sábado, 30 de marzo de 2013

TIEMPO DE TORRIJAS Y TORTUGAS

Me llama Minichuki para comentarme el nuevo habitáculo de la tortuga:

-Es enorme, mamá, y ella está sorprendida y no sabe dónde ponerse, pero yo la empujo a los rincones para que se acostumbre. Y le pongo doble ración de gambas.

Minichuki suele hablar de estas cosas con extrema gravedad. Cada micromundo es un mundo con todos sus accidentes y aconteceres. La tortuga, esa que recibió como regalo tras mucha insistencia y fue languideciendo por falta de atenciones, ha vuelto al hit parade doméstico por la puerta grande. Tan grande que las chukis le han comprado un palacete con todos los extras.

-Yo he estado con mis amigos comiendo torrijas. ¡Las he hecho yo!, le informo.
-Ah, ya...¿con canela?
-Claro, hija. Siempre llevan canela.
-Pues hazme unas sin canela, anda. A la tortuga no le gusta el pienso.
Iglesia Cristo de Medinaceli, anoche

Un niño es un ser que no se detiene en aquello que no le interesa lo más mínimo. En algún punto de nuestra vida desarrollamos pudor y entonces procuramos que el desinterés no se nos note. Pero a los diez años se puede ser desinteresado sin herir. Y si hay que hablar de tortugas y habitáculos, se habla.

Aún así, hago otro intento.

-He vuelto a casa con mi amigo R. caminando desde Lavapiés. Casi dos horas. Madrid estaba tan bonito con la lluvia. Todo el mundo con paraguas como setas andantes y remolinos de señoras a las puertas de las iglesias.
-Ah, ya...¿Y cuántas torrijas te has comido?

Un adulto es un ser que cuenta lo que hace. Un niño es un ser que cuenta lo que le interesa. Y su escucha selectiva debería enseñarnos que a veces hay que quedarse en silencio.

Calle Alcalá, anoche
Madrid, tarde noche. Viernes Santo. Oficios en San Ginés con dos amigos ateos que observan la ceremonia con sumo respeto

-¿Y qué es la verdad? preguntó Poncio Pilatos.

Sólo por esa frase estamos ahí los tres. Y P. , que fue monaguillo y caquequista antes de despedirse de dios- me cuenta la liturgia y le brillan los ojos. Y las señoras van y vienen por la iglesia con zapatos cómodos y feos chaquetones de poliéster.

(Tirso de Molina, Sol, San Jerónimo, Retiro, Puerta de Alcalá, Plaza de Toros... A veces uno recorre la ciudad con ojos de extranjero. Cual tortuga que estrena palacete).