque de teapartismo. Creo que las barras oscuran tienen su papel social. Son necesarias para bañar en alcohol las farsas y quebrantos de un día de oficina donde lo más apasionante que pasó fue que la fotocopiadora engulló el tóner de golpe y escupía agujeros negros. Donde tu jefe te abrumó con informes e hizo suyas tus ventas de aspiradores ante su jefe. Donde la vaga de la administrativa se pasó la mañana poniendo mensajes en facebook y hablando por teléfono con su prima de Cuenca. Y de ahí al bar de los divorciados casados puede haber un paso, o un resbalón.

Y ahora irás y me dirás; ¿Y cómo sabes tú tanto de bares de cincuentones, bonita? Y yo te diré que ando escribiendo un relato sobre lo que hacemos para no asomarnos a la verdad, que amo a Billy Wilder y que, cuando la grisura me hace tiritar, convoco a las chukis en el salón y nos chutamos otra vez "El Apartamento", hipnóticas, para irnos a la cama convencidas de que hasta los tipejillos más despreciables tienen derecho a que alguien cuente su historia con tintes épicos, mientras suena el pick-up y el vecino aporrea las paredes.