sábado, 31 de octubre de 2015

CINCO RITUALES DE MUERTE PARA VIVOS

Cementerio de San Juan (Puerto Rico)
1."La condición humana tiene una característica propia, que es la maldad. Hay gente mala, con mal fondo, sin remordimientos. Y es así, aunque cueste aceptarlo". Las palabras del psicólogo a la pregunta de cómo Rosario Porto y Alfonso Basterra  pudieron matar a su hija Asunta sobrecogen por frías y desnudas de ornamentación dramática. No busquemos enfermedad ni un diagnóstico de nombre siniestro para justificar eso que nos cuestiona como especie animal. Somos capaces de lo peor, por si no lo sabíamos. Estupor y vergüenza.

2."Cuando uno lee a Joyce, el Ulises, tiene la sensación de estar viendo la frase hacerse". Anoche Muñoz Molina en el programa Imprescindibles de la 2 dio un recital de humildad y escritura gratis total. No hay que abusar de detalles en las descripciones, dejemos que el lector imagine a partir de dos toques sugeridos, apunté como una alumna ansiosa de conocer los resortes secretos de la prosa."Uno de los problemas de la escritura no es lo que escribes, sino lo que no tienes que escribir". Y yo asentía de pensamiento y él componía esa mueca de Macario tímido, modesto y desprovisto de rabia. Y entendí que las mejores citas de amor a veces no se tocan. Y me fui a la cama tan contenta.
Muñoz Molina en Imprescindibles RTVE

3."Se llevaba mal con su padre. Muerto se lleva ya mejor". Lo dijo P. el otro día y me dio la risa, pero la frase merece un tiento. A veces hace falta que te maten para que te toleren. La muerte puede ser un sucedaneo del perdón que no hubo. El hombre que prepara el memorial de su progenitor debe organizar su duelo córpore in sepulto y ver dónde coloca su ira, su rencor. Hoy es día de difuntos. Los muertos se acumulan y hay que pensarlos. No creo en la otra vida, ni en la reencarnación. Me conformo con que la muerte no duela y con pervivir en el amor de quienes me aman, en la indulgencia de quienes me leen. (Anoto:"Visitar el Panteón de hombres ilustres", consejo de J. Y que olvidé contarle que tengo tres cementerios favoritos: El de Pendueles, Asturias, el de San Juan de Puerto Rico, desmayado de mar, y el que cobija los restos de mi abuela, cerca de la montaña pineraica, al que nunca volví y sin embargo...)

4.¿Qué haces?, le pregunto a Minichuki (en adelante, mi ado) al sorprenderla tumbada en la cama fuera de horas. "Esperar a que pase la vida", me soltó, y volvió a sumergirse en su música. Esos trece años le dan para sentencias muy existencialistas, que siempre me divierten y me inquietan. ¿Qué quieres decir con eso? (quitándole los auriculares, ella torciendo el gesto). "No sé, se me ha ocurrido...".

Aún no te he leído, lo confieso
5."Todo comienzo es inesperado", escribe Pessoa en "El libro del desasosiego". Yo diría que lo inesperado a menudo es el final. No hay mejor expresión del vitalismo que vivir sin dar la espalda a la muerte, esa cultura nuestra que la evita, la adorna con eufemismos, compone algunas muecas en su honor y luego  se lanza desaforada al camposanto a sembrar de tóxicas flores de plástico las tumbas de esos que ya no son ni están. Puro desasosiego.

PD.(Sugiero hacer la lista de nuestros muertos que aún respiran. Esos que enterramos para que no incordien ni nos duelan. Urdamos un responso necesario. Traguemos la pastilla del olvido. Bailemos en las tumbas a riesgo de que nos detengan por profanar el aire, pegajoso.  "Es un ritual de vida, señoría". Respiremos.


viernes, 30 de octubre de 2015

DAVID CHIPPERFIELD Y LAS OCURRENCIAS

Lo tuve que leer dos veces: "He limitado mi ambición en lugar de no limitar mi imaginación". Lo decía David Chipperfield el otro día a Anatxu Zabalbeascoa. La arquitectura es un arte sometido a las leyes de la física, de las matemáticas, del buen gusto, de las proporciones. La imaginación desbordada y en pareja con la ambición produce monstruos, edificios que se caen. El ansia por epatar posee horrorosas criaturas de acero y hormigón diseminadas por el mundo. Delirios que encontraron ayuntamientos dispuestos a tragar con tal de dar alimento a las fieras. El espectáculo.

Tener una imaginación desbordante no es un talento hasta que no se demuestra lo que uno hace con ella, me parece. El fantasioso imagina pero no somete sus ocurrencias a eso tan poco sexy pero tan necesario que se llama sentido común. Fabulo, luego existo, dicen algunos. Y se inventan engendros sin un argumentario que arranque con esa pregunta básica: por qué. ¿Qué querías contarme?¿Qué emoción buscas producir apretando ese botón?  Creo que por eso me atraen las mentes de ciencias (si no hacen ascos a las humanidades, desde luego). Porque a cada paso que dan buscan cimentar la ocurrencia con una ecuación, un ensayo que los refute.  Que impida que se desmorone la cubierta, que mañana aparezcan las goteras.

Chipperfield asegura que se la trae floja no tener el Pritzker, y no suena muy sincero. El oscar de la arquitectura es un galón que enseñorea un currículum donde la imaginación no se escribe en negritas si no deslumbra sin trampas.  "Soy un seducido por la calidad utópica de Mies van der Rohe", confiesa el británico, y me parece bien aunque la utopía es otra loca de la casa.
David Chipperfield

El mérito de seguir imaginando cuando el mundo mágico de la infancia se evapora es hacerlo con sistema y presupuestos. Con hilo argumental, con esas guías que ponemos a las plantas para que crezcan en una dirección y no invadan las despensas de las casas. Renunciar a pensar distinto es eso que te enseñaban en el colegio. Llevábamos uniforme. Repetíamos los textos de los libros, y un día te decían: "dibujo libre" y era un shock. O "tema libre" en una redacción, y algunas compañeras se echaban a temblar (luego se hicieron ingenieras, contables, químicas...).

Me excitan los que piensan diferente, pero temo que no soy buen apóstol del disparate. Y confieso que me he vuelto intolerante al desvarío sin fuste con los años.  Hay una inteligencia que se deja llevar por cauces no ortodoxos y recoge las redes antes de que se desmanden. Hay un arte que no se explica pero te produce temblores, sacudidas. Y otro que te  hace sospechar que estás siendo utilizado para consolidar el destino de un ¿artista? que se ha quedado en la provocación por bandera.

No sé qué pensará David Chipperfield al respecto. Su oficio me parece fascinante, lo sabe quien lee estas ocurrencias mañaneras que seguro que pecan a ratos de lo mismo que denuncian. Construir con materiales nobles pero también con ambición noble. No por el yoyoísmo. No por ser original. El reto, a mi juicio, sería conseguir que un domingo cualquiera, mujer que sales sola a caminar la ciudad, te pares delante de una fachada, mirando una cornisa o esa galería acristalada de una calle del centro, recoleta. Y quieras saberlo todo de quien la imaginó. Y busques más fachadas de ese mismo arquitecto. Tenga el Pritzker o no.



jueves, 29 de octubre de 2015

PREGUNTAS INCÓMODAS

La otra tarde vino a casa mi sobrina A. para hacerme una entrevista. Estudia periodismo y soy su coach además de su madrina. Ella es breve de hechuras y larga de carácter. Así que soporta sin enfado que le tache y le escriba impertinencias en los bordes de sus textos que me envía: "¿De verdad crees que esto es un titular?" o "Esta frase está vacía. Gastas palabras para no decir nada". O "este adjetivo es cursi". O: "Te falta un colofón".

Yo le mando mis correcciones por wasap, y ella me devuelve una nueva versión, y otra, y otra más, incansable y dándome las gracias: "Qué suerte tenerte", me escribió ayer tras hacerle los últimos comentarios. Nada de "ya podías ser un poco más indulgente" o "no entiendo tu letruja, tía bruja", que es lo que sin duda merecía.

Empezó la entrevista, las dos repantingadas en el sofá (o más bien yo, ella estaba nerviosa, me parece). ¿Quieres ver antes mis preguntas? "Ni de broma, eso no lo hagas nunca". Y empezamos: Mis inicios tempranos, los porqués de esa fiebre de escritura, rutinas y manías...Y entonces hizo esa cuestión tenebrosa: "¿Cuál es tu escritor preferido?".

Pensé en mis zapatos favoritos. Ni idea. Puede que este año sean unos botines plateados de tacón asimilable. Pensé en mi color favorito: ¿el negro, de acuerdo con la frecuencia de su uso?. Pero quizás no sea amor, sino la urgencia de vestirse sin riesgo en los pocos minutos que dejo a la ceremonia indumentaria cada mañana. Pensé en mi ciudad favorita: ¿Lisboa? Pero a ratos fantaseo con otras y me enredo en unos mapas que no tienen el suelo de adoquines ni me acunan con fados y ese sonido somnoliento del tranvía. Pensé en mi perfume favorito: El de Bottega Veneta cuando me vengo arriba. El oriental de Sisley si me corono sexy por un día. El Cartier dulce y talco para un rato cualquiera de algodonal impulso. Y ese Número 5 de Chanel para las ocasiones en que quiero investirme mujer fatal, qué risa, y que llegue mi estela dos segundos antes que yo. O el de naranja de Prada que me solucionó el verano, con esa sutileza sin carga de impostura. O...

Pensé que hacer preguntas absolutas es  arriesgado. El otro puede caer en la boutade, en el esperpento de la desmemoria. En la salida fácil. En el silencio incómodo. En una respuesta de la que se arrepentirá minutos después, cuando el interlocutor ya se haya ido. Pensé que soy mobile, como la dona, y que debo escribir en un papel la lista de mis must. Pensé que esas medias de encaje de hoy ayer no me hubieran llamado desde el escaparate y mañana quizás me parezcan un exceso barroco innecesario.

Que construir el yo a partir de listados de tus favoritos es un trampantojo radical; que resumirse en, pongamos, diez sentencias desnudas, sin matices, rotundas cual pilares de titanio, es la mejor manera de traicionarse después. O que quizás sí, debería, hacer acopio de mis certezas para saber después cómo he cambiado, como esas marcas de agua en las paredes después de las crecidas de los ríos.

De modo quea  día de hoy, mi querida sobrina y ahijada, tengo algunas respuestas a lo que preguntaste y a lo que no, aunque ya sea tarde:

¿Desde cuándo escribo? Desde que entendí que no sabía qué pensaba hasta que no lo fijaba con letras. Desde que supe que nadie podía darme órdenes en ese territorio sin fronteras que se abría ante mí, desierto o hielo, y que abandonaba cuando mi madre nos llamaba a comer o a cenar. ¿Mis escritores imprescindibles? Aquellos que me obligan a subrayar las páginas, sin compasión, porque los hallazgos no deben enterrarse en un mar de líneas y de párrafos. Y siempre vuelvo al lugar del tesoro enterrado, que se llama Stefan Zweig, o Pessoa, o Virginia Woolf, o Stevenson, o Handke, o Carson MCCullers, o Carver. Esos son solo algunos, hay muchos más, el día que tú quieras hacemos un viaje a mi rincón favorito, esa librería bautizada Taj Majal. Aunque también mi cama Carlos V merecería un tiento. Y el fuego donde cocino los domingos, con la música a tope (ahora duduá, gracias a M).

Ah, y eso que me dijiste, tan seria en tu papel de periodista: ¿Por qué escribo? (Silencio necesario) Porque podrían quitarme los perfumes, los zapatos, los jerseys negros y hasta pulverizar una ciudad amada con bombas y misiles, pero nada ni nadie me puede despojar de la liturgia de la palabra. Esa que da calor y que da frío. Que no depende del sueldo a fin de mes  ni de tener o no tener un gran amor. Ni del prestigio. Inmune a cualquier guerra. Gratis total. Porque si hay un instante en que me sienta sola, yo sola con el eco, me siento al teclado y entro en brote, los dedos dibujando las palabras, y ya no me hace falta nada más. Y es una suerte.







martes, 27 de octubre de 2015

CINCO NOVELAS DE ADULTERIO

Hojeo una de las cinco novelas de adulterio del siglo XIX: El Primo Basilio, de José María Eça de Queiroz. Las otras cuatro son Madame Bovary, La Regenta, Ana Karenina y Effi Briest, advierte la contracubierta del libro regalo de una tocaya generosa. Sería una buena pregunta de Trivial, creo yo. En estas novelas hay abundantes descripciones, mujeres apasionadas que van a sufrir y a pagar cara su osadía, hombres canallas, lascivos, bobos o mediocres, clasismo social e hipocresía a raudales. Tormento, mucho tormento. Y tantos pecados de cintura para abajo como de cintura para arriba.

Los cuernos siempre dan pie a algo mucho más que la humillación, el orgullo herido. Vertebran relatos que duran la eternidad y provocan suculentas metamorfosis en quienes los ponen y en quienes los sufren. De ahí que sea un material fecundo para el escritor, que tendrá que dosificar su juicio, añadir toques de humor y de pimienta acá o allá, redimir a unos, ensalzar a otros y contar al detalle cómo era la penumbra de la catedral desde la que un ambicioso con poca fe posaba la soberbia de su mirada entre tejados de una ciudad pequeña y orgullosa.

Fácil, ¿no? Y sin embargo qué desgracia habitual es caer en el folletín a partir de estos ingredientes. En la novelita de kiosko o en el "Me sucedió a mí" del Pronto que mi abuela leía a escondidas y nosotros encontrábamos bajo los cojines de las butacas de terciopelo del salón de su casa.
La pureza no existe salvo como ideal. O tal vez en la infancia y en el traje de primera comunión. El blanco nuclear es un anuncio de la tele. Un detergente que abrasa los tejidos. Una novia a la fuga que se enreda en una zarza y le sangra el tobillo. La tentación posee todos los grises del mundo hasta acariciar el negro del demonio. El autor portugués se frota las manos:

-Toda la vergüenza de sus cobardes debilidades cuando los besos de Basilio se apoderó de sus mejillas para abrasárselas.¡Qué horror dejarse abrazar y estrechar de aquella manera!¡Y qué cosas le había dicho él, sentado en el sofá!¡Y cómo la devoraba con los ojos!

El párrafo me hace sonreír: Horror. Verguënza. Devorar. Abrasar. Cobardía. Debilidad. Adiós a los grises, bienvenido el infierno con sus fuegos y sus brasas. Contengo los deseos de verter un vaso de agua sobre la pobre Luisa para sofocar los temblores de su escándalo. Vas a ponerle los cuernos, querida. No te hagas la estrecha atormentada. Llama a Ana Karenina y que te cuente cómo lo sobrellevó ella. Llama a la Regenta y exígele la crónica de ese desmayo universal, y la boca de sapo que la devolvió a la naúsea. Haced un club, queridas señoritas. Quitáos el corsé vosotras mismas ("la cintura floja era fuente de vicios", leo sobre esta prenda del terror).

Los buenos y los malos. De eso se trata. El otro día tomando un café en el despacho de un señor importante, pleno siglo XXI, me dijo: "Lo tengo claro a estas alturas de la vida: están los buenos y los malos". Me pareció envidiable haber llegado a esa clasificación tan simple. Pensé en cómo metería en dos corrales a tantas personas y a tantos personajes que ni una cosa ni otra. Condenados a vagar sin una etiqueta clara. No aptos para ser protagonistas de novela ejemplar del  XIX.

La novela de hoy permite sutilezas. Romper algunas vallas. Arreglar el alambre de espino. No ser tan ejemplar, ni tan zorranca. Los lectores de hoy están anestesiados contra la vulgaridad de las pantallas. Y piden, reclaman redención. Las heridas de cuernos se curan en las plazas. Las adúlteras y adúlteros no se tiran de los pelos, se tiran a otros hombres o mujeres. Los primos con aviesas intenciones se llevan a la prima y le ponen un piso, un adosado horrible en urbanización de falso lujo con piscina y porche de ladrillo.

Abro el libro y Luisa vuelve a exclamar "¡Qué desgracia!" Me empieza a caer mal y no he empezado en serio la novela. Si tanta vergüenza te da dile a mortis de tu marido que prefieres a tu primo, reina mora.  Ah, que no pero sí... Ah, que ahora canturreas fados justo después de gritar: ¡Todas somos mujeres! ¡Todas sentimos lo mismo!: "Amor es la enfermedad/que en el aire está flotando/Tan solo de ir al balcón/coges su fiebre volando".

Vuelve a darme la risa. Igual no es mi momento Queiroz. Igual no estoy para regresos al pasado. Ni para corsés ni gabinetes de señoritas finas que se abren de piernas pero no de cabeza. Torticeras, sufridoras, cínicas, violentas, arbitrarias. Sois pasto del desdén, de los abrazos ávidos de esos amantes que no os aman, no del todo. Ejemplo y contraejemplo, escritura pensada para masas que no han ido al colegio ni a la universidad. Perdón, Quiroz, por esta reflexión tan poco ortodoxa. Me sale de las tripas, yo no llevo corsé. Esta noche, tal vez, vuelva a tus brazos por un rato o me tire a otro, que soy muy casquivana en mis lecturas.

domingo, 25 de octubre de 2015

ERÓTICA Y REFUTACIÓN DE VARGAS LLOSA

Decía Vargas LLosa ayer: "Lo único que lamento es que la felicidad se consiga muchas veces causando infelicidad a tu alrededor" (Babelia). Un escritor enamorado, podría haberse titulado la extensa entrevista de Babelia a la manera del sueco Karl Ove Knausgård. Al peruano le han puesto verde en los mentideros viejunos, donde no se perdona que a los ochenta se alborote el corazón y detrás, al galope, corran las manos y los pies, enardecidos. Tampoco su relación con la reina del cuché es del agrado de los de la mediana edad, que ya la hubieran querido para sí, aunque ni muertos se lo confesarían al cuello de sus rígidas corbatas.

Y luego está el desgarro del intelectual, que se ha hecho un lío. No sabe si denosta al Nóbel porque ella vende Porcelanosa -o sea, bañeras, azulejos y váteres- o porque vende exclusivas. Porque no ha leído a Montaigne pero se sabe al dedillo los escaparates de la rue Sant Honoré. Y esa desazón armada de argumentos muy sobrados de erudición se parece mucho a la envidia. Pero líbreme el cielo de ponerle esa etiqueta.

Si yo tuviera ochenta años y se me cruzara, como un rayo, un amor discreto o sofocante, tónico, flamígero, embriagador, las campanas al vuelo de un domingo cualquiera, me lanzaría al abismo sin pensármelo, señores. Si tuviera sesenta, cincuenta, los que fueran, dejaría que sucediera, estoy segura. Si hay algo que me chirría de la entrevista a Vargas Llosa no es su entrega impetuosa al sentimiento pese a la lapidación; es su excesivo empleo de términos como "ilusión" o "maravilloso". Prefiero "desasosiego" e "incertidumbre", desde el punto de vista formal. Los primeros invaden los sumarios de las revistas del corazón: "Fulanita ha encontrado una nueva ilusión", dicen. Y la nueva ilusión no suele ser un hallazgo literario o una afición inédita al macramé, sino un señor con bigote que resulta ser "maravilloso" hasta que, semanas después, se convierte en un villano y hace la mundanza con luz y taquígrafo, derrotado. 


Vargas Llosa se confiesa "exaltado" y con la excusa de defender su nueva criatura -"Cinco esquinas"- defiende y fortifica a su Isabel (Preysler), en un canto conmovedor que el periodista alarga hasta cuatro páginas a plomo con una sarta de preguntas que bordean cuidadosamente el chisme pero lo persiguen a muerte. 

P-La gente puede tener la tentación de pensar que esa excursión erótica que constituye también la novela es una novedad. Evidentemente no lo es, porque están "Los cuadernos de don Rigoberto", "Elogio de la madrastra", "Las aventuras de la niña mala"...
R-Carmen Balcells (...) me preguntó: "¿Las escenas eróticas las has escrito recientemente o las has escrito antes de...? Le dije que esa era una pregunta insolente que no le iba a responder. 

Era una pregunta insolente, desde luego. Pero necesaria en una entrevista de suplemento cultural que, ayer,  era un Hola de alto nivel para mentes inquietas. Chico encuentra chica, o viceversa, cuando las convenciones de la vida lo habían condenado a sopitas (de letras) y buen vino. A pasear despacio, a brujulear en tertulias muy sesudas, a dormir la siesta con pijama y orinal y a agradecer homenajes, ese beso de la muerte. 

Pero Vargas Llosa ha decidido pegarse un homenaje propio y a lo grande, y eso no se perdona fácilmente. Ya puede ser buena la novela, porque si no las lenguas viperinas sabrán a quién achacarle la derrota. Buen sexo o buena literatura, mi señor. Pero no todo junto, que nuestras mentes mezquinas no pueden digerirlo. Y a ella seguirán llamándola "la filipina", en un tono desprecio que no consigue sino respingar a los mediocres. Y estarán esperando que se les atraganten las perdices para que todo vuelva a su cauce y haya sido un calentón vetusto. El canto del cisne. 

No defiendo a la pareja. Defiendo a muerte la exaltación del corazón hasta la muerte.  La posibilidad de un temblor que no se llame parkinson. Que nadie determine a qué edad se acaban las sorpresas, las citas con sus nervios, los besos furtivos de portal o de banco, las esperas de una carta que ahora es un wasap. ¿Quién decide que una parte de la vida deba morir antes que el resto? ¿Por qué nos incomoda ese deshabillé pasada la tersura? 

Yo también critiqué la exhibición de ambos, mea culpa. Ahora me arrepiento. Que hagan lo que les plazca, donde quieran. A los ochenta de él, a los sesenta y algo de ella, hay que estar por encima y reírse de tantos moralistas envidiosos. La felicidad de uno a veces hiere a otros, es verdad. Pero la otra opción es joderse, con perdón, para ser respetado por los que están jodidos, entregados a no sobresaltarse por la vida, sino sobrellevarla. 

Espero que la vida no me condene a hablar del sintrón a los ochenta. Seré una vieja verde, si es preciso, les guste o no les guste a mis amigos. Quiero cenas con velas que no sean de iglesia y funeral. Hacerme un Vargas Llosa, que además de su "ilusión", sigue diciendo: "Escribir es un refugio extraordinario para encontrar la paz en momentos de desasosiego e incertidumbre". Pasión y escritura, ¿qué más puede pedirse? 

P.D. No hay nada menos sexy que un hombre vencido que ya no espera nada, salvo leer lo que les pasa a otros, en esas horas muertas donde el olor a nardos sofocante entra por la ventana y es un responso inútil que se comen los gusanos.












viernes, 23 de octubre de 2015

DIANA VREELAND O LA MALDICIÓN DE LAS DIVAS

Acto I

En la clase de inglés surgen los nombres de los pájaros. No los identifico ni en español. El mirlo, el tordo, el grajo. La escasez de vocabulario siempre me descorazona. Conduce al circunloquio y a la imprecisión del "es como". Sueño con que despierto en un mundo donde alguien ha cambiado de nombre a las cosas, como esos invitados porculeros que mueven el cartelito de la mesa para evitar sentarse cerca de alguien. Hace poco me sentaron junto al ex más miserable de una amiga íntima y levanté un muro de plomo invisible entre nosotros por no agredir la etiqueta. Las palabras pueden desatar la tercera guerra mundial mientras suena la orquesta. Una de esas orquestas desganadas que en las bodas atacan los temas de siempre y tú tarareas en la mesa hasta que suena una melodía irresistible y vuelas a la pista ¿como un albatros torpe y hambriento?

Acto II.

"Solo le ha faltado llamarme de usted", le digo a M., en conversación volandera de las que mantenemos a las ocho y media de la mañana, sobre cómo marcar la distancia con el lenguaje.  Hay personas que son carreteras de cinco carriles, autopistas a la americana inabarcables de las que uno se sale por hastío para caerse muerto en un motel. Silencio administrativo. Peor que una multa porque no es recurrible. Ganas de zarandear al árbol seco por ver si caen almendras. Aunque sean una o dos.

Acto III

Carmen Elías en "Al Galope"
En el teatro, Diane Vreeland desgrana el soliloquio del perdedor. Al Galope, Teatro Español. Puesta en escena deliciosamente roja, flamígera, y  J. abanicándonos el sofoco de una calefacción a juego con el decorado. Hablamos a la salida de esos que se fabrican un personaje y luego ya no pueden salir de ahí. Una condena cruel autoinfligida. La actriz, Carmen Elías, soporta el histrión de la diva de aquel Vogue, pero se equivoca varias veces en el segundo acto. El texto brilla, nunca languidece, y te hace pensar en el drama de la nostalgia. Vivir de lo que fuiste lamentando la pérdida. Ser puro pasado. Habitar una casa que te van a embargar, deber la paga al servicio, comprar flores a cuenta.  Un icono liofilizado que se despierta  con la certeza negra de que solo es una persona malherida por su propia leyenda. Bendito anonimato. El señor sentado a mi izquierda se duerme a los cinco minutos, profundamente. Algunos aprovechan los teatros para dejarse morir un rato.
Notas de Diane Vreeland



Acto IV

¿Hay un sentimiento más devorador que la curiosidad? La conciencia de clase no le llega al tobillo, pero siempre me llama la atención. Escucho denostar con desprecio a las "hipijas" y me irrita el poso militante. Esa esclavitud. Bendita clase media que no crece arengada por la envidia ni por el menosprecio. ¿Somos pobres o ricas?, me preguntan las chukis de cuando en cuando. Ni una cosa, ni otra, les respondo. Somos afortunadas. ¿Pero tú cuánto ganas?, quiere saber la mayor. "Lo necesario para que no te falte de nada", le respondo. Fin de la conversación. Miradas no del todo satisfechas. Curiosidad en coitus interruptus.






jueves, 22 de octubre de 2015

¿ERES DE HAN SOLO O DE LUKE SKYWALKER?

1.Discutimos T. y yo, en desigual debate, sobre la diferencia entre seducción, estrategia y manipulación. Llegamos a la conclusión de que a veces las tres van juntas, como jinetes del apocalipsis. Una lleva a la otra, una explica o ¿justifica? las otras dos. Una se harta y pega un corte de mangas al dúo restante... Consideramos el ejemplo clásico de la bobita que se pone sexy para conseguir favores profesionales del señor. ¿Es un ejemplo machista o cotidiano? ¿Ambas cosas? Ya sola, en la calle, entiendo que hay un striptease más sutil e igual de demoledor. Desnudar tu alma y sus pasillos, la sagrada intimidad que es mucho más lacerante que un escote o un muslo al bies. Arrepentirse de haber compartido esa intimidad gasesosa con la persona equivocada. Cerrar algunas compuertas con carácter preventivo. Cuidarse.

2. O eres de Han Solo o de Luke Skywalker. Del canalla con humor y sonrisa lateral o el bendito ojosazules querubín de sólida consistencia moral y pinta de rezar "cuatro esquinitas tiene mi nave". Con los hombres Han Solo uno sabía que podía acabar visitándolos en el bis a bis sórdido de una prisión federal en una galaxia muy lejana. Con los Skywalker, comiendo los domingos con la suegra. A punto de estrenarse la siguiente entrega de Star Wars, C. viene a mi mesa a contarme que su novio le ha sacado entradas para el estreno: "catorce maromos frikis de la peli y yo, la novia pinchaglobos". ¿Te disfrazarás de Leia?, quiero saber. "Ni de broma". Leia la virginal terminó alcoholizada. Luke se pasó al lado oscuro y Han Solo se ha casado con la escuálida Ally MacBeal, comen perdices y se pasean del brazo por las alfombras rojas, tan formales. Las apariencias engañan.

3.Ian McEwan presenta novela y asegura en entrevista: "Ser más sabio era el proyecto de mi vida. Ahora tengo 67 y me deslizo hasta convertirme en alguien menos sabio. Y así hasta la muerte...". Conviene revisar los "paraqués", murmuro a la pantalla del ordenador. Lo que no ocupa pero nutre. Lo que intoxica las ganas. Anoche en Radio Clásica, extasiada, pensé. La música es lo contrario al exabrupto. No ocupa, pero llena. Un buen proyecto de vida sería no pasar un día sin escuchar una pieza, sin una buena conversación con un amigo, una lectura y un rato de silencio. Un proyecto de vida más modesto, menos frustrable, que terminar en esa desazón del cuanto más sé más sé que me queda tanto por saber (volvamos a Sócrates y a la Grecia clásica).

Paula Rego
4.En la Marlborough, calle Orfila, expone Paula Rego. La artista portuguesa de cuya obra me enamoré en aquella muestra colosal del Reina Sofía, hace unos años, es una mujer menuda y luminosa, con los tobillos hinchados de recorrer kilómetros de mujeres alteradas por la maternidad, por el sexo, por tantos escollos invisibles. Nos acercamos a saludarla, parece una anciana pero alerta de ojos. Qué bonito vestido. "Es de Dries Van Notten, ¿lo conocéis?". ¡Pues claro! Inmediata simpatía. La moda también es arte, le digo. Asiente jubilosa y se acaricia el collar. Los artistas prefieren explicar su atuendo que su obra. Ocurre a veces. En las paredes de la galería esos pasteles y grabados te garatizan un rato MacEwan de aprendizaje. Que se detenga el mundo.

5."Con este ruido van a despertarse los bichos de La Guerra de los Mundos". U. ha vuelto a su ser y lo celebro a carcajadas. Después recibo un mail de J.: "Te invito al teatro y luego cena". Le digo que mejor cerves y teatro: "Me duermo a partir de las 22.30, querido amigo". Acepta mi tara noctámbula, me acepta como soy: "Necesito achuchones". Respondo: "Los tendrás". Abrazar y ser abrazada es parte del proyecto MacEwan. Esa intimidad sin seducción, manipulación ni estrategia que es la amistad. Veremos "Al Galope", tal como nos espoleó su novio. Contaré.



martes, 20 de octubre de 2015

MEMENTO MORI (A UNA MUJER DESNUDA DE BONNARD)

Pierre Bonnard en Fundación Mapfre
"Venid a mi danza, pues sois mortal"

Anoche una mujer sostenía mi espalda y cubría con su otra mano mi esternón, los ojos cerrados, en un rapto sacrocraneal que relajó el píloro en llamas -según ella- y me tuvo al borde de una dulce inconsciencia -según yo. Hoy he dormido como si hubiera muerto,  y creo recordar que en sueños me sumergía en una bañera antigua de loza blanco roto, la cabeza bien dentro, y ese silencio ungido, tan hueco, inexorable, que comparten los buzos y los peces. También los ahogados, imagino, cuando sólo cabe la entrega antes de rendir el último hálito de vida.

La culpa la tiene Pierre Bonnard. Esas mujeres abiertas, yacientes, tan desnudas de sus cuadros. Los colores flamígeros, pastel, jamás negros ni grises,  que no distraen del todo de la soledad voluptuosa de esos primeros cuerpos, del desmadeje distraído y melancólico de los últimos. Un abandono que habla de la muerte, y de repente, en la última sala, la de los grandes murales, la que menos me gustó, la alusión diabólica en un breve cartel informativo al "Memento Mori".

"Recuerda que has de morir",  esa voz del tópico literario y pictórico que es un canto para estrangular cualquier atisbo de soberbia. Y una invitación a apurar la vida con deleite. Eres una mujer desnuda en una tina de agua casi verdosa que se enfría despacio, tus pies ya casi yertos. Hay un cuadro en el que la sirena, creo que era su esposa Martha, carece de cabeza y juraría que la punta de esos dedos se ha despedido del mundo. Tanta desolación sin dramatismo. Y esos espacios y objetos cotidianos donde uno piensa que está salvo. El pan con mantequilla, las tazas de porcelana algo desportilladas. El aparador. La jofaina ("hay nombres que abrigan", apuntaba yo).

Mujeres tan solas, y tan ensimismadas. Ajenas al voyeur que las atisba desde una puerta semicerrada. Hay estados imperturbables, creo que garabateé (digo que creo porque no hay quien entienda mi escritura en ese puro vértigo). Pierre Bonnard y su esposa, Pierre Bonnard y su amante suicidanda. De sus miradas indiscretas. De ese ahogar mujeres en bañeras, las piernas abiertas, el sexo a la vista, vulnerable. Y ese desafío a las divinas leyes de la santa perspectiva. Tan magnético, que casi irreverente.

Anotaciones sonámbulas

La Fundación Mapfre es una de mis iglesias preferidas de cuando deambulo a mediodía. Ese jardín pequeño de la entrada. Frente a un café de cristal de espíritu art nouveau donde la camarera me llama por mi nombre y me sienta en veladores diminutos al verme llegar sola. Y entonces apuro el plato y una fuerza me lleva hasta Bonnard, y no todo me gusta por igual. Los cuadros japoneses algo menos. Los murales enormes, ya lo he dicho. Pero no puedo dejar de contemplar a esas desnudas, que no están desvalidas sino entregadas a su final incierto. En el cuarto de baño, en la tibia penumbra del dormitorio. Huérfanas, orgullosas, absortas, quietas. Solas frente a sí mismas aunque un ejército de mironescon pincel rodeara sus cuerpos a traición.

Hay una soledad inconmovible. Que permite cualquier introspección, y pierde el hilo. Desnuda, en sepulcral entrega a unas manos que apagan los incendios de tu cuerpo. Y es un cuadro de Bonnard, tan sobrecogedor que luego sueñas y miras con cautela las bañeras. Y ya quieres volver, memento mori.

SALMO XVIII

Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío
al acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.

Aún no ha nacido el pie cuando se mueve
camino de la muerte, donde envío
mi vida oscura: pobre y turbio río
que negro mar con altas ondas bebe.

Cada corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo.

Corto suspiro, último y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?

(Francisco de Quevedo)

PD. La canción no pega ni con cola, pero que la mandaron ayer y aquí la dejo! 









domingo, 18 de octubre de 2015

TIPOS DE HUMOR INFAME

Sostiene Joyce Carol Oates que el suyo es un "humor moderno"  y el concepto me interesa de inmediato. Por poco pretencioso y por incógnito. La indiscutible escritora norteamericana, de quien ya he confesado que puede llegar a exasperarme con sus laboriosas descripciones, se recrea en esta entrevista de Babelia en el proceso de escritura, y de pronto le "perdono" toda su parsimonia que agrede a mi impaciencia irremediable.

Con su imagen excéntrica de 77 años bien disimulados bajo esas gafas oldfashioned de maestra de pueblo del sur, de "los abajos" de cualquier lugar de un mapa mudo -así los llama mi A., tan jerezano- y ataviada con ropa ancha y celeste que apenas disimula una osamenta frágil, Joyce confiesa que el momento más feliz es "Cuando acabo una parte, un capítulo, y lo reviso. Cuando siento la satisfacción de que algo es ya lo más fuerte que puede ser". Y luego, más al sur de la entrevista, asegura que el trabajo de la literatura es "muy atmosférico".

En ese momento  decido comprar su nuevo libro de relatos, "Mágico, sombrío, impenetrable" (Alfaguara). También y desde luego  por el título. O porque al crítico Carlos Zanón le da la sensación de que la autora es incapaz de caer en el mal desempeño: "A lo sumo, uno rutinario, pero en el que el oficio tapará las goteras que la falta de talento pueda haber dejado en el techo".
Joyce Carol Oates

(Yo ahí diría, si se me permite, que el oficio a menudo es zaguán del talento, ese salón de baile con mil chadeliers iluminándolo todo. O un subterfugio eficaz cuando se evaporan las ideas. Que también)

Humor moderno. No me he olvidado. No sé qué (demonios) es, pero en todo caso lo imagino desprovisto de ácido corrosivo, más bien sería un spray de efecto calor/frío que provoca un leve calambre y dota al drama, al ridículo, a la decepción profunda, de una pátina salvífica de colores que iluminan por igual al autor y a su víctima. Quitar hierro con un punto surrealista, tal vez. Abrir una brecha en el prado verde por la que puedan colarse un ejército de Alicias desmemoriadas y de risa ligera.

Desprecio desde niña  el humor vulgar y escatológico, y tambien el humor cruel, sardónico, abusador. El que trata de exterminar al de enfrente haciendo sangre. El humor agrio, molecular, de vesícula ponzoña. El humor testicular. La inteligencia orientada a la demolición con la excusa de la carcajada. El humor que no crea ni transforma, sólo destruye. El que busca crecerse a costa del de al lado. La risa como manifestación de fuerza, como tanque arrasador. El jajaja que son disparos de bazoka.

Dicho esto, divina Joyce Carol Oates. La escritura es atmosférica, lo es, cuánta razón. Hay párrafos cierzo y adjetivos galerna. Hay descripciones bochornosas y personajes caniculares. Paisajes sofocantes, y personajes frígidos de pensamiento, palabra, obra y omisión. A veces uno tiene una nube negra sobre la cabeza que no despeja hasta que alumbra un antagonista y lo zarandea con rayos y truenos que brotan de la misma punta de los dedos. Y luego busca un bálsamo, una infusión de boldo bien amarga que se lleve los lodos.

(Con los años aprecio más la compasión. Pero puedo ser feroz, cruel, implacable, con la morosidad sin fuste. Un robo de aliento de vida tan irrecuperable que debiera ser delito, ahí lo dejo).

Hace día de rebeca. El cuerpo pide hoy quedarse en la trinchera. Cocinar una sopa de ajo y abrasarse la lengua con el huevo escalfado. Que las bajas presiones no permitan el paso a la tristeza. Nubosidad variable, lluvia fina. Vomitar una página, con suerte, y alcanzar esa alegría fugaz que describe Carol Joyce. Que aunque la agites, tú o el oleaje, no se mueva una coma. Esa satisfacción lumbar, tan relajante...

PD. Dicho lo cual entono un mea culpa porque a veces peco de lo que denuncio.

PD. La canción, cortesía de M. y de su último regalazo. Espero que me hayas perdonado lo de Vetusta Morla. 











 



sábado, 17 de octubre de 2015

¿TIENES EDAD DE TEQUILA? (PLANES GASTROCULTURALES PARA EL SÁBADO)


Gret Stern
1.Ejemplos de intimidad sin roce. La relación de amistad entre Helene Hanff y su librero, deliciosamente glosada en "84, Charing Cross Road" (Anagrama) es un ejemplo. El librito lo leí hace algunos años y vuelve a mi vida por accidente dado que lo confundí con otro que buscaba en mi librería Taj Mahal. Sin un solo párrafo de alto voltaje sentimental, sin más recurso de la prosa desnuda y desprovista de alharacas. Pág 21. "Con la llegada de la primavera necesito un libro de poemas de amor. ¡Nada de Keats o Shelley! Envíeme poetas que sepan hablar del amor sin gimotear...Wyatt o Jhonson o alguien por el estilo: lo dejo a su criterio". Prosa bien temperada. Sonrío. Amor sin gimoteo. Me lo quedo.

2.Llevo toda la semana suspirando por un cocido completo y hoy es el día. Good news!. El cocido resume toda la felicidad en formato sólido y líquido. El vigor del garbanzo, la contundencia mantecosa del tocino entreverado y la tregua de la col. Siempre con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y la conversación saltimbanqui con mis amigas de siempre. Planazo.

3.Noticia reseñable. Ya tengo edad para el tequila. Y no es porque Chavela Vargas me haya acompañado de camino al trabajo con su desgarro reposado, que también, sino por una cena a tres el jueves en el mexicano "Entre Suspiro y Suspiro". Allí M. nos glosó sus viajes por aquel país con esa erudición del viajero que nunca fue soberbio sino abierto a la aventura. J. y yo escuchábamos sin perder ripio hablar de caracoles púrpura y pasadas ilegales en la avioneta del gobernador. Con ese brillo incombustible de los ojos que no se cansan de sorber y disfrutarlo. M. es un hombre de 59 años que baila como si tuviera quince y que destila bonhomía y tolerancia. "Te debo muchos tequilas", me escribió después. Bendito sea tu hedonismo delicado y afable. Órale...


4.Me senté a esperar a J. en la plaza de Ópera como una guiri más. El camarero se acercó solícito en inglés de encantador de guiris. Sonaba ese tango delicioso  "Por una cabeza" de Gardel y el Real presagiaba un Rigoletto que no querría perderme de aquí a un mes. Tres chinos se ponían hasta las trancas de paella a las ocho de la tarde, y un actorcillo famoso pasaba por allí con cara de "miradme, que soy yo" bajo un sombrero absurdo. "No te mirarán por famoso, sino por bobo", pensé yo (en español cervantino, no en inglés ad hoc), y tiritando de espera me fui un rato a San Ginés. Una iglesia sin misa es un refugio cierto para matar el rato (to kill the time). No se acercan dependientas a incordiarte y puedes perderte entre sus vanos, sus figuras de Cristo y de la Virgen, sus viejecitas distraídas de dios con esos bolsos.  El olor a madera con restos de ceniza.

Entre Suspiro y Suspiro
5.Una relación epistolar. ¡Qué buena suerte, Helene! O un toma y daca de recomendaciones breves como la de  J. (un J.distinto) hace unos días, que seguí de inmediato: "No te pierdas la exposición de la brillante Gret Stern en el Círculo de Bellas Artes". Magnífica, desde luego. Con esas alusiones mudas a Sísifo o a Gala de Dalí. Tantas mujeres como querrías llevar por capas, que fueran poseyéndote por turnos, y tú como una médium entregada. Y también imprescindible la de Josef Koudelka en la Fundación Mapfre. Un plan de mediodía laborable en escapada libre y solitaria. Leí "Koudelka tiene una notable tolerancia a la adversidad". Qué atributo tan sólido, pensé. Y una mirada propia, abisal, indestructible... Luego volví al trabajo sin comer, pero tan alimentada..


PD. Se me olvidaba una recomendación teatral de P., el hombre que anda cerca de la cerca y escribe insuflado de sabiduría: Anoche, pero no muy tarde: "Tienes que venirte con toda la redacción a ver  "Al Galope" en el Teatro Español. Vais a flipar!. Apuntado queda, amigo. 



jueves, 15 de octubre de 2015

DE REPENTE, UNA CARTA (CÓMO HACERSE MAYOR SIN SER UN VIEJO)

-Siempre te queda la opción del desengaño. Cortar la cuerda ya. Sin extender la red. Llamar a la ambulancia. Desangrante.
-Y la de la grandeza o la del olvido lento, como nieve.

Encajo diálogos en boca ajena. Desayuno estevia en el café. Miro con rencor la ropa de correr, algo abandonada últimamente. Proclamo que ya toca un finde de campo y enmimismamiento, cuando sea posible y haya concierto de viola gamba en mi teatro de pueblo. Leo: "No presentir nada es la cima de la tontería" (mi amor Peter Handke, ya instalado para siempre a tiro de brazo somnoliento). Detecto la maldad como la cima del disimulo ladino, mentiroso. Pido una cita para el fisio y otra para la manicura. Anoto: contracturas mentales, sobrecarga de yang. Consulto con P. , acercando mi butaca a la suya -un océano de dudas no razonables nos separa-  por qué la bilis es un semáforo en rojo si a la luz del sol tira a verde sucio. Observo a mi derecha cómo crecen los garbanzos de mi hija, sepultados bajo un algodón mojado (vuelta al cole). Y cómo las lentejas lo hacen más lentamente.

-Hay personas lenteja y personas garbanzo.
-Y luego están las que brotan hacia dentro y se les encharcan los pulmones.
-Tienes pinta de cultivar más bien la filatelia, o a la numismática.
-Y tú de no limpiar los fondos del cajón. Ni barrer frases huecas.

Entonces, de repente, inesperada, irrumpe T., vecina muy querida de casa de mis padres que hace lustros vive lejos:  "Querida V. Rebuscando en todas mis agendas he encontrado esta dirección de correo electrónico, que no sé si será...Ya tengo 89 años y mis limitaciones se convertieron en achaques. Todavía ando con el tacataca. Pero la mente está despierta. Leo algo, hago crucigramas, un poco de televisión. Tengo muy cerquita el mar y alguna vez bajo y la Cruz Roja me mete en el agua. Dicen "que me quiten lo bailado" y yo digo "que me quiten lo viajado" y las exposiciones, obras de teatro, etc. Me queda el recuerdo". 

Acumular recuerdos. Imágenes. Palabras. Mantener la mente vigorosa. De eso se trata. Benditos 89 de esa mujer excéntrica, culta y divertida que admirábamos de niños. Sus labios rosa chicle, corrido por las comisuras. Ojos azul turquesa. Melena larga y rubia a lo Lauren Bacall. Sus relatos de viajes con amigos, austera y aguerrida. El recuento de sus baños de mar. Y entonces pienso, ya sin venir a cuento: 1. Visitar una sala del Prado los domingos alternos. (Les propongo a las niñas. Asienten convencidas, ¡efecto Louvre!). 2. Simplificar es guardar la ropa de verano (Repesco y eternizo camisetas, blusas sin mangas, sandalias de tacón). ¿Qué fue de las estaciones? 3.Propongo Oporto a mis queridas amigas de la universidad. Dicen que sí. 
La melena de T, tal como la recuerdo


"Pienso gastarme mi fortuna en viajar", diré grandilocuente. "Un dispendio necesario antes de que el tacataca se meta en nuestras conversaciones y se enrede entre las piernas, de un modo impetuoso". 

Y aún más:

4.Elegir la próxima serie a la que engancharme lo justo, el próximo libro en revolcón, la ganas de una fiesta con todos mis amigos, mis hermanos. La fiesta del tacataca, un akelarre

No ser de nada ni de nadie, pero participar activamente de todo y cultivar los afectos sin derroche y sin usura. Huir de las conversaciones que hacen ruido y ensucian el estómago. Volver a regalarme flores, si hace falta con nota cariñosa. Escuchar a la sabia T., que me escribe de nuevo:

"Me hace ilusión celebar los 90 por todo lo alto. He ido perdiendo a los hermanos, primos, la última cuñada el año pasado. Y amistades que habían durado 60, 70 años.  He de tener algo de cuidado con el corazón (operada de una válvula). Bueno, ya tienes alguna noticia mia. Cataluña..... yo digo como Ortega y Gasset, como el problema no se puede resolver hay que conllevarlo".

Cuando era pequeña el mundo de los adultos no me parececía demasiado interesante ni aspiracional. Y luego estaba T. , una excepción a tiro de puerta. Soltera, moderna, libre (y religiosa, buena hija, desprejuiciada, estentórea de voz y larga de andares). Hoy leerla me hace sonreír. Sumo amigos de décadas, visito exposiciones, tampoco nadie va a quitarme lo viajado (salvo un sabotaje al laboratorio de la biodramina). Me falta, desde luego, esa ingenuidad asombrosa de T. que no era naif, ahora lo entiendo, sino confianza plena en el devenir y en las personas. Como un manto protector que se le derramara por la el pelo hasta los pies tan grandes, que necesitan hoy el tacataca, conllevándose sin un grado siquiera de amargura...).

Que nos quiten lo bailaó. De eso se trata. Y de cuidar el corazón...Qué bueno regresarte, amiga T.

 




martes, 13 de octubre de 2015

10 RAZONES POR LAS QUE PARÍS TE MATA

1. Por más que lo intente -habré estado una docena de veces-  París siempre me viene grande. Y no es sólo cuestión de dimensiones. Es Mademosielle Grandeur,  esa una mujer altiva apuntando con su nariz hacia el cielo. Tú tratas de mirarla de tú a tú, pero mascullas ese tipo de usted propio de la servidumbre.  Y te pruebas una gabardina clásica como en cada viaje, para volver a dejarla en la percha, como cada viaje. Nunca tendrás el talle lo bastante fino para esta ciudad.

2.Es imposible entrar en el Louvre sin sufrir un ataque de ansiedad. A poco sensible que seas al arte, una parte de ti se arrepiente de entrar en este disparate de las masterpieces con un límite de tres horas. Sí, vas con dos primerizas que deben ver La Gioconda, La Victoria de Samotracia, La Venus de Milo, El Escriba sentado, La Libertad guiando al pueblo... Pero para eso hay que correr y pasar delante de magníficas obras de Rafael, de Bassano, de Ingres, y es una falta de respeto no detenerse y arrodillarse delante de cada una de ellas, pero tempus fugit. Y dan ganas de llorar al tropezar con esa Diana Cazadora que te hará replantearte tu fallida historia de amor con la escultura. Y encima te sientes humillada porque eres incapaz de manejar las modernas audioguías Nintendo. Menos mal que tu hija de 13 años -la misma que decía la "anintendo"- os guía apretando los dedillos con determinación: "Mami,  eso de ahí debe ser la Coronación de Napoleón, de un tal David". ¡Palpitaciones!

3.Hay banderas por todas partes. Banderas de pensamiento, palabra, obra y omisión. Los parisinos se sienten cómodos con su tricolor. Atravesando los grandes boulevares pienso que si se hiciera el silencio escucharíamos el paso de las tropas de Napoleón. O un discurso  de Gaulle si aproximas la oreja a los adoquines. París es una ciudad guerrera sin cura como Venecia es una ciudad del amor edulcorado.

4.Una cerveza, 10 euros 50 céntimos. Una clavada de esas que solíamos glosar en la era pre-euro. Pero hay placeres innegociables, como saborear una bien fría después de cinco horas sin parar y en una de esas brasseries con menú turístico para estómagos poco exigentes cerca de Los Inválidos. "Mamá, una agua mineral 4.50. ¿Pero esto qué es?, se asombran ellas. Esto es la dichosa grandeur, que tiene que alimentar su voracidad con carne de guiri extenuado.
Diana Cazadora

5.Tú te pierdes, como siempre. Es una cuestión de carácter. Así que como eres la jefa de grupo te has quemado las pestañas preparando el viaje, los itinerarios por días. Las paradas de Metro. Los márgenes para desorientarte y retomar el rumbo. Eso es agotador. Contra natura. Sueñas con ir detrás de un guía muy versado que te permita concentrarte en la belleza y no en si la línea rosa y la magenta son la misma, o si esa cola salvaje del crucero es la de grupos con ticket o la de madres torpes y cortas de vista. (Y sí, nos confundimos y salté la valla a riesgo de matarme mientras mis hijas alucinaban ante la improvisada clase de "vivir al límite" a pie de Torre Eiffel)

6. Para salirte de los recorridos convencionales, quedas con Patrick. Un jubilado afable que os enseña Menilmontant. Barrio obrero venido a reducto de artistas jóvenes que dejan su huella alternativa en las paredes y en los parques. Un lugar sucio de narices con sorpresas en las esquinas, colchones de homeless y vías de tren abandonadas por donde, explica Patrick en un inglés afrancesado donde las haches enmudecen, atravesaban las hordas de protesta de los disturbios de hace unos años. Pero tiene su encanto, mucho. Y se come un tiempo precioso que estaba destinado al Canal St Martin, así que cuando le pido a mi jubilado Patrick que aligere, me mira con cara de "ya estamos con las prisas españolas", y señala el enésimo graffiti que debes admirar. Oh, la, la!

7. El Sacre Coeur. Debo decirlo ya, no me conmueve. Su virtud reside en su tamaño (no haré comparaciones fáciles). En el peso de su Savoyarde (19 toneladas de campana que no ves). En el privilegiado enclave que domina París, y se derrama en esa escalinata donde sueles desplomarte tú después de algunas horas deambulando M
Eterno joven Pompidou
ontmatre
. Pero te deja fría, a mí al menos, sin rastro de emoción. Y te parece, con todos los respetos,  un gran pastel de boda de merengue. Y te hace desear una iglesia pequeña que te acoja y permita que tus pies hinchados de avaricia turística descansen sin mil turistas japoneses haciendo monerías con sus palos selfies alrededor. (Sin embargo el Georges Pompidou de Rogers y  Piano me sigue pareciendo tan joven y vigoroso!)

8.Constatado. Muchos visitantes no vienen a ver los highlights, sino a hacerse fotos junto a ellos. La Gioconda es la más deseada, y juro que vi a una pareja posar delante y continuar su camino sin pararse a contemplar a la enigmática dama. Da Vinci daba aullidos en su tumba.

9.Hay tantos parises como tú las veces que viniste. Los primeros en bus de 15 horas, el cuerpo abotargado, las ganas y una bolsa con viandas para no gastar un franco. "Allí comíamos latas con mis amigas de la universidad", señalo a las niñas, pradera del Campo de Marte.  "Yo llevaba un jersey rosa pálido y a M. le salió un herpes gigante en la boca". O en el Barrio Latino: "C. juraba que había un restaurante con dos macizos vestidos de uniforme en la puerta. Cuando al fin lo encontramos eran dos figuras de cartón". Las niñas ríen. Y el París de Dior y de Chanel, de los desfiles de la Semana de la Moda. Y el de los cementerios aquel año. Y el París que nunca fue más que un plan en una lista de amor. Y el de una cena confusa y divertida en el Jules Verne, casi dos mil euros la cuenta, con un famoso director y un productor aún más famoso. Y este París de madre descubriendo a sus hijas una ciudad que admiras y no amas, ya lo sientes. Que siempre te recuerda que aún debes volver a examinarte. A ver si a la próxima te aprueba.

10. Y ese atasco mórbido y ansioso camino a Charles de Gaulle, Minichuki mareada. Su hermana dormida con el pelo aplastando la ventanilla. y tú esa sensación de no haberla abarcado. De haber perdido de nuevo la batalla. De que tanta belleza te chupa la energía. Y necesita más veces, poder pasar diez días, de repente, y tomarte con calma los paseos. Aligerar urgencias. Conquistar Grecia y Roma bajo esa Pirámide de cristal que oculta tantos tesoros. Delimitar tus ansias. Sentarte con un libro en la orilla del Sena. París sin una meta, eso quisiera. París y yo, solas tal vez, mañana.

jueves, 8 de octubre de 2015

DIÁLOGO DE AMOR CON PETER HANDKE

Espero con ansia el veredicto sueco sobre el Nobel de Literatura. Cada vez que sucede que desconozco al ganador, que apenas lo he leído o que me suena vagamente,  es una cura de humildad. Decido que hoy me acompañará un viejo amigo. Peter Handke, por ejemplo: "Voluntad de vivir: de repente miró alrededor de él buscando belleza". "Ayer, de camino" (Alianza Literaria)  son reflexiones a vuelapluma escritas de paso entre pisadas al mapa. Tesalónica, Pyrgos, Olimpia...

Cada uno pena por sí mismo. Dice. Y es verdad. Tan verdad como que el exceso de expectativas te está matando. O puente, lugar del pensamiento. Eso también lo dice.

Proyecto mi partida de puente a puente (me lleva la corriente). El Puente del Alma no me conmueve, por mucho que una rubia narcisista se matara en su boca negra abierta al tráfico. Prefiero los puentes recoletos de óxido y hierro. Los puentes sin candados. Esa práctica abominable que hundirá una ciudad y aplastará a varios coches inocentes en el camino (incluso algún Volkswagen. Divina expiación). Si Peter Handke no lo remedia me tendrá absorta cruzando por una pasarela frágil de esas que se agitan con el viento, reverberan.

¿El Premio Nóbel es político, como el Festival de Eurovisión? ¿Los políticos que salen bailando por la tele son oportunistas o mamarrachos? Vergüenza ajena, apuntaría Handke. Tampoco quiero verlos en maldil en la cocina, ni desnudos saliendo de la ducha. La cotidianidad es cutre, iguala por abajo. De ahí a pensarlos en pleno acto de cama o de sofá hay un ligero trecho. Vade retro.

"¿La contemplación (sostenida)es ya la reflexión?" Pregunta Peter. Depende de lo que te sugiera. Puede ser voyeurismo. Esos mirones que miran taladrando sólo para amedrentarte. La mala educación. Lo cortés es deslizar la mirada, clavarla ya es amor o es amenaza. Cierra los ojos.

¿Un señor, una señora premio Nóbel, merece los respetos, inclinar de cabezas, un vals en Estocolmo?¿Leer todos sus libros? ¿Subrayar las sentencias? Sacarlo a colación en una mesa cargada de viandas frías, de pasteles que nadie tocará?

Cuántas preguntas.

Llevo viajando semanas y aún no ha despegado el avión destino Orly. Handke parace que lo sabe, me interpela en la página 14: "Va a hacer pronto veinticinco años que estuve por primera vez en Piran (¿París?) (...) Ciertamente me sentía rodeado por los bloques de un mundo que todavía tenía que ser erigido. ¿Y hoy? La mirada a la lejanía me resulta demasiado fácil, la mirada al aire libre no conoce suficiente resistencia".

Hay un diálogo bello con quienes no saben que escuchas y hasta que hablas, pero escriben y escribes y es un largo zigzag. (Te leo, me conmueve la cercanía, me dijo A.) .Otros lo saben pero cortan los cables con respuestas muy frías desprovistas de yo. Los seres reglamento de labios acorchados, como muertos en vida. "Belleza es también estado de entrega", murmura mi hombre austriaco. Soñé con la Victoria de Samotracia, le respondo, los pliegues sobre el cuerpo refulgente de mármol blanco como la dentadura de un presentador de talk show yanqui. En estado de entrega me redimo.

¿Cómo celebrar el silencio? te planteas.

Callándome. Y sacando la maleta del armario...



martes, 6 de octubre de 2015

CÓMO FINGIR QUE ERES MADRE PERFECTA

Me susurra Ariana para curarme la cama: "Me encerraría con él en los lugares más sombríos, lúgubres y estrechos del mundo. Viajo hacia él toda la noche como un refrán infernal. Como un trombo. Pierdo todo del cuello hasta arriba. Estoy llena, no llena, embutida, no embutida, adosada. Sigo la excursión. Ahora veo hombres lindos, bien proporcionados, no siento nada. Pasan a mi lado y son lechuzas". (La débil mental. Ed Mardulce).

Los adjetivos de Ariana Harwicz siempre me hacen sudar. Son tropicales, me asfixian y me obligan a demorar los párrafos mientras recupero el aliento. Pimienta y miel. De pronto corro por un pasillo rodeado de ramas que gotean un líquido ámbar pegajoso. Hay quien cree conocerte, pero no te conoce. Uno sólo muestra lo que quiere, lo demás son conjeturas. "Luego vendrá Augusto a podar el jardín", dirá mi personaje. Las palabras surgidas a destiempo, las frases de relleno. Los palcos del teatro tan vacíos que un niño podría jugar al escondite y no ser encontrado jamás. Terciopelo tan rojo, desgastado.

A las cuatro de la mañana me hubiera levantado sin problema. Habría atravesado descalza hasta la cocina, me habría asomado por el patio y tirado de la cuerda, esos gemidos. Me escribe Patrick, mi desconocido guía francés: "I propose you a stroll through the Belleville and Menilmontant areas, in the old times small villages where lived workers, now included in París".  Me parece buen plan, "amazing!", le respondo, pero mis chicas quieren los highlights, arquitectura deslumbrante, es su primera vez. (Las primeras veces son siempre inesperadas, incluso con los tickets en la mano). "Mamá, cómo te motivas", me dicen al unísono. Les digo que a veces prepararse es mejor que ejecutar, me miran raro.

Me sumerjo otro rato en Ariana. "Yo, a mi edad, no me voy a poner a cocinar, a envejecer antes de tiempo", deshilacha. Yo tampoco, respondo en voz audible, cayéndoseme párpados, pestañas. Este librito engaña, apenas 100 páginas, como comerse un bote de marrón glasé del tirón. Te dejará revuelta, mejor de una en una, señorita. Iremos al canal Saint Martin, esa Venecia rara con tiendas de moda pequeñitas y rosas, escribo a Patrick. Cosquillas en los pies.
Canal Saint Martin

Satisfacción.

Examinarse de madre con cierto éxito. Reunión del colegio, apuntes ordenados. Sacaste el carnet de biblioteca para Minichuki. Una mujer enorme, desbordada de brazos y muñecas, devastada, trás el ordenador y rodeada de figuritas de dragones y gárgolas (es Notre Dame, sin duda). "Hay talleres los sábados de creación literaria para niños, si ella quiere". Quiere. Querrá. Veremos. Compraste bolis bic para la una, y una bolsa de globos de colores. Ropa interior en esa mercería de barrio plagada de batas y camisas acrílicas para viejas poco exigentes: "No hay que planchar. Lavar y listo", decía una. "Pero olerá usted  a pis, señora mía", pensaba yo. El tejido natural es mucho más trabajoso, te olvidas de que sudas, se seca y marca arrugas con tibio olor a perfume. Quien inventó la lycra no se lavaba nunca. O no tenía olfato, tanto da.

Ariana Harwicz
Ya en casa, le hago una foto a Minichuki con su muñeca de ganchillo, cariñoso regalo de P. "Es ella en pequeñito", me desvelaba ayer. Mi hija hace muecas, no sabe cómo cogerla. "Estoy horrible, hazme otra", me suplica. Me parece un momento crucial en nuestras vidas. Su última muñeca, no habrá otra. La coge como quien agarra una espada, un balón. La acomoda en su regazo como buenamente puede. Compone una sonrisa y se cala las gafas gafipastis. Vestida de fútbol, como suele, parece un anuncio de IKEA. Huele a sudor adolescente,  yo me quito la ropa. En esta casa no hay manera de desnudarse a solas. Las tres en una cama. El libro en la mesilla.

Patrick se viene arriba: The Louvre? you need a whole life to visit it entirely, once during a Seine cruise (and maybe you'll hear the same thing), they said that if you look at every item just for 3 seconds, and this 24 hours a day, you'll need 3 months to come at the end of it. Le respondo voila! Haremos lo que quieras.



Pasan a mi lado y son lechuzas...














domingo, 4 de octubre de 2015

10 RAZONES POCO SESUDAS PARA NO VER "IRRATIONAL MAN" DE WOODY ALLEN

Irrational man. Woody Allen
1.Si estás enamorado/a del Joaquin Phoenix de "Two lovers" y aún más del de "Her", esa película magnética, aquí vas a encontrarte a un hombre gordo y desbaratado de tripa y andares, sin que la personalidad de su torturado personaje le indulte y haga que se te olviden los donuts de más que se ha comido.

2.Si desconfías de entrada de los profesores de filosofía, de los tipos que citan a Ludwig Feuerbach y se explayan a la que te descuidas con la "Crítica de la razón pura"; de los hombres de higiene justa que que utilizan el existencialismo para epatar a chicas  ingenuas, de los teóricos armados con títulos como disfraz de andar por casa y de los bebedores de whisky fuera de horas, NO LA VEAS.

3.A Woody hace tiempo que se le ven los trucos de mago viejo. Aún así, tú vas a ver todas sus películas porque siempre hay algo, aunque sean sus ágiles diálogos y esas localizaciones espectaculares. De Irrational Man no recuerdo gran cosa al respecto, aunque reconozco que el director de arte sigue eligiendo bien los espacios de rodaje. Me quedo con la casa de Joaquin y con ese parque de atracciones donde sucede el primer beso proyectado en un espejo de figuras menguantes.

4.Enma Stone repite looks todo el rato. Cuando Woody Allen no te convence, siempre puedes sumergirte en la riqueza de los estilismos -véase "Magia a la Luz de la Luna"-. Aquí, ni eso.


5.¿Qué te cuenta la película? 1. Que a menudo los seres oscuros ligan más que los luminosos. 2.Que dejarse atrapar por el atormentado es un billete hacia la tormenta. 3.Que el crimen perfecto no existe (vaya descubrimiento). 4.Que los ascensores los carga el diablo. 5.Que el cianuro hay que manejarlo con guantes. 6.Que más vale novio soso que killer en potencia.

6.La profesora calentorra es un perfecto ejemplar woodyallenesco. Qué pena que no tenga más protagonismo. Hubiera preferido que se envenenara por error en pleno acto sexual, que matara a la Stone por ser más joven y más guapa, que chantajeara a Joaquin Phoenix y terminara muerta en la cuneta...

7.Me aburren esos tics propios que el director traslada a sus protagonistas. Phoenix se piensa lo de huir a Europa, a la "romántica España", como le propone la calentorra. Afortunadamente, no se ha psicoanalizado ni es neurótico, pero su tara mental resulta sospechosamente concomitante.

8.A ratos, en la butaca, me sorprendí pensando en otras cosas verdaderamente importantes: Dónde ir a tomar algo a la salida, qué frío tengo y no he traído foulard, cómo consigo renovar el DNI de Minichuki en cuatro días o se quedará en tierra, ¿hay vida extraterrestre después de la muerte?...

9.La mejor enseñanza de la película es: cuidado con el zumo de naranja. No lo sueltes nunca porque nunca se sabe dónde puede estar el pirado que te dé el cambiazo.

10.Querido Woody, entiendo que una peli al año es mucho reto (incluso con Viagra) para un heptagenario. Seguiré yendo a ver tus películas por el amor que fue y que compartimos. Tengo en casa una colección de tu mejor cine, chispeante, endiablado de ironía, lleno de mujeres interesantes y no bobaliconas sin fuste. Echo de menos a Mia Farrow, a Diane Keaton, a Angelica Huston. Debe ser que me estoy haciendo mayor, igual que tú.  Nos vemos el año que viene.  No me falles.




sábado, 3 de octubre de 2015

MANUAL DE AMOR VIRAL PARA TONTITAS

Hay hombres que son una naturaleza muerta. Un bodegón con moscas. Un despojo bien seco después de que el pensamiento estrangulado clavara su estocada mortal a la pasión. Salón francés, penumbra necesaria. Y luego está mi amigo M. Siempre tan entregado, dispuesto a compartirme su parte de batallas en la noche, a la distancia justa y necesaria.

-Le llevo veinte años a una chica que se ha enamorado de mí. ¿Cómo ves esto de la diferencia de edad?
-No sé. No creo que sea determinante de nada. Es mayor de edad y madre, no es una niña. Te puede dañar más a ti que tú a ella. Yo sé que tú eres bueno y que no andas jugando. Disfruta y observa, amigo mío.

Mis viernes recónditos son una juerga loca.  "El deseo es un telescopio maravilloso", me susurra Robert Louis, al otro lado de la cama temprana, bien tapados los dos, pijama limpio, su palidez desnuda y excitante. Pero yo ando cegada entre las gárgolas de Notre Dame, planificando el viaje con mi edding azul y una vieja Moleskine con varias hojas blancas, resobadas. París es el Destino y el paseo bohemio por la orilla del Sena. Mis chicas y yo, triángulo equilátero. Anoto Canal de San Martin y una boulangerie tras cada caminata. Saltos en Trocadero, Montmatre en bicicleta. Y  J., que vivió unos meses allí,  me cuenta a la luz de las velas cómo a los quince años conquistó esa ciudad a pecho descubierto y allí se afrancesó perdidamente (esto no me lo cuenta, lo sé yo). Me confiesa además que desde que yo le compartí mis desorientaciones también se desorienta al cerrarse las puertas. Y pienso en bateaoux mouches. Y en tantos bamboleos con besos tan furtivos. Y nos traga Madrid a toda noche.

De pronto, ya es París, a pocos días del despegue inmediato. (Como estar embarazada y ver a todas grávidas. O tener miedo y cruzarte esqueletos de dudosa catadura moral). Hay obeliscos de gloria en la Plaza de las Ventas y el rastro es el mercado de las Pulgas, abierto a apetitos súbitos y a hallazgos necesarios.

La mujer en la sala de espera le susurraba a alguien al otro lado del teléfono: " ¿Te puedes creer que no vimos la Victoria de Samotracia?". Hay catástrofes peores, señora mía. No se puede viajar con cualquiera a París. Ni a ningún sitio. Porque París no acoge, no tiene los regazos de Lisboa. Puede ser desalmada, viento gélido que augura pesadillas oscuras.  "Despertar es vencer", me decía una voz esta mañana.

Y luego están esos mercachifles de las frases vacías que entusiasman al pueblo. Una mujer - al parecer autora canadiense que responde al nombre de Isabelle Tessieres- escribe una carta a su hombre deseado y se hace viral de inmediato. Doy al clic ansiosa por comprobar por qué ha desatado un vendaval. El gancho es una frase: "Quiero estar soltera, pero contigo".  Pues muy bien, monina, pienso yo, oliéndome la trampa. El texto se ha traducido a cinco idiomas, aseguran. Single but together.

"Quiero tener miedo contigo. Hacer cosas que no haría con nadie más, porque contigo me siento segura. Volver a casa muy borracha después de una buena noche con amigos. Para que me cojas la cara, me beses, me uses como tu cojín y me abraces muy fuerte por la noche".

La carta me provoca una naúsea torcida. ¿Quieres que te usen de cojín? ¿Quieres que te usen, señorita liberada? ¿Te parece moderno que él te mire el culo, como propones en otro de esos párrafos mediocres?. Mejor que te lo toque, distraído, en plenas escaleras del Sacre Coeur, majestuosas. O acaricie tus rodillas en un coqueto restaurante del Barrio Latino donde os salpicará el deseo propio y el ajeno, las mesas tan pegadas, plato de caracoles humeante.

"Quiero algo que sea simple y, a la vez, complicado -prosigue la rapsoda canadiense-. Algo que haga que, a menudo, me haga preguntas a mí misma, pero que, en el momento que esté contigo en la misma habitación, desaparezcan todas las dudas. Quiero que pienses que soy guapa, que estés orgulloso de decir que estamos juntos".

Eres muy tonta, bonita, con permiso. Muy novela Jazmín. Muy "pret a porter" barato. Quieres hacerte la especial para inflamar a un tipo que se ha ido. Te estás insinuando con argucias facilonas. Con frases de almanaque que no copio porque hasta me sonrojan. ¿Qué tal si le dices que le echas de menos, que en realidad querías un "lo de siempre", que vas a apuntarte a un taller de escritura, o a dejar de escribir (mucho mejor).  Que tu soledad es como una tormenta que ordena Quasimodo, con rayos y centellas. Que París siempre os queda, callados,  silenciosos. Que perdone por esa carta adolescente, fracasada. "Que lea a Victor Hugo", me susurra mi Robert: Jean Valjean y Cossette, Esmeralda y otras damas curtidas que aturden los sentidos.

Termino con miss Tessieres, que se explica así en una entrevista: “Cada vez es más difícil encontrar a alguien que acepte mi independencia y al mismo tiempo quiera tener una vida en pareja conmigo. Pero como digo, un día lo encontraré de nuevo”. Buena suerte, querida. Espero que tengas un plan B. Suenas contradictoria, como sonamos muchas. Por si no encuentras eso que aseguras que buscas, rodéate de amigos que te abracen, de libros de verdad, no fruslerías bobas.

De hombres imprescindibles como mi J. ayer, tan cariñoso : "¿Juntamos a la prole este finde? Te echo de menos. Soy un plasta. Quiero achuchones". Y yo: "Los necesito". A la vuelta de París iré a buscarte...