viernes, 25 de marzo de 2011

TERCER GRADO



Mi querida Big-Bang:


Tú vas a la pediatra con las chukis para la revisión de los 70.000 kilómetros. Ella mira a la pequeña y, tras llamarla por segunda vez por su nombre, le ordena: "Ahora quítate toda la ropita y te quedas en calzoncillos". Yo ahogo una carcajada, chuki grande me mira con estupor y la agraviada compone una sonrisilla sarcástica. Yo la ayudo a quitarse la camiseta, mientras digo: "querrá decir las braguitas, porque es una niña". La doctora, en sus trece: "Es que parece enteramente un chico. ¿Por qué no lleva pendientes?". Y usted, ¿por qué cree que soy una madre chunga que quería un gineceo y cuando nació el niño le puso un nombre bien femenino para perpetuar mi fantasía? Pero no se lo digo, porque me debato entre partirme de risa y partirle la cara a esta boba que sigue dando muestras de gran profesionalidad:

-¿Qué tal come? (nótese que evita decir el nombre, aún convencida de que tiene delante a un pequeño transexual)
-Regular.
-¿Pero come algo el niño?
-Bueno, algo sí, de lo contrario estaría muerta. Muer-ta. Es una chica.
-Pues si come algo, todo va bien. ¿Y fuma?
-¿Quien, yo?, infiero.
-No, el niño.
-¡Pero si tiene ocho años! (aquí la cara de chuki pequeña es un poema)
-Déjese, que empiezan a esta edad...
-Pues no fumo, (responde la enana muerta de risa)
-Pues entonces, todo va bien.

Todo va bien. Little transexual puede vestirse y lo hace pitando, porque siente vergüenza de estar en bragas delante de esa señora tan rara, que ahora se vuelve hacia chuki adolescente furibunda para pedirle que se desnude. Esta vez, por suerte, no duda de su sexo. Tras pesarla y medirla comienza el insólito interrogatorio:

-¿Qué tal vas en el colegio?
-Regular.
-¿Por qué, no te concentras pensando en tu novio?
-No es eso... (la interfecta contesta porque esto es una consulta y esa señora lleva una bata que le permite abusar de su poder). Luego me dice: "Diga en el colegio que le hagan un test de déficit de atención, porque si lo tiene, le damos unas medicinas y verá cómo mejora el rendimiento"
-¿Bebes alcohol con tu novio?
-No bebo alcohol, bueno alguna vez champán, en Navidad y éso...Con mis padres.
-Ah, bueno! Y anota, diligente: a veces bebe, pero con adultos. (Lo que sin duda la exime de todo peligro de alcoholismo, porque ya se sabe que el alcohol con adultos pierde súbitamente su graduación, y se convierte en Coca-Cola).

Little transex me mira todo el rato con cara de no dar crédito, y cuando ya pensamos que nos podemos ir, comienza mi interrogatorio como testigo de cargo:

-¿Toma drogas?
-¿Yooooo? Pues no. (¿pensará esta idiota que si las tomara lo iba a reconocer delante de mis hijas?)
-¿Cuántas personas viven en su casa?
-Las que está viendo, tres.
-Así que estad usted...(tres segundos de silencio)
-Sí, divorciada.
-¿Con conflicto o sin conflicto?

Estro es más de lo que puedo soportar, así que tras jurarle que no hay conflicto, que eso es en Libia, agarro a las chukinas y entro a ver a la enfermera, que le pide a mi little transex que se tape un ojo y lea las letras, pero sin apuntar a una en concreto. La enana, desorientada, no da pie con bola. Así que la enfermera se vuelve hacia mí, y con la misma cara que el fiscal del juicio de Nuremberg, me suelta:

-Vamos a ver, este niño no ve tres en un burro. ¿Acaso no se había dado cuenta?.

A continuación agarra a mi adolescente y le pega sendos chutes en los brazos, ordenándola que espere diez minutos fuera sentada. Y yo, muerta de prisa: ¿por qué?. "Por protocolo". Muy bien, pues chukinas, quedáos con el protocolo ése que yo me piro a la oficina, no sea que me echen y tengamos conflicto, y la pediatra ponga una equis en la casilla de "conflicto" y venga la asistente social a quitarme la custodia y a cambiarle el nombre a la chuki little transex.

Juro que este es real life, no Robespierre. Ha ocurrido en la consulta de la Seguridad Social, a donde acudo de cuando en cuando porque quiero confiar en el sistema público, también llamado Estado del ¿bienestar?. Pero esta vez no ha podido ser...

Anotación: Mis chukis permanecieron más de media hora sentadas, hasta que la enfermera salió de la consulta para tomar su café y las vio allí, quietas y muy formales.

-Ah...me había olvidado de vosotras. Ya podéis iros. ¿Y vuestra madre?

Aquí, relatando al mundo una de esas historias que superan a la ficción.