sábado, 30 de junio de 2012

LA VENGANZA DE KATIE HOLMES

Que me perdonen los románticos, pero esperaba la noticia del divorcio de Tom Cruise y Katie Holmes.

Cuando una mujer va con cara de pena dos pasos por detrás de su hombre bajito, y éste tira de su brazo en un leve gesto de dominio y autoafirmación machirula, se me encienden las alarmas. Tom necesita una esposa como yo necesito el Álmax que el Gobierno va a retirar de la lista de los medicamentos subvencionados. A Tom no le va lo de desfilar a pelo por la alfombra roja y de ahí que busque un brazo protector con silueta de sirena y escote palabra de honor. Un salvavidas modosito y de alta costura.

Desconfío de los hombres que se casan tres veces, de los que sólo buscan mujeres que den bien en las fotos y de los que sólo besan cuando hay un flash a la redonda. Tom jamás me pareció un tipo sexy, ni cuando lucía sonrisa ladeada en Top Gum, ese bodrio adolescente a cuyo estreno fui (invitada)y lo cuento consciente de que será una mancha indeleble en mi currículum. (Eso sí, me regalaron una gorra).

Tom era entonces, recuerdo, el galancillo debutante, el que luego batiría el Cocktail antes de dedicarse a hacer otros blockbusters entretenidos de cierta altura o Walkyria, aquella peli de nazis en la que no estaba nada mal. Lo más cerca que estuve de amar a Tom fue en "Entrevista con el vampiro", donde encarnó a un Drácula moderno y morboso,  su único papel sexual (sí, en "Eyes wide shut" era eróticogrotesco).

Digo esto para que no se note mi inquina hacia ese personaje que adivino listo y avezado business man, pero de quien nunca colgué póster ni forré carpetas con su cara. Lo imaginaba controlador y desabrido, capaz de seducir a una dama con todas las triquiñuelas de un falso Casanova. El clásico hombre que te divierte y seduce calentorro en una cena pero se excusa a la hora de llevarte al huerto porque mañana tiene que madrugar. Tom quería colocarte un anillo en el dedo y tener contigo una hija a la que presentar urbi et orbi en la portada de Vanity Fair: "Yes, Suri,she is our baby", rezaba esa foto en la que la pareja rezumaba satisfacción y la futura it girl yacía entre ambos como prueba de que ese matrimonio había logrado su propósito.

Después de Suri, imagino que el paripé dejó de tener sentido y la Cienciología prolongó su alargada sombra sobre la pareja. Katie desapareció y quedó condenada al papel residual de señora que saca al parque a su niña vestida de Chanel. Una madre perfecta y bella que ni cuando sonreía dejaba de parecer triste.

Y entonces Kate fraguó su venganza. Volvió al cine y fue una niña respondona. Dejó los vestidos largos y se calzó unos vaqueros anchos y un jersey que le permitía por fin respirar. Y puedo imaginar que a Tom no le gustó ni un poquito ese gesto de independencia de la princesita a la que regaló un castillo para casarse. Barbarroja Cruise estaba a punto de perpetrar su tercer divorcio, sin saberlo. La pelirroja Nicole Kidman huyó a tiempo, pienso. Tenía demasiado carácter. Pero la sumisa Katie ha resultado que también.

Doy mi más sentido pésame a Hollywood. Ayer se divorció Johnny Deep de Vanesa Paradis y hoy le toca a otro mito andante.  A los que adoramos el cine clásico siempre nos gustaron otras parejas (mi favorita, la formada por Katharine Hepburn y Spencer Tracy). Parejas imperfectas, no tan bellas, no tan design... 

Esta noche veré en su honor "Adivina quién viene a cenar esta noche" y "La costilla de Adan". No diréis que no soy una romántica...


(Brindo por ti, querida Katie Holmes. Espero que hayas salido indemne del mordisco del vampiro)




jueves, 28 de junio de 2012

SI YO FUERA SARA...(GRACIAS, SARA)

No soy Sara, no tengo sus curvas cimbreantes, su melena Pantene,  ojos incandescentes ni un Iker Casillas que me baile en las tardes de luna y azoteas.

Las tías buenas como Sara Carbonero tienen que demostrar  que son listas, rápidas, ingeniosas y... modestas. Deben borrarse para ser perdonadas. Deben resucitar de entre los muertos sin épica ni tambores. Y apretar los dientes al son del tuit más venenoso.

Si yo tuviera la cara felina y el cuerpo de pecado de Sara, me reiría desde la banda de todos los zopencos y tiñosas que se levantan contra mí dudando de mi profesionalidad. Recuerdo a algunas de las pocas comentariastas deportivas que solía equivocarse en las alineaciones, y casi al cantar el gol. Nadie hizo sangre de aquello. Si acaso, fue una de las protagonistas de un especial errores clamorosos en la cadena SER. No sé cómo se llamaba, nadie lo sabe. Probablemente le faltaron un buen culo y un novio estupendo, guapo, rico y deportista.

No es que quiera defender a Sara en un arrabato solidario y antimachista. Ayer, durante el partido España-Portugal que seguí con el máximo desinterés, escuché sus comentarios y me pareció que esa voz sin cuerpo se desdibujaba. Le faltaban vehemencia, rapidez, piruetas de comentarista bregado. Me pareció correcta y poco más, tal vez incluso desganada sabiendo que millones de españoles afilaban sus cuchillos para pillarla en un renuncio. La imaginé contenida y nerviosa como el último del coro de los esclavos que siente sobre él todas las miradas del público despiadado de platea. Y le sale un gallo, y pierde el ritmo, y se pregunta por qué no reparan en el tenor, que hoy se ha pasado de gomina fijadora. O en la soprano, que tiene un tic en las orejas.

Estar tan buena se paga, querida Sara. Te veo este verano cambiando tu bikini blanco por un casto bañador. Fuera esas botas y esas minifaldas escuetas. Abandona el wonderbra que te las junta y te las levanta como en una ofrenda a los dioses del cuché. Hazte monja, y tal vez así silencies a las fieras que matarían por una mirada tuya, un segundo de tensión a dos, el roce de tu cintura al pasar a su lado en un chiringuito de playa. Saber que estás ahí y no poder doblegarte es un veneno que sólo se alivia con un tuit, ya tú lo sabes.

Querida Sara, espero que el día de la final arrastres a tu hombre hasta tu cámara y respondas a su beso con un beso eterno y a tornillo para volver a colapsar las redes. Date el gustazo de hacer que aúllen, que pierdan el control mientras agitan el mando de la tele. Y luego, cuando los bramidos templen, mira fijamente a la pantalla y repite conmigo: "Me llamo Sara Carbonero y estoy buena. He estudiado Periodismo y tengo un currículum que defender que no pasa por mi cama. Si quieren tratarme como a una becaria displicente y cachondona, adelante. Las fantasías retratan al que las imagina. Háganselo mirar".

Gracias, Sara.

martes, 26 de junio de 2012

EL MUNDO SE DERRUMBA Y NOSOTROS NOS ENAMORAMOS (Staying alive)

-El mundo se derrumba y nosotros nos hipotecamos...

Nada me gusta más que cambiar el guión de las cosas. La noche de calor sofocante ha hecho estragos y Moddy´s acaba de confirmarme que soy tan basura como los bonos españoles. Si te declaran oficialmente basura y el Ayuntamiento anuncia que no te recogerá a diario debes asumir que en breve vas a oler fatal. Que no hay desodorante que pueda contener la amargura hedionda de saberte el último de la fila, el mataó que recoge el coche escoba, una tanqueta alemana, pongamos.

De adolescente fui del equipo malo de baloncesto. Ya lo he dicho. Éramos las PIGS del deporte escolar y así nos lo anunció la señorita Aurora, con solemne mala leche. Lo siguiente fue que nos tuvimos que contentar con una descafeinada equipación color azul clarito bastante acrílica que presagiaba grandes derrotas. Mientras, las "buenas" lucían imponente azul eléctrico y hasta mejores piernas. Cosas de la autoestima.

Si te nombran oficialmente basura empiezas a abandonarte. Es como ser la fea de la fiesta, el Atlético de Madrid en su temporada en el infierno. Sin grandes perspectivas a tu alrededor, te fijarás acaso en el chico más apocado, el gordito sabelotodo que no liga, el legañoso que pierde el ritmo como pierde el kleenex lleno de mocos. Lo peor no es la noche de soledad, sino la pérdida de orgullo consiguiente. 

Se acabó el españolear. Fin del cuento. Nos queda la furia de la Roja que no me arranca ni medio aullido de pasión. Diría que la euforia del triunfo nació con sordina. Nos han robado el horizonte y debemos concentrarnos en pequeñas satisfaciones cotidianas, rituales que no cambian: las Chukis hoy recogen sus notas de fin de curso. A eso de las once llamarán, leerán el veredicto del jurado y si la cosa ha ido bien brindaremos por ello. Si no, porque pudo haber sido peor. O porque estamos vivas y sanas, y contentas aunque a lo lejos se oiga el bramido amenazante del camión de la basura.

Señores de Moddy´s, sabed que no podéis con nosotras. Que una burbuja de titanio protege nuestro patio del colegio. Que sois arrogantes y que os hemos perdido el respeto. Que no bailaríamos con vosotros aunque fuérais los Travoltas con fiebre del sábado noche y nosotras esas chicas feúnas y apocadas que se sientan a mirar y ven pasar las horas.

Y entonces, en un rapto, a eso de las tres de la mañana, saltan de su escondrijo y queman la pista. Y se vuelven Madonna, y se ríen del mundo...


El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos. Así era antes de Moddy´s. Y así va a seguir siendo.

P.D. Humphrey, aquí te espero. Soy la del uniforme azul clarito y ya siento que mis piernas crecen al calor de mi orgullo recidivo.

lunes, 25 de junio de 2012

AUTOAYUDA PARA EXPERTOS EN NADA

Soy un ejemplar irrefutable de experta en nada.

Los expertos en nada solemos hablar de esto y aquello con escasa afectación. Si me paro a pensar cuál es mi tema, ese que podría defender en un programa concurso del tipo "Saber y Ganar" o "El tiempo es oro", concluyo que tal vez sería "excusas que nos ponemos a nosotros mismos" o "lugares estratégicos para poner trampas a cucarachas". O, a mucho tirar, "análisis de parejas que fingen ser felices".

No ser experta en nada me da una perspectiva difuminada de las cosas. Puedo escuchar a los que saben y formular preguntas más o menos orientadas, lo que me convierte en una hábil impostora. En una tertuliana de emisora con recursos todo a cien y escasa convicción. Y a modo de excusa suelo decir que menosprecio la erudición, y me quedo tan ancha.

Acumular conocimientos al peso es como coleccionar ceniceros. Un engorro. Salvo que lo que uno sabe le sirva para tejer una estructura desde donde situar el devenir y explicarse. Cuando el erudito calla pero teje me gusta y lo proclamo, cuando declina el rosa-rosae de sus conocimientos vomito en su cara.

Todo, porque nunca supe mucho de nada. Y así me va.

Brillante anatomía del duelo
Últimamente le doy a los libros veinte páginas para atrapar mi interés. Me parece una medida razonable. Ayer comencé "La Mujer Veloz", el ultimo de Inma Monsó, a la que amé hace unos años por una obra quirúrgica sobre el duelo ("Un hombre de palabra", se titulaba), y lo solté en la vigésimo primera. Diría sin temor a equivocarme que soy experta en detectar mala literatura, truquillos de autor en ciernes. Desniveles en la estructura, cacofonías del pensamiento y débiles personajes no por ellos mismos, pobres, sino por falta de pericia de quien los creó. Además, el tufillo a cursilería me sobresalta (me lo haré mirar, lo mismo la cursi soy yo) y suelo sentir mareo cuando las historias se escoran a estribor, en una deriva de letras que no salvan del naufragio y te hacen pensar que la vida es demasiado corta para excursiones sin ton ni son a menos que haya un gran paisaje o una sorpresa al final del camino.

Mi noche de San Juan
Si me lo propongo, diría que soy también gran catadora de natas. Las natas de calidad escasean como las buenas croquetas en los bares. O las patatas bravas. Ayer, mi familia y yo inauguramos el verano con todos nuestros clichés domingueros: piscina, niños, helados,  macarrones cuarteleros, limpieza de coche y aperitivo en El Frontis. Un bar de pueblo que en realidad no se llama así y que regentan dos hermanos feísimos. Uno de ellos solía echar los tejos a mi hermana, o eso nos hemos inventado a fuerza de inaugurar veranos con patatas bravas y enormes jarras de cerveza helada. La buena patata brava no abunda, insisto. Y asimetrías craneales como la del Frontis, tampoco. El hombre tiene una sonrisa ladeada y tierna con la que nos recibe, teñida de cierta desconfianza porque mis hermanos y yo somos muy de descojonarnos (con perdón) a la mínima, y siempre que llega Frontis recordamos lo que nunca sucedió. Que se postró de rodillas ante mi hermana y le pidió en matrimonio. "¡Con la de bravas que hubiéramos comido por la patilla, chicos!", dice uno. Y los demás le hacemos los coros. Así año tras año. Como un ritual de verano que el día que termine nos dejará huérfanos.

La inexperta en todo que me habita, diré, es experta en junios. En saludar la noche de San Juan quemando una hoguera imaginaria y rodeada de los suyos. En beberme los días largos y las noches de insomnio como si no hubiera un mañana. Como si la vida se renovara cada año por estas fechas, entre cervezas con limón y las risas con esos hermanos que adoro y que me han caído en suerte.

Pensándolo bien, puede que sea experta en exprimir sensaciones. Y esto es tan cursi que ahora mismo cierro mi libro y me voy con la música a otra parte. ¡Tengan ustedes un glorioso mes junio!

sábado, 23 de junio de 2012

HOMBRE Y MUJER ¿PUEDEN SER AMIGOS?

"Si el hombre que te rompió el corazón te pide amistad en Facebook, ¿qué debes hacer?"

Respondo a mi interlocutora que aceptarlo y cerrar el círculo. Toda historia requiere un remate, aunque sea póstumo. Las partidas de ajedrez de acaban en tablas siempre me parecieron frustrantes. A los cuarenta y tantos ya tienes una certeza: lo que se queda pendiente termina saliendo y huele fatal. Lo hablaba el otro día con mi amigo M. Un hombre dulce que se ha enamorado de una mujer volcánica. M. y yo solemos hacernos coaching sentimental mutuamente y sin planificarlo. Es un amigo de pocos años, nos vemos cada dos o tres meses y sin embargo cada vez es como retomar una conversación reciente, al estilo Fray Luis de León. "Decíamos ayer...".

Casa Manolo
M y yo quedamos a horas raras -las dos y diez- y nos abrazamos, me dice que estoy guapa aunque no lo esté y me pone su corazón sobre la mesa, justo al lado del plato del menú del día de Casa Manolo, ese lugar donde la camarera solía maltratarnos y ahora, a fuerza de besarla, nos adora. Yo hago lo propio, y comienzan a pasar los minutos mientras él devana historias -es un brillante narrador- y yo me llevo el gazpacho a la boca, sin pestañear. Entonces, hay un instante en que él deja caer una última frase desmayada que suele terminar en un "¿no?" y yo entiendo que es mi turno. Dejo el gazpacho a un lado y arranco mi confesión utilizando su final de frase como arranque de la mía, al estilo de las novelas de Toni Morrison. Un ejemplo: M:"... Y se fue hecha una furia tras cerrar dando un portazo".

-Su último portazo no ha sido el definitivo, verás, pero sí un tanto más doloroso. Ella hubiera querido decir algo, pero las palabras se estrangulaban en la garganta y sentía cierto mareo tras las cerveza que no debió tomar...Salió a la calle, se desorientó como tantas veces y deambuló una hora con la batidora de sus pensamientos enloquecida y al galope.

M. me mira fijo a los ojos, diría que es más elegante que yo y ni siquiera toca su comida. Me escucha con cada molécula de su cuerpo y jamás me juzga, así que puedo abrir todas las compuertas y dejar que salga el agua y sus ponzoñas porque siempre encontraré un deje de comprensión, una sonrisa que me indulta y me acoge mientras voy confesando mis flaquezas y él responde con las suyas, y yo me pongo en el lugar de la volcánica y le hago de espejo, y al final le recuerdo que siempre iré en su equipo. En la salud y en la enfermedad.

No sé quién se inventó esa estupidez de que un hombre y una mujer, a priori heterosexuales, no pueden ser amigos. Creo que sí, y que es una conquista. Le cuento a M. que en un mismo día se manifestaron los cinco hombres importantes de mi vida. Uno por Internet, dos por teléfono, a otro me lo encontré por la calle y con el quinto hubo rayos y truenos. Me mira con cara interrogante, a la espera de una lectura de las mías.

-¿Quieres decir que fue cosa de los astros?, inquiere al fin.
-Quiero decir que vaya mierda de currículum sentimental...

Termino ya con una definición que a mí me vale. Un amigo es un hombre ante el que mostrar tus debilidades como los michelines de tu cintura, si es menester. Un hombre capaz de quitarse la armadura y confesarte que ha llegado a la conclusión de que es un mediocre. Un tipo que te muestra su reverso mientras tú le haces tu striptease y después os tomáis los canelones y comentáis que ayer, tras el portazo, el hueco del dolor te hizo escribir un relato muy extraño (tú). O que está deseando llegar a casa para poder dormir con sus perros, y pasar las horas viendo fotos (él), y aún te pregunta cómo ves lo de la chica y el futuro...Y tú le adviertes que no eres la más indicada para dar consejos sentimentales, pero allá va el último, al estilo Toni Morrison:

-La chica y el futuro avanzaban por la orilla y un perro las seguía con cierto desinterés y una leve cojera en su pata izquierda. Entonces él la miró desde lejos y buscó en su silueta el principio de todo. Aquello que le volvió loco y diletante. Y se tumbó con su dolor al lado y todas las dudas revoloteando sobre la sombrilla... Y se dijo que tenía que pensar. Y pensó.

jueves, 21 de junio de 2012

SEÑORAS QUE SALEN A VER MUSEOS Y SE ACALORAN

Ayer fui a ver la exposición de Photoespaña de Warhol y la Fábrica (De la Factory al mundo)  y las salas estaban medio vacías. Un grupo de señoras con un guía amateur recorrían las fotos y las comentaban con sesudo criterio: "Estos eran como los Mario y Alaska de hoy. Una panda de provocadores modernillos que inventaron poco más que la lata de sopa Campbell" sentenció la intelectual del grupo. A otra, vestida con un kaftán mostaza, le parecía que la troupe de La Fábrica era un poco como las chicas Almodóvar. "Divazas disfrazadas y con pelucones dispuestas a enseñar sus vergüenzas ante los flashes amigos". La tercera en discordia se quedó largo rato frente a las tiras de fotomatón en las que Warhol plasmaba su mundo hecho muecas y no dijo nada, gloria bendita. Había vida, provocación, sexo y papel de plata por las paredes de aquel garaje que alcanzaría la categoría de mito.

Con el paso de los años, cuenta la exposición, el artista devino starlette. Amante de las performances, de los famosos, de las noches con cortinas de satén. Adoraba ver reflejada en los ojos de los demás su propia imagen, tal vez porque no la resistía en directo. O porque la había desgastado de tanto contemplarse en el espejo que era su Polaroid.

Juzgar a un artista nunca es fácil. Pero el grupo de señoras que salen con su profesor a aprender Arte, con mayúsculas, en vez de quedarse viendo el "Sálvame" en el sofá de su casa, no tiene pelos en la lengua. "Se conoce que todos estaban liados con todos. Mirá qué grotesca la gorda ésa que enseña los pechos todo el rato. Qué necesidad!". A las señoras parecía interesarles poco la presencia de Avedon, Cecil Beaton, Edie Sedgwick, Truman Capote... Warhol, desde su tumba, debía estar frotándose las manos por el éxito de sus artimañas provocativas.

Las tardes de junio en Madrid se inventaron para disfrutar de los warhol de turno. Coincide con un cartel que ya lo quisiera San Isidro en versión toros: Rafael en El Prado, Hopper en el Reina Sofía y Kirchner en la Fundación Mapfre. Las señoras que escupen a los "mamarrachos" de The Factory se han hecho ya la ruta completa y hablan de ello con satisfacción de expertas, de correpasilleras capaces de dejar al marido en casa frente a la tele mientras ellas siguen al jovenzuelo profesor, y opinan y opinan, y estoy segura de que no son inmunes al efecto transformador de los cuadros, de las fotos, de las performances.

Pero eso sí, dirá la gorda del kaftán, "donde esté la "Capilla Sixtina de Rafael", que se quiten estos pintamonas con pelucón blanco".

A  veces el arte sirve para que algunos maridos respiren en paz en una calurosa tarde de junio de Madrid. Y supongo que eso es bueno.

miércoles, 20 de junio de 2012

¿CREATIVO O ASESINO? (SOSPECHOSOS HABITUALES)

"Yo es es que soy muy extrovertido, ¿sabes?"

El extrovertido, en realidad, es un pirado que me ha puesto en un aprieto en el autobús con la coartada de su carácter desatado. Hay cualidades irrebatibles. Se supone que si eres extrovertido todo vale porque es una virtud. Que a menudo se confunde con hablar sin pensar previamente. Sin filtro. Ir por la vida como un mono con una metralleta.

Pues no, yo no soy extrovertida ni falta que me hace. El tipo de ayer escuchó mis llamadas telefónicas y las comentó sin pudor, me dibujó en una servilleta de papel y me preguntó mi nombre, si tenía hijos y cuál es mi trayecto habitual a casa. Para ser extrovertido era un poco serial killer, el típico ser de aspecto inofensivo con la camisa medio metida por el pantalón y una mirada errática bajo los cristales grasientos de sus gafas. Y cierto parecido con el protagonista de Fargo, el asesino de una de mis pelis favoritas.

No sólo los extrovertidos tienen patente de corso. También los creativos. Si eres un capullo pero con ideas sorprendentes, el mundo te aplaudirá. Ya puedes maltratar a tu pobre Milena que has inventado la teoría de la relatividad y los adolescentes lucirán camisetas con tu busto de sabio loco. Sí. Sabio, loco y maltratador. La nómina de artistas que han atormentado a su entorno más directo es infinita, y eso no impide que sus cuadros alzancen pujas multimillonarias.

Ser bondadoso, sin embargo, carece de todo sex appeal. Como ser justo, honrado o ecuánime. No conozco a nadie que haya sido bendecido por un grupo de rock por semejantes cualidades. Sólo la iglesia se aviene a nombrar beatos y santos, y pasan sin pena de gloria porque se consideran meapiladas. Otra cosa es que seas santo y creativo. O tal vez santo y extrovertido.

Aunque mi favorito es el "sincero", que suele ser un tipo que te dice las cosas a la cara, sin anestesia y sin que nadie le dé pista de aterrizaje. "Yo es que soy muy sincero, ¿sabes?, y si te digo esto es por tu bien". Si te dan por saco por tu bien, sal corriendo. Seguramente el bien que contemplan y el tuyo se parecen como un dedal a una mosca del vinagre (y este ejemplo no es baladí, presuntamente la mosca del vinagre es como el ser humano a efectos de experimentación. Y eso lo han descubierto los científicos. Esos seres que pueden echarse a dormir porque la vitola de la ciencia otorga respetabilidad. Miren si no a Menguele durante el nazismo...).

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que me fío más de quien se me presenta como "soy neurótico","soy bipolar" o, directamente, "soy insoportable". Al menos ya sabes por dónde tirar y si te pinta en el trayecto de tu casa al trabajo y te dice que dejará un catálogo de su obra a tu nombre porque tus manos de pianista y esos nudillos de inteligencia volcánica no se ven todos los días, pues sales por piernas y cierta compasión dado que es un enfermo.

Lo dejo, no sin antes resumir mis impresiones en un consejo general: cuidado con los extrovertidos. Revisemos la presunta bondad de ciertos adjetivos y miremos con especial recelo a quienes empiezan sus frases con la coletilla "yo es que soy una persona muy humana".

Fijo que ocultan a un extraterrestre con aviesas intenciones.




martes, 19 de junio de 2012

BUSCO MARIDO PARA PARTIDO DE PÁDEL

He soñado que me casaba y volvía  ser parte de ese tándem rotundo y demoledor llamado matrimonio.

Despierto y leo que "por fin" Viri, la mujer de Rajoy, sale de su letargo voluntario para acompañar a su santo a una cumbre del G-20 y la noticia se saluda con alborozo. No es lo mismo ir a pelo a los sitios que dar el espaldarazo con tu rubia de expresión seria y concentrada a la grupa. El matrimonio impresionará sin duda a los altos ejecutivos de los países más ricos. Eres dos, con toda la fuerza y todo el empaque de la verdadera bicefalia. Los Obama lo saben y lo explotan. Cristina Kirchner sigue haciéndolo aunque el suyo ya murió. Más vale marido muerto que esposo por llegar.

"Jugamos cuatro matrimonios al pádel", me cuenta mi amiga MJ. y enseguida percibo que no pintaría nada en ese grupo. Y esa sensación agridulce vuelve a apoderarse de mí. Cuando eres matrimonio, creo, sabes que nunca estarás solo (desde el punto puramente aritmético). Sabes que no plantearás retos a los que te invitan a su casa a la hora de disponer el tétrix de la mesa. Sabes que no te echarán los tejos descaradamente, sino con excitante timidez y acaso por debajo del mantel. Ir con marido a los sitios, digo yo, es como acompañarte de la guardia suiza, del director de sucursal del banco, del séptimo de caballería. Un seguro de vida, un plan de jubilación.

Me pregunto si los matrimonios se buscan y se refuerzan para compartir el tedio, la condena común, la renuncia a sacar los pies del tiesto. No, no debo ser cínica. Conozco algunos que funcionan y se acompasan al trote los domingos a la hora del aperitivo. Él empieza una frase, ella la termina. Respiran al unísono y se aman los viernes por la noche y fiestas de guardar. No sienten el yugo porque han aprendido a correr en línea recta. Se consultan las decisiones y antes de decir sí a una propuesta te advierten: "se lo comento a mi mujer y te digo algo". Son un frente común en la salud y en la enfermedad y supongo que es bonito.

Mis amigas casadas suelen mirar de reojo a las solteras y divorciadas, que a su vez envidian la serenidad de aquellas. Sí, es cierto que a veces despotrican de los maridos, se enfadan y atraviesan campos de minas que ponen en riesgo la estabilidad de sus tobillos, pero pasa la tormenta y te das cuenta de que ha sido un terremoto necesario para revolver el gráfico plano de las ondas matrimoniales. Un matrimonio sin shock es un cadáver a dos minutos de la putrefacción.

Soñé que me casaba y volvía a llevar una "señora de" conmigo. Volvían a invitarme a las cenas de matrimonios y jugábamos al tenis los sábados por la tarde. Era la unión que hace la fuerza, el tranquilo devenir de los días, el armario compartido -tres cajones tú, tres yo- La vida en sí bemol, la sinfonía.

Y entonces desperté dodecafónica y me di cuenta de que nunca me gustó jugar al pádel, ni consultar los planes con nadie, ni llevar anillos que corten la circulación de los dedos. Y me dio cierta pena, porque los frágiles necesitamos descansar en un hombro amado y bendecido.

Y pensé que si alguna vez vuelvo a casarme será en un rapto de pasión incontenible, que no habrá lista de boda ni intercambio de regalos, sino la sensación sobresaltante y dulce que intuir que quien está conmigo podría no estar mañana y no pasaría nada.

Y lo que el delirio de la noche ha unido, que no lo separe el hombre...

domingo, 17 de junio de 2012

MI ABUELA Y LOS VIAJES

Cada ciudad es lo que te ha pasado en ella. Así, Venecia fue una góndola y un gondolieri cuellicorto y mi abuela, oronda y sarcástica, diciéndonos a mi hermana y a mí: "Nenas, no miréis a los novios (que se comían a besos en el asiento de atrás). ¡Menudos guarros!". Luego fue el lugar donde pensé que todo estaba perdido. Y a la tercera fue la vencida y se abrió entera para ser devorada entre canales, sin folclore extra y mecida por la Bienale de Arquitectura. La mejor Venecia, digo, empieza en el `palacio de Peggy Guggenheim, divertida y casquivana,  y termina en un vaporetto, al atardecer, por encima de esos pilares que se pudren y que siempre son Thomas Mann.

Pero no, la mejor Venecia es la de mi abuela. Y siempre será así.

Santander, último destino, es el verano de los 19 años, toda la familia alojados en un piso del Paseo Pereda y un plan infalible: iríamos a mariscar. Y mi abuela, de nuevo oronda y de nuevo a la cabeza de la expedición. No recuerdo dónde fuimos, sí que al poco desembarcó un autobús lleno de adultos con síndrome de Down y que mi padre nos hacía señas para que no nos riéramos con crueldad: "Si es que nosotros parecemos subnormales, papá, ellos cogen mejor las almejas". A la vuelta cocimos el botín y lo siguiente fue una gastroenteritis familiar aguda que nos tuvo a los siete por el pasillo a la carrera. Sólo se salvó ella, mi abuela, con sus ripios y esas frases redondas que nunca supimos de dónde sacaba: "Tócate el alma, María Manuela".

Mi abuela fue también mi primer Londres. Compartíamos habitación y roncaba como un sargento de regulares. Yo, que ya era una histérica del sueño, le chasqueaba con la boca y conseguía que se callara por un rato. Al final, la zarandeaba y entonces se despertaba y se encendía con furia: "Eres una sinvergüenza. Yo no ronco". Londres es por tanto la ciudad de los ronquidos, donde la yaya descubrió el Pizza Hut y donde nos subía a los autobuses rojos para que lo viéramos todo bien sin cansarnos.

En Roma, unos años después, nos llevó a una audiencia con el Papa. En realidad no era muy católica, pero se enamoró de Karol Wojtyla y aún cuelga una foto gigante y kitsch de éste en la habitación de su casa. "Es muy bueno, nena, y tiene cara de pillo". Creo que si alguna vez rezó fue al santo padre, y que la única vez que la he visto andar tres horas sin quejarse fue por los pasillos del Vaticano. Allí, claro, no osó pronunciar su frase más volcánica, la que decía en sus momentos de máxima furia: "Ese es un hijo de Satanás".

Si escribo esto es porque me he dado cuenta de que no he olvidado los detalles de cada viaje que hice con ella. Era llegar a un sitio, al hotelazo de turno (ahí no escatimaba): "Nenas, vamos a tomar posesión". Y entrábamos en la habitación donde ella elegía su cama y yo buscaba el rincón más apartado para no oírla. Era llegar la hora de comer y: "Nenas, ¿no tenéis un poco de gusa?, y mi hermana y yo buscar el restaurante donde no le importaba probar cualquier bazofia. Era irnos un rato de tiendas y ella regalarnos algo a cada una, unas botas por lo general.  Y así hasta que dejó de viajar un día. Y entonces se apagó.

Los viajes son lo que nos pasa en ellos. Y, más allá, diría que viajar sigue siendo para mí volver a estar con ella un rato. Hoy no le chasquearía por roncar, lo juro, me pondría mis tapones. Y le diría que me encanta compartir góndola con parejas que se besan apasionadamente. O mejor, ser ellas aunque una mujer mayor, gorda,sarcástica y lista como el hambre, nos ponga mala cara y les tape los ojos a sus nietas.

sábado, 16 de junio de 2012

DOS MUJERES HABLAN DE HOMBRES

-Blondie, dame tres nombres de escritores que estén buenos.

Mi amiga E. suele pedirme cosas como estas. Por mail, y escritas a la velocidad de su nervio hiperactivo. Y tiene la habilidad de plantearme retos antitéticos. ¿Intelectuales a los que adorar por su cuerpo?. Le paso, minutos después, dos nombres de escritores. Uno, le advierto, me gusta por su extraordinaria nariz. Aguileña, hipertrófica, magnética. Un Cyrano flaco con flequillo despuntado y aires de poeta maldito. El otro tiene cara de no haber destrozado una habitación de hotel tras un concierto de los Scorpions. "No es mi tipo, pero lo mismo te sirve... Ya sabes que no me atraen los guapos de manual".

-Oye, esa obsesión tuya por la nariz de los tíos háztela mirar.
-Ya, sí, también me fijo en las manos. Me gustan los dedos largos, nervudos. Y no puedo con los pies pequeños.

Seguimos nuestra discusión sobre hombres como dos frívolas lobas. Fantasear es gratis. Mi amiga necesita que el tipo tenga una voz cautivadora, y que vista bien. Yo, que conjugue los verbos con corrección y remate las frases. "Ah, y no puedo con los lentos, con los incultos ni con los resabiados..."

-Este que me encantó el otro día iba perfecto, mirá qué look, me enseña la foto en su I-Pad, deslizando los dedos vertiginosamente por la pantalla. Y añade: "Estaba segura de no era madrileño".

Ahí me pico yo. "Oye, bonita, eso no es así. En Madrid hay pocos madrileños y algunos visten muy bien, igual que en París no todas las tías son pibones vestidas de Zadig&Voltaire y con trench Burberrys que ciñen cinturas de alambre".

-Ya, ya. ¿y qué piensas de los hombres que llevan camisas con sus iniciales?
-Que andan buscando su identidad.
-¿Y de los que visten bermudas en verano?
-Que me encantan las piernas al aire. Son sexys.
-¿Y de los que van repeinados?
-Too much control, cero fantasía.
-¿Y de los que tienen más cremas que tú?
-Vade retro, Satanás.
-¿Y de los que huelen a sudor?
-Repugnante. Adoro la huella del perfume, pero no el hombre Brummel que llega dos minutos después que su perfume.
-¿Y de los que hablan mucho de su madre?
-Lagarto, lagarto.
-¿Y de los que te miran a los ojos aunque estés desnuda?
-Esos son mis preferidos.

Terminamos exhaustas y muertas de risa. En realidad, tras un interminable esgrima nos damos cuenta de que nos gustan los hombres con los que estar a gusto en silencio, y sobre todo los hombres que nos miren con cara de estar descubriendo a la única mujer sobre la tierra. 

Y de narices hipertróficas, ya profundizaremos otro día.

viernes, 15 de junio de 2012

ME HAN DESPEDIDO

Quedo con un hombre que conocí una vez. Un ejecutivo de alto standing. Lo han despedido de la empresa donde estaba pero a lo largo de toda nuestra cita no escucho ni una sola vez esa expresión. "He salido", o "el día de mi salida" eso es lo que repite dos o tres veces, sin un asomo de tristeza ni autocompasión.

Los hombres "salen", a nosotras "nos despiden". 

Por supuesto, no es una regla general. Sucede más con los altos cargos. Un albañil a quien echan del tajo no es que salga, es que lo tiran al vacío para que se estrelle. El lenguaje, una vez más, contribuye a cincelar la realidad. Imagino que si te sientas  a la mesa y hablas de tu salida, te autotrasfundes una fuerza, un extra de dignidad y orgullo, que funciona a la hora de volver a encontrar empleo.

A nadie le gustan los perdedores, los quejicas, los que se lamen las heridas en público. Pero nos ha tocado vivir un momento de guerra donde el parte de víctimas crece cada día y algo hay que hacer. Mi amiga L. decidió dejar el lamento y pasar a la acción. Con parte de sus ahorros se matriculó en un master para potenciar la imagen personal. Está encantada no porque piense que va a encontrar trabajo, sino porque ha colocado su maltrecha autoestima en una estantería menos polvorienta, más de enseñar a los invitados. L. está a dos minutos de llegar a cualquier cita y hablar de "su salida" sin que te tiemble el pulso.

A C., sin embargo, le dieron tentaciones de buscar un curso de "Porque yo lo valgo" pero no estaba en ningún programa, ni siquiera en los de CCC, ese lugar misterioso que se anuncia en la radio desde que soy pequeña y que siempre imagino oscuro y lleno de señoritas tecleando una Olivetti, al estilo "Amar en tiempos revueltos". C. nos reunió a las amigas la otra tarde para confesarnos que anda sumida en una profunda depresión. Que no es que no oiga nuestras llamadas, es que no puede coger el teléfono. Una fuerza superior se lo impide. "He perdido a dos clientes porque me vi incapaz de acudir a sus citas".

Sí, hay pastillas para eso, pensaréis. Y ella las toma diligentemente desde hace unas semanas. "El problema es que siento una euforia completamente postiza, que no se corresponde con mi estado de ánimo real". ¿Habrá que inventar píldoras que nos hagan olvidar que tomamos píldoras para no hundirnos?

Hoy los periódicos llaman a la euforia y al triunfalismo. España 4-Irlanda 0. "Repite: Es-pa-ñol", titula uno de ellos. Me quedo fría, pero imagino que a algunos les vendrá bien un chute de ardor guerrero para recomponer el maltrecho orgullo nacional. Yo lo vivo como el Prozac de mi amiga, ese que le dispara la alegría pero no le hace borrar la evidencia de la crisis, del riesgo de intervención y de las tortuosas maniobras de esos hombres con poder que cualquier día serás destituidos, espero, por engañar en las cuentas, por despilfarrar en Marbella, por traficar con los votos conseguidos.

Pero a esos tipos, ya veréis, no los va a echar nadie. Ya están negociando "su salida".

Y siempre es más airosa que la tuya.

jueves, 14 de junio de 2012

¡NO LEÁIS ESTE LIBRO, ES TÓXICO!

Ando removida por un libro que no es lo que parece.

Ya lo mencioné un día, pero ahora estoy a punto de rematarlo y no quiero que se acabe. Desconocía a su autora, Irene Vilar, portorriqueña (y nieta de Lolita Lebrón, una figura del nacionalismo de ese país que ama mi mejor amiga), y jamás lo hubiera leído porque es la autobiografia de una adicta al aborto. O así lo vende ella misma a lo largo de un relato demoledor donde las quince interrupciones voluntarias del embarazo en dicecisiete años son como hitos siniestros en una carretera con curvas, precipicios y mucha desolación.

"Mi cuerpo, yo misma, mi cuerpo, mi castigo, mi odio"

No, nunca lo hubiera leído. En mi adolescencia se pusieron de moda los libros testionio con títulos tan disuasorios como "Yo, Cristina F" (o algo así). Era literatura basura (como los bonos españoles esta mañana) y explotaban sin pudor lo peor de las emociones. Había sexo, lágrimas, drogas y hombres abusadores que destrozaban la autoestima de la protagonista, y propiciaban conversaciones en el patio del colegio de monjas donde pasaban de mano en mano casi a escondidas, como las revistas porno que nunca vimos.
Irene Vilar

En "Maternidad Imposible" hay sexo (pero como de pasada, y sin atisbo de placer), hay drogas (dos hermanos de la autora fueron yonquis), y hay un hombre -un profesor mayor que ella, narcisista e implacable, que contribuye a destrozarle el frágil andamio emocional con el que sale al mundo. Así que admitamos que están los ingredientes para enganchar a adolescentes con hambre de morbo y secretos sórdidos de adulto. Sin embargo, se mezclan y se explican con un fin ulterior, con una precisión tan quirúrgica, sin perder un segundo el ritmo, el aliento y eliminando cualquier atisbo de gratuidad que haga sospechar de las intenciones de la autora, que al fin, si te preguntan qué has leído, no dirías solo "la historia de una abortista múltiple", sino "la historia de una superviviente de la dependencia emocional. De una mujer salvada por la escritura. Una radiografía de la familia y su poder destructivo y salvífico. Un relato psicológico tan rico y tan demoledor que no da tregua y te asfixia y te hace desear la salvación, la redención final, la luz al final del túnel.

Confesaré que no pude contener las lágrimas al llegar a la página 209. Y no hablaba de su enésimo viaje a la clínica para quitarse de dentro aquello con lo que Irene trataba de llenar su vacío. Era una conversación con su padre. El momento de la verdad donde ella le desvela su vida. Han estado separados muchos años, ella en EEUU y él en Puerto Rico.  Irene acaba de abortar allí y esta vez las cosas han ido peor. Hay una infección. Cuando su padre la recoge, hablan al fin y es  una catarsis por donde sale todo el dolor, desde su origen.

En respuesta a mi larga confesión, mi padre tomó el periódico del tablero del coche y lo abrió en la sección de deportes (...) Luego abrió los ojos y los clavó en los míos con tanta claridad y compasión que supe de inmediato que lo había visto todo... "¿Cómo es posible que mi hija haya sufrido tanto? ¿dónde demonios estaba yo?"

Lo dejo, porque me temo que yo misma estoy siendo disuasoria. Este libro provoca rechazo, me consta. Las mujeres que se acercaban a la caseta de Lengua de Trapo, la editorial, y cogían el libro, reaccionaban con un ligero sobresalto y volvían a dejarlo en su sitio. Este libro provoca calambres, provoca vértigo, te hace pensar en las relaciones tóxicas, en el dolor que a veces nos hacemos sólo para sentir algo, en la necesidad perentoria de perdonar para superar los dolores de la infancia.

Y en la literatura como tabla de salvación.

PD. Pensándolo bien, este libro habla del vacío. Ese precipicio...

miércoles, 13 de junio de 2012

POR QUÉ CORRO SI LO ODIO

Hacer deporte es bueno porque no tienes que pensar y se te pone buena piel.

Toda la vida escuchando esas proclamas engoladas sobre el esfuerzo, la superación, la lucha contra uno mismo y resulta que acabo de descubrir que si corro, no tengo capacidad de hacer cavilaciones funestas. Ni de otro tipo.

O sea, que yo bajo hecha un fantoche al parque, saludo a la afición  -dos vecinas que aún chupan condena de infancia- y empiezo el trote deshilachado, sin estilo ni excesivas pretensiones. Siguiendo las reglas de oro de mi gurú (la actual, antes fueron "En forma con Fane Fonda" y Eva Nasarre, una polvorilla con pelo afro y mallas refulgentes que sonreía mientras hacía estiramientos a cámara). Mi nueva mentora, digo, es maciza y simpática como sus predecesoras, lleva años en el tajo y se ha marcado un blog (http://yonocorrovuelo.blogspot.com) con las respuestas a mis retorcidas preguntas:

-¿Escupir está mal visto?
-¿Hay un preflato antes del flato?
-¿Si me congestiono puede darme un ataque al corazón?
-¿Cómo disuado a los chulitos que me pasan por delante con gesto de "voy sobrao y tú lo sabes, nena"?

Pero de todos sus consejos destacaré uno que me ha salvado de la hiperventilación, porque en mi colegio de monjas había una profesora de gimnasia muy borde que repetía: una inspiración, dos espiraciones. Y ahí me quedé yo, obedeciendo veinticinco años después a costa de asfixiarme.

-Por Dior, nena, respira por todos tus agujeros. Como puedas, tu cuerpo irá encontrando el ritmo adecuado.
-Y un suponer: Si no lo encuentra...

Lo mejor de hacer deporte, digo, es que sois tú y la tierra. Tú y las gotas de sudor que van empapando la camiseta. Tú y el mismo recorrido repetido varias veces que te anima porque esta vez has coronado una vuelta más. Tú y tus rodillas volanderas. Tú y las endorfinas, que pegan un subidón al llegar a casa. Tú y una ducha que sientes te has ganado...

...Lo peor es que te entra mucha hambre y si empezaste a correr para estar bien buena -una motivación como cualquier otra- la báscula te dice que pesas más.

-Es músculo, chukinas, puro músculo, murmuro.
-Ya, músculo...

Y mi músculo retozón y yo nos hacemos un Forrest Gum tarde sí, tarde no, para desafiar las tormentas, la fragilidad que nos desborda, los titulares funestos de los periódicos, la soberbia de los mercados, la tristeza de que llegarán tiempos mejores, pero aún no toca.

Porque mientras corres se abre una pista nueva en tu cabeza. Un starway to heaven. Y eres un mecanismo simple que sólo requiere cuerda. Y cuando crees que tus piernas no pueden más, tu corazón les manda un chute de energía para dar la última zancada.

Y es un placer detenerse al fin y sentir el cuerpo como nunca. El corazón al galope. Y dos o tres ideas lánguidas que tampoco tienen demasiada prisa por salir...

PD. Reproduzco, por su interés general, el último consejo de mi mentora: "A los que chasquean me los mandas a mí para que les de “candela”,amos hombre no me jo--s,te van a chasquear a ti! Que no ha nacido el hombre que te rechiste!". 
 

martes, 12 de junio de 2012

O PUNK, O NADA

Minichuki quiere un "vestido elegante" para la función de fin de curso. Cuando le pido que me explique qué entiende por elegante sólo acierta a señalarme el largo -por la rodilla- y un gesto de ceñirse la cintura. En el mundo del armario femenino a mi enana le faltan recursos y le sobra condescendencia.

Mi Chuki adolescente mira con desdén mis pantalones animal print (leopardo de toda la vida) y se atreve a llamarme "choni". Le digo que considerando sus patrones de elegancia es casi un piropo. Tres generaciones de chicas en una misma casa dirimen qué es eso de la elegancia y por qué ha sido devorada por el estilo. Un término mucho más llevadero, más democrático y, por desgracia, más inalcanzable.

Las elegantes arriesgan poco, por lo general, instruyo a las chukinas. Las estilosas, mucho. Las primeras resultan aburridas, con esa manía de ir conjuntadas, no salirse del tiesto y, muchas veces, gastar una fortuna a cambio de seguridad. Las estilosas pueden asaltar el mercadillo y hacen magia con tres trapos. ¿Como Kate Moss?. Sí, chitinas. O como Laura Ponte. Esa mujer capaz de mezclar colores, formas y texturas imposibles y conseguir un efecto armónico, divertido...y sobre todo único.

En mi breve paso por Londres, hace unos dás, constaté con pena que el look de las mujeres british -las únicas que conservaban intacta su identidad de los embates de la aburrida globalización- se había diluido hasta perder sus contornos. Aquellos leggings, los labios fucsia, el leopardo y la cebra estampados y esas blusas de rutilante color pastel brillaban por su ausencia. Las londinenses que yo veía desde el autobús podrían haber sido despreocupadas berlinesas, estiradas parisinas o madrileñas modelo Puerta del Sol.

Vestir de uniforme es una derrota social. Una igualación de aristas que nos hace menos violentas y mucho más tediosas. Las cadenas de moda pronta tienen la culpa. Venga Zara, venga Mango, Blanco, H&M... Todas han conseguido aglutinar en sus estanterías mil propuestas a base de lo mismo. El resultado es que somos fierecillas domadas, el equivalente a una casa amueblada de IKEA de arriba abajo. Las tendencias street style nos han rescatado y nos han intervenido sin que nadie proteste ni haya un debate sobre la pérdida de identidad estética.

"La española es muy de chaqueta safari color cámel", opina mi cuñada argentinísima. "Y el argentino de buen pelo", le respondo. La mujer safari suele ir a la peluquería con regularidad y pocas veces deja que las uñas de los pies se descascarillen. El día que le da por coquetear con el rojo la caga, con perdón. Suele llevar zapatos y bolso a conjunto y considera que el twin-set es el súmmun de la elegancia.

Todo esto viene a que en el fondo me gusta que Minichuki se haga sus estilismos delirantes y los defienda con uñas y dientes. Que pase un buen rato seleccionando una camiseta, jeans y deportivas según unos patrones que no pasarían las normas ISO de nuestro barrio ni con manga ancha. Ahora toca un "vestido elegante" y me temo que va a entrar por el aro que sostienen sus  amigas, niñas más bregadas en el asunto de los lazos, las bailarinas y los vuelos al viento. 

Nos están convirtiendo en clones y el que avisa no es traidor. El siguiente paso será pensar lo mismo, defender las mismas ideas y hacerte amiga de una mujer safari con mechas finas. A partir de ahí...todo estará perdido.

Un nuevo movimiento punk. Eso es lo que nos está haciendo falta. Voy a ver cómo me sienta la cresta...


lunes, 11 de junio de 2012

TIEMPO DE EUFEMISMOS

¿Si te rescatan y lo llaman "ayuda" es como si te  escupen y lo llaman "hidratación"?

Ese señor barbudo en las gradas que aplaude el partido de fútbol se siente feliz de que nos hayan rescatado con otro verbo menos lacerante. "Fui yo quien lo pidió", explica orgulloso de su gesta.

El nuevo liderazgo consiste en dejar hacer, dejar pasar, pero fingir que nunca perdiste el control en el puente de mando.

Ayer me sentía muy tonta leyendo con lupa los periódicos para ver si conseguía entender a fondo lo de los cien mil millones. La madre de mi amiga A. la había llamado muy ufana: "ya no te tienes que preocupar por el futuro, nena, que nos han dado un dineral".

Al español medio le prestan pasta y siente que le ha tocado la Bonoloto. Se llama optimismo de estado. Entonces el español medio enciende la televisión y se pasa la tarde animando a su héroe Rafa Nadal, que ya vendrán tiempos mejores.

Dale anestesia al pueblo y sonreirá al tipo que sonríe en la grada.

A mí la noticia del ¿rescate? me hace pensar que a fuerza de repetir ¡que viene el lobo!, el lobo termina viniendo. Y casi es un alivio porque resulta más estresante permanecer en guardia toda la noche que rendirse a la evidencia del ataque y a la dentellada de unos colmillos si has preparado el kit de primeros auxilios. O sea, un partido de tenis y otro de fútbol. Quien canculó los tiempos del rescate se aseguró de que fuera un día plagado de estímulos.

Volvemos a lucir la vitola de país pobre. Fin del sueño.  Este verano, cuando salgamos al extranjero, tendremos que escuchar comentarios sobre nuestra  mala fortuna, el enclenque escorzo de nuestros líderes, sobre la voracidad de nuestros banqueros. Y  más vale que hayamos ganado Roland Garros, la Eurocopa y algunas medallas olímpicas para responder al estilo Rajoy: tranquilos, ya pasó lo peor. Nos quedan la furia y el himno nacional.

La otra noche, en una fiesta de amigos, escuchamos a todo trapo el himno soviético y enmudecimos sobrecogidos. Resumía toda la gloria, toda la sangre en la batalla, la supervivencia cuando todo se ha perdido.

Todo se ha perdido. Y los acordes del himno nacional no deberían tapar las voces que preguntan si ahora que fluye sangre al débil sistema los primeros en recuperarse serán los que nos desangraron.

Rezo por un outing de desalmados que se lucran con la desgracia ajena. Os desprecio, escupo a vuestros pies y os tiro la medalla a la cabeza. Metéosla por donde os quepa.

El orgullo tarda mucho en curarse. La confianza tal vez nunca vuelva.

PD: (Para escuchar el himno que os cuelgo poned el volumen a tope).

sábado, 9 de junio de 2012

LAS CINCO REGLAS DEL TALENTO


"El éxito no es una confirmación del talento".

Lo dice Yasmina Reza y ya me quedo mucho más tranquila. Se trata de una de esas perogrulladas que sin embargo conviene que alguien con cierto talento y éxito indiscutible pronuncie en voz alta para que no se nos olvide que una parte de los triunfadores que nos rodean son fruto de la carambola, el arribismo, el ingenio oportunista del marketing o la vulgaridad social que los aúpa.

Cuando nos vienen mal dadas solemos señalar con el dedo al que triunfa, y lo sometemos a un juicio sumarísimo destinado a comprobar si lo merece o no. En caso negativo, desenfundamos las armas y con ellas cierta envidia tiñosa porque en el fondo pensamos que somos mejores. Yo, que tengo un talento probado para la detección de la falta de talento (poco útil, pensaréis, y tendréis razón) suelo poner caras raras cuando tengo delante de mí a alguien haciéndome la danza de los siete velos con frases rellenas de nada. Se me nota porque cambio de postura, me toco la barbilla y termino evitando el contacto visual de manera ostensible.

Con los años he desarrollado una verdadera veneración por las personas capaces de decir: "Yo de eso no sé". Normalmente su prudencia encierra sabiduría, por lo tanto talento, pero pocas veces éxito.

Un tertuliano es ese ser capaz de opinar de todo sin convicción ni talento. Hay excepciones, pero tengo a uno enfilado en mis noches locas de Hora 25 (cadena SER). Se trata de un director de revista que  teje discursos vacíos con entonación de actor bregado en la tragedia griega. Un singermorning que puede defender una causa y su contraria sin despeinarse ni aportar a la idea medio toque personal. El tipo tiene la desgracia de rodearse de voces más brillantes que literalmente se lo comen hasta hacerlo enmudecer, pero imagino que está allí porque se le considera un hombre de éxito. Un director.

Me irritan los que saben un poco de todo y funcionan en sociedad con ese barniz que los convierte en protagonistas a la mesa. Son esos señores (y a veces, menos, señoras) que llegan, sirven el vino y te cuentan tres scoops para epatar: "¿Sabías que a fulanito lo van a despedir con una indemnización millonaria y que su mujer le pone los cuernos con el jefe que le va a dar el finiquito?". La mesa enmudece y orienta sus antenas hacia el vocero, que surtirá de bazofia informativa el largo trecho que va del salmorejo al lomo alto con patatas.

Diré, para no dar más pistas que me condenen al ostracismo bloguero, que aplaudo ese espectáculo grandioso del ser con talento que besa la gloria después de haber pasado años sin perseguirla como un enano faldero. Suelen ser gente brillante que no saca sus plumas a pasear, pero las cuida amorosamente por las noches. Esas personas que justo después de decirte "yo de eso no sé..." aventuran una hipótesis humilde que te deslumbra, y después se marchan sin escuchar la ovación.

A continuación, y consciente de que el talento de hablar con ligereza de las cosas se volverá un día contra mí, os dejo con las cinco reglas del éxito según Los Simpson. Mis favoritas:

1) Rompe esquemas
Una  de las principales razones del éxito de Los Simpson es que rompió con los paradigmas: una caricatura que en lugar de dirigirse a los niños se dirige a los adultos y que hace una sátira de la sociedad y cultura (o más bien incultura) estadounidense. Los Simpson fue la primera serie en alcanzar los 30 capítulos en la cadena Fox y el primero de la emisora en colocarse en el ranking de los 30 programas más vistos.

2) Ante todo la creatividad
Más de 500 capítulos lo demuestran: la creatividad es la principal fortaleza de los guionistas y productores de Los Simpson. Si no fuera por esta cualidad, la serie hubiese terminado hace años. Para tener éxito con tu empresa debes fomentar siempre la creatividad; creatividad para atraer a los clientes, para gestionar a tu equipo, para hacer marketing y para resolver problemas.

3) Rodéate del mejor equipo
Desde sus inicios, James L. Brooks y Matt Groening han sido los productores ejecutivos y consultores creativos de casi todos los capítulos, asegurando la calidad del show. Además cuenta con un sobresaliente equipo de guionistas (conformado por 16 escritores ) y por un reconocido equipo de voces con figuras como Dan Castellaneta, Nancy Cartwright y Hank Azaria.  Una de las claves del éxito empresarial se encuentra en el poder de su capital humano. Rodéate siempre del mejor equipo, de colaboradores talentosos que contribuyan a alcanzar las metas de tu compañía y entrégales incentivos para retenerlos. 

4) Adáptate a los tiempos
La evolución de Los Simpson es palpable en todos los aspectos: en los personajes, en la tecnología de los gráficos animados, en los temas y en la aparición de las celebridades del momento. Aunque Los Simpson siguen cautivando al público que los vio nacer, constantemente buscan captar nuevas audiencias y posicionarse entre las nuevas generaciones. Es un grave error creer que si tu compañía ha funcionado así durante 20 años no necesita cambiar. El mercado se transforma todo el tiempo.

5) Emociona a tu público
Es un hecho: aquellas empresas que logran provocar un sentimiento o una emoción en el público tienen más éxito. Los Simpson lo hacen mediante una de las más atractivas y efectivas: la risa. Aunque en algunos capítulos también nos hacen llorar, su principal referente es el humor. El marketing emocional es una de las mejores estrategias para conquistar a los consumidores.



http://www.soyentrepreneur.com/10-reglas-del-exito-de-los-simpsons.html