miércoles, 30 de enero de 2013

HOMBRES DESNUDOS

El Museo Leopold de Viena permitirá visitar sin ropa una exposición de desnudos masculinos http://www.leopoldmuseum.org/en/exhibitions/52/nude-men/. Leo este titular que desintoxica de todas las noticias sobre corruptos y me divierte lo que cuenta: la citada muestra sobre la representación del cuerpo de ellos en el arte no ha estado exenta de polémica porque su cartel promocional son tres tipos en pelotas. Lógicamente.

Las mujeres estamos tan acostumbradas a que nuestro cuerpo sea una diana que apenas nos hemos dado cuenta de cómo el de los hombres se iba convirtiendo en gran tabú. La excusa, poco convincente, venía a ser una oda a las curvas femeninas frente a los badajos masculinos. La armonía contra el precipicio. En un alarde antitético que no se traga nadie a estas alturas pero que tampoco se cuestiona demasiado.

Recuerdo el estupor que me causó el desnudo de Harvey Keitel en la película "El Piano". Lejos de ser un cuerpo perfecto, el suyo parecía cincelado con un hacha. Rotundo, nudoso, absolutamente sensual. Fue una mujer, Jane Campion, quien quiso mostrarlo así mientras  Holly Hunter aporreaba las teclas con furia hasta sucumbir al volcán de la anatomía de ese aborigen imperfecto y bello. Creo que todas las mujeres de la sala y algunos hombres habríamos hecho lo propio sin necesidad de perder varios dedos en el camino.

Comparar los desnudos integrales en el cine de ellos y ellas es un afán inútil. Las chicas ganamos por goleada. Un frontal masculino equivale prácticamente a porno. El pubis es poesía, ensoñación, hasta que se convierte en coño (con perdón). Y que alguien me lo explique porque ni todos los coños (con perdón) son precisamente bellos ni todos los penes son pollas (y no es un juego de palabras). Con perdón.

La diferencia, me temo, es que el cuerpo femenino ha cotizado en Bolsa desde antes de que existiera la Bolsa. Y aquí las feministas clásicas podrían esbozar una tesis. Al final, si para vender un yogur te ponen una mujer desnuda terminas incorporando el desnudo al paisaje cotidiano. Un hombre despelotado raras veces anuncia otra cosa que no sea un perfuma de Dolce&Gabbana (y aquí debería glosar la belleza apolínea de David Gandy, ese pibón de la Gran Bretaña al que tuve la suerte de abrazar.  Vestido).

Luego están los calendarios de bomberos con coartada de protesta, un lejano equivalente a los de tías en pelotas de taller mecánico de barrio. O el despelote de comedia que desencadena tertulias cerveceras sobre los culos de sus protagonistas (Full Monty), mientras que su equivalente -creo que se tituló "Las chicas del calendario" -desata oleadas de ternura.

Lo dejo no sin antes recordar la despedida de soltera de mi amiga M., hace casi veinte años. Por entonces hacían furor los clubs de boys y a ella se le antojó el plan, así que fuimos a un local bastante cutre, creo que por los bajos de Azca, donde nos cobraron un riñón por ver a unos horteras de gimnasio desnudarse entre sacudidas de cadera embutida en pantalón de falso cuero. Un coro de mujeres rugía a cada contoneo, y al cuarto striptease mis amigas y yo comenzamos a bostezar. Era nuestra primera vez y, lejos de excitarnos, habíamos pasado de la risa al bochorno ajeno. Los pobres strippers no tenían un gramo de sex appeal. Eran tipos tristes que sacaban la cola y extendían la mano.

Yo cuando pienso en un hombre desnudo sigo acordándome de Harvey Keitel, no puedo evitarlo. Y me sorprendo acariciando las teclas de un piano imaginario, en una playa brumosa y australiana...


martes, 29 de enero de 2013

ABDICAR O MORIR

Me gustan las reinas que abdican, los chungos que dimiten, los valientes que dicen "no, gracias" a ofertas venenosas y los crupieres cuando exclaman "no va más".

"Una retirada a tiempo es una victoria", se supone que dijo Napoleón (y sí, terminó sus días en el exilio, el retiro forzoso y humillado)

Abandonar en el momento preciso es un arte y debería ser una de las leyes del tratado de buenas maneras. Muchas obras teatrales se truncan porque se prolongan en exceso. Demasiadas discusiones languidecen pero entonces uno va y suelta:"sin embargo...", y el es fin. Toda fiesta tiene un momento álgido y ahí debes marcharte. Por no hablar de tantas relaciones que siguen por una inercia que se parece mucho al abrigo frente a la tempestad, pero dentro hay goteras y la humedad se cuela por las rendijas.

Abdicar o morir, esa es la cuestión.

Hay un momento en el que el libro que lees se desvela fallido, tramposo, torticero. Y si te resistes porque en el fondo sientes que condenarlo al ostracismo es sacrilegio, y tratas de indultarlo, terminarás con un regusto amargo y la sensación de haber perdido una parte de tu vida entre sus páginas mediocres.

Hay historias que nunca debieron escribirse, y ahí están. Hay compañías que no merecen ni una caña en un bar y menús del día que urge devolver a la cocina por grasientos, por salados...Y sin embargo te los tragas porque el pobre camarero, que corre de mesa en mesa, no tiene la culpa.

Hay amigos que nunca debieron ser. Zapatos que se mueren de risa en el armario. Polvos que más bien parecen lodos. Discursos huecos sobrados de palabras y promesas. Reyes con las coronas atornilladas a la sien.

Me gusta cuando abdicas, porque estás tan ausente...

Y si no abdicas, como la reina Beatriz de Holanda ayer, dimite y no nos sometas a la tiranía de tu nada. Que te quedas como dios. Ya lo verás.

lunes, 28 de enero de 2013

A LAS QUE AMAMOS A JANE AUSTEN Y A LOUISA MAY-ALCOTT

¿Qué escribiría hoy mi idolatrada Jane Austen?

Estos días se celebra el 200 aniversario de Orgullo y Prejuicio, una de esas novelas que recomiendo a mi adolescente cuando me pide literatura romántica.

-¿Pero es romántica como yo creo o a tu manera?, quiere saber.
-Es romántica con chica lista y libre, no con lánguida boba que se sube a la moto con macizo descerebrado y se somete a sus deseos sin rechistar (y sí, estoy pensando en los crepúsculos, los Moccia y toda esa basura sentimentaloide que a mi hija y a sus amigas les parece lo más).

Doscientos años después de mi Jane Austen http://es.wikipedia.org/wiki/Jane_Austen, no hemos aprendido gran cosa sobre el amor. El patrón literario/cinematográfico sigue teniendo demasiadas veces un tufillo a anulación de la voluntad por parte de las chicas. Y no hablaré de ese otro gran éxito con coartada de novela erótica para mujeres que se está inflando a vender gracias al gancho sexy del sometimiento.

Debo reconocer que no sólo de Jane Austen vive mi generación. Cuando yo llevaba el pelo largo -in alter tempore- todas devorábamos "Mujercitas", de Louisa May-Alcott http://es.wikipedia.org/wiki/Louisa_May_Alcott. La historia de cuatro hermanas y una madre que se las tienen que arreglar sin el padre durante la Guerra. Recuerdo que una era Meg, juiciosa y bella, que aspiraba a casarse; Beth, la bondad inocente, que enfermaba y moría de escarlatina; Después estaba la frívola y coqueta Amy y por último Jo, mi heroína radical. Una marimacho que escribía historias ataviada con un sombrero y una pluma. Jo March era tan moderna que contemplaba la amistad con los hombres como una posibilidad, y el matrimonio  como una suerte de condena si no era por amor. Entre otras heroicidades se cortaba el pelo, símbolo de feminidad, y lo vendía para recaudar dinero para los combatientes de guerra. Al final triunfaba como escritora y, de paso, encontraba en un profesor alemán el verdadero amor. Un sentimiento profundo entre iguales que a mí me pareció el ideal y que en lo que a mí respecta no ha envejecido un ápice.

Jane Austen
Naturalmente las chicas de mi generación no fuimos vacunadas contra el fracaso sentimental por Jane Austen ni por Louisa May-Alcott. Imagino que los cuentos de príncipes y princesas nos contagiaron el veneno del romanticismo barato, y muchas caímos en sus redes. Pero con el tiempo nos hemos recuperado y volvemos a nuestras clásicas heroínas para recordar que en realidad siempre quisimos algo que se parece a lo que tenemos ya entrados los cuarenta. Una gran pasión devoradora -la escritura- y la certeza de que ningún hombre vale la pena si no vende más que sentimiento arrebatado y una moto desde donde abrazarlo. El amor Moccia, para entenderlos.



 P.D Tiene gracia que mi amigo P. nos dijera el otro día a A. y a mí que estaba buscando un pseudónimo coral para ambas. Y, entre otros, barajaba "Mujercitas" y "Orgullo y prejuicio".








domingo, 27 de enero de 2013

SI TE DA POR COMPRAR PIJAMAS

Descalzos por el parque
Últimamente me ha dado por comprar pijamas. De algodón y corte masculino. A partir del segundo lo interpreté como una tendencia que debía observar de reojo, pero mi adolescente ayer me puso entre la espada y la pared:

-¿Se puede saber por qué te compras tantos pijamas? Es el tercero que estrenas. Es raro.

"Porque me da la gana" era una respuesta posible y adecuada a su tono impertinente, pero me sorprendí respondiéndola que quizás es porque intento seducir al sueño, que huye de mi lado a eso de las cuatro o las cinco de la madrugada. O porque siempre quise ser Jane Fonda despidiendo a Robert Redford en Descalzos por el parque. O puede que porque ya va siendo edad de tener un ajuar noctámbulo como dios manda, después de años durmiendo con camiseta de aquí y pantalón de allá, en un acto de rebeldía contra el universo "a juego" que nos habita.

Además, podría añadir, a otras les da por comprar toallas. Supe de una mujer que, completado su ajuar toallero en tono violeta, le dio por cambiar a frambuesa y regaló las toallas a las amigas porque no podía soportar el efecto del color. "Es como de puticlub fino".

Mi amiga A. ha estrenado lo que llama su "era del dorado". Y sale a la calle con una preciosa gargantilla de oro convencida de que atraerá la riqueza o en bienestar en su defecto. H.  acumulaba bragas que no llegaba a estrenar, y ahí dormían, en el interior del cajón, con sus etiquetas colgando y a la espera de una década dorada de pasión y sexo que nunca llegó. Si no quitas las etiquetas de la lencería sexy es que en realidad estás amagando sin dar.

Un pijama, vuelvo al caso que nos ocupa, es la invitación a la noche tranquila. Al vaso de leche y al libro de David Vann, "Tierra" (Literatura Mondadori), que ando ansiosa por atacar tras la prodigiosa Sukkwand Islad. Leo en la contra que José María Guelbenzu escribe sobre él "En Vann hay algo que lo aproxima a la estirpe melvilliana de la novela americana contamporánea que señaló Harold Bloom", y me dan ganas de que llegue la noche para volver a ponerme mi pijama y entrar en la cama y atacar el libro largo rato hasta que el sueño, ese traidor que no me ama, me requiera rendida en el lado derecho de la cama. Y me someta y huya justo cuando más lo disfrutaba. Un coitus interruptus en toda regla.


sábado, 26 de enero de 2013

EL RAP DEL STRIP-TEASE

Anoche las chukis se quedaron viendo Ágora, la película de Amenábar, fascinadas por un hallazgo insospechado: los cristianos eran los malos. Días antes Minichuki le había confesado a su hermana que ella ya no creía en ninguna "divinidad", dado que los adultos la habíamos estado engañando desde que la convencimos de que un ratón se llevaba sus dientes. Para ella divinidad -sospecho- es todo lo que no alcanza la razón y hay que creer porque sí (intuyo que los padres estamos en el lote, pero no voy a preguntárselo no sea que responda).

Pero Minichuki, en realidad, está entregada a la causa mágica que sale de sí misma. Y así lo demostró la otra noche, cuando se presentó en el salón ataviada con: una pamela enorme, un maillot de ciclista, dos bóas de cabaret y un tutú de bailarina, todo sobrepuesto, y fue improvisando un rap en el que contaba cómo desde pequeña había ido rechazando los presuntos símbolos de feminidad por considerarlos una cursilada.

"Érase una niña que no creía en hadas, no le gustaban las plumas ni las faldas..." venía a arrancar, y en cada estrofa se quitaba una prenda y la lanzaba al aire con determinación en un strip- tease desbaratado y genial. Al final, se sacaba una gorra del sobaquillo y se la calaba del revés, para rematar su rap con un : "ella quería, quería ser rapera".

Su hermana y yo aplaudimos con entusiasmo, y yo le rogué que me lo repitiera, cosa que hizo cambiando la letra para contar exactamente lo mismo. Intenté grabarla pero se opuso con firmeza. Sus performances son sagradas e íntimas. Como todo lo que rodea a la divinidad. 

Debo confesar que mi hija me dio una lección. Y me hizo pensar hasta qué punto los padres inoculamos los mismos virus que nuestros padres nos transmitieron sin pensar que quizás se han quedado descatalogados. Que la ilusión, esa palabra tan cursi, tiene más que ver con la capacidad de imaginar y no poner vallas al campo que con consolidar mentiras arriesgadas que tarde o temprano van a descubrir. Y que cada niño será dios en su olimpo, si es que le permitimos que se lo construya sin ñoñerías, sin tópicos absurdos.

Puede que las personas más creativas, más geniales, lo hayan sido a pesar de los adultos que los rodeaban. Y que igual esto explica que suelan encerrar algunos traumas, ciertos delirios o zonas oscuras que no encajan en eso que se considera el patrón de equilibrio.

Los cristianos son tan malos o tan buenos como los paganos de Ágora. Los indios tan crueles o tan épicos como los cow-boys. Los gays, tan listos o tan tontos como los heteros... Eso anda aprendiendo Minichuki sin que nadie se lo cuente.

Pero eso sí. Las bóas y las plumas rosas son una cursilada.




 



viernes, 25 de enero de 2013

DUDAR YA ES AMAR

Las mujeres de treinta andan preocupadas por el apremio del tictac de sus relojes biológicos. Las de cuarenta porque la piel les dice que ya no son tan jóvenes. Las de cincuenta porque se sienten invisibles en dos mercados, el sentimental y el profesional. Las de veinte "porque beben dos gin tonics y se inventan un trauma" (aguda contribución de mi amiga I.), y las adolescentes porque lo son.

Conclusión: las más felices deben ser las de diez -como Minichuki- y las de sesenta que han llegado a esa década en buen estado de salud y convivencia. Con el corazón bien engrasado por las caricias y la certeza de que lo mejor podría estar por llegar. O no, pero no importa.

Este es el tipo de estudios sociológicos maniqueos y frívolos que una hace cuando se sienta a comer con una amiga a la que no ha visto en mucho tiempo. O cuando lleva toda la semana sentada a la mesa con mujeres de distintas edades y situaciones que entre plato y plato hablan de las cosas de la vida. De ese hombre que fue el mejor amigo y ahora lo preferirían amante. "Chica, lo tuyo es una peli de Meg Ryan en toda regla", me atrevo a sugerir. De ese otro que nunca se va -"el intermitente", lo llama M. aunque se haya ido. De ese trabajo que no le han dado porque tiene 43 años, y está segura de que la ven demasiado mayor. De ese pliegue misterioso en la espalda que parece haber brotado de repente y le hunde el sujetador en la piel. De esa cuenta corriente que tirita y en dos días ya veremos...

"A la pregunta de si estaba enamorada de John Perkins, Sally había contestado no lo sé. Y a Quinn le parece que esa duda es ya en sí misma el amor porque, sobre todo a partir de cierta edad, el amor tiene naturaleza de pregunta (...) A la edad de Sally, a la de él mismo, el amor es un simple no saber (...) una oscuridad al llegar a casa que se mete en los huesos como niebla. Dudar ya es amar"

Anoche me dormí después de haber dado cuenta de "Polvo en el neón", el libro que Carlos Castán, amigo desde lejos, me envió y que ha escrito para acompañar una serie de fotos de moteles, la desolación misma, firmadas por Dominique Leyva (Tropo Editores). En realidad es un relato breve y vibrante, una pequeña road movie literaria que resume esos elementos que Carlos maneja con maestría: la pérdida, la melancolía, el desamor, la duda. Los temas de los que hablamos los amigos al cumplir los cuarenta aunque no hayamos vivido en una caravana desvencijada y con goteras tras un divorcio.

La pérdida es la cuestión, tienez razón, querido Carlos. La del trabajo, la del amor, la de la firmeza de la piel, la de la fe, la del sueño. Y eso puede suceder cumplas la edad que cumplas. Pero parece que en torno a los cuarenta se alinean varios planetas y es más fácil que suceda. Y si sales de tu caravana en una noche con estrellas podrías llegar a verlo. Y es un espectáculo. Y dan ganas de llorar, pero no siempre.

"Dudar ya es amar".

Debo pensar sobre ello.



jueves, 24 de enero de 2013

QUIERO SER AMY MARTIN

Me hubiera gustado ser Amy Martin, la misteriosa columnista que cobraba 3000 euros al mes y que en realidad era un señor llamado Carlos Mulas. Del PSOE. De la Fundación Ideas. Y sí, el pseudónimo era ocurrente, no vamos a negarlo.

Si te llamas Amy Martin deberías ser una escritora de novelas rosas picantes, una Barbara Cartland contemporánea, o bien una pornostar a la que llaman los tíos para una tórrida conversación telefónica que siempre termina igual. Así que, insisto, fue una gran idea dotar a la Fundación Ideas de un tinte casquivano y provocateur. Una pluma febril y afilada que quitaba grisura a esa institución plagada de señores que piensan a cascoporro mientras su partido se diluye como una aspirina efervescente.

De entre los pseudónimos siempre me gustó Remington Steel, aquel falso detective, pero nunca entendí que Cecilia Bolh de Faber -con ese nombre tan aristocrático- decidiera ponerse Fermín Caballero, a mitad de camino entre un conserje y los señores a los que les abre la puerta. Tampoco que Prince pasara a ser un signo raro que había que leer como "el artista antes llamado Prince".

Mucho más lógico me parece que mi idolatrado Charlie Sheen se borrara el Ramón Estévez de su partida de nacimiento, o que Cat Stevens  se rebautizara Yusuf Islam en un arrebato de ardor religioso.

Todo esto viene a que debo buscar con urgencia un pesudónimo y, a ser posible, una institución de cerebros brillantes que extienda un cheque jugoso a fin de mes por mis delirios. Como parece que el señor Mulas va a estar desocupado por un tiempo, llamaré a su puerta en busca de propuestas.

O quizás pueda sugerirle que aproveche el tirón y se convierta en el artista antes llamado Amy Martin. No me negaréis que no es una gran idea.

miércoles, 23 de enero de 2013

PASARSE AL LADO OSCURO

"Tener un jefe cobarde es lo peor que te puede pasar"

Este es el titular de una conversación que mantuvimos ayer tres amigas, y que me dejó pensativa de más, porque las rapidillas tendemos a dar una respuesta inmediata pero luego la noche nos sorprende regurgitando el asunto como ovejas por verdes prados infinitos.

Siento un agudo menosprecio por los cobardes. Un jefe cobarde impide crecer alrededor a los talentos, no sea que despunten en exceso. El objetivo del cobarde es mantener el statu quo. Es el hijo que enterró los talentos en la parábola bíblica para encontrarlos tal cual pasado el tiempo. El cobarde no se expone, lava y guarda la ropa, no estimula a su equipo, no defiende las tropas cuando llegan los malos. No arriesga, no gana.

Pero encuentro que hay otro jefe peor. Más perverso. Más contemporáneo. Aquel que trampea, engaña y roba y trata de comprar el silencio de los subordinados invitándolos a trampear, engañar y robar con él. "La familia que trinca unida, permanece unida", imagino. Nada peor que un espejo moral en un equipo que te devuelva tu imagen devastada. Así que la mejor estrategia consiste en pervertirlos; Todos igualados en el delito. No hay delito.

Me pregunto si esto es lo que pasó presuntamente en las sedes de los partidos políticos que se han apropiado de las primeras paginas de los periódicos. Un proceso de corrupción de arriba abajo, más lógico, convengamos, que en sentido inverso.

Cuando el cobarde llega a jefe es que algo pasa en el sistema. Cuando el corrupto es el jefe, hay que tirar la torre entera y empezar de cero. Pero sale tan caro que algunos prefieren mirar a otra parte.

O dejarse tentar por un sobre, o acobardarse, y pasar al lado oscuro.

Y de ahí solo escapa Luke Skywalker, me temo.

martes, 22 de enero de 2013

NARCISISMO SENTIMENTAL

Cuaderno de bitácora: Velada con un tipo que sólo habla de sí mismo y no hace ni una sola pregunta. El colmo de la descortesía. Me pregunto si él piensa que es un seductor y como tal despliega sus plumas yoyoístas mientras tú enmudeces y otorgas (aunque me temo que tu silencio es más entendido como admiración incontenible que como irritación in crescendo).

Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que preguntar al otro es sexy. Condenadamente sexy. Y así, la otra tarde, discutíamos entre amigos qué tres preguntas le harímos a un hombre/mujer en la primera cita:

-¿Qué tal te llevas con tu madre?
-¿Cuánto pagas de móvil al mes?
-¿Qué planes tienes a corto, medio y largo plazo?

Vuelvo al principio. Algo está pasando cuando hemos convertido el monólogo en un arte social. Demasiado Club de la Comedia. Con todos mis respetos, lo encuentro muy de la primera década de este siglo. Sí, tenía cierta gracia ver a un tipo en un taburete desmadejando un guión ingenioso. Pero nos ha hecho daño. Ahora todos los tipos quieren contar lo suyo, se extienden en exceso, pierden el ritmo y, lo que es peor, no tienen ninguna gracia.

Mi amiga L. , un pibón, quedó con un analista financiero que nada más llegar le digo, señalando su bolso: "Es de Zara, de la temporada pasada". Naturalmente a ella se le cortó el cuerpo, pues había estudiado minuciosamente su look para la ocasión. Aun así el encuentro no fue mal, y decidieron repetir. El sagaz analista se superó y le brindó un requiebro de los buenos: "Estás estupenda para tu edad".

-¿Para mi edad? Todas las de mi edad estamos más o menos como yo (ella tiene 34) ¿Se puede saber qué edad tienes tú?
-35.
-Mentira.
-Bueno, vale, te he mentido. Tengo 25.
-¿Y fumas?
-Nooooo, ¿por?
-Porque así aún podrás crecer un poco, so enano.

Sí, tengo nostalgia de buenas maneras. Del flirteo convencional. Del ¿estudias o trabajas? de altos vuelos. Y pido perdón si me repito, pero algo está pasando y nadie lo comenta. En lugar de buscar un hombre, una mujer, que comparta, buscamos un espectador que nos ría las gracias. Una clá que apuntale nuestro ego.

Narcisismo sentimental. O sea, utilizar a un tú para crecer nuestro maltrecho yo. Alguien con paciencia de santo al que hacer la danza de los siete velos con guión onanista. Un ser tan educado que no proteste cuando el otro lleve cuarenta minutos hablando de todo lo que sabe sobre el vodka, de todo el dinero que gana con su agudeza para los negocios, de su acomodada vida de chalet adosado y porche con cerveza.

Quizás la crisis tenga un efecto perverso en la seducción. Puede que intentemos convencer al otro de que no somos unos matados, sino orgullosos supervivientes capaces de regalar los oídos de una mujer sin tenerla en cuenta en absoluto.

Un asco.





lunes, 21 de enero de 2013

CUERPO DE LUNES

Lo mejor del lunes es que todo empieza. Lo peor es que todo empieza y arrancar la máquina suele ser lento y laborioso.

Minichuki, esa sabia enana, propone que las semanas empiecen el viernes. Así, el lunes será jueves, un día que a todos nos cae simpático. Y nadie se quejará de un martes que fue sábado en origen, convengamos.

Los lunes la gente se arrastra por las calles y apenas habla en el autobús. Las madres regañamos con un plus; las hijas practican el porculismo olímpico y preparar el desayuno es subir la montaña de Sísifo. 

Hoy lunes, por ejemplo, la radio aseguraba que se ha roto el contrato social entre los electores -el pueblo- y los elegidos. Los contratos, pensarán algunos, están para romperse.

Yo suelo confiar en el contrato sin papeles. En la impresión que me causan las personas cuando las miro. Eso siempre que no sea lunes, porque los lunes me vuelvo porculera y trato de obtener una firma con sangre, preferiblemente. Un pacto entre caballeros a la fuerza.

Lo heroico de los lunes es salir indemne de sus garras. Leer el periódico, escuchar la radio, y seguir creyendo en el ser humano. En la nobleza y en la verdad.

Y luego fingir que es viernes.


domingo, 20 de enero de 2013

LA MÍSTICA DEL COCIDO


La noche más oscura
Hay cierta mística detrás de un cocido con amigos. Y, como ayer a la mesa de A., dos bandos bien definidos: los que apreciamos el tocino y los que componen un mohín de asco porque la grasa pura sólo merece un indulto si la dejas cuidadosamente en el borde del plato.

Adoro el cocido y podría comer un bocadillo lleno de ese tocino glorioso que ayer nos hizo levitar a P. y a mí. Añadiré que él está delgado como un ciclista y no tengo los datos de su colesterol, pero dado que es obsesivo de la salud -y más en concreto de la enfermedad- cuento con que anda sobrado y con licencia para engullir deliciosa gelatina blanca y salada.

Por mi parte la homeópata -esa bruja que me ha prohibido casi todo- no dijo nada de los garbanzos y sus alrededores, y aunque mi gurú gastronómico el Comidista http://blogs.elpais.com/el-comidista/no lo contempla en su recetario personal (imperdonable, Mikel), me di por bendecida. Así que ayer éramos seis amigos felices sentados a la mesa sin que nada ni nadie pudiera hacernos daño. Celebrando que la tempestad de corrupción y delirio que glosan los periódicos nos azota pero no nos tumba.

Añadiré que en casa de A. los amigos dormimos la siesta, no sin antes entregarnos a una sobremesa cálida donde ayer acumulamos varias certezas. La primera,  que casi siempre podemos anticipar lo que piensa cada uno de cualquier tema, mayor o menor, y hasta la frase que dirá.

-Dado que el guión está escrito, sugiero que dejemos de vernos. Si no fuera por el tocino..., propuse.

Acto seguido uno emprendió el trote hacia la cama, otros tres se repantingaron en el sofá piscina de mi amiga y el último en la chaise longue. Armados con mantas y entregados a una conversación mortecina en español y en inglés de la que se iban descabalgando voces hasta llegar al susurro...Y la confesión de J.

-Chicos, ¿no os empachasteis con la cena de ayer? Yo sí. Luego llegué a casa y me tomé una palmera de esas dobles, con su azúcar y su melaza.
-Pues yo también, pero el titular es que después de dejaros conocí en el concierto al profesor de inglés de mi vida. Un tipo alto, guapo y clavadito a John Wayne. British puro.
-Muy mal, debería ser americano, apostilló K.,noble hijo de los EEUU, entre bostezos.
-Sí, yo también prefiero Homeland a Downton Abbey, nene, pero convendrás que lo british tiene más pedigrí, me defendí.
-Mira, la exquisita que se pone ciega de tocino...

La tarde, así planteada, era difícilmente mejorable, pero entonces decidimos ir a ver "La noche más oscura", la película de Kathryn Bigelow http://es.wikipedia.org/wiki/Kathryn_Bigelowque narra el proceso de investigación de la CIA hasta encontrar y ejecutar a Bin Laden, y salimos deslumbrados. Y desmenuzamos la maestría de esta mujer, las puntadas finas con las que teje una trama en la que no hay maniqueísmos burdos y que, pese a que ya sabes cómo termina, te mantiene dos horas en vilo sin notar los estragos que el cocido y los dulces han hecho en tu aparato digestivo.

Y horas después nos despedimos convencidos de que es difícil superar un día con tantos ingredientes placenteros. Buenos amigos, animada conversación, brillante película...

Y tocino. Ese manjar que nos reúne a la mesa y nos divide en bandos altamente reconciliables. 











sábado, 19 de enero de 2013

LOS SOBRES DEL PP

Me pregunto cuántos de nosotros somos corruptos potenciales. Lo digo desde la frustración porque nunca me han sobornado con más sobre con dinero que el aguinaldo navideño de mi abuela: "Toma, nena, para que te convides".

O sea, que no he sido tentada por los dioses con pagas extras bajo cuerda acompañadas de una palmadita en la espalda. Como la mayoría de la gente.

El sobre puede ser  la cal que blanquea la inmundicia, se me ocurre. Y entonces veo a esos presuntos alargando la manita cada fin de mes para redondear un sueldo mientras con la otra se tapaban la nariz, o puede que ni eso.

(Presuntamente. Desde luego)

El problema de los sobres es que una vez que has cogido el primero y compruebas que no pasa nada, que el suelo no se abre bajo tus pies ni te queman las llamas del infierno, te lanzas a por el segundo, y de ahí a un tercero hay corto trecho porque ya calzas las botas de siete leguas. Así, zancada a zancada, se consolida un derecho fundamental no escrito en la Constitución. Y el día que dejan de dártelo te defiendes con los dientes apretados. ¡¡¡Cómo, que ya no tengo sobre. Pero qué broma es esta???

La codicia es adictiva. La avaricia rompe el saco.

Y los que se dejan seducir por el delito -de eso hablamos, presuntamente- piensan que son más listos que nadie. Que es imposible que los pillen. Y van descuidándose como un ejército en tiempos de paz. Hasta que un día el enemigo los sorprende con los tanques mientras daban cuenta de un banquete pantagruélico a la orilla del mar.

Son tiempos de morir matando. Las tramas de codiciosos no parecen tener en cuenta que si pillan a uno y este se siente traicionado por sus cómplices, tirará de la manta. Mostrará mails comprometidos. Números de cuentas bancarias en paraísos fiscales. Cajas B. con iniciales que hasta un idiota podría identificar.

Y el resto de los mortales se quedará boquiabierto, indignado. Y convertirá en himno de guerra el clásico"comentario de taxista": 

"Son todos unos sinvergüenzas".

Espero que esos sinvergüenzas hayan dormido mal esta noche, con el terror a que sus nombres vayan saliendo a la luz en un outing de bochorno.

Al parecer no leyeron la letra pequeña al dorso del sobre: La parte contratante te dejará en pelotas si te sorprenden y jurará ante dios y ante los hombres que no te conoce de nada.

El verdadero problema de la corrupción es que le pone la alfombra roja al populismo. Al descreimiento. A la desesperanza. A la ira. Al escepticismo radical.

Presuntamente.






jueves, 17 de enero de 2013

LO QUE TE GUSTA, LO QUE TE ASUSTA

Ni trigo, ni dulces, ni lácteos.

Si te quitan todo lo que te gusta, te queda lo que te conviene.

Lo que te conviene no suele ser muy sexy, convengamos. Te conviene dormir ocho horas, desayunar achicoria en lugar de café, ingerir gotas homeopáticas que saben a rayos y centellas, bajarte cinco centímetros del tacón y salir con amigos -gays mayormente- que te besan en lugar de con hombres inconvenientes que querrían besarte.

Te conviene fingir que no lo has visto. Apuntarte al gimnasio que huele a pie sudado porque correr de madrugada en un parque oscuro y solitario es provocar al chupacabras.

Te conviene viajar a donde sea, como sea, en cuanto sea posible. Y dejar de comprarte zapatos que te llaman desde los escaparates. Esos oéanos de cristal repletos de sirenas tentadoras.

Lo que te conviene limpiará tu hígado, tu páncreas, tu intestino. Las vísceras, la parte más innoble de tu cuerpo.

O eso dicen...

De entre todas las vísceras, amo a los callos. Y al parecer me pueden seguir conveniendo. Claro que sin mojar el pan en la salsa picante y gelatinosa, no les veré la gracia. Tampoco al jamón, por muchas jotas que atesore.

(¿El sexo sin pan se llamará tantrismo? ¿La música sin pan será dodecafónica?)

Si que quitan lo que te gusta, te queda lo que te asusta.

Sea bienvenido el sobresalto permanente. Con una copa de vino, que gusta y al parecer -¡milagro!- también conviene.




miércoles, 16 de enero de 2013

EL LOCO DEL AUTOBÚS


Un tipo se sienta a mi lado en el autobús:

-¿Qué tienes debajo del gorro?

-Algunas ideas y el pelo corto.

La respuesta correcta hubiera sido: "Frío"

Últimamente la gente sube al bus con ganas de conversación. Aún no han puesto las aceras y ya hay que hilvanar sujeto, verbo y predicado. Un esfuerzo aún mayor con gorro calado y bufanda a juego.

Antes, en casa, la conversación es solo apremio: "Corre, corre, que llegas tarde a clase". O bien: "Te he visto esconder el desayuno". O bien: "Recoge los calcetines del suelo".

Te levantas imperativa y te acuestas subjuntiva.

Las conversaciones deberían arrancar no antes de las diez de la mañana. De ahí que me gusten los hombres que amanecen y se ponen a leer o a escribir.

El tipo del autobús no se da por vencido:

-Antes tenías el pelo más rubio.
-¿Perdón?
-Sí, el verano pasado parecías más rubia. Y más ligera.

A estas alturas del trayecto tengo dos opciones: bajarme tres paradas antes de la mía -qué frío- o pegarle un corte con lengua viperina. Pero sólo me sale: "Recoge los calcetines" o "corre, corre".

-En verano no era yo.

Termino respondiendo.

Y me bajo. Tres paradas antes. 




martes, 15 de enero de 2013

DIARIO DE MIGRAÑAS

El cuerpo tiene razones que la mente no entiende, y te deja postrada en casa mientras un virus hace de las suyas. Los médicos suelen recurrir al virus como el concursante al comodín del público.

Y sí, lo habéis adivinado, me dispongo a criticar a un médico y no precisamente de la Seguridad Social. Podía haber sido el caso, desde luego, pero no.

Situación. Tú vas a un neurólogo de reconocido prestigio para que vea a tu hija, aquejada de fuertes dolores de cabeza desde la infancia. El doctor la atiende con esmero, le hace todo tipo de preguntas (y a ti, y al padre de la niña) y le prescribe varias pruebas para descartar tumores y otros diagnósticos funestos. Quince días después volvéis con las pruebas y, ¡oh sorpresa!, en lugar del médico de prestigio te recibe una doctora, que tras abrir el sobre nos asegura que nuestra hija padece migrañas y le manda un tratamiento de tres meses.

House
Transcurridos los cuales, tu unidad familiar (rota, pero férrea para lo importante) y tú volvéis a la consulta, pasáis hora y media de espera -sin protestar, lo juro- y cuando por fin os toca ...¡¡¡tachán!!!! Os recibe una tercera doctora, que interroga con desgana a la adolescente, mientras tú murmuras con cierto tono de fastidio: "Perdone, pero esto ya lo hemos pasado..Se lo contamos a sus dos predecesores".

La cosa no pasa de ahí, porque en el fondo todos sentimos una absurda reverencia por los que llevan bata blanca (y ahora solidaridad, claro que sí). Un cierto respeto que emana de su condición de salvadores y de la solemnidad y belleza de un juramento hipocrático http://es.wikipedia.org/wiki/Juramento_hipocr%C3%A1tico que comienza así:  

"Juro por Apolo médico, por Esculapio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso..."

Pasa el tiempo y tu hija, adolescente, sigue con sus migrañas y ha aprendido a empastillarse cuando nota el "ruido de fondo". El problema es que ya no se le pasa el dolor, y hay muchos días en los que no puede ir al cole. Así que tu ex unidad familiar y tú volvéis al neurólogo de reconocido prestigio -y esto fue el viernes pasado- y tras chuparos hora y cuarto de espera en una sala llena de familias gritonas y de sordos vociferantes (a estos los indulto, lo juro), volvéis a entrar.

Os recibe la segunda neuróloga, con el portátil abierto, y con cara de no haber visto a la paciente en su vida.

-¿Qué es lo que te pasa?
-Que tengo migrañas (con cierta cara de estupor)
-Ah, sí...Pero estábamos pendientes de un electro.
-No, el electro ya se lo trajimos a la otra (yo)
-¿Ah, sí? Pues aquí no figura (mirando la pantalla) Hace un año que no vienen.
-No. Vinimos hace unos meses con los resultados de las pruebas(el padre de la niña)
-¿Sí? Pues no lo veo. ¿Y estaba bien el electro?
-Sí, eso nos dijo la otra (yo)
-¿Y estabas tomando ahora alguna pastilla? (doctora)
-Una que me trajo mi madre de EEUU (adolescente)
-¡¡¡Eso era Ibuprofeno!!! (yo)
-Digo un antimigrañoso (doctora, mirándome con cara de: "Seguro que es de las que se automedican"). ¿Te hemos mandado Flupax o qué?

Ahí se me hinchan las narices, valga la vulgaridad, y le digo a la de la bata blanca: "¿Acaso no tiene usted un historial de mi hija en ese ordenador abierto? ¿No sabe que esta es la cuarta visita, se fía de que le digamos que todo estaba bien sin tener constancia del electroencefalograma? ¿No puede comprobar qué medicación le han mandado ustedes mismos? ¡Perdone, pero me parece el colmo!"

Se hace un silencio.

Y entonces a mi ex marido, ese padre devoto y entregado como pocos, le gira tres vueltas el cuello y sin dejar de mirar a la doctora Nilosénimeimporta, le suelta una bronca en sensurround que hace que mi adolescente se encoja cual gallina ponedora. La médico palidece, clava su vista en la pantalla y murmura mirando a mi hija.

-Te voy a mandar una pastilla para las migrañas. Sólo puedes tomarte seis al mes, porque es fuerte.

La tensión puede cortarse, lo que no me impide preguntar qué efectos secundarios tiene la citada medicina.

-Bueno, nada importante, pero mejor no leas el prospecto (nótese que se dirige a su paciente. Los padres ya no existimos). A continuación extiende la mano, que mi hija recibe y estrecha con asombro, y la despide sin mirarnos porque somos unos bordes, desde luego.

A la salida la adolescente nos regaña por maleducados. Dice que ha pasado mucha vergüenza, que a un médico no se le puede hablar así, que vaya ejemplo que le hemos dado y blablabla. Su padre y yo tratamos de explicarle que una bata blanca no otorga patente de corso. Pero ella está encendida y mantendrá su ira caliente unas horas.

Al día siguiente amanece con migraña y se toma la pastilla. Se le pasa el dolor, pero a cambio tiene vértigos y desorientación. Por suerte está en casa.

Vértigos y desorientación. Dos de los efectos secundarios que pueden leerse en el prospecto. Ese que no debíamos leer.

PD. Sí, la mayoría de los médicos son buenos profesionales. Sí, ya estamos buscando un buen neurólogo que esté siempre (y admito sugerencias). Sí, la sanidad privada es tan buena o tan mala como la pública, esa que ahora tratan de desmantelar.

Que los dioses hipocráticos nos regalen el don de la salud y nos protejan...










domingo, 13 de enero de 2013

COMO DIJO JOSÉ BERGAMÍN...(Elogio de la subjetividad)

La objetividad no existe. Cuando estudias Periodismo te lo cuentan en el primer curso, pero luego te pasas la vida tratando de ser "objetivo", imparcial, ¿aséptico? Como sujeto con venas, cerebro y latido afirmo que no soy objetiva ni lo pretendo. Ya lo he dicho. Uno se aproxima a lo que le rodea con su mirada. Ese foco particular e intransferible urdido a base de experiencias, sensaciones (orgasmos, naúseas), aprendizaje, comparaciones...prueba y error. Fin de la lección.

Leo en Babelia que Martin Filler http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Filler, a quien no tenía el gusto de conocer, ha publicado un libro que quiero que sea mío right now: "La arquitectura moderna y sus creadores. De Frank Lloyd Wright a Frank Gehry"(Alba). Un visión un tanto personal de los popes que diseñan nuestros paisajes urbanos, entre los que al parecer hay olvidos imperdonables (Koolhaas, Siza), filias (Gehry) y fobias (Libeskind,Calatrava). La firmante del texto, Anatxu Zabalbeascoa, asegura al final que "el texto contiene tantos aciertos y tanta exigencia (hacia los demás y hacia la propia escritura) que se vuelven imperdonables fallos (...)". Y, un poco después: "La crítica más apreciada es la que permite ver otras caras de lo supuestamente conocido. Y esto es lo que hace Filler..."


Casa de la cascada. Frank Lloyd Wright
Debo reconocer que me he apresurado a recortar la página porque necesito leer este libro. No busco un tratado de arquitectura, sí un texto exigente aunque sea tendencioso y la emprenda contra Calatrava (esto me complace especialmente, debo decir, y no sólo por lo de su fuga para pagar impuestos fuera de España sino porque encuentro monstruosas muchas de sus obras y sí, soy absulutamente subjetiva). No exijo asepsia cuando leo otra cosa que no sean las instrucciones de mi nuevo pulsómetro (que ayer me desveló que mi corazón había alcanzado 174 latidos/minuto a la carrera, rozando los límites del ¿infarto?).  Porque no me la creo y porque me aburre.

Me fascinan las visiones personales, aunque caigan en la trampa del pecado. Eso no quiere decir que no se me enciendan las alarmas ante una pluma tendenciosa, esa que trata de manipular y provocar sensaciones a partir de una trama de palabras llenas de veneno. Si has de ser subjetivo, lo mínimo que se te puede exigir es que seas honesto. La integridad, esa virtud de la que poco se habla.

No puedo evitar acordarme de mi amigo R. y de su sentencia: "El mejor estado de un crítico es el estado crítico". No estoy del todo de acuerdo. De un crítico chungo y torticero, desde luego. Pero nada me excita más que leer una crítica absolutamente subjetiva que se presenta con esas credenciales y advierte del sendero por donde piensa triscar. Y esto exige, desde luego, un profundo conocimiento del suelo, de la flora y la fauna circundante, de la metereología y hasta de la proporción de ozono. Mas un manejo preciso y fluido de las palabras. Y si a ello se añaden ritmo, humor y loca coherencia (no lo encuentro antitético, pero soy subjetiva), miel sobre hojuelas.

O sea, que bienvenida sea la subjetividad con filtro. La opinión fundamentada. La honradez de nuestros abuelos. Como dijo José Bergamín: "Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto"

Que los cantamañanas sin rigor ya se delatan solos...







sábado, 12 de enero de 2013

LAS VEINTE SERIES DE TV DE TU VIDA



-Parece que ya se ha pasado la moda de ponerse tetas.
-Será porque se las han puesto todas. Quedamos tú, yo y Helen Hunt.

La conversación transcurre en el patio de butacas de un cine de Madrid. Una noche de estreno, de esas que mi amiga A. detesta y yo también. Hemos acudido juntas, como tantas veces, y nos hemos sometido a la tortura de pasar más de una hora sentadas mientras la pantalla escupe el desfile de estrellas en el photocall que hacen mohínes a la cámara y ponen los brazos en jarra buscando su mejor escorzo. Muchas, desconocidas para A y para mí. Chicas de la tele, de series que no vemos, más un nutrido grupo de descatalogados que en su día acapararon portadas.

Dentro, todos se besan con falsos y exagerados aspavientos, se dicen lo "ideales" que están, se alaban los looks y se ríen en sensurround mientras las pobres fieras anónimas esperan pacientes la película o tiran de teléfono móvil para capturar una foto de Loles León o Rossy de Palma -"ay que ver cómo engaña en el cine...". No se hizo la mitomatía para la boca del asno, pensamos A. y yo, sintiéndonos burras encerradas en una cerca llena de Louboutins mientras asoma el primer bostezo a nuestras bocas.

Como A. trabaja en el cine suele ser muy clemente con las películas. Y se enfada cuando yo le mando alguna crítica del periódico que pulveriza un filme. Es un intento noble de proteger su mundo, de rebelarse contra quienes entran a violarlo con las manos sucias y aviesas intenciones. Y hace bien.

Pero Volver a Nacer (de Sergio Castellito), la película que fuimos a ver, es mala (de cojons). Fallida. Plúmbea. Y advierto que ni soy experta en cine, ni tengo madera de crítica, ni he cenado tete a tete con Carlos Boyero. Dicho lo cual debo alabar el trabajo de Penélope Cruz, esa actriz que con los años ha demostrado que no se fue a Hollywood para nada, y que defiende con esfuerzo a un personaje encharcado en una historia delirante llena de situaciones absurdas y con un partenaire al que dan ganas de estrangular por su histrionismo adolescente.

Un estreno es un circo con las fieras excitadas, sobreactuadas y famélicas. Eso es lo que pienso.

Y luego pienso en Homeland, en Downton Abbey, en The Boss...en esas series de televisión que me mantienen pegada a mi pantalla por las noches con sus tramas perfectas, sus guiones de titatanio, sus actores impecables, su tensión bien administrada. Y me descubro ante el talento. Y nada me gustaría más que encontrar una serie made in Spain que me dejara boquiabierta e insomne perdida esas madrugadas en las que no veo el momento de apagar el Mac, que echa humo, y encomendarme a Morfeo.

Me gustan las buenas historias. Creo que pueden salvarte la vida. Y me pongo frenetica cuando llego a casa y pillo a mi adolescente tragándose la enésima entrega de "Aquí no hay quien viva", que sí, tiene su gracia evidente y ese punto de chascarrillo ingenioso tan español. Pero no va más allá, con todos mis respetos.

La heroína de mi infancia
Los cuarentones de hoy crecimos con Pippi Calzaslargas y Mazinger-Z. También con Heidi y Marco, desde luego. Luego, en la adolescencia, nos enchanchamos a Dallas, a Dinastía y a Falcon Crest. Nos reímos con Los Roper y potamos con el almíbar de La Casa de la Pradera. En el cole comentábamos capítulos de Kojak y Colombo, y luego estaba esa horterada llamada El coche fantástico. No sé si eran buenas series, porque el tiempo es traidor y desmemoriado, pero nunca las he olvidado. Como tampoco "Cañas y barro", "Tristeza de amor", "Turno de oficio" o "Los ladrones van a la oficina".

Cada generación se forja con películas y series de referencia. Un cemento de ficción que le otorga consistencia y memoria histórica.

Y luego están las historietas. Y las películas fallidas que nadie recordará dentro de una o dos décadas. Cuando incluso Helen Hunt haya sucumbido a la silicona y mi amiga y yo seamos dos señoras que se gruñen porque siguen necesitando buenas historias con desesperación. Y que hace tiempo que dejaron de ir a estrenos para evitar el bochorno del besuqueo y porque después de tres horas de butaca se te hinchan los pies y las narices a no ser que te hayas quedado prendida y prendada de la pantalla.

Eso que a veces sucede y es gloria bendita.







jueves, 10 de enero de 2013

VEINTE MENTIRAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

Últimamente finjo que no me entero cuando me mienten. El acto en sí se parece mucho a dejarse llevar por la ola cuando estás en el mar y te entra un ataque de pánico. En mi caso una vez me sucedió en La Ballota, esa playa salvaje e imponente de la cornisa asturiana que amo, y de inmediato me puse a sacudir brazos y piernas para luchar contra la corriente que me arrastraba hacia las fauces de un Cantábrico con cara de pocos amigos.

Después, una amiga socorrista de la zona me dijo que había que abandonarse y esperar la ayuda. Me pareció un acto de fe similar a creer en la santísima trinidad si has nacido en Marruecos, pero lo di por bueno porque O. es una gran profesional y todos los veranos salva vidas de incautos que se creen más fuertes que el océano.

Con los mentirosos ocurre que te enredan pero si pataleas empeoras la situación. Lo mejor es darles cuerda, hacer ver que eres muy tonta y no te has dado cuenta de que te estaban tendiendo una trampa. Y al llegar justo al borde, antes de caer, pegas un salto olímpico y te vas como si nada, evitando la tentación de humillar a quien se pasó horas, puede que días, urdiendo la celada.

Todos mentimos, desde luego. La trola es un accesorio tan imprescindible para la vida como el escalpelo para la cirugía. El objetivo suele ser allanar el camino, quitar piedras aquí o allá. Aligerar cargas propias o ajenas. Medrar. Alargar una relación que agoniza. Sobrevivir en un medio hostil. Así que no penséis que soy una timorata de colegio de monjas que aprendió -también en casa- que la verdad me haría libre.

Pero lo cierto es que la verdad es un bálsamo que pica pero te deja como dios (mis excusas para la iglesia) Tiene una vertiente poco sexy. No es nada literaria. Al menos no en estado puro. Resulta perfecta para narrar vidas de mártires pero no para urdir esa joya llamada El talento de Mr.Ripley que trato de hacer leer a mi adolescente. Ella, en cambio, me asegura que lee a Neruda y sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Lo doy por bueno, aunque juraría que anda whasappeando con el desesperado de turno.

Ser madre de adolescente implica desarrollar anchas tragaderas para la pequeña mentira. A veces para la gran mentira. "Vuelvo tarde, que así llegamos todas juntas" es un clásico que quiere decir que tendrás que hacer guardia para irla a buscar si no quieres que regrese sola por las aceras hostiles de una ciudad que no pateaste a su edad a esas horas porque tus padres eran los carceleros de Alcatraz y tus planes de fuja los imaginó la señorita Pepis, esa del tocador rosa y el perfume con olor a talco.

Y luego están las mentiras de amor. Esas que te susurran al oído cuando estás con las alarmas desconectadas y en pleno éxtasis. A mi amiga C. un hombre le hizo ver que era el amor de su vida y ella se lo creyó. Resultó ser un espejismo y anda lamiéndose las heridas pero dispuesta a una reconstrucción inmediata. "Eso sí, esta vez dejaré el sistema de detección de trolas encendido día y noche". A veces confundimos amor con arrebato, entrega por pasión y, agotados la salva y los petardos, quedan las cenizas. C. está harta de oler a incendio mal apagado, y encima el mito del bombero macizo no se ha hecho carne ni habita en el desorden de su cama.

Lo que no quiere decir que una no necesite a veces una dosis de trola bien administrada. Un poco de mentirizón para ir tirando. Lo único que pido en estos casos es que no me tomen por idiota. Si me mientes, villano/a, que sepas que lo sé pero actúo como si nada. Como sé que mi querida adolescente no baila con Neruda siempre que lo pone por pretexto,  pero me gusta que sea con el chileno y sus poemas encendidos en lugar de con un libro para quinceañeras descerebradas.

Una farsa vendida como literatura.

Esa es, en el fondo, una de las mentiras que más me cuesta perdonar.

Nadie es más fuerte que el océano. Se trata se ser más listo. De hacerle ver que te entregas a su delirio de grandeza. Y en cuando se descuide, fijo que vendrán a rescatarte. O estarás en condiciones de hacerlo por ti mismo.




martes, 8 de enero de 2013

VICENTE DEL BOSQUE, BALÓN DE ORO

Espero ansiosa a mi hombre Black&Decker.

En mi mano, la lista de todas las reparaciones del hogar que he ido postponiendo a lo largo de los meses. Cambiar una estantería, enderezar un cubre radiador, colgar un espejo, montar una cómoda morada, arreglar unas puertas... Asuntos pendientes que aprendes a no ver porque hay otras urgencias. Hasta que tu casa es Sarajevo y piensas que no es mala idea invertir un día, el último día de vacaciones, en poner las cosas en su sitio.

Entonces llamas a Mr. Black&Decker. El hombre que más necesitas en estos momentos. Un tipo con toda "la herramienta" -en singular- para hacer tu vida más fácil.

Con el paso de los años he aprendido a apreciar a esas personas capaces de hacer fácil lo que para ti es alta ingeniería. Por ejemplo: poner un aplique de luz. Por ejemplo: escribir una página de asombrosa calidad literaria sin florituras ni abracadabrismos (sigo colgada de Coetzee, cierto). Por ejemplo, diseñar un edificio sin costuras a la vista.

La poesía pura de JRJ.

No es que 2013 me haya pillado minimalista, es que bajo lo simple yace a veces un circuito asombroso de movimientos de alta precisión que consiguen componer una realidad perfecta. El diseño más íntegro se nutre de esos circuitos. Y luego está en singermornismo. O sea, el aparataje para fingir talento donde sólo hay grandilocuencia.

Lo ves en el cine, en la moda, en los videos musicales. Y en las conversaciones de tertuliano mediocre.

Anoche inauguré mis vigilias escuchando El Larguero, en la cadena SER. Para no gustarme el fútbol, podría examinarme hoy de un tema monográfico: El balón de Oro 2013 y sus alrededores.  José Ramón de la Morena entrevistó a Vicente del Bosque, elegido mejor entrenador. Y a cada pregunta del primero, el segundo respondía con un recital de aparente simplicidad que escondía munición pesada.

Del Bosque habló de la integridad, de cómo hay que llevar los valores al fútbol, del poder del equipo frente  la individualidad, y cuando De la Morena intentó que mordiera un anzuelo venenoso y criticara a Cristiano Ronaldo por haber comparecido en la rueda de prensa sin quitarse la gorra, el míster respondió: "A los jóvenes les queda bien ese tipo de ropa".

Sospecho que bajo la aparente simpleza de este hombre bueno hay mucha reflexión. Que bajo su asombrosa modestia ha habido un trabajo duro de autoconocimiento. Que este hombre ha domesticado a la soberbia, si alguna vez habitó en él, y ha logrado lo que yo querría para mí: no juzgar, sino tratar de entender las reacciones ajenas en su contexto. La empatía como una de las bellas artes.

Van Dyck, Autorretrato
Ayer, hablando de arte, arrastré a mi adolescente al Museo del Prado para ver dos exposiciones. El Joven Van Dyck y los paisajes de Martín Rico http://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/emel-paisajista-martin-rico-1833-1908em, pintor al que desconocía en mi ignorancia, y que no voy a olvidar nunca.  Debo confesar que mi hija y yo llegamos medio enfadadas porque ella imaginaba un día de rebajas en lugar de un chute de cultura, pero yo he aprendido a ser melasudista con sus arrebatos ciclotímicos.

Fue entrar en la primera sala y soltar las armas. Un autorretrato de Van Dyck hecho a sus dieciséis años nos dejó mudas a las dos. Luego mi ado fue por libre y se paró en lo que le gustaba, con un recorrido errático que tenía todo el sentido. Yo la miraba de reojo y admiraba en los cuadros la evolución hacia el virtuosismo de un pintor que supo estar a las órdenes de Rubens y salir con una impronta personal. Cada vez menos ruidoso, más centrado en la pincelada ágil.

Ágil como mi hombre Black&Decker, que llegó hace apenas unos minutos y ya ha puesto en marcha la taladradora.  Os dejo.  Mi vida está a punto de ordenarse.

El primer paso hacia la necesaria simplicidad...




domingo, 6 de enero de 2013

MOURINHO Y LA ZONA DE CONFORT

Tranquilos, que no voy a hablar de fútbol. Hace años que no veo otro partido que no sea una final donde juegue España y siempre con amigos y cervezas. Sin embargo no puedo evitar leer los titulares de deportes, quizás porque cuando opté a una beca para la cadena SER, allende los años,  me preguntaron en el examen quién ostentaba el record mundial de salto de longitud, dato que por supuesto ignoraba y cuya respuesta correcta era "Bob Beamon" (ya no se me olvida, lo malo es que de entonces a ahora lo mismo alguien le ha bajado a codazos del pódium).

Y ahora ya podéis respingar: me gusta Mourinho. Veo en él a un personaje tan evidente, tan sobreactuado, que me muero por saber cómo es en la intimidad. Me divierten sus exabruptos, sus salidas de madre, sus gestos ariscos con la prensa. Me provocan sus canas, sus ojos incandescentes, sus desplantes y esas frases suyas, como la que leo hoy: "¿Casillas? Estar siempre en la zona de confort no es bueno".

Tiene toda la razón. Uno aprende cuando sale del círculo de seguridad. Cuando se cae del tobogán, cuando abandona el taca taca. La zona de confort nos protege pero impide que nos midamos con nosotros mismos. Es ese básico seguro de nuestro fondo de armario, pero a veces hay que experimentar aunque salgas a la calle hecha una mamarracha.

Salirse de la zona de confort es como explorar el lado oscuro de Luke Skywalker. Da miedo, pero promete aventura, tensión, electricidad en el estómago. La zona de confort es el novio de toda la vida que ya no te excita pero te da la mano en el cine, el trabajo que dominas aunque no te exige ni el 30% de tu capacida; es, son, esos libros de autores que alimentan el hígado pero no el cerebro y cuando los cierras sientes la nada regurgitando en lugar de esa abducción de los libros que alumbran certezas en las que nunca te detuviste. La zona de confort es una mierda,  lo digo a lo Mourinho y espero ser perdonada.

Ser cobarde/confortable es no atreverse a probar un sabor distinto y seguir diciendo que como la paella española no hay nada. Es no jugársela por una relación que exige un salto al vacío. Es cumplir los cuarenta y sostener que a esta edad ya no se hacen amigos nuevos, ya no se aprende a bailar hip hop, ya no quedan más retos que madurar en buena lid y conservar como sea la tersura de la piel.

La zona de confort es saberse elegido, eso es lo que dice Mourinho. Y no tensar el músculo para salir disparado a una carrera donde te juegas un lugar en el campo. Creo que la palabra "incuestionable" encierra su veneno. Crecemos cuando nos cuestionan, cuando nos descolocan, cuando tiran de nosotros en el sentido contrario a nuestras inercias.

The Big-Bang theory
No hay nada más triste ni más cómodo que tu asiento en el salón con la forma de tu anatomía. Ser un Sheldon Cooper sin superdotación intelectual (valga el guiño a los fans de The Big Bang Theory). A veces hay que cambiar de silla, cambiar de novio, cambiar de look, cambiar de país y cambiar los ingredientes de tu paella para cuatro, aunque luego sepa a rayos.

Así que, querido Mou, me propongo para 2012 salir de mi zona de confort. Permíteme que mantenga mis madrugadas al teclado y mis dos cafés ristrettos del tirón. Soy tuya, haré lo que sea para que me elijas, como lo hará Iker Casillas para seguir siendo titular.

P.D. Aprobé ese examen de la SER. Fui becaria y jamás pisé la zona de confort como jamás me tocó hacer una sola crónica de deportes. Con esa tara vivo, veinte años después...


viernes, 4 de enero de 2013

EL HOBBIT Y LA PORNOGRAFÍA FICCIÓN

Vaya por delante que nunca he sido fan de Tolkien. Cierto tipo de literatura fantástica me parece un sustituto de la imaginación, como la sacarina del azúcar. No me excitan los elfos, los trasgos, los enanos ni las criaturillas del submundo aunque digan "mi tesoooooooooooro". Lo mío son los monstruos clásicos, Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo, en primera instancia. Los lagos con niebla frente a las ciudades catedral en 3-D. La insinuación frente a la invasión explícita.  

Creo que hay una fantasía erótico-romántica y una pornográfica. La diferencia es que en la primera tú tienes que poner de tu parte. La segunda te la dan servida, deglutida y digerida. Con las exclamaciones pautadas como un guión de los Oscar. Con el orgasmo entre comillas. Ahhhhhhhhhhhh!

Todo esto viene a que ayer fui a ver El Hobbit con Minichuki. Creo que quería compensar su desolación por el hallazgo de los Reyes Magos. Darle un baño de ficción frente a la prosaica realidad que le había arañado la piel apenas unas horas antes. Craso error. Menosprecié  la capacidad de crear historias de mi hija, que a partir de la primera hora y media de película  -dura casi tres, un desatino- compuso todas las variaciones posturales imaginables en una butaca de cine, incluido el contorsionismo.

De nada sirvieron las palomitas -se las zampó en los prolegómenos- De nada los mimos de su padre, que le sostenía la cabeza de cuando en cuando mientras yo hacía lo propio con los pies. Al final, Tolkien nos obligó a un placaje que hubiera hecho respingar al Defensor del Menor. 

Creo que El Hobbit es un ejercicio de efectos digitales con coartada de historia de aventura. No he leído El Señor de los Anillos nunca hasta el final, así que me confieso prejuiciosa y maledicente. Sí solía beberme los relatos de G.A Becquer, y temblaba bajo las sábanas con uno de una mujer con velo blanco, una muerta desesperada. Creo que se titulaba El Monte de las ánimas. Tengo la sensación de que cuando el cuento fantástico es explícito, como el sexo, pierde bastante interés.

Me gustan los puntos suspensivos.

...Creo que a mi hija también. Guardo en mi ordenador varios relatos suyos que escribe algunas noches para demorar el momento de irse a la cama. Le cambio sueño por ficción, este es nuestro pacto no escrito. No son más de veinte minutos, pero a ella le otorgan una victoria y a mí me producen un calor íntimo que se parece mucho al orgullo de madre.

Cuando la realidad se pone arisca, hay que refugiarse en la literatura o montar un mueble de IKEA. Tener las manos ocupadas y jurar que nunca jamás volverás a reincidir te impide lamentar cualquier infortunio y se te olvida que no has dormido más de dos horas, que los Reyes Magos no van a traerte ningún regalo mágico que no sea un teclado o un trozo de papel y un lápiz.

Vuelvo a El Hobbit. A Gollum, ese hombrecillo contrahecho del submundo que ayer nos regaló la secuencia más divertida. La única qu nos mantuvo a Minichuki y a mí quietas paradas: Bilbo Bolsón, el personaje de Martin Freeman, se juega la vida a las adivinanzas con el custodio del anillo. Leo que Peter Jackson, el director, tardó dos semanas en rodar esos diez minutos que son una joya porque disparan la imaginación, porque te obligan a rellenar los puntos suspensivos. Porque hay algo de ballet en los movimientos arácnidos de ese tipejilllo con dos caras que es el Barón Ashler de Mazinger-Z, pero también Jeckyll y Hyde de Robert Louis Stevenson.

O sea, buena literatura.

Terminaré diciendo que a la salida del cine nadie interpretó la película porque a todos nos la habían dado masticada. Deglutida. Digerida como una papilla de gimnasio para musculados artificiales tipo Hulk Hogan. Así que no nos quedó otra que ir a cenar a unos de esos sitios donde les dan a los niños tres ceras de colores y un papel...

...Que mi hija y yo cogimos con ansia  para dibujar frenéticas hasta que llegó el sandwich Club.

Las películas que te impiden soñar suelen abrirte el apetito. Como el mal sexo. Pura ansiedad.

P.D. Sí, esta post es demagogia pura. A veces la ficción te lleva por submundos donde no hay Gollum que te frene con un ingenioso esgrima de adivinanzas y te llame mi tesooooooooooro.