jueves, 31 de mayo de 2012

A UNA CHICA DESNUDA DE PORTADA

"Cuando quiero hablar mal, hablo en francés"

He vuelto a Henry James. Recordaba de ese libro magnífico titulado "La copa dorada" algunas frases que pronuncia el Príncipe y yo quisiera para mí. El otro día alguien en el autobús me produjo en Londres un deja vù: "Cuanto mejor entiendo, peor hablo". Era un tipo joven, gafapastero y divertido que además de llevar un Príncipe dentro nos obsequió con algunas frases para recordar. Cuando las chicas nos enfrascamos en esa conversación tan Henry James sobre los tacones que luciríamos por la noche, multiplicando el dolor por las horas que habría que llevarlos, él se alzó con su flema british y nos inquirió:

-Ya, sí, ¿pero con plataforma o sin plataforma?

Permítaseme caer en el tópico fácil si aclaro que el chico era heterosexual y trabaja en una revista para machotes, de esas que muestran a mujeres semidesnudas. Así que le reconocí su agudeza en la materia y volví a Henry James, ese norteamericano que quiso morir británico porque la Vieja Europa son unos tacones sin trampa, erigidos desde la noche de los tiempos con materal salvaje disfrazado de cultura.

Cuando quiero salir de un túnel oscuro de mediocres devaneos literarios, leo a Henry James y me admira la precisión de su bisturí en el trazo psicológico del personaje. 

Los personajes de portada de revista machirulo son "la guapa" intramuros, me cuenta mi amigo J., que trabaja y se desvela en una de ellas. La guapa de la semana muestra sus pechos al aire y cierta desesperación en la mirada. A veces todo el futuro se juega en una portada, y hay que apretar la mandíbula y las carnes, porque la gloria se hace rogar cuando una tirita en la vitrina de un quiosco donde los hombres compran Expansión, Cuore y a veces tías en pelotas y las mujeres versiones de Henry James postmodernizado, o el cuché de los zapatos de plataforma.

También economía, no se me alteren. En mi caso me gusta que me susurren los titulares al oído, con música de Charles Parker de fondo y un gin tonic en la mano. ¿Hay poesía en la prima de riesgo?, me pregunto mientras afilo la navaja para arañar los más de 500 puntos sobre el cabecero de mi cama.

Cuando quiero hablar mal, hablo de economía, querido Príncipe. Se me llena la boca de negrura e imprecisión y cuento ovejas para dormir. Es tiempo de números, no de bailes, y si Henry levantara la cabeza no querría ser europeo, sino tal vez un bosquimano de tribu o una mujer desnuda en Interviú, diletante y aterida, que sabe que su frágil poder sobre los vaivenes del mundo está concentrado en sus curvas y el capricho ambulante del destino.

El Príncipe dominaba el inglés norteamericano pero no el francés. Pienso que siempre debe haber un idioma a mano para malhablar. Una lengua que te impida llegar a las esquinas, como esas aspiradoras redondas.

Europa se ha convertido  en una máquina perfectamente inútil y ahora toca hacer el camino inverso, volver al Henry James americano y convencerle de que el Príncipe ya ha bailado de más en Roma, en Londres, ¿en París?.

Cuanto más pienso, peor escribo.



PD. El vídeo de hoy es la mejor música que se me ocurre para una chica desnuda y triste de portada. Lo que somos hoy los europeos. Va por ellas/nosotros.

miércoles, 30 de mayo de 2012

LA VIDA BANKIA

A menudo pierdo el móvil, las multas de tráfico y el Libro de Familia. Una vez -y puedo aportar documentos- perdí un coche y tres años más tarde ha aparecido en el depósito de la grúa de Alcorcón, un sitio al que en cierta ocasión fui a una boda y me alojé en una especie de motel de carretera canalla e inspirador de bajas pasiones.

Me repito, pero en esa absurda teoría mía que asegura que somos lo que perdemos me temo que salgo mal parada. Perder el móvil es habitual, sí, pero que suceda en tu propia casa, y dentro de esta en el interior de un sofá, empieza a tener cierta relevancia. Respecto a las multas, poco que añadir. Rebeldía contra el aparcamiento cutre que la alcaldesa me obliga a pagar. Lo del Libro de Familia tiene que ver con el desarraigo, con ese impulso a abandonar toda responsabilidad para con las Chukis y huír a Egipto, un suponer.

Tengo mis zulos, desde luego. Esos rincones donde suelo abandonar las cosas importantes a la espera de reencontrarlas cuando, tras un sobresalto rayando el pánico, algo se ilumine en los reovecos de la memoria. Lo peor es que cuando oculto allí mis tesoros soy consciente de que lo olvidaré y comenzará la ginkana frenética por toda la casa, pero el reto me excita y en última instancia compro a las Chukis al grito de: "dos euros a quien encuentre las llaves del coche".

Otra de mis especialidades, que con el tiempo y conversaciones de madrugada he descubierto que es casi vulgar, es extraviar las radiografías, mamografías y todo lo que termina en esas dos sílabas. En estos casos llego al límite, al paroxismo, y las busco pocas horas antes de comparecer ante el médico. Esa mañana suelo salir vestida hecha una mamarracha porque he pillado del armario lo primero que había, según esa regla de la probabilidad improbable que hace que el vaquero lleve una mancha que no habías visto y la camisa sea demasiado calurosa para un junio estándar.

Caos. Cuando tu existencia no es muy excitante, no tienes grandes ahorros en Bankia y la salud no es motivo de preocupación, parece que te buscas el subidón de adrenalina con emociones fuertes como desparramar por el suelo el contenido de un cajón. Miserable, sí, pero tan seguro como que hoy es miércoles y la noche ha sido inquieta y vigilante.

Lo dejo ya, debo buscar los papeles de Hacienda y el estracto de la tarjeta de crédito. Puede que a estas horas mi descubierto esté inundando el salón donde escribo y no escucho tocar a la banda del Titanic.

Tengan ustedes un día de calma con pequeños sustos inofensivos. Esos que te recuerdan que estás vivo.


martes, 29 de mayo de 2012

GEOGRAFÍA DEL AMOR PERDIDO

Angela Merkel no sabe situar Berlín en el mapa. Ayer, en una escuela infantil, la colocó en Rusia y se quedó tan ancha.

Ubicación. Los que nacimos desorientados sabemos que es un bien preciado. El otro día J.M me dijo por segunda vez en su vida: "Si estuviéramos casados, seríamos muy felices, pero jamás llegaríamos a ninguna parte". Si analizamos la frase comprobaremos que mi amigo ha terminado igualando matrimonio a desesperación. Dos desnortados juntos que se buscan en una ciudad porque han perdido al grupo en su despiste por ubicar puentes y luces de oficina.

-Dónde estás?
-Ni idea. Delante de mí hay un edificio con forma de huevo.
-Pues yo estoy viendo una estatua tipo obelisco.
-¿El río está a tu derecha o a tu izquierda?
-Espera que lo piense...

"No me chilles que no te veo" sería nuestra película de referencia. Todos los matrimonios, incluso los desorientados, tienen una. Conocí a una pareja improbable que se pasó la luna de miel viendo "El hombre tranquilo". El motivo era que se alojaban en el castillo en cuyos exteriores se habían rodado secuencias de la película de John Wayne, y en la tele del hotel siempre programaban el filme, como una maldición. Para cuando ella entendió que aquello era una señal, que terminaría escapando como la pelirroja, era demasiado tarde. Actualmente no soporta la película.

Toda pareja, digo, debe apuntalarse en una historia protagonizada por otros. O, a más a más, en una canción. Todos hemos tenido ese tema que nos unía. Que nos llevaba a las burbujas de los comienzos. I say a little pray for you (Aretha Franklin, mi musa) es una de las mías, pero también Suzanne (Leonard Cohen). Los cursis dirán ese lugar común de "la banda sonora de nuestra vida". Yo me he dado cuenta que no son más que referencias para no perdernos. Que toda pareja en su fragilidad tira piedras como Pulgarcito para reencontrar el camino a casa que es el amor.

Que si no tienes una canción, una película o un viaje al que regresar cuando las cosas vienen mal dadas con tu novio/marido, no eres nadie. Porque el amor sostenido tiende a perderse, como mi amigo J.M y yo, y necesita andar buscando ese puente sobre el río Kwai o esos acordes que le ponían el corazón blandito.

Así que mi querida Angela Merkel, ha sido un placer descubrir tu fragilidad. Te hace humana y, dado que no son tiempos de invadir Polonia, no tendrá mayores consecuencias que perpetuar la anécdota en la memoria de unos chicos de diez años. ¿Os acordáis cuando vino la canciller y colocó Berlín en Rusia? dirán dentro de unos años, en una de esas tardes tontas donde se han quedado mudos, como las parejas, y el comentario les hará sonreír.

Y respecto a mi amigo J.M, es un placer perderme a tu lado. Saber que si un día me salgo del redil tú no me vas a encontrar pero a cambio nos troncharemos por teléfono, en una de esas conversaciones más propias de los Hermanos Marx que de un matrimonio virtual de despistados que se entretienen con el reflejo de un retrovisor sobre el Támesis.

-¿Estás segura de que el edificio tiene forma de huevo, no de gallina?
-Espera, que voy a rodearlo y ya te cuento...

lunes, 28 de mayo de 2012

SE BUSCAN CUARENTONES PARA BOTELLÓN TARDÍO

Mi adolescente y yo hemos empezado a correr por el parque. El mismo parque donde la bajaba de pequeña a socializar con otros niños y devorar arena sucia mientras yo hablaba con sus padres y devoraba quina santa Catalina de tedio y desesperación.

Mientras emprendíamos el trote deshilachado pensé que el botellón no había pasado por mi vida. Que me he saltado una etapa crucial entre el besuqueo de los novios y la tortura de ventilar a las chukis en ese entorno hostil de conversaciones vanas sobre alimentación, sueño y excatologías.

Lo que no se hace en su momento, sobreviene después. Eso dicen los apóstoles de la psicología humana y algo de razón deben tener, porque mientras contaba las respiraciones al ritmo de "19 días y 500 noches" (sí, como corredora muy moderna no soy), se me iba la vista al césped y a las botellacas de cerveza y de no haber tenido que dar ejemplo a mi adolescente -abochornada porque de vez en cuando me paraba y echaba un baile fruto de la euforia y el flato- me habría sentado con la tribu a darle a la frasca con esa desidia loca que tienen las tardes de domingo.

El parque es como un Micrópolix del neolítico. El lugar donde aprendes que la tierra es indigesta, los niños mangan los cubos y palas con la venia de sus padres, el agua siempre se termina demasiado pronto y hacer pis detrás de un árbol no es tan grave. El lugar donde  fumaste a escondidas los primeros pitillos, el escenario de mis primeras pellas, los besos a tornillo, el frío mientras os tentabais la ropa con el primer amor torpe y decidido. Luego fue salón de lectura acunando un cochecito de bebé, después tortura de padres obligados a vigilar los saltos de los niños en los columpios y ahora pista de atletismo para madres desmayadas con hijas en perfecto estado de revista.

Mi Chuki grande se ha hecho muy mayor y ayer la miraba trotar delante mío, alta y poderosa,  y volverse de cuando en cuando a amonestarme entre risas por mi resuello entrecortado. "Venga, mamá, que vas muy lenta y me aburro...". Me gustó que me llevara, que decidiera ella la ruta de nuestra carrera. Me gustaron las risas, la sensación de que en esa guerra que provocan las hormonas hubiera una tregua. Darme cuenta de que el parque, de nuevo, estaba siendo testigo de un cambio de etapa en mi vida. Que una parte de mi trabajo con esa mujer que hacía estiramientos a mi lado había concluido y todo estaba en orden.

Fuimos felices.

A la vuelta, Minichuki se empeñó en dormir conmigo y hablar de cosas de chicas. O sea, de sus cosas de enana con visión translúcida. "Mamá, ¿tú a papá le quieres?. Y yo: claro que sí. "¿Es eso que llaman el hombre de tu vida?". Y yo: "Es el único hombre que seguro que siempre va a estar en mi vida, chitina, además del abuelo. Así que es realmente importante". "Ah, pues muy bien", dijo ella, y dándose la vuelta, me pidió: "Cógeme la mano y cuando me canse me la sueltas".

Pensé que aún me queda un rato para despedir su niñez, muchas carreras por el parque con su hermana y algún botellón imprescindible. Esa asignatura pendiente.

domingo, 27 de mayo de 2012

SI UNA DESCONOCIDA SE DUERME EN TU HOMBRO (Tristeza de amor)

La cultura convoca a extraños compañeros de cama.

Ayer una mujer que apenas conozco se durmió sobre mi hombro en el teatro. Es amiga de mi amiga, y como creo en la propiedad transitiva de la amistad me pareció dulce ver caer su cabeza, apenas grávida, en el calor somnoliento de una sala donde los hombres se abanicaban y las mujeres nos aliviábamos el calzado.

¿Cuánto pesa una cabeza? fue una de las conversaciones de la noche. "Depende de lo que lleve dentro", respondió A., otro amigo recién descubierto que lo es por la misma propiedad matemática. De ahí al canon de Praxíteles, y a la incógnita de cuál sería el otro canon -"canon corto"- mientras una camarera inexperta nos servía las gin de Bombay sin concordancia numérica con las tónicas.

¿Cuánto pesaría su cabeza despreocupada y disléxica?

El teatro cuando es malo tratas de indultarlo. Al menos yo. Te da pena que esos actores que arriesgan su piel sobre las tablas hagan una mala faena, como los toreros en un día desafortunado. Mucho peor si esos mismos actores se te acercan a la terraza donde tomas las copas y te caen bien, porque además son amigos de tu amigo.

La cultura provoca que, a falta de mujeres dormidas, te escapes a Londres y entres en la Tate Modern. Ese espacio fascinante donde no hay una concesión al adorno vacío. La cabeza de quien lo pensó debía pesar una tonelada, me digo. Y entonces vuelvo al jueves y a mi paseo con M. por las salas donde Damien Hirst ha hecho de las suyas. Los tiburones en formol, las moscas al vuelo en una urna de cristal donde las ves morir, demostrando que la vida es un ciclo y si no te mueves, caes. Las vitrinas llenas de medicamentos, el cenicero gigante con colillas y paquetes de tabaco...los caleidoscopios de alas de mariposas... Divertido, sorprendente...¿Sobrevalorado?

Como mi cabeza no pesa ni mucho ni poco diré que la provocación de Hirst me divierte. Que esa vaca y esa ternera partidas en dos que muestran el contenido de sus tripas ya no me sobrecogen. Que el artista que osó desafiar al establishment subastando su obra en Sotheby´s se me antoja un tipo que se divierte sin dejar de mirar la caja registradora. Pero no encuentro mucho más que juego y desafío en sus obras, con perdón. Como si la reflexión hubiera migrado a la cuenta del banco a hermanarse con los ricos que se matan por tener esas moscas en el salón impoluto de sus mansiones.

Antes estuve en el Museo del Diseño, también a orillas del Támesis, disfrutando de la retrospectiva de C. Louboutin. Veinte años de fetichismo hecho zapatos que las celebrities le quitan de las manos y las mortales tratamos de llevar en una lucha a brazo partido por hallar un centro de gravedad que se resiste:

"La mayoría de la gente ve los zapatos como un accesorio para caminar. Sin embargo, algunos están hechos para correr y otros están hechos para el sexo. Si hubiera que haber un solo elemento fetiche en el armario de las mujeres, serían sus zapatos", dice el creador.

No puedo estar más de acuerdo mientras me paseo por esas salas oscuras donde sus creaciones se contorsionan entre tacones de vértigo y pinchos sadomasoquistas que te están contando una historia. Un museo del sexo en toda regla que reúne veinte años de obsesión por el calzado con aviesas intenciones. Mi cabeza ni ligera ni pesada lo encuentra artístico y decide que quizás meterá sus Louboutin en una urna al volver a casa.

Walter Vidarte
Anoche, de vuelta de una noche de risas y cariño transitivo, no podía dejar de pensar en "Tristeza de amor", esa serie española de los años ochenta que casi nadie ha visto y que P. y yo adoramos, junto con G., un compañero de trabajo que me encontré en la feria del libro con su guapa madre y que ha visto lo que nadie ve. De aquella serie, la primera grabada en video según Wikipedia, recuerdo su cortinilla con una canción inmensa de Hilario Camacho que me sé de memoria, sus tramas modernas y a Walter Vidarte. Ese actor contrahecho, irónico y triste que salió ayer a colación y que hacía de borracho con talento. 

Así que el gin tonic de la noche fue por él, por los demonios del teatro y por los amigos de tus amigos que se duermen confiados sobre tu hombro mientras el arte hace de las suyas. O al menos lo pretende.

sábado, 26 de mayo de 2012

DIVORCIO PREPAGO

Nos creíamos modernos, pero los mexicanos nos han ganado la partida al inventar un servicio de divorcio express prepago (http://liberapass.com.mx/).

Se trata de una tarjeta de crédito que te puede regalar un amigo obsequioso y preocupado por tu deriva sentimental. La tarjeta está cargada con una cantidad que puede servir para iniciar los trámites (12  euros) o para salir sin cargas sentimentales ante la ley (unos 300).

Me parece una idea brillante y sus inventores, un bufete de abogados, se sienten realmente satisfechos porque aseguran que muchas parejas rotas no dan el paso por motivos económicos. Tienen razón. Separarse se ha convertido en un artículo de lujo, y en tiempos de crisis -lo vi en un documental de bajo presupuesto- son muchos los que postponen las broncas de la noche como quien deja de salir de copas para no gastar. Un desatino.

El amor, deduzco, cuesta un dineral. Pero claro, esto no es muy romántico. Se acabaron el contigo pan y cebolla y la resignación cristiana. Tú observas que tu amigo anda con una tirana y, sibilinamente, le regalas por su cumpleaños una tarjeta prepago.

-Pero si yo aún la quiero un poquito...(protesta él)
-De ninguna manera. ¡Esa mujer te está amargando la vida! Coge la tarjeta y corre.
-Verás, es que la convivencia es dura, hay que aguantar los baches y esperar que pasen las tormentas...
-¡Eso es hasta que llegue La Tormenta Perfecta, acuérdate de George Clooney!. Coge la tarjeta y deja a esa víbora.

Cuando pase la crisis y se estudie con distancia y método científico  encontraremos algunas sorpresas. Iniciativas que tenían un lado positivo, o así nos las han vendido. A mi amigo J. su empresa le ha hecho un ERTE. Sílabas diabólicas que quieren decir que varios días al mes no trabaja. A cambio es un 16 por ciento más pobre. El hombre anda con el calendario buscando las fechas idóneas para librar por decreto ley. "Los lunes al sol", los llama él, dado que serán siempre lunes o viernes.

-Pues mira, vas a tener fines de semana eternos, no te quejes que tu empresa te está dando vacaciones.
-Pues sí, a ver si la tuya te obliga a una baja maternal de puta madre pero sin bebé, y verás qué a gustito estás en tu casa sin cobrar las 16 semanas correspondientes.

Cuando los agentes externos se meten en nuestra vida privada, hay que estar en guardia. Las tarjetas prepago -sean del tipo que sean- las carga el diablo, y aunque todos tenemos parejas amigas que se tiran los trastos a la cabeza, regalarles una escalera hacie el divorcio puede ser el inicio de una gran enemistad.

Pero el bufete mexicano de abogados seguro que ha previsto algún método de bajo coste para recuperar amigos ofendidos prepago...O cuando pasen las tormentas.

viernes, 25 de mayo de 2012

MANIFIESTO ANTIFAMILIA

El Congreso Mundial de Familias se dispone este fin de semana a devolver a la mujer al redil del hogar. Lo entiendo. Que la cabra tire al monte es una amenaza para el ecosistema social y económico. Las mujeres nunca debimos asomar la patita por debajo de la verja del jardín familiar. Pero gracias a dios viene un gurú del  Centro Howard para la Familia, la Religión y la Sociedad llamado Allan Carlson (Como Allan Parson Project, pero con música ultraconservadora en el repertorio) que nos meterá a todas en vereda.

“Autenticidad de la mujer: redescubriendo la vida en el hogar”, “soluciones al comportamiento homosexual”, “cómo mantener a la familia unida”, “contra la ideología de género” o “ataques a la familia” son algunos de los hits que se anuncian en el programa, y no me resisto a comentarlas en calidad de oveja descarriada que juró un día que el hogar sería para el placer y no para "realizarse" con el mocho.

Detesto a las familias que venden unidad y solidez a prueba de bomba. Me parece que la institución es frágil y cambiante y su fortaleza reside en la flexibilidad y el reconocimiento de sus taras. Pero claro, lo dice una mujer divorciada que rompió la unidad familiar por dios por la patria y el rey para reducirla a un espacio de amor y broncas donde a veces siente deseos irrefrenables de hacer el hatillo y escapar. Así que me abriré de orejas para que Mr Carson y los suyos me hablen de esas "soluciones prácticas" (que me suenan, con perdón, a "solución final").

"La familia, esa institución tóxica" sería mi aportación al Congreso, gratis total. Hablaría de cómo a cada hijo o hija se le asigna un rol desde la infancia y cuidado con salirte. Y aportaré pruebas. El otro día conocí en un viaje a J.L. Un tipo extremeño y divertido que me contaba cómo es "el bueno"  de la casa y por ello, cada vez que viaja a su pueblo reparte al regreso las chacinas en una ronda delirante por Madrid por la casa de sus hermanos. "Si me quejo, se creen que estoy enfermo". Mi amiga M., asume que cuando va a visitar a su padre es ella la que organiza los planes, como una madre sin puesto de mando y sin vocación. M. es la borde y la egonísta y como tal se la mira, S. el escapista de la casa, J. la inteligente pero vaga y A. la loca que nadie se toma en serio y seguramente heredará las peores joyas.

Sí, son tonterías anecdóticas y lo mismo recibo una pitada del público selecto e intelectual que acudirá al evento. Pero en ese instante pasaré al asunto estrella, el matrimonio homosexual como amenaza contra la familia. Uno de los demonios del señor Carson. Que ésos también se casen se parece al  "Pues si leen ésas...", que inmortalizó Pío Baroja cuando Miguel Delibes fue a contarle que había vendido 3000 ejemplares de su primera novela, "La sombra del ciprés es alargada". Un escándalo.

Algo temen los de la familia unida cuando montan congresos para reivindicarla en su versión más carca. Yo, que soy de familia numerosa y adoro a mis hermanos, suelo desconectarme los fines de semana que no tengo chukis y ellos lo saben. Al principio recibía algunas amonestaciones porque el electrón libre provoca chispazos, pero ahora se da por sentado que mi amor a la familia pasa por desenchufar el cable de cuando en cuando. Y hasta la fecha no ha muerto nadie ni nos sentimos más frágiles de lo que ya somos.

Así que Mr. Carson, welcome to Spain, ese nicho natural de los "valores tradicionales". Sepa que irán a jalearlo padres y madres con hijos y abuelos que siguen montando el ballet de la unidad mientras comprueban que los tiempos han cambiado el guión y esto ya no es una sinfonía de Bethoven, sino un concierto dodecafónico y desconcertante. Una película Dogma donde los planos te cortan el rollo y te marean. Y sí, "Sonrisas y Lágrimas" se ha quedado vieja aunque usted y los suyos se resistan.

Y, por lo que a mí respecta, al redil que vuelva su padre. Hay un campo hermoso y verde ahí fuera. Con adolescentes que buscan su sitio a machetazos, maricas que se intercambian anillos al sol de la banda nupcial, familias reconstruidas y vueltas a romper, suegros liados con consuegros y toda la gama del amor y sus tormentas. Desazonante y gloriosamente libre.

¿La familia? Bien, gracias.

martes, 22 de mayo de 2012

TÚ HAMBRE,YO INDIGESTIÓN

Desde que el primer mundo anda constipado el tercer mundo ha desaparecido de su campo de visión.

Todo es relativo. La compasión también. Uno mira alrededor cuando tiene su pan y su cobijo a salvo. Pero la crisis, lejos de aplacarnos, nos ha endurecido el corazón.  Anoche Angels Barceló, esa mujer que conduce con firme inteligencia el programa Hora 25 de la cadema SER, se transladó a Níger para hacer su programa. Yo esperaba ansiosa la voz de Miguel Ángel Aguilar, su análisis irónico de la cumbre de jefazos en Chicago, pero Ángels se empeñaba en entrevistar a  responsables de ONGs que trabajan en uno de los países más pobres de la tierra por conseguir que el hambre mate a unos pocos menos al año.

Confieso que sentí cierto fastidio, que los guiones del hambre se parecen tanto que provocan cierto hartazgo entre quienes andamos a dieta prevacacional. Confieso que moví el dial a la caza de noticias del mundo occidental, caucásico, sometido a los vaivenes del Nikkei, de Wall Street, de la humilde Bolsa local. Pero algo me hacía volver a Níger.

Pensé que uno de los efectos colaterales del shock económico es precisamente ese. La voracidad por ponernos el termómetro cada tres minutos, como hipocondriacos. El ombliguismo de europeo afectado de crisis de orgullo. Todas las semanas algún amigo o amigo de amigo pierde su trabajo o me escribe contándome que esta semana va a haber recortes y se teme lo peor. Recesión, recorte, déficit, intervención...son términos más sexys, imagino, que hambruna, sequía, dengue o plaga. Así que los hemos incorporado con avidez adolescente a nuestro argot mientras olvidábamos los otros, tan eternos e inamovibles como las moscas que se posan en las tripas hinchadas de los niños que no comen.

Pido perdón por este arrebato demagógico, pero me confieso insensible al mal ajeno por indisgestión del propio, y me da cierta vergüenza. Sueño con Bankia y con Hollande, con la tragedia griega y la amenazas a nuestros pescadores en Gibraltar. Pero anoche la radio me llevó de las orejas al desierto y me he quedado un rato allí, parada, buscando la reconstrucción de mis coordenadas.

Los pobres más pobres  siempre están ahí. Su crisis ya no devora las primeras páginas porque carece de actualidad. Así de claro. Y el primer mundo sabe que en unos años levantará cabeza y recuperará el orgullo, la soberbia y, tal vez, un poco de compasión por los que no se han movido de esa foto fija del hambre.

pd: este disco de Putumayo es una joya extraña que las Chukis y yo escuchamos todos los días y sobre todo en verano camino de la playa.

lunes, 21 de mayo de 2012

PALABRA DE LIBESKIND

Minichuki quiere mantener su identidad, pero le cuesta. Ayer estaba triste porque ya no puede llevar coleta. Un viejo episodio de colegio se lo impide. "Se volverán a reír de mí". Minichuki tiene una radiante personalidad, pero se arruga ante el rechazo.  Le sugiero que practique la indiferencia con esas que quieren meterla en el redil de la vulgaridad. Me dice que defina "indiferencia".

-La indiferencia es la madre de la ciencia.


Me gusta leer a los tipos sabios, a esos que han reflexionado a contracorriente. Ayer, ya lo comenté, adoré a Daniel Libeskind tras leerle en EPS. Su biografía no ha sido fácil, sus antepasados sufrieron en un campo de concentración, no firmó un solo edificio hasta cumplidos los cincuenta. "No quería depender de nadie", explica él.  

La independencia a veces retrasa poderosamente las intenciones, pensé. Es mucho más fácil subirse a carro ajeno que lanzarse solo a buscar en el desierto un pozo de agua para construir. Creo que los buenos arquitectos son los humanistas más completos. Detrás de cada trazo hay una reflexión, una manera de entender al ser humano y a su tiempo. Sólo unos pocos consiguen eso que se llama posteridad. Lo que Libeskind llama el mejor juez. A otros, los años los colocan en la vitrina del espantajo. Con edificios grotescos que en su día, sí, reclamaron todos los flashes y todas las alabanzas.

A Minichuki la única arquitectura que le interesa es la que yace en el baúl de sus disfraces. En su intento de ser ella misma se viste cada día de algo indescriptible, pero con cierto sentido. Ayer era un sombrero negro, unas gafas 3-D, americana y jeans cortos más sus eternas zapatillas negras de deporte. El detalle final, una pistola de luces amarilla con la que fingía ser un agente secreto a la caza de los malos.  Cuando miro a esa niña ser quien imagina cada día pienso que ese es el secreto. Que un disfraz de princesa está a años luz de ese look de rockero con un mal día que seguramente no repetirá. "Tengo tantas cosas en el baúl!".

Daniel Libeskind
Los arquitectos tienen un baúl lleno de infinitas posibilidades y las prueban. Con desigual fortuna. Libeskind toca el acordeón y asegura de practica la música en la arquitectura. También que plantó a la reina de Inglaterra porque no le gusta salir ni practicar el networking. Ahora se afana en el nuevo World Trade Center, pero muchos seguirán recordándolo por el Museo Judío de Berlín.

"He hecho ya muchos edificios. Tengo experiencia en bastantes cosas pero no soy un experto en nada y eso invita a reinventarse. Trato de descubrir cosas nuevas en todo lo que hago". 

Me encanta este tipo y sus palabras me parecen una buena forma de arrancar el lunes. Sin mediocridad ni disfraces de princesas.

domingo, 20 de mayo de 2012

LA NOVIA DE MARK ZUCKERBERG

El creador de Facebook se ha casado y lo acaba de publicar urbi et orbe en su perfil. Los ricos suelen casarse pronto, en este caso a los 28 años. Es como si el tiempo para ellos corriera más deprisa o si los millones de dólares otorgaran inusitada madurez y apego a las instituciones más solemnes.

En España sucede con los futbolistas, aunque también con los gitanos. Los primeros "se recogen" a esa edad en la que el resto de los chicos y chicas siguen pidiendo la paga semanal. Los segundos son un curioso vestigio del pasado, un tributo a su tradición que a los demás nos cuesta comprender, sobre todo cuando vemos a esas novias de 16 años que se dejan meter el pañuelo para probar que son vírgenes.

Pero esas otras, las novias de futbolistas, siempre me han llamado la atención. Suelen estar buenas, todas tienen el pelo largo y las piernas interminables. Todas parecen caminar dos pasos por detrás de sus héroes y la mayoría con mudas, como si parte del contrato del amor incluyera una cláusula de silencio protectora del deportista. Quizás para que no sepamos que es un niño de veintitantos como el resto, pero con doscientas abdominales diarias más a las espaldas.

Hay matices. Sara Carbonero, la novia de Iker Casillas, se gana la vida como periodista así que no calla. Salvo cuando va con él. Y mi favorita, Victoria Beckham, que ha salido del armario para demostrar que detrás de esa pija que se hacía pasar por tonta en las Spice Girls hay una mente diseñada para el business. Y que su mohín de asco no es más que una mueca para avisar al mundo de que la que ríe la última, ríe mejor. Porque hoy, mientras su marido languidece en el mundo del fútbol, las estrellas de Hollywood matan por sus diseños de sirena, no aptos para toda mujer capaz de pellizcarse un centímetro de grasa abdominal.

Victoria Beckham camina junto a David con sombra propia, sin miedo a que otras se lo levanten. Ese temor que reconozco en algunas novias de futbolista, más preocupadas en apariencia por colgarse del hombro de su chico y marcar el territorio que de quererlo sin más. Como si se agarraran a una caja fuerte.

¿Y la novia de Mark Zuckerberg? Pues reconozco que estoy un tanto confundida, porque según las crónicas sociales es su chica de la universidad. Esa que lo conoció cuando no era nadie salvo un geek. Un freaky de los ordenadores, asocial y un punto zarrapastroso. ¡Pero esta novia -ya esposa-es de origen chino! O sea, que se apellida Chan -Priscilla Chan-y tiene los ojos rasgados, mientras que la de la película "La red social" era absolutamente caucásica. 

Si yo fuera drag queen me haría llamar Priscilla Chan. Lo digo sin ánimo de ofender. Pero esa mujer bella que posa con el multimillonario número 29 en la lista de los mega ricos del planeta, no parece estar para bromas. Tiene esa prestancia de la primera novia. La que ha soportado extravagancias, tardes de domingo sin salir de casa, amigos raros de higiene justita y olvidos imperdonables, como los aniversarios de amor.

Priscilla, ya sra. Zuckerberg, ha permanecido muda todo este tiempo. Ahora, con esa foto vestida de novia junto a su marido, el mundo entero va a hablar de ella. Bye, bye, joven Chan, me digo contemplando esa foto. Seguramente tu anillo y esos millones en el banco acaban de cambiar tu destino. No te dejes la melena larga ni te apoyes en el enclenque Mark, proyecta sombra propia y alargada.

Y demanda a esos productores que se cargaron tu mirada rasgada para hacerte más sexy al público caucásico. ¡Qué atropello!

sábado, 19 de mayo de 2012

UN ASUNTO ROSARITO

Hay un día en que dejas de ver que la luz del hall es sólo una bombilla, que hay una tira del parqué sin barnizar hace nueve años o aún no te has deshecho de algunos platos desportillados que ocupan pero no sirven. El tiempo es un anestésico eficaz. El mejor, porque consigue hacer un efecto venda sobre los ojos.

Hasta que llega tu madre y suelta: "A ver cuándo pones una lámpara como es debido".

A mí buscar lámparas me aburre que me mata. Como comprar cuberterías. Lo siento como algo prescindible, porque a esta casa sólo vienen amigos y familiares, nunca jamás señores con los que quedar bien y que eventualmente saldrían por la puerte murmurando: "¿Te has fijado en que tiene una tira del suelo sin barnizar?".

No, no estoy preparada para una inspección. De ninguna manera. Hay libros que no querría enseñar, zapateros rebosantes de tacones y tiras de cuero enredadas, una despensa que jamás se ordenó con criterios lógicos donde las cervezas se apoyan en los packs de macarrones, y un chill out -así llamamos las chukis y yo pomposamente a la terraza que nos decoramos al estilo Las Mil y una Noches- donde dos bicicletas pinchadas esperan mis oficios mientras acumulan polvo.

Cada sábado, como hoy, me despierto sobresaltada porque sé que debo poner parches en mi vida, no sólo en las ruedas. Y cada sábado me enredo en otras tareas menos útiles pero más satisfactorias. Hasta que llega mi madre y me dice: "A ver si quitas esos trastos de ahí, que te van a comer"

Sueño que soy devorada por mi dejadez, y me entran sudores. He construido mi entorno al estilo camping Rosarito, y esto requiere una explicación:

El otro día andaba de excursión por la comarca de la Vera (Cáceres) lindando con Toledo. Un lugar de vegetación lujuriosa y cruces de caminos. Buscábamos el embalse Rosarito porque el nombre nos hacía mucha gracia. Al fin dimos con una señalización de carretera: Camping Rosarito. Y allá que fuimos, con la idea de tomarnos unas cervezas en el bar, a orillas de un paisaje sobrecogedor, con la sierra de Gredos de fondo.

A la entrada, un tipejillo moreno, enjuto y sin camisa. "¿Sabe si en este camping hay cafetería?", pregunté con cara de rubia que no ha dormido jamás sobre el suelo (y sí, lo he hecho). "Pues si no lo sé yo...", murmuró el hombre, a la sazón el vigilante, indicándonos la dirección del bar.

Era más bien un barracón, y a nuestra entrada se hizo el silencio. Sin duda porque éramos los únicos seres con camiseta de cuantos había allí. Pedimos las bebidas y huimos por si se trataba de un concurso de topless rural. A nuestro alrededor, chabolas. O sea, lo que en origen fue una parcela para una tienda de campaña o autocaravana había ido evolucionando. La caravana tenía un  techadillo de lona, al techadillo le habían puesto una placa de uralita verde a modo de pared, y de ahí salía una cortina hule de flores. Dentro se oía al abuelo roncar y la tele a tope. En otra parcela alguien se había hecho un pequeño jardín con maceteros de PVC, otra tenía varios ambientes con todo tipo de enseres aquí o allá. Y de la siguiente salía música heavy a tope.

Sí, el mundo Rosarito era un infierno al lado del paraíso. Porque cuando alcanzamos la orilla del embalse vimos una secuencia de Emir Kusturica: dos familias sentadas en sillas de plástico dentro del agua, varios niños desnudos, un perro circense que jugaba al fútbol y otro enorme e inmóvil, fuera, que juraría estaba muerto.

Pero ellos parecían felices y satisfechos, y no iba a ser yo quien los sacara de su horror con una frase del tipo: "¿No se han dado cuenta de que esto es un campamento quinqui que no pasaría los mínimos de una inspección sanitaria?".

Como mi casa. Tan pulcra en apariencia, tan ordenada pero tan llena de agujeros. Y con ese suelo por pintar.
Como mi vida: siempre desordenada y en construcción.

viernes, 18 de mayo de 2012

NUNCA MIENTAS A UN IDIOTA

Mi amiga Alicia Luna presentó ayer su libro "Nunca Mientas a un idiota. Póker para guionistas y otros escribientes" (Editorial Alba) y lo hizo a su manera. Invocó a amigos poco complacientes para que hicieran una glosa de su obra -Diego Galán, ex director del Festival de Cine de San Sebastián, donde ella y yo hemos sido tan felices, y Yolanda García Serrano, guionista de películas y series divertidas, como "Todos los hombres son iguales"-.

Por allí andaban el tahúr que inspiró el método, el amigo que la convenció de que debía registrarlo para disuadir a posibles ladrones de ideas. Su hijo, Nicolás, amoroso y siempre cerca de una columna; su ex marido, sus alumnos y los que además de quererla valoramos su talento.

Alicia Luna
Yo me llevé a mi adolescente y a un amigo suyo, y nos sentamos en primera fila. Ambos pegaron un respingo cuando entre el público se levantó un hombre de voz profunda y arenosa, que empezó a desgranar una historia. La historia del poeta local que recibe cartas, entre ellas la de una extraña mujer con la que termina citándose para descubrir que es el ser más monstruoso de la tierra. Mis jóvenes acompañantes no pestañeaban, a ratos soltaban una risa nerviosa, pero salieron convencidos que que habían asistido a algo distinto, renovador. "El poeta local" es el monólogo que vimos, adaptación de la obra de Ricardo Piglia gracias al talento de otro genio que, como mi amiga A. (recuperemos las buenas costumbres) siempre parece que pasaba por allí.

Se llama Sanchís Sinisterra y tuve que soplárselo a mis adolescentes, que observaban a ese tipo ligero de envergadura, calvo y con aires de estar satisfecho pero no autocomplacido. Hace monólogos de la tragedia, una fórmula muy de los tiempos de corren que no aglutina a las masas como esos otros, y su religión -llamémosla así- responde al sugerente título de "nuevo teatro fronterizo". Una gozada.

Sanchís Sinisterra
El poeta local habla de la creación, de la literatura como rapto del interior de uno mismo o como entelequia. Todo escribiente -no cecesariamente escritor- se ha preguntado mil veces para qué escribe. Yo me digo a menudo que pienso con los dedos, que no sé quién soy hasta que lo cuento. Hay quien escribe para entender el mundo, y quien lo hace para defenderse del mundo. Se escribe, imagino, para ser feliz, aunque el camino sea tortuoso. Y se escribe para obtener una versión bella de uno mismo.

Mi amiga A. dice que se ha pasado la vida escribiendo índices, pero es mentira. Como sabia boicoteadora de sí misma no se permite reconocer que escribe para mostrarnos mundos que sólo imagina ella. Que están en la frontera, como los de su maestro Sanchís Sinisterra. Y que ella teje en la soledad, con muchos miedos e idéntica determinación. Y así ha llegado a recomendarnos que nunca mintamos a un idiota; y que la creación puede ser una partida de póker donde lo más importante es llegar a saber quién es uno y con qué cartas puede asombrar a sus contrincantes.

Ayer mis adolescentes salieron asombrados de lo que habían visto. Un actor impecable, vibrante, representando la desazón y el tormento, pero también esa irónica visión del perdedor. Y, sobre todo, salieron convencidos de que mi amiga A. tiene un ejército de amigos que la quieren, de gente dispuesta a desenfundar talento y cariño en la frontera de una librería de Madrid, con vino, calor y todas las cartas marcadas.

jueves, 17 de mayo de 2012

MINICHUKI Y YO


Ayer entré en una farmacia cerca del trabajo. La farmaceútica me miraba fijamente, y al fin me dijo: "¿Tú vas todos los días en el autobús X con una niña, verdad? Te llevo viendo desde hace tres o cuatro años". Le dije que sí, y entonces ella añadió: "Siempre comento con mi amiga, que va conmigo, que la niña es riquísima, tan educada, que saluda al conductor, cede el sitio a las señoras y parece muy, muy feliz".

Juro que me dio una punzada de felicidad, que me sentí tan orgullosa de mi Minichuki que hubiera corrido a abrazarla tal y como sale del cole, llena de churretes y con ese olor a chotillo sudado que me encanta.  Sonreí a la farmaceútica y le di las gracias: "Educar es eso que siempre piensas que haces regular, ¡así que me has hecho un regalazo!" Después pagué mi crema mágica para enfrentarme sin traumas al primer biquini de la temporada y salí levitando, ligera como si Daniel Craig me hubiera echado un piropo justo antes de montarme en su Aston Martin camino del Casino Royale.

No son tantas las veces en las que alguien que no te conoce te dice algo bueno de tus hijos, así que la sensación duró un buen rato. Cuando llegaba a casa  me encontré a una mujer que aprecio, abuela de un amigo de mi adolescente que hace dos años perdió a su madre en un accidente de coche y hace unos meses un cáncer se llevó a su tía por delante. "Ahora sólo me quedas tú, abuela", le dijo el chico, y ella me lo contaba conteniendo la pena, para después desvelarme que él va mal en el cole, pero es buenísimo: "Su padre, que nunca se ocupó de él, se ha quedado en el paro, y el niño ha intentado darle el dinero que recibió del seguro por la muerte de su madre para ayudarlo. ¿Te imaginas?". Ahí confieso que lloré yo.

En tiempos convulsos agradecemos más que nunca los gestos puros, la generosidad. La madre de ese niño, un adolescente de casi dos metros, hizo muy bien su trabajo antes de morir. Eso es lo que pensé. La recuerdo corriendo por el patio del colegio porque llegaba tarde, siempre optimista. Nos unieron las prisas y el hecho de ser dos madres divorciadas, además de una simpatía mutua que nunca fue mucho más allá por falta de tiempo. En su funeral la iglesia se llenó.

Termino ya pidiendo disculpas por mi blandura. A Minichuki le conté nada más llegar lo que me habían dicho de ella. Se puso muy contenta y enseguida quiso rentabilizarlo: "¿Puedo dormir hoy contigo, ya que soy tan guay?".   Después cenó mal, como de costumbre, intentó tangarme con el plato de verdura y dejó la mesa sin recoger, como de costumbre.

Pero ayer todo eso me importó muy poco. Prácticamente nada.

P.D. Esta es una de las canciones favoritas de Minichuki.

miércoles, 16 de mayo de 2012

TODAS LAS RUBIAS (LOVING NORMA JEAN)

Marilyn Monroe era una mujer muy lista que consagró el mito de la rubia tonta. Me parece una ironía reseñable que debería aparecer en su entrada de Wikipedia y, como pronto hará cincuenta años de su muerte, lo saco de mi chistera de propuestas absurdas con café y sin bollería.

Cada vez que sale el tema en las tertulias, suelo añadir una coletilla venenosa: "Algo vería Arthur Miller en ella, además del tinte y el canalillo".

El intelectual que se junta con la maciza no suele aguantar mucho más allá del tiempo de vacilar con los amigos exhibiendo su trofeo. Una tonta, lo sabe, cuestiona la inteligencia propia. Pero al intelectual le pierde la soberbia, el deseo de agrandar su ego por encima de cualquier otra consideración.

Porque si hay un ser que necesite apuntalar su maltrecha seguridad es él. Con alguna honrosa excepción, como Seldom Cooper, mi idolatrado freak de "The Big Bang Theory", esa serie que me pongo cuando me siento rubia aficionada. Pero Seldom es un erudito asperger que no necesita apuntalar nada más que su trasero en el sofá con el cojín de rayas en su sitio, libre de cualquier invasor.

Marilyn, digo, prefirió eternizar el mito con un frasco de pastillas, la entiendo. Le pesaba demasiado. De haber resistido, hoy sería una anciana al estilo Lauren Bacall, dispuesta a no hacer la más mínima concesión a la impostura. Habría enamorado a jovenzuelos de cociente intelectual discreto y tras un polvo sabio y pormenorizado, les hablaría de Sinatra y sus demonios. De Joe di Maggio, de todos esos tipos que cimentaron su leyenda en falso.

Creo que las rubias nacieron para que ellos tuvieran una bandera que mostrar al enemigo, y esta insensatez me provoca reacciones ambiguas, como pasarme al tinte rojo sin traicionar mi alma. Creo que muchos hombres escogen a su chica como un trofeo de guerra, como el complemento que les falta para rellenar su vacío. Seguramente a la inversa es lo mismo, o parecido. Pero hoy pienso en Norma Jean y creo que fue ella quien elevó a los altares a Miller. Que si hay una entrada de Wikipedia que brilla gracias a la rubia es la del dramaturgo.

Que somos lo que elegimos, incluidas las parejas. Y que hay que tenerlo en cuenta mientras rellenamos a tientas nuestra biografía, a la espera de que suba el platino de las mechas...

lunes, 14 de mayo de 2012

QUIMIOTERAPIA PARA DOS

-Para estas cosas sí que vales.
-¿Y para qué no, hija de puta?

A veces la vida te regala pura poesía. Las voyeurs de parejas no tenemos más que esperar sentadas en una terraza de verano a 38ª para trazar el mapa sentimental del español medio. El amor nos lo han vendido gallardo y empalagoso, pero es resignado y violento.

Observo que hay parejas que se aman a sí mismos por encima de todas las cosas. Circunstancialmente están juntos porque es cómodo tener un espejo donde reflejarse y hacer caritas. Me propongo hacer un Love Actually destroyer y sin vaselina. La estabilidad de muchas generaciones sin fantasías de amor está en juego y no puede ser que haya más poesía en el Cuore que en un "marco incomparable" con vistas al río.

-Tú no te comunicas. Das por hecho que me dices las cosas pero no es así. Después te cabreas si no actúo en consecuencia.
-Pues búscate una médium, n.t.j!


Insisto. El romanticismo se ha ido al garete con la crisis, pero los indignados del 15-M no lo reivindican. Bastante tienen con mezclar la crisis mundial con las guerras del agua. Me reconforta que un año después siga habiendo fuerzas para protestar en la Puerta del Sol, pero me permito sugerir sin ánimo de parecer frívola que el movimiento incluya el desarraigo sentimental que nos asola y grite por la recuperación de los grandes diálogos de amor.

-Me manipulas. No sé cómo pero me manipulas, cariño. 
-Ya, quieres decir que soy un cabrón, no?
-Camarero, una de callos con garbanzos y suba la tele a tope (a ver si a este neurótico le da un chungo).

Estoy tan imbuida de desamor que cuando me llegan las ofertas de Groupalia, Groupon y todas las webs nice price que contaminan mi correo veo "quimioterapia para dos" en lugar de "quiroterapia". Lo juro. Y a base de insistencia he entendido el mensaje. A veces hay que arrasar, ir al foco del desencuentro antes de que la tristeza se imponga y desate esas frases que son poesía underground para los oídos de una mujer tan sensible como yo.

-Siempre hacemos lo que tú dices.
-Pues dime qué quieres hacer.
-Cualquier cosa, menos lo que tú digas.
-Ya me callo, tú decides.
-Camarero, la cuenta...

sábado, 12 de mayo de 2012

MAPA SENTIMENTAL PARA DESNORTADOS/AS

"¿Sabés qué? Todos mis novios tenían algo en común: la puntualidad"

Mi amiga lleva un rato buscando inútilmente el patrón hombre de su vida, pero no hay manera. Unos son generosos, otros tacaños. Introvertidos y lo contrario. Hay un MENSA (superdotado) y otro superdotado por diferentes razones al sur del intelecto. Se da el caso de un apegado a su madre y dos huérfanos. Un lanzado y otro que siempre espera las señales para lanzarse. Un deportista vigoréxico y un pícnico con mala uva.  Dos con el colesterol disparado y uno sin transaminasas. Tanta insistencia en buscar señas comunes me deja perpleja y le pregunto por qué.

-Si sé cómo están conectados ellos, sabré quién soy yo.

Me parece un ejercicio peligroso, chitina. El mapa sentimental de cualquiera es como el GPS cuando funciona: cambia y se actualiza y de nada sirve retomar las carreteras que ya no son. Pero ella insiste e insiste. Sospecha que el fogoso la pilló en tiempo de siembra, el tacaño con la crisis del 93 y el zafio con el neoriquismo de la última década. "Soy absolutamente contemporánea", sentencia ella. Convencida de que podría hacerse una historia de España, y hasta del mundo, a partir de la autopsia de su corazón.

Creo que cada pareja explica la anterior, pero sobre todo prepara el terreno a la siguiente. En algunos casos es sólo un trámite para dar paso a una versión de lo mismo. Por ejemplo Sarkozy, que pasó de Cecilia Ciganer a su clon Carla Bruni. La misma mujer, sin tacones y en "La mayor".

¿Cómo interpretas que algunas personas repitan el mismo tipo de pareja? quiere saber mi amiga, que da por sentado que mi sabiduría de andar por casa, fruto de la observación de las broncas maritales en IKEA, restaurantes y comuniones, es palabra de dios.

-Pues verás, chitina, quien repite se apuntala a sí mismo. Sarko tuvo una mientras lo admiró y le hizo ganar centímetros de ego. En cuanto ella vio la trampa se piró con otro y entregó gustosa el relevo a la siguiente, que ahora que ha perdido el ticket del Elíseo lo mismo descubre que se casó con un enano soberbio de grandeur con alzas y preciosa nariz.

Mi amiga no se queda convencida, es insaciable. Quiere que le hable de mi teoría del hombre Barbarroja, que colecciona víctimas en un sótano oscuro, del que deja embarazadas a todas sus parejas para jugar a Mendel y a los guisantes; el que se lía con la madre y luego con la hija (el graduado), o el que huye aunque está enamorado por terror a que no se abra el paracaídas (El Top Gun)

Lo dejo, no sin antes convocaros a ampliar el mapa para que mi amiga descanse tranquila. Agradeceré aportaciones masculinas, que a vosotras, chicas, ya os conozco y me temo lo peor.

Mi mapa, por cierto, sigue en construcción. Como las páginas web de los ministerios.