domingo, 7 de julio de 2013

DIVORCIADA SOLUBLE E INESTABLE BUSCA LUMEN FIDEI


Ahora que sé que el matrimonio no es indisoluble, sino estable, me siento más profundamente divorciada. Inestable, diluida... pero divorciada cum laude. ¿Fin del insomnio?

Estable: “Que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer” (en fin...)
Indisoluble: “Que no se puede disolver, separar”

Leyendo ambas definiciones se diría que estamos ante un debate de la Física, no de la religión. Pero los científicos han hecho demasiadas cosquillas a los teólogos a los largo de los siglos, así que fueron arrinconados con sus probetas y sus instrumentos de medir. 

"Y sin embargo, se mueve".

Soy divorciada soluble, y pienso disfrutar todo el día de mi nuevo estatus y escribir una carta al ministro de Interior -del Opus Dei, por cierto- para que incorpore esta categoría al DNI.

Gracias, Bergoglio. Le has dado una nueva y más pomposa identidad a mi existencia.

Parece el Papa Francisco ha pisado el acelerador de las reformas porque se da cuenta de que el suelo vaticano se hunde y los parroquianos echan a correr. Sólo las beatas parecían dispuestas a clavarse de rodillas con el rosario en la manos mientras la institución se enfrentaba a un juicio sumarísimo por no defender los valores puros y primigenios del cristianismo: la pobreza, la compasión, el perdón...Esos con los que hasta el más ateo de entre los ateos podría estar de acuerdo.
LUMEN FIDEI PAPA FRANCISCO

¿La demagocia es soluble? Veamos:

Los curas roban en sus propios bancos. Hay un lobby gay en el Vaticano (miedo miedito...? Como si el lobby hetero no fuera una amenaza). Abusan de los menores. Conspiran en el nombre de dios. Trafican con las almas. Mienten y castigan.

No todos, desde luego. Sólo algunos. ¿El outing es soluble o indisoluble?

Y, aún más:

¿La fe es indisoluble? ¿Es inodora, incolora e insípida? ¿Y la intolerancia?

Y, dentro de la solubilidad, ¿la intolerancia es soluble como el Cola Cao (o sea, con grumos) o como el Nesquik (rápida, pero más inconsistente e insípida)?

Gracias a este Papa que me gusta (y ya sé que esto me va a reportar no pocos enemigos que me prefieren radicalmente antieclesiástica) habrá muchos católicos divorciados que hayan suspirado de alivio al saber que ya pueden ir a comulgar sin que el demonio se les meta en el cuerpo al tragar la hostia sagrada.

Pero, Jorge Bergoglio, tras esta encíclica, Lumen Fidei, tengo varias preguntas para Vos: ¿La nulidad se mantiene como tal o requerirá algunas reformillas? Si un matrimonio es soluble, y fracasado, ¿permitirá volver a casarse una vez que las burbujas se extingan/diluyan en el vaso como un alka seltzer o habrá que seguir acumulando absurdas pruebas de inmadurez psicológica para que un tribunal sumarísimo le dé carpetazo definitivo?

Y una cosa más, ¿habéis reservado lo del matrimonio gay para la próxima encíclica porque esta la habéis escrito a cuatro manos con Ratzinger y no era plan de que le diese una apoplejía espiritual al pobrejubilado ahora que por fin se ha alejado de las conspiraciones y pasea por el jardín con sus monjitas cuidadoras?

Demasiadas preguntas para una divorciada soluble e inestable, pensaréis. Así que lo dejo ya y me dispongo a subir al campanario de la primera iglesia que me salga al encuentro mientras corro con esa ligereza que otorga saber que hasta las estructuras de hormigón a veces se resquebrajan un poquito, y por ahí entra oxígeno. Y transforma el aire enrarecido. Y algunos suspiran porque sus flores hace tiempo ya que se estaban marchitando.