jueves, 30 de agosto de 2012

RESILIENCIA AL DESAMOR

Resiliencia: Capacidad que posee un individuo frente a las adversidades para mantenerse en pie de lucha con perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas.

De todas las capacidades del ser humano, la resiliencia se me antoja la más contemporánea. Y sin embargo apenas se habla de ella. La RAE ya ha admitido el término pero sin mencionar a Friedrich Nietzsche, autor de la sentencia “Lo que no mata me hace más fuerte” (El Ocaso de los ídolos). O, en español vulgaris, "lo que no mata, engorda".

Resiliencia es una de esas palabras que me excitan las orejas. Posee la sonoridad líquida precisa, la emplean los psicólogos y tú la recibes como un piropo mucho más exclusivo que cualquiera de los del menú clásico (ejemplo: "qué buena estás, corazón").

Todo esto viene a que ayer alguien me dijo: "Tú eres una resiliente del desamor", y ahí me quedó eso. Creo que de todas las catástrofes, las sentimentales siempre se superan, de manera que la resiliencia del corazón sería como el valor en la mili. Algo que se da por supuesto. Cuestión de tiempo, de reparación minuciosa en el taller de cuidados intensivos. De cenas con amigos, de intimidad doméstica y de reordenación de las piezas del puzzle vital de cada uno.

Osho, ese gurú...
Sí, esto me está saliendo muy estilo Pablo Coelho, ese gurú brasileño con vitola de escritor que atrapa a las masas con sentencias tontas envueltas en celofán rimbombante. Y sí, ahora se ofenderán aquellos que tiran más a la autoayuda que a Nietzsche. Pero una no es resiliente a los hierbas, y eso incluye todo, desde el tofu en la dieta hasta los consejos baratos para concatenar obviedades. Tiendo a alterarme cuando se me acerca un tipo, pongamos, que lleva en la mano una revista llamada "Cuerpo y Mente" como quien lleva un volumen de la Enciclopedia Británica. Y ahora se me enfadarán los de la cofradía del Omhmmmm y los que piensan que Osho no es el oráculo de los dioses, sino el mismo dios de la meditación. Responsable de máximas parafilosóficas como las siguientes:

"La vida no es un negocio para ser dirigido, es un misterio para ser vivido. Ha llegado el momento de romper la tarjeta con los horarios, abandonar la fábrica y hacer un pequeño viaje hacia lo desconocido"

"Estás fuera de la prisión, fuera de la jaula. Puedes abrir tus alas y todo el cielo es tuyo. Todas las estrellas y la luna y el sol te pertenecen. Puedes desaparecer en el azul del más allá… Simplemente deja de aferrarte a esta jaula, sal de la jaula y todo el firmamento es tuyo".

Terrorífico, ¿verdad?. Droga dura para cerebros poco resilientes a la tontería. Sobreponerse o morir, sí, pero mejor teniendo entre las manos un buen libro, un café bien cargado y un botiquín lleno de tiritas para rasguños del corazón. 

Resilientes del mundo en crisis, yo os invoco.  Salgamos de los escombros en cuanto pase el huracán. Y dejemos de leer mamarrachadas para adolescentes con carpeta de Justin Bieber...

miércoles, 29 de agosto de 2012

BUSCO A JACKS

Mr&Mrs Romney
Yo de mayor quiero ser esposa de líder republicano. Renunciar a todo por mi marido mormón y salvar América mientras salvo a mi familia de los escollos de la vida disipada. Me parece que una mujer no se realiza -qué gran verbo- si no muestra una batería de gestos de sacrificio, sumisión y magdalenas humeantes en el horno.

Es duro levantarse y comprobar en los periódicos que esa mujer, Anne Romney, es noticia por su renuncia a su propia identidad. Por ser "el bálsamo" -lo juro, lo pone- que calma las irritaciones a su marido. Su currículum dice que estudió en francés, que ha sido amazona profesional y que tiene esclerosis múltiple diagnosticada. Y es rubia, porque así deben serlo las aspirantes conservadoras a cualquier trono que se precie (y algunas demócratas, vive dios).

Ser esposa de republicano, mi sueño, implica caer en un gazpacho de términos que riman con la abnegación. Cumplir con el débito matrimonial los sábados y fiestas de guardar, mientras  los Obama follan día sí, día también. Ir al servicio religioso de la mano con tus cinco hijos como cinco estandartes medievales y participar en las charities para recaudar fondos a favor de la lucha por las víctimas del huracán Isaac, ¿un castigo divino, una señal del cielo que pide cambios inmediatos y mujeres en casa con la nevera llena?

El hombre de mi vida republicana sabrá cerrarme la boca con dulzura. Me indicará con un gesto que queme los zapatos de tacón de más de cuatro centímetros. Que organice un holocausto con los autores malditos de mi biblioteca. Exiliará mi lencería más sexy al país de nunca jamás, borrará de mi agenda los teléfonos de mis compañeros de gin tonic y cine de autor, saboteará mi diccionario personal y querrá que las Chukis vistan a conjunto y vayan bien peinadas por una vez en su vida. Y todo lo hará por amor, por mi bien, para salvar la patria y de paso regar nuestro jardín de flores importadas de Extremo Oriente. Y yo lo recibiré cada noche con una sonrisa y mi mejor cardado, mientras suela de fondo "Edelweiss, Edelweiss".

Me parece que la influencia de Mad Men ha llegado demasiado lejos. Su estética cautivadora, el frufrú de las faldas esvasé, la delicadeza de esas cinturas de avispa y las barbacoas al atardecer nos pintan un mundo aspiracional recuperado por mentes tan perversas como hábiles a mayor gloria de la televisión. América sigue siendo un ejemplo aspiracional para la sufrida Europa, acomplejada por los rescates y sus enclenques  líderes vapuleados.  Y esa mujer, Mrs.Romney, es una nueva Nancy Reagan en versión descafeinada. Una jaca mal vestida que terminará en la portada de alguna revista femenina que no sea VOGUE (Anne Wintour ya ha apostado por Michelle y esa mujer no retrocede de sus posiciones ni para tomar impulso).

En tiempo de crisis los valores ultraconservadores se refuerzan. Avisadas quedáis, mujeres. Yo, por mi parte, busco a Jacks. Mi Romney, mi destino. Dios salve a América, los pancakes y las series HBO llenas de estereotipos tentadores.

Abnegadas del mundo, ¡uníos! Y encended los hornos, que es la hora de las magdalenas.

PD. El video que cuelgo hoy no pega ni con cola, pero hace tiempo que tenía ganas de incorporarlo. Los dúos incestuosos me ponen toda loca. Sí, a las republicanas nos dan ramalazos...




martes, 28 de agosto de 2012

EL CUERPO TIENDE AL DESACATO

Llevo buena parte del verano durmiendo en un colchón sobre el suelo, en medio del salón, para burlar los calores del asfalto. Se trata de una colchoneta dura, de 90x180 cm, más de celda de monja franciscana -"hermano Sol, hermana Luna"- que de rubia con flamante cama de látex y sábanas de algodón egipcio.

No es que el apaño sea cómodo. Mis riñones recuerdan cada mañana que no nací para faquir, pero hay algo en la sensación de sentirme sobre la tierra que me engancha y me retiene allí varada, mirando las estrellas de un cielo que no se muestra del todo, pero que rompe cada amanecer con el estruendo de los primeros autobuses, el trasiego de los jardineros municipales y los trinos de algunos pájaros de ciudad que sobreviven a nuestros desmanes.

A veces una postura incoveniente dispara las ideas. Eso pienso, y repaso la nómina de escritores que optaron por maniobras poco convencionales para dispersar sus delirios sobre el papel. Cambiar de postura te cambia la mirada como subirte a los tacones otorga torpe poderío. Mi fisio se encarga después de devolver cada articulación a su estado original, con poco éxito. El cuerpo tiende al desacato, y esta es una de las certezas que he acuñado en los últimos tiempos, y que repito cuando salgo a correr de madrugada rezando para que Jack el Destripador no madrugue y esté agazapado en ese parque del que mis piernas han memorizado cada curva, cada calva de hierba y cada aspersor titubeante.

¿Estás ahí, Jack?
Mis amigos deben estar hartos de escucharme contar mis modestas proezas al trote. Pero descubrir tan mayor que el deporte limpia las cañerías del corazón es un hallazgo sobresaliente. Una rutina que aleja la tentación de los malos pensamientos.

Ahora entiendo lo baldío del discurso de algunos deportistas. Son cuerpo. Pura sensación, desgaste y territorio ganado a la santa voluntad. Y en eso se les va la vida, mientras otros ánimos torturados se aplican a las lecturas y a la introversión al tiempo que los músculos van perdiendo el sentido y, asténicos, dejan de pedir pista de aterrizaje.

Correr de madrugada es un ejercicio de absoluta soledad. Hacerlo por la tarde noche, como ayer, un acto social.  Te cruzas con otros que sudan, que escupen, que marchan al son de sus I-pods. Con los que salen a ligar con coartada perruna. Con pandillas de adolescentes que beben y fuman y te miran con esa cara de "menudos pringados". Con padres que echaron el rato con los niños vuelven a la caída del sol, al baño y a la cena sin tregua y sin vocación.  

Y en la distración se te olvida tu cuerpo, dejas de escuchar los latidos, la evasión centrífuga de los muslos, el desvarío de los codos, el choque de los dedos sobre la tierra, el jadeo de la respiración y el devenir de las gotas de sudor que atraviesan la camiseta y te recuerdan que ya queda poco, que ya queda menos.

Y entonces pienso que duermo sobre el suelo para seguir sintiendo  mi cuerpo. Y para evitar tentaciones a la mente, sometida a la disciplina y sin huecos para la obsesión hasta nuevo aviso.







lunes, 27 de agosto de 2012

SI UN OCTOGENARIO TE SACA A BAILAR (Dirty Dancing)

Dirty Dancing
Hay hombres que no se rinden. Especialmente cuando tienen un pie en la tumba.

Mi amiga C. salió con su madre a bailar a la típica boite hortera de hotel de playa. La una está triste y la otra deprimida diagnosticada, de manera que el plan era poco ambicioso pero eficaz a priori: marcarse unos dirty dancing en el mejor de los casos, con un vaso de alcohol ligero en las manos. Dinamitar a ritmo del chachachá los vahos de la melancolía.

Y entonces llegó él. Un señor que podría protagonizar un anuncio de viajes del IMSERSO. Pulcro, repeinado y mayor quien, ni corto ni perezoso, sacó a bailar...a mi amiga.

-Nena, este señor te está diciendo que si bailas.
-Ay.,,(respingo)...No, yo el pasodoble no lo domino. Haga el favor de sacar a mi madre (que está más cerca de su edad)
-¡Ni hablar! (respondió la madre en un ataque de dignidad)

"Fue un disparo en toda mi línea de flotación", relata C., que finalmente y, dada la insistencia del caballero, terminó concediéndole un único baile, que el aspirante agradeció agarrando cintura con firmeza para confesar que se sentía un chaval a sus ¡88 años!

Segunda secuencia. En una farmacia, una rubia con mechas espera turno para pedir su ración de pastillacas ataráxicas. A su lado, otro señor, de unos 65, alto y bien conservado, pide al farmaceútico "Levitra", con cierta indisimulada ansiedad.

-No lo tengo aquí, pero se lo pido para mañana.
-Demasiado tarde...

A la rubia le entra la risa porque acaba de caer en que la Levitra es una especia de Viagra, pero de otro laboratorio. Y está claro que el señor tiene una cita ineludible esa misma noche y necesita que todos los músculos de su anatomía respondan.

Me gustan los hombres (y las mujeres) con determinación. Pero últimamente los más aguerridos podrían ser mi padre y esta reflexión basada en una estadística del todo a cien me lleva a la siguiente: ¿Qué ha pasado con la impulsividad de los treintañeros, con la seguridad de los cuarentones? ¿Acaso a partir de los sesenta hay un renacimiento varonil del que no teníamos documentación? ¿A los ochenta se puede entrar a Kate Moss, un suponer, porque un NO nunca será una humillación, sino la prueba de que hubo  un órdago a la grande?

Tercera secuencia: Una mujer recibe por Whatsapp nueve mensajes del ex noviete de su hija adolescente. No los abre de inmediato, no quiere líos. Cuando por fin los lee se encuentra con que no iban dirigidos a ella. "Tío, paso de fiestas y de tías, joder", dice en uno de ellos. Y no puede evitar pensar que en realidad no es un error, sino que el quinceañero quiere que la madre de su ex chica lea que sigue queríandola y que aún tiene el corazón roto pese al transcurso de un verano que a esas edades cicatriza cualquier herida.

Y sabe que con suerte esa mujer se lo comentará a su hija, y que para cuando vuelvan a encontrarse en el colegio tal vez ella recapacite y se marque un baile de pupitre con él. Y a esa madre el asunto la conmueve, y se pregunta si septiembre no será ya nunca más el mes de la vuelta al cole, sino el de las tiritas del desamor. El arranque de la destilería de la tristeza. El baile de salón con uno mismo. Patrick Swayze como un fantasma que te agarra, te lanza, te recoge y te obliga a centrifugar las telarañas del alma.

Cuarta secuencia. Tres amigas cuarentonas quedan para tomar unas cañas a la vuelta de las vacaciones. Cerca de ellas para un coche tuneado lleno de veinteñeros. Uno de ellos grita: ¡¡Joder, son Los Ángeles de Charlie!! 

Y entonces el tiempo se detiene. Y ellas se ríen y hacen la media entre el octogenario del pasodoble y el adolescente enamorado hasta el tuétano.

Y el resultado es la vida. Congelada en algún lugar entre septiembre y la eternidad. Y toca bailar, y bailar.


sábado, 25 de agosto de 2012

LOS CHICOS CON LAS CHICAS

Estudié en un colegio de chicas, ministro Wert, y con el tiempo la segregación que usted defiende ha resultado ser una catástrofe.

Tanta mujer uniformada junta era una bomba hormonal de relojería que las monjas reactivaban cada mañana. Sí, hay estudios que aseguran que el rendimiento se dispara cuando no mezclas chicos y chicas, pero también hay compuestos químicos explosivos que se comportan en probetas con cierta inocente naturalidad, pero cuando salen del laboratorio provocan hecatombes. Y ese fue el caso.

Las niñas de las monjas vivíamos recogidas en las aulas de "con flores a María". De los chicos sabíamos lo que teníamos en casa, en el mejor de los casos. De manera que el hombre era un ente idealizado con el que tardaríamos mucho en interactuar y que dio pie a un sinnúmero de fantasías tontorronas. Si a esto le unes la precaria educación sentimental recibida, el resultado sólo podía ser una catástrofe.

Para cuando tuvimos las primeras pandillas mixtas ya era tarde. Como presentarte a unas olimpiadas sin más entrenamiento que las dos horas a la semana de educación física con las que mareábamos el patio vuelta a vuelta. Un hombre, bajo nuestro sesudo punto de vista segregado de niña del Mater Inmaculata, era un ser distinto, excitante y un punto amenazador.  Y debo reconocer que por debajo de esa percepción yacía otra inoculada silenciosamente: los hombres se distraían, eran menos capaces. De ahí a pensar que pese a todo jugaban con grandes ventajas sociales y que por tanto nosotras debíamos apurar para cogerles la ventaja en cuanto saliéramos al mundo mixto, había un paso.

O sea, que el feminismo mal entendido surgió en los colegios de monjas. Esas mujeres asexuadas y retorcidas -con excepciones- que no habían conocido más varón que a Jesucristo y que pensaban que sus vástagas debían seguir el ejemplo durante esos años adolescentes sin medir que muchas saldrían desatadas por conocer, por experimentar como si el hombre pudiera ser el jeroglífico que diera la respuesta a sus reprimidas curiosidades.

Me gustan los grupos mixtos. Los sandwiches mixtos. Las verdades unisex. El gin con tonic. Me gustan los hombres, he aprendido de ellos a pesar de las monjas. Y también me he reconciliado con los gallineros de mujeres (y espero que se me perdone esta licencia sexista) Mis viajes sólo chicas con amigas o con mi hermana y mis cuñadas son siempre desternillantes. No apoyo por definición a los colectivos de mujeres, pero en algunos temas aún me cuesta ser imparcial. Detesto a las ex mujeres que chupan la sangre a sus ex maridos/parejas y los desposeen de su casa, de una parte importante de su salario, de su dignidad y de sus proyectos de vida. Y a mi chuki pequeña la metí en una cuna con Mateo, el bebé de mi amiga B. nacido pocos días antes, en un acto simbólico de integración de sexos desde los primeros balbuceos.

Así que ministro Wert, usted sabrá lo que hace. Todos tenemos derecho a decidir con quién estudian nuestros hijos, desde luego, pero puede que separar lo que la naturaleza ha unido en pro de un rendimiento superior no deba premiarse con subvenciones estatales. 

Y eso no lo descubro yo, desde luego. Ya lo hicieron Los Bravos en 1967, el año en que nací. Y no hay mayor filosofía que una canción pop de cuya letra nadie mayor de cuarenta años se ha olvidado.





jueves, 23 de agosto de 2012

MADRID,ROD STEWARD,MADRUGADA

De todos los hombres con aspecto de mamarracho que en el mundo han sido, mi favorito es Rod Steward.

No me gustan los peliteñidos, ni en general los rockeros de caderas estrechas y pitillo marcón, vaya por delante, pero Rod era, es, otra cosa. Un tipo con una voz arenosa y distinta de todas las que mis oídos habían registrado cuando invadió mi mundo de Los Payasos de la tele y Los Chiripitiflaúticos con aquel Do you thing I´m sexy? que quemábamos en las pistas del salón de casa, en 1978 (la canción, compruebo hoy, formaba parte de un álbum titulado Blondes have more fun, y hoy pienso que lo de las mechas, las mías, pudo tener ese origen).

Rod, a mis once años, era un transgresor con un muchas inflexiones de ternura. Un hombre de esos que nunca te dejaría llevar tu padre a casa. Un espíritu escurridizo bajo una piel hecha a base de humo y madrugadas.

Anoche, después de cenar con mi amiga L. en un coqueto café cerca del museo del Prado, volví a casa con mi Rod a tope, decibélica perdida y sin ganas de llegar a mi destino. Ese rubio falso que alimentó mis fantasías me cantaba baladas al oído mientras el camión de la basura recorría las calles de una ciudad aún huérfana de ruidos por las vacaciones. Hacía calor, mucho calor, pero ni Rod ni yo parecíamos notarlo. Y Madrid lucía bella, despoblada y pálida.

"Mi favorita es la vista desde la Puerta de Alcalá", me dijo L. Y yo le confesé que nada me excita más que volver a casa tarde, muy tarde, atravesando la Gran Vía, en sentido contrario a la perspectiva Antonio López. Mejor al volante (aunque esto me convierte en un Enola Gay de corto recorrido, porque mi visión nocturna deja mucho que desear). Y preferiblemente con mi Rod Steward desgañitándose mientras una puta cruza el semáforo desganada y un grupo de guiris borrachos se desparrama aquí o allá antes de recoger sus pedazos en una pensión de mala muerte.

Amo Madrid y a veces la odio. Pero siempre que la recorro de noche me reconcilio con su áspera grisura, con sus mercurios de agosto, asfixiantes, con su envidia de mar. Y entonces quiero que el tiempo se detenga en una glorieta, la de Alonso Martínez, y quedarme dando vueltas con asombro de extranjera que descubre por primera vez la belleza bajo una cornisa o la llamada de un café sin el chic del parisino, más salvaje, menos design...

P.D. Debo confesar que no siempre le he sido fiel a Rod Steward. Pasaron muchos años hasta que volví a comprar un disco suyo, esta vez una casette, en mi viaje de novios. Lo escuché una y otra vez, hasta que se rompió. Mi matrimonio también se rompió, pero nunca he vuelto a abandonar a mi rubio de bote de voz cascada. Es la esencia misma de las vueltas a casa. Sola, fané y descangallada.



miércoles, 22 de agosto de 2012

LA DIETA DEL CAFÉ CON PORRAS

Cuando era pequeña tenía terror a los análisis de sangre y a las inyecciones. Es una fobia bastante común, así que no me haré la especial. Mi madre me arrastraba por los pasillos de aquel centro de salud que entonces se llamaba ambulatorio y yo temblaba viendo cómo avanzaba el turno y la gente salía comprimiéndose el brazo con el algodón sangriento. Entonces cerraba los ojos y pensaba en el desayuno de después, que siempre era café con porras. Porque entonces a los niños nos daban café y nos llevaban sin atar en el coche, entre otras imprudencias temerarias que no parecen habernos traumatizado.

De mayor sigo con el truco de las porras. Cada vez que tengo un trago amargo por delante pienso en el beneficio de después, y una parte del nudo tirante se afloja. Ayer se lo contaba a mi amigo M. mientras tomábamos unas cervezas en un extraño merendero de Madrid. "Piensa en las porras con café, ya verás", y los dos nos juramentamos para grandiosos desayunos post tristeza.  

La vida siempre te ofrece una puerta de emergencia y encima no te obliga a tragarte a una azafata pintada como una puerta describiendo con desidia a dónde hay que dirigirse en pleno pánico, por no hablar de la ironía esa de tener que lanzarte al vacío antes de hinchar el chaleco salvavidas (que lo sepan todas las compañías aéreas del mundo, especialmente Ryanair, con la que vive dios que no volaré jamás una vez conocido el alcance de sus desmanes. En caso de evacuación sobre el mar, sé de una que sólo saltará con el chaleco hinchado a tope, casi reventón, o no saltará)

Las crisis pasan, los desayunos a pie de barra del bar permanecen. Hay algo místico en el acto de sentarse sola en un taburete, bien de mañana, pedir el café y pensar en las musarañas mientras el camarero te pregunta si lo quieres con leche templada o caliente.

Los dilemas sencillos, como este, ayudan a las mentes atormentadas a relajarse por un rato y dejarse vagar por las estanterías llenas de botellas de alcohol. Yo tiendo a fijarme en la división "ginebras del mundo", y catalogo el establecimiento en función de las disponibles. Pero los mejores bares para el café con porras, avisados estáis, suelen disponer de una o dos marcas, las más cutres, y cuesta encontrarlas entre la luz mortecina y amarillenta de sus neones.


Hay tristeza en el bar por la mañana, pero nada que no levante un buen café aunque sepa a rayos. Y entonces, mientras mojas la porra y esperas a que deje de chorrear y le pegas un mordisco, es como si empezaras a despertar de un letargo, de una pesadilla digerida antes de tiempo.

Y todos tus peores presagios empiezan a desdibujarse.




lunes, 20 de agosto de 2012

FRÁGILES

"Frágiles", la nueva serie de Santi Millán
El último veneno para mi organismo es una inocente aspirina. La última que tomé, ayer, me llevó a la carrera a urgencias con la glotis inflamada y mi hermano conduciendo a lo loco. Con ella, ya tengo tres enemigos localizados, los otros son el Ibuprofeno y cierto anestésico con el que el dr Mengele me achicharra los ojos de cuando en cuando. Que tu enemigo tenga apariencia tan inocente no lo convierte en menor, sino todo lo contrario. Y aquí podría poner una lista de degenerados con aspecto anodino que desataron guerras, matanzas y hambrunas en la población mundial.

O te calma, o te mata
Ser tan vulnerable te coloca en un lugar extraño frente al mundo. Ayer, en mi convalecencia acetilsalicílica, vi un trailer de la nueva serie "Frágiles", de Santi Millán, un tipo que protagonizó mis sueños más calenturientos cuando hacía Siete Vidas y un largo y volandero flequillo le tapaba la cara.  "Frágiles", me parece, es un gran título porque así nos sentimos todos, vapuleados por la crisis o por una simple aspirina. Lo poco que se vio pinta feo. Diálogos plúmbeos, encorsetados, a la española (con perdón). Pero algo me dice que puede que sea un éxito porque apela a eso que en la universidad se llamaba el I.H, o sea, el Interés Humano. Y el IH está más frágil que nunca.

Mi mente ya pasea por septiembre, y se asombra de la performance de JulianAssange como nuevo villano convertido en héroe, de la conversión del juez estrella Garzón en abogado por demostrar, de la reaparición de Bachar el Asad rezando en una mezquita, como si tal cosa, mientras los sirios mueren a puñados. El rescate está al caer, Gibraltar anda al rojo vivo con nuestros marineros faenando pese a la prohibión y a Urdangarín le han bloqueado sus cuentas en Andorra y Suiza. Otoño caliente, a más de 30 grados, cuando algunos aún no han vuelto de las playas.

Nunca un agosto fue tan frágil. Al hedonismo le ha vencido el catastrofismo, y algunos exhorcizan los demonios haciendo una paella en familia. Es tiempo de ritos cálidos y de decisiones radicales. Me pregunto cómo analizarán los sociólogos y pensadores de mañana los cambios que están sucediendo hoy. Me pregunto qué hace Zygmun Bauman, el gran teórico de la modernidad líquida, convertido en estrella de un festival reaggea. De momento ya ha dado una pista:

“Vivimos en una época en la que los viejos paradigmas han dejado de funcionar antes de que estuviese listo el nuevo mundo. Uno de los principales problemas de nuestro tiempo es que nos estamos distanciando del pasado a toda velocidad, pero sin ser capaces de definir el porvenir”.
Assange, ¿héroe antisistema?

El porvenir, ¿eso qué es?, se preguntan muchos.

(Santi Millán, por el momento, se ha cortado la melena y con ella ha renunciado a su sex appeal. Y mi enemigo más encarnizado inmediato, por el momento, es una simple aspirina)

Somos frágiles, lo somos. Menos mal que nuestro presidente Rajoy ha vuelto de sus vacaciones y trabaja hoy en su despacho para levantar el país.


sábado, 18 de agosto de 2012

SEÑALES SATÁNICAS

Mi vecina la poseída satánica ha vuelto por sus fueros. Anoche volvió a engancharse con su madre en una bronca a grito pelado por el patio que ríete de las del Sálvame, ese manual de la verdulería decibélica más cutre. Por si fuera poco, a la poseída se unió la bipolar del séptimo, una loca que, junto con su madre, tiende sólo dos toallas y unas bragas, a las tres o cuatro de la mañana y con el correspondiente estruendo, acompañado de una  música de fondo de Camela. Tres torturas en una.

Así, pues, ya estamos todas. Y como yo venía del silencio, me he sorprendido berreando por la ventana a las cuatro chungas: "¡¡¿podeís dejar de hacer ruido, brujas?!! Ser insomne militante y no haber previsto que la ciudad está llena de desequilibradas ruidosas es carecer de previsión. Y no sólo eso. también olvidé el Fogo antimosquitos, y cuando las locas han terminado sus respectivos conciertos me ha despertado el zumbido de un bicho junto al lóbulo de la oreja, de modo que he tenido que recorrer la casa para buscar el aparatillo y su pastillaca de olor dulzón. Conseguido erradicar la plaga, he sentido un calor insoportable que me ha hecho emigrar al salón, donde he tomado al asalto el sofá, encendido el aire acondicionado y comprobado cómo la madrugada se rompía hasta que se hacía la luz.

Un horror, sí, pero esta es mi real life. Menos mal que tenía el Vogue Colecciones a mano y me he empapado de tendencias, mientras saboreaba un café tras otro sin nada más. Porque, lo confieso, he engordado un poco de tanto queso cabrales y tanto torto frito, pero quiero pensar que es masa muscular porque a cada exceso seguía una carrera bien resudada, en un equilibrio casi perfecto de ingesta/quema de calorías. Si a eso le unes que apenas he visto el Telediario, el resultado es prácticamente Detox.

La rutina nos hará libres, estoy segura. Mis Chukinas ya se fueron y echo de menos sus presencias ruidosas. La casa está limpia y ordenada, demasiado perfecta, y sólo el cuarto de la adolescente ha quedado como ella lo dejó ayer: un bote de crema aquí, una horrorosa laca de uñas allá. Y no pienso recogerlo porque se me hace más vivo, más real. Y Minichuki ha dejado su último disfraz estrella -detective privado/abogado capullo- en una bolsa de supermercado, porque ella sabe que para esconder lo importante lo mejor son las bolsas cutres (Julián Muñoz, ex alcalde de Marbella, escondía dinero negro en bolsas de basura, creo recordar).

Para terminar mis desgracias cotidianas, ayer perdí la matrícula del coche, de manera que hoy iré cual terrorista indocumentada por las calles a la caza de un hombre de mi sangre (sí, los calvos simpáticos) que se avenga a echarme una mano. Tantas señales caóticas me tienen alterada. Ahora mismo voy a leer a Susan Miller a ver qué me aconseja en su horóscopo para sortear las zancadillas de la vuelta a la City.

P.D. Si alguien tiene tentaciones de atacarme, que aproveche. Es el momento. Nunca me sentí tan vulnerable ni tan catastrofista.


viernes, 17 de agosto de 2012

EL TAXISTA QUE ME JUZGÓ POR LOS ZAPATOS

"Armas de mujer" (quiero ser Melanie)
Ayer un taxista chulito me interrogó a conciencia. Yo había entrado al coche sofocada y con el clásico comentario british acerca del tiempo (caluroso para quien ha pasado la eternidad vacacional en el norte de España, porque si el ministro Soria me dice que hay que quedarse aquí y hacer gasto yo lo hago) y él me miró con ojos de águila sardónica y dijo: "Ya...tiene usted mucha pinta de trabajar en el tajo".

-¿Perdone?
-Que seguro que ha llegado a su despacho, porque tendrá despacho, y ha encendido el aire acondicionado y ni se ha enterado hasta ahora de que hacía calor, ¿es o no es?

Y yo, que no tengo síndrome postvacacional salvo en la rapidez de reflejos, respondí un sí lateral, a medio camino entre el disgusto y la vergüenza por tener un despacho con aire acondicionado, y a puntito estaba de disculparme por no tener que trabajar de taxista cuando el hombre, treintañero, calvo y con expresión de comadreja tramposa, empezó su ronda de preguntas:

-Usted, con esos zapatos, debe pisar suelos muy elegantes, no como el de mi bar.
-Ah, ¿pero tiene un bar? (encogiendo las piernas para quitar los zapatos de su ángulo de visión)
Ministro Soria y su proclama;"Veraneen en España"
-Sí, en Vallecas, tome la tarjeta, es una pegatina que puede poner en su despacho, en algún lugar donde la gente importante que la visita no lo vea, que lo de Vallekas, con k, es muy cheli para una señorita como usted.

Yo me estaba sintiendo cada vez más incómoda, pero extendí la mano y guardé la tarjeta, rezando porque el tío hubiera concluido su speech. Pero no.

-¿No tiene curiosidad por saber qué hace un taxista con un bar?
-Pues...no sé. ¿Cuando aparca el coche se planta detrás de la barra?
-Negativo. Trabajar estar mal visto.

Y lo siguiente, me lo temía, fue que me empezó a contar su historia, con un arranque prometedor: "Mi abuelo era republicano y, por lo tanto inteligente". Y fue ese hombre quien le aconsejó que si tenía alguna vez un negocio lo tratara como a un hijo, y que, ahí va lo mejor -"como dijo Einstein: Que la suerte te pille trajabando".

-Creo que la frase era "que la inspiración te pille trabajando", y la dijo Picasso, no Einstein", saltó la marisabidilla que me habita, encantada de poder cuajar su pequeña venganza.

El tipo hizo un gesto contrariado, pero sacó su artillería pesada.
-Ya sabía yo que usted además de despacho debe mandar mucho. Porque manda y corrige a otros, ¿a que sí?

En ese momento lo vi claro, respiré hondo y, sacado el monedero porque ya estábamos a la puerta de mi casa, respondí:

-Soy auxiliar administrativa y de vez en cuando le quito a mi jefa los zapatos aprovechando que está de viaje, como Melanie Griffith en "Armas de Mujer". Que tenga un buen día, listillo, y perdone que no le dé propina pero es que mi sueldo no me lo permite y además no tengo un bar. Como diría mi abuelo republicano: "cada mochuelo a su olivo". Tenga un gran día.







miércoles, 15 de agosto de 2012

QUE PASE EL SIGUIENTE (Manual de despedidas sin dolor)

Playa de Lord Byron, ayer, despidiéndonos
Cuando leáis estas líneas me habré arrancado el corazón.

Siempre me han molado las cartas dramáticas de despedida. Quizás porque no soy nada nostálgica y cuando me voy de algo o de alguien trato de recomponerme a toda prisa. Ayer me despedí de Lord Byron y eché unas lagrimitas frente a su acantilado brumoso. Esta tarde saludaré la Castellana con triunfalismo militar. La vida -les digo a las Chukis- es decir hola y adiós, por favor y gracias. "Con esos cuatro recursos tiraréis millas".

En realidad es mentira, pero una tiene que ir tejiendo una red de buenos consejos para que cuando ellas sean mayores te metan en sus charlas; "Como decía mi madre...". Esa es la inmortalidad de la que habla de Biblia, pero aún no han nacido los señores listos que le arrebaten al Vaticano la prioridad en interpretar los libros sagrados según su criterio.

Si cada vez que nombras a un muerto, lo resucitas, mi abuela debe estar dando saltos alrededor. La veo, la siento. Anoche, en la tradicional cena de despedida de amigos, mi amiga M.C. (ya desde el colegio, cuarenta años de historia nos contemplan) confesó que le había jurado a su hijo que nunca lo abandonaría, dado que el pequeño insistía en que ella no debía morirse.

-¿Y cuando me muera seguiré diciéndote cosas al oído, ya verás.
-¿Y si no te entiendo?

La anécdota me pareció conmovedora, con la pequeña salvedad de que si todos los difuntos se explayaran y nos dieran conversación, estaríamos desquiciados y en el frenopático (O no, porque con los recortes fijo que les dan el alta a los pirados más peligrosos, con un set de pastillas para lo suyo que deberán tomar cuando se acuerden).

El olvido es la peor de las muertes. Hace poco rescataron de allá a José Luis Martín Vigil, un cura escritor que solía leer  en mi adolescencia, y me temo que esta confesión no me hará más popular. Su novela más reputada se llamaba "La vida sale al encuentro", y creo recordar que hablaba de las relaciones sentimentales de jóvenes pijos de Neguri, Bilbao. Había besos y se entrelazaban las manos, y  una se quedaba embarazada de penalty (pero el hombre se ahorraba tórridas descripciones del momento, porque era un cura al fin y al cabo).  La mala fortuna fue que quien resucitó a Martín Vigil mencionó un dato demoledor: la sospecha de su inclinación por los menores. Para este tipo de gloria más vale pasar al olvido.

Todo esto viene a que me encuentro en una casa llena de maletas por cerrar, pero mi mente ya está en la vuelta al cole. Cumplidos los rituales de cada verano, sólo me queda subirme al coche, respirar profundo y poner a tope uno de esos discos que las chukinas y yo trituramos cada año. La tercera curva del camino no debe sorprendernos sin chillar con Calamaro y su "Honestidad brutal" el tema "Sin documentos" (sí, no está en esta recopilación, listillos, es una licencia leve).

Adiós a la carrera+baño de cada mañana
Y a poner el contador de nuevo a cero, que también somos felices al recuperar nuestra cama y el hilo interrupido de nuestras vidas.

PD. La mejor despedida que recuerdo está en un capitulo de la serie "Pippi Calzaslargas", la favorita de mi infancia. En ella Tommy y Anika lloran en el muelle y cantan una canción que aún me sé de memoria, lo juro, mientras Pippi se aleja sonriendo a medias con sus dientazos. Al final, cuando los amigos están a punto de irse, destrozados, la pelirroja emerge del agua con el maletín de las monedas de oro y se queda con ellos para siempre.



lunes, 13 de agosto de 2012

HACERSE LA RUBIA

Mia Farrow&Vidal Sasoon
La delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, dice que a veces es muy útil "hacerse la rubia".

Tiene toda la razón. Lo que no sé es si lo ha dicho con el imprescindible sentido del humor, con ironía fina, o desde la militancia en el ejército de las blondies que lo son por su ideología política, no por su adoración por Marilyn o a Vidal Sasoon, el artífice del corte de pelo de Mia Farrow en La Semilla del diablo..

Hay gente que dice cosas graciosas que no tienen ninguna gracia. Luego están los graciosillos, que tampoco la tienen pero se les agradece el intento con tal de que no reincidan en exceso. El humor requiere inteligencia y oportunidad, de ahí que la mayoría de los mortales estamos incapacitados para contar chistes (excepto el del perro Mistetas, que aunque seas poco graciosa -mi caso- triunfa siempre porque toca una tecla naif indeleble y atávica).

Capítulo aparte requiere el humor cruel, ese que se alimenta de la tiña hacia los semejantes. Todos hemos conocido tiparracos que se crecían haciendo chistes de su pareja. A mí estos me ponen particularmente de los nervios. Me parece tal acto de deslealtad que me sale la juez que me habita y pongo una marca a quien osa humillar a su chico/a para arrancar unas palmadas del público. En esos casos dejo de hacerme la rubia y me vuelvo un mandril furioso, un ser reconcentrado que sólo se relaja con la siguiente visita a la peluquería a por el salvífico tinte platino.

Tampoco soy partidaria del humor excatológico. Lo detesto. No puedo con él y me causa cierto bochorno participar involuntariamente en conversaciones sobre los aspectos más antihigiénicos de la especie humana. Creo que el gran logro de la cultura está en poder eludir las alcantarillas o en perfumarlas con palabras tan alejadas del objeto al que nombran que un extraterrestre superdotado no sería capaz de entender el discurso.

¿Cristina Cifuentes o Sarah Jessica Parker?
Con el paso de los años, las rubias de bote experimentamos ciertos ramalazos de intolerancia que debemos hacernos mirar. Puede que sea algún componente del tinte, aunque hace tiempo que quitaron el amoniaco. A mí me perturban sobremanera los miserables, los tacaños y los aprovechados. También aquellos que presumen de ignorancia. Pero insisto, es cosa del tinte o puede que de la edad y debo hacérmelo mirar.

Y como me he marcado un "Yo acuso" en toda regla, terminaré tirándo piedras contra mí misma. Alguien a quien quiero me dijo el otro día que me había pasado la noche  en plan duquesa de Alba, sentada y sin dar un palo al agua en mi propia fiesta. Me revolví bastante, porque suelo pecar de lo contrario y si eres rubia y un día te sientas se te ve mucho por culpa del tinte. Ayer, además, eché una bronca descomunal porque me había pasado las vacaciones poniendo lavadoras y barriendo arena de playa. Creo que no hay mayor descanso que la soledad, y espero se me perdone este arrebato de misantropía agudizada por los picotazos de miles de mosquitos, la presencia de arañas gigantes por la casa -con sus correspondientes telarañas-y la necesidad urgente de dar una repasadita a esas raíces que me recuerdan que debajo de la rubia chisposilla y optimista duerme una castaña chunga que a veces se cabrea y se deja caer en un pozo de melancólica indignación.

PD. Como veréis, el síndrome prepostvacacional hace estragos en la tierra de las vacas...


domingo, 12 de agosto de 2012

SÍNDROME PREPOSTVACACIONAL

Se acabaron las peleas a la vuelta de la playa
Un calendario de esos de taller mecánico me advierte de que la suerte está echada. Me quedan pocos días para volver a mi otro yo, y encima la fecha está resaltada en rojo vivo, de manera que cuando mis legañas y yo entramos en la cocina cada mañana, antes que la cafetera  y de salivar por efecto Paulov ante las capsulillas Nespresso, veo mi sentencia de muerte marcada a fuego.

Las vacaciones son como el amor: eternas mientras duran. Luego te pegas un golpe en la cabeza y te toca volver a los zapatos, las chaquetas entalladas y el rimmel. La sola visión de ti misma saliendo del mundo legging de algodón, las camisetas oversize y el asfalto en sustitución del prado da cierto escalofrío. Pero las de la botella medio llena nos engañamos con las grandes ventajas de Madrid en agosto, a saber:

1. Las calles están vacías, y derretirse en soledad es mucho más agradable que hacerlo con una multitud resudada a tu alrededor. Dónde va a parar.

2.Los museos, galerías, cines y restaurantes cool no tienen lista de espera. Pero la mala noticia es que su programación es la misma que dejaste en julio (museos), o son pelis descerebradas para niños que catearon tres asignaturas y se quedan castigados (cine) o están cerrados por vacaciones (restaurantes cool).

3.Las rebajas están más rebajadas que nunca. Siempre que no te importe llevarte algo tres tallas por encima o por debajo de la tuya, desde luego. Y como vienes del mundo oversize, seguir vestida como un saco no será un desatino, sino tendencia.

4. Tus mejores amigos no están, así que puedes hacer otros. Tu nuevo "más mejor amigo" (chukilenguaje) puede ser el conductor del autobús, el calvo que corre por el parque y te adelanta varias veces a las siente de la mañana o el vigilante de seguridad al que saludas sonriente todo el año, pero con las prisas apenas cruzas tres frases.

5. Tu casa, esa gran desconocida, es un tesoro que debes descubrir. Toca repasar los armarios, regalar para siempre la ropa que no te has puesto en toda la temporada y tirar esa lámpara espantosa que la desidia ha indultado durante años, hasta hacerla prácticamente invisible.

6.O, mejor aún, puedes meterte en una página de ofertas de hoteles (www.booking.com es mi favorita) y decidir que en cuanto regreses te vuelves a marchar de fin de semana a un lugar en ninguna parte pero con agua y prados. Sola, con libro y cuaderno para arrancar esa lista imprescindible del curso que viene que no cumplirás pero que calma tu ansiedad momentáneamente.

P.D. Sí, estoy muy agobiada, es un prematuro síndrome postvacacional que sé de sobra que durará hasta que deshaga las maletas. Mi organismo me impide entrar en depresión aunque fallen tres de los cuatro motores. Así que me voy a correr un rato y a saludar a las vacas y a sus terneros. Mis más mejores amigos.


viernes, 10 de agosto de 2012

UN DÍA EN LA PLAYA NUDISTA

Soy de ese tipo de madres que piensan que las chukinas deben tener una visión periférica de la vida. Sí...su formación será más completa si experimentan aquello que yo no tuve, lo que mis ojos no vieron y me costó presentarme a múltiples exámenes de septiembre con relativo éxito. Por ejemplo: el nudismo. Ese gran invento. No entiendo cómo los humanos nos empeñamos en tapar nuestros cuerpos en la prehistoria con el gustazo que da despelotarse en la playa para que se nos meta la arenilla y sus correspondientes bichos por todos los pliegues de nuestra anatomía, contorsionada en escorzos tan estéticos que no sabes bien dónde empieza un culo y dónde termina el michelín.
  


Pero no, no penséis que soy esa mujer retrógrada y llena de pudores. A mí el despelote me rechifla, sobre todo en el baño de casa y bajo la ducha. Pero da la casualidad de que la playa más bella de cuantas me rodean es nudista sin prejuicios. O sea, que puedes ir en biquini sin que te miren mal. Y como mis chukis deben aprender todo eso de la naturalidad del cuerpo, allá que nos fuimos ayer. Tras una caminata bien larga desembarcamos y pronto fuimos testigos de un frenesí de culos, pechos y colas felizmente trotonas que hicieron las delicias de mis chukis. Como los niños y los borrachos no mienten, la little chukina fue la primera en expresarse:

-¡PERO QUÉ ASCO!!
-¿Asco?, hija, esto no da asco, son cuerpos como los nuestros y lo mejor es que mires a la gente a los ojos...(tono académico, aséptico, levemente dogmático y superfalso)
-Ya, sí, pero es que se les mueve todo y se nos va la vista (adolescente dixit)
-Chicas, debo deciros una de esas verdades que se transmiten de generación en generación (tono solemne, pelín sobreactuado, redoble de tambores): “Vistas diez colas, vistas todas”.

Y sí, al poco rato mis vastaguillas habían perdido el interés por el asunto, pero a mí me salió la vena comentarista CNN (está ocurriendo, se o estamos contando):

-Mira, ese la tiene pequeña.
-Mamáaaaaaaaa. Deja de decir guarradas!!
-Si yo es por ilustrarte, que luego todos los gatos son pardos.
-¡Que no quiero hablar de ese tema!
-Yo que iba a contarte cuando tu tío se lió con una hierbas y lo llevó a una playa nudista y se le quemó la cola..
-Jajajajajajajajajajajaja!! ¿Pero eso se quema? Cuéntamelo, porfa...

La jornada playera estaba siendo un éxito, y el mal rollo con el que llegamos mi ado y yo se había evaporado gracias a unos apéndices penduleantes  Pensé en lo que me gustan los hombres con sus bañadores largos y lo bien que sientan los biquinis a la caida gravitatoria de las carnes. A mi alrededor, mis modernos amigos hacían sus comentarios modernícolas:

-¡¡Pues yo estoy en contra del nudismo y hasta las narices de ver pollas!!! Esto parece una carnicería! (con perdón, reproduzco por su interés el comentario masculino con exactitud y sin escatimar matices enfáticos)
-Ya, lo que pasa es que aquí las comparaciones son odiosas.
-Madre mía, a ese se está achicharrando las pelotas.
-¿Y tú qué haces mirándole?
-Es que ha pasado a dos palmos de mi cara, mujer...

Moraleja: el ser humano textil suele sobreactuar cuando entra en territorio “descapotable”. Y cuanto más natural trata de ser, mucho peor.

Pero mis chukinas están preparadas para lo que vendrá, sea hombre o mujer. Y no tendrán que mirar libros a escondidas y webs para comprobar que cada cuerpo es diferente, que todos somos imperfectos y que no hay nada tan incómodo como la arenilla en el culo.

Con perdón...

Constatado: nueve de cada diez cuerpos mejoran con un trozo de tela acá o allá. 

jueves, 9 de agosto de 2012

USOS ILEGALES DE DROGAS LEGALES

 
Mi amiga A. emplea el Lexatín para volar en los aviones, no porque tenga miedo a las alturas, sino a sí misma a 8000 metros. C, por su parte, hace uso del Myolastán para entrar en fase REM eterna cuando no puede más con su marido y sus hijos. Y mi Atarax es mano de santo en esas noches en las que cabeza y cuerpo van desacompasados y por libre. Las drogas contemporáneas se recetan en los centros de salud. El médico, diligente, extiende la receta y tú le miras con cara de no haber roto un plato y te llevas el botín a casa, dispuesta a hacer excitantes usos alternativos a los del prospecto.

De ahí que he pensado ofrecerme a los laboratorios médicos para la redacción del “prospecto B”, que vendrá a ser como la caja B de los negocios chungos (o sea, casi todos). Y ahí os va un ejemplo para que no dudéis de las posibilidades de esta mi iniciativa:

ATARAX: Pastillica alargada que se receta convencionalmente para las urticarias pero que podría ser extremadamente útil para los picores del alma, a saber: insomnio, prurito mental, decepción cósmica,verborrea... Tómese media si se pretende abrir el ojo por la mañana a una hora razonable, y una entera si persigue el efecto Janis Joplin en un día de furia. Efectos secundarios: Actividad onírica desbordante. Ejemplo: yo misma he soñado hoy que cambiaba de trabajo y en el nuevo la gente se bañaba en una piscina enorme con paredes de cristal a las once de la mañana. Yo llegaba con mi maletín y los miraba con cara contenida de furia, pero ellos fingían no verme, de manera que me pasaba el día sola en un despacho con una secretaria sordomuda que no me miraba a la cara. Juro que este era el sueño, y gracias al Atarax se ha quedado fijado en mi mente enferma, de modo que ahora podré utilizarlo como base de un relato kafkiano o para el próximo discurso del ministro de Trabajo sobre los recortes que vendrán: “A partir de hoy se cancelan las piscinas en centros de trabajo. Hemos comprobado que reducen el rendimiento en las empresas privadas, como El Corte Inglés anexo a los ministerios”.

Sí, los caminos del absurdo son laberínticos, y anoche, mirando las estrellas por si alguna Perseida se animaba a empezar la famosa lluvia, creí ver destellos de OVNIS en lo que otros veían aviones en vuelo trasnochado. Estábamos en el prado de casa, cenando con velas, y sumidos en un trance que ríete de los tripis de la generación sesentera. El mejor viaje empieza en la oscuridad, rodeados de una hierba muy fresca y con ricas viandas y vinos sobre la mesa. “Eso de ahí en un satélite”, dijo A. y fue duramente discutida cuando la pobre no se había metido un Lexatín (Amiplín, en el argot), pero me lo ofrecía insistente y por lo bajini porque dice que me encuentra “alterada”.

Así que hoy arranca mi vademécum serie B para drogatas hipócritas que no viajan a las Barranquillas pero se ponen ciegos de botiquín. Admito sugerencias siempre que estén científicamente probadas (es decir, que si usas Hemoal -la pomada para los hemorroides- para las patas de gallo y defiendes que funciona porque así lo han transmitido las top model de varias generaciones, deberás adjuntar fotos del antes y el después y un cutis terso, o de lo contrario será denegada la petición). ¿Que la Auxina te pone morena en enero? Pues imagen al canto y sin photoshop.

Por mi parte podría adjuntar una foto de mi cara ahora mismo, pero una tiene su reputación. Bastará con que os diga que pasan unos segundos desde que pienso hasta que mis dedos ejecutan, ataráxica perdida como me encuentro. Y con miedo a encontrarme cualquier día de estos con una piscina llena de vagos que no me oyen, que no me ven.

martes, 7 de agosto de 2012

PRADOS VERDES,HOMBRES DIFÍCILES

Ginsberg y Kerouac no me dejan dormir. Me acuesto con sus cartas entre las manos y me sorprendo haciendo grandes esfuerzos por no perder una línea. No dan tregua con sus juegos dialécticos, sus ataques al otro, la imbrincada expresión de lo que piensan, lo que sienten, lo que imaginan, lo que proyectan. Son tipos complicados, amantes insaciables, y te asfixian con su genio mientras una parte de ti suspira por llegar a un párrafo despejado, un prado verde en medio de tanta arista montañosa.

No me interesan las personas simples, pero las necesito. Son lugares en los que descansar, escuchar los pájaros y sacar la botella de agua para echar un trago. Lo justo para volver a los otros, los espíritus más atormentados que se preguntan cosas todo el rato. Lo que no quiere decir que me atraigan los intensos. Esos falsos intelectuales de pacotilla que tejen telas de araña de colores y concentran su energía en profundizar de bagatelas. No es el caso de los beat boys con los que me acuesto. Pero calculé mal el tiro y no pensé que un revolcón literario con ellos me dejaría insomne y sumida en pensamientos tan enrevesados.

Hay libros para leer con un lápiz en la mano e ir subrayando. "Cartas" es uno de ellos. Los diarios de Susan Sontag, otro. Virginia Woolf, siempre. Además de reflexiones hay apuntes sobre libros, retazos de contradicciones creativas que terminan siendo novelas, nudos y contranudos (sí, esto último no existe pero hacérselo con tipos complicados es lo que tiene). Son esos volúmenes en los que tardas en pasar las paginas más de la cuenta, y no por aburrimiento. Cuando los leo me siento tan mediocre que dejo de escribir, me quedo en suspenso y me parece una temeridad avanzar rapidillo por la página en blanco si no hay nada que merezca ser contado.

También me bloquea el exceso de sentimiento. Cuando siento no escribo, decía no sé quién (Becquer, bendito Google que nos deja sin dudas...). Y una vez Pedro Almodóvar me confesó que cuando se enamoraba apenas avanzaba en los guiones "bastante tengo con sentir". Si he de elegir entre crear o sentir elijo echarme al monte como ellos, Kerouac, Ginsberg, Burroughs, se echaron a la carretera. Pero las cobardes no pasamos del gin tonic como estímulo por la tarde, que es una forma de amagar sin dar.

Compruebo que esta lectura me trastorna, así que voy a ver si me hago con un John Le Carre que hay en la estantería de la casa que alquilo, o con un Stephen King en su defecto. Sexo rapidillo, sin complicaciones y con cigarro postcoital con vistas al verde y sin ese poso de arena que me han dejado los otros. Esos tipos interesantes que te ponen de patitas en la entrada de una clínica Detox con pasillos laberínticos y Thomas Mann de loquero.

lunes, 6 de agosto de 2012

QUIERO SER SEÑORA DE...

Las ferias de pueblo me molan todo. Esos tenderetes llenos de quesos, empanadas y chorizos picantes me parecen un sueño hipercalórico al que me rindo sin culpa. Además, propician encuentros de alto nivel que ríete de los de la ONU. El otro día, mientras escrutaba con ansia un puesto capaz de bloquear con su género las arterias de una población de diez mil habitantes, me presentaron a un tipo, nos dimos dos besos y luego miré interrogante a la chica (sí, coetánea, pero ya voy introduciendo trampas viejunas en el lenguaje) que había a su lado.
-Yo soy su mujer.
-¿Y tienes nombre?, pensé, pero al final fui buena y pregunté: "¿y cómo te llamas?"

Hay preguntas inocentes que encierran una trampa mortal. Decirle a una mujer que si es algo más que la costilla de Adán puede tener represalias. Para empezar, le caerás fatal. Más aún si te acompaña una bolsa llena de magdalenas, queso Cabrales y tortos fritos. Pero yo ahí arriesgo y me sale un resorte, porque en el fondo de mí guardo a la mujer de un hombre que está a punto de llegar, pero se ha perdido en las montañas haciendo tiempo. Y no tener estatus de "señora de" me inquieta sobremanera. Nunca en mi vida me han presentado como "mi esposa" o, a más a más, "mi mujer", y defenderme a pelo socialmente a veces se hace duro.

Sí, puedo decir, por ejemplo, "soy la madre de la Chuki que se cargó el tendedero de la comunidad", o "soy la hija del tipo que convirtió en mantra la frase "la perfección no existe" mientras sembraba la casa de estanterías torcidas". Pero tales referencias, convendréis conmigo, no otorgan la prestancia de enarbolar un marido. Un hombre de sombra alargada que te cobija o te exhibe por las ferias y logra que llegues a olvidar tu nombre como olvidaste la tabla periódica de química en su día.

-A ver, mamá, dime las valencias del carbono, me reta mi adolescente, que es una capulla y una tiñosa y sabe cómo desmontar el mito de la madre listilla.
-Uff, sí, espera..¿2 y 4? aventuro.
-No tienes ni idea. Así que entiendo que la química no me va a servir para nada en el futuro.

Ser madre de adolescente es un papelón casi tan importante como ser la mujer de. Cuando dices que tu Chuki mayor tiene quince años hay dos reacciones posibles. La buena: "¿En serioooo? Pero si eres jovencísima y parecéis hermanas". Y la mala: "Te acompaño en el sentimiento. Te quedan tres o cuatro años de calvario". Pero lo cierto es que tener una hija de esa edad es estar sentada en la primera fila de un espectáculo fascinante de cambios, vueltas y revueltas. Un día te odia, otro te dice piropos del tipo: "mami, mis compañeros del campamento me han dicho que eres una madre buenorra". Al tercero monta en cólera porque preguntas si sigue con su noviete y eres una cotilla, y al cuarto te coge del brazo y te confiesa intimidades de alto standing y sabes que debes estar callada hasta que te dé turno, y disfrutar el momento que precede a conocer las valencias del potasio o la volabibidad del mercurio, un suponer.

Y entonces piensas que ser señora de puede esperar, que mola todo ir con tu chica por la calle y que te digan eso de "qué guapa es tu hija y qué mayor", y comprobar el gesto tímido y complacido que se le pone a ella, medio palmo por encima de tu cabeza, y lo increíblemente preciosa que está cuando se ríe y te presenta a sus amigas un día en el que le caes bien:

-Esta es mi madre. Mamá, adiós, ya nos veremos en casa.

Y ahí sí que se me olvida mi nombre, y no me importa nada.

sábado, 4 de agosto de 2012

SOY PUTA Y PONGO LA CAMA

Jenna Jameson
 
Leo que a los niños valencianos y catalanes les cobrarán en el cole por llevar la tartera de casa. Y no, no es una noticia de El Mundo Today (www.elmundotoday.com/), ese periódico genial, alternativo y delirante, cuyos contenidos empiezan a parecerse peligrosamente a los de la prensa real. Un poco más abajo me entero de que Jenna Jameson, la actriz porno más reputada del cine norteamericano, está haciendo campaña por el líder republicano. Su claim, contra lo que pudiera parecer, no es conserva tus tetas, pueden salvarte la vida” o “clítoris en conserva”, sino algo así como que si eres rico -asumimos que ella lo es- debes votar por Rommey.

Lydia Cacho
¿Dónde estás, Nostradamus, que no reivindicas que clavaste lo del fin del mundo? Lydia Cacho, la periodista mexicana perseguida por señalar con el dedo las mafias de pederastas en su país, ha tenido que exiliarse porque por enésima vez una voz ha llamado a su casa para amenazarla de muerte

Los periodistas que no arriesgamos más allá de las lentejas por darle a la tecla con mayor o menor fortuna, miramos el caso con distante preocupación, pero la realidad es que hay colegas que se la juegan por contar la verdad. Y la verdad en nuestro pequeño mundo de amenazas light es, por ejemplo, que la asignatura de Educación para la Ciudadanía, esa que pone tan nerviosos a los obispos, va a ser retirada y “readaptada” a los gustos conservadores. Menos mal que algunos padres ya contábamos  a nuestros chukis eso de que los gays no son enfermos mentales ni depravados (en casa además vemos Modern Family, que refuerza lo suyo) y que la igualdad de género es un estado del alma, no un estado de alarma o de excepción.

¿Geografía vs.ideología?
No estoy hoy muy optimista, me pasa por haber arrancado leyendo los periódicos en lugar de triscar por los caminos de esta aldea donde las conversaciones giran en torno al tiempo: “¿habrá sol y, por tanto, playa?” O a otros accidentes geográficos: “¿verdad que esta glorieta no estaba el año pasado?”. Vivir mirando al cielo tiene sus ventajas, lo malo es que la caída puede ser tan dura como el golpe que me pegué ayer en la playa por tirarme como loca en lugar de considerar que podía haber una piedra afilada bajo las olas.

¿La geografía nos salva de la ideología? Las personas que viven pegadas a la tierra no parecen angustiarse, entretenidas en contemplar cada pequeño cambio de la naturaleza. En la ciudad, sin embargo, nos da por interpretar las palabras de nuestro opaco presidente Rajoy como si se tratara del oráculo de los dioses de la catástrofe. Y entre que nos rescatan y no nos rescatan, vamos devorando el mes de agosto (atención, pregunta: ¿dos veces rescate se diría rerescate, tan cacofónico, o directamente ajusticiamiento?)

No estoy segura de nada, divago y espanto moscas con los pies mientras me pregunto qué pasará en septiembre, cuando los empleados temporales se vayan a la calle, haya que pagar la vuelta al cole ( a ver si El Corte Inglés tiene güevos de vender otro espot estilo Heidi, desenfadado y feliz, a esos padres que no van a poder pagar ni los uniformes) y los funcionarios decidan que, para poca salud, ninguna, y nos den por saco en las ventanillas en señal de protesta por los recortes.

Así que Gaudeamus Igitur mientras agosto amanece en este prado perfecto con los badajos de las vacas componiendo su sinfonía cotidiana y esas enormes babosas saliendo a saludar por el camino. Sólo la naturaleza puede distraernos del drama, y si a sus señorías los obispos no les parece mal, habrá que explicarlo a nuestros niños en el cole. Toda catástrofe nos enseña un camino, y eso también es educación para la ciudadanía, aunque no se enseñe en esas aulas donde pronto los alumnos sacarán sus tarteras con las lentejas y fliparán cuando encima tengan que pagar al colegio tres euros.

Encima de puta, pongo yo la cama, es lo más fino que se me ocurre para describir este panorama.