miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA DIADA DEL CORAZÓN

Tres fragmentos de conversaciones reales de ayer mismo:

1-Es mucho mejor ser de pueblo que de capital de provincias. La capital de provincias es asfixiante, prejuiciosa, limitada.
-Dónde va a parar...

2-Hay una leyenda urbana que dice que para hacer las paellas os traéis el agua de Valencia. ¿Es verdad?
-Bueno, no... pero el agua de Madrid es tan fina que cambia los tiempos de cocción.

3-¿Me darás tu opinión sobre la Diada, querido A.? (famoso presentador de TV)
-Es un tema muy delicado, casi que no...

El madrileño está desposeído, a priori, de todo sentimiento nacionalista que trascienda al cocido o al relaxing coffe. Si Valencia defiende su esencia en un arroz y Barcelona se echa a la calle dolida aún por el episodio del Estatut, a los de aquí nos faltan los motivos. Un argumento de defensa de lo nuestro que cale hasta los huesos y nos provea de cierto orgullo o ardor guerrero para echarnos a la Castellana.

Mi grupo de amigos de Asturias escribe en bable por wasap. Incluso los que viven en Canarias. Ayer me atreví a sugerirles que me buscaran un profesor para el próximo verano. El profesor Cabrales. Les  pareció una gran idea. Veinte wasaps después mi querido J. -el hombre que me ordenó un día que tirara "los putos macarrones" a la basura y fuera a cenar a su casa, y a quien desde entonces obedezco a ciegas- , tomó el toro ruralista por los cuernus:

-Buenu, ya os val, toy ta los güevus de tanto bable y de tantes chorraes, los habéis güelti tochos o qué! Cagü en mi agüela!!!

Imagino que poner palabras en una lengua propia a un sentimiento es como refugiarse en un lugar cálido y reconfortante. De ahí que los novios se llamen nombres en la intimidad que sonrojarían a cualquiera pero que tienen todo el sentido porque crean espacios cerrados a la mirada curiosa de los demás. Hay palabras que son iglús, y gestos muy íntimos que se hacen ante las cámaras de televisión y quedan desposeídos de toda la pasión o el sentimiento que los ordena.

¿Si exhibes, no sientes?. ¿O sientes sin delicadeza?. ¿O necesitas que un tercero certifique lo que sientes?.

Ayer caminaba por una acera estrecha y tuve que bordear con dificultades a una pareja de adolescentes sentada justo en medio. Él abrazaba a su chica por detrás y le acariciaba el pecho con toda naturalidad. No pude evitar pensar en mi hija y estuve a punto de decirles que por qué no buscaban un lugar más íntimo para quererse, pero me dio pudor. Iban a pensar que yo era una señora carca que me metía donde no la llamaban.

Ya en casa -mi patria, mi bandera- abracé a mis chukis y me di cuenta de que a cada una la llamo por tres o cuatro nombres distintos que no uso cuando salimos a la calle. Y que las tres tenemos frases sin sentido para el resto de la humanidad que empleamos cuando estamos juntas y solas. Nuestro refugio particular. Una fortaleza semántica frente a las tempestades que tiene su diccionario escrito con tinta invisible.

El nacionalismo del corazón. Ese que conviene defender porque es el único que no necesita salir a la calle un día al año ni cocerse con agua de Valencia. 

Para todo lo demás, el profesor Cabrales...