domingo, 25 de septiembre de 2016

¿METERÍAS TU MÓVIL EN AGUA HIRVIENDO O EN EL CONGELADOR? (Tecnodelirios y una de Los Beatles)

1.Leo en mi deambular nocturno que el último teléfono rutilante "se puede meter al congelador o en agua hirviando". Me pregunto quién será el imbécil que lo ponga a prueba. Que invierta en el terminal para poder chulearse de estas altas capacidades tecnológicas. Me pregunto también por qué los fabricantes no inventan un señuelo más real: un móvil que se te cae al inodoro y no pasa nada incluso cuando ya tiraste de la cadena (incidente del que conozco varios casos cercanos) . Una buena publicidad escatológica, eso echo de menos en este escaparate de tontería devoratriz que se llama la tecnomoda y  es tecnodelirio. "Tu móvil es una mierda si no sobrevive a la mierda", sería el claim.

2.Esta semana he visto dos películas. El documental "Eight days, a week", de los Beatles, y "Caballo dinero", del portugués Pedro Costa. La primera, de la que hablan maravillas, me pareció una sucesión algo mareante y de estructura repetitiva de fotos e imágenes mezcladas con voces y canciones que me sé (eso siempre anima). Que fueran inéditas tiene su valor, sobre todo si eres muy fan. Me gustó que una de las claves del éxito del grupo tuviera que ver con eso tan simple y tan insólito que es divertirse en el trabajo, o aún mejor: convertir lo que te divierte en lo que te da de comer. Descubrí el sex appeal irresistible de Ringo Starr, y la inteligencia aguda de John. El optimismo irónico y bienqueda de Paul y el relleno insuperable de Harrison. Eran un equipo, eran amigos con egos dispares y si yo tuviera una escuela de negocios (y supiera de negocios) utilizaría este ejemplo para hablar de éxito. El mejor ejemplo de liderazgo seguramente consiste en agrupar talentos complementarios. Y hacer que se lo pasen como niños con una batería, un bajo, una guitarra. (De los problemas con las drogas, las envidias de gallos y las esposas chungas ni se habla. No ensuciemos el ideal...).
Caballo Dinero, de Pedro Costa


3.Lo de "Caballo dinero" es droga dura. Tenebrismo ético y estético justo de palabras. Fue "mi primer Pedro Costa" y advertida llegué al cine.  Culpa, memoria y desmemoria, miseria, abusos, violencia, compasión y nada éxplícito. O cómo convertirte, espectador, en un topo que avanza trabajoso por un agujero en el subsuelo, igual que los protagonistas de la película. Ventura y Vitalina son mis héroes. Su pura verdad, su condición de víctimas que se arrastran cual zombies y murmuran su pesar como una letanía de sombras chinescas. Su dignidad majestuosa. Cine sin espejismos ni una gran batería de marketing detrás que durará unos días en taquilla (¿Eight days¿, ¿a week?) y se lo tragará la tierra sin responso.

4.La Artista antes llamada Minichuki cumple hoy 14 años y a las 00.15 se me echa encima en la cama para que la bese y la felicite. Su peso sobre mí me lleva en flashback a esa primera vez, a las tres de la tarde, en la que la sentí moverse, papitante, las cosquillas de su pelo aún húmedo sobre mi pecho, entre vagidos y oliendo a vientre abandonado. Ayer ese otro olor adolescente, y aplastada de niña que no es niña y toca el bajo fingiéndose una star. Qué maravilla.

5.En este Otoño raro y delincuente encadeno sobresaltos y me apunto al gimnasio con mi hija. Dilato los encuentros, esquivo letras mediocres como balas, paseo kilómetros sin bajarme de mis Nike y duermo regular algunas noches. Nada muy relevante, nada definitivo ni estruendoso. Y el ritmo de las teclas es una de los Beatles, aunque yo siempre fui mucho más Rolling Stone (pero no sé sus letras del demonio, y sí las de los chicos limpios de Liverpool. Debo pensar en ello).




martes, 20 de septiembre de 2016

¿REGLA, MENSTRUACIÓN O TORRENTERA?

Poco a poco la rutina regresa como un bálsamo. La noche interrumpida antes del quiebro del sol. Las lecturas breves previas al sueño que te hace caer como un púgil que besa la lona, ensangrentado (Ayer "La Musa Oscura", de Armin Öhri (ed.Impedimenta) , arranca presentándonos a la víctima de un asesinato: una limpiadora de matadero de día y prostituta de noche. Carne contra carne. En un momento dado, al principio, habla de su "menstruación" y la palabra me produce cierto rechazo formal. Imagino al traductor planteándose si poner "regla" o "periodo", o uno de esos circunloquios imprecisos que todos entendemos y provocan un misterio innecesario en torno a algo tan orgánico y cotidiano).

Cierro el libro. Enseguida la radio con las voces de opinadores profesionales y justos de criterio, pero altamente seguros de sus juicios y pagados de sí mismos. Luego el túnel oscuro que es ese ataúd del sueño.  El limón templado nada más abrir el ojo, esa acidez inquieta que precede y ennoblece al café. La escritura.

Con el paso del tiempo se ensanchan las distancias, se gana perspectiva, se activa el desencanto, se le mata para que deje de gritar. Se aprecia la virtud de lo minúsculo. La sorpresa, intacta, sin embargo. Tomo notas mentales de aquí y de allá para alimentar a mis dos personajes, dos fieras sibaritas que no calman su hambre con morralla. Adjetivos precisos, golpes de efecto sencillos pero nutritivos. Y esa necesidad, casi una urgencia,  de que no sean lo que parecen, del juego del despiste para que el lector no viole un desenlace mal urdido, sino que sea atropellado al llegar al The End.

Y el repaso al torrente de un día con muchos avatares cotidianos:

F. me escribió que ha aprobado el carnet de conducir (¡¡¡Enhorabuena!!!). R. que anda de ruedo en ruedo, por las plazas de España. C. que ya ha sacado los billetes  para nuestro viaje de amigas de la universidad (Volver a Fez es tan prometedor e ilusionante..) .  A. que ha tenido una parálisis en la cara, al parecer un virus, y se le cae la sopa cuando come. MJ que nos han tocado 1.5 euros a la bonoloto...Mi madre que celebra en casa su cumpleaños...La artista antes llamada Minichuki que "siente decirme que esta noche va a dormir en my bed". J, que su ordenador ha vuelto a ponerse en huelga...

JM que el hijo de X ha muerto.
JM que el hijo de X ha muerto. 

Y todo lo demás es una nebulosa de polvo, que pasará con el soplo de una brisa otoñal. Y el hijo muerto que nunca conocí se impone sobre todo, las piezas de la vida y de la muerte se organizan como un Lego de múltiples colores. La escala del dolor tiene ese extremo, esa punzada que no encuentra palabras de consuelo. Ni siquiera palabras que no sean lugares comunes, fórmulas frías para  alejarnos de ese volcan durmiente y traidor que es el destino.

Y la cuenta de motivos reales para sentirse mal es de risa, si lo miras así. Y sin embargo duelen los motivos banales como molesta el ojo algunas veces. Y no hay colirios para el miedo, ni para la indiferencia. Ni para comprender al ser humano algunas veces. Ni para la decepción, ni para las malas letras.

Y asumo con pesar que leo menos porque ando alimentando dos alien en mi mente que son protagonistas de una historia que podría acabar en un aborto, o yo qué sé. Y entre "menstruación", "regla" o "periodo" yo pondría sangría o torrentera (la última prestada por su autor, ese hombre  bienhablado y sin ego que opina sin hacer juicios y jamás alardea de su genio, el antitertuliano de salón).

Y espero que este martes nos pille bien despiertos y sin grandes titulares de pánico. Bendecidos de aceras y de sol tibio con fresco de rebeca  ligera y foulard como soga dulce al cuello.




jueves, 15 de septiembre de 2016

PLAN DE FUGA PARA AMAS DE CASA POR DECRETO MÉDICO

Redecorando mi vida
He soñado un sueño recurrente: organizo un viaje absurdo, embarco a mis amigos, nos perdemos en el aeropuerto o se pierden las maletas. El avión despega una, dos, tres veces; y aterriza otras tantas. Vomito. Me pierdo por el pasillo camino del baño. Las caras de mis amigos se han borrado y no los reconozco de vuelta, así que me siento en un asiento cualquiera. La azafata finge que no me ve pese a que presiono muchas veces el piloto sobre mi cabeza. Los motores rugen en un estruendo insoportable. Me pongo los tapones, pero entonces no entiendo lo que me está diciendo el de al lado. Le sonrío, me mira raro. Vuelvo a vomitar, esta vez en su regazo. Me empuja asqueado. Le comprendo.

Efectos de la vuelta. Después de tantos días sin más rutina que escuchar las quejas de un ojo llorón y sin parche regreso a la trinchera. En el camino he descubierto que una casa puede absorberte hasta zampársete entera (vaya hallazgo de poca monta, pensaréis). Benditas amas y amos de casa que se meten entre los pliegues de un territorio demanda voraz y despiadado donde siempre hay algo que hacer o mejorar. Hay papeles que no guardaste y te saltan al abrir una caja. Hay una nevera que llenas tú y vacían los demás en tiempo récord. Hay unos hijos que asumen que estás, así que actúan como si fueras un servicio 24 horas. Hay un portero que te mira con cara de: ¿y ésta qué hace a estas horas por aquí?, pero no se atreve a preguntar. Hay un frenesí inusitado por el orden, -ya que estás en casa necesitas, exiges, la armonía de la que careces- y una persecución porculerísima a esas dos desaprensivas que pasan como Atila por lo que ya ordenaste.

Y no has leído ni escrito una línea en semanas, y es una negritud que te pone como el arco de un violín, dispuesta al salto. Y te han aguantado porque pobrecita con la que le ha caído encima. Y no has sido especialmente amable, ni paciente. Y te has pasado una semana entera en otra ciudad de turismo terapéutico con parrochas y gatos. Y no has cogido el teléfono en muchos días por no repetir la letanía del parte médico, que avivaba aún más la sensación del dolor.

Una borde. Te has convertido en una rara asocial, peor madre que la que sale a trabajar temprano y vuelve tarde comprando la fruta apresurada antes de que cierren y el forro de un libro para mañana.

Y después de años sin verlo, todas las miserias del abandono se han manifestado: la tira del parquet sin barnizar, una bombilla pelada, el cuadro mal colgado, la despensa con tarros de conserva caducados por amontonamiento. Los demasiados zapatos enredados en cajones sin oxígeno.

Me he enfrentado a las criaturas voraces de la casa y salgo trasquilada. Contenta de volver a la oficina. De reencontrarme a mis amigos compañeros. De bregar con mi mesa y mis papeles. Ser ¿ama? de casa full time no es lo mío, creo que lo de nadie. Requiere desvivirse, trabajar para otros que no perciben nada. Descubrir el contenido de los cajones del caos. Y no poder eludirlos: Comprarte una carpeta archivador, dos, tres y cuatro. Ir poniendo, trabajosa, los partes médicos, los papeles del coche, las facturas (¡¡96 euros en agua!!), los seguros de vida...

-No sabía que estaba tan asegurada. Voy a sentarme con las chukis a enseñarlesel archivador de la muerte (así la he bautizado). O sea, lo que van a percibir si me olvido de respirar -que decía mi abuela- o me incapacito a tope.
Salvador Sánchez Barbudo, un hallazgo!

Hoy es un lunes jueves y estreno piel de calle. He jugado a la Bonoloto sin fe y ayer escuché un Rachmaninov vibrante en el Auditorio Nacional para ir abriendo boca. Ojalá alguien invente una App mágica que gestione el hogar y a las desastres como yo, que han necesitado una baja, la primera de su vida laboral, para comprobar que los objetos inanimados tienen vida y braman, y que un día podrían devorarnos como un Diógenes vengativo y cargado de razones.

Se acabaron las horas pensando en un ojo, como un hijo único mimado y consentido. Se acabaron las zapatillas de deporte 24 horas. La compra en el mercado con carrito. Las siestas a deshoras con colirios variados. Los dolores. Si pienso en otras cosas no me duele, tan solo me molesta.

Se acabó el espíritu de enferma. A la ducha, que el reloj por fin apremia.