martes, 29 de diciembre de 2015

10 RITUALES PARA DESPEDIR 2015

Buscar las zapatillas a los pies de la cama, tiritando. Emprenderme descalza, ese frío polar tan madrugada. El único café del día tras esa larga dieta de placeres lo preparo despacio, morosa en el ritual de elegir la mejor taza, con su plato muy hondo que encaja como un lego y mereció ser parido en la Bauhaus, estoy segura. (Y lo apuro sin prisas, ahora que ya no irá otro detrás, precipitado y loco como lo había ayer).

Ya siento la agonía 2015, y me da cierta lástima puramente formal. Prefiero los impares a los pares. Sólo eso. El trabajo más sesudo a partir de mañana será envolver regalos, sus cintas de colores, la música de fondo. Arreglar desperfectos, cancelar viejas citas. Acudir a María,  mi cabeza en sus manos: "hágase rubia en mí según tu palabra". Recibir un masaje de las manos expertas de esa fisio  que finge que me quiere y explora con descaro irreverente mi geografía del dolor;  colgar unas cortinas, si es que llego. Anotar tres o cuatro ideas para que se me olviden y no ocupen. Tirar viejos recortes de periódicos, dormir algo a deshoras, si procede y el sueño me sorprende en el pasillo. Jubilar más zapatos, calcular un menú de batalla para larga familia perdida en una casa de la Sierra más Pobre de Madrid. Colocar, si pudiera, una balda de libros por orden de entusiasmo. Ventilar los armarios. Juntar algunas prisas.

Cuaderno de bitácora: esta noche escribí algunos versos sin letra al calor somnoliento de un caldo de gallina, ese milagro que encandila el estómago de las damas sin hambre. Antes un Macbeth correoso y pasado de rojos nos alejó de Shakespeare a patadas. Benditos sean el cuello y el perfil de Michael Fassbinder, carne de guillotina. Después unos vampiros en la tele más próximos al dandy hueco de salón que a mi elegante y sombrío príncipe de la noche. Un año que se acaba sin haber aprendido grandes cosas, pero muchas pequeñas que no dan para teorías de alcance. Brillos de andar por casa.
Por ejemplo:

1.Cualquiera puede ser político hoy en día. Es más fácil que ser administrador de fincas o bombero. Te dota de entidad cuando no sabes quién eres pero sí que necesitas un cargo con tarjeta y postureo. Ensayas al espejo un discurso vacío con muchas sílabas tónicas, enfatizas los silencios (redoble de tambores), repites titulares más huecos que el vientre de una anciana centenaria. Te corres tan a gusto, saludas y haces mutis.
2.La novela sigue estando muy sobrevalorada. Sólo algunas historias merecen ser contadas, el resto debería quedarse en el cajón, descomponiéndose en silencio y sin testigos hasta que al autor o autora se le pasen las ganas.
3.Habría que inventar plantas que se autoabastecieran. Igual que solas buscan el sol, estirando el cuello. No consigo acordarme de darles de beber, son como atrezzo de parque jurásico sin fieras. Es un milagro que (sobre)vivan en mi casa.
4.No sé mucho de nada, a estas alturas. Tal vez debiera hacerme especialista en algo prescindible y poco alimenticio, tan volátil que olvide que un día lo aprendí y me siga asombrando.
5.Amigos Guadiana, son legión (invisible) pero son. Respetemos sus fugas y sus vueltas. A. me jura por wasap que reaparecerá en 2016, como una diva histérica que sabe de desplantes y del impacto de un aria súbita, inesperada de esas que detienen el aire, rasgan velos y te cortan la respiración. Aquí os espero.
6.Mi mapa 2016 arrancará en Ginebra, brevemente. Y después Barcelona, con las chukis. Quisiera que este fuera por fin el año Positano, y discurrir ligera por sus cuestas, y un largo atardecer con libro y un Martini helado en la terraza de un hotelito que tengo ya pensado.  ¿Primavera?
7.Debo hacer más deporte, que el cuerpo se vuelve remolón si lo abandonas. Esfuerzo y hedonismo armonizados. O mejor no debo, pero querría, que es más relajado y no incluye el kit del látigo y el manual tenebroso del castigo.

2016, aquí te espero. Descalza y entregada. Curadas las cicatrices que dejó 2015, algo más aprendida. Mi puerta sigue abierta, entra hasta el fondo.






domingo, 27 de diciembre de 2015

NO SÉ QUIÉN ERES (QUERIDO AMIGO INVISIBLE)

África, ayer

Tengo que confesarlo. Estoy respondiendo a felicitaciones de Navidad sin saber quién es el remitente. Al principio me inquietaba, pero ahora creo que en el fondo no importa, es mucho mejor así. Empecé preguntando, con delicadeza para no herir sentimientos: "Disculpa pero mi móvil me odia y no reconoce quién eres". Ahora trato de averiguar la identidad de mi amigo invisible según el estilo literario, la cantidad de errores (los inquietos la piciamos más con la escritura intuitiva) o la selección de emoticonos. También por la terminación del número, pero me lío, lo que no impide que arriesgue y responda con un margen de error de 90%.

Tener demasiadas certezas es un rollo. Como escribió mi poetisa W.S (gracias M. por recordarme el discurso que pedía ayer. Los mejores regalos de la vida son gratis):

 "La inspiración, sea lo que sea, nace de un constante “no sé”.

No sé quién eres. Incluso respondí a alguien que tenía bloqueado, y se pensó que había caído el Muro de Berlín. Otra vez. Tuve que ponerme manos a la obra con ladrillos y cemento. Una trabajera.

Ahora escribe alguien -con nombre, qué alivio- su carta a los Reyes Magos: "Esta año quiero un buen estuche de cápsulas Nespresso, pues llevo un año con las de Mercadona y no son lo mismo". No, no son lo mismo. Espero que tus deseos se cumplan, porque son de corto alcance y fácil satisfacción.

Mi deseo recurrente es conducir sin estrés. Ayer se cumplió, de vuelta de África. Con un Réquiem magnífico que estaba destinado a las exequias de un rey y nos resucitó en un lugar perdido. Siempre que veía el anuncio de BMW con su claim "¿te gusta conducir?" yo respondía "No". Con cierto pesar irremediable. Ayer hubiera seguido hasta Nicosia, con barco incluido y alumbrada por ese sol naranja que se resistía a morir, cuesta de los almendros. (Gracias J.)

Querido amigo invisible, escribo, y suelto una selección de títulos del mismo autor a los que añado los diarios de Amiel. Mi hermano, que es un cachondo (identificado), responde: ¿Pero no querías todas las películas de Torrente?. Mi cuñada manda fotos de sus peticiones. Un bolso y un aparato de aspecto sospechosamente fálico con un cartel minúsculo que reza: "entregar en 48 horas". Sí que tiene prisa, sí...

Hay otro hermano que se debate entre un huerto urbano y libros de Borges, a lo que el tercero comenta: "Especifica Borges porque lo mismo te caen 50 euros de frutos secos y ciruelas para la descomposición".

Y luego está mi cuñado, que juraría que siempre pide lo mismo: "una raqueta de pádel". Y se encuentra su merecido: "Rompes más palas que Facundo el jardinero".

Anotación necesaria: Facundo era un jardinero taciturno y vago que hacía paradas continuas en sus labores para almorzar. Longaniza, pan que cortaba con su navajeta y un buen tiento de vino en bota. Entendimos por qué las arizónicas nunca estaban cortadas en línea recta. Llegamos a considerar normal que el anciano -enjuto como el Piyayo, "un viejecillo renegro, reseco y chicuelo; la mirada de gallo pendenciero y hocico de raposo tiñoso"- se echara la siesta en el jardín, bajo una encina, con la boca semiabierta del sueño profundo que es hermano de la muerte.

Recibo otra felicitación en chino mandarín. Respondo que por favor la traduzca al sánscrito. Responde él con una foto autorretrato titulada "Star Wars crazyness". No le reconozco, aunque tengo mis sospechas, caballero Jedy. Mejor así. La vida sin incógnitas carece de emoción, y para 2016 me he pedido una entrada en la atracción más salvaje del planeta. Eso, y mi casa con patio.

Más de lo mismo: C. nos escribe a las amigas: "Acabo de ver "El despertar de la fuerza". Llorando desde que sale Han Solo. Tengo el corazón a mil versiones todavía". Nos reímos en bloque. Ella corrige: "Revoluciones". Bendita sea la mitomanía a los 50.









sábado, 26 de diciembre de 2015

A WISLAWA SZYMBORSKA LE GUSTABAN VERMEER Y EL KITCH

Termino un libro extraordinario y me siento huérfana, o acaso viuda. Consciente de que no será fácil encontrar otro que esté a la altura. Ha sido mi pareja de cama durante algunas noches ardientes en las que ha conseguido que esquinara a los demás, en ese concubinato loco que me traigo con varios (dos, tres, cuatro). El duelo necesario no es un duelo, sino una salida desesperada con escote y taconazos a la busca de esa saciedad que garantizan las buenas letras. Para volver a sentir el latido, el efecto de ese chute de fuego por mis venas. Droga dura.

Así que anoche, a la una de la mañana y luchando contra el sueño, arranqué la Antología Poética de Wislawa Szymborska, regalo de C.

"A W.S le encantaba Vermeer y el kitch. Leía a filósofos y revistas de mujeres. Era cinéfila, admiradora de Woody Allen y también gran seguidora de los culebrones brasileños, y lo reconocía públicamente. (...) Le gustaba viajar a lugares cuyos nombres le parecían curiosos sólo para fotografiarse junto a los letreros..."

De inmediato simpatizo con la poetisa y siento que me gustaría un epitafio así, centrado en lo pequeño, en la curiosidad de lo cotidiano. Desprovisto de grandilocuencia pero no de excepcionalidad.  Su prologuista añade, unas líneas más abajo, que a Wislawa no le gustaban los discursos pero escribió uno de los más bellos de la historia del Premio Nóbel.

Inmediatamente subrayo y apunto: "Buscar discurso". Y entiendo que el fin de mi fugaz duelo está en marcha, y que esa promiscuidad lectora que me habita impedirá el sarpullido de lágrimas que ayer, por otra parte, brotó sin cita previa a la deriva mientras veía un dramón en el sofá protagonizado por Debra Winger y Jack Nicholson. (Siento debilidad por Debra Winger, esa mujer pizpireta de mirada torniquete y andares dislocados).

"Antaño nos sabíamos el mundo al dedillo:
-tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se describía con una sonrisa,
tan común como el eco de las viejas verdades en los rezos"

Escribe Wislawa.

Pero antes, en familia, fuimos a escuchar a las monjitas de la Plaza de la Paja con coartada de misa. Un ritual imprescindible que te estremece con su kyrie y se contempla en la contemplación de esos sarcófagos de alabastro bellamente labrado, como si de una tela sometida al capricho de unas manos se tratase.

"El amor verdadero no entiende de atajos", dijo el cura. Y es lo único de lo que dijo que yo escuché, convencida de que sólo pegaba frases hechas con engrudo, pegotes de discurso cuyas migajas devoraban los salmos de esas mujeres puras de piel fina y ojos apagados bajo lentes old fashioned.

Y por la noche paseo frío por el Templo de Debod, reflejado en el estanque y fruto de un expolio del que nadie se acuerda cuando se hace la foto como en una atracción de parque temático. Madrid soberbio y asfixiado de polución, algo vacío porque el 25 de diciembre es día de recogimiento y cogorzas en familia (esas no cuentan como excesos).

Hoy no es día reseñable, al fin. Saldremos con máscaras ficticias a la calle, empezaremos a felicitar el año. Algunos se estrenaron ayer, como mi buen amigo R.: "Tengo la esperanza de que en 2016 por fin consiga que te cases conmigo". Y yo que desde luego, que con él o con nadie, muerta de risa. Pero será después, que el año está a punto de desplomarse y aún toca seguir sobreviviéndonos, durmiendo con los libros. Y devolver a mi Pániker a la estantería con esa gratitud de un gran amor. Requiescat in pace.






miércoles, 23 de diciembre de 2015

MODERNAS PRUEBAS DE AMOR PARA NOVIOS Y ASPIRANTES

1.La alcaldesa de Madrid ha decidido poner reinas magas vestidas de mujer en la cabalgata de este año. Será en los distritos de Vallecas, San Blas y Usera, porque allí los niños son más escépticos y cortos de vista y su fe en el misterio no se verá amenazada. La paridad debe llevarse hasta las últimas consecuencias, sí señora, e incluso más allá. Yo voto porque San José sea Josefa y en el portal de Belén reinen dos lesbianas; nada que objetar a mula y buey (ella y él). Y en caso de duda razonable, aplíquese la discriminación positiva. (Al ángel, sin ambargo, lo imagino trans, como el padre de las Kardashian).

2.Como con A., amiga reciente que siento cerca porque sintonizamos sin molestos zumbidos, porque me transmite paz y porque defiende la identidad soberana del yo como una fortaleza. Sin culpa y sin concesiones. Con esa mirada aguda y sin atisbo de resentimiento o de rencor. Me regala poesía, que es mucho más que un libro. Nos preguntamos qué querríamos para ese horizonte inesperado que se llama porvenir. La intimidad consiste en no fingir, en la complicidad de demoler esquemas socialmente consolidados y confesarse delante de un steak tartar semipicante. Por ejemplo.

3.Una mujer borracha y un hombre cansado, plantea mi Handke. Me parapeto en la cama como en una trinchera, leo y me deshilacho entre bostezos. Pocas veces nos acostamos reventados de cansancio igual que pocas veces comemos con verdadera hambre. Esa sensación cavernícola que se pliega al mandato dictatorial de la cultura. Mi horario visceral es centroeuropeo. Socialmente estoy muerta. Busco iguales para compartir comidas a la una y cenas a las ocho. Paseos matutinos al relente. Cine a las seis como muy tarde. Los candidatos posibles, convengamos, tienen menos de nueve años.  Me siento Blancanieves, pero en rubia. Busco cuento adulto y sin ñoñería que echarme a la boca.


4.La niña ya no es niña e invita a su novio a casa. Velada con la madre y la hermana, tan a gusto en el salón, repantingados. Pizza y dos películas: "Cuatro bodas y un funeral" y "Love Actually". El chico no rechista en el harén, aunque se distrae wasapeando. La madre piensa que las nuevas pruebas de amor ya no consisten en matar dragones sino en  someter al aspirante a un chute de familia más comedia romántica que no se lo salta un gitano. La madre se retira a sus aposentos convencida de que tempus fugit.También de que a Hugh Grant le sientan bien los años.

5.Me toca la lotería. Cien euros por un décimo, la diosa Fortuna nos ronda (pasar de cero a cien es un subidón. Los políticos y los economistas lanzarían los titulares al vuelo). Mi hermano I. propone que el año que viene viajemos a Laponia en Navidad a ver auroras boreales. Me apunto de inmediato. Vuelvo a sentir esa vieja pulsión de viaje, febril, incontenible. La sofoco en la cama, con un libro. De mujeres borrachas y hombres cansados... Hoy llegará mi padre, otro hombre en casa.


lunes, 21 de diciembre de 2015

HOY ES EL DÍA NACIONAL DE LA ARITMÉTICA

1.Hoy es el Día Nacional de la Aritmética: Nos lo pasaremos sumando escaños de las diferentes fuerzas políticas para atisbar el Parlamento que vendrá. Un anticipo simplista: parece que hay tantos españoles de izquierdas como de derechas. Y que llegar a acuerdos va a requerir de mucha seducción, mucha paciencia y mucha cintura. Como el amor.

2.Un grupo de psicólogos de las universidades de Oxford y Aalto han creado un mapa topográfico del contacto físico. Parece que las mujeres nos dejamos tocar más que ellos pese a los consejos de las abuelas del postfranquismo. Yo diría que cada uno tenemos nuestro mapa secreto. A mí no me gusta que me toque nadie la cabeza, salvo María mi peluquera, y detesto que un hombre me ciña la cintura salvo que ese hombre me guste. El brazo lo doy y lo tomo a los que siento amigos, y las rodillas son un incendio de agosto a la hora de la siesta.

3.Este fin de semana he pasado el 60 por 100 de mi tiempo cocinando. Me declaro en huelga que sartenes caídas hasta nueva orden. Mi compañera fiel ha sido Nina Simone y un vino tinto bien afinado que contrarrestó la visión apocalíptica del tendedero de mi vecina la de la hija poseída por Satán (que creo que ha tenido un niño, ¿Rosemary,s baby?). 

4.Ayer invitadas en casa L. y su hija C. Cinco mujeres a la mesa hablando con toda naturalidad de estudios, novios y psicólogos. Armonía y libertad, y esa sensación de ser familia que extiendes a algunos amigos con códigos de vida similares. Gracias, chicas.

5."Doy gracias a mi padre cada día por no haberme hecho la circuncisión". Ricardo Piglia se cuela en mi pista de despegue con un libro titulado "Por un relato futuro. Conversaciones con Juan José Saer" (Anagrama). De nuevo ensayo, sin querer, con formato de correspondencia personal. Juro que no lo he buscado, ha sido azar. Las cartas arrancan en 1939, el año en que nació mi padre. Mi padre está a punto de venir por Navidad a alborotarme las costuras con su olor a Marlboro y sus recetas hipercalóricas. Alegría. Aquí no se estila la circuncisión.

6.Ya miro de reojo el calendario 2016. Lo primero que hago es comprobar en qué día cae mi cumpleaños, como una niña. Me encanta cumplir años y que sea de jueves a domingo. Es esa misma ilusión atávica del Parque de Atracciones, que me parece fiesta aunque luego no me monte en nada porque me mareo.

7.Anoche el orgasmo de los ganadores y la indisimulada frustración de los vencidos. No me creo ni a unos ni a otros, ya lo siento, pero nadie engaña con su lenguaje corporal. ¿Votamos con la cabeza, con la soberbia del que tiene, con el resentimiento del que perdió todo, con la esperanza de quien aún confía, con la inercia del que prefiere lo malo conocido? Habría que estudiar más el por qué que el qué, me parece. Pero ahora a contemplar el espectáculo del día después. Como diría aquel, nos sobran los motivos.




domingo, 20 de diciembre de 2015

¿TÚ TAMBIÉN EMPIEZAS POR EL FINAL? (reflexiones de votante)


Los fines de semana leo los periódicos al revés, desde la contraportada. La serie "Antes del amanecer", de Richard Linklater la empecé por el crepúsculo y luego hacia atrás, en sesiones tiernas de sofá con manta en las rodillas que no he olvidado,  y con los diarios de mi admirado Salvador Pániker estoy haciendo lo mismo. Llegaré del anciano sabio y con cierta vuelta de todo -cuento con pena las pocas páginas que restan- al joven vorazmente enamorado en Ibiza. Construyendo una familia de la que se divorciará. Empresario en lugar de filósofo. Y este spoiler autoinducido, lejos de frustrar cualquier expectativa, me aligera las ganas de descifrar el misterio del origen. No está tan claro que seamos lo que fuimos sembrando en el camino. Ha habido atajos, trampas y loopings imprevisibles, contradicciones y traiciones a uno mismo sin maldad, de manera que el hoy no es una suma de ayer, sino una serie de diabólicas combinaciones que se enredan entre las piernas torpes de una mujer de letras.

El futuro, sin embargo, no me inquieta pero sí  debo contener las ganas de pronosticarlo a partir del material de deshecho del presente. Eso que llamamos la experiencia es una señora impertinente que te susurra al oído "esto sólo puede acabar así, monina", y tú finges que no le haces caso pero en el fondo ya te has contado la película. Igual que ya sé de qué va la última de Star Wars sin haberla visto (y probablemente así se quede, en una fabulación que no tengo demasiado interés en desentrañar). Me fascina tanto el presente (imperfecto) que no hago sitio a la nostalgia ni reparto entradas en palco para la ansiedad del mañana.

 Y sin embargo hoy tengo la sensación de que algo tiembla bajo mis pies. El runrún de las expectativas de cambio que estas elecciones a cuatro ha convertido las cenas de preNavidad en monotemáticas. Mi jornada de reflexión consistió en comer deliciosas viandas y beber lo que no debía mientras se debatía a la mesa que si Pablo Iglesias, que si Albert Rivera, que si Rajoy que si Pedro Sánchez. Con un grupo de amigos desigual de pensamiento y palabra que nunca llega a las manos pero se divierte adivinando las reacciones más o menos incendiadas de cada uno.

-A mí Pedro Sánchez me parece el clásico jefe de planta de El Corte Inglés. Un don nadie con traje barato y sonrisa profidén. "Estoy bueno y tú lo sabes".
-Pues Rivera es un comercial de éxito. Un vendemotos. El tipo que te llama para convencerte de las virtudes de la Thermomix a ti, que no comes ni cenas en casa.
-¿Visteis cómo titulaba El País el puñetazo del macarra a Mariano Rajoy? ¿Eso no es manipular la información?
-¡Ah, claro, que El Mundo, ABC y La Razón no manipulan!
-Pues yo a Pablo Iglesias no le voto ni muerta. Los suyos se ponen cachondos con Adorno y Carlos Marx pero la gente en el fondo les interesa cero.
-A mí la dialéctica de los ricos y los pobres me pone del hígado.
-Yo estoy convencido que el que llega arriba es siempre por turbio e indecente.
-Anda ya! Supera la lucha de clases! La igualdad por abajo es de mediocres.
-Pues yo sí pienso votar a los de tu ex novio. Ya veremos...

Y mientras sumé media cerveza. Una copa de vino. Un sorbo de mojito delicioso. Mi cuerpo de hoy se resiste a asumir el escueto recuento alcohólico de ayer. Soy comedida por determinación, y si fumara sería candidata al enfisema. Si empiezo por el final, apenas reconozco a la de ayer, más confiada en la aritmética del proyecto vida. El velo del escepticismo a veces nubla estas mañanas en las que huele a cambio aunque será gatopardesco, me imagino. Y mi plan, además de ir a votar con mis dos hijas -la enana preguntaba ayer "¿a qué hora votamos?", porque entiende que es asunto de familia- es salir a correr sorteando señoras con bastón y papeleta y preparar una paella para cinco. Aún no es Nochebuena y ya estoy ahíta, de modo que me meto a buscar hospederías de monjas que me acojan para un fin de semana detox. Y siento disuasorias esas celdas con camita de 90 centímetros, cortinas verduscas relavadas y escritorio triste de colegio mayor.
Elecciones hoy

"Tú eres más de spa y cama king size, guapa. Me decía C. ayer. Y puedes meditar igual mientras esperas que llegue el servicio de habitaciones". Tiene razón, pero yo quería cantos con voces cristalinas, y maitines y completas. Pero ese futuro lo desentrañaré mañana, que antes debo centrarme en los resultados de hoy. Porque como decía L el otro día, estas elecciones se parecen al Festival de Eurovisión. Y hay que ver las votaciones en grupo, "la guayominí tri pua" de nuestra infancia. Y mañana será la película desde el The End. Como a mí me gusta. Pero volver atrás ya no pinta una opción, sino un ejercicio inútil de nostalgia. Ese ajuste de cuentas disfrazado de poesía que sólo engaña a los que no se avienen con el hoy y temen a la muerte. El único futuro inevitable.








jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Y SI NO HUBIERA LUNA?

Leo que las tres palabras más buscadas este año en Google por los españoles son troika, amor y gluten, y pienso que se trata de una versión de los clásicos de la copla: salud, dinero y amor. O sea, lo de siempre. Parece que las incógnitas del ser humano no evolucionan, y algo tiene de esperanzador que en la era de Internet sigamos preguntándonos por lo esencial. Quiere decir que aún hay misterio.

"¿No crees, V., que esto de las fantasías podría írsenos de las manos?", me preguntaba ayer Miss Fantasy mientras merodeábamos la tarde con ganas de salir y desfogarnos en el boulevard de la Castellana. De C. he hablado muchas veces y también publicado su insuperable teoría de las fantasías, que podría concretarse en: un objeto o plan de escaso o ningún valor material que produce altísimas dosis de ilusión.

Yo siempre me he apuntado a la exaltación de lo pequeño, como C.. No por falta de ambición, sino por reverencial convencimiento. A la troika me la imagino como un ejército que invade tus armarios y se marcha sin limpiar las huellas del barro de sus botas. El trigo me lo tienen prohibido hasta nueva orden y el amor es un milagro que uno no debe ambicionar, si acaso dejarse sorprender cuando aparece (siempre sin botas, delicado y tumultuoso). Mis dudas frente a Mr Google suelen tener que ver con palabras, y nada me excita más que descubrir algún término nuevo o un significado ignoto de algún viejo conocido. Como me frustra comprender que llevo toda la vida utilizando mal una palabra, o semi mal (¡ay, "diletancia"!)

¿Qué es bueno para la resaca? es otra de las inquietudes abisales de los internautas, que también se han preguntado, y mucho, ¿Qué pasaría si no hubiera Luna? Pues ya os contesto yo; Sería un drama atroz, un apagón de fe, una gripe mal curada. A mí me sigue abismando el secreto de la Luna. Cómo puede ser tan escurridiza y tan veloz, me pregunto esas noches tibias en las que la Dama pálida me sorprende por un callejón y al rato está, burlona,  sobre mi santa cabeza. Naturalmente, hay una explicación que hasta los de letras puras podemos entender, pero mi mente se resiste a entender algo con fórmulas matemáticas cuando la duda poética garantiza tanto romanticismo. Diría que prefiero los versos vibrantes de aquel perito en lunas que los cálculos de Hiparco o los dibujos minuciosos de Galileo.  

"La hora es de mi luna menos cuarto", recitaba Miguel Hernández, tan preciso.

Más dudas acuciantes, sigo leyendo.  "Por orden de prioridad, los internautas españoles querrían ser felices, modelos, guapas, populares, hackers, millonarios, youtubers, mejores personas, buenos comerciales y, en décimo lugar, más inteligentes. Son los resultados a la pregunta “¿cómo ser…?”.

En décimo lugar, inteligentes. ¡Quién necesita inteligencia pudiendo preguntar estupideces en régimen de barra libre y sin ser visto! Ser hacker, sin embargo, lo encuentro distraído y laborioso. Es una forma de violencia sin sangre, lo contrario al puñetazo del joven a Rajoy. Pregunto a Google: ¿Cómo se protege a un presidente del Gobierno en actos de campaña? En círculos concéntricos, responde. Pues ayer los círculos debieron ser cuadrados, o no ser.

Lo dejo aquí. Ando muy huérfana de luna y espero rematar mis fantasías animadas 2016, como hago cada vez que el año languidece y llega ese delirio de amor y polvorones que es la Navidad, diga lo que diga Google.










lunes, 14 de diciembre de 2015

CONSTELACIONES FAMILIARES

 Diálogo 1:
-¿Se puede carecer de identidad fija?
-Como de casa fija. Hay quien guarda su yo en un apartado de correos. O en varios.

1.Las familias en el Retiro los domingos hacen una representación de felicidad más previsible que las de los guiñoles a los que llevan a los niños. El Retiro es la tregua del madrileño y el destino ineludible del visitante de provincias que prefiere las barcas al museo del Prado. El aperitivo frente a los barbos grasientos que devoran las migas de la merienda ajena es un plan. Y siempre queda la coartada cultural que es el Palacio Velázquez o el de Cristal. O la coartada petardosocial de Casa de Vacas, donde (a menudo) cuelgan pinturas de señoras ociosas que siempre harán juego con tu sofá o tus cortinas.

2.Mi amiga F. me habla de las Constelaciones Familiares. Un juego de rol involuntario en el que perfectos desconocidos representan sin datos previos los dolores de tu vida. El asunto, que no me era desconocido, me  despierta siempre gran curiosidad. Pregunto y pregunto, mientras apuramos sendos pisco sour en un peruano al que siempre quiero ir, pero pilla a desmano. Apunto: existe en verbo "constelar". Yo hubiera dicho que es tejer un tapiz con estrellas. O algo así.

3.Libros que te llevan a otros libros. Apunto "Memorias" de Mircea Eliade, y "Memorias de ultratumba", aunque no creo que lea este último, donde Chateaubriand dice que "la vejez es un naufragio". En el autobús se achican aguas y los jóvenes no ceden el asiento a los mayores. Siento deseos violentos de levantarlos a empujones, pero me invade la vergüenza y acaso lo pido por favor. El desvergonzado siempre juega con la ventaja del pudor ajeno. 

4.Arranca la Semana Fantástica de las comidas y cenas sociales. Como la del Corte Inglés, dura quince días (ese misterio). No estoy segura de resistir tantos gastroembates sin descomponerme en el camino. Lo ideal sería enfermar antes, pero esta dieta alcalina me está convirtiendo en inmortal. Ni un catarro. A veces echo de menos las cerveza...

5.Fracaso estrepitoso de mis menús degustación con mis hijas. Los cociné de libro el sábado, juro que estaban ricos, pero  ayer tenían un aspecto lacio y legañoso. Eso no impidió que los pusiera en el plato y cada una actuó como era previsible: No está mal, dijo mi mayor, pero tardaba en llevarse el tenedor a la boca. Qué asco, gritaba la enana, que se tapaba la nariz antes de tragar. Entendí que la cebolla envejece mal, como el vinagre. Y que hubiera triunfado más con una sopa castellana.


Diálogo 2.
-No creo que el Cara a Cara de hoy vaya a ser un hito en nuestras vidas. ¿Dónde estabas el día que Rajoy y Pedro Sánchez debatieron en una mesa de metro y medio? (te preguntarán).
-En la cocina, tirando con pena un tartar de salmón a la basura. O vaya usted a saber...










sábado, 12 de diciembre de 2015

CÓMO HACER STRIPTEASE SIN QUITARSE LA ROPA

Las vírgenes suicidas. Sofia Coppola.
"Supimos que las chicas eran mujeres disfrazadas que entendían el amor e incluso la muerte".  Las Vírgenes Suicidas.

En toda buena historia uno no debe contarlo todo. Basta con provocar una ligera sacudida, una corriente de emoción con sentido en el espectador/lector. Una sensación de que forma parte del juego e intuye sus leyes. Es inteligente, no precisa el detalle. Y agradece sobremanera que el autor haya tenido a bien no desvelarlo. (El gran defecto del cine español es justamente ese. Ser demasiado explícito y torpe de diálogos, hablaba con J. el otro día).

Creo que la gran virtud de la película Las Vírgenes Suicidas, que volví a visitar anoche,  es que consigue lo difícil: crear esa atmósfera de niebla, opresiva, sexual, tan inquietante que explicará el fatal desenlace de entrada conocido aunque de las cinco chicas sólo dos -Lux y Cecilia- estén  definidas (y de manera esquemática. Una desde el erotismo desesperado, la otra desde la pulsión de muerte. Dos caras de lo mismo). Todas, insatisfechas y encerradas en un círculo donde sólo caben ellas, tiradas en esa languidez rubia sobre la moqueta de un cuarto lleno de sofocos adolescentes.

Cecilia la virgen precursora
O sea, que a Sofia Coppola (y no sé si a Jeffrey Eugenides, confieso que no leí en su día la novela, aunque era "el libro que había que leer") le basta con unas cuantas pinceladas para componer el cuadro, como a los grandes pintores.

"Entendían el amor, e incluso la muerte". Las fascinación que esos adolescentes del barrio sienten por las cinco hermanas nos ilumina mucho más que los vestidos de fiesta recatados, casi monjiles, de ellas. Un despiste antitético. Igual que la rigidez de los padres - cómo te quiero James Woods, esa secuencia tuya subiendo la escalera y deteniéndote delante de la puerta de tus hijas, para pasar de largo finalmente- es una pistola cargada en la mesilla.

Tengo una historia suicida en mi cabeza. Creo que debo empezar a definirla desde la niebla. No es un guión de cine, no debo diseñar los personajes con las mismas estrategias. Se me ocurre hacer de cada uno un listado exhaustivo de sus rasgos, sus cadáveres de armario, sus tics o su nevera, para luego ir borrando lo que sobre. Pero lo mismo mi técnica es absurda. Quiero que no se entiendan entre ellos, que vayan descubriéndose entre gestos titubeantes que no se expliquen del todo.

Quiero que ella descubra lo que él siente por los ruidos del baño,  por cómo le retira el pelo de la cara, un día, de repente. Por sus zapatos sucios. Por el canario muerto en un rincón de la jaula. (Pero lo mismo son dos hombres, deberían serlo. Aunque temo no acertar con dos voces de otro género y alumbrar un aborto y talar medio bosque tontamente)

Tengo claro -menos mal- el escenario. Cerrado como la casa de esas Vírgenes. Tengo claro -uff- el desencadenante. Una historia real que cabe en un titular de prensa y escuché el otro día. Tengo claro el arranque, el primer párrafo (peligroso, peligroso. Es como empezar una maratón al sprint). Y que debo serle infiel a otra ficción que ya surcaba capítulos sin llegar a convencerme demasiado."No eres tú, soy yo", le diré, esa excusa manida del que pone los cuernos o abandona.

(También que debo tirar a la basura unos cuantos libros de mi Taj Majal.  Me estorban, contaminan).

No hay nada más íntimo que hablar de lo que uno escribe mientras escribe. Es un tipo de striptease tan salvaje que roza la biopsia. Entiendo por qué me molesta tanto que alguien se me despelote sin previo cortejo y me cuente su libro. No quiero saber tu historia si no me gustas tú. Es un atraco a mano armada, caballero. Tampoco debes apremiarme para que exhiba la mía. Mejor te muestro el fondo de mi escote, el bajo de mi espalda. Mis dedos sin anillos. Mis pies gélidos. O no te muestro nada.


Desmesura. Conflicto. Cierta dosis de insolencia. Insomnio por posesión (autodiagnóstico poco científico). Un café cada sábado, decido.

¿Para cuándo esa novela? me dicen todo el rato. Trato de ser cortés, pero me cuesta. Hay pocas personas con las que uno se sienta libre de compartir las vísceras en pleno shock anafiláctico. No es elitismo, es pudor. No quiero ser promiscua de palabras (es más llevadero serlo de pensamiento y de obra). Si vomito, te mancho.

El terror a meterse en un túnel oscuro. De eso se trata. Una historia es un túnel sin focos que uno recorre solo, sin más pista que el eco de sus huellas. Calculando como un murciélago los metros que le separan de las paredes llenas de cuchillos que podrían atravesarte (como la valla mortal de la niña Cecilia, empalada, igual que el hijo de Romy Schneider).

Y luego están los frívolos que avanzan por el túnel vestidos de caperucita roja, tralarí-tralará. Y no paran de hablar de "su libro" como Umbral pero mendigos de talento.

Exhibicionismo: De forma o de fondo. Para el primero, le Moulin Rouge (qué decadente, triste). El otro es una enfermedad que sólo indica que lo que ocultas es mucho más que lo que enseñas. Cuidado con desperdiciar adjetivos. Miedo a urdir personajes cojos. Quiero unas vírgenes suicidas, pero ya expertas en la cama o en la tumba. Y a callarse que el túnel con ruido es una trampa mortal que no perdona.

"No importa la edad que tuvieran, o que fueran chicas, sólo que las amamos y que ellas no nos oyeron llamarlas, y aún no nos oyen, desde dentro de esas habitaciones donde ellas estarán solas para siempre".










viernes, 11 de diciembre de 2015

LOS HOMBRES MAL QUERIDOS QUIEREN MAL (Efectos de Edvard Munch a mediodía)

A Edvard Munch le dolían las mujeres.

"La pausa en que el mundo entero se detiene en su órbita/ Tu rostro encarna toda la belleza del mundo/ Tus labios, carmesíes como fruta en la sazón, se entreabren como en un gesto de dolor/ La sonrisa de un cadáver/ Ahora la vida y la muerte se dan la mano/". Escribió un día.

Trágica y perturbadora. Así es la Mujer para este hombre que perdió a su madre a los cinco años y a su hermana más querida algo después. Un hombre devorado por los celos, por la neurastesia, por el alcohol. Un despojo humano que encuentra en su mugre vital el impulso creativo.

Conviene no perderse la exposición "Arquetipos" del Thyssen dedicada a Edvard Munch.  A riesgo de sentir intensamente. Ayer a mediodía el eco se apoderaba de las salas, mis tacones como la caballería rusticana, pudor y asombro. ¿Qué le pasó a este hombre con las mujeres? La infiel, la enferma, la vampira. El pintor noruego nacido en Oslo cuando la ciudad se llamaba Cristiania, qué belleza, las pinta como si le hubieran apuñalado muchas veces y retorcido la daga por las tripas. 
Munch Autorretrato


Amor, odio, deseo, erotismo, melancolía. Muerte. ¿Qué te hicimos, bello Munch? Tu apostura marcial, ese cabello bien poblado, mandíbula vigorosa, natiz recta. Tanta obstinación al empuñar las armas del óleo y el pincel.

Siempre me provoca curiosidad la relación de los hombres con sus madres. La primera mujer es una larga sombra que no se oculta nunca, como esas pinturas crepusculares de Munch. El instante en que el día desfallece y la oscuridad se desliza como un fantasma bajo la puerta. Pura muerte. Los hombres bien queridos quieren bien, pensé una vez.  Los hombres vapuleados por la madre enferman para siempre, irremediablemente.  

(Las heridas de madre siempre sangran, pensé un día. Pero no lo dibujé, me cuuesta más el trazo que el exabrupto). 

Están esos hombres enmadrados -vade retro- que te dirán lo hermosa mujer que era su madre, sin saber que su migraña es una mano de hierro apretando sus sesos para siempre. Y peor si la madre está muerta. Batirse con un fantasma es un desvelo. A una madre muerta y mal curada  ya no hay quien la mate

Hombres hechos y derechos que aún no se explican a la mujer violenta. Y buscan niñas de pareja, que no maten aunque en sus juegos crueles destrocen las esquinas frágiles del corazón. Vampiras que inoculan un veneno y no se van aunque se vayan. Dejando a sus víctimas muertos en vida. Condenados a jugar a las muñecas en una habitación que huele a cerrado. A zotal. A trementina.
 
Pubertad

Y esos otros que ves que fueron bien queridos.  Abrazados. Que les respetaron su silencio, las horas de sol y los secretos. Mujeres luminosas, no perfectas. Que acunaron mentes limpias y menos vulerables. Un lugar refugio para las tormentas. Benditos sean.

Parece que Munch asumió su derrota y la hizo virtud. La manida mente enferma del creador, pero urdió su venganza: sus mujeres serían locas desnudas o con los pies fríos, que no llegan al suelo. Infieles, levemente procaces, tentadoras.

Ibsen, fascinado de Munch, tuvo a bien escribir "Cuando los muertos despertemos". Los nazis retiraron sus pinturas un buen día por considerarlas degeneradas. Y Edvard Munch murió solo, completamente solo, un año antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Enfermo de cruel melancolía.

Enfermo de mujer. Tanto dolor.







 

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA RESISTENCIA DEL VENCIDO (Madre e hija en urgencias)

A veces la inteligencia es resistir. No sé dónde lo leí pero me pareció adecuado.

Resistencia o estupidez. Resistencia o muerte. Se trataría de morderse la lengua al ir a escupir, por ejemplo (pruébenlo, es imposible simultanearlo). Callarse un rato en lugar de rellenar el aire con una disertación vaga, decir que no a un plan que sólo (con tilde, ejercicio de resistencia a la dictadura de la RAE)  nos dejará el sabor resaca de la decepción.

Ayer una de urgencias. Hospital. El enfermero es gentil y aseado, una montaña de huesos bajo la bata blanca inmaculada, enjuto, lacio de pelo y largo de extremidades.  Tiende un tubo a I. y le indica el cuarto de baño. Mi niña obedece sin rechistar.  Sin resistencia. Hay lugares que anulan toda nuestra capacidad de rebeldía. Que te vuelven sumiso. Una de 18 vuelve a los cuatro años. Una madre, a la tardoadolescencia.

Y sin embargo ese hombre retranqueado sobre sí mismo era dulce. Y mi niña tardaba. Y yo me encogía de hombros como una centinela infatigable y fiel frente a la puerta. Noche en blanco, la previa, que te deja sin tono muscular, a merced de impulsos mecánicos para ejecutar acciones básicas: Vigilar la puerta del baño. Tu amor dentro.

-Mamá, hoy has batido un record. Me has llamado ¡ocho veces!
-¿Ah, sí? No las he contado.

La niña se resiste a ser más niña. Me dice que se ha apuntado a una agencia para irse de au pair este verano y practicar con niños. ¿Qué agencia? Una. Déjame hacer cosas por mí misma. Y que una familia se ha puesto en contacto con ella. ¿Qué familia? Una con dos hijos, ya te enseñaré. A una hora de Londres. Me informa de que ha especificado que los niños no tengan más de nueve años y que estará de junio a septiembre. ¿No habrá vacaciones juntas? Un pellizco por dentro. Ley de vida.

Vigilo la puerta del baño de urgencias. El enfermero huesudo me sonríe levemente cómplice. No huele a alcohol, ese olor funesto. Huele a desinfectante de pasillos. Una rebeldía inteligente sería escaparme con mi hija al Parque de Atracciones. Por ejemplo. Ella sólo quiere estar bien para hacer sus exámenes. Tan seria y responsable.

En la sala de espera hay corrientes de aire (así si estás enfermo te rematan). "Ponte el abrigo", le ordeno con poca convicción. Me mira con cara de qué tripa se le ha roto. Me abrigo yo, dado que ella se resiste. Apoyo mi cabeza en su hombro unos segundos, abrazándola. Las dos trajinamos con nuestros móviles, ese relleno automático de los tiempos. Por suerte no entran accidentados, es una mañana tranquila y despejada de dramas aparentes. Una voz enlatada dice su nombre por megafonía.

-¿Entras conmigo?
-Pues claro, hija.

Y dentro, con el médico, ya no hablas tú. Escuchas a tu hija explicarse. Síntomas, dolores, pinchazos. Utiliza las manos -por aquí, por allá- Y el doctor asiente, ojos azules tristes bajo una gafas desmontables que se pone y se quita, como un tic. Justo de palabras, habla para sus adentros. Después el diagnóstico, me mira mí pero le tiende las recetas a ella, tras un segundo de vacilación. Mi niña no es mi niña, es una mujer joven que quiere decidir y aún cuenta conmigo, pero cada vez menos. Y es una buena cosa. Y aprovecho la vuelta a casa para acariciarla mucho, como entonces. ¿Quieres desayunar?, le propongo. Cola-cao con cruasán, más antibiótico. Y la llamo ocho veces a lo largo del día, tontamente, para curarme yo.  

La resistencia del vencido.

P.D. I. está bien, no preocuparse lectores de mi familia y allegados.




martes, 8 de diciembre de 2015

Y DE PRONTO ES NAVIDAD


Ingres. Odalisca
"Dios es el Cuarteto nº15 en la menor de Bethoven, como ya propuso un personaje de Aldous Huxley en Contrapunto. Dios es la inocencia trágica de mi hija Mónica, su bellísima mirada. Dios es la mansa palmera que contemplo desde la ventana. Dios es la espantosa crueldad del cosmos". (Pániker, ¿quién si no? Anoche antes del sueño)

Tan de acuerdo con su laicismo sagrado como fórmula, me dispongo a poner el árbol de Navidad. Detesto los belenes -son figuritas grotescas, preferiría una representación de gárgolas catedralicias o de mascarones de proa- pero me sale una indisimulada vena kistch en lo que al abeto se refiere. Competirá durante un mes con esas plantas inmortales que clono en el salón porque solo ellas soportan mi desidia o el ahogamiento cuando recuerdo que necesitan beber (menos mal que con mis hijas fui un poco más atenta).

Escucho el citado cuarteto de Bethoven. Pero sueño con Bach. El absoluto.

Mataría ahora mismo por un café con leche. Intenso, aromático, dulceamargo. Miro con desdén el té verde que agoniza en esa taza. Bebedizo turbio y muy sobrevalorado. Al té le faltan cuerpo, decisión, entrega. Es una bebida de cobardes, de mediopensionistas, de viejas con problemas de vesícula. De esos hierbas a los que no frecuento y sin embargo...De gente sin carácter, ya lo he dicho.

-Mamá, para no ser una bío de ésas tienes la despensa llena de quinoa, arroz integral, boldo, manzanilla con anís...
-Tienes toda la razón, mañana la atiborro de grasas saturadas y bombones.

¿Cuál es el misterio del Misterio?
(Contradicciones. Tampoco me gusta el rosa y no lo visto, pero podría exhibir una colección de prendas de ese color, distintos tonos, para ser desenmascarada de inmediato. Uno es quien es en casa, así que cuantos menos testigos, mejor. Ayer tarde de chicas, mi mayor recogiéndome en el trabajo. "Me he pasado de parada, mami". Digna sucesora, pensé yo. Y aunque el plan era conquistar y hacernos fuertes en esa explanada bella del Palacio de Oriente, me lo cambió por un shopping tardío de los que te pillan zombie de pasos, justa de entendederas tras un cierre y sin ganas de seducir faldas o blusas.

-Siempre que vamos de compras te quejas de cansancio. Jopé.
-Y tú me llevas muerta detrás, como tu mucama. Guapita

Navidad otra vez. Cada año me arrastro por el tramo final del calendario con esa tentación irremediable del balance. Algún rasguño ha habido, muchos libros. Menos carreras de las que hubiera deseado. Manos frías. Me faltó el viejo sueño de mi casa con patio, renovaré el deseo. Mis hijas cada vez más independientes, me encanta asistir a ese espectáculo desde un palco de bata y zapatillas. Mi padre vendrá a casa en dos semanas, de nuevo mano a mano. El olor a tabaco, los arreglos de todo lo que se me ha roto en 2015. Tornillos y tacos por doquier. El caldo de gallina en la cocida. Su voz de fumador empedernido llamándome por el pasillo: ¿Un aperitivo, bruja?.

Navidad es que venga Papá Noel a casa y te empiece el jamón, que tú no sabes. Despedir a las chicas, que se van con su padre. Cocinar algo súbito, de oído como siempre. Buscar algún concierto apetecible. Quedar a cenar con los amigos. Saltarte algunas normas, descongelar anhelos. Salir de paseo con el gorro calado a conquistar Madrid entre tinieblas. Y esa cita con Ingres, aún pendiente. Iglesias y monjitas con sus cantos (igual que las sirenas, vive dios). Hermanos y cuñadas y sobrinos. Y encierro algunos ratos para seguir apuntalando el peso nutritivo de cierta soledad. Y así hasta que terminen...Happy Chritsmas.








domingo, 6 de diciembre de 2015

DIEZ LECCIONES DE AMOR QUE NOS DA "LANGOSTA", LA PELÍCULA



1.La pareja sigue siendo un ideal social. Si eres dos, nadie te cuestiona. Ahorras en las reservas de hotel -deme una habitación doble- y, sobre todo y más importante, tienes a alguien que te extiende la crema en las zonas de tu cuerpo a las que tú no llegas.

2.Dos se emparejan para compartir/compensar sus taras. Cojo con coja, miope con miope, desalmado con desalmada...y así. El objetivo es amalgamarse para no sentir los bordes de la miseria propia. Romántico, ¿verdad? (Luego están esos casos de buscar a alguien inferior a uno en algún o varios aspectos para sentirse más y mejor).

3.Estar en pareja es renunciar a una parte de uno mismo. A veces un octavo, a veces tres cuartos. Y también fingir que eres otra persona para agradar a tu conquista. Se llama seducción. Nadie puede mantener el rol del seductor eternamente, y un día caen las caretas y ese día suele ser un drama.

4.Uno no puede estar en pareja sin haber aprendido a estar solo. Acero y hueso. La selva. Prohibido besarse y abrazarse, propone el director griego (y a las parejas, prohibido masturbarse en soledad). El egoísmo en todas sus manifestaciones se castiga duramente. En este caso, a meter la mano en una tostadora -recordemos los castigos de los curas por el pecado nefando, no hace tanto-.

5.El amor es ciego. De acuerdo, esto ya lo decía el dicho popular, pero Yorgos Lanthimos lo demuestra con creces y lo lleva a la goreficción. Para amar hay que asumir que no vemos algunas de las taras del otro, y esperar el mismo trato en un alarde compensatorio.

6.A veces hay que mentir a la pareja. Pero existen grados de mentira. No es lo mismo fingir que eres tan cínica como él que decirle lo guapo que está con ese corte de pelo aunque no haya ido a la peluquería. (Conmovedora la secuencia de la pelota de tenis que es un kiwi).
Magnífica Rachel Weisz


7.Un solo, una sola, se asilvestra. Aprende a revolcarse por la hierba y buscar el hueco de un árbol como cama. Aprende a cazar conejos en lujar de cazar novios/as. Aprende a cavarse su propia tumba y a echarse paletadas de hierba sobre los ojos. Lo que es lamerse las heridas, de toda la vida. 

8.El solo siempre debe dar explicaciones (cómo coincido con vos, señor
Yorgos Lanthimos, y cuánto he escrito al respecto). Un solo es de entrada sospechoso. Y para evitar miradas incómodas a veces va en pareja de mentira y se cogen de la mano y dicen bobadas sobre cómo se conocieron y blabla. 

9.La pareja (a veces)  fantasea con ser solos, el solo (a veces) sueña con ser pareja. Cada uno idealiza el estado del otro: el abrazo en la cama, esa ternura antes de caer en el sueño. El sexo y la aventura, cruzarse en una cama y abrazarse a la almohada. El solo querría tener el abrazo y el hombro, el cómplice a quien contarle "ya he llegado"; La pareja, cada miembro, un billete de avión sin compañía.

10. Nadie sale indemne de una película tan brillante y afilada como "Langosta". Los que vimos "Canino", del mismo director, íbamos avisados, protegidos con chaleco antibalas. En mi caso dos solos, y al encenderse las luces me abrazaba a mi abrigo como se abraza a un oso de peluche. Y los dos solos surcamos la Plaza de España a la salida, y de repente una pareja de novios, como fantasmas en la noche templada. Ella palabra de honor, él de uniforme de la Guardia Real (me lo dijo J, yo veía el clásico disfraz de almirante de primera comunión). Y fue como un relámpago. Nadie celebra al solo. Vivan los novios.

PD. Gracias por el regalo, aquí queda compartido y dedicado a los solos y las solas.



sábado, 5 de diciembre de 2015

UNO NUNCA DICE LO QUE QUIERE SINO LO QUE PUEDE (Cita con Pániker)

Paso la tarde del viernes en completa y gozosa placidez. Aferrada a la cuarta entrega del diario de Salvador Pániker que él ha titulado "Diario del anciano averiado"  (Literatura Random House), título que, por coloquial, no me encaja del todo con el tono tan desafecto al chascarrillo, las frases hechas y lugares comunes del volumen. Él mismo se queja de este mal endémico: "Anatomía de los tópicos: uno nunca dice lo que quiere sino lo que puede. Y algunos pueden muy poco".

Mi hija mayor duerme la siesta. Las siestas de viernes son necesarias para curar las heridas del látigo sin saña que ha sido la semana. C. ha ido a una clase y volverá con un teléfono nuevo. Las niñas conquistan a sus padres a espaldas de las madres, en una maniobra de seducción tan sibilina que da miedo.

Naturalmente, el anciano Pániker apenas tiene de anciano el esqueleto y unas carnes que ya se deshilachan. Su potencia intelectual está a pleno rendimiento, y asegura que el sexo sigue siendo un afán,  lo cual nos da esperanzas.

Subrayo, subrayo, subrayo. Cita a Gide: "Con buenos sentimientos se hace mala literatura". Le respondo: "Incluso a veces con los malos". Subrayo "lucidez" y también "desfachatez". Elaboro en los márgenes del libro una columna ritual de palabras y expresiones breves que otorgan cumplida precisión a su relato.  Egocentrismo, defensa y tópico, epifanía del instante...
Salvador Pániker

Me doy cuenta de que llevo meses sin disfrutar de una novela. Que he sido poseída, arrastrada, por los diarios, memorias, apuntes de viajes, ensayos literarios, diálogos y literatura epistolar. Algo tienen  el yo y la realidad que me provoca. O puede que haya rachas en la vida en las que uno no se permite ni media fantasía en boca de otro.

El placer absoluto de una casa en silencio, un aparato que escupe vapor mentolado y la manta sobre las rodillas. Los prolegómenos de una Navidad que ya toca a la puerta, y de nuevo este hombre con su brutal clarividencia: "Nadie necesita a nadie. Solo hay adherencias más o menos fuertes". Me parece que sí. Que uno es más libre cuando no necesita. A cambio está más despierto, más consciente de que es el mundo y él. Los otros como personajes secundarios. ¿Necesitar es siempre cobardía?. El terror a la muerte. Aferrarse a una cornisa medio rota a ver si te rescata un bombero fornido (que puede ser un padre, un marido, un hobby absurdo, un dios...).

Tomo algunos apuntes para un relato probable, excitada de hablar con este hombre que no rinde su mente a las demandas de ese cuerpo que duele cada vez que se despierta. Su problema, asegura, es que cree demasiado poco en lo que cree, y aquí lo encuentro algo más juguetón, menos profundo. Tirar de juegos malabares es sólo un artificio para tomar oxígeno y seguir en la batalla de pulir cada frase, cada párrafo, hasta la mínima expresión/máxima potencia.

Se levanta mi hija, somnolienta. Le pregunto cuál ha sido el último libro al que se ha enganchado. Se encoge de hombros. Quiere hablar, pero no de libros, de sus cosas. Y se arrebuja cerca, y compartimos manta y confidencias. Y es un rato feliz, por íntimo y sencillo.

Y aún tendré luego un tiempo para volver al libro, que ahora cita de Charles Darwin, cuando dice que no hay que confundir el sentido de lo sublime con la creencia en Dios, "y añade Darwin que probablemente la inculcación durante la niñez de la creencia en Dios hace que luego sea tan difícil desprenderse de ella, "como a un mono les es difícil liberarse de su aversión a la serpiente".

Adherencias. Es cuestión de adherencias. Conviene vigilar a qué o a quién nos adherimos, me parece. Y a veces arrancarse o arrancarlos, a riesgo de despellejarse un poco la piel y de pasar frío.

Anoto los regalos que pediré a los Reyes: "Cuaderno amarillo", de Pániker, alguno (por determinar) del peruano Julio Ramón Ribeyro y el "Cuaderno Gris", de Plá, que el año pasado finalmente no compré pero del que leí largos fragmentos fotocopiados (mea culpa): “A mí no me han gustado nunca los tipos extraños, extravagantes, bohemios, genialoides o misteriosos. Para misterios ya hay bastantes con los que se presentan en cada momento. Son tipos que me cansan”. Como a mí.

La ficción, en forma de la última de David Vann, me espera en la mesilla. Ya veremos.


jueves, 3 de diciembre de 2015

ESTOS CALENDARIOS SON PECADO

El Vaticano tiene un calendario de curas macizos. En realidad el Vaticano niega cualquier relación con el almanaque romano, el souvenir más vendido en territorio San Pedro gracias a esas fotos inspiradoras de hombres de buen ver en sotana y alzacuellos, alba con su cíngulo o casulla inmortalizados por un tal Piero Pazzi (en adelante Satán). La belleza prohibida siempre fue más bella, porque crece frondosa e imparable en los muros de nuestra imaginación. Mirar con deseo a esos tipos es puro pecado. Tres padresnuestros y un avemaría.

-Pero si es un calendario para maricones, un objeto de culto gay ¿no te das cuenta?
-Ya me parecía a mí...

Las que crecimos bajo las alas de "El Pajaro Espino", esa teleserie donde un sacerdote encarnado en el atractivo Richard Chamberlain  se batía sin éxito contra la tentación de una niña luego mujer (nadie pronunció la palabra pederastia, que recuerde), idealizamos el romanticismo de la sacristía. Esa torridez de una puesta escena con cálices abigarrados, vírgenes lánguidas y hostias dulces que nos hubiera condenado al mismo infierno. Pero claro, los curas de mi infancia eran señores feos, más bien pasados de kilos, descolgados de tez y laxos de tono muscular, con sotanas brillantes por tanto relavado y zapatones negros cubiertos de polvo. Nada que ver con esos efebos vaticanos de gimnasio que brillan como poseídos por Apolo y en lugar de perdonarte las faltas leves te inducen directamente a la mortal. Tarjeta roja.

El pájaro Espino
Entiendo que al Papa Francisco y sus predecesores no les haga ninguna gracia que la vanidad lo pete en las tiendas de su territorio vaticano. Una provocación para monjitas de piel nívea y espíritu ad hoc. Un revolutum moral para los chicos con dudas sobre su sexualidad. No creo que una foto de Kim Kardashian con su derriere hipertrófico dispare tanto la renta per cápita hormonal de este país donde la irreverencia se palpa en plena plaza y solo queda entrar en la basílica e hincarse de rodillas frente al altar mayor a clamar perdón en sí bemol.

No puedo perdonarme haber viajado a Roma tantas veces sin haberme hecho con un botín así. En su lugar recuerdo que en mi primera Roma, con mi abuela, compramos un rosario con sofocante olor a rosas, y en su cajita rosa se quedó. Un tío bueno de enero, o digamos de marzo, nos habría dado a mi hermana y a mí para muchas más alegrías y alabanzas al altísimo. Bendita sea la belleza que se muestra, soberbia y se comparte urbi et orbe. Clamen los ángeles del cielo, levántense las faldas las señoras. Clarines y trompetas. Deme su bendición, hermano mío. O deme lo que sea...

(O sea, un puro incesto)

Annie Leibovitz Calendario Pirelli
El otro calendario es el Pirelli. El de las tías buenas cortas de lencería y largas de mohínes de orgasmo que este año ha entregado las riendas a la genial Annie Leibovitz. Y la fotógrafa, que es muy suya, ha escogido mujeres brillantes, guapas o feas, desnudas y vestidas, y ha dejado a los talleres mecánicos de barrio sin imaginaría clásica para pecar entre vielas y trócolas.

-La tía se ha marcado un calendario para bolleras, no te jode.
-¿En serio? No lo hubiera pensado.

Diciembre aprieta el paso y con tanto frenesí almanaqueño aún no he decidido qué modelo colgaré en la cocina, dado que no querría añadir penitencia a la que ya me toca por méritos propios. Pero miro mi ejemplar 2015 de Fruterías Manolo y me parece triste y deslucido. Y busco sin buscar los vuelos a Roma, sin duda con perversas intenciones...










martes, 1 de diciembre de 2015

NOCHE LOCA CON PABLO, PEDRO Y ALBERT

Albert Rivera,Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, debate ayer
Lo último que leí anoche,  justo antes de escuchar a medias el debate entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, fue un viejo subrayado: "Puede que las historias que nos contamos sobre nosotros mismos no sean verdad, pero son lo único que tenemos". Y un poco después: "Intento negociar alguna clase de biografía para mí mismo".

Ayer mismo alguien me había confesado entre sollozos que creía estar loco, que a veces ríe y de pronto se queda con la mirada perdida y se siente vacío, hueco. Como si no se perteneciera, como si la única entidad que no se volatizara fuera la tristeza, huidas ya sus piernas y sus manos. Como si ningún gesto reflejara de verdad su sentimiento áspero y a la fuga. Todo muy inconcreto, porque poner palabras a la desazón es un destino incógnito. Pesar adolescente.

Después, tres hombres fingieron estar sobradamente convencidos de sus certezas. Se llamaban de tú. Pablo, Pedro, Albert. Buscaban con vehemencia de guerrero fogoso e impaciente una historia propia para zaherir al contrario. Tres púgiles jóvenes, aún frescos -no toros toreados- en busca de su primer presa de sangre. Negociando alguna clase de biografía que llevarse a la boca, como mi amor Coetzee en el diván. La opción de los vapuleados, la de los prácticos, la de los románticos de unas siglas de larga trayectoria. Tuve que combatir más contra el escepticismo que contra el sueño. Elegí una tercera vía, medio capítulo de serie reencontrada que no me logró evadir de porculeros augurios tenebrosos.

Me estoy volviendo intolerante al guión preescrito, me parece. A las citas que ya sé. Me refugio en una pila de hombres que escriben y me obligan a pensar. A someterme a un vacío insoportable para matar lugares comunes y construir de nuevo. Detesto las conversaciones que empiezan y terminan según guión previsto, así que a ratos callo. Se lo decía ayer a mi M.J, en nuestro paseo de vuelta a casa tras saludarme ella con sus frases: "No pienso decidir qué haré en Nochebuena hasta que no visite al dermatólogo". Carcajadas. Otra me hubiera hablado de menús y familia blablabla. Mi amiga suele saltar con pértiga esos pormenores de los que también tratamos, desde luego, y te regala un disparate que siempre tiene sentido. Y apretamos el paso, sin dejar de fijarnos de reojo en los escaparates de Loro Piana, de Hugo Boss, de Chanel. La lujosa rivera derecha de Ortega y Gasset es nuestra senda, ella a menudo en chándal, tan divina, yo desprendida ya de mis tacones, volando en mis Nike fosforitas con falda de un sport dislocado e innegociable.
Amigos

-¿A ti no te pasa que hay grupos con los que terminas hablando siempre de lo mismo?
-A mí me pasa que con algunos grupos de amigas me callo algunos temas, siempre los mismos.
-Uno no es completamente libre con cualquiera. Se puede querer mucho a quien no te aporta gran cosa, salvo el cariño.
-No es poca cosa el cariño.
-No lo es, ciertamente.

Construir una biografía de quién somos y qué buscamos. O de la moto que queremos vender, a veces a nosotros mismos. Las frases repetidas siempre dan una pista. Somos lo que contamos detrás de un atril imaginario con un público a veces complaciente, a ratos despiadado que es el Yo.  Algunos convierten la función teatral en un trabajo, y se encuentran tan guapos y tan listos, y arrastran a las masas. Y como masa (crítica) uno se pregunta: ¿se creerán Pablito, Pedrito y Albertito lo que cuentan? ¿Tendrán un relato propio, descarnado, cuando lleguen a casa con los suyos, tan jóvenes castores? ¿Harán el ejercicio de limpiar de rellenos los discursos, de someterse a ese vacío, de reconocer su verdad y su miseria? ¿Tendrán algún amigo que los recoja en la oficina y les regale un combinado de dermatología y Navidad, como si cualquier cosa? ¿Se acostarían ayer cachondos de sí mismos, después de haber soltado su lección como alumnos de reválida aplicados?

Hay biografías que no cuelan aunque se hayan vivido. Hay personas que viven de las vidas de otros: el marido, los hijos, las rutinas. Debo revisar mi propio relato, pensé esta noche mientras rezaba a quien pudiera escucharme por mi confidente que cree estar loco cuando en realidad sólo es un ser dispuesto a mirar el charco a sus pies, huesudos, fríos,  en lugar de fingir que lleva botas de estreno. Y esa confianza extrema, que agradezco, me ha hecho abrir una veta con él que me pilla sin armas, tan desnudos los dos. Y he tejido en sueños un jersey para abrigarlo, no se me ocurre más por el momento.

Vuelvo a Coetzee: "De hecho, yo me pregunto si "someterse a terapia" es una buena forma de describrir lo que la gente hace en la vida real. Lo que a mí me parece que sucede es que sentimos una necesidad más o menos perentoria de hablar con alguien, pero no con cualquiera, sino con la persona "adecuada".