sábado, 31 de marzo de 2012

MUJER SIMPLE CON PAISAJE BUSCA...

La naturaleza es eso tan verde que te pone en tu sitio 
Y detrás, el mar. 

Ahora que he sucumbido al arrebato poético de urbanita vulgaris que despierta y saluda a la montaña, toca juntar letras y palabras. Anoche vimos en familia El perro de los Baskerville, aunque debo reconocer que la familia fue cayendo como las piezas de un dominó y presa del sueño mientras el estirado Sherlock Holmes hacía de las suyas. 

Empiezo a pensar que el campo requiere máxima entrega y atención. Diría que la cultura es eso que nos inventamos cuando no tenemos un mar que nos sobrecoja o una mimosa gigante frente a la ventana que -avisados estamos- podría caer por un mal vendaval. 

Sentir o escribir. Esa es la cuestión. Mi amiga A. y yo soñamos con ese momento en el que haremos las maletas y viviremos en una cabaña frente a las olas de alguna costa color azul turquesa. Lo de turquesa es una concesión, porque ella adora ese color, mientras que a mí me sienta como un tiro. El plan es ser dos viejas que escriben dándose quizás la espalda y sin hablar apenas. No contamos con el efecto magnético del aire, el prodigio de la floración de la buganvilla o el ritmo asonante de los ladridos de los perros. 

El campo elimina mucho ruido de los discursos, me temo. Los que amamos las palabras en realidad lo hacemos como un desahogo al calor despiadado del asfalto y los problemas tontos de aceras y semáforos. Rojo, amarillo, verde. Las vidas bifurcadas. Los dilemas eternos: ¿corto cable rojo o cable azul?, ¿le digo sí, quiero, o salgo corriendo?, ¿vino tinto o Coronita con limón?. Cuando vives bifurcada sientes que tus piernas, tus brazos, tu corazón, tiran hacia fuera y en sentido contrario como si dos cuerdas intentaran descoyuntar eso tan precario llamado equilibrio. 


Y entonces encuentras tres días libres en el calendario, y huyes al bosque y vuelves a ser una (¿grande y libre?) Y te preguntas fascinada cómo el ser humano ha conseguido complicarse tanto la existencia y llamarlo progreso. 


progreso. (Del lat. progressus). 1. m. Acción de ir hacia adelante. 2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento.

Así que heme aquí, entregada al progreso de la luz y de los bichos. Simple como un cubo: asa y cubo. No esperéis de mí grandes delirios. Soy lo que el pan y el vino a la buena mesa. Dos básicos. A mucho tirar añadiremos unos tortos bien fritos y la compañía de esos amigos que lo son tanto como el prado que acoge nuestras pisadas.  


Contaré los mugidos de las vacas. Registraré el avance de los caracoles y las mareas. Seré plana y llevadera para abrazar de nuevo la vorágine cuando sea menester y pinten bastos. 


Y a Sherlock, que le den!