martes, 7 de junio de 2011

DINER EN BLANC

Mi querida Big-Bang:




Ando fascinada con los franceses. Y no por Dominique SKN y su devota esposa, esa mujer fornida que lo lleva del brazo ante el juez y lo apoya a muerte frente a la camarera que lo acusa de violación porque los votos matrimoniales mal entendidos son así; tampoco por la diosa Bruni con su incimiente tripa chic. Sino por esa nueva manifestación de la grandeur llamada "diner en blanc" http://youtu.be/CtZtVxho1Zk.

Mientras a nuestros indignados del 15-M se les llenan las tiendas de perroflautas, los descendientes de Cristian Dior y de Coco Chanel convocan a las masas para cenar en lugares públicos. Se trata de un movimiento espontáneo porque hasta poco antes de la cita nadie sabe dónde tendrá lugar. Los afortunados reciben por sms una dirección -normalmente la boca del metro, a veces "Palais Royale"- y luego el lugar exacto: Campos Elíseos. El dress code haría levitar de placer al mismísimo Lagerfeld: todos van inmaculados, de blanco, con pañuelos de diferentes colores.  Y armados con mesas plegables, manteles impolutos y botellas de Moet&Chandon, porque aquí entienden que glamour y picnic pueden ir unidos. 

Las instrucciones de los llamados jefes de tropa son claras: al llegar al lugar de autos no pueden dispersarse con saludos. Montan su puesta en escena y atacan el foie mientras las fuerzas del orden se pasean a su alrededor sin tomar ninguna medida contundente, más allá de grabar el festín. A las doce de la noche, como obedientes cenicientas, los 10.000 hijos de San Luis recogen hasta el último papel y vuelven a sus casas, dejando un reguero blanco y la promesa de volver a estos San Fermines sin toros donde suena música culta y se cita a Baudeleire.

Entenderás mi fascinación por París. Cada vez que aterrizo allé me siento como Sabrina y miro a esas mujeres que sobrevuelan en bicicleta con sus trench cámel. Las Marianne, me gusta llamarlas. Con ese orgullo casi napoleónico aderezado de un toque de mariantonietismo necesario para darle drama al conjunto. Tan etéreas, tan Brunis, aunque madame Sarkozy sea italiana de cuna. Y querría ser invitada a una cena en blanco y subirme a una mesa e iniciar un discurso plaglado de libertè, fraternité y egalitè mientras mi adorado -llamémoslo Jean Francois- me susurra palabras de amour al oído que me ponen tan loca como a Jamie Lee Curtis las de Kevin Kline en Un pez llamado Wanda.

Y con esta ensoñación te dejo, que debo vestirme por si me llaman mis amigos napoleónicos. Ya oigo a lo lejos La Marsellesa. Ya soy blanca total look, Y París bien vale una misa o un Moet a la sombra de la Torre Eiffel.