domingo, 31 de enero de 2016

MI CAMA Y LAS VISITAS (de fugas y de oboe)

La Madre. Sorolla
La cama de mamá es el consuelo. El origen de todo, sus piernas y sus brazos. El calor trasnochado, el frío inquieto y plomo de la madrugada. La ternura sin alas. El cobijo con caldo de gallina.

 "Volví entonces a la cama, busqué en la almohada el olor de la sal que los cabellos de Marie habían dejado en ella y dormí hasta las diez. Me quedé fumando cigarrillos, siempre acostado, hasta mediodía".

Albert Camus siente debilidad por la cama. Su Extranjero se acuesta, se levanta o se sienta en el borde y recibe. (Sin ventilar la habitación, suponemos, con el aroma acre a humanidad envolviéndote hasta la asfixia, suponiendo que tú fueras la visita).

Y entonces es mi hija: "Mamá, me duele mucho la cabeza pero no es lo de siempre. Me encuentro fatal, no he dormido". Y me conmueve mi niña -ya mujer- tan sola y tan de noche sin querer perturbar el sueño de su madre. Y le preparo -hace un rato- un zumo de limón con miel más su pastilla. Y le ofrezco en susurros: ¿Quieres acostarte en mi cama, chitina? Y ella que sí, temblorosa y con ojeras bruscas y negras de vigilia.

Plan de fuga
Y corro a estirar las sábamas y acomodo el edredón en las esquinas. Parece que esta noche se ha librado un combate, aún late el calor entre los pliegues aunque hace rato ya que la abandoné después de despertar de una atroz pesadilla. Me perdía en el pueblo de Asturias a donde siempre vuelvo. Confundía el camino a la playa, ese muro de piedra majestuoso, y aparecía en un lodozal plagado de babosas. Una y otra vez. Con mis Nike cada vez más sucias y la desolada certeza de que no había salida.

El miedo a perderme es el Gran Miedo.

Y espanto ese temor antes de que ella se acueste y me lo herede. Por suerte duermo siempre con la ventana abierta, haya viento o tempestad, y mi respiración se ha evaporado. Coloco con delicadeza las cuatro esquinas y aliso las arrugas de las almohadas. Saco el cojín de las rodillas -a ella no le hace falta. Aún no ha tenido tiempo de acumular manías, menos durante el sueño-. Corrijo los desmanes del embozo. La llamo: Vente.

Llega con pasos torpes, se sumerge en mi cama, la arropo como entonces y le beso la frente. "Gracias, mami". Y me apena no poder hacer más, y encuentro que es un bulto de niña, que ha menguado a pesar de que hace tiempo que desafió mi estatura.

La cama es el lugar donde morimos cada día. Donde recuperamos la infancia fugitiva, donde invocamos soledad, sexo y liturgias. Lecturas a destajo, interrumpidas. Todo, menos comer. Las migas son puntas de alfiler cuando te tumbas, como lo son los granos de arena de la playa (recuerdo esos viajes de juventud primera cuando el azote de sol te hacía tumbarte al volver de la playa y rebozar las sábanas; aquel polvillo microscópico de salitre se quedaba a vivir, y era molesto acostarse. De ahí mi fobia a las partículas. A todas las partículas pequeñas.

¿De verdad dejas que tus amigos duerman la siesta en la cama?, clamaba ayer mi hermana. "No me parece normal que un amigo se acueste cuando lo invitas a comer". "Estás llena de prejuicios", contesté con desdén y se molestó con razón. Yo dejo mi cama a quien me da la gana, y no soy precisamente generosa. Pero es un gesto de mucha confianza que te pidan dormir y tú concedas el placer del máximo abandono. Y mi hermana tuerce el gesto y se encoge de hombros.

Anoche horizontal, recordaba las palabras del artista Juan Giralt en el Reina Sofía. "Casi toda mi vida pictórica he batallado por sacudirme las sucesivas prisiones en las que me he encerrado, a veces por poco tiempo, otras por demasiado". Y luego Ignasi Aballí, sus secuencias irónicas. Palabras desmembradas, colores y estrategias nada simples en salas muy desnudas donde apenas entraba nadie y se perdían nuestros pasos.

Buscando escaleras, y ventanas y fugas. (Lo mismo esa escapada sin éxito ha sido la causa del sueño turbio. O el propio Albert Camus. O la mezcla de tres).

Y hoy.

La casa está en silencio, mis chicas duermen. O al menos respiran lento, como los confiados.

La cama es el tormento y es la tregua. Bendito sea tu sueño.

PD. Gracias por tanto oboe. Sumergida me encuentro.




jueves, 28 de enero de 2016

DE MEDUSAS Y MACHOS


Sostiene T. que hay fantasmas que se quedan a vivir en nuestra casa y se apoderan del mando de la tele. Uno no los percibe hasta que, en sobresalto, pasa de estar viendo el Telediario -esas imágenes de niños sirios famélicos de ayer deben seguir quitándonos el sueño- a los "Dos Hombres y Medio" del anodino guapín de nombre Ashton Kutcher (ay, Charlie Sheen, cómo te echamos de menos las clásicas. Ese humor sarcástico y esa sonrisilla de lobo libidinoso no tenían precio).

Metabolizar el pasado. De eso se trata. Las tardes con T. son trampolines hacia una selva oscura donde habitan los monstruos burlones. Grasas muy saturadas que bloquean las arterias del yo y que cuando se diluyen dan ganas de bailar claqué en pleno paso de cebra. Esa mezcla de euforia y libertad, de la que tanto habla mi S.P en sus habituales tandem de palabras servidas con fármacos y té en el Ritz.

Una vez en el Ritz de París me hice un Lady Di con un famoso director de cine y su novia groupie. Los directores de cine gustan de cultivar parejas que los idolatren. O eso creo después de haber visto algunos casos y a riesgo de caer en la trampa de la generalidad, siempre perversa. Talento debería buscar talento, no pleitesía, me parece. Uno debe nutrirse y no regodearse con ayuda de una rubia y hasta de una morena, pero el ego del macho (y de algunas hembras, menos, seré paritaria por pura convicción) se hizo carne de pronto y acampó entre nosotros.

Con T. y su madeja tejimos la admiración como principio base de atracción entre dos, en todas las instancias: padres/hijos, amigos, pareja. Uno admira y se aproxima, y espera ser también nutritivo para el otro. Lo malo es que a veces el festín no se comparte, y ves al soberbio director -a veces diocesillo- con la churri escuálida a su grupa, riéndole las gracias mientras va haciéndose transparente como esas medusas torpes de la playa que se quedan pegadas a la arena y mueren de sequía o aplastadas por las palas de los niños.

Uno mira y admira. Se crece en el otro y se multiplica. El gozo de tirar a la red, esperar el contragolpe y correr a devolver la pelota. Y luego están esos que buscan la victoria a toda costa, pagando con el tedio si procede. Egos mediocres ansiosos de una cla que los aúpe. Onanistas que alquilan una mano para darse gustito. Y a veces son parejas duraderas. (Hay tantas clases de amor como bichos en el cauce del Amazonas).

A T. le parece, en su atalaya de quien vio todo y no se escandalizó por nada, que los humanos tendemos a compensar las taras. Como las escoliosis te obligan a caminar en una semicojera imperceptible para fingir donaire. Lo malo es confundir tu espalda con su espalda. Ashton el guapín ya me parecía irritante en sus primeros estadíos, pero directamente se puse una cruz (con raya) el día que colgó en redes sociales una foto de Demi Moore  donde explicaba que "su mujer" le estaba haciendo un servicio (a la vez que mostraba al mundo la retaguardia airosa de la doña)."Ahora mismo estoy viendo a mi mujer planchando mientras lleva puesto un bikini blanco. Gracias, Dios".

No tengo nada en contra de planchar la camisa a un hombre. Incluso en bikini. Pero de ahí a ser exhibida como trofeo de caza hay un trecho. Me caíste fatal, guapito bobo. Me hice demimoorista sin remedio perdonándole incluso esa astracanada llamada "Ghost" que tanto daño ha hecho al imaginario romántico basado en cine flojo. Ella te dio las llaves de Hollywood, y luego la cambiaste por dos de quince años. Lo más crudo del caso es que hoy tú triunfas y te forras -no debes ser tonto pese a tu expresión absorta- y a ella se la ha tragado la tierra con bikini incluido.

Esas medusas tristes. Esos lobos voraces que parecían corderos despistados. Sin ellas os quedaís huecos. Eso va a ser.

Nota: Hacerse un Lady Di: salir  por la puerta giratoria del Ritz de París, como la princesa minutos antes de estamparse en el Puente del Alma. (Conviene no subirse a un coche después).


"Ahora mismo estoy viendo a mi mujer planchando mientras lleva puesto un bikini blanco. Gracias, Dios"

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/459074/0/demi/moore/bragas/#xtor=AD-15&xts=467263
"Ahora mismo estoy viendo a mi mujer planchando mientras lleva puesto un bikini blanco. Gracias, Dios"

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/459074/0/demi/moore/bragas/#xtor=AD-15&xts=467263
"Ahora mismo estoy viendo a mi mujer planchando mientras lleva puesto un bikini blanco. Gracias, Dios"

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/459074/0/demi/moore/bragas/#xtor=AD-15&xts=467263Nota: Hacerse un Lady Di

miércoles, 27 de enero de 2016

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Hoy mamá ha muerto.
O tal vez ayer, no sé.


Arranco "El extranjero", de Albert Camus (Alianza Editorial, preciosa edición ilustrada), acariciando con devoción el papel tras huir de las zancadillas tecnológicas de un teléfono móvil desabrido. Terco como una mula, se enciende y apaga a placer, y me marea con una superposición de pantallas que yo no he ordenado. Decididamente, la tecnología se ha confabulado contra mí y al nuevo aparato que encargué y llegó ayer no le da la gana de arrancar si no introduzco una clave que no recuerdo.

Las claves son una condena. Mi condena.

Tengo una clave para entrar en mi banco, otra para desbloquear el teléfono, una tercera para entrar en el ordenador (que mis hijas conocen, por cierto). Tengo la clave del equipo MAC de la oficina. La de la impresora. La del I-Pad que no uso. La del cajero automático. La del ADSL. Y así... Mi vida está llena de trampas, de posibilidades de quedar bloqueada por mi mala memoria para los números combinados con letras. Como ladrona de cámaras acorazadas no tendría futuro.

Sí, a veces las apunto en lugares muy secretos y ocurrentes. Tanto, que terminan siéndolo para mí en cuando pasan unos días. Y esa zozobra de tropezar con mis propias trampas me impacienta hasta la irritación máxima. De modo que hace un rato le he pegado un bufido a mi hija porque ha venido con el uniforme lleno de Cola-Cao pidiéndome que solucionara su pequeña catástrofe. Soluciona tú la mía, pequeña impertinente (me ha faltado decir)

Quiero volver a ese tiempo en que no abríamos el ojo y estábamos conectados por mil cables y sometidos a la invención y memorización de fórmulas secretas. Donde para eso había brujos y adivinos. Donde salíamos de casa y nuestros padres no sabían más de nuestros pasos hasta que regresábamos pidiendo el bocadillo de Nocilla. Quiero ser fugitiva de letras y de números. 

-Este móvil me tiene que durar por lo menos tres años (dije con una solemnidad bien pasada de rosca)
-Anda ya, mamá. ¿No sabes que están diseñados para que se te rompan en menos de dos?

Pues no quiero nada que me dure tan poco. Necesito una tregua tecnológica. Un respiro. Vade retro a la obsolescencia programada. Quiero poder acostumbrarme a un teléfono como me acostumbro a una almohada entre mis rodillas o a un tono de rubio.  Quiero tecnorutina, amor eterno en dosis de altas megas. No despertarme otra vez de madrugada -las cuatro últimamente recidivas- y comprobar que la pantalla muestra un símbolo de exigüe batería. Quiero la paz y la palabra.

Pero la cotidianidad se obstina en demostrarme que estos pequeños mostruos me son muy necesarios. Ayer quedé a comer con un antiguo compañero de trabajo. Se retrasó media hora y no me lo pudo comunicar. Sentí el vacío de la impotencia programada (prima hermana de la obsolescencia?). Me pedí una cerveza que apenas probé. Hice y deshice cábalas. Suspiré con alivio cuando al fin apareció. Me aferré al móvil a la vuelta como a un hijo pródigo arrepentido. Pensé en las dichosas claves. Y no las recordaba.



martes, 26 de enero de 2016

CLASIFICADA "X"

Paz Errázuriz. Mapfre
1.Cada vez que escucho o leo lo de los "barones" del PSOE mi ánimo vuela al medievo y se enreda con la estela de los merovingios, que llamaban así a los hombres poderosos y a los maridos (leo y descubro). Que no haya barones en otras formaciones me da qué pensar. Entiendo que el pobre Pedro Sánchez se acogote ante esa horda de machos alfa que le tientan el cuello con los aceros de sus espadas cuando se envalentona y pide pista para pillar banquillo azul a cualquier precio. Y que directamente tiemble si el barón es baronesa y responde al casto nombre de Susana.

2.Cuando quiero cambiar la realidad pero no puedo arremeto contra la palabra que la nombra. La doblego. Por ejemplo: excatología (con x, así me sale. La "s" se me hace débil y excasa en su ortodoxia para tan recusable sustantivo). También quisiera que fe llevara tilde, porque una fe sin brío es postureo de beata hincada en banco de iglesia sin retablo. Tengo quien anda elaborando con amoroso desvelo vengativo una lista de mis taras ortográficas, y no descarto que termine publicando un diccionario (dix-ionario?).  Incorporará, espero, estrafalario (lo prefiero con extra, ya lo siento). Lo mío con las x es para hacérmelo mirar, tienes razón Pepito Grillo. Pero es tan dulce ser reconvenida y tan estimulante el duelo que no descarto ampliar el cuerpo del delito y sembrarte de minas el camino por puro regocijo. Con kariño. ("Avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida...y blablabla").


3.Me escribe mi amiga P. desde Málaga en temblores: "Me levanté a las 5, como siempre. A  las 5.22 h me cagué de miedo, no daba crédito. Me fui para los cuartos, agarrando las puertas del armario para comprobar no sé el qué...Entré en mi dormitorio y M. se había despertado porque la cama se movía. "Un terremoto", dije. Levantamos a los niños y en pijama nos fuimos a la calle. Después se volvieron acostar sobre las 6 y yo me fui a correr". Mi amiga es así, práctica y propensa a imponer cordura cuando el caos se extingue (con x, espero). Sonrío en la distancia y noto que la echo de menos.

4.Cita en la Mapfre para ver la exposición de la chilena Paz Errázuriz. Conmovedora crudeza de cuerpos de ancianos desnudos (menos desvalidos que con ropa, descubro sorprendida ante la dignidad de los pliegues en tropel). Elogio de las putas con colchas de cama rosa y paredes desconchadas verdiagua. Aburrido, para mí, el fotoperiodismo de lo ya contado. Y tan reconocibles esas imágenes que son idénticas a las de nuestra Movida, ese momento en que nos creímos modernísimos y lo vestimos con grandilocuencia inmerecida. Con un clon de McNamara desnudo y en escorzo ante el espejo.






lunes, 25 de enero de 2016

O ERES BISEXUAL, O NO ERES NADIE (Y EL TRANS COMO BANDERA)

Ser heterosexual es una ordinariez. Una vulgaridad. Un despropósito muy de conservadores y de conservatrices.

De un tiempo a esta parte lo cool es la bisexualidad. O, aún mejor, la cosa trans (menos las grasas, que obstruyen las arterias).

No sé cuántas listas he leído últimamente de nombres de Hollywood que se lo montan con hombres y mujeres, y nada que objetar, salvo que logran que me sienta muy poco interesante a nivel sábanas. Uno debe aferrarse al hecho diferencial que sea. Y ser hetero no es ni un hecho. Sólo una triste condición de cobardes que no se han atrevido a probar más. Al parecer.

El padre de las Kardashian, Caitlyn Jenner, era hombre y atleta olímpico por fuera de nombre Bruce, y ahora es un mujerón que acapara portadas (bien por Vanity Fair) y defiende su género indestructible. Ese que uno lleva por dentro y a veces la obstinada naturaleza se lo niega. El marketing ha preferido pintar la peripecia como un camino fácil y glamouroso, como si luchar contra la dictadura del cuerpo no fuera embarcarse en una canoa rumbo a la tormenta perfecta.

Una vez escribí un reportaje sobre la transexualidad. Yo era demasiado joven como para haber catalogado las tristezas más abisales del mundo. Recuerdo a dos hermanas que habían nacido hombres y, tras ser rechazadas por su familia y su entorno social, terminaron ofreciendo sus cuerpos a cualquiera que pagase una miseria por esa sorpresa, imagino que morbosa, de descubrir un miembro de hombre dos palmos por debajo de un escote de silicona chunga.
Paco León y Bertín Osborne

Me contaron relatos de terror. Me sentí perturbada. Desajustes que no se aliviaban con un simple diván. Miseria y dudas que sólo la cirugía -inasequible a sus bolsillos-parecía poder aliviar. Y un cóctel de hormonas en el mercado negro que les daba sofocos, y los trasplantes de algunos desalmados que dejaron sus pechos llenos de bultos tóxicos.  Y pocos amigos o ninguno, y más chulos de los que un ser humano que se vende puede llegar a tolerar.

Las hermanas hablaban y hablaban, sin ningún freno y sin ahorrar detalles sórdidos, a esa jovencita convencional del mundo Bambi que no se había asomado al infierno de Dante sino en los libros. Recuerdo que pensé que los transexuales debían ser los seres más desagarrados del planeta. Pasé noches sin dormir. Escribí lo que pude, tuve que convencerlas de que posaran para la revista donde entonces trabajaran. Me costó mucho, pero por fin accedieron. Eran hijas de militar, me parece, y sus familias iban a verlas con los labios pintados, desafiando sus figuras grotescas por la causa más sagrada que uno cabe pensar. Me pareció valiente y arriesgado. Recuerdo que pensé que debía disuadirlas una vez convencidas. Que mi revista iba a hacer negocio a costa de su exigüe reputación. Estaban destrozadas, no eran mujeres fuertes de portada defendiendo su yo.

Y ahora el trans es muy guay. O así nos lo venden. Y la visibilidad es justa y necesaria, aunque la que nos muestren sea la cara del trans triunfador. Del que pisa alfombras rojas y no calles sin alma, de madrugada hostil,con la bragueta abierta y mucho frío. "Yo sólo creo en los travestis", decía U. un día, y nos reímos todos. Y un travesti juega, se rellena los pechos, se pone su bling bling con falda y tacones y luego se desnuda, pero un trans no puede arrancarse el traje. Se duerme como hombre o como mujer que siente y que no es, con un pesar insomne y desgarrado.

Así que no puedo evitar que me moleste la frivolización de esta cruzada. Y que cuando contemple a Caitlyn Jenner vea por detrás la sombra de aquellas dos hermanas. Y vuelva a escucharles sus listas de venéreas, sus hígados cargados de toxinas, sus listados de drogas ingeridas para no sentir; su corte de clientes pidiendo maniobras con nombres que no habían entrado en mi vocabulario hasta entonces. En el coche, en las aceras o detrás un árbol junto al Museo de Ciencias Naturales.  A precio de saldo. Su  amargura sin flores. Sus penas a granel. Su lumpen lapidario.

Y respecto a lo otro, la bisexualidad, pues nada que objetar. Que ustedes lo disfruten. Entiendo que una pueda llegar a enamorarse y disfrutar el sexo con otra una mujer contradiciendo a una biografía llena de hombres. Y también viceversa, faltaría. Creo en que entre el homo puro y el hetero puro existen muchos grises, y que explorar es de sabios. Pero convertirlo en una moda de modernícolas me llega a chirriar. Que la bisexualidad sea como los pantalones plata de J.A Anderson (bien por Loewe) o los botines más dominatrix de Louboutin es una simplificación. Una cruzada estética que llega a confundir con un mensaje claro: esto es lo cool, ¿te enteras?.

O a lo mejor yo soy una conservadora y merezco ser vapuleada y expuesta con la letra escarlata en la pechera. Y sólo se me ocurre alegar, señorías, que me encanta la moda y que la sigo o me divierto a su costa. Otra cosa es el cuerpo, y eso es algo sagrado, incorruptible. Y bendita sea la intimidad más libre. Y qué dolor no poder expresarla con un desnudo que te muestre como eres, y no como has salido por un cruce de genes diabólico.


sábado, 23 de enero de 2016

VEINTE MIL DILETANTES Y UN ARTISTA (Y una buena película de cine español)

"Probarlo todo, al modo de un crítico goloso, no es más que diletantismo; y veinte diletantes no valen lo que un solo artista. Hacer una sola cosa tiene más valor que comentar mil. Todo el follaje de un manzano no equivale a una manzana". (Amiel. En torno al diario íntimo).

Anoche un hombre en mangas de camisa se repartía el poder a rugidos con los suyos sin haberlo catado todavía, y me pareció una insolencia chulesca que en el fondo era la fuga de las ganas. Al fin las verdaderas intenciones. El amor al poder no se crea ni se destruye, sólo irrumpe impetuoso como río en crecida.

La ambición. No he conocido a ningún ambicioso que disimule bien. En algún momento se le asoma un pico de la camisa por la bragueta. Es difícil contener lo incontenible. Fingir que nos importan los demás cuando sólo adoramos el santo de nuestra peana es un ejercicio de autocontrol que un día falla. Lo hago por tu bien, te dirán mientras se miran al espejo y se preguntan: ¿A que soy el más guapo, espejito mágico? Y antes de que responda el espejito se besan y se tocan en ese frenesí incontenible y furioso de los avaros del yo.

(Cuando más contemplo a los políticos, más creo en los domadores silenciosos de palabras. Una tarde con mis hombres en prosa es un planazo de viernes. Con la ventaja -maravilla- de que he aprendido a tolerar sus obsesiones como ellos toleran las mías. Amiel el onanista, SP el retroprogresivo. Amiel el misógino enfermizo. SP el seductor sin moralina).

Sus miedos a la deriva, destapando los míos. Y esa obstinacion de soledad que no se extingue.

Las Vegas cañí
Antes, comí con R. en un casino con olor a ambientador pasado de fecha. "Huele a Las Vegas", sentenció. No sé a qué huele Las Vegas, a cerrado y a sexo, me imagino. A puticlub barato, a coche averiado en la cuneta con la radio que escupe música de ascensor. Nuestra mesa en lo alto, con vistas a las mesas de black jack. Mi amigo enamorado, que se tienta la ropa y que me cuenta. Y yo le dejo hablar y compruebo que ha dado un paso más en su determinación, y me alegro porque R es lo contrario a un político. No predica jamás, no pontifica. Contiene su talento. Se crece en el silencio y a veces se despista y lo has perdido. Y me alegran sus novedades, y ese rubor sin tono que provocan mis preguntas demasiado directas.

También se pierde U. que me cuenta riendo que estaba con su amigo de parranda y les dieron ganas de hacer pis: "Yo contra un árbol, él detrás de mí contra otro. No nos encontramos hasta el día siguiente, arrastrándonos por la casa como dos cucarachas con resaca". Carcajadas.

Lara Izaguirre
Resaca o muerte. Un viernes de resaca que dura hasta la noche y te hace abjurar del pisco sour. Ese manjar de dioses. Y entonces te pones una peli española, con todas las cautelas. "Un Otoño sin Berlín". Y notas que te gusta. Que es hermosa una historia con elipsis e incógnitas. Que no te cuenta todo, que te obliga a rellenar los huecos del pasado. Que se cuenta en silencio y con palabras desnudas. Una historia de amor nada sobada. Heridas sin curar, los miedos del regreso y esa pareja frágil tan en brumas que construyen Irene Escolar y Tamar Novas -dos ojos alumbrando un gran pesar-. Y una sencillez en el relato que te hace viajar a los adentros y las afueras, a estaciones de autobús desangeladas y supermercados de provincias. Y un guión más que digno, contundente (yo diría). Y es una historia triste con esa luz del Norte que adormece las ganas y da ganas de calentar el fuego y hacerse una infusión, los pies tan fríos.

Una manzana de las de Amiel. En medio de ese coro de diletantes que glosan el manzano. Me alegra que Irene Escolar opte al Goya a la mejor actriz revelación. Para mí lo ha sido, desde luego. Y también Lara Izaguirre, guionista y directora. Mis respetos, señora.







jueves, 21 de enero de 2016

DE FALOS Y MUJERES (La anatomía es el destino)

Sostiene SP, citando a Freud, que la anatomía es el destino. Y enseguida se lanza a comparar a dos mujeres, la que amó y aún zascandilea y la que ama con tiento y con lujuria sabiamente orquestada: "El estilo de JX es la racionalidad exquisita, el lenguaje bien articulado, un cierto formalismo capaz de desbocarse: el evangelio de BK es no poner barreras,(...) abrirlo todo y que así pueda uno sentir y respirar libremente, reír, llorar, crecer, diluirse. Las entiendo a las dos". ("Cuaderno amarillo". Random House)

Que un hombre mayor hable de su "falo ávido" con el mismo desparpajo que lo hace de Max Weber o  de la Sonata para cello y piano nº3, Op 69 de Bethoven merece toda mi consideración. Sin embargo observo que tres diarios después -en ese desorden cronológico azaroso que cultivo- empieza a irritarme levemente su aproximación al yo erótico. Con ese toque tántrico no exento de poesía y tantas cenas con Moet Chandon y achaques varios que ahoga con chutes fuertes de escritura y vitamina B.

Puede que sea mi condición primigenia de niña de las monjas. O puede que mi imaginación sobresaltada asimile con retardo el paso de la filosofía al orgasmo y a las flemas. O que leer tres libros seguidos del mismo autor sea un exceso, como comerte tres bloques de foie con una copa de vino (o dos, tal es mi límite) las noches de los jueves en que me recojo en eL sofá con manta en las rodillas, luz queda y silencio de iglesia y de vela de jengibre.

"De pronto mi falo cobraba, rellenaba, su más alto simbolismo, su plenitud real, una novísima energía arcaica, la desfachatez del candor".

Desfachatez. De eso se trata. Pero qué precisión de las palabras, que manera de apagar el fuego a base de adjetivos bien cebados. Todo ser racional con base apasionada -lava interna-sabe lo que relaja acotar el sentimiento. Es una forma de ponerle puertas y orden. De neutralizar el miedo al caos, al despelote. S.P, sin embargo, consigue que te pongas en el bando de las mujeres. Esas que los pijos llaman "niñas" ("es una niña muy mona") y los niñatos pibas.

(Inciso inoportuno: Reducir una mujer a su condición de niña es una forma de mermarla y poseerla, me parece. Cuidado con los nombres que nos domestican y reducen como cabezas de jíbaros. Ni ella es una niña ni tú un pedazo de hombre, te diría. Una mujer te mirará de frente, la niña desde abajo. A la altura de tu falo, puede que más al Sur. Una mujer expresará lo que siente y necesita; la niña esperará el maná, como espera que la pelota caiga del cielo tras pegarle muy fuerte. ¿Es eso lo que buscas?).

S.P, burgués de padre indio, no reduce a las damas; las corteja con tino, las rodea con lengua y con destreza. Asume que ellas aman esa vulnerabilidad que no se oculta trufada de solvencia intelectual. El ballet en la cama. Las largas conversaciones de paseo enlazados los cuerpos, la noche y esas nieblas catalanas. Y siempre mantiene una cierta distancia, una banda de oxígeno que le permite mirar y describir; utilizarlas para entenderse él, libre de cargos y ahíto de experiencia. Capturar los mosquitos en la gota de ámbar.

Te entiendo fascinante, querido S.P. (¿Me dejarás tutearte, tres diarios después?). A ratos, muchas veces, estamos tan de acuerdo. "Resulta muy fácil, casi inevitable, dejarse llevar por la exageración en el amor, quiero decir en los simulacros de amor, adornar la mera complicidad mecánica, porque el sexo contiene virtudes terapéuticas inmanentes, el sexo es teatro animal". Sigo tu agitación y tu aplomo, sería presa fácil de tus encantos si no hubiera leído estos diarios. Aquel que se desnuda de palabra suele dar cierto miedo. No hay nada más político, ni más provocador que un yo sin vestiduras. Un striptease total que no ocultan el gorro y la bufanda. Un yo me acuso.

Verás que tu lectura me causa desvarío. Subrayo locamente, me hago mil preguntas hasta que el bostezo primero me abate y me reduce a ese estado somnífero que no admite más compañía que el abrazo sin verbo. Escribir es un verbo intransitivo, dices que dice Barthes. Y estamos tan de acuerdo que podría perdonarte hasta lo del champán. Tan relamido. Yo, puestos a preferir, prefiero la cerveza o un gin tonic bebido lentamente. Te compro tus iluminadas conclusiones, tus discos de Alfred Brendel, tus quejumbrosos catarros, si me apuras.

Pero no me hables más de tus eyaculaciones, de tu falo tremendo, por tu vida. Hay palabras que no admiten un verso. Y espejos que te devuelven tu imagen más grotesca, tus carnes más sombrías. La humanidad sin épica, descarnada y feroz.

"En alguna parte, con alguna persona, hay que poder jugar a la verdad".  Que empiece el juego.








martes, 19 de enero de 2016

EL SILENCIO DE WANDA (¿Qué ocultas en tu sótano?)

1. El multimillonario chino que compró el edificio España, Wang Jianlin, ha dejado de responder. En las películas del espacio el silencio sostenido suele ser catastrófico. En las parejas, también (leí ayer que hay una empresa dedicada a romper con los novios y novias por sms o con una llamada telefónica -servicio éste más caro, lógicamente-). Hacerse un Wanda, en adelante, es someter al otro a la tortura insoportable de la elucubración. A cocerse en su propia salsa. Dejar de coger el teléfono y de responder los emails. Desconectar los cables para que sólo el azar nos reserve la posibilidad de un encuentro fortuito donde hacernos los locos, si podemos. Al chino multimillonario se le han hinchado las narices con el Ayuntamiento de Madrid y sus exigencias respecto a la remodelación del edificio. Y en lugar de enfrentarse en una batalla dialéctica de altos vuelos ha cerrado sus oficinas de Madrid y se ha encerrado en el mutismo. Eso que descompone los nervios del más templado. Un wanda dispara la fantasía y el remordimiento incluso antes de la culpa. Es sibilino y zen. Mortal sin ruido de drama. Certero como un kate del arte marcial más refinado y elegante.

2.Ya estoy salivando ante la publicación de los volúmenes de ensayo de mi Robert (Louis Stevenson, quién si no). Tras "Escribir", uno de mis libros de cabecera, llegan "Vivir" y "Viajar" (Páginas de Espuma). Continúa mi desafección por la novela, que imagino temporal, sin embargo. Desde Zona Wanda D. me recomienda "Sapiens. A brief History of Humankind" -"aunque no creo que te interese, tú eres más de novela". Ya no, he cambiado, quise decir.  Tampoco bebo leche de vaca ni colecciono amaneceres como solía. Me conformo con mirarlos como se miran los milagros cotidianos. Ahora colecciono carteles de hospital. Advertencias funestas, gritos para que done sangre, protestas de enfermeros, convocatorias varias. Y cuento los pasos de esos pasillos mal iluminados donde no sale el sol, donde hay miedo y miseria.


3.Tarde de cine en Matadero. "En el sótano", de Ulrich Seidl, muestra las perversiones, fantasías y truculencias que ocultan los sótanos de sus compatriotas austriacos. El documental te convierte en voyeur atento y alucinado que no entra en juicios morales pese a que ante sus ojos un hombre desnudo a cuatro patas obedece las órdenes sadomasoquistas de su esposa -"mi ama"-, una mujer acuna a un muñeco bebé hiperreal, un apologeta de Hitler recibe a sus amigotes con cerveza en un sótano plagado de esvásticas o una cajera de supermercado pasada de kilos explica su transición a puta sometida y se abre de piernas en un potro de ginecólogo ubicado en el baño mientras su cliente procede a un cunnilingus ataviado con arneses de cuero-. El efecto colateral, herr Ulrich,  es que salgas preguntándote dónde está tu sótano. Ese lugar real o imaginario donde sepultamos aquello que no podemos compartir sin ser juzgados. Nuestro yo más tenebroso y más libre.

4.Superado el blue monday sin lágrimas, me enfrento a un tuesday estándar sin miedo y sin verguenza. A la lista de defunciones musicales se suma el cantante de los Eagles y resuena "Hotel California", ese himno que incendió la FM de mi infancia cuando aún no entendía las letras de las canciones y mucho antes de imaginar siquiera que pudiera ser un tema satánico. ¿Las canciones también poseen sótanos, recámaras secretas? ¿El diablo ha acogido a Gleen Frey en su seno?

5.Demasiadas preguntas. Corro a la ducha. 




domingo, 17 de enero de 2016

QUIERO AL CHAPO GUZMÁN Y SUS REQUIEBROS

Los narcos son los últimos románticos. Dicen a las mujeres eso que todas queremos oír. Con frases de bolero o de culebrón.

"Te cuidaré como a mis ojos". (Y ella: "Nunca nadie me ha cuidado. ¡Gracias!).

El espectáculo del narcoflirteo da para un narcorrido o una ópera bufa. El Chapo Guzmán atusándose el bigote para recibir a la Bella, y obligando a los suyos a ir limpios y afeitados. La excitación de la clandestinidad. El héroe a la fuga devorando al delincuente común. El malote profesional reducido a la condición de carabina vulgaris (o fregona) . Ay!, Sean Penn, qué poco te ha lucido el papelón.Te has quedado compuesto y sin Guzmán como te quedaste sin Madonna.

Y esas promesas de amor adolescente  que no se me van de la cabeza:

-Yo te cuidaré. Eso tú lo verás cuando vengas, me tocará tomar tu tequila contigo. Como te comenté, yo no soy tomador pero contigo tomaré por el gusto de estar conviviendo contigo. Muchas gracias por ser tan fina persona. Qué linda eres, amiga, en todos los aspectos.

(El tomador que bien lo tome buen tomador será. Chapo Guzmán, te repites como el pepino. El galanteo calentorro nubla tu pericia sintáctica. "En todos los aspectos", dices, y ahí te reconozco una habilidad muy de macho contemporáneo. Halagar el conjunto por no ceñirse a la parte. Porque Kate del Castillo está muy buena, supongo que has pensado, pero toda maciza lista, imagino, gusta de ser valorada por sus neuronas juguetonas, por su vida interior y por su corazón tendido al sol).

Me conmueve esa entrega que te ha costado la cárcel. Por una mujer has salido de tu narcocámara acorazada -una cueva llena de mugre, latas de Coca Cola y la colección de Cds de La Reina del Sur- y en lugar de empinarte al cuello de tu dama para colarle el anillo ipso facto, la pasma te ha colado unas esposas de alta gama y la actriz y su fregona Penn andan tentándose los miedos por lo que pueda pasar.

Me pregunto si Kate cayó en la red de la araña o la tendió para devorarse al macho. Si la tosquedad pueril de los mensajes de él le daban risa o incendiaban el rincón de la vulnerabilidad de toda mujer aguerrida que se cuida sola pero agradece un hombro para descansar sus miedos. Si era el vértigo de protagonizar un serial de verdad. Si ese narco regordete y sin hechuras de galán le dijo algo que tantos hombres que la amaron no le dijeron antes.

Si era pura ambición, señora mía, lo que te hizo descuidar el miedo al bochorno y soltar ese monólogo de altura:

"Te confieso que me siento protegida por primera vez. Ya sabrás mi historia cuando tengamos tiempo de platicar, peor por alguna razón me siento segura y sé que sabes quién soy, no como actriz o persona pública, sino como mujer".

Y digo yo que algo debiste barruntar del interés del mozo cuando te confesó estar "más emocionado en ti que en la historia, amiga". Y levantó sus cartas, y tú le diste cuerda un poco más. Y él se dejó ahorcar, el pobre hombre, con esa camisa de seda que ya es un must indumentario para hipsters.

Las reglas del cortejo universal no entienden de registros, me parece. Las palabras se inflaman, las ganas van creciendo en esa levadura que es la espera. Y a veces cuesta caro, y algunos terminan chamuscados en el horno mientras afuera suena  "Quizás, Quizás, Quizás", de Nat King Cole. Y solo permanecen las palabras. Los mensajes escritos, mal escritos, de un patán con chorreras. Y no sé si la Bella se maldice por haberse dejado cazar siendo ella cazadora. Y al pobre mamporrero llamado Sean Penn no le alcanza ni un mérito. Es el pringado universal, aunque insista, en esa foto con el Chapo donde nadie se mira, en componer su rictus de activista malote. De perdedor sin rumbo. De miranda.


sábado, 16 de enero de 2016

MI RELACIÓN CON LA COMIDA (Teatro de la rabia)

Esperanza Pedreño
Difícil sobrevivir a Angélica Liddell. Es una perra rabiosa que rezuma talento de hiel por cada colmillo.

Por ejemplo:

"Si una gran familia, o pequeña familia, te invita a sentarte en su mesa de bodas, desconfía. Los invitados son necesarios para fingir normalidad, incluso felicidad. Gracias a los invitados las familias consiguen sobrevivir a su podredumbre, encuentran a alguien a quien juzgar para no juzgarse a sí mismos. (...) Cada invitación les mantiene vivos una semana o algo más. Las familias te utilizan, te infectan y luego se deshacen de ti" (El centro del mundo. Ed La Uña Rota).

Ayer, en el teatro, "Mi relación con la comida". Una obra que estuvo inicialmente programada para cuatro semanas y que lleva meses golpeando incautos con sus escupitajos dialécticos. Un monólogo de la catalana furiosa interpretado por una actriz, Esperanza Pedreño (la Maricarmen Cañizares de "Cámara café"), que se hizo cargo de la obra porque se le había agotado el paro y tenía que alimentar a su bebé recién nacido en el escaño de su hogar. Así que dicho y hecho. Asumió que cada noche aullaría una hora y media retorciéndose de rabia sobre el escenario e incomodando al público. ¿Que el teatro y la cultura son entretenimientos? Ja! Aquí habeís venido a sufrir patadas en el hígado. Con un texto violento que alterna gemidos y escatología; insultos y poesía de la mugre. Ácido sulfúrico. Y que te garantiza una digestión pesada y mucha discusión a los postres. Seas quien seas, eres interpelado en tus postureos, tu esnobismo de pro, tu falso espíritu combativo, tu resistencia a contemplar las cucarachas de caen del techo, tu racismo embozado, tu indecencia disfrazada de savoir faire. Tus cimientos del carajo.

Cañizares, en Cámara Café
Y sí, hay demagogia. Pero me parece que se admite como animal de compañía si viene empaquetada en ese celofán resistente que es el texto, y lo interpreta sin desmayo esa mujer breve que se desangra sobre las tablas mientras desmonta su vestido con gestos tragicómicos y voces demacradas, con unas castañuelas que me sobran y una puesta en escena sostenida sobre palabras o balazos escritos en tiza sobre el suelo.

(Un plan de viernes noche como otro cualquiera)

Y en plena representación se me sienta la actriz y me incomoda con su mirada. Como tiene que ser. Hace un momento ha denostado a la secta de los que entienden de vinos para poder fardar de que entienden de vinos. Ese mundo pequeño con su lenguaje propio de añadas, variedades y retrogustos. Entonces recuerdo las palabras de S.P sobre los pijos: "Ser pijo exige una cierta limitación intelectual que es la otra faz de un cierto aplomo. (...) El pijo, la pija, pisa con notable firmeza su limitado territorio mental/lingüistico, y se asombra delicadamente con lo ajeno. (...) Existe un lenguaje pijo, un código entre candoroso y arrogante".


Si bebes, no conduzcas. Si juegas con Angélica, date por jodido (ella no me perdonaría más finura). Si quieres hablar de pájaros y flores, lee poesía de sombras chinescas.  

Si te va la vida en ver buen teatro, teatro de combate si es preciso, apura que a la obra le quedan dos suspiros. Y espero que a Esperanza le ofrezcan más trabajo, porque se ha rebozado enterita en barro y pestilencia bien temperada. Su hijo puede estar bien orgulloso de esta mujer que dejó su candidez en la máquina de un café, ha cogido el cuchillo y anda pegándose cortes en los brazos y en las piernas. Igualita que Angélica.





 


jueves, 14 de enero de 2016

10 RAZONES PARA DENOSTAR A CAROLINA BESCANSA, LA QUE NO DESCANSA Y AMAMANTA

Carolina Bescansa ayer en el Congreso
Consideración previa: de toda la vida las madres hemos utilizado a los niños con carácter propagandístico. Una madre con un bebé saludable en brazos es un tanque imbatible que avanza en la estepa y a veces se detiene, se saca las dos fuentes de alimento -ora derecha, ora izquierda- y se vierte en el chupón, entre sudores estremecidos. Y pobre del que ose importunarla.

Dos: las que no hemos contemplado la lactancia con esa perspectiva bucólica, sino como un trámite doloroso y sin ensoñación, que nos dejaba los pechos yermos y doloridos hasta la subida impetuosa de la leche en la siguiente toma, ensuciando con su estela agria tu ropa y tu desgana, respingamos antes esas otras que han convertido su vis lechera en una vocación y una bandera (sí, el pareado no es accidental). Y nos parecen especialmente sospechosas esas que perpetúan el amamantamiento hasta que el niño se viste solo.

Tres: No sé qué pinta un bebé en el Congreso de los Diputados. Un lugar de debate y atención (ya, sí...) dotado de guardería. Y no entiendo bien el discurso Bescansa del "apego". Al parecer, deduje ayer de sus palabras, elegir la crianza en régimen de apego significa que el bebé va contigo hasta al cuarto de baño, y puedo colegir que si practicas el apego practicas el "colecho". Término infernal que sugiere que ya no eres una mujer que yace con su pareja, si la tiene, sino un trío dominado por un rey exigente y ruidoso de menos de cuatro kilos. Y que la intimidad y el sexo se diluyen o, mucho peor, se comparten con testigos.

Cuatro. Una mujer no es mejor madre porque enarbole a su hijo y combata la batalla de la conciliación tirando bombas ocultas en pañales llenos de pis (¿Qué pasará en las sesiones del debate sobre el estado de la nación, que duran horas, si el pequeño ser se hace caca? No quiero ni pensarlo. Soy por hecho que Bescansa es obstinada y piensa llevar su intención hasta el extremo, por escatológico que sea)

Cinco. Toda madre ha experimentado esa punzada de reconocimiento vicario cuando alguien se acerca a su bebé y dice eso de "qué rico". Y ellas, en lugar de salir corriendo por si el extraño se dispone a morder a la criatura, sonríen y se esponjan como si el extraño les hubiera dicho a ellas: "Qué buena estás".

Seis. Entiendo que una mujer de gesto tan adusto como Carolina Bescansa se dulcifica con su bebé bandera en brazos y suma simpatías donde no las hay, pero eso no justifica el absurdo de meterse en un estreno de cine con el citado ser a riesgo de que los fans de Star Wars se confundan y piensen que en el Halcón Milenario se ha colado Moisés, dentro de un cestillo muy mono, impaciente por recibir el maná que Han Solo no va a proveerle (y Leia, a estas alturas de la película, está seca como el ojo de un tuerto, que diría mi abuela).

Lactancia. Cartel propagandístico
Siete. Si apostamos todos por el outing de bebés, como decía ayer mi querida R., ¿por qué no ampliarla a otros seres desvalidos? "Por ejemplo, mi abuela. A partir de mañana la traigo conmigo y seremos una".  Y U. puede traerse a su perra, la Lola. Y así con toda la fauna doméstica para fortalecer y extender hasta límites galácticos el Apego, con mayúsculas.

Ocho. Como mujer desapegada que soy, recuerdo con horror, y ya lo he contado, cuando el doctor Goizueta, con su labio leporino, me decía cada vez que llevaba a mi hija cocodrilo a la consulta, con mis pechos desangrados (literal) por una lactancia  tortuosa ("Amor a mordiscos", es el post) : "Aguante un poco más, que esta niña está muy bien alimentada". ¿Y la madre qué, torturador Goizueta? ¿Qué pasa con esa madre que pasó varios meses en pánico, fue dos veces a urgencias por mastitis y rezaba por poner fin al martirio con su permiso facultativo? ¿Quién me compensa por esa pesadilla? (porque lo que es mi hija, que tiene 19 años saludables -¡pa chasco!- no muestra ni media conciencia de débito hacia su madre. Y sigue pidiendo...)

Nueve. Espero que las voces de discurso encendido y poco fuste no se abracen a la causa Bescansa como símbolo de la lucha de la mujer por la igualdad. Igualdad es que ellos y nosotras podamos ir al trabajo igual de libres, sin la angustia de no haber podido dejar a nuestros hijos a buen recaudo por no poder pagar una guardería o a una persona en casa. O que ellos y nosotras dispongamos de bajas de maternidad/paternidad que no aborten nuestras ambiciones profesionales. (Y así podría seguir ad infinitum)

Diez. Me cuentan que el hombre que iba detrás de Bescansa la que no descansa por los pasillos del Congreso era el padre del ser pequeño. Ahora sí que no entiendo nada.






miércoles, 13 de enero de 2016

CÓMO LIGAR A NIVEL CÓSMICO (MODELO BLADE RUNNER)

Choque de agujeros negros
“Si caes en un agujero negro es posible que sobrevivas”

Los científicos siempre me proporcionan dosis alternativas de hipotensión, excitación hormonal y euforia. Los que caemos en agujeros negros a diario sabemos que se sobrevive -aturdido, magullado, en shock- siempre que consigas recuperar el equilibrio y te abrigues convenientemente la lengua y sus exabruptos (con abluciones matutinas de sosa caústica, si procediere). Al parecer, Albert Einstein tenía razón cuando predijo sobre las ondas gravitacionales en 1916, y aunque desde entonces toda la comunidad sesuda ha estado aguzando el oído para detectarlas, el esfuerzo había sido inútil.

Hasta ayer: “Mi rumor sobre LIGO ha sido confirmado por fuentes independientes”.
El físico teórico Lawrence Krauss, de la Universidad Estatal de Arizona, anunció con esta frase tan cristalina y pomposa  que las ondas gravitacionales habrían sido captadas por primera vez por el experimento LIGO, en EE UU. Y cuando un físico teórico se expresa así, "ligo" pasa de ser un un simple arte de seducción -el de los besos y caricias, tu pupila en mi pupila azul, primera persona del singular, presente de indicativo- a detector de ondas fugitivas -lo que es ligar, pero a nivel cósmico, a tope-.  Pura consupiscencia.

Últimamente mi vida gravita entre la Astronomía y la Astrología. Anoche S.P me daba una lección magistral sobre las supernovas:"Son estrellas que, incapaces de soportar su propia masa, colapsan y explotan". Unas páginas más allá, se lamentaba de la incultura científica de los intelectuales de letras: "Tal vez sepan algo de la polémica Sartre-Camus, pero lo ignoran todo de la polémica Frege-Hilbert, por no hablar del desacuerdo  entre Einstein y Bohr, etcétera".

A los de letras nos dan esa repasada teórica y murmuramos touché, contritos y acomplejados. Sabedores de que es un milagro haber llegado hasta aquí sin conocer de la existencia de Frege y de Hilbert. Sobre todo si la humillación proviene de un ingeniero de caminos, como es S.P. Otro ingeniero del ramo me dijo una vez que cuando los camineros mueren en sus lápidas no reza "Gran padre, mejor esposo" o "Como vivió, murió, tan silencioso", sino Jacinto Perdices, Ingeniero de Caminos. Y alimentar una posteridad tan prosaica me parece la versión epitáfica de una ecuación endemoniada.

Los de letras, por el contrario, fantaseamos con la tumba y su mensaje. J., con quien comparto afición a los cementerios y al cocido, entre otras veleidades variopintas que unen lo suyo, me cuenta que ya tiene decidido su epitafio, y yo sospecho que el mío debería ser: "Murió devorada por sus propios agujeros. Guarros, no va por ahí la cosa". Ambos compartimos ignorancia astronómica y en lugar de debatir sobre nuestras respectivas experiencias LIGO (sea esto lo que sea), confidenciamos sobre cartas astrales y ascendientes planetarios:

"Si me das tiempo y confianza, me ofrezco como bruja macho para redactar tu carta astral en riguroso estudio de confluencia de los astros en relación a tu persona. Como únicos datos, solo necesitaría saber tu peso de recién nacida y tamaño aproximado en centímetros del dedo gordo de tu pie derecho".

Mientras llega y no llega esa carta, que espero ansiosa, sigo fiel a  Susan Miller, mi gurú, que me solivianta con sus predicciones de enero: "Dear Aries: You have to get through the coming seven weeks, while your ruler, Mars, now in your eighth house of credit, loans, insurance, venture capital, and so forth, will be forcing up balances on your credit card or bank loans, from January 3 to March 5, 2016". 
Cementerio San Juan de Puerto Rico


O sea, que voy a colapsar entre agujeros negros si le sigo dando alegría a mi mi credit card. Así que pies quietos. A recluirse en casa sin llamar a las puertas de Amazon y a enterarme de una vez de quién demonios son  Frege y de Hilbert, ¿los Hernández y Fernández de la Física?

PD: Eso sí, mi pareja favorita se llaman Roy Batty y Deckard. Y no se me ocurre nada más poético que Blade Runner, a nivel espacial:  "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir". Gran epitafio.


lunes, 11 de enero de 2016

SI TE PASAS ES PEOR (Constituido Club de fans de La Venganza de Don Mendo+fabada)

1.Última convocatoria para reengancharse al nuevo año.  Lunes de recuperación de rutinas, de inicio de dietas absurdas para limpiar el colon (esa alcantarilla sospechosa), de matrículas en el gimnasio que no pisaremos, de abandono de vicios necesarios (sustitúyanse por otros, o será afán inútil), de lluvia terca y vuelta definitiva a la etiqueta laboral. Sí, hubiera sido mejor no haberse despertado, pero un paseo bajo la lluvia a las 8 a.m es una promesa de amor. Entreguémonos de entrada y sin mirar atrás.

2.El Chapo Guzmán detenido, Urdangarin en el banquillo, Artur Mas en la nevera... Dejen salir a los niños a la calle. Los guardianes del Bienestar aseguran en titulares que han hecho su trabajo. La boina de contaminación se ha desintegrado. Nada malo nos puede pasar...Según los que deciden el protocolo de la noticia. Sólo Puigdemont parece una amenaza para la mayoría, como la chica de la curva o el demonio dojo. Siento debilidad por los seres inquietantes que dan miedo a los columnistas conservadores.

3.No hay nada tan digestivo como la fabada asturiana. Propongo recogida de firmas para espantar su mala fama, y de paso erigir un monumento a la morcilla y el chorizo bien traídos. Abstenerse los de la limpieza de cólom y la cofradía del tofu, que os veo venir.

4."El dodecafonismo, y su deriva musical serial, fracasa si se radicaliza", sostiene S.P. Creo que esta sentencia puede aplicarse a casi todo, que la radicalización es siempre un canto de cisne. Querría acompañar la lectura de una de Schönberg pero encuentro que no se lleva bien con el café, ese elixir radicalmente sagrado que sin embargo no me sugiere deriva sino dulce bamboleo en todo caso.

5.Convoco  amigos altamente compatibles en casa y entendemos que nos une la devoción (resignada en algún caso) por "La Venganza de Don Mendo", de Muñoz Seca. P. y su hijo se declaman versos por los pasillos, y a J. se la leía su padre una y otra vez sin quitarse la sobaquera de la pistola. Por mi parte, siempre me provoca carcajadas la visión de Fernán Gómez con melena y flequillo tazón, y ese "Mora que a mi lado moras, mora de la morería...". Quedamos en cita para ver la peli juntos, ese plan postergado que a los hipster les daría urticaria.

¿Y vos qué haceis? Aburrirme... Y el de Vedia dijo: No os aburriréis; os propongo, si queréis, jugar a las siete y media. MAGDALENA: – ¿Y por qué marcó esa hora tan rara? Pudo ser luego... MENDO: – Es que tu inocencia ignora que a más de una hora, señora, las siete media es un juego. MAGDALENA: – ¿Un juego? MENDO: – Y un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil, ves febril que o te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor!

sábado, 9 de enero de 2016

SUPER FAN DE MANOLITA CHEN

Tiempo de simulación de pactos. Bailes desmañados de candidato falto de tersura que muestra una sombra de sus pechos para excitar al público y oculta con faja sus verdaderas intenciones. La política como representación de una obra mendaz que provoca bostezos porque los actores están sobreactuados y el desenlace se huele a la legua.

Vuelven los días plastilina, a esas cuatro de la mañana recurrentes que empujan a sacar el brazo del cálido edredón y a dispersar a bofetadas la palabra insomnio. En esto del dormir, como en la política, como en el amor, funciona el eufemismo o la elipsis. No estás, no te llamas, no eres. Y el forcejeo por atrapar la estela casi borrada de lo que pensaste en el duermevela y que otro resume así: "Las impresiones más delicadas son las más fugitivas; si no se expresan al instante se evaporan o se materializan, se vuelven banales" (Amiel, desde luego).

Estás despierta, deja de fingir. Levántate y anda.

A mí me dicen que me levante y me atrinchero en mi posición decúbito supino (en la Biblia no hubiera llegado ni a actriz de reparto). Al final y a falta de gestas reseñables uno debe alentar pequeñas rebeldías cotidianas incluso contra sí mismo, como no salir un viernes por la noche, o acumular vasos y platos en la pila. La lluvia componía anoche una percusión sin melodía clara por el patio, y el desafío de cerrar la ventana era como atravesar el Polo Norte con ventisca. ¿Plan B? Fingirte estatua de sal, engañar al cuerpo y derrumbarte como escombro sobre una almohada que es un campo trillado o una barra de hierro, en macabra alternancia.

Antes de todo eso fue "El día de la Marmota", película que me hizo menos gracia de la que recordaba. Pero lo más sorprendente es que en mi recuerdo era comedia, pero no comedia romántica. Y ayer se me desveló tal cual, con ese Bill Murray que pierde su arrogancia de diosecillo de la tele a manos de la dulcísima Andie McDowell (debo ensayar su mohín para no ser tan raspa) y como consecuencia del aprendizaje de vivir miles de veces el mismo día. Un deja vu fructífero de efecto moralina, placebo universal.

Pero lo mejor de la noche fue  un documental en la 2 (dónde si no?) sobre el Teatro Chino de Manolita Chen. La miseria debajo de las plumas y los muslos picantones, el orgullo de otra época que olía a sopa aguada de pollo donde las vedettes alimentaban el imaginario del deseo y las dentaduras no se reponían. Me gustó escuchar a Esteso (abotargado de cuello, triste de mirada), a Arévalo (su rictus perdedor, desbordado de cara) y a esas vedettes que fueron diosas hasta que el destape las devoró con su osadía explícita. Y hoy son abuelas pero algo pervive en ellas de rubia oxigenada, de pícara Justina con la raya del párpado corrida y muchos kilómetros de vida sin milagros. Envueltas en purpurina y tejidos acrílicos, mujeres con verdad.

Todos esos previos para un fin de semana que arranca con un solo reto reseñable: cocinar fabada asturiana para unos cuantos amigos. Escribo un mail a P., que será una de mis víctimas: "Espero que la fabada este a la altura de tu pollo del domingo...". Responde de inmediato y en su línea: "Ya veo sabes que el secreto de la felicidad está en ponerse objetivos miserables". 

Pues a eso voy, que como no me mandas yo obedezco.  Rezo por que la falta de sueño no me impida alcanzar el punto exacto de cocción, ese misterio. Y a pactar con el fuego y con las fabes, mientras en la pantalla de la tele se ha congelado ese striptease triste de político ansiosos de pillar la cresta de la ola a riesgo de ahogarse y tragar peces muertos. Esa debacle.



 

jueves, 7 de enero de 2016

EL AMOR COMO TEMERIDAD Y QUIJOTADA


"Mi diario íntimo es un ataúd en el que la momia del día se conserva, a veces embalsamada, pero seca, tiesa, con la boca torcida en una mueca: muerta, en una palabra".

La madrugada me ha sorprendido decidiendo en qué invertir el último día de vacaciones. Con esa tentación de sumergirme en los pliegues más íntimos de Amiel, mi nuevo compañero, para revolcarnos juntos en el diario de la mediocridad -nada mediocre- de este hombre que hizo de la introspección un latigazo contra sí mismo, y del cuaderno íntimo una forma de sustituir a la vida.
Podría, sin embargo, encaminarme al mercado de abastos con mi carro de lunares blanquinegro y elegir las viandas más frescas y nutritivas, de todos los colores que me excitan la vista, serpenteando entre las señoras ariscas con sus carros y maridos diligentes con listas de la compra. Y fingir que soy solo un ama de casa preocupada por dar a mis polluelas un plato sencillo y libre de tóxicos, grasas e insipidez con fachada de tersura (esas manzanas de corcho!). Y sonreír al carnicero que te piropea mientras corta chuletas de cordero, sin dejar de barruntar,  aterrada, la posibilidad de un corte brutal, el surtidor de sangre por la piedra engrasada entre ahogados gritos de res muerta complacida de compartir irónico destino.
De pronto, ser ama de casa me parece un chollo con guión simple y aprendido.  Inventarse cada día es mucho más agotador, habría que elegir entre cansancio o aburrimiento (el susto o muerte cotidiano).
Podría, desde luego,  encadenar acciones muy sencillas, exentas de perfil de desafío: poner en orden mis zapatos, responder a algunos mails abandonados, pegar la hebra con mi vecino, en esa estepa fría y pálida de luz que es el descansillo. Y, ya puestos, intentar recuperar esos teléfonos que se tragó mi útltimo smartphone, con su glotonería impetuosa. O salir en bicicleta bien calada de gorro y de bufanda, alterando el paso de los perezosos viandantes que hoy regresan a sus puestos de trabajo más gordos y con el propósito obcecado y poco convincente de dejar de fumar.

((Si yo fumara no me propondría dejar de fumar en Año Nuevo, qué vulgaridad. Lo haría un martes, ese día odioso y banal, de abril o de mayo. O en Viernes Santo, en acto solidario de pura inmolación)).

Y entretanto avanzo en la lectura, ese vicio seguro que no encharca pulmones y nutre interrogantes de mujeres inquietas: "En mi situación, una boda nacida del corazón, por pura simpatía, me parece una temeridad y casi una quijotada". Tienes mucha razón, admirado Henri Frederich (Ginebra, 1821-1881), de siempre el matrimonio que funciona es el de conveniencia. Lo tuyo es más bien "amoridad", esa palabra que inventaste para glosar el amor/amistad.  ¡Ay, esas descripciones  entrañables de mujeres!: "Me la imagino vehemente, voluntariosa, poco tierna, experta en artimañas, no muy abnegada ni  respetuosa, en fin, una pariente lejana de Dalila" (dice de Caroline Grosschopf, apodada "Miss Tormenta" y Fedora. (Los modernos, por cierto, inventaron "amigovio" y ya está en la RAE, pena que los difuntos no puedan litigar por sus derechos de autor).

Podría, ahora lo pienso, quedarme en casa como en una trinchera cálida y segura, editando las fotos del año que se fue. Aletargada y lenta como un oso. Y jugar con mis hijas a que salgan de sus cuartos sin gadgets tecnológicos y hablando muy bajito. O vaciar cajones, que es tan liberador si sabes qué hacer con lo que sacas.
O inventar epitafios, un sudoku macabro para el que me considero más apta que en mi edulcorado rol de ama de casa perfecta por un día.

El de Amiel, ahí os lo dejo: Ama y acepta.

Acepto.







martes, 5 de enero de 2016

UN CRISTIANO ES UN JUDÍO QUE DELIRA (Elogio y refutación de Raphaël Jerusalmy)

Raphaël Jerusalmy
Y entonces, después de tres noches de lectura voraz y apasionada, descubro que el libro que estaba leyendo no era el que creía leer.

La portadilla era de Ricardo Piglia, al que he mencionado sin despeinarme al menos en dos ocasiones en este blog. Pero el interior, que desenmascaré ayer tras comprobar que el texto de la contra (del argentino) nada tenía que ver con mi lectura, correspondía a otro y a punto había estado yo de condenarlo a un olvido ignominioso.

"Un cristiano es un judío que delira" (subrayé minutos antes del asombro).

¿Cómo no te pudiste dar cuenta, listilla? Esto es como atribuir una melodía de Stravinski a Shubert, por ejemplo. O una falda de Miuccia Prada a Michele, de Gucci. O llamar fabada al cocido montañés...

El autor al que debo algo más que una disculpa (y mi admiración, el libro es magnífico), se llama Raphaël Jarusalmy y su perfil no está traducido en la wikipedia, lo adjunto en francés. Y no, no lo conocía, reconozco con rubor. El título: "Salvar a Mozart" (Ed Navona, colección Los Ineludibles -Pues menos mal que era ineludible; un milímetro más y lo someto al olvido más desconsiderado).

Al terminarlo, henchida de ese gozo lector similar a devorar un pastel de limón delicado y levemente ácido tras una gran comida, leí una paginita final que rezaba así, abreviada: "Raphaël Jerusalmy, nacido en París, es diplomado en la Sorbona...Al acabar sus estudios se trasladó a Israel e hizo carrera en los servicios secretos israelíes antes de llevar a cabo acciones de carácter humanitario y educativo (esto merece un "¡Caramba!" que es más bien un "¡Joder!). Actualmente ejerce de librero de libros antiguos en Tel-Aviv.

Y ahora sólo quiero cogerme un avión y personarme en esa librería, para pedir disculpas y rendirle mis respetos a ese ex espía del que me gustaría saberlo todo. Y decirle que su pulso sin baches y ese estilo sobrio y nada alambicado me han parecido perfectos para contar la historia de Otto J. Steiner. El austriaco compositor y crítico musical recluido en un hospital para tísicos, medio judío, que teje una venganza contra los nazis sutil e ingeniosa con Mozart como motum y coartada.

"En el fondo, soy el único de la familia que no pertenece a nada. Que no ha elegido. ¿A qué clan pertenecen los tuberculosos?¿A qué ideología? Los enfermos graves también forman una casta. Muy igualitaria. Pero, ¿de qué lado están? ¿Tienen siquiera un programa? Yo soy austriaco de confesión tísica. Y orgulloso de serlo". 

El absurdo de la pertenencia a grupos. La necesidad de presentarse en relación a otros. La tapadera pútrida de la organización como usurpadora de la identidad. Y ese hombre aferrado a lo más básico de su yo: la enfermedad y la cuna. Y la fórmula del diario personal como estrategia literaria que me excita y me contagia. Una vez más.

Y esa ironía impecable, lúcida y perversa. "Es extraño que los alemanes sean melómanos, La música es eterna aproximación".

¿Que cómo pude confundir un libro con otro, os preguntareís? (o no, que sería preocupante porque significaría que asumís mi desastre). Porque se utilizó la cubierta de Piglia para fotografiar un título que aún no estaba disponible por parte de la editorial. Alguien tomó otro ejemplar del almacén para ejercer de "relleno". Y así se perpetró el atropello.

Querido Raphaël, espero haber pagado mi pecado con estas líneas. Gracias por esta historia tan nutritiva plagada de música de altura. "Hay que proteger a Mozart de estos imbéciles", dice Otto. Y antes, solo un poco antes, también subrayado: "Decididamente, este diario me vuelve ilustre a pesar de mí mismo".

Y a pesar de alguna lectora inculta y despistada...