miércoles, 30 de noviembre de 2011

10 RECORTES DEL CUORE Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

Saturno devorando a su hijo (Goya)
En verdad, en verdad os digo: "recortar es vivir".

Siguiendo las directrices europeas y el clamor de los mercados he desenfundado la tijerilla para proceder a pegarle tajos a mi vida. Lo del "granito de arena", esa expresión que detesto tanto como la de "la punta del iceberg" y que suelen decir los famosos iletrados cuando les ponen un micrófono en la cara y un sorteo navideño en prime time por las huérfanas de la India.

1.Recortaré, de entrada, el largo de mi falda. Se trata de ahorrar procedimientos, y mejor que me miren por sexy descatalogada a malgastar mi tiempo en maniobras de cortejo.

2.Recortaré la paga de las chukis. Y así se lo he manifestado, poniendo ese tono Cospedal de madre superiora con tanta fuerza moral como americanas old fashioned en el armario. "Pero mamá, si no tenemos paga", protestaron. "Pues mejor me lo ponéis. Vais a salis a la calle con la hucha del Domund a pedir unos eurillos a las vecinas del barrio".

3.Pienso meter un buen corte a mi paciencia exigua, a mi dignidad mancillada, a mi desaliento de los martes, a mi fe en la humanidad que gobierna. Será difícil, hay poco margen y lo mismo termino con los dedos ensangrentados. Pero Europa es esa entelequia por la que hay que luchar, y ya vendrán otros a enterrar nuestros despojos.

4.Ya que estoy, haré un recorte importante a "Guerra y Paz". Total, el pobre Tolstoi entendería que en estos tiempos es absurdo invertir un mes en una lectura, por apasionante que sea. Un capítulo aquí, una descripción allá. O guillotina a algunos de sus protagonistas, como la familia Bezukhov o Natasha Rostov.

5.Mis conversaciones, desde ya, serán cercenadas. Y hablaré con frases sencillas:sujeto, verbo y predicado. La subordinación es prescindible, y los pensamientos profundos estorban cuando se trata de obedecer lo que otros mandan. Lo hago, entendedme, por Grecia y por Irlanda. Por los héroes caídos y por los que caerán.

6.Recortaré, digo, parte de mis deseos. Desear es proyectarse, y de nada sirve ser más cuando hay 7.000 millones de almas en el mundo. Practiquemos la miseria moral, encojamos el espíritu en la lucha final. (Sí, pienso recortar las notas de La Internacional, porque encuentro que a esta nueva épica le va una melodía menos heroica)

7.Recortaré el largo de las cortinas, la cortina de la ducha y la colcha que me envuelve y me resguarda. Si estamos todos en pelotas, seamos literales. Encojámonos de frío, exhibamos nuestra carne mortal y nuestras miserias. Lloremos.

8.Es menester meter un tajo a la curiosidad y a la lista de la compra. A los Veinte Poemas de amor y una canción desesperada le sobran diecinueve. Quedémonos con los manuales de instrucciones, en versión reducida. Eso excluye el de la Thermomix, naturalmente.

9.Recortaré mi suscripción anual al Cuore. Esa enciclopedia de las vergüenzas ajenas. Seamos serios, señores. Perder tiempo en un arggggggg! es delito penado con la cárcel. Reírse del mal ajeno, sean arrugas o celulitis, desgasta energía y atrofia las meninges. Hay que eliminar el sentido del humor, ya no tiene sentido.

10.Y si con esas medidas no es suficiente, agarraré las tijeras y montaré un holocausto caníbal en el disco duro de mi corazón. Señores, lo he dado todo por ustedes, aquí están mi alma y mis talentos. Devórenme como Saturnos sedientos de sangre y sacrificio.



martes, 29 de noviembre de 2011

AGUJEROS NEGROS II (El retorno): LA LEY DEL WHOPPER COMPLETO

AGUJEROS NEGROS II (El retorno): LA LEY DEL WHOPPER COMPLETO

LA LEY DEL WHOPPER COMPLETO

¿Quien teme a Virginia Woolf?(1966)
La teoría de la relatividad es la mejor que se ha inventado nunca.

Un líder es relativamente corrupto, porque siempre habrá otro cerca que lo supere y coloque el umbral de la virtud a ras de suelo. En ese caso, hablaremos de laxitud, de predisposición a las tentaciones o incluso de inconsistencia moral. Pero con estos calificativos uno puede salir a la calle a bordo de su coche oficial, un Audi, pongamos, y saludar a las viejas en las colas de los supermercados.

Una pareja siempre es relativamente feliz. Si lo duda no tiene más que repasar ¿Quién teme a Virginia Woolf?, La Gata sobre el tejado de zinc caliente o incluso La Guerra de los Rose (las dos primeras son para relativos intelectuales). También puede leer los cuentos de Carver. No falla. Inmediatamente sentirá el impulso de acercar sus cuerpos en el sofá y sentir que aún palpita algo parecido al amor.

Claro que si les da por entregarse a películas del new age romántico o a novelas de ese vendedor de sentimientos baratos llamado Moccia podría decidir suicidarse en silencio. Porque el romanticismo hueco se vende a precio de saldo. Casi tanto como un menú Whopper.

El precio de un whopper sirve para comparar el nivel de vida de los países. O la capacidad adquisitiva, que viene a ser lo pobre que tú eres en relación con el vecino. Esto iguala en la infelicidad a un habitante de La Moraleja o de La Rosilla, si hablamos de Madrid. La evidencia de que siempre hay alguien que tiene más que tú impide a muchos disfrutar de su hamburguesa. Y Einstein, de nuevo, se lleva el gato al agua.

Ser relativamente inteligente es mejor que ser relativamente tonto. Y sin embargo ambos pueden ser la misma persona. Esa que prefiere creer que ama a su mujer y, sobre todo, que lo aman, para no pensar por qué ella se ha sentado en la otra punta del sofá esta noche, y la anterior, y la siguiente.

Termino con una estadística, el paroxismo de la relatividad. Asegura que los gallegos y riojanos son los más fogosos de España. El estudio mide los encuentros sexuales semanales. Y aquí los extremeños pierden por goleada. Lo que me lleva a pensar que un gallego puede ser absolutamente infeliz en su comunidad autónoma debido a su exigua media de polvos y que con esos mismos revolcones sería el rey del mambo en la tierra de las bellotas. Y que sólo 500 kilómetros separan la euforia de la catástrofe.

De manera que lo que permite que el mundo no estalle y nos abatan los jinetes del Apocalipsis no son esos políticos y esos estadistas del Audi que paran a saludar viejas, sino esa ley silenciosa que nos fuerza a no alterar el orden y la naturaleza de las cosas. Lo que suele ser una catástrofe en términos absolutos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

CÓMO VOLVER ABSOLUTAMENTE LOCA A UNA MUJER

Y entonces sucede que han puesto las luces de Navidad y aún no tocaba.

En el fondo somos animales de costumbres. Si me levanto y no hay cápsulas Nespresso dentro del tubo azul, o del verde, ya no podré tocar el piano. Si me dejé sin leer uno de los periódicos del domingo, el lunes ni siquiera los echaré una hojeada/ojeada somnolienta antes de aporrear las teclas.

Una acción debe seguir a la siguiente, o desencadenará una suerte de catástrofes mínimas pero devastadoras. Poner los pies en el suelo frío porque te dejaste las zapatillas en el salón es sólo una molestia, convengamos, pero la mejor manera de saltar de la cama con el gesto agrio, apenas un poco, pero suficiente para completarse al comprobar que no hay café. Que hoy te vas a tener que despertar a tortas.

Tal vez con los periódicos del domingo...

Me gusta la Navidad tanto como la temo. De ahí que la presencia de las luces en el centro de Madrid me resulte inquietante. Me están empujando a cenar en familia, a frecuentar los grandes almacenes y a ser feliz. Feliz por decreto ley.

Muy bien, voy a ser feliz, pero sólo si antes consigo una dosis Nespresso y tiro la prensa vieja a la basura. Sólo si me calzo las zapatillas y repito el camino que va de mi cama al teclado, pero esta vez mullida y acunada por unas huellas que no suenan ni dejan pistas.

Si nada más me contraría, despertaré a las chukis al grito de "es la hora de los Teletubbies", como vengo haciendo desde hace años, y me lanzarán la almohada con rabia somnolienta. Pero si no lo hago, si simplemente les digo: ¡arriba, chitinas! no entenderán el mensaje y cuando se levanten tendrán esa sensación extraña y huérfana de andar sobre el suelo y desnudas.

El dios de las pequeñas cosas no es un título de novela sobrevalorada. Es el aire de nuestro tiempo. ¿Quién dijo que vivíamos sometidos a la señora Merkel? En realidad somos prisioneros de miles de tics que componen el engranaje de eso que llamamos equilibrio.

Y que puede romperse, de golpe, si te has levantado descalza y, al entrar a la cocina, has pisado algunas migas un segundo antes de comprobar que no quedaba café. Ni una sola cápsula de esa heroína sin pico que te pone en órbita cada mañana.

De modo que ya sólo me queda tirarme a la calle y fingir que no las veo. Que las luces navideñas son sólo la alucinación de una mujer llena de costumbres letales. Y que no es lunes, sino domingo.

Lo decían los periódicos esta mañana.

domingo, 27 de noviembre de 2011

10 FORMAS DE DECIRTE QUE TE QUIERO

Desde que existe whatsApp recibes emoticonos en lugar de besos.

Presuntamente un corazón rojo quiere decir que te ama. O eso pensabas, hasta que recibiste el sol que silva un corazón escorado. Así que respondiste con un interrogante, a lo que él respondió con una flecha de Cupido...y así fuisteis quemando, uno a uno, los simbolitos diabólicos. Agotado el menú, se impuso el silencio.

El emoticosistema permite insinuar algo impreciso (un icono no está entre las señales de conducir) y que el otro lo adapte a su estado de ánimo, a sus necesidades, a su delirio. Eso sí, una vez que acumulas cinco o seis esto no es como los cupones. No te regalarán un cuchillo de cocina de acero inoxidable.

De manera que me he propuesto recuperar algunas de las grandes declaraciones de amor de la historia del cine, para evitar la frustración a todas esas parejas que han dejado de hablar si no es con la yema de los dedos.

1-"El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos" (Casablanca). Sí, es pelín dramática, pero absolutamente contemporánea. Si además suena "As time goes by" no falla. Sam, ya sabes, tócala otra vez.

2-"He cruzado océanos de tiempo para encontrarte" (Drácula). Mi favorita. Me dejaría morder el cuello y secar las venas. Sólo para muy adictos.

3-Si sus sentimientos siguen siendo los mismos dígamelo, mi afecto y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me hará silenciar para siempre. (Orgullo y prejuicio). Para novios del PP que van a misa y luego toman el aperitivo los domingos.

4-"¿Qué buscas? Algo para seguir engañándome, igual que tu" (Azuloscurocasinegro). A los intelectuales gafapasteros les vuelve locos.

5-“Vas a perder ese avión". “Lo sé” (Antes del atardecer). Pues eso, que lo pierda...

6-"Me gusta que tengas frío cuando fuera hace 21ºC, me gusta que te cueste una hora y media pedir un sandwich". Cuando Harry encontró a Sally. Algo rebuscado, pero eficaz.

7-"No me acuerdo de olvidarte". (Memento). Casi tan corto como un emoticón. Para casos perdidos.

8-"Todos queremos que nos encuentren.. lo difícil es dejarlo cuanto lo encontramos"(Lost in Traslation) En realidad no es tan difícil, pero eso él/ella no lo sabe.

9-"Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre 8 millones de personas. Entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas…". (El Apartamento). Brutal. Para decirlo a bordo de un ascensor.

10-“Este tipo de certeza se siente sólo una vez en la vida”(Los Puentes de Madison). Es cursi, de acuerdo, pero hay que imaginarse  a Clint Eastwood y todo cambia.

Estos diez mandamientos se resumen en uno: recuperemos las palabras, el tacto, el sudor y la mirada. 

 

sábado, 26 de noviembre de 2011

AMOR HETEROGAY

Proclamo que el matrimonio más duradero es el heterogay.

Y en breve mostraré mis argumentos, no sin antes comentar las dos películas acerca del amor y sus venenos que he visto esta semana. En la primera, "Amanecer", un vampiro lánguido y luminoso rompía el dosel de una cama balinesa al intentar consumar el sacramento. Por supuesto, la víctima quedaba embarazada ipso facto y en ese instante empezaba a hinchársele la tripa. Todo muy truculento, muy semilla del diablo pero sin el genio y la figura de Polanski...

...A quien no citaría (de nuevo) si no fuera porque la otra peli es "Un dios salvaje", guión de ese sátiro casado con Enmanuelle Seigner y de esa mujer a quien amo llamada Yasmina Reza. Aquí las parejas no rompen la cama, diríase que no han retozado en varios meses, pero destrozan cualquier atisbo de fantasía sobre el amor que pudiera quedarme tras soportar"Amanecer" con una bolsa de chuches tamaño Everest y dos chukis ansiosas de pieles blancas, lobos aulladores y sangre fresca.

Tú ves la saga Crepúsculo en su última entrega y llegas a las siguientes conclusiones:

1.Los zapatos de tacón color blanco son, definitivamente, una horterada.
2.Casarte en una iglesia es una cutrez, habiendo bosques con árboles de navidad.
3.Un polvo puede poner en peligro tu vida. Cuidado con el sexo, nenes.
4.Hay novias que se afeitan los pelos de las piernas después de la boda (increíble, pero cierto. Los guionistas han forzado a Bella a sacar la Gillette y rasurarse en la bañera en pleno honeymoon).
5.El aborto es una cosa muy fea, aunque el feto te esté matando. Hay que arriesgar la vida, jovencitas que váis a Crepúsculo como quien peregrina a la Meca o a un concierto de Justin Bieber.

Después de tragarme "Un dios salvaje", a palo seco y con algunas viejas comentando en voz alta a mi alrededor, extraigo estas otras conclusiones:

1.Jamás hay que fiarse de un matrimonio que te abre la puerta con los brazos entrelazados y sonrisas siamesas. En realidad, se odian.
2.Los tulipanes amarillos los carga el diablo.
3.Hay vendedores de mecanismos de cisterna de wc con casas pistonudas en Nueva York. Aquí suelen concentrarse en el extrarradio, me temo.
4.Los fabricantes de vómito artificial han mejorado mucho desde "El Exhorcista".

5.Los personajes cínicos e inmorales son mucho más agradecidos que los buenrrollistas. Dónde va a parar.

Mi semana habría terminado en un suicidio seguro de no ser por dos encuentros: el primero, con Mario Vaquerizo y Olvi Alaska. Una pareja vampírica que se ama, en la salud y en la ambigüedad. No se tocan para mostrar que saltan chispas, ni falta que les hace. Sonríen, respetan los tiempos de cada uno y reparten cariño urbi et orbe.

Y luego está mi amigo J., a quien arrastré a la presentación de un libro anoche. Llegó tarde, muy tarde, pero no importó.  Nos abrazamos, nos besamos y me echó un piropo eterno. Que sea gay es sólo accidental. Eso pensaba yo cuando salimos a la calle entrelazados como los de Polanski pero de verdad. Con toda la acera y la vida  por delante.

viernes, 25 de noviembre de 2011

DEXTER O EL SEXO ORAL (felación o victoria)

Ninguna mujer se desnuda como paso previo e imprescindible para practicar una felación.

Advertencia: este post no es apto para menores. Me lo ha inspirado mi querida amiga A-1, que dejó de ver Dexter, la serie del psicópata que trabaja para la policía, muy airada por una sola secuencia. Cinco temporadas echadas al contenedor de los dislates por apenas un minuto. El que ella podía haber empleado en ir a la cocina a hacerse una ensalada muy integral o en convencer a su perrita Isis de que soltara el cojín de plumas de pato.

La cosa es que en un capítulo Dexter, ese ser rubito, angelical y casi frígido, acude a una reunión creo que de Alcohólicos Anónimos y en un momento dado se queda a solas con una mujer. Saltan chispas y ella termina de rodillas delante de él, no sin antes quitarse la blusa. Y ahí interviene mi querida guionista:

"Esta escena sólo la podía escribir un hombre!!! ¿Qué mujer se quita la camisa antes de chuparla? (con perdón). ¡Esa es una fantasía absolutamente masculina y desde luego inverosímil!"

Lo que nos llevó a un debate de altura sobre el sexo oral, que tenía fascinado al camarero. El hombre no hacía más que servirnos en un restaurante de menú donde prácticamente te tiran los platos a la cabeza. A punto estuve de preguntarle: Y a usted, ¿qué le parece? ¿felación en top-less o con hábito de monja?

Lo mejor de las fantasías sexuales es que todos pensamos que son de elaboración propia -alta costura-y en realidad son pret a porter o incluso moda pronta. Nos las han inducido el cine, la literatura y los músicos malditos. Son como esos platos precocinados que sólo hay que meter al microondas antes de servir. Cocina sencilla, con pocos ingredientes y ninguna estrella Michelin.

Precisamente la cocina es el arranque de Dexter. Unas manos van cortando la carne, un mosquito ronda la piel, hay una trituradora cerca...Todo inquietante y difuso, al menos para mí, que dejé de verla hace varias temporadas, no por la felación sino porque se me hacía cansina y de estructura tan simétrica que se me quitaron las ganas de hincar rodillas frente al carnicero vengativo vestido de querubín. En mis fantasías jamás hay hombres con cara de niño ni bolsas de plástico con vísceras palpitantes.

Me he propuesto, eso sí, hacer una encuesta entre mis amigas. Apuntaré con disciplica de ornitólogo las costumbres sexorálicas de todas. Serán confesiones de alto voltaje que podrían terminar con los rituales de cortejo de toda una generación. Ya he hecho algunas llamadas y aquí va la primera aportación de E. Una mujer resuelta y picantona que quiere destrozar un mito: "A las mujeres no nos excita practicar la felación, pero hemos fingido tan bien -con la inestimable ayuda de Lucía Lapiedra y otras diosas del sector X- que ellos están convencidos de lo contrario". 

Cuidadito, Dexter, que con esa cara de no haber matado una mosca puedes haber abierto la caja de los truenos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

EL DESEO VIAJA EN AUTOBÚS


El amor viaja en autobús, entre señoras malhumoradas que hace tiempo que no besan.

Es un hombre de unos cuarenta. Iba a llamarle chico pero en casa me regañan por imprecisión. "Chico en todo caso es hasta los treinta, luego ya pasa a viejo". Bien, diré que es un guiri flaco, desgarbardo y con traje barato que viaja en autobús. Su piel transparente y sus ojos claros lo delatan. También su silueta:piernas largas, hombros estrechos y un corte de pelo estilo Beatles más obra de la desidia que del peluquero. Lleva puestos unos cascos conectados a su teléfono y habla muy alto. Su voz, sin embargo, es suave, de cadencia lenta. Una caricia estilo BBC a las ocho de la mañana.

-¿Tienes sueño, verdad? Ayer terminamos muy tarde. Tenemos que colgar el teléfono más antes. Pero me gusta tanto oír tu voz que me pasaría la noche suzurrando...
-?????
-Ayer estuvo bonita. Adoraré tu gorro y tu vestido.
-?????
-Ya verás que yo te quito el mal humor. Soy dulce y te voy a cuidar.

Al tipo, seguramente inglés, no parece importarle que su conversación se escuche alto y claro en todo el autobús, que ha enmudecido. Cuando un hombre te dice que es dulce y te va a cuidar, lo normal es que te abandones, que te dejes hacer. Un hombre Balay es un ejemplar en peligro de extinción. Y esas mujeres del autobús están cansadas, agotadas de rutina y nubarrones domésticos, y miran al hombre como a un extraterreste al que las barreras del idioma convierten en un ser aún más adorable que aprecia tu gorro y se dispone, cual superhéroe del amor, a apaciguar tus iras y hasta tu melancolía.

Por la noche subo a un taxi. Es un macho español, de unos cincuenta. Habla a gritos a un teléfono en el salpicadero del coche, conectado a sus orejas grandes y carnosas por un pinganillo:

-Ya te he dicho que hasta las diez no estoy en casa. Llevo un servicio y luego tomaré algo con Manolo.
-????
-Ya empezamos. He pasado un día de mierda y tú sólo piensas en la tortilla de patata.
-????
-Y qué más da si se enfría. ¡La tortilla se toma fría, coño!

El hombre o más bien la mujer ha colgado. Ahora me mira por el retrovisor. Me cuenta que ha estado más de una hora esperando coger un cliente y que cuando al fin le llegaba su turno, va otro taxista y se le cuela. Me dice que le ha gritado, pero sin éxito. Me detalla las circunstancias del puesto de espera. Un hotel con entrada de un solo carril. Me dice que su vida es una mierda, que encima llega a casa y su mujer le humilla. Que sus dos hijos están en el paro. Que antes tenía un negocio, "una tienda de repuestos", pero que la crisis se lo ha llevado por delante como un vendaval.

-Y perdone que me desahogue con usted. Es que tiene una cara muy dulce y se parece a la Sharon Stone.

Cuando un hombre bruto y herido te confunde con una diosa, y son las diez y las ojeras te llegan hasta el suelo, le perdonas en primera instancia que deje a su parienta tirada con la tortilla de patata. Y dos minutos después, ya en el ascensor, imaginas lo bien que le vendría a ella una llamada del guiri del amor, suzurrándole al oído. Y entiendes que los grandes negocios  de la humanidad empiezan por ahí. PONGA UN HOMBRE BALAY ("te hace la vida más fácil, recordad el claim) EN SU VIDA.

O, mejor aún: EL AMOR VIAJA EN AUTOBÚS. Deja que pase tu parada y olvídate de la tortilla, mujer cansada.

P.D. "Adoraré tu gorro y tu vestido" es lo más parecido a una declaración de eternidad. Tomen nota, caballeros.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LOS CUERNOS DE ASHTON KUTCHER


Atención: Detrás de un tipo callado puede haber alguien poco inteligente.

Siempre he sentido cierta fascinación por los seres silenciosos. Llegan, se sientan a la mesa y parecen observar desde el balcón de su mutismo, tres peldaños más arriba que tú. La conversación va y viene y ellos apenas hacen gestos imperceptibles de asentir o reprobar, pero sin mojarse. Eso les otorga gratis total cierta superioridad moral/intelectual frente al resto, los bocazas que tendemos a decir sin demasiados filtros lo que pensamos acerca del arte contemporáneo digital, el affaire sin sexo de Sarkozy con Merkel, la misteriosa desaparición de los cosméticos de baba de caracol o la última revelación de Rouco, que dice algo así como que la causa de la crisis es que nos hemos alejado de dios.

Si en este punto alguien calla, hay que empezar a sospechar. Uno no puede ser indiferente a los devaneos divinos. O los aceptas como aceptas que la Pepsi es peor que la Coca Cola -discutible, sí, pero me da lo mismo- o exiges tu derecho a la apostasía radical y lanzas una diatriba contra otras grandes afirmaciones de la Iglesia. En este punto se espera que el callado al menos refiera que conoce la existencia de apóstatas on line. Una página web (http://victorian.fortunecity.com/mehetebell/531/) donde puedes renunciar a tu religión y sus conjuntos en siete idiomas. En ella hay un apartado inquietante que dice: "para quejas, sugerencias y amonestaciones, escribe al abogado del diablo"

Dos hombres y medio
Los abogados, como el diablo, siempre son un tema de conversación que empuja al maniqueísmo. Uno está a favor o en contra de ellos como lo está sobre el holocausto caníbal, los cuernos de Ashton Kutcher a Demi Moore o el darwinismo intelectual (el pez listo se come al pez tonto). En este punto, si el mudo no se ha manifestado, conviene dirigirse directamente a él: ¿Y tú que piensas, tronco? Porque no hay nada más violento que quedarse en pelotas bajo la mirada silenciosa de un dandy impoluto y vestido de arriba abajo. Eso sí, si finalmente sucede el striptease hay que estar preparado para una revelación de alto voltaje, del tipo: "Creo que Ashton ha dejado a Demi porque ella se cansó de que él tuiteara fotos suyas planchándole las camisas en bragas y decidió hacerlo vestida".

Convengamos que una mujer que plancha en ropa interior es un reclamo excitante. Más si su marido es un tipo callado, presuntamente sexy y con expresión de pocas luces. Un ser que tuitea sin parar y osa quitarle el puesto a mi Charlie Sheen en mi idolatrada serie Dos hombres y medio (Two and a half men). Un tontito con cara de bueno que dormirá el sueño de los justos en las estanterías de la serie B de la historia del cine para adolescentes calentorras.

Ahora que he dicho lo que pienso sobre los grandes temas de la humanidad, voy a callarme porque en mi pecado arrastro mi condena. A algunos, como a Mariano Rajoy, el mutismo les ha dado grandes alegrías.  Veremos qué cara ponen los diablos europeos cuando mudito abra la boca y empiece a contar lo que opina sobre el expediente X de la baba del caracol. Abróchense los cinturones.

P.D. Desde hoy me declaro apóstata de Ashton. Y prometo serle infiel en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. 

martes, 22 de noviembre de 2011

CAMAS CALIENTES


Cuando me descuido alguien se cuela sigiloso en mi cama.

La cama es el mejor sitio para esperar que pasen las tormentas. Así lo entiende mi adolescente, que considera que ya no tiene edad para meterse bajo el edredón conmigo y suele hacerlo en cuanto me oye despertar de madrugada, rumbo a ese país de nunca jamás llamado Nespresso. Entonces suena un frufrú de sábanas y creo recordar que ningún hombre pasó por ahí en las últimas 24 horas, y me asomo y está ella, hecha un ovillo. "Tu colchón y tus sábanas huelen a ti".

El sistema de camas calientes es contemporáneo y eterno. Consiste que uno se levanta con las legañas del amanecer y otro se mete con la resaca de la desesperación. Sin ventilación mediante, las pesadillas del primero, aún impregnadas en el calor del colchón, se mezclan con el desaliento del okupa recién llegado. A veces los dos son inmigrantes. A veces, una madre con su hija.

No recuerdo bien qué escritor, creo que Juan Carlos Onetti,  decidió pasar el largo tramo final de su vida metido en la cama. Allí recibía a las visitas, garabateaba sus personajes y se guarecía de los embates despiadados del mundo exterior. Todos estuvimos alguna vez "en la cama con Madonna" y un tal Eneas Marrull, de quien sé que es peruano y poco más, ha escrito un sugerente libro titulado "El diablo en mi cama".

La cama es el espejo del alma. Dime con quién te acuestas y te diré quién eres. Mejor no cojo carrerilla porque podría terminar con el patético "Lorenzo Lamas, el rey de las camas". Creo que deberíamos superar la fantasía del trío sexual y meter en  la cama a varios a la vez sólo para hablar, o tal vez abrazarse. Ahí fuera están pasando muchas cosas y el temporal nos ha sorprendido sin calor y sin cobijo.

Yoko y Lennon lo entendieron una vez. Mi adolescente aún no lo sabe, pero cada vez que se mete en mi cama está buscando un trozo de su infancia fugitiva.

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL BESO DE RAJOY

El poder es asomarse a un balcón y no ver un precipicio.

Como soy demócrata como yo sola, asumo que el pueblo ha hablado. Y el pueblo es esa masa vestida de azul que jalea y salta sin tener en cuenta a los vecinos. "Hoy no se duerme, señora, ¿no se ha enterado?"

Con la victoria electoral ocurre como con la boda. Te lo pasas pirata ese día pero lo que cuenta de verdad es eso que empieza al día siguiente. A tu novio puede que le huela el aliento, y se levantará con los pelos disparados. Y es posible que no quiera que le hablen hasta pasado el mediodía. Y que eche demasiada sal a las lentejas o, peor aún,  lea a Isabel Allende a escondidas. Pequeñas taras domésticas, ya sabes. ¡Pero qué bien lo pasaste el día de la boda! Venga champán, venga, baile, venga besos con tul ilusión!

El beso en el balcón nunca es baladí. Habla de la vida sexual de los esposos. Algunos eligen la frente como campo de operaciones y sabes que rezarán unidos. Otros, la mejilla, ese lugar indeterminado que puede ser boca según te escores. O puede ser sien, y entonces date por jodido (no es literal, desgraciadamente)

Pero un beso en la boca es una promesa de lujuria desatada. Cuando Obama ganó las alecciones alguien escribió: "por fin se folla en la Casa Blanca". Bueno, es posible que no fuera así el titular, pero sí su esencia. La pareja presidencial se metía mano con los ojos y esos besos eran de adolescente ansioso. De pareja que le dice a las cámaras de TV, al país entero: "Señores, ha estado muy bien pero mi señora y yo tenemos que ir a querernos un rato".

Claro que la española cuando besa, es que besa de verdaaaaaaadddd. Anoche hubo un beso labio contra labio, sí. Fugaz y amenizado con música de Manolo Escobar. Cuando se mezclan la saliva y la patria estás perdido. No hay chispa posible, no hay retozo. "Nena, si ganamos tendremos que darnos un pico", le dijo él. "Buenooooo, está bien, pero corto y sin baba", respondió ella.

Por el bien general, espero que ese beso con mantilla de Semana Santa sea el primero de muchos que vendrán. Húmedos y apasionados. Furtivos e insolentes. La pasión une tanto como el poder. Que se lo digan a los Bruni-Sarkozy. Y un calentón a cámara es muy cinematográfico. Si no, el beso de balcón tiene mucho de "Bienvenido Mr.Marshall". Y Berlanga ya no está aquí para rodar el remake.

Anoche hubo balcón, y hubo beso, y la pareja no ha dormido, seguramente. No por la excitación carnal sino por la que se les viene encima. Demos pues una oportunidad al amor. A las lentejas, al aliento y hasta a la mala literatura. Y que lo que los españoles han unido, no lo separen el déficit, los mercados y la cruda realidad.

domingo, 20 de noviembre de 2011

AL FINAL UNA QUIERE QUE LA ABRACEN

 
"Nunca rechacé una película en la que me abrazara un hombre".

Te entiendo, Diane Keaton. Tu confesión, conmovedora, me ha dejado colgada en el fondo de la página de un diario digital donde hoy sólo se habla de elecciones, de revueltas en Siria y Egipto, de superMerkel y, sobre todo, del festín de Rajoy.

Al final, una sólo quiere que la abracen para pasar tanta incertidumbre. No hay nada más cierto, más contundente, más sublime que un abrazo, Diane. Tú eras esa chica lista que nunca fue la más guapa, ni la más sexy. La amiga íntima de muchos hombres que no has besado. "El beso te lleva al psicoanálisis. El abrazo a todas partes", podría decirse. Esos hombres que quedaban con "la buena de Kate" soñaban con Grace, con Penny, con Charlotte. Mujeres inalcanzables que los dejaban tiritando tras al estela húmeda de sus perfúmenes.

Y entonces llamaban a Diane. De madrugada, tal vez. Y ella se calzaba la bata y escuchaba paciente: "Cuéntame, cariño". Y así os daban las tres de la mañana en un abrazo al estilo "Pijama para dos" pero sin tensión sexual irresoluble.

Michel Houellebecq
Conozco a varias Diane Keaton que se han resignado a no buscar besos. Se acuestan solas y  escuchan los relatos de cama de sus amigas. Los sienten un poco suyos, los recuerdan esas tardes de domingo perezosas e indolentes. La posibilidad de un abrazo es, entonces, como la posibilidad de una isla (sí, Houellebecq, pariste un gran título, ¿te besaron por ello?). Sueñan con que, el día menos pensado, el amigo que ha llamado a su puerta con una botella de whisky y todo el dolor para rematarla con hielo huela su piel de eterna virgen y cruce la frontera.

Diane, querida, dices que aún amas a Woody Allen. Entiendo el atractivo irresistible de un neurótico militante, de un incestuoso con clarinete que hace año tras año películas cargadas de tics. Pero tú eras y sigues siendo una diosa con sombrero y gafas redondas. Con ese aire despistado y adorable. Tan Annie Hall, tan Buster Keaton.

Piensa que tienes ganada la batalla del tiempo. Que los abrazos no caducan. Que al final de un día del demonio una solo quiere que alguien la recoja entre sus brazos y le hable bajito. Y eso se parece mucho a la eternidad, querida Annie.

Hay mujeres veneno, mujeres Diane. Hay mujeres consuelo...

sábado, 19 de noviembre de 2011

SILENCIO, SE PIENSA...

-Dame un beso, tonta.
-No, que tengo que pensar...

Una jornada de reflexión es la antítesis de la lujuria. A mí cuando me ponen a pensar me salen pareados, paradojas, hipérboles y todo tipo de desvaríos ordenados de la A a la Z. Pienso, luego existo. Así que el resto del año me conformo con ser un espectro que huye por los pasillos del supermercado en busca de sus galletas favoritas.

Si te da por pensar, es posible que te pases de rosca. La hiperestimulación de las meninges tiene la virtud del exceso y el defecto de la cobardía. Puedes pensar dentro de los límites de lo moralmente aceptable o explorar los bordes de ese cráter que es la creación. Un inframundo sin normas donde matas, asesinas y violas sin que nadie te lo eche en cara.  

El artista es siempre un serial killer. Pero en las inauguraciones le dan champán y le hacen explicar por qué esa escultura está arrancándose las tripas. Él bebe un sorbo de su copa, picotea unas almentras tostadas y le suelta a la señora marquesa: "es la destrucción de los de su clase, la ambición de la meritocracia, el rencor  asesino y la elegía por la hez que sos vos".

Ella, la marquesa, no entenderá nada pero se irá de súbito al rincor de pensar.

Los rincones de pensar sólo tienen cortinillas cada cuatro años. Tú entras cargado de papeletas, las colocas simétricamente sobre la mesa ad hoc y haces pinto pinto gorgorito con trampa. Ya sabes cuál vas a meter en cada sobre, pero si tardas poco parecerá que no has reflexionado lo suficiente. Tras una campaña electoral extenuante tienes claro que el mejor candidato es el que aún no ha nacido. Un mesías que tendrá que llegar y morir por nosotros. Pero entretanto hay que arreglarse con los teloneros. Tipos escasos de recursos y cortos de entendederas.

Y entonces piensas que la política es un baile de vampiros (con permiso de Polanski). Un teatrillo de pueblo donde el alcalde hace de rey mago y el farmaceútico de Herodes. Y piensas que a veces hay que elegir entre susto o muerte. Y tratas de reducir tu pensamiento a uno o dos principios activos, porque sólo así podrás decidirte por Judas o por Epulón. Y, con suerte, saldrás de la cabina con la decisión tomada y un grado inevitable de melancolía.

Y después correrás al supermercado a pegarte un buen atracón de galletas.

viernes, 18 de noviembre de 2011

EL OCTAVO MANDAMIENTO


Hay un tipo de acoso no catalogado en los ensayos de moral. Sucede cuando el otro asume que piensas igual que él sobre un asunto, y lleva la conversación por unos derroteros donde el desacuerdo no se contempla. La unanimidad ha sido siempre lesiva y sospechosa.

El acosador puede arrancar con un principio que nadie puede rebatir, del tipo "los hombres sin palabra son indeseables". Tú sacudes la cabeza, desde luego, y esperas que Zaratustra te sorprenda con otra gran revelación. Y entonces llega: "Yo es que soy muy sincero, ya me conoces".

Cuando un sincero militante entra en tu vida, es menester salir por la ventana. El sincero confeso suele ser un impertinente embozado. Un Atila sin remilgos que arrasará tus campos y se meará en ellos antes de marchar. El sincero, digo, se parece al acosador moral en que da por sentado que nadie en su sano juicio objeraría a un principio tan obvio, a un material tan esponjoso y dulce como la verdad.

Pero la verdad la carga el mismo Satanás. Y la culpa de todo la tiene Moisés. Ese tipo con barbas que agarró unas tablas, se marcó unos mandamientos por inspiración divina -algo a lo que tampoco nadie pondría pegas, vive dios- y salió urbe et orbe a decir que la verdad nos haría libres (bueno, él no, su jefe, pero tanto da). Y el vulgo interpretó la cosa a su manera y acuñó verdades filosóficas del tipo "se coge antes a un mentiroso que a un cojo". Y las abuelas corrieron el bulo de generación en generación. Aunque por fortuna Mark Twain aportó una versión más intelectual. Una fórmula de salón: "Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas".

Personalmente, me gustan los mentirosos que no engañan. Esos que construyen una trola a sabiendas de que no te la crees, pero la asumes como asumes el foie en un restaurante francés o el arroz La Fallera en una boda. La mentira bien armada es un cuadro con distintos planos y dos o tres escorzos. Un paseo por un bosque inglés. La verdad es versallesca y aburrida. Simétrica y pulcra. Un asco destinado a mentes sin relieve. A espíritus alérgicos a la fantasía. La verdad se me antoja frígida y estática.

...Y sin embargo la mentira no es apta para todos los públicos. Está bien que te mienta un amante, un trilero o un adolescente furibundo. Es aceptable, forma parte del prospecto del amor, el juego y las hormonas. Pero que te mientan los tipos que mueven el mundo, que deciden quién entra y quién sale, en qué se gasta tu dinero y cómo respirarás en el futuro próximo es inaceptable.

Así que de entre todos los mentirosos elijo a Otto Von Bismark :"Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería". Yo añadiría, en todo caso, después de un polvo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA SEMILLA DE MARIANO (ROSEMARY´S BABY)


No hay nada como creerte ganador para conseguir que te elijan. Recuerdo a Rose Mary. Una chica flacucha y de piel verdosa que un día decidió sentirse guapa y con el cambio de actitud llegó su victoria. La cetrina Rose Mary tuvo que quitarse de encima a tantos hombres que andaba escondida por las calles de su ciudad, víctima de su propia fascinación.

Sus padres la habían llamado así por la protagonista de "La Semilla del diablo". Pensaban que el nombre te predispone en la vida. Que, si te llamas pongamos que Manolo, terminarás regentando una frutería. Que una Matilde tiene todas las papeletas para ser costurera y que (Sarah)Jessica sólo hay una que esté buena y reparta chic como reparte sexo en Nueva York. El resto son objeto de parodias de madres que las llaman a gritos desde la ventana: "Jesiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii".

En mi infancia los nombres top eran Mari Carmen, José María, Pilar, Conchita, Silvia. Parecían sacados de la postguerra por su extremada sobriedad. Las Vanesas tardarían en llegar, como el tanga y el Wonderbra. O armadas con ambos.

Si te llamas Mariano, un suponer, partes con grandes opciones de ser cura. "Fray Mariano de Bélgica, mártir por la causa del sarampión". Tu triste figura deshilachada saludará desde esas estampitas que tu tía la monja te regalaba en Navidad, con una leyenda en el reverso: "fray Mariano repartió su bondad por doquier y sanó de paso a tres niños con escarlatina. Reza tres padres nuestros para que su espíritu interceda por la salvación de tu alma pecadora".

De no ser cura, Mariano hubiera sido fresador, granjero, opositor eterno con jersey marrón y pantalón de tergal. La última opción en la lista de Rose Mary la maciza verdosa. Hubiera permanecido virgen hasta muy avanzada edad, se habría enamorado hasta las trancas de su vecina, a la que jamás dirigiría la palabra cuando se cruzara con ella en el descansillo, colorado como un cangrejo. Habría desarrollado cierta habilidad para el sarcasmo o la retranca, se habría armado para ser el amigo de las chicas, ese que llega a donde no llegan otros pero sin meterles mano. Y, año tras año, habría ahorrado con tenacidad para comprarse un pisito. Una vida apasionante, épica en su grisura.

En lugar de eso le pasó como a Rose Mary. Quiso ser líder y ensayó frente al espejo gestos decididos y expresiones de estadista aficionado que en sí mismas no decían nada. Daba igual. Era un corredor de fondo, no olvidemos su vis de opositor, y esperó a que las aguas se pusieran turbulentas para cruzarlas con música celestial. Y las multitudes lo aclamaron, y la vecina de entonces se echó a sus pies pidendo que la poseyera. Y se excitó con su propia transformación. Y rompió las estampitas y tiró su ropa marrón a la basura, pasándose -eso sí- al beige.

Padres y madres del mundo, sabed que el nombre es la primera lacra, el primer fogonazo del destino. La etiqueta del pescado, el saludo a la gloria o al infierno.

Y si te llamas Mariano hay rimas inevitables con las que tendrás que convivir. Pero el resentimiento es un motor, un estímulo, un acicate de alto valor. Y llega el tiempo de los cetrinos...

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LAS PIPAS DE WEIWEI

De un tiempo a esta parte hay palabras que se me resisten, amantes que huyen y ensaladas mal aliñadas en mi mesa.

He decidido sentarme con un papel y escribir cien veces: Invernadero. Hipocondriaco. Jeroglífico. Nicholas Cage. Delirio. Es posible que, para torturarme un poco, introduzca diversas versiones de cada una. Y sus correspondientes antónimos.

¿El antónimo de Nicholas Cage sería Benicio del Toro?

Luego añadiré mis viejas dudas ortográficas:¿business o bussines?, ¿jengibre o gengibre?...
 Y transliteración, palíndromo, acrónimo.

A continuación, alguras taras con las que malconvivo y que ningún laboratorio científico investiga seriamente. Es decir, sí en fases primitivas de experimentación, pero dudo que de aquí a que me muera -dado que me encuentro at the top of the hill- pueda ir a la farmacia a por mi dosis para la perplejidad galopante, ingenuidad herida e iracundia desatada.  El acceso social de los incapaces me produce una urticaria que el Atarax apenas aplaca cada noche. 

Tengo un plan. Me lo ha inspirado Weiwei, el artista perseguido. Ayer salió su nombre en una reunión de amigos. "Parece que lo van a volver a detener. Arresto domiciliario. ¡Habría que ver a cuántos chinos ha explotado para pintar las pipas una a una!", apuntó D.

Arresto domiciliario. Ser secuestrada en mi propia casa. Sola, naturalmente, porque si me retienen con las chukis no podré concentrarme en mi dramatismo, sino en tareas tan vulgares como quemar las lentejas o  esconder la Blackberry de la adolescente para que no huya con los dedos. Los dedos son escapistas y respondones por naturaleza.

Quiero, insisto, que alguien me encierre y pienso en "Extraños en un tren", de mi querida Patricia Highsmith. Su nombre no es de los que se me olvidan cuando participo en sesudas conversaciones literarias donde quiero hablar de Thomas Bernhard, de Lorry Moore, de Carson McCullers y no me salen. El Alzheimer selectivo es despiadado. Y socialmente dramático.

Volviendo a Patricia, no es que pretenda ser asesinada. Sólo retenida en contra de mi voluntad en el espacio donde más feliz me hallo. Mi rincón de pensar, mi reino y mi caballo. Como Lindsay Lohan, pero sin traficar con drogas. Lejos de los cantos de sirena de Rubaljoy, del acoso y derribo de los mercados, de los anuncios de la Lotería Nacional, de las bombillas navideñas.

Sólo quiero aliñar bien mi ensalada y que las palabras retorcidas vuelvan a mi boca cuando se las llame. Pintar un millón de pipas, como Weiwei. Superar el balcón triunfante del 20-N. Soñar.

Y luego convocar a mis amantes a una cita que no puedan rechazar. En un tren, naturalmente.

martes, 15 de noviembre de 2011

AGUJEROS NEGROS II (El retorno): LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

AGUJEROS NEGROS II (El retorno): LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS


El gobierno de los tecnócratas se parece a un hombre que repartió sus talentos entre sus tres hijos lerdos. "A mi vuelta me tendrás que decir qué hiciste con ellos", le dijo a cada uno.

El primero los puso a plazo fijo y vivió miserablemente rezando para que el banco no se declarara en quiebra. El segundo invirtió en Tesoro Público y vigiló que su Estado no fuera devorado por los perros del déficit. El tercero lo apostó todo en el mercado de futuros y se enrolló con la banca. Esa mujer con curvas que hace sentir al más miserable que está bueno y es listo como él solo. No rezó, para qué. Pensó que si venían bien dadas sería rico. Y si no, se habría tirado a la rubia.

El Antiguo Testamento es un pozo de sabiduría. Lo saben los ateos, especialmente. Una parábola encierra la moraleja imprescindible para ir tirando en tiempos de apocalipsis. Toca cruzar el mar Rojo, pelearse con los filisteos, convertirse en estatua de sal y, si está de dios, morir y resucitar en la zona noble de la Biblia. Pero con los talentos no se juega.

Claro que esos seres sin alma llamados "los mercados" son jugadores profesionales. Tipos oscuros que se pasean por los casinos del mundo jugando partidas simultáneas de black jack que en realidad son de ruleta rusa. Recuerdo una secuencia estremecedora de El Cazador (Michel Cimino). Esa en la que mi idolatrado Christopher Walken se apunta a los sesos con una pistola, con la mirada errática del que no tiene nada que perder. No he podido volver a verla, me provoca pesadillas.
El Casino se parece al infierno de Dante. Al fuego eterno de Mefistófeles. Pero ahora ardemos todos juntos, allá adentro, más o menos chamuscados según el círculo donde hayamos caído. Hay un ruido ensordecedor, sin melodía. Y de cuando en cuando un político mendaz hace un panegírico de sí mismo y propone un plan de fuga que nadie se cree pero que algunos aplauden en su desesperación.

 El tecnócrata es un señor -raramente una señora- muy aseado que duerme poco y en sus horas libres ejerce de trilero. No resulta sospechoso porque se perfuma, transita coches negros impolutos y bebe agua mineral antes las cámaras de televisión. Su país, el mundo, es un tablero del RISK lleno de fichas que debe conquistar, tragarse, vomitar o defecar, según el momento.  No se le conocen pasiones. No transpira. 


El reino de los tecnócratas es la pesadilla de Marx. Una ruleta rusa donde todos somos C.Walken pero no nos hemos enterado. Y donde algunos se están forrando a comisiones por cada disparo. Vean la excelente película "Margin Call". Son esos tipos. Ya existían en el Antiguo Testamento.



 

lunes, 14 de noviembre de 2011

MEN IN BLACK


El hamman es ese sitio donde unas señoras muy gordas te arrancan la piel a tiras y tú encima sonríes y te disculpas por acumular tanta inmundicia. Después, te dan un té azucarado como para sufrir un coma por exceso de glucosa y sales recitando versos de Mahoma y cagándote en dios (si eres malhablado e impío, que no es el caso)

Rebobinando. El escritor maldito consideró que no debía lavarse al menos durante un día. Estaba convencido de que el manto que protegía su piel tenía la misión de evitar que las ideas se evaporaran. "Una buena trama es insostenible sin cierto sudor concentrado", solía afirmar pomposamente. Y empezó a poner de moda lo de vestir de negro para disimular los lamparones y el llamativo cerco bajo los sobacos. Nótese que el escritor jamás dice axilas porque ésa es una palabra discordante, capaz de desencadenar un gatillazo en todo texto que se precie. Sobaco es contundente y vulgar. Como el sudor agrio y revenido.

El sábado amanecí maldita y fui invitada al plan irrechazable: unos baños árabes seguidos de una película quita costras intelectuales. Allá que fuimos mi amiga A-1 y yo, dispuestas a ser desolladas. Tras una ducha breve fuimos enjabonadas por sendas huríes de poderosa envergadura, que nos empujaron al baño turco con una botellita de agua por todo equipaje. Si te dejan en pelotas y con una botella, imaginarás todas las posibilidades envuelta en la bruma de 80 grados pegajosos: me tumbo y pongo la botella bajo la nuca, tipo almohada. Me la bebo y sigo de pie. Me la echo encima porque el vapor mentolado me abrasa o salgo de aquí pitando porque estoy a un paso del desmayo.

Si te dejas embaucar con la absurda idea de que el infierno es depurativo como el menta poleo, no podrás protestar cuando la tremenda mujer se disponga, manopla en mano, a exfoliar cada centímetro de tu cuerpo mientras tú recitas en Apocalipsis en versión reducida. Un cerebro escaldado al vapor no da para grandes prodigios memorísticos. Tumbada sobre el sepulcro de mármol piensas en Viggo Mortensen y en su secuencia del hamman en "Promesas del Este". Altamente erótica. Si es que es posible fantasear mientras tu torturadora te ha cogido el talón con firmeza y arranca las pieles muertas del talón. Cierra los ojos, concéntrate en Viggo. Imposible. Con la piel te arrancan las ideas, la capacidad de fabular, la dignidad en suma.

De ahí que el escritor se plantee pasar un domingo sin agua y jabón. Algo así como cocerse en su propia salsa. Desconecta los teléfonos, baja las persianas y se concentra en una historia que debe tener su panteamiento, su nudo y su desenlace aparente. Aunque sería mucho más interesante dejar el final abierto. Obligar al lector al desconcierto. Escaldarlo en ambigüedad y desasosiego. Alta concentración, teclado al rojo vivo y... sudor inevitable. Sin desodorante. El maldito se huele y arruga la nariz. No está acostumbrado a su ponzoña y el hallazgo le resta concentración. Corre a lavarse la cara preguntándose si el gesto será considerado de alta traición. Recuerda que ha leído que Steve Jobs pasaba una semana sin ducharse convencido de que no olía mal. Después presentaba el último I-Phone al mundo vestido de negro. Ergo el luto es creativo.

Entre vapores, has repasado la lista de los sospechosos habituales. Esos seres de indumentaria fumesta que probablemente  nunca pisaron un hammán. Los Men in black, sin ir más lejos. El James Bond de Sean Connery, con sus jerseys de cuello alto. Anthony Perkins antes de cargarse a la rubia en la ducha (por lavarse, ahora lo entiendo). Los Beatles. Los Rolling. Los mandamases del Banco Mundial.

Y el escritor empieza a sospechar que vestir de negro es en sí mismo sospechoso. Y que en adelante describirá a los protagonistas de sus historias por su olor corporal más que por su atuendo despistante. El sobaco, por fin, como dignidad literaria y leit motiv.

Y arranca: "ella se rascó el sobaco con fuerza y pensó en Viggo Mortensen y se sintió pegajosa y excitada". Después corre a la ducha, sintiéndose maldito y traidor a partes iguales.

domingo, 13 de noviembre de 2011

CITA EN PEKÍN



Hablo con un escritor joven, insolentemente joven, sobre su experiencia en China. Me cuenta que fue allí por amor, escribió su novela y volvió porque su novia lo había plantado. Ahora se dispone a rematar su equipaje de vuelta.

-¿Has vuelto con tu novia?
-Sí, pero si me vuelve a dejar, tengo un plan B.
-¿Cuál?
-Me liaré con cualquiera de sus amigas. Ya sé de un par que no me pondrían pegas...

El festival EÑE es un foro de gafapastismo y debate sobre la creación, pero también sobre la vida misma. El escritor me ha contado su plan B sin afectación ni sarcasmo. Que te expulse de un país una mujer es mucho menos épico a que lo hagan las autoridades competentes. Más humillante. Sobre todo si te haces miles de kilómetros y aún no te ha dado tiempo a aprender ese idioma endemoniado.

-Mi novia lleva tres años y ahora empieza a poder hablar algo con los chinos. Yo me arreglé con el inglés como pude. Total, para lo hay que hablar...

El joven escritor me cuenta que antes vivió en Menorca, en una casa con otros diez. Perroflautas, vendedores de pulseras, pies negros, y que con cien euros al mes podía ir tirando.

-¿Cien euros? pregunto. Eso son tres euros diarios. Que te dan para pan y mortadela. Debiste terminar con el colesterol disparado!
-Bueno, quien dice cien, dice trescientos.

La literatura es eso. Adaptar la sensación, lo que nunca fue, a la realidad y contarlo bonito. La novia que te planta siempre es un buen subterfugio, pero dada su condición de historia universal hay que adornar el relato con cierta afectación formal, una huida loca en plan 55 días en Pekín o un tórrido romance exprés con divorcio exprés con la amiga íntima de tu novia. Esa mujer que te abandonó tan lejos de casa.

Si cometes el pecado de abandonar a un novio en otro país, la penitencia será dura. Es posible que tu novio te perdone, pero jamás lo harán sus amigos. Para ellos serás esa arpía que pegó la gran patada en territorio comanche. Ese es el relato. Los detalles no titulan. No hay atenuantes posibles, señoría. La muy hija de Satanás me plantó en ese país a merced de 1500 millones de habitantes que si saltaran todos a la vez el mundo temblaría.

Sugiero que el Festival EÑE dedique en sucesivas ediciones un espacio al abandono como detonador de relatos. Mi nuevo amigo el escritor joven podría inaugurarlo con una imagen proyectada de esa mujer que alentó un libro que quizás un día sea un best seller, y con su vuelta le obligó a aprender chino y a seducir a sus amigas en los ratos libres. Y eso le dio una sólida fama de amante y las chinas se agolpaban en la acera de su casa de Pekín, y él les daba amor a cambio de relatos imposibles. "Y aquella novia, señoras y señores, es hoy en día su agente literaria".

Mucho más contundente y pertinaz que Carmen Balcells. Y un punto resentida. Nada que no arreglen los royalties y las traducciones en 35 idiomas. El desamor, a fin de cuentas, también claudica por una buena causa.

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL ARTE DE AMAR

Mujer con sombrero negro. K.Van Dongen


El matrimonio consiste en contarle a tu marido/mujer lo que está viendo por sí mismo.

-Mira, Santiago, este es de Tiziano! ¡Qué tonalidades más bonitas, del beige al ocre!.
-Ya...Ya veo, Pilar.

Museo del Prado. Exposición El Hermitage. Un destino excitante para muchos, y en especial para parejas con poca excitación. Empeñadas en contarle a su Santiago que el cuadro que tienen delante es del pintor que pone en el cartelito.

El matrimonio es, visto así,  una institución redundante. Imagino que en la cama ella le informa a él de que eso que está teniendo es un orgasmo, y él a ella que eso que va a beber para recuperarse es H2O, líquido elemento. O sea, agua.

Me parece que una de las ventajas de la pareja deberían ser las elipsis. Todo eso que el otro ya sabe que piensas y sientes tal vez no sea necesario hacerlo explícito. La emoción de contemplar una obra maestra es silenciosa, muda, tan abisal que merece un espacio vacío alrededor y la ausencia de todo sonido que no sea el latido de tu corazón. Pero con Santiago al lado, Pilar siente que debe poner un bafle de cotidianidad. Y dudo que a Tiziano Vecellio, que en gloria esté, le agrade ver delantales de cocina y batas boatiné en su propia casa, que es ese San Sebastián inmenso y saeteado. En tonos ocres, sí, Pilar. Magnífico y doliente en su martirio.

S.Sebastián.Tiziano
Y entonces sales huyendo porque acompasarse con un matrimonio ruidoso es un castigo semejante a que te acribillen a flechazos. Y da lo mismo, porque el arte provoca la conversación como el muerto del tanatorio el lugar común. Y los vigilantes de sala ya no hacen ¡shhhhhhhhhhh! porque seguramente están casados y saben que un silencio puede ser incómodo, la evidencia de que algo no funciona desde el pleistoceno superior. ¡Hablad, malditos! 

Entre el arte y el matrimonio, elijo el arte. Me quedo sola, aunque hoy haya contado hasta siete codazos y varios empujones para admirar la magnífica perspectiva de la Sala de Pedro de un tal Serguei Konstantinovich Zarianko, al que no tenía el gusto de conocer. Una penumbra inquietante, majestuosa como la época de los zares. Pedro I, Catalina la Grande... Y en un rojo increíble, Pilar, a medio camino entre la sangre de un ciervo recién abatido y la mancha de frambuesa. Cuántaselo a tu hombre que seguro que no se ha enterado.

Lo dejo aquí, no sin antes decir que el matrimonio debería incluir una claúsula de silencio. Te amaré callado y virtuoso, en la emoción y la eternidad de mirar juntos un cuadro y sentir que hay espíritu y hay genio. Que nunca tú rozarás con la yema de los dedos un instante de gloria tan excelso ni esperarás que yo lo haga. Que conocer al otro es respetar su momento frente a Tiziano, a Vermeer, a Rembrandt, a Durero...

Que un museo como el Prado debería ser un templo. Entren bien vestidos, apaguen sus teléfonos y arrodíllense ante los maestros.

Y que lo que los dioses han alumbrado no lo separen Maruja y Santiago...

jueves, 10 de noviembre de 2011

JESÚS CALLEJA VS FRANK DE LA JUNGLA



El crítico literario consideraba la novela "ingeniosa, pero no inteligente". Hay dardos más envenenados, pero están en África y se lanzan con cerbatana.

A mí el ingenioso me ha hecho siempre una gracia relativa. Diría que es ese tipo que suelta un titular brillante y se echa a dormir en un texto plúmbeo. Se parece al graciosillo, que en realidad carece de todo sentido del humor que no sea a costa del escarnio ajeno. Suele ser poco inteligente. Lo justo para encender un cohete y asombrar a su cla con su fogonazo multicolor.

El inteligente, sin embargo, te brinda un espectáculo sin fuegos artificiales, pero de intensidad sostenida. Si es brillante, hará que nos riamos todos y se reirá de sí mismo.

El tonto raras veces se ríe de sí mismo, salvo por error de concepto. La versión culta del "error de bulto" o, en el plano más vulgar, el fallo de cojones.

Claro que cuando el crítico es lerdo y no lo sabe, nos encontramos ante una especie peligrosa. Va a juzgarte desde su hipermiopía intelectual. Y si tiene una pluma medio afilada concentrará su mala leche  en tres o cuatro términos heredados y demoledores. Después, se retirará a tratar de pensar por sí mismo. Ese ejercicio tan pesado como el Pilates que provoca hiperventilación. Como el Pilates.

La audacia suele ir ligada a la incompetencia, pero se supone que el mundo no hubiera progresado sin los aventureros. A mí, en esa categoría solía gustarme Jesús Calleja (Desafío Extremo) y sin embargo detesto a Frank de la Jungla. El primero se troncha de sus miserias y trata con exquisita educación a todo el que se cruza en su camino, que suele pasar por Katmandú. El otro es un gracioso con chanclas que despliega virulencia plagada de palabrotas contra su equipo y trata con elegante cortesía a las serpientes.

Si yo fuera crítica de televisión, líbreme el altísimo, y destilara mala baba, escribiría una columna titulara "Sólo para cobras", y diría de Frank "ese listo tan poco inteligente que ama a los animales, come cucarachas para disparar el share y humilla a sus congéneres con toda la fuerza de sus abdominales".

Luego me echaría a dormir, satisfecha al comprobar que mi ingenio está bien engrasado. Lo que debe sentir un crítico a poco inteligente que sea.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

AFTERHOURS



Lo bueno de levantarse temprano es que nadie te incordia el pensamiento. Lo malo es que, con un poco de mala suerte, coincides con los que aún no se han ido a la cama. Un encuentro afterhours puede ser fatal. Tú apestando a café y el otro ginebra. Hay alientos incompatibles.


Cuando trabajaba en la radio solía llegar de madrugada, a eso de las tres, a la emisora. Las putas y los chulos se encaraban a pocos metros del portal, cuando no dentro. Y mi cuerpo no estaba para procesar broncas ajenas. Así que tocaba ansiosa al telefonillo y un amable guardia jurado tenía que bajar a abrirme. Nueve pisos. No menos de dos minutos. Dos minutos a las tres de la madrugada con un lupanar ambulante alrededor equivalen a media hora pasadas las nueve. El tiempo es así de caprichoso.

Para esas putas desoladas de noche y de tipos poco exquisitos, las tres era el ecuador. Con suerte, si habían hecho buena caja, podían volver a casa. Pero la mayoría de las veces no era así y yo me las encontraba de nuevo en una café, al amanecer, tiritando. Ellas y yo unidas en el bostezo. Sincronizadas al fin.

Hay hombres que llegan tarde, o demasiado pronto. Amigas que se desaparecen hasta nueva orden. Duelos que persisten con el paso de los años. Proyectos que no cuajan. Conversaciones pendientes. Perdones aplazados. El tiempo es lo único que no se puede forzar. Las putas lo saben y se administran la noche contando polvos en las aceras.

Una noche una de ellas me pidió fuego mientras yo esperaba al vigilante.

-¿Usted trabaja aquí?
-Sí, bueno, en realidad soy becaria.
-Becaria es la puta de la radio, ¿no? inquirió ella.
-Pues...Un poco sí, reconocí. 

Y nos reímos juntas.

A los veinte años un desfase horario es una bendición. Mis días de becaria me hicieron simpatizar con esas mujeres y, a cambio, me incapacitaron para dormir más allá de las seis de la mañana. 

El tiempo es tirano y audaz. Y la madrugada un no tiempo suspendido donde los pensamientos se  dejan atrapar más fácilmente.  Como algunos hombres por las calles...

P.D. Y de repente me acuerdo de lo mucho que me gustaba Walter Vidarte, el borracho de esa serie de madrugadas y radio llamada "Tristeza de amor".

martes, 8 de noviembre de 2011

RESACA CON DEBATE


Impotente: tipo al que no se le levanta. Mediocre: tipo que piensa que ha conquistado a la chica porque ella no le escupe a la cara en la primera cita.


Resaca de palabrería: dícese de la que deviene tras una noche de escuchar a un mediocre frente a un impotente evidenciar sus debilidades con un busto parlante a modo de árbitro.

Me duele la cabeza y el estómago pide a gritos un Almax. Es el mismo efecto de tomarte dos ginebras a pelo en una apuesta tonta cuando tienes 17 años y un afán inusitado por parecer mayor. Nadie, salvo la madre de la Reina de Inglaterra, que en gloria esté, puede ponerse de gin sin hielo y salir airosa sin que se le mueva el ala del sombrero.

La bravuconada es lo que tiene. Te deja el cuerpo sucio, también llamado cuerpo escombro o alcantarilla. Hablar de más, beber de más, posee unos efectos secundarios que ríete de los de las drogas al uso. Si dos tipos de escasa altura moral e intelectual se ponen a hablar conjugando mal los verbos y comiéndose consonantes de la última sílaba -una madrileñada, aunque lo haga un gallego- uno debe armarse con el botiquín frente al televisor.

Anoche nos quedamos a ver el combate no con la esperanza de asombrarnos con algún round inesperado, sino con el morbo de contemplar una pelea de barro con dos señores sin alma vestidos con camisas impolutas. A su izquierda, el perdedor: un tipo al que le aterra deshacerse del poder. A su derecha, el virtual ganador, que sueña con mandar aunque sea en un reino con los cimientos tambaleantes donde hasta sus subordinados se reirán de él a escondidillas.

Cuando buscas reconocimiento, el que no tuviste en el patio del colegio, estás perdido. Cuando defiendes un territorio que no supiste proteger, te tiemblan las piernas. Anoche esos dos tipos se pusieron en evidencia a sí mismos, mientras sus equipos respectivos les hacían la ola estúpidamente.

A veces todo está perdido de antemano.

En el combate de ayer quedó claro que faltan púgiles atléticos que respeten las normas y no hagan guiños al público buscando complicidades funestas.

-¿Dónde están las mentes inteligentes, estratégicas, honestas y  sin complejos que purgar en un despacho?
-En la empresa privada, dijo ella.
-Pues hágales una oferta que no puedan rechazar, porque estas peleas de gallos despeluchados las va a ver su puta madre...

En ocasiones hay que volver a contemplar la pelea de Muhammad Ali contra Foreman.