viernes, 31 de octubre de 2014

BIEN ¿O TE CUENTO? (cómo responder a la pregunta ¿CÓMO ESTÁS?

"Mozart había encontrado ya su camino; se había liberado de la convención de la ópera seria italiana y alejado de la inevitable alegría napolitana de la ópera bufa. La serenidad y el gozo serán siempre fundamentos de su mundo operístico, pero una veta melancólica crece progresivamente y lo empuja imperiosamente hacia pensamientos elevados de muerte; nace con ello la divina "risa entre lágrimas", la ambigua alegría que se prende en un suspiro, auténtico distintivo de la música de Mozart. Breve historia de la música. Massimo Mila. Península.

Ayer M.J y yo nos hicimos un Mozart mientras recorríamos Madrid a oscuras. Mi amiga me recoge una vez a la semana en mi trabajo para volver juntas a casa y hablar de nuestras cosas. Cuatro kilómetros de confidencias a paso ligero entreveradas con sesudos comentarios del tipo "me he comprado una chaqueta de azafata de congresos a la salida del gimnasio después de que una monitora sádica me haya machacado con sus arengas a grito pelaó. No sé cómo interpretarlo". Luego nos tomamos una caña en el bar junto al colegio de las chukis y me reencontré con el camarero que, tiempo ha, cuando Minichuki acababa de nacer, nos ponía los cafés a un grupo de mujeres justo antes de salir pitando a nuestros trabajos. "No hacía falta que pidieran, yo ya sabía qué quería cada una", explicaba el hombre a mi amiga, con sonrisa de profesional que domina su trabajo.

Cuando alguien se adelanta a tus deseos, te conoce muy bien. M.J sabe cómo agradezco y disfruto su compañía y qué relajado es para mí ponerme en sus manos, dejarme conducir por las aceras y saber que entre nosotras no hay convencionalismos que valgan. Ayer hablábamos de cómo interpretar si cuando alguien te pregunta cómo estás en realidad quiere saber cómo estás. 

La cosa a menudo es como sigue.

-Hola, ¿cómo estás?
-Bien (¿o te cuento?)

Me pasa que desde que me he alejado de la ópera bufa -no me gustan las patochadas musicales, ni las otras- suelo contestar de verdad, y a veces no sé si es bien recibido. A menudo preguntamos por cortesía y nos desconcierta que el otro se saque el corazón y responda como nos incomoda un striptease no deseado. La serenidad mozartiana es poder contar en confianza las notas que tejen la sinfonía de tu cuerpo. El La menor de tus costillas astilladas o el allegro ma non troppo de tu pulso en observación. A cambio uno espera sinceridad en justa correspondencia, pero a veces  se queda sin adivinar las verdaderas intenciones.

-¿Cómo estás tú?
-Estoy muy bien, gracias.

(¿La ambigua alegría que se prende en un suspiro?)

Ayer una monitora motivada me convenció de que abandonara la cinta de correr y me uniera a su clase de bicicleta diabólica. "Sólo hay chicos, vente porfa"... Tras decirle que el spinning me angustia y me provoca taquicardia, claudiqué y la seguí al cuarto oscuro, donde me hice fuerte a los pedales. A los pocos segundos sentí que me había colado en una discoteca afterhours llena de teenagers puestos de speed y con más decibelios que un concierto de taladradoras. Juro que hice my best, pero a los diez minutos me bajé, aturdida y tuve que sufrir la humillación de escuchar  a mi maestra despedirme desgañitándose mientras mis compañeros se volvían a mirar mi salida con gesto de "menuda blanda la rubita".

Afuera estaba el jefe de todo, Mr.Proper, que me preguntó en argentino tanguero esa pregunta que carga el diablo:

-¿Cómo estás?

Y yo, claro, contesté porque una vez que empiezas a sincerarte y coges carrerilla ya no hay retorno.

-Estoy noqueada. Esto del spinning es un delirio para drogadictos a los que su camello ha abandonado a su suerte en un desierto y tienen mono. No pienso volver a esa clase porque ahora mismo tengo el corazón en la boca y necesito olvidar esa música con un chute de Mozart o con una blazer de azafata de congresos.

Después de una noche pedaleando en sueños, he llegado a la conclusión de que voy a seguir diciendo mi verdad cuando se me pregunte. Pido disculpas de antemano si disturbo a mi interlocutor porque prefiera que le diga "muy bien" por defecto. No es mi intención descolocar a nadie, lo prometo. Simplemente asumo que hay que reducir las frases huecas y ser franco porque es bueno para barrer los triglicéridos de la melancolía. Hace mucho que no voy a discotecas a entablar diálogos sin alma y me siento como cuando se encienden las luces, se apaga la música y sales de tu cuerpo y te escuchas pronunciar la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. A gritos tan bestiales, tan descarnados como los de la motivada de la bici. Pero sin imposturas.






jueves, 30 de octubre de 2014

EL TRIUNFO DE LOS BORDES (NOTAS PARA PADRES IMPERFECTOS)

Ser borde, para algunos, es una condecoración. Una forma de salir de las trincheras en tiempos de paz con la metralleta bien cargada.

El otro día hablábamos de una mujer que se relaciona con el mundo siendo antipática, arisca y seca. Como si esa actitud la elevara a una colina donde ver a los demás empequeñecidos. Manejables. Dar miedo es una forma de dominio cobardón cuando no se dispone de herramientas para relacionarse en igualdad, imagino (pero ya sé que suena a diván barato y pido clemencia).

No me gustan los bordes. He roto lazos con alguno porque encontré sadismo en su amistad. Me da igual si su problema es que se sienten menos, los insultaban en el colegio o el mundo no se adapta a sus expectativas. Me asombra que algunos personajes de la tele triunfen por mostrarse desagradables y morder a los demás con gestos y palabras desabridas/dentelladas de mortífero veneno. En general, el victimismo da mal resultado. Los calimeros -la cara B del borde- creen que ahí fuera hay una confabulación para romper sus cascarones. Un enemigo con tentáculos que los maltrata y los coloca en el paredón. Y se quejan y te lloran y querrían machacarte pero no se atreven.  


Un calimero es un borde sin agallas que te clavará la espada en cuanto te des la vuelta sin dejar de hacer muecas de dolor. 

Lo más provechoso de cumplir años es aprender a alejarse de unos y otros. Entender sus mensajes cifrados. No dejarse intoxicar por ese misterio tenso del uno ni por la falsa llamada de compasión del otro. Y saber que dominar la teoría no te hace inmune a esas personas, pero sí un poco menos vulnerable.


Presumir de ser borde, antipático o insociable se ha convertido en trendingtopic, me temo. Hay periodistas que viven de eso y escriben columnas que te hierven la sangre o entrevistan personajes con preguntas agresivas para lucirse ellos sobre todas las cosas.  Todos soñamos con ser escritores malditos, pero en realidad apenas llegamos a hombres o mujeres inquietos que se preguntan por qué la desazón dispara los dedos en la madrugada. Y me parece saludable drenar con las palabras y ser menos seco al salir de casa, si procede. Dicho esto confieso que mi adolescente me recrimina mi bordería cuando contesto con un simple OK a sus wasaps. Y la entiendo. Yo misma he reprochado a veces la falta de calor de esos mensajes prácticos pero desalmados, y trato de enmendarme con los emoticonos sonrientes, la emoción concentrada en un dibujo naif de comprensión universal.

Creo que escribo todo esto porque a Minichuki el otro día la hicieron sufrir unas capullas que organizaron una tarde de sábado sin ella. A mí los niños crueles me excitan los jugos gástricos de mis peores instintos. Querría darles una bofetada delante de sus madres. Recuerdo con nombres y apellidos a las malas de mi cole de las monjas. Esas que tiraban la piedra y escondían la mano cuando "borde" era una palabra inexistente pero Calimero ya se asomaba a nuestras teles. No digo que mi hija sea una santa, pero sí una niña muy sensible que no se queja porque es orgullosa, y que ha decidido que pasará su noche de Halloween disfrazada con su padre, tan tranquilos,  en lugar de salir con esas chungas con pintas que el otro día le negaron el pan y la sal y ahora la invitan.

Intuyo (y deseo) que los bordes encierran en sus casas el peor de los castigos. Un marido asqueroso, una mujer infiel. Un cuarto de pensar con cadenas de mazmorra. El eco eterno cuando hablen. Grietas en las paredes. Una gata furiosa. Tres pedazos de queso ya seco en la nevera. Charcos al pie de la cama. Y un ogro que se acueste con ellos para asegurarse de que sigan soñando petróleo negro para ahogar su malestar con caras de asco que alguien decide que molan.

P.D. Un borde, me parece,  es un desgraciado que no sabe pedir sino escupiendo lava. Y se pone cachondo con el miedo y el estupor ajeno, que interpreta erróneamente como una forma de respeto.

(Del Cuaderno de notas para padres imperfectos)














miércoles, 29 de octubre de 2014

DEME PASTILLAS PARA NO SOÑAR

Retorno a Brideshead
1. Rajoy pide perdón sin arrepentimiento. Como católico convencido que es debería recordar los cinco requisitos del perdón: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.  Se los ha saltado a la torera. Ni uno ni dos, los cinco. Arderá en el infierno.

2."El Big Bang no contradice a Dios, lo exige". El Papa Francisco no decepciona. La frase es redonda y ha debido disparar las pulsaciones del pobre Stephen Hawking y aún más de Seldon Cooper (The Big Bang Theory). Yo también exijo a Dios, pero se me resiste como se me resistieron en su día la cerveza, las derivadas y las integrales. Por eso frecuento los agujeros negros y cuando se me queden cortos le daré a los fractales.

2.No sabría decir muy bien cómo, cuándo ni dónde, pero a G. se le olvidó una noche tomarse la pastilla y soñó en colores estridentes, como neones de un concierto de Madonna,  que cien días eran demasiados días. Y la dama del diván le dijo: "a tu edad el olvido es un privilegio".  ¿Hay pastillas para una amnesia autoinducida?, protestó G. "Hay pastillas para todo".

3.Volver al pueblo de un ex novio de juventud es como retornar a Brideshead, pero sin mansión ni Jeremy Irons. A la pobre R. se le atraganta la moviola. Nosotras le decimos que sobre todo piense que está mucho más buena y más segura. S. solía decir que las fotos que publicáramos de ella había que elegirlas con cuidado: "son para que me vean los ex novios". Volver a Brideshead es hacer cuentas con el pasado y, con suerte, ligarte a la hermana (en este caso hermano) del millonario gay Sebastian Flyte y tener una tortuosa historia de amor con mucho champán y mucho bling bling. Un despelote cool.

4.Vuelvo del gimnasio y le digo a U. que he estado rodeada de tíos resudando en las cintas de correr y que no recuerdo la cara de ninguno. "Dios da pañuelos a quien no tiene mocos", responde lacónico. (los "chulos", para él, son el mayor aliciente de un gimnasio. Para mí el mayor aliciente es la ducha de después y el yogur con cereales del Delinas).

5.Mi amiga C. es la nueva manager de Malevaje. Un grupo tanguero de españoles que triunfó en los ochenta y que iremos a jalear el viernes todo el grupo de la universidad. La solidaridad consiste en aprenderte un par de canciones para estar a tono en el revival. La amistad, en decir "claro que sí" a cualquier propuesta que haga feliz a alguien que quieres. El tango es lamento mezclado con sexo duro. Me propongo mirar a los hombres y después hacerle crónica detallada a mi querido U.

6. Sigo atónita con la nueva cara de Renee Zellweger. Parece haberse sometido a una cirugía de protección de testigos. Algunas no quieren regresar a Brideshead, está claro.





martes, 28 de octubre de 2014

LA CORRUPTOCRACIA

Nos creíamos una democracia engrasada, a prueba de estrés, y parece que somos un paraíso para corruptos y aspirantes. El problema de acostarse cada noche con un sospechoso más en la casilla del soborno, la cuenta en paraíso fiscal, los maletines, es que te conviertes en escéptico. Y siempre he pensado que el escepticismo era un estado espiritual demoledor. A mis hijas no sé cómo explicarles que el telediario y los periódicos estén llenos de señores ladrones con trajes bien cortados y corbata de firma." También hay señoras, no creáis", les digo igual que les he dicho siempre que no se vayan con nadie, y que las mujeres tambien pueden ser malas aunque sean madres.

La falta de fe en los demás, en las instituciones, da ventaja a las proclamas populistas. A quienes alzan sus voces en defensa de los oprimidos. Y casi todos estamos oprimidos por algún flanco. Mi amiga C. vive con su madre porque tiene que alquilar su piso para garantizarse un ingreso, y de vez en cuando se escapa a una pensión barata un par de días para sentirse adulta, independiente. Mi amiga M. mantiene a su hermana y un forcejeo con los bancos porque un pufo inmobiliario la dejó sin los ahorros de toda su vida. Tengo muchos más casos a mi alrededor, y mi alrededor lo forman personas privilegiadas que han ido perdiendo migas de pan en el camino.

Los perdedores, a veces, reaccionan en defensa ardorosa de otros que consideran víctimas. Es un acto reflejo de igualarse por abajo. En la frustración y el desaliento. El caldo de cultivo para que alguien entone "a las barricadas" y surta efecto.Y lo entiendo.

Valoro especialmente a los hombres y mujeres que trabajan en el cráter de la corrupción, cerca del dinero, y se mantienen impolutos. Conozco y admiro a un hombre, alto ejecutivo, que siempre rechaza el coche de empresa, el último móvil del mercado o un alojamiento en hotel de lujo cuando tiene reuniones internacionales. Jamás se lleva los tickets de los restaurantes y paga todo con su tarjeta. Son, diréis, gestos menores, pero los considero trascendentes, reveladores. Hace unos meses alguien que trabaja conmigo volvió de una presentación con un teléfono móvil y me lo puso en la mesa. "Jefa, me han regalado esto. Te lo doy para que hagas lo que creas conveniente". La hubiera abrazado (creo que lo hice). Nueve de cada diez personas en su lugar se habrían quedado el teléfono sin decir ni mu a nadie. Desde luego manifesté en voz bien alta lo orgullosa que me sentía de ella. Me pareció que tener en mi equipo alguien así es una garantía de integridad que sin duda nos salpicaría a todos. Una manzana tersa y verde en el cesto.

La corrupción es un momento de debilidad que, si luego no pasa nada, se completa con un segundo momento con la complicidad de otras voluntades laxas a tu alrededor. Imagino que si uno va gratis a restaurantes, hoteles, viajes, llega un momento en que siente que eso es "lo normal". Y que pagar de su bolsillo es un atropello. De ahí a disponer de una tarjeta opaca, o dársela a otros para anular sus voluntades hay un paso. De ahí a sobornar por conseguir un contrato, hay otro paso. De ahí a convertirse en delincuente hay un suspiro.

Así que la única manera de mantenerse a salvo de esa marea negra es sofocar la primera tentación. Y recordar, cuando todo a tu alrededor son noticias truculentas de tipos repugnantes, a V. y a su gesto limpio con el móvil. Y a ese hombre íntegro que te ayudó a entender que no todos los señores cercanos al dinero asaltan la caja fuerte y luego salen a cenar con sus familias, como si tal cosa.



lunes, 27 de octubre de 2014

¿HIPSTERICA O HISTÉRICA?

Anoche el locutor de Radio Clásica censuró hasta tres veces "la voz ancha" de tenor de principios de siglo XX -no retuve el nombre- del que ponía piezas, más bien fragmentos donde podía escucharse el arañar de la aguja sobre un viejo vinilo polvoriento.  Era como si descorcharan un cognac de doscientos años para decirnos que sabía a cerrado, a cuarto con humedades y ratas, "aunque su calidad es más que aceptable". Pero a mí me gustaba esa voz ancha aunque no sé cómo es una voz estrecha porque me abrazaba con sus notas vibrantes y esa textura de terciopelo añejo a punto de rasgarse. Era una frambuesa madura. Un bosque con muérdago. Una nana para rebeldes del sueño fácil. Además,  me molestaba la soberbia pomposa y acre del locutor. Un tipo que imaginé con olor  a naftalina, nariz pequeña y afilada y bigote gatopardiano.

Si los modernícolas me producen desconfianza porque los intuyo conjuntos vacíos sometidos a la dictadura del hipsterismo o postureo llevado al paroxismo (¿variedad del histerismo?), los viejunos pomposos me causan estupor. Entiendo que el señor de anoche sabe muchísimo de bel canto, pero habla a su audiencia -en este caso una mujer maldormida que huye del fútbol en el dial- con un tonillo condescendiente y bastante intolerante. O sea, que si yo no me había dado cuenta de que el tenor era un ancho de pelotas es que no tengo oído ni un fino paladar para acceder a la música en su estado más excelso. Ese que te conecta con los dioses del Olimpo.

Creo que la cultura tiene tantos registros como personas. Y que no se puede menospreciar a quien ofreces un concierto, una obra teatral, un poema porque no va a entenderlo en su pequeñez intelectual. A mí las sensaciones fuertes me dejan muda, casi siempre, y seguramente decepciono a quien esperaría un speech después de mirar un cuadro. La emoción es difícil compartirla y una temeridad imponerla como estándar. Suelo disfrutar de la crítica cultural de Muñoz Molina en Babelia porque es suya y no se impone, pero te excita el pensamiento, las ganas de saber si tú compartes algo de lo que él ha visto, ha leído, le ha indignado. El sábado no tuve tiempo de leer el suplemento cultural de El País, pero lo guardo porque quiero saber qué piensa de la película de la que habla, y quiero aprender más sobre "El libro del desasosiego" de Pessoa, que alguien dice haber ordenado de forma cronológica. Y me pregunto si este orden de terceros lo hará mejor y más grande. Y suscitará sesudas tertulias con expertos de bigote y rictus altivo donde si tú no entiendes o no compartes te conviertes en un lerdo incapaz de apreciar la voz ancha de un tenor.

Anoche, lo confieso, me dormí en brazos de un hombre de voz ancha que imaginé delicado como el roce de una mariposa de coleccionista.  Eso a pesar de otro hombre que se empeñaba en interrumpir al mío con disquisiciones pedantes. Luego me di cuenta de que yo también menosprecio y clasifico a los demás por sus lecturas cuando las considero de baja calidad; por sus comentarios sobre un cuadro cuando suenan a catálogo de COU. Por sus atuendos cuando me parecen disfraces. Por dejarse enredar por las proclamas populistas de los políticos. Por formar parte de grupos para disimular la mediocridad individual. Por desperdiciar palabras para decir bien poco.... O sea, que soy una gatopardiana de cojones, con perdón, y debo hacérmelo mirar. Y todo eso lo ha conseguido el locutor anónimo y pomposo de anoche, con la ayuda inestimable de un tenor ya difunto que juro que me pareció grandioso en mi desconocimiento insomne de domingo. Pero yo de cognac no entiendo. Ni de casi nada, me temo.








domingo, 26 de octubre de 2014

CARTAS A TI MISMA

Un día D. se escribió una carta a sí misma porque le hacía ilusión recibir una misiva en el buzón. Mi sobrina es pequeña pero de una agudeza excepcional, y pensó con buen criterio que uno puede pasarse días, meses y años sin tener la oportunidad de abrir un sobre con su nombre. Eso tan romántico que solía pasar en la prehistoria y que ahora sólo te manda tu banco, normalmente con más números que letras. Y los números no hablan de confidencias, de amor, proyectos, inquietudes ni  aventuras. Sólo de compromisos, plazos, pagos, estractos y reembolsos.

Creo que me hubiera gustado mantener una correspondencia larga y sostenida por carta. Una de esas que dan pie a novelas decimonónicas -también del siglo XX- donde desde que echas tu misiva al buzón hasta que recibes respuesta te da tiempo a fantasear y a urdir posibilidades. El equivalente al tejer de Penélope, pero sin angustia. Todo esto viene a que ayer encontré unas cartas, casi notas, que alguien me escribió hace algún tiempo y no tiré porque sin duda siento un respeto reverencial por el papel y la tinta. Se me ocurrió entonces -en esta madrugada con una hora extra-  organizar un club de correspondientes. Un sistema de cruce de cartas entre amigos o conocidos -tal vez desconocidos- que sientan nostalgia del buzón y piensen que el email es el fast food de la comunicación. Algo muy práctico para quitarte el hambre de inmediato pero que no deja huella.

Y si ahora escribe, ─ y se lo deseo de todo corazón, ─ no escriba para persona alguna, y tampoco para Herética, ni para ningún movimiento o combate cultural. Sino escriba porque le debe una respuesta a los dioses - See more at: http://www.librosyliteratura.es/cartas-desde-dinamarca-de-karen-blixen-2.html#more-5102

Una carta es la alta costura frente al pret a porter. Las puntadas firmes, regulares frente a la tirantez lineal y descuidada de la máquina. Imagino para el club un papel de excelente calidad, absorbente y con microscópicas fibras sedosas. Color crema, blanco roto. Y un lacre para cerrarlo rojo inglés, ese que aspira a granate pero se queda una estación antes, como uno hace cuando no tiene prisa por llegar y se demora con deleite en el camino.

Mi carta contaría, por ejemplo, que últimamente todo se me rompe. Como si una fuerza hostil se hubiera confabulado para estorbar mi rutina. Lo último ha sido el lavavajillas, y llamar a un técnico, eso tan fácil, se me ha hecho bola una semana llena de fiestas y de viajes. Contaría que las casas se quejan y sangran por sus grietas invisibles. Que anoche sentí el crujido de las tres de la mañana volviendo a ser las dos y que hay una bombilla siempre por cambiar. Que cuando entro de noche en la cocina miro al suelo porque mi fobia a las cucarachas me empuja a ese gesto irracional. Que he puesto trampas por doquier, como absurda persecutora de fantasmas. Que hoy veré una exposición con ojos de segunda vez y quedaremos dos familias para un brunch de domingo y jubiloso reencuentro aplazado. Que los jilgueros han picado el tubo de goma del aire acondicionado y que mi vecino Perkins, ese que mantiene el cadáver de su madre viuda y rica en la nevera, me mira con estupor cuando me sorprende, muchas mañanas,  pintándome los labios a la luz mortecina del ascensor. Que si una clase no me llena me la salto sin culpa, como ayer. Que leo cuatro libros a la vez, que me cuesta deshacer las maletas cuando vuelvo de viaje. Que el horario de invierno me da frío.

Que hace tiempo que me compro yo las flores, como hace mi sobrina con las cartas.  Que voy a echarme a correr en breve, aunque piquen las piernas y las ganas. Que uno escribe -cartas, cuentos, líneas desmayadas de palabras-  porque siente esas chinas molestas  en los pies, y no lo entiende, y le incomodan. Y contarselo a alguien es un alivio fugaz y necesario.

P.D. Querido correspondiente: Hoy tengo un propósito añadido. Hacerme con las "Cartas desde Dinamarca" de Karen Blixen (Nórdica).  Tuya siempre.

Y si ahora escribe, ─ y se lo deseo de todo corazón, ─ no escriba para persona alguna, y tampoco para Herética, ni para ningún movimiento o combate cultural. Sino escriba porque le debe una respuesta a los dioses - See more at: http://www.librosyliteratura.es/cartas-desde-dinamarca-de-karen-blixen-2.html#sthash.69E14udr.dpuf

"Lamento mucho no poder ir a la exposición de Munch, tengo unas ganas tremendas de ver pintura. Pero no puedo decir que esté precisamente ansiosa de ver el arte de Munch, ni de cualquier otro artista nórdico o noruego. En estos tiempos me apetece muchísimo irme al Sur, —¿aunque quizá sea esto un rasgo peculiar de los nórdicos, el mismo que en su época empujó a vikingos y varegos al Mediterráneo y Miklagard? Estoy dispuesta a reconocer que Munch, Ibsen y Strindberg son genios, pero ofrecen sus obras de arte como a desgana, con animadversión hacia el público, mientras que Rafael, por ejemplo, o Botticelli, Renoir o Schubert derraman sus tesoros con la mayor generosidad, con amor a todo lo vivo. Recuerdo que Zahrtmann dijo una vez que todo arte realmente grande solo puede ser un grado superior del amor, y eso encaja con el arte de Italia y Francia, y en el fondo también con muchos grandes artistas ingleses; pero, por Dios, creo que no encaja ni con Munch ni con Ibsen. Este es más como un buen tortazo en la cara, ¡aunque hay que admitir que es un tortazo genial!

(¡A propósito de artistas y compositores, me temo que Beethoven se agitará en su tumba al saber que han comparado su quinta sinfonía y Caminos de la venganza! Pero, ¿qué le voy a hacer?)

Bueno, pues nada más y muchísimos recuerdos a todos ustedes. Esta carta es bastante poca cosa, en realidad, ¡pero desde Año Nuevo casi ni se me puede considerar persona, me siento mareada, débil y poco digna de seguir con vida!

Tu Tanne





Y si ahora escribe, ─ y se lo deseo de todo corazón, ─ no escriba para persona alguna, y tampoco para Herética, ni para ningún movimiento o combate cultural. Sino escriba porque le debe una respuesta a los dioses - See more at: http://www.librosyliteratura.es/cartas-desde-dinamarca-de-karen-blixen-2.html#more-5102







sábado, 25 de octubre de 2014

SI ESTÁS CASADO Y TE GUSTAN TODAS

De los viajes me gusta la sensación segura de tierra firme de volver a casa y meterme en la cama con un libro que huele a nuevo, abrir una página al azar y decidir si lo  empiezo o no lo empiezo:

"La vida no se rige por la voluntad o la intención. La vida es una cuestión de nervios y fibras y células que se multiplican lentamente y en las que se oculta el pensamiento y sueña la pasión (...) Qué frías tienes las manos, Alexander". Las Políglotas. William Gerhardie. Impedimenta.

He pasado tres días con las manos frías. Rebobino conversaciones con un grupo de desconocidos, mayoría hombres, que hablan con un plato de deliciosas ostras y un vino local.

-Rompí con mi pareja porque íbamos a los restaurantes y no paraba de mirar alrededor, como nervioso. No me hacía sentir que mi presencia fuera importante.
-Sigo con mi mujer después de muchos años y con la intención de que dure, pero a veces me pregunto cómo se puede pasar uno la vida con la misma persona, el sexo con la misma, y me gustan muchas, y las miro...
-Pues yo de vieja aspiro a estar locamente enamorada. Una pasión de arrugas y de canas. Un desafío.

La vida sí se rige por la voluntad, diga lo que diga el personaje de Gerhardie, con el que ya tengo una cita tórrida esta noche. La voluntad nos lleva a no dejarnos llevar por la locura, que llamamos impulso natural. A veces hay que quedarse en un sitio y mantener las manos frías en las de otro al que abandonaríamos mañana, y dentro de una semana o de un mes. No es cobardía, sin embargo. Mi desconocido que se fija en muchas quiere a su mujer, imagino, porque habla de ella en conversaciones que divagan entre esto y aquello y no lo hace con cinismo. Realmente siente que es una faena que le gusten otras. Preferiría tal vez que su mirada estuviera secuestrada entre el cuello y las caderas de la esposa con quien duerme y no sé si lee en la cama.

Otro hombre, a mi derecha, asegura que pasado año y medio con el mismo se rompe el hechizo y uno empieza a husmear alrededor, y hay otros hombres que le suben los latidos. ¿Qué pasa entonces? ¿Manda la voluntad, la intención, los nervios y las fibras, el pensamiento loco, la pasión?

Me gusta escucharlos porque no somos tan distintos hombres y mujeres. Aunque lo mismo sí. "Con el paso del tiempo soy mucho más selectiva. Casi ninguno me gusta. No me llaman la atención los guapos por guapos, los listos sólo por listos ni los jóvenes por lo que fue y no volverá. Si amo a uno mi radar muere y dejo de mirar a los demás, aunque los mire. Y cuando todo termina hay veces que el radar sigue muerto, fundido como una bombilla por un tiempo que es indefinido y pesa como el plomo y es denso como  las nubes bajo el rastro del avión".

Siento que estos hombres me miran con curiosidad entomológica.  Brindamos por la vida, por los grupos nuevos que parecen engrasados. Por esa joven guapa alemana que llevaba una escolta de  hombres como avispas alrededor de su bicicleta, entre vides y tierra negra como el alma de un condenado. Por saber elegir y saber pasar página. Por la sabia alternancia de voluntad y deseo. Por la suerte de que no te gusten todos porque el propio tiene algo, una virtud enmedio de eso que exaspera, aburre o resulta previsible, que lo hace único y que convierte la vuelta a casa en un jubiloso reencuentro. A veces es un hombre, una mujer. Otras dos niñas ya mayores. Y unas sábanas limpias que huelen a jabón. Y un libro incógnito que durará tres noches, cuatro o cinco. Y ese radar nunca se apaga, sino que se renueva y se agita con la posibilidad de más noches y más libros. Las manos, al fin calientes. El otro radar, al ralentí, conectado a una máquina y con pronóstico reservado.




viernes, 24 de octubre de 2014

CÓMO MATAR UN GATO Y QUE PAREZCA UN ACCIDENTE

 
Mi amigo J.M confesó anoche que se había metido en Google para buscar -literalmente-“formas de matar un gato y que parezca un accidente”. Encontró abundante información al respecto. Al parecer, el gato de su vecino lo mira atravesado, y la antipatía es mutua. “A veces cojo un balón y pego con todas mis fuerzas contra el bicho”. Curioso e imaginativo como es él, ha probado a echar sal y pimienta a las plantas de su jardín, poner cara de “sé a qué colegio van tus hijos” y hasta la telequinesia. Pero sin éxito aparente.

Yo sospecho de las personas que tienen gatos. Mis prejuicios me dicen que son ariscos y/o masoquistas. Vagos (el animal necesita poco mantenimiento) y poco sociables (dejé de ir a casa de una amiga por el pánico que me daba su gata). Pero en este viaje por la región del Cognac he conocido a varios muy simpáticos y que a priori no entrarían en mi lista de “sospechosos habituales”. Es como si este chateau que nos acoge fuera un plató de telerrealidad que reuniera a locos y locas de gatos y enemigos de las mascotas domésticas chungas para una confraternización universal.

Después de una interesante clase de coctelería con vodka Grey Goose y de haber comprobado una vez más que no soy suficiente mujer para el dry Martini, la velada nos llevó a hablar de animales de compañía, y de nuevo me vi en el papel triste y nada sexy de señora con hijas, ojeras, hipoteca y tortuga. Una tortuga es una mascota anodina y lenta. Huele mal, come vorazmente y no responde a tu llamada. Sobre el papel no tiene ninguna ventaja. Así que las chukis han empezado un contraataque sin tregua:

-Mamá, queremos un hermano. Somos pocas. Y C.. se muere por ser mediana.
-Ya os he dicho, chitinas, que no estoy para cuentos. Y además no tengo con quién, desestimado el espíritu santo, que como sabéis da en el clavo pero luego los crucifican...
-Pues entonces adopta uno. Un chino, como los del cole. ¡Sería tan guay!

Las chukis son insaciables, como ha quedado constatado. Piden por si cuela, y a veces lo consiguen porque te pillan con la guardia baja. Ayer, en un atardecer glorioso entre viñedos, JM y yo contábamos a B., tercero en discordia, lo que supone ser padre/madre. Él ronda los 40 y ha decidido no tener descendencia. “Me parece una decisión muy valiente, le dije. Uno no suele arrepentirse de tenerlos, pero a veces sí de no haberlos tenido”. Dicho esto, glosé mi teoría de lo feliz que sería sin chukis (lo más parecido a las negaciones de san Pedro) y sintiéndome traidora como Judas añadí que “lo mejor de los hijos es que te hacen mejor a ti”.

Las chukis además tienen rasgos de gata huraña. Se refugian en los techados de sus smartphones, sacan las uñas cuando las quiero acariciar como cuando eran bebés y me saquean el monedero cada mañana bajo la excusa de que necesitan “material escolar”. Eso tan indefinido que te sale caro, carísimo, cuando llega octubre y ya creías haber superado la vuelta a cole con sus servidumbres.

Una chuki con un mal día ahuyenta a las visitas, hace ascos a la paella para cuatro -"mamá, ya podrías aprender algún plato nuevo, que este lo tenemos aborrecido"- ocupa el espejo de tu baño porque lo tuyo siempre mola más, te quita el último rouge Dolce Gabbana y jura por su vida que ella no ha sido, lee bazofia disfrazada de literatura y encima tienes que agradecer al cielo que no haga botellón por las esquinas, te responde "no seas periodista en casa" a la pregunta de "¿has hecho los deberes?" y jamás repone el rollo de papel higiénico.

Pero ayer, en el paseo con esos dos hombres que hablaban de hijos y de otros animalillos, sentí que no puedo querer más a esas dos gatas que me han estado mandando wasaps estos días para decirme que están bien y que hoy viernes tenemos ese planazo llamado "noche de chicas". Una peli, una pizza y un sofá atiborrado de brazos y piernas. Y todo el fin de semana por delante.


miércoles, 22 de octubre de 2014

UN HOMBRE ME CONFIESA QUE SU PAREJA LE LANZA PLATOS Y VASOS

Como presidenta de mi comunidad de vecinos estoy haciendo un master en "lo que pasa en las casas cuando se cierran las puertas". Creo que quienes somos realmente está fuera del alcance de la vista de nuestros vecinos. Al quitarnos la ropa y asaltar el sofá. Somos la respuesta que damos a nuestros hijos, a nuestras parejas, más que ninguna otra cosa.

Pero cuando tienes un cargo de prestigio y gratis total, como es mi caso, puedes llegar a sorprenderte con el caso de cierto hombre de unos 35 años que te cuenta avergonzado que su pareja le ha herido la otra noche lanzándole objetos contundentes (léase platos y vasos) a la cabeza. Y te asegura que tiene el parte de las urgencias del hospital. Y te cuesta creer que detrás de su puerta se libre una batalla cada noche donde el presunto fuerte es la víctima.

Me impresiona siempre el maltrato. Lo ejerza quien lo ejerza. He visto parejas lanzarse pullitas verbales como cuchillos delante de invitados y parecía que en realidad esa crueldad era lo que los unía y casi los excitaba. El único cemento que queda en una convivencia desgastada a la que se le da tregua una y otra vez. Me sobresalta el sarcasmo contra el otro, pero también la indiferencia. Eso del pecado por acción u omisión que nos enseña la iglesia pecadora. Hay quien mata por descuido, por no ocuparse de estar atento al otro. Y de eso al lanzamiento de platos hay una gran cantidad de tonos grises del dolor que nos hacen pensar a los escépticos si merece la pena estar con alguien si no es para ser más y mejor. Si no te cuida y no lo cuidas. Si no puedes cerrar la puerta con la convicción de que entras en un lugar de paz donde se te recibe con cariño aunque sean dos fieras que a ratos  querrías exiliar de tus contornos (las chukis lo saben, desde luego).

Hay noches que cuando escucho a mi vecina la de las fajas beige con la hija endemoniada me dan ganas de intervenir. Hay tanta violencia, tanta desesperación que no hacer nada parece cobardía. Al hombre de la loca de los platos le miro de otro modo desde que el otro día se me sonrojó como un niño contándome el relato de sus noches. Sin comas y sin puntos. A la mujer no he vuelto a verla, parece que era una novia post divorcio. "Siempre elijo a las peores", murmuraba.

Hay hombres que siempre eligen a las peores (y mujeres, desde luego). Hay quien se castiga una y otra vez con quien no les quiere porque es eso lo que han visto. El tablero de juego conocido. Y también hay quien huye una y otra vez de todas las partidas porque sólo le vale el paraíso cuando se cierra la puerta. Y supongo que ni una cosa ni otra. Porque los primeros terminan en urgencias y los otros terminan solos, calentándose la sopa y en silencio.







lunes, 20 de octubre de 2014

ESTO SÍ QUE ES UN PLAN BOLONIA

"Cada jueves, al amanecer, sacrificaban a los mayores de 40 años bajo los pórticos de la ciudad. Los morituri apenas emitían un quejido sordo, estrangulado y breve, resignados a contribuir con su extinción a que Bolonia siguiera siendo estandarte de la juventud renovada y dichosa. Saber que la vida era tan corta la dotaba de una provisionalidad excitante y conmovedora. Ser joven era un tránsito fugaz. Ser viejo una violación estricta de la ley. Una carrera enloquecida hacia las catacumbas de la iglesia románica de San Stefano previa oración en el formidable templo de Isis..."

He pasado mi fin de semana en esta ciudad imaginando un relato inverosímil que arrancara con una ceremonia de ajusticiamiento. He sentido el contagio jubiloso de la tersura de una veinteañera montada en bicicleta por vía Zamboni. He fantaseado con mis queridas amigas coetáneas con que nuestros adolescentes un día estudiaran en este enclave italiano lleno de torres torcidas, suelos empedrados y fascinantes librerías. Apartada injustamente por la fama rutilante de Roma, Venecia o Florencia. Oscurecida por el Plan Bolonia, una etiqueta académica estricta y disuasoria para el turista voraz, convencional.

He soñado con que seguía mirando  hacia arriba, a esos tejados viejos, esas almenas, esas estatuas de dioses paganos -oh Neptuno- y esos capiteles que ennoblecen unas columnas que acompañan la ciudad vieja sembrado de pórticos su pulso adolescente y desgreñado. He pensado que éramos mujeres maduras, vividas,  en una ciudad tomada por inquietos universitarios y que estaba bien así. He dormido con tapones en un hotel amable con la terraza más acogedora y recoleta que he visto nunca y me ha parecido que hay lugares que se alían con tu estado de ánimo y compañías valiosas que te aceptan como estés.

Plaza Mayor
He querido estudiar química o antropología sólo para alojarme en un palazio que es colegio mayor. Licenciada en trattorías, buscadora de los canales que fueron y alguien soterró cuando el negocio de la seda dejó de ser próspero. Aquí se mata todo lo que no es crisálida. Y el resto desafía a las costumbres, a los ruegos. Hay que conmutar la pena. Fin del duelo, por dios y por los hombres. He encendido una vela en San Petronio, por si acaso a dios le da por existir.

He pasado este viaje más callada que de costumbre, impresionada por tanta belleza y tanta luz. Ávida de arquitectura y de música. Y todo estaba bien, en esas escaleras. Y no he leído una palabra ni he escrito una línea, pero veía ante mis ojos un relato que pienso escribir sin falta esta semana.

Bolonia es más que un plan, es un destino.  Un incendio, una fiesta. Un tiempo de silencio y una juventud sin nostalgia que ya fue y no hay afán de renovar. Y esas amigas...









jueves, 16 de octubre de 2014

SI FUERA HOMBRE Y TUVIERA UNA VISA OPACA

Si fuera hombre, sobornable y de ética liviana, y tuviera una tarjeta opaca me la habría fundido en asadores, marisquerías, hoteles de lujo, gasolina y vino. O sea, putas y varios. Tal parece ser el patrón de gasto de estos señores consejeros que nunca preguntaron, al parecer, por ese sobresueldo de plástico que les daba una caja en apuros y que gastaron con bastante poca imaginación, según se deduce de las listas que se han publicado.

Anoche en Hora 25 una atónita Angels Barceló forcejeaba con Arturo Fernández, de la CEIM, sobre si había "dimitido" o "cesado". El atribulado señor, que será muy empresario pero no sabe construir una frase sin interjecciones ni patadas al diccionario, insistía en que no había dimitido porque dimitir era "irse por la puerta pequeña". Y él, parece, se ha ido por la grande, "escandalizado" por el asunto de las tarjetas.

¿Cómo se escandaliza si usted se ha gastado ese dinero sin problemas? lanzaba la sagaz periodista. Y él que ni sí ni no, que si "alucinaba en colores" (tal cual lo dijo), que si entre los consejeros había ex ministros y gente "muy preparada" que tampoco había sospechado sobre la no tributación de esas prebendas. El pobre Arturo, sin duda un ignorante, una víctima del sistema que da tarjetas y esconde la mano, no tenía escapatoria posible salvo la puerta de chiqueros, por la que salió tras quedar patente su incapacidad para defender lo indefendible.

Anoche, mientras escuchaba a este tarugo indocumentado que regenta restaurantes, pensaba qué haría yo con una de esas VISAS guays, amparada por mi desconocimiento del sistema y con un cerebro efervescente para urdir planes carísimos. Por ejemplo, cerraría el Orient Express para mis amigos y familia, y haríamos un viaje inolvidable emulando el asesinado múltiple de Agatha Christie mientras un violinista triste y una exquisita orquesta de cámara amenizaban el traqueteo y sofocaban los gritos de la víctima (rol que correría por riguroso turno y compartimentos).
Arturo Fernández ¿cesa, dimite?

Además, me matricularía en una universidad norteamericana donde enseñan relato mis novelistas de cabecera, y dormiría en el campus, esa fantasía de juventud, y me enamoraría locamente del profesor más flemático y haría botellón en las noches frescas de mayo. A mi vuelta me esperarían mis abonos en el Teatro Real y en el Auditorio Nacional, toda una temporada de placer extasiado, y un entrenador personal culto y carísimo sin músculos aparentes que obraría el milagro de convertirme en una maciza sin sudar mientras me recita versos de Neruda.

Si me dieran una black card ardería Troya, lo reconozco. Y atracaría los escaparates de Louboutin y me haría con una chaqueta de Balmain y con toda la colección de empolvados de Gucci. Sin olvidarme del colgante Pantere de Cartier que me espera en la vitrina ni tampoco de un bolso Amazone de Loewe desgastado que cuente una historia trepidante en sus costuras.

Look de Balmain
Anoche, escuchando a ese señor Fernandez, pensaba en Blesa, en Rato y en esos señores tocados por la varita mágica de un sistema que daba premios sin manual de instrucciones, y en cómo hasta para gastar dinero hay que tener cierta cultura. Que a mí también me gustan el vino de añadas imposibles, los hoteles caros, el centollo en compañía, la gasolina cuando no la confundo con gasoil -esa tara- y la vida loca. Pero tengo claro que jamás habría dicho sí a una invitación de estos tiparracos perfumados que se han hecho los locos mientras alguien -la mano negra, la responsable última del caso- los tentaba fácilmente sin que ninguno "alucinara en colores" al ir al cajero y sacar un buen fajo de billetes.

Qué vulgar todo, oye...








miércoles, 15 de octubre de 2014

MUJERES CHANEL Nº 5

-¿Vas a volver a dar la vuelta a la esquina de esa casa?
-¿Y a ti qué te importa dónde dejes de perderme de vista?
-Solía saber dónde estabas, a qué hora encendías y apagabas tu Iphone 4 roto como una telaraña perfecta y desplegada. Tu mentira.
-Eso era sólo un mapa estático de coordenadas, de números y letras, no era yo.
-Me bastaba, ya ves que me bastaba...

Colecciono diálogos absurdos  que escucho aquí o allá, y yo misma completo, adorno y customizo. Por lo general, las conversaciones ajenas -y a menudo las propias- no son demasiado interesantes. Pero esa chica que a veces se sube al autobús en la plaza de Colón y huele Chanel Nº5 me ha regalado un par de ellas que hacen que levante la vista para saber quién es la dueña de las palabras y del perfume.

Lo primero, porque no sé si tiene edad para Chanel Nº5. Yo misma acabo de incorporarlo a mi menú del dormitorio, y cuando me lo pongo, con cierta prevención y suspicacia, me siento de inmediato otra mujer. Tal vez una de esas que mezclan perlas rigurosas y vaqueros desgastados. Un poco mayor, más irritable y más conservadora que yo misma. Una falsa tímida que quisiera llamar siempre la atención. Una contradicción con piernas y con ojos. Una bomba nuclear, una llamada al 112 de madrugada.

El sudor mezclado con el perfume de Marilyn huele a aventura y a sofoco. Te hace extraña y tentadora. Es un disfraz perfecto para un carnaval invisible.  Te dirán que apestas, te dirán mamá qué llevas hoy. Te dirán que eso fue sin duda lo que te hizo marearte el otro día. Te dirán que algunos olores conviene ganárselos.

Poca biografía para tanta fragancia. Te dirán.

(Pero ella va de luto riguroso y no se ha cepillado el pelo, juraría. Y masca chicle con indolencia de fin de la jornada laboral, ya desmayada. Y huele, inconfundible, potente, orgullosa, a Chanel Nº5).

Hasta ahora sentía un respeto reverencial por el jazmín de Grasse, esa flor de un día que permanece en la memoria de por vida. Era poca mujer para tanta huella olfativa, diríamos. Y esa chica que se sube a mi autobús no pasa de los 35 y ya se atreve. Además, lleva los labios rojos y un bolso de plástico que imita piel -animal print-. Y bosteza con uno de esos mohínes de mujer aburrida de coger el mismo bus -misma hora, mismo sitio- Y discute con escasa vehemencia y rico vocabulario con su chico, su ex chico, como quien entretiene el tedio de un viaje previsible y repetido.

Debo pensar: En la biografía de una mujer hay hitos, rituales iniciáticos de la osadía: los primeros tacones, el primer animal print, el rouge rojo, Chanel Nº5. Pear S.Buck, Kundera, Iris Murdoch, Virginia Woolf, Marguerite Duras, Elfriede Jelinek, la loca esa... Coca Cola, clara de limón, cerveza, gin-tonic, whisky con soda, whisky solo, infusión de roibo...Colonia de bebé, sofocante Lou Lou, maderas, patchuli, cardamomo.

Debo saber quién es, cómo se llama. Qué le dice la voz al otro lado. Por qué no se peina y cuándo, cómo, por qué empezó a vestirse de Chanel Nº5.










lunes, 13 de octubre de 2014

PUES ENTONCES NO NOS PODEMOS QUEJAR, AMIGO PATCH

"Lo más curativo es el amor, el humor y la creatividad». Patch Adams.

Las mejores fórmulas suelen ser las más sencillas. Tras una noche larga e insomne busco buenas noticias en la prensa digital y entre esa maleza inhóspita del ébola, las VISAS opacas o los zombies de The Walking Dead me sale al paso este médico clown cuyo nombre me suena por una película que no vi nunca de Robin Williams. Vaya por delante que no me gustan los payasos en general, y hasta pueden aterrarme como a Cameron, el gay gordito de Modern Family (novio de Charlize Theron en la vida real, dicen que la hace reír). A mí el tenderete de Patch Adams se me tambalea cuando estoy maldormida. Así que me permitirá añadir "sueño" a su triada ganadora.

Ayer mi amigo R. me confesó al teléfono (en nuestra conversación programada) que se siente despistado. Como es de esos hombres que hablan de sentimientos sin tener que apretarles el torniquete, esperé a que desarrollara su idea, pero la desazón parecía impedirle ver el bosque y repetía "despistado" una y otra vez. Necesitaba, me confesó, volver a sus lecturas. A esos ratos de soledad con libros y reflexión. ¿El trabajo? "bien" ¿La salud? "Bien". Pues entonces no podemos quejarnos demasiado, amigo...

Dos o tres días atrás otro amigo, J.M, también catalán,  me había hecho el test de las tres preguntas y cuando le respondí "bien" a dos de ellas y él a mí lo mismo, sentenció: "Pues entonces no nos podemos quejar". En breve viajaremos juntos y no veo el momento de compartir su optimismo y su deslumbrante inteligencia creativa, tan saludable como mi paseo ayer con M.J, esa amiga que huele cuando alguno de los tres ingredientes de la felicidad se tambalea y me hace ver la suerte que tengo.

No nos podemos quejar. En absoluto. Los insomnes ocasionales hemos aprendido a desdeñar esos pensamientos tenebrosos que nos asaltan en la madrugada, pero es un ejercicio de voluntad tan duro como levantarse y hacer, pongamos, un centenar de abdominales. "Todos tenemos un punto débil, me decía ayer mi amiga, y con ese tenemos que aprender a vivir". Y luego, para compensar, están las fortalezas, que conviene poner por escrito para que no se olviden un lunes derrengado y con cuerpo de afterhours: la pasión por los libros, la cerveza Mahou en compañía (y a veces sola, a lo Sue Ellen),  la escritura temprana, Aretha Franklin, Calamaro, Bach y el fado, el Rothko de Abelló, la paella para cuatro, el sofá con peli para tres,  el éxtasis tras la carrera. El humor...

Tienen razón mis amigos, y también ese payaso activista. No nos podemos quejar. Y ese es mi mantra de hoy, lunes. A ver si consigo mantenerlo cuando el cuerpo se queje y pida una cama de urgencias sin los virus amenazantes del desaliento. Esa enfermedad...






domingo, 12 de octubre de 2014

SR. KIKAI, ¿DÓNDE NACIÓ USTED? (Expos de fotografía en Madrid)

Uno de los retratos de Hiroh Kikai
Hoy nadie debería acostarse sin conocer a Hiroh Kikai. Yo supe de su existencia y me enamoré de él ayer por la tarde en su exposición en Tabacalera. Ese lugar sobrecogedor y de arquitectura industrial donde se escuchan ecos de los muertos y las fotos gimen en las paredes iluminadas con luz ténue, teatral.

La muestra son retratos de seres anónimos en blanco y negro fotografiados en las inmediaciones del templo de Asakusa. Muchos podrían calificarse de freaks. Con todos te pararías a preguntarles por su vida, porque ya adivinas que no son vidas vulgares. El autor completa cada retrato con comentarios tan inspirados como los que siguen:

"Hombre joven que anduvo hasta aquí desde muy lejos"
"Un pequeño sorbo y estoy efervescente toda la noche"
"La mujer que me dijo que había estado criando una muñeca durante 28 años"
"Un hombre que me preguntó si le compraría su abono para el tren a medio usar"
"Hombre del abrigo que dijo que estaba hecho de la piel de 28 mapaches"
"La niña que dijo "claro que es real"
"Hombre que dijo que le pica la piel cuando está seca"

Miguel Trillo, Afluencias
Cada uno de ellos podría ser el título de un relato corto, pensé mientras recorría el recinto en una tarde de sábado por Lavapiés, Tirso de Molina y alrededores, el Madrid más pueblerino y multirracial que hay. Un plan de viaje sin salir de la ciudad que incluyó un rodaje casero de Bollywood en plena plaza de Lavapiés, una procesión de la Virgen del Rocío fuera de fechas y un café en el Barbieri con mis hermanos, esa compañía cálida que nunca falla y me hace reír y confiar en el futuro.

Pero sigo con Hiroh y algunas de sus reflexiones extraídas de una conversación/ entrevista que me he leído de arriba abajo y que empieza con una pregunta crucial: Sr Kikai,¿dónde nació usted? Y una vez que responde, contextualiza y deja caer algún grano poético en su discurso, aprendes por qué este hombre nacido el mismo año que terminó la Segunda Guerra Mundial hace esas fotos.

Mi corcho
1."Si hubiese dejado la fotografía en ese momento, mi alma habría muerto. Daba igual si podía vivir o no de la fotografía, sabía que tenía que seguir fotografiando a la gente, que es mi tema principal y lo que realmente me interesa". O sea, eso que llamamos vocación y que es un privilegio, aunque duela.

2."El ser humano es un organismo misterioso y extraño".

3."Mis retratados con tan orgullosos y valientes como reyes, La forma en que viven tiene mucho que ver con el hecho de que existen en las fisuras de la sociedad". Me encanta y me revuelve lo de las fisuras como vivero de personas diferentes.

Creo que los madrileños nos pasamos media vida despotricando de nuestra ciudad, se nos llena la boca de lugares comunes que tienen que ver con el tráfico, la contaminación, las manifestaciones o los precios de las casas. Pero a cambio disponemos de una oferta cultural tan amplia y diversa que puede convertir una tarde de tormenta en una expedición tan asombrosa y divertida que no te queda otra que terminarla regalándote unas flores y pidiendo pizza para cenar con tus hijas mientras ves "The Artist" sin que se te olvide del todo ese hombre japonés que te ha abierto muchas puertas y algunas ventanas. Tantas que al llegar no te ha quedado otra que escribir el arranque de un relato. Inspiración gratis total.
Stephen Shore


P.D. Además de Hiroh en Tabacalera se expone la magnífica  'Afluencias. Costa Este-Costa Oeste' del fotógrafo Miguel Trillo. O cómo los jóvenes y las tribus se expresan parecido en todos los puntos del planeta. Y el otro día vi a toda prisa la muestra de Stephen Shore en la Fundación Mapfre. Aún sigo colgada de la foto de esa mujer en la piscina!







sábado, 11 de octubre de 2014

PLAN DE FUGA O DE PERDIDA

(O puede que sea domingo y huela a despegue el asfalto de tu ruido. Y aúllen los lobos y se desperecen las flores locas de ese duelo de cristal)

1.Hoy toca conversación programada con R. Urge buscar un hueco entre el aperitivo y llevar a Minichuki al cumpleaños del niño de J.y P. "¿Cuándo nos fugamos?" me propuso el otro día por wasap, después de decirme que me había pensado en Roma. Que se acuerden de mí en el Trastevere puntúa doble o triple. Lo contrario sería tal vez Atenas -esa ciudad hostil- o Despeñaperros, por las curvas y revueltas.

2.De poder ser, mi película de hoy será "Perdida", de Fincher. Porque es un buen título autobiográfico, porque aún no he leído una mala crítica y porque pinta enigmática y bella. Debo forzar un hueco a la hora de la siesta o sacar a mi clon a pasear. ¡Tengo que verla ya!

3.Hay una edad interior para cada uno, y cuando por fin cumples los años que la contienen te quedas como dios. Anoche expuse mi teoría a mis amigos del clan de Asturias (todos madrileños, todos pasados de botellines de Mahou) no les pareció  mal (¿ventajas del speak para borrachos?). Hay veinteañeros viejunos y cincuentones vigorosos con hambre de cien días. Hay quien suspira con alivio al soplar 50 velas y quien pondría todo el rato 25. Mi edad interior se sitúa entre los 40 y mis 47. Puede que incluso más allá. Ahora empieza todo. No miro con deseo ni nostalgia a los más jóvenes y mis coetáneos o mayores me resultan de lo más interesantes.

4.Si le pones una hora de llegada a tu adolescente y se retrasa 58 minutos, ¿qué habría que hacer? A.Castigarla sin salir dos semanas. B.Castigarla sin salir tres semanas. C.Encerrarla en un calabozo cuatro semanas. D.Ampliar una hora el horario de salida. E. No sabe, no contesta. No pega ojo en toda la noche.

5.Mi bruja Susan Miller (también) se retrasa cada vez más con su horóscopo mensual y sus excusas son irritantes. Que si una vacuna le dio reacción, que si ha nacido la nieta de los Clinton y está enredada en su carta astral...Al parecer Mercurio anda retrógrado y nos va a jorobar el mes (todos los retrógrados poseen ese efecto). Aun así  "Travel will bring outstanding news and experiences", asegura. Y ya preparo mi equipaje a Bolonia y enseguida a Francia. Y R. me piensa desde Roma, Capri y Positano. Y Lisboa me llama como Drácula a su Mina, he cruzado océanos de tiempo para encontrarte.... Octubre es aeropuerto y vértigo. Y ese deseo de volver a casa que alimenta el sueño del viaje. De cualquier viaje.






viernes, 10 de octubre de 2014

SI YO ESTOY LOCA Y TÚ MÁS

Anoche, en la emisora donde recalé huyendo del fútbol, un esquizofrénico y una bipolar hablaban de cómo vivir con una enfermedad mental sin volverse loco. Él tenía una voz dulce y envolvente y la mujer un discurso tan sensato y cabal que me quedé pegada a sus voces y a la narración de sus anécdotas. Sus crisis. Sus ingresos. Sus relaciones de pareja, con amigos, laborales. El hombre, que imaginé joven y atractivo -me pierden los bienhablados- ponía como ejemplo titulares del tipo "Esquizofrénico atraca un banco y mata al director de la sucursal" y argumentaba: ¿Verdad que no titularían "Diabético rompe un Picasso en el Reina Sofía en pleno ataque de hipoglucemia"?

Leo hoy que el 75% de las personas con enfermedad mental asegura haberse sentido discriminada en alguna faceta de su vida. Y lo entiendo, no voy a hacerme la comprensiva universal. Si un tipo en un ascensor que se detiene entre dos pisos me confesara ser propietario de un TOC (trastorno obsesivo compulsivo) me alteraría más de la cuenta, imagino. Pero vivimos rodeados de ansiosos, anoréxicos, depresivos, insomnes, agorafóbicos, hipocondriacos o alcohólicos sociales sin alterarnos demasiado. Porque hay etiquetas y etiquetas.

Yo misma tengo pánico irracional a la desorientación y al mareo. Eso provoca que me pierda y me maree en ocasiones. Los vómitos no se me cortan hasta que no me pinchan Primperán, cuando ya estoy deshidratada. Lo cual no me convierte en una loca peligrosa al despegar el avión, pero sí en una mujer necesitada de un brazo amigo al lado y de una buena bolsa para vomitar. Cada vez que cojo el coche temo que me deje tirada. Mi dibujo de la desolación es un coche en una glorieta rodeada de nada. La naúsea. Cada verano decido vender mi Volkswagen y contratar a un chófer cariñoso y amante de la literatura, pero luego entro en razón -eso tan convencional- e indulto al pobre auto y me hago mirar lo mío, que me parece una solución menos drástica.

Soy muy partidaria de la terapia y observo a demasiadas personas "normales" que rechazan el diván como si fuera asunto de pirados. Algunos tienen tanto que ocultar que prefieren no meter la piqueta no sea que la ponzoña que se encuentren dentro les impida dormir por las noches. Otros, simplemente, no pueden pagárselo y transitan entre orfidales sin receta y ataques de ansiedad que ellos llaman estrés para no sentirse mal.

Estar estresado mola porque te convierte en un profesional. Sentir pánico cuando  conduces por una carretera que de repente te parece Marte o Júpiter te convierte en una mujer débil y poco atenta. O sea que hay trastornos cool y trastornos de mierda.

Y luego están esos otros que requieren medicación de altos vuelos. Como los de anoche, en la radio.

Entre unos y otros hay una inmensa cantidad de seres que sufren y no saben por qué. Que se despiertan sobresaltados a las cuatro de la mañana pero aseguran estar muy bien. Que no se implican en las relaciones porque un día alguien los hirió de muerte. Que lloran sin razón aparente. Que estallan en cólera al mínimo conflicto. Que se quedan en la cama cuando pintan bastos en la oficina. Que a veces se echan a la calle sin rumbo y sin destino porque lo necesitan. Que a menudo desconectan el teléfono porque no soportan hablar con nadie. Que quisieran despertarse y ser otras personas. Que todo les pesa demasiado. Que siempre terminan con gente tóxica la última copa de la noche. Que les atrae el peligro porque sin adrenalina no sienten...

El mundo está lleno de locos pendientes de disgnóstico y ayuda. Propongo un outing de debilidades que nos limitan y que, cuando nos las tratamos, en sesiones duras donde uno no puede escapar de uno mismo, nos hacen sentir ese chispazo íntimo que se llama valor y confianza.  Y cierta lástima por quienes han decidido seguir con el simulador de salud y equilibrio mientras sobreviven como despojos sin etiquetar. Convencidos de que están bien, no como esos pirados de la radio de anoche.



 











Mi amiga B. tiene una compañera con trastorno bipolar que

jueves, 9 de octubre de 2014

SI TE INVITAN A UN BAILE DE DEBUTANTES

Alguien que me conoce poco me ha enviado una tentadora y exclusiva invitación a un fin de semana  en París con este reclamo: MAD MEN, FABOULOUS WOMEN: Bal des Etoiles. Una especie de baile de ¿debutantes? casamentero donde ellos serán como  Jon Hamm -atractivos, cínicos, desalmados, testosterónicos (el actor aparece como reclamo)- y nosotras estaremos a la altura -sexys, coquetas, intrigantes, enfajadas-.

El fin de semana incluye soirees, brunch con champán, y la gran cena de gala con baile. Dress code: Vestido de voy a por todas (¿escote halter, palabra de honor, silueta sirena?). La invitación, de varias páginas, cita los nombres de un larguísimo comité internacional -los Celestinos-, una larguísima lista de hoteles colaboradores -los picaderos- y un discreto recuadro con los donativos -tarifas en cristiano-, por edades:

Menores de 25.....400 euros
De 25 a 35...........500 euros
de 35 a 45............600 euros
Mayores de 45.....700 euros

Vuelos y hotel aparte.

O sea, que si pasas de 45 debes pagar más por encontrar a tu Jon Hamm maduro y asquerosamente rico, que seguramente ande perdiendo el alma y algunos dedos detrás de una de 25, después de haberse puesto de whisky y a esa hora a la que el balbuceo le vuelve baboso e inconexo. Rico, pero torpe en inglés, en francés, en chino mandarín... 

Aquí se penalizan la experiencia y  el buen hacer, como en el mercado laboral.  Pasas de 45, date por sentenciada. Debutar con tres décadas de retraso sale caro, carísimo. Pero ahí estás tú, con tu VISA y tu savoir faire, dispuesta a dejarte ver en un salón de baile donde suena, ya lo oigo, el vals de las olas y tú bebes y bebes Moet pese a que te sienta mal, y repites ese gesto tan fino de subirte el palabra de honor como Penélope en los Oscars, y tus Louboutin te aprietan como torniquetes y  te preguntas qué demonios haces ahí buscando un Jon Hamm cuando te pasaste cinco temporadas de Mad Men desenganchándote de ese bellísimo mentiroso incapaz de amar a nadie que no fuera él mismo.

Siempre nos quedará París, suspiro justo antes de rechazar amablemente la invitación. No hemos llegado hasta aquí para exhibirnos como carne solvente en un salón con candelabros, tiburones y pirañas pudiendo estar en Madrid City rodeada de amigos delante de unos botellines de Mahou y en animada conversación. Ser mujer objeto a estas alturas me pega tanto como interpretar a Julie Andrews de monja. Con 700 euros imagino un fin de semana grandioso, en pantalón de cuero y camiseta gris y botín bajo (mi dress code casual esta temporada), de una expo al aperitivo, y de ahí a una cena en un restaurante recoleto de los que recomienda mi amiga M. en su blog TeveoenMadrid, después de habernos conjurado para rechazar ambas la invitación al grito de "querido Jon, si estás interesado compra un billete y reserva en el Santo Mauro. Para el donativo ve ahorrando, que las mayores de 45 somos muy exigentes y de gustos caros".






miércoles, 8 de octubre de 2014

EL ÉBOLA Y LAS MADRES DEL COLEGIO

"Así que el problema no es cómo evitar que cobren vida las cosas que deben ser neutrales, inertes, indiferentes a mi existencia. Mis viejas soluciones: "la cultura", mi mente, mi pasión por el pensamiento, por el arte, por la distinción espiritual+ética". Susan Sontag. La conciencia uncida a la carne. Diarios de madurez, 1964-1980. Literatura Random House.

El catrastofismo se ha instalado en mi hogar. "Es el fin del mundo, mamá, es el fin". Mi adolescente, que siempre fue un poco Teófila Necrófila, cree que el ébola es el apocalipsis, y lo dice cada noche mientras su hermana, que juega al fútbol con la maquinita, le dedica un reojo displicente y luego a mí un interrogante como diciendo: ¿Vamos a palmar o no?.

La cosa no tiene ninguna gracia, sobre todo si nuestra salvación depende de la gestión de Ana Mato. De ahí que anoche me fuera a la cama aún más pronto que de costumbre y me lanzara a por Susan Sontag, cuyos diarios leo a saltos porque me asfixian con sus listas interminables de inseguridad, miedo, fragilidad y desolación eróticosentimental. Su crudeza es tal que me pregunto cómo se habrá sentido su hijo, David Rieff, al leer y poner en orden estos textos deferoz intimidad que no querría yo leer de mi madre ni que leyeran mis hijas. Aunque bien mirado una vez muerta el pudor se pudre con los gusanos de turno.

Confiesa Sontag que durante un año, a sus trece, llevó las Meditaciones de Marco Aurelio siempre consigo en el bolsillo. "Tenía tanto miedo de morir -+ solo ese libro me dio algo de consuelo, alguna fortaleza. Quería tenerlo conmigo, poder tocarlo en el momento de mi muerte". (Debo fisgar el cuarto de mi hija mayor para comprobar sus lecturas).

El ébola nos enseña que las barreras que no vemos no son tales. Y si tienes la suerte de no ser hipocondriaca, miras el televisor como una película de ciencia ficción donde unos tipos envueltos en trajes lunares y escafandras se aprestan a fumigar un cuarto, un pasillo, un edificio completo. Y te preguntas qué devastadora es una guerra química. Y piensas en Siria y en un conflicto que cada vez ocupa menos papel y menos preocupación porque un virus letal se ha apoderado de los titulares del primer mundo. Y lo comprendes.

"Una reunión de mucha gente es una fuente de ébola", me escribió ayer por wasap mi querido U., que está literalmente acojonado (con perdón). Yo me encontraba en la clásica reunión de comienzo de curso de Minichuki, haciendo esfuerzos por contabilizar el número de padres frente a la avalancha de madres. Éramos el 90%, sin duda, y alguna hacía preguntas típicas de madre full time: "¿El día 29 es festivo, como pone en la agenda escolar? o ¿pueden llevar los niños folios en lugar de cuadernos, que pesan mucho?

Me pareció que las preocupaciones son diversas como el ser humano. A algunos les agobia el fin del mundo (mi ado) a otras tener a mano a Marco Aurelio en caso de muerte súbita (Susan). A otras el peso del papel en la mochila de sus hijos (madres focus on)y a mí soportar las tonterías con cara de me interesa que te mueres, mientras devoro a la pobre Sontag para sentir que tengo mucha suerte de no ser tan maldita y que es posible que no esté tan alejada de esas madres del colegio, después de todo.