viernes, 22 de noviembre de 2013

CUARENTA AÑOS, CUARENTA HOMBRES

Mi adolescente me pide que le deje exponerme en voz alta las "Cartas Marruecas", de José Cadalso, una lectura obligatoria en mi bachillerato que al parecer sigue siendo obligatoria. Debo reconocer que la lectura no me dejó huella, pero a nada que empieza a hablar recuerdo que el autor construye una ficción a tres voces, que hay un alter ego y que el sustrato es la situación de España en el siglo XVIII vista desde dentro y desde fuera.

La mirada de fuera siempre es crucial y nos alivia del ombliguismo. Le explico a mi adolescente la necesidad de tomar distancia de lo que somos y de lo que nos afecta. No le digo las veces en las que mi falta de distancia me hace sufrir y cometer errores. Ya lo aprenderá solita. Cada realidad -esto sí se lo digo- puede contemplarse desde dentro y debe contemplarse desde fuera. Ser tú con la mirada de otro. Por eso es tan útil viajar. Poner tierra por medio. Desdoblarse.

Me gusta la literatura epistolar pero no recuerdo la última vez que recibí una carta de verdad. Un sobre con su membrete y su remite. Una cuartilla garabateada con tinta azul o negra. Los mails han cambiado las reglas del juego y ofrecen inmediatez con mucho menos romanticismo. Sospecho que uno engaña más por correo electrónico que por carta. El trazo de las letras, el temblor de los renglones. Un tachón aquí, otro allá. Y la firma abajo. Triunfante, rotunda. Como una huella dactilar intransferible.

Un mail, sin embargo, permite desdoblarse, engañar, construir un personaje que no existe. Abrigar fantasías que se estrellan una noche sin luna. Todos tenemos amigos frustrados por no haber resistido el cara a cara tras una larga y caliente relación epistolar. Las palabras son armas de seducción masiva. Los mails, pruebas que podemos enarbolar ante un juez, si procediera: "se presenta ante su señoría una relación de mails donde el acusado se burla de su familia política y hace befa del tic de uno de ellos..."

(Mientras escribo recibo un mail madrugador de una amiga del colegio que también leyó Cartas Marruecas:

"Tirando a sexista y conservador este titular ¿no, compañera? Me ha llamado la atención y, claro, he pensado en ti,
un beso desde el cariño.

http://www.vanitatis.com/noticias/2013-11-21/ines-sastre-40-anos-y-casi-40-hombres_57235/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


(Cuarenta años y cuarenta hombres. Pues muy bien, pienso. No le llego ni al tobillo pero tampoco he estado nunca así de buena ni Saura me ha sacado en una peli ni he estudiado en la Sorbona. Pienso. Claro que tras leer el titular una espera el recuento, y pasa su sorpresa no llegan a la docena. Igual el distanciamiento de quien firma la noticia ha sido tal que vio uno y contó cinco. Igual es tan miope como mediocre en su estilo. Quizás a una mujer no se le perdona que tenga un abultado currículum sentimental, muchas derivas y bastantes batacazos. Quizás distanciarse sea despojarse de los prejuicios inevitables. Quizás lo que delatan esos mails que uno escribe a toda prisa y da a enviar sin releer sean los verdaderos cimientos de lo que pensamos. Las cartas marruecas que nos mandamos a nosotros mismos. Nuestras dudas. Quizás haya que guardar no los que nos llegan sino los que enviamos. Quizás.)


Y cuando pase el tiempo descubrir quiénes fuimos, quiénes quisimos ser o quiénes fingimos que éramos. Desde la distancia, que es como se ven claras las cosas.