viernes, 30 de marzo de 2018

DECÁLOGO PARA ESCRITORES SEGÚN STEPHEN KING

Stephen King
Muy de mañana he salido a la azotea, he recogido  apresuradamente una sábana blanca  tendida y al agitarla ha caído nieve. La nieve siempre cae lenta, por un milagro de ingravidez que para los  físicos no es tal. El científico querría llevar dentro un poeta, pero la dictadura de las fórmulas matemáticas se lo impide.

Hay una imagen, la de la sábana blanca vomitando copos de nieve, que es ya la de mi Viernes Santo si el azar no lo remedia. Huele a cenizas de chimenea que ayer fue vigorosa y, mientras preparaba mi clase, la serendipia -ese milagro nada bíblico- me ha traído a Stephen King y su decálogo (de 14 puntos) dirigido a escritores. Mi favorito es el punto 10: “El camino hacia el infierno está hecho de adverbios acabados en mente”. Pero también me gusta “la descripción empieza en la imaginación del escritor pero debería terminar en la del lector”. Y un tercero: “Nombra “lector ideal” a la persona para la que tú escribes. Él o ella estará todo el rato en tu habitación de escritura”.

Mi lector o lectora ideal es ambidextro y carece de género. A ratos es un macho dominante, a ratos una vestal impertinente o dulce. Suele silbar tonadas recurrentes y cuando le reprendo bufa y hace mutis por el foro. Es displicente y tirano. Me mira con cara de "¿ya estás perdiendo tu vida dedicándote a otras cosas?", y cuando me enfado pone cara de no-fui-yo-de-qué-me-hablas.

El primer punto del decálogo de 14 no dice que el asesinato del lector ideal resulte impune. Dice que si quieres ser escritor debes escribir mucho y leer mucho. La perogrullada nos hará libres y sensatos, no la desestimemos de golpe. Anoche regresé a la lectura como cordera arrepentida y encontré que el libro que había abandonado es simple y eficaz. Margaret Altwood, no me arrebatas aunque triunfes y vendas a capón. Una historia poderosa contada sin alambiques formales ni excesiva profundidadd. No es la literatura que me nutra, como tampoco el Whooper es mi hamburguesa fetén y sin embargo una o dos veces al año voy y la devoro.


Encuentro sumo placer en madrugar y seguir en pijama y bata de estrellas unas cuantas horas. La cascara del mal sueño aún rondándome la oreja. “Deberías evitar los tiempos verbales pasivos”, dice Stephen. No sólo los evito, puede decirse que escupo sobre ellos. Tengo los pies fríos y la alfombra se ha llenado de pelos de Brontë. Echo de menos el olor a torrijas de mi madre. Me pesan los pies y comienzo a sentir un familiar hormigueo que precede al cambio de postura. Afuera hace sol. La nieve ha sido un sueño o un espejismo.

viernes, 23 de marzo de 2018

LOS BODEGONES AL ARTE SON COMO LAS CROQUETAS A LOS BARES

Giacometti
1.Quise desatascar mi teléfono y terminé siguiendo las órdenes de un youtuber mexicano muy empalagoso que cada pocos segundos repetía: "paciencia...no se me vayan". No me fui, y mira que soy de irme, y desatasqué. Tanto, que perdí buena parte de la información que contenía el aparato. Como limpiar suelo de madera con salfumán.  
En mi habilidad innata para buscar el lado bueno de los dramas, me dije: "bien, ahora la batería dura el triple, las notas las tengo en mi cabeza" (y si no no eran tan importantes); "las fotos están en la nube famosa" (esa que siempre me inquieta porque el día que se torne nubarrona de Semana Santa y rompa a llover se llevará todo por delante y no tendré historia ni pasado);"las cosas pasan por algo" (esa frase que nadie se cree pero nos alivia el golpe de lo inevitable).

2.Moraleja: somos más frágiles que nunca en la omnisciente burbuja de las nuevas tecnologías. Un dedo tonto es más letal que una bala perdida en una guerra. ¿Vuelta a la libreta en el bolso y a aprender al fin los números de teléfono de mis seres queridos?.

3.Fui a la Fundación Mapfre a ver la expo de "Derain, Balthus, Giacometti. Una amistad entre artistas" y pensé que los bodegones a la pintura son como las croquetas a los bares:  La prueba del algodón de la calidad. Es difícil dar con uno ligero de bechamel (óleo) y fino de hechuras (pinceladas). Con los tropezones justos y la fritura al dente. Descubrí las peras de Derain y se me abrió la boca de admirado pasmo. Juro que la luz sale de la fruta, ese milagro en zumo que no moja.  Después, me empeñé en sentarme en un banco de piedra de la Castellana y dejarme acariciar por el sol, el fugitivo ingrato.
Bodegón Derain


4.Busco -y afortunadamente encuentro- la famosa pregunta de la entrevista que que André Breton y Paul Eluard le hicieron a mi amado Giacometti en la Revista Minotauro, (1933):
 
-¿Puede usted decir cuál ha sido el encuentro capital en su vida? ¿Hasta qué punto dicho encuentro le dio, le da, la impresión de lo fortuito, de lo necesario?
-Un hilo blanco en un charco de alquitrán líquido y frío me obsesiona, pero simultáneamente veo pasar, una noche de octubre de 1930, el andar y el perfil -una pequeña parte del perfil, la línea cóncava entre la frente y la nariz- de la mujer que a partir de ese momento se desenrolló, como un trazo continuo, a través de cada espacio de las habitaciones que yo era. Ese encuentro me dio y me sigue dando, pese a la sorpresa y el asombro, la impresión de lo necesario". 
 

Nota: Si alguno de vosotros puede superar tanta belleza que tenga a bien mostrármelo. Lo agradeceré casi tanto como una buena recomendación de bares para tomar deliciosas, crujientes y livianas croquetas de boletus. 








miércoles, 21 de marzo de 2018

ESTOY SOLO, NO TENGO A NADIE. DIME QUÉ DEBO HACER

"La forma del agua", de Guillermo del Toro
Fui a ver ayer "La forma del agua", de Guillermo del Toro, y me invadió una extraña tristeza.

En realidad no tenía esa película en mi wish-list. No profeso demasiado el cine fantástico y las fábulas las prefiero con enigma.  Historias que reverberen y me obliguen a desgranarlas mucho después de que el fundido en negro se apodere de los créditos en la pantalla. Pelis con bonus extra y zonas de exquisita ambigüedad gris.

Prefiero la realidad casi cruda, como la pasta o la verdura. Realidad al dente.

Y sin embargo ayer me convertí es la espectadora que debí ser hace muchos años. Una niña fascinada con un relato de perdedores que ya de entrada son héroes. Dos mujeres de la limpieza, una de ellas muda. Un diseñador homosexual fracasado con peluquín ("es bisoñé, en francés", aclara). Un jefe sádico obsesionado con no ser un looser que se lava las manos antes de hacer pis, pero no después, y que prefiere mujeres mudas para el coito. Un espía ruso disfrazado de científico con buenos sentimientos. Y un ser anfibio y mostruoso que terminas viéndolo desde la mirada de la mujer muda y que me recordaba todo el rato a Brontë, mi perro, quizás porque de las bestias puede brotar una ternura infinita que a veces supera el amor convencional que nos hemos empeñado en diseñar los inhumanos.


"La forma del agua", Oscar 2018
Me gusta ir a ver las películas que resuenen cuando ya no se habla de ellas y el cine invoca a cuatro o cinco incautos. Una sala con eco, yo sola en la butaca y con nostalgia de brazo cálido, de repente. La historia de la maldad y la bondad, del amor y el desamor, es tan real que esto no puede llamarse cine fantástico, sino cuento con trazas de cómic y un fondo de denuncia sin agresividad. Como esas tartas de lima verde dramático que el diseñador colecciona en la nevera.

"Estoy solo, no tengo a nadie. Dime lo que debo hacer". Y esa frase lo cambia todo en la historia. Y me parece que podría cambiarlo todo en muchas historias reales.






sábado, 17 de marzo de 2018

BLOGUERA INQUIETA BUSCA EXPERTO EN SEO (O SEO, O NADA)

SEO
Debo mejorar mi SEO. Es urgente y necesario. Una herramienta diabólica e impertinente llamada Woorank me lo ha sugerido entre una maraña de indicaciones que apenas entiendo. Mi blog tiene un 5 pelado (50 points sobre 100). Un "suficiente" (lo que mi hija la Artista antes llamada Minichuki entendió durante años en sentido literal, de manera que se sorprendía cuando se le regañaba por sus notas plagadas de ellos). En mi caso, siempre me pareció que un suspenso era más digno y contundente, aunque desde luego más dramático. A nivel madre he cambiado de parecer. Igual que ahora apoyo la moción de tomar fruta como postre o el "de entrada no" cuando huelo una envolvente para salir de botellón ("ir a un espacio abierto", lo llaman).

No me desvío. Necesito un experto/a en SEO más que un bote de cúrcuma antiinflamatoria o una estufa de pellets para mi casa con patio.  Hacer que me entiendan las máquinas, no sólo vosotros. Ser presa facilona para la araña de Google. SEO se parece a SOS, y ahora lo entiendo. Escribir y alimentar este blog para mis ilustres lectores nicho es un milagro. Como tirar una botella al mar y que la encuentren doscientos años después y se viralice. ¿Cómo viralizar un pensamiento? ¿Alguien ahí fuera, una masa ingente de inquietos, podría pasarlo bien en estos Agujeros Negros pero no se ha enterado todavía? ¿Existe una comunidad abierta a hacerse preguntas sobre la identidad, moda, los huevos fritos en el liderazgo, el neofeminismo, el metacine, la maternidad, los misterios de una exposición o la sostenibilidad? 

-Soy una autora sostenible y busco quien me dé alas. Un/a SEO expert, concretamente.
-Pues muy bien, bonita. Busca.

-Soy una inquieta con millones de preguntas que articulan conatos de respuestas. Finales abiertos porque la vida no se contiene en tres destellos de palabras. Es esa masa que siempre se te desborda al pasarla por la batidora.
-¿No tenías una Thermomix? Úsala para algo más que para hacer gazpacho de agosto. Te sale carísimo.
YouTube


-Este blog no es nada práctico. Así que ¿está condenado a pudrirse en vida?
-It´s up to you.

-Ser comercial o no ser. (No hablamos de dinero, sino de visibilidad)
-Vuelve a Shakespeare. Es la clave de Todo.

-El blog ha muerto, ¿viva YouTube?
-¡Viva!

La culpa de todo esto es de mi amigo R. es el hombre que me susurra cada tres meses y por teléfono desde Barcelona. Cree que debo tener un canal de YouTube y me lo argumentó con tanta solvencia que me lo he creído.  Ser agitador es eso. "Te sobran contenidos, sácalos a pasear", me dijo él ayer. Y algo que no me había planteado siquiera empieza a cobrar forma y me asalta el sueño y el despertar.

Soy autora nicho. Mujer nicho. Madre que a veces se metería en un nicho. Y desde hoy tengo una plegaria nicho: ¡NECESITO QUE ALGUIEN ME AYUDE CON EL SEO!

Razón, aquí. (Escribidme, por favor)
He tirado mi botella, espero que no sean 200 años de espera. De lo contrario, nos vemos en la buija.


lunes, 12 de marzo de 2018

CÓMO HACER UN CURRÍCULUM VITAE SOSTENIBLE (Así me reinventé yo)

Y un día, tal vez en un encuentro casual,  alguien te pregunta: ¿Qué estás haciendo ahora? ¿Qué ha pasado desde que ya no estás allí?

(Esto me sucede una o dos veces cada semana).

Y te ves contestando que ahora desayunas ODS. Que no es una marca de cereales cool, sino la fórmula para que el Planeta sea más humano, más solidario y más próspero. Que has pasado de una ignorancia casi total -tú, que te creías tan informada- a un ¿cómo es posible que no supiera todo esto?

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son las modernas tablas de la ley para todos, ateos y creyentes. Países ricos y pobres. Nacieron en 2015 y están en el enorme vestíbulo de la FAO (Food and Agriculture Organization), de Naciones Unidas, representados en una gigantesca circunferencia que cada vez que piso en mis viajes de trabajo a Roma me impresiona por su solemnidad.  
Hablan de medioambiente, de hambre cero, de educación de calidad, de paz y justicia, de consumo responsable, de ciudades sostenibles, de trabajo decente o de igualdad de género.  Cada uno de ellos incorpora una serie de metas y se miden con indicadores porque sin datos ni estadísticas no hay pruebas del esfuerzo y sería dejarlo en un catálogo de buenas intenciones. O sea, en los Diez Mandamientos de Moisés.

Los ODS los han firmado casi 200 países. España entre ellos. Y con esa firma se comprometen a trabajar para que cada decisión que se tome se impregne de estos compromisos.Y una vez al año se celebra una reunión global en la que a todos les preguntan: ¿Qué has hecho al respecto? Y unos han cumplido más que otros. Y a nadie le pueden detener por no hacerlo. Pero hay un compromiso moral y explícito que está haciendo avanzar algo al Mundo a pesar de todo. Y todos podemos adaptar nuestro estilo de vida a sus mandatos.
Mi cuaderno verde

(Y te dirán que la ONU es una institución  imperfecta. Que a veces sale en los telediarios involucrada en asuntos feos. Que es pura burocracia. Que... Y tú dirás, porque ahora tienes la suerte de mirar un poco más cerca, que claro que es muy mejorable pero que sin ella todos viviríamos mucho peor. De esto estás segura).

Así que me siento orgullosa de colaborar con Naciones Unidas, con la FAO. Porque me ha abierto la mirada y ahora entiendo que cualquier organismo público o privado en el mundo debería trabajar con los ODS encima de la mesa -me consta que muchas lo están haciendo ya-. Por ejemplo, cuando se asientan en un edificio inteligente que ahorra energía y cuyos puestos de trabajo tienen luz natural (creo que el Grupo Bacardí lo acaba de hacer en Barcelona) o cuenta con espacios verdes, médico, pistas de deporte o guardería (el Banco Santander construyó su propia ciudad con estos mimbres). O cuando fabrican cosméticos sin parabenos. O cuando establecen políticas de no discriminación de género o amables con la conciliación para ellos y ellas. O cuando premian a los escolares que no desperdician alimentos en el colegio...
Mi vida hoy

Esta es una de las cosas que hago. Escribir y editar libros sobre asuntos que nos hacen la vida mejor. Y ahora tengo una visión privilegiada del mundo en el que vivo y sobre todo del mundo en el que querría vivir. Y ese conocimiento me va a servir para trabajar en cualquier sitio. Estoy segura.

Pero no es todo lo que hago... ("be multitasking")

Del verano acá he escrito mucho en un precioso cuaderno verde de Montblanc que me regalaron días antes de cambiar de vida. Si lo perdiera el que se lo encontrara pensaría que soy un circo de mil pistas. Allí apunto mis citas de trabajo, una lista con gente con la que haría mi "dream team". El desarrollo inicial de una serie de televisión que anda por algún despacho; El guión de la clase de Storytelling que daré en un máster de la Complutense. Una lista de reducción de gastos domésticos nada dramática. Otra, de mis fortalezas y debilidades con la que actualicé mi CV.  Títulos para una posible columna periodística, con sus correspondientes temas.  Proyectos para proponer a fundaciones y empresas. Un interrogante subrayado: ¿"quality/ influencer"? Un curso on-line de la Fundación Rafael del Pino que empiezo ya mismo...

Una lista de intereses: Mujer y género aplicado a empresas. Liderazgo. Cultura. Comunicación. Branded content. Lujo moderno. "Deseducación. La mujer y el hombre sostenible (para chicas jóvenes y mujeres bregadas)". Y otros títulos que mejor no pongo porque requieren explicación y por no dar ideas.


Estoy rodeada de talento y esto debería aparecer en mi Currículum Vitae. Formo parte de un grupo de liderazgo femenino que me alumbra y me hace mejor y de una asociación de Mujeres que me dan cien vueltas con sus mentes brillantes. Ninguno de los dos colectivos considera al hombre su enemigo, sino su cómplice necesario. Somos "think-tank" imparables  (aunque decir tanques no sería desencaminado).

Estoy escribiendo mi segundo libro, una novela, a unas horas en las que los monjes rezan maitines y los insomnes juran en hebreo.  El primero se llama "La Vida en Cinco Minutos"(Ed. Círculo de Tiza) y también podría ser un C.V, ahora que lo pienso.

Soy madre de dos hijas. Una de ellas adolescente (esto puntúa doble). Y un perro cocker spaniel (también puntúa doble, por lo que se mueve).Cumplí hace poco mi sueño de tener una casa de pueblo con patio y chimenea.

El día que cambié de vida llevaba un vestido azul sin costuras y afuera apretaba el calor. Sentí que tenía muchas cosas de hacer y no he perdido un minuto. Soy optimista y me excitan los retos. Veo siempre oportunidades a mi alrededor, no gente poniéndome la zancadilla. A veces tengo miedo, desde luego.

Me siento responsable como nunca de dejar una huella que mejore una micra la sociedad en la que vivo. 

Tengo mucha suerte. Y agradezco el empujón que me sacó de una órbita para moverme en otras, aunque a veces me maree porque aquí no hay confort que valga.

Ah, y estoy abierta a lo que venga. Una vez que haces puenting ya no te asustan las alturas.










sábado, 3 de marzo de 2018

EL BUEN Y EL MAL PROFESIONAL

 
Aprecio mucho a los buenos profesionales, seguramente porque no abundan demasiado. Ayer di con una y le hice la ola: ”Muchas gracias, me has atendido fenomenal. ¿Cómo te llamas?”. Anteayer di con el caso contrario y maldije por dentro porque desgraciadamente lo necesito como interlocutor.

La mujer se llama Elena y es una comercial de empresa de construcción de pueblo de pocos miles de habitantes. La había llamado para pedir una información sobre un cerramiento, me dio todo tipo de detalles y se ofreció a hacerme un presupuesto sin verme la cara y sin garantías de que mi llamada se desvaneciera en el país de Nunca Jamás. El segundo es un jefe de prensa deinstitución muy representativa de Madrid que suele responder como si te hiciera un favor y tú fueras una pesada que mendiga sus dádivas. Un ser que gruñe y no se compromete a nada, como uno de esos emperadores a los que en el pasado había que besar la mano gordezuela en busca de favores. Un tipo arrogante que utiliza su cargo para demostrar un poder del que imagino adolece en otras esferas de su vida. Y sí, me estoy aventurando en mis furibundas deducciones pero es que  a la persona que llamó antes que yo, mucho más joven e inexperta, le dio una respuesta que podría ser motivo de despido de haber llegado a oídos de su jefa. Y no, no es la primera vez que tropiezo con la misma piedra, y siempre me esfuerzo en ser impecable y correctísima porque así debe ser y porque tengo una teoría contrastada con años de experiencia: a las personas maleducadas y zafias les sobrecoge la buena educación. O les desconcierta, que también vale. Es como cegarles con los faros antiniebla. Y a veces responden y cambian de actitud.

Es posible que la culpa la tenga el "complejo de servicio" que nos han inoculado. Si sirves eres menos y por tanto tu cliente es tu enemigo. Pero esto es curioso en un país como el nuestro, que vive precisamente del sector terciario pero que lo conjuga malamente con un orgullo mal entendido. Así, dar con un camarero solícito es un hallazgo inolvidable. Y con un jefe o jefa de prensa que te devuelve la llamada merece un hurra, porque lo habitual es tener que insistir muchas veces y pasar a convertirte en un pesado/a a sus ojos. O sea, convencerle de que tenía razón.

Hay quien se niega a coger el teléfono de un compañero en la oficina porque “yo no soy tu secretaria” (sic) y quien no tiene ningún empacho en bajar a recoger el correo de todos siendo jefe. “Que lo haga el becario, ¡no?” te dirán. Pues sí. O no. Es un tema de disponibilidad. De oportunidad. De confianza en uno mismo. De falta de complejos. De gusto por servir. De todo eso y algunas cosas más, imagino.

Creo que deberían impartir una asignatura en los colegios que se llamara “espíritu de servicio”. Que orientara sobre cómo atender correctamente a una petición de índole profesional sin que te hieran el orgullo o te despierten ese fino sadismo de someter al otro para sentirte por encima. La mediocridad es mucho menos perdonable cuanto más arriba estás. Pero el buen servicio es todavía mejor si te lo brinda alguien que no tiene más interés que hacer bien su trabajo. Seas quien seas tú.

PD.Servil no es igual que servicial.