lunes, 22 de octubre de 2012

CÓMO SER UNA MILF SIN LEER SOMBRAS DE GREY

Desde que existen las MILF, las mujeres de cuarenta y tantos somos mucho más felices.

Las etiquetas se inventaron para otorgar una identidad al objeto y también para definir un sentimiento escurridizo, impreciso o destruir directamente un tabú.

También para vender más. Sin palabras no hay realidad, no hay mercado.

Mothers I'd Like to Fuck. O sea, madres follables, con perdón. O mamás maduras, libres y sexys en la versión española y recatada que he encontrado por ahí. 

Leo que alguien ya ha convocado el concurso MILF España, y pone como ejemplo para aspirantes a Angelina Jolie, Mónica Bellucci, Halle Berry, Julian Moore, Michelle Pfeiffer o Madonna. Ahí es cuando te da bajón, porque una cosa es aspirar al título MILF y otra medirte con diosas  de la estratosfera olímpica.

El mito de la mamá sexy ha existido toda la vida, cierto. Pero sin campaña de marketing. El reto de las mentes calenturientas que ordenan el consumo mundial era meterlas en un escaparate con el estilismo adecuado (ligeras de ropa, me temo) y buscarles un acrónimo fácil de recordar en todos los idiomas.

"El bombero salió de mi cama a las nueve y veinte", me escribió anoche una buena amiga MILF de la que no daré pistas, que había dudado aceptar los requerimientos del galán porque sospechaba que, doblándole la edad como era el caso, él sólo buscaba perpetrar la fantasía de la mujer madura. A lo que yo le contesté: "Y tú la del bombero. Estáis empatados".

La cruda realidad es que ni todos los bomberos están buenos ni todas las maduras llegan a MILF. Sentirse atractiva es un talento y un estado de gracia. Otra MILF de mi entorno está tan segura de sí que sostiene que los bebés reconocen su belleza. El día que lo dijo nos dio tal ataque de risa que convocamos ipso facto "la noche de los bebés bramadores". Es decir, que cuatro señoras de más de cuarenta y menos de 55 kilos saldremos a concursar a las puertas de las guarderías por las caídas de ojo de  todo varón que pase del año y medio. Sí, un balbuceo será que eres mona, y la crisis de llanto que te sales del molde. ¡Cuánto daño ha hecho la vanidad al hiperrealismo social!

Mis amigos heterosexuales confirman que siempre soñaron caer en brazos de la mujer madura. Las maduras hoy leen Cincuenta sombras de Grey y se ponen al rojo vivo. Yo, que soy una clásica, prefiero a Lady Chatterley de toda la vida y no a una señora empujada por una espectacular campaña de márketing que leen sobre todo las mujeres de derechas (o eso me cuentan) en la oscuridad. Pero también me cuentan -oh estupor- que en el libro la mujer es atada y sometida. Una MILF pasiva que sueña con la dominación y se excita. Y esta fantasía no me cuadra con la de ser Julianne Moore o, mi musa radical, Sophie Marceau.

Desde que existe el término MILF, insisto, viajo en autobús buscando candidatas y sólo encuentro mujeres cansadas sin arreglar que empujan carritos o niños en edad de merendar Nocilla. Ser nota que no han tenido tiempo de pintarse el ojo ni de elegir con calma el look. Bostezan, regañan y consultan en el móvil en una secuencia frenética y titánica.

Luego están ellos. Los hombres que viajan en ese mismo autobús con sus hijos. Guapos, juro que lo son. Perfumados. En mi línea -será casualidad- tengo tres ejemplos, uno grunge chic, uno Mr.Dustin (vuelve el hombre) y el tercero intelectoguay, con unas canas a lo Richard Gere que ya querría pillarlas el Dalai Lama para su campaña de imagen. Todos parecen bien dormidos y todos acaparan las miradas de las señoras.

Y esa visión me hace pensar que las MILF son un mito prefabricado para competir con ellos. Un grito de alarma. Una maniobra de despiste para que las mujeres de cuarenta a cincuenta nos sigamos sintiendo pibones y consumamos en esa frenética carrera por mantener la tersura, la aguja de la báscula congelada y el desván del sexo repleto de artilugios Grey.

Así que no sé si quiero ser una MILF titulada ni desde luego necesito fantasear con el erotismo ¿transgresor? de una novela para mujeres sexualmente reprimidas (podéis atacarme y con razón, hablo de oídas y lo mismo el libro es el Quijote de la sonrisa más vertical de la tierra).

Y respecto al bombero... Si hay que ir se va. Pero ir por ir...