domingo, 30 de agosto de 2015

PALMIRA O LA DESTRUCCIÓN DEL AMOR

Palmira
La peor venganza es el olvido. Asesinar el recuerdo. La destrucción. El silencio roto por el crepitar del fuego y el polvo disolviéndose lentamente en el aire. La imagen del después que escupe un satélite acostumbrado a no estremecerse con la muerte ni con nada.

Devastación, catástrofe, exterminio.

No he estado en Palmira, cómo lo lamento, pero su nombre siempre me ha parecido evocador, igual que Alejandría o Positano. Hay lugares que encierran un destino. Tu mapa del tesoro. Aquel que los destruye mata mucho más que unas ruinas de belleza sobrecogedora. Mata la fantasía del quizás, la posibilidad de una conquista, el hallazgo al final de un desfiladero. Ese enmudecimiento repentino. Mata el asombro y la inspiración de los poetas. Nos mata a todos de pronto.

(La violencia del no te toco a ti, pero destruiré aquello que amas. Pongamos a salvo la memoria. Las mujeres, los niños, los ancianos y... los recuerdos primero).

Llevo días arrojando trastos viejos a la hoguera. Ropa que no me pondré ya nunca más, libros sin fuste, adornos que no adornan sino entorpecen la vista en el salón. Detesto los adornos, el concepto mismo de adorno, los cultivo cuando me siento redundante, los mando a freír puñetas. Me preparo para el regreso de las Chukis con una catarsis que se parece mucho a un incencio controlado. Luego me siento a ver el Telediario, exhausta, y es el Apocalipsis. Palmira, las concertinas para evitar que refugiados e inmigrantes salten al paraíso (paraísos de mierda), crímenes en pareja, corruptelas políticas, yihadismo en un tren. Me asfixio de realidad contada con esa chaqueta verde estridente de anoche. De luto riguroso, nena, nadie va a un funeral con el pantone del recreo del colegio. Un poco de respeto.
Positano


Pondrán más controles, nos anuncian. Haremos cola para entrar en un tren, en cualquier tren que cruce una frontera; nuestros bultos sometidos al mordaz escrutinio de los rayos X. Los deshauciados van a pie, las plantas destrozadas de uno de ellos parecían la de un primate después de horas descalzo a la deriva. Más duro que Palmira, mucho más.

Mi tolerancia a la violencia mengua con los días. Tengo los jugos gástricos revueltos. El primer violento es el padre o la madre que pega a su hijo. Ahí comienza todo. El hombre que grita a su mujer, la mujer que humilla y corre a la iglesia, que ya suenan las campanas. El sarcasmo.  Mejor destruir los recuerdos, para que nada quede. Rescoldos y cenizas.

Valla antiinmigrantes en Hungría
Decido que, sin falta, Positano. Me siento amalfitana. Positano fuera de temporada de turistas. Sola o acompañada. Antes de que alguien destruya mi fantasía del amor que es esa carretera en puras curvas que muere a la orilla de Tirreno. Un hotel con terraza recoleta, lectura reposada y un paseo. Bebería Martini, debo empezar a ensayar esta bebida que es la que corresponde a mi deseo. Pero antes será San Sebastián, y París, y puede que otro Oporto. Y guardaré los recuerdos con coordenadas muy precisas que no ocupan ni cogen polvo en una estantería. Que no puede destrozar ninguna bomba ni ser olisqueada por satélites. Esos fisgones gélidos.

"Positano bites deep, it is a dream place that isn’t quite real when you are there and becomes beckoningly real after you have gone" (John Steinbeck).



 


jueves, 27 de agosto de 2015

SI TU PAREJA TE FUE INFIEL EN ASHLEY MADISON

Ayer quise comprobar si había sido infiel en la lista que el hacker de Ashley Madison, la página de infieles cuyo claim reza "La vida es corta, ten una aventura", ha ventilado al mundo para provocar un terremoto de divorcios, abandonos de hogar, agresiones y algún suicidio.

Pese a que no estoy en situación de ser infiel, reconozco que introduje mi correo electrónico con cierta angustia, como cuando te sigue en la carretera un coche de la Policía de tráfico y crees que te va a parar  y va a pillar un alijo de algo muy feo y muy ilegal en tu maletero aunque te consta que no has pasado de 100 km/h y que lo peor que ocultas es una bolsa llena de piedras sucias que recolectó tu hija en la playa en su diógenes de verano.
Algunos teclearon los datos de todas sus parejas, incluso de aquellas cuyos recuerdos sólo podían aflorar con Carbono-14.
Yo quería averiguar si había sido infiel a mí misma. Pero parece que el sistema no afina tanto. Uno a veces se traiciona y comparte confidencias con quien no debiera. O cena a la luz de las velas y se desgasta en una cita que nunca debió ser. Y luego se justifica con una retahíla de excusas muy baratas para poder dormir a gusto y volver a ponerse los cuernos al otro día.

Creo que los que entraron en Ashley Madison en busca de un revolcón pecaron de ingenuidad. Un infiel, igual que un asesino, no puede permitirse tener cómplices. Ya que engañas, aguanta el tirón. Hasta en la películas más cutres de cine negro el cómplice termina confesando. Y consigue que el espectador repudie al criminal. Para pecar en condiciones, querido pringado, hay que tener valor y tragarse el sapo de los remordimientos (si los hay), disponer de una cuenta saneada para una doble vida que no deje marcas en ningún estracto bancario, contar mentiras con precisión, estar en forma física por si hay que complacer a más de uno (o de una) en una misma noche, inventarse reuniones urgentes en lugares verosímiles, tener buena memoria para no alterar un relato que va y viene... Una trabajera.
Una proposición Indecente

Para poner más emoción a la aventura,  en Ashley Madison se inventaron una aplicación con el reclamo ¿Cuanto cuesta tu esposa? Se trataba de que los hombres (en este caso sólo se contemplaba la heteroinfidelidad) colgaran fotos de sus esposas, las mismas a las que estaban traicionando, para que los demás usuarios votaran cuánto darían por acostarse con ellas en una puntuación del uno al diez. Ignoro si hubiera sido posible puntuar a los maridos dado que la aplicación no prosperó,  y no hay que ser un hacha para llegar a la conclusión de que Ashley es reaccionaria y atávica. Además de insegura como el banco de una película del Oeste. (Eso pese a que en su landing page figura el simbolito de un candado y un "certificado de seguro y fiable").

Mientras escribo pienso que ahí fuera hay 39 millones de infieles aterrados por si los descubren, urdiendo explicaciones verosímiles de cómo llegaron hasta allí. Y otros tantos millones de víctimas que nunca sospecharon y a las que se les van a caer los palos del sombrajo, como decía mi abuela, cuando descubran que su amor se ha liado con alguien. Y seguramente muchos preferirían seguir nadando en la ignorancia, ese magma calentito, y no tener que enfrentarse a eso tan inquietante que sigue en el guión: ¿Por qué?.

Personalmente prefiero no saber si me pusieron los cuernos en el pasado. No pienso teclear los mails de los hombres que fueron. Allá ellos. Prefiero recordar lo mejor del amor, la confianza plena, aquella intimidad, eso que no se comparte con nadie y es secreto. Un secreto a buen recaudo que no admite hackeos de piratas ni se deja fisgar por otros ojos. Porque tiene paredes de titanio. Y perdura hasta cuando se apagan los chispazos y está oscuro.











miércoles, 26 de agosto de 2015

SI ERES ARIES, HOY ES TU DÍA

1. Con tacones pesas cinco kilos menos. Comprobado ("Estoy un mes más gorda", dijo ella. "Yo un mes más atolondrada"). Alteración caprichosa del sistema de pesos y medidas producida por las postvacaciones.

2."Yo miro antes los pies que la cara de los chicos. Me dan mucha información" (C. adicta a las zapatillas Nike). "Las zapatillas son una religión", asegura. ¿Vuelve el politeísmo?

3. "Mira, en ese restaurante oriental asesinaron hace poco al jefe de cocina. En plena hora de comer. Los clientes ni se enteraron pese a que llegó la policía". ¿Qué harían con el cadáver? (A.Sacarlo por la puerta de atrás. B.Cubrirlo con salsa agridulce. C.Eso que estáis pensando).

4.Uno se pasa la vida preparando a los hijos para el futuro como si no hubiera presente. Como si ser niño o joven fuera un peaje molesto hacia lo que de verdad cuenta: ser adulto y profesional. Una mierda. O el máster como el Everest, con accidentes incluidos. (Dos mujeres solventes, una terraza).

5."Mamá, la prima y yo vamos a comprarnos juguetes a escondidas". ¿A escondidas por qué? "¡Porque eso lo hacíamos de pequeñas!" ¿Y qué tiene de malo? "¡No te enteras de nada, mamá, es una aventura!". Conversación real con Minichuki.
Religiones modernas


6.Buenos días, llamo para pedir cita para vacunar a mi hija de lo que toca a los 12 años. "Su hija tiene casi trece". Sí, ya, se me pasó. Soy una madre mediocre e incompleta. "Ande, no se preocupe que los virus no entienden de partidas de nacimiento" (Solidaridad entre mujeres imperfectas).

7. Leo voraz sobre París: "El paisaje urbano suele ser tan bello (no sólo en el centro: hay tramos del canal Saint-Martin capaces de provocar el síndrome de Stendhal) y la iluminación nocturna tan exquisita, que al peatón le asalta la angustia de convertirse en un estorbo, un borrón en un cuadro perfecto.Enric González.

8.Susan Miller lo tiene claro. Los Aries hoy estamos de suerte: "On August 26, you will have the luckiest day of the year. This would be an extraordinary day to pitch new business, meet with a VIP, sign a contract, strategize a new business, or in regard to health, to consult with a doctor, hire a trainer, join a gym". Me preparo para mi día más feliz con la fe del carbonero. Demasiada presión por expectativa ajena.



martes, 25 de agosto de 2015

TAN DULCE, TAN MACARRA

A las 21 horas del pasado domingo, un domingo hermético y fatigoso de agosto, al tiempo que "le daba la vuelta a la casa", esa expresión trasnochada que describe la limpieza compulsiva que se lleva por delante polvo, rabia, trastos y recuerdos, decidí abandonar para siempre "El Jilguero". Exactamente en la página 661, recién pasado el ecuador de su extenuante recorrido plagado de descripciones minuciosas de una evolución de personaje más lenta que los brotes de judía bajo algodón mojado del colegio y deseando que lo detuvieran de una vez (y con violencia, a ser posible) por el robo absurdo de ese cuadro, oculto en la funda de una almohada, cuya presencia, lejos de inquietarme como la soga de Hitchcock,  me parecía un pegote que la autora no sabía muy bien cómo gestionar.

-He tirado doce bolsas de objetos, dejado en la portería de casa un saco de libros que no me aportaron gran cosa  con un letrero escrito a mano en Edding azul que ponía "Sírvanse libremente" (sin firma, como los cobardes)  y ejecutado al jilguero.
-¿Que te has cargado a tu pájaro? Mira que eres punky.

Tuve que explicar que nunca antes le había dado tantas oportunidades a un libro, que he arrastrado su peso de ladrillo por toda la geografía española este verano, que sí, que tiene párrafos que me han arrancado un mohín de reconocimiento -faltaría más, es un Pulitzer- como cuando nuestro protagonista se encuentra con Platt en la calle, que le insiste en que vaya a ver a su madre: "Si no puedes ahora, ven luego. Pero no hagas promesas como hacemos todos en la calle". Que no es que me parezca un libro horrible, es que su excepcionalidad reside en buena parte en que es más largo que mi paciencia. Que en materia novelones con los que hacer una brecha al enemigo me quedo con "Anna Karenina" o con "Guerra y Paz". Así que esto es un adiós definitivo, no un "vamos a darnos un tiempo". Esa promesa vana de postergar el olvido inevitable.

Luego, M., escritora brillante cuya primera novela ha dado merecidamente la vuelta al mundo (y no creo que pese más de 200 gramos), me cuenta por tuiter que se dispone a empezar a leer mi libro.

-Si en la página 30 no te ha enganchado, abandónalo. La vida es demasiado corta, le escribo.
Ley de vida

Para quitarme el amargo sabor de boca de ir a contracorriente de público y crítica -ese tándem demoledor- escojo a Edward St. Aubyn. "La Madre", de Las novelas de Patrick Melrose, será mi próximo compañero de cama.  De mi cama Carlos V, donde aún me siento extraña en su enormidad y donde me planteo organizar visitas guiadas, dada la expectación que ha despertado. Anoche, en mi reencuentro familiar con el primero de mis hermanos que ha vuelto de ese exilio breve llamado vacaciones, quedamos en que él y su mujer serían mis primeros invitados. Naturalmente, no cobraré, sólo espero un relato fantástico y sábanas limpias al día siguiente. Como en esas pensiones costrosas del Madrid viejo donde uno se acostaba con cualquiera y le escribía una copla de amor que era un responso.

Hasta entonces, cortejaré a Aubyn: "¿Por qué habían fingido que lo mataban al nacer? Lo habían mantenido despierto durante días, le habían golpeado la cabeza una y otra vez contra el cuello del útero cerrado: le habían enrollado el cordón umbilical alrededor del cuello y lo habían estrangulado". El cuello del útero, de repente, me parece un buen punto de partida. Veremos si enmudece a mi impaciencia y sus brotes radicales. Si el problema era Tartt o soy yo, que cuando detecto un signo demoledar ya no puedo dejar de mirarlo y me estorba como esos padrastros que te palpas distraída muchas horas, hasta que te los arrancas y sangran y te duele y haces auuuuugh.

"Yo te leo todo, mi niña. Y me sorprende porque a veces eres muy dulce y a veces muy macarra", me confiesa María, sus manos trabajando con mi pelo, el rubio in crescendo, los chismes de repente. Luego se ríe, nos reímos las dos, y me cuenta sus cuitas y me miro al espejo y veo a la macarra exterminando letras, abandonando libros con nocturnidad y alevosía en el portal.

Y entonces suena mi teléfono.

-Buenos días, que si le parece bien que guarde los libros en el chiscón y ponga una nota en el corcho diciendo a los vecinos que pueden elegir.

Parece que el portero me ha pillado. Tal vez estaba detrás de la mirilla, agazapado. Tal vez reconoció mi letra. La determinación con que abandono cuando contemplo minas que explotan a los pies. Minas antipersonas, litaratura horchata. No hay tiempo que perder. Suena un tictac en mi cabeza. Estornudo sin taparme la boca, con estruendo, ese placer macarra de la estricta soledad.

Decido que la próxima vez recortaré letras del periódico y las pegaré como hacen los asesinos. Con unos guantes puestos. Vuelvo a Hitchcock y a La Soga. Un buen thriller es eterno, redondo, sin trampas ni acertijos mal urdidos.

De pronto ya me siento más ligera. Ya me toca dejar paso a la dulce dama. Al menos por un rato, siendo martes.





domingo, 23 de agosto de 2015

MUCHO MIEDO PARA TAN POCO PELIGRO (STRIPTEASE CARDIOVASCULAR)

"Aspiro a una soledad
sin tapujos,
con muchísimo olvido
de fondo".

Ajo es micropoetisa y hace irónico striptease cardiovascular. Con esas credenciales le hubiera puesto un like en su página de Facebook -acabo de hacerlo-. El mérito del hallazgo es de M.J, que en uno de esos jubilosos paseos cuando me recoge del trabajo un día a la semana -esa cita de amor que es la amistad- me regaló un verso de la microautora madrileña, algo distorsionado: "Tanto sufrimiento para tan poco peligro". Naturalmente, lo celebré a conciencia, pero el olvido es traidor y desalmado, de modo que hasta ayer estuve amnésica de Ajo. Hice mis abluciones literarias, salí a correr al trote, me regalé un desayuno con prensa en un café diminuto y claustrofóbico cerca de casa y me encontré con la hermana de M.J, que sin venir a cuento y tras los prolegómenos de una charla convencional de verano me recordó el poema. Como si me viera ansiosa de certezas, lírica de regresos, sudada de rencores.

También, en general, detecto
mucho miedo y poco peligro.

Ajo, micropoetisa
Qué claridad mental, qué desafío colgar en cuatro líneas asunto tan pesado, apuntalarlo.  Me parece que Ajo es una micropoetisa que envuelve el plomo en papel de celofán de colores y te lo tira a la cabeza, rociado de azufre y gas de la risa. Lo contrario a eso que hacen los hierbas con sus tofudiscursos: utilizar fanfarria de soja para contarte nada. Nada que ya no sepas. Blablabla disonante que no alimenta. Sin humor, sin nutrientes. Intelectoengrudo.

Me gustan las voces proteínicas. Y me gusta mi armario, libre de grasas y desorden después de haberlo desnudado para contar demasiados pares de zapatos. "No hay mundo para tanta suela", reflexiono. (¿Es esto un microverso, señorita Ajo?)

De pronto me he encharcado de poetas. Josep Piella Vila me envía su libro "El Caminante de Hojalata" (Playa de Ákaba) con una dedicatoria que no traicionaré, salvo el final: "Después de todo, en el arte de aprender a perder reside el arte de aprender a vivir". Lo tengo en la mesilla, lo voy administrando, extraigo los versos favoritos,  compongo un collage micropoema. Me apunto en un post it: "pedir permiso a Josep". Me salto a la torera su permiso:

No existen las mesas para uno.  
Estoy a tantos kilómetros de nada. 
Un sueño tarda aproximadamente 32 horas en desangrarse. 

Desde la atalaya de su magnolio, D. me recomienda que lea dos textos. Uno de columnista moribundo y otra de economista afilado a quien conoce bien. ¿Y te gusta?, le pregunto. "Es el único escritor que me ha dedicado dos veces el mismo libro", responde con ese humor flemático tan suyo que no trafica en verso pero te da la risa. Luego invento,  cadáver exquisito, unos versos muy libres por ahora, promesas del Otoño, llamaría:

Desestimar cualquier Eneagrama dos,
libre o con cargos.
Mejor los impares,
aunque se queden solos, tiritando.

¡Quema de libros, a las barricadas
del verso insolente y desabrido!

Quien huye primero, huye dos veces.

Tantos botines negros casi idénticos,
que sólo tú ves la diferencia.
Casi idénticos. Casi.

Cuidado con los tontos con idiomas
y con los listos enmarañados.

Mis árboles finalistas,
Olivo, higuera, magnolio.
No en ese orden, necesariamente.
O puede ser encina, hermana pobre del primero.

Una rotonda está diseñada
para dar no menos de dos vueltas.
A veces tres.
¿Quieres que te lo cuente otra vez?

P.D. Vale, sí, como micropoeta espontánea puedo hacerlo mejor. Es adictivo como comer pipas. Como los botines negros y los jeans. Como despertar en una cama enorme y hacer tres largos. Mejor otro de Ajo: "Esa manía que tienen tus noches de quedarse tan cerca de mis mañanas". Fascinante. Definitivo. Demoledor.













sábado, 22 de agosto de 2015

CUATRO HOMBRES Y YO, TARDE DE VIERNES

Refugio ligero de mujer rodeada de instaladores
Ayer convoqué a cuatro hombres en casa para mí sola. Uno era un chuleta y llevaba gafas de sol oversize, me llamaba de tú y me daba órdenes con descaro de portero de discoteca. Su compañero pedía permiso para dar cada paso, la mirada baja y taciturna. El tercero era desenfadado y correcto, sonreía en una mueca adolescente cuando nos cruzábamos por el pasillo y no se desprendía de una bobina de cable muy larga con la que hubieran podido ahorcarse un escritor atormentado y puesto de crack y su camello. Su ayudante era silencioso como un vietnamita de película y no sé qué voz tenía, tal vez le pasaba lo que al indio de The Big-Bang Theory, incapaz de articular palabra delante de una mujer, pero me miraba como quien reverencia el paso pomposo y solemne de la Reina Madre.

Dos eran completamente calvos. Los otros dos lucían una densidad capilar envidiable. Ninguno pasaba de los 45 años.

Cuatro para mí sola.  Quién sueña un trío, pudiendo ser quinteto. Cuando lo dejé caer para romper el hielo de dos horas de silencio -"Nunca ha habido tantos instaladores juntos en esta casa"- el chuleta deslizó, sardónico: "Si quieres llamamos a más". Me estremecí. 

Mi partyline de viernes tarde me tuvo clavada en el naufragio de mi hogar, mientras unos me "instalaban" mi cama -la de Carlos V, dadas sus hechuras y que me eleva un palmo más hacia el cielo que la anterior- y otros la fibra óptica con la que no veré mejor, porque no tengo tele por cable ni voy a tenerla. Me sobra con mi pequeña azotea al mundo que es este MAC machacado y una ristra de series que me tendrán entretenida todo el otoño y puede que hasta 2016.

Noté que me ponía nerviosa tanta invasión de mi intimidad. Los cuatro coincidieron en mi dormitorio, con mis perfumes desbaratados, mis velas perfumadas, los libros leídos y por leer, un par de zapatos que me había quitado apresuradamente al llegar a casa, mis cuadros, mis colgantes y sortijas...mi desorden. ¿Y si alguno abría el armario o la cómoda? No temía un robo, sino algo peor. La exhibición de mi vida con toda la crudeza que delata el contenido de un cajón. Así que me quedé ovillada en el salón, tratando de leer a David Grossman, pero noté que era incapaz de concentrarme. Tal vez la Gestapo encontraría un mensaje cifrado entre mis cosas. Algo que desvelara mis múltiples contradicciones. "Sí, dice que no le gusta el rosa pero en su cajón de lencería hay unas cuantas piezas". O "detesta a las manirrotas pero he contado hasta 12 vaqueros". O, aún peor, "tiene cremas distintas para una cosa y la contraria".

No, no podía relajarme en absoluto. Sólo miraba insistente el reloj, y el VOGUE colecciones, siempre inspirador: "Bien por el regreso contundente de la falda lápiz, tan sexy, no creo que me atreva con las bomber, bastante espalda tengo ya, mis estolas de piel teñida vuelven a ser un must, no pienso revolcarme en los 70 total look, ¡qué hartura! Divertidos los vestiditos cortos, vade retro a los tableados y los tejidos brillantes, indultemos al encaje un rato más, el animal print ya no es tendencia, sino clásico absoluto, necesito ya mismo un chaleco de lana largo con solapas..."

-¿Tienes una escalera? (el chulo, con ese tú inquietante)
-Ah..sí, ya voy.

Dos horas y media después, el campo de Waterloo había sido despejado de hombres y olía a sudor rancio de trabajador exhausto. Abrí todas las ventanas, recogí algunos trozos de cable, ordené mi habitación como si fuera a pasar revista el más inquisidor de los censores. Busqué sábanas limpias, blancas inmaculadas. Las rocié de perfume, un Sisley retador que me recuerda a Persia, a Alejandría. Hice fotos del conjunto desde varios ángulos, se las mandé a varias amigas y a mi querida C.
Cama de Carlos V en Cuacos de Yuste

-¡Es una pura fantasía! Solo te falta el dosel.

Y hoy he soñado distinto, mecida en el babor/estribor de un colchón nuevo tan grueso que no pasaría la prueba de la princesa del guisante ni con un saco de Findus congelados. Y he sentido que los cambios, aunque sean pequeños, te alegran la vida. Y que el orden, ese que no llevo de serie, calma las tempestades y te prepara para un Otoño prometedor y libre de humos. Que me gusta mi casa, mezclada, caótica por zonas, multicolor e imperfecta como yo. Aunque en mi nevera se pasen las fechas, aunque una tira del parqué pida ser barnizada hace años, aunque siga rota la bisagra de ese armario de la cocina. Aunque las plantas agonicen a ratos porque olvido regarlas.

Y hoy mi reto será ordenar la librería Taj Mahal  en cuanto vuelva de correr. Cocinarme algo rico comprado en el mercado. Cambiar la luz del baño, ir a IKEA sin ansia y, al fin, treparme a mi Carlos V para sentirme reina, ama y señora, poderosa en mi torre de marfil sin ruidos, sin reproches. Tan a gusto.

P.D. Me repito con Bach, pero si pienso en qué música le va a mis planes, sólo me sale esta (en versión Pau Casals).


viernes, 21 de agosto de 2015

AMOR LIBRE, BAÑOS CONTINUOS (UNA NOCHE BURROUGHS)

"El doctor Banway ha sido llamado como consejero de la república de Libertonio, un lugar dedicado al amor libre y los baños continuos. Sus ciudadanos son equilibrados, conscientes, honestos, honrados, tolerantes y, por encima de todo, limpios. Pero el hecho de acudir a Benway indica que no todo anda bien tras esa higiénica fachada". (El Almuerzo desnudo. W.Burroughs).

Anoche me acosté con sensación William S.Burroughs en el estómago. Una pesadez sucia a la que contribuyó la hamburguesa que nos devoramos en esa nueva playa de Madrid dentro del cuartel del Conde Duque donde la ciudad verbenea. El césped de mentira acogió nuestro almuerzo desnudo también llamado cena del reencuentro. A Burroughs siempre lo asimilo con una arcada que no sale hasta afuera, se queda a la mitad y permanece en un deja vu pejiguero como afilar cuchillos. Un revuelto de bilis con trozos de carne macilenta. Estreñimiento mental que mezcla bien con vodka, aunque nunca bebo vodka ni como en el suelo salvo raras excepciones. El suelo es donde vomitas, qué haces ahí tirada con tus amigas, tan precisa perdiendo los papeles, con una tabla de surf de falsa madera y un trampantojo de mar que miente así: "A una playa no vas, una playa la vives". La típica frase facilona de pensador corto de talla y de lecturas. El forro de carpeta adolescente. Y tú vas y te lo crees. Y devoras la carne con lechuga y cebolla, sin bacon por favor, como el último veneno de un condenado a vida sin deseo.

Buscaba sin buscar entre esos farolillos al consejero de Libertonio. Amor libre. Baños continuos. Quería confesarle que a veces inventamos recuerdos. Recuerdos prefabricados. Una librería mental donde traficas y pagas cantidades desorbitadas por una playa seca y una conversación sobre perlas en cautiverio que nunca fue. ¿Por qué (coño) se llaman perlas cultivadas si no las riega nadie? El estimulador de las palabras me sirve párrafos de alta manipulación que me distraen pero no me embaucan. Conviene leer buena literatura, fumar mala hierba bloquea los pulmones. Es aún peor que comer carne de perro con arterias y venas trituradas también llamada hamburguesa.

-Pero usted no fuma, ¿verdad?, preguntaría el doctor Banway, surgido de un truck de perritos calientes, como una sombra.
-Nunca jamás, pero tampoco he terminado El Jilguero, y  me he peleado con mi compañía telefónica porque me han atado a un palo muy feo llamado permanencia a cambio de una mierda de dos gigas.
-¿Y es su palabra (sucia) contra la de ellos, querida?
-Hay una grabación. "La grabación". Me la mandarán, me dijo el cuarto operador con nombre y acento latinoamericano, en un plazo máximo de un mes. A ver si hasta entonces se me olvida o me invento un recuerdo que lo neutralice.
-¿Qué tipo de recuerdos sueles robar, querida princesita vomitona?
-Los recuerdos de Byron, la sin nostalgia. Cambio los personajes, maquillo sus currículum. Tiro todos los dardos, me los clavo en el ojo. Sale sangre con pus, todo mezclado.

Libertorio en realidad ya no escucha, hay muchas almas sucias en esa verbena de agosto. Tres amigas sobre el césped artificial no son de gran interés, aunque una de ellas, la pelirroja, se siente como un indio y clave el bolso en el hueco de su falda, como si se violara.

-¿Se me ven las bragas, chicas?
-Y dale! Si somos nosotras y el resto de la gente está a lo suyo. ¡Come hamburguesa y calla!

Uno debe aprender de las malas digestiones. Son como devorar párrafos de libro de automartirio, de escritores hierbas que envuelven su ignorancia en "energía", "vibración" y mucho tofu. Eso no produce indigestión, estrictamente, pero sí diarrea mental. Os deshidrata. Mejor comer basura con ketchup cutre y un libro de Burroughs, o de Ginsberg. Mejor cualquier maldito con talento que estúpido con ínfulas corto de beat generation. La manipulación de las palabras cuando no andas sobrado es una farsa para cortos. Venid a la verbena sin muñecas chochonas en una arquitectura tan bella que no se ofende con que tres damas se tiren a sus pies, y se cuenten la vida que cabe en un verano, apenas tres semanas sin dar señales de humo. Y es como otra existencia, sin vahos de fritanga, sin mentiras.

-Ese perfume apesta. ¿Pero qué te has echado? me dijo ayer R.
-Ese que era unisex, aquí lo tengo (señalando el cajón, como si eso fuera la prueba irrefutable de que un perfume es bueno por estar a buen recaudo).
-Anda, ven aquí, me guía con cariño, y me regala un bote barroco y con azmizcle. O eso sueño.

Y perfumada tres veces -el que me puse en casa, el terrorífico que todos detectan menos yo, y el que lo taparía todo- me fui con horas de antelación a la verbena. Y me senté bajo una sombrilla con difusor de agua que era un baño de vida para limpios ahogados en sudor. Y hoy solo comeré hierba con tomate. Hierba con maíz. Hierba con aceite de oliva virgen extra.  Me purgaré, como una oveja que se pasó de vueltas, glotona y divergente. Y será casi sábado, en un casi descuido. Y seguiré leyendo cosas feas. Eternas, sin embargo.

"La cara de Johnny se hincha de sangre...Mark se acerca con un movimiento elástico y le parte el cuello...ruido como de astilla partida entre toallas mojadas" (El almuerzo desnudo).



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miércoles, 19 de agosto de 2015

TRES FRASES PARA SOBREVIVIR A UN VIAJE A PARÍS

Minichuki me llama para contarme que ha conseguido un diccionario de francés y una enciclopedia de París para preparar bien nuestro viaje. "Hoy he aprendido a decir lo fundamental: 1. Buenos días, 2. Muchas gracias y 3.¿Me da un zumo?". A mí su confesión me da risa, pero sé que no hay nada más serio que mi hija cuando tiene un propósito, y enseguida entiendo que saludar, agradecer e hidratarse es lo más crucial en un país extranjero y hasta en el tuyo propio.

Luego caigo en la palabra "enciclopedia". Tan vetusta como una cabina telefónica desde que la Wikipedia la empujó por el barranco del desuso. Y encuentro a mi hija muy Voltaire y muy Diderot. Quizás lo siguiente de lo que me hablará será de su mesilla de madera de palosanto o de que quiere un escapulario o un camafeo como fetiches para sus partidos de fútbol.

-No creas que he aprendido poco hoy, pero me distraje porque la piscina se ha teñido de verde.
-Eso es que no te has duchado, marrana.
-Jajajajaja! Oye, me gustan unas zapatillas de mi prima de uno que se llama...(a gritos: "¡¡¡¡Clau, cómo se llaman tus zapatillas???!!!! Ah, sí, Tommy Hilfiger!!! ¿Y ese quién es?
-Un escalador de ochomiles muy famoso... Esas zapatillas son muy caras, no se te ocurra pedírselas a tu tía.
-¡Ah, pues vale! Oye,  yo he corrido hoy con mi hermana una carrera de resistencia y la he ganado de lejos...

A más de 500 kilómetros de distancia las responsabilidades maternas se diluyen y se concentran en lo esencial: 1.Buenos días, cariño. 2.¿Cuántas veces te has tirado desde el trampolín? y 3. Te echo de menos. (En lugar de las cotidianas y cansinas :1. ¡Despierta, vagoncia, que son las 7h!  2.¡Otra vez se te ha olvidado la agenda escolar con los deberes! y 3. ¿Quién me ha robado el cargador del móvil?. Todo muy Diderot y muy Voltaire. Entiendo que la alta burguesía siempre se ha enorgullecido de su relación con los hijos gracias a que los depositaba en internados. Allí aprendían bastante más de tres frases en lenguas vivas o muertas, y volvían despegados y con hambre de besos, centrífugos y centrípetos al mismo tiempo.

Yo debo conformarme con dos semanas de telematernidad en las que no repito las órdenes (ni ordeno) y no persigo a nadie para que haga lo que presuntamente debe hacer. Vacaciones auténticas. Porque cuando llego a casa tampoco debo ser ejemplar, y me doy el gustazo de abandonar vasos semillenos por las mesas, tirar los calcetines de correr a ver si son capaces de ir solos a la lavadora (se han dado casos, milagrosos) y cenar de cualquier manera (lo que yo llamo menú disociado: mejillones en escabeche+plato de jamón ibérico+espárragos de Navarra con su mayonesa gourmet). Además, he decidido reducir mis visionados de Telediario a los titulares y tres o cuatro desarrollos de noticia porque la casquería de sucesos me produce úlceras, de modo que antes de las 21.30h, si no tengo una cita irresistible que me arranque extramuros, estoy lista para chutarme tres capitulinchis de mi serie de abogados. Un lujo muy poco Hilfiger, lo reConozco, pero que me procura una satisfacción muy Chanel y muy Dior. Y así se lo hago saber a Minichuki.

-Qué morro, mami, ¡estás haciendo todo el rato lo que quieres!
-Y encima me he comprado una cama nueva.
-¿Y para mí, qué? ¿Vas a dejar que tu hija siga durmiendo en su colchón de cuando tenía dos años? (sí, la Diderot es dramática e hiperbólica como ella sola)
-Tu colchón está nuevecito, guapa. No tiene ni un lustro.
-Vale, no me compres las zapatillas del escalador ése pero cámbiame la cama.
-O.K. Me lo voy a pensar.
-¿Me quieres contar alguna cosa más o me voy al baño?
-No, ya está. Un beso, cariño. Y dale otro a tu hermana de mi parte.

A 500 kilómetros de tus hijos la vida se contempla como desde un mirador al fresco. Con la tranquilidad de que están bien custodiadas por su padre y rezando para que tarden lo más posible en averiguar quién es en realidad Tommy Hilfiger. Y entiendes que es un alivio necesario, que la distancia no es el olvido sino el Acuarius para coger fuerzas y seguir siendo esa plasta que tiene que educar y preparar cenas equilibradas. Y mientras escribo esto cuento uno, dos, tres vasos abandonados por el salón. Bendita sea la entropía de las madres sin cargas. 



 




martes, 18 de agosto de 2015

QUIERO SER TU AMIGA (PROS Y CONTRAS DE ESTAR SOLA)

Hay personas de las que uno querría ser amigo por ósmosis de simpatía. Me pasó el domingo después de leer la entrevista con Élisabeth Badinter en El País. La mirada sagaz de la filósofa octogenaria, de la que debo confesar que no he leído obra alguna, pecado que corregiré sin duda-  no admitía ni media rendición a la vida. Uno envejece un poco más el día que decide dejarse vencer y concentrarse en hablar de la salud, la comida y los chismes ajenos. El músculo sigue al cerebro, y seguro que la ciencia me contradice, pero observo que las personas más interesantes se mantienen jóvenes gracias a la curiosidad, la precisión de palabra, una dieta rica en amor y lecturas y baja en colesterol y en mezquindad, algunas dudas y discreto ejercicio físico. También sin encender demasiado la televisión.

Dicho  esto, yo misma podría argumentar en mi contra, pero voy a centrarme en mi nueva amistad con Élisabet, que dijo cosas como "Hoy para muchas tener hijos es como crear una obra maestra" o "Todo el mundo se dice feminista, aunque solo en los debates de salón. Muchas veces es una palabra vacía de contenido al servicio de la comunicación". Yo asentía una y otra vez, entusiasmada, y lamentaba no tener un interlocutor/a válido cerca para compartir en voz alta mis pensamientos (ah, la soledad, tan gozosa,  es espesa y ácida como un yogur griego una tarde de domingo).
Élisabet Badinter

No me interesan nada las mujeres (ni los hombres) que articulan su discurso en torno a sus hijos, a su pareja o a su perrito faldero. Son candidatas al envejecimiento precoz, porque el día que se quedan si esos tópicos grasientos, se quedan en nada.  Creo que sin proponérmelo selecciono compañías que obvian el guión resobado. Ayer compartí con mi amiga F. la horchata más deliciosa de la capital del reino mientras me describía su viaje a Japón y por qué le inquietaba quedarse en Madrid unas horas en las que podían estallar minas a su paso. F. tenía jet lag y la mirada en fuga, pero eso no le impidió centrarse, como siempre, en lo que de verdad importa. Luego me acompañó, sonámbula, a comprar una cama, y mientras yo me repantingaba en un colchón, y en otro, y un tercero, para elegir mi compañero fiel de la próxima década, ella se dejaba llevar por pensamientos incógnitos y un velo de tibia melancolía que sentí que no debía perturbar.

En un momento dado le confesé a F. cómo había experimentado la soledad más seca, esa que se parece un hueso muy roído, en algunos momentos de estas vacaciones. Ella asintió porque sabe muy bien de lo que hablo. Y no, no era tristeza, sino una de esas pocas certezas que se tienen al encontrar un pecio debajo del mar, a una profundidad casi abisal, cuando nos despojamos del ruido y de los lugares comunes. Cuando hacemos una limpieza a fondo de nuestra mente polvorienta. Cuando sentimos como un pellizco en el estómago que los hijos no son una obra maestra, sino un esqueje que se arranca en pocos años y te deja una cicatriz perenne. Y es bueno que así sea.

-¿Tienes amigos estos días sin niñas en la ciudad?
-No sé, alguno hay, no me preocupa... Quiero llevar al límite esa sensación huérfana que me obliga a experimentar el vacío sin ruidos y con horchata granizada.

Quasimodo
Si estuviera con Élisabet le hablaría de todo esto y de cómo me perturba el equipaje en el vestíbulo de casa. No lo quiero deshacer, por si tengo que salir corriendo. Le diría que últimamente sueño con una piscina en Londres que advierte en un cartel: "profundidad, 30 metros". Que ya tengo mis billetes a París para que en Otoño Minichuki y mi postadolescente conozcan al fin la Torre Eiffel y el Notre Dame de Quasimodo, esa película con la que mi hija mayor se deshacía en lágrimas de pequeña y que creo que no fue capaz de ver hasta el final.   Que nunca sentí que mis hijas fueran mías. Que dejaron de serlo justo el día del parto.

Y sí, querida Élisabet, tienes toda la razón en tu respuesta a esta pregunta del periodista:

-¿Que una mujer lleve el velo es necesariamente un ataque al modelo republicano?
-Para mí, una mujer puede vestirse como le apetezca, en el espacio privado y en el público. De hecho hay formas de vestir que me chocan más que el velo, como ver a una niña de 13 años con las nalgas al aire.

No puedo estar más de acuerdo, amiga. Voy a conseguir ya mismo alguno de tus libros. Gracias por la compañía.






domingo, 16 de agosto de 2015

10 VENTAJAS (O MÁS) DE VOLVER A MADRID

Lejos de provocarme una cruel melancolía, volver a casa de las vacaciones me dispara la euforia. Madrid recibe hoy con brisa fresca y es un regalo de los dioses, tan inclementes en agosto. Vuelvo a tener conexión wifi, la pantalla del portátil ha dejado -milagrosamente- de jugarme malas pasadas y mis libros están ahí, todos ellos, abiertos en canal, sin obligarme a esa fastidiosa maniobra de elegir a cuáles indulto bajo el forro de mi maleta.

Tengo todos los zapatos disponibles, mi cafetera en cápsulas en lugar de esa melita que hace agua sucia -como droga cortada con polvos de talco, se me ocurre- , mi rincón con Chet Baker susurrante, mis plantas extenuadas, mi plan imbatible de ir al Thyssen a ver la expo de Vogue en soledad. Sin voces en la costa. La piel de nuevo seca, meseteña. Un día por delante sin conflictos de patio de vecinas.Silencio sepulcral.  Dieta de quesos, que casi me intoxico de su abundancia exquisita. Adiós a la cerveza bajo una higuera, bienvenida  la de plaza centrourbana con periódicos y guiris de piel rosa.

Volver a casa es un alivio, un bálsamo para quienes dimos la patada a la nostalgia in ille tempore. Ni una lágrima, sólo las ganas de mover muebles de sitio, renovar el armario, colgar un par de cuadros, comer de cualquier modo.  Ir al cine. Desempolvar las viejas intenciones. Crear algunas nuevas. Apuntarme a natación. De pronto quiero nadar bajo vigilancia (no penitenciaria). Arreglar los cuartos de las chukis para cuando su vuelta. Ponerme una mascarilla monstruosa y definitiva. Visitar a María y sus tijeras al viento. Tirar algunos trastos. Poner orden o desorden en los papeles. Tirarme a la bartola en el sofá. Salir a dar carreras por el parque. Llenar la nevera de frutas y hortalizas. Escribir a destajo...

Ya mismo debo ver a qué curso me apunto. Qué citas asumiré como prometedoras. De pronto necesito el último de Chirbes, ese hombre muerto del que otros escritores escupen maravillas. Una vez más hay que palmarla para que las voces discordantes se vuelvan unánimes, babosas. Me reafirmo en que diré lo que me gusta a los interesados en vida. No creo que en el más allá estén para fiestas. Ni que estén.

Bienvenida Madrid, canalla y devastada. Las persianas abajo, el coche aparcado en la puerta. Restaurantes vacíos, museos para zombies. Familias retozonas, tiendas de temporada. Se levanta el telón y aparece una R de rutina. Aplaude el público urbanita. Busquemos ya una casa de pueblo, en cualquier pueblo con monte y un colmado.¿Quién dijo nostalgia?








viernes, 14 de agosto de 2015

CUANDO LA VERSIÓN SUPERA AL ORIGINAL

1. Ayer regresando de la Cuevona -una catedral de estalactitas y estalagmitas por cuyo interior pasan coches- me di cuenta de que cada año dejo un puñado de hallazgos pendientes para asegurarme la vuelta al paraíso. Antes había dado cuenta yo solita de una ración de zamburiñas plancha que me proyectaron a un viaje lisérgico sin ácido ni resaca. Más tarde, me enganché ligeramente a "El Jilguero" ahora que el protagonista es un yonqui sin futuro aparente y su amigo Boris -ese Huckemberry Finn moderno- es mi indiscutible personaje favorito (me costó superar la página 450. No he dado tantas oportunidades a un libro desde  El Quijote en la adolescencia. Y fue por obligación). Ser del montón me hace sentir bien. Pero no demasiado bien.

2. Mi pelo pide a gritos una actualización de forma y color.  De pronto me miro al espejo y veo un espectro asilvestrado de la señorita que soy cuando atiendo a horarios. Soy Fanny Pelo Paja. Una salvaje que lleva demasiadas noches enganchada a una serie y no ssabe qué será de ella cuando el sentido común se imponga y apague la luz a la hora de las completas. En el capítulo de anoche un hombre en el corredor de la muerte esperaba ser ejecutado y me sorprendí con lágrimas a cámara lenta. Cuando me lo cuenta el Telediario no me afecta tanto. Siempre pienso cómo es posible que la presunta primera potencia mate gente a sangre fría y venda armas a destajo sin que se desencadene un cataclismo social. Siempre pienso que cuando las chukis me pregunten no sabré muy bien cómo explicarlo.

3.Rod Steward, mi viejo amigo, es uno de los mejores cantantes de versiones que ha dado la música. Saber usurpar un tema ajeno y convertirlo en un hit no es menospreciable en absoluto. A veces la versión supera al original. También les pasa a algunos cuadros y a algunas personas. Quiero decir que llegar el primero no es más que eso. Su disco de éxitos (ajenos) nos acompaña estos días. Ya he conseguido que mi hija mayor se haga fan pese a que todo lo mío lo encuentra old fashioned (menos mi ropa y mis mejores zapatos, menuda desgracia)

4.Mi teléfono se ha quedado sin gigas. El ADSL portátil de mi ordenador, ídem. De ahí que este post salga sin imágenes, porque descargarlas es un delirio y hoy no debo desperdiciar un instante. Mi amiga D. siempre me recuerda que la vida son "momentitos" mientras vigila mis dientes y se asegura de que me río, de que no he parado de hacerlo. El otro día hablamos largo por teléfono y volví a experimentar ese incandescente calor de que te cuiden. Hoy haremos comida resumen para que la nevera tirite y deje de quejarse con esos ruidos extraños. Cuando la tecnología en bloque falla te está enviando una señal. Debes atenderla.

5."Y quizá fue mucho mejor así; eso lo digo yo ahora, ya que durante un tiempo me arrepentí amargamente. Por encima de todo me arrepentí de que mi desconocido estado balbuceante y parlanchín me hubiera contenido de decir lo que tenía en la punta de la lengua, lo que nunca había dicho, aunque era algo que los dos sabíamos bien sin necesidad de que yo lo dijera en voz alta en la calle, y era, por supuesto, "te quiero". Pg. 526. La despedida de Tom Sawyer y Huck en versión Tartt. Irreprochable.

jueves, 13 de agosto de 2015

LA MUJER QUE ATROPELLÓ A UN TREN (JUST BREATH)

A las siete de la mañana me despertó un estruendo colosal del cielo, el parto del apocalipsis. Pensé: "se acabó el verano. It´s over". También pensé: "la ropa ya no se secará hasta Madrid, qué lata". Y enseguida:"Hoy no podré leer bajo la higuera, mecida en su sombra espesa y en ese silencio húmedo y regado de azulvioleta de las hortensias". Luego me dio la risa al recordar las palabras de mi casera, una mujer bajita, compacta y vivaracha que a los pocos minutos de conocernos me confesó que había sufrido divertículos (enfermedad que suena a chiste de Gila y que no tengo claro en qué consiste, pero prefiero seguir en la ignorancia de la cavilación), y que la otra noche soltó: "Yo un día atropellé a un tren". O sea, lo mismo que el ejemplo de "niño muerde a perro" que te cuentan en primero de periodismo para mostrarte lo que es noticia.

A la buena mujer, enredada dentro del coche y entre las vías, le preguntaban los vecinos aterrados si no tenía piernas, dado que no se movía: "¡Que sí, pero me tiemblan tanto que no puedo salir!". Segundos antes, cuando vio que su coche se atoraba entre las traviesas y que el tren llegaba decidió tocar el claxon a tope en lugar de salir pitando. "Quería alertar al maquinista", sostiene cargada de razones. Luego encajó el impacto con estoicismo, voló dentro del auto y se empotró contra un árbol, pero no fue el final. Sólo un punto y seguido.

Hay finales que se huelen como las tormentas. Anoche los bichos nos sobrevolaban pegajosos en la cena en el porche, barruntando el agua. Uno percibe cuando se termina un argumento, una discusión, una amistad cogida con alfileres, un amor improbable. A veces se prolonga en agonía como se intenta prolongar un buen sueño interrumpido, pero "lo que es, es", que diría J. Yo misma pagaría por una dosis de autoengaño si estuviera en venta, incluso en el mercado negro, o hubiera que buscar a un dealer local para aprovisionarme. Y me consta que haberlos, haylos, pero no los veo como tampoco he sabido distinguir nunca a los camellos de los relaciones públicas de una discoteca. Ambos tienen esa actitud aviesa de ir buscando, solícitos, y de ofrecerte lo que no has pedido.

Hago recuento de lo que termina. Inventario del gozo: Nuestra canción familiar de este verano, votada por unanimidad, es "Just Breath" (de Pearl Jam, pero  en la versión de Willie&Lukas Nelson que me grabó M., ese hombre disfrutón que acuñó uno de los insultos más geniales dedicados a un D.J en una fiesta donde nos lo habíamos bailado todo,  en San Juan de Puerto Rico: "No hemos venido de Bélgica ni de Holanda para escuchar esta puta mierda"). El plato del verano, unas zamburiñas a la plancha con percebes y andaricas en el puerto de Llanes. La serendipia, encontrar en la feria del pueblo a un señor con un artefacto sacado de una peli de ciencia ficción de los setenta que adivinaba tu personalidad a partir de tu firma al módico precio de 1,5 euros, justo unas horas después de haber leído con fruición en la consulta del médico la entrevista a una grafóloga. La carcajada, el wasap de mi tercera hija: "El orden de tu habitación no altera el producto, altera a tu madre" (sí, les he tirado al suelo todo su desorden cada día, soy ese tipo de madre odiosa). El asombro, esas proporciones perfectas de Santa María del Naranco, que no desfallecen en ningún punto cuando lo rodeas, y la humildad bellísima de la ermita de San Emeterio, donde me hubiera arrodillado de no estar cerrada salvo en romería.

A 48 horas del fin, escucho por enésima vez Just Breath y como deliciosas rosquillas de anís. Abrázame hasta que muera. Nos vemos al otro lado.

Just Breathe

Yes, I understand
that every life must end, aw huh
As we sit alone,
I know someday we must go, aw huh
I’m a lucky man
to count on both hands
the ones I love

Some folks just have one,
others they got none, aw huh

Stay with me
Let’s just breathe.

Practiced all my sins,
Never gonna let me win, aw huh
Under everything,
just another human being, aw huh
Yeh, I don’t wanna hurt,
there’s so much in this world
to make me believe

Stay with me
You’re all I see

Did I say that I need you?
Did I say that I want you?
Oh, if I didn’t now I’m a fool, you see
No one knows this more than me
As I come clean.

I wonder everyday
as I look upon your face, aw huh
Everything you gave
And nothing you would take, aw huh
Nothing you would take
Everything you gave.

Did I say that I need you?
Oh, Did I say that I want you?
Oh, if I didn’t now I’m a fool you see
No one know this more than me.
As I come clean.

Nothing you would take
everything you gave
Hold me till I die
Meet you on the other side

martes, 11 de agosto de 2015

BUSCO MADRES Y PADRES PARA CLUB DE BRUJAS

Ayer dudé durante no menos de cinco minutos de si estábamos en 2014 o en 2015. Si esto no es desconexión, que venga dios y lo vea. La culpa la tiene la pegatina de aparcamiento de zona de mi coche. Juraría que la cambié el 1 de enero, pero parece que no. Con las multas de ocho meses Manuela Carmena va a poder alojar a sus okupas en el Ritz, con servicio de habitaciones incluido.

Poco a poco voy tomando conciencia del final. Miro la nevera y calculo la extinción de las viandas. El heliotropo del porche, que andaba medio lelo,  ha resucitado desde que las chukis parlotean cerca y del libro abrumador que ya sabéis -El Jilguero de los c-----s, he coronado 327 páginas, pero dado que son 1.143 y mi condición de promiscua lectora (ando con tres a la vez, cosa que jamás hice con los hombres ni con los menús) me temo que no me enteraré del desenlace hasta mi vuelta a ese páramo de asfalto que empieza por "M" donde llevo tacones absurdos y el suelo quema.

Uno regresa antes del regreso, se me ocurre, y lo fascinante es la ausencia de pesar. Mi adaptación al medio es formidable.  Hoy estás, mañana no estás. Lo simple es siempre lo más contundente. Así me lo hace saber mi gurú D. desde el más allá: "El Economist va a publicar en las próximas semanas una serie de artículos acerca de las cosas que no se entienden del universo. Te adjunto el primero de ellos, sobre el origen de la vida. Están intentando demostrar experimentalmente que si mezclas agua, hidrogeno, amoniaco y metano, y le aplicas energía, aparecen las formas elementales de vida que son nuestros antepasados". Le respondo de inmediato: "Ahora entiendo por qué algunos huelen tan mal".

Minichuki -que escamotea las duchas todo lo que puede pero aquí no huele a chotillo, o huele pero como estamos en el prado y hay más ganado cerca no se nota- es mi banco de pruebas para esa y otras teorías. Ayer la reté a una partida de petanca y celebré mi victoria como si se tratara de un gran slam. Por la noche, en tertulia con las dos mayores, llegamos a la conclusión de que soy una pesada idéntica a la madre de mi tercera hija, la de acogida: "Vaya, que parecéis gemelas. A mí también me tira la ropa al suelo cuando el cuarto está desordenado y me hace volver la primera por las noches". Ser tan chunga como mi amiga P. me llena de tranquilidad. Sus medidas catastróficas son mis medidas, y aunque dos no forman un club, estoy por crear un grupo en facebook de "brujas malvadas con postadolescentes que siempre quieren más y tiran las bragas por el suelo para que un duende despistado se los recoja por las mañanas". 


Mi condición de madre justita de aliento y vocación se consolida con los días. Para liberarme de la culpa perpetro teorías perversas, como que los progenitores entregados lo son porque no tienen inquietudes propias. Un hijo te absorbe si puede y te dejas hasta el infinito y más allá, y si eres egoísta en el sentido literal -con ego, identidad propia- te inventas normas para aliviar tu conciencia. Luego organizas actividades culturales con el ánimo de que se les pegue algo, y por último tiendes lavadoras en silencio, concentrada en que las camisetas caigan sin una arruga porque la plancha para ti es como los dientes de ajo para los vampiros. Por último, les has charlas instructivas sobre temas como: "aprovechar tres meses de verano trabajando y no sin dar un palo al agua, modo de empleo" o "un padre encantador puede ser también un viejo verde, ojo al parche". Dos ítems de lo que me sentí orgullosa. Simples, como la composición de nuestros ancestros, de los que el otro día el guía de la cueva del Pindal nos hablo con prodigiosa precisión: 

-Estuvieron aquí hace unos miles de años. 
-¿Cuántos miles?, ¿¿14.000, 20.000?? ¿Qué significado se supone que tienen esos signos?, quise saber.
- No se sabe qué significan sus signos, hay diversas teorías. 
-¿Qué teorías?
-Muchas. Teorías diferentes, que llegan a distintas aproximaciones...
-¿Por ejemplo?
-(...) (¿Te vas a callar de una vez, rubita impertinente?)

Tuve que claudicar en mi interrogatorio. Mis postadolescentes  me miraban fatal, con cara de "ya está mamá dando por saco con sus preguntas al guía de turno" y hacía mucho frío. La curiosidad puede ser molesta, pensé, pero su ausencia es la muerte. Peor que tirar las bragas por el suelo. Peor que quedarte sin gasoil en medio de la carretera y de la noche. Peor que no saber en qué año vives.


P.D. Creo que ya sé por qué no me engancha ese best seller tan laureado. Me cuenta una historia, sí, pero no hay metahistoria, ningún párrafo que me descoloque, ningún hallazgo subrayable que me deslumbre o me haga pensar sobre la condición humana. Es literatura de agua, metano, hidrógeno y amoniaco. Bien mezclada, desde luego. Muy correcta, correctísima. O lo mismo yo no estoy para largos recorridos, que también podría ser.



 



 


lunes, 10 de agosto de 2015

LECTURAS PARA LA PLAYA

Sostiene Charles Taylor que "para hablar como un filósofo hay que leer literatura, escuchar música (...) El discurso del filósofo cojea un poco sin esa referencia a la literatura. En ella se da una riqueza, una densidad de pensamiento que falta completamente en otros textos".
Este filósofo canadiense me desafió ayer en la playa mientras saludábamos un día de sol norteño como a la rara avis que es y dábamos cuenta de una empanada deliciosa. Sin ánimo de ponerle el punto en la i, yo diría que para hablar hay que observar, leer y escuchar música. Y también que hay que estar callado un rato largo al día, por lo menos. Las personas que parlotean sin tregua hacen un ruido que se parece mucho a la basura nuclear. Aturden y provocan naúseas. Malestar general. Cortocircuito en las neuronas.

Leer en la playa es un placer que exige encontrar la postura y una compañía respetuosa. Sólo así llegas al hallazgo, a la controversia, al comentario burlón: "Jajaja, el ministro de Cultura dice que le gusta el cine español y que ve a menudo Cine de Barrio", comentaba ayer en voz alta M. El asunto del cine español es siempre espinoso. Si dices que es mediocre en términos generales, se te mira mal, por insolidario. Pero si confiesas que ves ese programa casposillo de los sábados a la hora de la somnoliencia entonces despídete de todo prestigio intelectual. Yo salí en defensa de Íñigo Méndez de Vigo -alguien capaz de reconocer que de educación no sabe lo necesario y que estudia por las noches me merece un respeto. No sé qué pensará su jefe de prensa-: "A lo mejor se refiere a El Pisito o a El Verdugo...". Luego me di cuenta de que llevo meses sin ir a ver cine español, porque apenas me excita la cartelera y dispongo de poco tiempo. Además, no entiendo por qué hay que apoyar nuestro cine -de lo contrario te miran como si fueras una esnob- y no nuestra literatura, nuestra moda o nuestra taxidermia.

Donald Trump
Luego, volví a sumergirme en el periódico, donde Vargas Llosa hablaba de Donald Trump, ese millonario imprudente y voceras, y decía que "Se puede tener muchísimo dinero siendo, para todo lo demás, un inculto pertinaz". Me quedaron ganas de preguntarle al premio Nobel qué tipo de cultura otorga el dinero, puesto que hay un "todo lo demás". Pensé que el dinero concede el don del desparpajo. La posibilidad de soltar patas de banco "porque yo lo valgo". Que yo sepa, amasar una fortuna es de perspicaces, personas con olfato de perdiguero, osados, visionarios (ladrones, a veces...) Pero no cultos, no necesariamente. Hace unos años un multimillonario me confesó que no había leído un libro en toda su vida. No me sorprendió en absoluto. Prometí guardarle bajo siete llaves tan suculento off the record. Me pareció que en su desinterés por las letras se había perdido la posiblidad de dar salida a una sensibilidad que se le hacía bola. De entenderse a través de lo que les pasa a los personajes de una novela. De ponerle palabras a un pensamiento sugerido en un ensayo. Y que si tienes mucho dinero y además cultura estás un poco más cerca de ser el rey del mambo.

Me hubiera gustado decirle: "Y encima es gratis. O casi". Pero para apreciar los placeres gratuitos hay que entender que no todo se compra ni todo está en venta. Eso que trato de enseñarles a las chukis pese a no ser millonarias, y que ellas reciben con cara de "ya está mamá con sus rollos educativos", justo antes de sumergirse en las pantallas de sus móviles.

Hoy mi mantra será la "densidad de pensamiento", en honor a Charles Taylor.  Aspiro a darme un baño largo y a leer a mis anchas bajo la higuera gigante que nos acoge. En soledad y silencio, a ser posible. Tan ricamente. No hay nada más obsceno que la incultura. O sí. Hacer alarde de ella.
















sábado, 8 de agosto de 2015

LA IMPORTANCIA DE TENER UN PLAN (KIN JONG-UN O EL ANTILIDERAZGO)

Y entonces va el líder norcoreano Kin Jong-un, ese mamarracho con aspecto de muñeco de feria envanecido, y decide cambiar el horario para vengarse de los japoneses, que un siglo atrás impusieron el suyo. Media hora de diferencia a partir de ayer. Treinta minutos que demuestren al mundo quién manda. Una estupidez con alguna que otra consecuencia económica y social. Un dislate. Los japoneses deben estar celebrando con sake la payasada.

Las demostraciones de fuerza son muy del gusto de quienes carecen de liderazgo. Un golpe en la mesa, un grito, una amenaza. Que se enteren estos de quién soy yo. En mi caso, cuando grito a las chukis siento de inmediato que he perdido la partida. Sin embargo, hay algo en la salida del tiesto que no te permite volver a entrar. Una suerte de inercia angustiosa que actúa como la corriente en el mar. Si pataleas, estás muerta. Pero dejarte llevar puede alejarte demasiado de la costa.

Quienes mandan erráticamente suelen marcarse un Titanic en algún momento. No ven el hielo porque están muy entretenidos mirándose el ombligo. La autoridad emana y se alimenta del respeto. A mí no me gusta que me manden, pero cuando reconozco a un líder natural no tengo ningún problema en seguir su huella. Eso sí, debe demostrar inteligencia e integridad. Y mostrarme que tiene un plan, no un surtido de caprichos de colores.

Ayer en mi serie adictiva "The Good Wife" (ahora sí), la contenida por fuera y temperamental por dentro Alicia Florrick le suplica a Will, su jefe seductor, que le desvele qué plan tiene respecto a su romance (no consumado aún. Pura tensión sexual no resuelta). Él, de momento, se desconcierta y reconoce que ninguno. Pero está claro que muere por ella, y que en algún momento se quitará la máscara y le entregará su corazón envuelto en una bandera manchada de sangre.

Pedir un plan no es mala cosa. Las chukis me lo reclaman en cuanto se levantan: ¿Qué vamos a hacer hoy", y noto el peso y la responsabilidad de mi cetro de líder y desearía estar más tiempo aquí, en este porche, rodeada de árboles magníficos y con la única demanda de las vacas con sus músicas celestiales. Ayer, además, descubrimos que también hay ovejas y entendí que son los bichos más impasibles del planeta. "Coméis para ser comidas, chicas, entiendo vuestro melasudismo", y ese aburrimiento confortable de tener un único plan: pastar hierba para engordar mientras pasan los días y las mujeres a la deriva por esos caminos fragrantes de hierba que se pudre en plásticos gris marengo.
Antilíder norcoreano

Sin planes concretos uno se amohína.  Entra en funcionamiento la máquina de los acertijos. ¿Pretenderá esto o lo otro?, ¿ataco o me defiendo?, ¿me quiere, no me quiere? El silencio es la peor tortura porque es la ausencia de coordenadas para situarnos. Si la respuesta es un no, ya tienes claro el plan: abandono del territorio, claudicación. Dejar a Will, dejar a Alicia en la cámara acorazada de su rictus. Y lamentarse por lo que pudo haber sido, a la espera de que los guionistas resuelvan tu desazón en la siguiente temporada. Y con ese vaivén apagas la luz cada noche, y entiendes que no hay nada tan relajado como que te den los planes hechos. Volver a ser pequeño. Irresponsable. Dejarte llevar. Esperar a que te llame y te diga: "Tengo un plan".

Hoy, mi plan es contemplar el cielo y la lluvia de Perseidas y pedir un deseo que no me regale su silencio. Antes, visitaremos una cueva del Magdaleniense para que mis zopenquillas vean de dónde venimos y lo listos que ya eran nuestros ancestros. Mucho más que ese imberbe con pistola que gobierna un país como quien juega borracho al Monopoli. Ser tonto y malo es lo peor. Y tener planes siendo tonto y malo, un peligro público.


viernes, 7 de agosto de 2015

ADÁN Y EVA O EL DESPELOTE DE LA IGNORANCIA

Escapo de una pesadilla como buzo sin oxígeno que forcejea por alcanzar la superficie. Debieron ser los deliciosos tortos de anoche. O esa sensación extraña de miedo a lo que pudo haber sido: mi coche me había informado de que me quedaba gasolina para 7 kilómetros y la gasolinera más próxima, calculaba yo, distaba unos diez. Se olía la catástrofe. Encima supe, tras hacer la llamada al comodín del público que empieza por G., que cierra a las 22h, y eran las 22.30h. Yo me había comprometido a recoger a mis Cenicientas en su salida nocturna a las 00 horas. "Si tardáis, vuestros móviles se convertirán en ratas hambrientas", amenacé en una actualización sui géneris del cuento para asustarlas con lo que de verdad les importa.

Lo habéis adivinado. El asunto del coche sigue en territorio diván. Lo peor es que yo misma tiento al diablo y en lugar de llenar el tanque -eso que da tanta tranquilidad como llenar la nevera- apuro hasta que salta el piloto correspondiente. Arabella diría que consolido mi fobia para sentirme especial. Una mujer/un hombre sin fobia es como un huevo frito sin patatas. Y a punto estuve de decírselo a la señorita que me llamó para recoger mi opinión sobre el trato recibido en el taller mecánico:

-¿Diría que fue excelente, muy satisfactorio, satisfactorio, regular o malo?
-Satisfactorio justito, diría que como el examen de lengua de Minichuki.
-¿Qué quiere decir? Esa casilla no está contemplada en el test.
-Quiero decir que su mecánico me trata con mucho ringo y mucho rango pero mi coche entra con una avería y sale con otra.
-Ah...ya veo. Pero respecto a la avería diría que se resolvió de forma excelente, muy satisfactoria, satisfactoria...
-Le he dicho que una se resolvió y apareció otra que antes no existía.
-Y cómo calificaría la actitud del encargado: excelente, muy satisfactoria, satis...
-Mire, entiendo que es su trabajo pero está siendo muy insistente con los calificativos. Si quiere jugamos al veo-veo que es con sustantivos y da más juego.

No me gusta ser borde (las chukis piensan lo contrario), pero que me toquen las narices con el coche se parece mucho a mencionar soga en casa de ahorcado.  Creo que el verano es la estación más virulenta. No hay más que ver la cadena de sucesos en la que se han convertido los Telediarios: fuego, asesinatos, accidentes de tráfico, ahogamientos en piscinas y embalses, políticos en precampaña. Nadie se relaja cuando toca por decreto, las familias se pelean en las playas y proliferan horrorosas canciones pegadizas que un día te sorprendes tarareando en la cocina.

Para colmo, ayer pillé a mis chicas viendo "Mujeres, hombres y viceversa", y se reían. Después me confesaron que por la noche se habían entregado a "Adán y Eva", un concurso donde los protagonistas van en pelotas y dicen que La Alhambra está en Córdoba y que no saben lo que es el Manzanares (juro que no exagero, me lo contaron ellas). Iracunda por el simple hecho de que les hiciera gracia tanta estupidez, la emprendí contra la mayor:
Adán, Eva y la Ignorancia

-¿A ti esto te gusta porque te hace sentir más lista, verdad?
-Humm...Sí.

No soy borde, pero ando cruzando la línea peligrosamente. Me resisto a pensar que ahí fuera haya gente que despelote su ignorancia y falta de educación delante de las cámaras. Me parece mucho más obsceno que mostrar sus culos. Y siento que algo estoy haciendo mal cuando a mis hijas les atrae esa casquería presentada por una pizpireta sonriente que mira a esos poligoneros culturales con el sadismo de saber que una barbaridad conducirá a la siguiente. El share de la bajeza. Decido que voy a descodificar ese canal hasta nueva orden. Pero no soy capaz. Mejor salgo a echar gasoil declinando el rosa-rosae para arrancar ese sabor acre que se te queda cuando compruebas que tienes dos zopencas dispuestas a consumir telebasura sin que se les corte la digestión.

Cría cuervas...






jueves, 6 de agosto de 2015

BUSCO CARTÓGRAFO PARA SOBORNAR (LA BONDAD DE LOS PUEBLOS)

Diario de vacaciones: 1. No consigo engancharme a "El Jilguero", pero estoy haciendo grandes progresos de adicción a la serie "The Good Wife". Me gustan las mujeres impasibles y listas que encierran una tempestad con rayos y truenos. A nivel personaje. En la vida real prefiero la dosificación de las tormentas en cómodos plazos, sea la fuente hombre o mujer.

2.Cada dos o tres minutos la pantalla de mi MAC se apaga y vuelve a requerirme la contraseña. Creo que mi equipo está desarrollando una suerte de extrañamiento tiñoso hacia su dueña, que gradualmente se va convirtiendo en esclava. La fantasía del dominio de las máquinas es un hecho. La venganza se llama destrucción (el otro día en el Telediario, que miro como quien oye llover, unos vándalos destrozaron un robot autoestopista. Lo entendí como una señal).

3.Mi melasudismo vacacional está alcanzando niveles preocupantes. Ayer puse una lavadora, la primera, y ahí sigue la ropa, dentro del tambor, imagino que tutti frutti por efecto del desteñido. No tengo conciencia de ama de casa, sólo de dominátrix de hijas vagas. Minichuki lo ha vuelto a hacer. Para evitar que la levante a las 7.45 se ha encerrado con pestillo esta mañana. Planeo un castigo ejemplar. Colgar la colada, arreglar mi ordenador, cocinar lentejas.
Río Deva

4.Ayer descendimos en canoa el río Deva, que es la versión amable del satánico Sella. El primero requiere dos horas y media. El segundo no menos de cuatro. Debo decir que soporté el remado con estoicismo y sin perder la alegría incluso cuando un tronco vino hacia nosotras dispuesto a convertirnos en pincho moruno. Conseguida la hazaña y ante un nutrido grupo de testigos me caí al agua mientras llevaba la canoa a la orilla en una postura vergonzante y tengo un moratón justo ahí. Mi amigo M.sentenció: "Conviene que a salida del agua sea más elegante". ¿Elegancia? ¿qué era eso?

5.No creo en la bondad de los pueblos. Ayer durante el paseo llamé a un teléfono de una casa que se vende y la dueña, desconfiada, preguntó ¿no serás de aquí y llamas para cotillear el precio? Respondí: no, señora. Y ella siguió: "Estoy harta de que me llamen los vecinos con la misma cantinela". Creo que debería estudiarse su caso en el manual de la venta con zancadilla autoinfligida. Seguro que la mujer nos observaba desde detrás del visillo. Seguro que esa casa no me conviene. (Aquí, por cierto, todo el mundo trata de averiguar cuánto has pagado por el alquiler de tu casa. Yo no suelo tener problema en contar esas cosas, pero compruebo que el dato encierra un metadato chungo y decido no airear mi intimidad financiera (bastante tengo con airear el cardenal en el culo).

6.Sigo fascinada con Arabella y Coetzee (y perdón por la pesadez). El escritor diserta sobre la diferencia entre ser auténtico y ser sincero. Me interesa de inmediato porque detesto la expresión "es muy auténtico", tan usada por los inconcretos. "Si eres una persona auténtica, eso quiere decir que puedes mentir, robar y hacer trampas siempre y cuando no finjas ante ti mismo que no eres un mentiroso, un ladrón ni un tramposo". No puedo estar más de acuerdo. Pero no pienso usar esas palabras como jamás diré "descambiar" por mucho que la RAE lo acepte.

7.Subí tras la carrera matutina a mi Mirador de los Salvajes y había un pibón de 50 a quien fotografié por la espalda. El mirador no se llama así, como tampoco existe la playa de Lord Byron. Encuentro sumo placer en rebautizar los sitios a mi antojo. Al respecto, D. me regala una anécdota divertida: "Hace poco encontré en Ted Talks una historia graciosa sobre como la interpretación que uno haga de la realidad puede llegar a influir sobre ella. Por lo visto, los cartógrafos cuando hacen un mapa meten un gazapo, algo que no existe, para poder defender sus derechos de autor. El que contaba la historia metió un pequeño pueblo en medio de la nada y le puso un nombre que era un acrónimo con sus iniciales: Alglo. Años más tarde encontró un mapa en el que otro autor incluía el pueblo Alglo. Lleno de satisfacción por haberle cazado, le puso una demanda, que perdió, porque en esa lugar se había construido un pequeño pueblo que se llamaba Alglo, como correspondía en el mapa". 

Conclusión: debo sobornar a un cartógrafo para que incluya mis nombres en un mapa. 

P.D. Si alguien puede sugerirme cómo resolver lo de mi MAC le pagaré con una palabra inventada. O algo...