lunes, 30 de abril de 2012

CRISIS Y PROMISCUIDAD

"Hay que matar a Angela Merkel". Eso sentencia mi amiga A., mientras se lleva a la boca un buñuelo de morcilla. El pesimismo dominante produce extrañas reacciones. Una cena puede convertirse en una conspiración, porque las palabras son gratis y los ánimos andan en bancarrota, dispuestos a empuñar un fusil -como Johnny- y  liarse a tiros dialécticos contra el mundo entre el vino de Toro y la tarta de tiramisú.

Heidi y Pedro,¿sólo amigos?
Mis amigos son una muestra relevante del estado de las cosas. Ayer, en un brunch, -ese invento british que consiste en que te mueres de hambre a las nueve de la mañana, te pones hasta las trancas a las doce y vuelves a tener hambre a las cinco de la tarde- comentábamos el caso de una de ellas,  que trabaja en un taller rodeada de hombretones. Un compañero, latinoamericano, de unos cincuenta, le está tirando los tejos y anda trastornada. "Se llama Carlos Eugenio y es bajito y feo...Ya me ha invitado dos veces a comer", decía ella muy airada. "Jamía, no te ofendas tanto, que no te ha metido mano"..., respondí. "No, no, si el hombre es muy ceremonioso y educado" reconoció. Y ahí entró C., la tercera en discordia: "Eso, seguro que es de esos que te meten mano, pero de usted".

A mi amiga la del taller hubo que explicarle que los piropos son gloria bendita. Ella, felizmente casada desde hace una eternidad, no quiere pretendientes que le sobresalten a la hora del bocadillo. A otra un amigo, V, la llama bonita desde ultramar y le hace versos en prosa a su "cuello aristocrático". La tercera confiesa que su amigo se refirió la otra noche a ella como "mi querida futura mujer de mi vida", no sin antes preguntarle, descarado y trotón, si llevaba la lencería roja o negra (¿la ruleta de la seducción?).

Los ánimos están desatados. Los amigos también. Como en la guerra, son tiempos de desinhibición y cortejo. Mañana dios dirá. Los efectos colaterales del pesimismo se tejen entre el pudor exacerbado y la pasión. El hombre/mujer de tu vida es un concepto a revisar, porque la vida ya no se asienta sobre un plano móvil, sino sobre un panta rei de Heráclito, válgame la pedantería. Hoy estás aquí, tienes un trabajo y un amor inestablemente estable. Mañana todo se ha volatilizado y andas como los de Walking Dead, pero sobre un campo de minas lleno de recesión, recortes y despidos despiadados. Pero entre paso y paso alguien te besa.

Y la culpa la tienen los mercados, los especuladores y... Angela Merkel. Y hay que deshacerse de ella. Un golpe limpio y certero a sus discursos de Srta. Rottenmeier, la estirada institutriz de los niños que vimos "Heidi" y entendimos lo traumático que es vivir sin piropos. Y lo importante de cultivar a esos amigos que te recomiendan buenos libros y te dicen que "de las chicas que he conocido, tú no tienes competencia. Bona nit".

Bona nit. Y que la Merkel sepa que la recesión mundial nos vuelve promiscuos y desatados. ¿qué pensará de esto su partido, tan contenido, tan demócratacristiano?

domingo, 29 de abril de 2012

A MÍ LOS HOMBRES ME SALEN CARÍSIMOS (Elogio del acuerdo prematrimonial)

Atrapa a un ladrón
Me gusta que me lleven el café a la cama. Me parece un acto de amor tan simple que debería protocolarizarse y las parejas serían más felices. Un café entre las sábanas resucita los sentidos, predispone al sexo y sale gratis.

A las mujeres como yo no nos enternecen las joyas -aún es pronto- pero sí que nos regalen el oído. Que nos susurren por la noche, o justo después del café. Lo que llevamos fatal es que los hombres nos cuesten dinero.

El asunto no es baladí y me lo sugirió desde el muro del Facebook mi amiga C. Mujer bregada que sale al amor como a la guerra, con toda su artillería pesada. "Siempre que me enamoro la cago. Me ciego, me engaño y confío. El precio emocional es terminar rota de dolor; el crematístico es aún peor. Mis dos maridos querían los mismo: quedarse con la casa y la cuenta corriente".

Cuendo eres muy joven tener un novio pobre otorga al amor un halo de irresistible romanticismo. La literatura y el cine se han encargado de ello. Según pasan los años, la cosa cambia. Mi amiga C. se enamoró de un tipo en la cola de una agencia de viajes (no del Inserso, mentes perversas). Aquello fue un amor fou en toda regla. Él era atractivo, sexual y...pobre, además de un jeta redomado. Durante meses ella asumió la cuenta de las cenas, los billetes de avión y las entradas del cine. Al fin, nos confesó una tarde: "juraría que D. me coge dinero. El otro día tenía un billete de 20 euros en la certera y cuando se fue él ya no estaba". Nos quedamos pasmadas y yo sentencié, echando mano a mi poderoso background de cine clásico: "Pues mira, chica, como Cary Grant en "Atrapa a un ladrón"... 

A cierta edad esperas que los gastos de pareja se repartan como los orgasmos (uno él, tres tú)... Es broma. A partir de los treinta, pongamos, un hombre no puede costarte dinero. Tampoco una mujer. Algunas estiran los convencionalismos del siglo pasado y se dejan querer a golpe de cartera. Las que crecimos con las proclamas de igualdad consolidadas por la generación anterior, pagamos e invitamos en una secuencia sostenida. Pero con un hombre tacaño somos despiadadas.

Diré más. El dinero y el amor se contaminan, pero están condenados a entenderse. Si no, el desastre está servido. Soy fan del acuerdo prematrimoniao (prepatrimonial). Cierta fresca que conocí convenció a su novio de que no figuraran en la escritura del piso los millones de más que él había puesto. "Me parece que es vulgar resumir nuestro amor inmenso en unas cifras. Yo, desde luego, no lo haría". El pobre hombre, noble como él solo, accedió por no incurrir en delito de lesa falta de cariño. Cuando el amor se rompió ella se quedó con la casa -que él sigue pagando al 50%-. Del extra nunca más se supo.

Los divorcios más sonados son directamente proporcionales a las cuentas corrientes. Que se lo digan a Demi Moore y Ashton Kutcher carabobo, a Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver Kennedy, a Paul McCartney y Heather Mills, a Madonna y Guy Ritchie...

Moraleja: Si un hombre (o una mujer) te sale caro, regístralo ante notario para que al menos no se te quede cara de idiota el día que la relación muera.  Y aún más. Mientras dure la pasión, el papel quedará sepultado en la mesilla, para que no incordie esa eternidad romántica que a veces es un suspiro y que vale su precio en oro.

Para todo lo demás, basta un café al despertarse. Y unas palabras al oído, tiernas, excitantes...libres de impuestos.


sábado, 28 de abril de 2012

HOMBRES QUE VAN DE PUTAS

A Dominique Strauss-Kahn le gustan las putas más tiradas. Lo leí en Vanity Fair y lo releí porque soy morbosa y la madame que le conseguía las putas aseguraba que "la tiene pequeña".

DSK podía haber sido presidente de Francia pese a su micropene. Un atropello a la grandeur. Hoy se destapa diciendo en su primera entrevista que la culpa de todo es de su rival Sarkozy. Ignoramos el tamaño del miembro de Nicolás, y desde luego cómo prefiere a las mujeres de pago (si las frecuenta). Las oficiales son siempre bellas, inalterables, y de pómulos marcados. Mujeres diseñadas para llevar un trench y ajustárselo a la cintura. El chic en estado puro.

El poder y el sexo siempre han ido de la mano. Las putas lo saben y se arrodillan para que sus clientes tengan su minuto de gloria. Las miro y las entiendo. Conozco unos cuantos hombres que se acercan para demostrarte que son más que tú. Que la tienen más grande. También hay mujeres testiculares en sus protocolos, desde luego. Lo más difícil en las relaciones es moverse en un plano de igualdad donde se llega al equilibrio con cesiones de poderío. La versión sentimental de la alternancia que ya practicaron  Cánovas y Sagasta en la España de la Restauración, de la que nos hablaba un catedrático llamado Carlos Seco Serrano. Un tipo enjuto y brillante que hacía honor a su apellido.

No juzgo a los hombres que van de putas. Tampoco pienso analizar sus razones. Pagar por sexo me parece triste, ya está. No juzgo desde luego a las putas, me da pena verlas tiritar en las esquinas de Triball, ese barrio de modernos donde ellas siguen estando pese a que las calles, llenas de bares y boutiques, ya no son sórdidas. Siento ganas de acercarme y preguntar, de saber lo que ellas saben de los hombres, de la vida y, sobre todo, del poder.

DSK ha perdido el poder al perder los pantalones. Y esas mujeres a las que puso a cuatro patas para someterlas sonríen como sacerdotisas del secreto mejor guardado. Un hombre desnudo es siempre un ser desarmado. Un tipo que que se lo hace con testigos -eso relata la madame- es un capullo que piensa que su poder emana y anula las voluntades de quienes lo contemplan con el culo al aire embistiendo a una mujer que, cinco minutos después, se lo cuenta a sus amigas en una esquina de un barrio de modernos.

¿DSK pasará a la historia porque fue presidente del Banco Mundial o porque se tiraba putas con Viagra y acosaba camareras de hotel? Creo que estaremos todos de acuerdo en la respuesta.

Ay, si las putas hablaran...





viernes, 27 de abril de 2012

(Homenaje a La Familia Adams)

Chesterton se empeñó en que el hombre fuera jueves, cuando todo hombre o mujer contemporáneo aspira a ser viernes perpetuo.

De mayor querría ser acuñadora de grandes frases no originales, sino basadas en títulos contorsionados de otros. "El hombre que fue jueves" es inspirador, absurdo y original. Encuentro que la originalidad es un valor tan escaso que la hemos cambiado por provocación. Si no puedes ser elegante, sé extravagante. Y los viernes sufro de extra-vagancia porque mi cuerpo aspira al fin de semana con desesperación.

El vago tiende a sentir que cada lunes es domingo, y lo perpetúa con esa desidia que tiene "el día del Señor". En la universidad odiábamos los domingos, nos invadía una ansiedad tal que impedía disolver la tarde despacio, como un azucarillo en el café. Hasta que pactamos con los profesores de la facultad concentrar todas las clases de martes a viernes y fuimos tan felices... Esos domingos con prórroga y penaltys era  gloria bendita. Pero mataron la inquina del lunes y nos convirtieron en un grupo de malcriados sin derecho a escupir al calendario.

Viernes rescata a Robinson Crusoe de los caníbales y se convierte en un secundario imprescindible. Miércoles, esa sádica encantadora, es uno de mis personajes favoritos de "La familia Adams", aunque reconozco que siempre tuve debilidad por Fétido, sobre todo en esa secuencia en la que se mete dos colines en los agujeros de la nariz para hacer reír a una mujer.

Las mujeres solemos elegir al tipo divertido, sobre todo a partir de cierta edad. Los guapos son para la Fiebre del Sábado noche. Contorsionistas que con un golpe de cadera podrían apartarnos de la pista. Pero esos otros, los que se meten pan en la nariz, tienen un look perpetuo y salvífico de viernes. La posibilidad de dos días eternos en off por delante. La promesa de llegar al lunes en paz, tras una tarde retozona de sofá y series HBO en compañía.

El viernes, digo, es el edén donde todo empieza, no donde termina. Pero aún no nos hemos enterado.

jueves, 26 de abril de 2012

¿CELOSA O ENVIDIOSA?

1.A veces subes una colina y bajas una montaña, como el inglés de la película.

2.Los desequilibrados rara vez son buena gente. Por la demolición de todos los adjetivos que hacen de la locura no diagnosticada un lugar digno de admiración (genial, interesante, sorprendente, excéntrico...)

3.La familia nuclear ha muerto. Incluso la que permanece unida.

4.Anoche, en la radio, huyendo del fútbol escuché una entrevista inteligente con un ministro. Juro que no recuerdo quién era.

5.Todo el que viene a esta casa se deja los zapatos en medio del salón. Mi invitada alemana no iba a ser menos. Creo que haré un remake de El Mago de Hoz o colgaré  un cable con todos al estilo Big-Fish.

6.Ya hay canción del verano, aunque hoy llegue otra borrasca. Se llama "MariCarmen" y tiene un video ad hoc monumental rodado con los habitantes de un pueblo de Almería. Reflexiono sobre el libre albedrío de las estaciones y de las tendencias (y sobre el mundo rural y su star system).

7.Un convento de clausura me parece un chollo para refugiarse de la recesión diagnosticada. Venga a hacer postres y a ponerlos en el torno en nombre de dios.

8.Puede que las mujeres no seamos tan poderosas porque ellos se inventaron el traje, símbolo de prestigio. A algunos les quitan ese atributo y se quedan en nada.

9.Mi sueño es valer más por lo que callo que por lo que digo, como Jaime Peñafiel. La cosa es que no callo.

10.Cuando me da por pensar deshilachado, debo buscar un gurú titulado que salve mi alma errática.

11. Alguien me dijo que los seres humanos somos o celosos o envidiosos. Lo tengo claro. Prefiero provocar indiferencia.

y 12. Me cuesta admirar, con alguna excepción: amo a El Roto sobre casi todas las cosas. Aúna inteligencia y shock.

miércoles, 25 de abril de 2012

SOÑAR CON LA MUERTE (Diabólico Mark Twain)

Hoy he soñado con la muerte y aún guardo la impresión/certeza de saber que me moría. Mi amiga M. tiene miedo porque está rodeada de ella, le salpica en cada esquina de su casa, la siente como un mar viscoso de petróleo donde ella no se hunde pero chapotea.

En mi libro de ayer, inesperadamente, el niño coge la pistola que le tiende el padre y se pega un tiro en la cabeza. Tuve que leerlo dos veces, incrédula. Tuve que retroceder  dos páginas atrás por si me había perdido algo mientras contenía el bostezo. Pero no, estaba ahí y era repentino. O puede que no tanto, porque en el texto simple, casi simplón, su autor había dejado algunas pistas tejidas desde gestos cotidianos, repeticiones, diálogos básicos y una atmósfera cargada pero no barroca. (No daré el título porque lo acabo de destripar, salvo que alguien me lo pida).

Y luego soñé mi muerte.

Recuerdo mis primeras pesadillas después de ver Las  aventuras de Tom Sawyer. El Indio Joe lo persigue por una cueva con un cuchillo y los ojos de bestia con hambre. Debía tener seis o siete años y mis padres pensaron despreocupados que era una película infantil basada en un relato de Mark Twain. Mentira. Volví temblando de esa película y durante años tuve pesadillas con el malvado indio Joe, mientras otros se reían del desastre con mocos llamado Huckleberry Finn.

El miedo es elegir al indio. Y leer por la noche un libro engañoso donde el autor te sacude un tiro en la sien después de tenerte entretenido pescando y cazando. Y cuando ocurre, te sobrecoges y querrías no haber llegado a esa página, pero entonces es tarde.

Como en la vida.

Mi amiga quiere vivir y va a vivir, pero la otra noche me dijo con tono neutro, sin latido: "Creo que me voy a morir". El Indio Joe se ha instalado en el zaguán de su casa y afila la navaja. Mi amiga necesita una corriente de aire frío y salir al sol, huír de la cueva y lanzarse al río Mississippi

Morirse es saber que el armazón que te habita ya no te pertenece. Que no hay nada después. Que serás nada y cuanto antes habría que construirse una cabaña y llenarla de pensamientos en salazón.

Qué miedo he pasado.Y ahora recuerdo que ayer mi amigo R. me recomendó leer ese librito de Mark Twain llamado "El Diario de Adán y Eva" . Le respondí: "Me lo sé de memoria". La mente, el inconsciente más bien, es caprichoso y se confabulado para matarme sin piedad. Así que, terrorífico Mark Twain, me quedo con el paraíso terrenal, la vida y el amor antes de que apareciera la serpiente. Y al indio Joe, que le vayan dando...

EL DIARIO DE ADÁN Y EVA. (Lectura imprescindible para matar pesadillas)

Viernes.- A pesar de todo cuanto yo hago, sigue el desatinado poner nombres a las cosas. Yo tenía pensado para esta finca un nombre muy apropiado, que suena bien y es bonito: Jardín del Edén. Para mis adentros sigo llamándolo así, pero no en público. El animal nuevo afirma que todo él está compuesto de bosques, rocas y paisajes, no pareciéndose en nada a un jardín. Dice que da la impresión de un parque, y que únicamente de un parque. Y por eso, sin consultar conmigo, le ha puesto nuevo nombre: Parque de las cataratas del Niágara. Yo creo que es una arbitrariedad. Y ostenta ya un cartelón:PROHIBIDO ENTRAR EN EL CESPED
 

La felicidad de mi vida ya no es la que era.
Sábado.- Este animal nuevo se atraca de frutas. Lo más probable es que nos escaseen. Nos otra vez; es decir, la palabra que emplea él, y que, a fuerza de oírla, empleo también yo. Esta mañana hubo gran cantidad de niebla. Yo no salgo cuando hay niebla. El animal nuevo, sí. Haga el tiempo que haga, sale fuera, y después se mete dentro, dejando la marca de sus pies llenos de barro. Y se pone a hablar. ¡Con lo bien y tranquilo que yo estaba aquí!
Domingo.- Pasó al fin. Me está resultando cada vez más cargante este día. El pasado noviembre lo elegimos y señalamos como día de descanso. Antes de eso disponía yo de seis por semana para descansar. Esta mañana encontré al animal nuevo cuando trataba de echar abajo con terrones alguna manzana del árbol prohibido.
Lunes.- El animal nuevo dice que su nombre es Eva. Me parece bien y nada tengo que objetar. Dice que lo llame por ese nombre cuando quiero que venga a donde yo estoy. Le dije que, si era para eso, estaba de más. Es evidente que con esto salí ganando en su respeto; la verdad es que se trata de un nombre amplio, que está bien y se presta a repetirlo. Dice que no debo usar la palabra él, sino la de ella, cuando hablo de su persona. Sobre eso habría que hablar probablemente mucho; a mí me es igual; me tendría sin cuidado lo que a ella se refiere, si se las arreglase para vivir ella sola, y si no hablase.




martes, 24 de abril de 2012

MI CITA CON MEL GIBSON

El taxista se parece a Mel Gibson antes de devenir pendenciero. Tendrá a ojo unos 45 años (luego me confesará que 48) Cuando subo y arranca quiere saber las ventajas del Whatsapp.

-Me lo he bajado para hablar con mi hijo. Mira, es éste. (Junto al simbolito pone "menor de 18 años")
-Ah...ya veo. ¿Pero por qué avisa de que es menor de edad? Suena raro...

El hombre hace caso omiso de mi comentario, y me enseña a la siguiente de su lista: su ex mujer. Quiere sacarla de ahí porque teme que utilice el sistema de mensajería simultánea para espiarle. Vamos, que está seguro de que ella lo hace, porque es como la Gestapo. Astuta y silenciosa...

-Como mucho sabrá a qué hora mandó usted el último Whatsapp, le digo para tranquilizarle. Pero él quiere borrarla del menú mientras conduce, y procede en medio del túnel de Velázquez.
-¿Sabe qué? Gracias a ella llevo dos años en casa de mis padres porque no tengo un duro. Bueno, a ella y a la imbécil de mi hija, que está embarazada con veinte años.
-Vaya...Lo siento.
-Y ¿sabes qué? Encima tengo que pedirle perdón porque me enfadé cuando me lo dijo. ¡Hay que joderse! Veinte años, un colegio privado toda la vida hasta que su madre va, se divorcia de mí y se va a Cádiz a vivir y la mete en uno público.
-Hombre, las de los colegios concertados también se quedan embarazadas, si no que se lo digan a Esperanza Aguirre...
-Y ¿sabes cuántos años tiene su "pareja" (y me hace el símbolo de las comillas con las manos, que ha soltado del volante otra vez) Veintidós años. El niñato tiene 22 años.
-¡Qué joven!, murmuro. Ande, coja el volante, por favor...
-El niño ése es un imbécil que ya dejó antes embarazada a otra. ¡Tiene un hijo de dos años! Y la idiota de mi hija va y lo hace a pelo con él. Y me miente y no me cuenta que es padre de otro niño al que pasa una pensión de 250 euros!!! (suelta el volante de nuevo)
-Bueno, al menos no es muy alta...la pensión, me atrevo a susurrar.
-¡Pero si es un soldaducho mileurista!!! ¿Sabes quién va a mantenerlos a todos??? ¡El gilipollas que la está llevando usted a casa!, que no tiene dónde caerse muerto, que va a ser abuelo a los 48 años, que vive otra vez en casa de sus padres y que se ha echado una novia después de seis años de infierno!!!
-Pues me alegro mucho...de lo de la novia, quiero decir.
-Sí, algo es algo. ¿Sabes dónde vive ella, mi chica??? ¡¡¡En Cádiz, al lado de la otra, de la tonta de mi hija, de mi hijo el menor de edad y del militroncho que me va a hacer el abuelo con el que el otro día volví en el tren por casualidad!!! La vida es una mierda, ¿sabes? Una puta mierda.

A esas alturas llevamos un par de minutos en la puerta de mi casa y el Gibson necesita desahogarse, así que no seré yo quien se lo impida. Pienso que a los 48 años nadie merece regresar a casa de sus padres, tener una hija descerebrada, una novia a 700 kilómetros y una ex que te espía por Whatsapp aunque sea técnicamente imposible.

Y nadie merece ser abuelo cuando apenas ha descansado de ser padre. La tranquilidad, me parece, tiene que ver con ir quemando etapas de manera consecutiva. Siento pena de Mel Gibson, airado y sin horizonte, que arranca el taxi después de darme las gracias por la terapia.

lunes, 23 de abril de 2012

UN RAMITO DE VIOLETAS (laísmo la,la,la)

Cecilia, la cantante, era de El Pardo y laísta.

"Quien la escribía versos dime niña quién eraaa..."

Así me he despertado esta mañana, con la voz lánguida de aquella mujer de melena lánguida que se mató en un accidente y que era laísta a tutiplén.

"La mandada un ramito de violetas".

Supongo que si eres cantante, laísta y te matas en un accidente de tráfico tus cronistas por decoro no mencionan esa patada a la sintaxis. Los Beatles, diréis, hacían letras muy tontas y han mantenido su eternidad, amén de las peleas entre ellos. Pero claro, los piques de banda son mucho más glamourosos que el laísmo. Dónde va a parar.

La eternidad, digo, es así de vengativa. Te mueres satisfecho porque una generación entera -la que en los setenta oía la la radio y veía tele en blanco y negro- tararea "Un ramito de violetas" y treinta años después una tarada -yo misma- se despierta un lunes acunada por tus gemidos -"era feliz e su matrimonio, aunque su marido era el mismo demonio"- y diciendo: "Qué tía más laísta, la jodía".

No quisiera parecer irrespetuosa. Soy de esos que cantaban por Camilo Sesto en aquellos años y jamás me cebé cuando le dio por pasar de "Vivir así en morir de amor" a Jesucristo Superstar. Me pareció que el hombre estaba pasando su karma antes de enloquecer definitivamente. En la primera camiseta que recuerdo haber llevado con gusto ponía "Montreal 76" (antes fueron los vestidos, que odiaba como odio hoy el laísmo). Los hijos de los setenta veíamos al ballet Zoom en la tele y no se nos ponían los pelos como escarpias. Era, sí, una horterada en toda regla, pero imagino que estábamos vacunados contra ello y mucho más pendientes en estrenar la democracia. No teníamos cuerpo para detectar laísmos, en resumen. Pero ahora que somos demócratas y el Rey ha retrocedido varias casillas en el tablero, pillamos los errores y las patadas al diccionario al vuelo. Aunque sea lunes y hayamos dormido lo justo.

 "Desde hace ya más de tres años, recibe cartas de un extraño, cartas llenas de poesía que la han devuelto la alegría"

Madre mía, ¡que me sé la letra y aún voy por el primer café!

Las niñas de los setenta crecimos pensando que un marido era un tipo malvado que en casa te hacía la vida imposible y, con suerte, en secreto te escribía versos y te mandaba flores. Pero sólo en primavera. Vamos, que de mayor te pasarias tres estaciones completas a dos velas aguardando el momentazo y con un hombre insoportable. Tanto, que podía provocarte un laísmo crónico.

Esa fue mi educación sentimental, y ahora lo entiendo todo. Esa mujer de melena larga y cara de no haber roto un plato nos dejó tarados e incapaces de amar sin mirar de reojo a los hombres. "¿Será este también el mismo demonio?". Así dimos por bueno que el hombre tuviera "un poco de mal genio" y una cosa llevó a la otra. Catastrófico.

Conste que no tengo nada personal contra Cecilia. Pero aprovecho su aniversario funesto para reivindicar que de inocente, nada. Que muy bien toda esa parafernalia del "Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así", pero que si aguantas a un tío desagradable y encima aseguras que eres "feliz en tu matrimonio" estás perpetuando el maltrato psicológico. Y suerte tuvimos las niñas de entonces de ser pequeñas. Pero a cambio caímos en las redes del laísmo y del leísmo. Y aún hay ocasiones en las que nos lo pensamos al escribir, y hacemos el truco de pasar a pasiva la oración, y si es complemento directo será "lo" o "la". Si es indirecto, "le".

Tengas ustedes un buen lunes y, como moraleja, no menospreciemos las letras de las canciones que escuchan nuestros hijos. Por mucho menos se gestan traumas y el diván sale por un pico. El ramito de violetas se lo va metiendo usted por donde LA quepa, señorita. Y los hombres que vivan con nosotras que nos reciban sonrientes y se dejen de cartas llenas de poesía. Que de la alegría ya nos ocupamos nosotras. Si eso...

domingo, 22 de abril de 2012

SOY LO QUE LEO (confesiones de una lectora desprevenida)

Ines de la Fressange
Confesión de domingo: Alterno la lectura de "Sukkwan Island", de David Vann (Alfabia)" con "La Parisina: Guía de estilo de Inés de la Fressange" (Grijalbo) y el libro de poemas del colombiano Héctor Abad "Testamento Involunario (Alfaguara), quien me advirtió que no se editará en España porque "sería un suicidio". Añadiré que tengo sobre la mesilla, a tiro de reojo, "Maternidad Imposible", de Irene Vilar (Lengua de Trapo). El relato autobiográfico de una mujer que abortó quince veces en dieciséis años. Un libro que jamás leería de no ser porque me fío de tipos como Tobias Wolff, que la recomiendan por su "pasión, erudición e inteligencia" y porque me fío de esta editorial pequeña que apuesta por autores que terminan siendo grandes (por ejemplo, Héctor Abad).


Si uno es aquello que lee, debo hacérmelo mirar.  Yo soy de esas que cuando viajan en el metro estiran el cuello para ver el libro del pasajero de al lado. Con eso y una rápida visual compongo una historia completa que incluye estado civil, ocupación laboral, manías y vicios y hasta el contenido de su nevera, si me apuran. Y no remato los detalles con preguntas al protagonista principal porque me da corte que me tomen por acosadora.

Toda la vida he menospreciado a determinados lectores. Acumulo prejuicios contra quienes dicen, por ejemplo, "no me interesa la novela, yo sólo leo ensayo" levantando la nariz, tanto como contra los fans de Isabel Allende mayores de veinte años. Sospecho de quienes se ceban con Vargas Llosa por motivos ideológicos y eso les impide reconocer que un párrafo de sus Conversaciones en la Catedral bien vale una misa. Me niego a adorar de entrada a los llamados "escritores de culto" -ya, sé que me repito- pero si Vila Matas se marca una columna digna de mención no tengo problema en postrarme a sus pies. Me dan repelús los escritores de moda. Y esas autoras que durante unos años se subieron al tren del éxito con escaso talento sólo porque el mercado demandaba mujeres en sus estanterías.

Soy tan caótica en mis lecturas como en mi armario. Por ejemplo, Inés de la Fressange me la envió mi querida C., con una nota que decía: "incluye la dedicatoria de la autora". Y me hizo feliz, pero no por fetichismo. La preciosa edición firmada no hubiera sido suficiente para conquistarme si no fuera porque Ines de la Fressange ha sido, de todas las musas de Lagerfeld-Chanel, mi favorita. Recuerdo cómo admiraba la perfecta angulosidad de sus huesos, su porte aristocrático y esos dientes perfectos. Era una modelo única, de pelo corto y cejas contundentes que hacía de cualquier acera pobre de París una pasarela donde todos se borraban menos ella.

Con Héctor Abad comparto vinos, paseos bajo la lluvia y un libro suyo de entrada -"El Olvido que seremos"- que he regalado muchas veces y recomendado más. Con tal vehemencia que en algún caso me he encontrado con comentarios del tipo "no es para tanto, este tío es un blando", y me ha dolido profundamente. Con los libros que amo me pasa como con las personas que amo. Que no me las toquen. Soy tan intransigente que me cuesta aceptar que una lectura no provoque parecidos sentimientos en los demás, de manera que me lo pienso mucho antes de regalar un libro.

Sin embargo, me encanta que me regalen autores que desconozco. Y trato de ser piadosa cuando me preguntan: ¿qué te pareció? Sukkwan Island es un regalo/préstamo de J. y tiene la virtud de plantear una situación incómoda de partida: un padre y un hijo preadolescente viajan a una isla desierta y hostil para cambiar de vida. Como Robinsones, se enfrentan a situaciones dramáticas que cambiarán las coordenadas de su relación para siempre. Debo reconocer que la empecé una noche y me ventilé la mitad. También debo reconocer que no me devora su estilo, pero tiene algo -esa tensión in crescendo- que me obliga a rematarlo cuanto antes. Alternado, eso sí, con los otros títulos que ya mencioné.

Si somos lo que leemos, repito, el sistema educativo debería replantearse los libros que obliga a leer a los alumnos españoles. No entiendo que sigan siendo los mismos que me mandaban ayer. Para llegar a la conclusión de que El Quijote es una obra maestra hay que haber pasado de largo esa etapa endiablada que es la adolescencia. Y sin embargo, te obligan a leerlo a los dieciséis. Y entonces lo odias, y es difícil que vuelvas a los molinos de viento o al bálsamo de Fierabrás más adelante.

Me dispongo a hacer otra limpia en mis estanterías y tropiezo con las memorias de Stefan Zweig "El Mundo de ayer". Sin duda, uno de mis top ten, de esos imprescindibles que me regalaron un día y que me llevaría a una isla desierta para leeérsela a mis chukis justo antes de que escucháramos merodear al oso. Como en "Sukkwan Island"...

viernes, 20 de abril de 2012

CRISTINA KIRCHNER Y EL ARDOR

El patriotismo, me temo, es un impulso a la defensiva. Un sentimiento reactivo. 

Digamos que uno va por la vida sintiéndose ciudadano europeo. Para eso hemos recibido la conveniente formación desde que entramos en el grupo de los grandes y cambiamos de moneda. La españolidad, hasta ese momento, se había cimentado en las películas de  Paco Martínez Soria y de José Isbert y en las canciones de Raphael. A mi generación le faltó señas propias de identidad y las de los mayores le parecían un poco repaletas, pero aprendimos a tolerarlas con el paso de los años, cierta condescendencia y los grandes fracasos en Eurovisión.

Para cuando llegamos a la juventud, Bienvenido Mr Marshall o El verdugo eran para nosotros obras maestras incuestionables, el "¿Quién maneja mi barca?", de Remedios Amaya, un sketch de mal gusto, y España un país cada vez más moderno del que admitíamos la crítica y aún más la autocrítica siempre que fuera inteligente y que Arancha Sánchez Vicario y luego Rafa Nadal nos dieran alegrías sobre la tierra batida.

Berlanga lo sabía, pero se murió hace poco sin perder, por cierto, un ápice de su deslumbrante humor verdinegro. "Qué es eso que tienes ahí?" le dijo a una periodista que lo entrevistaba, señalándole el muslo. "Un cardenal", respondió ella. "¿Tienes más?"...remató él.

El conflicto de Peregil fue un sobresalto patriótico, y dio pie a que en las tertulias se recordara aquello de  "Gibraltar español" que hacía tiempo que nadie decía en voz alta. El español de hoy, creo, ha perdido hasta la última escama de afán colonialista y sólo reza para no ser expulsado de las altas instituciones suprenacionales porque sospecha que volver a ser europeo de tercera regional no mola nada. Lo verde ya no empieza en los Pirineos. El cine ya no está para contar Vente a Alemania, Pepe, porque se lleva el género de terror o los delirios teen, tan internacionales que se ruedan con estándares alejados de cualquier tópico español reconocible. El Rey, la monarquía, se tambalean como el elefante herido, y esperamos que los Juegos Olímpicos Londres 2012 nos den la oportunidad de escuchar el himno para sentir el hormigueo del orgullo nacional.

Pero nadie perdona que los guiñoles franceses  se burlaron de nuestros deportistas acusándolos de dopaje, y nos dio una fiebre, una banderitis aguda. Y ahora llega Cristina Kirchner y nacionaliza Repsol YPF. Y el animal dormido del patrioterismo se despierta y vocifera. Los editorialistas afilan sus plumas y los taxistas dispersan la tinta urbi et orbe con gritos del tipo "ya está la tiparraca esa dando por culo. Ahora nos subirán el precio del gasoil" (cita textual).

Y, de nuevo, a la defensiva, resucita la bestia de la defensa de patria más burda y testicular.

Y entones miras esas fotos de la jura de bandera de tu padre con distancia, y te da por pensar que el patriotismo no puede ser un sentimiento a la defensiva como el amor no se demuestra con los celos. 

Y que pase lo que pase, nos sentimos europeos. A pesar de la prima de riesgo, de los ruidos de sables de los mercados y de Angela Merkel.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA MUJER QUE SABÍA BESAR

Cuando quiero borrar a alguien de mi vida, empiezo por sus mails.

Confieso que me cuesta mucho más eliminar palabras que tirar fotos a la basura. La imagen se puede recomponer mentalmente, pero reproducir frases con exactitud es tan difícil como reconstruir un jarrón roto en mil pedazos.

A veces, en un arrebato, me deshago de uno o dos mails, no más. Entonces los mando a la basura pero no siempre vacío la papelera, lo que es un amagar y no dar en toda regla. Cierta mujer a la que se lo conté me dijo: "te dicen te quiero tan pocas veces a lo largo de tu vida que no habría que tirar ni una. Al menos, cuando no tengas quien lo haga, siempre podrás sacar la carta y revivirla".

Pero el paso del tiempo es despiadado.  

Mi primer novio me enviaba cartas diarias cuando se iba de vacaciones con su familia. Mi hermana y yo corríamos a mirar al buzón comunitario y disfrutábamos el momento de identificar el sobre, meterlo en el bolsillo y buscar un lugar íntimo para leer, y releer. Nunca tiré esas cartas, no pude. No sé si por retomarlas cuando nadie me quiera o simplemente para tener una prueba de la adolescente que fui. Su autor lo sabe en la distancia y espero que no le parezca mal.

Sospecho que las cartas que se escriben en papel son más sinceras que los mails. Más espontáneas. LLevan tachones, pero no ahogan el impulso apretando una tecla. Mi amiga A. tiene un título para mis memorias que me regaló gustosa la otra tarde: "La mujer que sabía besar". Me encanta y lo he guardado junto a esos sobres atados con una cinta roja que me hicieron llorar -y reír- cuando una tarde tonta me dio por abrirlos y volver a los 16 años.

Los mails, los whatsapps, los sms, en cambio,  los carga el diablo. Lo sabe Urdangarin, lo saben los jueces que ordenan la confiscación de equipos informáticos en cuanto huelen la culpa. Lo sabe David Beckham, sorprendido en una infidelidad cutre hace unos años. Y yo misma me pregunto qué harán con los míos sus destinatarios, si los habrán enviado al cementerio de elefantes, ahora que es deporte regio, o los tendrán en un rincón, durmientes, esperando ese momento fatal de la resurrección.

Todo esto viene a que ayer borré unos cuantos mails de mi memoria. Luego corrí a mi cajón secreto para comprobar que seguían las cartas de amor más bonitas que me han escrito nunca. Una es cuadrada, con un corazón rojo de papel transparente. Dice así: "quiero que me mires a los ojos y en tus ojos también mirarme yo. Mami, eres para mí tan importante, que a veces el mundo somos tú y yo". Minichuki, mi futura rapera, estaba inspirada ese día, sin duda. A su lado, en otra carta arrugada de tantas lecturas, Chuki grande me dice que no se le olvida nunca que "aunque nos enfademos, nos queremos". Y que soy la mejor.

La mujer que sabía besar tiene claro que los mejores besos son los que esas dos niñas le dan en casa. Y lo escribe para que no se le olvide, aunque haya citado sus textos de memoria y los haya puesto una cinta de colores imaginaria.

P.D.1 De todos los colores excepto el rosa, que ellas detestan.
P.D.2 Creo que debería existir el derecho a reclamar los mails que enviamos pasado un tiempo razonable. ¿Las palabras son más de quien las dice o de quien las recibe? Debo pensar sobre ello...

lunes, 16 de abril de 2012

EL CANON DE SEMEN (Elogio de Vargas Llosa)

Marina Abramovic
Vargas Llosa ha desatado una polémica por decir que la cultura está amenazada por el entretenimiento. El premio Nóbel entiende que no todos podemos acceder a los mismos niveles de excelencia cultural, pero se lamenta de que la tendencia dominante sea más fast food que solomillo a las finas hierbas.

No siempre estoy de acuerdo con el escritor, con su pensamiento, pero encuentro impecables sus exposiciones. Agradezco la prosa bien urdida tanto como me molestan las discordancias, las frases mal rematadas, las subordinaciones torticeras y la adjetivación imprecisa en los demás. Ahora que ya soy oficialmente pedante me declararé inculta -que lo soy- y devoradora de pizzas los viernes por la noche. Bocados indigestos que no me hacen olvidar el placer lento de un  steak tartare en buena compañía,  aderazado con sus alcaparras y una buena conversación.

La incultura me resulta odiosa, como a Vargas Llosa. Y espero me perdone este pareado insufrible si a cambio le doy la razón. Detesto los programas concurso de la televisión, especialmente esos en los que sacan a jovenzuelos depilados que eructan y practican edredoning para ganar un pedazo de fama en el olimpo de la vulgaridad. Me molesta comprobar que se editan demasiados libros de mala literatura; letras de usar y tirar que cuando se terminan no dejan más huella que la regurgitación cerebral. Corrijo a las chukinas cuando emplean expresiones como "me da gracia" o "no me rabies", pero reconozco que me hacía la loca cuando la mayor acuñó los verbos "espadar"(batirse en duelo de espadas) y "pistolar"(disparar)  porque me fascinaron.

Y ahora podría parecer que sólo consumo ensayo duro,  performances de Marina Abramovic y novelas de Anagrama, lo negaré con firmeza. Creo que para apreciar el caviar hay que alternarlo con el cocido. La cultura tiene que ver con la facilidad de cambiar de registro, y eso obliga a echarse a la calle con las antenas desplegadas para captar destellos de excepcionalidad que harían arrugar la nariz a más de un purista.

La otra noche, en una cena, un amigo sentenció con solemnidad que había dejado de ver cine español desde que fue a la película Semen, una historia de amor, de Inés París y Daniela Fejerman (2005). En el grupo, añadiré, había una brillante guionista de cine, que tuvo que tragarse el sapo con deportividad cuando el amigo siguió explicando que la citada película se había convertido en su canon, como el de Praxíteles a la escultura: Así, cuando va al cine, dice a la salida "esta película es tres veces mejor que Semen, o cinco veces peor que Semen...".

Conozco a profesores de colegio que escriben con faltas de ortografía o emplean el sustantivo "cosa" con excesiva prodigalidad. Me parece que la educación en España, muchas veces, está en manos de quienes se han formado bajo mínimos, y espero que los docentes de mi familia -unos cuantos- no se me echen a la yugular. No creo que sólo ellos deban garantizar la formación cultural de nuestros hijos, pero si tampoco lo hacen los programas de la televisión que ven, los autores que leen o los músicos que escuchan, quedamos los padres con la responsablidad y un mando a distancia que, por agotamiento, dejamos caer a veces en programas fast food para liberar la presión de un mal día de trabajo.

Me temo que todos somosculpables del mal que denuncia Vargas LLosa, y que mientras sigamos consumiendo morralla como plato único del menú, corremos serio peligro de generalizar la coletilla odiosa del "como digo yo" y de convertir a Mercedes Milá en lo más parecido a un filósofo para el universo cutre del Gran Hermano que nos invade.


Guerra a la vulgaridad y bienvenida sea su denuncia, aunque a algunos les escueza. El entretenimiento, a veces, es tan indigesto como el ketchup.


http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/13/actualidad/1334353232_001546.html



domingo, 15 de abril de 2012

EL ELEFANTE QUE MATÓ AL REY

El elefante es el símbolo de la grandeza selvática. Un animal que ha conseguido pasar a nuestro imaginario por su nobleza y no por su peligrosidad. Los bichos que caminan despacio nunca parecen una amenaza, se me ocurre. Con las personas pasa a veces lo mismo. Las lentas de palabra y de obra no nos ponen en guardia, en todo caso nos exasperan.

Pero hablaba de elefantes abatidos. De esos trofeos de caza junto a los que los cazadores se hacen fotos para demostrar su hombría: "He matado un elefante".

Corren malos tiempos para la monarquía. "He matado a un rey", parece decir el animal que se deja hacer, ya muerto, la foto de la barbarie. Dicen que cada pieza en esas cacerías cuesta 36.000 euros. El Rey, a los españoles, nos cuesta un poquito más, y eso le da para matar osos o para un Libro de la Selva completo mientras los niños españoles recortan siluetas de Dumbo y las cuelgan en el mural del colegio.

El Rey, por cierto, también camina despacio y tiene un concurso anual donde los niños responden al reto de "¿Qué es para ti un Rey?. Pues ya tienen la respuesta: un señor que caza bichos muy grandes y posa con sus cadáveres y la escopeta en ristre.

Debo confesar que nunca he sido activista de PETA ni de ninguna protectora de animales. También que siempre me han parecido un poco mamarrachas esas performances de hombres y mujeres en pelotas con sangre de mentira sobre sus cuerpos para protestar contra los abrigos de visón y de otras especies. Pero creo que debo revisitar (ese verbo tan resobado hoy) mis reacciones. El espectáculo de la monarquía con el animal muerto me ha encogido el estómago. Porque al no pretender el efectismo, sino el testimonio simple de una ¿hazaña?, produce en mí un efecto estomagante.

Un señor que mata un elefante y se excita es un bárbaro. Luego paga 36.000 euros de mierda, con perdón, y pega en su álbum la foto para repetir la excitación mostrándola al mundo, a los nietos. Esos niños que ya siguen sus pasos y pegan tiros en los pies -propios, por el momento, pero todo se andará-.

"El Cazador" (Michael Cimino, 1978) es una película brutal que no he olvidado y a la que me cuesta volver  por su violencia extrema. Por la maestría con la que habla del salvaje que llevamos dentro; y de lo fácil que puede ser matar. Y el contrapunto al drama es esa prodigiosa banda sonora que parece distraerte del horror que vas a ver a continuación. "Can´t take my eyes of you". El paroxismo llega en esa secuencia que nos muestra a Cristopher Walken ganándose la vida como jugador de ruleta rusa. Aún no he conseguido verlo sin ponerme una mano delante como los niños.

Y entonces pienso que el rey, sin saberlo, está jugando a la ruleta rusa. Y que a la monarquía le queda un tiro sin bala menos en la recámara.

sábado, 14 de abril de 2012

MUJER DE MUCHOS HOMBRES (EL PLAN B)

"Soy el plan B del tío con el que salgo", me dijo ella, y nos echamos a reír por no llorar.

En real life las parejas son de una imperfección que asusta. Para todo lo demás, Brad Pitt y Angelina Jolie, que acaban de anunciar su compromiso a la revista People, con anillo y todo. Un gesto que, habida cuenta la ristra de hijos que tienen juntos, me parece redundante e innecesario.

Mi amiga no está comprometida, salvo consigo misma, con una docena de causas y con lo que imagina. Y luego están ellos, los hombres que han ido desfilando por su vida. Desde que la conozco han sido no más de tres. El otro día me contó que, como comparte asistenta con su ex y su plan B actual, va de sobresalto en sobresalto.

"Tú no lo sabes, pero L. es mujer de muchos hombres", escuchó la empleada de hogar al ex marido, y después soltó la fregona y se puso a llorar. Ahí podía haber quedado la secuencia si no fuera porque esta es una partida de billar a tres bandas, y le faltó tiempo para contárselo a mi amiga, que se sintió molesta. "Por mucho menos te despiden en cualquier trabajo".

-Sí, chitina, pero ¿a quién se le ocurre compartir asistenta con los hombres de tu vida que, por cierto, para ser tan pocos te cunden una barbaridad...
-Es verdad, sí...
-Y ya que lo haces, por lo menos presume de ser una Mata Hari para que ella lo cuente a los dos y sufran como tiñosos.

La madre de otra amiga mía no soporta que su hija sea siempre la que deja a los hombres. Secretamemte querría verla con el corazón roto y despechada, víctima del abandono y con la lección aprendida: más vale casarse que abrasarse. Pero es sabido que la Biblia nunca acertó demasiado en lo que a relaciones sentimentales se refiere, y ahí está la pobre María Magdalena llorando por las esquinas porque Jesús no la hizo suya. Porque fue un Plan B en toda regla, y el destino la ha condenado al menosprecio de los curas y de sus homilías.

Cierta mujer que conocí presumía de tener "fijos discontinuos". O sea, amantes que entraban y salían de su casa, de su cuerpo, de su corazón. Ella lo contaba como un planazo, pero se adivinaba la tristeza saliendo por las costuras de su relato. Esos hombres parecían efebos de película diseñados para amarla hasta la extrema unción y desaparecer dejando su nevera vacía. Me pareció muy triste. Ser el plan B de un tipo es doloroso, pero serlo de muchos debe ser insoportable.

No hace tanto conocí a otra mujer que amaba a un hombre, deseaba a otro y era la musa de un tercero. Su precario equilibrio sentimental se tambaleaba cada vez que uno de ellos dejaba de seguir el guión que le correspondía. Al final, decidió quedarse sola y sin anillo, pero a veces imagina que los tres se vuelven uno y es como Brad y Angelina, "pero sin las tetas de ella, claro, y sin ese hijo siniestro de la selva".

Cada plan B., desde luego, requiere un antidoto. Mi amiga L. ha desarrollado el suyo para sufrir un poco menos: "en esta relación estoy siempre con el check out listo".

Lo malo del check out es que siempre sabe a despedida y la imagen de una mujer en el vestíbulo de un hotel, con la maleta a los pies, que mira hacia la calle me parece muy Hopper y muy melancólica. Aunque me la creo mucho más que esas red carpet donde Brad y Angelina se miran con impostada pasión. Lo mismo se casan porque han empezado a ser el plan B de sí mismos.

viernes, 13 de abril de 2012

EL RINCÓN DE LA VAGA

Confieso que el otro día me metí en El Rincón del Vagowww.rincondelvago.com/para ayudar a mi adolescente.

Ser madre y copiona es como ser madre y camella, pensaréis, y no os faltará razón. Pero una no recuerda todas las figuras de la retórica y tiene que fingir ser lista para que a su quinceañera, que está instalada en esa edad en que su madre puede ser el demonio en un mal día, no se le caiga el monumento.

Situación: "Yo quiero ser llorando el hortelano/de la tierra que ocupas y estercolas".

O sea, ese poema vibrante que Miguel Hernández le escribió a la muerte de su amigo Ramón Sijé, con quien tanto quería... Yo, muy chulita, se lo recité a la gran Chuki de pe a pa, porque es, junto a "Margarita, está linda la mar, y el viento..." (Rubén Darío) y el "Te me mueres de casta y de sencilla" (Salinas), una trilogía que no he olvidado con el paso de los años. Ahí las monjas lo clavaron,  debo reconocer. Aunque es cierto que con semejante cultura literaria sólo triunfaría en un cementerio, una guardería y un convento de novicias, respectivamente.

Los poetas malditos son mucho más contemporáneos, pero no los retuve y debo hacérmelo mirar. O, en su defecto, irme al rincón del vago para que en tres rápidas pinceladas me repongan las lagunas y pueda triunfar en las barras de los bares de modernos que frecuento. Claro que los modernos de treinta no han leído a Verlaine, a Rimbaud o a Baudelaire. Son más de Belle&Sebastian o de Bill Calahan...

La cuestión es que mi adolescente se sentía muy lejos de Hernández y le costaba entender las imágenes de dolor de esos versos donde la naturaleza hace de las suyas y alcanza una intensidad sobrecogedora. ¿De qué habla el poema, chitina? le pregunté. Y ella, encogiéndose de hombros: "De la tierra, las abejas, las amapolas...". Y ahí me vine arriba y le expliqué la vida del poeta -esa sí me la sabía- y ella me regaló un mohín de interés que luego convirtió en redacción para el cole. Y habló de la muerte, eso tan lejano cuando aún te las ves con el acné juvenil y los botellones del viernes.

La tarde se nos fue entre paralelismos, anáforas, aliteraciones y sinestesias, mezcladas con Cola-Cao y un Chet Baker bajito que, de cuando en cuando, nos sobresaltaba con una nota aguda de su solo de trompeta. Minichuki, que llevaba tiempo callada, volcada en sus divisiones, soltó una de las suyas: "¿Y esas cosas tan raras de las que habláis voy a tener que aprenderlas yo cuando sea mayor?". Pensé que cuando ella sea mayor haré del rincón del vago mi oráculo de referencia. Pensé que la cultura es eso que queda cuando uno ha olvidado casi todo, y me propuse hacer una lista de aquello que aprendí en el colegio, o en la universidad...

Por ejemplo, que Luis Rosales, ese otro poeta (falangista, cierto, pero poeta brillante), vivía en la calle Altamirano 34, en Madrid. Y que allí alumbró La Casa Encendida, un libro  del que nos hablaba Pilar Palomo, profesora de literatura en la universidad. Y cada vez que paso delante de ese portal vuelvo a los 20 años, a la facultad de Periodismo y a mis amigas de entonces, que son las de ahora.

Y entoces me doy cuenta de que la cultura es el conocimiento que logras asociar a un sentimiento y se arraiga y nunca muere. Y por eso no lo olvidas... 

Lo demás, la erudición, no me interesa. Eso le contaré otro día a mi querida adolescente, que ahora mismo mete sus libros en la mochila y vuela al cole.

La casa encendida (fragmento)

 
Ahora que estamos juntos
ahora que ha vuelto la inocencia,
y la disposición visceral de estas paredes,
ahora que todo está en la mano,
quiero deciros algo, quiero deciros algo.
El dolor es un largo viaje,
es un largo viaje que nos acerca siempre,
que nos conduce hacia el país donde todos los hombres son iguales,
lo mismo que la palabra de Dios, su acontecer no tiene nacimiento, sino revelación,
lo mismo que la palabra de Dios, nos hace de madera para quemarnos,
lo mismo que la palabra de Dios, corta los pies del rico para igualarnos en su presencia,
y yo quiero deciros que el dolor es un don
porque nadie regresa del dolor y permanece siendo el mismo hombre [...]
Ahora que estamos juntos
y siento la saliva clavándome alfileres en la boca,
ahora que estamos juntos
quiero deciros algo,
quiero deciros que el dolor es un largo viaje,
es un largo viaje que nos acerca siempre vayas a donde vayas,
es un largo viaje, con estaciones de regreso,
con estaciones que no volverás nunca a visitar,
donde nos encontramos con personas, improvisadas y casuales, que no han sufrido todavía [...]
pero el dolor es la ley de gravedad del alma,
llega a nosotros iluminándonos,
deletreándonos los huesos,
y nos da la insatisfacción que es la fuerza con que el hombre se origina a sí mismo,
y deja en nuestra carne la certidumbre de vivir
como han quedado las rodadas sobre las calles de Pompeya.
Es el miedo al dolor y no el dolor quien suele hacernos pánicos y crueles,
quien socava las almas
como socavan la ribera las orillas del río,
y yo he sentido su calambre desde hace mucho tiempo,
y yo he sentido, desde hace mucho tiempo, que el curso de sus aguas nos arrastra,
nos mueve las raíces sin dejarnos crecer,
y nos empuja, y nos sigue empujando hasta juntarnos
en esta habitación que es ya un rescoldo mío,
en esta habitación en donde las baldosas se levantan un poco
y ya no vuelven a encajar en su sitio
como la tierra removida ya no cabe en su hoyo :
tal vez a nuestro cuerpo le ocurra igual...
De La casa encendida

jueves, 12 de abril de 2012

MUERTE AL DIMINUTIVO (ALGO PEQUEÑITO)

No me gustan los secretos ni los diminutivos.

Secretitos.

Miento. Me cuesta desvelar secretos ajenos -salvo que me los cuenten en diminutivo- y me cuesta mantener los propios.

Con el paso de los tiempos he desarrollado una gran animadversión hacia las personas diminutivas, epítetas y gerúndicas. "Te voy mandando un correíto". Yo me conformo con un correo y en presente.

La realidad no suele ser pequeña. No imagino a Luis de Guindos diciendo que nos va a meter unos recortitos en lugar de un tajo de "tócate el alma María Manuela" (que diría mi abuela). Los recortes son recortazos y así deben recibirse, de rodillas ante la señora Europa, que nos ha tendido unas "tijeritas" para proceder a meternos en cintura.

Los cursis emplean mucho diminutivo, como si tuvieran miedo a la sonoridad del nombre. A que se les llenara la boca de contundencia en lugar de merengue. El lenguaje nunca es inocente. Cada palabra está diseñada para provocar un temblor de cimientos en la frase, pero si es un temblorcito, esa mariconada, lo mismo el interlocutor no se entera y sobreviene un terrorífico y cruel malentendido.

Bien pensado, es posible que los adoradores del ito (suelen ser más mujeres, y no pienso desarrollar mi personal teoría del por qué) traten de minimizar los daños de la vida. Tener un tumorcito imagino que es menos doloso al estado de ánimo que un cáncer del carajo la vela. Yo misma, cuando exagero y me pongo hiperbólica, hiperbestia, hiperestésica, me quedo con una sensación ácida en el estómago y corro al cajón del Álmax a aliviar los jugos.

Pero tras los recortes de De Guindos a la Sanidad, es posible que el cajoncito de mis drogas cotidianas se vea mermado y tenga que moderar el lenguaje y llamar a mi urticaria "unos picorcitos" y a mi insomnio "falta de sueñito". 

Me doy cuenta del flaco favor que le hacen las madres (y algunos padres, menos) a la humanidad cuando desde la cuna empiezan a interpelar a sus bebés con palabritas. El cariño parece ser algo pequeñito. Concentrado, dulce y discreto como un marrón glacé.  Yo misma soy culpable. Cuando nació Minichuki empecé a llamar a su hermana en diminutivo, tal vez para incorporarla al mundo de sobreprotección y talco oloroso del bebé que dormía a nuestro lado. Sigo haciéndolo cuando quiero darle un plus de cariño, pero jamás si la regaño.

Y ahí está la perversión de la cosa. Las malas noticias, la violencia y el dolor suelen ser aumentativas. Lo que nos van a meter es un recortazo de puta madre, con perdón. Y vamos a tener que decir amén, porque si no los interventores de la Europa fuerte nos van a dar unos palos de no te menees (abuela dixit) y tendremos que asumir la hecatombe moral y económica.

No corren buenos tiempos para los cursis. Dedíquense a hacer sus monerías linguïsticas en el país de Candy Candy, que pintan bastos y urge llamar a cada cosa por su nombre.

Avisados quedáis. Desde hoy no abro un solo "correíto".

miércoles, 11 de abril de 2012

DIENTES BLANCOS



A cierto tipo que detestábamos lo llamábamos Dientes Podridos. La fase amarillenta había pasado hacía algunos lustros, y en su estado más fangoso intentábamos no hacerle reír. Caerle mal para que no nos regalara una horrible visión de podredumbre. El tipo era tan desagradable por dentro como por fuera. Digamos que tenía sarro intelectual, piorrea emocional y mucha cara dura.

Su imagen salta en un flashback hasta la butaca de mi dentista. Ayer, mientras horadaba mis encías, se me saltaron las lágrimas y pensé en Dientes Podridos. Poco rato, porque tengo la suerte de que quien vigila mi boca sea una mujer que más parece un hada madrina. Una bruja que tiene el don de llamarme cuando más lo necesito o algún cambio en mi vida amenaza con disparar el chirriar de mis dientes.

-Hola, guapa, ¿cuándo vienes a hacerte una limpiecita?
-Ah, sí, que ya tocaba... ¿Qué tal estás tú, D.?
-Muy bien, pero no me cambies de tema.. Vamos a ver la agenda... Y luego nos tomamos un café.

Muchas veces la cita no se produce y pasan dos años, como ayer, pero cuando llego mi D. está exactamente igual. Con sus dientes blancos y sus labios bien pintados, me recibe con un abrazo tan fuerte y maternal que podría quedarme allí a vivir para siempre, pese al torno y a todos el instrumental punzante que la rodea. Luego me sube la autoestima con tres o cuatro comentarios de algo que hago y que le gusta, y al final, cuando la tortura del sillón ha terminado, me regala lo que ella llama "las chuches": un kit lleno de cepillos de dientes de colores, pastas deliciosas e hilo dental de sabores.

Mi D. y yo hemos compartido mucho, durante tantos años que ya ni recordamos. Su viudedad y mi divorcio, entre las más reseñables. Pero también libros que leíamos, cursos que ella hacía, mis avatares sentimentales, el nacimiento de su nieto... Creo que mis dientes han dejado de tener interés per sé y se han convertido en una coartada. Ayer, por mi desidia, me dolían tanto que se me saltaron las lágrimas, pero el rato que pasamos juntas las dos después, en su despacho blanco, hizo que se me olvidara.

Hay personas terapéuticas y personas putrefactas. Con los años aprendemos a dar la espalda a las segundas y a no mirar de frente sus dientes podridos, por si se contagia. A las primeras hay que frecuentarlas para volver a poner el contador del bienestar a punto. "Una limpiecita", que diría D.