lunes, 31 de octubre de 2011

MORIR HABEMUS

El colmo de un narcisista es morir el día de Todos los Santos.

Los chistes de muertos no suelen tener gran éxito. Mucho menos que los chistes machistas y a años luz de los chistes verdes. Debe ser cosa del fatalista "morir habemus".

Mi primer Halloween me vestí con una sábana y mi hermana hizo lo propio. En realidad, era un exotismo made in USA que por aquí no se estilaba. El español ha sido siempre muy dramático, muy tremendista, muy "cincohorasconmariano", pero a la hora de convertir el lamento en una burla con calabaza, perdía los papeles. La muerte es la muerte. La Elegía a Ramón Sijé (http://usuaris.tinet.cat/elebro/poe/mher/elegia.html). La embestida del toro. Y, a mucho tirar, el "siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo".

Tú te puedes reír, descojonarte, de que tu amiga no tenga suegros porque los pilló un autobús. Pero eso es porque cuando tu amiga conoció al que sería su marido poco después, el chico ya era huérfano. Y reírte de unos señores sin cara y sin biografía no parece de mal gusto. Siempre que sean suegros, naturalmente.

¿A suegra muerta, suegra puesta?

Cierta mujer que conocí afirmaba que la muerte vista de cerca le producía dos reacciones: risa y deseo. "¿Pero te ocurren a la vez, concatenadas o es una u otra?", quería yo saber. "Sólo te digo que debuté el día que murió mi abuela".

Si eres argentina y debutas significa que has dejado de ser virgen, para entendernos. Y este episodio, con el cadáver aún caliente de la abuela, es lo que las coplas de Manrique a la española.

Hubo un tiempo, prosigo, en que la última copa se tomaba en el tanatorio. Era la cafetería madrileña que cerraba más tarde. Un afterhours del sofoco donde se mezclaban los viudos con los borrachos rebeldes al sueño. Conozco a un tipo que encontró allí el amor. Ella velaba a su tía, una venerable anciana, y se había apalancado en la barra del bar tras el shock de ver el cadáver tras el cristal.


Los muertos deberían velarse con una gran fiesta, pero sin calabazas ni performance Disney. Algo similar a una graduación. Si no hay un más allá, has coronado tu vida y por algo te llenan de flores. Si lo hay, con más motivo.

Y el vivo, al bollo...

domingo, 30 de octubre de 2011

LA HORA DEL FONTANERO

El capricho de las convenciones horarias me parece similar a los de las divas insoportables. "Haz algo con mi tiempo, Bautista". Y Bautista, el pobre, se cala la gorra y se lleva a la rubia por caminos inhóspitos para eso que se conoce como "hacer tiempo".

El tiempo ni se crea ni se destruye, sólo se malogra. Me acabo de inventar una ley de la Física.

El tiempo es un arma difícil de manejar. Viene sin instrucciones. Y si uno manipula un kalashnikov a su libre albedrío podría desencadenar la tercera guerra mundial en el rellano de su casa. Inmediatamente vendría la policía, las vecinas gritarían a cámara de eso de "parecía una familia muy normal" y saldríamos en los Telediarios. Así que una hora extra te puede llevar a la fama, convengamos. Y también al calabozo.

Una hora más, sesenta minutos de grandes ideas, arreglarían ese radiador que gotea desde hace tres inviernos. Es más, si lo hace un profesional, aún le sobrarían treinta minutos, y sería un dislate. ¿Qué hacer en casa con un fontanero ocioso treinta minutos? Para un escritor de novela porno la respuesta es evidente..."y aún le sobrarían 15, pequeña". Pero no minusvaloremos el ingenio. Quince minutos de porno deberían sobrar para un desahogo facilón y un donut de chocolate.

El tiempo es una partida febril con uno mismo. Si te falta, te vuelves ansioso. Si te sobra, depresivo. Es menester, diría el experto terapeuta de los tiempos desacompasados- ajustar los proyectos al tiempo real. Evitar que se generen paradojas y molestas elipsis.

Si, pongamos que hoy mismo, nos sobrara exactamente una hora, sesenta minutos, tres mil seiscientos segundos, se me ocurre que podríamos salir a caminar a largos pasos, recoger setas de tres tipos, comprar un reloj dilatador y, con suerte, dormir una siesta de aproximadamente diez minutos y veinte segundos.

Y aún nos sobrarían unos instantes para maldecir a esos tipos sin nombre que nos joden dos veces al año con sus convenciones temporales.

sábado, 29 de octubre de 2011

A CORAZÓN ABIERTO

Una de esas páginas de descuentos de infarto por Internet me ofrece una operación a corazón abierto al 70%. Una oferta que no debería rechazar. 

A cierta edad, digamos en torno a los cuarenta, el corazón necesariamente acumula duelos y quebrantos. Y si no, no eres nadie. Tú vas a una inspección técnica de salud y como mucho te miden los latidos. Te toman el pulso, si quieren hacerlo más de andar por casa, y como el músculo late, dan por hecho que está bien.

-De latir mi corazón se ha parado, le dices al doctor. Una arritmia leve, pongamos, pero manifiesta. De ahí que no soportes la visión de las ratas ni los deshaucios. Claro que cuando la viste no se estilaba lo de poner en la calle a las familias con impagos. Al menos no salía en los periódicos dos veces por semana.

-Verá, el corazón no se para así por así... te dice el señor médico mirándote con cara de "voy a extender un volante para otro especialista, el del cerebro, que lo mismo ahí sí hay faena..."

-Ayer se me detuvo el corazón, lo juro, insistes. Fue en un viejo lobby de hotel, quizá en París, con butacas forradas de terciopelo azul plomo y entre dos tertulias de viejos de no menos de ochenta años. Todos con sonotone. Todos con traje y corbata, como caballeros de otro tiempo.

Si te ofrecen una operación a corazón abierto debes asegurarte de que tu corazón deje de latir en ese instante. El plan renove cardiaco, podríamos llamarlo. Tú llegas, te meten una aguja del carajo -dijo él- y al rato eres más feliz que Michael Jackson en la noche de autos. En gloria esté.

Entonces las manos del cirujano extraerán cuidadosamente el órgano y lo dejarán caer en una bandeja metálica previamente esterilizada. A cámara lenta, no sea que se lastime la válvula de un ventrículo. Allí, yaciente, la víscera latirá sola un ratito, oreará sus lamentos, se hinchará de amor y pedirá pista para volver a su habitáculo. Mientras tú recuperas con el tórax abierto las ganas de saltar a la comba y de besar blandito en los labios y de pintar de una vez las paredes de tu casa.

-Así que quiere que le extraiga el corazón...
-Sí, hágalo y luego me lo pone oxigenado, le mete sangre fresca y me baja un punto o dos las pulsaciones para que vivir no agote mi conciencia.
-Eso está hecho. Y ha tenido suerte. Hoy la extracción y puesta a punto tiene el 70% de descuento.

Una oferta que no se puede rechazar.


viernes, 28 de octubre de 2011

ARDOR INFIEL


A veces el banco de historias exige unos intereses abusivos, desorbitados. 


Entonces es el momento de echarse a la calle a robárselas al público en general. Tengo una amiga felizmente emparejada que asegura que todos los días de su vida siente la tentación de ser infiel.  Entonces se viste con su mejor lencería y las uñas de los pies perfectamente rojas, se sienta en un Starbucks del centro de Madrid y observa a los hombres. "No me importa la edad, cualquiera podría ser un candidato. Los miro haciendo cola para sus bebidas y pienso lo que haría con cada uno. A veces se dan cuenta y me devuelven la mirada. Otras se incomodan y se sientan en el sofá más alejado del mío". Cuando se le pasa el ardor infiel vuelve a su marido y al calor del tedio y al abrazo de oso hormiguero. Anoto una posibilidad de relato: "La presunta infiel inacabada". O "Starbucks. Mucho más que café".

Un hombre que detesta Starbucks porque sus cafés le producen acidez encontró el otro día pelo púbico cortado de su hija adolescente en el baño. El hallazgo, claro, daba para limitadas interpretaciones. La niña frente al espejo,  las tijeras en la mano, envuelta en la toalla de baño y esculpiendo vacilante su sexo antes de ir con su novio. La perplejidad sobresaltada de ese padre que, una hora después de autos, mira salir dando un portazo a su ¿niña? imaginamos que rasurada a trasquilones. "No sé, tú que eres mujer, ¿crees que si se ha hecho eso es porque alguien más se lo va a ver?". No sé, no sé...

La tercera historia gratis total tiene menos posibilidades, lo reconozco. Pero son los riesgos de no pagar. Va de una asesina bipolar aguda que olvida el litio el día que tiene que viajar, pongamos, un Madrid-Bangkok. Vuelo regular, con escalas. Asiento en turista. Mientras finge observar con interés a la azafata que explica cómo hinchar el salvavidas en caso de emergencia -"nunca dentro del avión, hay que joderse"- abre el bolso, mete la mano y comprueba con una leve sonrisa que el veneno sigue allí. Después levanta el dedo, aprieta el piloto y le pide a la camarera voladora un café doble y amargo. "Como los de Starbucks".

jueves, 27 de octubre de 2011

HÁGAMELO TODO

-¿Cuántas cosas me puedes hacer con este dinero?


La frase pertenece a una mujer de mediana edad que entra a un centro de belleza de esos que se anuncian en la radio y acumulan demandas en los juzgados. Pero también podría pertenecer a un hombre que va de putas. El dinero marca el límite de nuestros deseos. La urgencia, el alcance de nuestro apremio.

A la mujer le gustaría -dice, con sus palabras- un cambio radical, un abracadabra que eliminara de su rostro el peso del insomnio y las arrugas. La devastación, en suma. El hombre sueña con un pasaporte al paraíso con todos los extras del orgasmo, a saber: ¿caricias, comprensión, dominación, identidad, éxtasis?

Es posible que esa mujer ahorre todos los meses unos euros para enfrentarse al espejo como Blancanieves y no como su madrastra. Que llegue al centro barajando posibilidades. Peeling, limpieza de cutis, liposucción, bótox o hialurónico. Ella paga, ella manda. Lo que dé de sí su botín. La enfermera la mira perpleja porque ella ha cogido el impreso del mostrador con la lista de precios y anda haciendo cábalas. 

-Cuántas cosas me pueden hacer con mi dinero.

A la puta no sé si le incomoda la pregunta. Está acostumbrada a cantar los precios por servicio. Eso, entiendo, exceptúa a las caras. El alto standing no habla de dinero. Otros lo hacen por ellas. Pero el tipo ha vaciado sus bolsillos sobre el mostrador y quiere saber si le da para masaje con final feliz -lo que se viene llamando un completo- un rapidillo o un polvo con prolegómenos y cigarrillo postcoital. La puta, en este caso, no es de las caras, así que entra en la negociación y le hace un pack de tarifa irresistible. Algo así como el viaje a Marte de Arnold Schwarzenegger en "Desafío Total". 

La mujer quiere ser Sharon Stone. Y ahora insiste a la enfermera con la foto de la actriz en un anuncio de Dior: "si ella puede, yo puedo". Pero la tersura de Sharon, está a punto de decirle la otra, es tan falsa como la esposa que interpreta en la película de Arnold Californicator. Y debe usted pensar en que desde que existe el photoshop nada es lo que parece. Marte no es más que la promesa de viaje de un puñado de excéntricos millonarios.

A la mujer "le importa una mierda", exclama, que Sharon en realidad no siga siendo una diosa. "Yo quiero ser Sharon como está aquí, pero en morena".  Yo pago para que me dé placer, no me cuente que esto no es amor verdadero.

Al hombre tampoco le interesa el amor. Pero deja que ella finja que le quiere un poquito como parte del ritual.

El dinero te lleva a Marte. Y  a Júpiter. Y a Saturno.

miércoles, 26 de octubre de 2011

LA NOVENA PASAJERA

Desaparecerse de cuando en cuando debería ser prescripción facultativa.

Desde que las farmacias abren 24 horas asumimos que debemos estar disponibles como norma general. Pues no, no soy un antibiótico. Ni siquiera un Alka Seltzer a la espera de una noche de resaca. Me gusta pensar que puedo desaparecer, desaparecerme, si que a nadie le soliviante.

Es más, planeo hacerlo en breve, pero antes debo dejar algunos asuntos resueltos, a saber: 1. Dos docenas de croquetas ya rebozadas en el congelador. La croqueta, como cena, es muy agradecida. Y no querría que los proptectores de la infancia se personaran en la puerta para detenerme por negligencia materna y esas cosas. Además, si lo hicieran, tendría que hacer acto de presencia y eso rompería mi plan de invisibilidad total.

2. Grabar mensajes, debo grabar unos cuantos mensajes con las convenciones básicas de la buena educación -buenos días, gracias, perdón, ¿cuánto cuesta?, que te den...- y distribuirlos sabiamente por todos los centros neurálgicos de mi ex vida. Así sólo tendré que extender la mano sin mirar, sin que me miren y sobre todo sin que nadie sienta el impulso irresistible de establecer conmigo algo parecido a una conversación.

3. Una alarma. Debo instalarme una alarma para ahuyentar a los insistentes y también para llamar si me ocurriera algún percance. Asumo que pasados unos días desaparecida dejaré de ser tenida en cuenta y podría quemarme a lo bonzo en el salón sin que nadie se apercibiera. De aquí que necesite un silbato, una bocina o puede que una corneta. Algo sobresaltante. Irritante incluso.

4.Una mordaza. Porque siendo tan impulsiva será raro que no se me escape algún comentario cuando escuche discursos deshilachados y palabras fuera de lugar. Las Chukis no me perdonarían que rompiera mi silencio para puntualizar que "sobrarse" no existe como reflexivo y que no se dice "dar gracia" sino "hacer gracia".

En realidad, tendría que añadir al kit unos tapones para los oídos. Así estaré menos expuesta a estímulos diversos. Y, dado que no tengo intención de emplear drogas para mi experimento -pese a la fascinación que me provoca ese señor llamado Antonio Escohotado- precisaré de algún somnífero natural paralizante. Un discurso de empleado de centralita telefónica sita en Marruecos, Argentina o Nueva Zelanda podría servir.

Y, si todo falla, siempre puedo subirme a la nave de Alien y convertime en la novena pasajera dentro de una de esas cámaras para atravesar los años luz en perfecta fase REM. Y que MADRE y Ripley me despierten cuando lo crean oportuno y me pongan al día de los desmanes y quebrantos del planeta tierra.

Ahora sí, me desenchufo.



http://www.rtve.es/alacarta/videos/pienso-luego-existo/pienso-luego-existo-antonio-escohotado/1231044

martes, 25 de octubre de 2011

CATETA Y SOÑADORA

Se llamaba Perro Móvil. Así lo habían rebautizado mis hermanos y me parece uno de los mejores motes de la historia universal. Creo recordar que hacía alusión a la velocidad con la que el tipo huía de las situaciones de peligro. Perro Móvil, era, pongamos, la versión de barrio y bocadillo de Nocilla del Capitán Araña.

Los alias de los terroristas siempre me han llamado la atención porque no suelen ser sanguinarios, salvo excepciones. Como El Chacal. Si te llamas así es lógico que termines pudriéndote en una cárcel de Francia. Deberían trabajárselo más, porque con el tiempo un mote se apodera de tu identidad. Y si te llaman "Matarratas" o "Sardineta", ya puedes ser la más glamourosa del lugar que siempre te verán husmeando una cloaca o frita y grasienta.

"Sopitas" es el sobrenombre que le puse a cierto tipo que me presentaron recién divorciada, amigo de mi cuñada "La enfermera del amor", con el que nos fuimos en familia a patinar sobre hielo. El tipo, coetáneo, bajito, semicalvo y feúno, no era un reclamo sexual a priori, pero lo fue aún menos cuando tras terminar de patinar me dijo que corría a ponerse ropa "porque en estos sitios es habitual enfriarse el vientre". No conozco a nadie de menos de 70 años que hable de "vientre". Mi crueldad, lo lamento, es generacional y semántica.

"Cateta y soñadora" es otra de mis favoritas. Responde a  cierta señora de pueblo con ínfulas filosófico existenciales que suele citar a Lipovetsky cuando necesita un upgrade intelectual. También la llamamos "la Chopped" porque cuando no le da por Gilles le da por Shoppenhauer. Con idénticos resultados.

El Chacal
Un mote siempre te remite a un lance épico. O debería. Mi hermano una vez descalabró a la abuela de Perro Móvil. La mujer llevaba un cardado a lo Marge cuando los Simpson aún no habían sido concebidos. Era excéntrica, se maquillaba los labios asegurándose de que se le corriera en rouge por las comisuras y en los ojos se dejaba medio lápiz de khol. A veces se ponían un turbante verde loro a juego con el vestido de brillantes colores. Eso, para una infancia en blanco y negro, era fascinante y provocador.

Un día mi hermano, jugando con su nieto, tiró la piedra sin querer al bulto. O sea, a la peluca/cardado, y le hizo una brecha.

-¡Ay, que la he "escalabraó"!.

El nieto corrió como su mote, pero esta vez al socorro de su abuela, cagándose en mi hermano (con perdón). Éste vio pasar la madre de todos los castigos por delante de sus ojos.

Aquello pudo terminar con una larga amistad de partidos de chapas y juegos de centuriones, pero parece que el niño, además de cobardón, era noble y supo perdonar.

Ayer me crucé por la calle con Perro Móvil y tuve un deja vù. Iba del brazo de su ¿madre? Una señora excéntrica, maquillada como una vedette y con un monumental cardado/ensaimada sobre la cabeza. Volví a la pedrada, a la palidez de mi hermano, a la sangre y a la bofetada que mi madre le propinó según supo la hazaña.

No tengo ni idea de cómo se llama en realidad Perro Móvil. Pero siempre lo imagino corriendo con la boca semiabierta. Flaco, paticorto, con la camisa por fuera..

Ganarse un mote es duro, pero te catapulta a la eternidad. Y eso no lo dice Lipovetsky, señora Cateta y Soñadora, lo dice la vida misma.

lunes, 24 de octubre de 2011

TAKE THIS WALTZ

Escucho "Suzanne" todos los días de mi vida. O casi todos.

Últimamente, además, le añado "Take this Waltz", aunque detesto la película que Sarah Polley ha hecho ultrajando la canción. 

Leonard Cohen siempre me ha parecido un caballero inquietante, así que si la película le produce naúseas, incluso convulsiones, le mandará de todos modos una rosa envuelta en un estuche a la violadora de su verso y la dejará en ese estado demiúrgico donde uno no sabe si le están besando o arañando.

Creo que la forma más destilada de responder a un agravio se debe parecer mucho al halago. Es la ironía perfecta, la pelota en la red, casi ingrávida, que te hace dudar si caerá a un lado o a otro. Desconcertar es mucho peor que golpear. A fin de cuentas, una patada en el hígado, verbal o física, te sitúa rápidamente en el centro del dolor. Te quiebra y tus manos van directamente al punto, lo cubren, lo mecen, lo anestesian.

Pero si no sabes muy bien si te han dado no hay reacción posible. La ironía produce esa sensación, el sarcasmo no. La primera es más de inteligentes que si te invitaran a comer te harían, pongamos, un pez en peligro de extinción con una salsa fruto de mil reducciones al oporto. Los otros te servirán una hamburguesa sarcásticamente llena de mostaza barata y rebosante de sangre roja.

Si a Leonard Cohen le robas una pieza para hacer una mala película, deberás arder en el infierno. Sarah Polley, tengo que decir, me cae bien. Recuerdo su peli de Coixet "Mi vida sin mí" porque, además de hacer un gran papel -me parece-  nos mostró su celulitis. Y eso en una actriz es un regalo si construye al personaje. Sarah celulitis Polley me convenció, me convence siempre, pero no como usurpadora de una canción de mi adorado Leonard.

Me propongo olvidar la película y bailar un vals para arrancar este lunes cargado de ironía. Abstenerse sarcásticos y usurpadores. La pelota está ahí, gravitando, justo enmedio de la red.

domingo, 23 de octubre de 2011

DIÁLOGO POSTCOITAL

Una adolescente le pregunta en el metro a otra que de qué se habla "después de follar". La otra, intuyo, es la experimentada, así que extiendo las antenas porque una siempre está en disposición de aprender.

-Tía, pues de nada, ¿de qué vas a hablar? 
-Hombre, algo diréis, es un corte quedarse callados, ¿no?
-¿Por qué? Pues te subes las bragas y te vas.
-Ahh

La chica es preciosa. Rubia, pelo largo según el estandar Hanna Montana, ojos verdes ligeramente asimétricos, un punto desaliñada. Perfume dulzón. Lleva unos minishorts, una camiseta de tirantes pese a la amenaza del otoño, una cazadora barata y unas botas de los chinos, de esas beige con tachuelas. Pone cara de asco. Esa que se les da tan bien a las de su edad y condición hormonal. La amiga, regordeta, viste parecido y tiene un acné rebelde en la cara, lo que no le impide maquillarse a conciencia, con todos los extras: base ("pote"), colorete, sombra espesa y rimmel. La misma cara desdeñosa, pero menos convincente. Y sí, quiere saber más.

-Pero Ferby (?) ¿te gusta?
-Pssss, algo.
-¿Pero le quieres?
-No sé. 
-¿Y él no está enamorado?
-Ayer cortó conmigo, se lo dijo a Javi y él me llamó para que lo supiera. 
-¡Qué cabrón!
-Tía, tú qué quieres...

Un marciano que aterrizara en ese momento sacaría estas conclusiones: ser adolescente es bajarse las bragas, pintarse como un indio cherokee, pasar frío en otoño, desdeñar al mundo y sepultar el sentimiento con frases cortas y mal rematadas. Como los shorts.

Pero, de repente, la niña guapa se ha echado a llorar y su amiga la consuela. Ser una diosa despreciada por un tipejillo llamado Ferby que no dice palabra tras correrse es duro. Tiene que ser muy duro.

sábado, 22 de octubre de 2011

SUS MANOS, MIS RODILLAS

No soporto la uñas largas. Me las corto cada vez que intentan rebasar la frontera de su trazo sobre el dedo. Contener el crecimiento de unas células muertas es un ejercicio de vigilancia extrema, porque lo hacen en silencio y a escondidas. Y un día, ese en el que te has ido de viaje y olvidaste el cortauñas, notas que te arañan con más holgura de la habitual.

Las mujeres de uñas largas me dan miedo. Los hombres, repugnancia. Mi Minichuki, risa. Porque no hay nada que le guste más que jugar a ocultarlas bajo los calcetines y, de improviso, sacarlas como banderolos y decir: "mira qué garras".

La desazón es un día con las uñas fuera de control. No digo nada si están pintadas de rojo Chanel, que en realidad es rojo Valentino y empiezan a descascarillarse.

Tengo, por si no lo había dicho ya, una propensión casi enfermiza a fijarme en las uñas de la gente. Y en las manos, ya de paso. Mis favoritas son de hueso largo y nervio contundente. De pianista histérico, pongamos. Con esos contornos algo deformados por la furia y por el rapto. Las manos que pintan Paula Rego o Lucian Freud.

Alguna vez me he enamorado de unas maños, asombrada desde el extremo a la muñeca, y luego el tipo ha resultado ser un patán. Mala suerte. Yo sólo quería que me apretara, que me rodeara, que me recorriera surcándome suavemente con sus uñas. Otras veces, imperdonable, cometí el error de empezar por los ojos y tuve que salir corriendo al llegar a los padrastros.

Keith Richards
Me gustan las manos que pesan, manos de alta densidad. Las manos de artista. Las manos trabajadas, no excesivamente finas ni suaves. Sus manos detenidas en mis rodillas. No hay nada más sensual que una piel rugosa pero no flácida. A ser posible, que no sude.

Yo pienso con las manos, de ahí que madrugue y desduerma para aporrear. Podría decirse que no sé qué pienso hasta que ellas empiezan a saltar de una tecla a otra. Se me han apoderado de la voluntad, del entendimiento.

Hace años que no me muerdo las uñas con regularidad. Pero a veces, cuando los dedos van demasido libres, demasiado desatados, agarro el cortauñas y agoto el corte hasta que sangran. Llámalo venganza.

viernes, 21 de octubre de 2011

DESPELOTE

No hay nada que me excite más que los buenos titulares. Titular es el arte de detener en seco el tráfico sin que haya un accidente. Es buscar una rejilla de metro en el suelo de un cruce concurrido para que el aire le suba las faldas a Marilyn y todos miren.

Anoche, en la radio, se hablaba en titulares. Por eso me ha costado dormir. La mayoría de las veces desconecto porque los tertulianos, esos apóstoles lenguaraces del relleno, dejan de tener interés al tercer asalto. Les sobra vehemencia, les falta verdad y emoción. Pero anoche había emoción y palabras.

Me gusta que me cuenten al oído, los relatos de la tele me dispersan. La imagen de un cadáver ensangrentado con la voz triunfante de "los buenos" felices de que se lo hayan cargado en lugar de haberlo detenido y sentado ante un tribunal me chirría en las tripas. Somos los buenos, pero cuando nos tocan el lado salvaje celebramos la muerte con gritos bárbaros. Pero sí, me alegro de que el malo, el excéntrico de la jaima, ya no esté operativo para hacer de las suyas. Un titular al que le falta contundencia, por cierto.

Me divierte ver cómo un titular potente anula a los anteriores. Merkel y Sarkozy se han lucido menos gracias a ETA y Gadafi. La amenaza de Moddy´s con sus calificaciones de alcance letal no será hoy en centro de las charlas de oficina.

Hoy somos un poco John. Un poco Yoko. Y mira que me cae mal esa mujer con cara de mala. Y mira que pensaba que esa imagen de ambos desnudos en la cama ya no era más que una fina estampa de la resistencia y el peace&pot de otra década ya lejana.

Así que hoy -titular- "es un día para el despelote".

No es necesario que seamos literales.O sí.

Lo mismo me descubro un hombro y busco una buena rejilla de ventilación que impulse y distribuya tanta agitación y alegría.

miércoles, 19 de octubre de 2011

GRASAS SATURADAS

Un soldado israelí equivale a mil prisioneros de Hamas. La aritmética del conflicto no termino de entenderla y tampoco hacérsela a entender a una niña de 9 años que pregunta.

Veamos, si me cambian por cien camellos, ¿debo sentirme orgullosa o humillada?

Un pastel de chocolate podría equivaler a, digamos, ocho filetes de ternera gallega, con sus vetas de grasa benévola. La que procede del trote en los pastos. Pero no conozco a nadie que en un acceso de hambre se meta ocho filetes al cuerpo. El chocolate parece más rápido y eficaz. Glucosa inyectada. Un chute.

Una novela de, digamos, Coetzee, podría equivaler a cinco, diez, quince, veinte... de cierta escritora especialista en montar pollos vestida de mamarracha y escupir líneas de escasa proteína literaria cada dos años. Tan indigesta como el foie gras La Piara en cantidades industriales. Pero hay quien prefiere imbuirse de grasas saturadas en lugar de una pequeña y exquisita  porción de mi cuit.El gusto es libre. O puede que no tanto.

Un cromo de Casillas, me asegura Minichuki desde su dilatada experiencia de, repito, 9 años, es el equivalente a "por lo menos 30 o 50 de esos otros" (léase de otras figuras del fútbol menos deslumbrantes). Recuerdo el pesar de cambiar un fajo de tesoros del kiosco, recién sacados de sus sobres, oliendo a imprenta, para conseguir la presa difícil. El oso en la cacería. Un oso, por cierto, debe equivaler en caza a cinco o seis venados y a incontables perdices.

Una hora de baile son tres sesiones de terapia en un diván. Un buen polvo, cien abdominales. Una cita con Hacienda, tres lipotimias. Un fado, cinco relatos de dolor encadenados.


 Un soldado famélico es un despliegue de tropas con clarines. Una demostración de fuerza con mirada trémula. ¿Y los mil del canje?. ¿Acabarán en la basura, como los cromos repes de mi hija, cuando no haya presas deluxe para intercambiar?.

La aritmética de la vida no la entiende ni dios. Llámese Yaveh o Alá.

martes, 18 de octubre de 2011

MANIQUEÍSMOS CONTEMPORÁNEOS

 A mí los pobres, por serlo, no me caen bien. Tampoco detesto a los ricos por su condición de tales. El maniqueísmo sirve en la guerras para entender que "los buenos" son siempre tu bando, y los malos el otro. Así no tiembla el pulso a la hora de disparar, no hay tanto remordimiento.
Pero en tiempos de ¿paz? es una ofensa a la inteligencia, y en tiempos de campaña electoral una maniobra tan poco sutil que deberíamos ponernos en guardia a la primera.

A mí los gays, por el hecho de serlo, no me caen bien. Ni mal. Los hay divertidos, cariñosos, ingeniosos, mezquinos, irreverentes, insensibles, procaces. Decir que un maricón -así se llaman a sí mismos algunos de  mis amigos gays- es un imbécil puede provocar ampollas en algunos colectivos de modernos que frecuento. Pero la realidad es que hay de todo y que no todos aman a sus madres o tienen sus casas de diseño. Algunos se quedaron en la boiserie y los marcos de plata. Algunos son serpientes retorcidas. Como los heteros.¿Y qué?

A mí los taxistas no me parecen a priori estafadores de guiri, fascistas, capullos. Pienso que un padre/madre puede detestar a su hijo y así me lo constata el periódico a menudo, que una embarazada es capaz de robar en los grandes almacenes, aunque su figura genere aprobación y sonrisas empalagosas...

Pero sí. Creo que un político se mueve por ambición personal, por medrar, por vengarse de un pasado escolar sin brillo ni autoridad de grupo. Y algunos, de vez en cuando, por servir a la sociedad. Eso que llaman vocación. Y confieso que me cuesta salir de mi propio maniqueísmo cuando los escucho, veo sus tintes de pelo, sus trucos mentirosos, sus promesas de humo.

El maniqueísmo simplifica nuestra vida, nos comprime nuestra visión como una lentilla vieja, nos ofrece contundentes titulares. Es la escenificación de la pereza, la ausencia de discernimiento. Una huelga de grises que excita y envalentona al populacho.

Y yo he vuelto a caer entre sus redes. Y espero me perdonen.

lunes, 17 de octubre de 2011

ADULTERIO

Un tipo que  escribe crónicas del desamor no puede estar felizmente casado.

O puede que un tipo que está casado desde hace 28 años y tres meses no pueda ser feliz. Las grandes verdades de la convivencia se cimentan en una: si piensas quedarte con el mismo/la misma, más vale que seas feliz, o que finjas serlo.

No hay nada más patético que un infeliz que va proclamando que lo es y luego regresa a casa con las orejas gachas todas las noches de su vida.

O puede que eso sea el matrimonio. Anestesia social para no tener que hacer las maletas y una mudanza incómoda, con los precios que se gastan.

Sí, no hay nada más dramático que un casado que se deja la vida en los bares entrando a chicas incautas, desoficiadas, que quieren ser algo en la vida. Y nada más melancólico que una pobre chica que agita las pestañas para medrar. 

Pero el colmo del patetismo es ese tipo felizmente casado que finge delante de la chica que no lo es. Un depredador en falso. Agarra el teléfono, llama a una supuesta incauta y se pone colorado relatándole la lista de cosas que piensa hacerle mientras sus asistente, sentada a poco más de un metro de él, clava la vista en un libro de mentira y finge que no escucha. El adulterio debería ser épico o no ser. Al matrimonio no se le exigen gestas, sólo pequeñas victorias sobre el hule con migas.

Supongo que esto el fruto de una regurgitación. Me colé en una boda el otro día. Tocados de ensueño, espaldas rígidas dentro de los chaqués, pompa y boato. Aplausos al fin de la ceremonia. El ritual de la felicidad.

El novio, inútilmente, trata de escribir un relato a estas horas, insomne y levemente atormentado.

domingo, 16 de octubre de 2011

LAS SARDINAS DE LA IRA

Casi nunca una afrenta tiene relación directa con su desencadenante.


Si te dicen: "tú no comes sardinas porque eres una pija", podrías contestar: "yo no como sardinas con la mano porque detesto el olor de las escamas fritas y el tacto húmedo de las tripas". Si continúan "claro, tú prefieres que en lugar de sardinas te sirvan unos Nina Ricci". La respuesta correcta sería: "en realidad mi sucedáneo de sardina deberían ser unos Loboutin o un libro de Lorry Moore, pero creo que aquí no los fríen". O bien: "lo entiendo, te quedaste en Nina Ricci. Revisa el recetario que hay variedades más exquisitas, más deslumbrantes que el lomo de tu sardina. Ése que ha provocado que te chupes los dedos, uno detrás de otro".

Si te dicen "eres pija, se te ha caído la Blackberry", la respuesta correcta es: "la BB ya no es de pijos, es de niños con acné y paga semanal. Ahora lo suyo es el Iphone-5". Pero claro, alguien que convierte el acto de comer sardinas en un himno de clase social, en un estandarte pseudocultural de dudoso alcance, no entiende que comer con las manos es un gran placer si tienes dónde apoyarte y un platillo con agua de limón cerca.

Si te dicen que eres pija por no comer sardinas de pie, a mano, sin plato, sardinas al abismo, las llaman, quizás te están diciendo otra cosa. Algo que está ahí, tan enquistado como la raspa que se le ha quedado entre los dientes. Un escritor brillante haría un relato llamado "Las sardinas de la ira" o, simplemente, "de la mar a la inquina". Pero un ser mediocre sólo puede señalar el dato: eres pija, no comes sardinas. ¿Cuál es la causa, cuál el efecto?.

Lástima de oportunidad perdida. Carver, Salinger, Cortázar...no perdonarían semejante desperdicio.

Una sardina es una oda a la plata que perdimos, a los chisporroteos de la brasa frente al mar en un verano eterno, a la inocencia recreada, al crujir de escamas y de tripas.

Qué desperdicio convertirla en una afrenta boba. Qué poca imaginación. Qué relato arrojado al desagüe de los intentos fallidos.

A veces, una afrenta nace de una charla cotidiana donde el otro no te habla de sardinas, pero te escupe cada espina, una a una, justo al centro del corazón.

P.D. (para facilitar el trabajo a los impotentes)
¡Arriba, parias de la Tierra!
¡En pie, famélica legión!
Atruena la razón en marcha:
es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos.
¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional. (Bis)

viernes, 14 de octubre de 2011

MISANTROPÍA

McQueen by Sara Burton
Premisa: ser misantrópico (acelerado) no tiene por qué ser un inconveniente y es una gran tarjeta de presentación.

Me llamo X y soy misantrópica. Últimamente lo soy a una velocidad poco sostenible.

En estos tiempos hay términos que uno no puede rechazar socialmente. Por ejemplo, la sostenibilidad. Si algo es infame, pero sostenible, obtiene todas las bendiciones. 

De ahí que haya decidido ser una misántropa sostenible y acelerada. Lo segundo no lo he elegido yo, viene de serie como el air bag de los coches que nos contaminan.

Si corro, me multan. El sistema ha decidido que puedo ser misántropa y acaso asesina sin que me censuren, pero si se me va el pie al pedal del acelerador -cosa que sucede dependiendo de la música que escuche en ese momento- entonces el sistema me hace una foto y me la envía a casa con una dedicatoria: son 500 euros.

Correr, por tanto, es mucho peor que detestar al género humano. Al menos en lo que se refiere a consecuencias prácticas. Yo puedo menospreciar a un gobernante, a un vendedor de falacias, a un diseñador de hombreras y volúmenes imposibles, que el peso de la ley no caerá sobre mí. Como mucho, el peso del Álmax sobre mi estómago. Pero si todo mi desdén lo pongo a, digamos, 130 kilómetros hora, los GEO podrían personarse en mi casa y ponerme unas horribles esposas cromadas.

Ser insostenible me parece la mejor forma de protesta, por tanto. Mucho más contundente que dejar que las multas se acumulen en el buzón de mi casa.

Aquí comienza mi tiempo de misantropía acelerada. Abstenerse cruzar en mi camino tontos con discursos rellenos de nada, niños repelentes y perros sin collar.

Mi religión, mi respiro, es: McQueen (Alexander, hoy Sara Burton, aunque no le haría ascos a Steve), una sinfonía de Dvorak, un cuadro de CyTwombly, Bob Esponja, la duda...Y unos besos al acostar y al levantarme. Sin baba.

Y todo rápido, vertiginoso, ¿perfecto?...

miércoles, 12 de octubre de 2011

LIKE A ROLLING STONE

Cuando llego a un hotel de lujo, me entra el síndrome Rolling Stone.

Quisiera saltar sobre la cama king size, beberme de golpe el mini bar, tirar los papeles de las chocolatinas al suelo y usar todas las toallas, una por una, tontamente. Desenfundar una guitarra eléctrica, romper con ella el cristal de la ventana y tocar algo furioso en pelotas con vistas a una plaza muy frecuentada...Salir a la calle y elegir a un hombre cualquiera que se parezca a Eduard Norton. Llevármelo a mi suite, devolverlo a su vida tras hacerme feliz. Tragar champán. Tragar gin tonic. Tragar.

Todo, menos esnifarme a mi abuela.

Los convencionalismos de la educación/cultura llegan hasta donde el instinto animal sigue haciendo de las suyas.

A veces quisiera decirle al de enfrente: "¿de verdad te crees que soy idiota?". Quisiera escribir una carta al director del que fuera mi periódico de referencia confesándome apóstata de su falacia. Tirar a la basura algunos cuentos. Expoliar al fisco. Vender mi alma en cómodos plazos. Vivir en Finlandia o, en su defecto, en las Fidji. Dar un golpe maestro con Paul Newman. Teñirme de azul. Comer con los codos en la mesa. Cultivar la boutade con espero.http://youtu.be/tuGjBNSRi1c

Ser salvaje, pero no buen salvaje.

Ejecutar una performance gótica y flamígera. Repudiar a los míos. Hablar sólo con extraños.

Ser realmente antisistema.

Lo dejo aquí, llama el servicio de habitaciones y debo preparar su propina y ponerme el albornoz blanco.

Mick, Keith...hasta aquí puedo llegar, so sorry.

http://youtu.be/tuGjBNSRi1c

martes, 11 de octubre de 2011

DE AGUJEROS Y TRINCHERAS



"En tiempos de guerra cualquier agujero es una trinchera".

Así no empieza una de Hemingway. Era el grito de guerra de los amigos de mis hermanos cualquier viernes noche y sí, tiene connotaciones sexuales. La otra versión ya la he contado, pero la repito porque me encanta: "la que a las diez es un dos, a las dos es un diez". Y sí, se refiere a las mujeres y a su evolución como presas de seducción al paso ansioso de las horas en ese mismo viernes noche sin pillar.

La sabiduría popular hay que revisitarla, que dirían los redichos. Yo misma, que siempre he denostado el comentario global de los taxistas, ahora les doy la razón. "Son todos unos sinvergüenzas". Suelen referirse a  los políticos y aún no he llegado a ese grado de decadencia moral de seguirles la corriente e indignarme entre la calle Serrano y la Castellana, pero todo se andará. El taxista nunca tira de relatividad. Es el rey del absoluto. Y, salvo excepciones, evita el contoneo por el campo semántico del sexo, imagino que porque el tráfico es despiadado y no da para fantasías eróticas de largo alcance.

Ni de corto.

En tiempos de crisis cualquier atisbo de eternidad es la salvación. Un destello de inteligencia, de genio, de exquisitez. Una pirueta bordeando los límites que trazaron otros que termina justo un milímetro más allá. Pero dentro hay hombres grises que repiten discursos de taxista con ínfulas de sabio griego. Los mercados, la intervención, la quita, el fondo de reserva, la capitalización, el ajuste... La diferencia con el señor que conduce es que huelen a colonia y conducen Audis negros con mucho brillo. Pero sus sentencias, revestidas de trincheras, son pobres agujeros en el asfalto.

En tiempos de zozobra hay que evitar los discursos perfumados como el Metro en hora punta. El que a las diez era un dos, a las dos es un menos diez.



Al menos los exabruptos de taxista no ocultan trampas. Sólo te alteran un martes cualquiera. Y el mar de la Castellana está ahí, a tiro de piedra...

Para todo lo demás, nos quedan Hemingway y sus antihéroes.

lunes, 10 de octubre de 2011

PAGAR POR LEER



Mi nueva profesora de narrativa aún no me ha dado una sola clase de narrativa, pero sí un consejo que no es un cuento chino: "paga por leer a tu adolescente. La buena literatura hará el resto".

Yo soy de esas ingenuas inflexibles que les dicen a sus chukis que tienen que hacer las cosas porque sí, arrastradas por la curiosidad y blablabla. Pero en casa el dinero siempre se consideró un tema de mal gusto, y que recuerde nunca me pagaron por nada que no fuera extramuros, como hacer de canguro en casa ajena.

Y en esto que se me ocurrió tener una chuki, y luego otra, y pasé como el Quijote las noches en vela suplicando que leyeran Salgari o Julio Verne, Bran Stoker, las Bronte, Jane Austin... sin éxito. A los quince siempre te gana la batalla un tipo apellidado Moccia que vende romanticismo barato y finisecular a las hordas de menos de 18 y que, no satisfecho con arrastrarlas por el lodo más rosa y edulcorado que el algodón de feria, las insta a poner candado en los puentes de las ciudades más bellas para probar a los lampiños de sus novietes que su amor es eterno y prisionero. Un drama.

Sobresaltada por criar en casa a una madame Bovary de polígono industrial dispuesta a buscar un puente en este Madrid de plazas y callejones, consulté a mi profe y salí con el mantra de las lecturas de pago: "Cada libro valdrá una cantidad según el número de páginas, y esa norma es sagrada. A más grosor, más paga".

Y sí, funciona. Lleva tres en una semana. Se sienta, lee y calcula. Yo observo cómo al principio compone uno de esos mohínes de asco y diletancia tan de su tiempo, pero a medida que pasan las páginas se abstrae, es atrapada por las líneas. Imagina a los amigos de "Reencuentro", de Ulhman, llora con el dolor del viudo de "Una pena en observación", de C.S Lewis y no se acuesta sin saber quién es el asesino de los "Diez Negritos", de Agatha Christie. Cuando termina, sala de un trance y, eso sí, estira la mano para coger el billete, como las chicas de una barra americana. Pero para entonces ya se ha olvidado de los candados y de entregar su alma a un diablo con acné como meta vital.


Entonces llega minichuki, lectora sin empujes, y manifiesta que quiere entrar en el negocio. "¿Cuánto me pagas si me leo la Biblia entera?", dice señalando con sus dedillos el ejemplar en hoja de papel de fumar y más de 1000 páginas de la estantería. "Ummm, no sé....¿10 euros?", respondo. Y ella que vale, agarra el tomo, busca un rincón del salón y saca una linterna de ruz roja para no tardar ni quince minutos en machacarnos en voz alta con el Génesis y etc, tronchada de la risa por lo que allí se cuenta.

-Mamá, esto es imposible. ¿Cómo va a vivir una mujer 600 años y encima tener hijos? Este libro es mentiroso, no me lo creo. Pero moooooola!

Pero diez euros bien valen un Apocalipsis y un Deuteronomio. Vive dios. Y, aún no sé por qué, cada vez que se sienta a ganarse su premio desenfunda la linternita roja de la incredulidad.

La buena literatura cuesta, como la fama. Pues habrá que pagar y dejarse de escrúpulos.

Nota: Y los padres de adolescentes que leen a Moccia sírvanse de castigarlos recuperando los candados de los ardores efímeros. Las ciudades no tienen la culpa de los vaivenes hormonales.

domingo, 9 de octubre de 2011

DOS TONTOS MUY TONTOS



-Tú a tu mujer le dices: Me han dado una sola entrada para el fútbol. Es un asunto de negocios...
-Ya, ya...

Dos tipos en el Bristol. Ese templo del gin tonic donde se puede comer con ambiente de cabaret: cortinas granates, tapicería de terciopelo y un espejo gigantesco que quiere ser barroco. Dos tipos mano a mano, tan cerca de mí que no puedo evitar escucharlos. El uno, vestido con traje de El Corte Inglés (un Dustin de hace tres temporadas). El otro, de sport. Lo que me descoloca porque esta parece ser una comida de negocios. El primero, claramente, es el jefe. Al menos, más jefe.

-Tienes que impresionarla, que note que eres el más inteligente. Piensa que son tres horas del domingo y que vas a sembrar para recoger...
-En mi país decimos dar para recibir...murmura el otro con acento latinoamericano (¿Venezuela? apunto en mi moleskine poco convencida)
-Justo, lo has pillado! enfatiza Mr.Dustin como si su partenaire hubiera inventado la pólvora in situ.

Y se inclina hacia él más allá de lo que recomienda el decoro social para seguir dándole instrucciones.

-Por la mañana, la llevas a un museo. Entérate de lo que le gusta. Si es Van Gogh pues..
-Entonces, ¡al Prado! se atreve el hombrecillo, envalentonado por su último acierto.
-No, creo que está en el Thyssen. Un museo muy bonito con mucho colorido...

Aquí me entra la risa floja y me aferro al teléfono como al salvavidas del Titanic. Lástima no haber pedido un gin. No eran horas... Afino el oído.

-Tú debes parecer inteligente, insiste (yo me ofendería con tanta insistencia, pero el otro parece abrumado por la responsabilidad de su misión y no llega a más). Apréndete datos sobre los cuadros que sueltes descuidadamente, no como un guía de museo. Por ejemplo, si veis "La rendición de Breda", coméntale que también es conocido como "Las Lanzas".
-Ah, ya...
-Tienes una oportunidad el domingo, tú verás si quieres aprovecharla o no. Pero, sobre todo, a la mujer y a la niña no las lleves, ni hables de ellas.
Dos tontos muy tontos.Jim Carrey


"Así se hacen los grandes negocios, chavalote", termina Mefistófeles con aires de ser un Steve Jobs de los contactos. Un Ripley con escaso talento y demasiado tergal en la camisa.

Doy gracias al cielo por este espectáculo gratis de marcapaquetismo barato. Me pregunto a qué se dedicará Mr.Dustin. ¿Coches de segunda mano? Me pregunto a qué mujer le van a dar una lección pacata de arte de primero de la ESO. Me pregunto por qué no habré reparado en el "colorido" del Thyssen como rasgo fundamental de ese museo que amo. Me pregunto por qué dos tontos tan tontos se van tan aprisa, con lo bien que me lo estaba pasando y el bochorno que me invadía entre su charla y el terciopelo de mi sofá.

"La vida es una caja de bombones", que diría Forrest Gump. Un genio.

sábado, 8 de octubre de 2011

TENTACIONES Y DIVAGACIONES




A veces los demás nos definen.

-Ah, ¿tú eres de esas que no se dejan regalar?

¿Yo soy de esas? No sé si quiero entrar en esa categoría porque ignoro qué otros rasgos tienen "ésas". Supongamos que no dejarse regalar va unido a no comer postre, a no permitir que te besen el cuello o a negarte a soplar las velas en el cumpleaños. Entonces no, no soy de esas. Pero puede que a ésas lo que no les gusten sean las sorpresas porque las teman.

Una sorpresa es un sobresalto que a veces termina bien y a veces en la UCI. En tal caso prefiero que me regalen unas flores.

-Bien, si eres tan honesta, tan digna, tan recta... te regalaré un former.

Si te quieren regalar un "former" deberás pensar primero en qué diablos es eso. Pero no sin antes rebobinar la retahíla de adjetivos que te están regalando. Y entonces llega la sorpresa. Porque dichos con un retintín sarcástico, digna, recta, honesta pueden ser insultos que te colocan en un territorio incómodo. Si protestas puedes parecer desagradecida. Si callas, estás juzgando al presunta deshonestidad del que te tienta. Y en esos, casos, lo mejor es beber un trago de whiskysauer, el último elixir de los dioses.

-Verás, no megustan las sorpresas, pero gracias por tu aborto de regalo. (Respuesta correcta, sólo articulable después de esa bebida prodigiosa).



A veces los demás marcan el territorio de nuestra inconsistencia. Tal alarde me parece una violación que debería juzgarse en el tribunal de la Haya. A veces los demás nos someten a una gynkana de pesadilla donde todo consiste en buscar a la carrera si somos rectos, dignos, pusilánimes o débiles a la tentación.

Y puede que vivir sea taparse los oídos cuando llegan los cantos de sirena o entregarse en sus brazos y surcar el mar en busca de una nueva identidad menos recta, menos correcta.

A estas alturas no sé si quiero un former. Pero necesito desesperadamente otro café.

lunes, 3 de octubre de 2011

CONSTATACIONES



1. La crisis de los 40 son un puñado de cojodudas donde antes había absurdas certezas. Esta constatación se deduce de cientos de horas de conversaciones grabadas con mujeres (y algunos hombres) nacidos en los años sesenta que aseguraban no estar en crisis.

2. Hay casualidades que cortan la digestión. Encontrarte con un ex en un centro comercial justo en el pasillo donde no puedes dejar de cruzarte. Menos mal que había un baño. Cenar con la ex de tu novio que casualmente es amiga de tu amigo y no lo sabíais. Y reírte con cierto sadismo contemplando la escena con mueca mefistofélica.

3.A partir de cierta edad no se puede perder el tiempo con quien no te aporta. No se puede fingir salvo que sea tan sobreactuado que el otro se dé cuenta de tus verdaderas intenciones. No se puede dar rodeos porque cansa (ni siquiera en circunloquios. Especialmente circunloquios).

4. Si has decidido no fijar el cabecero de la cama a la pared, no te quejes de que cada vez que te mueves suena como si celebraras una orgía y digas: "a ver si mañana llamo a mi padre para que traiga la Black&Decker". La música del cabecero propio es celestial.

5.A partir del momento en el que uno es un poco más sabio (léase menos mamarracho)  y  se ha dado cuenta de que sabe mucho menos de lo que le queda por saber (y mira que Sócrates lleva siglos dando la brasa con esta constatación, el hombre) debe intentar contradecirse una y otra vez. O lo mismo no.

6. Los malos libros, los malos amantes, las malas intenciones...arden mal en las hogueras. Intentadlo con un bidón de gasolina.

7.El café es una droga barata, deliciosa e infalible. Sólo le falta ser ilegal para rozar la perfección.

Buenos días.

domingo, 2 de octubre de 2011

SÍNDROME NABOKOV


En el principio fue la seducción, pero se desfondó y terminaron cultivando calabacines en el patio. Las plantas son un gran proyecto común. Casi tanto como los hijos. Eso sí, les da por morirse sin apenas preaviso, pero entonces siembras otra y a otra cosa.

Una campaña electoral es un tipo que cada día te sale con una mata de algo y la anuncia por megafonía, como los gitanos en los mercadillos de pueblo. Así pretende que lo votes. La diferencia es que el gitano siempre me ha hecho gracia cuando vende bragas como el que vende tomates. Pero al político la lencería acrílica le sienta mal. Y cuando la cambia por una idea de pega es definitivamente un esperpento.

Tocan tiempos de mercadeo y alguien tiene que regar el huerto. Hay tipos que son en función de lo que pueden exhibir como suyo: una mujer, un libro, una proclama. Y marujas/os con bocatas en un autobús rumbo a un mítin son una pobre mercancía de los noventa, digo yo. Sin bocata, al seductor se le van agotando los recursos de mago viejo. Y entonces, a veces, hace un vago llamamiento a la inteligencia, al sentido común, a la sagacidad, para que te pares en su puesto. Pero es tarde. No es lo mismo vender calabacines que confianza.


Aquí, como en todo, funciona la ley del deseo. Si el candidato no se hace desear, ya puede acumular share y ponerse ligueros de raso. El deseo es muy traidor. Cuando se esfuma se resiste a volver. No está domesticado.

No os creo, no me representáis. No pienso seguiros el juego ni pararme en vuestro puesto a oler vuestros tomates de plástico. Me declaro en rebeldía, a dieta de mercadillo. Detesto vuestros trajes grises y me dan risa vuestros looks de sport de mítin de domingo en plaza de toros. Parecéis viejos tratando de seducir adolescentes bobaliconas con la gabardina abierta. Torpes aprendices de Humbert.


No, no, no.

-Muerto el deseo, ¿se acabó la rabia?
-En absoluto, dijo ella. Esto no acaba más que de empezar.

sábado, 1 de octubre de 2011

AMOR PRECONCEDIDO



El director del banco me ama. Estoy completamente segura. Y tengo pruebas. Es el único que me envía cartas cada semana, de las de sobre y papel plegado, que yo abro con reverencia y palpitaciones indisimuladas. Fantaseo con cómo sera el Sr. Openbank y mis amigas hacen lo propio con Mr Bankia o Mr Bankinter. El mío, para más señas, mantiene toda la reverencia de los amantes de toda la vida: "Muy señora mía". Yo es leer ese encabezamiento y estremecerme. Que un tipo tan importante y poderoso se detenga a llamarme señora conociendo el saldo de mis cuentas es un detalle muy de agradecer. Pero lo mejor viene después, cuando me ofrece su pasión en forma de préstamo preconcedido. No hay tantos amantes que den sin que se les pida. Sí, cierto que 12.000 euros no te sacan del abismo, pero a estas alturas ya he aprendido que la pasión sin pruebas es un torrente inútil.

El Sr. Openbank quiere que gaste. Y en eso también es el primero de los hombres que han pasado por mi vida. Me exhorta a ello y, por si me falta imaginación, me hace sugerencias: una tele de plasma, un portátil, un smartphone más smart que yo misma. En eso es muy masculino, ya ves, porque no se le ocurre sugerirme un viaje a la Toscana, un bolso de Prada o un lifting sin cirugía en Corporación Dermoestética. Pero si mis amigas perdonan a sus propios que cada año repitan el regalo de aniversario, no seré yo la que le haga un desplante al ser que maneja mis exhaustas finanzas y, tras una jornada de frenesí peleando en "los mercados" aún saca tiempo para escribirme una misiva.

Adorado señor Openbank. Me dirijo a usted para que sepa que ha convertido el acto de abrir el buzón en un ritual imprescindible. Sírvase de preconcederme tanto amor como quepa en un sobre y hágame cree que soy la única. A cambio de su entrega y dedicación prometo seguir vendiéndole mi alma en forma de hipoteca en cómodos plazos de aquí hasta 2025. Una fecha redonda que, cuando llegue, espero celebremos juntos en un perdido hotelito de la Toscana, con las cicatrices de mi enésimo estiramiento facial convenientemente curadas.

Suya afectadísima.