viernes, 14 de octubre de 2011

MISANTROPÍA

McQueen by Sara Burton
Premisa: ser misantrópico (acelerado) no tiene por qué ser un inconveniente y es una gran tarjeta de presentación.

Me llamo X y soy misantrópica. Últimamente lo soy a una velocidad poco sostenible.

En estos tiempos hay términos que uno no puede rechazar socialmente. Por ejemplo, la sostenibilidad. Si algo es infame, pero sostenible, obtiene todas las bendiciones. 

De ahí que haya decidido ser una misántropa sostenible y acelerada. Lo segundo no lo he elegido yo, viene de serie como el air bag de los coches que nos contaminan.

Si corro, me multan. El sistema ha decidido que puedo ser misántropa y acaso asesina sin que me censuren, pero si se me va el pie al pedal del acelerador -cosa que sucede dependiendo de la música que escuche en ese momento- entonces el sistema me hace una foto y me la envía a casa con una dedicatoria: son 500 euros.

Correr, por tanto, es mucho peor que detestar al género humano. Al menos en lo que se refiere a consecuencias prácticas. Yo puedo menospreciar a un gobernante, a un vendedor de falacias, a un diseñador de hombreras y volúmenes imposibles, que el peso de la ley no caerá sobre mí. Como mucho, el peso del Álmax sobre mi estómago. Pero si todo mi desdén lo pongo a, digamos, 130 kilómetros hora, los GEO podrían personarse en mi casa y ponerme unas horribles esposas cromadas.

Ser insostenible me parece la mejor forma de protesta, por tanto. Mucho más contundente que dejar que las multas se acumulen en el buzón de mi casa.

Aquí comienza mi tiempo de misantropía acelerada. Abstenerse cruzar en mi camino tontos con discursos rellenos de nada, niños repelentes y perros sin collar.

Mi religión, mi respiro, es: McQueen (Alexander, hoy Sara Burton, aunque no le haría ascos a Steve), una sinfonía de Dvorak, un cuadro de CyTwombly, Bob Esponja, la duda...Y unos besos al acostar y al levantarme. Sin baba.

Y todo rápido, vertiginoso, ¿perfecto?...