viernes, 5 de julio de 2013

MADRID, HORA PUTA

-"Yo tengo un pronto muy valenciano"

Las terrazas de Madrid se convierten en inusitados confesionarios cuando las temperaturas de julio empiezan a hacer de las suyas. Lo ideal es llegar pronto a tu cita, pongamos que en una calle de Triball, sentarse cómodamente, pedir una caña helada y poner un wasap a tus amigas de la universidad:

-Las putas y yo ya estamos en La Ballesta. Tomáoslo con calma, que este es un caladero muy jugoso.

Arde Madrid, los del orgullo gay calientan tres grados más la temperatura y una mujer a mi izquierda, gafapastera y con vestido ibicenco, le advierte al hombre que la acompaña que tiene "un pronto muy valenciano". A mí me dan ganas de pedirle que desarrolle el titular, pero me contengo y fantaseo con los petardos y las tracas falleras, dando por hecho que el carácter che huele a pólvora y a adefesios arquitectónicos (sorry, Calatrava, pero lo que has perpetrado no tiene nombre y sólo se justifica porque te dio un pronto de esos muy grandilocuente y valenciano).

A mi izquierda avanzan dos putas que podrían estar en el Bronx, en Times Square o en una peli de Tarantino. Negras como la noche, de enormes tetas pizpiretas y sobradas de bisutería, bailan la calle muertas de risa con un contoneo de cadera que es un pronto cubano o brasileño. Ballesta con El Barco es la encrucijada del placer de pago, chorreado de sudor y de deseo. Yo, con mi cerveza, capturo palabras como mariposas aturdidas tras escapar de una red.

-Si me dan espacio me atoro. Lo mío son las relaciones tóxicas.

La valenciana intoxicada trata de ligar con el hombre, que mira de reojo a las putas y se plantea, sin duda, que estaría mejor entre sus brazos que con esta mujer de pronto valenciano que sólo habla de sí misma y petardea delante de un plato de flores de calabacín.

Y entonces llegan mis amigas y nos abrazamos mucho, porque tenemos un pronto muy madrileño.. Ese que reconoce los rincones de la ciudad como islas de ironía y confidencia. Y sube la temperatura de nuestras frases y sorprendo a la valenciana abierta de orejas, escuchando.

Quid pro quo.