jueves, 28 de febrero de 2013

AUTOAYUDA PARA INSOMNES

Drácula de Coppola
¿Cuándo dura el luto de un vampiro?

(Me pregunto)

Como cada madrugada, mi vecina de tabique ha abierto enérgicamente el grifo de la ducha y se ha pasado sus buenos diez minutos evolucionando como si estuviera bajo las cataratas del Niagara. De noche cualquier ruido es un estruendo, así que mi sueño frágil se ve interrumpido a las 5.30 de la mañana. La hora del té de los vampiros. Y entonces me sobrevienen las grandes preguntas:

1-¿Por qué al Papa Benedicto XVI, "el dimisionario"se lo llevan en helicóptero si Castel Gandolfo está a sólo 18 kilómetros de Roma? ¿Es necesaria tanta parafernalia para una espantá, aunque sea de dios?

2-¿Por qué  Corinna zu-sayn-Wittgenstein, la amiga del Rey, muestra insistentemente su pulsera de tres presuntos millones de euros en las fotos del HOLA? ¿Otro ejemplo de product placement? ¿Un mensaje cifrado para el CNI?

3-¿Cómo es posible que yo misma me haya autobloqueado al configurar mi flamante I-Pad II y liarme con las contraseñas? ¿Es esto lupus informático? ¿Es posible que si sigo frotándola salga el espíritu de Steve Jobs a iluminarme, como el genio de la lámpara? (En caso afirmativo, ¿qué tres deseos le pediría?)

4-Si J.E me regala tres libros de filosofía seguidos, aunque sea fotocopiados, ¿me está queriendo decir algo? ¿Las grandes preguntas, aunque sean insomnes, requieren elevados sustratos intelectuales que las sostengan, las abriguen, las impulsen?

5-¿Por qué mi armario es redundante? ¿El color negro es en sí mismo un acto de cobardía? ¿Debo poner fin al luto y llenarme de rojo pasión y furia? ¿Debo decir sí aunque sea condicionado, debo dejar tres baldas libres en el closet, tirar otro tabique o pintar la pared de rosa chicle? Y aún más:  

Benedicto XVI
6. ¿La redundancia es un pecado capital, querido Ratzinger, aunque sea redundancia estética?

7-¿Dónde venden las zapatillas de baile de las tres princesas del cuento para sobrevivir a una noche de juerga sin intermitencias ni sustancias tóxicas de camello diligente? (De negro, sin embargo).

8-¿Por qué mi vecino Anthony Perkins me mira raro cuando me pinto los labios en el espejo del ascensor mientras me recita tres o cuatro artículos del código penal en lugar de limitarse a darme los buenos días? ¿Rara yo? ¡Raro él!

9-¿Por qué soy incapaz de retener los chistes, los títulos de libros, las instrucciones de los mapas y los restaurantes de Lisboa? ¿La desmemoria es selectiva? ¿Necesito sorprenderme y de ahí el olvido?

10-Si el luto de un vampiro dura eternamente, la condena de la inmortalidad es un grifo abierto en medio de la noche.

PD. El video es probablemente de los diez más cursis que se han colgado en la historia de YouTube. recomiendo escuchar sin mirar u os convertiréis en estatuas de sal. Avisados estáis.


miércoles, 27 de febrero de 2013

DEDICATORIAS DE ESCRITOR

"La gente no se enamoraría nunca si no hubiera oído hablar del amor". François de la Rochefoucauld

"Y puede que te preguntes: Bien, ¿y cómo he llegado aquí...?
Y puede que te digas:
ésta no es mi bonita casa.
Y puede que te digas:
Ésta no es mi preciosa mujer. Talking Heads.

Nunca había pensado que hubiera libros que me apetecieran sólo por las dedicatorias. En general, los escritores suelen ir del "a mi adorada esposa" al "A mis hijos", con escasas variaciones. Pareciera que la imaginación hubiera quedado exhausta en la novela y al llegar a la primera página, esa que en teoría es un trámite, dedica el sudor de su frente a los de siempre. A los que se han soportado sus neurosis durante el proceso de escritura.

Pues si no conociera a Jeffrey Eugenides -autor al que descubrí en "Middlesex", claro-  leería su nueva novela "La trama nupcial" (Anagrama),  sólo por los dos textos que lo encabezan.

Creo que en muchos enamoramientos se sigue un patrón prefijado que no es el de las hormonas. Hay una forma intelectual de enamorarse que te lleva por caminos y veredas poco recomendables. Al final se te van las energías en alimentar un pulso que no es un desmayo, sino una elucubración.

Hay amores literarios, se me ocurre. Ficciones que construimos y alimentamos como quien riega una adelfa en el jardín.

Rochefoucauld sabía que la pasión es una, grande y libre. Y después están los corsés que la contienen y la nombran. Enamorarse con guión es interpretar un papel.

Y luego existe el desaforado sentimiento que uno no controla y que trata de embridar, o de matar, pero no puede. Y de ese no se escribe, porque rompe los hilos de la cordura y se hace relato sólo en la agonía.

Amo los escritores que cuidan cada palabra como si les fuera la vida en ello. Y a los hombres y mujeres que se entregan al amor sin surcos prefijados.

Para todo lo demás, dedicatorias al uso. Sentencias que otros imaginaron. Lugares comunes. 


martes, 26 de febrero de 2013

EL REGRESO DE BERLUSCONI

Trastevere.Roma
Una parte de Italia ha votado a la izquierda de Bersani. La otra, a Berlusconi resucitado de entre los muertos (y algunos, bastantes, al cómico Beppe Grillo, sí).

Resultado: un país ingobernable.

No voy a hablar de política, tranquilos, pero puede que los analistas expliquen hoy el resultado electoral como eso que pasa cuando la gente se siente desorientada, devastada, escéptica, furiosa. Cuando la crisis hace estragos y uno no tiene mucho que perder ni que ganar. Y entonces va y vota a un señor famoso por sus escándalos y desmanes. Carne de juicio. De titular grosero. Adalid de la cultura jacuzzi. Esa que se nutre de tías buenas que marcan pecho y culo, velinas tristes que sonríen para la foto.

(Pero ya lo votaron cuando no había crisis, diréis. No utilicemos el caos como argumento universal)

Certamente. Es la soberanía del pueblo. Eso sagrado que no debe cuestionarse. Pero da que pensar.

Amo Roma. La última vez que estuve la recorrí en bicicleta, brincando sobre esos adoquines que recitan rosa rosae. La Fontana de Trevi es siempre Anita Ekberg en La Dolce Vita y el Trastevere es mi barrio favorito de Europa. En Roma he besado, me he emborrachado y bailado hasta el amanecer, me he peleado con mi adolescente y me he quedado muda, estremecida en un concierto de piano  en Teatro Marcello, una noche con luna de septiembre. No guardo ni un solo recuerdo que pueda enturbiar esas sensaciones. Ni uno solo.

La dolce Vita
Y sin embargo, Berlusconi.

Puede que el problema sea mío. Idealizar una ciudad, un país, es como idealizar a una persona. El día que te eructa a la cara no das crédito.

Italia es Dante y es Rafaella Carrá. Es Miguel Ángel y es Benedicto XVI. Julio César y Bruto. Donatella Versace y las catacumbas. La ópera y el carnaval. 

Es Garibaldi y es...¿Berlusconi?

 
 "Mira la bestia por la cual me he vuelto:
sabio famoso, de ella ponme a salvo,
pues hace que me tiemblen pulso y venas.»                               

«Es menester que sigas otra ruta
‑me repuso después que vio mi llanto‑,
si quieres irte del lugar salvaje;                                     

pues esta bestia, que gritar te hace,
no deja a nadie andar por su camino,
mas tanto se lo impide que los mata;                                         

y es su instinto tan cruel y tan malvado,
que nunca sacia su ansia codiciosa
y después de comer más hambre aún tiene.    

(Dante AlighieriDivina Comedia)

 

 

  









lunes, 25 de febrero de 2013

LA FAMILIA Y UNO MÁS

Hospital de Madrid. Sala de espera. Quince gitanos aguardan noticias de un pariente al que le están haciendo la vasectomía.

-¿Han descapullaó al Boliche, nena?

Mi hermano J. ahoga la risa como puede, y contempla el espectáculo. Una mujer del grupo cambia el canal de la tele. la enfermera la amonesta: -"Señora, está puesto para niños, haga el favor de dejarlo quieto.
-Qué pesada, la payaaaaaaa.


Cinco de esta madrugada. Mi cuñada da a luz a un niño. Pocas horas después, nos envía la foto por Whatsapp. Las Chukis se alborotan y ríen y se abrazan. "Otro primo, yupiiii!. A mí se me saltan las lágrimas. Empezamos a organizar la avalancha familiar al hospital.


Conclusión: no somos tan distintos.

Las familias numerosas tenemos algo que nos hace expansivas: "donde comen quince, cenan veinte", diríamos. Cada nacimiento se celebra con alborozo y más este, aque tiene toda la pinta de ser el último. Se llama Manuel, pesa más de cuatro kilos y tendrá doble nacionalidad, española y argentina.

-Menudos dos países trinfadores. Uno en crisis y otro en shock.

Pero el bebé duerme plácidamente, ajeno al devenir de la madre patria y de la otra. Sin saber que está a punto de entrar en una familia gitana en los afectos, y ruidosa, y criticona, y feliz.

Lunes gitano, pues. Las chukis, antes de irse al cole: "Habrá que organizar una comida para todos, no, mamá?

Lo han aprendido bien. Ser familia numerosa es liarla a la mínima. Y luego, agotados, exclamar en el sofá: ¡¡¡Pero quién me mandaría a mí!!!!


Bienvenido al clan, baby! Y avisado quedas: El día que te hagas la vasectomía, allí estaremos.


domingo, 24 de febrero de 2013

QUÉ CLARIDAD DE CONFUSIÓN. Homenaje a El Roto

El Roto
Si la realidad se apodera de los ropajes de la ficción, ¿de qué escribirán los escritores?

Amantes. Detectives. Ladrones. Engaños. Amenazas. Timos. Sobres con dinero negro...

Bye bye hijos de Connan Doyle, Dashiell Hammett, Corín Tellado...

Es tiempo de poesía. Pero los poetas no venden. Son incomprendidos y así debe ser. La poesía es otro grado y si eres mal poeta se te nota. Te vuelves cursi y redicho entre cuarteto y terceto. Incluso en pleno verso libre.

Los filósofos tampoco lo tienen fácil. Están encharcados en el fango, les cuesta sacar la cabeza. Los abuchean, los ningunean. ¿Dónde estábais cuando más os necesitamos? claman las voces.

Y luego está El Roto. Que ha encontrado el filón perfecto para su acerada visión de las cosas. Un tipo preclaro al que admiro y que contempla la realidad y la destila en un garabato y un par de frases.

"Aquello que veo es lo que señalo". El Roto entrevista

El presente es una viñeta de El Roto. Poesía del hígado envenenado.

by Cristina Iglesias
La novela de género debe inventarse géneros nuevos. Los lectores tienen las tragaderas atascadas del estercolero reinante.

La metáfora. Es tiempo de metáfora y de bilis. De contar historias que no huelan a otras ya contadas. 

Ser críptico y metafórico. Tirar la mierda literaria a la basura. Dejar de impresionarse por los titulares. Ir al fondo de las cosas, asfixiarse. Estar a punto de morir. Y luego darse un impulso con los dedos de los pies y subir hacia el aire.

Harta de bazofia. Así me declaro. Vivimos tóxicos, nos rodean los malos.

Sólo el arte nos sobrevive. Y las personas con buenas intenciones. Vade retro a los mamarrachos que escriben historias vulgares sin citar las fuentes.

Vómito de domingo. Prescripción: Ir a la expo de Cristina Iglesias en el Reina Sofía. Poesía pura.








sábado, 23 de febrero de 2013

EL FIN DE URDANGARIN Y LA INFANTA

Cristina y Urdangarin
 -Mañana declara otra vez Urdangarin. ¡Menudo sinvergüenza!
-Y la Infanta Cristina, ¿estará aún enamorada, será así de tonta?
 (Dos señoras. Patio de butacas.Cine Renoir Retiro. Madrid)

Fundido en negro.

Un hombre y una mujer están  sentados en el teatro del colegio donde la hija de ambos hace su representación musical. A ella se le saltan las lágrimas y él quiere saber por qué. Ha encontrado al perro muerto. "Te dije que cerraras la jodida cancela", murmura él, sin dejar de mirar las evoluciones de la hija en el escenario.

En ese momento, han pasado apenas unos minutos de película, entiendes el desamor. El desgaste en una anécdota cotidiana. Todo el dolor y el resentimiento contenidos en siete palabras. Es el fin.

Blue Valentine
De eso va Blue Valentine, una película de Derek Cianfrance que tenía ganas de ver seducida por su trailer, que se estrenó en 2010 en EEUU y que ha tardado más de dos años en llegar a España, ignoramos por qué. Michelle Williams y Ryan Gosling (segundo rubio del que me enamoro, empiezo a preocuparme) encarnan el auge y caída de la pareja, y  hay quien vende la película con la leyenda "para escépticos del amor". Soy el target perfecto.

No todo en el filme es tan sutil. Pero los arquetipos funcionan. Él es un Peter Pan con todo el salvaje atractivo de los peterpanes. Divertido, sexy, un tipo dotado con mil talentos que no aprovecha. Un potencial en bruto, como ella le echará en cara en una secuencia dramática de la película que concentra ese instante, ese clic del final. Borrachos los dos en la bautizada como "la habitación del futuro" -qué ironía- de un motel de carretera grotescamente decorado como una nave espacial con mareante cama giratoria.

Un rato antes de que empiece he mandado un whasapp a M.: "¿Te apuntas a un dramón de desamor?". Me contesta que ha quedado con su última nueva probable gran pasión. Respondo: "Pues a por ella, que la vida es corta y el amor efímero". Responde: "Que te den. Aunque reconozco que tengo todas las papeletas para sufrir". Respondo: "Carpe Diem".

-Me dijiste "en lo bueno y en lo malo", le suplica Gosling a Williams. "Pues este es mi peor yo"

Mi vecina de butaca me da en el brazo. Está mareada. Se va a desmayar. La ayudo a tumbarse en el pasillo, le doy agua y le refresco la frente. "LLama a Steve", me suplica extendiéndome su I-Phone. Lo llamo. "No me conoces, pero tu chica se acaba de marear y te necesita". "Oh, pobrecita, voy corriendo. Dile que en quince minutos estoy allí y... que la quiero". Lo encuentro conmovedor. "Así da gusto desmayarse".

En lo bueno y en lo malo.

Hora y media después se encienden las luces.  Las dos  señoras vuelven a Urdangarin y la infanta Cristina. "Pobrecita, menudo trago le está haciendo pasar el tiparraco ese".

Me pregunto: ¿Estará la infanta Cristina a punto de reprocharle que no cerró la jodida cancela y el perro escapó? ¿O piensa asumir su peor yo cuando hoy su marido baje la rampa de los juzgados nuevamente, y se las vea con el juez Castro, y tenga que dar explicaciones de Noos, de Aizoon, de Camps y Rita Barberá, de los mails envenenados de Diego Torres, de cuentas en Suiza, de informes fantasmas?

¿Puede el amor sobrevivir al engaño, mientras sea a cuenta de otros?

Y, volviendo a la película,

¿Por qué en los inicios nos ponemos una venda para poder bailar claqué en la calle, como Michelle Williams en ese trailer adorable? ¿Por qué en los finales nos irrita que el otro respire fuerte o haga demasiado ruido al levantarse una mañana de domingo?

Y, lo más importante. ¿Dónde estás, Steve, si me desmayo?



http://www.youtube.com/watch?v=Ksn1U452EfQ




 




viernes, 22 de febrero de 2013

SUDAR, O EL PRODUCT PLACEMENT

Miré el debate sobre el Estado de la Nación como quien oye llover. Luego, me preparé en una bandeja un aperitivo deluxe: berberechos al limón, mejillones en escabeche y un cuenco de patatas fritas tamaño XXL. Acompañado de cerveza Alhambra servida en vaso congelado. (¿Es esto product placement, me pregunto?)

Sí, era la cena de una condenada y así me sentía yo. Pero fui feliz mientras esos señores se peleaban en la tele en un combate de "y tú más" que sólo podía llevarles a un resultado: el país está K.O. Malherido y tambaleándose. Por mucho que uno pida "dimisión" y el otro responda "insidias" (sustantivo viejuno donde los haya)

Debate Estado de la Nación
Mientras Rajoy abandonaba el Congreso satisfecho de su último round, me metí una patata con mejillón, delicioso canapé, en la boca. Bebí cerveza. Pensé que el aguante es eso tan elástico que hace que cuando crees que te vas a romper puedas permanecer en el ring un poco más. Unos instantes. Y luego otro poco. Sufrir es un entrenamiento, ya lo decía la profesora de Fama, la serie con la que los de mi generación aprendimos que un gimnasio puede ser una pista de baile glamourosa, pero que ese no suele ser tu gimnasio.

Mi gimnasio. De esto va la cosa. Es un antro en plena calle Serrano. Un oxímoron, diréis. Entre cinta y cinta de correr no hay espacio, de modo que es probable que el tipo de al lado -suelen ser hombres, ellas se van a clases corales- te duche con su sudor mientras tú, que siempre vas a una velocidad muy inferior a la suya, tratas de enjugarte la frente con la toalla como si sudaras lo mismo -improbable- y entiendes que correr es un fin en sí mismo. Ítaca, no el camino a Ítaca. 

Serie Fama
Si corres entiendes que puedes correr más. Un poco más. De rato en rato has de vigilar los latidos de tu corazón, desbocado. Anoche, para ver el Telediario, me coloqué el pulsómetro. La cinta elástica con los sensores en el pecho, el reloj en la muñeca. Juro que llegué a 95 sin moverme del sillón. Como esos chicos que juegan a combates sangrientos en la Play Station. Una noticia que siguió a "la noticia": el lanzamiento de una nueva consola de esa marca. Me indigné mientras buscaba con el tenedor el último berberecho entre el caldito turbio.

Hay una realidad y luego está la que nos cuentan. La de esos señores que fingen gobernarnos y también los que presuntamente vigilan a los que nos gobiernan. Pensé que todo era un juego de la Play. Una mentira en 3-D para mantenernos en casa con una bandeja de cerveza y mejillones.

Pensé que lo más real de mi día había sido el esfuerzo. Que el sudor no engaña, no admite interpretaciones. Que el corazón atiende a estímulos virtuales, hasta que el cansancio se impone. Que siempre se puede sufrir más, pero que la indignación tiene un tope. Y si lo sobrepasas sobreviene el escepticismo.

Y ese no se cura con Acuarius. Toma product placement.





jueves, 21 de febrero de 2013

PONER EL PUNTO Y FINAL

A veces la vida te va en un relato. Sujeto+verbo+predicado. Si no lo construyes bien el alma penderá de un hilo y estará condenado a pendulear de a norte y sur.

Un ejemplo. Minichuki, que es práctica y zorrezna como ella sola, me llamó ayer por teléfono minutos antes de llegar a casa:

-Adivina qué nota he sacado en cono (cimiento del medio). Es de las malas, no creas.
-¿Un dooos?
-Arriba, arriba.
-!Un ocho!
-Abajo, abajo. Si es que no sé qué me pasó, me puse nerviosa y confundí los ríos.
-¿Un cero?
-No, hombre no. Un tres.
-Ahora cuando llegue hablamos.
-¿Para qué, si ya hemos hablado?

En su cabecita, había rematado el capítulo titulado "leve fracaso escolar". Respiró hondo, se puso el pijama y cuando yo llegué no había manera de iniciar la conversación, porque nadie la gana a improvisar y me tentaba con fascinantes historias sobre el mar y los peces. Cuando al fin la até de pies y manos en el sofá, y le dije por qué creía yo que había suspendido, exhibió su vis más dramática y se fue a la cama con una súbita contricción que había brillado por su ausencia hasta el momento.

Yo pude entonces poner fin a mi relato.

Rematar una historia, quien escribe lo sabe, es mucho más difícil que arrancarla. El otro día mi amiga A., con quien comparto cuentos y derivas, me respondió así a mi angustia vital por un texto que no sé si escribo o me escribe. Y, peor aún, no sé a dónde me lleva.

-Tienes que tener claro lo que quieres contar.
-Eso es lo único que tengo claro, chitina.
-Pues entonces piensa en la evolución del personaje. Has de ver su trayectoria y su final. Escríbete un guión y no te salgas, que tú eres muy indómita, como Minichuki.

Tenía toda la razón. Dejar que las historias campen a su aire es un peligro. Como los caballos salvajes, es posible que cuando les indiques el camino al redil no te hagan caso. Y relinchen, y se agiten con violencia, y se escapen como alma que lleva el diablo. Un escritor no es un médium, aunque a veces lo parezca. Es un director de orquesta que ataca una sinfonía nunca escrita pero que nace con reglas. Y si se las salta puede devenir la gloria o terminar como pólvora mojada ante la estupefacción de los músicos.

Cualquier relato -profesional, amoroso, familiar...cualquiera- exige su resolución. Aunque sea una condena en la horca. No puede quedarse en el purgatorio eternamente, en el "loquepudohabersidoynofue" porque entonces te impide seguir adelante y sacar la pluma y escribir el siguiente. El marino que no vuelve a casa condena a su pareja a esperarlo como Penélope, tejiendo una tela sin lana ni agujas. Nada nos relaja más que un punto y final en condiciones. Un duelo sin el muerto presente no es un duelo. Una esperanza sin argumentos es simple fe, y se alimenta de nada.

Y aquí termino mi relato, con plena conciencia de cuál era mi objetivo: hablar de la desazón. Del horror al no final. Del miedo al final porque allí empieza el precipicio. De la certeza de que cada buena historia merece su oportunidad. Aunque cuando arranque la orquesta el público abuchee y tengas que guardar el violín cabizbajo y volver solo a casa.

Hay que rematar lo que se empieza, que diría una madre. Y más si te dedicas a urdir historias. Esas chicas obstinadas que se te apoderan una noche y piden licencia para escapar. Licencia para vivir.





miércoles, 20 de febrero de 2013

LA DICTADURA DEL LENGUAJE

Igual  que hemos pasado del encaje a las rayas por decreto de las pasarelas -al  Vogue de marzo me remito- hemos pasado de la "prima de riesgo" a la "imputación" o al "deshaucio" por decreto lingüístico.

La dictadura de la actualidad verbal es como la de la moda. Cada pocos meses marca sus pautas. Las palabras nos definen, nos contienen y nos colocan frente al mundo. Por eso hay que escogerlas cuidadosamente antes de arrojar el discurso a la alfombra roja donde un grupo de expertos más o menos esnobs sentados en el front row darán buena cuenta de ellas y, con aplausos o bostezos, las convertirán en tendencias de temporada.

Y no vale resistirse. (Yo no soy una fashion victim , dirás, pero luego comprarás en Zara y en H&M modelos sospechosamente inspirados en lo que los creadores han mostrado en Nueva York, París y Milán).

El deshaucio
Con las palabras, insisto, sucede lo mismo. No me detendré mucho en ese adjetivo que detesto emblemático- para no aburrir. Tampoco en esa expresión que odio -"eso no, lo siguiente", que parece haberse quedado para siempre y que evita el desgaste mental con su fórmula pret-a-porter ya construida y fácilmente encajable en cualquier discurso. Es la camiseta gris, el vaquero que va con todo. Lo que te pones una mañana de resaca para no pensar.

Me refiero más a esas otras palabras que la realidad más salvaje ha puesto en nuestro camino. Decir  deshaucio-convendremos que hasta hace poco no tenía demasiado éxito en los discursos- se ha hecho imprescindible. Aún más ahora que va tristemente unida a "suicidio". Si te quitan la casa y encima te matas, nadie debería poder mirar a otro lado. Contarlo, incorporarlo en el relato cotidiano, es una forma de asumir dónde estamos, quiénes somos y qué hemos sido capaces de hacer.

Con la imputación pasa algo parecido. Hay tantos imputados que las chukis me preguntan si ellas también pueden ser de eso. A la fuerza hemos aprendido que a veces es mejor que te imputen, porque si te llaman como testigo acuden ante el juez sin abogado ni perrito que te ladre, y puedes cagarla.

Cluedo
Los economistas, estrellas del rock&roll el pasado verano, han cedido las portadas a los jueces, abogados, espías, detectives y chorizos. ¿Bye bye Monopoli, bienvenido Cluedo?.

Hoy en la portada digital de un periódico nacional leo en titulares las palabras: INDIGNACIÓN, CIBERGUERRA, RIESGO, CORRUPCIÓN, REGISTRO Y ESPÍA. En los de la competencia, CRISIS, CORRUPCIÓN, CUENTA EN SUIZA, HUELGA, SOBRES.

Esa es la sopa de letras en la que mojamos nuestras vidas cada mañana. Sería estupendo que, como la moda, su reinado durase exactamente seis meses. Pero tiene toda la pinta de no ser así. Hay prendas, como los jeans de talle bajo o las cazadoras perfecto, que se han quedado para siempre. Se llaman clásicos.

Y lo que tiene un clásico es que se acaba convirtiendo en eso tan gris y llevable que llamamos cotidianidad. Y terminamos abusando de él. Como del adjetivo emblemático. Y pierde el sentido. Y es una pena.




martes, 19 de febrero de 2013

UNA NOCHE EN URGENCIAS


 Madrid. 22.30 horas.
-Perdone, llevo tres horas y media esperando que le vean la pierna a mi hija. ¿Podría decirme cuánto más tendremos que esperar?
-Pues hay demora.
-Eso ya lo hemos comprobado, sí.
-No sé...dígame el nombre de su hija.
-XXX
-Pues aún le quedan tres personas delante.

Sala de espera de urgencias. Mi adolescente y yo hemos llegado a las 19,45 horas. Ella coja y con sus apuntes del examen en la mano. A nuestro lado una chica latinoamericana tiene la pierna escayolada y se queja de mucho dolor. Una hora después sigue quejándose. La llaman a consulta. Sale hecha un mar de lágrimas. Le cuenta a su pareja que le han dicho que la tienen que operar, pero que no tiene cobertura. Le han dicho que volverán a llamarla en un rato. Ella llora. Mi adolescente me pide que le pregunte las cinco teorías por las que las mujeres vivimos más.

-Los estrógenos, que nos protegen, mamá. Pero ahora han descubierto que también pueden provocar más riesgos cardiovasculares.
-Ah...
-Dos: la testosterona masculina, que hace que practiquen más deportes de riesgo, conduzcan más deprisa y se peleen. Pero las chicas ya nos peleamos igual.
-Oh...
-La ingesta de alcohol y de drogas. Se supone que los chicos beben más. Pues ya te digo yo que no, que en los botellones ellas se ponen hasta arriba.
-Ya... Pero tú no, ¿verdad, hija?

Once y media de la noche. Un padre gritón y su hijo entran por fin. El pobre hombre lleva horas y está agotado. Pero cuando nosotras llegamos no estaban, así que me lanzo a la puerta de la traumatóloga.

-Disculpe, pero creo que este señor llegó después y nosotras llevamos casi cuatro horas esperando.
-Es posible que salieran a tomar algo. La demora, ya sabe...

Al fin nos toca. La doctora interpreta la radiografía: es una distensión. ¿Qué estabas haciendo?
-Un salto mortal
-¿Y eso haceís ahora en el cole?

A continuación se toma sus buenos diez minutos en redactar el informe, tecla a tecla. Tic,tac,tic, tac. Mi adolescente me hace muecas de impaciencia. Salimos al fin. La mujer latinoamericana aigue ahí, esperando.

Doce de la noche. Al fin a casa.

Ah...no es un hospital público, sino una clínica privada. 


lunes, 18 de febrero de 2013

PALABRA DE GITANO

Boda gitana
Ayer mis chukis aprendieron que los gitanos no viven en chabolas, roban y van sucios. Al menos no muchos de ellos. Fue gracias al magnífico programa documental de Cuatro Palabra de gitano. Los protagonistas eran adolescentes que empezaban a "ronear". O sea, a ligar, y para ello se maqueaban unas cinco horas antes de salir. Ellos y ellas.

-Mamá, van pintadas y vestidas como chonis. ¿De verdad que son gitanas?

En la tele dos chicas de la edad de mi hija se miraban al espejo con satisfación y elegían los zapatos más altos de su armario. En el cénit de la secuencia, una de ellas levantaba su cama y podía verse un arsenal de cajitas llenas de bisutería de rabiosos colores. Ellas elegían y, tras ponerse una pellica hasta los pies (abrigo de piel en el argot de mi difunta abuela) se echaban a la calle.

Creo que la comunidad gitana se ha incendiado porque este mismo programa, la semana pasada, mostró la famosa ceremonia del pañuelo, la prueba de que las novias llegan mocitas al matrimonio. O sea, vírgenes. Un ritual algo salvaje que nos cuesta entender y que choca con los atuendos de hurí o sexy danzarina del vientre con que se visten las novias gitanas, como también pudo verse.

Palabra de gitano.Cuatro
A mis chukis les extrañaba el color, pero no el fondo. Nada dijeron del poder de los patriarcas, de que sean los padres los que abran la marcha camino del culto, camino de pedir la mano de la hija. Sí parecían sorprendidas de la metamorfosis de las mujeres. "Mamá, con quince tienen un cuerpazo y con cuarenta están hechas unas viejas gordas".

También suscitó reacciones lo de "pedirse". O sea, hacerse novios formales a los catorce o quince años, con la visita a la casa de la novia de toda la familia del novio. Al completo. "A partir de ahora yo podré dormir en casa de él y él en la mía, pero en habitaciones separadas. Quiero preservar mi pureza", decía la chica. Mientras, en el salón las dos familias se abrazaban con ardiente familiaridad.

-Anda, que si con cada novio que has tenido hubiéramos montado ese belén en casa... sugerí a mi hija.
-No te pases, mamá, que han sido pocos. Menos que tú, por cierto...

Pero la secuencia más divertida fue la de ellos, los quinceañeros gitanos, con sus mejores galas camino del roneo en el centro comercial. Dentro del taxi descubren que el conductor lleva un frasco de colonia, y piden permiso para echársela.

-¿Qué marca es, Chanel de esa?
-No, Varón Dandi.
-Pues hala, a echarse bien.

Y lo siguiente eran ellos apuntando el espray contra sus caras, una dos, siete veces, mientras las chukis y yo nos retorcíamos de risa en el sofá.

Al final, la conclusión fue que los gitanos tienen sus normas y una manera solemne y lapidaria de ver el amor. Que ellas son dueñas de sí y mandan hasta que se casan y entregan su virginidad a un hombre que irá siempre dos pasos por delante, con el que tendrán hijos enseguida. Que raramente se separan. Que la familia es su pilar y su centro de gravedad. Que obedecen y respetan, pero mandan y a veces anulan a los suyos. Que son alegres y de la nada hacen un motivo para dar palmas. Que son dramáticos y aúllan en las tumbas de sus muertos.

Pero, lo que más me impresionó fue comprobar que a esa edad en la que mi hija mayor apenas se asoma al balcón de su vida, ellas parecen estar diciendo adiós para ser víctimas de su destino. Bueno o malo. Y lo aceptan. Al menos las chicas que salieron en el programa, nada marginales. Educadas y modernas.

Y esa ritual previo se llama llegamiento.

Y es una fiesta, y sin embargo me pareció muy triste.



domingo, 17 de febrero de 2013

HISTORIAS DE CAMA SOLA

Llegó al hotel con la reserva impresa y un pálpito Lost in Translation. Algo había hecho mal. En efecto.

-Esta reserva es para el próximo fin de semana, señorita.
-Ya...Pero aquí estoy con mi maleta y no voy a volver a casa. ¿Tiene una habitación libre?
-Al mismo precio, no.
-Al precio que sea. No pienso volver, como le digo.
-¿Una o dos camas? Necesitaré el DNI de su acompañante.
-¿Qué acompañante?
-Ah, es que usted reservó habitación para dos.
-¿En serio? No creo...Bueno, prefiero una cama.
-Lo siento, de una no hay. San Valentín, ya sabe...

Pensó que no, que no sabía. Que dos camas no era un mal arreglo. Podría pasar la mitad de la noche en una y la otra mitad en la otra. Incluso podría invadir con una pierna la cama de al lado. O, a una mala, invitar a subir al director del concierto. Un tipo calvo que, entre las dos sopranos rubias, explicaría con humor británico esa misma noche las historias de desamor de los madrigales de Monteverdi.

-El gorjeo de los pájaros presagia el dolor. No hay amor sin dolor, ya saben. Y sí, suena desgraciado, pero tantos testimonios no pueden equivocarse. Disfruten de la música, aunque no tengan amantes. Que bastante gris oscura es ya la realidad.

Real Coliseo Carlos III
Ella escuchaba sentada en una butaca forrada de terciopelo azul grisáceo. Fila cuatro. A su lado, un desconocido, también calvo, escrutaba el programa como si bajo las líneas hubiera un mensaje encriptado. Sus brazos se rozaban inevitablemente porque las butacas de un teatro del siglo XVIII estaban pensadas para el roce cortés. A el calvo la coincidencia de piel parecía sobresaltarlo. A ella le daba lo mismo, absorta en los cantos de las dos sirenas rubias. "El desamor es mucho más arrebatado y creativo que el amor, tiene razón", pensó sintiéndose muy de acuerdo con el hombre que acariciaba órgano y clave con idéntico virtuosismo.

La música tiene el efecto de detener el tiempo y la deriva de los pensamientos. Sentir y nada más. En el palco a un tipo le sobreviene un ataque de tos y su mujer, atribulada, lo manda de patitas a la calle. En el patio de butacas todo son parejas, a excepción de dos o tres hombres que, como ella, parecen haber perdido a alguien en el camino. Hay lugares arca de Noé donde la soledad es una evidencia incómoda. Pero las dos ninfas rubias,  Rachel Elliott y Agnieszka Grzywacz  rivalizan con sus melenas y sus voces de soprano -una de seda, la otra de terciopelo- y logran que el respetable olvide por un ratos cualquier convencionalismo social.

Suena Amarilli, de Caccini, y ella piensa que hay rasguños que no se curan porque te los haces justo en la yema de los dedos, ese lugar donde cualquier roce levanta la piel. Y sangra. Suena Pur ti miro, pur ti godo, cantado por Nerón y Popea, y el vecino calvo se revuelve de emoción y temblores. Y aplaude con pasión, y ella también. Y se encienden las luces y las parejas abandonan la sala cogidas de la mano. Y los solitarios también, encendidos de arrebato monteverdinesco. A sus cuartos de dos camas y la promesa de una noche larga y ambientada en la Italia del seicento. Allí donde el desamor es virtud y la belleza un calor absoluto que te impide sentir la punzada de la soledad.




sábado, 16 de febrero de 2013

LA INFANCIA ES UNA JUNGLA

"Hay dos formas de pensar en mi niñez. Desde una perspectiva, la infancia completamente convencional, un tanto solitaria, de un niño londinense de clase media-baja en los años cincuenta. Desde otra, la exótica, distintiva y, por tanto, privilegiada expresión de la historia de mediados del diglo XX de los emigrantes judíos procedentes de Europa Central y del Este" (Tony Judt. Pensar el Siglo XX, ed Taurus)

Arranco mi fin de semana de silencio con el eco de las palabras de Tony Judt, que comienza así su libro "Pensar el siglo XX". Tengo la sensación de que la vorágine que nos envuelve en el siglo XXI exige pararse un rato y pensar lo que fueron los años precedentes. Mis amigos intelectuales vomitarán sobre mi elección literaria. "¿Judt, ese judío vendido al pensamiento de masas? Así no hacemos carrera contigo, nena". Saben ellos que la cabra tira al monte y soy más de novela que de ensayo, pero una fuerza interior me ha hecho elegir este entre los libros de la estantería que tenía postergados hasta encontrar el momento oportuno.

Pensamiento o acción. Cuando estás estresado no te paras a pensar cuál será tu próximo movimiento sobre el tablero de ajedrez. Yo prefiero la acción, pero no la acción enloquecida. Me exaspera la falta de determinación de quienes deben hacer jaque mate y se lo piensan y lo mastican y lo regurgitan. Anoche, en mi tertulia radiofónica, alguien recordaba la frase de Rajoy que venía a decir que no tomar una decisión era en sí mismo una decisión.

Detesto a los indecisos. De adolescente solía acompañar a cierta amiga que se pasaba horas en el probador poniéndose una prenda detrás de otra y haciendo mohínes frente al espejo. "Qué te parece este?", me interpelaba. "¿Y este otro? No sé...." Al final yo mentía con tal de empujarla a llevarse algo. O la esperaba en un bar cercano donde ahogar mi impaciencia con un chocolate con churros.

Pero no he llegado a Judt para hablar de indecisas remolonas, sino con el fin de parafrasear el arranque de su libro. Con la venia:

Hay dos formas de pensar en la niñez. La edulcorada y la descarnada. Desde una perspectiva uno tiende a rememorar los domingos en la Casa de Campo o las imitaciones del tío Augusto en bodas, bautizos y comuniones. Desde la otra, recuerda con dolor esas peleas en el patio del colegio, el sarcasmo mordiente de tal niña de la clase o la sensación de que eso tan horrible que sentías no era permeable al mundo adulto. "Cosas de niños", te decían, y te daban una palmadita en la cabeza.

El otro día -lo conté en mi muro de Facebook- Minichuki (10 años) estaba abatida y nerviosa. Tardó mucho tiempo en confesarme por qué. Una niña de la clase había maltratado cruelmente a otra. "Le cogió su instrumento musical y sumuló que los destrozaba una y otra vez, mami. La pobre lloraba y le suplicaba que no lo hiciera, pero no se atrevió a chivarse a la profe". Confieso que me entraron ganas de llorar. Visto desde fuera, aquella era una gresca más de las que ocurren en las aulas desde que los niños son niños. Pero la intensidad del sufrimiento de esa víctima, y del de mi hija, era absolutamente adulta, salvaje y desproporcionada.

¿Cosas de niños?

(Le hubiera dado una hostia, con perdón, a esa pequeña hijadeputa, con perdón).

La infancia, dije entonces, es la jungla. Con sus normas, con sus delitos. El señor de las moscas, esa magnífica novela de William Golding  lo cuenta muy bien aunque para ello tiene que situar a un grupo de niños en un escenario y situación extremos.

Recuerdo una época en la que en el camino entre mi colegio y mi casa, apenas 15 minutos caminando, nos esperaba un grupo de chicos con palos y piedras. Recuerdo el terror de regresar cada día. Esa punzada en el estómago. El alivio si no estaban. La adrenalina por las venas. El cuerpo tenso, preparado para salir corriendo. Y suplicar en casa que algún mayor fuera con nosotras. Y recibir por respuesta algo así como "esos son gamberros, ya se hartarán".

Típica respuesta de adulto.

El miedo no tiene edad. La comprensión, parece ser que sí. El  bullying entonces no se definía con un término inglés. Era el siglo XX. Ese del que habla Judt a gran escala. A mí me hace pensar con dolor en la pequeña escala. Esa que vivimos todos y nos hizo cobardes, justicieros, indecisos o precipitados.







viernes, 15 de febrero de 2013

FIN DE SEMANA DETOX

Fin de semana detox: habitación para una, cama king size, Mr. Apple a mi lado y concierto de Monteverdi, G. Frescobaldi y G. Caccini  en teatrillo barroco.

De la comida, ni hablamos. Porque sospecho que el silencio pide a gritos un buen guiso de los que mojar con pan (eso que no debería probar, pero pruebo). Y unas buenas botas para caminar sin dejar otra huella que la de los malos pensamientos que se irán diluyendo entre encinas y alcornoques.

"La mejor inversión es en uno mismo", dijo el egoísta. Y algunos le hicieron caso.

A veces una tiene la sensación de ruido permanente. Y muy pocas aguantaderas, término que me ha venido por ensalmo, para un afterhours que no sea en medio de la sierra, sin caras conocidas a mi alrededor. Sin más reto que aguartarme a mí misma, que no es poco reto.

El señor del hotel ya me conoce: "Esta es la rarita que viene sola y desayuna como una bóa constrictor sin despegar la vista de los periódicos".

La bóa calienta motores y trata de decidirse entre dos o tres autores que reclaman su prime time cada noche en la mesilla. En unas horas será una cartuja con voto de silencio y vómito de furia.

La mejor dieta es de soledad y caminata.

Con un buen vino y un buen postre. Hedonismo rural, pongamos.







jueves, 14 de febrero de 2013

CUÁNDO DECIR TE QUIERO (y sus consecuencias)

"El amor es comprensivo,  el amor no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca". (San Pablo a los Corintios).

Salvo por lo de "aguanta sin límites", que encuentro peligroso y descatalogado, me parece que este es uno de los más bellos alegatos sobre el amor que recuerdo. Siempre que lo leen en las bodas me emociona, y me hace pensar que con ese baremo tan exigente hay pocos que puedan transitar por la vida en pareja.  Hoy, para celebrar  San Valentín, mi querida A., que me quiere y me lo recuerda cuando ve que las rodillas me flaquean, me ha invitado a "la fiesta de las despechadas" Una reunión de coléricas dispuestas a quemar papeles con los nombres de quienes les rompieron el corazón. Un akelarre de furia y decepción que San Pablo hubiera reprobado, imaginamos, pero que terminará con carcajadas de ron y esa solidaridad femenina que sobreviene cuando se cruzan en una conversación las palabras "ex novio" y "ruptura".

Creo que el comodín del "te quiero" hay que reservarlo para las grandes ocasiones. Mi generación creció sin que los padres nos lo dijeran, pero hemos aprendido a repetírselo a nuestros hijos cada noche y eso nos hace sentir bien. Pero ¿cuándo decir te quiero a alguien de quien te has enamorado? ¿Hay un momento, un instante de revelación que te empuja irremediablemente a pronunciar esas dos palabras? ¿Decir te quiero compromete, es irreversible, es irremediable? 

Si lo planteo es porque el tema salió en una conversación de ¿maduros? cuarentones hace unos días, y no hubo unanimidad.

-Mi regla de oro es no decir te quiero justo después de un polvo, que es cuando te lo pide el cuerpo.
-A mí me gustaba que él me lo dijera, hasta que se quedó sin contenido y se convirtió en un mantra doloroso. No me quería, ahora estoy segura. 
-Él no me quiere, quiere a otra, esa que lo trata mal, a veces la deja pero siempre vuelve como arrastrado por una fuerza superior.
-Yo estoy superenamorada veintidós años después. A pesar de las crisis, a pesar de los hijos...
-Ya sabes que tiendo a cagarla y a decirles que las quiero antes de tiempo. Me meto en unos jardines yo solito...
-¿Te quiero, te quiero? ¿no será más bien "te necesito"? Ojo con las palabras, que las carga el diablo.
-¿Quererme, dices? No, más bien se quiere a sí misma.
-Es un down emocional, como no sabe decir te quiero me dice "me gusta tu jersey".

En realidad, si te dicen "me gusta tu jersey" con amor, no me parece tan grave.  El romanticismo convencional apenas ha evolucionado. Es hora de revisar los códigos. De subvertir los mensajes. De pasar por la guillotina los ejemplos lánguidos de amor cortés y descortés. De enseñar a los adolescentes que deben amar locamente pero sin perder la cabeza. Y que deben saber cuándo marcharse antes de que les hieran.

Y que no sólo es el hígado, como nos han contado,  el único órgano que se regenera. El corazón lo hace mucho mejor. Aunque duele. Aunque tarda. Aunque te deja un reflejo que es una punzada aquí o allá, cuando menos te lo esperas. Hasta que un día te sorprendes diciéndole a alguien "me gusta tu jersey". Y una cosa lleva a la otra...

Queridas despechadas, no comparto vuestro despecho pero iré gustosa a beber vuestro ron. Por el amor que fue, por el que vendrá, por el que se lo está pensando...











martes, 12 de febrero de 2013

¿PARA QUÉ SIRVE UN PAPA?

A mi adolescente no le sorprende en absoluto la renuncia del Papa. "Los nombran cuando son abuelos en edad de jubilarse, ¿no es un poco absurdo?".

Minichuki va por otros derroteros:

-Mamá, ¿tú crees en el Papa?
-¿Cómo?
-Si uno no cree en Dios, ¿para qué te sirve un Papa?
-Uff.
-Mamá, ¿puede alguien obligarme a creer en Dios?
-No, hija, no. 

(Entenderéis que a veces una no se relaja ni a la hora de la cena)

-Chicas, el profe de inglés ya no puede venir más. Le han surgido traducciones y no tiene tiempo.

Adolescente: "Últimamente todo el mundo te abandona".

Síndrome del abandono: Mujer sola que en plena crisis doméstica se levanta a limpiar, recoger, poner lavaplatos, hacer la cama. Como tantas. Luego entrevista a posibles cuidadoras, así las llaman, y a la cuarta siente que conecta el piloto automático y empieza a hacer preguntas absurdas.

-¿Quién toma las decisiones más importantes en su casa?
-¿Cómo?
-Que si le da rabia tender la ropa o vaciar el lavavajilas, como a mí.
-A mí me pagan por hacerlo todo, así que o me gusta todo o me voy a la calle.
-¿Está usted casada?
-Mi marido me saca 25 años. No me casé enamorada pero es buena persona, así que lo cuido y nunca voy a abandonarlo.

El Papa abandona, el profe abandona, Dios ¿abandona?, la empleada de hogar me abandona (no a su vetusto marido).

Pero las chukis están siempre ahí, a la hora del desayuno, y te estiran el corazón con sus salidas.

-Mamá, ¿por qué siempre ves el lado bueno de las cosas?
-Porque así soy más feliz.
-Ah, bueno.

lunes, 11 de febrero de 2013

SI LA AMBICIÓN TE OBSTRUYE LAS ARTERIAS

Escalera al ¿cielo?
Mantengo una relación ambigua con la ambición. Por un lado la detesto. Por otro me parece imprescindible para el cambio.  Considero que, como el colesterol, hay ambición buena (HDL) y mala (LDL).

La mala, la que bloquea las arterias, es la que se alimenta de sí misma. El más por el más. La geometría del éxito que se mide en números. La buena se mide en bienestar.  Todo lo que uno puede hacer para ser mejor, para crecer, para lograr un equilibrio entre lo que tiene y lo que necesita para sentirse satisfecho.

Una vez leí una entrevista a Penélope Cruz que no tenía ningún interés, salvo por una respuesta que no se me ha olvidado. Decía que la clave de su éxito residía más en las veces que había dicho no a una propuesta que en las ocasiones que dijo que sí. Y que no traicionarse a uno mismo era el único modo de subir sin perder el pellejo en el camino.

Me pareció muy sensata. Esas cumbres establecidas socialmente  están llenas de ambiciosos sin alma. Como las faldas del Everest empiezan a estarlo de turistas sin entrenamiento que dejan latas bajo los riscos.  Vender el alma al diablo sale caro. Los padres somos los peores. Nos pasamos la infancia y adolescencia de nuestros hijos alentándolos a estudiar porque el mundo adulto es tan competitivo que si no tienes una carrera no irás a ninguna parte y blablabla. Y se nos pone ese tonillo master%master tan apestoso y poco edificante.

Entono el mea culpa y me doy cuenta de que debería contarles a las chukis más a menudo que hay que estudiar para estirar la mente, para disfrutar del conocimiento, para excitar la curiosiosidad. No para ganar más dinero, no para ser más jefe. Sí para poder tomar tú las decisiones, para emprender, para conseguir detectar lo que realmente te gusta y convertirlo así en la forma en la que te ganas la vida. Y, lo más importante, que eso te permita tener tiempo para dedicarlo a  esas otras cosas gratis total que son las que te hacen más feliz.

Que el dinero y el éxito sirven sobre todo para comprar tiempo, no para comprar voluntades.

Que las personas más ambiciosas que conozco -las de ambición LDL, digamos-no son las más felices. Corren tanto que se les olvida por qué estaban corriendo. No paran a descansar sin mirar de reojo a los otros, que siempre sienten contrincantes. Tienen miedo y eso les bloquea las arterias.

Y que la ambición HDL construye personas que solo escalan picos cuando saben que arriba les espera una explanadaverde con sombras de árboles y el rumor de la brisa libre de humos.

PD. Juro que no me he leído un manual de libros de autoayuda, y pido disculpas por el tonillo moralista low cost que me ha salido. Efectos de una noche insomne y desatada.
Crisis de los cuarenta







sábado, 9 de febrero de 2013

UN DISFRAZ DE CARNAVAL. DE TIM BURTON A JANE EYRE

La novia cadáver
Una vez, alguien que decía quererme me regaló unos pendientes.

Llevaba por entonces unos quince años sin colgarme nada en las orejas. De modo que sólo había dos lecturas posibles a aquel gesto dadivoso: o no se había fijado en mí en todo ese tiempo de apasionado amor, o no me quería y me lo estaba dando a entender de esa manera.

Sin duda hubiera podido escoger otras fórmulas disuasorias, como por ejemplo regalarme diez tickets para  la montaña rusa más alta del mundo. Allí, entre vómito y vómito, le hubiera mandado al olimpo del los ex amantes. Esos que un día dejaron de acertar en tu cumpleaños, en tu aniversario, en tu ascenso laboral.

Novia a la fuga
Todo esto viene a que desde hace unos días recibo correos con el siguiente reclamo: "Prepárate para el mejor San Valentín de tu vida". Y me preparo, aunque no sé muy bien para qué. San Valentín son mis orejas agujereadas malamente por una comadrona tuerta que han debido cerrarse, involucionar según la teoría darwiniana de la falta de uso. Es un escáner que recibí como regalo mientras esperaba un billete de avión a cualquier parte. Es -el colmo- un sujetador de caramelos de venta en los sex-shops más cutres del planeta que nadie se comió, si exceptuamos los perros que rondaran esa noche por el contenedor de la basura...

Mi querido San Valentín, ahórrate la molestia.  Esta noche mi disfraz de carnaval es un mix entre  La novia cadáver y Novia a la fuga. Llevo toda la semana durmiendo con mi traje de boda colgado de la puerta del armario, de modo que cuando abro los ojos, en medio de la noche, me sobresalta una figura sobrecogedora y me encojo bajo las sábanas convencida de que entrará la loca del torreón de Jane Eyre, la primera señora Rochester, y lo hará jirones con unas tijeras oxidadas. Y luego me mirará con los ojos inyectados de sangre y me dirá: "soy el regalo que estabas esperando. Un relato perfecto, la encarnación de la novela de tu vida. Justo lo que soñabas".

Tengan todos una gran noche de carnaval. La novia que me habita debe prepararse para la gran ceremonia de amor y muerte. Suena una sonata de Bach. Ella se mira al espejo, iluminado apenas por dos antorchas, y se arranca con furia los pendientes.

Después agarra unas tijeras y va rasgando el traje hasta hacerlo jirones, y su imagen se funde en una carcajada siniestra. Rochester es mío, mío para siempre.

(Efectos adversos de la buena literatura. Consultar prospecto)









miércoles, 6 de febrero de 2013

LA PERVERSIÓN DEL HUEVO KINDER

"Hoy me he levantado perdedor", dice M., y se lleva a la boca una cucharada de ropa vieja, esa delicia del día después de un cocido, bien aderezada con cebolla o ajo.

Sabe mi amigo que los perdedores siempre ganan, porque sus historias son más rotundas, tienen vericuetos y te hacen temer por su destino. Los ganadores, por contra, consiguen admiración o envidia, pero nunca empatía. 

Una novela de perdedores siempre lleva trampa. Amarás al perdedor sobre todas las cosas. Él lo sabe y lo explota. Te mira muy cerca, a pocos centímetros de su cara, y espera a que tú des el paso.

-¿Pero ella te miraba a los ojos o a la boca?, quiere saber M., la tercera a la mesa. Su teoría, muy a lo  Flora Davis,  es que si una mujer se pone tan cerca y mira a los ojos es que no habrá sexo. Pero si desliza apenas una o dos miradas hacia la boca, puede ser el comienzo de una gran noche de seducción con un perdedor adorable.

Tienen los perdedores algo de huevos Kinder. Los abres con ilusión, sacas las piezas de la sorpresa y a veces eres incapaz de montarlas, pese a que se trata de una construcción básica y presuntamente apta para mayores de tres años. Hay hombres, hay mujeres, que se presentan como juguetes kinder y terminan siendo un rompecabezas imposible. La falsa simpleza, la aparente debilidad, el egocentrismo disfrazado de modestia.

(La simulación es eso que nos inventamos para no ir rompiendo cristales a cada paso. Pero no todo el mundo tiene licencia para engañar).

-Ese hombre es un mentiroso, advirtió el chamán. No te fíes de sus cantos de amor. Contigo cerca nunca se sentirá un héroe.
-Puede, pero si te mira a la boca es difícil pillar la mentira de sus ojos.
-Un perdedor jamás deja ver toda su flaqueza.
-Pues habrá que mirar a otro lado.
-Pues eso.

A mi amiga S. su novio le puso los cuernos con una cajera del supermercado. Se la tiró una y otra vez, entre jadeos que anunciaban ofertas de yogur y suavizante. En cada relato las amigas reforzábamos el oficio de esa mujer con redoblado menosprecio clasista, cuando la pobre sólo pasaba por ahí y se topó con un capullo perdedor que necesitaba sentirse más que ella para soportar su oscura y dolorosa mediocridad.

La única redención del perdedor es una hazaña a pequeña o gran escala. Salvar a la chica que abandonó en el torreón. Pedir disculpas sin dejar de mirarle a los ojos. Y luego, poco a poco, iniciar el descenso al cono Sur. O, de lo contrario, permanecer encerrado en el huevo Kinder hasta sobrepasar con creces la fecha de caducidad. Una dulce condena.

PD. Mi perdedor favorito es Jack Lemmon en "El Apartamento", esa película perfecta.
 Crisis de los cuarenta







martes, 5 de febrero de 2013

CREO QUE ESTOY EMBARAZADA

Mi amiga C. ha tenido un retraso de veinte días. A sus 45 años. Ella, que no ha querido nunca ser madre, se sorpRendió a sí misma fantaseando con la idea de un bebé y una maternidad añeja pero plena. Y se personó rauda en la farmacia.

-Quiero un test de embarazo.

Inmediatamente todas las miradas se clavaron en ella.

Al llegar a su casa llamó a su madre, sofocada. "Mamá, creo que estoy embarazada. No me viene la regla desde hace veinte días que me tocaba".

La respuesta de su madre fue demoledora:"Anda ya, hija, eso se llama premenopausia".

Mi amiga C. pasó en minutos del bochorno en la farmacia a la indignación al teléfono. Se sintió incomprendida, se sintió vieja. Ahora solo le faltaba comunicarle sus temores a su pareja. Que reaccionó superbien:

-Ya sabes que yo no quiero más hijos. No puedo tener más hijos. Fin de la discusión.

En un tiempo récord mi amiga dudó de su amor, dudó de su cuerpo y dudó de su madre. Demasiada fragilidad cuando se supone que ya no estás para ese tipo de sobresaltos.

A los 45 tu cuerpo pude jugarte malas pasadas. Las hormonas parecen divertirse fingiendo una juventud que se les escapa. Y las madres, que veinte años atrás se hubieran desmayado con la noticia de un embarazo no deseado, se burlan de ti porque has pensado que tal vez, que era posible ganarle la partida al reloj biológico. Empezar cuando otras llevan más de quince años levantando niñas de la cama por las mañanas.

Mi amiga C. se hizo su test de embarazo en soledad. Espero impaciente el minuto que decía el prospecto que tardaría en salir la señal. La fumata blanca o negra. Salió negra. Un alivio, desde luego.


Pero...¿Y sí....?

Crisis de los cuarenta

lunes, 4 de febrero de 2013

¿EL FONDO O LA FORMA?

De óxido y hueso
"Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o mostrarte mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie  (...) Nada que hacer. Tómate un vaso de agua".

Leo sin tregua el "Tratado de culinaria para mujeres tristes". Un libro de Héctor Abad Faciolince que Alfaguara reedita ahora y que es perfecto para ir en el metro, como iba yo ayer, porque sus palabras se sirven en cortos párragos que en sí son recetas contra el desamor, la soledad, la melancolía. O, mejor dicho, son consejos para aceptar e incluso regodearse en estos y otros sentimientos "presuntamente femeninos".

El autor, único hijo en una familia de cinco hermanas, se precia de conocer a la mujer y la coloca en situaciones tan extremas como cotidianas, desde la pérdida de la virginidad a la tentación de ser infiel, los antojos de embarazo o la lactancia. Dudo que muchas mujeres  se sientan identificadas con el patrón femenino que dibuja el colombiano, pero eso es lo de menos. Ayer, entre Tirso de Molina y Sol, alguien muy ajena a la que cocina para su marido recetas de suegra se dejaba mecer por las palabras. Ese veneno mortífero que domina y administra un autor que la sedujo, como a tantos, en "El Olvido que seremos" y que anoche remataba este librito con una sensación ambigua. Ciertamente molesta a ratos con la mirada del hombre sobre la mujer de ficción. Esa a la que recomienda aceptar su rostro marchito, el paso natural del tiempo, y a la que insta a que se haga la loca si su pareja le pone los cuernos, eso tan connatural a la especie humana, y que finja que coquetea con el mejor amigo de él para que el fantasma de los celos coloque las piezas matrimoniales en su sitio tras el breve escarceo. Pero ahíta de palabras bien urdidas, sorprendida con algunas intuiciones de Abad y, sobre todo, con sus piruetas perfectas a la hora de componer párrafos tan musicales, tan exactos.

¿Me quedo con el fondo o con la forma? El viernes R. me recordaba una anécdota de Juan Marsé que ya conocía y que el autor cuenta con su acerado humor irónico. En una ocasión la televisión mexicana lo entrevistaba y a la pregunta de ¿Es más importante el fondo o la forma? él respondió que el fondo, y  lo argumentó con brillante elocuencia. Ya abandonaba el estudio cuando la periodista salió a su encuentro, agobiada. No se había grabado nada, ¿sería tan amable de repetir?. El escritor accedió, y cuando llegó la pregunta del fondo y la forma, respondió "la forma" con idéntica contundencia que había dicho "el fondo" la primera vez. Y el argumento fue tan sólido y vehemente que hundió a la mexicana en una profunda y admirada confusión.

A veces es la forma, a veces es el fondo. Y esas ocasiones en las que forma y fondo alcanzan el prodigio, tan escasas, son las que anotamos en los diarios. Una película que vi el sábado con mis amigas se acerca bastante al doble reto. "De óxido y hueso", se titula. Y te muerde la cara, y te hace contorsionar en la butaca, con una economía lingüistica (la forma) que convierte cada puñetazo de los protagonistas en una historia verosímil y cruenta con salida a la esperanza (el fondo).

Juan Marsé
La mujer superficial y amante de las palabras que me habita salió fascinada con la forma, debo confesar: ¿Cómo era posible que con diálogos tan escasos y sobrios se armara una historia perfecta?. Pensé en el guionista como un escultor que cincela cada frase, le va quitando una, dos, tres, estructuras. Un adjetivo acá, un subjuntivo allá. La deja desnuda, contenida y sujeta por sí misma. Y así se defiende. Con la inestimable ayuda de Marion Cotillard, esa mujer dura y sufriente en la película que jamás hubiera inspirado el tratado de culinaria aunque a ratos esté triste. Pero la suya es la tristeza de la furia, el dolor de la impotencia, y su nevera está sucia y helada, como su corazón. Y así, desde la rabia, se va reconstruyendo. Sin piernas, sin más ayuda que la de un hombre bruto que huele sudor rancio pero la recoge del suelo, -ella es tronco, cabeza y brazos- , y la lleva delicadamente al cuarto de baño y la sienta en el váter. Y hay tanta ternura en la secuencia, y tanta épica en ambos perdedores, que sabes que pase lo que pase van a ganar. Y que toda herida, menos la de la estupidez, tiene cura.

Una gran receta para arrancar el lunes.